Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

MARTÍ 164 ANIVERSARIO

Vivo, militante, intransigente, noble, sorprendente, estos y otros muchos abjetivos pueden unirse al nombre de José Martí, el Apóstol de Cuba, el Héroe Nacional, o simplemente Martí, como decimos los cubanos para referirnos al hombre que nos acompaña desde su ejemplo.
Ojalá no mueras nuevamente en mármol, ojalá esta generación de la prisa y la inmediatez, no le despoje de su espiritualidad para dejarle en la frase hecha, la interpretación que conviene o la simulación adyecta, porque ser como tú es simplemente ser bueno, decente, humanista, solidario, para que la sociedad en que vivimos sea mejor, aunque le falten aún muchas cosas materiales por hacer, “¿CUBA QUÉ HUBIERA SIDO DE TI, SI HUBIERAS DEJADO MORIR A TU APÓSTOL?” (Fidel Castro)

José Martí

MARTÍ SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS


La labor periodística desarrollada por José Martí desde los Estados Unidos a partir de 1880, como colaborador de importantes periódicos de América Latina[1], le sirven de base para desarrollar su pensamiento antimperialista y de identidad latinoamericana, que es hoy uno de sus innegables aportes a las ideas más progresistas de nuestro continente.

Pero sin embargo, este fragmento escrito en unos de sus primeros Cuadernos de Apuntes que data de 1871 durante su exilio en España, nos muestra a un joven de 18 años con una profunda concepción sobre la sociedad estadounidense y las ideas muy claras en cuanto a las diferencias entre una sociedad como esa y la que en Cuba y en América Latina estaban desarrollando pueblos de origen diferente. Sus palabras son la elocuente prueba del humanista, el cubano independentista y el que admira y respeta al vecino, pero al que no quiere imitar por considerar que nuestra circunstancia y formación no son las mismas, su posterior contacto con esa sociedad no le harán cambiar de parecer, sino reafirmar de forma más elaborada la necesidad de la unidad latinoamericana frente a las ambiciones hegemónicas del país del norte:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, - Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad.

“Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?

Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?

Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”[2]


[1] “El Nacional” de Venezuela; “La Nación” de Argentina y “El Liberal” de México

[2] Obras Completas de José Martí, T 21: p.15

José Martí

JOSÉ DE LOS CUBANOS


El poeta manzanillero Manuel Navarro Luna, llamó a Martí “José de los cubanos”, en un hermoso poema escrito antes de 1959 donde le expresa a modo de quejas colectiva las calamidades de aquella sociedad injusta y desigual que traicionaba su legado con su solo actuar.

Por suerte este poeta de pueblo vio a la Revolución triunfante y junto a ella trató de hacer realidad los sueños de José Martí fundamentalmente aquel legado de hacer una República “Con todos y para el bien de todos”, donde la Ley primera fuera, “La dignidad plena del hombre” y en la que fuera premisa fundamental alcanzar, “la mayor cantidad de justicia posible”.

¿Era mucho pedir?, si para una nación de contrastes abismales entre la opulencia de unos pocos y la miseria de muchos que el triunfo audaz y extraordinario del 1 de enero de 1959 trató y trata de deshacer con los cambios sociales que introdujo con la participación popular como premisa fundamental y con el enemigo jurado de la noble causa a 90 millas de nuestras costas, apoyando y alentando de todos los modos posibles, a los enemigos de los pobres de la tierra, los humildes con los que José martí hizo causa común.

Martí en la Cuba de hoy no es una propaganda estatal, sino el proveedor perenne de ideas y ejemplo a seguir, crecido desde el sacrifico de su muerte en la medida que su pueblo lo fue conociendo.

La divulgación martiana es fruto de la ingente enseñanza del maestro cubano de la República, que mostró a sus alumnos al Apóstol sencillo que murió por ellos, pero dejó un claro camino a seguir.

Martí crecido más allá de los actos oficiales y las estatuas, Martí poeta extraordinario, escritor de talento, pero más que eso luchador social por las causas justas de los pobres de la tierra, esos a los que alertó del peligro de la concentración capitalista, de las ambiciones de dominación mundial de los Estados Unidos de América, comenzando por América Latina, de los grandes peligros que esperaban a las sociedades más humildes frente aquel Goliat ambicioso y pragmático.

