Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Muertes extraordinarias

Siempre, en especial en los siglos XVIII (Viajeros ilustrados. El siglo XVIII y el mundo catalogado), XIX y primera mitad del XX, el miedo a ser enterrado vivo proliferó. Así se originaron infinitas leyendas y cuentos, algunos basados en hechos que realmente ocurrieron (Guardianes de la noche, la memoria).

Real por ejemplo es que cuando encontraron arañada por dentro la tapa del féretro de Rufina Cambaceres, la hija del famoso escritor argentino Eugenio Cambaceres (Acerca de la multiplicidad de lenguajes en Pot-pourri), un señor muy conocido, muy serio y muy adinerado se hizo construir, en el mismo cementerio, en Buenos Aires, un panteón donde ya estaba preparado su ataúd. El mismo tenía todos los adelantos de la ingeniería de esos años y todas las modernidades posibles para detectar si un supuesto cadáver se movía o respiraba. Desde el mismo cofre un sistema de alarmas echaba a volar estridentes campanas y prendía luces en la cúpula del panteón, de modo que por más de noche que fuera no había cuidador de cementerios que no despertara de inmediato si tal sucedía (El desarrollo del diseño mecánico y la física).

El señor, totalmente identificado y dueño de tiendas que eran moda en Buenos Aires y el mundo, probaba en cada uno de sus cumpleaños su ataúd, que siempre funcionó, hasta que murió de una muerte que no tenía nada de cataléptica, lo “enterraron” allí y seguro, seguro, sigue siendo feliz, y su tienda, cerrada en 1974, figura para la posteridad en esta monografía: Creadores y comercializadores de vestimenta.

Fue por eso que en el cuento breve del miércoles pasado quise darle una vuelta de tuerca al caso de los enterrados vivos (El doble como recurso literario en “El rincón feliz”). Estaba en busca de los Poes y Lovecrafts de nuestra época, o quizás, humildemente, de alguna que otra leyendita urbana (Carcajadas de terror - La leyenda del Payaso Asustador).

Como en la actualidad no es muy común que los muertos vayan a parar a la tierra o tan siquiera conserven su ataúd, sino que se encaminen directamente al crematorio, me fascinó cambiar la ficha del enterrado vivo por la del incinerado vivo. Iba a traer asociaciones de múltiples hogueras, inclusive las de la misma Inquisición.

Sumado a esto, leyendo Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca, de Jean Allouch, descubrí que de los enterrados vivos nadie se hacía antiguamente cargo -menos aún los doctores- sino que se les achacaba a ellos mismos haber dado lugar a tan terrible suceso -tal vez por pecados secretos cometidos-, por lo que creo aún más que una literatura de hogueras justicieras es posible tema de terror actualizado.

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Las actitudes frente a la muerte: una cita y un cuentito breve

Encuentro el libro que hacía años había perdido y que anhelaba recuperar (Los dados mágicos…): Historia de la muerte en occidente desde la edad media hasta nuestros días, del gran Philippe Ariés.

Lo vuelvo a leer y vuelvo a entender que el pasado es el más prodigioso de los tiempos, que en sus árboles crecen gemas preciosas que uno puede arrancar con las manos… (Hacia el olvido), pero además, ¡qué gran trabajo ha hecho Ariés! (La muerte en la historia).

Es un historiador, un antropólogo, un visionario de lo antiguo, un literato que escribe con ardor sobre un tema que parece frío (Los relámpagos de la muerte).

Frío para esta época que no admira la vida y por tanto tampoco puede admirar lo que la complementa, lo que la hace real: la muerte.

Escuchemos cómo dice que la familia, el médico y su equipo son “los dueños de la muerte, del momento y también de las circunstancias de la muerte, y se ha constatado que se esfuerzan por conseguir del enfermo un acceptable style of living while dying, un acceptable style of facing death“.

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¿Quién es el fantasma?

¿Quién es el fantasma?

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Monólogo de la señora que compró la casa que soñaba

Yo había soñado desde niña con vivir en esta casa. No sé bien por qué; me parecía que cada vez que pasaba por aquí ella me lo pedía, y me contaba cuentos (Las pesadillas y los terrores nocturnos…). O me hacía advertencias: “No pises la baldosa rota”, cosas así (El hospital Santa María de Punilla).

