Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

UNA OPINIÓN SOBRE EL CONGRESO OBRERO CUBANO


Le pido permiso a mi colega y amigo Ruslán para publicar íntegramente su entrada referida al Congreso de la CTC recién finalizado, solo habría que agregar, que tan interesante como la entrada son los comentarios a esta entrada en un Blog cubano, de cubanos. Pinche usted El Colimador, que es el nombre de este Blog Cubano y de Hoy:

“Uno de los lectores del blog – y no precisamente el que más aprecio – me retaba a que escribiera sobre el recientemente finalizado XX Congreso de la CTC, un tema que tenía en agenda y que, sin embargo, había postergado para poder organizar mejor las ideas y no dejar en mis letras una primera impresión que al final perdiese cualquier segunda oportunidad.

“Para empezar diré que, como trabajador humilde de nuestro país, no estoy satisfecho con el Congreso y sus resultados, pero tampoco esperaba otra cosa.

“Como era lógico las discusiones se centraron en tres problemáticas fundamentales que están íntimamente relacionadas: la cuestión salarial, el funcionamiento de los sindicatos y la pertinencia o no de permitir a los cuentapropistas la posibilidad de agruparse en sindicatos paralelos.

“La discusión en torno al salario terminó previsiblemente con la aceptación de la tesis oficial sobre la imposibilidad de elevar los ingresos de los trabajadores en un futuro próximo – salvo en el sector de la salud – para evitar una casi segura inflación. Es decir, una vez más, la anteposición de los intereses del Estado a los de la masa trabajadora, como si la luna de miel entre la macro y la microeconomía no hubiese terminado en Cuba hace más de veinte años.

“¿Cómo aceptar aquellos que vivimos de un salario que los que supuestamente debían defender nuestros intereses en un marco de oro se hayan limitado como escolares a escuchar y asentir en vez pelear y disentir?

“Que pobreza de delegados los del XX Congreso que ni siquiera pudieron discernir que el problema de Cuba no es el salario nominal que cobramos cada mes, sino la disminución cada vez más brutal del salario real, causada no sólo por la falta de productividad, como se aduce, sino también por la especulación y la mala administración de muchos tecnócratas que no viven del salario precisamente.

“¿Por qué no exigieron nuestros delegados la reducción del margen comercial a los productos de primera necesidad, en especial de los alimentos, en las tiendas recaudadoras de divisas si saben que estos arruinan a los más necesitados y sirven de vergonzoso patrón de medida a los costos en CUP?

“¿Por qué no protestaron contra la eliminación de los subsidios, que no fueron establecidos en Cuba por error como está de moda decir ahora, sino por justicia, y cuya paulatina desaparición ha ido haciendo descender el ingreso real de los trabajadores?

“Todo eso  genera falta de legitimidad, cuando lo que más necesita el movimiento sindical cubano es legitimarse ante la gente y demostrarle que puede defenderla y pelear por sus derechos como siempre hizo en Cuba la CTC, incluso en las condiciones más difíciles. Marchar alineado con la Revolución no significa estar de acuerdo en todo con lo que se dice y orienta desde arriba.

“Esa es la causa número 1 de que hoy los jóvenes y otros que ya no lo son tanto perciban el sindicato como una forma de pago,  ajena por completo a sus intereses, que sólo sirve para reunirse una vez al mes (cuanto más rápido mejor) y celebrar una o dos actividades al año, siempre con la venia de la administración; y por esa razón cada vez más trabajadores abandonan los sindicatos, algo que era impensable que sucediese hace algunos años; pero que hoy pasa por causas naturales y poco relacionadas con disentimientos políticos como algunos quieren hacer ver (nuestra sociedad es, desafortunadamente, cada vez menos política y más reggaetonera). Pero en el mar de apatía el resultado viene siendo más o menos el mismo: el trabajador se desclasa y termina como marioneta en manos de dueños y administradores (que no es lo mismo, pero en Cuba es casi lo mismo).

“Porque no debemos engañarnos más: Una buena parte de los cuentapropistas no son trabajadores, son DUEÑOS, EMPRESARIOS, CAPITALISTAS y PEQUEÑOS BURGUESES, por los que su inserción dentro de los sindicatos es totalmente antinatural y responde sólo al deseo de tapar el sol con un dedo y salvaguardar con artificios conceptuales verdades políticas de tiempos idos. No tiene ningún sentido que el dueño de una empresa pertenezca al sindicato en el que además militan sus empleados, una de las dos partes está sobrando.

