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José Martí

LA CARTA INCONCLUSA DE JOSÉ MARTÍ



Ningún documento de José Martí habla de su obra política como esta carta personal que iniciara un día antes de su muerte, el 18 de mayo de 1895, y que no pudo concluir aquella noche por la llegada del Mayor General Bartolomé Masó. Los que nos hemos acercado a su obra sabemos que ya todo estaba dicho y como presentimiento iluminado quiere dejar resumida su posición frente a los grandes peligros que enfrentaba, Cuba, América Latina, los pueblos, los humildes; esos peligros que desoyeron amigos y enemigos, unos subestimando aquel poderoso vecino, los estados Unidos de Norteamérica, otros esperando sumarse al carro del vencedor, hablar inglés y tener la gran civilización de la cosas, de las utilidades y el consumidor. ¡Cuán cercana suenan sus palabras 118 después!, ¡qué advertencia de tanta actualidad y qué urgencia de que su prédica vaya más allá de las arengas de los políticos!

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

Sr. Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.

Y de más me habla el corresponsal del Herald, Eugenio Bryson:-de un sindicato yanqui-que no será-con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte;-incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno. Y de más me habló Bryson,-aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la Revolución,-el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,-y la incapacidad de España para allegar en Cuba o afuera los recursos contra la guerra, que en la vez anterior sólo sacó de Cuba.-Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender éste que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos.-Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México.

Por acá yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana.

Y México, ¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará,-o yo se lo hallaré.- Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quién la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pero estas cosas son siempre obra de relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle;-alzamos gente a nuestro paso; -siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,-la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.

Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece.

Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto que le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es éste y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día!

Hay afectos de tan delicada honestidad…

Aquí quedó la carta, las urgencias de la guerra impidieron completarla, a los cubanos de hoy nos toca escucharla y completar la obra de los que nos precedieron, la obra de amor y dignidad que nos pondrá unidos y fuertes en el concierto de los pueblos libres.

José Martí

SER BUENOS



Cuadro de Roberto Fabelo (Fragmento)

Para nuestro José Martí la categoría ética más alta es “ser bueno” esa es en esencia el resumen de lo humano, porque recogen en sí misma todas las otras categorías positivas del carácter  y sirve de valladar a los antivalores, porque “ser bueno” implica defender y practicar principios altos que nos elevan hasta la altura de lo humano.

Crecí leyendo estas cosas en la revista “La Edad de Oro”, pero en mi casa mis padres predicaban la escuela del ejemplo y aunque muchas cosas faltaran, la dignidad, la honestidad, la tenacidad, la ayuda al prójimo, en fin ser bueno eran valores que no faltaban.

Vivimos en época de violencia y egoísmos exaltados, cuando el “sálvese quien pueda” parece ser la única ley en un mundo tan lleno de precariedades espirituales que hace lo más común que el ser humano sea enemigo del ser humano.

Por eso muy a la antigua, como la piedra filosofal de la humanidad toda, creo que la bondad debe prevalecer si queremos tener futuro, por eso vuelvo a Martí a su relectura para los niños en su revista sencilla y eterna, “La Edad de Oro”:

«Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. (…)Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

(…) Los niños saben más de lo que parecen, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.(…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien, hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar. Porque las mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes, si supieran leer. Y les diremos Cómo se hace una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo”

Introducción al primer número de “La Edad de Oro”, julio de 1889

Educación, José Martí

LOS SIETEMESINOS


A los sietemesinos sólo les faltará el valor

José Martí

“Sietemesinos” es el modo que encontró José Martí para llamar a la gente que se deslumbra con todo los extranjero (lo que viene de afuera) mientras denigra y se avergüenza de todo lo que es de su país, gente que encuentra bueno lo extranjero solo por serlo y que llevan su “etiquetada vida” a una especie de status social que lo eleva por encima de los mortales comunes, los que José Martí ridiculiza en su artículo «Nuestra América»: “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan. ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!

Pero recordé más, y fui a las Obras Completas del Apóstol en busca de las reflexiones de un hombre aún joven que en 1885 describe deslumbrado y sabio las regatas tradicionales entre un yate inglés y uno norteamericano, matizada por el patriotismo que una victoria enciende en los hombres y mujeres de cualquier latitud, es por ello que sus atinadas palabras mantienen actualidad para caracterizar a quienes el consumismo convierte en personas, “tan desechables” como los productos que los esclavizan:

«…ya porque un vapor lleno de bostonianos ha venido río arriba, con ocasión de las regatas, a mofarse de los petimetres neoyorquinos que no hallan cosa de su tierra que sea buena: y compran en Inglaterra yates que Nueva York vence, y andan por las calles a paso elástico y rítmico, como si anduviesen sobre pastillas, y hablan comiéndose las erres y la virilidad con ellas, acariciando con el mostachillo rubio el cuerno de plata del bastón que no se sacan de los labios: son unos señorines inútiles y enjutos, a quienes no se ve por las calles desde que venció el Puritan.

