Diversiones con Freud, con Darío, con la publicidad de Chevrolet

Más allá de los libros que fervorosamente amamos, ésos especiales de nuestros poetas y narradores preferidos (La locura de Don Quijote), hay otro tipo de literatura que nos acompaña en los momentos en que lo que deseamos es relajarnos o reír (Saber leer).

En mi caso a veces se trata de textos de divulgación científica (Divulgar la ciencia y su trascendencia…) ante los cuales -y a pesar de lo de “divulgación”- el esfuerzo por entender que realiza mi pobre intelecto me remonta desde mis problemas a los espacios remotos, allí donde, por ejemplo, empiezan el mismo espacio y el tiempo con una explosión. Eso lo quiero entender bien, el Big Bang, y para eso leo y releo el mismo librito (Del Big Bang al origen de la vida).

Y me parece más bien ciencia ficción que el espacio y el tiempo recién comiencen en ese instante (Comparación de libros de ciencia ficción). ¿Qué hubo antes? No hubo nada, es la respuesta de mi librito. No hubo antes porque recién allí comenzó el tiempo (Evolución histórica de las concepciones sobre el tiempo)

En épocas de mayores problemas leía revistas especializadas… ¡en crímenes! (Asesinos en serie).

Sí, las más amarillas de las amarillas; conocía todos los casos de asesinatos seriales en el mundo: conocía a sus autores y, en especial, me fascinaban sus autoras.

Tal vez por incomprensibles y por quererlas entender, estas mujeres asesinas me deparaban muchas horas de calma, de no pensar en mí (Camino hacia la Serenidad).

Pero entre la literatura de divulgación científica y las revistas amarillas y sucias -si parecía que hasta te ensuciaban las manos-, tengo dos diversiones en materia de libros que -casi todo el mundo lo estimará así- constituyen una fragrante falta de respeto -tomarlos como diversión, digo (Los significados de la literatura)

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General, Monografias

Autobiografía en verso

La casa donde me mudé en Agua de Oro es muy grande, y yo nunca viví en una casa grande. Voy y vengo por ella, ordeno, limpio, cambio el orden de los muebles, llevo y traigo mis costuras y mis libros (Viaje hacia los libros).

Cuando me siento a fumar (¿Por qué se fuma?), o a coser, escribo (Escribir en el Siglo XXI). Escribo en cualquier pausa del día, como si escribir fuera respirar o algo así. En los moldecitos de los vestidos que le hago a Lola escribo (Reflexiones sobre la moda), y en la parte de atrás de las boletas del teléfono, la luz, el agua, alumbrado, barrido y limpieza.

Pero extravío todo: los utensilios de limpieza, las lapiceras, los hilos y agujas, las telas de hermosos colores. ¿Dónde dejé la escoba con la que estaba barriendo hace un minuto, dónde el papel de la cuenta de la luz en cuya parte de atrás escribí un poema, en dónde el hilo azul? Apenas puedo pedirle algo a mi vieja memoria, ya se me desordena (Técnicas para olvidadizos o para no olvidar).

Ayer escribí la entrada de hoy, para ustedes, con una cita de Lampedusa, el autor de El Gatopardo, a quien acababa de redescubrir y quería compartirlo… Compartir su mirada extraordinaria, compartir los finales del siglo XIX y los principios del XX, y Palermo, Sicilia, y Garibaldi (Movimientos sociales y políticos del siglo XIX), y su mirada -la de Lampedusa, digo- otra vez, de príncipe que se hunde en las tinieblas de la modernidad (Inmigración versus globalización).

No encontré lo escrito ni tampoco el libro de Lampedusa, maravilloso príncipe, ni nota alguna sobre el caso, ni la cita, claro, que decía algo relacionado con el escribir sobre cuestiones individuales para ser transformadas en… universales… bueno, a tanto no puedo llegar yo…

Pero ahora que me quedé sin nada escrito para hoy, y que casualmente no tengo inspiración alguna para borronear alguna de mis locuras y extravagancias, encuentro un cuadernito bastante viejo (La melancolía como experiencia estética…). Se ve que yo a los cuarenta años intenté escribir mi biografía.

¡Pero intenté escribirla toda en poesía!

Estos versos me salvarán, hoy.

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Monografias

Popurrí

Hay un legado de mi abuela que es una manta tejida al crochet que es en realidad una fila de mujeres hilando (Condición de la mujer durante el siglo XIX en México).

Las mujeres tejían juntas en el atardecer, esperaban la noche (Mujeres de Fuego, Mujeres de Hielo…).

Ninguna de ellas sabía hasta qué año iba a llegar, más o menos desvaído, el color de la lana. Pero llegó hasta aquí, con toda intensidad (Lo mágico y mítico de la mujer como diosa).

Las mujeres tejían esa red comentando la traición de alguna amiga, la infidelidad de algún marido, contándose cuentos de fantasmas y casas hechizadas, ellas que son fantasmas, ahora (Casas Encantadas).

Trato de escucharlas conversar (Teócrito):

En sus palabras duermen más palabras, pero se ahogan en el corazón (Dos historias de terror).

