Cultura Cuba

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CONCURSO BLOG


Para mí el Blog es una necesidad y tener lectores es la recompensa mayor a este entretenimiento lúdico con el que trato de comunicarme con otros tantos soñadores, preocupados y locos, en el mejor sentido de la palabra; a los cuales me une la curiosidad y el deseo de saber sobre el “otro” que está ahí a dos o tres clic.

Cuando comencé me sentí solo, nadie respondía, pocos reaccionaban y el mundo se me hacía un vacío, pero empezaron a llegar mensajes, de aquí, de allá; de alientos, de elogios, sensatos consejos, suspiros de iguales y también mucho ruido chatarra, dado por el desconocimiento, los correos basuras y los anuncios de miles y tantos temas que solo daban tiempo a una sonrisa antes de borrarlos.

Pero entre tantos mensajes llegaban los amigos, su candidez era adivinable y pasaban de puntilla por mis páginas y me decían que habían encontrado algo distinto y venían las recomendaciones, me preguntaban si lo hacía yo solo, si podían reproducir mis trabajos y hasta me aconsejaban presentarme a un concurso de Blog, … bueno ya lo hice esta es la dirección: http://www.concursoblog.es , pero créanme, ya gané, vuestra lectura es mi mejor premio…

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MIS OBJECIONES A LAS ELECCIONES QUE VIENEN


Por su importancia, honestidad y objetividad de lo que dice reproduzco la opinión del intelectual Guillermo Rodríguez Rivera, quien expresa la opinión de muchos, entre los que me incluyo a cerca de las elecciones cubanas.

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Hay quien las califica de comedia, porque son unas elecciones en las que domina un único partido y eso puede crear también una unanimidad cuyo sentido mayor es salvaguardar el poder establecido. Es decir, el sistema.

Es verdad. Pero no sólo ocurre donde existe un único partido. Casi todo el llamado mundo “democrático” –al que no pertenecemos– está regido por un sistema bipartidista, que se parece muchísimo al que se estableció desde hace mucho tiempo en los Estados Unidos. Usted puede votar por los republicanos o por los demócratas, y a veces hay diferencia, sí señor.

El presidente Barack Obama defraudó en su primer período a un gran número de sus votantes. No hubo reforma migratoria, los impuestos los siguen pagando las mayorías más pobres. Miles de norteamericanos conforman las huestes de los indignados que proliferan en estos países. Pero la decisión neoliberal de recortar gastos sociales, reducir las plantillas del estado y aumentar el desempleo sin protección, no lo pueden controlar los electores.

Los políticos mienten descaradamente. Mariano Rajoy mintió a sus electores ofreciéndoles un programa de gobierno opuesto al que está llevando a cabo cuando ha conseguido el inocente voto de los españoles. Pero si ascienden al poder otra vez los socialistas, no lo van a hacer muy diferente: la democracia ha sido secuestrada por la riqueza. Ese elector que no vota pero que financia las millonarias campañas electorales, decide la actuación del gobierno. Debajo de los dos partidos está el partido del dinero. Con todo, no es inútil el bipartidismo.

Ante el programa electoral de Mitt Romney, que amenazaba con ser un segundo George W. Bush, los mismos electores defraudados prefirieron darle una segunda oportunidad a Obama. Del mal, el menos. Hasta los cubanos del condado Dade votaron demócrata para sacarse de encima al millonario que venía a prohibirles viajar a Cuba y mandarle dinero a la familia.

Para empezar a restaurar la vieja democracia que la riqueza se ha ido tragando, habría que prohibir las millonarias contribuciones a las campañas electorales, que convierte a los políticos en deudores de la minoría rica y no de la mucho más modesta mayoría que ha votado por ellos.

En Cuba, no solo no tenemos financiamiento de las campañas políticas, sino que no tenemos campañas políticas. Acaso porque estaban asociadas a esa deformación que es la “politiquería”: el candidato prometía lo que sabía que no iba a cumplir. Como Rajoy en España, estafaba el voto de sus electores. Pero eliminar las campañas políticas para eliminar la politiquería, es como botar el agua sucia de la palangana con niño y todo.

A mi puede importarme la trayectoria de una persona, su integridad personal: en Cuba, todos los que se presentan como candidatos suelen tener una trayectoria vital irreprochable. Por eso, me interesaría más conocer qué se propone hacer como diputado, cuáles son sus proyectos como legislador, y eso es algo que no sé de los candidatos que voy a elegir. Habría que buscar la manera de que esa información se comunicara a los electores.

La presidenta de la Comisión Nacional de Candidatura afirmaba en un reciente programa televisado de Información Pública, que el diputado es electo por un municipio, una provincia, pero legisla para todo el país. Pero esa globalización de la legislación puede anular la legislación específica. El diputado debe conocer los males, las carencias, las necesidades de su región, de su pueblo, y hacerlos presentes allí donde legisla.

La poca o casi nula atención que el cubano presta a sus legisladores, proviene del hecho de que no pueden resolver los problemas que afectan y a veces agobian al ciudadano, a la población.

Cada nivel –el municipio, la provincia, la nación– deben tener un presupuesto que debe ser global en la última instancia, pero que debe especificarse en la provincia y el municipio. Que el diputado legisle para la nación, sí, pero que sepa quiénes lo eligieron, cuáles son sus problemas y con qué recursos cuenta para solucionarlos. Es absurdo que exista un diputado por Sagua de Tánamo que no haya visitado la localidad en un año. Si funciona ese vínculo, veremos cómo aumenta la comunicación entre el legislador y sus electores. La descentralización que la economía pide a gritos, la necesita a todo dar la vida política del país.

