Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

VENEZUELA Y JOSÉ MARTÍ



Dibujo de Bolivar hecho por José Martí

Este año conmemoramos el 135 aniversario de la llegada de José Martí a Venezuela, hecho que se produjo un 20 de enero de 1881, en homenaje a la patria de Bolívar y a nuestro Apóstol son estas breves palabras:

“Pese a la independencia el pueblo venezolano no había superado el ámbito colonial y, aunque se veían ya rasgos del nuevo espíritu y se levantaban estatuas a los próceres y se mostraban los signos visibles de la naciente y pujante república, intacta aún en los hábitos y conducta moral de la población criolla la realidad de la colonia.”

Llegó al anochecer a Caracas después de un difícil viaje en diligencia desde La Güira y “…sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo”[1]

A ningún otro lugar llegó Martí con mayor expectativa y respeto. Caracas era la “Jerusalén de los sudamericanos, la cuna del continente libre, donde Andrés Bello, un Virgilio, estudio; donde Bolívar, un Júpiter, nació”

Tenía fama de culta la capital de Venezuela, Humboldt la había llamado inteligente y hospitalaria.

“Nada escapa a la mirada de José Martí: costumbres, vestimentas, prácticas religiosas, estilo de vida; todo le interesa y todo lo anota en sus cuadernos de apuntes. Caracas le gusta y le atrae, en lo material y en lo espiritual, porque la ciudad ofrece al visitante inteligente el incentivo de su refinamiento y de una inquietud intelectual no muy usual en las ciudades latinoamericanas de la época.”

Trae cartas de recomendación para Mercedes Smith de Hamilton descendiente del Coronel Smith de los ejércitos de Páez y prima de Carmen Millares de Mantilla. Otra para Teodoro Aldrey, director de “La Opinión Nacional” de Caracas.

José Martí fue a Venezuela en 1881, llegó el 20 de enero a Caracas y su primera acción fue visitar la estatua de Simón Bolívar en el centro de la ciudad.

¿Por qué fue allí? El lo explica de forma muy hermosa en su relato “Tres Héroes” publicado en la Revista La Edad de Oro, decía Martí que los americanos debían querer a Bolívar como un padre, porque se había sacrificado por nuestros pueblos, luchando a lo largo de casi toda su vida para hacer una patria que uniera a todos los pueblos.

De él aprendió Martí que la unidad era necesaria para los pueblos latinoamericanos para alcanzar metas más grandes y hermosas; que la prosperidad de Nuestra América vendría el día en que los pueblos de esos países fueran dueños de sus riquezas y que ayudaran a las razas indígenas de América para integrarse verdaderamente en una sola nación.

Los venezolanos admiraron a José Martí, lo escucharon en sus conferencias, le brindaron sus casas, lo invitaron a impartir clases y leyeron sus artículos en la “Revista Venezolana” que el editó en la patria de Bolívar.

Un día, como Martí amaba la libertad y condenaba las dictaduras, el presidente Guzmán Blanco, le ordenó que saliera del país. Al marchase le escribe al director del periódico “El Nacional”: “denme Venezuela en qué servirla (…) de América soy hijo y a ella me debo”


[1] Los Tres Héroes. Revista la Edad de Oro

Historia, José Martí

DE AMÉRICA SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO

Estatua ecuestre de José Martí en el Parque Central de Nueva York

Un momento importante en la maduración política de José Martí fue su contacto con la sociedad norteamericana. Llega a Nueva York el 3 de enero de 1880, venía de España después de haber sido deportado por el gobierno colonial español de la isla de Cuba algunos meses antes.

El contacto con aquel país en pleno apogeo de su desarrollo económico fue deslumbrante, por eso escribe en el periódico The Hour un artículo titulado “Impresiones de América” en el que expresa: Estoy, al fin en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Poco a poco el conocimiento más profundo de aquel país le hará escribir un año después: (…) este país, señor en apariencias de todos los pueblos de la tierra, y en realidad esclavo de todas las pasiones de orden bajo que perturban y pervierten a los demás pueblos.

En aquella nación vivió las emociones de las grandes transformaciones tecnológica, la expansión de la nación hacia el oeste, las ríadas de emigrantes provenientes de Europa, base de la vertiginosa transformación del país, luchas de los trabajadores, en su mayoría emigrantes, por mejores salarios y ocho hora de labor, acontecimientos que sirvieron para aguzar su pensamiento social, siempre al lado de los humildes, sus críticas a los métodos violentos de lucha y su comprensión paulatina de aquella gente violenta, engañada y víctima del gran capital, es una constancia dialéctica de su maduración.

