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EL DECIMISTA QUE RETO AL DIABLO

EL DECIMISTA QUE RETO AL DIABLO

Ferreñafe tierra de Santa Lucía y Sab Isidro Labrador, es fuente de inspiración de poetas que dejaron sus composiciones en diversos lugares de esta ciudad, como los chicheríos y bares. Las fiestas religiosas y los cumpleaños se convirtieron en tribunas donde improvisaron hermosas piezas que con la muerte de estos bardos se pierden. Aún algunas poseías inéditas siguen sonando los días domingos y fiestas de guardar, mientras se saborea la causa y el migadito, el arroz con pato y el espesado, donde “La señorita Inga”, o donde la “Yoverita”.

Hace poco , los periódicos trajeron la infausta noticia del fallecimiento de don Héctor Parraguez Ruiz, el poeta había cesado de canar y quizá esté allá recitando:

Yo cantando he de morir,
cantando me han de enterrar,
cantando me han de levar,
donde el eterno Padre,
¿Por que
Desde el vientre de mi madre,
he aprendido a cantar…

El poeta Héctor Parraguez nació en Ferreñafe en 1912, y murió a la edad de 78 años. Vivió parte de su vida en el campo, estudiando en ese lugar su educación primaria, grato recuerdo tenía de quien le enseñó a leer: su profesor el señor José Manuel Escobedo “Un serrano recto e inteligente”. A los 10 ó 12 años comenzó a memorizar las cumananas y décimas, cultivando las últimas, el acompañar a sus padres a los cumpleaños y fiestas religiosas le sirvió de escuela para escuchar los duelos entre los viejitos cumananeros. Tenía un cuaderno donde registraba sus inspiraciones, las otras las había perdido en diversas circunstancias.

RECUERDO DEL ABUELO

El padre de su madre, don Tiburcio Ruiz fue piurano y, según cuentan, éste se batió en desafío de cumananas con el “el mismísimo diablo” a quien venció. Desde que el tiempo don Tiburcio decía:

Como amigo yo te hablo
y te pongo un discurso
me llamo Ruiz Tiburcio
el que cantó con el Diablo.

Contaba, don Héctor, que al conocer la fama de su abuelo, el diablo lo andaba buscando; pero no lo podía encontrar, un día entre la 1 ó 2 de la mañana se cruzaron, el diablo le echó una versada y don Tiburcio le contestó, al reconocerlo el diablo lo reta a desafío, de perder lo llevaría a su gran hacienda y no saldría jamás. Don Tiburcio aceptó, comenzando a cantar:

Desde Chulucanas he salido
con un dolor de cabeza,
no pensando encontrarme
contigo, magnífica muy grandeza,
magnífica muy grandeza,
mi alma sirve de amor
al Señor de los cielos
que es de todos su creador
como soy su criatura,
ilustre, mi Nuestro Señor…

!Ahí nomás Tiburcio!, dijo el Diablo, !Ahí nomás! y se fue echando polvo. Esta anécdota siempre lo recordaba y se mostraba orgulloso.

DUELO DE CUMANANAS

Tuvo varios duelos, en Pueblo Nuevo, en Batangrande, en Pítipo, siempre recordaba esta entrada:

No me hablen más de la huella
así, vengan degollados
yo con los blandos soy blando
y soy duro con los duros,
a mi nadie en un apuro
me ha visto salir toreado,
yo soy toro y toreo,
torazo con la gente,
siempre me han dicho que soy bueno
y, si me quieres probar
echémonos a cantar…

OLMOS

Tenía una visión optimista sobre la productividad de la tierras por irrigar, manifestaba que iban a producir yucas de un metro y camotes más grandes que una cabeza, compuso una décima que decía:

Olmos de mi inspiración
eres mi amor y mi anhelo
pues, debes de regar tu suelo
para mi satisfacción.

Como Lambayecano
hombre que sabe sentir
te deseo un porvenir
que lo creo bien cercano
regando tu suelo hermano
y esperar tu bendición
de tus hijos en unión
formar un paraíso
ya que mi Dios quiso
Olmos de mi inspiración.

DECIMAS AL ARROZ

Decía que el cultivo de arroz servía para esclavizar, al campesino, del Banco Agrario; un vecino de la rama El Paltar le obsequió esta décima:

La planta más codiciosa
es el arroz hoy en día
es una loca porfía
del pobre beneficiario.