Creo, asimismo, que las elecciones no lo son plenamente cuando la población debe elegir al mismo número de candidatos que le proponen. Ahora es eso lo que ocurre y, en la práctica, es la Comisión de Candidatura la que está eligiendo a los diputados. Es cierto que esa candidatura debe ser validada por la Asamblea Nacional. Pero, para añadir un nuevo nombre, la Asamblea tiene que invalidar uno de los propuestos, y casi nunca hay razones de peso para ello. La que la Comisión elige es la candidatura: si el elector no tiene dónde seleccionar, la Comisión es entonces la que decide cómo se integra la Asamblea.

No creo en la absoluta separación de poderes como la concibió el ilustre pensador francés Charles Louis de Montesquieu en su obra maestra, “El espíritu de las leyes”, que dio a conocer en 1748. Pero no se puede ser juez y parte y me parece que un 50% de diputados incluidos en la candidatura son demasiados cuando, de hecho, la mayor parte de ellos son funcionarios del gobierno. Creo que ello disminuye la capacidad crítica de la Asamblea Nacional para valorar la actuación del gobierno. La Asamblea Nacional debería incluir un grupo de importantes funcionarios del ejecutivo, pero también de personalidades de reconocido prestigio y saber que no tengan ese compromiso con el gobierno, aunque puedan ser militantes del PCC.

Creo que adoptar estas medidas ampliarían sensiblemente el carácter democrático de nuestras elecciones y en, consecuencia, reforzaría los vínculos entre la población y sus representantes. Bien nos va a hacer.

Tomado del Blog Segunda Cita de Silvio Rodríguez, jueves 3 de enero de 2013

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ROSITA FORNÉS


En algún momento la llamaron la “Vedette Roja”, por su apego a la isla y a su pueblo y porque a muchos no le cabe en la cabeza cómo se quedó en Cuba después de 1959, cuando otras muchas estrellas se habían marchado a los Estados Unidos o algún otro país en los que ya se le conocía.

En Cuba ella es una leyenda, aún con sus 90 años recién cumplidos el 11 de febrero es capaz de una canción cantada con la frescura de las primaveras, acompañadas con una elegancia de la que ha sido paradigma durante décadas.

¿Qué de roja tiene esta mujer?, Quedarse con su pueblo pese a todo, cantar una canción como “¡Cuba qué linda es Cuba!” como si hubiese sido escrita para ella y arroparse en el cariño de sus admiradores, que somos muchos.

Nació por azar en Nueva York, de padres españoles y bautizada como Rosalía Palet Bonavia, que los titulares de la farándula convirtieron en Rosita Fonés.

Comenzó su carrera muy joven en el célebre programa radial de José Antonio Alonso, “La Corte Suprema del Arte” (1938) en el que debutaron grandes figuras de la música cubana.

La Estrella Naciente que había en Rosita Fornés pasó rápidamente al mundo de los espectáculo guiada por importantes figuras como Ernesto Lecuona, en cuya compañía debutó con la zarzuela “El asombro de Damasco” (1940), que fue en realidad el asombro de La Habana, dirigida por Antonio Palacio en el Teatro de la Comedia.

Su primera película vino un poco antes de la mano de Ramón Peón, “Una aventura peligrosa” (1939) en la que sobresale por sus dotes histriónicas, para luego ir a lo grande en “Romance Musical” (1940), dirigida por Ernesto Caparrós. Desde entonces se consolida como una artista excepcional tanto en la actuación, el baile y el canto, acompañada por su gran belleza física que la convirtió en la vedette hispanoamericana del momento.

En México triunfa en la década del cuarenta con todo ese talento suyo que la hace presencia habitual en el cine y el teatro de aquel país hermano, madura como actriz y persona y deja una huella que aún recuerdan los mexicanos.

A su regreso a Cuba a principios de los 50 hace gala de su virtuosismo y versatilidad, como actriz, comediante, estrella de la televisión y de cabaret, es ROSITA FORNES, con mayúsculas.

Al triunfo de la Revolución permaneció en Cuba continuando una carrera integral que la consolidó en la popularidad de los cubanos, aunque quiero resaltar que en este período su actuación para el cine devela una faceta suya, poco explorada y en la que demuestra y aporta, la actuación: en 1984 de la mano de Juan Carlos Tabío, actúa en “Se permuta”, una comedia satírica que aún recordamos; “Papeles secundarios” (1989) dirigida por Orlando Rojas, en la que se desdobla en un memorable personaje dramático exigente y memorable y “las noches de Constantinopla”(2001) dirigida también por Orlando Rojas, son entre otras la constancia de una actriz en plena madurez.