Quiero escuchar alguna historia nueva, pero no hay más historias que ese su pasar igual al mío, pasar, pasar por rueda de sonidos para llegar sin nada azul.

Ella tejían. Nosotras, las muchachas de los años 70, jugábamos a la Batata Macabra, TODO con A (Juegos de lenguaje y mundo de la vida):

Allá pasa, ya, la balanza pasa, Ana, da ramas, da lámparas, nadan, van calmas hasta allá, matan, alaban plantas malvas -de tu alma que no juega…

Nosotras, las muchachas de los años 70, escribíamos además cadáveres exquisitos (El tiempo de las vanguardias artísticas y políticas). En uno de ellos una anotó:

Qué pesado es el  paraíso

sobre los hombros

yo que quiero la hierba en los cabellos.

Y otra anotó también:

sin remos,

sin bordes,

conciliadas por los reflejos.

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Monografias

Teofanías, o apariciones de Dios mismo

“Teofanía” (El hombre, animal religioso) me parece un nombre enorme para mi pobre visión, por eso lo encomillo (Lo asombroso y lo increíble: ¿Por qué pensamos así?).

Pero pensándolo mejor, ¿ustedes no han sentido que algo les ha sucedido alguna vez, algo muy pequeño y sutil, que los llevó a comprender algo, tal vez hace mucho tiempo? (El espíritu del tiempo).

A comprender algo muy pequeño y sutil, además (La Estética).

Pero esos momentos de comprensión instantánea son para mí una teofanía (Dos cosmovisiones renacentistas: Rabelais y Moro).

Sé tan poco, que tal vez mis palabras sepan más que yo, que tal vez haya algunas que se escriben solas mientras yo hago garabatos sobre el papel o en el teclado, y que después cuando las leo, descubro qué descubrí (La vivienda… ¿último reducto de la identidad?).

A ustedes seguro les sucede lo mismo.

¿Se animan a mandarme “teofanías”?

Yo sí me animo, y se las mando con amor.

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Monografias

El vampiro

Dos fósforos flotantes en una niebla como hielo de gruesa (“Niebla”, de Miguel de Unamuno) -pero dos fósforos porque nosotros sí nos veíamos levemente uno al otro, nada más que por eso- parecíamos en aquellos días previos a nuestra separación -separación que luego fue un engaño, o un milagro que se volvió a formar (Elaboración del Duelo en la Ruptura de la Relación de Pareja).

Nosotros buscábamos trabajo desde hacía un año (Derecho del Trabajo Mínimo), y la falta de dinero hacía que las cosas, los objetos comunes, cotidianos, semejaran, porque se habían degradado por el bajo costo, un decorado (El Dinero). Y así, con esos objetos de utilería, la realidad también podía ser un teatro donde se representara una comedia algo triste -como la que voy a narrar (La catarsis)-, donde en compensación quizá fuera más tenue el horror, ya que no era tan real; lo que sucedía´(Pensamiento Sistémico) -lo pequeño y lo mezquino- les sucedía apenas a dos sombras detrás del biombo, dos que apenas si tenían hambre, sed y ganas de vivir (El miedo a amarnos).

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Monografias

La enfermedad gris y la enfermedad amarilla

No soy de no cumplir con mi palabra -inquiéranlo en mi trabajo, en Monografias.com. (Curso de Inducción - Ética).

Pero ya el miércoles pasado no continué la “saga” (Stieg Larsson y su saga “Millennium”), la historia comenzada que les había prometido seguir si ustedes lo consentían, y, aunque lo consintieron con entusiasmo, tampoco lo haré hoy.

Debido a un horóscopo o destino eventualmente en baja, con fuertes declinaciones, de días turbulentos y algo desagradables (Psicología Transpersonal y Astrología), podría darles con sinceridad tres excusas, y las tres verdaderas.

¿Verdaderas, reales?

Sí, porque me suceden esas tres cosas malas -¿Tres pelos del diablo era un cuento infantil? (Literatura infantil y juvenil).

¿Pero son puntualmente esas tres cosas las que me impiden proseguir la “famosa” Memoria? (La Voluntad).

No sé si es cierto.

Lo único que sé es que si tomo el lápiz, la tinta endemoniada o la computadora con mis dedos ágiles -es la única agilidad que tengo, es mi única habilidad (Habilidades sociales)-, en las líneas que dejé escritas se me cruzan y entrecruzan razones para no escribir más ese texto. Como si algo me soplara que los adultos no deben recordar los secretos más íntimos de los niños, que es como invadirlos, aunque se trate de invadirnos a nosotros mismos cuando éramos niños. Como si algo me soplara también que el resultado de esas “memorias” sería un poco fuerte para esta página de un sitio de estudios, aunque se trate de nivel universitario en la mayoría de sus textos. Pero también hay monografías para niños que acceden al lugar.

Yo prometía una orgía entre escolares, el recuerdo de alguna que de verdad existió y que tal vez no se llamaba orgía sino juego masivo de inocencias apasionadas (A través de los ojos de los niños).

