Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Opinión

UNA OPINIÓN SOBRE EL CONGRESO OBRERO CUBANO


Le pido permiso a mi colega y amigo Ruslán para publicar íntegramente su entrada referida al Congreso de la CTC recién finalizado, solo habría que agregar, que tan interesante como la entrada son los comentarios a esta entrada en un Blog cubano, de cubanos. Pinche usted El Colimador, que es el nombre de este Blog Cubano y de Hoy:

“Uno de los lectores del blog – y no precisamente el que más aprecio – me retaba a que escribiera sobre el recientemente finalizado XX Congreso de la CTC, un tema que tenía en agenda y que, sin embargo, había postergado para poder organizar mejor las ideas y no dejar en mis letras una primera impresión que al final perdiese cualquier segunda oportunidad.

“Para empezar diré que, como trabajador humilde de nuestro país, no estoy satisfecho con el Congreso y sus resultados, pero tampoco esperaba otra cosa.

“Como era lógico las discusiones se centraron en tres problemáticas fundamentales que están íntimamente relacionadas: la cuestión salarial, el funcionamiento de los sindicatos y la pertinencia o no de permitir a los cuentapropistas la posibilidad de agruparse en sindicatos paralelos.

“La discusión en torno al salario terminó previsiblemente con la aceptación de la tesis oficial sobre la imposibilidad de elevar los ingresos de los trabajadores en un futuro próximo – salvo en el sector de la salud – para evitar una casi segura inflación. Es decir, una vez más, la anteposición de los intereses del Estado a los de la masa trabajadora, como si la luna de miel entre la macro y la microeconomía no hubiese terminado en Cuba hace más de veinte años.

“¿Cómo aceptar aquellos que vivimos de un salario que los que supuestamente debían defender nuestros intereses en un marco de oro se hayan limitado como escolares a escuchar y asentir en vez pelear y disentir?

“Que pobreza de delegados los del XX Congreso que ni siquiera pudieron discernir que el problema de Cuba no es el salario nominal que cobramos cada mes, sino la disminución cada vez más brutal del salario real, causada no sólo por la falta de productividad, como se aduce, sino también por la especulación y la mala administración de muchos tecnócratas que no viven del salario precisamente.

“¿Por qué no exigieron nuestros delegados la reducción del margen comercial a los productos de primera necesidad, en especial de los alimentos, en las tiendas recaudadoras de divisas si saben que estos arruinan a los más necesitados y sirven de vergonzoso patrón de medida a los costos en CUP?

“¿Por qué no protestaron contra la eliminación de los subsidios, que no fueron establecidos en Cuba por error como está de moda decir ahora, sino por justicia, y cuya paulatina desaparición ha ido haciendo descender el ingreso real de los trabajadores?

“Todo eso  genera falta de legitimidad, cuando lo que más necesita el movimiento sindical cubano es legitimarse ante la gente y demostrarle que puede defenderla y pelear por sus derechos como siempre hizo en Cuba la CTC, incluso en las condiciones más difíciles. Marchar alineado con la Revolución no significa estar de acuerdo en todo con lo que se dice y orienta desde arriba.

“Esa es la causa número 1 de que hoy los jóvenes y otros que ya no lo son tanto perciban el sindicato como una forma de pago,  ajena por completo a sus intereses, que sólo sirve para reunirse una vez al mes (cuanto más rápido mejor) y celebrar una o dos actividades al año, siempre con la venia de la administración; y por esa razón cada vez más trabajadores abandonan los sindicatos, algo que era impensable que sucediese hace algunos años; pero que hoy pasa por causas naturales y poco relacionadas con disentimientos políticos como algunos quieren hacer ver (nuestra sociedad es, desafortunadamente, cada vez menos política y más reggaetonera). Pero en el mar de apatía el resultado viene siendo más o menos el mismo: el trabajador se desclasa y termina como marioneta en manos de dueños y administradores (que no es lo mismo, pero en Cuba es casi lo mismo).

“Porque no debemos engañarnos más: Una buena parte de los cuentapropistas no son trabajadores, son DUEÑOS, EMPRESARIOS, CAPITALISTAS y PEQUEÑOS BURGUESES, por los que su inserción dentro de los sindicatos es totalmente antinatural y responde sólo al deseo de tapar el sol con un dedo y salvaguardar con artificios conceptuales verdades políticas de tiempos idos. No tiene ningún sentido que el dueño de una empresa pertenezca al sindicato en el que además militan sus empleados, una de las dos partes está sobrando.

“Tampoco hay lógica en lo que alguien  propuso en el XX Congreso de la CTC: que los “cuentapropistas” (odio la palabrita), tuviesen su propio sindicato aparte, ¡pues no todos son trabajadores! Los que tienen que estar sindicalizados, si así lo desean, son sus empleados, para que puedan defenderse de presentes y futuros abusos. Y es conveniente que lo estén en los sindicatos existentes, pues no hay necesidad alguna de reinventar la rueda. Lo que hay es que lograr que esos sindicatos funcionen.

“Es cierto que las condiciones de Cuba no son iguales a las de otras naciones, pero desde el Marxismo que aprehendí y desde mi muy humilde criterio sostengo, que las leyes que rigen el desarrollo de las sociedades son las mismas para todo el mundo y no se saltan Cubas y cuentapropistas por voluntad política y conceptos inventados.”

Tomado del Blog “El Colimador”, entrada 3/03/2014

Opinión, Política

EL AQUÍ Y EL AHORA


Cuando hace unos años escuché hablar del “Fin de la Historia”, me pareció tan disparatado el concepto que no lo entendí, como tampoco entendí la ofensiva que desde la “oficialidad” se le hizo en Cuba a este concepto que englobaba mucho más que la Historia como correlato de la vida humana.

Rotas muchas barreras y salidos de mi “adolescencia intelectual”, esa en la que mantuvieron a la sociedad cubana los que prometieron el “futuro luminoso”, fui comprendiendo la esencia ideológica de este fin de la historia que fue una manera de proclamar la eternidad del capitalismo, de la desigualdad humana, de las “diferencias por la fortuna”, de la prosperidad para una parte a costa del pan de las mayorías, del hegemonismo, del “vale todo con tal de ser ricos” y tantas y tantas aberraciones de la espiritualidad humana.

Lo doloroso fue que el socialismo cometió los mismos pecados, trató de defenderse realizando los mismos errores y jugando al mercado, mientras “al pueblo en el poder” se le daban “derechos” que debían agradecer eternamente sin chistar y comprando con ello una incondicionalidad tan aberrante como las anteriores, aunque tenga otra cara.

En Cuba nos mantenemos en un limbo político, por todo eso que ustedes conocen, imperialismo real como enemigo, estado burocrático y monolítico, como escudo y una hermosa estructura de poder, justa pero inoperante en medio de una precariedad creciente y un descubrir que además de pueblo amorfo, somos individualidad moldeables por quienes manejan muy bien los hilos de la ideología desde la derecha o desde la izquierda.

Peligrosamente envejecemos como nación y la juventud es la principal fuente de emigración, las mujeres no paren y la población disminuye, mientras que hemos descubierto que no somos un país rico, sino que fue una hipérbole más de nuestra idiosincrasia y más que cambiar tenemos que remedar los que tenemos, si queremos tener ¿patria?

Opinión, Política

SI DESHECHA EN MENUDOS PEDAZOS…


Como me duele esta imagen a mí, que soy hijo de un pueblo que nunca ha quemado una bandera…

Ignorantes y miserables, son las dos primeras palabras que vienen a mi mente cuando vi esa foto impactante, esos son los que quieren libertad y democracias, basándose en la intolerancia política, pobre Venezuela que generó esos monstruos.

Esa bandera aún bella aunque arda entre sus garras, tiene el mérito de no haber sido nunca mercenaria, que nunca hondeo como enemiga sobre ningún suelo y si hoy acompaña a los cubanos en misiones de paz y vida, es para recordar el orgullo de ser parte de una obra hermosa y sana.

Las hordas nazis comenzaron su cruzada quemando libros y terminaron haciendo un holocausto del cual el mundo aún se horroriza.

Qué vergüenza, que estos hijitos de papá quieran negar a su pueblo la oportunidad de crecer, que decidió darse a sí mismo. ¿Qué veremos mañana?

“¡Si deshecha en menudos pedazos

Llegue a ver mi bandera algún día

Nuestro muertos alzando los brazos

La sabrán defender todavía!”[1]


[1] Bonifacio Byrne, fragmento del poema “Mi Bandera”, que todos los cubanos conocemos.

Opinión, Política

MAYORÍA DE LOS ESTADOUNIDENSES APOYA LA NORMALIZACIÓN DE LAS RELACIONES CON CUBA


El Bloqueo Económico contra Cuba es una medida criminal que se ha convertido en el principal obstáculo para la sociedad cubana en su empeño de salir adelante con un proyecto más justo y equitativo de distribución de la riqueza y de justicia social. Es una medida POLÍTICA que busca  crear en Cuba un estado de malestar y frustración en contra de la Revolución, 54 de  aplicación parecen no ser suficientes. ¿Hasta cuándo?

La mayoría de los estadounidenses está a favor de cambiar la política de Washington hacia Cuba tras más de medio siglo de bloqueo hacia la isla, según una encuesta publicada hoy.

De acuerdo con el sondeo, elaborado por el centro de pensamiento bipartidista Atlantic Council, el 56 por ciento de los estadounidenses favorece un “cambio” en la política hacia la isla.