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NOTAS AL MARGEN

LOS CUBANOS NO SOMOS UN PUEBLO SOMETIDO, COMO ME HA ESCRITO ALGUIEN EN UNA DE LOS COMENTARIOS, ¿REALMENTE NO SE LE PUEDE LLAMAR ASÍ AUN PUEBLO QUE HIZO LA REVOLUCIÓN ANTICAPITALISTA MÁS PROFUNDA DE LA HISTORIA?, QUE NO DEJÓ EN CUBA CASI NADA EN MANOS PARTICULARES, AUNQUE A DECIR VERDAD NO APRENDIMOS A ADMINISTRAR COMO PUEBLO, PORQUE DELEGAMOS EN UN GRUPO QUE PARECÍA ELEGIDO Y LO QUE HIZO FUE ACOMODARSE, DE ESO ESTAMOS SALIENDO, TRATANDO DE CONSTRUIR UNA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA REAL, CON LA GENTE POR PROTAGONISTA.

NO ES SOMETIDO UN PUEBLO QUE APOYÓ UN PROCESO QUE AL MISMO TIEMPO QUE LE BENEFICIABA, LE EXIGÍA SACRIFICIOS QUE SOLO SE HACEN CUANDO ESTAS CONCIENTE DE LO QUE HACES, SOMOS GENTE DE PENSAMIENTO, ALEGRES, IRÓNICOS Y HASTA UN BASTANTE DESCREIDO, PARA NOSOTROS SAGRADA ES LA HISTORIA QUE NOS HA CONDUCIDO HASTA AQUÍ Y SAGRADO ES EL FUTURO QUE ESTAMOS HACIENDO TODOS.

HAY UN FENÓMENO QUE SE DA EN ESTOS LARGOS PROCESOS SOCIALES, TRAS MUCHO BREGAR Y PESE A LAS CONQUISTAS SOCIALES, VIENE UNA “DESMOVILIZACIÓN”, UNA BÚSQUEDA HACIA ADENTRO DEL SER INDIVIDUAL, UN REPENSAR EN SÍ MISMO QUE TRAERÁ COMO CONSECUENCIA EL MEJORAMIENTO DE LO HECHO. YA NO ES LA CALLE Y LA GRITERÍA LA QUE MUEVE AL CUBANO, AHORA QUEREMOS UN MEJORAMIENTO REAL Y PERDURABLE, NO UN CAMBIO COYUNTURAL PARA ESPERAR QUE LLEGUEN TIEMPOS MEJORES, REALMENTE NO SOMOS UN PUEBLO SOMETIDO SINO UN PUEBLO MADURO QUE REAFIRMA SUS CONQUISTAS Y GANA ESPACIO EN EL MUNDO DE HOY.

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ABUELOS

Hermoso, es la palabra que se me ocurre después de leer el artículo de Leticia, yo fui nieto y ahora soy abuelo y hay muchas cosas que me preocupan con los muchos que hemos llegado y llegaremos a este grupo etareo, ella señala la invisibilidad y que conste que es un fenómeno que se da a nivel de la familia, casi nunca se cuenta con el viejo para hacer planes que le conciernen y le afectan con una desconsideración digna de quien cree no llegará nunca a esta edad, hay otros muchos problemas, de esos hablaré en otra oportunidad:

No hay cosa más bella que amar a los ancianos; el respeto es un dulcísimo placer.

José Martí

Leticia Martínez Hernández

Me recuerdo de niña sentada en el sillón cosiendo el dobladillo de la saya de uniforme. Mi abuela Rosa me había enseñado a hacer la pata de gallina, y creyéndome la gran costurera no dejaba que nadie me auxiliara. Para ganar tiempo ensartaba la aguja con el hilo más largo del mundo, y abuela siempre decía, bajito como ella solo sabía hacerlo: “niña, esa es la hebra del haragán”.

Al final siempre tenía que darle la razón. El dolor en mi mano por estirar aquel hilo tan largo, además de los nudos que se me armaban, confirmaban la sabiduría de abuela, la misma que me enseñó a sembrar plantas, a hacer bolitas de gofio con azúcar, a cortar bien las flores, a amar a mi país, a ser humilde…

Era ella la abuela que aun sin haber estudiado mucho, sabía de todo. Y eran tan sorprendentes sus métodos para enseñar que una vez la escuché instruyendo a mi hermano más pequeño en el “arte de abrazar”. Le decía que abrazara siempre como lo hacía Fidel, “fuerte y con palmaditas en la espalda”.

Por ella supe, sin consignas por el medio, que hubo tiempos tan difíciles que no había ni panes ni peces para compartir. Con sus cuentos la imaginé sobre el banquito al que se subía para alcanzar la meseta y fregar los platos en la casa donde trabajaba. En sus manos divisé las magulladuras que le provocaron tantos años despalillando tabaco. Y en sus ojos faltos de vista supe del tiempo que pasó sola escudriñando las letras hasta aprender a leer.

Por eso ahora, cuando escucho con tanta frecuencia que Cuba es uno de los países más envejecidos del mundo, no puedo más que alegrarme por tal suerte. Confirmar que tantos años de Revolución han hecho que los cubanos podamos vivir más tiempo entre los nuestros, es un privilegio casi único. Habernos llenado de abuelos tiene que ser motivo de satisfacción, además de un impulso a la ocupación, tanto del Estado como de la familia, por tenerlos atendidos y saludables.

Es incompleta la felicidad del hogar que no cuenta con uno de esos seres sublimes, porque aún con el paso lento, la voz queda o los ojos cansados son como el caminante que después de llegar a la cima, alerta sobre cada escollo del camino. Saberlos escuchar es un arte, venerarlos una máxima.