Tal vez porque en esa edad ya empezaba a descubrir un secreto terrible que las personas mayores me ocultaban. No era el sexo (Notas para comprender la sexualidad humana). Era la muerte (La muerte).

Empezaba a sentir que algún día, por más lejano que pudiera ser, también yo moriría (¿Quién puede escapar de su destino?). Y esta casa tenía, a mi modo de ver, todo lo que se necesitaba para el caso: el aspecto muy fúnebre, el tamaño -era cinco o seis veces más grande que cualquier casa de mi ciudad-, la antigüedad. Los vecinos decían que se conservaba -lo decían cuando yo era chica- desde hacía unos 200 años, y que ningún desastre la destruiría. Ninguna guerra, ningún vendaval.

Era para sentirme aquí segura en los últimos años; casi estaba convencida de que la muerte no se atrevería a ir a buscarme al ver los mármoles más sombríos que ella misma. No se atrevería a abrir el portón de madera trabajada con ángeles caídos y caras de demonios, como para recordarle que ella no era lo peor, que lo peor era el mal.

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Daga Azul - II

Viene de Daga Azul:

Un día abrieron un taller musical en la prisión y me inscribí, por supuesto. Me inscribía en cada clase, en cada conferencia que dieran o en cada obra de teatro que presentaran. Mi idea no era compartir sino aprender, hubiera preferido estar solo en cada actividad.

Daga Azul II

Buscaba una salida para mi propia escala musical (La incidencia de la memoria musical en el desarrollo de la competencia auditiva): antes, el único modo de no escuchar la repetición nocturna de los partidos -de las 9 a las 12- era meterme en casas silenciosas (La melancolía: por una libra de carne).

Y acá debo dar una vuelta para atrás, hacia el comienzo; olvidé relatar algo muy importante (El olvido está lleno de memoria).

Acostumbrado ya a invadir los hogares de la gente durmiente, poco después de la muerte de mis padres fui una noche y entré por la ventana en el hogar de unos desconocidos. Todo lo desconocido y extraño era para mí una fiesta de descubrimientos, todo lo que no era yo y todo lo que no era mío me parecía un mundo deslumbrante (El gran viaje hacia la silueta tan distante).

Veía un fulgor especial en las personas que estaban durmiendo; en las cosas serenas que no me pertenecían y justo en esas horas de la noche alta (Guardianes de la noche, la memoria).

Aprendí a ser más cauteloso de lo que había sido nunca; me convertí en un gato que caminaba y se movía sin hacer el menor ruido por toda la casa que había asaltado; entreabría las puertas, espiaba gente dormida (Ante la puerta de la ciudad).

Esperaba encontrar a la chica más hermosa del mundo y quedarme a su lado mirándola dormir.

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Daga Azul

Amigos, dentro de poco -el 20 de julio- será nuestro día (José Martí y la amistad). Saludo a todos los que pasaron una vez por aquí (Esa otra manera de vivir), y lo recuerdo en especial a Joise por el dolor de su país, además de agradecerle que embellezca mi sitio desde hace tantos años… Y a Celestino y a José María. Y a la memoria inmensa de José Itriago, otro venezolano como Joise, “que se nos fue pero aún nos guía”, diría el tango.

Y a Felipe: gracias también. No sólo a mí me hipnotizan tus relatos, hay gente que busca este blog para leerte.

Hoy les traje un cuento (El cuento y sus características). Ustedes me dirán si los entusiasma y si quieren saber el final:

Daga Azul

Daga Azul me parece un nombre encantador y tal vez sangriento para una mujer, por eso me despertó curiosidad (Literatura y Alquimia). Aunque antes de contar esta historia, debo decir algunas cosas sobre mí.

Soy un hombre afortunado. Mi fortuna no consiste sólo en dinero, tengo también un tesoro enorme de soledad. Me necesito a mí mismo, me apruebo y desapruebo con las palabras que un amante encontraría para hablarle a su amada. Y esto es bueno, o era bueno. Solo bajo el cielo de la noche o el día, mi propia compañía me resultaba espléndida; mi sombra, mi ombligo (Narcisismo y personalidades fronterizas).