“Tampoco hay lógica en lo que alguien  propuso en el XX Congreso de la CTC: que los “cuentapropistas” (odio la palabrita), tuviesen su propio sindicato aparte, ¡pues no todos son trabajadores! Los que tienen que estar sindicalizados, si así lo desean, son sus empleados, para que puedan defenderse de presentes y futuros abusos. Y es conveniente que lo estén en los sindicatos existentes, pues no hay necesidad alguna de reinventar la rueda. Lo que hay es que lograr que esos sindicatos funcionen.

“Es cierto que las condiciones de Cuba no son iguales a las de otras naciones, pero desde el Marxismo que aprehendí y desde mi muy humilde criterio sostengo, que las leyes que rigen el desarrollo de las sociedades son las mismas para todo el mundo y no se saltan Cubas y cuentapropistas por voluntad política y conceptos inventados.”

Tomado del Blog “El Colimador”, entrada 3/03/2014

Opinión, Política

EL AQUÍ Y EL AHORA


Cuando hace unos años escuché hablar del “Fin de la Historia”, me pareció tan disparatado el concepto que no lo entendí, como tampoco entendí la ofensiva que desde la “oficialidad” se le hizo en Cuba a este concepto que englobaba mucho más que la Historia como correlato de la vida humana.

Rotas muchas barreras y salidos de mi “adolescencia intelectual”, esa en la que mantuvieron a la sociedad cubana los que prometieron el “futuro luminoso”, fui comprendiendo la esencia ideológica de este fin de la historia que fue una manera de proclamar la eternidad del capitalismo, de la desigualdad humana, de las “diferencias por la fortuna”, de la prosperidad para una parte a costa del pan de las mayorías, del hegemonismo, del “vale todo con tal de ser ricos” y tantas y tantas aberraciones de la espiritualidad humana.

Lo doloroso fue que el socialismo cometió los mismos pecados, trató de defenderse realizando los mismos errores y jugando al mercado, mientras “al pueblo en el poder” se le daban “derechos” que debían agradecer eternamente sin chistar y comprando con ello una incondicionalidad tan aberrante como las anteriores, aunque tenga otra cara.

En Cuba nos mantenemos en un limbo político, por todo eso que ustedes conocen, imperialismo real como enemigo, estado burocrático y monolítico, como escudo y una hermosa estructura de poder, justa pero inoperante en medio de una precariedad creciente y un descubrir que además de pueblo amorfo, somos individualidad moldeables por quienes manejan muy bien los hilos de la ideología desde la derecha o desde la izquierda.

Peligrosamente envejecemos como nación y la juventud es la principal fuente de emigración, las mujeres no paren y la población disminuye, mientras que hemos descubierto que no somos un país rico, sino que fue una hipérbole más de nuestra idiosincrasia y más que cambiar tenemos que remedar los que tenemos, si queremos tener ¿patria?

Opinión, Política

NUEVAMENTE EL TEATRO MARTÍ


Ayer 24 de febrero, fue noticia en La Habana la reapertura del Teatro Martí, institución emblemática  de la cultura cubana, por  los múltiples  acontecimientos sociales y culturales de los que ha sido sede a lo largo de más de cien años de existencia.

El Teatro Irijoa, como se llamó en la época colonial, fue un espacio para la presentación de los bufos cubanos, la ópera, la zarzuela y las variedades que por temporadas pasaban por La Habana por aquellos años terminales del siglo XIX.

Un hermoso coliseo, aireado y popular, pasó a la historia como el primer sitio que llevó el nombre del Apóstol cubano José Martí, en el año 1900 y porque en sus salones se reunieron los delegados a la Asamblea Constituyente que dotó  a la futura República de Cuba de una Constitución, ambos hechos marcan a esta institución.

Pero el siglo XX fue el momento de ver sobre sus tablas el eco del teatro vernáculo que se hacía en el teatro Alhambra, el renacer del Lírico ligero con el auspicio de Ernesto Lecuona, Rodrigo Prat y Gonzalo Roig, tres grandes músicos cubanos que nos dejaron grandes obras musicales, entre ellas un repertorio de Zarzuelas cubanas que aún se representan en Cuba y en buena parte del mundo: “María la O”, “Rosa La China” y sobre todo “Cecilia Valdés” de Gonzalo Roig, esa que los cubanos reconocemos más por sus cantos que por la novela que la inspiró de Cirilo Villaverde.

En el Martí pervivía la cubanía, y fue convirtiéndose, entrado el siglo XX, es escenario para ver pervivir personaje del teatro vernáculo cubano: El Negrito (casi siempre un blanco pintado), El gallego (representante de la grande y omnipresente colonia española) y la legendaria Mulata, esa de la que se ha vanagloriado la sociedad cubana por décadas, más allá de los estereotipos y clichés eróticos.