Sin embargo, este mundo moderno, agitado, no apto para lo que envejece, muchas veces pone sobre los ancianos el manto de lo invisible. Sería oportuno preguntarnos cuántas veces les pedimos su opinión para cualquier asunto del hogar; cuántas veces violentamos sus horarios ante otras urgencias cotidianas; o cuántas veces respondemos con dureza por alguno de sus olvidos.

Todo ello sin pensar en las necesidades afectivas de estos hombres y mujeres que han llegado a vivir tantos años. Más que eso, sin detenernos a considerar que la vida pasa, y sin siquiera darnos cuenta, pronto seremos los del paso lento, la voz queda y los ojos cansados.

Por eso cuando ahora recuerdo a la abuela Rosa lo hago con el alma plena. Crecí en un hogar donde ella siguió siendo reina aun después de su partida. Y muchas de estas tardes cuando el calor no agobia y la brisa se cuela por alguna rendija, la repaso sonriendo entre sus plantas, también la evoco radiante entre los hijos y nietos que tanto la quisieron.

Periódico Granma, La Habana 7 de febrero de 2013, pág. 3

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DIPUTADO


He aquí una definición que dio nuestro José Martí sobre lo que debía ser un Diputado, definición que mantiene su vigencia sobre esta figura pública tan importante en los estados modernos, moldeables y manipulables y tan dados a olvidar el mandato del pueblo.

En Cuba tendremos elecciones el 3 de febrero y más que elegirlos los ratificaremos, porque en Cuba las listas son cerradas, tantos aspirantes como asientos en el parlamento y muchas veces esto de “elegirlos” se vuelve un ejercicio formal.

Se parte de un principio muy noble, que en el Parlamento estén representados todos los sectores de la población, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, composición étnica, sectores sociales, cuadros, militares y sobre todo militantes del partido comunista.

Creo que el sobrepeso está en la cantidad de militantes del partido (“la vanguardia de la sociedad”) pero que responde primero a las directrices de su agrupación que a las necesidades de la sociedad y se convierten en un factor sino de freno al menos de “equilibrio mesurado”.

Veamos el criterio del joven Martí[1] sobre lo que significa ser un Diputado:

“Hombre encargado por el pueblo para que estudie su situación, para que examine sus males, para que los remedie en cuanto pueda, para que esté siempre imaginando la manera de remediarlos.

“La silla curul es la misión: no es la recompensa de un talento inútil, no es el premio de una elocución incipiente, no es la satisfacción de una soberbia prematura.

“Se viene a ella por el mérito propio, por el esfuerzo constante, por el valer real; por lo que ha hecho antes, no por lo que se promete hacer.

“Los privilegios mueren en todas partes, y mueren para alcanzar una diputación. No es que las curules se deban de derecho a los inteligentes: es que el pueblo las da a quien se ocupa de él y le hace bien.

“De abajo a arriba: no de arriba abajo.

“El ingenio no merece nada por serlo; merece por lo que produce y por lo que se aplica.

“Debemos el ingenio a la naturaleza: no es un mérito, es una circunstancia de azar: el orgullo es necio, porque nuestro mérito no es propio. Nada hicimos para lograrlo: lo logramos porque así encarnó en nosotros.

“¿Es la inteligencia adquirida casualmente, título para la admiración y el señorío? Diputado es el que merece serlo por obra posterior y concienzuda; no el que por méritos del azar posterior se mira inteligente y se ve dueño.

“El talento no es más que la obligación de aplicarlo. Antes es vil que meritorio el que deja vagar, porque tuvo en sí mismo el instrumento del bien y pasó por la vida sin utilizarlo ni educarlo.

“El talento es respetable cuando es productivo: no debe ser nunca esperanza única de los que aspiran a altos puestos. Diputado es imagen del pueblo: óbrese para él. Estúdiese, propáguese, remédiese, muéstrese afecto vivo, sea el afecto verdad. El talento no es una reminiscencia del feudalismo: tiene el deber de hacer práctica la libertad.

“No se arrastra para alzarse: vive siempre alto, para que nada pueda contra él.

“Se enseña y se trabaja: luego se pide el premio.

“Se habla, se propaga, se remedia, se escribe; luego se pide la comisión a los comitentes a quienes se hizo el beneficio.

“El beneficio no es aquí más que el deber: todavía se llama al deber bien que se hace.

“La diputación no se incuba en el pensamiento ambicioso: se produce por el asentimiento general.

“Todos creen útil a uno: uno es nombrado por todos: nombrado realmente por el bien hecho, por la confianza inspirada, por la doctrina propagada, por la esperanza en lo que hará.

“El hombre útil tiene más derecho a la diputación que el hombre inteligente. El inteligente puede ser azote: el útil hace siempre el bien.

“Se cree que es el talento mérito nuestro, y que él da derecho de esperarlo todo: él impone la obligación de aprovecharlo: cuando se busca la comisión, ajeno ha de haber sido el provecho.

“La inteligencia no es la facultad de imponerse; es el deber de ser útil a los demás”


[1] Este trabajo fue escrito por José Martí el 9 de julio de 1875 para la Revista Universal de México, tenía apenas 22 años.

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DE REGRESO

Hola, hace muchos días que no escribo y lo deseaba mucho, principalmente porque es bueno conversar con los amigos sobre mí, la sociedad en que vivo y la vida que llevabamos en estos tiempos  los cubanos de la Isla.