En los Estados Unidos el Apóstol cubano conoció y puso al descubierto el fenómeno imperialista y advierte sobre el peligro que representaba para Cuba, las Antillas y a la larga para América Latina. El auge económico de los Estados Unidos traía la necesidad de mercados y sus clases dominantes apuntaban hacia el dominio de las naciones de la América Latina. Como su zona de influencia natural.

Desde sus crónicas para los periódicos de Hispanoamérica no se cansa de mostrar las luces y las sombras de aquella nación y al organizar el movimiento independentista y liberador de la isla de Cuba, sienta sus objetivos políticos de impedir la anexión de Cuba al país del norte.

Su profundo espíritu analítico y su voluntad de estudiar las interioridades de los Estados Unidos, le permitieron llegar a conclusiones político sociales que aún hoy guardan una gran vigencia:

- La unidad de los países latinoamericanos como contraparte al hegemonismo de los Estados Unidos.

- El desarrollo cultural y económico de nuestra América como antídoto a la dominación de la nación del norte.

- La necesidad del desarrollo desde bases propias como contrapartida a la influencia y penetración de esa cultura basada en el pragmatismo y el individualismo exacerbado.

- La esencia humanista de la sociedad, su confianza en el ser humano y su capacidad de ser bueno.

Esas y otras que se me escapan son esencias sociales de la prédica martiana, no solo contenidas en documentos políticos y programáticos, sino en toda su obra





José Martí, Política

JOSÉ MARTÍ CONTRA LOS ESTADOS UNIDOS



Acuarela de Kamil Villaudi

Es momentos de desorientación de las izquierdas y de euforia de las fuerzas de la derecha capitalista, tan interesada en revertir la primavera solidaria que vive América Latina, es bueno volver al Martí militante antimperialista de visión furuturista, que habló para su tiempo y el nuestro:

El 24 de mayo de 1888 el presidente de los Estados Unidos “invitó” a los gobiernos de los países hispanoamericanos independiente a una conferencia internacional en Washington, para estudiar, entre otras cosas, la adopción por cada uno de los gobiernos de una moneda común de plata, de uso forzoso en las transacciones comerciales recíprocas entre los estados de América.

El 7 de abril de 1890, la Conferencia Internacional Americana propone establecer una unión monetaria internacional que tuviera como base una o más monedas internacionales, uniformes en peso y ley, que pudiesen usarse en todos los países representados en esta conferencia.

El 30 de marzo de 1891 un diplomático de origen cubano presenta un informe a nombre de Uruguay en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington, era José Martí quien hace un informe brillantísimo, primero en castellano y después en inglés, recomendando el bimetalismo y recordando de paso que no es “el oficio del continente americano restablecer con otro método y nombre el sistema imperial por donde se corrompen y mueren las repúblicas”

Martí rechaza las opiniones de la delegación de los Estados Unidos, que aspiraba a la creación de una moneda internacional de plata, propone la creación de un sistema de monedas uniformes, que harían más morales y seguras las relaciones económicas de los pueblos. Hace una caracterización de los EE.UU. y del peligro que representaba para América las intenciones de ese país.

En ese discurso hace un llamado a que prevalezca, tanto en el comercio como en la política, la paz igual y culta y que todo cambio de moneda futuro debía hacerse en acuerdo con todos los países implicados.

En esa misma comparecencia llamó la atención sobre otros aspectos del intercambio desigual entre las naciones de América, al decir “quien dice unión económica dice unión política” y “el pueblo que compra manda”

Tan ardua fue su batalla que su débil salud se quebranta en aquel “invierno de angustia” de 1890 con la presión del convite de los Estados Unidos, en que por ignorancia, o por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos” y nacieron sus testimoniales “Verso Sencillos” (1891) y escribió “Nuestra América”(enero 1891), su ensayo más completo sobre nuestra identidad latinoamericana





José Martí

LOS INMIGRANTES

Es realmente triste cuando los gobernantes y los decisores del mundo nos convidan a olvidar la Historia y emprender el “HOY” como si este fuere el primer día de la creación, realmente lo que quieren que olvidemos son los crímenes cometidos en nombre de la avaricia y del enriquecimiento de una minoría cada vez más rica.

