Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Vidas ligeramente paralelas

La abuela de Gauguin, una persecución por diccionarios

Una vez abrí un diccionario enciclopédico en busca de la palabra “trisectriz”. Mis ojos resbalaron misteriosamente unas cuatro o cinco definiciones y se quedaron en “Tristán, Flora (1803-1844). Revolucionaria francesa. Precursora del feminismo y del socialismo. Lanzó la primera idea acerca del internacionalismo proletario. Autora de ‘Peregrinaciones de una paria’ (1938), ‘Unidad obrera’ (1843)” (Gran Diccionario Salvat, Barcelona, 1992).

Salvat hasta había reproducido un daguerrotipo de la dama: una mujer de largos bucles oscuros y ojos a la vez indulgentes y llenos de fuego.

Tengo unos pocos genes feministas y otros pocos socialistas. Pero la escueta referencia a la existencia de esta mujer y su rostro luminoso me embrujaron. Me conmovió no haber oído jamás nada sobre ella. Y entonces, como homenaje, no la olvidé.

Apenas encontraba una nueva enciclopedia buscaba a Flora Tristán. En el Espasa Calpe, España, 1999, se me revelaron otros misterios.

Ya no pude dejar de perseguirla: era peruana pero nacida en París, había dejado profundas huellas, aunque algo escondidas en el momento en que la descubrí, y era la abuela de Gauguin, el pintor de los colores más brillantes; recuerdo sus amarillos sobre todo, tan diferentes en su alegría de los de Van Gogh (para leer una breve y bien escrita biografía de Paul Gauguin hay un trabajo enviado por Lisa Wantz a nuestro sitio: “Impresionismo”, donde aparece luego de la de Vincent, y en referencia a su turbulenta relación amistosa).

Finalmente, con los avances de mi tecnología, es decir, con mis nuevos aprendizajes, pude buscar a la Tristán en Google. Y googleando fue que llegué a saber quién era ella. Encontré allí además un ensayo de Vargas Llosa, creo que es un prólogo a una biografía, titulado “La odisea de Flora Tristán”, que se los recomiendo. Empieza con una afirmación notablemente acertada:

“El XIX no fue sólo el siglo de la novela: fue también el de las utopías”.

Y si alguien vivió, soñó e imaginó una utopía fue la peruana Flora Tristán. Ella deseaba amasar la política y la historia como si fueran una cera blanda en la que su amor a la libertad y la igualdad social confluyeran. Demasiado noble, demasiado “utópica” (sobre utopías, ver “El pensamiento utópico - En busca del Estado perfecto” de Sergio Bodas García).

Pero algo llegó hasta aquí desde su rebeldía e inconformismo radicales, desde su entrega a los pobres y a la pobreza en su totalidad, en cuerpo y alma. Cuando murió debieron sus amigos hacer una colecta para pagar el entierro, y no encontraron otro medio de llevarla al cementerio que en andas.

Sin duda, me corrijo, mucho llegó hasta aquí, y el poeta francés André Breton escribió sobre ella: “Acaso no haya destino femenino que deje, en el firmamento del espíritu, una semilla tan larga y luminosa”.

Vargas Llosa (puede saberse mucho más de él leyendo “Vida y obras de Mario Vargas Llosa“), que es quien traduce la cita de Breton en su ya mencionado ensayo, explica:

“La palabra ‘femenino’ es aquí imprescindible. No sólo porque, en el vasto elenco de forjadores de utopías sociales decimonónicos, Flora Tristán es la única mujer, sino, sobre todo, porque su voluntad de reconstruir enteramente la sociedad sobre bases nuevas nació de su indignación ante la discriminación y las servidumbres de que eran víctimas las mujeres de su tiempo y que ella experimentó como pocas en carne propia”.

En palabras menores intentaré transmitir parte de lo que describe el escritor peruano Vargas Llosa:

Flora vivió una infancia donde lentamente fue despojada de una gran fortuna legada por su padre, debió habitar los barrios más pobres de París junto a su madre viuda y trabajar desde muy joven en el taller del pintor André Chazal, con quien terminó casándose y convirtiéndose sólo en paridora de hijos (tuvo cuatro en tres años, entre ellos la madre de Gauguin).