«Las regatas, como tantas otras cosas, no son de valer por lo que son en sí, sino por lo que simbolizan. De los Estados Unidos se van las herederas a Inglaterra, a casarse con los lores; ningún galán neoyorquino se cree bautizado en elegancia si no bebe agua de Londres; a la Londres se pinta y escribe, se viste y pasea, se come y se bebe, mientras Emerson, piensa, Lincoln muere, y los capitanes de azul de guerra y ojos claros miran al mar y triunfan. La grandeza tienen en casa, y como buenos imbéciles, porque es de casa la desdeñan. Hasta la hormiga, la mísera hormiga, es más noble que la cotorra y el mono.

« Pues si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en ponerse a vencerlas! La regata ha dado esto bueno de sí, como da siempre algo bueno, aunque parezca puerilidad al que ahonda poco, todo acto o suceso que concentra la idea de la patria; ¡hay un vino en los aires de la patria, que embriaga y enloquece! Se le bebe, se le bebe a sorbos en estas grandes ocasiones y ¡parece que se deslíen por la sangre, con prisa de batalla, los colores de una gran bandera![1]»

Así anda el mundo de imitadores y gente sin espinazo, incapaz de amar lo propio por humilde, pero dispuestos siempre a vender su alma al diablo porque está de moda eso de ser distinto copiando al mozo de la revista o a la Barbie de plástico.

“Nuestro vino de plátano y si sale agrio ¡es nuestro vino!!, también diría Martí


[1] La Nación. Buenos Aires, 22/10/ 1885. Tomo 10. Obras Completas de José Martí. 1975

José Martí, Opinión

“HE AQUÍ UN GRAN SACERDOTE, UN SACERDOTE VIVO: EL TRABAJADOR”



La semana próxima celebraremos en Cuba el Día Internacional de los Trabajadores conmemoración que nació hace más de un siglo para rendir homenaje a los miles de obreros que en el mundo luchaban y luchan por sus derechos fundamentales: derecho al trabajo, seguridad social, protección contra las injusticias de sus patronos y algo mucho más sublime, respeto a sus derechos humanos, que van más allá de votar, salir a la calle y tener la libertad de hacer los que nos venga en gana, tener un trabajo digno que sirva para mantener a la familia, darle educación a los hijos y protección de salud tanto para él como a su familia, son reivindicaciones que muchos sueñan en el mundo, pero que no tienen.

Ya no son los tiempos de consignas sectaristas que ponían al trabajador en el lugar de ser el “príncipe de los explotados” y por tanto con derecho a liderar un posible mundo mejor; todo el que sufra una injusticia sobre la tierra, todo el que está desamparado, todo el que ha sido dejado a un lado, explotado y luego desechado por el gran capital, merece ese mundo mejor, que no caerá del cielo sino que abra que ganar con las armas de hoy, con la convicción de hoy de que podemos hacerlo con nuestras manos.

Nuestro José Martí quiso echar su suerte con los pobres de la tierra y por eso dedicó una parte de su obra a esa gente que en mayoría clama en el mundo por un presente y un futuro mejor:

El primer encuentro de José Martí con el movimiento obrero ocurrió en México a donde llegó en 1875 después de cursar sus estudios universitarios en España, se había separado de Cuba en 1871 tras ser juzgado y condenado por oponerse al colonialismo español en la isla. En México trabajó como periodista de la Revista Universal, se interesa por las actividades reivindicativas de los trabajadores y no pierde oportunidad para mostrar sus simpatías, “…causa un noble orgullo sentirse en un pueblo en el que muchos hombres aman ya el trabajo y van siendo capaces de cumplir su misión”, además de ser elegido para participar en un congreso obrero convocado en 1876 por los trabajadores mexicanos.

Luego será el contacto con el poderoso y heterogéneo movimiento obrero de los Estados Unidos, permeado por los anarcosindicalistas y mayoriado por los cientos de miles de emigrantes, principalmente europeos.

