Cultura Cuba

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Opinión

HACIENDO HISTORIA


Llegó el Comandante y mandó a parar

Los cubanos tenemos que seguir recordando, contando historias que a otros parece que se le ha olvidado o lo que es peor, les ha dado por contarla de modo maquillada, suave, fácil de digerir, de tal modo que según sus conclusiones la Cuba de los años 50 era un paraíso terrenal donde unos cientos de privilegiados vivían el idílico “sueño americano” en suelo cubano, con casas a todo lujo en barrios exclusivos, clínicas privadas, clubes y playas solo para ellos, donde ni por asomo un negro  podía estar, a menos que fuera empleado y hubiera entrado por la puerta trasera.

¿La mujer cubana?, encontraba trabajo fundamentalmente como meseras de cafetines o criadas en casa pudientes, si es que no tenía que vivir de la prostitución o pegada a lavar y planchar para la calle, eran muchas, grandes burdeles  llenaban las ciudades de Cuba, desde La Habana hasta Guantánamo, y miles de ellas eran analfabetas.

La memoria es flaca, pero la Revolución que encabezó Fidel Castro y una generación digna de jóvenes, tenía por objetivos barrera estos y otras miles de “manchas” de la República nacida el 20 de mayo de 1902, la vida que es la gran maestra, les enseñó que había que cambiar de raíz esos males si se quería tener futuro y no tuvieron que convencer a nadie de que esto era lo justo.

En un país donde el cubano era un paria, donde las inversiones y propiedades de los estadounidenses eran mayores que las de la exigua y vendida burguesía cubana; donde los presidentes salían millonarios del poder y la “política” era el negocio mayor si se quería hacer carrera, no había mucho que explicar al pueblo, la Revolución estaba latente, solo hubo que decirle al pueblo, toma, lucha por tus intereses y por la vida mejor que te mereces por ser humano.

La Habana del 50 tan revisitada por articulistas y soñadores perdedores, que cierran sus ojos a la realidad de que Cuba cambió y sigue cambiando, no es un paraíso, hay muchas cosas que hacer, como país asediado vive con un gobierno fuerte con gran apoyo popular, nosotros mismos queremos un país mejor, próspero y rico, pero donde no se destruyan los valores que estos cincuenta años de Revolución construyeron: pueblo culto, preparado como ninguno, con un sistema de salud de resultados palpables y donde no existen desaparecidos, ni ejecuciones extrajudiciales, con un bajo índice de delincuencia, donde el juego de azar es delito, la prostitución es remanente y no cuenta con el apoyo del estado y lo más importante, con poco, pero sin nadie desamparado.

Los cambios se hacen en casa, sin recetas de fracasados, ni perdedores, pese al bloqueo económico de los Estados Unidos, su persecución a todo lo que tiene que ver con la Cuba revolucionaria y los errores y oportunismo que nunca faltan en toda sociedad.

Historia, Opinión

LOS SIETEMESINOS


A los sietemesinos sólo les faltará el valor

José Martí

“Sietemesinos” es el modo que encontró José Martí para llamar a la gente que se deslumbra con todo los extranjero (lo que viene de afuera) mientras denigra y se avergüenza de todo lo que es de su país, gente que encuentra bueno lo extranjero solo por serlo y que llevan su “etiquetada vida” a una especie de status social que lo eleva por encima de los mortales comunes, los que José Martí ridiculiza en su artículo «Nuestra América»: “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan. ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!

Pero recordé más, y fui a las Obras Completas del Apóstol en busca de las reflexiones de un hombre aún joven que en 1885 describe deslumbrado y sabio las regatas tradicionales entre un yate inglés y uno norteamericano, matizada por el patriotismo que una victoria enciende en los hombres y mujeres de cualquier latitud, es por ello que sus atinadas palabras mantienen actualidad para caracterizar a quienes el consumismo convierte en personas, “tan desechables” como los productos que los esclavizan:

«…ya porque un vapor lleno de bostonianos ha venido río arriba, con ocasión de las regatas, a mofarse de los petimetres neoyorquinos que no hallan cosa de su tierra que sea buena: y compran en Inglaterra yates que Nueva York vence, y andan por las calles a paso elástico y rítmico, como si anduviesen sobre pastillas, y hablan comiéndose las erres y la virilidad con ellas, acariciando con el mostachillo rubio el cuerno de plata del bastón que no se sacan de los labios: son unos señorines inútiles y enjutos, a quienes no se ve por las calles desde que venció el Puritan.

