Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

EL CHE HABLA DE JOSÉ MARTÍ


El 14 de junio de 1928 nació en Rosario, Argentina, Ernesto Guevara de la Serna, nuestro querido “Ché”, una figura carismática y de aportes extraordinarios al quehacer revolucionarios de nuestros días. Los cubanos tuvimos el inmenso privilegio de verlo crecer en el ámbito cubano como guerrillero, estadista y ser humano.

De hecho el Che dejó entre nosotros su faceta más fructífera para todas las generaciones que vinieran después, la de educador. Con su ejemplo y su intransigencia formó en los hombres bajo su mando y en quienes lo conocieron la convicción de que a la sociedad nueva le correspondía un “hombre nuevo”, del que fue sin duda el modelo. Ese hombre nuevo solidario, altruista, capaz de luchar por la causa de los humildes desde el lugar que le asignara la historia y las veleidosas circunstancias, fue él.

Mi generación lo vio vivo, actuante, constructor de la nueva sociedad, impulsor de las nuevas conductas para la sociedad socialista modélica que soñó y que hoy nos queda como la utopía que alcanzará la humanidad cuando sea capaz de dejar a un lado los egoísmos y las ambiciones fanáticas de poder y enriquecimiento.

Como homenaje a este nuevo aniversario del nacimiento del Che traigo unas anotaciones que hice hace ya varios años, con respecto a su pensamiento sobre José Martí:

El 28 de enero de 1961, aniversario del natalicio de José Martí y en un año en el que Cuba se había comprometido ante el mundo librarse del flagelo del analfabetismo, se produjo este hermoso encuentro del Comandante Ernesto Guevara con un grupo de entusiastas jóvenes que lo aclamaban; con su peculiar manera de dirigirse al pueblo el Che dijo:

“Hoy se cumple un nuevo aniversario del natalicio de José Martí, y antes de entrar en el tema quiero prevenirles una cosa: he escuchado hace unos momentos: ¡Viva el Che Guevara!, pero a ninguno de ustedes se les ocurrió hoy gritar: ¡Viva Martí!… y esto no está bien…”

Más adelante explica a los jóvenes allí reunidos lo que significa Martí para los revolucionarios, “…Martí fue el mentor de nuestra Revolución a cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estábamos viviendo, y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo había que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer trascendente en esta patria… porque José Martí es mucho más que cubano; es americano, …su voz se escucha y respeta no solo aquí en Cuba sino en toda América”

El guerrillero argentino-cubano que conoció del arraigo del Apóstol en el pueblo cubano profundiza en el modo mejor de rendirle homenaje al inspirador ideológico de la Revolución Cubana:

“Se puede honrar a Martí citando sus frases bonitas, frases perfectas, y además, y sobre todo, frases justas. Pero se puede y se debe honrar a Martí en la forma en que él quería que se le hiciera, cuando decía a pleno pulmón: “La mejor manera de decir es hacer”

La ejemplar vida del Guerrillero Heroico fue su mejor modo de rendirle homenaje al Cubano Mayor. El pudo conocerlo poco, como bien dice en otros momentos, había leído algo de su poesía y aprendió de su obra y ejemplo con los cubanos en la preparación de la insurrección, en la guerra y ya triunfante la Revolución.

Pudo aquilatar el valor de la vida y la obra de José Martí, no solo para los cubanos, sino para los latinoamericanos y los desposeídos de la tierra, con los que quiso su suerte echar.

Sus palabras de ese día se centraron en explicar a los jóvenes cubanos el modo de honrar a Martí enfatizando su identificación con aquella máxima martiana que expresa: “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre” porque para él ese aforismo definía a un revolucionario en la lucha por lograr la plena emancipación humana, por eso murió Martí, por eso también murió el Che.

Al terminar su alocución, después de recordarles el amor de José Martí por la niñez y la juventud, el Che les pidió a los allí reunido que lo despidieran como lo habían recibido,”…pero al revés: con ¡Viva Martí que está vivo!”

José Martí, Opinión

19 DE MAYO



Dos Ríos. Autor Esteban Valderrama

Hace 120 años, un mediodía aciago murió por Cuba y por los pobres de la tierra José Martí, el más fecundo de nuestros pensadores y el más consecuentes de todos, a él este poema que le dedicó Rubén Martínez Villena, otro de los imprescindibles de la Historia de Cuba quien lo tituló solo, “19 de Mayo”:

Señor de la palabra, caudillo de la idea,

Tu verbo fue cual grito pletórico de fe,

Que al pueblo arrodillado quitole la librea,

Rompiole las cadenas y púsole de pie;

Y fue clarín guerrero llamando a la pelea

Y látigo feroz

Y centro en que brillaba la libertad futura,

En cuyas amenazas, preñadas de amargura,

El alma de la patria lloraba por tu voz.