En un primer momento sus crónicas mostraban una severa valoración de los métodos violentos de lucha de los obreros, con sus huelgas frecuentes e intensas. Su criterio irá evolucionando en la medida que conoce al país, al capitalismo y a los trabajadores: “Se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”

Al organizar el Partido Revolucionario Cubano para emprender la emancipación de Cuba y Puerto Rico, José Martí contactó con el organizado y patriótico proletariado cubano, asentado en la península de La Florida, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Eran en su mayoría obreros tabacaleros, agrupados en barrios de esas ciudades, verdaderos hervideros de cubanía, que acogieron gratamente la prédica radical y sincera del Apóstol.

Los une a su labor revolucionaria y solicita su ayuda para organizar la “Guerra Necesaria” con la que se lograría la independencia de Cuba y Puerto Rico. Martí acude a los humildes, en ellos encuentra valor, patriotismo y disposición de lucha y constituye el factor principal para lograr la unidad de todos los que quieran libre a Cuba, no importa su condición social o su orientación política.

La suerte de la revolución independentista que el organiza, la fía a los trabajadores, a los humildes de la emigración y de la isla y por ello dice con vehemencia: “Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores…los que se juntan frente a la inequidad, hombro con hombro” porque, “la verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen”

José Martí organizó la guerra de liberación nacional en Cuba a través de un Partido cuyos objetivos iban más allá de la independencia, en momentos cruciales de la historia de Cuba y de América Latina, y sufragada principalmente por los trabajadores y la emigración revolucionaria de la isla, su prematura muerte en combate dejó trunca sus ideas que aún mantienen su vigencia.

Cultura, Historia, José Martí

EL DÍA DE LA TIERRA



José Martí en la Naturaleza. Dibujo de Orestes Suárez

para la revista infantil ZUN-ZUN, 1985

Hoy es el Día de la Tierra, nuestra “maltratada y única nave espacial” como dice un famoso comentarista de Telesur, la que el hombre creyó inagotable fuente de riquezas por años y que al final se ha convertido en fuente de codicia para unos cuantos millonarios que pretenden seguir jugando el juego de “dueños del mundo” a costa de saquear el patrimonio común de TODOS LOS SERES HUMANOS.

Hoy es un día para reflexionar sobre el cómo ayudar al “planeta azul”, cómo conseguir que nuestro hogar común sea el paraíso ideal de la vida en el que no solo nos empeñemos en vivir a lo grande, sin importarnos quién come y quién no en este mundo, que al mismo tiempo despilfarra recursos, gasta millones en banalidades y hace del negocio de la guerra el más lucrativo de todo.

Leguemos a nuestros hijos y nietos un planeta mejor del que vivimos, por vergüenza humana y porque somos la mayor creación de la evolución, por ende los más responsables con el único sostén de nuestras vidas que es la TIERRA.

Les dejo con un puñado de aforismos de nuestro José Martí sobre estos temas, desde el pasado nos alerta para que tengamos futuro:

“Si la tierra espera y oye, ¿por qué no hemos de bajar la mano amiga hasta la tierra?”(T.6:310)(1875)

“Vivir en la tierra no es más que un deber de hacerle bien” (T: 7:118) (1878)

“Vengase la Tierra de los que la descubren, y toda superioridad de sus hijos, que como daga loca vuelve contra el mismo que la ciñe” (T13:258) 1883

“Tierra, cuanta haya debe cultivarse: y con varios cultivos,-jamás con uno solo. Industrias, nada más que las naturales y directa” (T.10:197) (1885)

“Aflige ver herida con un propósito interesado la tierra que se está levantando con dificultad de su lecho de angustias” (T.8:29) (1886)

“Estudiar las fuerzas de la naturaleza, y aprender a manejarlas, es la manera más derecha de resolver los problemas sociales” (T.13:520) (1883)

“… ¡qué enojo, el de la naturaleza perseguida! Se vuelve hacia el hombre, y como el tigre al cazador, de un golpe de grifo lo desfibra y aplasta. Gruñe y tiende.” (T.10:24)(1884)

“…en bosques, como en política, no es lícito derribar sino para edificar sobre las ruinas”(T.10:321) (1885)

Cultura, José Martí

ÁNGEL DE LA GUARDIA BELLO, EL JOVEN QUE VIÓ MORIR A MARTÍ


Como un juego simbólico del destino nuestro José Martí murió en combate el 19 de mayo de 1895 acompañado de un joven de apenas veinte años de edad y que llevaba el nombre de Ángel de la Guardia, como el que todo ser humano tiene en su compañía, según la tradición cristiana, este era un ángel guerrero e impetuoso, un muchacho cubano nacido en Jiguaní[i] el 16 de febrero de 1875, que había llegado al campamento de Dos Ríos, donde estaban Martí y Máximo Gómez, como parte de la partida comandada por el General Bartolomé Masó.

