Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Algunos souvenirs para el Día del Amigo

No sé si el 20 de Julio era ya, cuando yo era muy niña, el Día del Amigo (Amistad civil en Aristóteles). Pero a partir de los siete años recuerdo una seguidilla de 20s de julio.

Los hermanos nos levantábamos temprano, mucho antes de partir para la escuela (La leyenda de los hermanos Ayar, fundadores del Imperio Inca), con el propósito -que con algunas imperfecciones cumplíamos- de… ¡preparar una tortilla de papas! (Una escuela para la libertad).

El hecho resulta extraño, pero tiene una explicación (Gaudi y Tolkien - Lo mágico y lo intrínseco):

La primera perrita que tuve, llamada Topita como la que tengo hoy -digamos, Topita I- cumplía años ese día.

Y en materia de comidas, Topita era fanática de la tortilla de papas con mucho huevo y manteca.

Sólo una vez cada 12 meses podía degustarla, según los “doctores” (La alimentación de los perros).

Y ese día era el 20 de Julio.

Algunos souvenirs para el Día del Amigo

No sé si el paladar les quedará tan dulce como a Topita después de leer estos fragmentos que elegí, pero ojalá así sea. Primero busqué poemas referidos directamente a la amistad, tales como el de José Martí (Antología de José Martí):

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo

cardo ni ortiga cultivo,

cultivo una rosa blanca.

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Cuento gótico

No sé si esto es soñado o es verdad (Sueños, visiones y presentimientos), pero hace más de 150 años que una figura vestida de negro, y también con un negro sombrero, lleva todos los días de mi aniversario cuatro flores a mi tumba. Creo que sé de quién se trata, pero lo dejaré para el final… (Triste final para una historia de Romance, Encuentro y Muerte).

Mi padre era actor y mi madre era actriz (Historia y evolución del Teatro Universal). A ella la abandonó mi padre cuando estaba muy enferma, para irse a morir, lleno de alcohol y drogas (La drogadicción). De cualquier modo estuve con mi madre hasta que ella también murió, cuando yo tenía tres años, y nunca pude olvidar su hermosura y, extrañamente, su alegría. Tampoco los días de frío y de hambre (A través de los ojos de los niños).

Me llevaron a vivir con un matrimonio muy rico, en Richmond (Edgar Allan Poe. Un acercamiento a las tinieblas).

Si las cosas fueran sólo blancas o negras, podría decir que la mujer que me adoptó, Frances, era bondadosa, y que el hombre que me adoptó, John Allan, era avaro y malvado. Pero las cosas no son blancas o negras. Tal vez John Allan, un rústico y poderoso dueño de plantaciones de algodón y tabaco, no pensó jamás en encontrarse con un personaje como yo, y que además hiciera el papel de hijo.

A mis quince años yo era en apariencia feliz. Me dediqué al deporte -fui un gran nadador, un nadador que hendía velozmente el río James, y un atleta, hasta practiqué boxeo. Mis amigos me “envidiaban” y me amaban, y yo guardaba para todos un misterio.

Livianamente, decidí profundizar ese misterio.

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El vestido amarillo

Miraba periódicamente por la ventana esperando que el día gris aclarara, cuando la vi. Las calles estaban solas y era más probable que el cielo tuviera menos intenciones de cumplir mi deseo que de echarse a llover (Mientras la lluvia cae - Cuento).

La observé. Estaba sentada en la cerca de mi jardín y no podía verle la cara. Sus dos trenzas rubias eran iguales a las que yo lucía de niñita, lo mismo que su pequeño cuerpo de ocho o nueve años (La representación del mundo en el niño. Jean Piaget).

¿Estaría perdida? (¿En qué consiste esa gracia, piedad o sabiduría de la infancia?).

No me atrevía a preguntárselo, porque me imaginé preguntándoselo: yo era una viejecita de pelo muy blanco, pero no estaba segura de si parecía una dulce anciana o más bien una bruja de esas que nacen en los relatos para niños y que los niños después reinventan en cada ventana donde una señora mayor está mirando, o cuando una señora mayor les da un beso que pincha un poquito (Entre Eva y Pandora - Cuento).

Más valía retirarme a seguir con mis labores (Alicia detrás del espejo).

En la cocina abrí un paquete que contenía un preparado en polvo para hacer torta de chocolate. Lo vacié en un bol, batí aparte dos huevos con veinte cucharadas de leche y se los agregué al bol lentamente, revolviendo con un tenedor para que no quedaran grumos. Enmantequé el molde, trasvasé a él el contenido del bol, y lo puse en el horno (Cocina y filosofía: la cocina peruana y el error de Platón).

