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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Historia

EL BARCO QUE TRAJO A JOSÉ MARTÍ



Maqueta del Nordstrand, conservada en el Museo casa Natal de José Martí

El Nordstrand, era un carguero de flete, construido en los astilleros de Neptum de Rostock, con el Nº de construcción 139 para los armadores Langel-Kiel y botado al agua en 1893. Casco de acero, eslora 64,30 mts. y 9,80 de manga. Desplaza un tonelaje de 886 ton. Propulsión mixta de velas y máquina de 400 C.V. Velocidad de 9,5 nudos.

Estando varados en la isla de Inagua llegó este carguero de bandera alemana teniendo como capitán a Heinrich Julius Theodor Lowe, nacido en Arnis, Silecia, Alemania el 6 de febrero de 1859, casado con Agnes Marteus, con la que tuvo cinco hijo, se radica en Hamburgo. Fue capitán de la marina, inspector del pportando madera y carga general.uerto de Amsterdan durante la Primera Guerra Mundial y murió a los 76 años el 1º de febrero de 1935.

Por esta época en que se cruzó en el camino de nuestro Apóstol cuando Lowe hacía con su barco la travesía de Cayo Hueso, Inagua, Cabo Haitiano, Kingston, trasportando madera y carga general.

El testimonio de lo que apreció Martí el gesto del capitán alemán al aceptar llevarlos hasta cerca de las costa de Cuba, es esta carta del Apóstol que trascribimos:

Sres. B. J. Guerra

y Gonzalo de Quesada

Estimados señores:

Tengo el gusto de presentar a vuestra gratitud y amistad al Capitán H. Loewe- él nos situó, el 11 de abril, donde deseábamos estar. Esto lo hizo, - no solamente por el interés de un servicio pobremente remunerado, - pero con el cuidado y el generoso empeño de un amigo. - Lo presento como un hombre inteligente y digno de confianza, plenamente merecedor de su afecto y confianza, y de los mejores términos que podemos ofrecerle. El está presto y capacitado para dirigir cualquiera de nuestras empresas actuales. Quizás sería aconsejable retenerlo con nosotros, al menos por algún tiempo con una iguala, utilizando sus buenos servicios en uno u otro trabajo. Junto con él están sus valiosos compañeros, - su Contramaestre y Primer Maquinista, - quienes podrían encontrar empleo en nuestra empresa frutera con Ñ punby(Emilio Núñez), en caso de no efectuarse, en el embarque de provisiones a cualquiera de las Antillas Europeas, por ejemplo, en consignación, o tránsito, a M. B. Barbes & Cía.,–agentes, Inagua, o en cualquier otro asunto que el Capitán Loewe pueda sugerirle. Nuestra mercancía pudiera venir como víveres. Nuestro R. R.(Horacio Rubens) pudiera venir con él.

En caso de que Uds. se cercioren que el Capitán H. Loewe haya perdido su puesto en él vapor Nordstrands debido a este servicio, les autorizo y encargo para pagarle $508.00.

Pero lo que más deseo encarecidamente es que Uds. le puedan encontrar, y él encuentre con nosotros, un empleo permanente y provechoso. Salúdenlo como un buen amigo.

De Uds.

J. Martí

Vapor Nordstrand, 11 de abril (1895).

Historia, José Martí

GIRÓN: LLEGARON Y QUEDARON


Eran días gloriosos, millares de cubanos se movilizaron en todo el país, por playa Girón se iniciaba el desembarco mercenario con la flota yanqui a tres millas, era la evidencia clara de que solo hacía falta el pretexto para intervenir nuevamente en Cuba.

Desde el central Australia, a pocos kilómetros del desembarco, Fidel insistía en la necesidad de aplastar en 72 horas o menos al invasor, impedir que los “vende patria” hicieran una cabeza de playa para instalar un “gobierno” que pidiera apoyo a los Estados Unidos, por eso fue enorme el sacrificio, miles de milicianos muchos de ellos adolescentes avanzaban hacia la bahía de Cochinos, la patria entera estaba en pie de guerra, dispuesta a vencer o a morir en el empeño.