Señor de la palabra: Tu helénica figura

En la historia aparece como un jirón de luz;

Y no se por qué el alma te supone en un templo

Y al recordar tu vida, buscándole un ejemplo,

¡Se postra de rodilla y piensa en una cruz!

Caudillo de la idea: al recordar tu muerte

El alma como un ángel magnifico te advierte

Que murió cultivando tu milagrosa mies

-La mies que fue regada con sangre de patriotas-

Y te ve con la frente y con las alas rotas

Y una estrella en el pecho y un león a tu pies.

Tu obra es una obra de tormento,

Es la de aquel que el alto pensamiento

En una estatua primorosa labra

Y te da vida con su propio aliento;

Héroe para entrar en la pelea

Te forjarte una espada: La palabra,

En una fragua sin igual: La Idea.

Mas la espada trocose en un machete

Y el orador se transformó en jinete

Para buscar el trágico bautismo;

Hacia el encuentro de la lid marchaste

Y, arrojando tu fardo de idealismo,

Te dejaste arrastrar en tu heroísmo

Por el propio huracán que desataste.

Águila que cansada de sus vuelos

Por las regiones de grito aterra,

Descendió como un rayo de los cielos

Para morir cual tórtola en la tierra…

Señor de la palabra, Caudillo de la idea,

Supiste ser más tarde señor de la pelea,

Caudillo del tropel;

Montaste sin destreza sobre el bridón altivo

Te erguiste clamoroso de pie sobre el estribo,

Y el fuego de tu verbo electrizó al corcel,

Y fue como un pegazo con un ángel encima.

La hoja de la espada -en inocente esgrima-

Prolongaba tu alma como un rayo de bien.

Oyose una descarga…caíste entre las balas,

Y el sombrero cubano te formó con sus alas

Como un halo glorioso que rodeaba tu sien.

Y las ánforas vivas, prodigiosas,

De tu pecho y tu cráneo se volcaron;

Urna de sangre y de ideal preciosas,

Que tu tesoro en tierra derramaron;

¡Así tu sangre y tu ideal regaron

Tu cosecha de mieses milagrosas!

Y susurraron las palmas con un trémulo rumor

Que puso espanto en las almas

Y en el pendón español:

“No me pongan en lo oscuro

A morir como un traidor,

Yo soy bueno y como bueno

Moriré de cara al sol…”

Callaron las palmas. Y los ríos

Que vieron su caída, sollozaron,

Y sus dulces murmuríos

Y en su canción plañidera

También ellos susurraron:

“Yo quiero cuando me muera

Sin patria pero sin amo,

Tener en mi tumba un ramo

De flores y una bandera…”

Y las flores de mayo, para cumplir tu sueño,

Quisieron afanosas, con inútil empeño,

Escapar de sus tallos y formarte un cendal;

Lloraban dulcemente los ríos en sus cuencas,

Se inclinaron las palmas y juntando sus pencas,

Formaron a tu muerte como un arco triunfal.

Y lloraban los ríos en canción plañidera,

Seguían sus rumores pidiendo una bandera;

Y unos trozos de cielo y unas nubes de tul

Bajaron lentamente como por un encanto

Formando a su cadáver como un mágico manto

Con dos franjas de blanco y tres franjas de azul.

Y la patria a tu lado sollozando miraba

Como en el manto mágico tu sangre dibujaba

Un triángulo teñido de trágico arrebol:

Dejó que de tu sangre se extendiera la huella

Y entonces le dio un beso y dibujó una estrella

-La marca de sus labios brillando como un sol-

Esa fue tu bandera de sublimes colores

Pero tu otro deseo ¿aquel ramo de flores

Que forjara tu musa de inmortal soñador?

Acepta como un ramo el pobre canto mío,

Donde la flor es verso y es lágrima el rocío

Y el matiz es la rima y el perfume es amor.