Es por esto que traigo un fragmento de crónica de José Martí escrita en Nueva York hace más de cien años, cuando el “Paraíso Prometido” estaba en la joven nación de los Estados Unidos, ambiciosa y bravucona, capaz de ampliar su territorio a costa de los vecinos y de las naciones indígenas que habitaban más allá del Mississippi, con tan enormes reservas que explotar un capitalismo pujante y ambicioso necesita mano de obra barata para crecer y estimularon las grandes oleadas de emigrantes, principalmente europeos, que llegaron después de la Guerra de Secesión , he aquí una crónica sobre este tema migratorio que Martí describe con la objetividad de la denuncia y el deseo de que aprendamos. ¿Hay muchas diferencias con la riada de refugiados y emigrantes provocados por los conflictos internos que alientan las élites occidentales en el Oriente Medio o la condición infrahumana del África preterida?

“(…) No volverán, en cambio, sino que harán casa en las entrañas de los bosques, o arrancarán una fortuna al seno de las minas, o morirán en la labor esos cuatrocientos cuarenta mil inmigrantes, que Europa, más sobrada de hijos que de beneficios, ha enviado este año a las tierras de América. Manadas, no grupos de pasajeros, parecen cuando llegan. Son el ejército de la paz. Tienen derecho a la vida. Su pie es ancho y necesitan tierra grande.

En su pueblo cae nieve, y no tienen con qué comprar pan y vino. El hombre ama la libertad, aunque no sepa que la ama, y viene empujado de ella y huyendo de donde no la hay, cuando aquí viene. Esa estatua gigantesca que la República Francesa da en prenda de amistad a la República Americana no debiera, con la antorcha colosal en su mano levantada, alumbrar a los hombres, sino mirar de frente a Europa, con los brazos abiertos. He aquí el secreto de la prosperidad de los Estados Unidos: han abierto los brazos. Luchan los hombres por pan y por derecho, que es otro género de pan; y aquí hallan uno y otro, y ya no luchan. No bien abunda el trigo en los graneros, o el goce de sí propio halaga al hombre, la inmigración afloja, o cesa; mas cuando los brazos robustos se fatigan de no hallar empleo,-que nada fatiga tanto como el reposo,-o cuando la avaricia o el miedo de los grandes trastorna a los pueblos, la inmigración como marea creciente, hincha sus olas en Europa y las envía a América. Y hay razas avarientas que son las del Norte, cuya hambre formidable necesita pueblos vírgenes. Y hay razas fieles, que son las del Sur, cuyos hijos no hallan que caliente más sol que el sol patrio, ni anhelan más riqueza que la naranja de oro y la azucena blanca que se cría en el jardín de sus abuelos: y quieren más su choza en su terruño que palacio en tierra ajena. De los pueblos del Norte vienen a los Estados Unidos ejércitos de trabajadores: ni su instinto los invita a no mudar de suelo, ni el propio les ofrece campo ni paz bastante. Ciento noventa mil alemanes han venido este año a América: ¿qué han de hacer en Alemania, donde es el porvenir del hombre pobre ser pedestal de fusil, y coraza del dueño del Imperio? Y prefieren ser soldados de sí mismos, a serlo del emperador. De Irlanda, como los irlandeses esperan ahora tener patria, han venido en este año menos inmigrantes que en los anteriores. La especie humana ama el sacrificio glorioso. Todos los reyes pierden sus ejércitos: jamás la libertad perderá el suyo:-de las islas inglesas sólo han buscado hogar americano este año, ciento quince mil viajeros. Francia, que enamora a sus hijos, no ha perdido de éstos más que cuatro mil, que son en su mayor parte artesanos de pueblos, que no osan rivalizar con los de la ciudad, ni gustan de quedarse en las aldeas, y vienen, movidos del espíritu inquieto de los francos, a luchar con rivales que juzgan menos temibles que los propios. Italia, cuyas grandes amarguras no le han dejado tiempo para enseñar a sus campesinos el buen trabajo rudo, ha acrecido con trece mil de sus perezosos y labriegos, la población americana. Suiza, que no tiene en sus comarcas breves, faena que dar a sus vivaces y honrados hijos no ha mandado menos de once mil a estas playas nuevas. De Escandinavia, a cuyos donceles de cabellos rojos no tienen los desconsolados nativos riquezas de la tierra que ofrecer porque es su tierra tan pobre como hermosa, llegaron a Nueva York cincuenta mil hombres fornidos, laboriosos y honrados. Nueve mil llegaron de la mísera Bohemia, más en fuga del trabajo que en su busca; y nueve mil de Rusia, de cuyas ciudades huyen los hebreos azotados y acorralados. Y los áridos pueblos de la entrada del Báltico han enviado a estas comarcas de bosques opulentos dieciséis mil neerlandeses. ¡Y cómo vienen, hacinados en esos vapores criminales! No los llaman por nombres sino los cuentan por cabeza, como a los brutos en los llanos. A un lado y otro del globo, del lóbrego vientre de los buques se alzan jaulas de hierro construidas en camadas superpuestas, subdivididas en lechos nauseabundos, a los que sube por una escalerilla vertical, entre cantares obscenos y voces de ebrios, la mísera mujer cubierta de hijos que viene a América traída del hambre, o del amor al esposo que no ha vuelto. Les dan a comer manjares fétidos, les dan a beber agua maloliente. Como a riqueza a que no tienen derecho, los sacan en majadas a respirar algunos instantes sobre la cubierta del buque el aire fresco. ¡No se concibe cómo reclusión semejante no los mueve al crimen! ¿dónde está la piedad, que no está donde padecen los desgraciados?”

