Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

JOSÉ MARTÍ, LA IDEA DEL BIEN

Hace 125 años, un hombre muy ocupado en cosas de adulto, quiso regalarles a los niños una revista en la que quedaran plasmadas las ideas que sobre ellos él tenía. Ese hombre fue José Martí, exiliado en Nueva York, con la tarea de emancipar un pueblo y levantarlo sobre simientes nuevas, pensó que nada de esto podía hacerse sin la educación como herramienta principal de la cultura y por eso comenzó por la raíz dedicándole a los niños de América Latina y del mundo una revista distinta en la que aprendieran valores en los cuentos y relatos que escogió para su revista, amena y bella.

La novedad estaba en enseñarle aquellas cosas que marcaban a la sociedad de su tiempo, la Revolución Industrial, el desarrollo de las ciencias y el conocimiento del planeta donde vivían.

Puso mucho énfasis en la Historia de América, las guerras por lograr la independencia de España y el orgullo que debían sentir por aquellos que lo sacrificaron todos por ese motivo.

Solo salieron cuatro números de aquella revista excepcional que circuló por algunos países de nuestras tierras, dejando la simiente del buen hacer para los niños, los ciudadanos del futuro.

El primero de los cuatro ejemplares de la revista “La Edad de Oro”, salió en julio de 1889 precedido de un prólogo que deja claras las intenciones de su redactor:

“Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre.”

Son las esencias de la formación del ciudadano, crecido como “BUENO” por sus virtudes y valores humanos.

“Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Lea vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora Para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra.”

Todas las publicaciones para niños y adultos deberían poner en su prólogo estas intenciones hermosas de formar al hombre y la mujer de mañana, ese modo de crecer con su historia y su herencia cultural para ser digno de su familia, de sus país y de su tiempo.

“Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.”

Estas palabras tan repetidas, por educadores y políticos, debiera ser el evangelio de los que forman al que deberá continuar la obra que hoy llevabas adelante, por ellos recordamos al “hombre de “La Edad de Oro”, ahora que hablamos y nos enfrascamos en formar a las nuevas generaciones para ser personas de bien, llenos de espiritualidad y cargados del altruismo de los sueños.

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ, VARIOS DATOS SOBRE SU MUERTE

Ø

Muerte de José Martí, autor, Esteban Valderrama

Murió alrededor del mediodía del 19 de mayo de 1895

Hubo un único testigo de su muerte por la parte cubana, el joven soldado mambí Ángel de la Guardia.

Ángel de la Guardia no era su ayudante personal, sino del General Bartolomé Masó.

José Martí fue impactado por tres balazos de máuser: Uno penetró por debajo de la barbilla y salió por la parte posterior del cráneo; el segundo entró por la punta del esternón, con salida por la espalda y el tercero en el muslo derecho.

Su muerte fue instantánea

Las fuerzas españolas que le mataron estaban mandada por el coronel José Jiménez de Saldoval

Su cadáver quedó en manos de las fuerzas españolas, quienes no sabían en un primer momento quién era el occiso

Fue enterrado directamente en tierra en el cementerio del poblado de Remanganagua

Fue exhumado el 22 de mayo de 1895 por el doctor Pablo A. Valencia, para su identificación oficial.

Trasladado a Santiago de Cuba donde fue enterrado en un nicho del cementerio Santa Ifigenia

La pintura más conocida sobre la muerte de José Martí la hizo el artista cubano Esteban Valderrama. Quien la destruyó por las muchas críticas que recibió, por pequeños detalles de su obra.

A pesar de ello esa es la obra más representativa de la tragedia de Dos Ríos.

Ø

José Martí

SIN PATRIA PERO SIN AMO


Muerte de Martí. Dibujo de Eladio Rivadulla

Hace 119 años, al medio día del 19 de mayo de 1895 moría por Cuba y sus ideales de mejoría humana, José Martí Pérez. El intelectual más importante de la historia cubana, el mismo que reunió en su persona la capacidad de liderazgo para conducir a un pueblo a su libertad y a la mejoría social de sus habitantes más desposeído en una sociedad que el soñó, “con todos y para el bien de todos.