Águila que cansada de tu vuelo,

Sentiste la nostalgia de la tierra

Y descendiste rápida del cielo

Para morir cual tórtola en la guerra;

Señor de la palabra, Caudillo de la Idea:

Observa que tu pueblo ya no tiene librea

Y rompió sus cadenas con suprema altivez;

Pero en el día fúnebre en que más grande brillas,

El pueblo redimido se encuentra de rodillas:

¡Tu recuerdo sagrado le arrodilla otra vez!

Rubén Martínez Villena



Cultura, Historia, José Martí

JOSÉ MARTÍ, ¿LA CARTA INCONCLUSA?


Hoy es de 18 de mayo, hace 120 años José Martí escribió su último documento para la historia, los cubanos le conocemos como “la carta inconclusa”, porque a pesar de lo extensa que ya era, Martí no pudo concluirla, en esos momentos llegaba al campamento insurrecto el Mayor General Bartolomé Masó con sus fuerzas y el Apóstol junto a todos los que allí estaban salió a recibirlo.

Pero en aquella carta todos quedó dicho, en realidad era un resumen de los temores de José Martí sobre el futuro de Cuba si fracasaba la Revolución que el encabezaba y ese peligro venía de las apetencias anexionistas de los gobernantes y de lo decisores de los Estados Unidos y de los que en Cuba estaban dispuesto a renunciar a ser independiente siempre y cuando quedarán intactos sus caudales y sus intereses; triste realidad que tuvimos que vivir como nación “a medias” cuando tras la intervención de los yanquis en la guerra de independencia, Cuba quedó a merced de esa potencia imperial, que al no poder someterla a la anexión, le impuso el vasallaje de la “Enmienda Platt”, esa Ley ominosa que le concedió a los Estados Unidos el derecho de intervención en Cuba y nos dejó el tratado a perpetuidad que cedía la bahía de Guantánamo a los “marines gringos”,

¿Podemos olvidar la historia? ¡Nunca!

Fuimos el país más sometido a los Estados Unidos, la rebeldía de los cubanos se debe a tanta humillación, a la desvergüenza de los apátridas y la “desmemoria” de muchos gobernantes, eso no podrá pasar de nuevo, desde la historia, Martí sigue hablando para nosotros:

“Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

“Sr. Manuel Mercado

“Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

“Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.”

(Fragmento)

Historia, José Martí

EL BARCO QUE TRAJO A JOSÉ MARTÍ



Maqueta del Nordstrand, conservada en el Museo casa Natal de José Martí

El Nordstrand, era un carguero de flete, construido en los astilleros de Neptum de Rostock, con el Nº de construcción 139 para los armadores Langel-Kiel y botado al agua en 1893. Casco de acero, eslora 64,30 mts. y 9,80 de manga. Desplaza un tonelaje de 886 ton. Propulsión mixta de velas y máquina de 400 C.V. Velocidad de 9,5 nudos.

Estando varados en la isla de Inagua llegó este carguero de bandera alemana teniendo como capitán a Heinrich Julius Theodor Lowe, nacido en Arnis, Silecia, Alemania el 6 de febrero de 1859, casado con Agnes Marteus, con la que tuvo cinco hijo, se radica en Hamburgo. Fue capitán de la marina, inspector del pportando madera y carga general.uerto de Amsterdan durante la Primera Guerra Mundial y murió a los 76 años el 1º de febrero de 1935.

Por esta época en que se cruzó en el camino de nuestro Apóstol cuando Lowe hacía con su barco la travesía de Cayo Hueso, Inagua, Cabo Haitiano, Kingston, trasportando madera y carga general.

El testimonio de lo que apreció Martí el gesto del capitán alemán al aceptar llevarlos hasta cerca de las costa de Cuba, es esta carta del Apóstol que trascribimos:

Sres. B. J. Guerra

y Gonzalo de Quesada

Estimados señores:

Tengo el gusto de presentar a vuestra gratitud y amistad al Capitán H. Loewe- él nos situó, el 11 de abril, donde deseábamos estar. Esto lo hizo, - no solamente por el interés de un servicio pobremente remunerado, - pero con el cuidado y el generoso empeño de un amigo. - Lo presento como un hombre inteligente y digno de confianza, plenamente merecedor de su afecto y confianza, y de los mejores términos que podemos ofrecerle. El está presto y capacitado para dirigir cualquiera de nuestras empresas actuales. Quizás sería aconsejable retenerlo con nosotros, al menos por algún tiempo con una iguala, utilizando sus buenos servicios en uno u otro trabajo. Junto con él están sus valiosos compañeros, - su Contramaestre y Primer Maquinista, - quienes podrían encontrar empleo en nuestra empresa frutera con Ñ punby(Emilio Núñez), en caso de no efectuarse, en el embarque de provisiones a cualquiera de las Antillas Europeas, por ejemplo, en consignación, o tránsito, a M. B. Barbes & Cía.,–agentes, Inagua, o en cualquier otro asunto que el Capitán Loewe pueda sugerirle. Nuestra mercancía pudiera venir como víveres. Nuestro R. R.(Horacio Rubens) pudiera venir con él.

