Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Estremecimientos

Una de las angustias que están a la vanguardia en estos días es la que toma cuerpo ante el anuncio de que -en el 2012- se producirá el fin del mundo.

La gente, para alentar esta predicción, no sólo recurre al siempre fascinante calendario maya, que fija un día preciso dentro del 2012: el 21 de diciembre.

Una buena manera de inaugurar la discusión sobre el tema es leer “Algunas miradas al calendario de Le Goff“, de Dimas Tomás Meneses Sánchez, de Colombia.

Pero además hay otro tipo de miradas actuales dirigidas a meteoritos, cometas de larga cola, estrellas en cadencia y decadencia, extraterrestres, la ley de la gravedad no del todo segura y, sobre todo, la falta de agua y el cambio climático, que afectará para siempre la vida sobre la tierra. Para interiorizarme de este fenómeno en especial me bastó poner en el buscador de Monografias.com “cambio climático”, con lo que pude hallar varios “recursos que coinciden”. A elegir. Algunos llevan títulos como: “El cambio climático: ¿principio y fin del hombre?“.

Pero lo que sorprende en esta época no es tanto la angustia y el temor, sino que nos agradan ambos.

¿Por qué nos gusta el miedo?

En un mundo donde nada podía explicarse naturalmente, o científicamente, lo sobrenatural era la argumentación, una argumentación cotidiana. Si alguien enfermaba de pronto, lo más posible es que hubiera bebido de un vaso con agua en la que flotaban pequeños demonios. En realidad, hoy es casi lo mismo, sólo que los pequeños demonios se denominan virus o bacterias.

Lo cotidiano de lo sobrenatural tenía como consecuencia que nadie temiera lo sobrenatural por lo sobrenatural mismo; se temían las consecuencias y no los entes que las provocaban. Es decir, a la peste y no al demonio de la peste, como hoy nadie aullaría al mirar por el microscopio una bacteria, pero sí teme lo que ella puede provocarle.

No se temía al Diablo, si bien nadie jamás negaba su existencia. Se temía al Inquisidor (y aquí también usé el buscador y aparecieron numerosos recursos que coinciden con “la inquisición”).

Y no sólo las enfermedades eran sacras; todo correspondía al esplendor del cielo o a la oscuridad del infierno. Del esplendor del cielo puede decirse que también se podía reflejar en el vaso con agua: un joven enamorado bebía de él y, si su amada lo hacía luego, quedaba prendada para la eternidad.

Con tanto entrenamiento en lo esotérico, nadie, supongo, sufriría un infarto en presencia de un espectro, ni siquiera la adrenalina se le inquietaría como en una probeta de alquimista que está siendo agitada, como sí nos sucede a nosotros tantas veces al día, por el estrés y la ansiedad más que por lo esotérico.

Hoy, que tenemos muchas explicaciones de los fenómenos que nos rodean, y estamos investigando para tenerlas todas, y que no sólo descreemos de los demonios y los dioses del mundo físico, sino que hemos decidido relegar la región espiritual a los tiempos antiguos, el aburrimiento ha empezado su obra destructiva.

Entonces buscamos cómo entretenernos otra vez, ya que además, para refresco, uno a uno todos los objetos que nos rodean han ido despojándose de su encanto.

Los libros, los relojes, los cuadros, los mapas, los telescopios, los calendarios, los adornos de la casa y las joyas de las mujeres (joyas convertidas en bijoux, pero da igual), las piedras, las plantas, los animales, ya no producen admiración ni arrobo, y nada tienen de precioso.

Están al alcance de la mano, o bien nos hemos fatigado tanto de poseerlos que los hemos extinguido como se apaga el fuego. Pero el fuego renace. Y las especies extinguidas de árboles y animales, no. Ni como fantasmas (”La fauna: vida para la vida, preservación y extinción“, de Juan Alberto Chunga Espinoza, de Perú).

Hay que reinventar el terror

Quizá para volver a sentir algo, reinventamos el miedo. A los fantasmas, a los aparecidos, a los hechizos, a los gnomos.

No nos lo creemos del todo, porque “del todo” no es una expresión actual. Nosotros estamos en el medio, en lo relativo, en lo cambiante.

Pero bien que nos estremecemos de vez en cuando al oír la voz del viento, es decir, al escuchar un sonido inexplicable o al observar algo todavía no explicado. Y de estos pequeños sucesos prontos a ser resueltos por los sabios extraemos un universo de macabras maravillas.

La tecnología “de punta” nos pone en contacto con el más allá, y de punta se nos ponen los cabellos, pero por poco rato. Visto, por ejemplo, el fantasma que queríamos ver aunque fuera en fotografía por Internet, ya nos acostumbramos a él y precisamos otras emociones. Grotescos personajes hechos de materia más densa que la nuestra pueden encontrarse en algún sitio virtual, y en busca de ellos vamos. Algunos tienen nombres remotos como ogros, zombies, gnomos. A otros que vienen de los más fieros abismos modernos les hemos puesto apelativos modernos.