Hace 119 año nació para la historia un hombre singular que tuvo la sagacidad política de advertirnos del peligro mayor que significaba para las naciones latinoamericana, los Estados Unidos de América, “…cuanto hice hasta hoy y haré es para eso”, impedir la anexión de Cuba a los Estados Unidos y la expansión de estos por Nuestra América, eso dicho en pleno esplendor de la “democracia imperial” del “…norte revuelto y brutal que nos desprecia”, todo escrito con claridad un día antes de morir a su amigo Manuel Mercado de México como advertencia certera y clara de lo que nos esperaba en ese siglo “XX americano”, que tanto nos ha pesado.

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi honda es la de David”, así diría de forma lapidaria en esa carta inconclusa que todos los hombres de nuestras tierras deberían leer, “Patria es humanidad”, dirá en otra ocasión y sigue vivo en nosotros, aún sin saberlo nosotros:

“Yo quiero cuando me muera

“Sin patria pero sin amo

“Tener en mi loza un ramo

“De flores y una bandera”

Carta inconclusa a Manuel Mercado (Fragmento)

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

Sr. Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.

José Martí

CON LOS POBRE DE LA TIERRA

Dibujo de Orestes Suárez. 1988

Hace 119 años desandaba por la región oriental de Cuba, el maestro, el hombre que había dedicado toda su vida a la consecución de una patria libre para los cubanos, era José Martí quien luego de llegar a Cuba con una pequeña expedición, emprende el camino del soldado, entre matorrales y vertientes sinuosas, descubriendo esa otra Cuba que no había conocido, la Cuba de los orientales rebeldes que habían peleado diez años contra el coloniaje español y que al término de la guerra, por una tregua que ellos no pidieron, volvieron al monte, a vivir de lo que su naturaleza le ofrecía, a esperar tiempos mejores para reiniciar una contienda y terminara la obra de Carlos Manuel de Céspedes.

Martí palpo este ánimo, caminó junto a gente que lo llamó presidente, recibió con humildad los grados de Mayor General, más por complacerlos que por ambiciones personales y siguió por senderos heroicos, donde cada piedra le hacía una historia y cada familia contaba con un héroe o un mártir por aquella hazaña cubana de hacerse libres.

“Subir lomas hermana hombres”, dijo entonces y no permitió que nadie llevara su pesada mochila de soldado y entre breñas y sobresaltos, escribía su diario, exaltando el azul de aquel cielo turquí, escuchando al ruiseñor y al sinsonte, indagando por cada planta y humilde ante el relato de su gente.

Eran sus días de gloria, sus días mambises y sin saber sus últimos días en este mundo, pocos días después, de cara al sol cae combatiendo por su pueblo, por sus sueños.

José Martí

DÍA DE LAS MADRES EN CUBA


Arraigado en nuestra idiosincrasia, el segundo domingo de mayo es el día escogido por nuestra sociedad para agasajar a la progenitora de nuestros días, la madrecita cantada en son de tango, rancheras o sones, tenidas en cuenta en grandes poemas o en simples rimas de hijos agradecidos, esa que se no hace imprescindible aun cuando ya no está junto a nosotros y le seguimos dedicando nuestras flores y escuchando sus consejos que nos llegan desde el subconsciente donde vive la mama.

Para todas las madres de aquí y de allá, quiero poner este poema sentido, hermoso y popular, que dedicó nuestro José Martí a su madre cuando él era apenas un niño:

Cultura, José Martí

LOS TRABAJADORES



Es bien conocida la defensa que hace nuestro José Martí del hombre que trabaja, del emigrante que conoció en los Estados Unidos en sus años de exilio fecundo, del que vio manifestarse con fuerza por sus derechos en una nación joven y pujante que poco reconocía los derechos de esos hombres y mujeres que venidos de todo el mundo levantaban el país próspero y poderoso que hoy son.