Todo eso pasó por el Martí, que aún recuerda a actores como Candita Quintana,  Enrique Arredondo, Carlos Montezuma, Aurora Basnuevo, Mario Limonta; músicos Roig, Lecuona, Pratt y a dramaturgos como Héctor Quintero, entre muchos que  merecen está monumental restauración del Teatro, “su” Teatro Martí.

Ojalá, no duerma ahora el sueño de la desidia, y quieran integrarlo a una cadena “elitista” de instituciones para mostrar como museos, el Martí debe retumbar con su público hilarante, puede y debe ser la sede del Teatro Musical que  La Habana necesita desde hace mucho tiempo, para reflejar con lo mejor de la cultura humorística y musical cubana ese rostro que también es nuestro, el de la alegría y la ironía criolla.

Cultura

SI DESHECHA EN MENUDOS PEDAZOS…


Como me duele esta imagen a mí, que soy hijo de un pueblo que nunca ha quemado una bandera…

Ignorantes y miserables, son las dos primeras palabras que vienen a mi mente cuando vi esa foto impactante, esos son los que quieren libertad y democracias, basándose en la intolerancia política, pobre Venezuela que generó esos monstruos.

Esa bandera aún bella aunque arda entre sus garras, tiene el mérito de no haber sido nunca mercenaria, que nunca hondeo como enemiga sobre ningún suelo y si hoy acompaña a los cubanos en misiones de paz y vida, es para recordar el orgullo de ser parte de una obra hermosa y sana.

Las hordas nazis comenzaron su cruzada quemando libros y terminaron haciendo un holocausto del cual el mundo aún se horroriza.

Qué vergüenza, que estos hijitos de papá quieran negar a su pueblo la oportunidad de crecer, que decidió darse a sí mismo. ¿Qué veremos mañana?

“¡Si deshecha en menudos pedazos

Llegue a ver mi bandera algún día

Nuestro muertos alzando los brazos

La sabrán defender todavía!”[1]


[1] Bonifacio Byrne, fragmento del poema “Mi Bandera”, que todos los cubanos conocemos.

Opinión, Política

CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, 140 AÑOS DE SU MUERTE


José Martí en su peregrinar constante entre los hombres de la emigración que habían peleado en la Guerra Grande, escucha y va haciendo suyas aquellas historias heroicas de la campaña de los cubanos por alcanzar su libertad.

Oye hablar de los padres fundadores, Céspedes, Aguilera, Agramonte, Figueredo, e intenta hacerse una idea testimonial de aquellos hombres que dejaron la comodidad de su clase, para compartir la dignidad de los libres con los humildes labriegos y los esclavos despersonalizados.

En Carlos Manuel de Céspedes y Quesada se detiene, valora la hazaña del alzamiento el 10 de octubre de 1868, rompiendo el titubeo de los comprometidos, su llamado a todos los cubanos a luchar por la independencia de su país y algo más trascendental, liberando a los esclavos de su dotación a quienes llama como iguales al mismo sacrificio; gesto valorado altamente en la historia de Cuba como el comienzo de la abolición de la esclavitud en la isla.

Del testimonio de los que vivieron en el pueblo de Guaimaro el momento de la unidad y de la proclamación de la República en Armas (10 de abril de 1869), parte la valoración patriótica del caudillo bayamés a quien resume en una frase, “Céspedes, si hablaba, era con el acero debajo de la palabra, y mesurado y prolijo” [1] o cuando cita al propia Céspedes: “Decía Céspedes, que era irascible y de genio tempestuoso:-“Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”. Esto es, dominó lo que nadie domina.”[2]

Es en esta decisiva reunión de patricios que José Martí se detiene no solo para exaltar la liberalidad de la Constitución dada a la República en Armas, sino para darnos una idea más completa del hombre a quien cupo la gloria de ser el iniciador de las luchas por la independencia de Cuba y que en esta Asamblea vivió las tensiones de quienes lo sospechaban tirano, desconfiaban de él y no escatimaron mecanismos para refrenar sus ímpetus y sus sueños separatista:

“Momentos después iba de mano en mano la despedida del general en jefe del ejército de Cuba, y jefe de su gobierno provisional. “El curso de los acontecimientos le conduce dócil de la mano ante la república local” : “La Cámara de Representante es la única y suprema autoridad para los cubanos todos”: “El Destino le deparó ser el primero” en levantar en Yara el estandarte de la independencia: “Al Destino le place dejar terminada la misión del caudillo” de Yara y de Bayamo: “Vanguardia de los soldados de nuestra libertad” llama a los cubanos de Oriente: jura “dar mil veces la vida en el sostenimiento de la república proclamada en Guáimaro”.[3]

