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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 
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José Martí

DÍA DE LA CULTURA CUBANA


“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

El 20 de octubre los cubanos celebramos el Día de la Cultura Cubana, en conmemoración a la fecha en que fue cantado por primera vez el Himno nacional en la ciudad de Bayamo, el 29 de octubre de 1868.

En su célebre ensayo “Nuestra América” de José Martí, aparecido en enero de 1889, está escrita la frase que sirve de exergo a este trabajo y que resume con certeza su concepción de cultura partiendo de la conservación de aquellos elementos que la hacen auténtica y única, aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

“Nuestra América” fue escrito a modo de resumen de las ideas del Apóstol cubano sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre nuestros pueblos los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente de poder en nuestros países que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualarse.

Frente a este mimetismo surgen las ideas de José Martí advertidoras y valientes para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuerte componente mestizo y la pervivencia de culturas ancestrales que tienen su base en las sociedades originarias que existían desde antes de la conquista.

Era una frase que incluía también a Cuba, aún colonia cuando escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a su metrópoli colonial, España. En la isla e a fines del siglo XIX se ha vivido un largo trecho forjador de la nacionalidad trascultural de más de tres siglos por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismo.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de los emigrados revolucionarios que cuentan con orgullo los avatares de la “Guerra Grande” (1868-1878), canta sus canciones, añora sus paisajes, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer una nación libre.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla, madura y en tránsito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgullosos de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado sus frutos de calidad en poetas como José María Heredia, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) y Juan Clemente Zenea, entre otros muchos, que primero se reconocieron en el paisaje y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoció Martí, al que llamó a la unidad y al sacrificio no solo para lograr la independencia, sino para impedir su anexión a los Estados Unidos.

La muerte del Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo, fue lección para las generaciones que en la república se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulatas y ron; playas, juegos y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más, la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó su cultura de resistencia que soñaba en los versos de Nicolás Guillén, pinta en las trasparencias de Carlos Enrique y la mulatéz de Wilfredo Lam; canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, encabezados por José Lezama Lima; hace teatro con Paco Alfonso y Virgilio Piñeras y se vuelve compromiso político en Rubén Martínez Villena, Juan Marinello, Alejo Carpentier y Raúl Gómez García, para ir conformando ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo para bien, creando vasos comunicantes que enriquecen y fertilizan.

La Revolución triunfante el 1º de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que viene de lugares disímiles.

Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero, para fecundar el árbol de lo cubano, sil olvidad que el reto era “…injertar en nuestras republicas el mundo”, fuera cual fuera el mundo, siempre y cuando nos beneficiara como pueblo y sociedad, y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia foránea y Martí siguió diciendo “…pero el tronco ha de ser el de nuestras república”

Un pueblo crecido en estos más de cincuenta años de revolución, ha consolidado una cultura donde, “el ejercicio de la soberanía es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despierta sus virtudes cardinales”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “…estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar su destino”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después que la frase de José Martí, tiene el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de toda formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las cultura dominantes y los centros de poder del primer mundo, dueños de los medios de comunicación y por ello vendedores de modelos para países “menos desarrollados”.

La vigencia de esta frase cobra mayor fuerza en época de “globalización”, “aldea global”, “mass cultura”, y todo intento de la maquinaria sociocultura del capitalismo moderno empeñada en hacer una versión sintetizada y desproblematizada de la cultura humana y sus diversas variantes.

La Revolución Cubana como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí, basa su política cultural en ese dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea José martí, no para dar la espalda al mundo sino para intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión, pero tener bien claro cuáles son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio, pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizar la educación de un pueblo, para que fuera capaz de disfrutar el arte y la cultura auténtica, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular, siempre que sea auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio, de que ese proceso de “fusión” contemporáneo es algo inherente a las culturas nacionales, en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en su ensayo “Nuestra América”, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismo estrecho, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida, hechos que solo el tiempo y el pueblo, avalarán con su aceptación o no.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero en la que se destacan dos grandes conglomerados culturales: uno de origen ibérico, traídos por el conquistador y el otro de origen africano mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco criollo”, al que constantemente se le está añadiendo un nuevo producto o condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para José Martí esto se complementa con un componente ideológico fundamental: la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso, “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de digerir” por todos, alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.