Como nadie narró las jornadas de huelga y protesta que en 1889 se produjeron en Chicago y que llevaron a la muerte de varios policías y manifestantes obreros, sus palabras son memorables, condenando la violencia por inicua, pero reconociendo el derecho de estas personas en su lucha por alcanzar una jornada justa de trabajo (8 horas), al tiempo que condena a los capitalistas enriquecidos por esta sobre explotación e incapaces de ceder a un reclamo justo.

Pero la identificación más completa con los trabajadores la alcanzará nuestro Apóstol cuando se acerca a la emigración trabajadora cubana que se asienta en el sur de los Estados Unidos, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Fue una identificación mutua que beneficio al movimiento independentista cubano, Martí porque trajo a ellos el aliento a seguir por esta lucha de liberación nación y la capacidad de su liderazgo; ellos porque le mostraron al líder que eran una comunidad patriótica, aguerrida y dispuesta a todos los sacrificios por tener patria e igualdad en ella.

Estos núcleos de trabajadores cubanos trabajaban en su mayoría en la fabricación de tabacos y entre ellos se sintió Martí como en Cuba:

“El corazón se va al trabajador como a un hermano.- Unos escribiendo las hojas y otros torciéndola. En una mesa tinta, y en otra tripa y capa. Del tabaco, solo queda la virtud del que lo trabaja. De la hoja escrita, queda tal vez la razón de su derecho y el modo de conquistarlo”[1]

Se cuenta que la orden de alzamiento decidida por el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en las personas de José Martí, José María Rodríguez y Enrique Collazo, llegó a Cuba en un tabaco torcido en Cayo Hueso por Juan de Dios Barrios y enviado a Juan Gualberto Gómez. Era una evidencia más del vínculo tan importante que para la causa de la independencia de Cuba tuvieron aquellos humildes y combativos trabajadores cubanos que desde la emigración hacían tanto por la causa.

Al organizarse el PRC sus bases fundamentales fueron aquellos tabaqueros asentados en el sur de la Florida. De ellos diría Martí:

“… ¡Nimiedad podrá parecer!; pero ésta es la salvación de la República: ¡el militar invencible de la guerra, sale de su mesa de trabajador a dar su voz y su voto en los asuntos de la patria![2]

Cayo Hueso y Tampa constituyeron eslabones fundamentales de la emigración cubana donde predominaban los tabaqueros a quienes se debe la creación de múltiples organizaciones sociales que contribuyeron ampliamente a los empeños independentistas de los cubanos.

En Cayo Hueso se fundó en 1869 el primer Club Revolucionario, la Asociación Patriótica de Cayo Hueso presidida por José Dolores Poyo, lector de tabaquería en la fábrica de Martínez Ibor.

Años más tarde, 1884, a raíz de la visita al cayo de Máximo Gómez y Antonio Maceo se organizó en la fábrica de Céspedes y Navarro, un Club de carácter secreto.

En 1891 se funda en Tampa el primer Club Revolucionario, que llevó el nombre de Ignacio Agramonte y cuyo presidente fue Néstor Leonelo Carbonell.

Máximo Gómez escribió:

“Los ricos contribuyentes de sangre y dinero fueron –como acontece en las horas de grandes sacrificios para el bien y la gloria de los pueblos- raras excepciones, puede decirse que la última tabla de salvación para los combatientes lo fue siempre la chaveta del tabaquero”

A los tabaqueros se refiere Martí, a ellos acudió en los momentos de organizar la independencia de la patria.