Obras Completas de José Martí. Tomo 9: 223-226

José Martí, Opinión, Política

SUEÑO LATINOAMERICANO DE JOSÉ MARTÍ



JOSÉ MARTÍ, AUTOR: RAÍL MARTÍNEZ

De Simón Bolívar, José Martí expresó que El Libertador tenía mucho que hacer en América y que la obra que él había dejado inconclusa, sin terminar estaba, valoró la ecuménica hazaña del venezolano, que emprendió la guerra de liberación de Suramérica, no para hacer una monarquía o para feudo de una oligarquía criolla sino para crear una familia de pueblos unida donde el bienestar fuera la condición mínima del hombre para su desarrollo.

José Martí, nació en Cuba, por esa época colonia española y con las mayores inversiones de los Estados Unidos fuera de su territorio ya en esta época; dedicó su vida a defender el derecho de su isla a la libertad, ya fuere de España o de cualquier otra potencia y vislumbra los males que traería a Nuestra América el fortalecimiento del capitalismo ya en su fase embrionaria de imperialismo.

Su obra no fue adivinación de iluminado, sino conclusiones de un reformador social, conocedor del mundo de su época, objetivo para los asuntos de política, soñador para los cambios que quería para nuestras tierras.

Ta vez su empeño en darnos a conocer los cambios que el capitalismo imperialista de los Estados Unidos protagonizaba a fines del siglo XIX y su interés por las riquezas de esta otra América, al sur, fueron vista como “exagerados” por muchos “estudiosos”, “admiradores” , poderosos políticos y la élites de estos países nuestros.

Ser “traspatio” es algo que conviene a muchos de ese 1 %, empeñados en cuidar más sus intereses, propiedades y cuentas que la dignidad de tener equidad, prosperidad y un poco de dignidad.

Quiero traer a estas páginas un deseo de José Martí que mantiene plena vigencia porque aún no se ha cumplido, aunque nunca como ahora para hacerlo realidad. Constituye una hermosa profecía latinoamericana, que a todos los hombres de buena voluntad de estas tierras corresponde contribuir a cumplir:

“No nos dio la Naturaleza en vano las palmas para nuestros bosques, y Amazonas y Orinocos para regar nuestra comarcas; de estos ríos la abundancia, y de aquellos palmares la eminencia, tiene la mente hispanoamericana, por lo que conserva de indio, cuerda: por lo que le viene de la tierra, fastuosa y volcánica; por lo que de árabe le trajo el español, perezosa y artística. ¡Oh! El día en que empiece a brillar, brillará cerca del Sol; el día en que demos por finada nuestra actual existencia de aldea. Academias de indios; expediciones de cultivadores a los países agrícolas; viajes periódicos y constantes con propósitos serios a las tierras más adelantadas; ímpetu y ciencia en las siembras; oportuna presentación de nuestros frutos a los pueblos extranjeros; copiosa red de vías de conducción dentro de cada país, y de cada país a otro; absoluta e indispensable consagración de respeto al pensamiento ajeno; he ahí lo que ya viene, aunque en algunas tierras solo se ve de lejos; he ahí puesto ya en forma el espíritu nuevo.

