Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

La suspensión momentánea de la incredulidad

Anoche mismo recibí un comentario para el cuento que les había enviado con el post del miércoles pasado (Cuento para Manuel, la no discapacidad).

No tiene una palabra de elogio -lo que me parece muy bien, no era una maravilla el tal cuento (Estrategias de relación con el personal).

Sin embargo, tal vez se trate del comentario más halagador que he recibido en tantos años de escribirles los miércoles (Consíguelo con una actitud positiva).

Escribe Rubén Darío Vega Sayago, desde Caracas:

“Ese fenómeno del anacronismo, donde los cuadros tapados son más recientes que los superiores, y ese último cuadro donde apareces tú misma, tiene una explicación: Es que tú eres como tu abuelo, mezclas hechos reales con fantasías. Debe ser cierto que viviste con tu abuelo desde tus quince hasta los veinte, y que tu abuelo echaba cuentos de guerra de su abuelo (tu tatarabuelo) pero la narración del desconche de cuadros es fantasía. ¿Estoy en lo cierto?”

Además, toma como verdaderas historias que inventé: mis abuelos, los dos, murieron antes de que yo tuviera quince años.

¿Recuerdan a Borges -alguno lo recordará (Algunos Borges de Jorge Luis Borges)- cuando escribía ficciones en las que aparecían todos sus amigos de carne y hueso, como Bioy Casares (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius)? ¿Recuerdan que él decía que para que un cuento sea un cuento debe existir la suspensión momentánea de la incredulidad?

¿No les parece que Rubén Darío, aun con su duda, deja abierta la posibilidad de que esté yo realmente en el fondo del cuadro de mi tatarabuelo? (Las dudas).

Gracias, encantador Rubén.

Ahora les mando un escrito que ¡vaya uno a saber si es un cuento!

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El diario íntimo de mi tatarabuelo

Dicen que se escribe (La escritura y cómo escribir)  para recordar (Mapas mentales). Que tenemos sólo una vaga idea de los pueblos anteriores a la escritura. Que la invención de ésta permitió la gigantesca aproximación de la historia (La Historia Compleja).

Pero ya antes de este invento los hombres primitivos, y recientes, dibujaron escenas de sus vidas (Culturas del Perú).

En las cavernas oscuras fueron urdidas representaciones sin que se sepa bien cómo se pudo, previas al fuego y sus antorchas (El origen del fuego).

Y el tiempo las dejó permanecer allí (¿Qué es el tiempo?).

El estilo del arte rupestre nunca se repitió en el curso de los siglos, excepto algún recuerdo que acogió el hinduismo, alguna jirafa de Dalí (Distancias Mentales Surrealistas de Salvador Dalí) u otro animal que integró los inocentes paisajes de Rousseau, el Aduanero.

Bellos y expresivos, hay en el arte de nuestros ancestros plantas, leones, humanos vivos y muertos que nos legaron sin palabras.

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El gato negro

Con todo y mi vasta ignorancia (Rawls: el velo de ignorancia), en especial en temas de psicoanálisis (Psicoanálisis general), he leído a Freud -como quien lee una novela policial (Biografía de Sigmund Freud)- y a Lacan -como quien lee a un poeta raro (A partir de la metáfora - Jacques Lacan).

De todos modos, en el fondo de mí, estaba mi deseo de entenderlos (La enseñanza para la comprensión).

A Lacan quería entenderlo, literalmente, y no podía (Comprensión lectora).

Comprendía lo que leía de Freud, pero había un lugar al que su lectura no me conducía: justo, justo, a su Inconsciente, ni más ni menos que a su continente oculto (El inconsciente).

Era una mitología, una historia de dioses, semidioses, hombres y semihombres lo que encontraba en Freud, y no sentía la presencia del Inconsciente ni en mí ni en sus escritos (Teorías de la Mitología).

Tal como se pide por la fe en una religión, yo casi rezaba por creer (La resiliencia de la fe).

En mis desciframientos de Lacan creí llegar a saber que el inconsciente se manifestaba cuando mostraba “su garra”; que si no, estaba quieto y no existía. Es seguro que me equivoco y Lacan no intentó expresar esto, pero me pareció un buen punto de partida…

¿un buen punto de partida para qué?

Para hacerme de un inconsciente, pues, ya que el mío, como una deidad caprichosa, no se manifestaba. O yo creía que no se manifestaba, que es lo mismo para no comprender.

Entonces yo, que estoy más bien hecha de madera de libros y de literatura, me crucé con “El gato negro”, el cuento de Edgar Allan Poe.

No se puede explicar por qué ya en su principio, “El gato negro” me explicó lo que es el Inconsciente mío, tuyo, de la humanidad, de nosotros.

Eso es algo que ustedes tienen que examinar.