“¡De los tabaqueros suelen hablar con desdén los que no tienen el valor del trabajo, ni el de ganar con sus manos, sea cual quiera labor, una vida libre y honrada![3]

“…Y si algún bribón le dice que por ser pobre, ha dejado de amar la libertad, que por perder el asiento en la tabaquería ha perdido su amor de hermano al hombre, y el deseo de buscarle en tierra propia una casa feliz y el dolor de la venganza de sus conpatriotas oprimidos, y todo lo que hace la limpieza y la dignidad del ser humano, el tabaquero sin asiento clavará de un revés contra la pared a quien crea que por perdido su jornal ha perdido la honra.”[4]

Los tabaqueros llegaron a establecer el Día de la Patria para contribuir con un día de jornal a engrosar los fondos de la revolución independentista.

“Cubanos que después de trabajar toda la semana para su casa, trabajarán, muchas otra veces, el día de descanso, su domingo, para el tesoro con que han de conseguir su honra de hombres y de ser humanos”[5]

En la medianoche del día 25 de noviembre de 1891, llegó por primera vez José Martí a Tampa, invitado por Néstor L. Carbonell presidente del Club Agramonte. Acuden a recibirlo los emigrados revolucionarios cubanos, muchos de ellos tabaqueros.

Al día siguiente recorre los talleres y fábricas de tabacos, el recibimiento de los trabajadores fue extraordinario. El día termina con un acto en el Liceo Cubano de Tampa donde Ramón Rivera presenta al Apóstol, que pronuncia un discurso conocido con el título de “Con todos y para el bien de todos”

En otra velada de la Convención Cubana en conmemoración del XX Aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, pronuncia su segundo discurso denominado, “Los pinos nuevos”

La repercusión de la visita de Martí a Tampa llega a Cayo Hueso, donde por iniciativa de un grupo de obreros tabaqueros se forma un Comité para preparar la visita de Martí e invitarlo.

El 25 de diciembre de 1891 llega José Martí a Cayo Hueso por primera vez, el recibimiento es caluroso y multitudinario, pronuncia un discurso y enferma de bronco laringitis, al punto que el médico le ordena reposo y no recibir visitas.

La noche del 3 de enero de 1892 visita el Club San Carlos y pronuncia un discurso que enaltece a los combativos emigrados cubanos del Cayo. La culminación de esta fructífera jornada fue la reunión y el trabajo conjunto con los presidentes de las organizaciones revolucionarias para unificar criterios para la lucha.

La radicalidad de los tabaqueros cubanos en la emigración se expresa de múltiples formas, en el taller de tabaco de Eduardo Hidalgo Gato, en un lugar visible se destaca un letrero que decía:

“Cubanos: el que no dé para la causa de la revolución no puede seguir trabajando en la fábrica, que es la fábrica de Cuba libre”

El propio Martí escribió en Patria: “Ayer en “La Rosa Española”, la fábrica de Cayo Hueso, no tenía un cubano ferviente, enfermo en la semana de la contribución voluntaria, con qué cubrir el día de trabajo de la patria. Y lo pidió prestado para cumplir con el deber de dar a sus hijos un pueblo donde puedan aspirar a vivir”


[1] OC Tomo I: 254

[2] OC Tomo 2: 38

[3] OC Tomo 5: 417

[4] OC Tomo 3: 371

[5] Diario del Soldado: Fermín Valdés Domínguez

José Martí

MARTÍ HABLANDO DE PELOTA


Yo sé que hay muchos, de aquí y de allá, que desean que enterremos a Martí, a mi por el contrario me gusta desempolvarlo para mostrar su versatilidad temática, la frescura y actualidad de sus opiniones y hasta la valentía para expresar criterios, sin pensar en consecuencias, cosa que hoy muchos no asumen al escribir.

Martí no es un bandera para flamearla ante las campañas mediáticas de dentro y fuera, es un intelectual de a pie que vivió su tiempo y se empeñó en mostrarnos al ser humano, hacer que nos viéramos en ese espejo que somos nosotros mismos y no solo que imagináramos la persona que quisiéramos ser.

Por eso lo traigo en el tema más cotidiano para el cubano, la pelota, el beisbol sacrosanto del que quisiéramos ser los inventores, aunque nos duela hasta la médula no poder blasonar de ser los mejores en el deporte de nuestros amores.