En caso de que Uds. se cercioren que el Capitán H. Loewe haya perdido su puesto en él vapor Nordstrands debido a este servicio, les autorizo y encargo para pagarle $508.00.

Pero lo que más deseo encarecidamente es que Uds. le puedan encontrar, y él encuentre con nosotros, un empleo permanente y provechoso. Salúdenlo como un buen amigo.

De Uds.

J. Martí

Vapor Nordstrand, 11 de abril (1895).

Historia, José Martí

MARTÍ, LA RUTA HEROICA


José Martí por los montes de Cuba

Tomado de la revista Zun Zun, Cuba

Durante los meses de abril y mayo de 1895, hace ya 120 años, el Apóstol realizaba su emblemático recorrido de “Playitas a Dos Ríos”. 375 kms., a pie y a caballo, durante 38 días, los cuales quedaron plasmados en su “Diario de Campaña con palabras tan hermosa como esta: “La noche bella no deja dormir”.

La patria viva en cada planta, arroyuelo, río, animal o producto de la tierra que descubría por vez primera o le remedaba si infancia, encontrando en todo la maravilla, el Maestro nos va redescubriendo, pintando, cantando los goces que al alma trae el disfrute de lo más querido, el paisaje de la tierra natal, paisaje que como bálsamo curaba su angustiado cuerpo.

El día 11, cuando salta a tierra, exclama: “Dicha grande” y en los días posteriores se alimentan de los frutos que encuentran a los cuales alaba, como cuando el día 14 al afirma: “Comemos naranja agria…¡qué dulce!” y agradece al agreste paisaje el amor que inspira cuando exclama: “Subir montañas, hermana hombre”.

Música de finísimos violines encuentra en la selva cubana: “La música ondea, se enlaza y desata, abre el ala y se posa, titila y se eleva, siempre sutil y mínima: es la mirada del son fluido: ¿qué alas rozan las hojas? ¿Qué violín diminuto, y oleadas de violines, saca son, y alma, a las hojas? ¿qué danza de almas de hojas?”

El día 1º de mayo, en plena primavera cubana, admira: “El sol brilla sobre la lluvia fresca; las naranjas cuelgan de sus árboles ligeros: yerba alta cubre el suelo húmedo: delgados troncos blancos cortan, salteados, de la raíz del cielo azul, la selva verde: se trenza a los arbustos delicados el bejuco: a espiral de aros iguales, como de mano de hombre, caen a la tierra de lo alto, meciéndose al aire, los cupeyes: el curujey, aprendido a un jobo, bebo el agua clara: chirrían, en pleno sol los grillos”

Es su noviazgo con Cuba, con su región oriental que no conocía, encantado con tanta gente salida del monte para expresarle cariño, porque él es el “Presidente”, y en medio de los monte un 15 de abril lo hacen “Mayor General” y hombro a hombro con los suyos avanza hacia la inmortalidad previsible.

Leer su diario de campaña es tenerlo junto a nosotros cuando todos sabemos cómo va a tener aquella aventura heroica por las tierras del oriente cubano.

José Martí

10 DE ABRIL, UN DÍA DE CUBA


Martí y los emigrados. Serigrafía de Roberto Fabelo

Colección del Museo casa Natal de José Martí

Hoy es 10 de abril, fecha que marca dos acontecimientos relevantes en la Historia de Cuba, la primera fue en 1869 cuando los independentistas cubanos se dieron en la pequeña población de Guáimaro, una Constitución liberal y democrática que marcaría el nacimiento constitucional de la nación cubana, aunque aún no teníamos República, esa había que conquistarla con las armas en la mano porque el León Hispano consideraba a este isla, “La Siempre Fiel Isla de Cuba”

Ignacio Agramonte y Carlos Manuel de Céspedes lideraban aquella asamblea cubana que nos dio la primera Carta Magna de Cuba, era toda una declaración de sueños aún no realizados pero por la que murieron durante diez años los cubanos en los campos de batalla.

