Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE


El 31 de marzo de 1959 nació  uno de los primeros proyectos culturales de la recién triunfante Revolución Cubana, la IMPRENTA NACIONAL DE CUBA constituida en base a las imprentas nacionalizadas de algunos periódicos capitalinos y con su sede inicial en la calle Reina teniendo como director al intelectual cubano Alejo Carpentier.

La Imprenta Nacional nació bajo el principio revolucionario de hacer libros baratos y en tiradas grandes a fin de hacerlos accesible al pueblo, ese gran protagonista de la Revolución un tercio de los cuales no sabía leer ni escribir en aquellos momentos.

Para más simbolismo se escogió la edición de la obra más significativa en lengua castellana, “Don Quijote de la Mancha” vendido aprecio popular en pequeño formato y  en papel periódico, modesto y simple pero que salió a la calle a pregonar que aquella Revolución al igual que el hidalgo manchego venía acompaña de las “locuras nobles” para “deshacer entuertos” y “luchar contra molinos de vientos”.

Desde mis “años altos” puedo dar fe de cuánto me beneficié en lo personal con aquella “gran locura” que puso en mis manos de niño pobre cientos de títulos por centavos y pude ver el mundo como ancho y vasto y crecí en mis sueños de ser alguien, gracias a esta idea basada en esa genuina idea fidelista de “no decirle al pueblo cree sino lee”.

El que tenga ojos que lea, el que tenga fe que entienda, el que tenga memoria que recuerde…

Cultura

FREI BETO Y LA SOCIEDAD DE CONSUMO


Este contundente comentario circula en la red cubana de los correos electrónicos, comparto con este gran amigo de Cuba y de la humanidad cada una estas palabras y ojalá te sirvan de algo:

Al viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet,

en Mongolia, Japón y China.

Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos

de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la

sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares,

preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.

Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la

compañía aérea ofrecía otro café,

todos comían vorazmente.

Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce

felicidad?”

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la

mañana, y le pregunté: “¿No fuiste a la escuela?” Ella respondió:

“No, voy por la tarde.”

Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir

hasta más tarde.”

“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”

“¿Qué cosas?”, le pregunté.

“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a

detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: “Qué pena, que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de

meditación!”

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados,

pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis

librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la

desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que

moriremos

esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, no tenía

nada de celulitis!”

Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?

Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su

habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en

Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado!

Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales,

ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…

La palabra hoy es “entretenimiento”; el domingo, entonces, es el día

nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea,

imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que

la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta

gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este

auto, usted será feliz!”

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz! Quienes

ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un

analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis.

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese

condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede

vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos:

amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.

En la Edad Media , las ciudades adquirían status construyendo una

catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas

arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de

cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí

dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos

de la calle, ni suciedad…

Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella

musiquinha de esperar dentista.

Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos

de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.

Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.

Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el

purgatorio.

Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…

Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados

en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald…

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas

de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de

sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también

gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de

Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía:

..”Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser feliz”

Opinión

POR TIERRA, EN UN MANTEL BLANCO

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Los temas culinarios en la prosa martiana

En los últimos años los temas de cocina han entrado por derecho propio en la literatura, desde la aparición de la novela “Como agua para chocolate” de la mexicana Laura Esquivel, ha sido un boom que muchos han aprovechado para hacer exitoso sus libros. Más allá de las recetas de ocasión o la mención a un banquete, un buen almuerzo o el menú servido en una escena importante de la trama, la presencia de la alimentación humana como placer y marca identitaria ha tenido muy buenos momentos en la literatura desde siempre.

Los textos periodísticos también acuden desde antaño al recetario, las costumbres culinarios, algún consejo para sazonar o secretos bien guardado en la tradición culinaria de la familia para dar un buen gusto a los platos favoritos. Por eso no debe sorprendernos que en la prosa martiana haya un capítulo de sabor, aromas y costumbres culinarias de los pueblos, acentuada en la cocina francesa, que marcaba ya la pauta en las principales ciudades del mundo Occidental; las costumbres alimentarias que fue conociendo en su América, tan ligada a la España y la cocina cubana, esa que podemos rastrear en sus últimos escritos de campaña y que descubrió en su vertiente más humilde en medio de la manigua mambisa y resistente, ingeniosa y curiosa en el uso de las plantas condimentantes y las alternativas ante la carencia de determinados productos.

El acercamiento a estas temáticas de la prosa martiana es una arista necesaria en los estudios de la obra del Apóstol cubano, porque nos completan una imagen íntegra de sus intereses, sus curiosidades humanas, su información y cultura sobre los pueblos, además de sus gustos refinados y desarrollados a lo largo de su breve vida.