«Las regatas, como tantas otras cosas, no son de valer por lo que son en sí, sino por lo que simbolizan. De los Estados Unidos se van las herederas a Inglaterra, a casarse con los lores; ningún galán neoyorquino se cree bautizado en elegancia si no bebe agua de Londres; a la Londres se pinta y escribe, se viste y pasea, se come y se bebe, mientras Emerson, piensa, Lincoln muere, y los capitanes de azul de guerra y ojos claros miran al mar y triunfan. La grandeza tienen en casa, y como buenos imbéciles, porque es de casa la desdeñan. Hasta la hormiga, la mísera hormiga, es más noble que la cotorra y el mono.

« Pues si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en ponerse a vencerlas! La regata ha dado esto bueno de sí, como da siempre algo bueno, aunque parezca puerilidad al que ahonda poco, todo acto o suceso que concentra la idea de la patria; ¡hay un vino en los aires de la patria, que embriaga y enloquece! Se le bebe, se le bebe a sorbos en estas grandes ocasiones y ¡parece que se deslíen por la sangre, con prisa de batalla, los colores de una gran bandera![1]»

Así anda el mundo de imitadores y gente sin espinazo, incapaz de amar lo propio por humilde, pero dispuestos siempre a vender su alma al diablo porque está de moda eso de ser distinto copiando al mozo de la revista o a la Barbie de plástico.

“Nuestro vino de plátano y si sale agrio ¡es nuestro vino!!, también diría Martí


[1] La Nación. Buenos Aires, 22/10/ 1885. Tomo 10. Obras Completas de José Martí. 1975

José Martí, Opinión

SOLEDAD

Niños felices


Da la sensación de que cada día estamos más solo, nos cansamos de hablar y hablar, buscando un interlocutor racional o cuerdo, que tenga tiempo para escuchar a un alma que trata de comunicar y al final recibes respuestas incoherentes que no son respuestas sino eco de sus mismas voces.

El ser humano parece conformarse con su propia sombra, camina con muchos pero le teme al contacto con ese otro que va a su lado y que posiblemente tenga más en común con él que diferencias.

Eso es raro en una época de tantos aparatos para comunicarse, tantos modos para saber de los otros y sin embargo el humano prefiere enajenarse en una orgía lúdica que lo empequeñece.

¿Será eso casualidad?

Creo sinceramente que no, los dueños del mundo, los que deciden que nosotros somos “consumidores” y no seres racionales gregarios que nos necesitamos mutuamente, sustituyen la libertad de pensar por una sensación de que somos dueños de nosotros mismos, cuando en realidad cada día estamos más solos sin que nos importen los problemas del otro, mucho menos si no habla nuestra lengua y no tiene nuestras costumbres, porque ese es un extraño y no el hermano que vive con nosotros la aventura más grande de la creación.

¿Por qué no juntamos nuestros pequeños planetas espirituales para impulsar las grandes causas del hombre y la mujer contemporáneos?

Primero debemos dejar de estar solo, con nuestros egoísmos y nuestras muchas cosas materiales, esas con las que no cargamos al morir, esas por las que no nos recuerdan.

Llevemos con nosotros la bondad y el amor, cultivemos la amistad y radiémonos de la calidez de la fogata humana a la luz de la cual nuestras historias se fundan con las de otros para formar el gran canto humano.

Opinión

LA MEDIOCRIDAD


La mediocridad es la antítesis del talento, si el talento forja su camino con estudio, esfuerzo y mucho laboriosidad, la mediocridad pretende llegar rápido, alcanzar los resultados rápidos y sin hacer mucho esfuerzo: lo copia.