Otro 10 de abril pero de 1892, no es casual que José Martí, el nuevo líder por la continuidad de la Revolución Independentista proclamara al Partido Revolucionario Cubano, un partido que no tenía fines politiqueros, ni grupales, un partido para luchar por la independencia de Cuba y la creación de una República que fuera, “Con todos y para el bien de todos”.

Era su modo de decirle a los cubanos y al mundo que la Revolución que se preparaba era la continuidad de la Revolución de Demajagua y Yara que había convocado Céspedes.

Por primera vez en la historia nacía una organización política para organizar y dirigir una Revolución que en sus fines no tenía solo la independencia de Cuba, sino impedir la anexión de la isla a los Estados Unidos y alcanzar una República justa y de iguales para todos los cubanos, esa era la razón ideológica de aquella organización martiana nacida en el seno de la emigración revolucionaria cubana, fundamentalmente gente humilde y trabajadora, anhelante de tener patria, pero patria verdadera donde las diferencias de clase y color no frenaran el desarrollo digno de todo un pueblo.

Los cubanos de hoy, los crecidos y nacidos bajo el proceso más radical de la Historia de Cuba, la Revolución encabezada por Fidel, somos herederos de aquellos principios de igualdad y justicia convocados por los padres fundadores y mantendremos esas conquistas, aunque haya oportunistas trasnochados que piensen solo en su interés personal y el bienestar de sus bolsillos.

Historia, José Martí

DESPEDIDAS DEL MAESTRO


Ese agitado 25 de marzo de 1895 fue un día decisivo en la vida de José Martí, le urgía estar en Cuba, pero la presión de la diplomacia y el espionaje español hacía más difícil el encontrar una embarcación para venir a la isla, en el mismo día en que escribió el Manifiesto de Montecristi trata de tranquilizar a sus seres queridos, de que entiendan sus razones para estar en medio de la guerra y las amorosas razones de amor para que le recuerden.

Aquí están otras dos cartas de ese día martiano, la primera a las hermanas Mantilla Miyares, esa niñas que ha visto crecer y en cuya formación puso todas sus esperanzas en los jóvenes; carta de padre y amigo que aconseja a sus niñas para que trabajen en aquellos en lo que pueden ser más útiles, al tiempo que las hace entender que nada es más grande en la condición humana que la virtud.

La segunda misiva a sus colaboradores más cercanos, Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra a quienes dice más entre línea de lo que queda en la tinta, son los hermanos preocupados por la vida del Delegado y el amigo, los hombres testigos de sus desvelos, uno de ellos, Gonzalo, el primero en ver en él al Apóstol de Cuba; el otro Benjamín el honesto tesorero del Partido Revolucionario Cubano, ambos, manos ejecutoras de sus deseos cuando el deber lo pone en los campos de Cuba, entender esto es conocer más a Martí, hagamos silencio y que la lectura nos deje la impresión grata de esos días de gloria del mejor de los cubanos:

Mi María y mi Carmita:

Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta he de recibir siempre de Vds., y es la noticia, que me traerán el sol y las estrellas, de que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor,–de que se me conservan generosas y sencillas,–de que jamás tendrán de amigo a quien no las iguale en mérito y pureza.–Y ¿en qué pienso ahora, cuando las tengo así abrazadas? En que este verano tengan muchas flores: en que en el invierno pongan, las dos juntas, una escuela: una escuela para diez niñas, a seis pesos, con piano y español, de nueve a una: y me las respetarán, y tendrá pan la casa. Mis niñas ¿me quieren?–Y mi honrado Ernesto.-Hasta luego. Pongan la escuela. No tengo qué mandarles–más que los brazos. Y un gran beso de su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[1]

Gonzalo y Benjamín:

Partimos. Toda palabra les parecería innecesaria o escasa. Cuanto puedo pedirles, está dicho. Ni sosiego, ni oportunidad, he hallado para ninguna declaración pública, que pudiera parecer más verbosa que útil. Ya será luego, con la majestad del país. Guíenlo todo, si aún tenemos autoridad, sin pompa y sin triunfo, ni más ansia que la de cumplir, con el mayor silencio, la mayor suma de deber. ¿No me regañan? ¿No me dicen predicador e intruso? ¿No me han olvidado aún las mujeres y las niñas o me piensan aún, de vez en cuando? ¿Y Flor, y Serafín y Rodríguez, y Hatton? Yo, tal vez pueda contribuir a ordenar la guerra de manera que lleve adentro sin traba la república, tal vez deba, con amargo valor, obedecer la voluntad de la guerra, y mi conciencia, y volver a abrazarlos. No flaquearé por ningún exceso, ni por el de la aspiración, fatal al deber, ni por el de condescendencia.–Amo y venero cuanto sacrificio respetable se hace alrededor de mí. Voy con la justicia.

