Historia
CUBA EL ORIGEN DEL DIFERENDO
Para los cubanos es muy importante que en el mundo se conozca la verdad de nuestra historia, eso hará que los seres humanos en otras partes puedan entender las razones de los que hicieron la Revolución y la de los que hemos vivido y trabajado bajo este status diferente que nos hace ver un poco raro para los que viven bajo el régimen capitalista. Nadie tiene la verdad absoluta todo depende del prisma con que se mire, por eso es mejor informarse y crear nuestras propias conclusiones, aunque en el buscar consumamos un buen rato, este artículo al que remito al lector es una muestra:
Para el presidente Kennedy, Estados Unidos fue responsable de la dictadura de Batista y los atrasos de Cuba en la década de los 50
El 24 de octubre de 1963, John F. Kennedy, que ocupaba la presidencia de Estados Unidos, sostuvo una entrevista con el periodista Jean Daniel Bensaid, que trabajaba para el diario francés L¢ Express.
Durante su estancia en Estados Unidos, Jean Daniel conoció al periodista Ben Bradlee, de la revista Newsweek, al que confesó viajaría a Cuba para entrevistar a Fidel Castro. Bradlee se lo informó al presidente Kennedy y este se interesó en tener una entrevista con Jean Daniel, cuyo propósito era enviar un mensaje a Fidel Castro.
El doctor Néstor García Iturbe (*) en su artículo CUBA.- ESTADOS UNIDOS.- Kennedy, hace 49 años, publicado el 19 de octubre de 2012, nos entrega la traducción de un largo fragmento de la entrevista entre el periodista francés y el mandatario norteamericano, donde Kennedy reconoce la responsabilidad de Estados Unidos por el sostenimiento de la dictadura de Fulgencio Batista y la humillante colonización económica de Cuba en la década de los cincuenta.
Yo creo que no hay un país en el mundo, incluyendo cualquiera y todos los países que han estado bajo dominación colonial, donde la colonización económica, humillación y explotación fueran peores que en Cuba, en parte debido a la política de mi país durante el régimen de Batista.
Yo estoy de acuerdo con lo que planteó Fidel Castro en la Sierra Maestra, cuando con toda justificación reclamaba justicia y especialmente anhelaba liberar a Cuba de la corrupción. Inclusive puedo ir más allá: en cierto sentido era como si Batista fuera la encarnación de un número de pecados cometidos por Estados Unidos.
Ahora debemos pagar por esos pecados. Sobre el régimen de Batista, yo estoy de acuerdo con los primeros revolucionaros cubanos. Eso está perfectamente claro.
Como señala García Iturbe en su artículo, este pronunciamiento no debió resultar muy agradable a los batistianos que se encontraban en Estados Unidos, incluyendo los que formaron parte de la Brigada 2506 y los que ya hacían sus primeros intentos de participación en la política del país. Ni les gustará ahora tampoco, cuando tratan de edulcorar aquella aciaga época de miseria y terror.
Tampoco debió sonar muy bien en los oídos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono donde la solución de Cuba no estaba en conversaciones, sino en invasiones.
(*) Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, del Consejo Científico del Instituto Superior de Relaciones Internacionales y miembro adjunto de la Asociación Cubana de Derecho Internacional. Escribe en periódicos y revistas nacionales y extranjeros y participa como conferenciante, en distintas Universidades y Centros de Estudios de Cuba, Estados Unidos y otros países.
Tomado de la edición digital del periódico Granma. La Habana 22/5/2013
EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (3)
En 1948 se produce la victoria electoral de Carlos Prío Socarrás (1903-1977) candidato aupado por el mismo Grau San Martín y continuador de la política anti popular y corrupta del mismo.
El nuevo gobierno auténtico continuó la tónica del anterior, con el robo autorizado del presupuesto público y múltiples escándalos relacionados con la hacienda pública que deterioraron la imagen del gobierno.
Uno de los hechos más sonados fue el escándalo por la falsa incineración de casi 40 millones de pesos que debía ser retirado de circulación por el Ministerio de Hacienda regentado por el hermano del presidente, Antonio Prío Socarrás.
El gobierno de Carlos Prío se alineó desde un principio junto a los sectores enriquecidos con el robo de los fondos públicos y con la debilitada burguesía industrial azucarera, todo ello sin afectar los intereses de la oligarquía y de los inversionistas yanquis. Por esta razón se manifestó como un gobierno pro-norteamericanos, reaccionario, represivo del movimiento obrero y de los comunistas.
Durante su mandato fueron asesinados dirigentes obreros de la talla de Aracelio Iglesia, Amancio Rodríguez y Miguel Fernández Roig, entre otros. Promulgó el Decreto 2273, conocido como “Decreto Mordaza”. Dirigido a silenciar los programas radiales de la oposición a más de los reiterados asaltos de la policía contra el periódico comunista “Hoy”
Fiel a su política pro yanqui, Prío Socarrás se mostró partidario del aumento de la tarifa eléctrica propuesta por la Compañía Cubana de Electricidad, de capital norteamericano; concertó acuerdos militares y de inteligencia con el gobierno de los Estados Unidos y creó el Grupo Represivo de Actividades Subversiva (GRAS) con el pretexto de luchar contra el gansterismo político, pero usado en realidad para reprimir a los movimientos de izquierda y de los trabajadores.