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Museo fantasma

Hay un museo de cosas que tienen sonidos y colores (Vasijas y ladrones), que tienen algo que decir sutilmente, y que, por una coherencia muy lógica, queda en un lugar lejanísimo y sin mapa adonde no se puede llegar… (Ideas sobre la complejidad del mundo).

Para no confundir, es necesario afirmar que no se parece en nada al de Madame Tussauds, por ejemplo, museo turístico más bien que es como una brisa fina en la espalda, apenas. Fundado por la escultora Tussauds en Londres en 1835, produce un agradable terror que no quiere decir muchas cosas, aunque venga del siglo de los fantasmas.

Son gestos sutiles, pero no lo que quiero decir.

Tampoco es un museo del crimen. Hace pocos días salió en los diarios esta impactante información: “Abre a todo el público el macabro museo del crimen”. Y más abajo: “Máscaras mortuorias, sogas de horca, pistolas y hasta cálculos biliares serán exhibidos en Londres” -los cálculos biliares son los únicos restos de una víctima de “El asesino del ácido” (Una cultura de la (des)memoria).

Ni de investigaciones criminológicas ni de investigaciones para investigar, ni de la historia del ADN ni de las huellas dactilares, bellas marcas de Dios y de ladrones (Impresiones digitales).

Es como un libro que un día planeamos con un amigo, Jorge Cappato. Yo recogería mediante encuestas públicas los sueños más hermosos del mundo, y él los ilustraría con fotografías. No lo hicimos, por suerte, porque estoy segura que su concreción hubiera quedado tan lejos de su plan como las estrellas quedan lejos del fondo del mar.

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Papel, tinta, madera, muy cerca de Florencia

Había una fórmula tonta, cuando éramos chicos, que tonta y todo nos divertía a rabiar, porque sí: pin uno, pin dos, pin tres, contábamos hasta llegar a Pin Ocho, y tal vez se nos pasaba el común -y descomunal- aburrimiento de la infancia, que consiste en algunos momentos de insoportable paz (Algunas reflexiones sobre los juegos tradicionales rurales).

Se dice que hay otras fórmulas mágicas, y son para elaborar seres humanos (Hechicería e Imaginario Social) -aparte de la convencional receta de hacer el amor entre una mujer y un hombre bajo ciertas condiciones propicias de la luna (Trilogía del Amor: El Amor, el Odio y los Celos).

Acá dejaremos pasar laboratorios y probetas, clones y científicos cuerdos u orates en busca de una nueva vida (Bioética y genómica), porque no queremos enfocarnos en eso sino en las leyendas y los cuentos fantásticos que hablan de varios atrevidos intentos multiplicadores de gente.

Uno de ellos es el llamado Golem, creado por un rabino en la ciudad de Praga mediante el método terrible de pronunciar con exactitud el nombre verdadero de Dios (Asambleas de pájaros). Y aun así fue un intento fallido; el rabino más bien creó a un homúnculo poco desarrollado que terminó incendiándole la sinagoga (Religiones).

Pero muy cerca de Florencia, Italia, en un pueblito llamado Collodi que es apenas una mancha sobre la ladera de una colina (Ciudades y escritores), un hombre dio a luz dentro de un libro algo bastante más amable que el Golem, un muñeco de madera viviente: Pinocho, claro.

Se trataba de la primera vez que el escritor tomaba la pluma -o la madera del lápiz- para engendrar literatura; él era o había sido periodista y volvió a Collodi para intentar escribir un cuento para niños.

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El trasvasamiento

Esperen un momento, y lean la parte lírica de lo que les envío (La poesía lírica). Cuando lleguen a un subtítulo llamado “El trasvasamiento”, allí, justo allí empieza el cuento que puede interesarles (El cuento de terror).

El hacedor de la poesía pretende ser aceptado por la gente, como si su tentáculo, que él ha hecho visible y muestra con orgullo, pudiera ser aceptado en buena sociedad (Estatuto de poeta).

¿No ha advertido los estremecimientos de la gente cuando un pulpo, por cualquier motivo, les anda caminando por un brazo? (Corazón de Sur Infinito).

¿Y tampoco el rechazo de la gente de menor cultura por los frutos de mar? (La maldición de Yavé).

Este hacedor cree que sus descripciones sobre los jardines del mar y las luchas crueles de los peces entre las rocas más profundas pueden integrarse convencionalmente a una charla de sobremesa. Y no. Con el agravante de que esto es sólo una metáfora: él no es un buzo de las profundidades sino de los abismos de la altura (Pepina y sus Historias en isla Humos). Los peces que menciona fácilmente podrían ser catalogados como ángeles en cualquier enciclopedia… (Diccionarios y enciclopedias).

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El experimento, con pedido de auxilio

Empecé a escribir nomás El experimento, esa novela (La novela) que me inspiraron sucesos muy viejos de los cuales hablé en el post pasado (Ana Karenina).