Más sorprendente aún es la postura de Florida, tradicional bastión extremista, pero donde la cifra de personas favorables a una “normalización de las relaciones” es mayor aún que la media nacional, con un 63 por ciento.

“Es hora de cambiar de rumbo, es hora de modernizar nuestra política hacia Cuba”, sostuvo el senador demócrata Patrick Leahy en la presentación del sondeo en Washington. La política del embargo “en vez de aislar a Cuba nos ha aislado a nosotros frente América Latina”, recordó.

En el mismo sentido se expresó el senador republicano Jeff Flake, quien destacó la importancia del dato sobre Florida de la encuesta.”A mí siempre me han dicho que el motivo de no cambiar la política es F-L-O-R-I-D-A”, dijo. Esta encuesta “elimina ese argumento”, afirmó.

(Con información de DPA)

Tomado de CUBADEBATE 12/2/2014

Opinión, Política

MARTÍ Y EL DIVERSIONISMO IDEOLÓGICO



Les traigo una joya del pensamiento cubano revolucionario, la Conferencia que sobre José Martí dictó el prestigioso Dr. José Antonio Portuondo[i], marxista y militante comunista desde los años republicanos que antecedieron a la Revolución Cubana, santiaguero, oriental de pura cepa y cubano radical que puso toda su saber al servicio de la Revolución.

El tema de esta conferencia fue “Martí y el diversionismo ideológico”, dictada en 1974, época marcada en la cultura cubana como “Quinquenio Gris” por la triste experiencia aplicada contra la intelectualidad cubana y la cacería de brujas desatada contra religiosos, homosexuales, librepensadores o simplemente aquel que no encuadrara dentro de los “parámetros” de un revolucionario, que era lo primero que un cubano de aquella época te decía que era, por definición.

Es una época, quiero pensar que superada, pero este digno cubano en sus reflexivas palabras sobre el pensamiento martiano nos da interesantes matices que acomoda  su principal tesis que mantiene vigencia: “la lucha ideológica conserva su validez y vigencia histórica”, pero no puede ser convertida en un instrumento de represión, acoto yo, luego fue parte de la famosa “Batalla de Ideas” convocada por Fidel hace casi dos décadas y que se convirtió en una consigna más en medio de la urgencia de mantener a la Revolución Cubana en el Poder.

Los dejo con estas palabras que arrojan luz y sombra sobre nuestro presente, disculpándome de entrada por lo extenso, pero me pareció que fragmentarla no daría el sentido que tiene:

Compañera Callita Araujo:
Compañera Melba Hernández:
Compañeras y compañeros todos:

Uno de los temas que se han barajado con más frecuencia últimamente, sobre todo a partir de un discurso alertador y orientador, al mismo tiempo, del compañero Raúl Castro, es el del diversionismo ideológico. La contrarrevolución, y sobre todo su motor fundamental, el imperialismo, han llegado al convencimiento, por lo menos así las circunstancias parecen indicarnos, de la futilidad de intentar un aplastamiento de la Revolución por medios violentos; se han dado cuenta de que la Revolución se consolida cada vez más y de que por la fuerza no será posible cambiar la situación existente en nuestro país.

Por otra parte, en el mundo entero se extiende, cada vez más la política de coexistencia pacífica, de distensión. Ahora bien, cuando ocurre este fenómeno de la coexistencia pacífica, de la distensión, es cuando el imperialismo echa mano de un arma más sutil y más peligrosa que es el diversionismo ideológico, es decir, intenta minar por dentro a los países socialistas. Este fenómeno no es nuevo, este fenómeno viene ocurriendo en la historia desde hace siglos y no ocurre solamente en la etapa de la revolución socialista, ha ocurrido siempre, es decir el intento de destruir ideológicamente los movimientos progresistas.

Naturalmente, a nosotros nos atañe esto que nos está pasando ahora y tenemos que fijar bien cuáles son esas posiciones y cuáles son las acciones diversionistas que realiza el imperialismo para tratar de socavar nuestra Revolución Socialista. Hay muchos aspectos de este diversionismo y no hay tiempo, en una sola charla para cubrirlos todos. Ahora estamos aprovechando esta circunstancia de las ]ornadas ‘Martianas para alertar a los compañeros acerca de la utilización de Martí como instrumento de este diversionismo pero, al mismo tiempo, señalar cómo hubo también una forma de diversionismo en relación con Martí, ya no utilizándolo como instrumento, sino como víctima de ese diversionismo.

Desde que Martí vivía hubo ya una labor diversionista que intentaba falsificar la Doctrina Martiana v la posición de Martí como libertador, pero entonces estaba él para responder y, por lo tanto, la posición y la actitud de los Enrique Trujillo y de toda la gente que, aun siendo partidarios de la independencia, combatían la posición prominente y los métodos de Martí en la dirección de la Revolución, era fácilmente derrotable, porque Martí estaba vivo y podía responder a esos ataques, pero cuando Martí murió ya entonces no era él el que iba a defender su vida y sus obras.

Al principio fue un ataque frontal a Martí y así, por ejemplo, en 1901, cuando se estaba celebrando la Asamblea Constituyente y ya Cuba había sido separada de España, la madre de Martí, Leonor Pérez, que siempre había sido muy pobre, estaba viviendo en casa alquilada y se suponía que moriría en techo ajeno y, se pensó que, por lo menos, se podría, en memoria de su hijo, comprarle una casa propia en donde ella no tuviera que sufrir los apremios del alquiler. Con ese objeto se hizo una colecta popular, y un día, una de las personas que realizaban esta colecta se dirigió al Teatro Martí, donde se estaban celebrando las sesiones de la Asamblea Constituyente, pensando que, lógicamente, los constituyentes podrían y querrían contribuir a la colecta. En efecto, todos los constituyentes contribuyeron pero hubo un delegado, de procedencia autonomista. que no solamente se negó a contribuir, lo cual pudiera haberse atribuido a que el señor tenía un codo un poco recio, sino que razonó su negativa y dijo: “yo no contribuyo porque Martí es el hombre más funesto que ha dado Cuba” Claro, esta afirmación produjo un escándalo y Enrique Villuendas, uno de los más jóvenes constituyentes, inmediatamente, en la sesión siguiente a este suceso. planteó que había que expulsar del seno de la Constituyente a un hombre que se expresaba en esa forma de Martí; si ellos estaban elaborando el documento constitucional básico de la República por la cual había muerto Martí. ¿cómo era posible que figurara. entre los constituyentes un hombre que pensaba así? La cosa se, debatió y se llegó a la conclusión de que no cabía la expulsión, porque aquel señor se había expresado fuera de las sesiones, como un particular que rehusaba contribuir a una colecta pública, y que se podía disentir de su manera de pensar, pero no había razón ninguna para privarlo de su carácter de constituyente, etc., etc., etc . .. Y el hombre siguió siendo constituyente. Esto les da a ustedes la medida, por una parte, de cómo andaba la cosa en la Cuba mediatizada, en la Cuba neocolonial, cuando ya, en el instante mismo, que está elaborándose su constitución, se puede decir esta cosa despectiva de Martí, pero por otra parte, la expresión fue tan brutal que la reacción provocada paró un poco el ataque frontal a Martí, y la gente que pensaba de aquella manera prefirió callarse por el momento.

Entonces se adoptó un procedimiento diversionista que era mucho más peligroso. Es lo que yo he llamado “el culto de la estatua”, es decir, Martí dejó de ser una persona viva, fue convertido en una estatua. Todo el mundo le rendía culto, lo elogiaba, lo exaltaba pero era un personaje de mármol o de bronce que no tenía vigencia en nuestros días, que ya estaba petrificado, no tenía nada que ver con nosotros. Y de esta manera no se negaba a Martí, pero, al mismo tiempo, se le situaba en un pedestal por encima de los problemas cotidianos y Martí era, había sido, y se acabó. “Martí no debió de morir”, bueno, pero se murió, se acabó, ya no hay nada que hacer.

Esa era la actitud de aquel momento, que luego se fue agravando con la posición típicamente diversionista que se resume en el título del libro de un hombre muy bien intencionado. buena persona. pero que sufría la influencia de su tiempo, Luis Rodríguez Embil. El Santo de América. Estaba posiblemente inspirado en un libro del argentino Ricardo Rojas que titulara su biografía del libertador San Martín, El Santo de la Espada, y no precisamente porque el apellido fuera San Martín, sino porque su biógrafo lo situaba por encima del común de los argentinos de su tiempo y lo beatificaba, era un santo. Con Martí se siguió el mismo procedimiento: Martí era un santo y todo el que se sentía simple mortal, mero hombre pecador común, no tenía nada que hacer con el santo: se le rezaba un poquito, otro poquito de incienso, dos velitas y ya está, a hacer cada uno lo que le dé la gana…

Y éste era el Martí, de aquella etapa diversionista del culto de la estatua.: se hacía su panegírico a su propia costa, es decir, utilizando párrafos de su discurso sobre Bolívar, por ejemplo, se le saqueaba descaradamente, pero nadie pretendía que Martí fuera un contemporáneo, un hombre vigente; no, de ninguna manera, era un “santo”, estaba en un más allá muy por encima de los hombres mortales y los hombres mortales podían seguir haciendo lo que les diera la gana en la república mediatizada, entregada al saqueo de propios y extraños. Era un modo de no negar a Martí, de reconocer sus doctrinas, de repetir de memoria las frases de almanaque que se recogían de sus obras completas, pero nadie pretendía que esas frases, la doctrina de Martí, tuviera vigencia. Era lo que ocurre con todos los libros santos: algo que se repite de memoria, en un rezo mecánico, pero que a nadie se le ocurre poner en práctica. De manera que se trataba de una típica actitud diversionista: partir de una realidad, de una verdad, de algo que se acepta y que no puede negarse, pero desviarla en su sentido, cambiarla de dirección y, sobre todo, no darle vigencia, no aprovecharla, traicionarla. Y “santo” fue también en manos de otro martiano que realizó una labor muy amplia de rescate de materiales de Martí, que se pasó la vida en ese empeño, pero con un concepto también equivocado de la vigencia martiana. Félix Lizaso tituló su biografía significativamente, Martí, Místico del Deber. No era posible imitar a este hombre que trascendía la medida habitual, era un místico, era un hombre que iba más allá del hombre común … Y todo esto nos va sustrayendo a Martí, no los va convirtiendo en una figura ideal y no en un ser humano.