En 1950 el gobierno anunció su programa de “Nuevos Rumbos” que pretendía actuar contra la corrupción administrativa para lo cual destituyó a todo el gabinete y promovió las tan esperadas leyes complementarias, principalmente en la esfera bancaria y la hacienda pública. Creó el Banco Nacional de Cuba, el Banco de Fomento Industrial de Cuba (BANFAIC), el tribunal de Cuentas y el de garantías Constitucionales y Sociales y aprobó la Ley orgánica del presupuesto y la ley general de contabilidad, pretendiendo con estas medidas mayor control del presupuesto estatal, al cual estaban adjunto como “botelleros”[1] cientos de pistoleros a sueldos que hacían pactos de paz con el gobierno a cambio de estas prebendas.
Los cambios promovidos por los “Nuevos Rumbos” fueron casi nulos, por lo que continuaron las protestas populares y las campañas radiales dirigidas por Eduardo Chibás (1905-1951), denunciando la verdadera situación de latrocinio dentro del gobierno de Prío. El Partido Revolucionario Cubano (Ortodoxo) de Chibás era casi seguro ganador de las elecciones de 1952, por la popularidad de su líder y el descredito del gobierno de Carlos Prío Socarrás.
Políticamente presionado y en medio de su campaña de denuncias contra el robo de los ministros, no pudo obtener las pruebas de ello y se suicida delante de los micrófonos de la CMQ, el 16 de agosto de 1951, dejando acéfalo el fuerte movimiento ortodoxo, adecentador y aglutinador de las fuerzas progresistas del momento. A pesar de su ausencia el partido Ortodoxo seguía siendo el favorito para las elecciones de 1952.
En medio de este convulso panorama regresa a Cuba Fulgencio Batista, tras las garantías que le ofreció el gobierno. Sus aspiraciones política eran volver a la presidencia de Cuba, pero su partido no estaba entre los favoritos para ganar las elecciones, aunque él sí seguía siendo el “hombre” de las fuerzas más reaccionarias del país y contaba con el apoyo de las fuerzas armadas, bases que lo llevaron a sacar a Carlos Prío Socarrás de la presidencia con un golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, pocos día antes de las elecciones que daban como posibles ganadores a el Partido ortodoxo y las fuerzas progresistas aglutinadas a su alrededor. Comenzaba una nueva etapa en la Historia de Cuba. (Continuará)
[1] Así llamó el pueblo de Cuba a todo el que cobraba una plaza por plantilla sin trabajarla.
EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (2)
El gobierno auténtico
Las elecciones de 1944 fueron ganadas por Grau San Martín y el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), basado en un programa que recogía numerosos reclamos populares históricos de la Revolución del 30, como por ejemplo, la diversificación de la economía, freno a la penetración extranjera, honestidad en el manejo de los fondos públicos, distribución científica de los fondos públicos y mayor intervención del estado en la regulación económica.
A pesar de su victoria electoral el autenticismo llegaba al gobierno debilitado por los “sacrificios tácticos” que tuvieron que hacer sus líderes y que en realidad fueron concesiones a la oligarquía tradicional.
A su llegada al poder Grau San Martín disfrutó de una buena coyuntura económica dada por la Segunda Guerra Mundial, que le proporcionó una balanza de pago favorable que se mantuvo durante todo su período presidencial.
Esto se reflejó muy poco en beneficios para las clases populares, el presidente maneja el presupuesto del país por decretos, porque no existía una ley sobre la distribución del presupuesto, lo que ayudó a la dilapidación y el desfalco del tesoro público.
En su mandato el pueblo esperaba el predominio de la honestidad de los funcionarios públicos en el manejo del dinero del estado, sin embargo la realidad desilusionó a la población.
El revanchismo caracterizó la política del gobierno auténtico, separando a los mandos militares y los funcionarios del gobierno de Batista, sustituyéndolos por otros grupos políticos tan ambiciosos o más que sus predecesores que asaltaron los ministerios públicos para lucrar con los negocios sucios a la sombra del estado.
El presidente Ramón Grau se rodeó de un grupo de colaboradores que hicieron del robo su mérito principal. Sobresale entre ellos el Ministro de Educación, José Manuel Alemán, quién levantó una fortuna superior a los 70 millones de pesos a costa del robo de la asignación proveniente del “Inciso K”, para el desayuno de los escolares, de la Ley de Ampliación tributaria de 1943. Con su influencia y latrocinio Alemán se convirtió en la figura principal del gobierno de Grau.
La violencia creció a la sombra de la complicidad del gobierno que alentó el gansterismo político. El origen de estos pandilleros era de los grupos remanente de la Revolución del 30, gente joven de diversos sectores sociales, con una gama ideológica que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pero con un denominador común, la lucha entre ellos por el reparto de prebendas y privilegios que parten del presupuesto público.