Ese es el Martí de enero, el que alerta y cuida desde sus prédicas, cada día más vigentes y presentes, a él el homenaje de seguirlo desde la Cuba hereje que se niega a ser paraíso de pocos y páramo de muchos, porque eso aprendimos con Fidel y los hombres que llevaron al triunfo estas ideas preclaras de libertad, igualdad y democracia, así sin apellidos porque donde haya un ser humano esos principios deben prevalecer.

José Martí

UN COMENTARIO AL ARTÍCULO “LA FUTURA ESCLAVITUD” DE JOSÉ MARTÍ



Cada cierto tiempo hay un sesudo que “descubre” algún fragmento de la escritura de Martí que se amolda a sus intereses y enseguida corren esos fragmentos por esta red implacable, neutral en sí pero cargada con toda la intencionalidad que el ser humano pone en los medios de comunicación para servir a sus intereses, ahora le toca a la “Futura Esclavitud” un artículo de José Martí que enjuicia criterios del filósofo inglés Herbert Spencer, hace ya un tiempo dediqué dos amplios trabajo al análisis de esos artículos, ahora hago énfasis en el fragmento que le sirve a los nuevos “Descubridores” para enfrentar los problemas reales y evidente de la burocracia estatal socialista.

El controvertido séptimo párrafo, entresacado por muchos y contrapuesto con malicia al Estado Revolucionario Cubano, es un resumen de los temores de Spencer y José Martí lo abrevia con mucho cuidado, aunque no se aleja de la esencia del original, su objetividad parece advertirnos de la posibilidad de que esta cosas puedan ocurrir (ocurren) y por ello algunos investigadores ven en este párrafo el criterio martiano, para que pueda opinar el lector le transcribo íntegro el párrafo:

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.”[1]

El último párrafo de “La Futura Esclavitud” es un esperanzador llamado de José Martí a los poderosos que representa Spencer, una toma de posición que hace a José Martí más nuestro, por sus principios éticos, su apego a la justicia social y su innegable toma de posición al lado de los oprimidos:

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas[1].

“Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”[2]


[1] Moneda inglesa de la época


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[2] Ídem

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ, CRONISTA DEPORTIVO



Los temas deportivos ocupan un amplio espacio en el periodismo martiano, motivado por el auge que esta actividad ya tiene en los Estados Unidos en la época en que nuestro Apóstol vivió en ese país, y por el amplio destaque que hacen los periódicos estadounidense del espectáculo que brindan los atletas en muchos deportes tanto individuales, como colectivos, profesionales o amateurs.

José Martí sigue este desarrollo y da cuenta de ello en sus crónicas para los periódicos hispanoamericanos, principalmente para «La Nación» de Buenos Aires y «El Liberal» de México; pero no como reportero deportivo al que impulsa el deseo de informar resultados, estilos y formas de jugar, sino lo que hay de humano en estas actividades físicas marcadas por la tensión del cuerpo, el riesgo o los beneficios para la salud y por sobre todo la crítica temprana y de mucha actualidad contra la comercialización que envilece el deporte, ensombreciendo su intrínseco contenido lúdico, en pos de la gloria para su equipo, su escuela, su nación.

En Martí hay severas críticas al fenómeno de las apuestas que ve abrirse paso en medio de aquellos espectáculos más de circo romano que de competición sana, según sus propias palabras, y destaca el daño que tales prácticas hacen, no solo al atleta, sino al público convertido en deshumanizado espectador de aquellas competiciones, muchas veces brutales.

Con sus crónicas, lo ha escrito, no pretende entrar en detalles que a la distancia no le digan nada al lector, sino ir a la esencia de los fenómenos que la “modernidad” van provocando en este pujante país, más allá del deslumbramiento tecnológico o las novedades de todo tipo, que no dejan de serlo en el deporte y la ejercitación física.