Partimos, pues. Les dejo parte.–Ahí, pidan poco. Lo que dejo preparado, con lo natural ese hace. Enseguida, Hatton.–Por el orgullo

del cariño de Vds. de la dulce hermandad de Vds., es más fuerte.–

Su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[2]


[1] José Martí. Epistolario, t.5, p. 127.

[2] Ídem

José Martí

MONTECRISTI, OTRA CARTA DEL APÓSTOL

El 25 de marzo de 1895 José Martí estaba en el pequeño pueblo dominicano de Montecristi, junto al  General Máximo Gómez se ocupaba de preparar una pequeña expedición que le llevara a Cuba; para él era necesaria su presencia  y la de los líderes históricos de la inclusa Guerra Grande, en Cuba se combatía ya desde el 24 de febrero y urgía consolidar la Revolución en marcha.

Fue un día desicivo, los preparativos del pequeño contingente se unían a la necesaria comunicación con sus colaboradores en Nueva York y otras parte de Las Antillas, esa noche escribió el célebre Manifiesto de Montecristi, documento programático del movimiento independentista cubano, pero hubo tiempo para escribir  una breve y hermosa carta a su estoica madre, la última, la necesaria en la hora de alistarse para el combate y sin saber del destino que le deparaban los acontecimientos, esa carta también merece ser recordada, porque traspira toda convicción de un hombre dispuesto al sacrificio y conocedor del  gran dolor de su madre ante los peligros que corre su hijo:

José Martí

MANIFIESTO DE MONTECRISTI



En esta casa (Montecristi, República Dominicana) perteneciente entonces a Máximo Gómez fue redactado este documento

Hace 120 años se había reiniciado la guerra por la liberación de Cuba del colonialismo español, esta vez dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, un novedoso mecanismo político creado por José Martí para aunar a los cubanos en torno a la independencia de Cuba, la prosperidad de la isla y la creación de una República nueva en América Latina que tuviera por basamento la dignidad plena del hombre.

El 25 de marzo de 1895 en la pequeña ciudad dominicana de Montecristi nuestro José Martí redacta una proclama dirigida al pueblo de Cuba donde quedan puntualizados las razones para luchar por la independencia y asegurar un futuro digno para todos los cubanos. Este documento es conocido en la Historia de Cuba como “Manifiesto de Montecristi”

El pueblo al que convoca el Apóstol es un pueblo mestizo forjado en la fragua trasculturada de más de cuatro siglos de coloniaje y explotación de mano de obra negra y esclava.

Tiene ya en este final del siglo decimonónico una personalidad propia, contradictoria y variopinta, que hace temer a unos y sentirse extraños a otros dentro de este conglomerado social que de todos modos ha madurado y pugna por ser libre.

Cuba era en el período de entre-guerras (1878-1895) una fragua de ideas moviéndose entre dos polaridades de pensamiento político, por una parte el radical independentismo que ya ha dado pie al levantamiento de un pueblo por su libertad y que reposaba de forma turbulenta y crítica en la emigración combativa y en la Cuba profunda de los campos y los humildes que espera una nueva clarinada. En el otro extremo la recurrente idea autonomista, versión nueva del viejo reformismo burgués que espera prosperidad y reconocida personalidad política, bajo la corona del león ibérico.

Penden sobre la isla otro peligro, las pretensiones anexionistas de la república yanqui alimentada por el egoísmo de esta misma clase burguesa, que por proteger sus caudales y privilegios prefiere olvidar sus naturales sueños de libertad y autodeterminación.

La ilusión pasajera de leyes moderadas que dieran a las clases dominantes en Cuba el status de provincia española, se desvaneció en menos de una década, decantando posiciones de una buena parte de la intelectualidad y la clase media de la isla, que desengañados vuelven a la primigenia idea del independentismo.