De eso está muy lleno internet, de copiadores del talento ajeno al que tratan de sacar partido con un remedo de baja calidad pero que a ellos, los mediocres, le da el caparazón suficiente para cubrir su desnudez.

El talento es un don de Dios, se cultiva y crece con el esfuerzo, se embellece cuando va acompañado del desprendimiento, la bondad y el amor al prójimo… pero cuidado, a veces se hace patán, insolente, autosuficiente y se seca dormido sobre los laureles y la adulación de los mediocres.

Hoy que los medios en el mundo se han democratizado y se hace fácil que cualquier persona pueda expresar y poner su pensamiento y creatividad a disposición de todos, hace falta que el talento sea responsable, porque nada es peor que la manipulación, la desinformación y el burdo intento de coapta a otro.

Por eso el remedio sigue siendo la cultura y la educación, modos sociales de alcanzar por la vía del esfuerzo lo que el talento hace fácil y la mediocridad quiere enseguida,  para que lo entiendan todos y tener su momento de brillo.

Al mediocre le acompaña siempre la envidia y el egoísmo, la ganancia y reconocimiento fácil que lo hará centro por un momento para luego perderse en la vorágine de su triste mediocridad.

El talento es eterno, el esfuerzo loable, el altruismo cualidad que debe acompañar a todos los seres humanos para ser bueno, como categoría superior de lo humano, lo demás es fanfarria para un día.

Por eso no me preocupan las copias, solo quiero compartir con la comunidad humana, ser un voz más en el concierto humano y si logro una nota de solista perdónenme los mediocres, no fue mi intención, simplemente era la que iba en ese momento. Un fuerte abrazo a los amigos.

Opinión

¿HACIA CUÁL PROSPERIDAD?


Muy de acuerdo contigo Pepe, pero como bien dice la prosperidad no puede caer del cielo complaciente del estado, sino del trabajo de la gente, que debe ver los frutos sin traba, prosperidad es vivir sin precariedad en la vida cotidiana que es la que más nos golpea. Ya conquistamos derechos universales, ya los hicimos nuestros, pero vivir como la gente decente y trabajadora, no puede convertirse en un infierno de papeleos y sobornos a cientos de personajillos incrustados en la burocracia estatal y que te siguen cobrando por hacer realidad tus derechos, pero yo también apuesto a la prosperidad, sostenible, diversa y participativa, esa es la idea. En realidad la consigna debió ser: “Por una Cuba Próspera y Sostenible”

José Alejandro Rodríguez

Demasiado predecible cada Primero de Mayo en multitudes, entusiasmo y consignas. Pero es curioso: por encima de tantos problemas en órbita, la gente en Cuba sigue marchando alegre y colmando plazas y calles el Día del Trabajo, por un entrañable sentido de pertenencia a país y a sociedad, que es rara avis en este mundo atomizado. Un sentido de posesión que urge potenciar mucho más en toda su dimensión y diversidad.

Cuidado, te dices, no seas rehén de las rutinas y abre los ojos, que por algo la gente avanza en bloque, por encima de disensos, de mi, de tu y de su criterio. Y lo hace en estos últimos Primero de Mayo, mucho más por la Cuba que cambia. Por la Cuba audaz, que enfrenta no pocas resistencias internas y externas de quienes quisieran un país hibernado, por diversas conveniencias aquí y allá. Por la plenitud de una Revolución que desanda caminos ya trillados de inoperancia y adormecimiento, y retoma sus ardores fundacionales, para esta vez intentar la toma definitiva de los cuarteles de la inteligencia, la iniciativa y la plenitud.

Sí, porque de caídas y derrumbes se sabe mucho como para no entretenernos con los errores importados y los domésticos, ni adormecernos con los innegables avances. Tenemos gravitando el alerta perenne de Fidel, de que la Revolución podría desaparecer por los propios dislates de los revolucionarios.