La nobleza de Céspedes queda reflejada en estas palabras de Martí puesto en el lugar del caudillo que abdica de sus propias ideas para sumarse a las mantenidas por los soñadores idealistas que dibujaron el futuro de la República, sin tener aún República:

“De pie juró la ley de la República el presidente Carlos Manuel de Céspedes, con acentos de entrañable resignación, y el dejo sublime de quien ama a la patria de manera que ante ella depone los que estimó decretos del destino: aquellos juveniles corazones, tocados apenas del veneno del mundo, palpitaron aceleradamente. Y sobre la espada de honor que le tendieron, juró Manuel Quesada no rendirla sino en el capitolio de los libres, o en el campo de batalla, al lado de su cadáver. Afuera, en el gentío, le caían a uno las lágrimas: otro, apretaba la mano a su compañero: otro oró con fervor. Apiñadas las cabezas ansiosas, las cabezas de hacendados y de abogados y de coroneles, las cabezas quemadas del campo y las rubias de la universidad, vieron salir, a la alegría del pueblo, los que de una aventura de gloria entraban en el decoro y obligación de la república, los que llevaban ya en si aquella majestad, y como súbita estatura, que pone en los hombres la confianza de sus conciudadanos.[4]

Días difíciles vendrán para Céspedes, proclamado el primer presidente, pero sujeto a una burocracia parlamentaria y torpe, incapaz de ver que la independencia estaba por hacerse y que aquel titán que ellos ataban a la convencionalismo de una constitución inoportuna, no sería fácil de dominar y pelearía con esas mismas armas que ellos pusieron en sus manos, la legalidad ejecutiva, que Martí supo ver y someter al juicio de la historia:

“El 10 de abril, hubo en Guáimaro Junta para unir las dos divisiones del Centro y del Oriente. Aquélla había tomado la forma republicana; ésta, la militar.- Céspedes se plegó a la forma del Centro. No la creía conveniente; pero creía inconvenientes las disensiones. Sacrificaba su amor propio-lo que nadie sacrifica.

“Se le acusaba de poner a cada instante su veto a las leyes de la Cámara. El decía: “Yo no estoy frente a la Cámara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi país y frente a mí mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y así tranquilizo mi conciencia.” La Cámara; ansiosa de gloria-pura, pero inoportuna, hacía leyes de educación y de agricultura, cuando el único arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre.-Y venia el veto.

“Que instituyó la forma militar.-El creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos.- El tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero, en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.

“Que se llamó Capitán General.-Temperamento revolucionario: fijó su vista en las masas de campesinos y de esclavos. “A ese nombre están acostumbrados a respetar; pues yo me llamaré con ese nombre. Un cambio necesitaría una explicación. Se pierde tiempo-i Se pierde tiempo! Esta es la explicación de todos sus actos, el pensamiento movedor de todos sus movimientos coléricos y la causa excusadora de todas sus faltas. Concretaba su vida en una frase ¡libres de España!-Cada dificultad le parecía un crimen, cada obstáculo un fratricidio.-El creía: “El medio de la paz es la tribuna”-“El medio de las revoluciones es la acción.“- Un discurso dicho era una legua perdida:-Tanto más admirable en un hombre de ley y de discursos.-Y como Tácito escribió tremendamente, con el lenguaje aglomerado de tantos años en su alma: en Céspedes obraba inquietamente, con la genial vivacidad y bélicos caracteres por tan largos y tan insoportables años contenidos.”[5]

Carlos Manuel de Céspedes murió el 27 de febrero de 1874 emboscado en un intrincado rincón de la Sierra Maestra a donde se había refugiado luego de ser destituido por la Cámara de Representante de la República en Armas, sin escolta, apartado por los mismo hombres que el convocó para esta tarea grande de darle independencia a Cuba.

Acosado por el batallón de San Quintín, no se rindió sino que se batió a tiros con aquella tropa numerosa y murió peleando por los mismos principios de libertad que defendió toda su vida.

Los cubanos le recuerdan como el Padre de la Patria, el iniciador de las luchas por la independencia, el preclaro hombre que dio la libertad a sus esclavos y aceptó humildemente de la Revolución las responsabilidades que le dio.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo IV, pág., 387

[2] Ídem. Tomo 22, pág. 235

[3] Ídem pág. 388

[4] Ídem pág. 389

[5] Estas notas están en unas hojas donde aparece también el borrador de la carta de Martí al general Máximo Gómez, pidiéndole datos sobre Céspedes para un libro que pensaba escribir. Obras Completas de José Martí. Tomo XXII, pág., 235

Historia, José Martí

NACIERON EN LA CASA NATAL DE MARTÍ


Una familia de músicos residió en la histórica vivienda de la calle Paula.