En este período fecundo y presagiante las autoridades españolas resuelven de forma institucional (1886), el problema que los independentistas ya habían resuelto de modo práctico desde la Guerra Grande: la libertad de los esclavos.

Comenzó un pulseo fuerte entre las dos tendencias políticas de la isla por ganar el favor del negro: si bien España concedió, tras intensa lucha de la población negra, determinados derechos civiles a esos sectores; las fuerzas independentistas consiguieron la mayoritaria adhesión de estos, con un programa que le daba la plena igualdad social en una República, “con todos y para el bien de todos”.

Este panorama socio-político en la Cuba de la “Tregua Fecunda”, hicieron valorar a José Martí que las condiciones para el reinicio de la guerra por la independencia estaban creadas y la población lista para emprender una Revolución que terminara con el coloniaje, impidiera las pretensiones de anexión de los norteamericanos y alcanzara una República de igualdad y respeto para todos.

Era la República ideal que aliviaría los males de la nación y la pondría con justicia en el concierto de las naciones libres, al tiempo que desempeñaba un papel de protagónico equilibrio entre las dos Américas: La prepotente y pujante del norte y la mestiza y pobre del sur.

¿Estaba la nación preparada para ello?

¿Veía el pueblo en la Revolución que se iniciaba, algo más que la anhelada separación de España?

¿Habían desaparecidos las contradicciones y prejuicios en un pueblo, donde aún se escuchaba el eco del látigo?

Estas y otras muchas interrogantes podrían definir el devenir histórico de la nación en el que una sociedad se empeñó en realizar su sueño posible.

Historia, José Martí

24 DE FEBRERO, UN GRITO DE CUBA POR SU INDEPENDENCIA


El 24 de febrero de 1895 se produjo un hecho esperado y gloriosos en la historia de la isla de Cuba, entonces colonia de España con el apoyo de los sectores ricos de la sociedad colonial, tanto criollos como peninsulares, incapaces de sacar lección de la decisión de los cubanos por ser libres, tras los diez primeros años de cruenta lucha por su independencia.

Se iniciaba un nuevo período de guerra para expulsar de la isla el colonialismo español enraizado desde hacía cuatro siglo en la Mayor de las Antillas. Esta vez el movimiento emancipador venía encabezado por un hombre de claras ideas separatistas, actualizado en el panorama político de su momento histórico y decidido a cambiar no solo la condición política de la isla, sino su basamento social lastrado por la esclavitud de hombres y mujeres de origen africano que apenas 9 años antes habían sido emancipado por el gobierno de España, poniendo fin a su oprobiosa condición.

Mucho tiempo antes en 1868 los primeros cubanos que se levantaron por su independencia liberaron de la servidumbre a sus esclavos y los llamaron como iguales a luchar por la patria común que de un modo u otro habían construido.

José Martí y su Partido Revolucionario Cubano, estaban al frente de aquel segundo momento de las luchas por la libertad de la isla, desde el exilio, apoyado por la emigración cubana asentada en los Estados Unidos llamó a la unidad de todos, sin distinción de clases, ni razas, proponiendo la creación de la República que tuviera por Ley primera la dignidad plena del hombre y donde se conquistara toda la justicia posible para los pobres de la tierra, esos que fueron mayoría en la adhesión al movimiento y los primeros en morir en los campos de batalla.

Se iniciaron, ese 24 de febrero, los más cruentos días para el pueblo cubano, España no estaba dispuesta a perder lo que consideraba parte inseparable de su territorio, ni los dividendos que esta próspera colonia dejaba al fisco real, por lo que se empeñó en sofocar a toda costa aquel movimiento popular y revolucionario.

El saldo fue la muerte de más de 300 mil personas, combatientes y civiles, la destrucción de las dos terceras parte de las riquezas del país, la pérdida de valiosos líderes cubanos en el empeño libertario, entre ellos el propio José Martí y el inclaudicable general Antonio Maceo, síntesis ambos de los mejores valores de la patria mestiza y libre que aspiraban a construir.

La intervención norteamericana en junio de 1898 mediatizó la posible victoria de las armas cubanas y dejó pendiente sobre el futuro de Cuba la alternativa anexionista que siempre fue la aspiración de los intereses de las oligarquía, tanto la yanqui, como buena parte de los sectores criollos y peninsulares presentes en Cuba.

La República de Martí, “con todos y para el bien de todos” quedaba pospuesta.

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