Después de Auschwitz y otras yerbas

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Fernando Pessoa

No quiero rosas mientras haya rosas - Fernando Pessoa

No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
¿Qué he de hacer con las cosas
que puede cualquier mano coger?

Sólo quiero la noche si la aurora
la diluye en azul y rosicler.
Lo que mi alma ignora
es lo que quiero poseer.

¿Para qué ?… De saberlo, nunca haría
versos para decir que no lo sé.
Siento a mi alma pobre y fría…
¿Con qué limosna la calentaré?

Fernando Pessoa

de Fernando Pessoa

No vivas. Sé vivido. Deja que la naturaleza te viva. Sé en​ ella como la flor flotando en el agua o la hoja suspirada por el viento. No seas tú. Sé naturaleza.

Fernando Pessoa

de Fernando Pessoa

La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Fernando Pessoa

Dactilografía - Fernando Pessoa

Solitario trazo, en mi cubículo de ingeniero, el plano,
firmo el projecto, aquí aislado,
remoto hasta de quien soy.

Al lado, acompañamiento banalmente siniestro,
el tic-tac estallado de las máquinas de escribir.
¡Qué náusea de vida!
¡Qué abyección esta regularidad!
¡Qué sueño este ser así!

Otrora, cuando fui otro, hubo castillos y caballeros
(Ilustraciones, tal vez, de cualquier libro de infancia),
Otrora, cuando fui verdadero a mi sueño,
Hubo grandes paisajes del Norte, explícitos de nieve,
Hubo grandes palmerales del Sur, opulentos de verdes.

Otrora

Al lado, acompañamiento banalmente siniestro.
El tic-tac estallado de las máquinas de escribir.

Tenemos todos dos vidas:
La verdadera, que es la que soñamos en la infancia,
y que continuamos soñando, adultos en un sustrato de niebla;
y la falsa, que es la que vivimos en convivencia con otros,
que es la práctica, la útil,
aquella en la que terminan metiéndonos en un cajón.

En la otra no hay féretros ni muertes,
hay solo ilustraciones de infancia:
Grandes libros coloridos, para ver y no leer;
Grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros,
En la otra vivimos;
En esta morimos, que es lo que quiere decir vivir; En este momento, por la náusea, vivo en la otra…

Pero al lado, como acompañamiento banalmente siniestro.
Yergue la voz el tic-tac estallado de las máquinas de escribir.

Fernando Pessoa

Encogimiento de hombros - Fernando Pessoa

Damos comunmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido. Si llamamos a la muerte un sueño es porque parece un sueño por fuera; si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece una cosa diferente a la vida. Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes, como los niños pobres que juegan a ser felices.
Pero así es toda la vida; así, por lo menos , ese es el sistema de vida particular al que, en general, se llama civilización. La civilización consiste en dar a algo un nombre que no le compete, y después soñar con el resultado. Y realmente , el nombre falso y el sueño verdadero crean una nueva realidad. El objeto se vuelve realmente otro. Manufacturamos ideales. La materia prima sigue siendo la misma, pero la forma que el arte le ha dado, la aleja de continuar siendo efectivamente la misma.
Una mesa de pino es pino pero también es mesa. Nos sentamos a la mesa y no al pino. Un amor es instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento.
Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento.
No sé que efecto sutil de luz, o ruido vago, o memoria de perfume o música, tañida por no sé qué influencia externa, me ha traido de repente, en pleno ir por la calle, estas divagaciones que anoto sin prisa, al sentarme en el café distraídamente. No sé a dónde iba a conducir los pensamientos, o dónde preferiría conducirlos.
El día es de una leve niebla húmeda y caliente, triste sin amenazas, monótono sin razón. Me duele un sentimiento que desconozco; me falta un argumento , no sé sobre qué; no tengo deseo en los nervios. Estoy triste por debajo de la conciencia. Y escribo estas líneas, realmente mal-anotadas, no para decir esto, ni para decir nada, sino para dar un trabajo a mi distracción. Voy llenando lentamente, a trazos flojos de lápiz -que no tengo sentimentalismo para afilar- el papel blanco de envolver los bocadillos que me han dado en el café, porque no necesitaba uno mejor y cualquiera me servía, siempre que fuese blanco.
Y me doy por satisfecho. Me reclino. La tarde cae monótona y sin lluvia, con un tono de luz desalentado e inseguro… Y dejo de escribir porque dejo de escribir.

