Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Papel, tinta, madera, muy cerca de Florencia

Había una fórmula tonta, cuando éramos chicos, que tonta y todo nos divertía a rabiar, porque sí: pin uno, pin dos, pin tres, contábamos hasta llegar a Pin Ocho, y tal vez se nos pasaba el común -y descomunal- aburrimiento de la infancia, que consiste en algunos momentos de insoportable paz (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

Se dice que hay otras fórmulas mágicas, y son para elaborar seres humanos (Hechicería e Imaginario Social) -aparte de la convencional receta de hacer el amor entre una mujer y un hombre bajo ciertas condiciones propicias de la luna (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).

Acá dejaremos pasar laboratorios y probetas, clones y científicos cuerdos u orates en busca de una nueva vida (Bioética y genómica), porque no queremos enfocarnos en eso sino en las leyendas y los cuentos fantásticos que hablan de varios atrevidos intentos multiplicadores de gente.

Uno de ellos es el llamado Golem, creado por un rabino en la ciudad de Praga mediante el método terrible de pronunciar con exactitud el nombre verdadero de Dios (Asambleas de pájaros). Y aun así fue un intento fallido; el rabino más bien creó a un homúnculo poco desarrollado que terminó incendiándole la sinagoga (Religiones).

Pero muy cerca de Florencia, Italia, en un pueblito llamado Collodi que es apenas una mancha sobre la ladera de una colina (Ciudades y escritores), un hombre dio a luz dentro de un libro algo bastante más amable que el Golem, un muñeco de madera viviente: Pinocho, claro.

Se trataba de la primera vez que el escritor tomaba la pluma -o la madera del lápiz- para engendrar literatura; él era o había sido periodista y volvió a Collodi para intentar escribir un cuento para niños.

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El trasvasamiento

Esperen un momento, y lean la parte lírica de lo que les envío (La poesía lírica). Cuando lleguen a un subtítulo llamado “El trasvasamiento”, allí, justo allí empieza el cuento que puede interesarles (El cuento de terror).

El hacedor de la poesía pretende ser aceptado por la gente, como si su tentáculo, que él ha hecho visible y muestra con orgullo, pudiera ser aceptado en buena sociedad (Estatuto de poeta).

¿No ha advertido los estremecimientos de la gente cuando un pulpo, por cualquier motivo, les anda caminando por un brazo? (Corazón de Sur Infinito).

¿Y tampoco el rechazo de la gente de menor cultura por los frutos de mar? (La maldición de Yavé).

Este hacedor cree que sus descripciones sobre los jardines del mar y las luchas crueles de los peces entre las rocas más profundas pueden integrarse convencionalmente a una charla de sobremesa. Y no. Con el agravante de que esto es sólo una metáfora: él no es un buzo de las profundidades sino de los abismos de la altura (Pepina y sus Historias en isla Humos). Los peces que menciona fácilmente podrían ser catalogados como ángeles en cualquier enciclopedia… (Diccionarios y enciclopedias).

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El experimento, con pedido de auxilio

Empecé a escribir nomás El experimento, esa novela (La novela) que me inspiraron sucesos muy viejos de los cuales hablé en el post pasado (Ana Karenina).

Tenía un cuento redondo y cincelado para poner en lugar de estos apuntes de futura novela (El cuento literario o la concentrada intensidad narrativa), pero quiero consultarles a ustedes la validez de una historia tan antigua (Pepina y sus Antiguas Historias). Los años en que ocurre –lo comprobé- no pueden modificarse (Los frágiles cimientos del presente). Ellos tienen toda la fuerza de aquella edad de feministas (La nueva polarización), anarquistas (Antología Libertaria) y científicos locos (Saint-Simon).

Este es el comienzo -con entrecomillado y todo pretendería que se imprimiera

La primera noticia que tuvo de su propia rareza era esa música que se posaba en el fondo de sí misma, que estaba siempre allí.

La segunda, su dentadura. Dientes y muelas de blanco y agudo vidrio, para los que ningún odontólogo tuvo explicación –ahora quizá la ciencia la tendría, pero esto ocurría a fines del siglo diecinueve.

La tercera, su letra.

De modo natural, escribía con un dibujo de nudos celtas que nadie le enseñó, pero que más tarde observó en los Libros de Horas guardados en los monasterios medievales que visitó.

Después compró las réplicas de esos incunables en librerías modernas, y vio que los monjes dibujaban las letras como ella: primero dos puntos, luego tres, de nuevo dos, de nuevo tres, y así hasta unirlos y decir alguna palabra en tela o en papiro.

Pero ella desde que aprendió a escribir hacía nudos celtas con las letras. La maestra se intrigó demasiado y se le acercó: ¿en su casa le habían enseñado esa caligrafía?