Y otros no sólo son visualizados y escuchados por Internet, sino que nacen y se reproducen en la misma -en nuestra- computadora. Invasores temibles llamados SPAM, hoaxes, los atacantes tecnológicos no son como los orgánicos que los científicos ya han aprendido o están a punto de combatir. Están rodeados de misterios complicados.

Por ejemplo, “Los hoaxes (mistificación, broma o engaño) no son virus sino mensajes con falsas advertencias de virus, o de cualquier otro tipo de alerta o de cadena (incluso solidaria o que involucra a nuestra propia salud), o de algún tipo de denuncia, distribuida por correo electrónico” (”El SPAM que nos invade“, de José Manuel Huidobro). En este mismo trabajo encontraremos un subtítulo que viene como anillo al dedo (al dedo de mi nota): “Leyendas urbanas”.

Leyendas Urbanas

Debajo del mencionado subtítulo se lee: “Las leyendas urbanas son relatos que brotan por doquier, muy antiguos a veces, en continua transformación siempre, que se difunden imparablemente por el mundo a través del boca a boca, los medios de comunicación y la Red, que se presentan como sucesos ciertos, historias creíbles, a menudo referidas a un conocido de un conocido y que expresan narrativamente preocupaciones tan cotidianas como éstas: ¿Hay fantasmas en los espejos? ¿Hay tal vez una mujer tras cada curva peligrosa?”.

Tan atractiva afirmación me impele a buscar por diversos lugares la bella mitología de las leyendas urbanas.

Y encuentro un ensayo alucinante: “El señor de la oscuridad. La leyenda del TIO y otros seres de las profundidades“, de Fernando Jorge Soto Roland:

Acá encontrarán, por añadidura,
excelente literatura.

La rima es adrede, para poner una sonrisa final.

Mora Torres

Editorial

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Comentarios

10 respuestas a “Estremecimientos”
  1. esamame dice:

    Quizas nuestra direccion deba ser otra, aprender a desaprender para poder ver la belleza de las cosas.
    Si todo lo que vemos lo reducimos a atomos cuyos comportamientos se rigen a leyes fisicas conocidas ¿como descubriremos aquellas desconocidas?
    ¿Seremos capaces de romper nuestros propios paradigmas?

  2. raguayo dice:

    para eliminar el miedo, comencemos por “dejar de creer”, para comenzar a conocer…..
    no son mias estas palabras, pero me gustaron porque es importante en esta nueva era comenzar a conocer el porque de las cosas.
    por ejemplo, la famosa profecia Maya, la verdad no se de donde la sacaron, pero si alguien me ilustra, por favor, haganmela llegar a este mail raguayo_1951@hotmail.com
    Los Mayas llevaban sus calendarios con diferentes conteos, uno de ellos el del conteo largo es una era. son 13 bakttunes que equivalen a 5125.3661 años tropico, comenzo el año 3113 el 12 de agosto y termina el 23 de diciembre del 2012, ojo es solo la cuenta larga Maya equivalente a una Era.
    Independientemente de ello, como sabemos si estamos realmente en el 2007 en la actualidad. Puesto que el conteo Catolico esta errado por 7 a 8 años, como minimo 6 años, por tanto corrigiendo la fecha, estaariamos en el mes de septiembre del año 2013 y obvio, no hubo nada. y ya comenzo desde el año pasado un nuevo conteo largo del calendario Maya.

    Claro ejemplo de que debemos de dejar decreer, para comenzar a CONOCER.

  3. robcat dice:

    El artículo me hizo recordar a los cuentos que escuchaba de niño, cuando me preparaba para algo misterioso y luego no era nada, nada nuevo, pienso que miedo es algo que casi nunca he sentido, me gusta el sabor del misterio, pero soy incrédulo en ese sentido. El mundo es tan duro y ha pasado tantas cosas con nosotros de inquilinos, que algo más ya no asusta. La Atlantida se hundió como si fuera el diluvio contado de otra forma, ahora dicen que la atlantida estuvo en estas tierras sudamericanas, puede ser, es tan grande el misterio de las ruinas de los Andes y de Mexico, que inspira. El orgullo venció al hombre en ese pasado y ahora de nuevo parece que seguimos los mismos pasos, destrozar el planeta y la venganza del mismo eliminándonos para talvez comenzar de nuevo..