Estos desmanes a la hacienda pública fueron la característica principal del gobierno de Grau lo que llevó al descredito del nacional-reformismo que representó el Partido Revolucionario Cubano (auténtico).
Durante su gobierno se llevó adelante un amplio plan de obras públicas: acueductos, carreteras, escuelas, centros de salud y otras muchas obras sociales y de infraestructura hechas a un “alto costo” y con materiales baratos en busca de las consabidas “ganancias” de los contratistas, los funcionarios y los políticos..
A pesar de estas obras la administración auténtica no logra materializar un proyecto económico que paleara las necesidades de los sectores sociales más desfavorecidos que le habían apoyado, manteniéndose las enormes desigualdades sociales en el país a pesar de la bonanza económica del período.
La medida de beneficio social más importante tomada durante el gobierno de Grau fue la utilización del “Diferencial Azucarero” de las zafras de los años 46 y 47 en beneficio de los trabajadores de dicho sector y otra parte obras de beneficios públicos.
En realidad la medida del “Diferencial Azucarero” más que un triunfo del gobierno lo fue del poderoso movimiento obrero cubano y en especial los azucareros liderados por el sindicalista negro Jesús Menéndez
En gobierno fue perdiendo credictibilidad no solo entre los sectores populares a los que defraudó más, sino entre la clase media y el sector industrial de la burguesía cubana que esperaba aprovechar la bonanza para diversificar la economía y regular la penetración extranjera, dígase yanqui.
El movimiento obrero cubano comenzó a sentir la represión del gobierno de Grau, empeñado en romper la unidad de los trabajadores aglutinados en la Central de Trabajadores de Cuba(CTC), creando una organización obrera reformista que quebrara la influencia de los comunistas dentro de la organización obrera. Comenzó de nuevo la persecución de los líderes sindicales, saltos a sus gremios, imposición de líderes vendidos e intentos de arrebatarles las conquistas logradas.
En lo internacional comenzaba la política de “Guerra Fría” auspiciada por los Estados Unidos, que a lo interno se tradujo en la persecución de los comunistas, el movimiento obrero y las fuerzas progresista. Fue el gobierno de Ramón Grau San Martín quien inició en Cuba esta política, apoyándose en el Ministro del Trabajo, Carlos Prío Socarrás, quien tiene el triste “mérito” de desmantelar a la CTC, para imponer una nueva directiva encabezada por el mafioso Eusebio Mujal, pagado con los dineros sacados del famoso “inciso K” por lo que los trabajadores llamaron a esta nueva CTC, la CTK.
El más vergonzoso hecho político del gobierno de Grau San Martín fue el asesinato de Jesús Menéndez en enero de 1948, cuando ostentaba el cargo de Representante a la Cámara de la república y muerto impunemente por un oficial del ejército que solo pagó su crimen al triunfo de la Revolución.
La actuación de Grau al frente del gobierno auténtico, la desilusión de sus partidarios ante la traición y el colaboracionismo con la oligarquía nacional y extranjera; la enorme corrupción que generó su gestión y el “pandillerismo” que se enseñoreaba en el país, provocó la separación del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), de un sector liderados por Eduardo Chibás quienes crearon una nueva agrupación política, el Partido Revolucionario Cubano (Ortodoxo), con una consigna básica: “Vergüenza contra dinero”.
La ortodoxia intentó rescatar las doctrinas del “reformismo nacionalista”, traicionado por los “auténticos”, era la defensa de los preceptos de la ideología de la pequeña y mediana burguesía y de los sectores obreros y campesinos que pretendían ante todo un gobierno honesto, que respondiera a los intereses de la nación y fomentara la diversificación económica del país.
En 1948 se produce la victoria electoral de Carlos Prío Socarrás candidato aupado por el mismo Grau San Martín y continuador de la política anti popular y corrupta del mismo. (continuará)
LEY DE REFORMA AGRARIA
Campesinos felices, del pintor cubano Carlos Enríquez
El 17 de mayo de 1960 Fidel Castro y su Consejo de Ministro se trasladó hacia el intrincado campamento de La Plata en la Sierra Maestra para cumplir la promesa más anhelada por los campesinos cubanos, la Ley de Reforma Agraria. La más radical aplicada por país alguno en América Latina, por medio de la misma más de cien mil campesinos fueron decretados dueños de las tierras que trabajaban como precaristas y que apenas si le dejaba para dar de comer a su familia y con el constante peligro del desalojo de las mismas por parte de sus “legítimos dueños”, grandes terratenientes nacionales y empresa norteamericanas dueñas de feraces tierras en todo el territorio nacional.
La Ley de Reforma Agraria fue el detonante entre el Gobierno Revolucionario y los sectores de la oligarquía nacional y extranjera dueños de la economía de la isla y factor determinante en lo político en todos los años de República a medias en que cientos de miles de familias de campo morían y eran abusadas por los dueños de estas tierras a quienes servían en condiciones semi-feudales sin ningún derecho y amenazados constantemente con ser echados por la Guardia Rural a la guardarraya de los campos de Cuba.