Bibliografía

- Anta Diop, Cheikh: “Los tres pilares de la identidad”, en Revista UNESCO, Nº 5/6, 1986

- Martí, José: Obras Completas, Tomo VI, pág. 15. La Habana, 1972

- Martínez Pires, Pedro: “Eusebio Leal: “No podremos entender la Revolución sin entender la república”, entrevista en revista Temas Nº 24/25, 2001

- Ortiz, Fernando: “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”. La Habana, 1975

Cultura y sociedad centran la atención del Congreso de escritores” en per. Juventud Rebelde 1/4/2008


[1] Cheikh Anta Diop: “Los tres pilares de la identidad cultural”, en revista UNESCO, Nº 5/6, 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas, aparecido por primera vez en su libro “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”, 1940

Cultura, José Martí

UN LUGAR DE LA HABANA VIEJA


Este lugar me resulta entrañable porque hace quince años sin faltar un día, llego hasta aquella casita de fachada amarilla y ventanales azules para ocuparme del más hermoso de los oficios, cuidar la historia, trasmitirla apegado a la verdad, conversar con los que llegan desde todas parte de esta isla de Cuba y desde este mundo que cada día se nos hace más pequeño.

Esta casita es una metáfora, en ella se resume el inicio de un hombre imprescindible para todos los cubanos, la figura de la que hablan los libros, los estudiosos y los políticos, este que desde niño fue predestinado a ser conductor de pueblo, no por un don entregado por los dioses, sino por esa entrega al ser humano como causa principal, sin chovinismos, primero entre los suyos, esa familia fecunda y nutriente que le fue dada, después con su pueblo, entre los suyos, sufriendo las injusticias de cada esquina, aprendiendo de cada hombre o mujer que entró en su vida, aunque solo fuera para saludarlo.

Este hombre político fue poeta y soñó un mundo mejor y la humanidad por patria, sin olvidar que había nacido en una isla verde demasiado cerca de los gélidos egoísmos que se concentraban al norte, ese es José Martí, mi oficio es cuidar la casa donde nació, esa que todos en Cuba saben dónde está, esa sencilla pieza de entramado urbano, en un bello rincón de La Habana colonial, rodeada de gente que vive y sueña y que meridianamente es un resumen de Cuba y su historia.

Cultura, José Martí

EL BRINDIS DEL HOTEL INGLATERRA


En agosto de 1878 regresó a La Habana José Martí, venía de Guatemala acompañado de su joven esposa Carmen Zayas Bazán, que estaba en un avanzado estado de gestación.

Al país que regresaba Martí le llenaban sentimientos encontrados tras diez años de guerra por la independencia que tuvieron su impase en el pacto firmado entre los insurrectos cubanos y la monarquía española en marzo de 1878, una de las cláusulas del acuerdo fue el permitir el regreso de todos los desterrados políticos, entre los que contaba Martí.

Adaptarse a la situación político social de su ciudad y su isla no fue nada fácil para el ya reconocido abogado y hombre de letras, que había demostrado capacidades suficientes como para salir adelante con su familia, pero las autoridades españolas desconfiaban de él y trataron por todos los medios de impedirle el normal desarrollo de su vida en la ciudad, empezando por el trabajo cosa que se le dificultó mucho, hasta el punto de tener que trabajar como “pasante”[1] en bufetes de abogados  amigos, Viondi y Azcárate, ¿razón? No tenía los títulos de las carreras hechas en España[2].

Hay una anécdota muy conocida entre los cubanos sobre los verdaderos sentimientos políticos de Martí y su valentía para expresarlos en público, este fue el brindis que hiciera en el banquete realizado en el “Café El Louvre” un conocido espacio situado en la esquina de Prado y San Rafael, en los bajos del Hotel Inglaterra en La Habana.