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Carta a la psicóloga forense

Como siempre, en mis viejos cuadernos encuentro relatos nuevos (Fragmento del diccionario de la evolución). Quiero decir, me he olvidado de haberlos escrito alguna vez… (La memoria y el olvido).

Esta, al parecer, es la historia de una joven que está presa (Prontuario criminal).

La joven le escribe a la psicóloga que le han asignado (La psicología y la psiquiatría forense), y a la vez conversa con Clara, que es sencillamente una estrella, en el cielo, con la que charla desde que era una niña (Astrología Religiosa).

Nada más bizarro (Esquizofrenia).

Nada más inocente (Judas ¡Inocente! -Ensayo).

¿Compartimos?

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Experimentos

Supe de un crimen cometido en los años ‘30 (El cine argentino en la década del 30), en Buenos Aires o en Madrid, no recuerdo muy bien (Historia de Madrid) -leo sobre tantos crímenes que se me confunden los lugares (Investigación criminal)

Una mujer mató a su hija de 18 años, con la que había hecho un experimento (El experimento de Milgram: El mal que hacen los hombres).

La había parido, en aquella época, sin padre visible; la había educado en latín, en inglés, en alemán (Simón Bolívar y la educación).

La muchacha era famosa en el mundo entero, era La Virgen Roja -también marxista y feminista (La historia que cambió la Historia).

Cuando el experimento se enamoró, la experimentadora no pudo soportarlo (El perfume del amor).

Aparte, el experimento era poeta y escribió, antes de morir tan joven:

¿Somos o no? Mis manos parecieran acariciar la luz, y las olas arrojan objetos hacia mí, los espejos devuelven el misterio de un rostro y estamos juntos tú, yo y otros que no somos.–

En el morir se encienden los ojos como si hubieran enlazado otra mirada. ¿Cómo saber quién pliega el alma como un vestido nuevo, para otra fiesta, o junta las cenizas del alma?

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Cualquier metáfora

Yo muchas veces detuve mi cuchillo al borde justo del cuello que iba a cortar -no os asustéis, es un sencillo juego… (El juego y la apuesta).

Lo del cuchillo, el borde, el cuello puede tomarse como metáfora, como cualquier metáfora que, revelada, resulta no ser metáfora sino algo literal (A partir de la metáfora - Jacques Lacan). Pero lo que sí puedo afirmar es que tenía todo dispuesto en el cuello mismo de la metáfora (Estrategia).

Porque, ¿quién no se da cuenta de que el pensamiento secreta en forma de palabras o hipos o estertores la verdad? (La verdad como eterno problema filosófico).

Digo más bien para no ser autoritaria, para callarme un poco interiormente: vivo gritando, percutiendo palabras (Teoría de la personalidad).

De niña invité a hermanos y amigos a comer una muñeca negra de porcelana. Ella hizo de pollo o de gallina, sus bracitos hicieron de alas, sus piernas de muslos, su torso de pechuga.

Comimos.

Escupimos.

Jugamos con pasión.

Después jugué también a cortarme las trenzas, luego todo el pelo, jugué a raparme pero no era juego, iba rapada por toda la vida.

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Jardines adornados con ermitaños

Los novelistas, los narradores, buscan desesperadamente un lugar ideal donde todas sus ficciones puedan desenvolverse (Modernización, ciudad y literatura).

Yo no sé si soy tanto como novelista o narradora, pero sí sé que al escudriñar en mi lugar perfecto no he encontrado el espacio sino el tiempo, o en todo caso algo que los reúne como los reunió Einstein, digamos (La cultura artístico-literaria y la ciencia).

Mis cuentos de fantasmas deberían, en ese caso, transcurrir en el siglo 19, para dar un ejemplo (El Fantasma Victoriano).

Pero hay un sitio que es a la vez mágico, metafísico, racional, surrealista, demencial, superlógico, lleno de locos sueltos y de genios en la cárcel, de revolucionarios, de devotos, de blasfemias y de oraciones. Este sitio es el siglo 18; y su perfume llega hasta acá, hasta aquí mismo, hasta el siglo 21 (La punta del hilo).

El lugar huele a sangre, a vainilla y cacao, a aves cazadas y embalsamadas para horribles gualichos y complejas brujerías, a discusiones filosóficas de enorme dificultad en las que habría que ser un erudito para intervenir y en las que intervinieron las fabulosas mujeres cultas del siglo 18, que no eran todas y cada una de las féminas, pero que eran muchas, y de cualquier nivel social (Movimiento femenino).

