Después de Auschwitz y otras yerbas

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de Eduardo Galeano

Y nada tenía de malo, y nada tenía de raro, que se me hubiera roto el corazón, de tanto usarlo.

Eduardo Galeano

de Moshe Dayan

Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos. Hablas con tus enemigos.

Moshe Dayan

de Antoine de Saint-Exúpery

Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo.

Antoine de Saint-Exúpey

de Antoine de Saint-Exúpery

Ser necio de nacimiento es una enfermedad incurable.

Antoine de Saint-Exúpey

de Antoine de Saint-Exúpery

Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos.

Antoine de Saint-Exúpey

de Antoine de Saint-Exúpery

El amor es lo único que crece cuando se reparte.

Antoine de Saint-Exúpey

de Karl R. Popper

La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos.

Karl R. Popper

de Hermann Hesse

Quien no encaja en el mundo está siempre cerca de encontrarse a sí mismo.

Hermann Hesse

de Gangaji

No tienes que herir para enseñar, ni ser herido para aprender.

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Poema de los dones - Jorge Luis Borges

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

Jorge Luis Borges
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