Está bien lo considero con efectiva verdad
pues, en la temeridad,
hacerle al Estado dinero,
nada sirve que el potrero,
de la alambrada famosa
el pobre ya no goza
de lo que llega a florear,
por eso siempre ha de ser
la planta más codiciosa.

OTRAS DECIMAS

Lamentablemente muchas de las décimas las guardaba en su memoria y unas pocas en cuadernos, que fueron desapareciendo debido a las inclemencias del tiempo; algunas veces fueron prestadas y jamás volvieron a manos de su dueño. Cerca de veinte quedaron escritas, queda como responsabilidad de la Municipalidad de Ferreñafe, INC, editar las décimas de este poeta popular que vivió modestamente siendo su fuente de vida una pequeña chacra que quedaba en El Paltar, aún lo recordamos verlo pasar al ocaso del día, montado en un soñoliento piajeno cargado de leña, frutas de la estación o de paja de monte.

La ciudad de Ferreñafe debe de rendir homenaje a este poeta popular que cantó por la ciudad y el campo sin pedir laurel ni recompensa, una de las tareas sería editar su producción escrita, lamentablemente muchas décimas están enterradas conjuntamente con el poeta.

CANTO Y TRADICION

Por su peculiar conformación agrícola, por ser vía natural y puente entre costa y sierra, así como centro de irradiación comercial tradicional y estar ubicado en una zona intermedia, Ferreñafe es uno de los centros de irradiación de la música popular costeña. Zaña, en el extremo sureste y puerto intermedio de la Sierra, es otro núcleo de cantores. Ambas ciudades irradian su influencia en las diversas variedades del canto tradicional a todo el norte del Perú, son las almas musicales de la Subregión II Lambayeque.

Los cantores populares tienen generalmente su hábitat en el campo ferreñafano entre ellos destacan don José Villar (Ferreñafe 1910), quien desconociendo la escritura pasa las horas recitando y cantando añejos versos, entre ellos tenemos “Tengo 600 Navillos”.

Tengo 600 Navillos
100 millones de dinero
100 vapores por el mar
y, en medio a nadie le debo
Tengo en México una hermana
que cuando murió, a mi sólo me dejó
un coche y una canana.
También me dejó en La Habana
una hacienda en Guerrilla
más de 600 plantas
por las Indias Orientales
y por eso y, por los mares,
tengo 600 navillos.

Un notable cumananero, don Fermin Ballona Sencie (Píitipo) (1963), quien desconociendo la escritura canta más de 200 versos y sinnúmero de marineras, tristes; acompañado de su hermano Sebastián tocan y cantan:

Te quiero porque es mi gusto
y, en mi gusto nadie manda
Te quiero porque has nacido
en las entrañas de mi alma
Negrita dame tu mano
para machucarte un dedo
para levar de recuerdo
porque llevarte no puedo.

Qué trabajo es trabajar
cuando la ganancia es poco
que tener agua en la boca
y no poderla pasar;
qué trabajo es trabajar.

Mi sombrero ya está viejo
no sirve para enamorar
las muchachas qué dirán
este viejo qué “va a dar”.

Los campesinos de El Alto y Luzfaque sintieron, hace algunos días, la muerte del notable poeta popular don Demetrio Guillermo Cabrejos “El Zurdo” (25 de junio de 1908–1991) quien decía:

Nunca bajes la cerviz,
levántala compañero,
hazle honor a tu sombrero
aunque no seas feliz

me quedo en silencio
me vuelvo mudo
y,
te estoy escuchando.

El hombre sin cultura
en la ignorancia se duerme
es como la planta silvestre,
triste y olvidado muere.

Una notable curandera, doña Rosa Apolonia Musayón García (9II 1921-1991), además de curar conocía versos de cumanana que repetía como sentencias.

Voy al campo, voy con Dios
voy a recoger yerbas frescas
pa’ los pobres que sufren dolor.

No porque me oigas cantando
creas que soy un perdido
en el día trabajando
y por las noches divertido.

Por el camino que ando
voy a mandar hacer un puente
todo el que quiera pasar
tiene que ser hombre valiente.

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