Era un homenaje que hacían al periodista Adolfo Márquez Streling sus amigos de los círculos intelectuales habaneros. El mismo se efectuó el 21 de abril de 1879 y en medio de los discursos laudatorios que se hicieron a la figura del importante periodista cubano, muchos de los presente  elogiaron la política conciliatoria que se producía entre los partidarios de la independencia y los que querían reformas bajo el régimen colonial.

Al tocarle su turno a José Martí este pronunció un encendido discurso contra lo que calificó de burla a las aspiraciones separatistas de los cubanos y en un encendido discurso contra lo que creyó que significaba una burla a las aspiraciones separatistas de los cubanos y cerró sus palabras alzando la copa y diciendo:

“… Por soberbia, por digna, por enérgica, yo brindo por la política cubana, si por ligeras caricias en la melena, como domador desconfiado, se pretende aquietar y burlar al noble león, ansioso, entonces quiebro mi copa: no brindo por la política cubana.”

Uniendo a sus palabras vibrantes la acción de quebrar la copa ante el asombro de la concurrencia.

De esta forma manifestó su desacuerdo con la política de los autonomistas que pretendían una Cuba como  provincia de ultramar española.


[1] Una especie de secretario o escribiente en los bufetes de la época

[2] Era una costumbre sentada que a los recién graduados en España se les daba algunos años de gracia para desarrollar sus carreras y luego comprar los títulos, dado su costo. Certificaban su acreditación con un documento expedido por las Universidades.

José Martí

JOSÉ MARTÍ Y LOS HABANEROS ILUSTRES



“Martí y la noche”

Autor: José Luis Fariña

El nacimiento de José Martí a mediados del siglo XIX le permite crecer y madurar en un momento germinal de la cultura en la isla de Cuba: la creación de la nación y el afianzamiento de la identidad nacional.

José Martí aprende con maestros cubanos imbuidos de las ideas más avanzadas de su tiempo y todos ellos convencidos de la existencia de la nacionalidad en la isla, algunos acariciando ya el independentismo como ideal posible.

Rafael María Mendive como el más cercano a él, es un liberal, discípulo de José de la Luz y Caballero; marca un significativo magisterio en la juventud criolla que se formó en su colegio o lo tuvieron como influencia en sus conocidas tertulias de mediados de la década del sesenta del decimonónico.

Este período histórico esta signado por la circulación frecuente y cada vez más amplia de la independencia como la necesidad más necesaria de la isla para resolver sus grandes problemas sociales, las contradicciones con la metrópoli, el estancamiento y decadencia de las clases dominantes criollas y la solución del gran problema social de la isla que es la esclavitud de miles de seres humanos para sostener la economía plantacionista azucarera.

El alzamiento de los orientales en 1868 liderados por Carlos Manuel de Céspedes, rompe con el mito de la sublevación de los esclavos africanos como consecuencia de la lucha por la independencia y por el contrario incorpora la abolición de la esclavitud como un reclamo natural de la república a que se aspira.

En consecuencia José Martí un adolescente habanero formado en lo mejor del pensamiento identitario de la isla abraza la causa de la independencia e inicia una participación comprometida y militante en los sucesos que a consecuencia de la clarinada oriental ocurren en La Habana.

Su accionar a partir de este momento va dirigido a lograr este sagrado objetivo de la nación cubana y para ello uno de sus principales intereses fue el estudio del pasado inmediato de la historia y la cultura de la isla. No desconocía la fructífera herencia que recogía, no solo de los que se pronunciaron abiertamente por la separación de España y la soberanía de la isla, sino también de los que desde las aulas, las academias, las publicaciones, tertulias o las tribunas, enaltecieron la cultura criolla de lustre y personalidad propia, haciendo ver la madurez de la sociedad isleña en transito hacía la cubana.