¿Por qué decimos estos, cuando pareciera que su acercamiento a estas temáticas es circunstancial? Por la forma en que él aborda estos temas, comprometiéndose con criterios que van más allá de lo especializado o técnico, de los cuales se informa con profundidad; acercándose al ser humano que está detrás de estas actividades, apreciando sus aportes, las diferencias y la nobleza de los que hace de cada obra humana un acto de cultura.

La gastronomía de su época, tan ligada al hecho de las reuniones sociales de políticos, artistas, sportman, gente de oficio, que hicieron de las senas, el banquete, el compartir una infusión, ya sea de té, café o una “copa” socialmente bebida entre gente que comparte ideales, un momento de sagrado cultivo de la amistad y de intercambio de criterios y que encuentra en sus crónicas periodísticas momentos de alto vuelo valorativo.

“Es buen uso que conserva la amistad, refina los caracteres, y da a los hombres ocasión de conocerse y estimarse, el uso de reunirse de vez en cuando, en torno a una mesa artísticamente servida, y más cargada de arte que de vinos, ya para conmemorar hechos gloriosos, ya para recordar gozos de la niñez, ya para tener ocasión, con un pretexto más o menos grave, para ponerse en periódico contacto.”[1]

Lo primero a resaltar es que estas no son orgía del comer y la gula pecaminosa, sino reuniones sociales donde la opinión surge libre y apasionada como base a la amistad que une a los comensales, sirve de base al ejercicio de la libertad del pensamiento.

“La inteligencia gana en esto, porque en esas comidas, donde se va más que a comer, a conversar, se estimulan los ingenios, que se encienden con la réplica cortés y chispeante; y se traban y aprietan cariños, que nos hacen buena falta en tiempos en que andan los hombres tan esquivos y henchidos de rencor.”[2]

Estas palabras sirven de preámbulo a José Martí para acercarnos a una costumbre que tiene en París su origen, organizar estas comidas para reunir a los gremios, los amigos, los partidarios de una idea, los conocedores de una hazaña, subrayando el claro sentido de hermandad que hay es estas reuniones. Para tener una idea de lo que eran estas “comidas” démosle la palabra a Martí para describir el ambiente del más famoso de los convites culinarios del París de su época:

“Pero a todas estas comidas ganan en fama el “diner Magny”, que hoy se celebra en el restaurant B’ébant, porque no quisieron los miembros de esto “diner” cultísimo sentarse en el reataurant Magny a la mesa que había iluminado tantas veces la verba de Sainte-Beuve. George Sand, y no otra mujer se sentó también entre aquellos comensales, a los cuales dedicaron los hermanos Goncourt, que dicen tan bellamente cosas de artes bellas, una de las mejores novelas, “Manette Salomon”. De esa comida han sido Gustavo Flaubert, el prosador atildadísimo; Théophilo Gautier, cuyo estilo resplandecía, como el buen Johannisberg en copa verde; Paul do Saint-Victor que acaba de morir, cuyas páginas suntuosamente coloreadas no podía leer Lamartine sin ponerse lentes azules, para proteger sus ojos de aquel exceso de luz; Gavarni para quien al lápiz no tuvo secretos, ni el ingenio tregua. Fromentin, el artista caballero. Y aún gustan de ese “diner Magny” Ivan Tukguenev, el novelista ruso; Paul Bert, el político osado; Thiess, el analizador implacable, que ve en la mente de los hombres como si el cráneo fuera de cristal, y no de huesos; Renan, que ya pone en limpio los borradores de su historia de los judíos; y los Goncourt, que en su novela La Faustin, que en estos instantes se está imprimiendo en París, cuentan precisamente algunas de las maravillosas conversaciones que han oído los miembros de la sociedad “diner Magny”. En esas comidas George Sand, que no hablaba bien, veía dibujar a Gavarni, que dibujaba maravillas; el duque de Morny mantenía que un tanto de desorden galante sienta a una gran ciudad, y aviva la fantasía de los poetas; Théophile Gautier, con aquella misma lengua elegantísima con que había de escribir el prólogo de los versos de Charles Baudelaire, celebraba la pálida belleza de las mujeres de estos tiempos; el ruso Iván contaba, en su francés excelente, las intrigas de la corte de Pedro el Grande, y la hermosura diabólica y magnífica de las enérgicas damas de Rusia, y Flaubert acariciaba al novelista hermano con su hermosa mirada benévola. Eran como desbordes de luz aquellas comidas de Magny. Ya no lo son tanto.”[3]

En contraste con estas refinadas comidas reseñadas con admiración y maestría por quien comparte ideales y sueños, va la semblanza de un día de campo en su querida Guatemala cuando al compás de las sorpresas, la humildad o carencia de la cubiertería pasa como algo menor frente a la sinceridad de la invitación y las delicias del menú originario, (…)hice tenedor de una rueda de plátano frito, y cuchillo de un trozo de tortilla asada,-y bien asada,-y con esto medié al cabo el abundoso plato de frijoles. Sazonélo esta vez con queso seco, hecho en la finca tres días hace, pero acre y rasposo- ¡hubo de hacerlo el dueño mismo!”[4], ha comido prácticamente con los dedos y nos ha dicho en líneas anteriores que aunque pobre siempre ha tenido mantel su mesa, pero que ante la pulcritud de aquella gente humilde y su desvelo por dar lo mejor de lo que tienen sede a comer de esta manera que lo deleita y complace.