Quizá no tanto mi ombligo… De niño me sentí separado de mis padres por una pared o una red (pared-red) invisible.

Ellos eran fanáticos, alucinados. No me miraban nunca a mí sino a sus respectivos delirios: el fútbol y las fotonovelas.

Todavía escucho una radio con la voz de José María Muñoz, apellidos de jugadores de fútbol marcando un gol o errándolo; siento la náusea que me producían los domingos. Y los comentarios amargos o eufóricos de toda la semana.

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El misterio de mi muerte

Empecé a escribir lo que les prometí (Yo te amo… Yo te amo), una nota sobre Benjamín Solari Parravicini, pero de pronto me nació un cuento, de esos que a ustedes les gustan en ocasiones (Efectos de red).

Entonces démonos un respiro de augures, científicos que pronostican el fin del mundo y otras yerbas (Calentamiento global), y otro día continuaré con el profeta latinoamericano…

Informe sobre el misterio de mi muerte

No puedo quejarme por el fracaso de mi velatorio; sería una desagradecida, porque había mucha gente. Aunque quiero aclarar ciertas preguntas que rondan alrededor de mi muerte, cuando ésta no fue nada del otro mundo (¿Qué es el mundo?).

Yo andaba entre puntada y puntada transformando las cosas, mientras una angustia alucinada se sumaba a mis transformaciones (La transformación de la sociedad).

Había cambiado la lapicera por la aguja, conversión que en una mujer de mi edad ya de por sí resulta extraña. Debido a esto me perseguían los fantasmas de mi antiguo oficio (El artista y la conformación/disolución del espacio en Kafka).

Y esos fantasmas no son cualquier cosa, son retorcidos y acosadores, hasta aterradores llegaron a ser; piensen en juntarse con Poe o Lovecraft y ya verán de lo que se trata.

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Profetas del Fin del Mundo; hoy, Nostradamus

Para hablar de El Fin del Mundo -para dejar hablar de El Fin del Mundo, mejor dicho (Los cambios de era y el fin del mundo)- y en especial sobre los personajes que lo profetizaron, voy a tratar de ser organizada.

Primero buscaré y copiaré las profecías de Nostradamus (Nostradamus: Centurias) y Solari Parravicini -empezaré con Nostradamus; el otro miércoles seguirá Solari (Profecías de Benjamín Solari Parravicini).

Habrá otro miércoles con una nota predictiva sobre científicos ateos o quizá sólo agnósticos, como el genio de Stephen Hawking (Biografías de físicos y matemáticos), y otro día de los de Mercurio con profecías de científicos místicos como Isaac Newton (Biografía de Isaac Newton).

¿Les gusta?

Para hoy, tengo que hacerles una advertencia. Me enamoré de tal manera del estilo y el modo de narrar de Alberto Savinio, el italiano que me contó en su libro Vuestra Historia vida y milagros de Nostradamus, que mi pluma se intimidó. ¡Es demasiado bueno! Lo copiaré, lo editaré, sacando únicamente algunos párrafos por motivos de espacio (El sentido de Babel).

Vaya como un regalo, o como un monumento universal que debemos disfrutar todos.

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Aniversarios

Por este tiempo hay varias fechas de mi agrado para conmemorar o celebrar.

El 7 de Junio fue, en Argentina, el Día del Periodista (El periodismo).

El 7 de junio de 1810 -¡qué jóvenes somos los latinoamericanos!- Mariano Moreno, el brillante abogado y político asesinado en la flor de su edad (Historias de traiciones y muertes de los políticos en el Río de la Plata), fundó la Gazeta de Buenos Aires, el primer periódico criollo (Literatura y complot en “La conspiración. Ensayos sobre el complot en la literatura argentina”, de Pablo Besarón).

128 años después, un 25 de Mayo, tuvo lugar en Córdoba el Primer Congreso de Periodistas. Allí se instituyó “el Día del Periodista el 7 de junio…” ya que “la Gazeta de Buenos Aires no solo fue el primer diario argentino sino que también inauguró la libertad de prensa en la América meridional”.

¡Que la libertad de prensa sea eterna, amigos míos! (Movimientos de Periodistas en Centroamérica).

