Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

EL SOCIALISMO Y MARTÍ


José Martí y Fermín Valdés Domínguez, Cayo Hueso, 1894

Hace tiempo que vengo meditando si entrar o no en la polémica que ronda hoy al mundo convulso que nos ha tocado vivir, hacerlo desde la honestidad de una experiencia de vida personal en un pueblo que ha tratado de darse el sistema más justo posible.

Teorizar requiere horas de estudios a veces toda una vida, pero la realidad nos pisa los talones con necesidades de seres vivos que son imprescindible satisfacer, por eso Fidel dijo una vez que el capitalismo se construía solo, porque se basa en el egoísmo de la gente, mientras que el socialismo había que construirlo, porque había que levantarlo con la solidaridad y el altruismo humano, era más o menos la esencia de aquellas palabras de un soñador que ha dedicado toda una vida para guiar un proceso perfectible, hecho por mujeres y hombre que se equivocan, se acomodan o arriman las brazas al sartén de sus necesidades egoístas, hasta el punto de hacer peligrar la obra social.

En primer lugar, para ser honesto, quiero delimitar mis ideas, creo en el socialismo y he crecido plenamente en este sistema de justicia social, con miles de carencias, pero satisfecho y orgulloso de lo que hemos logrado. Muchos factores internos y externos han frenado el mayor desarrollo de nuestra sociedad, pero en lo personal sigo creyendo en ella y en la posibilidad de mejorarla y no de cambiarla por un sistema capitalista que nos hará más desiguales y donde la novedad es que tendremos algunos millonario y millones de indigentes, por poner un ejemplo.

Quiero citar un breve fragmento de un artículo de Armando Hart Dávalos aparecido en el periódico cubano Juventud Rebelde el 28 de enero de 2004 en el que aborda este tema del socialismo y las impresiones de nuestro José Martí sobre estas ideas demonizadas no desde ahora, sino desde que aparecieron como alternativa de los humildes:

«Precisamente, el drama del socialismo en el siglo XX se explica por el hecho que tras la muerte de Lenin se pasó por alto la cultura. Martí lo había advertido cuando dijo en carta a su compañero Fermín Valdés Domínguez, que “dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: —y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos”;[1] es decir, el de la ignorancia, y el del oportunismo, la mediocridad y la corrupción. En la incultura y en la maldad humana estaban para el Apóstol los peligros que tenía la idea socialista, por esto fracasó el socialismo real. También Martí señaló en esa propia carta a Fermín Valdés Domínguez que en nuestro pueblo no es tanto el riesgo como en la sociedad más iracunda de Europa, y le expuso ideas clave que recojo a continuación: “[…] explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa”.[2] »

Para dar más claridad al lector transcribo íntegra la carta de Martí a su amigo del alma:

Nueva York, mayo, 1894

Sr. Fermín Valdés Domínguez

Fermín queridísimo:

De la maluquera, y el quehacer de que voy halando como un mulo, me he dado un salto a Nueva York, a mis cosas. Estoy al salir, para la gran fagina: y empiezo por casa. ¿Aunque por qué llamo a esta tierra dura “casa”? Ya tú conoces esta vida. Nuestra gente cada día padece más aquí. El país los echa: por fortuna vivimos unos cuantos, que moriremos por abrirles tierra. Y viven almas como esa brava tuya, que está ahora de renuevo, y tan metida en virtud, que cuando vaya allá te he de encontrar todavía mejor mozo. Leña al horno, Fermín, que va a necesitarse pronto el fuego. Recibí todas tus cartas, y a todas te contestaré con más detalles que si te los escribiera. Muy juiciosas las observaciones sobre las necesidades perentorias: a eso estamos. Creo que ya vamos hasta por la cintura en la maravilla. Sudo muerte; pero vamos llegando. Y tengo una fe absoluta en mi pueblo, y mejor mientras más pobre: a ver si me falla. Esa sí que sería puñalada mortal. Ya yo te veo hecho un jardín, como se me pone a mí el alma cuando ando por esas tierras, de la bondad que pisa y bebe uno, y que tú celebras con elocuencia verdadera en tu hermosa carta a “Cuba”. ¿Qué delicadeza mayor quieres, ni qué más viril poesía, que la que mueve la creación de ese club nuevo, que no valdrá porque lleve nuestros nombres, sino por las virtudes que en nosotros creen ver sus fundadores, que con serlo, se revelan capaces de ellas ? Por ahí es por donde nuestra tierra está pecando: por lo feos y escasos que andan, por ahí, el amor y la amistad. -Ahí tienes una nimiedad que ni a ti ni a mí nos puede dejar los ojos secos.-Es preciso merecer ese cariño.

Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que tratas: y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de este mundo. Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, -como fue Marat, -cuando el libro que le dedicó con pasta verde -a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa. Muy bueno, pues, lo del 10 de Mayo. Ya aguardo tu relato, ansioso.

Yo que te charlo, estoy lleno de gente, y sin un minuto. ¿Conque ya suena la alcancía, y me vas a recibir con el aire de prisa de un médico atareado? No me hables de Palma. Tú curarás, porque te quieren, y porque sabes. Aquí te necesitaría, porque me cuesta mucho escribir, y estar levantado. Allá voy a llegar muy mohíno, y acaso inservible. -Mejor, me verán arrastrándome, por servirle a mi tierra,-por servirlos. .No hay sermón como la propia vida. ¿Y quieres creer que, mozo como soy, no pienso en tanta gente noble sino con cariño de padre a hijo?-De prisa te diré cómo gozo con que por corazones tan buenos se vaya extendiendo tu cura, que es a la vez de cuerpo y de alma. Ya sé- ¿quién lo supo nunca mejor?- lo que han de pensar de ti. Y vuelo. Yo me voy a halar del mundo con el hijo de Gómez. -A todos, que no escribo. Hago bien. ¡Ya me perdonarán. . .! tu

José Martí


[1] José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C. t. 3, p. 168

[2] Ídem

José Martí, Opinión

JOSÉ MARTÍ, CON LOS POBRES DE LA TIERRA



José Martí con los tabaqueros cubanos en la ciudad de Tampa, 1891

“He aquí un gran sacerdote, un sacerdote vivo: el trabajador”

José Martí

Se acerca el 1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores y es bueno recordar la confianza que depositó el Apóstol de Cuba en los hombres y mujeres que ganaban el pan con el sudor de su frente, esos para los que siempre tuvo la palabra de aliento y la confianza de que entenderían sus prédicas libertarias que culminaría en el movimiento independentista que contra España iniciado en 24 de febrero de 1895.

El primer encuentro de José Martí con el movimiento obrero ocurrió en México a donde llegó en 1875 después de cursar sus estudios universitarios en España, se había separado de Cuba en 1871 tras ser juzgado y condenado por oponerse al colonialismo español en la isla. En México trabajó como periodista de la Revista Universal, se interesa por las actividades reivindicativas de los trabajadores y no pierde oportunidad para mostrar sus simpatías, “…causa un noble orgullo sentirse en un pueblo en el que muchos hombres aman ya el trabajo y van siendo capaces de cumplir su misión”, además de ser elegido para participar en un congreso obrero convocado en 1876 por los trabajadores mexicanos.

Luego será el contacto con el poderoso y heterogéneo movimiento obrero de los Estados Unidos, permeado por los anarcosindicalistas y mayoriado por los cientos de miles de emigrantes, principalmente europeos.

En un primer momento sus crónicas mostraban una severa valoración de los métodos violentos de lucha de los obreros, con sus huelgas frecuentes e intensas. Su criterio irá evolucionando en la medida que conoce al país, al capitalismo y a los trabajadores: “Se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”

Al organizar el Partido Revolucionario Cubano para emprender la emancipación de Cuba y Puerto Rico, José Martí contactó con el organizado y patriótico proletariado cubano, asentado en la península de La Florida, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Eran en su mayoría obreros tabacaleros, agrupados en barrios de esas ciudades, verdaderos hervideros de cubanía, que acogieron gratamente la prédica radical y sincera del Apóstol.

Los une a su labor revolucionaria y solicita su ayuda para organizar la “Guerra Necesaria” con la que se lograría la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Martí acude a los humildes, en ellos encuentra valor, patriotismo y disposición de lucha y constituye el factor principal para lograr la unidad de todos los que quieran vivir en una Cuba libre, no importa su condición social o su orientación política.

La suerte de la revolución independentista que él organiza, la fía a los trabajadores, a los humildes de la emigración y de la isla y por ello dice con vehemencia: “Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores…los que se juntan frente a la inequidad, hombro con hombro” porque, “la verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen”

José Martí organizó la guerra de liberación nacional en Cuba a través de un Partido cuyos objetivos iban más allá de la independencia, en momentos cruciales de la historia de Cuba y de América Latina, y sufragada principalmente por los trabajadores y la emigración revolucionaria de la isla, su prematura muerte en combate dejó trunca sus ideas que aún mantienen su vigencia.