Estaba de vacaciones, un ritual que para mi significa volver a mis raíces, viajo unos mil kilómetros, para reencontrarme con mi familia extendida, el ambito en que crecí y ese ambiente inigualable de la tierra natal, en que conocemos cada piedra y cada giro idiomático de los que me rodean, eso da vida y me permite oxigenarme, ver otra perpectiva de nuestra sociedad, desde la mirada de gente que nos reprocha el no estar más cerca de ellos, aunque sigamos amando el mismo equipo de pelota y riéndonos de las burradas de cierta gente que por estar en La Habana cree que ya tiene el mundo a sus pies.

Llegué a esta ciudad, aldea grande, de costumbres  viejas, que se llena de gente por el día, se para al medio día para dormir la siesta y vuelve al ritmo loco de ciudad sobre las dos de la tarde, para sumirse nuevamente en el letargo cuando cae la noche, aunque la vida nocturna ahora sea mayor, pero la gente no es cosmopolita y prefiere retirarse al rincón barrial para disfrutar de un juego de dominó, ver la televisión, aunque esté “mala”, conversar y hacer vida social en la familia, costumbre que los mantiene unidos y con esa sana manía de cuidar unos de otro.

Esa es la Cuba profunda, la que discute y opina, la que sobrevive y sueña, la que sigue apostando por ese sueño de sociedad de iguales que nos prometieron y que comenzamos a construir, aunque dejamos a media, porque más que las carecncias materiales, siempre es importante la familia, los amigos, las raíces y todas esas cosas de las que estamos cansados, pero que necesitamos y por eso queremos mejorarlas.

Gracias, vuelve luego

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CUANDO LOS BLANCOS MIRARON PARA LO NEGRO


En la cultura cubana la década del veinte del siglo XX es decisiva en cuanto a la maduración y presentación de una cultura nacional popular que había estado presente desde hace más de un siglo, marginada y preterida por una intelectualidad dominante, blanca, de pretensiones eurocéntricas y negadora de lo que estaba pasando a su lado, junto a sus teatros, sus temporadas de ópera trasnochada o el esfuerzo de muchos doctos de buscar las raíces en la mulatés, pero renegando de la más profunda negritud que era un secreto a voces de solo caminar por las calles de cualquier pueblo de Cuba.

El impacto de la revuelta de los independentistas de color, reprimidos a sangre y fuego en 1912, demonizados y “mantenidos a raya” por las clases dominantes, no detuvo el curso de las tendencias culturales en Cuba que mostraron su cara mestiza con más claridad y legitimizada por la alta cultura en el país a partir de los años veinte.

Los estudios de Fernando Ortiz sobre las raíces negras de nuestra cultura fueron el impulso para que otros intelectuales y artistas tomaran conciencia de lo que estaba a su alrededor.

Comienzan las artes plásticas y la literatura a dar espacio consciente a los temas sobre la cultura afrocubana, como ya lo había hecho la música desde el siglo XIX.

Nicolás Guillén es todo un acontecimiento con su poesía que es pálpito de un pueblo que tiene al son en el latido de su corazón y el ritmo en las caderas mestizadas de hombres y mujeres de esta isla, todos mezclados, aunque haya quien quiera encontrar diferencia entre un mulato claro, casi blanco, un jabao capirro o la gente de lustrosa piel negra.

Fue un aldabonazo, pero los artistas plásticos comenzaron a ver la plasticidad del baile entre los cubanos humildes y la rumba pasó a ser tema de un cuadro y los mitos y símbolos de religiosidad africana, sintetizados y exuberantes sirvieron de temas a Wilfredo Lam para abrir la jungla complicada del ajiaco criollo.

Las tendencias de las artes modernas que en Europa vuelve su mirada a África, encuentra en Cuba un campo fértil: porque en esta isla, África no está después del Océano Atlántico, sino en nuestra sangre, resultado de dos siglos de esclavitud y un conglomerado de culturas que habían llegado a esta isla y aunque el blanco trató de impedirlo e ignorarlo, estas culturas se arraigaron, resistieron y se fundieron con las culturas europeas que se había asentado en la isla.

Por eso no basta reconocernos iguales, sino identificarnos como el todo amalgamado que somos, reconociendo los prejuicios que perduran, para vencerlos y aceptarnos en una comunidad de iguales, pero diferentes, que es el sentido real de la diversidad cultural.

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ANTONIO GATTORNO, OTRO ACERCAMIENTO AL TEMA CAMPESINO


Antonio Gattorno Águila (1904-1980) es otro de los pintores cubanos innovadores que hacen de la sencillez y la simplificación, su razón de cambio. Estudio en San Alejandro con Leopoldo Romañach, a los dieciséis años va a Europa.

Estuvo en París, pero a diferencia de los jóvenes pintores cubanos su aprendizaje no se nutre solo con las vanguardias, su obra se sigue nutriendo con la academia de la cual no logra desprenderse, conservando un sello de buen dibujo y colorido hermoso herencia de la luz de su isla tropical.

Regresa a Cuba en 1927 y vive en la barriada de Pogolotti, municipio Marianao, en La Habana. Su pintura de tránsito entre la academia y la vanguardia no deja de impresionar a sus contemporáneos. Sus temas en esta época se mueven en el ambiente rural con tendencia al folklorismo tropical, incursionando también en el retrato. A finales de la década del 30 se radica en los Estados Unidos y abandona esta línea de trabajo sobre temas campesinos, para acogerse al surrealismo con fuerte influencia de Salvador Dalí, a quien había conocido durante su estancia en Francia.