Leo en “La odisea…” que tenía apenas 22 años cuando “perpetró el acto más audaz de su vida, que consagraría definitivamente su destino de paria y de rebelde: abandonó su hogar, llevándose a los hijos, con lo que no sólo ganó el tremendo descrédito que la moral de la época confería a semejante gesto, sino que incluso se puso fuera de la ley, lo que hubiera podido llevarla a la cárcel si André Chazal la denunciaba” (hizo algo peor Andre Chazal, la atacó en la calle a balazos, mucho más tarde, y la hirió gravemente). “Hay a partir de allí -sigue diciendo nuestro escritor peruano- …un período incierto, del que sabemos muy poco (…) es que en esos años vivió huyendo, escondiéndose, en condiciones dificilísimas” y con el permanente temor de que la descubrieran.

Y ahora Doris Lessing y El cuaderno dorado

Cuando leí el artículo citado en párrafos anteriores y llegué adonde se cuenta que “perpetró el acto más audaz de su vida”, un recuerdo cercano resonó como una campana -acaso sólo campanilla- en mi memoria. ¿Dónde habría leído yo la historia de un abandono a la familia, “heroico”, parecido al de Flora?

“Ya me voy a acordar”, me dije.

Y cómo no, si no podía ser más reciente: Doris Lessing, nueva galardonada con el Nobel de literatura, inglesa nacida en Irak como Flora era peruana nacida en París.

Volví a los diarios y periódicos de estos días y encontré que casi todos transcribían las palabras del Comité Nobel, que “decidió recompensar a la narradora épica de la experiencia femenina que con escepticismo, ardor y fuerza visionaria escruta una civilización dividida”.

Aún no he leído ningún libro de Lessing, pero parece de todos modos menos vulnerable y heroica que Flora, quizá por las épocas diferentes en las que vivieron, y a pesar de ciertos enigmáticos paralelismos.

Todos dicen que Doris fue una bella y salvaje coqueta. Rebelde también, claro. Que ahora es hermosa de toda sabiduría. Su novela más famosa es El cuaderno dorado.

¿La leemos y comentamos pronto?

He sabido que su obra se centra en la mujer, por supuesto, en su historia y devenir, aunque está en contra de las feministas de los años 70.

Pero me gusta; veo en las fotografías de los diarios a una fresca anciana sentada en la escalera que conduce a su casa mientras le informan que ha recibido el Nobel. Hay cámaras, gentío, periodistas. Ella tiene la falda enrollada y las piernas abiertas, no hay ceremonia en su pose.

Dice algo así como que no cree que las mujeres tengan realmente idea “de lo que el lavarropas hizo por ellas, y cómo la aspiradora las salvó de la esclavitud del polvo” (Flora Tristán va más allá del cepillo fregón).

Pero Lessing vivió su infancia en África, lo que ya es una promesa de feliz escritura.

Esta señora, a pesar de ser algo chismosa, como ella misma informa, es muy interesante en sus entrevistas. Ante una pregunta sobre D. H. Lawrence contesta (aunque está trabajando en el prefacio a una nueva edición de la obra mayor de este escritor, El amante de Lady Chatterly):

“… Lawrence no entendía nada sobre el sexo (…) Odiaba el clítoris como si fuera su enemigo personal y la idea de que el sexo pudiese ser espontáneo, inspirador y un acto divino le parecía repugnante”.

Dios y Lawrence, autores de perfectos poemas y cuentos donde el sexo es muy bello y muy filosofado, la perdonen.

En un trabajo que llegó de Venezuela y es de Mardonia López Machado, “¡Salud, violencia! Celebremos la vida”, se transcribe en el capítulo 6, “La queja, lo inútil de la tragedia”, un poema de ese gran celebrador que fue D. H. Lawrence:

Tragedia.
La tragedia me parece un gran ruido
más fuerte de lo que conviene.
La tragedia se me hace como un hombre
enamorado de su propia derrota.
(…)

Empezaré a leer a Lessing –su última novela es La hendidura- mientras repaso Peregrinaciones de una paria, escrito por la abuela de Gauguin.

Ah, Gauguin era el nieto de Flora Tristán, no sé si ya lo he dicho…

Envío

Mientras tratamos de conseguir los libros de Lessing, podemos buscar el “Ensayo sobre el cuento ‘Una rendija para escapar’”, de Rafael Rivera-Mundaca.

“Una rendija para escapar” pertenece al libro Mujeres de pies descalzos, de la peruana Zelideth Chávez Cuestas.

Además de escritora, Chávez es antropóloga puneña, luchadora sindical y feminista confesa.
Son sólo detalles, sería bueno conocerla a través de sus relatos.