Al llegar campamento mambí se enteran por lo que están en el campamento que Máximo Gómez ha salido a perseguir a una columna española comandada por el coronel José Xímenez de Sandoval, Masó acompañado de Martí parte en busca de Gómez y al encontrarlo en los alrededores de la confluencia de los ríos Contramaestre y Cauto, este le ordena al Apóstol que permanezca en la retaguardia, tratando de portegerlo de los peligros de la guerra; lo deja solo partiendo junto con el general Masó a enfrentar al enemigo.

Cerca del medio día, poco después de lo relatado, José Martí , que se debate entre lo ordenado por Máximo Gómez y sus convicciones acerca del cumplimiento de su deber de cubano, se topa con el joven Ángel de la Guardia que viene de cumplir una encomienda de su jefe Bartolomé Masó y regresa a incorporarse al combate ya iniciado.

Al encontrarse con el muchacho Martí toma la decisión de participar en el refriega y lo alienta a que lo acompañe, parten rumbo al lugar donde se escuchaban los disparos. Ángel de la Guardia relatará posteriormente a Máximo Gómez que ambos salieron a un claro de monte frente a un cercado, tras el cual se alineaban las fuerzas española, la descarga derribó a Martí e hirió al caballo de Ángel de la Guardia, quien pudo escapar ileso.

Dos disparos de fusil, uno en el esternón y otro bajo la barbilla, cegaron la vida del líder cubano, que fue reconocido y llevado ya muerto por las fuerzas colonialistas hasta el poblado de Remanganagua donde fue sepultado en secreto en la noche de ese mismo día.

Ángel de la Guardia continúo una meritoria carrera militar en las fuerzas libertadora cubana, formó parte de las fuerzas invasoras de Antonio Maceo, combatió en el duro combate de Peralejo y regreso posteriormente a la región oriental donde murió en el combate de Victoria de las Tunas el 31 de agoto de 1897 ostentando los grados de Teniente Coronel del Ejército Libertador Cubano.


[i] Actual provincia de Granma, Cuba

Historia, José Martí

MARTÍ EL APÓSTOL


El Apóstol, alrededor de esta sencilla definición de la figura de José Martí, se desarrolló una cayada pero intensa lucha ideológica en los primeros años de la Revolución Cubana, cuando la ortodoxia marxista que había llegado al poder encontró incómodo que de esta manera el pueblo de Cuba conociera al hombre que más había hecho por su reivindicación política y social.

Aquella palabra les sonaba a ellos, por su origen religioso, una manera incómoda que debía ser cambiada a tono con los “nuevos tiempos” que se vivían en la isla.

Apareció el término “Héroe Nacional”, definición que encajaba perfectamente en la vida y la obra de Martí, sin que por ello se mellara esa definición “popular” de Apóstol de nuestra independencia, porque eso era él, entregado desde su más tierna edad a contribuir a la lucha por la emancipación de su pueblo, en momentos muy difíciles para una población criolla dividida por un profundo abismo racial y social, con una necesidad tremenda de alcanzar la unidad para poder enfrentar los retos que la modernidad política le deparaba a Cuba.

El sagaz político que fue, es, José Martí emprendió esta labor titánica y difícil con la tenacidad de los apóstoles, la capacidad de sus prédicas y el convencimiento de que le acompañaba la razón. Por esa causa justa y noble, sin fines personales ni de lucro, consagró toda su vida y sacrificó los más íntimos y razonables intereses de los seres humanos, casa, familia, esposa, amistades; a más de las mundanas ambiciones, fama, reconocimiento, cargos públicos, todo lo cual pudo obtener por su capacidad intelectual, nobleza de espíritu y talento, talento que hoy nos asombra desde el manojo de sus escritos que se conservan y desde donde se proyecta hacia el futuro, por la necesidad social de su obra.

Sí Apóstol, que nadie se avergüence de llamarlo de ese modo, nadie hizo tanto en tan poco tiempo de vida por Cuba; nadie ha influido tanto en el desarrollo social de Cuba, mucho hizo por esa patria que no conoció libre, pero que fue capaz de agrandar a una dimensión mayor de “patria grande” cuando elaboró y argumentó el concepto de “Nuestra América”, propia y de iguales, capaz de ponernos en el concierto de las naciones modernas, no como segundones sino como una Latinoamerica nueva,  aportadora y vital.