Fabricar una torta de chocolate era una aventura para mí. Nunca había hecho otra cosa en la cocina que los sándwichs calientes con los que me alimentaba, de diversos fiambres y quesos, junto con una taza de café.

¡Pero el chocolate! Me trajo todos los recuerdos (Como agua para chocolate - L. Esquivel).

El primero: la casa de chocolate adonde fueron a dar Hansel y Gretel después de estar perdidos en el bosque (Cuentos de Hadas — Magia, Fe y Encanto?).

Era un cuento terrible, el que más me había gustado en la infancia, porque la casa era de chocolate y el jardín de caramelos de goma, con árboles verdes y flores rojas de merengue pintado con frutilla. Creo que me había gustado el contraste entre mi gula y la maldad de la bruja que era la dueña de esa casa.

“Aún hoy lo leería con gusto”, pensé. Y me dirigí hacia un arcón o baúl donde tenía amontonados mis recuerdos de infancia.

Estaba primero ese libro, apenas al abrir.

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Partitura: Un homenaje a San Juan de la Cruz

Les ruego me perdonen por la amplitud del escrito (Ensayo de un ensayo), difícil de entender, pero no imposible (La pasión de la pregunta. Blanchot y la filosofía)..

Lo que van a leer es un homenaje a uno de los genios más extraordinarios del Siglo de Oro Español (Morris), San Juan de la Cruz (El renacimiento. La lírica).

Yo que no soy del todo creyente (Job el creyente, Prometeo el rebelde), diría, como Santa Teresa (Poesía de Santa Teresa. Del logocentrismo a la otra lógica), pero dirigiéndome a San Juan:

“No me mueve mi Dios para quererte

El cielo que me tienes prometido

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar por eso de ofenderte”

Verso que termina así:

“Que aunque no hubiera cielo yo te amara

Y aunque no hubiera infierno te temiera”.

La poesía de San Juan hace que de alguna manera creamos más que nunca en Dios: ella es una diosa. Hace que consideremos que estamos en el cielo ante cualquiera de sus poemas, y que el infierno no es más que perder uno a uno el recuerdo de sus versos.

Escribí muchas cosas sobre San Juan, mucha poesía y prosa. Nada alcanza, por supuesto, a hacer que quien me lee imagine la obra majestuosa.

Pero quizá los aliente a buscar más en la fuente, que les entregue estos fragmentos convertidos en prosa que escribí:

Homenaje a San Juan de la Cruz

Belleza  como pausa

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La cueva del asesino de niños (un cuento para Joise)

En realidad no es únicamente para Joise mi cuento. Sólo es una respuesta a su pedido: “Espero creáis mi cuento!”. Lo que me gustaría es que lo leyeran todos (Literatura).

Claro, Joise dice de las leyendas: “Memoria de anécdotas y cuentos, ej. Las ánimas rezanderas, El tío rico que murió accidentalmente y ahora está en pena por haber enterrado su dinero sin haberlo repartido entre sus parientes. ¡Qué locura!” (Antología de leyendas).

Sin mencionar que el último de los argumentos de Joise me fascina para ser modificado un poco y traído a mis tierras, convertido en “suceso verdadero”, esa locura es el encanto que tienen las leyendas: dan miedo y no dan miedo porque sabemos que son leyendas (Las barcas de la noche - cuento).

Aunque no podemos dejar de admirar a esos hombres o mujeres rústicos que con tanta imaginación las crearon, y otros que con el transcurso del tiempo les fueron agregando o quitando material para hacerlas más bellas, y, al fin, a esos que, rústicos o no, con tanta inocencia las creyeron -y a algunos que las siguen creyendo… Además ¡quién tuviera la frescura y la lozanía para escribir como ellos narran oralmente! (Lenguaje hablado)

Todo eso forma parte de la cultura de un pueblo y de la idiosincrasia del mismo (La cultura, historia de un pueblo). Las leyendas que recrea por ejemplo un narrador como Felipe son regalos para los oídos y posibles relatos para que los niños duerman bien -sin ironías: los niños que pueden visualizar a sus monstruos no los guardan ya más para el futuro, suelen darles muerte apenas escuchan la narración (El muerto novio - Washington Irving).

Yo prefiero, sin embargo, el miedo más sutil: aquello que puede ser… o tal vez, visto a través de lo que se llama realidad, no ser, y tener alguna otra explicación (El karma, Bach y la matriz).

Pero aun los escritores que prefieren “el miedo sutil” dejan un estremecimiento en nuestra alma con el que quizá construyamos algo en el futuro. Una novela, otro cuento, o lo hagamos la carne de nuestra propia historia (¡Cuéntalos..! Cuentos, Mitos y Leyendas).