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“Memoria del placer” continuará el miércoles

Vino Lola, mis sueños de continuar esa especie de autobiografía amorosa para “disfrute” de algunos de ustedes se interrumpió (Autibiografía: la experiencia personal en la elaboración literaria). Lola no quiere recuerdos de pasiones sino juguetes y juegos apasionados por frenéticos (Los juguetes de los niños), con su año y medio largo y sus ojazos que hablan más todavía que ella misma.

Mi nieta hizo entonces que no pudiera cumplir lo prometido, pero, ¡alégrense!, me dio tanta felicidad y tanto encanto que tal vez escriba mejor cuando lo haga (Cuentos infantiles del Puerto de la Alegría).

Hicimos una casita en el jardín, con la que fuera la cucha de nuestra querida perra Polka (La princesa que creía en los cuentos de hadas… ). Esa casita ahora contiene muñequitos, libros de cuentos adaptados -casi sólo dibujos- como “La niña que iluminó la noche”, o un libro de Ema Wolf llamado “Cómo Berta conoció a su gato”, que se los recomiendo, para todos los niños de 1 a 90 años, como dicen los anuncios de los circos (Circo Contemporáneo).

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Monografias

Memoria del placer

El tiempo pasó en la forma de una enorme escoba que barrió toda tierra sobre mí, debajo de mí, todo alrededor (Módulo Proyecto de Vida).

Parece que el tiempo fue un viento que me limpió de deseos y esperanzas, como en las enseñanzas zen (Budismo. Un estilo de vida).

Digo esto como una mujer vieja que mira la noche detrás del vidrio de su cuarto (Las tres etapas en la vida de la mujer).

Examino mi cuerpo; la piel ha vuelto a ser suave: ahora es de pergamino; miro los pétalos de las flores del jardín con cierto resentimiento (Resentimiento vs. Estupidez).

“Recuerda, cuerpo, cuánto te amaron” (no sé si el propio poeta -Kavafis- recordaba en verdad cuánto su cuerpo había sido amado cuando escribió ese verso. ¿Es posible que las caricias estén inscriptas imborrablemente?). Creo que desaparecen cuando la piel se renueva -no, el cuerpo no recuerda (Recuerdos).

La memoria recuerda al cuerpo que la alojó y me dice que para hablar de la vida amorosa exclusivamente, que haya penas, que haya lágrimas… (Antígona entre dos muros).

Es una habitación cerrada esta memoria (El miedo en la infancia). Es -si hago crecer esa habitación- un mundo desaparecido cuyos cantos todavía se escuchan en la oscuridad del recuerdo profundo, de lo sin olvido profundo, como si en la parte de la ”memoria colectiva” que me tocó cantaran todavía sirenas alejándose (Arquetipos).

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Al regreso de un viaje

Leer con el libro o el cuaderno del revés o mirarse en el espejo y estar seguro de lo que uno ve puede ser peligroso (Rafael Arraíz Lucca: la mirada precavida).

Los fantasmas aparecen entre las cosas desordenadas, en el caos. Y si no aparecen, de todos modos el desorden de la casa, o de las cosas, puede llevar a desordenar el mundo (Ensayo sobre la Teoría del Caos).

Hacer las cosas al revés es como apagar la luz cuando uno está acostumbrado a ver con luz. Existe gente que no necesita de la luz para ver, por eso hago esta aclaración -¡oh, recuerdo el título de un libro de Olga Orozco, La oscuridad es otro sol! (Romanticismo, Literatura Romance).

Pero entre usted a la habitación de siempre, a la que siempre está ordenada y que ahora, cuando usted entra, sigue en orden (Visiones del Orden Mundial).

Aunque sucede que usted dejó de ir a esa habitación por dos días, cuando estaba de viaje supongamos (El viaje), y, sin tocar ninguna cosa, alguien entró en ella.

Fíjese cómo duda, cómo no atina a ser la misma habitación, cómo no se acomoda rápidamente a usted y sus costumbres (“El Extranjero de Albert Camus).

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Tres náufragos

Elsa, la amiga con la que convivo desde hace 25 años (La Amistad: Esas Amistades Peligrosas), nunca me lee (El desafío de la lectura). Yo la corro por los rincones de la casa y hasta por el jardín -donde ella suele cortar el pasto-, con cuadernos en ristre, pero me dice que “después” (El despreciado - Novela).

“Después es nunca”, dicen popularmente (Reflexiones acerca del refranero popular cubano). En el caso de Elsa, es más nunca que nunca (Reflexiones sobre la gran mentira).

¿Y para qué quiero que Ella me lea?, me pregunto a mí misma en medio de mi furia (Viaje al Reino de los Deseos).

Y aunque no tengo una respuesta para transmitir en claras y concretas palabras, sé por qué quiero, y no es antojo… (Más que días).

Hay una excepción a su desamor por mi literatura: cuando la nombro a ella sí me lee. En alguna de esas ocasiones suele fastidiarse un poquito, pero a la vez está orgullosa de aparecer en mis modestas letras de molde.

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