Tenía un cuento redondo y cincelado para poner en lugar de estos apuntes de futura novela (El cuento literario o la concentrada intensidad narrativa), pero quiero consultarles a ustedes la validez de una historia tan antigua (Pepina y sus Antiguas Historias). Los años en que ocurre –lo comprobé- no pueden modificarse (Los frágiles cimientos del presente). Ellos tienen toda la fuerza de aquella edad de feministas (La nueva polarización), anarquistas (Antología Libertaria) y científicos locos (Saint-Simon).

Este es el comienzo -con entrecomillado y todo pretendería que se imprimiera

La primera noticia que tuvo de su propia rareza era esa música que se posaba en el fondo de sí misma, que estaba siempre allí.

La segunda, su dentadura. Dientes y muelas de blanco y agudo vidrio, para los que ningún odontólogo tuvo explicación –ahora quizá la ciencia la tendría, pero esto ocurría a fines del siglo diecinueve.

La tercera, su letra.

De modo natural, escribía con un dibujo de nudos celtas que nadie le enseñó, pero que más tarde observó en los Libros de Horas guardados en los monasterios medievales que visitó.

Después compró las réplicas de esos incunables en librerías modernas, y vio que los monjes dibujaban las letras como ella: primero dos puntos, luego tres, de nuevo dos, de nuevo tres, y así hasta unirlos y decir alguna palabra en tela o en papiro.

Pero ella desde que aprendió a escribir hacía nudos celtas con las letras. La maestra se intrigó demasiado y se le acercó: ¿en su casa le habían enseñado esa caligrafía?

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Carta a la psicóloga forense

Como siempre, en mis viejos cuadernos encuentro relatos nuevos (Fragmento del diccionario de la evolución). Quiero decir, me he olvidado de haberlos escrito alguna vez… (La memoria y el olvido).

Esta, al parecer, es la historia de una joven que está presa (Prontuario criminal).

La joven le escribe a la psicóloga que le han asignado (La psicología y la psiquiatría forense), y a la vez conversa con Clara, que es sencillamente una estrella, en el cielo, con la que charla desde que era una niña (Astrología Religiosa).

Nada más bizarro (Esquizofrenia).

Nada más inocente (Judas ¡Inocente! -Ensayo).

¿Compartimos?

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Experimentos

Supe de un crimen cometido en los años ‘30 (El cine argentino en la década del 30), en Buenos Aires o en Madrid, no recuerdo muy bien (Historia de Madrid) -leo sobre tantos crímenes que se me confunden los lugares (Investigación criminal)

Una mujer mató a su hija de 18 años, con la que había hecho un experimento (El experimento de Milgram: El mal que hacen los hombres).

La había parido, en aquella época, sin padre visible; la había educado en latín, en inglés, en alemán (Simón Bolívar y la educación).

La muchacha era famosa en el mundo entero, era La Virgen Roja -también marxista y feminista (La historia que cambió la Historia).

Cuando el experimento se enamoró, la experimentadora no pudo soportarlo (El perfume del amor).

Aparte, el experimento era poeta y escribió, antes de morir tan joven:

¿Somos o no? Mis manos parecieran acariciar la luz, y las olas arrojan objetos hacia mí, los espejos devuelven el misterio de un rostro y estamos juntos tú, yo y otros que no somos.–

En el morir se encienden los ojos como si hubieran enlazado otra mirada. ¿Cómo saber quién pliega el alma como un vestido nuevo, para otra fiesta, o junta las cenizas del alma?

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Cualquier metáfora

Yo muchas veces detuve mi cuchillo al borde justo del cuello que iba a cortar -no os asustéis, es un sencillo juego… (El juego y la apuesta).

Lo del cuchillo, el borde, el cuello puede tomarse como metáfora, como cualquier metáfora que, revelada, resulta no ser metáfora sino algo literal (A partir de la metáfora - Jacques Lacan). Pero lo que sí puedo afirmar es que tenía todo dispuesto en el cuello mismo de la metáfora (Estrategia).

Porque, ¿quién no se da cuenta de que el pensamiento secreta en forma de palabras o hipos o estertores la verdad? (La verdad como eterno problema filosófico).

Digo más bien para no ser autoritaria, para callarme un poco interiormente: vivo gritando, percutiendo palabras (Teoría de la personalidad).

De niña invité a hermanos y amigos a comer una muñeca negra de porcelana. Ella hizo de pollo o de gallina, sus bracitos hicieron de alas, sus piernas de muslos, su torso de pechuga.

Comimos.

Escupimos.

Jugamos con pasión.

Después jugué también a cortarme las trenzas, luego todo el pelo, jugué a raparme pero no era juego, iba rapada por toda la vida.

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