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VINDICACIÓN DE CUBA



“Martí con los obreros”.Litografía de Roberto Fabelo

Colección Museo Casa Natal de José Martí

«No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que “The Manufacturer” le place describir…»

José Martí

En la década de los 80 del siglo XIX cobraron auge en los Estados Unidos y en algunos sectores de la burguesía criolla en Cuba las intenciones anexionistas que históricamente formaron parte de las ideas de esto sectores en ambos lados del estrecho de La Florida. En 1888 había llegado a la presidencia de Estados Unidos Benjamín Harrinson a cuya sombra esta el influyente político James Blaines quien fuera nombrado Secretario de Estado de su gobierno.

Los intereses anexionistas con respecto a América Latina y con Cuba en particular estaban entre las prioridades de este político y los intereses que tras él se movían.

En medio de estas circunstancias, el periódico “The Manufacturer” de Filadelfia, publicó en 1889 un artículo titulado “¿Queremos a Cuba?”[1] En el cual se argumenta en contra de la posible compra de Cuba por el gobierno yanqui, cosa que se insistía podía ocurrir y era alentado por poderoso sectores en Estados Unidos y en Cuba.

Argumentaba el periódico que los españoles que vivían en la isla no estaban preparados para ser ciudadanos norteamericanos y que los cubanos era un pueblo compuesto en su mayoría por negros situados al nivel de la barbarie y unían a los defectos heredados de España el afeminamiento, la aversión al trabajo, la carencia de fuerza viril y de respeto personal, además de ser incapaces para el gobierno propio, y cierra sus insultantes argumentos el columnista ofreciendo como posibilidad para que la anexión fuera posible, la americanización de Cuba, llenándola de ciudadanos estadounidenses.[2]

Este artículo dio lugar a otros en la prensa de Nueva York, “Una opinión proteccionista sobre la anexión a Cuba”[3] que apoyaba y reiteraba los argumentos anteriores.

La numerosa colonia cubana del este de los Estado Unidos recibió con rechazo tales muestras de desprecio y tuvo su satisfacción con la dignísima respuesta que el 25 de marzo del propio año le dirigiera José Martí al “The Everning Post” bajo el título de “Vindicación de Cuba”

Martí va rebatiendo una por una todas las argumentaciones racistas de ambos periódico con razones contundentes y análisis profundos y dejando bien en claro que los patriotas dignos y honrados “no desean la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.

Desde mucho tiempo antes José Martí era consciente del peligro que representaba para el pueblo de Cuba las pretensiones de los anexionistas, de dentro y de fuera, y llamó a cerrarle el paso con unidad y decisión para alcanzar el objetivo supremo de la independencia.

Les propongo la lectura del artículo de José Martí:

Sr. Director de The Evening Post.

Señor:

Ruego a usted que me permita referirme en sus columnas a la ofensiva crítica de los cubanos publicada en The Manufacturer de Filadelfia, y reproducida con aprobación en su número de ayer. No es éste el momento de discutir el asunto de la anexión de Cuba. Es probable que ningún cubano que tenga en algo su decoro desee ver su país unido a otro donde los que guían la opinión comparten respecto a él las preocupaciones sólo excusables a la política fanfarrona o la desordenada ignorancia. Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia SU carácter. Hay cubanos que por móviles respetables, por una admiración ardiente al progreso y la libertad, por el presentimiento de sus propias fuerzas en mejores condiciones políticas, por el desdichado desconocimiento de la historia y tendencias de la anexión, desearían ver la Isla ligada a los Estados Unidos. Pero los que han peleado en la guerra, y han aprendido en los destierros; los que han levantado, con el trabajo de las manos y la mente, un hogar virtuoso en el corazón de un pueblo hostil; los que por su mérito reconocido como científicos y comerciantes, como empresarios e ingenieros, como maestros, abogados, artistas, periodistas, oradores y poetas, como hombres de inteligencia viva y actividad poco común se ven honrados dondequiera que ha habido ocasión para desplegar sus cualidades, y justicia para entenderlos; los que, con sus elementos menos preparados, fundaron una ciudad de trabajadores donde los Estados Unidos no tenían antes más que unas cuantas casuchas en un islote desierto ; ésos, más numerosos que los otros, no desean la anexión de Cuba a los Estados Unidos. No la necesitan. - Admiran esta nación, la más grande de cuantas erigió jamás la libertad; pero desconfían de los elementos funestos que, como gusanos en la sangre, han comenzado en esta República portentosa su obra de destrucción. Han hecho de los héroes de este país sus propios héroes, y anhelan el éxito definitivo de la Unión Norte-Americana, como la gloria mayor de la humanidad; pero no pueden creer honradamente que el individualismo excesivo, la adoración de la riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible, estén preparando a los Estados Unidos para ser la nación típica de la libertad, donde no ha de haber opinión basada en el apetito inmoderado de poder, ni adquisición o triunfos contrarios a la bondad y a la justicia. Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cuttíng.

No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores. Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía; hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres; estamos atravesando aquel periodo de reposo turbulento, lleno de gérmenes de revuelta, que sigue naturalmente a un período de acción excesiva y desgraciada; tenemos que batallar como vencidos contra un opresor que nos priva de medios de vivir, y favorece, en la capital hermosa que visita el extranjero, en el interior del país, donde la presa se escapa de su garra, el imperio de una corrupción tal que llegue a envenenarnos en la sangre las fuerzas necesarias para conquistar la libertad. Merecemos en la hora de nuestro infortunio, el respeto de los que no nos ayudaron cuando quisimos sacudirlo.