A renglón seguido hace el elogio hermoso y gustativo del café: “Suntuoso oro han servido a mis labios con esa amable taza de café. Me enardece y alegra el jugo rico; fuego suave, sin llama y sin ardor, aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas. El café tiene un misterioso comercio can el alma; dispone los miembros a la batalla y a la carrera; limpia de humanidades el espíritu; aguza y adereza las potencias; ilumina las profundidades interiores, y las envía en fogosos y preciosos conceptos a los labios. Dispone el alma a la recepción de misteriosos visitantes, y a tanta audacia, grandeza y maravilla”[5]

Muchos años después, de regreso en Cuba, camino de su definitiva consagración con su muerte en Dos Ríos, José Martí nos regala su testimonio cubano de madurez, ese Diario de Campaña, llevado a tono con sus emociones vividas, en contacto con el humildísimo cubano que se ha quedado en el monte en espera del reinicio de la guerra por la independencia y que subsiste allí con lo que puede obtener de la naturaleza. En sus páginas hay un constante diálogo con los olores y sabores de los que come en los montes, frutas del país, carne de jutía, asada, en cazuela o en fricasé; puerco, asado, en fricasé o frito en manteca de coco; gallinas, asada o con arroz; malanga y boniato, asado en ceniza, plátanos, asados, en caldo, maduro o en frangollo; casabe; huevos, fritos y crudo; coco, raspado y con miel, chocolate, guarapo de caña, café endulzado con miel y guarapo; cocimientos de hojas de guanábana, de higo, agua de canela y anís; aguardientes verde de yerbas, ron de pomarrosas, ron puro y otras muchas pequeñas exquisiteces que las da la tierra.

A Carmen Miyares le dice desde estos intrincados montes “¡Si nos vieran a la hora de comer! Volcamos el taburete, para que en uno nos sentemos dos: de la carne hervida con plátano, y a poca sal, nos servimos en jícara de coco y en platos escasos: a veces es festín y hay plátano frito, y tasajo con huevo, y gallina entomatada: lo cual es carnaza y de postre un plátano verdín, o una uña de miel de abeja.”[6]

El hombre que encontró mayor complacencia junto al arroyo de la sierra más que a la vera del orgulloso mar, renunció a las comodidades de una mesa servida con todas las reglas del buen comer para zambullirse en la humildad de aquellas veredas intrincadas de su isla, donde los campesinos salían con el asombro de ver gente extraña por sus lares, pero con el desprendimiento de la gente humilde agasajan a la mambisada con los frutos de su tierra: “Silvestre cargado de carne de puerco, de cañas, de buniatos, del pollo que manda la Niña”; “José, cargado de dos catauros, uno de carne fresca, otro de miel”; “Domitila, ágil y buena con su pañuelo egipcio, salta al monte y trae un acopio de tomates, culantro y orégano”; otra guajira “(…)va y viene ligera; le chispea la cara; de cada vuelta trae algo, más café, culantro de Castilla, “para que cuando tengan dolor al estómago por esos caminos, masquen un grano y tomen agua encima”,- trae limón”; “Luís-pone por tierra, en un mantel blanco, el casabe de su casa”[7], son cientos de cubanos anónimos, los que sostienen este homenaje cubano al hombre que ha llegado a Cuba para cumplir su compromiso para con la patria sin libertad y que agradecido, da un espacio en su Diario, entre órdenes y asuntos militares y políticos, a esta gente y que lo sorprende con esa dulzura de la miel cimarrona de los montes, con el pan de casabe, el asado de sus viandas o la criollísima jutía, mitigando el hambre y la curiosidad del héroe, todo un epílogo para una vida dedicada a Cuba y que encuentra en el sazón de su más popular cocina el homenaje de su pueblo..


[1] La Opinión Nacional, 28 de febrero de 1882.Obras Completas de José Martí tomo 23: pp216-218

[2] Ídem

[3] Ídem

[4] Ensayo Guatemala. 1877.Obras Completas Tomo 19: 56

[5] Ídem

[6] Obras Completas. Tomo XX, p.229

[7] Obras Completas. Tomo XIX, p. 215

Nota: Mariano Rodríguez es el autor de este retrato de Martí

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