Después de Auschwitz y otras yerbas

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Archivo de Septiembre, 2013

Quisiste - Mario Alberto Geller

Quisiste que nunca más
te dirigiera la palabra
y me corté la lengua
para no pronunciar tu nombre,
y me cosí los labios
para que nada saliera de mi boca.

Quisiste que nunca más
te escribiera una carta
y me amputé las manos
para no tomar una pluma
y me quemé las pupilas
para que no reflejaran mi dolor.

Quisiste que nunca más
me cruzara en tu camino
y me alejé de tu vida
para no molestar tu paso
y me hice invisible
para desaparecer de tu mirada.

Quisiste que nunca más
recordara tu luz,
aquella que iluminó mi existir,
ni recordara tu canción,
aquella que arrulló mi corazón,
que te olvidara, en fin,
pero eso es imposible.

Mario Alberto Geller

de Cesare Pavese

Uno no se mata por el amor de una mujer.
Uno se mata porque un amor, cualquier amor,
nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria,
nuestro desamparo, la nada.

Cesare Pavese

de Erich Fromm

Casi se podría decir que la vida política del presente siglo (por el siglo XX) es
un cementerio que contiene las tumbas morales de gentes que empezaron como
supuestos revolucionarios y resultaron ser nada más que rebeldes oportunistas.

Erich Fromm

Aplazamiento - Fernando Pessoa

Después de mañana, sí, sólo después de mañana…
Pasaré el día de mañana pensando en después de mañana,
y sí será posible; pero hoy no…
No, hoy nada; hoy no puedo.
La persistencia confusa de mi subjetividad objetiva,
el sueño de mi vida real, intercalado,
el cansancio anticipado e infinito,
un cansancio de mundos para tomar un tranvía…
Esta especie de alma… sólo después de mañana…
Hoy quiero prepararme, quiero prepararme
para pensar mañana en el día siguiente…,
el que es decisivo.
Tengo ya el plan trazado; pero no, hoy no trazo planes…
Mañana es el día de los planes.
Mañana me sentaré en el escritorio para conquistar el mundo;
pero sólo conquistaré el mundo pasado mañana…
Tengo ganas de llorar,
de repente tengo ganas de llorar mucho, desde dentro…
No, no quieran saber nada más, es un secreto, no lo digo.
Sólo después de mañana…
Cuando era niño, el circo del domingo me divertía para toda la semana.
Hoy sólo me divierte el circo del domingo
de toda la semana de mi infancia…
Después de mañana seré otro, mi vida ha de triunfar,
todas mis cualidades reales de inteligente, leído y práctico
serán convocadas por decreto…
Pero por un decreto de mañana.
Hoy quiero dormir, mañana redactaré…
Pero hoy, ¿cuál es el espectáculo que me repetiría la infancia?
Para comprar incluso los boletos de mañana,
pues para pasado mañana estará bien el espectáculo…
Antes, no…
Pasado mañana tendré la pose pública
que mañana estudiaré.
Pasado mañana seré finalmente el que hoy no puedo ser.
Sólo pasado mañana…
Tengo sueño como el frío de un perro vagabundo.
Tengo mucho sueño.
Mañana te diré las palabras, o pasado mañana…
Sí, tal vez sólo pasado mañana…
El porvenir…
Sí, el porvenir…

Fernando Pessoa

Peces de ciudad - Joaquín Sabina

https://www.youtube.com/watch?v=Imh0vEnOMXU

https://www.youtube.com/watch?v=kYAueiKXzbU

Se peinaba a lo garçon
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la Gare D’Austerlitz.

Primavera de un amor
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de San Martín.

Hay quien dice que fui yo
el primero en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a Mademoiselle Amsterdam.

En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la estatua de la libertad,
pero en Desolation Row
las sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar.

Y, en el coro de babel,
desafina un español,
no hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.

Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.

El dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.

En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.

Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer.

Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa sin mar.

Letra de canción
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