El 16 de abril de 1961 las fuerzas enemigas atacaron con todo por este lugar inhóspito, pero el fuego de los jóvenes milicianos de las ametralladoras de “cuatro boca” marcaron el día convirtiendo el cielo de la ciénaga en un infierno para el invasor, eran los “niños héroes” que en poco tiempo aprendieron a manejar aquellas armas convencidos de que si querían futuro, tenían que asegurarlo con su victoria, era toda Cuba no olvidemos nunca esto, en cada rincón de la isla se alzaron los revolucionarios para anular a los enemigos apadrinados por el IMPERIALISMO YANQUI, Cuba recuerda estos días de gloria, estaba en juego el futuro, mi padre y mis hermanos mayores estuvieron en aquella epopeya, yo tenía diez años, esa historia me pertenece.

Historia, Opinión, Política

¡SOCIALISTAS!


Un 16 de abril de 1961, el mismo día en que fueron sepultados los combatientes que murieron en los bombardeos previos a la invasión de Playa Girón, el pueblo cubano junto a su máximo líder Fidel Castro, proclamaba el carácter socialista de la Revolución Cubana y millones de cubanos de todas las edades, vestidos de milicianos y armados de fusiles se dispusieron a defender aquel proceso nacido de lo más profundo de sus convicciones revolucionarias.

Era la radicalización de una Revolución popular enfrentada a la burguesía criolla, antinacional, aliada a los imperialistas y dispuestas a quedarse sin patria si en ella se aseguraban sus privilegios, sus riquezas y su modo de vida ostentoso y derrochar a costa de la miseria de la mayoría del pueblo.

Esta es la Historia, la que no podemos olvidar, porque lo rojo no puede convertirse en rosado solo para satisfacer las apetencias de minorías consumistas, siempre dispuestas a venderse o plegarse, si con ello salva sus intereses.

Historia, Opinión, Política

10 DE ABRIL, UN DÍA DE CUBA


Martí y los emigrados. Serigrafía de Roberto Fabelo

Colección del Museo casa Natal de José Martí

Hoy es 10 de abril, fecha que marca dos acontecimientos relevantes en la Historia de Cuba, la primera fue en 1869 cuando los independentistas cubanos se dieron en la pequeña población de Guáimaro, una Constitución liberal y democrática que marcaría el nacimiento constitucional de la nación cubana, aunque aún no teníamos República, esa había que conquistarla con las armas en la mano porque el León Hispano consideraba a este isla, “La Siempre Fiel Isla de Cuba”

Ignacio Agramonte y Carlos Manuel de Céspedes lideraban aquella asamblea cubana que nos dio la primera Carta Magna de Cuba, era toda una declaración de sueños aún no realizados pero por la que murieron durante diez años los cubanos en los campos de batalla.

Otro 10 de abril pero de 1892, no es casual que José Martí, el nuevo líder por la continuidad de la Revolución Independentista proclamara al Partido Revolucionario Cubano, un partido que no tenía fines politiqueros, ni grupales, un partido para luchar por la independencia de Cuba y la creación de una República que fuera, “Con todos y para el bien de todos”.

Era su modo de decirle a los cubanos y al mundo que la Revolución que se preparaba era la continuidad de la Revolución de Demajagua y Yara que había convocado Céspedes.

Por primera vez en la historia nacía una organización política para organizar y dirigir una Revolución que en sus fines no tenía solo la independencia de Cuba, sino impedir la anexión de la isla a los Estados Unidos y alcanzar una República justa y de iguales para todos los cubanos, esa era la razón ideológica de aquella organización martiana nacida en el seno de la emigración revolucionaria cubana, fundamentalmente gente humilde y trabajadora, anhelante de tener patria, pero patria verdadera donde las diferencias de clase y color no frenaran el desarrollo digno de todo un pueblo.

Los cubanos de hoy, los crecidos y nacidos bajo el proceso más radical de la Historia de Cuba, la Revolución encabezada por Fidel, somos herederos de aquellos principios de igualdad y justicia convocados por los padres fundadores y mantendremos esas conquistas, aunque haya oportunistas trasnochados que piensen solo en su interés personal y el bienestar de sus bolsillos.

Historia, José Martí

ANTONIO MACEO, DE NUEVO EN CUBA


El 1ro de abril de 1895 llega a Cuba el Mayor General Antonio Maceo Grajales acompañado por un reducido número de expedicionario desembarcaron por playa Duaba, Baracoa. Los expedicionarios partieron el 25 de marzo de Puerto Limón, Costa Rica en el vapor “Adirondack” hasta la isla Fortuna del grupo de Las Bahamas donde abordaron la goleta “Honor”.