Para los que tiene la memoria flaca es bueno recordar que el campesinado cubano fue el sector más desfavorecido en la seudo república, vivían en condiciones infrahumanas en los más difíciles parajes de la geografía de Cuba, con un altísimo índice de analfabetismo, sin escuelas, ni hospitales, alejados de las ventajas de la vida moderna y constantemente abusados por los poderosos, si solo hubiese sido por este motivo, valió la pena hacer la Revolución en Cuba.
EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (1)
En 1940 se aprobó en Cuba la segunda constitución con la que contó la República, era el pacto sellado entre los sectores progresistas y revolucionarios, que habían participado en la Revolución de la década del 30 contra la dictadura de Gerardo Machado, y los sectores reformistas y oligárquicos. Se creó una Carta Magna avanzada, llena de conquistas y reconocimiento de derechos para las clases populares, que necesitan de la aprobación de “leyes” para su verdadero cumplimiento, por lo que los gobiernos burgueses que llegaron al poder entre 1940 y 1958 hicieron más por impedir que se cumplieran los mandatos económicos sociales de la Constitución, que por implementar lo que eran conquistas legítimas de la gente.
Con el inicio de la década del 40 comienza en Cuba una etapa de institucionalización burguesa avalada por la nueva constitución proclamada en 1940. A raíz de estos cambios se convocó a lecciones en Cuba resultado electo Fulgencio Batista Zaldivar, el hombre fuerte del Ejército, favorito de la oligarquía nacional, los inversionistas yanquis y coyunturalmente apoyado por los comunistas, en una extraña alianza que le permitió volver a la legalidad, dada las condiciones políticas internacionales de aquellos momentos.
Batista era el hombre que dirigió la represión contra los grupos revolucionarios y de otras tendencias emergidas del turbión de la Revolución del 30; él impidió por la fuerza, la consolidación del movimiento social que pugnaba por cambios radicales tras la caída de Gerardo Machado en 1933 y luego de sofocar las protestas armadas y violentas que caracterizaron ese período, accedió a realizar reformas democráticas, legalizó a los partidos políticos que se opusieron a su régimen, excarceló a los opositores, convocó a una Asamblea Constituyente y renunció a la jefatura del ejército, preparando el camino para la presentación de su candidatura a la presidencia de la República, que ganó apoyado por una coalición de fuerzas de derecha tradicional y de los comunistas, frente a Ramón Grau San Martín que se presentó como candidato por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), partido de reformista que agrupó a la derecha moderada emergida de la Revolución del 30.
La metamorfosis política de Fulgencio Batista fue forzada por factores internos y externos de la política cubana. En lo nacional, al aplastar al movimiento armado de resistencia, se hacía necesario crear un clima de tranquilidad social que permitiera el desenvolvimiento de las actividades económicas del país, fundamentalmente la zafra azucarera; un clima de confianza para los inversionistas extranjeros, principalmente de los Estados Unidos, dueños de buena parte de la economía de la isla; esto no era posible lograrlo sin hacer reformas, por ello pacta con la oposición, libera a los líderes e incluso establece una alianza con los sectores de izquierda.
En lo internacional, el clima de guerra que se gestaba en el mundo, la amenaza fascista en Europa y la nueva política del gobierno de los Estados Unidos con respecto a América Latina, influyen de manera determinante en los cambios realizados por Batista.
La Constitución aprobada en 1940 era de hecho la más avanzada de América Latina en materia social, en ella se establecía una serie de principios y derechos para los trabajadores no antes vistos en materia constitucional en esta parte del mundo: derecho al trabajo, jornada de trabajo de ocho horas; seguridad social, protección de la familia, voto de la mujer y condena al latifundio, eran entre otras, medidas progresistas necesitadas muchas de ellas de leyes complementarias para su aplicación práctica; es justamente en la aprobación de estas leyes en la que la oligarquía nacional opuso fuerte resistencia para que estas no se aprobaran y cuando se pudieron aprobar al cabo de ocho y más años fue con muchas trabas que prácticamente convirtieron a la Constitución del 40 en letra muerta. Por ello la aprobación de las Leyes Complementarias se convirtió en programa de lucha del movimiento obrero cubano y las clases populares en general.
Batista llegó a la presidencia en 1940 para un período de cuatro años, con un programa que incluía promesas para afianzar las obras sociales que desde la jefatura del ejército había impulsado. Su énfasis fue el mejoramiento de la situación rural, con la creación de escuelas, centros tecnológicos, becas, programas de salubridad, etc. Los objetivos de este programa eran muy limitados y hasta politiqueros; no hubo una intención de abarcar a todo el país, el analfabetismo si bien disminuyó, mantuvo índice superiores al 20% y en las zonas rurales casi duplica estas cifras.
