Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El ojo voraz

La discriminación, el deseo, la religión y la literatura a partir de los ojos

En este momento de miedo y temblor inducido audiovisualmente (…) los conocimientos, la información, eran grabados en los cerebros… con el acompañamiento de un espectáculo tridimensional de luz y sonido.*
(Entretenimiento para los lectores: ¿a qué acontecimiento ritual se refiere el párrafo citado? La solución al final del blog.)

El universo de nuestros días es captado muy especialmente por los ojos. Más que sentir al mundo, en lo cual entraría el uso de sentidos casi olvidados y sutiles (que quizá nos comunicarían más delicadamente las cosas) como el tacto y el olfato, lo “vemos”. A un perfume, al olor del café, al roce de una tela, los convertimos casi sin darnos cuenta en imágenes.

La conocida “enfermedad” llamada “mal de ojos” se remonta al Renacimiento, no a la Edad Media. En el Renacimiento se produjo “Un cambio gradual en la jerarquía de los sentidos; de la preferencia por el oído y el tacto a la supremacía de la vista” (ver “Visibilidad-Tecnologías de la visión-Cultura visual“, de Fernando Correa, de Argentina).

El mal de ojos

Leemos en “Mal de ojo“, de Benjamín Mayer Foulkes, de México, que “Cuando alguien se diferencia de los demás por unos rasgos llamativos, en particular si son de naturaleza desagradable, se le atribuye una envidia de particular intensidad y la capacidad de trasponer en actos esa intensidad. Se teme así un propósito secreto de hacer daño, y por ciertos signos se supone que ese propósito posee también la fuerza de realizarse”.
Lo primero que se nota en el párrafo citado es la actitud discriminatoria de quienes atribuyen la capacidad de hacer el mal de ojo a alguien diferente, que tiene “rasgos llamativos, en particular si son de naturaleza desagradable” (ver el subcapítulo “Prejuicio estético”, en “Orígenes sociales y cognitivos del prejuicio“, trabajo que nos enviara Ana Herrera). Continuando con “Mal de ojo”, allí se nos explica que, para el psicoanalista Lacan, “el ojo tiene apetito, y el ojo malo, el mal de ojo, es el ojo voraz. La envidia, que acarrea enfermedad y desventura, deriva de videre” (ref.: “ver”). Para saber más de la envidia, recurrir a la “Biografía de Melanie Klein” en el capítulo llamado, precisamente, “Envidia”.

Personalmente me resulta tan claro ese relámpago entre el ojo que ve un objeto deseable e, inmediatamente, desea. Desea, o envidia.

No por nada el Ojo es un símbolo de rara fuerza, usado en arte, literatura, religión. No por nada el francés Georges Bataille escribió su novela erótica Historia del ojo, sobre la cual se han escrito cosas como: “Obra maestra de la literatura erótica gótica, surge de lo clandestino a la sociedad conservadora de los años veinte…” (Miguel Ángel Correa Vergara), a la vez que Mario Vargas Llosa ha diagnosticado que es “un documento clínico sobre las obsesiones ”. Una frase extraída de la novela: “…Acariciándose las piernas, deslizó por ellas el ojo, ¡la caricia del ojo sobre la piel es de una suavidad excesiva!”.

Les propongo hacer un recuento de los temas que conseguimos derivar sencillamente de “el ojo”: la envidia (el mal de ojos); la discriminación (se discrimina a quienes se cree capaces de hacer mal de ojo, es decir, de sentir envidia); el deseo, el arte, la literatura, la religión (mira que te mira Dios/ mira que te está mirando;/ mira que vas a morir,/ mira que no sabes cuándo). Y, finalmente, las exageraciones visuales de nuestra época. Para este tema es posible recurrir, por ejemplo, a “Efecto de la televisión” de César Flores Rodríguez. Seguramente ustedes hallarán otras relaciones.

Ante tantas maldades que perpetran los ojos, sólo nos restaría pedir, como el ya mencionado Georges Bataille lo hace en un poema: “Véndame los ojos/ amo la noche/ mi corazón es negro.// Empújame a la noche/ todo es falso/ sufro”.

Pero prefiero, para reivindicarme de tanta oscuridad, agregar que sobre el ojo se han escrito proverbios y refranes o frases sagradas como el “ojo por ojo, diente por diente”, que a mí me parece algo excesivo, o populares, como que el ganado engorda con el ojo del amo, que a mí me parece demasiado rigurosa, u “ojos que no ven corazón que no siente”, y podría llenar varias páginas hasta desembocar en el bello piropo: “Tu mirada es más linda que tus ojos”. Sigan ustedes…

Recomiendo humildemente dos cosas. La primera es la lectura de un viejo y luminoso libro, Carta sobre los ciegos para uso de los que ven, de Denis Diderot, que se consigue en castellano, con última traducción de hace dos o tres años. La segunda es desarrollar como contrapeso a tanta contaminación visual un sentido algo secreto: la intuición. Para eso hay un buen trabajo en nuestro sitio: “La Intuínica: cómo desarrollar su sexto sentido“, de Elvis Sibilia.

*Solución del entretenimiento para lectores: el párrafo citado se refiere a una ceremonia de iniciación de jóvenes que se realizaba hace treinta mil años en Francia, en una caverna. Está en el trabajo ya mencionado llamado “Visibilidad-Tecnologías de la visión-Cultura visual“. ¿No parece tomado de un relato de ciencia ficción actual más que de un ensayo histórico?.

Mora Torres

Editorial

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Comentarios

3 respuestas a “El ojo voraz”
  1. Ángel dice:

    Los ojos no otorgan nada y a pesar de que solo son receptores que maquilan la luz y las imagenes que vienen entrelazadas con ella y así dejarnos entender lo que nos rodéa; les damos el valor de emisores y hablámos de relampagos de ira, de ojos preñados de ternura de miradas de comprensión. Si es en efecto sobre todo por los ojos el camino que tiene la envidia para herirnos ¿Y los celos? “los gemelos de ojos verdes / envidia y celos” ¿Quien no ha sentido celos alguna vez? Esa rabia desolada y torpe que el buen gusto obliga a enmascacar con una sonrisa mundana. Recuerdo un tango tal vez de los años 20 llamado envidia, que lo describe así:
    Envidia
    ¡Envidia amarga y traidora
    Envidia que gime y llora
    La que causa más dolor
    ¡Es la envidia por amor!
    En esta descripción se suman los dos pesares sórdidos de la conducta humana, pues el amor se publica con cantos cañoneados y el deseo se solapa, por esa educación castrante que nos dieron tal y como se las dieron a ellos, pero el ansia de la carne mueve los caminos y las metas de la humanidad y al triunfar grita un coro conocido por todos que ignora la saciedad.
    Hay ojos malos y duros, ojos tigres que lastiman a quien miran y a quien evitan mirar. Así los ojos mandan su condena rabiosa descalificando el ingenio ajeno, los méritos que hacen a los otros alcanzar un triunfo o una conquista. Estos sentimientos verdes, cansan el espíritu y nos hacen desear caer en un dormir profundo y negro, sin que en él halla sueños ni pesadillas.
    Mando un guiño picaresco y la obligada felicitación por la selección de estos temas y la forma grata y feliz de tratarlos. Saludos.
    Ángel

  2. mtm dice:

    No podia dejar de enviar este mensaje de agradecimiento para los que realizan esta página. Es muy gratificante para mi poder leer todo su contenido y disfrutar de una gama de diferentes contextos. Gracias

  3. vanesa dice:

    Bueno que puedo decir, super gracias por el mensaje, espero recibir otro que sea interesante, ya que me ayuda bastante.



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