Con entusiasmo habla de los ejercicios que ayudan a la salud y elogia a este pueblo que aprovecha la luz del sol para salir al aire libre haciendo caminatas, nadando, excursionando por los campos y playas, llenado sus pulmones de aire saludable.

Es crónica objetiva, poética, pero advertidora del fenómeno comercializador que potencia el espectáculo, el consumo, el entretenimiento vacío, que aletarga la inteligencia y deja poco a la espiritualidad, al humanismo y la solidaridad, rasgos que cuando aparecen, él aplaude como rasgos a destacar en el entretenimiento y deporte sano.

Entre los deporte que vio y describió están, el boxeo, el remo, las regatas de velas, patinaje sobre hielo, atletismo, beisbol y fútbol en su variante de “fútbol americano”.

“Sport”, entretenimiento, recreación y ejercitación, son formas lúdicas que el mira con recelo al verlos cargados de violencia, fanatismo, apuestas y ese afán de ganar dinero aún a costa de la salud.

Eso lo hace echar de menos a los juegos primigenios de las polis griegas, basados en la búsqueda de la gloria, el prestigio y la buena forma física de sus ciudadanos, que al destacarse en estas actividades físicas eran tenidos como héroes por los suyos.

El boxeo es el deporte más reseñado por él, motivado por las espectaculares multitudes que se reúnen para ver aquellos encuentros de pugilato, apenas con reglas y a mano limpia. Tuvo la fortuna de ser contemporáneo del boxeador más aclamado de los Estados Unidos John Sullivan, bostoniano de origen irlandés a quien dedica más de una mención en sus crónicas, no solo para hablar de sus peleas y triunfos, sino también para destacar su conducta humana de marginado social, mimado por todos, por esto para este peso completo del boxeo Martí tuvo un seudónimo que lo caracteriza en sus crónicas: “Bestia bípeda”

Para nuestro querido beisbol, Martí tuvo palabras de elogios al ver su capacidad de mover multitudes tanto para jugarlo como para verlo jugar, lo llamó “pelota”, tal como hacemos los cubanos de hoy, trató de castellanizar términos que estaban en inglés para que lo entendieran mejor los latinoamericanos que desconocían por entonces este deporte: “Macanazo” fue el sonoro nombre que nuestro Apóstol dio al jonrón y “encuclillado”, llamó al receptor o cácher, prueba de que conocía el juego y de que lo disfrutó en la época en que comenzaba a convertirse en pasión para los estadounidenses.

Así vio Martí el deporte y la ejercitación física, muy a tono con sus concepciones humanistas que desde su país se trata de inculcar en los atletas que compiten por nuestra bandera, no importa si pierden, si compiten con honor y dan el máximo sabiendo que en esta isla los cubanos nos sentiremos orgullosos de su esfuerzo.

Deporte, José Martí

JOSÉ MARTÍ Y EL IDEAL OLÍMPICO

En medio de tantos escándalos mediáticos relacionados con el deporte, parece ingenuo hablar del “ideal olímpico” ese que tiene por prioridad básica la salud mental y física del ser humano, de que se compita con honor y la meta sea ser el mejor para dar gloria al país donde se ha nacido, siempre y cuando se haya hecho con honestidad y teniendo por ayuda la destreza, la fuerza física, la maestría y todos esos hermosos atributos que adornan la espiritualidad humana.

Todo eso nació en el mundo antiguo griego y fijaron por mucho tiempo el ideal humano, luego, como ahora llegó un momento en el que ganar era lo más importante, no importa cómo, porque había detrás del atleta, ahora convertido en gladiador, mucho dinero en juego y ya no era el laurel, ni la gloria olímpica la máxima aspiración del atleta.

Así lo vio José Martí en sus crónicas desde Nueva York, reseñando las famosas “Carrera de premio”, una competición donde cientos de atletas “como caballos” recorrían el estadio 200 o 500 millas, según lo pactado, día y noche, con pocos intervalos para beber, comer y hacer alguna necesidad fisiológica, hasta que se completara la distancia, su reprobación era evidente:

(…) fatigosa contienda de avarientos, que dan sus espantables angustias como cebo a un público enfermizo, que a manos llenas vacía a las puertas del circo los dineros de entrada que han de distribuirse después los gananciosos”[1]

No hay en ningún momento simpatía por lo que ve, sino tristeza y un algo de vergüenza por la condición humana.