“Se abren campañas por la libertad política; debiera abrirse con mayor vigor por la libertad espiritual; por la acomodación del hombre a la tierra en que ha de vivir.”[1]


[1] La América, Nueva York, noviembre de 1884. O.C. de José Martí, T.6, pp. 24-26

José Martí

UN MAESTRO LLAMADO JOSÉ MARTÍ


Martí y la noche. Autor Luis Fariñas

En un mundo competitivo y digitalizado en el que fluye un torrente de información que puede llegar a saturar y no enseñar, vale la pena acudir a José Martí, ese adelantado cubano del siglo XIX que parece estar a nuestro lado proponiéndonos como fórmula fundamental para esta educación permanente, un ser humano preparado para aprender solo frente al contenido, pero pertrechado con una “alta espiritualidad y humanismo” como escudo frente a la banalidad, el facilismo, el egoísmo y el camino fácil para alcanzar el éxito.

Martí desde muy joven impartió clases y era evidente que disfrutaba del oficio de enseñar, conoció las formas de la enseñanza de su época, no solo las que se aplicaban en Cuba, con sus rezagos escolásticos y las influencias más liberarles que aplicaban maestros de avanzada, sino también que se mantuvo al tanto de los más adelantados métodos didácticos y educativos que se aplicaban en Estados Unidos y Europa, a los cuales sometió al criterio de la práctica cotidiana, de mucha mayor jerarquía resulta su labor teórica dentro de la pedagogía.

Para él estaba claro que enseñar no era solo trasmitir conocimientos, sino formar valores éticos y morales que hicieran del alumno un mejor ser humano. Su magisterio fue permanente, disfrutando del placer de trasmitir información y crear conciencia en los educandos, para él la libertad individual del hombre tenía su base en su cultura y su compromiso con su sociedad

Puede considerársele un precursor de los métodos contemporáneos de enseñanza por el empleo de concepciones y procedimientos novedoso en el acto de enseñar, que superaba los niveles de desarrollo alcanzado por la didáctica y la metodología de su época.

Es notoria su novedosa manera de enseñar gramática española para un grupo de adulto en una escuela nocturna de Nueva York, para cuya enseñanza partió de la lengua viva que conocían los hablantes, sin valerse de las reglas y manuales al uso, porque su criterio era que de ningún lugar se aprendía más que de la vida práctica.

Su periodismo abundante y valioso está regido por un objetivo didáctico de mostrar el mundo, la sociedad, en sus cambios y momentos de desarrollo, máxime cuando estaba inmerso en la sociedad de más dinámico desarrollo tecnológico y científico de su tiempo, los Estados Unidos de América. Para estos fines todo tema es propicio para desarrollar y difundir conocimientos.

Allá por la década de los 70 del siglo XIX, aparecen sus primeras reflexiones sobre temas educativos, aparecidas en la Revista Universal de México bajo el seudónimo de Orestes y en los 80 publica sus primeros artículos pedagógicos, uno de ellos referido al maestro ambulante, una novedosa idea entonces para que los niños del campo aprendieran sin abandonar su medio; su acertado razonamiento lo lleva a la conclusión de que a este niño campesino era necesario enseñarle cosas que le fueran necesaria en su vida, sobre la naturaleza, la agricultura:

“Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida.”

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso.

“Ser culto es el único modo de ser libre.

“Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.

“Y el único camino abierto a la prosperidad constante y fácil es el de conocer, cultivar y aprovechar los elementos inagotables e infatigables de la naturaleza. La naturaleza no tiene, celos, como los hombres. No tiene odios, ni miedo como los hombres. No cierra el paso a nadie, porque no teme de nadie. Los hombres siempre necesitarán de los productos de la naturaleza. Y como en cada región sólo se dan determinados productos, siempre se mantendrá su cambio activo, que asegura a todos los pueblos la comodidad y la riqueza”[1]


[1] “Maestros Ambulantes”, revista La América, Nueva York, mayo de 1884. Obras Completas de José Martí/Tomo VIII, p. 289

José Martí, Sin categoría

CRITERIOS DE JOSÉ MARTÍ SOBRE LOS ANCIANOS



José Martí. Dibujo de Carlos Enríquez

José Martí escribió con mucho respeto a cerca de los ancianos, en una época en la que este grupo etario tenía una relevancia mucho más fuerte en la sociedad, sus criterios vertido en artículos, cartas o en frases que cierran una idea completa, nos permiten hoy tener un ideario a cerca de un tema que subyace y va más allá de la asistencia social para colocarse como una necesidad espiritual a tratar con urgencia:

“La ancianidad es sublimemente sintética. Habla como los pueblos antiguos, en frases cortas, con grandes palabras. Todo se agranda al ascender: así es tan grande la cumbre del camino”[1]

Por eso su experiencia supo aprender de sus mayores, de sus sacrificios, de la vida que habían llevado y del ejemplo que legaban:

“No hay cosa más bella que amar a los ancianos; el respeto es un dulcísimo placer… Los ancianos son los patriarcas”[2]

Sus elogios van dirigidos a ese anciano que le habla de las epopeyas vividas, del sacrificio realizado, de los méritos que no se pueden perder, de la luz que debe ser trasmitida:

“¡Oh, cana cabellera, vida tan cierta por ser el punto y cabo de esta vida, imagen de lo perpetuo y de lo eterno que vas hacia lo que es llamado muerte vertiendo dones que fortalezcan al que aún tiene este pesado regocijo del espíritu, gusto de los ojos, orgullo para los que nacemos, y gala y lustre rica de las copiosas remembranzas de la patria!

“Así se piensa y se ama, cuando de un cuerpo viejo, se ve brotar ciencia gustosa por los labios trémulos, confianza en las miradas vivas, entusiasmo consolador en los ojos perpetuamente juveniles. Rejuvenece esa vejez; nace algo en esos cuerpos que van ya camino del yacer aparente del sepulcro.”[3]

De esas soledades y de una enseñanza familiar de respeto al anciano brotan frases hermosas de veneración:

“Cuando habla un joven, el alma recuerda dónde se enciende el vigor. Cuando habla un anciano, el alma descansa, confía, espera, sonreiría si tuviera labios, y parece que se dilata en paz”[4]

Este respeto al anciano y sus enseñanzas parecen anacrónicos en un mundo pragmático y hecho para el “hoy”:

“La voz de los ancianos tiene algo de los otros mundos: tiene algo de religioso, de paz no humana, algo de revelación. Se tiene como una garantía de consuelo en las palabras de un hombre anciano”[5]

Y la filosofía brota para definir la admiración por los reconoce “sabios” porque han vivido más:

“¡Hablan tan bien las cabelleras blancas! ¡Miran con tanto cariño los ojos de los ancianos! Dilatase el espíritu en contento: integrase el ser con esta vida ajena; como que se vierte uno de sí mismo en una atmósfera de extraña alegría: -al fin en irse de sí mismo consistirá en su día todo el vivir.[6]

“Los años santifican: los años embellecen; los años como aliento poderoso, soplan sobre el espíritu, y le dejan limpio, y libre de esas pasioncillas gusanosas que nos los envenenan, y nos lo roen en lo mejor de nuestra vida. ¡Y es hermoso ver rodar, al soplo recio del tiempo, cuerpo abajo esos gusanos! Ama más el hombre viejo. Y se le ama más. Si erró se le perdona. El hombre tiene necesidad de venerar. Goza en olvidar lo impuro”[7]

Con un poco más de madurez, conocedor de las hazañas de los ancianos de su tierra por defender la misma causa suya viene el firme y merecido elogio al viejo que escucha contarle sus historias:

“¡Se van, se van los viejos! Ellos son como ornamento, y la mejor fuente de fuerzas de la vida. ¡Qué ejemplo un anciano sereno! ¡Qué domador de fieras, todo anciano! ¿Cuán bueno ha de haber sido el que llega a esos años altos sonriendo?”[8]

“Por eso parecen siempre jóvenes estos ancianos, que comenzaron así la vida: en el campo rompiendo la tierra: en la ciudad, rompiendo los obstáculos”[9]

El elogio mayor para quien ha hecho mucho y no debe quedar olvidado:

“¡Qué encanto tienen los cabellos blancos! Parece que viene de lo alto lo que viene de ellos. Las puerilidades mismas están llenas de gracia en los ancianos. Se les ve como a veteranos gloriosísimo que vuelven heridos de una gran campaña. Los defectos, los delitos mismos, parecen como que se funden y desaparecen en la majestad de la vejez. ¡Qué hombres esos que han vivido ochenta años! Aun cuando hablen con voz trémula y anden tardo, se les ve como a titanes. ¡La vida llevaron a cuestas, y la sacaron a la orilla! A fuego lento se les ha ido blanqueando como la corteza al hierro en la fragua, los cabellos.”[10]