José Martí

11 DE ABRIL, MARTÍ DE NUEVO EN CUBA



Desembarco en Playitas, cuadro de Juan Emilio Hernández Giró

La llegada de José Martí a Cuba el 11 de abril de 1895 está antecedida por una serie de dificultades y obstáculo que se empeñaban en impedir su necesaria presencia en los campos insurrectos donde esperaban cientos de combatientes mambises enfrentados a las fuerzas colonialista desde el memorable 24 de febrero de ese mismo año en que se levantaron para conquistar la independencia de la isla.

Desde ese momento para Martí era una angustia estar fuera de Cuba, sabía que su lugar estaba allí, junto a los que arriesgaban la vida y vivían las penurias de la guerra, por eso emprende el viaje a República Dominicana, en busca del Generalísimo sorteando el peligro del espionaje español que lo persigue e intenta impedir lo que saben es un hecho, su incorporación a la lucha emancipadora en Cuba.

En medio de la tranquilidad de saberse cumplidor de sus deberes para con su pueblo, José Martí escribe a Tomás Estrada Palma, poco antes de emprender el deseado viaje que lo conduzca a Cuba:

“Acaso faltan pocas horas para emprender el camino, impedido y demorado hasta hoy; y las palabras son naturalmente escasas, e inútiles. (…) No habrá dolor, humillación, mortificación, contrariedad, crueldad, que yo no acepte en servicio de mi patria. Tal vez fuera nulo mi empeño de hacer entender plenamente a los hombres la absoluta consagración de un ser humano al bien ajeno, con desistimiento voluntario de todas las tentaciones o ambiciones que afean o desvían usualmente la mayor virtud: pero esa es mi consagración” (José Martí, O. C. T. 4: 117)

El 1º de abril de 1895, la pequeña expedición, conformada por José Martí y Máximo Gómez, acompañados además por los cubanos Francisco Borrero, César Salas, Ángel Guerra y el dominicano Marcos del Rosario sale de Montecristi en la goleta “Brother”, cuyo patrón John Bastian se había comprometido con Martí a llevarlo hasta las costas de Cuba, mediante el pago de una suma de dinero que el Delegado le adelantó.

Horas después, la pequeña goleta arriba a la isla de Gran Inagua, posesión británica de Las Bahamas, en lo que se suponía fuera una escala de rutina. Pero las circunstancias de guerra en la que ya estaba envuelta la isla de Cuba, junto con el férreo cerco del espionaje español en torno a la figura del Apóstol, determinaron que las autoridades inglesas se esmeraran en el registro de la embarcación, hasta el punto de querer incautarle las armas personales que llevaban los expedicionarios, pese a que no conocían la identidad de los viajeros.

Estas presiones de las autoridades aduanales de Gran Inagua acobardaron al patrón de la goleta quien poco después comunica a Gómez y Martí que dos de los tres marineros había desertado y que sin ellos no podías zarpar, intenta eludir su compromiso y Martí lo enfrenta con firmeza hasta que logra que le devuelva el dinero íntegro que le había entregado por la encomienda no cumplida.

Máximo Gómez se refiere a este episodio en estos términos: “Yo vi a Martí resuelto, cuando no contento el destino con la desgracia con la cual acababa de fustigarnos, dispuso fuésemos traicionado y abandonados en el mar, por los mismos que se habían comprometido mediante una retribución adelantada, a conducirnos a la tierra amada(…)(De Zendegui: 1954: 207)

Varados en Inagua José Martí hace ingentes esfuerzos por encontrar una solución, su principal contacto en la isla es el cónsul de Haití, persona noble y arriesgada que se identifica con la causa de los cubanos. A las dos de la tarde del día cinco de abril arribó al muelle de Inagua el vapor carguero “Nordstrand”, de bandera alemana conducido por el capitán Heinrich Julius Theodor Lowe(1)

Presentado por el cónsul haitiano José Martí conoce al capitán Lowe y sostiene con él una larga conversación en su camarote, tras la cual logra convencerlo para que los admita como pasajeros semi-clandestino en su buque ofreciéndoles 500 pesos como garantía contra riegos.

El día 5 de abril abordan el barco con pasaportes falsos expedidos por el cónsul M. B. Barbes, en la madrugada del 6 atracan en Cabo Haitiano para tomar mercancía, en tanto los expedicionarios se ocultan en casas de amigos hasta la medianoche del 9 de abril en que abordan nuevamente el vapor.