El miedo abre su abanico de posibilidades y nosotros, pobres mortales, no lo sabemos todo del más allá o del más acá.

Por otra parte este cuento que les envío es sólo un fragmento resumido de una novela que estoy escribiendo.

A la manera de García Márquez, que reunió sus enormes cuentos publicados o no -y hasta algunos muy conocidos- y les dio forma y conexiones para ofrecernos Cien años de soledad.

Como verán, yo tengo grandes ídolos como Kafka -precursor de cualquier “realismo mágico”-, Borges y hasta Shakespeare, de quienes robar en las tinieblas una idea, una imagen, una manera de contar. Y jamás he podido…

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Manual de Maravillas

Un adorable amigo (José Martí y la amistad) -que vive en mi pueblito actual, Agua de Oro, Córdoba, Argentina (ERKSperiencias en el Uritorco), y a quien le agradezco muchísimo éste y otros dones- me trajo de regalo un libro-joya: Relatos del Viento.

El título tiene varios subtítulos, como: Revalorización de la tradición oral del norte cordobés (Oralidad en la historia). Otro es: Leyendas (Antología de leyendas). Sabidurías. Pasado y presente originario. Problemáticas. Supersticiones. Medicina natural y popular (Medicina Verde). Creencias. Rituales. Recetas con productos del monte y muchísimos saberes más (Fe - Pensamiento Mágico y Eficacia Terapéutica).

Fue editado en 2010 u es lo que se llama un “Colectivo”, destinado a la divulgación.

Insisto en que es una joya, en especial para el cofre de los antropólogos y de todas las personas curiosas y con inquietudes.

En mi caso he elegido las leyendas, sabiendo que quizá dejo de lado cuestiones más importantes como Sabidurías, Rituales e inclusive las pintorescas recetas con productos del monte (Antropología).

De las leyendas extraje las que me parecieron más interesantes, aun cuando estoy de segura de que no siempre lo que a mí me impacta es lo que impacta más a todos.

Es un manual de maravillas, con expresiones de los lugareños del norte de Córdoba que pueden ser similares a las de los lugareños del norte o del sur de cualquier provincia o país. Mejor dicho, estoy convencida de que son similares…

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Ni Una Menos. Las diferencias y semejanzas de esa Plaza

Gracias, Felipe, otra vez, por el comentario y, en especial, por el poema (Lenguaje Poético). Gracias Rubén Darío Vega Sayago por tus buenas palabras que me remontaron a la infancia (La educación y desarrollo de la infancia), cuando, con asombro a veces y otras veces como un reproche, mis padres me decían: “¡Qué prodigiosa imaginación!”, eligiendo exactamente los vocablos que elegiste (Principios sobre creatividad) -justo me llamaste “Morita”, como ellos me llamaban. Gracias Joise por tu cálida lucidez.

Y gracias a todos los que leyeron mis cuentos en silencio (Comprensión lectora y lectura veloz).

Un silencio no es nada (Todo en el fin será silencio). El peor silencio debe ser el que me invadió por adentro y por afuera cuando vi en la televisión en estos días la Plaza de las Ni Una Menos, y me di cuenta, me di cuenta real de que venía de muy lejos esa plaza (Violencia de género).

Ni Una Menos. Las diferencias y semejanzas de esa Plaza

Nadie ignora que los espejos se empañan, se nublan y hasta pueden romperse cuando una muchacha en flor que está menstruando se mira en ellos.

Tampoco, que la maldad que gusta a los demonios está presente sobre todo en el corazón de las mujeres.

Es de todos sabido, además, que el mismo sustantivo que nombra a la mujer, fémina -feminus-, indica su falta de fe y, por lo tanto, su inferioridad espiritual respecto al hombre -fe=fe; minus= menos: la que posee menos fe.

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El más allá de Serafina

Recibí cuatro comentarios sobre el cuento del miércoles pasado (Y fue arena de reloj). Los tres primeros -el cuarto era el de Joise- lamentaban amablemente que tuviera un final un poco triste (De la futurofobia a la angustia existencial).

Me encantó que lo expresaran y a la vez me asombró, gente feliz (Las virtudes de la expresión); ni siquiera todos los cuentos para niños tienen un cierre alegre (Análisis de cuentos de Hadas - Caperucita Roja), ni todas las películas de Hollywood (Historia del Cine).

No fue mi estado de ánimo, amigo Felipe (Otros estados de ánimo positivos): fue mi invención (El corazón herido. Truman Capote y la invención de la tristeza).