Empecemos por esta breve frase, escrita como al vuelo y que nos deja ver el asombro del beisbol como fenómeno de masas allá por los últimos años del siglo decimonónico: (…) Dicen que irán treinta mil almas al juego de pelota, (…)”[1], observen que Martí llama pelota al juego, tal y como el cubano de hoy llama al beisbol y que conste que tal manejo del término es muy del siglo XX entre nosotros.

Pero no es esta una nota ocasional, ya antes había escrito para una de sus crónicas sobre la sociedad norteamericana:

(…) Si se mira a la calle por la tarde, no se ven sino mozos robustos que andan a buen paso, para cambiar sus trajes de oficio por el vestido de paseo, con que han de lucir a la novia, o el del juego de pelota, que aquí es locura, en la que se congregan por parques y solares grandes muchedumbres”[2]

También nos demuestra que no es solo curiosidad, conoce el juego y de haberse detenido muchas veces a contemplar los reñidos partidos de beisbol en el New York de su época. Acoto esta curiosa nota al referirse al lanzador (picher) de un equipo de pelota, al que por cierto nombra como “tirador”, término que no utilizamos para esta importante figura del beisbol pero que se aviene a su función principal de tirar la pelota para que batee el equipo contrario: “(…) en Yale tenemos un gran tirador de pelota, que gana siempre, porque antes de entrar en el juego, reza”[3]

Ahora traigo el fragmento más controversial escrito por José Martí sobre el beisbol, el que ha hecho decir a muchos que no gustaba de este juego, que no lo entendía y que opinaba por lo que leía, veamos:

“(…) sin que en lugar alguno falte una asamblea, ya de clérigos protestantes, (…) ya de jugadores de pelota, que es juego desgraciado y monótono que perturba el juicio, y como todos los demás, como las regatas, como los pugilatos, como las carreras, como cuanto estimula la curiosidad, las apuestas, y el amor natural del hombre a lo sobresaliente, aun en la fuerza física y el crimen, privan aquí tanto en verano, que para dar cuenta de quién recorrió el cuadro más veces o tomó más la pelota en el aire, publican los periódicos de nota al oscurecer, una edición extraordinaria. (…)”[4]

Un juicio contundente al que no falta razón y actualidad, aunque amemos mucho al beisbol y al deporte en general, por último quiero citar mi fragmento favorito, ese que me deja ver al poeta que es Martí, al cubano que entiende de beisbol y que le rinde homenaje con una de las jugada más difíciles para el receptor de pelota, figense en el modo de llamar a este jugador, “encuclillado”, en referencia su posición defensiva; vayan estas palabras de José Martí como un homenaje a los grandes cacher que ha tenido la pelota y en especial a mi admirado Pestano, maestro en la conducción de los lanzadores y del juego, valiente y oportuno en su bateo y su defensa:

“La población está de vuelta en las casas. ¿Qué yacht triunfó en la regata? ¿Qué peloteros ganaron, los de Nueva York, que tienen el bateador que echa la pelota más lejos, o los de Chicago, cuyo campeador es el primero del país, encuclillado fuera del cuadro, mirando al cielo, para echarse con ímpetu de bailarín o coger en la punta de los dedos la pelota que viene como un rayo por el aire”[5]


[1] La Nación. Buenos Aires, 17 de noviembre de 1888. Tomo 12. Obras Completas de José Martí. 1975

[2] El Liberal de México, 13 de junio de 1886. “Otras Crónicas de Nueva York”, José Martí. Compilador Ernesto Mejías. La Habana, 1983.