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Envíos de la niña de piedra II

Queridos amigos: estos son los Envíos de la niña de piedra que les prometí en la nota anterior. Y ya que estamos en Poesía, colaboren mandándome un poema -propio o de un autor que amen- y lean las siguientes monografías:

El género lírico: la póesía

Relación de la poesía y la filosofía en el pensamiento humano

La madre en César Vallejo

Mujeres latinoamericanas expresadas en versos. Ensayo poético

“Llamo a los poetas”, de Miguel Hernández, y Guernica, de Pablo Picasso, como propaganda política en el arte

La Sociedad de los Poetas Muertos y Teorías de Educación

Relación entre “Espergesia” (César Vallejo), “Estanco” (Fernando Pessoa) y “Borges y yo” (Jorge Luis Borges)

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Envíos de la niña de piedra

Lo que voy a contarles -de lo cual quizá ya les conté una parte antes, aunque no lo recuerdo (La memoria y el olvido)- toca, ¡otra vez!, al Cementerio de la Recoleta.

Puede ser que yo tenga una obsesión con este tema (“El Túnel” de Ernesto Sabato), un hechizo o un encantamiento (Hechicería e Imaginario Social), pero en el caso es casualidad, pura casualidad, o causalidad, dirán algunos, muy seriamente (Logosofía: ciencia de la causalidad).

Como un silogismo, o como una escalera que desciende, esta vez el relato empieza lejos del mencionado cementerio.

Yo estaba mirando televisión aquí, en Agua de Oro, Córdoba, hace unos días. Miraba el programa de Mario Marquic “En el camino”, en un canal de aire de Argentina.

El conductor recorre en cada entrega diferentes lugares de mi extenso, y variado, país. Esta vez estaba en la ciudad de La Plata, narrándonos su nacimiento. La Plata es actualmente, y orgullosamente, la capital de la provincia de Buenos Aires (Ciudades Diseñadas. El caso de La Punta (San Luis - Argentina).

Como encendí el televisor cuando ya “En el camino” estaba muy avanzado, lo que oí y lo que vi fueron flashes que después se acomodaron un poco forzadamente en mi entendimiento.

El primer pantallazo se trató de la fotografía -es decir, el daguerrotipo (Historia de la fotografía)- de Dardo Rocha. Él fundó la ciudad en 1883, con todos los adelantos modernos, y algunos futuros. Dardo Rocha, según Wikipedia, nació en 1838 en Buenos Aires, donde murió en 1921. Fue abogado, político, diplomático, militar, periodista y docente, y, además, creador de pueblos. Aparte de La Plata, fundó las ciudades de Necochea, Tres Arroyos y Coronel Vidal, y dio origen a la Universidad de La Plata, de vasta fama.

El segundo pantallazo o flash que atravesó mi mente siempre curiosa fue la maqueta previa a la construcción de La Plata.

Me asombró. Eran muchísimos cuadrados, que es lo común en nuestros pueblos de origen español, pero estos cuadrados estaban cruzados  por numerosas diagonales. En cada diagonal y en cada triángulo del dibujo, cada seis cuadras, se marcaba un espacio verde, un parque o una plaza.

Miré la maqueta que mostraba la cámara; se veía que a pesar de los cuidados del museo, el papel se había puesto amarillo, casi marrón, como una reliquia de ópalo.

Yo había estado una vez y sólo un día de visita en La Plata, recorriéndola, y me habían maravillado la Catedral, el museo Florentino Ameghino, que guardaba el temible esqueleto de un dinosaurio, y otros detalles fascinantes de distintas culturas latinoamericanas, además de cierta elegancia de las calles que dependía de las diagonales.

Escuché el nombre del hacedor de la maqueta, del constructor de la ciudad (Historia de la arquitectura): era Pedro Benoit, y algo me decía ese apellido desde el fondo de la memoria, desde ese bosque donde se mezclan nombres y acontecimientos.

El programa siguió y -con gran sabiduría- su conductor nos mantuvo ansiosos, a la espera de resolver al final el enigma que planteaba: el arquitecto de La Plata, Pedro Benoit, ¿de quién era hijo? (Franceses en la Argentina).

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