Estas mujeres, junto con sus hombres o en soledad, mezclaban la profundidad de los saberes de Kant (Kant): “La ilustración es el abandono por parte del humano de su minoría de edad imputable a sí mismo”, con el amor y fanatismo que profesaban al Conde de Saint-Germain (Literatura y Alquimia), que circulaba por sus salones literarios diciendo: “Tengo la naturaleza en mis manos, y de la misma forma en que Dios creó el mundo así puedo yo también invocar del vacío cualquier cosa que desee” -lo que recuerda a Sai Baba.

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Mane

Voy a entrar a una casa remotísima (La familia Siglo XXI) adonde estaban mis hijos de pequeños (Cómo criar hijos felices):

Llego a una casa inmóvil, allí me espera Mane; Ignacio ya va a la escuela (El niño Quintanilla) y hoy no está.

Dejo el alma en la puerta, ando con pasos lejanísimos, recuerdo las canciones de los niños con los labios (Canciones Infantiles).

No tengo pensamiento, alegría, pena (La búsqueda del hermano en César Vallejo).

Pienso penar con los objetos, sin su pasado, sin sus años, no estar adentro de ninguna historia, sentir que el aire tiene ondulaciones, voces, que no conocen a nadie los espejos y que los ojos se olvidaron y las paredes olvidaron lo dicho y que nadie llegó.

Pero miro en el fondo de la casa a Mane jugando con su aro de mimbre.

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Terapia intensiva

Acaban de perforar la arteria femoral (Introducción a los vasos sanguíneos) y entrar por ella hasta el corazón (Corazón de Sur Infinito).

La Dueña de la arteria está despierta y observa todo en una gran pantalla (La observación conductual).

No sólo observa la manipulación de su cuerpo sino el lugar más íntimo de su ser, el corazón y las pequeñas joyas de luz que lo rodean (Derecho a la intimidad).

Sin embargo, de ese corazón los cirujanos no están hablando de la mejor manera, más bien lo ofenden con cierta actitud crítica (Restaurando el dolor).

La Dueña está en reposo y de pronto se le ocurre mirar hacia atrás con gesto de tanguera; ella misma le pone título a su huida, título tanguero: los fantasmas de su pasado (Una cultura de la (des)memoria).

Son esqueletos de cosas abandonadas, se ven como en penumbra de radiografía.

Pero el sol entra en la sala de cirugía: la operación terminó.

Abandonan el cuerpo de la Dueña sobre una camilla en una habitación contigua. Habitación fría y desmesuradamente triste, el cuerpo es el mío pero no me hago cargo, mejor lo dejo estar como si fuera el de cualquier otro.

En realidad ni siquiera es el de cualquier otro, es sólo una mancha borrosa en una sábana, una mancha que se diluye más y más, como si le aplicaran lejía.

Me diluyo más y más, ya ni siquiera pienso, ya ni siquiera sé que no soy yo ese cuerpo perdido en un naufragio de sangre y vendas y de rayos láser.

No pienso pero, aun con los ojos cerrados, veo (Asomar la cabeza para ver qué pasa afuera).

Entra una mucama con instrumentos para limpiar, refriega el piso con intensidad, termina su tarea y, ya a punto de irse, me observa, observa mi extraordinaria quietud y con la sábana me tapa la cara y la cabeza.

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Otra vez un sueño lujurioso (cuento)

Sentada en la cama, recuperándome de la colocación de un stent en las coronarias (Nitinol: El metal inteligente), intento escribir para ustedes, mis amigos, una nota que se llame “Educación para la muerte”, o algo así (La muerte).

Y es verdad que es preciso que en las escuelas haya una materia parecida, algo dictado con el mismo fervor con que se dicta educación sexual (Educación Sexual).

La muerte es la gran olvidada por nosotros -la gran escondida bajo la alfombra, como el polvo que no queremos ver-, pero sucede que ella no nos olvida, y a cada rato nos sorprende o nos asusta. No tenemos suficiente preparación! (Preparación para la muerte, de San Alfonso María Ligorio).

De todos modos tendría que estar más recuperada para pensar mejor, para escribir mejor y transmitirles sin miedo, sin inhibiciones, mi experiencia (La escritura y como escribir).

Pero algo tengo que escribir; hoy es miércoles y mi miércoles es, por lo general, de ustedes que me esperan.

Y justo en mi no saber qué hacer se produce el milagro (Milagro en el bosque): doy vuelta la hoja del cuaderno en el que escribo y allí, allí nomás, encuentro un cuento que escribí hace dos o tres años para ustedes.

No habla de la muerte pero tampoco de la vida.
Viene de esa zona intermedia en la cual se producen efectivamente los milagros.
“Educación para la muerte” esperará hasta el próximo miércoles, o hasta un poco más.
Es hora de jugar con sueños atrevidos.

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