Después vino el otro extremo, la “humanización”, la falsa humanización de Martí, que tuvo también impulsos exteriores. Por allá por los años 20 y 30 de nuestro siglo se difundieron mucho por todos los países las biografías escritas por una serie de escritores europeos, muy brillantes: André Maurois, Stefan Zweig, Emil Ludwig, el más sencillo también el más popular. , Todos ellos arrancaban de la influencia enorme que había ejercido el psicoanálisis y, además, del planteamiento un tanto erróneo de que todos los grandes hombres eran en el fondo hombres comunes, hombres de carne y hueso, un hombre como otro cualquiera. Esto es y no es verdad. Claro, los grandes hombres, los héroes, los apóstoles, todas estas grandes figuras, son hombres de carne y hueso, son hombres hechos no solamente de virtudes, sino también de pequeñeces. Se pretendía con eso que todo hombre se sintiera capaz de igualarlos, pero el procedimiento era falso porque además el planteamiento es básicamente falso. El grande hombre no es un hombre como otro hombre cualquiera. Los mexicanos tienen un refrán, un poquito brutal, si se quiere, como son las expresiones populares, pero de una sabiduría extraordinaria: ese refrán dice que todos estamos hechos del mismo barro, pero que no es lo mismo bacín que jarro”. Y efectivamente, ese es el problema: sí, todos estamos hecho del mismo barro, pero ¿qué destino se le da a ese barro? ¿cuál es la función de ese barro? Esto ya separa el bacín del jarro, y lo mismo ocurre con los hombres. Es decir, sí, efectivamente, todos somos hombres de carne y hueso, pero algunos de esos hombres han puesto su carne y su hueso al servicio de causas que los levantan por encima de los demás hombres y eso es ya una cosa muy distinta. No se hace la biografía de un hombre porque sea un hombre común, porque a nadie se le ocurre hacer la biografía de su vecino, tan simpático, que se puede pasar un rato agradabilísimo con él y hasta jugar al dominó con él todas las noches. Pero nadie escribe la biografía de Cheo, tan simpático, el bárbaro del doble nueve . . .. No, la biografía se escribe de un señor que además de ser un hombre muy simpático, y aunque no lo sea, es capaz, en cambio de hacer grandes cosas en beneficio de la humanidad.

Esta falsa concepción se complicó con la aplicación superficial de la teoría freudiana: si se quería conocer a un hombre había que determinar en él su cifra sexual, había que estudiar su vida amorosa, y entonces comenzó a hacerse la biografía de todos los grandes hombres, no preocupándose fundamentalmente por aquello que los había hecho grande, sino por lo que condicionaba su vida sexual. Recuérdese el éxito extraordinario que tuvo, por ejemplo, la biografía de Byron, de Maurois, porque hacía hincapié en el amor incestuoso de Byron por su hermana. Empezó toda una afluencia tremenda de biografías que hacían hincapié en la vida sexual del biografiado. Bien, cuando eso lo hace un hombre del talento y de la gracia de André Maurois, puede pasar pero, al mismo tiempo, es muy peligroso. Esas biografías a la manera de Maurois, sobre todo un poco menos a la de Zweig y mucho al modo de Ludwig contagiaron a los escritores de lengua española y en España la Editorial EspasaCalpe publicó toda una colección de biografías de españoles e hispanoamericanos famosos del siglo XIX. En esa colección apareció la biografía que, hasta ahora, es estéticamente la mejor biografía de Martí, pero al mismo al tiempo peligrosisima, falaz y que tuvo una larga y deformada descendencia: Martí el Apóstol, de Jorge Mañach. Esta es una atractiva pintura de Martí, desde el punto de vista literario, pero si ustedes recuerdan esta biografía varias veces reeditada, incluso por nuestra Revolución, se darán cuenta de que, siguiendo la onda de aquel momento, para decirlo lo más científicamente posible, Mañach dedica las tres cuartas partes de su libro a la vida amorosa de Martí y al final, apretadita, está la vida de creación política que es lo que justifica una biografía del Apóstol Porque al cabo de leer las tres cuartas partes iniciales del libro, uno se da cuenta, cuando razona sobre ello, de que ahí no hay motivos para escribir una biografía: Martí no era un Casanova, ni un Don Juan; la vida amorosa de Martí es una vida bastante vulgar, corriente y limitada no tiene absolutamente ninguna complicación. Martí habla de que cuando vivió en España, como estudiante, tuvo una novia en Zaragoza, que ni siquiera nombra, pero; ¿qué estudiante no ha tenido una novia que después se perdió en el olvido? Todo esto es normal y hasta vulgar. Después marcha a México y cuando llega a México tiene una gran pasión por una mujer extraordinaria, Rosario de la Peña, a la que todo el mundo conocía por Rosario “la de Acuña” porque por amor a ella se había matado el poeta Manuel Acuña. Rosario de la Peña debió ser una mujer extraordinaria porque, a no ser que todos sus retratos fueran hechos por enemigos mortales suyos, era muy fea pero, en cambio, era una mujer de enorme atractivo que fue la musa del grupo literario de la Reforma; se enamoró de ella mucha gente, entre ellos Ignacio Ramírez, el Nigromante, que le llevaba un montón de años, y Martí, que acababa de llegar con veintidós, que era varias veces más joven que ella. Rosario con muy buen sentido planchó a los dos, y entonces Martí le escribió unas cartas llenas de pasión, en donde dice cosas bellísimas pero, en definitiva, es el amor casi adolescente de este poeta apasionado, y no pasa nada más.

Tuvo posiblemente un flirt con la actriz Concha Padilla, pero también fue una cosa muy ligera de un escritor brillante, dramaturgo, con una actriz; esto no tiene nada de particular. En México se enamora de quien será su esposa, Carmen Zayas Bazán. Antes de casarse con Carmen, ya comprometido con ella, tiene que ir a Guatemala porque Porfirio Díaz ha entrado en México. Llega a Guatemala y allí conoce a María García Granados, una niña de 17 años Martí tiene ya 24 y aquella muchacha siente por este profesor brillante, este orador estupendo, una gran atracción, se enamora de él, pero no pasa de ahí. Si Martí no hubiera, escrito los versos de “la niña de Guatemala” ni siquiera nos hubiéramos enterado de que existió algún día, en Guatemala María García Granados. María García Granados murió de tuberculosis. Martí idealiza su recuerdo y, en una forma muy poética, habla de la muchacha que murió de amor. Al cabo de los años, fracasado su matrimonio, la evoca románticamente. Martí se casará con Carmen Zayas Bazán, será infeliz su matrimonio por incomprensión de su esposa que lo abandona y se lleva su hijo a Cuba y él, se queda solo en New York, donde tiene una amante. La cosa más natural y normal en un hambre que al ver su hogar deshecho encuentra en Carmen Míyares de Mantilla a una mujer comprensiva, a una mujer un tanto maternal, que es el tipo de mujer que indudablemente le agradaba a Martí y que es su compañera, que es su verdadera esposa.

Esa es toda la vida amorosa de Martí; con eso no se hace la biografía de nadie, cualquier “chucherito” de barrio tiene un record más amplio que el de Martí y a nadie se le ocurre hacer la biografía de un chucherito de barrio, Sin embargo, con Mañach se empezó a hacer la biografía amorosa de Martí y esta biog dio lugar a que se pensara que Martí era realmente un personaje con una vida amorosa extraordinaria. Las consecuencias no se hicieron esperar. Fulgor de Martí, de Mauricio Magdaleno es un libro en donde se hace énfasis en la vida amorosa de Martí. Y las consecuencias fueron también tremendas con ese modo sutil de difusión de las ideas que no se pueden achacar a una persona concreta, pero que van regándose como una mancha que se difunde y pretende opacar una gran existencia. Cuando el Centenario de Martí, Emilio Roig de Leuchsenring organizó una exposición de fotos y documentos de Martí en lo que era entonces el Museo del Historiador de la Ciudad en la Plaza de la Catedral, y en ella había un panel de “mujeres en la vida de Martí”. En ese panel estaban la madre, las hermanas, su esposa y luego aquellas otras mujeres que, en alguna forma, habían significado algo en la vida de Martí: María García Granados, Carmen Miyares de Mantilla, María Mantilla. Un día, uno de los empleados encargados de la vigilancia de la exposición le contó a Emilio Roig cómo había escuchado, en un grupo de muchachitas estudiantes que estaban visitando la exposición, a una de las mayorcitas, que le decía a una compañera: “oye, chica, !la verdad es que este Martí era un villanazo. Ahora bien, en aquel panel no había absolutamente nada que justificara la brutal calificación de villanazo y, sin embargo, tal era la impresión que en las mentes adolescentes había sembrado la bella y falaz, la diversionista biografía escrita por Mañach.