El 10 de abril escribe a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra, su voluntad de llegar a Cuba es manifiesta:

(…) Volvemos a salir-si no llegáramos ahora, volveríamos a salir. Eso es lo que han de desear saber. Corrimos riesgo de encallar, de ser asediados en un islote sin salida, de ser clavados en él: nos salvamos del riesgo. (…) El cable, no he debido usarlo, porque por que por él, que está vigilado o vendido, se sabría nuestro camino,(…) (José Martí, O. C. T. 4: 121)

Salen nuevamente rumbo a Gran Inagua a donde arriban en la madrugada del 11, allí les informan que se conoce de su presencia en el Nordstrand y de la búsqueda que han emprendido cañoneras españolas e inglesas para detenerlos. A las diez de la mañana zarpan nuevamente, en medio de un mal tiempo que dificulta la navegación por el Paso de los Vientos. La capacidad marinera de la nave, su velocidad, el hecho de ser un buque prácticamente nuevo(2) y la pericia de su capitán, le permiten burlar la vigilancia y acercarse a las costa del sur de Guantánamo aproximadamente hasta una milla, momento que aprovechan los valientes expedicionarios para tirar el bote al agua y en medio de un torrencial aguacero llegar a las costas cerca de las diez de la noche por la Playita de Cajobabo.

Lo ocurrido esa noche tiene mucho de legendario y místico, seis hombres y una sola voluntad, esperan el momento justo para llegar a tierra cubana, la marejada bate los farallones imponentes y ellos deciden abordar el bote. “Yo no sabía lo peligroso que es la arrancada de un vapor para una embarcación menor que este arrimada a su costado” (De Zendegui:1954:210) escribirá Máximo Gómez.

En realidad ninguno de ellos es marinero y solo con voluntad enfrentaron a golpe de remos las tres millas que los separaba de la tierra cubana, el temporal arrecia y en la oscuridad la posibilidad de hallar el rumbo desaparece, Martí lo resume así: “Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde (…) la luna asoma, roja bajo una nube”(José Martí: O. C. T. 19: 215), es la esperanza de llegar sanos a la costa y el bote enrumba en medio de la noche hasta tocar tierra en aquella pequeña playita pedregosa.

Aquí encontró Martí la mano amiga del campesino cubano, y en l1953 Guillermo De Zendegui recorrió estos lares, buscando las huellas del Apóstol, su testimonio lo dejó en un libro desconocido por muchos pero imprescindible para conocer las huellas de nuestro Martí en su paso por estas tierras, con sus palabras quiero terminar este recuento:

“ Playitas tiene una extensión aproximada de doscientos metros y apenas cincuenta pasos de profundidad. A su respaldo, el farallón se eleva como una muralla de impresionante verticalidad; solo una difícil ruta natural la hace accesible por tierra; la que inevitablemente debió seguir Martí. A golpe de machete va discurriendo la trocha por el abra de dos montes, a la derecha de la playa. Del otro lado es ya visible el caserío de Cajobabo.

“Grande debió ser la sorpresa del campesino Leyva, que fungía de alcalde de barrio, cuando a su casa llegó a pedir abrigo aquel puñado de patriotas.

“No hace mucho vivían aún los vecinos que aseguraban haber quemado el bote de los expedicionarios; y sobrevive un miembro de aquella familia(1953) cuya franca y oportuna ayuda hizo exclamar a Martí:

“- Yo no olvidaré nunca todo lo que ha ocurrido esta noche; pero mucho menos el encuentro con esta gente, a este fogón y a este café”(De Zendeguí: 1954: 211)

(1) El capitán Lowe nació en Arnis, Silecia, Alemania el 6 de febrero de 1859, casado con Agnes Marteus, con la que tuvo cinco hijo, se radica en Hamburgo. Fue capitán de la marina, inspector del puerto de Amsterdan durante la Primera Guerra Mundial y murió a los 76 años el 1º de febrero de 1935.

(2) El Nordstrand, era un carguero de flete, construido en los astilleros de Neptum de Rostock, con el Nº de construcción 139 para los armadores Langel-Kiel y botado al agua en 1893. Casco de acero, eslora 64,30 mts. y 9,80 de manga. Desplaza un tonelaje de 886 ton. Propulsión mixta de velas y máquina de 400 C.V. Velocidad de 9,5 nudos.