Se impulsaron algunas obras sociales y de salud, ubicadas principalmente en La Habana y otros importantes centros poblacionales de la isla. Se crearon algunas industrias y planes agrícolas y continuó su programa de mejoramiento de condiciones de vida del ejército y la policía.
Todos estos proyectos enmarcados en un período de estabilidad azucarera, con zafras compradas por los Estados Unidos a precio fijo (2,65 centavos/libras) y revendidas por estos a mayor precio en el Mercado Internacional.
Se produjo una coyuntura favorable para el desarrollo de la industria nacional, provocado por el desabastecimiento que se produjo en la isla de algunos productos que venía de Estados Unidos y que ahora escaseaban por los compromisos de la guerra; en el país había capital y disposición para producir lo que no podía traerse de los Estados Unidos, pero hubo una fuerte presión del gobierno de Estados Unidos para impedir que sus mercados tradicionales fueran copados por productos del país, aún a costa del chantaje de suspender la cuota azucarera. La debilidad y el servilismo del gobierno de Batista dieron apoyo a estas presiones yanquis frente a los intereses nacionales.
En lo político el gobierno mantuvo un respeto a la mecánica de la democracia representativa, llamó a todas las fuerzas del país a colaborar en su gestión, recibió el apoyo de la izquierda, la neutralidad hostil de las fuerzas centristas del autenticismo encabezados por Ramón Grau san Martín y la desconfianza de la derecha tradicional que incluso apoyó el amago golpista de jefe del ejército, Eleuterio Pedraza, olvidando que Batista seguía siendo el hombre fuerte del ejército.
El movimiento obrero consolidó su unidad y la ratificación de algunas de las conquistas y aunque no revirtió del todo la situación general de los obreros, sí logró ciertas mejoras dada la estabilidad económica que vivió el país.
El gobierno de Batista restablece las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y mantiene la alianza con el Partido Socialista Popular en una estrategia colaboracionista que les permite lograr un clima democrático para el afianzamiento y apoyo de las conquistas de los trabajadores.
En lo social se mantienen los graves problemas sociales inherentes a la estructura del sistema capitalista subdesarrollado: altos índices de desempleo, analfabetismo crónico, insalubridad para buena parte de la población, falta de seguridad social para ancianos e inválidos y una profunda desigualdad social, que crea los enormes contrastes entre la capital y el resto del país y entre la ciudad y el campo, siendo estas áreas rurales las zonas donde se acumulaban mayores cantidades de problemas derivados de la precariedad y el estado de dependencia del campesinado cubano: la gran mayoría de la población rural carecía de tierra propia, siendo obligados a trabajar en condiciones semi-feudales para los dueños de los grandes latifundios , muchos de ellos en manos extranjeras y dedicados a la producción de caña de azúcar.
Producto de la Segunda Guerra Mundial y la participación de los Estados Unidos en esta se presentaban grandes situaciones de desabastecimiento de productos provenientes de aquel país, dando lugar a la especulación y la “bolsa negra”, la subida de los precios de los productos de primera necesidad y la corrupción de los funcionarios públicos que se someten al soborno de los comerciantes.
Para combatir estos problemas el gobierno de Batista creó la Oficina de Regulación de Precios de Abastecimientos en 1942, cuyo objetivo era combatir estas irregularidades que gravitaban sobre la economía popular. La debilidad del gobierno para hacer cumplir sus propias regulaciones provocó el disgusto de la población y la movilización obrera en demanda de aumentos salariales para contrarrestar el alza de los precios; son factores que desgastaron al gobierno frente a la demagogia reformista del Partido Revolucionario Cubano (auténtico) encabezado por Ramón Grau San Martín, quien gana las elecciones de 1944 con la esperanza de las mayoría de que sus promesas de honestidad y mejorar sociales fueran la base de su gobierno. (Continuará)
Prisión Fecunda
El 15 de mayo de 1955 salían del Presidio Modelo de Isla de Pinos, los asaltantes del cuartel Moncada que había sido enjuiciados y condenados dos años antes; la presión de la opinión pública cubana y el apoyo expresado por medios de prensa y compañeros de causa fueron factores que determinaron la amnistía para los jóvenes que volvieron a la libertad con el compromiso de seguir adelante en el camino revolucionario que ellos se había, trazado.
Al frente de aquel grupo de jóvenes estaba Fidel Castro quien dejó bien claro que la salida de la cárcel no significaba ningún compromiso con la dictadura de Fulgencio Batista y sí con las ideas que fueron a defender cuando realizaron la acción del 26 de julio de 1953 por la que cayeron valiosos jóvenes inspirados en las ideas de José Martí de hacer una República, “Con todos y para el bien de todos”.
HACIENDO HISTORIA
Llegó el Comandante y mandó a parar
Los cubanos tenemos que seguir recordando, contando historias que a otros parece que se le ha olvidado o lo que es peor, les ha dado por contarla de modo maquillada, suave, fácil de digerir, de tal modo que según sus conclusiones la Cuba de los años 50 era un paraíso terrenal donde unos cientos de privilegiados vivían el idílico “sueño americano” en suelo cubano, con casas a todo lujo en barrios exclusivos, clínicas privadas, clubes y playas solo para ellos, donde ni por asomo un negro podía estar, a menos que fuera empleado y hubiera entrado por la puerta trasera.