«Por un socialismo próspero y sostenible» es el lema de esta fiesta de los trabajadores. A fuer de sincero, temo que palabras tan retadoras de insurgencias —¿qué socialismo ha franqueado ya ese umbral hasta ahora?— se pueden convertir en eso: un lema, consignas manoseadas, por esa proverbial facundia que tenemos para indigestarnos de vocablos, si no las convertimos en hechos. Y me niego a aceptar que cualquier distracción o inconsecuencia nos pueda desviar de ese socialismo en constante renovación, que suelte sus propios lastres para remontar el vuelo de la invulnerabilidad.

Próspero. El término huele a novedad, en un país que, durante mucho tiempo, y luego de hondas transformaciones que abrieron el horizonte y las perspectivas a los más, a los sempiternos perdedores, pretendió por nobles idealismos promediarlo todo tan equitativamente, sin palancas diferenciales.

Prosperidad entendida como lo que pretende esta actualización del modelo económico: desatar los nudos que frenan las fuerzas productivas, vindicar el trabajo, ya estatal o no estatal, como la principal fuente de redistribución de las riquezas, que seduzca y estimule a los que más aportan, y los ponga en su lugar frente a los pillos, holgazanes y acomodados. Prosperidad es crecer bien y con calidad, sin mediocridades, para ir disminuyendo la brecha entre las elevadas expectativas y necesidades que genera un modelo social inclusivo y abarcador, y las contribuciones que puede aportar nuestra aún ineficiente e ineficaz base económica.

Prosperidad es también competitividad, el aprovechar e incentivar mucho más esa inteligencia cultivada del cubano —no extraviarla más—, para convertir a nuestra economía y sociedad en verdaderamente sostenibles y no dependientes y vulnerables, en los complejos escenarios del mundo de hoy, y con el feroz bloqueo norteamericano sobre la nación, entre tantas obsesivas hostilidades para con este terruño irreductible.

Próspero y sostenible, en tanto que lo logremos de manera inclusiva y participativa, contando con todos, por diferentes que sean; en la medida en que lo discutamos y decidamos en la familia nacional, ensanchando los cauces de la democracia socialista, y comprendiendo que el gobierno de los asuntos pasa por un camino de doble interacción, de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba.

Próspero y sostenible son consustanciales para el socialismo que se renueva hoy. Mucho más por eso, que por viejas y obvias certidumbres, marcharon ayer los cubanos, e hicieron un alto a sus problemas con la alegría de la posesión. Esa es una excelente señal de la Revolución para los eternizadores de la abulia.

Tomado del periódico Juventud Rebelde, versión digital. Jueves 2 de mayo de 2013

Costumbres, Opinión, Política

LA MADUREZ


He amanecido un poco cuestionador, el mundo a veces se vuelve muy injusto con la gente de mi edad, real es que en estos días que corren muchos adultos mayores van detrás de la “quimera triste de la juventud”, y no porque la juventud sea triste en sí, lo triste es querer eternizarla en afeites y cosméticos viviendo el drama del natural envejecimiento.

Los años altos son los años hermosos de contemplar la vida que se ha vivido, no para vanagloriarse de ella sino para pasar revista y preparar el legado que cada uno debe dejar sobre esta tierra.

Yo aprendí con mis abuelas y mi madre, más que con la escuela, la ética sale del hogar y es simple: se bueno, nunca hagas daño a nadie, se honesto y no seas envidioso,… después muchas más cosas que ellas y el tiempo vivido se encargaron de mostrarme, pero siempre para reafirmar algo, cada uno de nosotros es único y tiene una misión en la vida, que en primer lugar debe realizarse en la familia y después por ampliación en la sociedad.

Se aprende siempre, pero se enseña también, la vida es la gran maestra y por ello cada persona que haya llegado a la cumbre de la edad debe trasmitir, no para ser seguidos como dioses, sino para que su acervo quede en los suyos y en quienes le rodean, esa es la inmortalidad, vivir en los otros, crecer en sus experiencias, virtudes y defectos.

Pero en los tiempos que corren la gente parece correr tras los placeres de la vida como único objetivo de ella, malgastando su tiempo y el fruto de su trabajo, viviendo rápido las famosas dos primeras edades, quemando etapas y llegando a la ancianidad como apagadas mechas que no tienen energía, condenadas solo a perecer.

No quiero para mis días viejos, el rincón de los olvidos, ni la compasión de los allegados, dispuestos a soportarme, quiero el disfrute de la experiencia acumulada, la vista larga de mi mente y el intenso y no menos fuerte latido de mi corazón. Ese será mi legado.

Opinión

EL SOCIALISMO


A veces vale la pena volver sobre lo escrito, porque la realidad y nuevas lecturas te dan una perspectiva distinta de un mismo problema, de eso se trata y reescribo estas notas sobre un tema del que los cubanos hablamos constantemente porque lo sufrimos en carne propia, envuelto en una propaganda oficial que diferente a la de hace veinte años insiste en decirnos que la solución a nuestros problemas está en nuestras manos…puede ser pero esas manos están atadas y el “libre albedrio” sigue siendo un espejismo en esta “isla global” donde lo real es una precariedad que no te mata pero te consume.

Releyendo viejas notas ya publicadas, encuentro estas sobre el socialismo como sistema social y la dicotomía acerca de su factibilidad o no en cualquier país, más en los países pobres donde por lo general las deudas sociales son muy grandes y la mayoría de la gente está empantanada en un sobrevivir sin futuro.

Ahora mismo una crisis de carácter planetario quiebra el sueño de la “clase media” ese término medio social que espera ascender al grupo de los ricos y sin embargo con un poco de inestabilidad del sistema económico capitalista va a parar al grupo de los pobres, pero con la frustración de la derrota y la tara de las deudas.

Teorizar requiere horas de estudios a veces toda una vida, pero la realidad nos pisa los talones con necesidades de seres vivos que son imprescindible satisfacer, por eso Fidel dijo una vez que el capitalismo se construía solo, porque se basa en el egoísmo de la gente, mientras que el socialismo había que construirlo conscientemente, porque había que levantarlo con la solidaridad y el altruismo humano, era más o menos la esencia de aquellas palabras de un soñador que ha dedicado toda una vida para guiar un proceso perfectible, hecho por mujeres y hombre que se equivocan, se acomodan o arriman las brazas al sartén de sus necesidades egoístas, hasta el punto de hacer peligrar la obra social.

En primer lugar, para ser honesto, quiero delimitar mis ideas, creo en el socialismo y he crecido plenamente en este sistema de justicia social, con miles de carencias, insatisfecho pero orgulloso de lo que hemos logrado. Muchos factores internos y externos han frenado el mayor desarrollo de nuestra sociedad, pero en lo personal sigo creyendo en ella y en la posibilidad de mejorarla y no de cambiarla por un sistema capitalista que nos hará más desiguales y donde la novedad es que tendremos: “algunos millonarios”, por poner un ejemplo.

He aquí algunas consideraciones de José Martí sobre las ideas socialistas, las palabras mantienen su vigencia:

«Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados… Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa.»

Carta a su amigo Fermín Valdés Domínguez

Mayo de 1894

Opinión, Política

SARITA MONTIEL, LA VIOLETERA


Voy a hablar desde el corazón, sin echar manos a datos y apuntes, solo al recuerdo que tengo de esta transgresora, hermosa y sutil, que desde mi recuerdos de niño y adolescente tengo como el símbolo sexual de varias generaciones de gay es Cuba… si, no se asombren, esta mujer tan femenina llenaba los cines cubanos de los 60 y 70 de gente “difícil”, “inadaptados”, “clandestinos del amor”, que en cines de barrios se reunían a rendirle culto a esos revirones de ojos, esas muecas hermosas de su boca y estallaban luego en gritos clandestinos de “única”, “saritísima” y cuantas formas de “afocar” se le ocurría a aquella tropa que al salir de la oscuridad cómplice tenían que cantar bajito, comportarse como “machos” y buscar las sombras, porque si para alguien fueron difíciles estos años en Cuba fue para los “hombres caramelos”, amenazados desde la moral y la ética machista y judeocristiana, asombrosamente aplicada con “alevosía” por una Revolución Social que pretendía que todos fuéramos iguales, pero no diversos.

Todavía andan por ahí, por las calles cubanas o en sus poltronas de “matronas rebeldes” muchos-muchas de aquellos admiradores de Sarita que tenían como nombres de guerra, aquellos de “Violetera” o “Reina de Chentecler”, en obstinado clandestinaje y reafirmación de personalidad que a muchos le costó caro, porque fueron a la “cárcel” por atentado a la moral, repudiados por sus familias, otros suicidados por rebeldía más que cobardía y otros “exiliados forzados” en aquellos triste episodio del Mariel de los 80.

No habrá reinvindicación, ni rectificación posible, haciendo vuelta de hojas, sino reconociendo los errores y reinvindicando a las víctimas cercenadas en su dignidad por un machismo brutal que subyace, tolera, pero no desaparece de esta sociedad nuestra de lesbianas, gay y trasvertis de última generación conformados con el circo de la comparsa y la prosmicuidad enajenante que le han permitido tener… ¿es eso tolerancia? ¿O un modo de marcarles como lo que no se deba hacer? Para ti Sarita el homenaje personal, te sigo viendo en ese cine del recuerdo que Tele Rebelde nos regala en las mañanas de los sábados, vivirás siempre.

Opinión

CON SATISFACCIÓN DE VIAJERO


Si hubiese tenido dinero sería uno de esos errantes viajeros que escudriñan el mundo, no un turista de comodidades y programa prefabricado, sino uno de esos que va donde late el corazón de la gente más sencilla y auténtica, por lo general marginada, porque los privilegiados, la clase VIP son casi iguales en todas partes, para ellos se construye la “aldea global”, suave y desproblematizada.

Si hubiese tenido dinero y no me hubiera convertido en uno de esos previsibles nuevos ricos, ahondaría en la vida del ser humano como lo hago en los libros en los que trato de encontrarlo, no reniego me tocó ser pobre en un país de “unanimidades” donde el modo de igualarnos, fue el de prohibirnos cosas, negarnos muchas otras y tratar de creer que la cultura nos volvería unos “cultos tontos” asimiladores de consignas y promesas.

Por eso disfruto cuando me monto en una guagua (ómnibus) y salgo de La Habana, esa que no es el mejor lugar para vivir pero es el más adecuado si quieres no quedarte atrás fundamentalmente en eso de estar informado, tener cultura y aspirar a algo más que un puesto burocrático donde ganarte el pan.

Viaje a la “Cuba Profunda”, a Guantánamo, a esa ciudad linda y de mucho sol que tiene como símbolo una eufemística estatua de “La Fama” encima de un pequeño palacete en el centro de su bien estructurada parrilla urbana y que el mundo entero conoce por esa ilegal Base Naval que los yanquis nos impusieron a “Pepe…” hace más de un siglo y que como no tenían que hacer con ella, además de joder, pues la convirtieron, a nombre de la democracia en uno de los “anillos del infierno” , una infamia en medio de la nada donde son llevados los terroristas, … ¿y qué son ellos?

Pero mi ciudad provinciana y hermosa, es un silencioso ejemplo de que los tiempos cambian, aún en Cuba, que no es el paraíso pero tampoco es el infierno y donde lo peor no es lo que se hizo sino lo que se prometió y no se logró, primero por ese “Goliat inmenso que tenemos por vecino” y que tanto tiene que ver con nosotros queramos o no y luego por una ineficiente dirección política errante, que cambia y cambia por las conveniencias de mantenerse atadas al poder, pero que ha creado una “Hidra de siete cabezas” (la burocracia), que pervierte todo lo que toca y será, sino no cambiamos, el motivo real de la pérdida de la “Arcadia Cubana”.