Al frente de la expedición marítima venía el general Flor Crombet encargado por José Martí a traer con éxito a tierras cubanas al Mayor General Antonio Maceo. El contingente estaba formado por 23 patriotas entre ellos, además de Antonio Maceo y Crombet, los generales José Maceo y Agustín Cebreco.

Luego del desembarco se dirigieron al lugar conocido como Alto del Pino donde sostuvieron el primer combate con fuerzas españolas a las puertas mismas de la ciudad de Baracoa, lo que sirvió para que sus pobladores supieran quien era la figura que había llegado a su territorio.

La presencia en Cuba del Titán de Bronce se regó por todo la zona oriental del país sirviendo de aliciente a los miles que ya estaban en la manigua y de impulso a otros muchos que se unieron a la causa independentista.

Días después, el 11 de abril llega José Martí y Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo, Imias con lo que la Revolución tenía en Cuba a sus principales líderes.

Historia

MANIFIESTO DE MONTECRISTI



En esta casa (Montecristi, República Dominicana) perteneciente entonces a Máximo Gómez fue redactado este documento

Hace 120 años se había reiniciado la guerra por la liberación de Cuba del colonialismo español, esta vez dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, un novedoso mecanismo político creado por José Martí para aunar a los cubanos en torno a la independencia de Cuba, la prosperidad de la isla y la creación de una República nueva en América Latina que tuviera por basamento la dignidad plena del hombre.

El 25 de marzo de 1895 en la pequeña ciudad dominicana de Montecristi nuestro José Martí redacta una proclama dirigida al pueblo de Cuba donde quedan puntualizados las razones para luchar por la independencia y asegurar un futuro digno para todos los cubanos. Este documento es conocido en la Historia de Cuba como “Manifiesto de Montecristi”

El pueblo al que convoca el Apóstol es un pueblo mestizo forjado en la fragua trasculturada de más de cuatro siglos de coloniaje y explotación de mano de obra negra y esclava.

Tiene ya en este final del siglo decimonónico una personalidad propia, contradictoria y variopinta, que hace temer a unos y sentirse extraños a otros dentro de este conglomerado social que de todos modos ha madurado y pugna por ser libre.

Cuba era en el período de entre-guerras (1878-1895) una fragua de ideas moviéndose entre dos polaridades de pensamiento político, por una parte el radical independentismo que ya ha dado pie al levantamiento de un pueblo por su libertad y que reposaba de forma turbulenta y crítica en la emigración combativa y en la Cuba profunda de los campos y los humildes que espera una nueva clarinada. En el otro extremo la recurrente idea autonomista, versión nueva del viejo reformismo burgués que espera prosperidad y reconocida personalidad política, bajo la corona del león ibérico.

Penden sobre la isla otro peligro, las pretensiones anexionistas de la república yanqui alimentada por el egoísmo de esta misma clase burguesa, que por proteger sus caudales y privilegios prefiere olvidar sus naturales sueños de libertad y autodeterminación.

La ilusión pasajera de leyes moderadas que dieran a las clases dominantes en Cuba el status de provincia española, se desvaneció en menos de una década, decantando posiciones de una buena parte de la intelectualidad y la clase media de la isla, que desengañados vuelven a la primigenia idea del independentismo.

En este período fecundo y presagiante las autoridades españolas resuelven de forma institucional (1886), el problema que los independentistas ya habían resuelto de modo práctico desde la Guerra Grande: la libertad de los esclavos.

Comenzó un pulseo fuerte entre las dos tendencias políticas de la isla por ganar el favor del negro: si bien España concedió, tras intensa lucha de la población negra, determinados derechos civiles a esos sectores; las fuerzas independentistas consiguieron la mayoritaria adhesión de estos, con un programa que le daba la plena igualdad social en una República, “con todos y para el bien de todos”.

Este panorama socio-político en la Cuba de la “Tregua Fecunda”, hicieron valorar a José Martí que las condiciones para el reinicio de la guerra por la independencia estaban creadas y la población lista para emprender una Revolución que terminara con el coloniaje, impidiera las pretensiones de anexión de los norteamericanos y alcanzara una República de igualdad y respeto para todos.

Era la República ideal que aliviaría los males de la nación y la pondría con justicia en el concierto de las naciones libres, al tiempo que desempeñaba un papel de protagónico equilibrio entre las dos Américas: La prepotente y pujante del norte y la mestiza y pobre del sur.