Por: Ángela Aldama

En 1852 doña Leonor Pérez y don Mariano Martí contrajeron matrimonio y constituyeron su hogar en la calle Paula Nº 102[1] allí nació el 28 de enero de 1853, su primogénito, nuestro Apóstol José Martí. Era una casa alquilada a las monjas de Santa Catalina de Siena y en ella vivieron hasta 1856.

Décadas después, el 28 de enero de 1900, un grupo de patriotas de la Asociación Pro-Martí adquirió, mediante suscripción popular, la referida casa para entregársela a doña Leonor con carácter de usufructo vitalicio, aunque con una clausula que estipulaba, que a su fallecimiento, el inmueble pararía a ser museo-biblioteca en homenaje a José Martí.

En 1901, en virtud de su apretada situación económica, doña Leonor le arrendó la vivienda[2] al músico Luis Izquierdo, quien a su vez la compartió con su cuñada, Rafaela Valdés y su esposo, Pedro López.

Allí vinieron al mundo tanto los hijos de izquierdo como los del matrimonio López-Valdés, conocidos estos últimos como Los Cachaos.

Tras el fallecimiento de la madre del Apóstol en 1907, los familiares no se ocuparon de seguir cobrando el alquiler de la casa y continuaron viviendo en la misma hasta 1918 en que fueron desalojados porque se creó un grupo gestor que recobró la escritura de la casa de Paula 102 con el objetivo de convertirla, como estaba estipulado, en museo.

Habla una hija de Orestes López

Muchos años después, la autora de este trabajo conoció a Lidia, hija del músico Orestes López, el mismo que junto a su hermano, vio la luz en la Casa Natal de José Martí.

Lidia no había olvidado que, siendo una niña, cuando acudía cada 28 de enero a la casita de la calle Paula, muchos la miraban sorprendidos y hasta se sonreían cuando ella afirmaba, con naturalidad infantil, que bajo aquel techo cargado de historia había nacido su padre y sus tíos.

“Cuando a mi tía Coralina -añade- le pedían en la escuela que hiciera un dibujo libre, siempre pintaba la casita del Apóstol, donde igualmente ella había nacido. Este fue un suceso familiar que me enorgullecía”

El abuelo de Lidia, Pedro López, fue profesor de contrabajo y perteneció a varias agrupaciones musicales de su tiempo, entre ellas la de Neno González además, fue fundador de la Orquesta Filarmónica de La Habana. Su abuela Rafaela, por su parte, tocaba varios instrumentos y sus hijos también se distinguieron en el campo de la música. Ellos son:

Coralina López Valdés: Pianista y compositora. En la década del 40´ del siglo XX formó una orquesta. Entre sus composiciones más populares está el danzón Isora Club.

Israel (Cachao) López Valdés: Notable contrabajista y compositor, se radicó en los Estados Unidos y murió en el 2008. Es autor de danzones, entre ellos el Buenavista Social Club.

Orestes López Valdés: A los 13 años ofreció su primer concierto. Tocaba siete instrumentos (piano, contrabajo, violonchelo, flauta, guitarra y tres). Conformó y dirigió varias agrupaciones danzoneras. En 1938 trabajó como violonchelista de la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas

A finales de la década del 30´ del siglo XX existía una frase muy popular: “¡Cómo está el Mambo!” En ella se inspiró Orestes López para componer su primer danzón sincopado, el cual contenía montunos e improvisaciones de flauta de larga duración, que enfatizaban el complemento rítmico y provocaba una euforia indescriptible entre los bailadores.

“Mi padre –apunta Lidia- compuso muchos números musicales junto a su hermano Israel. Entre ellos se encuentran, “El que más goza”, “Camina Juan Pescao”, “El truco”, “Tan suave” y “El coloso”. Tuvo seis hijos que continuaron la tradición familiar, pues cinco somos músicos. Falleció el 26 de enero de 1991.”

Vale apuntar, a manera de conclusión, que el danzón sincopado Mambo marca el inicio de un estilo musical bailable que Dámaso Pérez Prado, otro notable creador cubano, se encargó posteriormente de enriquecer y extender por el mundo.