¿La mujer cubana?, encontraba trabajo fundamentalmente como meseras de cafetines o criadas en casa pudientes, si es que no tenía que vivir de la prostitución o pegada a lavar y planchar para la calle, eran muchas, grandes burdeles llenaban las ciudades de Cuba, desde La Habana hasta Guantánamo, y miles de ellas eran analfabetas.
La memoria es flaca, pero la Revolución que encabezó Fidel Castro y una generación digna de jóvenes, tenía por objetivos barrera estos y otras miles de “manchas” de la República nacida el 20 de mayo de 1902, la vida que es la gran maestra, les enseñó que había que cambiar de raíz esos males si se quería tener futuro y no tuvieron que convencer a nadie de que esto era lo justo.
En un país donde el cubano era un paria, donde las inversiones y propiedades de los estadounidenses eran mayores que las de la exigua y vendida burguesía cubana; donde los presidentes salían millonarios del poder y la “política” era el negocio mayor si se quería hacer carrera, no había mucho que explicar al pueblo, la Revolución estaba latente, solo hubo que decirle al pueblo, toma, lucha por tus intereses y por la vida mejor que te mereces por ser humano.
La Habana del 50 tan revisitada por articulistas y soñadores perdedores, que cierran sus ojos a la realidad de que Cuba cambió y sigue cambiando, no es un paraíso, hay muchas cosas que hacer, como país asediado vive con un gobierno fuerte con gran apoyo popular, nosotros mismos queremos un país mejor, próspero y rico, pero donde no se destruyan los valores que estos cincuenta años de Revolución construyeron: pueblo culto, preparado como ninguno, con un sistema de salud de resultados palpables y donde no existen desaparecidos, ni ejecuciones extrajudiciales, con un bajo índice de delincuencia, donde el juego de azar es delito, la prostitución es remanente y no cuenta con el apoyo del estado y lo más importante, con poco, pero sin nadie desamparado.
Los cambios se hacen en casa, sin recetas de fracasados, ni perdedores, pese al bloqueo económico de los Estados Unidos, su persecución a todo lo que tiene que ver con la Cuba revolucionaria y los errores y oportunismo que nunca faltan en toda sociedad.
JUAN GUALBERTO GÓMEZ, LA VOZ MÁS ALTA CONTRA LA ANEXIÓN
El 2 de marzo de 1901 el gobierno de los Estados Unidos de América aprobó la Enmienda Platt, apéndice intervencionista y antinacional que supeditaba las relaciones de Cuba con el mundo a las aprobaciones del gobierno yanqui, así como imponía un leonino tratado de reciprocidad comercial entre ambos países y se abrogaba el derecho de intervenir militarmente en Cuba cada vez que sus intereses estuvieran en peligro, lo hicieron dos veces, primero entre 1898 y 1902 y luego entre 1906 y 1909.
La reacción del pueblo cubano fue masivamente de rechazo, la gente salió a las calles para denunciar la Ley Platt y en la Asamblea Constituyente que sesionaba en el Teatro Martí se creó una Comisión que redacta una respuesta a la comunicación del gobernador militar. La ponencia fue encargada al eminente político negro, compañero de José Martí y miembro de aquel cuerpo legislativo.
Escribió Juan Gualberto, “la Enmienda altera esencialmente el espíritu y la letra de la Resolución Conjunta, de abril de 1898 y del Tratado de París de se mismo año, en ellos se refrenda el derecho de los cubanos a ser libres e independientes”
Argumenta que la Enmienda Platt “…tiende por los términos de sus clausulas principalmente a colocar a la Isla de Cuba bajo jurisdicción, dominio y soberanía de los estados Unidos.”
A Estados Unidos “…de hecho y derecho le correspondería la dirección de nuestra vida interior.
“Solo vivirán los Gobiernos que cuente con su apoyo y benevolencia y lo más claro de esta situación sería que únicamente tendríamos gobiernos raquíticos (…) condenados a vivir más atentos a obtener el beneplácito de los poderes de la Unión (EE.UU.) que servir y defender los intereses de Cuba”
“Solo tendríamos una ficción de gobierno y pronto nos convenceríamos de que era mejor no tener ninguno y ser administrados oficial ya abiertamente desde Washington que por desacreditados funcionarios cubanos, dóciles instrumentos de un Poder extraño e irrespetuoso”
Tras la lectura de la Ponencia de Juan Gualberto Gómez se produjo un encendido debate y se acentuó la división y el desconcierto entre los delegados cubanos a la constituyente y se aprobó enviar una comisión a la Unión para “conocer los propósitos de los Estados Unidos.
La respuesta a sus indagaciones fue siempre la misma, o la Enmienda Platt debía aprobarse íntegra como parte de la Constitución de la República, de lo contrario ellos no se irían de Cuba.