Pero lo hermoso es que en medio del marabú profundo de los procedimientos y las trabas el país se levanta y ya es otro, habla, opina, es inteligente y rompe esquemas, eso lo he comprobado cuando converso con la gente de a pie que no quiere otra cosa que prosperar, tener su destino en sus manos y un estado garantizador de las conquistas que ganamos con sacrificios y con ese mismo esfuerzo hemos mantenido, nos lo debemos a nosotros mismos y tenemos derecho a disfrutarla.

Cambios, cambios, cambios, para mejor, no para atrás como el cangrejo o con una vuelta en círculo que no haga mordernos la cola, eso es lo que quiere es este pueblo sacrificado, heroico y con un pasado histórico al que no renunciará jamás, pero que no puede convertirse en lastre sino en pedestal de los victorias.

Opinión, Política

LA RELIGIÓN Y LA POLÍTICA


La Piedad, Rita Longa, escultora cubana

Las religiones aparecen en el mundo como necesidad espiritual del ser humano de explicarse un mundo que se presentaba y presenta siempre impredecible, implacable y muchas veces cruel. La naturaleza, nuestra gran madre, tiene por ley fundamental el caos, pero entre sus causas y efectos, la sucesión de acontecimientos y la relación entre ellos, fueron surgiendo regularidades suficientes para que el hombre encontrara “ciencias” para explicársela y cuando no pudo encontrar esas explicaciones tuvo la suprema modestia de aceptar sus miedos y abrigarse en la fe, que es la buena voluntad del azar. La conjugación de una cosa y la otra trajo por resultado la sapiencia humana, base de su crecimiento raudo.

Lo triste es que siempre hubo seres humanos que aprovecharon estos conocimientos para sojuzgar a las mayorías, crear un halo de misticidad alrededor de sus figuras y sus saberes y junto con un grupo de “elegidos” se apropiaron del poder y de los recursos en función de su supremacía.

Toda la historia humana ha estado llena de esa apropiación de la religiosidad por parte de los que tienen el poder para justificar su presencia al frente de los grupos humanos, esto ha sido la “política” a lo largo de la historia humana.

Con el surgimiento de las izquierdas ateístas, la negación de la religiosidad fue un tema central, porque “eran usadas por los poderes hegemónicos” para legitimarse (reyes, príncipes, emperadores, presidentes, ministros o cualquier otra figura que ejerciera el poder), pero se creó otro tipo de misticidad alrededor del “culto a la personalidad”, queridas, tenidas y acatadas como dioses, aunque no fueran nombrados como ellos.

En un continente como el latinoamericano, permeado por las amalgamadas religiones del cristianismo, el animismo africano y amerindio, las religiones encontraron en el pueblo una legitimación popular y contrapuesta a la religión predominantemente católica y aliadas a las élites, por eso surgen las corrientes de la “teología de la revolución”, curas guerrilleros como los padres Sardiñas, en Cuba, y Camilo Torres, en Colombia y religiosos de militancia activa junto a los pobres como Frei Beto, Ernesto Cardenal y otros muchos que escapan ahora a mi memoria, era una nueva forma de asumir la religiosidad como la espiritualidad de las masas, no para convertirlas en rebaños de las élites capitalistas, sino para compulsarlas a construir su paraíso en la propia tierra, como mejor monumento a Dios, cuya creación mayor es el HOMBRE.

Hago esta reflexión porque con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, un hombre de profunda fe cristiana legitima la religión como elemento ideológico para construir un mundo mejor en la tierra, teniendo la audacia de interpretar las ideas socialistas de equidad y progreso como compatibles con esta religión milenaria y con otras tantas formas de creer que nacen en el pueblo, le dan fuerza y le ayudan espiritualmente, para sin negar su fe buscar el justo mejoramiento y la prosperidad, dentro de la ética y la espiritualidad de seres humanos buenos, laboriosos y solidarios.

Opinión

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