¿Estaba la nación preparada para ello?

¿Veía el pueblo en la Revolución que se iniciaba, algo más que la anhelada separación de España?

¿Habían desaparecidos las contradicciones y prejuicios en un pueblo, donde aún se escuchaba el eco del látigo?

Estas y otras muchas interrogantes podrían definir el devenir histórico de la nación en el que una sociedad se empeñó en realizar su sueño posible.

Historia, José Martí

24 DE FEBRERO, UN GRITO DE CUBA POR SU INDEPENDENCIA


El 24 de febrero de 1895 se produjo un hecho esperado y gloriosos en la historia de la isla de Cuba, entonces colonia de España con el apoyo de los sectores ricos de la sociedad colonial, tanto criollos como peninsulares, incapaces de sacar lección de la decisión de los cubanos por ser libres, tras los diez primeros años de cruenta lucha por su independencia.

Se iniciaba un nuevo período de guerra para expulsar de la isla el colonialismo español enraizado desde hacía cuatro siglo en la Mayor de las Antillas. Esta vez el movimiento emancipador venía encabezado por un hombre de claras ideas separatistas, actualizado en el panorama político de su momento histórico y decidido a cambiar no solo la condición política de la isla, sino su basamento social lastrado por la esclavitud de hombres y mujeres de origen africano que apenas 9 años antes habían sido emancipado por el gobierno de España, poniendo fin a su oprobiosa condición.

Mucho tiempo antes en 1868 los primeros cubanos que se levantaron por su independencia liberaron de la servidumbre a sus esclavos y los llamaron como iguales a luchar por la patria común que de un modo u otro habían construido.

José Martí y su Partido Revolucionario Cubano, estaban al frente de aquel segundo momento de las luchas por la libertad de la isla, desde el exilio, apoyado por la emigración cubana asentada en los Estados Unidos llamó a la unidad de todos, sin distinción de clases, ni razas, proponiendo la creación de la República que tuviera por Ley primera la dignidad plena del hombre y donde se conquistara toda la justicia posible para los pobres de la tierra, esos que fueron mayoría en la adhesión al movimiento y los primeros en morir en los campos de batalla.

Se iniciaron, ese 24 de febrero, los más cruentos días para el pueblo cubano, España no estaba dispuesta a perder lo que consideraba parte inseparable de su territorio, ni los dividendos que esta próspera colonia dejaba al fisco real, por lo que se empeñó en sofocar a toda costa aquel movimiento popular y revolucionario.

El saldo fue la muerte de más de 300 mil personas, combatientes y civiles, la destrucción de las dos terceras parte de las riquezas del país, la pérdida de valiosos líderes cubanos en el empeño libertario, entre ellos el propio José Martí y el inclaudicable general Antonio Maceo, síntesis ambos de los mejores valores de la patria mestiza y libre que aspiraban a construir.

La intervención norteamericana en junio de 1898 mediatizó la posible victoria de las armas cubanas y dejó pendiente sobre el futuro de Cuba la alternativa anexionista que siempre fue la aspiración de los intereses de las oligarquía, tanto la yanqui, como buena parte de los sectores criollos y peninsulares presentes en Cuba.

La República de Martí, “con todos y para el bien de todos” quedaba pospuesta.

Historia, José Martí

LA PERIODIZACIÓN HISTÓRICA EN LA REVOLUCIÓN CUBANA


La Revolución Cubana triunfante en 1959 constituye el hecho histórico más importante de la historia contemporánea de la isla, con la llegada al poder de los revolucionarios encabezados por Fidel castro y las grandes transformaciones que han desarrollado en el curso de estos cincuenta años y más.

El hecho mismo de estar inmersos en las grandes transformaciones que se produjeron es este período histórico, ha detenido a pocos estudiosos en la periodización sistemática de este acontecimiento.

He aquí un intento que pretende dar organicidad a la historia de una Revolución aún viva y con la disposición dialéctica al cambio:

Período Fundacional (1959-1971)

Caracterizado por la radicalización de los procesos histórico que se dan: el enfrentamiento con la oligarquía nacional y las fuerzas imperialistas de los Estados Unidos, convertido desde los primeros meses del triunfo revolucionario en el mayor adversario del proceso de cambio; la Ley de Reforma Agraria, la campaña de alfabetización, las primeras nacionalizaciones a los colaboradores de la dictadura de Batista.

El enfrentamiento a la violencia contrarrevolucionaria, creación de las milicias, los Comités de Defensa de la Revolución, los órganos de seguridad del país, la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandido.

El establecimiento de vínculos políticos y económicos con la Unión Soviética y el Campo Socialista, el bloqueo económico de los Estados Unidos y la amplia ayuda en todas la esferas de estas naciones para permitir la sobrevivencia de la Revolución que al mismo tiempo crearon vínculos políticos y económicos que frenaron el impulso liberal y democráticos de la Revolución.

Es el período más rico y menos sistematizado de la Revolución

El momento de cambio de este período está dado por el fracaso de la “Zafra de los 10 Millones” (1969-1970) y la rectificaciones posteriores en las esferas de la ideología, la economía.

La Institucionalización (1971-1980)

En lo económico significó la incorporación de Cuba al bloque económico soviético del CAME[1] con su controvertida “división socialista del trabajo”, que acentuó a Cuba en su papel histórico de país monoproductor de materia prima, con una excesiva participación del estado en la gestión económica.

Se creó una estructura estatal vertical y rígida que fortaleció el estado burocrático centralizado; la creación de una estructura estatal y política semejante a la de sus homólogos socialistas; la ideologización de la sociedad cubana y el intento de crear una cultura “nueva” con muchos rasgos del realismo socialista, excluyente y sectario.

El momento de cambio de este período está dado por el fracaso del reencuentro con la Comunidad Cubana en los Estados Unidos, su influencia en los sectores marginados, afectado y excluidos y por las políticas de lucha contra el diversionismo ideológico, con su momento más álgido en la “Crisis del Mariel” y la ocupación de la embajada de Perú por cientos de personas que querían abandonar el país.

La rectificación de errores (1980-1991)

El tercer período está marcado por el término de las misiones internacionalistas en África, el proceso de rectificación de errores, los sucesos en la URSS y en los países del Campo Socialista de Europa.

Fue un período en que el estado cubano logró una estabilidad económica y social basada en el sistema de cooperación con el CAME, con estándares de vida, educación, salud y bienestar aceptables, aunque con todo el peso del sistema ideológico-burocrático fortalecido y en alza.

La desaparición del Campo Socialista y de la Unión Soviética, con la pérdida de los sistemas preferenciales y subsidiados que habían beneficiado a Cuba provocó una brusca caída en los niveles de vida y en la economía del país dando paso al momento más duro del proceso revolucionaria: El Período Especial

El Período Especial (1991- 2000)

Tentativamente puede hacerse un cierre al término de la década de los 90, aunque el siglo XXI cubano es una historia en desarrollo.

La pérdida de los mercados socialistas dejó a Cuba paralizada, sin combustible, ni abastecimientos, sobreviviendo con la cuenta diaria y con el liderazgo de un líder que puso en función de su pueblo su inteligencia para impedir el caos.

La confianza en Fidel, sobretodo, hizo que este pueblo siempre supiera a qué atenerse en aquellos duros momentos.

En medio de tantas penurias el Período Especial le dejó al pueblo cubano la lección de lo que podía hacer por sí solo, con la inventiva, confianza en sí mismo y su potencial cultural y educativo, para salvar un proyecto en esencia noble y participativo.

Volvimos a descubrir que podíamos hacer muchas cosas, sin el estado, fuimos más libre, valoramos mucho más lo que habíamos alcanzado, pero exigimos nuestra posibilidad de participación e integración en nuestra sociedad.

El estado no se debilitó, se hizo más democrático, apareció la sociedad civil cubana fuera de las rígidas organizaciones políticas y de masas, ganaron en visibilidad los religiosos, los grupos marginados de todo tipo y la presión sobre el estado vertical y centralizador ha sido mayor.

Defectos muchísimos, los valores humanos salieron dañados de este período duro de nuestra historia, el egoísmo, el individualismos enfermizo, la prostitución, el juego, las indisciplinas sociales y la corrupción en los estamentos estatales se hicieron presente, pero el pueblo y su Revolución salió de lo peor, y pudo lograr “conservar las conquistas del socialismo”, ese pedido que en los días más difíciles del Período Especial, nos hizo Fidel.


[1] Comunidad de Ayuda Mutua Económica

Historia

EL IMPACTO DE LA ESCLAVITUD MASIVA EN CUBA



Esta breve monografía forma parte del libro Historia de la Cultura Cubana, que he publicado en estos últimos años en MONOGRAFÍA.COM por capítulos, en espera de tener el día la posibilidad de verlo en papel, fue en mi Blog CULTURA CUBA el material más visita y comentado que quiero retomar para los nuevos lectores, estos hechos y estos datos explican mucho s problemas de nuestras historia nacional.

El desarrollo de la plantación esclavista en Cuba provoca como primera consecuencia el arribo a la isla de una avalancha de esclavos africanos a partir de 1762, cuando los ingleses introdujeron en La Habana alrededor de diez mil “piezas de ébano” en los pocos meses que ocuparon la capital de la colonia.

“Como resultado de ello, si en 1774, durante el primer censo de población, en Cuba fueron registrados 44 300 esclavos, ya en 1792 la cifra ascendió a 84 400, en 1804 a 138 000 (75 000 hombres y 63 000 mujeres)”[1]

En 1792 se creó en La Habana la Nueva Compañía de Comercio, primordialmente de capital criollo, que tenía por finalidad recibir los esclavos en consignación y revenderlos a los hacendados.

La vertiginosa entrada de mano de obra esclava africana estimuló un rápido crecimiento de la economía de plantación en el occidente de la isla y la rápida reducción porcentual de la población y libre[2].

Durante poco más de dos siglos, desde la conquista hasta la ocupación inglesa de La Habana, arribaron a Cuba, legalmente unos sesenta mil esclavos aproximadamente. A partir de esa fecha la mano de obra esclava se convierte en la base de la riqueza de la oligarquía criolla y sus aliados, y la arribada de estos seres humanos, legal o de contrabando, inunda el mercado y provoca un desequilibrio demográfico en la isla.

El salto más espectacular en la importación de esclavos se produce se produce entre 1790 y 1820 al ser traído de forma legal 236 599 africanos, casi cuatro veces más que todos los arribantes en el primer período colonial, sin contar con los esclavos traídos de contrabando.

Pese a los malos tratos y la despiadada explotación de las plantaciones, la población de color en la isla, pasó de un 43, 6 % en 1762 a un 54,5 % en 1811, lo que atemorizó a las clases dominantes en el país. En 1820 Cuba tenía una población de 627 238 habitantes de ellos de ellos el 55 % era de color, un 40 % esclavos y un 15 % libres[3]

El negro está presente en la población de la isla desde la conquista, su asimilación gradual y equilibrada con el resto de los componentes étnicos, forma parte de la identidad del criollo. Incluso un minoritario grupo de “gente de color” se perfila a principios de este período como una pequeña burguesía con base en algunos oficios, el comercio minorista, los servicios y algunas esferas artísticas.

Este estrato social asimila la cultura predominante en la colonia y al igual que la oligarquía criolla procura hacer méritos a los ojos de las autoridades coloniales, formando parte en los batallones de milicias de color, donde son premiados con grados de oficiales y condecoraciones por estos servicios.

Con el desarrollo plantacionista de este período se consolida una pequeña burguesía de color cuyo número no era despreciable y que fue mirada siempre con desconfianza por las élites de la sociedad colonial.

El conocimiento de un oficio artesanal y la demanda en el mercado de su trabajo especializado, hizo que el negro cubano ocupase un sitio vital en el seno de la economía: la sociedad no puede prescindir de él y por tanto se produce su integración a ella sobre la base de su utilidad e insustituibilidad”[4]

El incremento desmesurado de la mano de obra esclava prejuició a la población blanca con respecto al trabajo manual que dieron lugar a un agudo fenómeno de vagancia[5].

El esclavo fue la principal fuente de trabajo en 1825, de un total de 140 mil dedicados al cultivo de exportación, 66 mil laboraban en las plantaciones azucareras y de los 260 mil esclavos existentes en la isla para esa fecha, 73 mil (28%) vivían y trabajaban en áreas urbanas[6].

A partir de la masiva y forzosa llegada de esta población africana y pese a las prohibiciones de las autoridades civiles y eclesiásticas, su acervo cultural llegó con ellos y encontró acomodo en la cultura popular del país, en un proceso de aculturación con las otras formas culturales presentes en el mismo.

El africano desarrolla en difíciles condiciones su cultura, a veces de forma encubierta, otra de forma abierta. Sus creencias sobreviven en los barracones y cabildos; en su forma original o sincretizados. Su religiosidad, su música, la tradición oral y otras formas de su cultura, enriqueció el tronco común de la cultura de esta tierra.

A Cuba fueron traído de forma forzada personas de más de cien étnias africanas, predominando los yorubas, bantúes, carabalíes y ararás, de ellos los dos primeros grupos son los de más fuerte arraigo cultural en Cuba.

Los yorubas proceden de la costa occidental de Nigeria, a su llegada a la isla encontraron en la cultura popular predominante una mezcla religiosa que iba del cristianismo más ortodoxo hasta el animismo.

Será la estructura jerarquizada y piramidal de la religión cristiana, con un Dios supremo y deidades inferiores (santos), la que asimilaron para encubrir en un proceso de sincretismo religioso de rápido y fuerte aceptación en las clases populares. En un período relativamente corto crearon un culto sincrético de doble identidad (Regla de Ocha o Santería), que es un ejemplo de cultura de resistencia, al sobrevivir al conquistador, conquistándolo.

Los principales orichas del panteón yoruba, encontraron un equivalente en el santoral cristiano. Changó(Santa Bárbara), oricha de la virilidad; Yemayá(Virgen de Regla), señora del mar; Ochún(Virgen de la Caridad del Cobre), la fertilidad y el amor, son sus atributos; Obatalá( Virgen de las Mercedes), señor de la sabiduría; Babalú Ayé(San Lázaro), señor de la salud y las curaciones y Ogún(Santiago Apóstol), dueño del monte y del trabajo, entre otros muchos, los más conocidos y arraigados en la cultura popular del país.

La difusión que ha tenido la santería en Cuba parte de esta época cuando comenzó a desarrollarse no solo entre los esclavos, sino también entre la población de color y la blanca de origen humilde, teniendo en la región occidental su mayor arraigo con una expansión rápida y sostenida al resto del país.

La étnia bantú o congos fue también de mucha importancia en la conformación de la cultura popular de Cuba. Traídos en la Gran Avalancha de principios del siglo XIX, conforman un grupo humano disperso en diversos reinos o tribus en la cuenca del río Congo, de ellos los más importantes llegados al país fueron los mayombes, loangos, angolas y balubas.

La cultura de estos grupos giraba alrededor de un sistema religioso animista, que atribuye poderes a los elementos naturales personificados en el bosque, los árboles, los animales, fenómenos naturales, etc. Por esta razón no les fue difícil mantener sus cultos durante la esclavitud, en constante sincretismo con otros étnias africanas y con el catolicismo.

Por centrar sus ritos en los palos del monte, se les reconoció en Cuba como “Paleros”, extendiéndose de forma similar a la santería pero sin alcanzar su popularidad.

Yorubas y Bantues aportaron elementos religiosos que refundidos con el catolicismo oficial dieron lugar a los cultos sincréticos que se arraigaron en la cultura popular cubana.

Otra institución de origen africano fueron los Cabildos de Nación, que existen en la isla desde el siglo XVI con la autorización de los funcionarios coloniales. Su finalidad es proteger y conservar la cultura de un grupo étnico, costumbres, ritos, e instrumentos, modificados en el nuevo contexto. Formaban parte de ellos los individuos de una misma étnia, en cofradías de cooperación y ayuda mutua que con el tiempo asimilaron a descendientes de otros grupos africanos minoritarios.

En Cuba, principalmente en la región occidental, surgieron Cabildos congos, lucumíes, arará, y la Secta Abakúa. Esta última secreta, cerrada y con membresía masculina, pero con objetivos similares a los cabildos.

El Cabildo de Nación era presidido por un Rey o una Reina, un Rey suplente, un abanderado, el Mayor de Plaza, el Mayordomo, el Tesorero y la Corte. Ellos dirigían las festividades, desarrolladas los domingos en la mañana, de 10 a 12 del día y en la tarde de 3 a 8 de la noche, bajo la constante vigilancia de las autoridades y los amos.

La festividad más importante de los Cabildo de Nación y que en el siglo XIX se convirtió en la más significativa fiesta popular del país, el Día de Reyes, celebrado el 6 de enero. Esta festividad cristiana se celebraba en Cuba desde la Conquista, pero su esplendor se da en ese siglo por la incorporación masiva de los negros. Ese día salían a las calles y plazas, ataviados con sus trajes típicos o imitando al blanco, llevando estandarte y atributos, al son de la música. Era una festividad que los esclavistas permitieron pero que nunca entendieron.

La masiva estrada de esclavos africanos fue un suceso determinante para la conformación del etno nacional a partir de que la presencia de esta raza de origen y culturas múltiples se integra al proceso de transculturación cultural que Fernando Ortiz reconoce como el modo creativo y formativo de toda cultura mestiza.

[1] Fernando Ortiz: Los negros esclavos”, p. 38 citado por E. Alexandrenkov en “Los negros en el Nuevo Mundo”, colectivo de autores. Moscú, 1987, p. 250.

[2] Ramiro Guerra: Manual de Historia de Cuba, p. 207; citado por López Segrera: en OC.: 72

[3] Juan Pérez de la Riva: La Isla de Cuba en el siglo XIX vista por los extranjeros: 4, citado por López Segrera: OC.: 84

[4] López Segrera: en “Cuba: Capitalismo dependiente y subdesarrollo”: 89

[5] Alejandro de Humboldt: Ensayo político sobre la isla de Cuba, Vol. XI, Nº 3, 73 citado por López Segrera, Obra citada.: 82

[6]López Segrera, Obra citada: 82

Cultura, Historia

SANCTI SPÍRITUS, LA QUINTA VILLA


La historia de Cuba empieza con las peripecias de un grupo de aventureros españoles que allá por 1511 decidieron probar suerte en la isla de Cuba y se vinieron a su territorio, no para asentar sus hogares y crear familias, no para evangelizar unas tierras paganas llenas de aborígenes sin casi ropa, con una vida placentera y sencilla, no, simplemente para crear un negocio de riesgo, buscar oro, el oro que no abundaba en La Española, primera isla de su asentamiento americano y que no encontraran en abundancia en la más hermosa y grande de las islas antillanas.

Embarcados en aquella aventura necesitaron mano de obra para buscar ese oro esquivo que le diera estatus de señores a todos aquellos segundones y aventureros y para ello esclavizaron a la población nativa, que no conocía las largas jornadas de extenuantes búsqueda en los ríos de aquellas pepitas de oro milagrosas, para poderlo hacer crearon las “encomiendas”, esa “nobles instituciones por las que el rey les entregaba un grupo de aborígenes para que los cristianizaran y en cambio trabajaran para sus nobles amos”, el resultado fue la casi total desaparición de la población autóctona de la isla en menos de cincuenta años y el comienzo de nuestra historia con la creación de aquellas legendarias siete villa que desde el 2011 están cumpliendo 500 años.

Primero fue la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, aquella villa pegada a la isla Española, mirando al paso de los vientos y que fue la primera capital de la isla, con Diego Velázquez como su fundador; la segunda fue San Salvador de Bayamo (1512), creada en las márgenes del río Yara a raíz de la derrota y asesinato del legendario cacique Hatuey, ese que no aceptó el bautizo porque si iba a encontrarse en el mismo cielo que los españoles, no lo deseaba; en su avance ambicioso y devastador los conquistadores llegaron a la región del Camagüey y en la actual bahía de Nuevitas crearon la tercera villa, que nombraron Santa María del Puerto Príncipe (1513), la misma que tuvo que refugiarse al interior de la isla para escapar a los ataques de corsarios y piratas y que sus vecinos orgullosos y bravíos pugnaron mucho tiempo, hasta que le lograron, fuera llamada Camagüey, ese Camagüey de Cuba que nos enorgullece por sus tradiciones y patriotismo.

En 1514 fueron fundadas las dos villas del centro, la Santísima Trinidad a principios de años, en las faldas del macizo de Guamuaya y Sancti Spíritus más al centro del territorio el 4 de junio de 1514, pronto tendrá sus 500 años.

Cerrando el ciclo a fines de 1514 se funda al sur del occidente de Cuba en la ensenada de Cortes, la villa de San Cristóbal y en 1515 cerrado el ciclo fundacional Santiago de Cuba en la zona oriental, pero esa es una historia que contaré después. Por el momento felicitar a los espirituanos que están de fiesta, engalanando su villa, hoy una importante urbe del centro de Cuba y que disfruten su San Juan espirituano, fiestas de gran colorido y participación popular.

Cultura, Historia
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