  4. Ángel dice:

    Muchas han sido las fechas en las que aseguran que llega “el fin del mundo” y surgieron de supuestas interpretaciones de los vaticinios de la gran pirámide, de las profecías mayas, de Michel de Nostradamus y hasta de los sueños de alguien y en base a un suceso extraño que aparece sin que nadie sepa donde se originó. En los años 70, viví al norte de México, en la ciudad de Monterey y un rumor catastrofista se empezó a extender. La televisión local lo difundió entre burlas, dudas y temores. No se refería a esa población, sino a Monclova situada en el estado vecino de Coahuila y la contaban así:
    Todo empezó al fin de un parto, cuando el recién nacido, abrió los ojos y ante el asombro de los presentes, anunció: el (no recuerdo la fecha) se va a acabar Monclova. Después de proferir tan espantable noticia, cerró los ojos y quedó muerto. En esa ciudad, no podían designar el origen de esa extraña amenaza, pero algunos la creían y otros mostraban su superioridad intelectual prometiendo que no se moverían de ahí. La empresa de TV de Monterrey, envió reporteros y estuvieron valientemente en el lugar, actuando con respeto y seriedad, sin mofarse de la credulidad de una parte de la población que estaba atemorizada. Naturalmente no ocurrió nada, como tampoco llegó el fin de nuestro mundo en el año mil. Seguramente recuerdan el anuncio de que los programas de las computadoras habituadas a describir los últimos años del siglo XX por medio de contracciones (95,96,97) no aceptaría el esperado “OO” y eso ocasionaría una serie de catástrofes, que incluían pérdida de aviones en vuelo. A pesar de que ese anuncio estaba debidamente respaldado y los expertos lo validaban ¡No ocurrió! ¿Lo recuerdan? La clara explicación de quien se designa como Raguayo razona que las profecías de los mayas ¡Ya pasaron! y lo mismo ocurre con los profetas del pueblo Judío que bien analizadas, resulta que ya ocurrieron para esa raza tan incomprendida.
    Saludos cordiales, Ángel.

  5. camila dice:

    Bueno primero que todo, al hablar de historias urbanas es interezante ver como en medio de ésta, cada monosilabo es convertido en una tragedia griega moderna acompañado de espinas de rosas pulsantes.
    Chistes si, un jocoso que personalmente no deberia ser mas que eso en la memoria colectiva. Al hablar de estremecimientos (aunque no he visto ninguno de ellos en la lectura) mezclados con un buen aterrizaje, planeados con sutileza por supuestos, nos ayudan a superar nuestros miedos y no buscar escusas para no enfrentarlos. Y del encanto, mas lo tiene un perro en misa o un garabato de carnaval…

  6. ignacio dice:

    Segundo (¿qué? ¡todo!), debe haber un código secreto en la variopinta ortografía de Camila, si bien no llego a descifrarlo; en particular la introducción de la subordinada en “mas lo tiene” produce un extrañamiento de gran fuerza. Lo mismo sucede con esos puntos suspensivos: se presumiría que no tiene más que decir y sin embargo, ahí está la prueba irrefutable de cierto silogismo no escrito pero preclaro: unos puntos suspensivos.

    En cualquier caso quiero decir que la idea de un sonido cuyo origen desconoce el oyente es una figura particularmente perturbadora por cuanto el oído, tanto como el olfato, son testimonios íntimos: suceden dentro, no fuera. Y es una figura sin retorno; cuanto más se la describe, mayor es el efecto.

  7. camila dice:

    De nuevo mal interpretan mis comentarios, en la última parte hablaba de mi persona por efecto de la lectura.
    Aunque no me creas Ignacio tuve poco tiempo de transcrision y los puntos suspencivos muestran algo que quise decir luego pero no fue editado. Reconozco que no entrelace las ideas correctamente. Y centrándonos en el blog nos muetra como cada día Mora Torres logra llegar hasta las fibras mas profundas con sus escritos dejándolos más allá de la memoria. También quede impregnada con la pequeña historia del joven enamorado con esa fuente que extraña muchisimo, Cada instante, hasta logre encontrar su complemento.

  8. maidencitacr dice:

    Uy que blog más agresivo!!!
    No peleen, tomense una cerveza…

  9. fratalaya dice:

    El Origen del Miedo:

    Nacemos con el miedo y con el deseo. Son como las dos palancas de la vida. Tienen su origen en nuestro centro instintivo que nos manda creer que todo lo que no sea visible y tocable por alguno de nuestros sentidos no existe o atenta contra nosotros. Los fantasmas como embajadores ocasionales y transitorios del mas allá o pertenecen al mundo de las alucinaciones o de los locos y nos contagian o infectan la mente o su mundo mora en una realidad no ordinaria que es la emisaria de la muerte. Por eso la rechazamos sin tener la serenidad para mirarlos e investigarlos en forma imparcial y objetiva. De que nos perdemos? Seran ellos acaso la mejor parte de todo lo que existe y no queremos verlo?

  10. julieta dice:

    El origen del miedo:

    Nacemos con el miedo y con el deseo. Son como las dos palancas de la vida. Tienen su origen en nuestro centro instintivo que nos manda creer que todo lo que no sea visible y tocable por alguno de nuestros sentidos no existe o atenta contra nosotros. Los fantasmas como embajadores ocasionales y trancitorios del mas allá o pertenecen al mundo de loas alucinaciones o de los locos y nos contagian o infectan la mente o su mundo mora en una realidad no ordinaria que es la emisaria de la muerte. Por eso la recchasamos sin tener loa serenidad para mirarlos e investigarlos en forma imparcial y objetiva. De que nos perdemos? Seran ellos a caso la mejor parte de todo lo que existe y no queremos verlo?



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