Decidí continuar el cuento pero con otro cuento; ya verán de qué se trata (El Inmortal).

Tal vez “Más allá del espejo” era demasiado blando como para tener un remate tan patético (La voz del viento).

Patético, no trágico como me hubiera gustado (Concepción de la tragedia), y como intento hacerlo ahora:

El más allá de Serafina

Estoy en la cárcel porque maté a un fantasma, no a mi mujer.

Voy a explicarlo.

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Más allá del espejo

Tal vez alguien piense que hoy voy a referirme a Alicia, la del país de las maravillas, la de Lewis Carrol, con esto del espejo (Cuando las historias se pueden leer en tv). Pero les anticipo que habrá para ustedes otro cuento, y mío, y que nada tiene que ver con las extraordinarias creaciones de Carrol -quien también “creó” maravillosas fotografías en su mundo de fines -¿o mediados?- del siglo XIX (Historia de la fotografía).

Para nombrar a mis amigos, empiezo por Joise, con el que tuvimos este último miércoles una pequeña discusión. Que no fue tal, ya que nos dimos nuestras explicaciones (¿Qué son los grupos?).

Y aunque no por orden de llegada, sigo con Celestino, que se demoró y envió para este miércoles pasado la tarea que yo les mandé hacer para el antepasado. Gracias, Celestino. Aprecié mucho tu sugerencia (La cultura y la comunicación).

Y también Layli Lara, cuyo nombre suena a canción (La importancia del canto recreativo), llegó tarde, junto con Walter Neil Buhler, que vino con hermosos títulos (El hipocampo de oro).

A quienes me escribieron “en tiempo y forma” los saludo con mucho afecto: César José Oropeza Herrera, venezolano, el ganador del “concurso de títulos”. Felipe, mi Felipe Rizzo, amigo y muy amigo aunque no conozca su rostro, como me pasa con casi todos (no con Joise). Y Rubén Darío Vega Sayago, quien no lleva en vano su nombre de pila y que me “desburró” sobre el título propuesto por Joise.

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La Médium

Queridos amigos:

me agradó muchísimo recibir las sugerencias de todos ustedes para titular el cuento de la semana anterior (The secret).  Fueron para mí tantos los que estaban perfectamente elegidos que fue difícil decidirme (Dinámica grupal). Aunque, a la vez, cada uno de los títulos que no seleccioné tendrá “otro” destino “brillante”: escribiré un nuevo cuento con ese título (La Tragedia Griega).

La sugerencia de María Mónica de llamarlo simplemente “Cocó” me impulsó a escribir narraciones de mujeres cuyo título sea el nombre de la dama en cuestión. Ya publiqué acá uno llamado “Nina”, y vendrán muchos más (¿Tiene la literatura sexo?).

Endyra me propone “Encuentro astral”, que me lleva a lugares más esplendorosos que el de mi cuento, y que intentaré pintar (Las Corrientes de Misterios).

“El susurro de las emociones”, de Arrate Plazaola, se las trae para mayores indagaciones, que me empeñaré en cumplir (Amores altamente peligrosos).

Blanca Ferroni: “Receta para deshacer un conjuro” voy a usarlo con toda seguridad, no puede ser más bello, pero tal vez me inspire un poema (Hechizado y hechizada).

Felipe Rizzo, mi querido desconocido de siempre: “Mi nombre es Cocó, mi seudónimo la Parca” exuda terror. Es para una de esas narraciones que quiero que les pongan la piel de gallina, y cumpliré (Día de los Muertos).

“La casa de Cocó Chantal”, que invita Olga Liliana, me sugiere un escrito elegante, de largos y misteriosos collares de perlas, que no voy a desechar (Historia del vestuario). Como el de Ivette, que escribe: “Nunca es tarde” o “Así es mi amiga Cocó” (“El rompe cabezas” de David Auris Villegas).

Mirtha Infante me tentó y casi la elegí con su “Nos fugaremos al cielo”, pero preferí trabajarlo en otro texto (Más grande que el techo del cielo). Rosy Domínguez fue también tentadora, pero “La vida” es muy abarcativo y merece un largo, o un poco más largo, texto (La Vida).

Joise es un geniecillo, pero “El hermano Cocó” me causó desconcierto… (Cartaphilus Vagans - Cuento).

¡César José Oropeza Herrera es el Ganador! El cuento breve de la semana pasada se llamará “El Augurio”. Parece muy simple, pero tiene todo un abismo y un cielo…

Hoy les doy una lectura sin la complicación de elegir título. Es un poema que convertí en prosa para hacerlo narrativo, y que para seguir con estos temas “astrales” se titula La Médium.

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