La veneración y el respeto, son, en todas las citas martianas sobre los ancianos, una constante:

“Una cabeza blanca había, que se llevó sin embargo todas las miradas. El hombre se siente consagrado en los ancianos”[11]

“En la calle nos debíamos quitar el sombrero cuando pasan los ancianos”[12]

A los niños les dirá en la revista que escribió para ellos:

“Cuando no se ha cuidado del corazón y la mente en los años jóvenes, bien se puede temer que la ancianidad sea desolada y triste”[13]

En toda su obra periodística, no pierde ocasión para resaltar el valor de los ancianos para la sociedad, la necesidad de cuidarlos y respetarlos y el peligro de subestimarlos en los momentos que justo más necesitan de los que ayudaron a formar:

“…La juventud y la ancianidad aclamaban juntas…”[14]

“Solo los que se saben sacrificar llegan a la vejez con salud y hermosura”[15]

“Ha que culpa tan grande es la de no amar, y mimar, a nuestros ancianos”[16]

“¡Un viejo, con la barba blanca, que entra en mi oficina, en la oficina de un hombre que ha tenido padre, pidiendo limosna! –Eso sí que le hace dar un vuelco al corazón!”[17]

Ya casi al final de su corta vida escribe a su niña querida, María Mantilla en quien depositó todas sus esperanzas de padre y formador:

“…Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura. Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita, niña siempre, -que es lo que dicen los chinos, que solo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que, aun es joven, es vieja y seca. Ni a las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo”[18]


[1] “Revista Universal”. México, Mayo 1875

[2] “Revista Universal”. México, Mayo 1875

[3] “Revista Universal”. México, Mayo 1875

[4] “Revista Universal. México, Mayo 1875

[5] “Revista Universal”. México, Agosto 1875

[6] “Revista Universal”. México, Mayo 1875

[7] “La Opinión Nacional”. Caracas.17/2/1882. Tomo 14, p. 396

[8] Periódico “La Nación”, Buenos Aires.25/2/1883 Tomo 9 p. 368

[9] Periódico “La Nación”, Buenos Aires.25/2/1883 Tomo 9 p. 367

[10] Revista “La América”. Nueva York Febrero 1884

[11] Periódico La Nación, Buenos Aires.3/1/1887. Tomo 11, p. 136

[12] Periódico La Nación, Buenos Aires.30/8/1888 Tomo 12 p. 45

[13] Revista La Edad de Oro Nº 2, agosto 1889. O.C. Tomo 18, p. 390

[14] Periódico El Partido Liberal, México 27/9/1889. O.C., Tomo 7. p.353

[15] Obras Completas. Tomo 2, p. 116

[16] Periódico Patria, 28/12 1893. Obras Completas. Tomo 5, p. 270

[17] Cuaderno de Apuntes Nº 18. Tomo 21, 395

[18] Carta a María Mantilla. O.C. Tomo 20, p. 212





José Martí

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.

[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, Historia, José Martí

JOSÉ MARTÍ HOY



Una de las razones de la vigencia del pensamiento de José Martí está dada por la contemporaneidad de sus ideas, que nos permite acudir a él, no como fuente literaria únicamente, sino como hombre de estos tiempos que está a nuestro lado para enfrentar los retos de la humanidad de hoy.

En su obra vamos de asombro en asombro, unas veces sintiéndonos aludidos, otras encontrando respuestas y las más de las veces comprometiéndonos. El escritor que hay en Martí no solo es revolucionario porque innova en cuanto a las formas, sino porque expresa una nueva visión de la realidad.

En sus escritos siempre hay una estrecha relación entre lo ético y lo estético, para él no hay separación entre la belleza del contenido y la profundidad de lo que se dice y el compromiso con lo que defiende. El poeta, el periodista, el intelectual es el mismo líder de los cambios que propugna para su país, su gente, la humanidad. “Patria es humanidad”, expresó alguna vez y no dejó por regionalismos estrecho de pensar en su América, Nuestra América.

Su concepción de lo revolucionario está dada por la capacidad del hombre de ser vanguardia, marchar junto a lo nuevo, servir a las mayorías, ser heraldo del futuro y auténticamente nacional al mismo tiempo que solidario con todos los seres humanos.

Su obra intelectual va dirigida a resaltar los valores autóctonos de Latinoamérica, frente a corrientes que en su época y en esta se empeñan en imitar culturas ajenas, tan solo por considerarlas superiores a la propia.