Pero, porque nuestro gobierno haya permitido sistemáticamente después de la guerra el triunfo de los criminales, la ocupación de la ciudad por la escoria del pueblo, la ostentación de riquezas mal habidas por un miríada de empleados españoles y sus cómplices cubanos, la conversión de la capital en una casa de inmoralidad, donde el filósofo y el héroe viven sin pan junto al magnífico ladrón de la metrópoli; porque el honrado campesino, arruinado por una guerra en apariencia inútil, retorna en silencio al arado que supo a su hora cambiar por el machete: porque millares de desterrados, aprovechando una época de calma que ningún poder humano puede precipitar hasta que no se extinga por sí propia, practican, en la batalla de la vida en los pueblos libres, el arte de gobernarse a sí mismos y de edificar una nación; porque nuestros mestizos y nuestros jóvenes de ciudad son generalmente de cuerpo delicado, locuaces y corteses, ocultando bajo el guante que pule el verso, la mano que derriba al enemigo, ¿se nos ha de llamar, como The Manafacturer nos llama, un pueblo “afeminado”? Esos jóvenes de ciudad y mestizos de poco cuerpo supieron levantarse en un día contra un gobierno cruel, pagar su pasaje al sitio de la guerra con el producto de su reloj y de sus dijes, vivir de su trabajo mientras retenía sus buques el país de los libres en el interés de los enemigos de la libertad, obedecer como soldados, dormir en el fango, comer raíces, raíces, pelear diez años sin paga, vencer al enemigo con una rama de árbol, morir-estos hombres de diez y ocho años, estos herederos de casas poderosas, estos jovenzuelos de color de aceituna-de una muerte de la que nadie debe hablar sino con la cabeza descubierta; murieron como esos otros hombres nuestros que saben, de un golpe de machete, echar a volar una cabeza, o de una vuelta de la mano, arrodillar a un toro. Estos cubanos “afeminados” tuvieron una vez valor bastante para llevar al brazo una semana, cara a cara de un gobierno despótico, el luto de Lincoln.

Los cubanos, dice The Manufacturer, tienen “aversión a todo esfuerzo”, “no se saben valer”, “son perezosos”. Estos “perezosos” que “no se saben valer”, llegaron aquí hace veinte años con las manos vacías, salvo pocas excepciones; lucharon contra el clima; dominaron la lengua extranjera; vivieron de su trabajo honrado, algunos en holgura, unos cuantos ricos, rara vez en la miseria: gustaban del lujo, y trabajaban para él: no se les veía con frecuencia en las sendas oscuras de la vida: independientes, y bastándose a sí propios, no temían la competencia en aptitudes ni en actividad: miles se han vuelto, a morir en sus hogares: miles permanecen donde en las durezas de la vida han acabado para triunfar, sin la ayuda del idioma amigo, la comunidad religiosa ni !a simpatía de raza. Un puñado de trabajadores cubanos levantó a Cayo Hueso. Los cubanos se han señalado en Panamá por su mérito como artesanos en los oficios más nobles, como empleados, médicos y contratistas. Un cubano, Cisneros, ha contribuido poderosamente al adelanto de los ferrocarriles y la navegación de ríos de Colombia. Márquez, otro cubano, obtuvo, como muchos de sus compatriotas, el respeto del Perú como comerciante eminente. Por todas partes viven los cubanos, trabajando como campesinos, como ingenieros, como agrimensores, como artesanos, como maestros, como periodistas. En Filadelfia, The Manufacturer tiene ocasión diaria de ver a cien cubanos, algunos de ellos de historia heroica y cuerpo vigoroso, que viven de su trabajo en cómoda abundancia. En New York los cubanos son directores en bancos prominentes, comerciantes prósperos, corredores conocidos, empleados de notorios talentos, médicos con clientela del país, ingenieros de reputación universal, electricistas, periodistas, dueños de establecimientos, artesanos. El poeta del Niágara es un cubano, nuestro Heredia. Un cubano, Menocal, es jefe de los ingenieros del canal de Nicaragua. En Filadelfia mismo, como en New York, el primer premio de les Universidades he sido, más de una vez, de los cubanos. Y las mujeres de estos “perezosos”, “que no se saben valer”, de estos enemigos de “todo esfuerzo”, llegaron aquí recién venidas de une existencia suntuosa, en lo más crudo del invierno: sus maridos estaban en le guerra, arruinados, presos, muertos: la “señora” se puso a trabajar; la dueña de esclavos se convirtió en esclava; se sentó detrás de un mostrador; cantó en les iglesias; ribeteó ojales por cientos; cosiendo a jornal; rizó plumas de sombrerería; dio su corazón el deber; marchitó su cuerpo en el trebejo: ¡éste es el pueblo “deficiente en moral”!