Esta preocupación por el Martí amoroso seguía inquietando a los más serios martianos y en una oportunidad, en los días en que Juan Marinello andaba por Santiago de Cuba haciendo esfuerzos por sacar los periódicos del Partido, en la época de La Palabra, un día el grupo de los compañeros que lo acompañábamos en esa faena, nos sentamos a almorzar con un hombre que había convivido con Martí, el capitán Alberto Plochet, y Marinello le preguntó: “Plochet, usted que convivió con Marti y ya que se habla tanto del Martí amoroso, ¿cómo era Martí, en realidad, en este aspecto?” Entonces Plochet le contestó con una frase sabrosamente criolla, muy descriptiva; le dijo: “Bueno, él era enamorado, pero poco caminador”. Es estupenda la frase que nos muestra a Martí en el punto opuesto del Don Juan, Es decir, era un hombre que admiraba a las mujeres, que se sentía atraído por ellas, se enamoraba de ellas, pero no era un “fajador”, no era un conquistador, no era un “caminador”. Era exactamente el tipo opuesto del Don Juan y, desde luego, distaba kilómetros del “villanazo”, era todo lo contrario.

Así se había falsificado la estampa de Martí y les advierto que esta falsificación se ha seguido haciendo muy sutilmente, no en alta voz, nadie se ha atrevido a hacerla en alta voz, pero sí en voz baja, cuando se ha pretendido presentar a Martí como un aficionado a la bebida y alguna gente habla irrespetuosamente de “Pepe ginebrita” y de cosas por el estilo. Eso es cobarde y canallesco, porque no hay absolutamente ninguna referencia que pueda utilizarse en el sentido de que a Martí le gustaba embriagarse. Si hubiera algo de este tipo, hubiera trascendido de alguna manera, en las gentes que le conocieron, en las mismas expresiones de Martí, en las que jamás aparece una cosa de este tipo, a menos que haya alguien que crea que el famoso vino agrio de plátano es capaz de embriagar a cualquiera. Todo el mundo conoce la condición de conquistador, no solamente militar, que tuvo Bolívar, y mucho más todavía esa figura espléndida que está esperando también una gran biografía, que es Francisco de Miranda, el hombre que llegó a ser amante de Catalina la Grande de Rusia; todo el mundo sabe que Rubén Dario, el más grande de los poetas del modernismo, era un dipsómano, pero nada de esto se sabe con relación a Martí. Sin embargo, como no se sabe, como no puede deducirse ni siquiera el nombre de una bebida favorita ni de una cosa así, pues entonces se inventa, se deja sutilmente deslizarse la insinuación, para ir poco a poco rebajando del pedestal al grande hombre.

Pero esto todavía es menos peligroso que la otra forma de diversionismo que es ponernos por delante la vida de un Martí, tal vez “demasiado humano” y sustraernos al otro Martí al político al ideólogo, al revolucionario. En el caso de la biografía de Mañach eso es evidente. En una oportunidad, refiriéndose a todos estos retratos infieles de José Marti yo tengo un artículo titulado así, Retratos infieles de José Martí ¨, en la Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí’” (No. 1, 1968, p. 5-14) y en él reproduzco la carta de Mañach a la que voy a referirme aquí-, yo había publicado un artículo sobre estas falsificaciones de Martí y sostenía que la biografía de Mañach había contribuido a crear esta atmósfera, aunque yo pensaba que ello no había sido deliberado, que Mañach habla dedicado una menor porción de su libro a la vida política de Martí apremiado por las circunstancias: la biografía había aparecido, en Madrid, en 1933, es decir en plena lucha contra Machado, cuando esta lucha era más dura. Mañach, en aquel momento, era una de las figuras principales de la célula directriz del ABC, por lo tanto, él no tuvo tiempo en ese instante, ni sosiego, para poder completar una biografía que empezó varios años antes y que le permitió detenerse morosa y amorosamente en la vida doméstica de Martí, y, apremiado por aquellas circunstancias, macheteó” la biografía en esa forma. Mañach tenia arranques, a veces, que uno no sabía a qué atribuirlos, si a franqueza, a ingenuidad o a cinismo, y me escribió una carta en donde me decía:

“Dice verdades como puños. Estoy enteramente de acuerdo con Ud. ea cuanto a ese “falseamiento de Martí”, aunque se haya Ud. dejado fuera un aspecto avieso de la mismo la desfiguración, ya no por simplismo o por simplicidad, sino por política y hasta por sectarismo religioso, que en algunas zonas se está haciendo.

“Su generoso juicio sobre mi libro me complace mucho. También tiene Ud. razón en el principal reparo que le pone -lo de la precipitación hacia el final. Si bien es cierto que las circunstancias revolucionarias en parte lo motivaron, como Ud. supone sagazmente, debo confesarle que también ello se debió a que me había excedido mucho del límite de páginas que la editorial me señaló, y preferi cortar por la ya más consabido”.

Esto es un ejemplo patente de diversionismo ideológico, Un hombre del talento indiscutible de Jorge Mañach, can su conocimiento de la obra y de la vida de Martí, sabía demasiado bien que esta etapa última, la más discutida de la existencia del Apóstol, era precisamente la que hacía falta aclarar y exponer a los lectores cubanos, españoles e hispanoamericanos. Pero exponer esa parte de la vida de Martí era comprometerse con ella, era decir si Martí tenía o no razón en su posición abierta y francamente antimperialista; había que decir muchas cosas en relación con la vigencia contemporánea de sus ideas, y Mañach prefirió simplemente mencionar lo ocurrido y eludir lo fundamental del problema. Esto es exactamente diversionismo y este diversionismo será utilizado por otros después.

Afortunadamente el rescate de Martí se había iniciado hacia los años 20. Es el momento en que los intelectuales cubanos van a adoptar una posición frontal, militante, en la vida política del país, porque, como todos ustedes saben, los primeros años de la República fueron unos años de entrega completa al nuevo amo, y un grupo de cubanos sinceros, de patriotas sinceros, se apartaron de lo que fue la vida política del país, que no era más que la administración de los intereses norteamericanos y, con un sentido, tal vez, un poco equivocado, prefirió retraerse de la faena política se decía “politiquería” entonces, no pertenecer a los partidos y cosas así. Hubo excepciones, de gente con visión más aguda que se dio cuenta de que si se abandonaban los instrumentos de la vida política a los elementos negativos, éstos iban a hacer lo que quisieran de la nación. Hombres como Varona, como Sanguily, como Juan Gualberto Gómez se metieron de lleno en la vida política, lo cual les valió que muchos los denigraran, los faltaran el respeto, pero ellos, por lo menos, pusieron de su parte cuanto pudieron por conservarnos la tierra, la dignidad nacional, por oponerse a la entrega vergonzosa al extranjero. No lo lograron totalmente, pero lucharon por ello. Hubo luego una generación posterior que nació después de la guerra de Independencia, o, por lo menos, con edad insuficiente para haber participado en ella, que se mantuvo al margen de la existencia política, pero estas hombres tenían una gran preocupación por los problemas cubanos, fueron los que crearon la revista Cuba Contemporánea. Pero Cuba Contemporánea era una revista que miraba demasiado desde arriba los problemas, era la expresión de una élite inteligente, capaz de enfrentar teórica e intelectualmente los grandes problemas colectivos, pero que no veía soluciones porque estaba apartada de la realidad inmediata. Había allí hombres, entre los más jóvenes, que se desesperaban par querer mezclarse en la transformación del país, pero también un poco desde afuera y que tuvieron posiciones un poco más avanzadas, como fue el caso de José Antonio Ramos, pero era una actitud desesperada, sin encontrar la solución. En los años 20, sobre todo a partir de 1923, la situación va cambiando y los hombres, los escritores jóvenes, van a enfrentar militantemente las cosas. Va a ser el año en que se produzcan dos acontecimientos significativos: la Reforma Universitaria, iniciada por julio Antonio Mella, y la Protesta de los 13, encabezada por Rubén Martínez Villena.

En la Reforma Universitaria se sabe demasiado bien cómo Mella se dio cuenta de que no era posible lograr una auténtica reforma de la Universidad si antes no se reformaba la sociedad que sostenía a la Universidad y, por lo tanto, sacó de sus muros el saber universitario, creando la Universidad Popular José Martí y, además, se unió a las luchas de los trabajadores cubanos y dos años después, en 1925, fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba.

Rubén, por su parte, se enfrentó al desgobierno de Zayas en la Protesta de los Trece y arrastró a un grupo de escritores y de artistas que fundaron el Movimiento Minorista. Este movimiento, que tenía ya el concepto de una minoría que luchaba por la mayoría, pero que era un movimiento un tanto externo a esas mayorías. Rubén, en ese momento, no ve, como Mella, que el problema está en unirse a las mayorías, sino piensa todavía que hay una minoría conductora que puede llevar a las gentes adelante. Esa actitud durará poco, y Rubén enseguida se unirá al movimiento mayoritario de masas, al movimiento integrada por la clase obrera y por elementos progresistas de los intelectuales y de la pequeña burguesía que constituyó el Partido Comunista, y él mismo se unirá al Partido. Pero, por lo pronto, él es el que inicia el Minorismo. Estos hombres, unos y otros empiezan ya el rescate de Martí.