BIBLIOGRAFÍA

- De Zendegui, Guillermo: Ámbito Martiano: La Habana, 1954

- Gómez Toro, Bernaldo: La famosa expedición Gómez-Marti(1895): 1953

- Guerra Díaz, Ramón: Lowe y el Nordstrand(Conferencia): 2004

- Martí, José: Obras Completas. La Habana, 1991

José Martí

UN PARTIDO PARA LA INDEPENDENCIA DE CUBA



José Martí, marcado al centro, junto a un grupo de emigrados revolucionarios, en una práctica de tiro en Cayo Hueso

Hace unos años cuando me iniciaba en este hermoso camino de los Blog y la comunicación indirecta con la gente, escribí estas palabras, llevado por el deseo de darles a conocer al lector de todas partes la obra maestra, desde el campo de la política, de nuestro José Martí, el hombre de la entrega, de la búsqueda constante del perfeccionamiento humano y de la defensa de los derechos de sus semejantes, aún en época en que vivía sin patria, porque era colonia y llevaba consigo todas las penas del mundo, con un único consuelo, saberse justo.

Hoy es 10 de abril, un día como hoy pero de 1892, junto a sus colaboradores y seguidores, dio a conocer el Partido Revolucionario Cubano, una organización limpia y sin tacha, que tenía como finalidad alcanzar la dignidad plena del hombre en una patria con todos y para todos:

Para José Martí ahora ya no era solo la urgencia de la independencia de Cuba, sino impedir la anexión a los Estados Unidos y tratar de frenar las ambiciones hegemónicas de esa nación sobre América Latina, eso ya estaba claro para José Martí en el año 1891.

Era un titán que llevaba solo sobre sus hombros tamaña responsabilidad en medio de intrigas, divisiones y personalismos, sin perder el orden de sus prioridades: Cuba y su libertad.

El Partido Revolucionario Cubano (PRC), es la coronación del trabajo político de José Martí, el Partido que no es producto de la “(…) vehemencia pasajera, ni del deseo vociferador e incapaz, ni de la combinación temible, sino del empuje de un pueblo aleccionado, que… el mismo Partido proclama, ante de la Revolución su redención de los vicios que afean al nacer la vida republicana”

En enero de 1892 José Martí se reúne en Nueva York con los dirigentes de la Convención Cubana, formada por Francisco Lamadriz, José Dolores Poyo y Fernando Figueredo y les presenta el borrador de las Bases del Partido Revolucionario Cubano.

Esas Bases y los Estatutos serán discutidas el 5 de enero en una reunión efectuada en Nueva York y en la que están presente los clubes de la ciudad y representantes de los clubes de Tampa y Cayo Hueso. Se aprueban las bases y los estatutos y se crea la Comisión Recomendadora de los documentos que preside el propio José Martí.

Se inicia un proceso de discusión y aprobación de los documentos del PRC en los clubes patrióticos de base que involucra a todos los que de una forma u otra anhelaban la independencia de Cuba y Puerto Rico.

Las Bases del Partido proclaman que el objetivo primero del mismo era lograr la independencia de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico.

El ordenamiento dentro de una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo, la felicidad de los habitantes de la isla.

Unir a todos los revolucionarios y recaudar los fondos necesarios sin compromisos inmorales ni con hombre, ni entidad alguna.

Cumplir en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señale.

Fundar un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer los peligros de la libertad, restaurar la hacienda y salvar al país de los peligros internos y externos que lo amenacen.

Como se puede observar al leer los objetivos del PRC, no es solo la independencia lo que propone fomentar esta organización revolucionaria, sino que como tareas importantes e impostergables se propone impedir la anexión de Cuba a los Estados Unidos y contribuir a la creación de una República equitativa en la que se cumpliera la máxima martiana de con todos y para el bien de todos”, razón por la cual su constitución fue una factor de unidad de todos los que querían no solo una patria libre, sino para todos sin distinción de riquezas, ni razas, y en la cual las posibilidades fueran iguales. La no mención directa de los Estados Unidos eran razones estratégicas para poder desarrollar el movimiento en el territorio de esa nación que cumplía una neutralidad cómplice acorde con sus intereses.

El 14 de marzo de 1892 se funda el periódico PATRIA dirigido por José Martí, tribuna de la independencia y de todos los cubanos honestos que quisieran expresarse. Jugó un importante rol en el trabajo de preparación y organización de la Revolución Liberadora Cubana convocada por el Apóstol.

A finales de marzo se acelera el trabajo de creación del PRC con la aprobación de las Bases y los Estatutos por los clubes de emigrados revolucionarios.

El 8 de abril José Martí es elegido Delegado del PRC a propuesta de los clubes de Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, acompañado por Benjamín Guerra como Tesorero.

Finalmente se acuerda proclamar oficialmente al PRC el 10 de abril de 1892, en el aniversario 23 de la Asamblea de Guaimaro, que proclamó la primera República en Armas en Cuba.

Así nació la organización que aglutinó a los cubanos para reiniciar la guerra anticolonialista en 1895, la organización que tenía un fin en la futura república, la misma que luego de muerto José Martí fue tergiversada y llevada a un segundo plan en los momentos decisivos del término de la guerra, la ocupación de los Estados Unidos y la amañada república que nació débil y traicionada.