Estamos “incapacitados por la naturaleza y la experiencia pero cumplir con las obligaciones de le ciudadanía de un país grande y libre”. Esto no puede decirse en justicia de un pueblo que posee junto con la energía que construyó el primer ferrocarril en los, dominios españoles y estableció contra un gobierno tiránico todos los recursos de le civilización- un conocimiento realmente notable del cuerpo político, una aptitud demostrada pare adaptarse a sus formas superiores, y el poder, raro en las tierras del trópico, de robustecer su pensamiento y podar su lenguaje. La pasión por la libertad, el estudio serio de sus mejores enseñanzas; el desenvolvimiento del carácter individual en el destierro y en su propio país, las lecciones de diez años de guerra y de sus consecuencias múltiples, y el ejercicio práctico de los deberes de la ciudadanía en los pueblos libres del mundo, han contribuido, a pesar de todos los antecedentes hostiles, a desarrollar en el cubano una aptitud pura el gobierno libre tan natural en él, que lo estableció, aun con exceso de prácticas, en medio de la guerra, luchó con sus mayores en el afán de ver respetadas las leyes de la libertad, y arrebató el sable, sin consideración ni miedo, de las menos de todos los pretendientes militares, por gloriosos que fuesen. Parece que hay en le mente cubana una dichosa facultad de unir el sentido a la pasión, y la moderación a la exuberancia. Desde principios del siglo se han venido consagrando nobles maestros a explicar con su palabra, y practicar en su vida, la abnegación y tolerancia inseparables de la libertad. Los que hace diez años ganaban por mérito singular los primeros puestos en las Universidades europeas, han sido saludados, al aparecer en el Parlamento español, como hombres de sobrio pensamiento y de oratoria poderosa. Los conocimientos políticos del cubano común se comparan sin desventaja con ras del ciudadano común de los Estados Unidos. La ausencia absoluta de intolerancia religiosa, el amor del hombre a la propiedad adquirida con el trabajo de sus manos, y la familiaridad en práctica y teoría con las leyes y procedimientos de la libertad, habituarán al cubano para reedificar su patria sobre las ruinas en que la recibirá de sus opresores. No es de esperar, para honra de la especie humana, que la nación que tuvo la libertad por cuna, y recibió durante tres siglos la mejor sangre de hombres libres, emplee el poder amasado de este modo para privar de su libertad a un vecino menos afortunado.

Acaba The Manufacturer diciendo “que nuestra falta de fuerza viril y de respeto propio está demostrada por la apatía con que nos hemos sometido durante tanto tiempo a la opresión española”, y “nuestras mismas tentativas de rebelión han sido tan infelizmente ineficaces, que apenas se levantan un poco de la dignidad de una farsa”. Nunca se ha desplegado ignorancia mayor de la historia y el carácter que en esta ligerísima aseveración. Es preciso recordar, para no contestarla con amargura, que más de un americano derramó su sangre a nuestro lado en una guerra que otro americano había de llamar “una farsa”. ¡Una farsa, la guerra que ha sido comparada por los observadores extranjeros a una epopeya, el alzamiento de todo un pueblo, el abandono voluntario de la riqueza, la abolición de la esclavitud en nuestro primer momento de la libertad, el incendio de nuestras ciudades con nuestras propias manos, la creación de pueblos y fábricas en los bosques vírgenes, el vestir a nuestras mujeres con los tejidos de los árboles, el tener a raya, en diez años de esa vida, a un adversario poderoso, que perdió doscientos mil hombres a manos de un pequeño ejército de patriotas, sin más ayuda que la naturaleza.! Nosotros no teníamos hessíanos, ni franceses, ni Lafayette o Steuben, ni rivalidades de rey que nos ayudaran: nosotros no teníamos más que un vecino que “extendió los límites de su poder y obró contra la voluntad del pueblo” para favorecer a los enemigos de aquellos que peleaban por la misma carta de libertad en que él fundó su independencia: nosotros caímos víctimas de las mismas pasiones que hubieran causado la caída de los Trece Estados, a no haberlos unido el éxito, mientras que a nosotros nos debilitó la demora, no demora causada por la cobardía, sino por nuestro horror a la sangre, que en los primeros meses de la lucha permitió al enemigo tomar ventaja irreparable, y por una confianza infantil en la ayuda cierta de los Estados Unidos :¡No han de vernos morir por la libertad a sus propias puertas sin alzar una mano o decir una palabra para dar un nuevo pueblo libre al mundo!” Extendieron “los límites de su poder en deferencia a España”.

No alzaron la mano. No dijeron la palabra.

La lucha no ha cesado. Los desterrados no quieren volver. La nueva generación es digna de sus padres. Centenares de hombres han muerto después de la guerra en el misterio de las prisiones. Sólo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad. Y es la verdad triste que nuestros esfuerzos se habrían, en toda probabilidad, renovado con éxito, a no haber sido, en algunos de nosotros, por la esperanza poco viril de los anexionistas, de obtener libertad sin pagarla a su precio, y por el temor justo de otros, de que nuestros muertos, nuestras memorias sagradas, nuestras ruinas empapadas en sangre, no vinieran a ser más que el abono del suelo para el crecimiento de una planta extranjera, o la ocasión de una burla para The Monutacturer de Filadelfia.

Soy de usted, señor Director, servidor atento.

JOSÉ MARTÍ

New York, 21 de marzo de 1889


[1] 16 de marzo de 1889

[2]Tras su intervención en Cuba en 1898 lo intentaron, pero “este pueblo bruto, vago y afeminado” se afirmó en su carácter y nacionalidad y aquí estamos.

[3] The Everning Post, 21 de marzo de 1889

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