En cuatro extensos trabajos en menos de una década, José Martí se acercar a un mismo fenómeno de masas y en donde predomina una constante, la condena a la barbarie inicua de rebajar y destruir al hombre por dinero, porque no “(…)es esta aquella garbosa lucha griega en que a los acordes de la flauta y de la cítara, lucían en las hermosas fiestas panateneas sus músculos robustos y su destreza en la carrera, los hombres jóvenes del ático, para que el viento llevase luego sus hazañas cantada por los poetas, coronados de laurel y olivo, a decir de los tiranos que aún eran bastante fuerte los brazos de los griegos para empuñar el acero vengador de Harmodio y Aristogitón”(…)”[2]

La comparación con las competencias de la Grecia Clásica le sirven para mostrar la caída moral del hombre cuando se rebaja al papel de animal de carrera y por eso los constantes cotejos de estos corredores con animales son comunes en estos comentarios, “(…) estos jayanes andan pesadamente, (…)comen dando vuelta como perro famélico que huye con la presa entre los dientes,(…)se arrastran como jacos de posta, sudorosos y latigueados,(…)por unos cuantos dineros, a cuyo sonido, al rebotar sobre los mostradores de la entrada, aligeran y animan su marcha”[3]

Y vuelve el pensamiento del humanista a ese idealizado mundo clásico al comprender cuan alejado del espíritu humano está este espectáculo porque no “(…) son los premios de estos caminadores, como de los que se disputaban el premio de correr en aquellas fiestas coronadas de laurel verde y fragante, o ramillas de mirto florecido”[4]

Salvando la distancia y el tiempo, puede hacerse un simil con estas olimpiadas que desde 1992 fueron convirtiéndose en un negocio rentable para sus organizadores y sus patrocinadores en busca del sonido de las monedas al rebotar en sus bolsillos.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo X:50

[2] Obras Completas de José Martí. Tomo IX:266

[3] Obras Completas de José Martí. Tomo IX:267

[4] Obras Completas de José Martí. Tomo IX:266

Deporte, José Martí



José Martí, autor, Miguel Díaz Salinero

Una de las razones de la vigencia del pensamiento de José Martí está dada por la contemporaneidad de sus ideas, que nos permite acudir a él, no como fuente literaria únicamente, sino como hombre de estos tiempos que está a nuestro lado para enfrentar los retos de la humanidad de hoy.

En su obra vamos de asombro en asombro, unas veces sintiéndonos aludidos, otras encontrando respuestas y las más de las veces comprometiéndonos. El escritor que hay en Martí no solo es revolucionario porque innova en cuanto a las formas, sino porque expresa una nueva visión de la realidad.

En sus escritos siempre hay una estrecha relación entre lo ético y lo estético, para él no hay separación entre la belleza del contenido y la profundidad de lo que se dice y el compromiso con lo que defiende. El poeta, el periodista, el intelectual es el mismo líder de los cambios que propugna para su país, su gente, la humanidad. “Patria es humanidad”, expresó alguna vez y no dejó por regionalismos estrecho de pensar en su América, Nuestra América.

Su concepción de lo revolucionario está dada por la capacidad del hombre de ser vanguardia, marchar junto a lo nuevo, servir a las mayorías, ser heraldo del futuro y auténticamente nacional al mismo tiempo que solidario con todos los seres humanos.

Su obra intelectual va dirigida a resaltar los valores autóctonos de Latinoamérica, frente a corrientes que en su época y en esta se empeñan en imitar culturas ajenas, tan solo por considerarlas superiores a la propia.

En su viseral ensayo “Nuestra América” se ocupa de dejar claros sus hitos culturales para un mundo nuestro, nuevo y posibles:

“La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria…

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

“Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!

“…el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero…”

Ese es nuestro Apóstol el advertidor, el maestro, soñador y luchador por un mundo mejor que fuera en realidad enaltecedor del ser humano por su espiritualidad, su cultura y su capacidad de amar al otro, nociones que vale la pena defender en un mundo que tiende a exaltar a los triunfadores y egoístas, no importa en qué, ni por qué, aunque su huella sobre la tierra sea solo un escándalo frívolo o la triste historia de una vida de estrella.

José Martí

EL CHE HABLA DE JOSÉ MARTÍ



Hace unos día encontré estás notas escritas por mí sobre este acercamiento que tuvo nuestro Che a la figura de José Martí. Lo traigo a colación porque en esta época en que estamos intentando rescatar valores y buenos ejemplos para el cubano joven, esta sencilla referencia del Guerrillero Heroico puede servir de guía a quienes se amarran al “teque manido”, el discurso cerrado y la verborrea que solo los complace a ellos por lo que dicen y no por lo que llegan, esta sencilla manera de dar una lección de historia queda para todos los que con responsabilidad pedagógica o no enseñamos a las nuevas generaciones:

El 28 de enero de 1961, aniversario del natalicio de José Martí y en un año en el que Cuba se había comprometido ante el mundo librarse del flagelo del analfabetismo, se produjo este hermoso encuentro del Comandante Ernesto Guevara con un grupo de entusiastas jóvenes que lo aclamaban; con su peculiar manera de dirigirse al pueblo el Che dijo:

“Hoy se cumple un nuevo aniversario del natalicio de José Martí, y antes de entrar en el tema quiero prevenirles una cosa: he escuchado hace unos momentos: ¡Viva el Che Guevara!, pero a ninguno de ustedes se les ocurrió hoy gritar: ¡Viva Martí!… y esto no esta bien…”

Más adelante explica a los jóvenes allí reunidos lo que significa Martí para los revolucionarios, “…Martí fue el mentor de nuestra Revolución a cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estábamos viviendo, y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo había que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer trascendente en esta patria… porque José Martí es mucho más que cubano; es americano, …su voz se escucha y respeta no solo aquí en Cuba sino en toda América”

El guerrillero argentino-cubano que conoce del arraigo del Apóstol en el pueblo cubano profundiza en el modo mejor de rendirle homenaje al inspirador ideológico de la Revolución Cubana:

“Se puede honrar a Martí citando sus frases bonitas, frases perfectas, y además, y sobretodo, frases justas. Pero se puede y se debe honrar a Martí en la forma en que él quería que se le hiciera, cuando decía a pleno pulmón: “La mejor manera de decir es hacer”

La ejemplar vida del Guerrillero Heroico fue su mejor modo de rendirle homenaje al Cubano Mayor. El pudo conocerlo poco, como bien dice en otros momentos, había leído algo de su poesía y aprendió de su obra y ejemplo con los cubanos en la preparación de la insurrección, en la guerra y ya triunfante la Revolución pudo aquilatar el valor de la vida y la obra de José Martí, no solo para los cubanos, sino para los latinoamericanos y los desposeídos de la tierra, con los que quiso su suerte echar.

Sus palabras de ese día se centraron en explicar a los jóvenes cubanos el modo de honrar a Martí enfatizando su identificación con aquella máxima martiana que expresa: “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre” porque para él ese aforismo definía a un revolucionario en la lucha por lograr la plena emancipación humana, por eso murió Martí, por eso también murió el Che.

Al terminar su alocución, después de recordarles el amor de José Martí por la niñez y la juventud, el Che les pidió a los allí reunido que lo despidieran como lo habían recibido,”…pero al revés: con ¡Viva Martí que está vivo!”

Historia, José Martí

MARTÍ EN LA CONFERENCIA MONETARIA INTERNACIONAL


Perdonen mis lectores que tenga que extenderme un poquito, el tema lo amerita, se trata de hacer un breve acercamiento a la participación de José Martí en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington, su modo objetivo y claro de desmontar las intenciones expansionistas y hegemónica de los Estados Unidos sobre sus vecinos del sur, intenciones que con el tiempo no han hecho más que ganar vigencia en un cíclico volver a lo mismo que tiene en los días que corren una nueva ronda apoyada por el neoliberalismo egoísta de las clases privilegiadas del continente:

El 24 de mayo de 1888 el presidente de los Estados Unidos envió una invitación del Senado y la Cámara de Representantes de ese país a los pueblos de América, llamando a una conferencia internacional en Washington, para estudiar, entre otras cosas, la adopción por cada uno de los gobiernos de una moneda común de plata, que fuera de uso forzoso en las transacciones comerciales recíprocas de los ciudadanos de todos los estados de América.

El 7 de abril de 1890, la Conferencia Internacional Americana recomienda establecer una unión monetaria internacional que como base de esta unión se acuñasen una o más monedas internacionales, uniformes en peso y ley, que pudiesen usarse en todos los países representados en esta conferencia.

El 30 de marzo de 1891 un joven que ha ido conquistando afectos y respetos en la colonia hispanoamericana de Estados Unidos y que en Nueva York ya casi todos le llaman el Maestro, presenta un informe en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington. Ese joven a quien las repúblicas de Argentina, Uruguay y Paraguay le han hecho su cónsul general en Nueva York, habla en representación de Uruguay y es el cubano José Martí.

El discurso inaugural del cónclave internacional fue pronunciado por el representante de los Estados Unidos, el Secretario de Estado James G. Blaine, y fue, según palabras de José Martí, “el planteamiento desembozado de la era del predominio de los Estados Unidos sobre los pueblos de América”.

Desde el mismo momento de la convocatoria de la Conferencia Monetaria Internacional José Martí advierte a las naciones hispanoamericanas del peligro que representaba la desigual unión con los Estados Unidos.

En la carta que el Maestro dirigiera al director del periódico La Nación, de Buenos Aires, y que fuera divulgada en las páginas de esta misma publicación el 19 de diciembre de 1889, Martí se refiere a las antiguas pretensiones estadounidenses de dominio sobre nuestras tierras de América:

“…Desde la cuna soñó en estos dominios el pueblo del Norte, con el “nada sería más conveniente” de Jefferson; con los trece gobiernos destinados” de Adams; con “la visión profética” de Clay; con “la gran luz del Norte” de Webster; con “el fin es cierto, y el comercio tributario” de Summer; con el verso de Sewall, que va de boca en boca, “vuestro es el continente entero y sin límites”; con “la unificación continental” de Everett; con “la unión comercial” de Douglas; con “el resultado inevitable” de Ingalls, “hasta el istmo y el polo”; con “la necesidad de extirpar en Cuba”, de Blaine, “el foco de la fiebre amarilla…”

Y alerta a la América Latina sobre el peligro inminente de que esas viejas aspiraciones puedan concretarse en ese momento:

“…Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

Del mismo modo, convoca a las repúblicas de América, de la América española, a la unidad y la firmeza frente a las pretensiones de la potencia del Norte:

“…Sólo una respuesta unánime y viril, para la que todavía hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de América de la inquietud y perturbación, fatales en su hora de desarrollo, en que les tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas venales o débiles, la política secular y confesa de predominio de un vecino pujante y ambicioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, como en Panamá, o apoderarse de su territorio, como en México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo, como en Colombia, o para obligarlos, como ahora, a comprar lo que no puede vender, y confederarse para su dominio.”

Por encargo y en representación de la Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, presenta a la conferencia un informe brillantísimo, primero en castellano y después en inglés, recomendando el bimetalismo y recordando de paso que no es “el oficio del continente americano restablecer con otro método y nombre el sistema imperial por donde se corrompen y mueren las repúblicas”.

Martí rechaza las opiniones de la delegación de los Estados Unidos, que aspiraba a la creación de una moneda internacional de plata. Él deseaba la creación de un sistema de monedas uniformes, que harían más morales y seguras las relaciones económicas de los pueblos. Hace una caracterización de los EE.UU. y del peligro que representaba para América las intenciones de ese país.

Llamaba Martí a que imperara tanto en el comercio como en la política, la paz igual y culta y que todo cambio de moneda debía hacerse en acuerdo con los países implicados.

Un aspecto muy importante sobre el que llamó la atención fue la unidad económica, al decir “quien dice unión económica dice unión política” y “el pueblo que compra manda”.