Orgullo y respeto por el pasado, acercamiento crítico al pensamiento de los reformistas, convencimiento de que la solución no estaba bajo la soberanía de España, ni de ninguna otra potencia, confianza en la sociedad de la isla, no solo en su élite acomodada, sino en sus humildes estamentos, incluyendo al negro; esta es la posición de Martí cuando decide su destino político: luchar por la libertad del cubano.

Con él están los iluministas de la Sociedad Patriótica quienes desde el siglo XVIII unen esfuerzos por adelantar a la isla en el concierto de las naciones y logran en poco tiempo una sociedad próspera, con una animada cultura y una poderosa clase criolla de grandes contrastes, sostenedora de la monarquía española frente al empuje liberal de la península y que compartía la isla con una mayoría ignorada ajena de derechos: los esclavos africanos base de la economía y sus riquezas.

No será hasta la década de los 80 del siglo XIX, cuando Martí se radica en Nueva York y entra en contacto con la colonia cubana de esta urbe que conocerá más profundamente de los escritos e ideas de los iluministas criollos de la Sociedad Patriótica, entre los que está Félix Varela, cuya figura reencuentra y asume en los escritos de Antonio Bachiller y Morales, ya anciano y venerado entre los emigrados de la isla, a quien ve con frecuencia y cuyo trato hará que lo describa como patriarca que escribe de aquellos hombres asentados en la base de la sociedad cubana.

Notas y referencias dejan testimonio de las lecturas de José Martí de la obra de Bachiller y Morales, se admira de aquellos que abren camino en medio del oscurantismo y la ignorancia y lo que es aún más importante abrazando las ideas del liberalismo burgués, que no llega a concretarse en proyecto político por el compromiso pragmático que la aristocracia criolla hace con la reacción española, siempre y cuando garantizara el mantenimiento de la esclavitud como base de sus riquezas y prosperidad.

En ocasión de la muerte de Antonio Bachiller y Morales escribe Martí sobre la época que a este le tocó vivir:

“Nació cuando daba flor la horca de Tupac Amaru; cuando la tierra americana, harta de pena, echaba a los que se habían puesto a sus ubres como cómitres hambrientos; cuando Hidalgo, de un vuelo de la sotana, y Bolívar, de un rayo de los ojos, y San Martín, de un puñetazo en los Andes, sacudían, del Bravo al Quito, el continente que despertó llamando a guerra con el terremoto, y cuajó el aire en lanzas, y a los potros de las llanuras les puso alas en los ijares. Nació cuando la misma España, cansada de servir de encubridora a un gitano, se hallaba en un bolsillo de la chaqueta el alma perdida en Sagunto. Nació cuando, al reclamo de la libertad que les es natural, los americanos saludaron la redención de España, la luz del año doce, con acentos que al mismo De Pradt parecían dignos, no de colonos de Puerto Rico y Veracruz, “sino de los hombres más instruidos y elocuentes de Europa”. Nació en los días de Humboldt, de padre marcial y de madre devota, el niño estudioso que ya a los pocos años, discutiendo en latín y llevándose cátedras y premios, confirmó lo que Humboldt decía de la precocidad y rara ilustración de la gente de la Habana, “superior a la de toda la América antes de que ésta volviese por su libertad, aunque diez años después ya muy atrás de los libres americanos”. Pero no Bachiller, que se cansó pronto de latines, por más que no les perdió nunca aquel miramiento de hijo, y aquella hidalga gratitud, que fueron bellezas continuas de su carácter, a punto de hacerle preferir alguna vez que le tomasen por hijo tibio de la patria que adoraba, antes que por ingrato”[1].

De estas lecturas nace la veneración por el presbítero Varela, el hombre que muere en el año de su nacimiento, el de la vocación de sacrificio y servicio desinteresado a la patria, de quien dijo que era un patriota entero, “(…)que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse ni apresurares, ni confundir el justo respeto a un pueblo de instituciones libres con la necesidad injustificable de agregarse al pueblo extraño y distinto que no posee lo mismo que (con) nuestro escuerzo y nuestra calidad probada podemos llegar a poseer”[2]

Habla Martí de las simpatías anexionistas de algunos y les recuerdas que el noble cura no quiso la anexión, pese a la admiración que sentía por lo que habían logrado los estadounidenses.

Respeto es lo que siente Martí por el hombre de letras y el pensador adelantado, que por su visión anticipadora y la manera ágil y directa que tiene de enfrentar los grandes problemas de Cuba, con energía y firmeza, llega a la conclusión de que la solución estaba en la independencia; idea temida por los mismos burgueses criollos que alabaron al presbítero en su cátedra del Seminario San Carlos y lo eligieron posteriormente a las Cortes en 1821, y que en ese instante toman distancia del patriota sincero que al igual que Cristo previó esa deserción al expresar:

“(…) El deseo de conseguir el aura popular es el móvil de muchos que se tienen por patriotas, (…) no hay placer mayor para un verdadero hijo de la patria como el de hacerse acreedor a las consideraciones de sus conciudadanos por sus servicios a la sociedad; más cuando el bien de esta exige la pérdida del aura popular, he aquí el sacrificio más noble y más digno de un hombre de bien, y de aquí el que desgraciadamente es muy raro”

En consecuencia con esa virtud y vocación de sacrificio de Félix Varela, José Martí escribió en uno de sus cuadernos de apuntes, una frase que bien puede calificar al cura precursor: “El primero será siempre el que más desdeñe serlo”

Hombre de letras y rezos, de cultura enciclopédica, rompedor de cánones y prejuicios, Varela fue el hombre que abrió caminos en la mente de los criollos, cuando desde la cátedra de filosofía del Seminario San Carlos, abogó por la experimentación científica, la especulación investigativa, la enseñanza en español y la dignidad del hombre como patrón de conducta.

José Martí conoce las ideas de Varela, las tiene presente en los momentos que organiza un pueblo para conquistar la independencia y reconoce el sacrificio del que vio primero y más lejos al querer la emancipación de Cuba.


[1] El Avisador Hispano-americano, Nueva York, 24 de enero de 1889. Obras Completas Tomo X

[2] Obras Completas Tomo 2: 96

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ UN VISIONARIO DE LA TECNOLOGÍA


José Martí. Autos Miguel Díaz Salinero

Colección Museo Casa Natal de José Martí

José Martí nos demuestra que estar bien informado no es solo leer y enterarse, sino ser capaz de sacar conclusiones, soñar despierto y ver más allá de los que nos van diciendo, por eso a muchos en Cuba no le asombra una premonición hermosa y certera del cubano universal, que fue contemporáneo de los avances en la telefonía, la aplicación de la electricidad y los diversos experimentos que a finales del siglo XIX se realizaban para encontrarle mayor aplicación a estos avances que revolucionarían el siglo XX, el verdadero “Siglo de las Luces” por los enormes avances que se produjeron esa centuria:

“Destinan sus autores esta ventajosísima batería a los trabajos de galvanoplastia; pero se calcula que si se la tiene todo el día encendida, puede producir poder eléctrico bastante para el alumbrado de una casa no pequeña, o para alimentar un motor de tamaño y fuerza adecuados a los usos domésticos.-Así como ahora se imprime por vapor,- por electricidad se imprimirá pronto,-así las rudas labores de la casa serán fácil y rápidamente hechas, como en los grandes hoteles de New York, por una veloz y limpia maquinaria. Hablan de un agente de anuncios de compañía eléctrica que asombró a Roma con un alfiler de corbata de luz eléctrica, alimentado con un dínamo de bolsillo-que producía luz por cinco horas. Día llegará en que pueda llevar consigo el hombre, como hoy el tiempo en el reloj, la luz, el calor, y la fuerza en algún aparato diminuto.[1]

Fíjense en las negritas y verán que como parece adelantarse a los numerosos equipos que hoy gracias a la creación de los chips acompañan la vida del ser humano, o mejor dicho a una parte de esta humanidad tan desigual y egoísta.


[1] Revista “La América”, Nueva York, octubre de 1883. José Martí. Obras Completas. Tomo 8. Pág. 416

José Martí

JOSÉ MARTÍ, LA IDEA DEL BIEN

Hace 125 años, un hombre muy ocupado en cosas de adulto, quiso regalarles a los niños una revista en la que quedaran plasmadas las ideas que sobre ellos él tenía. Ese hombre fue José Martí, exiliado en Nueva York, con la tarea de emancipar un pueblo y levantarlo sobre simientes nuevas, pensó que nada de esto podía hacerse sin la educación como herramienta principal de la cultura y por eso comenzó por la raíz dedicándole a los niños de América Latina y del mundo una revista distinta en la que aprendieran valores en los cuentos y relatos que escogió para su revista, amena y bella.

La novedad estaba en enseñarle aquellas cosas que marcaban a la sociedad de su tiempo, la Revolución Industrial, el desarrollo de las ciencias y el conocimiento del planeta donde vivían.

Puso mucho énfasis en la Historia de América, las guerras por lograr la independencia de España y el orgullo que debían sentir por aquellos que lo sacrificaron todos por ese motivo.

Solo salieron cuatro números de aquella revista excepcional que circuló por algunos países de nuestras tierras, dejando la simiente del buen hacer para los niños, los ciudadanos del futuro.

El primero de los cuatro ejemplares de la revista “La Edad de Oro”, salió en julio de 1889 precedido de un prólogo que deja claras las intenciones de su redactor:

“Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre.”

Son las esencias de la formación del ciudadano, crecido como “BUENO” por sus virtudes y valores humanos.

“Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Lea vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora Para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra.”

Todas las publicaciones para niños y adultos deberían poner en su prólogo estas intenciones hermosas de formar al hombre y la mujer de mañana, ese modo de crecer con su historia y su herencia cultural para ser digno de su familia, de sus país y de su tiempo.

“Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.”

Estas palabras tan repetidas, por educadores y políticos, debiera ser el evangelio de los que forman al que deberá continuar la obra que hoy llevabas adelante, por ellos recordamos al “hombre de “La Edad de Oro”, ahora que hablamos y nos enfrascamos en formar a las nuevas generaciones para ser personas de bien, llenos de espiritualidad y cargados del altruismo de los sueños.

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ, VARIOS DATOS SOBRE SU MUERTE

Ø

Muerte de José Martí, autor, Esteban Valderrama

Murió alrededor del mediodía del 19 de mayo de 1895

Hubo un único testigo de su muerte por la parte cubana, el joven soldado mambí Ángel de la Guardia.

Ángel de la Guardia no era su ayudante personal, sino del General Bartolomé Masó.

José Martí fue impactado por tres balazos de máuser: Uno penetró por debajo de la barbilla y salió por la parte posterior del cráneo; el segundo entró por la punta del esternón, con salida por la espalda y el tercero en el muslo derecho.

Su muerte fue instantánea

Las fuerzas españolas que le mataron estaban mandada por el coronel José Jiménez de Saldoval

Su cadáver quedó en manos de las fuerzas españolas, quienes no sabían en un primer momento quién era el occiso

Fue enterrado directamente en tierra en el cementerio del poblado de Remanganagua

Fue exhumado el 22 de mayo de 1895 por el doctor Pablo A. Valencia, para su identificación oficial.

Trasladado a Santiago de Cuba donde fue enterrado en un nicho del cementerio Santa Ifigenia

La pintura más conocida sobre la muerte de José Martí la hizo el artista cubano Esteban Valderrama. Quien la destruyó por las muchas críticas que recibió, por pequeños detalles de su obra.

A pesar de ello esa es la obra más representativa de la tragedia de Dos Ríos.

Ø

José Martí

SIN PATRIA PERO SIN AMO


Muerte de Martí. Dibujo de Eladio Rivadulla

Hace 119 años, al medio día del 19 de mayo de 1895 moría por Cuba y sus ideales de mejoría humana, José Martí Pérez. El intelectual más importante de la historia cubana, el mismo que reunió en su persona la capacidad de liderazgo para conducir a un pueblo a su libertad y a la mejoría social de sus habitantes más desposeído en una sociedad que el soñó, “con todos y para el bien de todos.

Hace 119 año nació para la historia un hombre singular que tuvo la sagacidad política de advertirnos del peligro mayor que significaba para las naciones latinoamericana, los Estados Unidos de América, “…cuanto hice hasta hoy y haré es para eso”, impedir la anexión de Cuba a los Estados Unidos y la expansión de estos por Nuestra América, eso dicho en pleno esplendor de la “democracia imperial” del “…norte revuelto y brutal que nos desprecia”, todo escrito con claridad un día antes de morir a su amigo Manuel Mercado de México como advertencia certera y clara de lo que nos esperaba en ese siglo “XX americano”, que tanto nos ha pesado.

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi honda es la de David”, así diría de forma lapidaria en esa carta inconclusa que todos los hombres de nuestras tierras deberían leer, “Patria es humanidad”, dirá en otra ocasión y sigue vivo en nosotros, aún sin saberlo nosotros:

“Yo quiero cuando me muera

“Sin patria pero sin amo

“Tener en mi loza un ramo

“De flores y una bandera”

Carta inconclusa a Manuel Mercado (Fragmento)

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

Sr. Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.

José Martí

CON LOS POBRE DE LA TIERRA

Dibujo de Orestes Suárez. 1988

Hace 119 años desandaba por la región oriental de Cuba, el maestro, el hombre que había dedicado toda su vida a la consecución de una patria libre para los cubanos, era José Martí quien luego de llegar a Cuba con una pequeña expedición, emprende el camino del soldado, entre matorrales y vertientes sinuosas, descubriendo esa otra Cuba que no había conocido, la Cuba de los orientales rebeldes que habían peleado diez años contra el coloniaje español y que al término de la guerra, por una tregua que ellos no pidieron, volvieron al monte, a vivir de lo que su naturaleza le ofrecía, a esperar tiempos mejores para reiniciar una contienda y terminara la obra de Carlos Manuel de Céspedes.

Martí palpo este ánimo, caminó junto a gente que lo llamó presidente, recibió con humildad los grados de Mayor General, más por complacerlos que por ambiciones personales y siguió por senderos heroicos, donde cada piedra le hacía una historia y cada familia contaba con un héroe o un mártir por aquella hazaña cubana de hacerse libres.

“Subir lomas hermana hombres”, dijo entonces y no permitió que nadie llevara su pesada mochila de soldado y entre breñas y sobresaltos, escribía su diario, exaltando el azul de aquel cielo turquí, escuchando al ruiseñor y al sinsonte, indagando por cada planta y humilde ante el relato de su gente.

Eran sus días de gloria, sus días mambises y sin saber sus últimos días en este mundo, pocos días después, de cara al sol cae combatiendo por su pueblo, por sus sueños.

José Martí

DÍA DE LAS MADRES EN CUBA


Arraigado en nuestra idiosincrasia, el segundo domingo de mayo es el día escogido por nuestra sociedad para agasajar a la progenitora de nuestros días, la madrecita cantada en son de tango, rancheras o sones, tenidas en cuenta en grandes poemas o en simples rimas de hijos agradecidos, esa que se no hace imprescindible aun cuando ya no está junto a nosotros y le seguimos dedicando nuestras flores y escuchando sus consejos que nos llegan desde el subconsciente donde vive la mama.

Para todas las madres de aquí y de allá, quiero poner este poema sentido, hermoso y popular, que dedicó nuestro José Martí a su madre cuando él era apenas un niño:

Cultura, José Martí

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