[1] Actual Nº 314

[2] Con el consentimiento de la Asociación Por Martí

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GUANTÁNAMO, LA VILLA IRIS AMADA, LA NOVIA DEL GUASO


Por Roxana y Dayana Romero Rodríguez

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

16 de febrero de 2014, 09:15 pm

“Guantánamo, la villa iris, el Saltadero de la repoblación, La Santa Catalina del catolicismo, la Novia del Guaso, entre filigranas esmeraldinas asomaba su manto de flordelisada policromía, como Un ave de alas extendidas y cuello en acecho.”
Regino E. Boti

Cuentan quienes no la conocen que es solo una aldea, otros la reducen a la ilegal Base Naval norteamericana enclavada en su bahía; pero Guantánamo es más que eso. Ciudad por momentos  olvidada, víctima del descuido algunas veces y de la necesidad en otras, deslumbra a visitantes nacionales y extranjeros que descubren la oculta y alborozada belleza de esta Villa jamás fundada, y atrapa a sus pobladores que aunque partan, no la olvidan.

Emanada del trabajo de emigrados franceses y catalanes que se asentaron  por estas fértiles tierras, aprovechando el caudal del río Guaso  como vía de comunicación hasta la bahía de Guatánamo, la urbe del Guaso, como perdida en el tiempo, ya existía desde el siglo XVIII, pero no fue hasta el 1 de diciembre de 1870, que tras largos y escabrosos pasos fue firmada su inscripción oficial como Villa.

Colorida,  patriota y musical: mucho ha cambiado aquel poblado hasta convertirse en la ciudad que es hoy;  reflejo de  cada minuto vivido, cada estilo aprehendido, cada sueño  edificado.

Burdeles, logias, comercios y boticas [farmacias] fueron clubes revolucionarios en las guerras mambisas. En los mismos salones donde alguna vez se bailó el danzón, conspiraron valerosos hombres contra la corona española, recaudaron fondos, planificaron alzamientos. Esta ciudad vio batirse a sus hijos contra los marines yanquis, cuando intentaron mancillar nuestra bandera, aquí encontró el Movimiento 26 de julio un tercer cuartel, y recibió apoyo Frank País cuando todo parecía difícil.

Casas y negocios privados conocieron los avatares de la clandestinidad, ampararon a los revolucionarios, sintieron el olor a pólvora y a sangre. Aquí se aplastó la subversión que intentó desconocer la victoria de enero de 1959.

Desde la base hasta la cúspide fue edificada la pirámide social, que trata de beneficiar a todos por igual. A ritmo de tambores y violín trabajaron los guantanameros en tiempos de Revolución para edificar, piedra a piedra, palmo a palmo, esta urbe cada día más próspera.

Aunque el tiempo y la convulsa cotidianeidad conspiren para alejar a sus hijos, aunque la globalización occidental casi nos absorba, hay una relación especial entre los guantanameros y su ciudad.

Guantánamo atesora valores casi únicos como la Tumba Francesa Pompadour-Santa Catalina de Ricci, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, la canción La Guantanamera, ya internacional, y la Loma del Chivo, localidad de leyendas y tradición, el autóctono changüí, la conga, el bembé, los cantos y bailes traídos del África, las liturgias y navidades, las vírgenes que acompañan a sus mujeres, y el Dios de católicos y protestantes, guían  nuestros pasos.

Esclavos africanos, colonos franceses y catalanes, negros haitianos, descendientes de aborígenes, criollos y asiáticos conforman la población guantanamera, una mescolanza rara  que llamamos mestizaje, una singular  aleación de magnífico resultado. Su gente no ha perdido la alegría ante los tiempos difíciles y está dispuesta a inmolarse en la primera trinchera para heredar a nuestros descendientes un legado histórico- cultural cuanto más conocido, más interesante.

El Palacio Salcines con su Fama, símbolo de la ciudad, la Plaza del Mercado, la Estación Ferroviaria, la parroquia La Milagrosa y  la Plaza de la Revolución Mariana Grajales, forman parte de las siete maravillas de la arquitectura guantanamera. Los guantanameros nos sentimos orgullosos de la arquitectura y trazado urbano vial bien estructurado, que la distinguen de otras ciudades de Cuba.

Al calor del proyecto de desarrollo local Guantánamo se revitaliza, se maquilla, se prepara para nuevos tiempos. El ajetreo propio de la construcción matiza aquí y allá, como parte de un esfuerzo extraordinario por salvarla del tiempo y el olvido. Citadina, marginal, coqueta y oriental,  se deja llevar por ritmo de la vida, se entusiasma con el fruto del trabajo de su gente, se deja bañar por sus ríos y guarda con celo sus secretos y misterios. Guantanamera, guajira y guantanamera.