En su viseral ensayo “Nuestra América” se ocupa de dejar claros sus hitos culturales para un mundo nuestro, nuevo y posibles:

“La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria…

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

“Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!

“…el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero…”

Este es nuestro José Martí.

Historia, José Martí

EL CHE HABLA DE JOSÉ MARTÍ


El 14 de junio de 1928 nació en Rosario, Argentina, Ernesto Guevara de la Serna, nuestro querido “Ché”, una figura carismática y de aportes extraordinarios al quehacer revolucionarios de nuestros días. Los cubanos tuvimos el inmenso privilegio de verlo crecer en el ámbito cubano como guerrillero, estadista y ser humano.

De hecho el Che dejó entre nosotros su faceta más fructífera para todas las generaciones que vinieran después, la de educador. Con su ejemplo y su intransigencia formó en los hombres bajo su mando y en quienes lo conocieron la convicción de que a la sociedad nueva le correspondía un “hombre nuevo”, del que fue sin duda el modelo. Ese hombre nuevo solidario, altruista, capaz de luchar por la causa de los humildes desde el lugar que le asignara la historia y las veleidosas circunstancias, fue él.

Mi generación lo vio vivo, actuante, constructor de la nueva sociedad, impulsor de las nuevas conductas para la sociedad socialista modélica que soñó y que hoy nos queda como la utopía que alcanzará la humanidad cuando sea capaz de dejar a un lado los egoísmos y las ambiciones fanáticas de poder y enriquecimiento.

Como homenaje a este nuevo aniversario del nacimiento del Che traigo unas anotaciones que hice hace ya varios años, con respecto a su pensamiento sobre José Martí:

El 28 de enero de 1961, aniversario del natalicio de José Martí y en un año en el que Cuba se había comprometido ante el mundo librarse del flagelo del analfabetismo, se produjo este hermoso encuentro del Comandante Ernesto Guevara con un grupo de entusiastas jóvenes que lo aclamaban; con su peculiar manera de dirigirse al pueblo el Che dijo:

“Hoy se cumple un nuevo aniversario del natalicio de José Martí, y antes de entrar en el tema quiero prevenirles una cosa: he escuchado hace unos momentos: ¡Viva el Che Guevara!, pero a ninguno de ustedes se les ocurrió hoy gritar: ¡Viva Martí!… y esto no está bien…”

Más adelante explica a los jóvenes allí reunidos lo que significa Martí para los revolucionarios, “…Martí fue el mentor de nuestra Revolución a cuya palabra había que recurrir siempre para dar la interpretación justa de los fenómenos históricos que estábamos viviendo, y el hombre cuya palabra y cuyo ejemplo había que recordar cada vez que se quisiera decir o hacer trascendente en esta patria… porque José Martí es mucho más que cubano; es americano, …su voz se escucha y respeta no solo aquí en Cuba sino en toda América”

El guerrillero argentino-cubano que conoció del arraigo del Apóstol en el pueblo cubano profundiza en el modo mejor de rendirle homenaje al inspirador ideológico de la Revolución Cubana:

“Se puede honrar a Martí citando sus frases bonitas, frases perfectas, y además, y sobre todo, frases justas. Pero se puede y se debe honrar a Martí en la forma en que él quería que se le hiciera, cuando decía a pleno pulmón: “La mejor manera de decir es hacer”

La ejemplar vida del Guerrillero Heroico fue su mejor modo de rendirle homenaje al Cubano Mayor. El pudo conocerlo poco, como bien dice en otros momentos, había leído algo de su poesía y aprendió de su obra y ejemplo con los cubanos en la preparación de la insurrección, en la guerra y ya triunfante la Revolución.

Pudo aquilatar el valor de la vida y la obra de José Martí, no solo para los cubanos, sino para los latinoamericanos y los desposeídos de la tierra, con los que quiso su suerte echar.

Sus palabras de ese día se centraron en explicar a los jóvenes cubanos el modo de honrar a Martí enfatizando su identificación con aquella máxima martiana que expresa: “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre” porque para él ese aforismo definía a un revolucionario en la lucha por lograr la plena emancipación humana, por eso murió Martí, por eso también murió el Che.

Al terminar su alocución, después de recordarles el amor de José Martí por la niñez y la juventud, el Che les pidió a los allí reunido que lo despidieran como lo habían recibido,”…pero al revés: con ¡Viva Martí que está vivo!”

José Martí, Opinión
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda