Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

José Martí

MARTÍ, LAS CIENCIAS Y LA TÉCNICA

En el segundo número de La Edad de Oro, José Martí acerca a los niños a una fábrica y escoge la que hace los instrumentos más conocidos por ellos, la cuchara y el tenedor, a modo de interesarlos por los cambios que se están produciendo en la industria a fines del siglo XIX.

Le dice a los niños que ahora las cosas se hacen con máquinas, movidas con vapor, pero que el vapor no está debajo de cada máquina sino en una gran caldera que mueve un motor con ruedas y correas que mueven al resto de las máquinas, con un lenguaje sencillo para que vayan conociendo los cambios que se producen en la tecnología.

Les explica que antes se hacían estos instrumentos manualmente, muy bien hecho, pero en menor cantidad y que ahora se hacen cucharas y tenedores de diferentes calidades de acuerdo a los baños de plata que se le dé.

Hace mención a la electricidad de la siguiente forma, “(…) la electricidad, que es un poder que no se sabe lo que es, pero da luz, y calor, y movimiento, y fuerzas, y cambia y descompone en un instante los metales, y a unos los separa, y a los otros los junta, como en este baño de platear que, en cuanto la electricidad entra y lo revuelve, echa toda la plata del agua sobre las cucharas y los tenedores colgados dentro de él (…)”

En el cuarto y último número de la revista La Edad de Oro aparece un nuevo trabajo de divulgación científico técnica, “La galería de las máquinas” de la exposición de París de 1889, en realidad el escrito es un pretexto para exponer el grabado de “La Galería de las Máquinas”, pero en tan breve trabajo Martí deja sentado su modo de proceder al escribir: “A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro o el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les decían, ya les sale la vida equivocada”

En el Tomo 8 de las obras completas al comentar el descubrimiento y utilidad de la Petrografía, en el estudio de las rocas Martí reflexiona acerca de la utilidad de las ciencias para el desarrollo humano, pero lamenta la especialización del hombre, el alejamiento del todo de la naturaleza y la falta de humildad del hombre ante la madre naturaleza.

“¡Quién que mide su cerebro con el de la naturaleza, no le pide perdón de haberse creído su monarca! A todo hombre debieran enseñarse, como códigos de virtud, fijadoras de ideas y esclarecedoras de la mente, las ciencias naturales- Dejan en el espíritu, con cierto desconsuelo de ser tan poco por sí mismo ,cierto gigantesco ímpetu, por ser miembro de la obra universal en que se colabora: y parece, cuando se acaba de penetrar uno de sus misterios, que se recibe bendición de un padre magno ignorado, y que al levantarse del sitial tallado en montes, a seguir la ruta, se ha posado la mano, ya más fuerte, como si en mundo acabasen los brazos del sitial, en dos mundos. La naturaleza, enseña modestia:- luego de conocerla, la virtud es fácil; ya porque la vida se hace amable, de puro hermosa, ya porque se ve que todo no remata en el cementerio.

“Pero la época influye de tal modo en la mente científica, que ésta, para que le excusen su amor a la ciencia pura, halla siempre manera de ponerla al servicio de las artes prácticas. Los hombres sólo aman ya lo que les es visible e inmediatamente útil.-La Petrografía es ahora auxiliar grande de los edificadores: con su microscopio se sabe qué piedra será buena para fabricar, y se averigua, con tal menudos que no deja ya qué saber, qué partes de la piedra se irán gastando con la lluvia y el peso, y de qué lado se empezará luego a caer, y cuánto tiempo resistirá a los elementos.

“Y de ese modo, la pequeña ciencia se va haciendo grande, el espectroscopio enseña de qué están hechas las estrellas, y en el rayo de su luz sorprende los elementos mismos que nuestros pies pisan y nuestros pulmones absorben. El microscopio polarizador descubre la composición de los meteoritos, que nos caen de los altos espacios, como para decir a los hombres que no es vana su fe en mundos futuros, y que cuando el cuerpo que ahora usamos se canse de darnos casa, y nos abra salida,-en tierras desconocidas se nos ofrece casa nueva.

“Los mismos que cuidan poco de ciencias, gustan de que se crea que saben de ellas. Ahora, es caso de vergüenza desconocer los nombres de los grandes trabajadores científicos, que suelen ser, como Pasteur, ardientes espiritualistas. Alemania, ponderosa y lupúlea, cría hombres de talento, menudos y pacientes: en un aspecto de la vida sabios, a expensas de todos los demás aspectos, que ignoran. Y lo que saben, lo saben en el hecho, que penetran, desencajan y estrujan con mirada invasora; pero no en su vaporoso sentido y flor de espíritu, que de todo caso y cuerpo de la naturaleza surge, como el suave olor del heno, y es su real utilidad científica: -por eso, cuando nace un alemán kantiano, constructor e imaginador, como que los de la tierra no le han desflorado mucho estos campos, se entra en ellos y saca a brazadas gran suma de mieses.-El desamparo mismo, o forzado recogimiento, en que un ideador se encuentra en un pueblo de entendimiento recio, irrita, exacerba y agiganta la facultad de idear, y la saca de sus bordes legítimos.

“El que posee una condición, se apega más a ella y la sublima cuando vive entre los que no se la reverencian ni entienden. Así surgen los grandes agentes, los oradores grandes, de los estados públicos en que hay gran carencia de la virtud o condición que los anima.

Y así se va sabiendo cómo están hechos los cielos y la tierra.”[1]

En 1882 escribe para La Opinión Nacional de Caracas, Venezuela:

“Este siglo (XIX) está preparando los elementos del siglo venidero que ha ser colosal y originalísimo. Nosotros somos un ejército en marcha. El siglo que viene (XX) será un ejército en alto. Ellos espumarán estos manjares que nosotros estamos echando a hervir”[2]


[1] Obras Completas, Tomo 8, págs. 432-434

[2] Ídem, Tomo 23, pág. 288

José Martí

LEONOR PEREZ CABRERA

LA MADRE DE JOSÉ MARTÍ

El 19 de junio de 1907 murió en La Habana Leonor Pérez Cabrera, la madre de José Martí, mujer que tuvo que mucho que ver en la formación del hombre que hoy los cubanos tenemos como la figura más alta en nuestra cultura y en la formación de la nacionalidad cubana. Nacida en Sana Cruz de Tenerife, en esas Islas Canarias tan cercanas al swer del cubano, fue una humilde mujer que hizo todo lo posible por encaminar el desarrollo intelectual de su hijo, al mismo tiempo que fue su mayor corresponsal, al recibir de él tantas cartas como  su sentimiento de hijo pudieron dictarles, ellas siempre le reprochó el “sacrificio” por una causa que ella consideraba imposible, al tiempo que elogiaba su desarrollo intelectual y sus triunfos personales que la llenaron del sano orgullo materno.

Estoica y fuerte sobrevivió a la muerte de su esposo y a la de siete de sus ocho hijos, teniendo a su lado a la hora de su muerte a su hija Amelia en cuya casa murió esta matrona fuerte.

Como homenaje a ella publico la introducción de un pequeño libro en preparación que sobre su relación con su hijo Pepe estoy preparando, vayan pues estas palabras como homenaje a “La Madre del Héroe”:

La figura de Leonor Pérez Cabrera se alza desde la sencillez de su origen para subrayar la personalidad única de su hijo, el hombre que todos los cubanos tenemos como el paradigma patrio de entrega y sacrificio por el logro de la soberanía nacional y el bienestar individual de los hombres y mujeres de esta isla nación que es hoy Cuba.

Leonor Pérez Cabrera es la madre de José Martí Pérez, un hombre cuya trayectoria integral por la vida, es de una influencia determinante para los destinos de nuestro país y de los pueblos marginados del sur pobre e ignorado.

El acercamiento que pretendemos hacer a la biografía de esta mujer de pueblo se basa en el paralelismo que establecemos entre su personalidad fuerte y voluntariosa y la del hijo heredero de estas cualidades pero, además, dotado de un talento singular, una capacidad de estudio muy grande y un destino político que se trazó desde muy joven, pero que fue moldeándose a lo largo de toda su vida.

El binomio madre-hijo fue entre ellos vaso comunicante que enfrentó la voluntad de ella por protegerlo y convencerlo de sus “errores”, con el respeto y el sufrimiento de él al saberse incomprendido.

Nos enfrentamos a un tema bastante explotado, aunque poco difundido: libros, artículos, referencias amplias en la abundante bibliografía sobre el hijo, documentales de cine y televisión, conferencias y otras referencias que han contribuido a difundir la imagen de doña Leonor.

Es por esta razón que nos acercamos a una tema tratado, pero no agotado, haciéndolo a partir de las relaciones madre-hijo desde lo afectivo y lo intelectual, a través del testimonio escrito que se conserva de ambos, con relación a ellos mismos, y a temas tan recurrentes en sus cartas como fueron, la familia y Cuba.

Es ver a Leonor a la sombra de la grandeza de su hijo, insertada en momentos importantes de su vida como conciencia crítica y presencia dolorosa de esa otra parte del Héroe, el ego personal, abandonado o supeditado a la tarea mayor que él mismo se propuso: la libertad y dignificación de su pueblo.

Leonor, mujer preparada para la familia, fruto de las tradiciones ancestrales, no pudo sobreponerse a su destino y lucha, de la manera que puede, por impedir o mitigar los sufrimientos del primogénito, su único varón, que pugnaba por reconocerse a si mismo.

El tratamiento del tema nos lleva a seguir el desarrollo de esta relación entre Leonor y su Pepe, el desvelo de ella sobre sus pasos, las angustias al no saber de él y esa exigencia casi opresiva de recibir sus cartas, saber sus actividades, sus éxitos y fracasos.

No es casual que sea ella receptora de su obra, que él le va haciendo llegar en la medida que puede, a través de recortes de prensa, libros y revistas llegadas a la casa habanera para ser leídos con avidez, principalmente por ella, que no escatima su opinión, atinada y madura, pese a su cultura insuficiente y autodidacta.

Desde el punto de vista personal sobresalen elementos en la biografía de doña Leonor que admiran por su forma de reacción: primero la pobreza que se acrecienta en la medida que llegan los últimos años de su vida; la pérdida de la visión y con ella el alejamiento de la posibilidad de comunicación íntima con su hijo ausente y rebelde, y por último su sino fatal de ver morir a su esposo y a todos sus hijos con excepción de una.

Este albur la iguala con las clásicas figuras trágicas, con la diferencia de que ella no puede, ni siquiera culpar a nadie, se aferra a su fe cristiana y a su vocación de servicio y espera lo que fue su largo devenir hacia la muerte.

Ante tal figura no es difícil entender las valoraciones que sobre el concepto materno tenía su hijo:

La madre está lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida. Algo nos guía y ampara mientras ella no muere. La tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies”(1)

Así escribe en el periódico Patria en 1892, resumiendo sus valoraciones sobre la maternidad como sentimiento supremo en la escala del amor humano.

“Toda madre debiera llamarse Maravilla”(2)

Sentencia en uno de sus Cuadernos de Apuntes, tal vez después de haber leído alguna de las cartas escritas por su madre y admirarla por su persistencia en cuidarlo y protegerlo.

Mucho antes, adolescente todavía, escribe apasionado en la proclama de denuncia que se imprime en el Madrid indiferente ante la muerte de los ocho estudiantes de medicina fusilados en La Habana:

“…las madres son amor, no razón; son sensibilidad exquisita y dolor inconmensurable(3)

Bien podía el hablar así de la valiente mujer que arriesgo de su tranquilidad y la estabilidad de la familia, acude al Palacio de los Capitanes Generales a demostrar la injusticia cometida con su hijo y luego lo ve partir lejos de ella al destierro.

(1) Obras Completas de José Martí, Tomo V, pág. 379

(2) Idem, Tomo XXI, pág.256

(3) Idem, Tomo I, pág. 84

José Martí

ROMA, EL REFULJIR DE TRASTEVERE EN LA PROSA DE MARTI


Amante del arte y cultivador de la cultura, nuestro Martí es ante todo un gran escritor para el que no existe un tema menor, porque cada uno refulge en su prosa como la joya que él quiere mostrarnos, más en una época en la que aún la imagen no es tiránica, sino ilustración y refuerzo de las palabras y en buena parte de estos escritos no hay imágenes sino conformación de ella con las palabras precisas.

Sirva de ejemplo esta brevísima reseña de la ciudad de Roma, en pleno siglo XIX marco para hablarnos de la restauración de la unidad italiana y la referencia virtual a las mujeres del barrio de Trastevere, por lo demás dejemos hablar a Martí:

Roma, que se puso de fiesta para recibir a sus reyes a su vuelta de Austria, ha visto en estos días espectáculos hermosos y cosas amenazadoras. Roma entera tomó parte en las muestras de entusiasmo que acogieron a Humberto y Margarita, y el Quirinal, el Obelisco de Fidias, los palacios viejos, las callejas miasmáticas y oscuras, todo estaba vestido de luces. Era una fiesta llena de jovialidad, como hecha para recibir a reyes jóvenes. En las calles mezclábanse a los ancianos soldados, las gallardísimas mujeres del Trastevere, tipo eterno de amor fervoroso y belleza pictórica. De aquellos óvalos graciosos y dignos, tranquilos y puros, han tomado los grandes pintores los de sus vírgenes. Su hermosura es sólida, majestuosa, reposada. Sonríen, como quien premia. Miran, como quien besa. En pintarlas pasaba Fortuny, el famoso pintor catalán, largas y memorables horas, cerca de sus casuchas miserables, que como mugriento faldero de magnate descuidado, se apoyan en las paredes de espléndidas moradas. De esas luces estaba llena la noche de la recepción la enfermiza Roma, ¡cuna del pensamiento viejo, horno del pensamiento nuevo, casa del arte, pensamiento eterno![1]


[1] Obras Completas de José Martí. T. 14:239

Cultura, José Martí

LA TORRE EIFFEL EN LA PROSA DE MARTÍ


Con esta imagen ilustró su artículo de la Exposición de París en “La Edad de Oro”


Hoy vamos acompañar al maestro en un tour periodístico a la torre Eiffel, el monumento más alto y majestuoso que el hombre levantó en el siglo XIX descrito con asombro y detalle para los niños y jóvenes de América en el primer número de su revista “La Edad de Oro” como parte de su ensayo sobre “La Exposición de París”. Quien no fue allí, no se preocupe, la imaginación modernista del Apóstol pondrá en su mente un detallado retrato de aquella maravilla, no muy bien aceptada por los franceses de su época y ya elogiada por el cubano precursor que nunca estuvo allí:

Pero adonde va el gentío con un silencio como de respeto es a la torre Eiffel, el más alto y atrevido de los monumentos humanos. Es como el portal de la Exposición. Arrancan de la tierra, rodeados de palacios, sus cuatro pies de hierro: se juntan en arco, y van ya casi unidos hasta el segundo estrado de la torre, alto como la pirámide de Cheops: de allí fina como un encaje, valiente como un héroe, delgada como una flecha, sube más arriba que el monumento de Washington, que era la altura mayor entre las obras humanas, y se hunde, donde no alcanzan los ojos en lo azul, con la campanilla, como la cabeza de los montes, coronada de nubes-Y todo, de la raíz al tope, es un tejido de hierro.

“… ¡El mundo entero va ahora como moviéndose en la mar, con todos los pueblos humanos a bordo, y del barco del mundo, la torre es el mástil! Los vientos se echan sobre la torre, como para derribar a la que los desafía, y huyen por el espacio azul, vencidos y despedazados.- Allá abajo la gente entra, como las abejas en el colmenar: por los pies de la torre suben y bajan, por la escalera de caracol, por los ascensores inclinados, dos mil visitantes a la vez; los hombres, como gusanos, hormiguean entre las mallas de hierro; el cielo se ve por entre el tejido como en grandes triángulos azules de cabeza cortada, de picos agudos. Del primer estrado abierto, con sus cuatro hoteles curiosos, se sube, por la escalinata de hélice, al descanso segundo, donde se escribe y se imprime un diario, a la altura de la cúpula de San Pedro.”

Cultura, José Martí

VENECIA “VISTA” POR MARTÍ


José Martí no es solo el político y el hombre adusto que se sentó a escribir sobre su tiempo y la gente, también fue un viajero incansable, tanto por ese pelegrinar de países y ciudades que lo tuvieron como huésped, como por el modo de describir aquellos que no vio con sus ojos sino con su espiritualidad y su gran sensibilidad, vamos con él a Venecia, la ciudad decimonónica ya reconocida por sus monumentos, sus carnavales y la cultura desarrolla en aquel pequeño rincón de Adriático:

“Nutrida está la quincena italiana de cosas nuevas y brillantes: el Vesubio, despierto, mueve al cielo sus lenguas de llamas; … y Venecia, remozada y coqueta, corona de flores su alto Campanille rosado, resucita sus fiestas antiguas, adereza a la margen del Lido, y a la sombra de sus pintorescos emparrados, los sabrosos mariscos que sirviera tantas veces de almuerzo a Teophile Gautier, e inunda con sus góndolas los canales, con sus mujeres de ojos negros los puentes, y con sus gallardos pilluelos, los acróbatas ambulantes, y sus adivinadores de lotería y decidores de buena fortuna, la resplandeciente plaza de San Marcos, -¡este paisaje de ónix!

“De la noble Venecia habló luego el príncipe Teano, y con calor generoso recordó sus glorias, y la creyó merecedora de celebrar en su seno aquella reunión de sabios antes celebrada en Amberes y en París.

…Todo es banquete, festejo y danza. El signor Ottino, que es iluminador famoso, enciende cien mil luces de colores en la plaza de San Marcos, y cuenta contento las cuarenta mil liras que por el adorno de la plaza le pagan. San Marcos, donde en otro tiempo rompieron el aire de Venecia esclava las bandas austríacas, resonará ahora con las altas voces de una colosal orquesta de hijos fuertes de Italia, hijos libres del Véneto. Aquellas serenatas venecianas, cuyos ecos, como diablillos ungidos de amor, revoloteaban, después de oídas largo tiempo, encendiendo llamas e inspirando cantos en torno a la frente de los poetas; aquellas misteriosas flotillas, que como bandada de cisnes negros con ojos de colores, lleno el dorso de rimadores de voz dulce y tañedores de laúd tierno, se deslizaba en la voluptuosa madrugada por los canales sigilosos; aquellas clásicas serenatas características, cantadas con su lira de alas de llama por lord Byron, con su guzla ceñida de coronas de rosas por Alfred de Musset, y con su pluma de mármol por aquella mujer viril y extraordinaria, Jorge Sand; aquellas serenatas animarán de nuevo, sonrientes y sonoras, la ciudad coqueta. Una gigantesca galleggianle, la famosa galera de paseo, como por magos y magas iluminada, cruzará, vestida de lujosos pabellones, las aguas tranquilas. Aquellas tranquilas góndolas de Venecia, aquellos veloces bissone, regatearán como regatearon ochocientos años hace en las fiestas con que fue celebrada la ruidosa victoria del dux Pietro Gondiano sobre los intrépidos piratas que robaron las monjas del convento de Olivolo. Y como no pueden, por inamovible privilegio, tocar manos humanas los muros de la iglesia de San Marcos, la luz, que es resplandor divino, la suave luz eléctrica, bañará las murallas sagradas. Vense por todas partes los geógrafos de Francia, Suecia y Rusia, que han traído consigo muy celebradas y valiosas colecciones;…

“Así renace de su sueño de siglos, en su lecho de mármol, de su polvo de oro, la mágica y magnífica Venecia.[1]


[1] La Opinión Nacional. Caracas 3, de octubre de 1881.Obras Completas Tomo 14:Pág., 88-89

Cultura, José Martí

MARTÍ 164 ANIVERSARIO

Vivo, militante, intransigente, noble, sorprendente, estos y otros muchos abjetivos pueden unirse al nombre de José Martí, el Apóstol de Cuba, el Héroe Nacional, o simplemente Martí, como decimos los cubanos para referirnos al hombre que nos acompaña desde su ejemplo.
Ojalá no mueras nuevamente en mármol, ojalá esta generación de la prisa y la inmediatez, no le despoje de su espiritualidad para dejarle en la frase hecha, la interpretación que conviene o la simulación adyecta, porque ser como tú es simplemente ser bueno, decente, humanista, solidario, para que la sociedad en que vivimos sea mejor, aunque le falten aún muchas cosas materiales por hacer, “¿CUBA QUÉ HUBIERA SIDO DE TI, SI HUBIERAS DEJADO MORIR A TU APÓSTOL?” (Fidel Castro)

José Martí

MARTÍ SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS


La labor periodística desarrollada por José Martí desde los Estados Unidos a partir de 1880, como colaborador de importantes periódicos de América Latina[1], le sirven de base para desarrollar su pensamiento antimperialista y de identidad latinoamericana, que es hoy uno de sus innegables aportes a las ideas más progresistas de nuestro continente.

Pero sin embargo, este fragmento escrito en unos de sus primeros Cuadernos de Apuntes que data de 1871 durante su exilio en España, nos muestra a un joven de 18 años con una profunda concepción sobre la sociedad estadounidense y las ideas muy claras en cuanto a las diferencias entre una sociedad como esa y la que en Cuba y en América Latina estaban desarrollando pueblos de origen diferente. Sus palabras son la elocuente prueba del humanista, el cubano independentista y el que admira y respeta al vecino, pero al que no quiere imitar por considerar que nuestra circunstancia y formación no son las mismas, su posterior contacto con esa sociedad no le harán cambiar de parecer, sino reafirmar de forma más elaborada la necesidad de la unidad latinoamericana frente a las ambiciones hegemónicas del país del norte:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, - Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad.

“Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan?

Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?

Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”[2]


[1] “El Nacional” de Venezuela; “La Nación” de Argentina y “El Liberal” de México

[2] Obras Completas de José Martí, T 21: p.15

José Martí

JOSÉ DE LOS CUBANOS


El poeta manzanillero Manuel Navarro Luna, llamó a Martí “José de los cubanos”, en un hermoso poema escrito antes de 1959 donde le expresa a modo de quejas colectiva las calamidades de aquella sociedad injusta y desigual que traicionaba su legado con su solo actuar.

Por suerte este poeta de pueblo vio a la Revolución triunfante y junto a ella trató de hacer realidad los sueños de José Martí fundamentalmente aquel legado de hacer una República “Con todos y para el bien de todos”, donde la Ley primera fuera, “La dignidad plena del hombre” y en la que fuera premisa fundamental alcanzar, “la mayor cantidad de justicia posible”.

¿Era mucho pedir?, si para una nación de contrastes abismales entre la opulencia de unos pocos y la miseria de muchos que el triunfo audaz y extraordinario del 1 de enero de 1959 trató y trata de deshacer con los cambios sociales que introdujo con la participación popular como premisa fundamental y con el enemigo jurado de la noble causa a 90 millas de nuestras costas, apoyando y alentando de todos los modos posibles, a los enemigos de los pobres de la tierra, los humildes con los que José martí hizo causa común.

Martí en la Cuba de hoy no es una propaganda estatal, sino el proveedor perenne de ideas y ejemplo a seguir, crecido desde el sacrifico de su muerte en la medida que su pueblo lo fue conociendo.

La divulgación martiana es fruto de la ingente enseñanza del maestro cubano de la República, que mostró a sus alumnos al Apóstol sencillo que murió por ellos, pero dejó un claro camino a seguir.

Martí crecido más allá de los actos oficiales y las estatuas, Martí poeta extraordinario, escritor de talento, pero más que eso luchador social por las causas justas de los pobres de la tierra, esos a los que alertó del peligro de la concentración capitalista, de las ambiciones de dominación mundial de los Estados Unidos de América, comenzando por América Latina, de los grandes peligros que esperaban a las sociedades más humildes frente aquel Goliat ambicioso y pragmático.

Ese es el Martí de enero, el que alerta y cuida desde sus prédicas, cada día más vigentes y presentes, a él el homenaje de seguirlo desde la Cuba hereje que se niega a ser paraíso de pocos y páramo de muchos, porque eso aprendimos con Fidel y los hombres que llevaron al triunfo estas ideas preclaras de libertad, igualdad y democracia, así sin apellidos porque donde haya un ser humano esos principios deben prevalecer.

José Martí

UN COMENTARIO AL ARTÍCULO “LA FUTURA ESCLAVITUD” DE JOSÉ MARTÍ



Cada cierto tiempo hay un sesudo que “descubre” algún fragmento de la escritura de Martí que se amolda a sus intereses y enseguida corren esos fragmentos por esta red implacable, neutral en sí pero cargada con toda la intencionalidad que el ser humano pone en los medios de comunicación para servir a sus intereses, ahora le toca a la “Futura Esclavitud” un artículo de José Martí que enjuicia criterios del filósofo inglés Herbert Spencer, hace ya un tiempo dediqué dos amplios trabajo al análisis de esos artículos, ahora hago énfasis en el fragmento que le sirve a los nuevos “Descubridores” para enfrentar los problemas reales y evidente de la burocracia estatal socialista.

El controvertido séptimo párrafo, entresacado por muchos y contrapuesto con malicia al Estado Revolucionario Cubano, es un resumen de los temores de Spencer y José Martí lo abrevia con mucho cuidado, aunque no se aleja de la esencia del original, su objetividad parece advertirnos de la posibilidad de que esta cosas puedan ocurrir (ocurren) y por ello algunos investigadores ven en este párrafo el criterio martiano, para que pueda opinar el lector le transcribo íntegro el párrafo:

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.”[1]

El último párrafo de “La Futura Esclavitud” es un esperanzador llamado de José Martí a los poderosos que representa Spencer, una toma de posición que hace a José Martí más nuestro, por sus principios éticos, su apego a la justicia social y su innegable toma de posición al lado de los oprimidos:

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas[1].

“Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”[2]


[1] Moneda inglesa de la época


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[2] Ídem

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ, CRONISTA DEPORTIVO



Los temas deportivos ocupan un amplio espacio en el periodismo martiano, motivado por el auge que esta actividad ya tiene en los Estados Unidos en la época en que nuestro Apóstol vivió en ese país, y por el amplio destaque que hacen los periódicos estadounidense del espectáculo que brindan los atletas en muchos deportes tanto individuales, como colectivos, profesionales o amateurs.

José Martí sigue este desarrollo y da cuenta de ello en sus crónicas para los periódicos hispanoamericanos, principalmente para «La Nación» de Buenos Aires y «El Liberal» de México; pero no como reportero deportivo al que impulsa el deseo de informar resultados, estilos y formas de jugar, sino lo que hay de humano en estas actividades físicas marcadas por la tensión del cuerpo, el riesgo o los beneficios para la salud y por sobre todo la crítica temprana y de mucha actualidad contra la comercialización que envilece el deporte, ensombreciendo su intrínseco contenido lúdico, en pos de la gloria para su equipo, su escuela, su nación.

En Martí hay severas críticas al fenómeno de las apuestas que ve abrirse paso en medio de aquellos espectáculos más de circo romano que de competición sana, según sus propias palabras, y destaca el daño que tales prácticas hacen, no solo al atleta, sino al público convertido en deshumanizado espectador de aquellas competiciones, muchas veces brutales.

Con sus crónicas, lo ha escrito, no pretende entrar en detalles que a la distancia no le digan nada al lector, sino ir a la esencia de los fenómenos que la “modernidad” van provocando en este pujante país, más allá del deslumbramiento tecnológico o las novedades de todo tipo, que no dejan de serlo en el deporte y la ejercitación física.

Con entusiasmo habla de los ejercicios que ayudan a la salud y elogia a este pueblo que aprovecha la luz del sol para salir al aire libre haciendo caminatas, nadando, excursionando por los campos y playas, llenado sus pulmones de aire saludable.

Es crónica objetiva, poética, pero advertidora del fenómeno comercializador que potencia el espectáculo, el consumo, el entretenimiento vacío, que aletarga la inteligencia y deja poco a la espiritualidad, al humanismo y la solidaridad, rasgos que cuando aparecen, él aplaude como rasgos a destacar en el entretenimiento y deporte sano.

Entre los deporte que vio y describió están, el boxeo, el remo, las regatas de velas, patinaje sobre hielo, atletismo, beisbol y fútbol en su variante de “fútbol americano”.

“Sport”, entretenimiento, recreación y ejercitación, son formas lúdicas que el mira con recelo al verlos cargados de violencia, fanatismo, apuestas y ese afán de ganar dinero aún a costa de la salud.

Eso lo hace echar de menos a los juegos primigenios de las polis griegas, basados en la búsqueda de la gloria, el prestigio y la buena forma física de sus ciudadanos, que al destacarse en estas actividades físicas eran tenidos como héroes por los suyos.

El boxeo es el deporte más reseñado por él, motivado por las espectaculares multitudes que se reúnen para ver aquellos encuentros de pugilato, apenas con reglas y a mano limpia. Tuvo la fortuna de ser contemporáneo del boxeador más aclamado de los Estados Unidos John Sullivan, bostoniano de origen irlandés a quien dedica más de una mención en sus crónicas, no solo para hablar de sus peleas y triunfos, sino también para destacar su conducta humana de marginado social, mimado por todos, por esto para este peso completo del boxeo Martí tuvo un seudónimo que lo caracteriza en sus crónicas: “Bestia bípeda”

Para nuestro querido beisbol, Martí tuvo palabras de elogios al ver su capacidad de mover multitudes tanto para jugarlo como para verlo jugar, lo llamó “pelota”, tal como hacemos los cubanos de hoy, trató de castellanizar términos que estaban en inglés para que lo entendieran mejor los latinoamericanos que desconocían por entonces este deporte: “Macanazo” fue el sonoro nombre que nuestro Apóstol dio al jonrón y “encuclillado”, llamó al receptor o cácher, prueba de que conocía el juego y de que lo disfrutó en la época en que comenzaba a convertirse en pasión para los estadounidenses.

Así vio Martí el deporte y la ejercitación física, muy a tono con sus concepciones humanistas que desde su país se trata de inculcar en los atletas que compiten por nuestra bandera, no importa si pierden, si compiten con honor y dan el máximo sabiendo que en esta isla los cubanos nos sentiremos orgullosos de su esfuerzo.

Deporte, José Martí
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