[3] La Nación. Buenos Aires 17 de mayo de 1886.Tomo 11. Obras Completas de José Martí. 1975

[4] El Partido Liberal. México, 1887. Tomo 11. Obras Completas de José Martí. 1975

[5] Escenas neoyorquinas, en Anuario del CEM, 1979

Deporte, José Martí

MACANAZO, NO JONRÓN, EN PALABRAS DE MARTÍ



Por estos día de play off en la pelota cubana cuando cuatro equipos disputan las semifinales[1], vienen a mi mente los modismos adoptados por los cubanos desde finales del siglo XIX para nombrar a este juego que no lo inventamos nosotros, pero está en nuestra idiosincrasia con tal fuerza que ya hasta hemos querido ver su origen en el juego con pelota que practicaban de modo ritual los aborígenes de la isla, sin tener en cuenta que no se bateaba, ni había bases, ni un terreno delimitado, como si lo tiene otros deportes con pelotas de raíces europeas y devenido en la base de “base boll” ese que luego se transformó en “beisbol” y que para todos los cubanos es LA PELOTA.

Aún hoy la mayoría de los vocablos del juego de pelota son los propios del inglés, HIT es el golpe limpio a la bola que nadie puede coger, pero en Cuba puede ser un “incogible”, “imparable” o simplemente ¡Ji!, que es como suena al oído del parlante criollo.

Las bases en el beisbol son cuatro, las tres primeras numeradas en los ángulos de un cuadrado, que empieza y termina en el “HOME” un pentágono de madera incrustado en la cuarta esquina y que es la meta anhelada de todo jugador de beisbol cuando estás a la ofensiva.

Para los cubanos la Primera, es solo eso, pero la segunda puede ser “la intermedia” y la tercera, la “esquina caliente”, por la cantidad y solidez de batazos que por ahí se dirigen; y el home en la “goma” en el centro de los dos cuadrados de cal que delimitan la zona de bateo de los atletas a la ofensiva.

Hay un batazo que es, a no dudarlo el que todos quieren dar, el jonrón, “vuela cerca”, “bambinazo”, que le permite al bateador corredor darle la vuelta al cuadro, todo un espectáculos, más emocionante que el “GOL” y decididamente la jugada que más quiere hacer un pelotero.

Quiero traerle una cita martiana acerca de este “juego nuestro”, allá a finales del siglo XIX, cuando el pudo presenciar partidos de beisbol, de aquellos tiempos románticos en que el atleta era un héroe y no una mercancía:

«Ni los juegos de pelota han interesado tanto este año, aunque hay peloteros que han dejado la universidad para pelotear como oficio, porque como abogados o médicos, los pesos serían pocos y les costarían mucho trabajo, mientras que por su firmeza para recibir la bola de lejos, o la habilidad para echarla de un macanazo a tal distancia que pueda, mientras la devuelven, dar la vuelta el macanero a las cuatro esquinas del cuadrado en que están los jugadores, no sólo gana fama en la nación, enamorada de los héroes de la pelota, y aplausos de las mujeres muy entendidas en el Juego, sino sueldos enormes, tanto que muchos peloteadores de éstos reciben por sus dos meses de trabajo, más paga que un director de banco, o regente de universidad, o secretario de un departamento en Washington. »(337)[2]

Junto a la crítica oportuna por la profesionalización del deporte, la originalidad de llamar MACANAZO al jonrón, un cubanismo beisbolero muy martiano por aquello de la semejanza del bate de beisbol con la macana de los aborígenes cubanos.


[1] Matanzas, Villa Clara, Industriales y Pinar del Río

[2] La Nación. Buenos Aires, 25 de agosto de 1888 .Tomo 13. Obras Completas de José Martí. 1975

Deporte, José Martí

PERIÓDICO PATRIA, LA VOZ DE MARTÍ


El 14 de marzo de 1892, salía en Nueva York el primer número del periódico “Patria”, ese bisemanario que nuestro José Martí puso en circulación a fin de dar a conocer a sus coterráneos, exiliados en los estados Unidos, sus ideas a cerca de la independencia, la unidad nacional, la democracia y la justicia social.

Ya en estos momentos de circular el primer ejemplar de “Patria”, Martí había vertebrado dentro de la comunidad cubana en los Estados Unidos un movimientos que fuera capaz de dirigir las luchas por la liberación nacional de la isla, al tiempo que mantenía contacto con los que tenía iguales ideas dentro de la isla y en otros países en los que grupos de cubanos soñaban con tener patria.

Fue claro desde un primer momento al publicar en este primer número los estatutos del Partido revolucionario Cubano, aún no proclamado, pero en fase de organización en las bases sociales que habrían de sostenerlo y, algo muy importante, al aseverar que el periódico “Patria” no era el órgano de ningún partido o tendencia, sino el periódico de los cubanos, modo de afianzar la unidad como factor imprescindible para alcanzar los objetivos de ser una nación libre, “con todos y para el bien de todos”.

José Martí

CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, 140 AÑOS DE SU MUERTE


José Martí en su peregrinar constante entre los hombres de la emigración que habían peleado en la Guerra Grande, escucha y va haciendo suyas aquellas historias heroicas de la campaña de los cubanos por alcanzar su libertad.

Oye hablar de los padres fundadores, Céspedes, Aguilera, Agramonte, Figueredo, e intenta hacerse una idea testimonial de aquellos hombres que dejaron la comodidad de su clase, para compartir la dignidad de los libres con los humildes labriegos y los esclavos despersonalizados.

En Carlos Manuel de Céspedes y Quesada se detiene, valora la hazaña del alzamiento el 10 de octubre de 1868, rompiendo el titubeo de los comprometidos, su llamado a todos los cubanos a luchar por la independencia de su país y algo más trascendental, liberando a los esclavos de su dotación a quienes llama como iguales al mismo sacrificio; gesto valorado altamente en la historia de Cuba como el comienzo de la abolición de la esclavitud en la isla.

Del testimonio de los que vivieron en el pueblo de Guaimaro el momento de la unidad y de la proclamación de la República en Armas (10 de abril de 1869), parte la valoración patriótica del caudillo bayamés a quien resume en una frase, “Céspedes, si hablaba, era con el acero debajo de la palabra, y mesurado y prolijo” [1] o cuando cita al propia Céspedes: “Decía Céspedes, que era irascible y de genio tempestuoso:-“Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”. Esto es, dominó lo que nadie domina.”[2]

Es en esta decisiva reunión de patricios que José Martí se detiene no solo para exaltar la liberalidad de la Constitución dada a la República en Armas, sino para darnos una idea más completa del hombre a quien cupo la gloria de ser el iniciador de las luchas por la independencia de Cuba y que en esta Asamblea vivió las tensiones de quienes lo sospechaban tirano, desconfiaban de él y no escatimaron mecanismos para refrenar sus ímpetus y sus sueños separatista:

“Momentos después iba de mano en mano la despedida del general en jefe del ejército de Cuba, y jefe de su gobierno provisional. “El curso de los acontecimientos le conduce dócil de la mano ante la república local” : “La Cámara de Representante es la única y suprema autoridad para los cubanos todos”: “El Destino le deparó ser el primero” en levantar en Yara el estandarte de la independencia: “Al Destino le place dejar terminada la misión del caudillo” de Yara y de Bayamo: “Vanguardia de los soldados de nuestra libertad” llama a los cubanos de Oriente: jura “dar mil veces la vida en el sostenimiento de la república proclamada en Guáimaro”.[3]

La nobleza de Céspedes queda reflejada en estas palabras de Martí puesto en el lugar del caudillo que abdica de sus propias ideas para sumarse a las mantenidas por los soñadores idealistas que dibujaron el futuro de la República, sin tener aún República:

“De pie juró la ley de la República el presidente Carlos Manuel de Céspedes, con acentos de entrañable resignación, y el dejo sublime de quien ama a la patria de manera que ante ella depone los que estimó decretos del destino: aquellos juveniles corazones, tocados apenas del veneno del mundo, palpitaron aceleradamente. Y sobre la espada de honor que le tendieron, juró Manuel Quesada no rendirla sino en el capitolio de los libres, o en el campo de batalla, al lado de su cadáver. Afuera, en el gentío, le caían a uno las lágrimas: otro, apretaba la mano a su compañero: otro oró con fervor. Apiñadas las cabezas ansiosas, las cabezas de hacendados y de abogados y de coroneles, las cabezas quemadas del campo y las rubias de la universidad, vieron salir, a la alegría del pueblo, los que de una aventura de gloria entraban en el decoro y obligación de la república, los que llevaban ya en si aquella majestad, y como súbita estatura, que pone en los hombres la confianza de sus conciudadanos.[4]

Días difíciles vendrán para Céspedes, proclamado el primer presidente, pero sujeto a una burocracia parlamentaria y torpe, incapaz de ver que la independencia estaba por hacerse y que aquel titán que ellos ataban a la convencionalismo de una constitución inoportuna, no sería fácil de dominar y pelearía con esas mismas armas que ellos pusieron en sus manos, la legalidad ejecutiva, que Martí supo ver y someter al juicio de la historia:

“El 10 de abril, hubo en Guáimaro Junta para unir las dos divisiones del Centro y del Oriente. Aquélla había tomado la forma republicana; ésta, la militar.- Céspedes se plegó a la forma del Centro. No la creía conveniente; pero creía inconvenientes las disensiones. Sacrificaba su amor propio-lo que nadie sacrifica.

“Se le acusaba de poner a cada instante su veto a las leyes de la Cámara. El decía: “Yo no estoy frente a la Cámara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi país y frente a mí mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y así tranquilizo mi conciencia.” La Cámara; ansiosa de gloria-pura, pero inoportuna, hacía leyes de educación y de agricultura, cuando el único arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre.-Y venia el veto.

“Que instituyó la forma militar.-El creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos.- El tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero, en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.

“Que se llamó Capitán General.-Temperamento revolucionario: fijó su vista en las masas de campesinos y de esclavos. “A ese nombre están acostumbrados a respetar; pues yo me llamaré con ese nombre. Un cambio necesitaría una explicación. Se pierde tiempo-i Se pierde tiempo! Esta es la explicación de todos sus actos, el pensamiento movedor de todos sus movimientos coléricos y la causa excusadora de todas sus faltas. Concretaba su vida en una frase ¡libres de España!-Cada dificultad le parecía un crimen, cada obstáculo un fratricidio.-El creía: “El medio de la paz es la tribuna”-“El medio de las revoluciones es la acción.“- Un discurso dicho era una legua perdida:-Tanto más admirable en un hombre de ley y de discursos.-Y como Tácito escribió tremendamente, con el lenguaje aglomerado de tantos años en su alma: en Céspedes obraba inquietamente, con la genial vivacidad y bélicos caracteres por tan largos y tan insoportables años contenidos.”[5]

Carlos Manuel de Céspedes murió el 27 de febrero de 1874 emboscado en un intrincado rincón de la Sierra Maestra a donde se había refugiado luego de ser destituido por la Cámara de Representante de la República en Armas, sin escolta, apartado por los mismo hombres que el convocó para esta tarea grande de darle independencia a Cuba.

Acosado por el batallón de San Quintín, no se rindió sino que se batió a tiros con aquella tropa numerosa y murió peleando por los mismos principios de libertad que defendió toda su vida.

Los cubanos le recuerdan como el Padre de la Patria, el iniciador de las luchas por la independencia, el preclaro hombre que dio la libertad a sus esclavos y aceptó humildemente de la Revolución las responsabilidades que le dio.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo IV, pág., 387

[2] Ídem. Tomo 22, pág. 235

[3] Ídem pág. 388

[4] Ídem pág. 389

[5] Estas notas están en unas hojas donde aparece también el borrador de la carta de Martí al general Máximo Gómez, pidiéndole datos sobre Céspedes para un libro que pensaba escribir. Obras Completas de José Martí. Tomo XXII, pág., 235

Historia, José Martí

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