Seamos amables –como lo somos siempre, al menos mis lectores- y acerquémonos a las tres invitadas de hoy, Flora, Doris y Zelideth.

Mora Torres

Editorial

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Comentarios

12 respuestas a “Vidas ligeramente paralelas”
  1. Alexandra Santos dice:

    Les recomiendo leer además una bella novela de Vargas LLosa, sobre la vida de Flora Tristán intercalada con la de Gauguin, su nombre es “La primavera en la otra esquina”

  2. Yanina dice:

    Considero muy interesantes los artículos publicados en monografias.com, me gustó mucho el titulado “De libros maltratados y peces de colores”, por mi trabajo en una biblioteca, encontré situaciones similares con mi vida personal, descritas por la autora.

    Leyendo el de hoy, “La abuela de Gauguin, una persecución por diccionarios”, me siento orgullosa de ser peruana y mucho más todavía cuando líneas abajo leo el nombre de Zelideth Chávez, puneña como yo; pongamos en práctica el consejo Mora Torres: “comencemos a conocerla por su relatos”, y conozcamos más sobre las obras de Flora Tristan, Doris Lessing y Zelideth Chavez

  3. Benjamin Castro H dice:

    VIDAS PARALELAS…
    Mario Vargas Llosa cuenta algo más de Flora Tristán y de Gaugin en una disfrutable novela: El Paraíso en la Otra Esquina. Las vidas ligeramente paralelas van del Perú a Francia a la Polinesia; del arte a la política a la magia de los pueblos primitivos.
    Vargas Llosa pinta con palabras brillantes, vean luego un cuadro de Ohna y sabrán a que me refiero.
    Saludos

  4. goojpeal dice:

    “Una tarde de septiembre de 1838, tras permanecer días y días al acecho, un hombrecillo llamado André Chazal disparó en París contra su esposa. La mujer se desplomó en la acera gravemente herida: Flora Tristán era por fin libre”.

    Mi unico tio materno, Manuel Ojeda Saldierna, lider comunista mexicano, me hablaba de Flora Tristan y la encumbraba en sus relatos, yo era un adolescente y ese nombre se ha venido acomodando en mis recuerdos al grado que hace tres anos decidi seguir su vida. Con Vargas Llosa culmino buena parte de ese afan y hoy, con esta lectura me vuelve a mover para reeler su biografia. Gracias.

  5. Viviana dice:

    Conocer más sobre grandes mujeres es indispensable, sobre todo si estan relacionadas con nuestra latinoamérica, porque su vida y obra conforman nuestra identidad continental.

  6. maidencitacr dice:

    Hola, he leído muchas historias sobre mujeres, y desgraciadamente, la gran mayoría cree que haciendo un recuento sistemático de sus desgracias puede ayudar a las demás, algo así como Mujer casos de la vida real. Considero que mediante la lectura de literatura como la supracitada, podríamos cambiar esta visión tan cercana a los culebrones que se pasan por las televisoras latinoamericanas y hacer que nuestras mujeres se enfoquen hacia la resolucion de los problemas que las aquejan, tan comunes a todas nosotras, además de disfrutar con lecturas de calidad…
    Un cien (una teja) a nuestra compañera por hacer nuestras lecturas de mayor calidad, sin olvidar que la lectura siempre va a tener un resultado más allá de hacerlo por leer…

  7. Ángel dice:

    No resulta fácil aceptar que una mujer anciana que tiene el aspecto amable de una abuelita cariñosa y que esperamos que esté llena de anécdotas chistosas de los tiempos idos, haya escalado un lugar tan importante como el premio Novel. Eso rompe con nuestros paradigmas crónicos según los cuales se asignan puestos de admiración a las personas según su aspecto físico y la claridad con que su arenga sea semejante a la nuestra. Al leer su discurso de aceptación, la imagen que veo en su foto, riñe en mi con la profundidad de su propuesta.
    “Esto ya no existe” nos dice tras una clara descripción de lo que la lectura significaba en la civilización (Europea claro) Lamentablemente la cultura que se basaba en la lectura, es cosa de un pasado grotesco e incomprensible que podría persistir “en el aula de un profesor anticuado y enamorado de los libros” y ella lo sitúa en una época heroica en el que la lectura era “una especie de educación paralela”. No trato de transcribir integro el discurso de Doris Lessing, aunque si comparto su tristeza ¡Que para mi es desesperación! al ver que la noble afición a la lectura que llenó mi vida de honestos disfrutes ¿Y por qué no? De muchos encuentros con mi humanidad que me enseñaron a considerar deshonestos; están siendo ahora descalificados como sutilezas bizantinas que han perecido ante el Internet. Yo como cualquiera uso mucho este nuevo recurso y mi presencia aquí lo confirma, pero no acepto que pueda suplir a una gran biblioteca física. Es un auxiliar limitado y fácil, pues, como un ejemplo, encontramos que nadie puede en su biblioteca personal tener acceso a la enorme variedad de información que nos da “Monografías”, aunque insisto que no es lo mismo una gran obra temática, que una monografía, por acertada que esta sea. En México se ha encontrado eco una corriente recelosa que rechaza a esta escritora galardonada por simple envidia y soberbia. Allá ellos con sus pobres lacras y sus vaticinios fallidos, pues la quiniela de ilustres posibles que creían acertada, no incluía una mujer y menos aun, una mujer con su perfil. ¡Arriba las mujeres!
    Saludos
    Ángel