Fernando Pessoa

de Fernando Pessoa

La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta.

Fernando Pessoa

Otoño (otra vez) - Fernando Pessoa

Desde que los últimos calores del estío dejaban de ser rigurosos al sol empañado, comenzaba el otoño antes de que llegase, en una leve tristeza prolijamente indefinida, que parecía un deseo de no sonreír del cielo. Era un azul unas veces más claro, otras más verde, de la propia ausencia de substancia del dolor alto; era una especie de olvido en las nubes, púrpuras, indiferentes y difuminadas; era, no ya un torpor, sino un tedio, en toda la soledad quieta por donde las nubes pasan.
La entrada del verdadero otoño era después anunciada por un frío dentro del no-frío de aire, por un difuminarse de los colores que todavía no se habían difuminado, por algo de penumbra y alejamiento en lo que había sido el tono de los paisajes y el aspecto disperso de las cosas. No iba todavía a morir, pero todo, como en una sonrisa que todavía faltaba, se transformaba en añoranza para la vida.
Venía, por fin, el otoño verdadero: el aire se tornaba frío de viento; sonaban las hojas con un tono seco, aunque no fuesen hojas secas; toda la tierra tomaba el color y la forma impalpable de un pantano indeterminado. Se decoloraba lo que había sido sonrisa última, en un cansancio de párpados, en una indiferencia de gestos. Y así todo cuanto siente, o suponemos que siente, apretaba, íntima, al pecho su propia despedida. Un son de remolino en un atrio fluctuaba a través de nuestra conciencia de otra cosa cualquiera. Agradaba convalecer para sentir verdaderamente la vida.
Pero las primeras lluvias del invierno, llegadas también en el otoño ya riguroso, lavaban estas tintas como sin respeto. Vientos altos, rechinando en las cosas paradas, desordenando cosas presas, arrastrando cosas móviles, erguían, entre los clamores irregulares de la lluvia, palabras ausentes de la protesta anónima, sones tristes y casi rabiosos de desesperación sin alma.
Y por fin el otoño menguaba, a frío y ceniciento. Era un otoño de invierno el que venía ahora, un polvo vuelto del todo barro, pero al mismo tiempo, algo de lo que el frío del invierno trae de bueno: verano riguroso terminado, primavera por llegar, otoño definiéndose en invierno, en fin. Y en el aire alto, por donde los tonos empañados ya no recordaban ni calor ni tristeza, todo era propicio a la noche y a la meditación indefinida.
Así era todo para mí antes de pensarlo. Hoy si lo escribo es porque lo recuerdo. El otoño que tengo es el que he perdido.

Fernando Pessoa

Todas las cartas de amor son ridículas… - Fernando Pessoa

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

Fernando Pessoa

Dos vidas - Alvaro de Campos - Fernando Pessoa

Tenemos dos vidas. La verdadera es la que soñamos en la infancia. La que continuamos soñando adultos en un sustrato de niebla. La falsa es la que vivimos en convivencia con los demás. La falsa es la práctica y útil. Aquella en la que acaban por meternos en un ataúd. En la otra no hay ataúdes ni muertes. Hay sólo ilusiones de infancia. Y grandes libros pintados para ver y no leer. En la otra somos nosotros. En la otra, y no en ésta, vivimos.

Fernando Pessoa

de Fernando Pessoa

Nadie comprende a otro. Somos, como dijo el poeta, islas en el mar de la vida; corre entre nosotros el mar que nos define y nos separa. Por más que un alma se esfuerce por saber qué cosa sea otra alma, no sabrá sino lo que le diga una palabra – sombra deforme en el suelo de su entendimiento.

Fernando Pessoa
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