Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Archivo de Abril, 2007

El lado oscuro de la luna

En casi todas las filosofías y religiones orientales el ser humano es considerado un cosmos en miniatura, idéntico al universo, el Microcosmos. El corazón representa al sol y el cerebro a la luna (observemos que la luna no brilla por sí misma sino que refleja la luz del sol).

Y en todas las culturas orientales y occidentales, la luna es un enigma. Aun cuando el hombre haya llegado a ella, quedan vastas regiones en sombra por recorrer. Los científicos conocen menos de nuestro satélite que del transparente, simple y enorme Sol.

Del mismo modo que la luna, el cerebro plantea misterios más curiosos que los del corazón. Los seres humanos luchamos por conquistar nuestro cerebro y nuestra mente, lógicamente en busca de poder.

Se habla de los más extraordinarios poderes que subyacen en el cerebro comandado por la mente. E intentamos rescatarlos desde el principio de la historia: la alquimia es uno de los nombres de esa búsqueda ininterrumpida; control mental es otro; otros, meditación, raja yoga, misticismo.
Aunque respetamos todos estos caminos, estamos convencidos de que la gente pretende llegar muy lejos en estos dominios cuando en realidad lo único que se puede hacer por ahora es aquietar mente y cerebro para que rindan más, lo cual se consigue con muy poco, y en especial con poca ansiedad al respecto. Pasar las páginas de un libro de arte, escuchar nuestra música preferida, inventar un plato especial de comida y hacerlo con amor, nos concentra por un rato en algo que se sitúa lejos de nuestras ambiciones, egos y carencias.

Nos hace sentir -por un rato, insisto- como si no fuéramos de carne, allí donde comienza el olvido de sí mismo y la comunicación empática con los demás.

Cuando volvemos de estos “ejercicios” parece que todo se ha ordenado; nos pesan menos las preocupaciones y estamos listos para usar más adecuadamente nuestra inteligencia, y tal vez hasta nos hayamos aliviado de nuestra más insidiosa enfermedad de humanos: la egolatría.

Al alejarnos de nuestras quejas y pesadumbres, al mundo se lo ve con otros límites, o sin ellos. Es nuestro cuerpo el que crea el espacio que habitamos y nuestro ego personal el que lo vigila: cuando nos olvidamos de ellos, vemos el espacio sin límites de todos: el universo entra por un momento y es aquí donde podemos llegar a descubrir nuestras capacidades más ocultas.

Cerebro, mente, y también la palabra alma: ¿algún lector sabe algo más de ellos, o puede aconsejarnos para comprenderlos mejor?.

Mora Torres

Editorial, Monografias

Una temporada en el infierno

No es necesario relatarlo: las drogas atraen porque prometen paraísos, y, la primera vez, y tal vez la segunda, cumplen con su promesa.

De allí se parte directamente a la enfermedad, el empobrecimiento y la degradación, y bastante a menudo el único puerto es la muerte. Es decir: el primer paso suele conducir al paraíso, pero la duración del mismo es tan breve que lo que sigue es el infierno. Una vez allí la temporada es larga, o eterna, si no hay ayuda de nadie.

Sin embargo, lo primero que se advierte es que, sobre el mal de las drogas, se ha escrito mucho y bien, pero que esa literatura tiene función primordialmente preventiva.

Por desgracia, quienes padecen esta enfermedad es raro que se observen a sí mismos o que se sientan reflejados en un escrito que trate puntualmente su propio caso. Para ellos, sólo existe la solidaridad de amigos y familiares, que deben estar lo suficientemente informados para detectarlos.

Es por eso que en nuestro último newsletter hemos elegido monografías que, informando detalladamente sobre los efectos de cada droga (duras y “blandas”, solitarias y sociales) y con definiciones precisas, enfatizan en especial la prevención. Esperamos tener muchos lectores.

Mora Torres

Editorial, Monografias

¿Nos sentimos capaces de hacer una revolución?