José Martí

“DE AMÉRICA SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO”



José Martí.

Autor Abenamar Bauta

Un momento importante en la maduración política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana. Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880, venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial español de la isla de Cuba algunos meses antes.

El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en el periódico The Hour un artículo titulado “Impresiones de América” en el que expresa: “Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño.” Poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: “(…) este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos.”

En aquella nación vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión de la nación hacia el oeste, las ríadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformación del país, las luchas de los trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, acontecimientos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital, es una constancia dialéctica de su maduración.

En los Estados Unidos el Apóstol cubano conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina. El auge económico de los Estados Unidos traía la necesidad de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de la América Latina, como su zona de influencia natural.

Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte.

Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:

- La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos.

- El desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte.

- La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado.

- La esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de ser bueno.

Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenidas en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra.

José Martí

EL MAYOR GENERAL JOSÉ MARTÍ


Hace 121 años, 14 de abril de 1895, en un intrincado paraje del municipio de Imías se produjo un hecho singular y simbólico para la Historia de Cuba, ese día la pequeña expedición de Martí y Gómez que ya habían hecho contacto con las fuerzas cubanas insurrectas comandadas por el coronel baracoense Félix Ruenes, quienes desde el mismo día del desembarco trataban de hacer contacto con las partida heroica, vivieron un emocionante momento histórico.

El Mayor General Máximo Gómez convocó a los oficiales que le acompañaban a una reunión de la cual fue excluido José Martí, quien pensó en un primer momento que habían algún peligro asechando y que ellos intentaban protegerlo a él. Sus conjeturas quedaron zanjadas cuando el Generalísimo convocó a la pequeña comitiva y le dio la noticia de que como General en Jefe de las fuerzas insurrectas cubanas junto a los oficiales presente habían acordado entregarle a José Martí los grados de Mayor General por su condición de Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

La reacción del Apóstol queda reflejada en su Diario de Campaña:

…Al caer la tarde, en fila la gente, sale a la cañada el General, con Paquito, Guerra y Ruenea. ¿Nos permite a los 3 solos? Me resigno mohino ¿Será algún peligro? Sube Ángel Guerra llamándome, y al capitán Cardoso. Gómez, al pie del monte, en la vereda sombreada de plátanos, con la cañada abajo, me dice, bello y enternecido, que aparte de reconocer en mí al Delegado, el Ejército Libertador, por él su Jefe, electo en consejo de jefes, me nombra Mayor General. Lo abrazo. Me abrazan todos.-A la noche, carne de puerco con aceite de coco, y es buena.

Nota: Dibujo de Orestes Suárez, 1985, para la Revista Zun-Zun

Historia, José Martí

MARTÍ DE NUEVO EN CUBA


Desembarco en Playitas

Juan Emilio Hernández Giró

Casi a la media noche luego de muchos días de azarosa aventura para llegar a Cuba, desembarcaron por la costa sur de la provincia de Guantánamo, José Martí, Máximo Gómez, César Salas, Marcos del Rosario y Francisco Borrero, cinco hombre en busca de un solo sueño, incorporarse a las luchas por la independencia de la Cuba del dominio español.

Su llegada marcada por el azar por la playita de Cajobabo, fue casi obra de un milagro, por lo agreste del lugar, los altísimos farallones que rodean aquella pequeña lengua de piedras y arena y por la noche de borrasca que Martí describe magistralmente en su diario.

Ellos venían guiados por la voluntad de estar en Cuba en estos momentos en que tanta falta hacía a la Revolución Independentista, sus líderes naturales, los hombres que había guiado en la primera guerra o los que como Martí se unían al movimiento para aportarle su savia nueva en circunstancias nuevas.

Era la media noche del 11 de abril de 1895,el instante queda para la posteridad en dos cuadros realizados por el pintor cubano Juan Emilio Hernández Giró, ambos inspirados por lo escrito en sus diarios por José Martí y Máximo Gómez.

José Martí

EL PARTIDO DE MARTÍ


José Martí junto a un grupo de presidente de Clubes revolucionarios en Cayo Hueso, 1892

Con sagacidad de creador y la constancia de los grandes, emprende José Martí en la emigración cubana radicada en los Estados Unidos la creación de una organización que tendría por finalidad lograr la independencia de Cuba del dominio español y asegurar que no fuera presa de cualquier otro dominio extranjero.

Parecería difícil de creer pero desde 1882 cuando escribe por primera vez al general Máximo Gómez le expresa la necesidad de crear un partido para impedir las intenciones de los anexionistas de adentro que ante las incesantes luchas de los sectores independentistas para lograr la separación de España, no quiere otra cosa sino unirse al vecino del norte para gozar de sus “libertades” y poder seguir adelante con su enriquecimiento a costa del sudor de los más humildes, Martí advierte que la respuesta debía ser la unidad de todos los que querían la independencia de Cuba en un Partido que garantizara esos anhelos.

Diez años después los delegados de los Clubes Revolucionarios de Cayo Hueso proponen la candidatura del Apóstol para Delegado de ese Partido necesario y que sería proclamado el 10 de abril de 1892, no para defender interés de clase o grupo, sino para luchar en primer lugar por la independencia de Cuba y lograda esta impedir la anexión a los Estados Unidos o la presencia dominante de sus sectores políticos en Cuba, todos como fin de lograr la República “CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS”, que fuera también el fiel del equilibrio del mundo, entre las dos Américas tan dispares en cultura y desarrollo.

Así nacerá el Partido Revolucionario Cubano el partido de todos los cubanos que quisieran vivir en una patria libre y próspera, en igualdad de condiciones y oportunidades, ese el objetivo, ese el sueño buscado, por él se ha hecho mucho en más de un siglo de luchas políticas y sociales.

Historia, José Martí

¿QUIÉN ARRANCÓ LAS PÁGINAS DEL DIARIO DE CAMPAÑA DE JOSÉ MARTÍ?


A propósito de artículo de Fidel Castro publicado el 29 de marzo de 2016 en el periódico Granma, referido a la visita del presidente Obama, hay un fragmento que toca uno de los mayores enigmas de la historia de Cuba:

“Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas.”

En el Diario de Campaña de José Martí faltan las páginas correspondientes al día 6 de mayo de 1895, posterior al encuentro suyo con Antonio Maceo y Máximo Gómez en la finca La Mejorana. Muchos, me incluyo entre ellos, se refieren a las posibles críticas de José Martí a la posición de los dos generales sobre el tema de la manera de organizar el gobierno de la República en Armas y al deseo de ambos de la salida de Martí hacia los Estados Unidos por considerar que allí podía ser más útil, en la intimidad de su diario algunas de sus consideraciones pudieron referirse a su opinión sobre el asunto y la de sus interlocutores en ese encuentro.

Pero existe otra versión recogida por el comandante del Ejército Libertador Luis Rodolfo Miranda quien sostenía que esas cuartillas se referían al modo de la “distribución de los fondos para la revolución, incluyendo “las cantidades enviadas a distintos patriotas”[1]

¿Quién leyó este diario tras su muerte?

Tras la caída en combate del Apóstol el diario de campaña pasó a manos de Máximo Gómez, quien lo conservó hasta su muerte, tuvo tiempo para la lectura del mismo que solo se dio a conocer adjunto al propio Diario de Campaña de Máximo Gómez cuando su hijo Bernardo Gómez Toro los publico en 1941.

Recuerdo cuando trabajé en el Museo Máximo Gómez de La Quinta de los Molinos, entre las valiosas piezas sobre el Generalísimo que allí se atesoraban, había un cofre de madera, muy bien conservado, donado por algún descendiente, donde ambos diarios había sido guardados hasta su donación al Archivo Nacional de Cuba.

Pero el tema ha sido tratado en otros momentos de la historia y por personas muy autorizadas, leamos lo que dice el ayudante de José Martí, Ramón Garriga Cuevas, encargado de llevar sus pertenencias, entre ellas el diario en los últimos días de campaña:

“Yo las vi cuando las escribió. Yo guardaba el diario en mis alforjas. Cada vez que Martí me lo pedía, se lo entregaba. Gómez lo recibió completo de mis manos”[2] . Posteriormente volvería sobre su testimonio insistiendo, “que al diario de campaña, cuando él lo entregó, no le faltaba hoja alguna, y que fueron seis pliegos[3] los que Martí escribió el día 6 de mayo”[4]

En cuanto al contenido este coronel del Ejército Libertador testifica que las hojas arrancadas se referían al disgusto de Maceo sobre el manejo de los fondos para la guerra.

Al examinar los originales que conservaba la familia de Máximo Gómez, donde estaba incluido el Diario de Campaña de José Martí, Gonzalo de Quesada Miranda, hijo del gran amigo del Apóstol constató que no había salto en la foliación del diario dentro de estos archivos (4650-76) pero si en la paginación del diario martiano que saltaba de le 27 a la 32, lo que evidencia que las páginas fueron arrancadas antes de ser foliadas.

Así fue publicado por primera vez el Diario de Campaña de José Martí como un anexo al Diario de Máximo Gómez en 1941


[2] Diario de la Marina, febrero 22 de 1948

[3] En realidad faltan cuatro y no seis hojas en el Diario de Campaña de Martí

[4] Revista Carteles, octubre 25 de 1953

Historia, José Martí

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.


[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, José Martí

PERIÓDICO PATRIA

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José Martí

JOSÉ MARTÍ Y PANCHITO GÓMEZ TORO, UNA AMISTAD MILITANTE


Panchito Gómez Toro (centro), junto a José Martí y Fermín Valdés Domínguez

Cayo Hueso, 1894

Hace 140 años nació Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez, este joven de vida muy breve fue capaz de encarnar valores y méritos que lo hacen digno de su eterna juventud y de ser paradigma para las nuevas generaciones, he aquí la semblanza de su amistad con José Martí

“El mérito no puede heredarse, hay que ganarlo”

Francisco Gómez Toro

Han pasado más de cien años desde el primer encuentro entre José Martí y Francisco Gómez Toro allá en la República Dominicana donde se había refugiado Máximo Gómez y su familia tras el término de la primera guerra por la independencia de Cuba. Martí llegaba a ese país para visitar al caudillo dominicano tras haber organizado el Partido Revolucionario Cubano, con el objetivo de reiniciar la obra inconclusa de aquellos veteranos.

Camino a la casa de Máximo Gómez conoce a Panchito en la bodega (tahona) donde trabajaba, apenas tenía 16 años pero causa una grata impresión en el Apóstol por su seriedad y responsabilidad ante el trabajo, además por los conceptos enraizados en él, su patriotismo y el amor a su familia.

Panchito era el segundo de los hijos de Máximo Gómez y Bernarda Toro, nacido en plena manigua cubana en un lugar llamado Arroyo del Toro, en la finca La Reforma[1] un 11 de marzo de 1876.

Al producirse el Pacto del Zanjón, la familia Gómez Toro sale rumbo a Jamaica a finales de febrero de 1878. Les acompañan sus tres hijos: Clemencia de cinco años, Panchito que no había cumplido aún dos años, y Máximo nacido en 1877. El pelegrinar los llevará a Jamaica, Honduras, los Estados Unidos, de vuelta a Jamaica y finalmente se establecen en Dominicana, la patria del padre. Son años duros, sin trabajo, extranjeros en todas partes y con las penas de Cuba en el alma.

Doce años tenía Panchito cuando llega la familia a la patria paterna, por el camino ha nacido Urbano (1880), su padre fomenta una pequeña finca cerca de Montecristi y en ella permanecen hasta la salida de España de Cuba.

Mientras esto ocurre, en la emigración cubana va creciendo la figura política de José Martí, unificador de ideas y voluntades entre los cubanos veteranos o no de la Guerra Grande, pero convencidos todos de la necesidad de la independencia.

En tarea de unir llega Martí a la tierra quisqueyana el 12 de septiembre de 1892, Panchito lo conduce hasta la casa donde la familia le dispensa al Apóstol todo género de bondades, el Generalísimo Máximo Gómez no está en casa, aunque no tarda en llegar.

A despedirse un día después, dejará Martí sus impresiones sobre el joven Pancho:

“Sigo contigo, puesto que sigo con tu padre, que te sacó al mundo de su corazón, y te llevo en mí, con tu gracia y virtud, como si fueras hijo mío. Nunca seré indigno de que me quieras, y tengo por honor entre honores el haberte inspirado cariño, y haber visto de cerca la gloria de tu casa. ¡Ahora entiendo mejor a tu padre!”[2]

Más dirá Martí del muchacho al referirse a la visita en el periódico “Patria” (29/4/1893):

“Antes echó pie a tierra por breves momentos frente a un grande almacén (…) y el niño ágil esbelto, fino en el traje y maneras, con el genio y virtud en los ojos, clavado a su mesa humilde, aunque parecía ser el alma y confianza de la casa, era sobrio ya como un hombre probado, centelleante con la luz presa, discreto como familiar del dolor, el primer hijo de Máximo Gómez de dieciséis años. A la par de él, niño otra vez el viajero, y crecida de pronto la criatura, llegaron como amigos, a la casa modesta” [3]

Meses después, el 8 de abril de 1894 llegan a Nueva York Máximo Gómez y su hijo Panchito, viene a ver a José Martí y a conocer de sus planes de insurrección. Al viejo Gómez Martí lo conoce muy bien pero su hijo se convierte en una revelación. El generalísimo lo deja junto al Apóstol para que lo representara en su gira por el sur de los Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe.

Esta gira política sirvió para destacar los valores ético-revolucionarios del joven que en medio del intenso viaje se hace un activista que dejó admirado a Martí. No se conformó con ser el representante del padre, sino que compartió la tribuna con Martí en el empeño de ganar voluntades para la causa cubana.

En carta a Gómez Martí le expresa:

“(…)ha sido bello oírlo hablar de súbito, componiendo con singular concisión de voces el pensamiento sincero y oportuno, sin un solo floreo o tono violento, ni esos traspuestos y aprendidos que en los mismos que pasan por maestros quitan fuerza y hombría a la oratoria. Sin vacilar, y al correr de la mente, hace el ese trabajo, rudo aún para los expertos, de ir cogiendo las palabras vigorosas y propias, y cesa cuando el pensamiento cesa. Escribiendo todavía rebusca un poco(…); pero hablando es dueño entero de sí, y ni temerá, ni adulará, ni fatigará a las asambleas”[4]

Más adelante agregará:

“Ya el conoce la llave de la vida, que es el deber (…) No creo haber tenido nunca a mi lado criatura de menos imperfecciones” [5]

De la gira también hablará Panchito en carta a sus familiares y fundamentalmente a su padre:

“Me siento que llevo una pesada carga sobre mis hombros; me siento tan responsable de esta carga, que no podré estar tranquilo mientras no esté satisfecho de que tú a quien tanto debo me veas ya en el camino de poder conservar tu memoria, como tú has conservado la de tus padres, cuya deuda era mucho más pequeña que la mía”[6]

En otra de sus cartas su despedida es signo de la madurez que va alcanzando:

“(…) pero no pienses en el hijo, piensa en el soldado más obediente y cumplidor que mañana has de llevar a la batalla”[7]

A Gonzalo de Quesada escribirá Martí por estos días:

“Pancho me tiene enamorado. Hombre alguno, por muy entrado en años, habría salido con tanta discreción, con palabra tan generosa y medida, con tal dignidad y desembarazo, de los continuos cariños que lo sacan de su varonil sobriedad (…) Su bello corazón se digna o se derrama. Hay genio en el niño. No gana amigos solo con el alma andante de su padre que ahora es, sino por sí por su reserva decorosa, por su simpatía con los humildes, por el ajuste de su edad casi increíble, del pensamiento sólido a las palabras, preciosas y cargadas de sentido, con que lo expresa. Y a mí me llena el corazón, porque es como si me hubieran devuelto al hijo que he perdido”[8]

Fueron meses intensos donde el genio del Maestro encontró en el joven hijo del Generalísimo la continuidad de una juventud comprometida con el deber, exigiendo su lugar en la lucha y no a la sombra de los mayores.

Un años después se reiniciará la guerra de independencia en Cuba, Panchito quedará en casa, disciplinado e inconforme, al frente de la familia, pero hizo que el padre se comprometiera a mandarlo a buscar en la primera oportunidad.

En carta a su padre le exigirá su lugar en la Revolución independentista que se desarrollaba en Cuba:

“Me siento, papá muy pequeño: hasta que no haya dado la cara a la pólvora, y a la muerte, no me creeré hombre. El mérito no puede heredarse, hay que ganarlo”[9]

Su anhelo de luchar por la independencia de Cuba se cumple al desembarcar el 8 de septiembre de 1896 en la playa de María la Gorda en una expedición que trae el vapor “Three Friends” y que viene al mando de Juan Rius Rivera. Su corta campaña bajo las órdenes del Mayor General Antonio Maceo quedará trunca con su heroica muerte en los campos habaneros, junto a su entrañable jefe, el 7 de diciembre de 1896.


[1] Actual municipio de Jatibonico, provincia Sancti Spíritus

[2] José Martí, Carta a Francisco Gómez Toro. La Reforma, 13/9/1892

[3] José Martí, artículo en Patria, 29/4/1893

[4] Carta a Máximo Gómez, 31 de mayo de 1894

[5] Ídem

[6] Francisco Gómez Toro a Máximo Gómez. 25/6/1894

[7] Ídem. 10/5/1894

[8] José Martí, carta a Gonzalo de Quesada. 28/5/1894

[9] 17/1/1896

José Martí
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