En carta al presidente de los estados Unidos, Teodoro Roosevelt, fechada el 12 de abril de 1901, el gobernador militar de la isla Leonardo Wood le dice que en la Asamblea Constituyente había alrededor de ocho “degenerados” dirigidos por un “negrito de nombre Juan Gualberto Gómez”, contra quien escribe violentos e infames insultos.
El 12 de junio de 1901 la Enmienda Platt se “aprueba” con la oposición de de tres delegados encabezados por Juan Gualberto Gómez.
El mismo 20 de mayo de 1902, el mismo día en que se oficializaba la República con enmienda, Juan Gualberto Gómez escribe en el periódico “El Fígaro”:
“La era de las revoluciones sangrientas deben darse por terminadas en Cuba. Nadie debe pensar entre nosotros en motines y revueltas. Solo si se intentara por los extraños atentar a lo que queda de libertades y de derechos, y a la semi-independencia que nos deja el malhadado apéndice constitucional, sería justificada la suprema y desesperada apelación a las armas, para defender los restos de nuestro patrimonio y de nuestro decoro…Pero más que nunca hay que persistir en la reclamación de nuestra soberanía mutilada: y para alcanzarla, es fuerza adoptar de nuevo en las evoluciones de nuestra vida pública las ideas directoras y los métodos que preconizara Martí, cuando su genio previsor dio forma al sublime pensamiento de la revolución…”
Era la viril respuesta de un cubano a la infame intervención y a la mutilada República que nacía, por eso el cubano de hoy no tiene nada que celebrar el 20 de mayo, ese día nació la República a medias, bajo la sombra de las barras y las estrellas.
“HE AQUÍ UN GRAN SACERDOTE, UN SACERDOTE VIVO: EL TRABAJADOR”
La semana próxima celebraremos en Cuba el Día Internacional de los Trabajadores conmemoración que nació hace más de un siglo para rendir homenaje a los miles de obreros que en el mundo luchaban y luchan por sus derechos fundamentales: derecho al trabajo, seguridad social, protección contra las injusticias de sus patronos y algo mucho más sublime, respeto a sus derechos humanos, que van más allá de votar, salir a la calle y tener la libertad de hacer los que nos venga en gana, tener un trabajo digno que sirva para mantener a la familia, darle educación a los hijos y protección de salud tanto para él como a su familia, son reivindicaciones que muchos sueñan en el mundo, pero que no tienen.
Ya no son los tiempos de consignas sectaristas que ponían al trabajador en el lugar de ser el “príncipe de los explotados” y por tanto con derecho a liderar un posible mundo mejor; todo el que sufra una injusticia sobre la tierra, todo el que está desamparado, todo el que ha sido dejado a un lado, explotado y luego desechado por el gran capital, merece ese mundo mejor, que no caerá del cielo sino que abra que ganar con las armas de hoy, con la convicción de hoy de que podemos hacerlo con nuestras manos.
Nuestro José Martí quiso echar su suerte con los pobres de la tierra y por eso dedicó una parte de su obra a esa gente que en mayoría clama en el mundo por un presente y un futuro mejor:
El primer encuentro de José Martí con el movimiento obrero ocurrió en México a donde llegó en 1875 después de cursar sus estudios universitarios en España, se había separado de Cuba en 1871 tras ser juzgado y condenado por oponerse al colonialismo español en la isla. En México trabajó como periodista de la Revista Universal, se interesa por las actividades reivindicativas de los trabajadores y no pierde oportunidad para mostrar sus simpatías, “…causa un noble orgullo sentirse en un pueblo en el que muchos hombres aman ya el trabajo y van siendo capaces de cumplir su misión”, además de ser elegido para participar en un congreso obrero convocado en 1876 por los trabajadores mexicanos.
Luego será el contacto con el poderoso y heterogéneo movimiento obrero de los Estados Unidos, permeado por los anarcosindicalistas y mayoriado por los cientos de miles de emigrantes, principalmente europeos.
En un primer momento sus crónicas mostraban una severa valoración de los métodos violentos de lucha de los obreros, con sus huelgas frecuentes e intensas. Su criterio irá evolucionando en la medida que conoce al país, al capitalismo y a los trabajadores: “Se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”
Al organizar el Partido Revolucionario Cubano para emprender la emancipación de Cuba y Puerto Rico, José Martí contactó con el organizado y patriótico proletariado cubano, asentado en la península de La Florida, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Eran en su mayoría obreros tabacaleros, agrupados en barrios de esas ciudades, verdaderos hervideros de cubanía, que acogieron gratamente la prédica radical y sincera del Apóstol.
Los une a su labor revolucionaria y solicita su ayuda para organizar la “Guerra Necesaria” con la que se lograría la independencia de Cuba y Puerto Rico. Martí acude a los humildes, en ellos encuentra valor, patriotismo y disposición de lucha y constituye el factor principal para lograr la unidad de todos los que quieran libre a Cuba, no importa su condición social o su orientación política.