Existe un artículo de Mella, “Glosando los pensamientos de Martí” en el cual dice cómo él quisiera, algún día, escribir un libro en donde se rescate a Martí, se vea su tremenda actualidad, se le haga vivir de nuevo entre nosotros. Esta fue la faena que emprendió el Grupo Minorista. Hay que decir que uno de los iniciadores de esta revaloración de Martí, de este rescate de Martí, no era cubano, fue un español y la inició en España, ese hombre fue Manuel Isidro Méndez. Manuel Isidro Méndez comenzó por publicar una biografía de Martí en una colección mucho más popular que la anteriormente mencionada, en que aparecería después el libro de Mañach, y en ella Méndez publicó una breve biografía de Martí en la cual les dijo a los españoles quién era en realidad José Martí. Méndez luego viene a vivir a Cuba. Aquí hizo una labor extraordinaria, tuvo él mismo una vida recta, martiana, y aquí murió el año pasado. Estaba preparando la segunda edición de su biografía grande de Martí que el Instituto del Libro publicará próximamente. Este ejemplo de Manuel Isidro Méndez es estimulante, porque manifiesta cómo Martí ha sido un hombre admirado por grandes figuras españolas. Todo el mundo sabe las cosas que dijo de Martí Don Fernando de los Ríos, las que dijo Unamuno y entre nosotros convive un español que es uno de los hombres que conoce mejor a Martí, que ha escrito las cosas más acertadas sobre La Edad de Oro, que es Herminio Almendros, un martiano estupendo que colabora con la Revolución y es un hombre que conoce profundamente la producción de Martí. Lo cierto es que, a partir de esos años 20, comienza la revalorización de Martí y de este grupo minorista van a salir cosas por Jorge Mañach, por Félix Lizaso, pero luego estas gentes contribuirán al diversionismo ideológico de Martí. Pero habrá también hombres que servirán a la justa divulgación martiana y, sobre todo, contribuirán a señalar la vigencia de José Martí. Hombres, por ejemplo, como Juan Marinello que todavía ahora, al cumplir sus 75 años, nos acaba de dar la antología Poesía Mayor, que es la mejor colección de los versos de Martí que se ha hecho hasta ahora, con un prólogo agudísimo y notas a cada libro de versos y a los mismos versos, de gran calidad científica y estética. Además de eso, en plena lucha contra Batista, teniendo que estar escondido, sufriendo de un mal de la vista que le obligó a operarse después que terminó fa lucha, Marinello elaboró uno de sus libros capitales para conocer la obra y el pensamiento de Martí: José Martí, Escritor Americano. No pudo publicarse en Cuba entonces, se publicó, en 1958, en México y luego, a! triunfar la Revolución, se hizo la edición cubana. Ahí está también la obra divulgadora y excitadora al rescate de Martí y a la utilización del Martí contemporáneo, que realizó durante toda su vida Emilio Roig de Leuchsenring. Emilito fue el más constante divulgador del Martí antimperialista, del Martí anticolonialista, del Martí anticlerical, es decir, de algunas de las facetas más combativas de Martí.

Esta fue la gente que siguió la línea trazada por Mella. Pero, Martí resultaba un plato demasiado fuerte para la gente reaccionaria y entonces se emprendió una labor de diversionismo. utilizando a Martí como instrumento y se dijo: !Bueno, sí, efectivamente, no se puede negar, Martí es una gran figura, eso no se puede negar. Pero, en cambio, hay exageraciones. ¿Martí antimperialista? desde luego no se puede negar, está su carta a. Manuel Mercado, están sus artículos extraordinarios señalando al imperialismo con una agudeza que se adelanta a, los planteamientos de Lenin en varios años; en fin, eso no se puede negar, pero, por otra parte, dicen Martí es, sobre todo, el gran puente que une las dos porciones del continente. Martí une ese mismo “Norte revuelto y brutal” con el Sur, Ahí están, como prueba, todos sus artículos donde pinta la civilización norteamericana. Y ésta es la actitud típica de los diversionistas: partir de una verdad y deformarla. Desde luego, Martí escribió muchísimo sobre los aspectos positivos de la cultura norteamericana que existe y que no puede negar cualquiera, que tenga ojos en la cara y haya leído los artículos de Martí. Pero, ¿qué es lo que Marti hizo en aquellas oportunidades?

En primer lugar conviene decir lo siguiente: cuando Martí se convierte, en 1881, en corresponsal de periódicos sudamericanos, al primer periódico al cual él sirve, que es La Opinión Nacional. de Caracas, empieza a enviar artículos sobre los EE. UU. y sobre problemas mundiales, en uno de los cuales comenta conflictos contemporáneos con el Vaticano y el Papa. El director de La Unión Nacional, Fausto Teodoro de Aldrey, le escribe una carta diciéndole a Martí, poco más o menos, no son éstas exactamente las palabras: Sus artículos son siempre muy brillantes, pero, en general, usted nos pinta a los EE. UU. nada más que en sus aspectos negativos; además, se mete can el Papa; aquí nosotros tenemos anuncios de firmas americanas y, por otra parte, tenemos también muchos suscriptores católicos. ¿No podría usted decir algo a favor d° los americanos y algo también a favor de la Iglesia?” Martí respondió -tampoco son exactamente sus palabras: “bien yo voy a hablar de lo positivo, pero al mismo tiempo tengo que hablar también de 1o negativo, porque hay que tener informados a nuestros pueblos de la realidad de los EE. UU. ¨ Esto se va a repetir, casi al carbón, pocos meses después, cuando Martí comienza a actuar como corresponsal de La Nación de Buenos Aires. Bartolomé Mitre y Vedia, hijo del prócer argentino, que es el director del periódico, le escribe a Martí en forma análoga a Fausto Teodoro de Aldrey. Hay que tener en cuenta que en la Argentina, a partir sobre todo de Sarmiento, había una yancofilia extraordinaria. Sarmiento era un enamorado de los EE. UU., él mismo se decía discípulo de Horace Mann, el gran educador norteamericano y había intentado llevar las ideas de Mann a la Argentina; incluso como Presidente de la República, trató de hacer en la Argentina lo mismo que habían hecho los norteamericanos en su lucha contra los indios, es decir aquella famosa expansión de la frontera a casta de los territorios indios. Pero eso fue peculiar de todo el grupo de los llamados Fundadores: Sarmiento, Mitre, Roca, Avellaneda. El hijo de Mitre, yancófila también, le dice a Martí que no ataque a los EE. UU. y Martí le responde como a Fausto Teodoro de Aldrey, que tratará de lo positivo, pero que hay que alertar a nuestros pueblos para no dejar que los engañen,

Cuando uno revisa las famosas “escenas norteamericanas” se encuentra en ellas muchas cesas de que ahora se sirven los diversionistas para mostrar un Martí que elogia a los americanos. Un profesor que muchos de ustedes habrán conocido, que era además, una persona extraordinariamente culta, sumamente agradable, de quien, en lo personal, tengo los mejores recuerdos y que dominaba el inglés espléndidamente, como el español, el Dr. Luis Baralt, catedrático que fuera de la Universidad de La Habana, publicó en los EE.UU. adonde se fue cuando el triunfo de la Revolución, una antología integrada por artículos de Martí favorables a los EE.UU., con un prólogo en el que aspira a demostrar que Martí también supo descubrir las cosas positivas de los EE.UU. Naturalmente, además de que pudiera haberse reprochado al Dr. Baralt el que no incluyera en este libro los artículos de Martí ‘ denunciando al imperialismo, se le podía haber llamado la atención sobre cómo estos artículos que Martí escribe, en los que hizo elogios positivos sobre las grandes figuras de la cultura norteamericana no desmiente su posición antimperialista. sino que la reafirma porque, cuando Martí escribe sobre Whitman, sobre Emcrson, sobre Mark Twain, sobre Bronson Alcott o sobre Whittier lo que destaca Martí en todos ellos son los aspectos en que estos hombres fueron francamente disidentes de la ideología del american way of life, es decir, se muestran contrarios en absoluto a las características ideológicas del imperialismo. Todas estas gentes estuvieron enfrentadas a la desnaturalización de la vieja tradición democrática norteamericana.

En un librito que publiqué en los días del Centenario, sobre la crítica literaria de Martí, pude hacer un paralelo entre el trabajo de Martí sobre Walt Whitman, que es uno de sus grandes ensayos, con otro ensayo anterior al de Martí de un crítico norteamericano sobre Whitman, un crítico muy autorizado en su tiempo. Edmund Clarence Stedman que, tal vez por casualidad, era corredor de bolsa, y este crítico hace un análisis de la obra de Whitman y señala como negativo exactamente todo lo que Martí señala como positivo, es decir aquellas cosas que Martí señala en Whitman como el poeta de la democracia, el poeta que exalta al hombre del pueblo, que canta a los boteros, a los carreros, a los leñadores, con un lenguaje que a veces puede parecer brutal. Todo eso Stedman lo señala como negativo y como lo que no quedará de Whitman, y Martí, en cambio, lo señala como lo positivo, lo que perdurará; es la opinión del revolucionario contrapuesta a la del corredor de bolsa, es decir, la posición del antimperialista, frente a un servidor del imperialismo. Lo mismo ocurre cuando Martí hace el análisis de Un yanqui en la Corte del Rey Arturo de Mark Twain. Para los críticos norteamericanos coetáneos, este libro no era más que una bufonada más de Mark Twain, para que la gente se riera, un libro muy divertido, no pasaba de ahí. Martí, en cambio, analiza el libro y demuestra cómo, bajo la apariencia de aquella farsa del yanqui que cae, de pronto, en la corte medieval del Rey Arturo y sus Caballeros de la Tabla Redonda, lo que el gran humorista está haciendo es una critica del modo de vida norteamericano. Y cuando exalta a Bronson Alcott, el filósofo trascendentalista que tuvo que abrir su escuela de Filosofía en el granero de su propia granja porque no había facultad en la Universidad de Harvard, que estaba a pocos kilómetros que le abriera sus puertas o cuando se refiere a Thoreau, que se fue a vivir al bosque para no pagar contribuciones a un gobierno que mantenía la esclavitud o escribe sobre Webster que se opuso a la guerra imperialista contra México, es decir, que cuando Martí señala las cosas indudablemente positivas y grandes de la cultura norteamericana no está haciendo una propaganda de la Norteamérica rapaz que agrede a nuestros pueblos, sino que exalta a los hombres que en los EE.UU. se opusieron a ello.

