De Roswel y otras historias

Valoraciones desde la Psicología y temas sobre Poesía

 

A contraluz del tiempo.

Sexualidad y comunicación.Perspectiva social.

La vida, ve usted, no es tan buena Ni tan mala, como se cree.

Guy de Maupassant.

¿Nacemos conociendo nuestra sexualidad? ¿Nos apropiamos adecuadamente de los términos referentes al tema? Necesariamente, a toda persona que viva con los pies sobre la tierra en este nuestro mundo globalizado de tantos misterios ocultos y desvestidos, estas y otras preguntas pudieran ponerla a pensar –al menos por un instante- si es capaz de responderlas de manera clara y directa. Teniendo en cuenta, además, que quizás muchos no se hayan siquiera planteado tales interrogantes. El hombre, por naturaleza, es un ser sexual. De lo que se adjunta lleva implícito lo relativo a la sexualidad a través de todo su desarrollo vital e histórico-social. Ahora bien, las sociedades en su evolución han traído consigo que surjan nuevas interpretaciones y valoraciones que anteriormente daban al traste, o bien no habían sido oportunamente avizoradas. De aquí, que haya surgido una evolución de valores culturales, produciéndose pues, un impacto en las relaciones sociales. Ello se evidencia principalmente con la explosión sexual de los años 1960-1979 aproximadamente, en los Estados Unidos de Norteamérica y Gran Bretaña, que luego repercutió en gran parte del mundo. Todo esto sin soslayar, para su análisis, al vínculo real existente en su contexto, cuyas pautas económicas, legales, culturales y psicosociales, determinan en gran medida el desarrollo de tal evolución. Una de las cuestiones que afrontamos en la contemporaneidad, radica en la problemática de los roles de género en los que, en décadas pasadas, lo asignado a los roles de hombre y mujer, se asumía sin contradicción; apareciendo esto hoy como una marcada tendencia a negar lo asignado o a vivirlo y expresarlo como tal. Cuba, por supuesto, no escapa a esta evolución. Y es por ello que, aún cuando han surgido innumerables investigaciones al respecto, se hace necesario ahondar en cuestiones que reflejan todavía una asimilación inestable referente a la sexualidad, en su acepción, dentro de la población. Con esto invito a todo aquel que se acerque a este artículo, a que mediten estas cuestiones más aún si es alguien con pretensiones a la investigación desde el plano académico o profesional. Siempre que el afecto me inclina a desarrollar el interés respecto al tema, recordemos una frase de Kruteski: No importa lo que hagan los muchachos y las muchachas –ya sea que trabajen, estudien, jueguen, lean un libro o vean una película, se enfrenten críticamente a uno de sus camaradas… o conversen con sus amigos- su actividad tiene siempre un acento de afectividad. … léase también sexualidad. Teniendo en cuenta la perspectiva social que presenta lo tratado en este artículo traemos a colación otra cuestión a valorar. Nos referimos a la relación que existe entre ésta y la comunicación y viceversa. En nuestro cotidiano desenvolvimiento somos partícipes de cuestiones que, sin concientizarlas debidamente, han sido de obligado empleo en vista del éxito de nuestra inserción como seres humanos dentro de la sociedad. De éstas, la sexualidad, en su paráfrasis y efecto; y la comunicación, como puente indispensable de socialización, se encuentran conectadas entre sí en el desarrollo histórico-social de nuestro sistema de relaciones. Saber escuchar, ser capaz de establecer un nivel adecuado de empatía con y hacia los demás; así como llevar a cabo una correspondencia entre el lenguaje verbal y el extraverbal, darle cabida a la retroalimentación de mensajes y otorgarle claridad y entonación correcta a nuestra rúbrica, son varios de los aspectos fundamentales y necesarios para una buena comunicación en lo que viene a constituir la relación emisor-receptor. Si bien reconocemos el axioma que indica que siempre existe comunicación en las proyecciones humanas, es aquí donde ha lugar pues, la relación respecto a la sexualidad. Entiéndase este último término como la concreción de todo aquello relativo al ser humano: su género y proyección como tal, desempeño sexual, modo de vestir, conducir y asimilar su propia inserción social. Todo ello, claro está, sin discriminar la edad de cada quien. Ahora bien, siempre que la personalidad de cada uno de nosotros es la expresión subjetiva de nuestras impresiones y como tal nos proyectamos a través de esta, solo queda reflexionar sobre la correspondencia de dicha proyección comunicativa mediante nuestra sexualidad. Toda vez que la vida social comienza en la relación entre individuos y grupos, y aspectos como estos presentan determinado valor en el éxito de dicha relación, concluimos nuestra invitación a la reflexión citando cuestiones abordadas por prestigiosos investigadores al respecto: Master & Jonson (1979) sugieren que el hecho de menospreciar persistentemente el intercambio de comunicaciones vitales es el responsable de cierto número de dificultades e insatisfacciones que experimentan las parejas en sus interacciones sexuales. Una de las variedades más importantes de la comunicación es la auto revelación, por medio de la cual una persona desvela aspectos de sí misma a la otra. Este proceso constituye un rasgo crucial de la teoría de la penetración social de Altman y Taylor (1973), quienes proponen que el intercambio interpersonal avanza poco a poco a partir de campos superficiales, no íntimos, hacia las capas más íntimas y profundas de la personalidad de los actores sociales.

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