Periódico Venceremos. Edicion Digital. 16/2/2014

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LA FORTALEZA DEL LIBRO EN LA CABAÑA


Stad de la Editorial Vigía de Matanzas, una de las más originales de la feria del Libro de La Habana

Ayer fue fiesta en La Habana, se inició la Feria del Libro, el evento cultural más masivo del país en los últimos años, dado por varios factores que me urge abalizar brevemente, desde la perspectiva de visitante fiel de ella.

En primer lugar el marco para la Feria es una gran ciudadela fortificada de fines del siglo XVIII, muy bien conservada, espaciosa y con todos los atributos de belleza como para pasar un encantador día de turismo cultural a la vista de La Habana, que queda al otro lado de la bahía.

En este espacio pueden moverse a la vez miles de personas sin estorbarse, interactuando con el programa cultural, amplio y variado.

En los grandes pabellones de piedra encontrará a los expositores, de Cuba y de muchas partes del mundo, principalmente de nuestra querida América Latina. Ver novedades poligráficas es el interés primero de la mayoría de los visitantes que ya conocen a unos señores del Perú que traen la maravilla del libro “liliputiense”, cada años más bellos y a precio bastantes asequibles. Para mí ellos son los reyes de la Feria del Libro en La Habana.

Llama la atención que la mayoría de los puestos de venta de editoriales no cubanas han aprendido sobre qué es lo que quiere el cubano y se lo traen cada vez más: literatura infantil, entretenimientos, libros de hacer y para hacer, revistas para el hogar, de cocina, sexualidad, enciclopedia, carteles y miles de temas que le sirven mucho al cubano, diligente, industrioso y casi siempre abocado a resolver con sus propias manos sus problemas por las carencias y dificultades económicas que desde hace mucho afrontamos. Nos ayudan y por supuesto hacen dinero.

Otras editoriales e incluyo a las cubanas, hacen énfasis en los temas políticos e ideológicos, en cantidades que van por encima de las demandas y la respuesta en los puestos vacios y menos demandados.

La educación y la salud son temas que siempre interesan y junto a la literatura, casi siempre replicadora de los clásicos y con novedades en su diseño y empaque centran la expectativa de una buena parte del público.

Por lo demás muchos espacios de conferencias, presentación de libros, coloquios y la actuación del talento artístico amplio y variado del que nos enorgullecemos. Esto en la feria que ojalá nunca muera, porque la necesitamos como ventana del mundo y para el mundo.

Cultura

The Huffington Post: Siete razones para levantar el bloqueo

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Más de la mitad de los estadounidenses quieren parar el bloqueo de EE.UU a Cuba, según una encuesta publicada esta semana por el Atlantic Council, un centro no partidista. Las Naciones Unidas ha votado durante 22 años consecutivos para condenar el bloqueo contra Cuba. El año pasado sólo Israel y el propio Estados Unidos votaron en contra de la resolución.No nos sorprende. Es una idea anticuada cuyo tiempo ha pasado.

Hoy el medio digital más popular en EEUU, The Huffington Post, ha asegurado que existen 7 razones por las que el gobierno de EE.UU. debe finalmente parar el bloqueo:

1 El resto del mundo odia al bloqueo

2 Es ineficaz

3 Es caro

4 Es antidemocrático

5 Cuba no es una amenaza

6 El bloqueo está dirigido a las personas equivocadas

7 Ha pasado el tiempo

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EL TROVADOR QUE FUE UN PAÍS


Santiago Feliú, autor de piezas imborrables como Para Bárbara, Ansias del alba, Futuro Inmediato, Sin Julieta y Náuseas de fin de siglo, murió en la madrugada del miércoles víctima de un infarto cardiaco

Michel Hernández

El disco corre una y otra vez por el viejo equipo de música. “Siento que tus destellos ahogan mi brisa, mi brisa que presiento inagotable, azul, infinita; límpida brisa de lirismo inevitable, soplo de sueños que en mi verso se derrama”, canta Santiago Feliú y su inconfundible voz atraviesa las primeras horas del amanecer como una luz cálida y profunda, empeñada en desmentir la noticia que ahogó la mañana: “Murió Santiago Feliú”, me dicen desde el otro lado del teléfono pero no lo creo. El disco sigue: “Si de mi voz florece la canción, motivo de tu dar; si de tus ojos nace la bondad de abrirme en el verso un palpitar: no me dejes ir”, reclama Santi como si desde la inmortalidad tuviera conciencia de que muchas generaciones de cubanos no hubiéramos sido los mismos sin esas canciones que lanzó desde las mismísimas entrañas de la vida, sin esa obra que reflejó como un espejo la existencia de un trovador que se afanó en cumplir al límite el significado de la palabra coherencia, que hizo trizas los conservadurismos, que disparó al corazón enfermo de aquellos que van por el mundo con el disfraz de la doble moral y los falsos compromisos políticos.