Luego ha habido otros procedimientos diversionistas. Cuando la Revolución reclama a Martí como a su maestro inspirador, a partir de la frase de Fidel de que “Martí es el autor intelectual del asalto al Moncada” y, además, cada vez que la Revolución da un paso positivo, inmediatamente invoca a Martí, y todos los ideólogos de la Revolución, los formuladores del pensamiento revolucionario cubano invocan a Martí como su gran inspirador, entonces los diversionistas objetan: “eso no puede ser, porque la revolución se dice que es materialista, es marxista, y Martí era espiritualista, de manera que es incompatible con el materialismo marxista”. Y es cierto que Martí era espiritualista, Martí nunca lo negó; es más, Martí peleó frente al “materialismo” en más de una ocasión: en 1875, recién llegado a México se produce en el Liceo Hidalgo una gran polémica a favor del espiritualismo: a él nadie le había dado vela en ese entierro, él era allí un extranjero que acababa de llegar pero era también un hombre que estaba colaborando ya con el grupo de la Reforma y entra a pelear por los espiritualistas, frente a los materialistas. Y ahí lo tienen ustedes: Martí era un espiritualista frente al materialismo. Vamos, sin embargo, a examinar las cosas, a precisar quiénes eran quiénes.

Cuando Martí llega a México la Reforma iniciada por Juárez está agonizando en las manos honestas, pero débiles e ineptas del presidente Sebastián Lerdo de Tejeda. Martí se une, desde su llegada, al grupo que defiende a Lerdo de Tejada y que ya está siendo combatido por otra agresiva porción de “reformistas”. El movimiento reformista que inició Benito Juárez y que él encarnó como nadie, tuvo grandes figuras mexicanas como aquel rival en amores de Martí que fue Ignacio Ramírez, el Nigromante, como el gran escritor romántico que fue el indio Ignacio Manuel Altamirano, o como Guillermo Prieto. Todos ellos, pertenecientes a una burguesía liberal, habían querido hacer una República democrático-burguesa, sin compromisos con ningún poder imperialista. Ellos habían luchado, primero, contra el imperialismo norteamericano, en la guerra del 47, que le costó a México la mitad norte de su territorio y habían peleado después, en la década del 60, contra el imperio de Maximiliano, impuesto por Napoleón Tercero. Tenían, pues, una firme posición antimperialista y creían que México podía desarrollarse, ayudando a levantarse a las masas indias, promoviendo un rescate de la tierra de las “manos muertas” como se llamaba entonces a la Iglesia y a otros poderes semejantes y desarrollándose con sus propios recursos poco a pocoEstaban profundamente influidos por el socialismo utópico, fundamentalmente por Saint-Simon, y hay frases de Juárez que parecen calcadas de Saint-Simon. Cuando Martí llegó a México estaba muy extendido el socialismo sansimoniano. Hay muchas organizaciones obreras que son socialistas. Sostienen una revista El Socialista, que circula por todo México, y que autoriza Juárez, y los trabajadores empiezan a organizarse. tiIartí, desde que llega, se une a esta campaña, está al lado de los socialistas sansimonianos mexicanos, tanto que, por una parte, es un colaborador constante de la revista El Socialista. Esos artículos han sido recogidos ya por el investigador francés Paul Estrade y se publicarán próximamente. Por otra parte, Martí, en sus boletines semanales de la Revista Universal, que firmaba con el seudónimo “Orestes”, plantea y defiende los problemas de los trabajadores que ya en ‘México se están organizando. En una oportunidad comenta una huelga, el apoyo que le han dado otros trabajadores y aplaude cómo los estudiantes colaboran con los obreros y buscan la manera de ayudarlos en sus luchas, y escribe esta frase: “así nuestros obreros se levantan de masa guiada a clase consciente: saben ahora lo que son, y, de ellos mismos les viene su influencia salvadora”. Martí plantea aquí, con otras palabras, la tesis marxista de la clase en si y la clase para sí. Martí conoce todo este proceso, ¿por marxista? no, por
sansimoniano; todavía no ha llegado ni llegará a ser plenamente un marxista; pero es un socialista utópico.

Pues bien, frente a este grupo, ya permeado de sansimonismo, está otro grupo, de gentes jóvenes también del movimiento reformista, que aspira a desarrollar industrial y financieramente a México prolongando, más allá del Río Grande, las líneas ferroviarias norteamericanas y si en el cabús vienen algunos dólares, mejor. Ellos creen que, con tal de que no se comprometan políticamente, no hacen daño los dólares, es decir, le están abriendo las puertas al imperialismo. Este grupo proimperialista, que no se manifiesta, claro está, abiertamente como tal, ni la palabra imperialismo juega todavía en su vocabulario, estas gentes están. agrupadas en torno a un caudillo de gran popularidad porque había sido año de los generales jóvenes vencedores de Maximiliano, y se llamaba Porfirio Díaz. Esta es la gente que está preparando la dictadura de Porfirio Díaz y estos hombres que rodean a Porfirio Díaz se adscriben a una filosofía, que es el positivismo, y se llaman a si mismos “materialistas”. Ahora sabemos que el positivismo no es materialista, sino que es idealista y que culmina en una nueva metafísica, pero en aquel momento se tiene por materialista y estos son los “materialistas” contra los cuales combaten Martí y los otros espiritualistas” que defienden la Reforma antimperialista y sansimoniana de Juárez. ¿Quién es el revolucionario en este caso? Los revolucionarios son los espiritualistas, no las “materialistas”; el problema no es de etiqueta, sino de la posición que se guarda frente a un fenómeno real, frente a la praxis, no a la teoría, no a los cartabones, y ésta es la característica de Martí. En Cuba, en Guanabacoa, va a ser igual, va a defender en el año 1875, al espiritualismo frente al materialismo, pero ¿quiénes eran los materialistas? Un grupo de simpatizantes del autonomismo y él, en cambio es un “espiritualista” que defiende a la independencia. En Cuba, en aquel momento, no se puede hablar francamente, no se puede definir: yo soy independentista y tú eres autonomista, autonomista sí se puede decir que se es o que se es reformista, porque eso conviene al gobierno español; ser independentista implica la cárcel; entonces se es ¿qué?, “espiritualista” Frente a los otros que son los “materialistas”, y Martí, frente a esos “materialistas” es “espiritualista”.

Pero es que, además, él es un hombre de formación esencialmente idealista. El nunca definió propiamente su posición filosófica adscribiéndose a una determinada escuela pero, en una oportunidad, en Guatemala cuando hace un esquema de lo que va a ser su curso de Historia de la Filosofía, señala las corrientes filosóficas y parece exaltar y poner por encima de todas ellas al krausismo. Claro, hoy al krausismo nosotros lo miramos muy por encima del hombre por la razón sencilla de que, en Europa, el krausismo fue una derivación del idealismo hegeliano, sin ninguna trascendencia en Alemania pero, en cambio, tuvo bastante trascendencia progresista en países de raigambre católica, como España, con todo el grupo de la Institución Libre de Enseñanza, encabezada por D. Francisco Giner de los Ríos. El krausismo, frente a la escolástica predominante en la educación española, significó la renovación y la democratización de los métodos de enseñanza, es la gente que con Azcárate, con Salmerón, con Giner de los Ríos creará una nueva conciencia en España, es la gente más avanzada del pensamiento español de su tiempo que se aferraba a una doctrina idealista tal vez por lo que esa doctrina tenía de afinidad con una vieja tradición filosófica española que era el senequismo; es posible que hubiera esta razón, lo cierto es que estas gentes, agitando las banderas del krausismo, se opusieron a toda la reacción española, y Martí es permeado por tales elementos cuando vive en España. Llega a México y se encuentra que hay krausistas en México y él sigue un poco en esta onda.

Pero Martí posee una virtud muy importante que es la que ha señalado un gran martiano francés, comunista además, que es Noél Salomón, la primera figura de los hispanistas franceses en este momento. Noél Salomón señala que Martí es un “idealista práctico”. Quiere decir esto que Martí es un idealista de formación, que tiene una serie de ideas indudablemente provenientes de escuelas filosóficas idealistas, pero cuando Martí se enfrenta con los problemas no les aplica un cartabón idealista ni de ninguna índole, sino que parte de los elementos que la praxis le ofrece y procede de acuerdo con ellos. Esto explica por qué Martí, idealista, da soluciones que coinciden fundamentalmente con soluciones materialistas.