Todo tiene una razón y un sentido, aunque éstos no sean dignos de elogios. Así como quienes padecen anorexia la sufren porque se sintieron obligados a cumplir un rol “estético” por parte de la sociedad de consumo, los niños que no tienen una sensata educación alimentaria son inducidos por la misma a preferir manjares artificiales, prefabricados, llenos de grasa y conservantes que poco a poco los enferman y los vuelven obesos, o los inmovilizan frente al televisor. Es la comida llena de luz y color exuberante (y artificial) que entra por los ojos en medio de seductoras frases de campañas publicitarias.

Y acá no podemos dejar de incluir una cita de “El consumo en tiempos de globalización”, una monografía llegada de Uruguay cuyos autores son Marcelo Vaccheta, Andrés Rodríguez y Enrique García: “…a medida que el individuo se desarrolla, a estas necesidades básicas se les suman nuevas necesidades de origen social. Todo esto implica en el individuo una nueva necesidad de consumir, esta vez alejada de la necesidad original de satisfacción de las necesidades básicas, que comienza a generar en éste la necesidad de consumir por razones externas a su naturaleza”.

Estos consumidores “contra natura” son nuestros hijos, nuestros alumnos o nuestros nietos, obesos o anoréxicos o bulímicos, o preparándose para serlo, inmóviles todo el día frente al televisor y la computadora.

¿Pero por qué sucede esto en nuestros días? ¿No será que también nosotros somos consumistas, pero, de preferencia, consumimos niños para convertirlos en nuestras réplicas?

Sin embargo, hay modos de evitar estos pronósticos. Si somos verdaderamente responsables, los padres y los educadores debemos buscar el modo de informarnos para ofrecer un tipo de educación alimentaria sana y otras alegrías que no dependan del consumo. Preparar comida en casa puede costarnos tanto como cualquier sacrificio por amor, y es uno de los más efectivos. Enseñar a los chicos a controlar la ansiedad por medio de actividades artísticas o deportivas es otro de esos actos que contribuyen a la salud.

¿Cómo lo haremos?

Casi diría que debemos enfrentarnos cotidianamente para ello con casi todo el sistema y la forma de vida convencionales en la actualidad. Si no lo hacemos, se nos puede culpar por no haber sabido fabricar las armas adecuadas para realizar esta verdadera revolución a favor de la juventud. Si al menos lo intentamos, debemos recordar a Henryk Skolimowski cuando dice: “Todo acto de percepción y comprensión es un acto de sutil transformación del mundo”.

Mora Torres

General, Monografias

La muerte inmaculada

Los editores de este sitio tenemos grandes ambiciones. No están relacionadas con los “galardones”, a los que de todos modos recibimos con mucha alegría, como el de Mejor Sitio Web 2006 o aparecer en notas de revistas y diarios, sino que tienen que ver con el deseo de que nuestros lectores –sobre la base de material de muy buen nivel perteneciente a reconocidos autores- adquieran conceptos propios y abran juicio sobre las más diversas cuestiones, sin condicionamientos religiosos ni culturales. También, nos gustaría conocer esa opinión.

Hay un tema que anda dando vueltas estos días por los medios de comunicación internacionales: la decisión de la andaluza Inmaculada Echavarría –que se cumplió el jueves 15 de marzo, en su tierra- de terminar con sus padecimientos, eligiendo su propia muerte en un marco de legalidad. Sufría desde hace años distrofia muscular.

Más allá de cualquier postura ética o filosófica, la voluntad de Inmaculada, su fuerza para llevar a cabo el propósito de hacer pública su muerte, con la idea de fortalecer a quienes, ante personas en su mismo estado, presentan dudas sobre esta decisión, y en especial su dignidad, son merecedoras de todos los elogios.

Su serenidad ante la muerte conmovió al mundo entero y puso una vez más en primera plana el tema de la eutanasia, aunque, según la asociación española Derecho a Morir Dignamente, que fue la que ayudó a cumplir el deseo de Inmaculada, su caso no puede ser llamado así sino “renuncia a un tratamiento o limitación del esfuerzo terapéutico, derechos reconocidos en la ley para todos los ciudadanos” (españoles). La misma asociación advierte que “Morir con dignidad significa morir con libertad, que cada ser humano pueda finalizar su vida cuándo y cómo desee, con las garantías asistenciales que toda persona merece”.

Y volviendo al primer párrafo de nuestra nota, ¿qué opinan nuestros lectores?.

Mora Torres

Editorial, Monografias

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