Según José Martí, los pueblos de América únicamente lograrán alzarse sobre los Estados Unidos si oponen su inteligencia y talento sobre el poderío norteño: “Para eso es el genio: para vencer la fuerza con la habilidad.”

José Martí

LA IDEOLOGÍA DE JOSÉ MARTÍ


“Dos Ríos” pintura de Estebán Valderrama, 1917

Dentro de algunos días arribaremos al aniversario 121 (19 de mayo de 1895) de la muerte en combate de José Martí, el preclaro organizador de la continuidad de la contienda por alcanzar la definitiva independencia en Cuba.

Mucho se discute aún si debió o no venir a Cuba en aquellos momentos iniciales de la campaña por liberar la isla, quien haya leído sus escritos o tenga nada más que una leve noción de las ideas que defendió, de la ética que lo acompañó, no dudará que ese era el lugar donde quería estar.

Había logrado después de muchos esfuerzos poner de acuerdo a todos los que querían la independencia, unirlos alrededor de este objetivo, lo cual no significó que todos tuvieran la misma visión del país que querían.

Aún resuena su rotundo “CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS”, de un alcance social muy profundo a fines del siglo XIX, idea que aglutinó alrededor del Partido Revolucionario Cubano, a las clases humildes de la emigración cubana, ya concientizada, aglutinadora de todos los elementos de la racialidad cubana, pero también aglutinó a sectores intelectuales, de la clases media y en sentido general a la pléyade de veteranos de la Guerra de los Diez Años.

Su presencia en Cuba era imprescindible para dar a la Revolución Independentista el carácter radical, más allá de la mera consecución de estatus de República y para lidiar con el peligro de anexión a los Estados Unidos, acariciado no solo por factores externos a la sociedad cubana, sino también a poderosos intereses económicos de la isla, ampliamente decidido a asegurar sus intereses en cualquier escenario futuro.

La muerte de José Martí, fue la desgracia de la Revolución iniciada por él, el partido que fundó pasó a manos de fuerzas moderadas que hicieron letra muerta los postulados sociales contenidos en sus bases, que olvidaron el compromiso de la lucha anticolonial por la hermana isla de Puerto Rico, que convirtieron este organismo de movilización social en un mero gestionar de expediciones con armas y avituallamientos para la guerra, necesarias, pero al mismo tiempo deformación del fin aglutinador de la organización creada por el Apóstol.

Al crearse el Gobierno de la República en Armas brotaron los personalismos elitistas, el divorcio del gobierno y el brazo armado de la Revolución, el racismo apenas contenido en algunas de las figuras de aquel órgano de la Revolución y el sordo afán de restar mérito y poder ejecutivo al Ejército Libertador.

Esas condiciones llevaron a la débil participación política de los cubanos en la toma de decisiones durante la intervención norteamericana en la guerra y en el período de ocupación (1899-1902), sin reconocimiento de las fuerzas contendientes, Estados Unidos y España, los cubanos fueron los “invitados de piedra”

Nada preocupaba tanto al interventor yanqui como el Ejército Libertador cubano, armado, bien dirigido y relegado, pero tenso ante la posibilidad de la anexión.

Las maniobras políticas del ejército de ocupación en aquellos tres años fue desmantelar los mecanismos de la Revolución Independentista, su brazo armado, su gobierno, su partido, restar capacidad de respuestas a sus pretensiones, dividir a los cubanos y aliarse a los sectores más conservadores, antiguos aliados de la metrópoli española y ahora al lado del poder ocupante.

La ocupación norteamericana fue el fraude para acabar con la Revolución Independentista organizada por José Martí, su figura se redujo al símbolo del martirologio, sus ideas, casi desconocidas en su isla, su partido disuelto por Tomás Estrada Palma, “porque ya había cumplido su cometido”, el Ejército Libertador licenciado y decepcionado, Máximo Gómez depuesto por el Gobierno de la República en Armas y ese gobierno autodisuelto por su impopularidad ante el hecho consumado de destituir al Generalísimo.

Nada quedaba en un año de aquel pujante movimiento independentista que había puesto en jaque a la Monarquía española.

Historia, José Martí
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