Cuando Martí organiza el Partido Revolucionario Cubano y lo estructura en la forma peculiar en que lo hace está adelantándose, casi un cuarto de siglo a la organización del Partido Socialdemócrata Ruso por Lenin. Esto ya lo señala un coetáneo de Martí, no se trata de un comunista contemporáneo que está tratando de convertir a Martí en un camarada, no, eso lo dice José Ignacio Rodríguez, coetáneo de Martí, anexionista, en un libro que publicó en La Habana en el año 1900, 25 años antes que se cree el Partido en Cuba y, sin embargo, José Ignacio Rodríguez, llama a Martí socialista por las “novedades” que Martí introdujo en la organización del Partido Revolucionario Cubano y en la Guerra de Independencia. Las novedades que señala en Martí son estas: Primero, que pone las bases del Partido Revolucionario Cubano en los trabajadores. Lo dice expresamente as¡: “de la clase obrera, blancos y negros de Cayo Hueso, Tampa, New York, Philadelphia y alguna otra ciudad de la Unión, “introduciendo así añade Rodríguez más adelante en el problema de Cuba un elemento que hasta entonces había sido desconocido, pues todos los movimientos del país habían partido siempre de las clases altas y acomodadas”. Es un planteamiento clasista estupendo. Es verdad: la Revolución del 68 la promovieron los grandes terratenientes. Martí, en cambio, pone su base en los trabajadores, en los tabaqueros pero, además, Martí crea un Partida para organizar la guerra, mientras que en la guerra del 68 no había habido previamente ningún Partido. Había sido simplemente el movimiento de los grandes terratenientes, es decir, de los hombres que controlaban las fuerzas productivas del país, que tenían que romper la costra de la superestructura administrativa y política para poder vivir, para desarrollarse. Martí, en cambio, plantea la creación de un partido que responde a los intereses de toda la nación y no de una sola clase. Y este partido ¿cómo lo organiza? No se puede pertenecer a él individualmente, es decir, se paga una cuota y obtiene un carné, no; hay que pertenecer a un club revolucionario y trabajar dentro de él. Estos clubes tienen una estructura precisa, de 20 a 100 miembros, y cada uno de ellos elige un delegado, estos delegados se reúnen y eligen un delegado regional y los delegados regionales el delegado nacional, y en esta pirámide el delegado nacional puede ser recusado durante su mandato cuando hay una mayoría absoluta que lo solicite pero, una vez que ha sido elegido, el Delegado Nacional tiene un poder absoluto. Esta es exactamente la estructura del Partido Bolchevique y el centralismo democrático de Lenin. Se aduce que el partido de Lenin era un partido de clase y el partido de Martí no; en él estaban representadas todas las clases.

Y aquí surge entonces otro planteamiento diversionista: Martí no puede ser socialista porque rechaza la lucha de clases.. En su artículo con motivo de la muerte de Marx, Martí, después de elogiar al hombre que consagro su vida a la redención de los humildes, rechaza explícitamente la lucha de clases. ¿Cómo puede ser marxista un hombre que rechaza la lucha de clases? dicen los diversionistas. Fíjense como el diversionismo trabaja con elementos reales. Pero, en primer lugar, nadie ha dicho, nadie que sepa pensar con su cabeza, que Martí fue marxista, y, en segundo lugar, Martí estaba jugando con un elemento real, otra vez a partir de la praxis en donde no podía plantear la lucha de clases. Si en Cuba el proletariado no era todavía una clase para sí, era apenas una clase en sí que comenzaba a tener conciencia en sí mismo, si en Cuba el proletariado no podía ser la clase hegemónica, ¿qué le quedaba hacer a Martí sino reunir en un frente único, (procedimiento que luego los marxistas utilizarán más adelante) un frente único de clases que realice la primera etapa, que es, en Cuba, la república democráticoburguesa? Pero Martí sabe que esa etapa no es la definitiva, se lo ha dicho en una ocasión a Carlos Baliño: “la revolución no es la que vamos a hacer ahora en las maniguas, la revolución es la que haremos después de la República”. Pero él necesita primero la república, él necesita que se vaya España, que seamos dueños de la isla y entonces, a partir de ahí, emprender la segunda parte. Y eso no está dicho solamente a Baliño: está en su carta última a Manuel Mercado.

El no va hacer la independencia de Cuba con el mismo propósito que se hizo la primera guerra, la Guerra de los Diez Años, una guerra de liberación nacional para la constitución de una república democrático-burguesa. No, Martí ya ve más allá, Martí ya ve esta nueva guerra como una empresa continental que puede contribuir al equilibrio del mundo. Cuando Martí hablaba de que cómo Cuba podía contribuir al equilibrio del mundo, ciertas gentes decían que estaba loco. José Ignacio Rodríguez dice que parecía “como si fuese víctima de un desequilibrio mental”. Lo mismo se dijo de Fidel, que estaba loco. Pero, además, José Ignacio Rodríguez señala que Martí no se contenta con hacer la independencia de Cuba, sino que se proyecta contra los EE.UU., ¡gran pecado para un anexionista como José Ignacio Rodríguez!, es decir, señala el antimperialismo de Martí. Ahora bien, Martí, por antimperialista, por haber visto la necesidad de poner las bases de su partido en la clase trabajadora que todavía no era la clase hegemónica, pero que ya comenzaba a ser lo que serla después nuestro proletariado y, al mismo tiempo, por su estructuración del Partido Revolucionario Cubano, es un hombre que se adelanta a su tiempo. No es un marxista, pero sí tenemos derecho a considerarlo como un verdadero premarxista, el hombre que abre los caminos hacía un futuro socialista, y eso ya no pueden negarlo los diversionistas ideológicos.

Hay quienes, como el profesor Roberto Agramonte, han escrito libros tratando de mostrar a Martí como el luchador sin odios, el hombre que era puro amor, que no tiene nada que ver con la lucha entre los hombres. Pero fíjense en lo absurdo de ese planteamiento. ¿Cómo es posible que un hombre que se pasó la vida entera preparando una guerra repudiara la violencia y el odio a los enemigos? ¿Cómo se iba a ganar la guerra? ¿A besos contra cañonazos? Martí sabía demasiado bien que no se ganaba la guerra a besos contra cañonazos. Por algo organizó la expedición de la Fernandina, que no venía cargada de rosas sino de armas y, además, por algo vino a pelear a Cuba. Hay una frase de Martí que es estupenda, así perdida en su diario de campaña: “Me meto la Vida de Cicerón en el bolsillo en que llevo 50 cápsulas”. Y no eran cápsulas de quinina, no. Eran cápsulas de revólver. Eso es una cosa completamente diferente, era para pelear, para matar, no para curar la fiebre. Además, en el primer poema de Martí de cierta envergadura, su poema dramático “Abdala”, se dice muy claramente:

El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca.

Pero insisten: Martí nunca odió. ¡Cómo no iba a odiar! Claro que odió, pero no indiscriminadamente; no odiaba a los españoles. ¿Cómo iba a odiarlos si sus padres eran españoles? ¿Iba a odiar al valenciano, iba a odiar a los canarios, en general, si su madre era canaria y su padre valenciano, si él había pasado etapas bellísimas de su vida en España; si él admiraba y estaba orgulloso de su cultura española? Pero además, habla de España con amor muchas veces. En el Manifiesto de Montecristi se dice que la guerra no es contra los españoles; la guerra es contra la Corona Española que estúpidamente se aferra a su colonia y no la deja existir libremente y que oprime a los mismos españoles. Que Martí no odiaba a los norteamericanos. Naturalmente, nunca lo dijo. El habla con elogios del hombre del pueblo norteamericano, sencillo, trabajador, pero, desde luego, odia al imperialismo y odia a los modos de vida del imperialismo y los denuncia constantemente, fieramente. Ahí están sus maravillosos artículos sobre los anarquistas de Chicago a pesar de que Martí era completamente opuesto a les métodos de lucha del anarquismo y así lo había dicho en varios artículos. Y esa es otra cosa extraordinaria: cuando pasa por New York un anarquista ruso que había logrado escapar después de un atentado al Zar Martí hace una referencia a este hombre y, después de expresarse con respeto sobre la intención que le moviera, combate los métodos del anarquismo con palabras semejantes a las que Lenin usa para combatir el nihilismo de los populistas. Es decir, que él es un hombre que se aferra a la realidad y sabe expresarla, pero lo maravilloso es que este sentido de lo real le da a Martí una actualidad tan grande que lo hace un hombre de nuestros días. Es un hombre que está junto a nosotros, hasta en el lenguaje.

Hay en su diario de campaña, de Cabo Haitiano a Dos Ríos, una anotación, quince días antes de su muerte, del 4 de mayo, extraordinariamente bella. Es un sólo párrafo donde narra el fusilamiento de Masabó, un hombre valiente, miembro del Ejército Libertador, que había robado, había violado, que había infringido, en suma, el código militar y el viejo Máximo Gómez lo somete a Consejo de Guerra. El Consejo de Guerra lo condena a muerte, y cuando se lee la sentencia, Máximo Gómez dice esta frase: “Este hombre no es compañero nuestro, es un vil gusano”. Es formidable descubrir cómo Gómez y Martí utilizan ya términos nuestros, de nuestros propios días, y los contraponen: el compañero y el gusano, las dos posiciones extremas polares, de nuestra Revolución que no admite otras. O se es un compañero o se es un gusano. Ya eso está en Martí, con la misma tajante forma antitética con que lo usamos hoy.