La suerte de la revolución independentista que el organiza, la fía a los trabajadores, a los humildes de la emigración y de la isla y por ello dice con vehemencia: “Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores…los que se juntan frente a la inequidad, hombro con hombro” porque, “la verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen”
José Martí organizó la guerra de liberación nacional en Cuba a través de un Partido cuyos objetivos iban más allá de la independencia, en momentos cruciales de la historia de Cuba y de América Latina, y sufragada principalmente por los trabajadores y la emigración revolucionaria de la isla, su prematura muerte en combate dejó trunca sus ideas que aún mantienen su vigencia.
ALFREDO GUEVARA
Ayer viernes murió en La Habana Alfredo Guevara, eminente intelectual de izquierda, comprometido con las mejores causas humanas e intransigente defensor de los derechos de los intelectuales a su libre expresión, acogencia de estéticas y compromisos, siempre y cuando se asumieran con honestidad. Su curriculum de vida lo hace Pedro de la Hoz en el trabajo que reproduzco para ustedes, pero Alfredo es más que eso, con su honestidad, su prestigio y su influencia dentro de la Revolución, impidió males mayores en aquellos años tristes del QUINQUENIO GRIS, de entronización del populismo, la ortodoxia y el realismo socialista, triunfalista y estereotipado, fue grande desde su labor intelectual, casi un clandestino en su afán de salvar de aquella grisura a prestigiosas figuras de la cultura, y aunque no pudo impedirlo todo, mantuvo dentro del Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográfica (ICAIC), la semilla de la libertad de escribir, pensar y actuar, asumiendo la diversidad como divisa de la Revolución, cuyos líderes en aquellos tristes momentos olvidaron.
ALFREDO GUEVARA: LEALTAD, COMPROMISO Y LUCIDEZ
Autor: Pedro de la Hoz
Alfredo Guevara, fundador del cine cubano de la Revolución y uno de los principales promotores del Nuevo Cine Latinoamericano, falleció en La Habana este viernes a los 87 años de edad, a consecuencia de una dolencia cardíaca que se agravó en las últimas semanas.
Podía haber sido exclusivamente un hombre de cine y ello le bastaría para figurar entre las personalidades de mayor relieve en la cultura cubana a lo largo del siglo XX. Pero también fue un hombre de la política, un infatigable defensor y difusor de las ideas socialistas, un combatiente leal y lúcido, comprometido entrañablemente con el pensamiento y la acción de quien fue para él, desde el mismo momento en que lo conoció en los predios universitarios, su guía y paradigma, Fidel Castro.
Amante y conocedor del llamado séptimo arte, del cual fue promotor en la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, Guevara compartió con Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea los avatares de la filmación de El mégano, película secuestrada por la tiranía ante su fuerte carga de denuncia social.
Por su implicación en el movimiento antidictatorial y en tareas insurreccionales fue perseguido y apresado en más de una ocasión.
En el exilio mexicano fungió como asistente de dirección de Luis Buñuel. Al triunfo de la Revolución, imbuido de la importancia de la cultura en el proceso que se iniciaba, recibió la tarea de fundar el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), organismo que dirigió durante dos etapas.
Puso desde entonces todo su empeño en el desarrollo de una filmografía nacional signada por un doble compromiso con la Revolución y el arte, la creación del Noticiero ICAIC, la búsqueda y formación de nuevos públicos (un ejemplo, el cine móvil en campos y montañas), el estímulo de los debates teóricos entre los realizadores y la integración del movimiento artístico e intelectual al cine (sirvan de ejemplos, el impulso al cartel y a la nueva trova).
Vinculado al Nuevo Cine Latinoamericano desde su punto de partida en los años sesenta, fundó en 1979 el Festival de La Habana y colaboró con la apertura de la Escuela de Cine y TV de San Antonio de los Baños. Desde el ICAIC brindó un decisivo apoyo a decenas de cineastas del continente.
Participó activamente en los Congresos de la UNEAC y en los últimos tiempos sostuvo diálogos y debates con jóvenes intelectuales y artistas en universidades y la Asociación Hermanos Saíz. También fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y por una década Embajador de Cuba ante la UNESCO.
De notable valor resultan los proyectos editoriales que llevó a cabo, entre ellos las compilaciones de ensayos, artículos y cartas Tiempo de fundación, Y si fuera una huella y Revolución es lucidez, y el epistolario cruzado con el italiano Cesare Zavattini.
Fue el primero en merecer el Premio Nacional de Cine. Recibió la Orden Félix Varela de Primer Grado, y en marzo del 2009, le fue conferida la Orden José Martí, la más alta distinción del Estado cubano, de manos del General de Ejército Raúl Castro.
Por voluntad propia sus restos mortales fueron cremados y las cenizas serán esparcidas hoy sábado a las 3:00 p.m. en la escalinata de la Universidad de La Habana.
Tomado del periódico Granma, versión digital. Sábado 20/4/2013