  8. teotecnico dice:

    Muy buen artículo, me parece genial que se haya comenzado este blog, quisiera recibir información regularmente.

    Muchas gracias.

  9. Enzo dice:

    Hola Señora Mora:

    Me ha gustado muchísimo su nota respecto a doña Flora. A la vez me ha sorprendido encontrar a un ciudadano mexicano comentar sobre ella. A veces se pliega en la acera de lo cotidiano el dicho de “nadie es profeta en su tierra”. Lamentablemente en su ciudad de oriundez, muy pocos saben de ella y mucho menos la leen. O, que la calle que lleva su apellido (curioso paralelismo con el de su paisano Vargas Llosa pues la casa donde habitó de pequeño corrió la misma suerte) sea más conocida por donde “mujercitas”, “damicelas” y niñas adolescentes ofrecen su cuerpo como carne de camal. Pobre doña Flora sus ideales perdurarán en la volatilidad del tiempo pero no en la mente de todas las mujeres arequipeñas.

    De doña Doris, en éste lado del mundo se sabe muy poco (por no decir “ni michi”) Aunque don Mario V Ll alguna vez haya escrito un prólogo a su obra más mentada. Ud. doña Mora me ha heho reír al solicitar perdón de Dios y de Mr. D. H. por tan ridículo comentario de la Nobel. Una vez más descubro que no siempre los más dotados (respecto a la Literatura) saben dar en el blanco.

    Y, de doña Zelideth, pues le confiezo que nunca la he leído y esto me fastidia porque no hay razón para obviarla después de descubrirla o encontrarla de ésta manera. Ójala no me decepcione al leerla.

  10. mary cruz dice:

    Bueno, por fin pude dejar un comentario en este espacio…me inicio en este nuevo oficio de leer para comentar y me es muy grato iniciar el dia con estos artículos. Espero poder comentar más a partir de ahora, no es fácil cuando no se tiene el hábito de hacerlo. Sin embargo existe la intención de hacerlo y gusto muchísimo del placer de la lectura, así que espero sea solo cuestión de práctica contínua.
    Saludos a Mora Torres, y a todos los suscritos al blog. Es excelente y debiera ser una constante en nuestras vidas, rescatar cada día a todos aquellos que han contribuido un poco (o mucho) a que este mundo sea diferente, debieramos, si no la tenemos, iniciar esa búsqueda de la efeméride y llevarla más alla… con la intención de no olvidar nunca, porque de la comprensión de nuestro pasado depende el entendimiento del presente y surge entonces podemos avanzar hacia algo mejor…Sobre Flora Tristan, no puede uno dejar de sorprenderse despues de tantos años y de que Mora la rescatase ahora, del espíritu de lucha de las mujeres. Sin ser feminista, nunca lo he sido, me siento orgulosa de ella por la rebeldía y el valor que tantas mujeres han mostrado a lo largo de la historia.

  11. More Baker dice:

    Hace tiempo no leía un escrito tan bien hecho, con tanta vigencia en su contenido. Qué de experiencia esa de la poesía penitenciaria. Escribo esto sin revisar los artículos más actuales, así que ignoro Mora, si has escrto de esa experiencia. Revisaré.
    De no ser así, tú nos contarás de ello verdad?
    Saludos cordiales!!
    Desde Venezuela

  12. Elizabeth dice:

    Hola.
    Inicié leyendo por curiosidad porque me atrajo el título y la lectura me enganchó.
    Magnífico trabajo.



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