Nosotros sabemos que Martí es un compañero nuestro, un compañero que, como el Che dijera ya, un 28 de enero a los pioneros, es un hombre que habla nuestra lengua. “Las palabras de Martí explicó el Che no son de museo, sino que son de hoy, tienen un valor actual”. Cuando Fidel dice: Martí es el autor intelectual del Asalto al Moncada”, y en La Historia me Absolverá basa cada uno de sus planteamientos en otros de Martí, está demostrando que, efectivamente, Martí es un contemporáneo, es compañero nuestro, como Antonio Maceo, un compañero como solamente podemos encontrarlo en gentes que tienen una visión de la realidad que se abre hacia un desarrollo socialista, un compañero tan auténticamente actual que ahora, repetiría con nosotros, aunque les pese a todos los diversionistas,

¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!


1 Santiago de Cuba. (1911-1996). En 1936 fue coeditor de la revista Mediodía. Dirigió el semanario Baraguá (1938). Fue uno de los editores de la revista Gaceta del Caribe (1944). Profesor e investigador. Colaboró en numerosas publicaciones, entre ellas Orto, Diario de Cuba, Revista Bimestre Cubana, Nuestro Tiempo, Hoy Domingo, Cuba Socialista, La Gaceta de Cuba y Unión. Entre sus numerosos libros está “La Aurora y los comienzos de la prensa y la organización obrera en Cuba”. Fue vicepresidente de la UNEAC y Rector de la Universidad de Oriente.

José Martí, Opinión, Política

ECURED ESTÁ HOY EN LA CASA NATAL DE JOSÉ MARTÍ


Comenzando en nuestro Museo, justamente hoy (25 de enero de 2014) a las 8:30, la Enciclopedia Cubana ECURED inicia hoy su programa de recorridos por lugares de interés históricos de nuestro país, empiezan por este pequeño lugar de La Habana que fue testigo del nacimiento del Cubano Mayor, José Martí hace casi 161 años de modo simbólico, por el significado que para todos los cubanos tiene el Apóstol de nuestra independencia.

Invitado especial de esta mañana de saberes y divulgación será el Dr. Raúl Rodríguez La O, historiador prestigioso, quien pondrá en contexto al hombre que inspira a los cubanos en su obra titánica (¿o será “martiánica”?) de hacer una sociedad: justa, próspera, sustentable y democrática.

Nos vemos en Casa¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Opinión

DE VUELTA Y VUELTA

LA HABANA INVERNAL, DESDE LA CABAÑA

Cuba es un eterno verano, ese una verdad de Peregrullo, convertida en slogan para el turismo y que la naturaleza no nos deja cambiar. Invierno en Cuba es cuando sopla un vientecito del norte que hace bajar la temperatura a 20 ó 15 grados centígrados, que hacen al cubano ponerse suéter, gorros y algunos exagerados hasta guantes se ponen, incluyendo las bufandas que están de moda en el invierno tropical.

Esto puede darse en dos o tres día seguidos, luego el termómetro vuelve sobre los 25º, llegando a 30º y ¡pasando! Y ahí viene los terribles resfriados por los bruscos cambios en un mismo día, con humedad relativa por encima de 70º y 80º, y sol que viene, llovizna que va, nubes que se ponen y frente frío que hace quedar mal a los pronósticos.

Esa es Cuba, verde, hermosa, tranquila, llena de gente parlanchina que de todo comenta a voces y a los que nunca la censura, real o no, le ha servido, porque aquí todo se sabe y tras un aviso público y a toda voz de, “¿Se enteraron?”, vendrá la “podrida”, “el chisme”, “el comentario”, que puede ser de cualquier cosa.

Volviendo al tiempo, las madrugadas si son muy húmedas y afectan bastante a los pulmones viejos y a los asmáticos recurrentes, que son bastantes, por estos días fui una de sus víctimas y me tuvo en casa sin más deseos que tomar algo caliente, duralgina (dipirona), mucho líquido y frutas para palear este malestar que puede no matar, pero mortifica y te deja “drogui”, “sonso”, o como se diga en su país de origen. Saludos acatarrados y deséeme ¡salud!, que ahí viene un estornudo.

Opinión

LA PREOCUPACIÓN PERENNE DE LA CUBA DE HOY


En la Cuba de hoy, la que hemos construido desde 1959, hay una preocupación de primer orden, esta está ligada a la formación integral y lo más virtuosa posible de las nuevas generaciones de cubanos, niños y jóvenes que viven hoy el reto de conjugar modernidad y tradición, ética y moda, apertura al mundo y mirada profunda a sí mismo, libertad y responsabilidad, prosperidad y altruismo, desarrollo pleno de la personalidad y consciente participación en la sociedad que construimos, y muchos más retos que cada generación tiene, más las asignaturas pendientes que las generaciones pasadas no pudieron resolver.

Hoy la posibilidad de crear un país próspero en Cuba, pasa por la distribución más justa del fruto del trabajo, (A cada cual según su trabajo) pero sin olvidar que siempre hay en la sociedad personas que están en estado de desventaja social, bien por discapacidades, bien por situaciones sociales que lo pusieron en ella.

No tendrá sentido tanto sacrificio en años de Revolución, si algún niño no tiene escuela, si alguien se acuesta sin comer, si alguien duerme en la calle por falta de un techo, si miramos hacia otro lado cuando otro necesita de la solidaria mano que le ayude, si la parte humana que nos distingue se llena con la egoísta fórmula de dejar que otro se ocupe por los problemas que nos conciernen.

La sociedad cubana está cambiando, a muchos le asusta, porque las “conquistas logradas” se convertían muchas veces en bastón para el pícaro, desidia e indolencia para los que se acostumbraron a que el estado proveyera todo, sin casi mover un dedo, esperando lo que “le tocaba”, contribuyendo poco, sobreviviendo en precariedad y conformándose con ese estatus de pobreza eterna del que no podían salir.

Hoy estamos convocados a la participación plena y real, a trabajar no solo por cuenta del estado, sino explotando nuestras capacidades en proyectos y negocios que mejoren nuestra economía, en bien nuestro y de todos, sin dejar de ser una sociedad socialista.

Pero en este contexto nuevo la formación ética del ciudadano preocupa, la sociedad no puede ser una selva donde el más fuerte o el más pícaro saquen partido de las “oportunidades” o “debilidades” del sistema social o de las necesidades de su conciudadano, ese mundo no puede ser el “proyecto social cubano”, de impedirlo estamos responsabilizados todos los que creemos que un ser humano mejor es posible. Para eso se hizo una Revolución, continuémosla.

Foto de Alberto Borrego Ávila

Opinión

FELICIDADES Y PA΄LANTE


Para los cubanos, la llegada del nuevo año tiene desde hace 55 años una doble connotación, el 1º de enero de 1959 marca la llegada de la Revolución social más profunda en la sociedad cubana, la revolución de los humildes , por los humildes y para los humildes y que a pesar de sus imperfecciones humanamente rectificables, nos hace ver el mundo desde otra dimensión, la de ser dueños de nuestros destinos individuales y políticos, la de soñar con un mundo mejor, con la prosperidad y con la mayor justicia posible para todos los seres humanos.

Ojalá podamos vivir en un mundo sin guerras, ni miseria, materiales y mucho menos espirituales, un mundo que tenga futuro y donde el egoísmo sea desterrado por ser el causante de tantos males.

No es malo ser rico, si esa riqueza se ha basado en el trabajo.

Los mejores deseos para el nuevo año 2014


Opinión

FREI BETO Y LA SOCIEDAD DE CONSUMO


Este contundente comentario circula en la red cubana de los correos electrónicos, comparto con este gran amigo de Cuba y de la humanidad cada una estas palabras y ojalá te sirvan de algo:

Al viajar por el Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet,

en Mongolia, Japón y China.

Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos

de color azafrán.

El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la

sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares,

preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.

Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la

compañía aérea ofrecía otro café,

todos comían vorazmente.

Aquello me hizo reflexionar: “¿Cuál de los dos modelos produce

felicidad?”

Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la

mañana, y le pregunté: “¿No fuiste a la escuela?” Ella respondió:

“No, voy por la tarde.”

Comenté: “Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir

hasta más tarde.”

“No”, respondió ella, “tengo tantas cosas por la mañana…”

“¿Qué cosas?”, le pregunté.

“Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación”, y comenzó a

detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: “Qué pena, que Daniela no dijo: “¡Tengo clases de

meditación!”

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados,

pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis

librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la

desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que

moriremos

esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, no tenía

nada de celulitis!”

Pero cómo queda la cuestión de lo subjetivo? De lo espiritual? Del amor?

Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su

habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en

Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado!

Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales,

ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…

La palabra hoy es “entretenimiento”; el domingo, entonces, es el día

nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea,

imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que

la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta

gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este

auto, usted será feliz!”

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz! Quienes

ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un

analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis.

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese

condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así, se puede

vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos:

amistades, autoestima y ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.

En la Edad Media , las ciudades adquirían status construyendo una

catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas

arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de

cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí

dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos

de la calle, ni suciedad…

Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella

musiquinha de esperar dentista.

Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos

de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.

Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.

Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el

purgatorio.

Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno…

Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados

en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald…

Acostumbro a decirles a los empleados que se me acercan en las puertas

de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de

sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también

gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de

Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía:

..”Sólo estoy observando cuántas cosas existen que no preciso para ser feliz”

Opinión

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