La sorpresiva muerte de Santiago, a los 51 años, es un doloroso golpe para la cultura cubana. Lo es sobre todo porque nadie como él logró llenar el vacío del camino con esas canciones creadas con una sensibilidad de extraña belleza, una sensibilidad nacida de las cicatrices de las guerras internas de un trovador que subía a los escenarios como si le fuera la vida en ello, como si tuviera plena seguridad de que ese encuentro entre el público, sus canciones y la noche, era el instante perfecto para gritarle al mundo que, pese a todo, teníamos el coraje de estar vivos y que podíamos salvarnos, simplemente, si le tendíamos la mano al que escuchaba al lado sin importar nada más que eso: el abrazo, la ilusión, y la seguridad de compartir el mismo destino, el mismo origen, el mismo país, los mismos conflictos y las mismas esperanzas por ver, más allá de las fuertes marejadas, un mejor futuro.

Santi, uno de los cuatro topos junto a Varela, Gerardo, Frank, nunca creyó en los paraísos artificiales, ni en los diferentes estadios de la fama. Para el trovador, sencillamente, se trataba de ir por el mundo cargando su guitarra, sus ideales, y sus pérdidas, para alimentar la ilusión, la moral y las esperanzas de aquellos empeñados en seguir inventando otro planeta, otro futuro, otras libertades, otros destinos, en los que valiera la pena realmente vivir como un ser humano.

Por eso se le podía ver lo mismo entregando su estrella a los zapatistas en México, a las madres de la Plaza de Mayo en Argentina, o al público cubano en cualquier parte del planeta durante conciertos nada complacientes, en los que llamaba por su nombre a los conflictos de un país en pugna por mantener en pie los ideales con los que creció la mayoría de sus habitantes, al tiempo que se mostraba tal y como era: un sobreviviente íntegro, un trovador que encontró, en la verdadera herencia de la filosofía del rock and roll y la Nueva Trova, su brújula para continuar creando en medio de la indiferencia de un tiempo que no parece comulgar con la poesía.

No creo que se puede hablar cabalmente de Santiago sin haber crecido con sus canciones en la dureza de los años 90; sin haberlo visto cantando por aquella época con las venas abiertas como si tuviera la vida sobre el filo de un cuchillo; sin haber repetido con amigos que ya no están esos temas memorables que reflejaban aquellas empecinadas utopías que nos ayudaron a mantenernos en pie mientras nuestros padres se las inventaban de mil maneras en el asfalto para ponernos un plato a la mesa. Pero no importaba. Porque después de los conciertos, de las noches, de las largas madrugadas en la Avenida de los Presidentes quedaban los gastados cassetes con las canciones de Santi que nos recordaban, que si volviéramos a nacer, sería preciso ser lo mismo.

Santiago sabía que su público ya no era el mismo. Que muchos de sus seguidores ya no se podían reconocer en sus conciertos. Pero de todos modos seguía alentando a las nuevas generaciones a continuar el compromiso con la belleza, con la justicia, con la verdad, mediante nuevas canciones que retrataban sus obsesiones más desgarradoras: Cuba y la vida. Cuba y el futuro. Cuba y su gente.

De ahí que no perdía ni un instante para lanzar su opinión sobre los controvertidos contextos que jugaban en contra de la expansión de la cultura cubana, contextos que nombró por su nombre en un diálogo con Granma el pasado mes de agosto. “Siempre he querido pensar que el futuro tiene que ser mejor que el pasado, solo que el futuro está detenido y anclado en una prostituida comercialización feroz de la canción, lejos del arte de hacer canciones. Más que nada los autores componen directamente para un éxito comercial. Tampoco tienen los jóvenes de hoy líderes cantores del calibre de aquellos de los sesenta, setenta y ochenta. Esa pasión militante por la canción poética decayó notablemente, solo espero que sea cíclico y que se vuelva a continuar creando el futuro”.

De nuevo el futuro. De nuevo otra de las palabras que definen los momentos más desgarradores de su obra, el clímax de sus canciones, y la intensa calma de las noches en vela que utilizaba para darle forma a esa colección de temas que hoy, muchos cubanos en cualquier parte del mundo, volverán a colocar en sus equipos de audio para desmentir la noticia de la muerte del inolvidable zurdo maravilloso.

Periódico Granma, 13/27/2014 edición digital

Cultura

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