Historia, José Martí

VERESCHAGUIN A LA VISTA


Apoteosis de la guerra (1871), de Vasili Vereschaguin

Esto es un regalo, Pedro de la Hoz nos habla sobre los cuadros de Vereschaguin en Moscú, justamente en un momento de peligro nuclear para el mundo, cuando podría aparecer ese terrible modo que tiene el hombre de exterminarse rápidamente, aunque todos escuchamos a diarios como se matan los seres humanos a nombre de ideologías e intereses muy materiales… ¡pobre ser humano, tan sabio y tan estúpido!

Pedro de la Hoz, enviado especial

MOSCÚ. — Una de las paredes de la Galería Tretiakov, apenas a diez minutos de las murallas del Kremlin, permite a todo cubano evocar a José Martí: aquí se muestra de manera permanente parte de la obra más significativa del pintor ruso Vasili Vereschaguin, que estimuló al Apóstol a escribir una de las más intensas reflexiones sobre la naturaleza y función del arte.

Suele citarse esta frase martiana: “¡La justicia primero y el arte después!”, o esta otra: “Cuando no se disfruta de la libertad, la única excusa del arte y su único derecho para existir es ponerse al servicio de ella. ¡Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera!”.

Tales urgencias, nacidas de la propia experiencia del autor, exiliado en Nueva York e impaciente por reanudar en suelo patrio la lucha por la liberación del yugo colonial, fueron escritas por Martí luego de asistir a una exposición de la obra del artista ruso en la urbe norteamericana en 1889 y publicadas en una crónica remitida al diario La Nación, de Buenos Aires, el 3 de marzo de ese año.

En el espíritu del poeta y revolucionario cubano, a la sazón con 36 años de edad, era inevitable comparar la situación de la Isla con la del pueblo ruso entonces, sojuzgado por el imperio zarista y abocado a sobrevivir en medio de las guerras.

Martí vio en profundidad el carácter de la pintura de Vereschaguin, tanto la que trataba asuntos bélicos como la paisajística y de inspiración bíblica, y extrajo lecciones que se convirtieron en pilares de un pensamiento estético en el que anticipó la dialéctica entre forma y contenido, motivación y contexto.

“Vereschaguin —dice—, como toda mente de verdadero poder, tiende ya en la madurez a lo vasto y simbólico. Le riza, le para, le desata la sangre en las venas una ejecución, y pintará, como los ve, o como si los hubiese visto, los varios modos de matar, la crucifixión romana, el cañoneo de Indostán, la horca de Rusia”.

En otro momento comenta: “¿Y qué arte hay sin sinceridad ni qué hombre sincero empleará su fuerza, sea de fantasía o de razón, sea de hermosura o de combate, en meros escarceos, adornos e imaginaciones, cuando está enfrente (…) la hecatombe de donde saldrá, cuando la podredumbre llega la luz, el esplendor que pasme al mundo…?”.

Se entiende a plenitud la reflexión martiana ante la contemplación directa, en la Tretiakov, del cuadro Apoteosis de la guerra, realizado en 1871, con su montaña de cráneos apilados. O cuando se divisan las masas de campesinos soldados ateridos y aterrados en la estepa helada.

Nacido el 26 de octubre de 1842 en la villa de Cherepovets, Vasili Vasílievich Vereschaguin alternó en su juventud la carrera militar con el aprendizaje de la pintura, esta última perfeccionada bajo la tutela de Jean Leon Gerome en París.

Los cuadros sobre la guerra y sus consecuencias surgieron luego de su participación en los conflictos bélicos del ejército imperial ruso en Asia Central —los horrores del sitio de Samarcanda se reflejaron en el célebre lienzo Apoteosis de la guerra— y ganaron en extensión a raíz de sus vivencias en el enfrentamiento entre Rusia y Turquía (1877–1878) y en los viajes a la India y el Tibet donde presenció combates entre los colonialistas británicos y los pobladores originarios insurrectos.

Mientras tomaba apuntes en la guerra ruso-japonesa de principios del siglo pasado, el artista murió en la voladura del crucero Petropavlovsk el 13 de abril de 1904.

Martí advirtió la grandeza de Vereschaguin. Y mucho más: en su admirable crónica quedó registrada su percepción acerca de cómo “el alma ha de quemar para que la mano pinte bien”.

Tomado del periódico Granma, versión digital, La Habana, 4/4/2013

Cultura, José Martí

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