Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Historia

REVOLUCIÓN, LA INSTITUCIONALIZACIÓN



A partir de 1971 con el Primer Congreso de Educación y Cultura, todas las corrientes de pensamiento no marxistas-leninista fueron consideradas revisionistas o diversionistas por lo que fueron combatidas y censuradas, matando el debate franco y abierto que enriquecía al proceso revolucionario en los primeros años de la década de los 60s.

El marxismo-leninismo se convirtió en dogma de la Revolución, bajo su pretendida “cientificidad” fueron encasillados todos los procesos de la economía, la sociedad y la política, había una ética marxista-leninista, una estética y una psicología de igual etiqueta y hasta se pretendía tener en las manos un “comunismo científico”, que tras el derrumbe del socialismo “real” soviético, el choteo cubano renombro como “de ciencia ficción”.

Los manuales se multiplicaron como las Biblias y la repetición mecánica y acrítica, se convirtió en camisa de fuerza, para el análisis de cualquier tema. La “marxificación” dogmática llegó al estudio del “marxismo-leninismo” en la enseñanza media y universidades, en la que había un examen obligatorio de marxismo para graduarse.

Los círculos de estudios, tenían ese tema como base, en centros de trabajo y unidades militares; la prensa no dejaba de publicar “profundos” artículos sobre filosofía marxista y la sociedad del futuro, tras la vuelta de la esquina, y el discurso oficial nos prometía un futuro feliz con el apoyo incondicional de la URSS y los suyos, pese al bloqueo y nuestro auto-aislamiento.

El resultado fue la aparición de un pensamiento aparentemente monolítico, el empobrecimiento de la vida intelectual y la marginación de personalidades de la cultura, las artes y el pensamiento, que no aceptaron los esquemas dominantes o no “cabían” en los patrones de “parametración”[1] del estado.

En cuanto a la economía el período, fue de estabilización y crecimiento basado fundamentalmente en la decisiva ayuda económica de la Unión Soviética y los países socialistas, la reorganización productiva del país (crecimiento de la mano de obra, dada las desmovilizaciones militares masivas de las milicias, aumento de la calificación y de la productividad del trabajo; reanimación de sectores económicos, etc.)

Este renacimiento de la economía cubana se acentuó a partir de 1972 con la estrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). La integración al CAME trajo como consecuencia, el reajuste a las normas y reglas de este bloque económico, europeo, con una locomotora fundamental, la URSS y naciones altamente dependientes de esta economía líder.

Dentro del CAME a Cuba le tocó producir materias primas, azúcar, cítrico y níquel, con precios subvencionados, poca elaboración y un sistema que acentuaba el patrón de país monoproductor que le había correspondido desde el siglo XVIII.

Al estado cubano no le quedó otra alternativa, país sometido a un férreo bloqueo económico, con limitadísimos créditos de occidente, cero inversiones de países capitalistas y un compromiso político e ideológico muy grande con el bloque soviético, tuvo que aceptar la pertenencia a un grupo al cual solo lo ligaban lazos ideológicos y de geo-política.

La Revolución Cubana había intentado un desarrollo económico autónomo, basado en una economía diversificada y dinámica durante los años 60s. La inexperiencia y el idealismo social de “quemar etapas” para llegar a la sociedad comunista, provocó graves daños a la economía cubana, no solo afectada por el bloqueo y los sabotajes, sino por las improvisaciones, como el hecho de hacer desaparecer las relaciones mercantiles que rigen la economía, dejando a los mecanismos subjetivos la entrega al trabajo y el estímulo idealista, que a la larga dejó un país semiparalizado sostenido tan solo por el entusiasmo de un pueblo dispuesto a construirse un futuro mejor.

Tras la rectificación de los 70s se comenzó la implantación gradual del sistema socialista soviético de Dirección y Planificación de la Economía, altamente centralizada y burocratizada, que hacen depender la mayor parte de las decisiones del nivel central, con poco margen a la flexibilidad, la creatividad y productividad del ejecutor directo del trabajo.

Las relaciones inter-comerciales basadas en un sistema mercantil artificial se basaban en el cumplimiento del plan a toda costa y costo, en detrimento de la productividad y calidad, con un mecanismo de motivación al productor basado en estimular un trabajo poco productivo.

Pese a estos problemas hubo un sostenido crecimiento económico, basado en la reserva productiva poco explota, el mejoramiento e inversión en esferas económicas deprimidas y la abundante ayuda de los países del CAME. En el primer quinquenio de la institucionalización (1971-1975), el producto interno del país alcanzó un 10 % de crecimiento, en tanto que en el segundo (1976-1980) el mismo fue más modesto, 4 %.

La Revolución Cubana continuó en esta década, lo que ha sido su principal premisa: la distribución equitativa de la riqueza social, a través de un sistema educacional gratuito, que en esta etapa alcanzó altas metas; el sistema de salud, la seguridad social, el pleno empleo, aún a costa de la productividad; la masificación del deporte, como base a la preparación de un deporte de marcas y altos resultados internacionales; la cultura, entendida en el desarrollo de un fuerte movimiento de aficionado, apoyo material a los artistas profesionales y prioridad para el desarrollo de las artes y la literatura de masas.

Lastrando estos grandes logros sociales está el fenómeno del igualitarismo, las gratuidades excesivas y el despilfarro de recursos, así como la baja calidad de los servicios, la producción y la educación.

En cuanto a las relaciones internacionales, durante la década Cuba jugó un importante rol en el movimiento de liberación nacional antimperialista en muchos países del tercer mundo, la ayuda cubana no se limitó a la solidaridad política con dichas causas, sino que activamente contribuyó a entrenar cuadros militares y políticos tanto en Cuba como en otros países para desarrollar la lucha guerrillera contra regímenes coloniales o dependiente de las grandes potencias imperialistas, principalmente los Estados Unidos.

Es notoria la colaboración cubana con los movimientos guerrilleros en América Latina, principalmente en la década del 60s, su apoyo incondicional al pueblo vietnamita en su guerra de liberación contra la ocupación norteamericana y que culminó en 1975 con la salida humillante de las últimas fuerzas de los EE.UU. y del régimen que había sostenido en el sur de Vietnam.

Muy importante fue la participación de Cuba en el entrenamiento, sostenimiento y apoyo militar y político al movimiento guerrillero en las colonias portuguesas de África, proceso que se agudizó con la salida de Portugal de dichos territorios y la delicada situación político militar que se presentó en el rico enclave de Angola.

Allí los cubanos apoyaron al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) dirigido por el Dr. Agostinho Neto, quien junto a las fuerzas de la UNITA de Savimbi y el FMLA de Roberto, habían llegado a un acuerdo con la metrópoli portuguesa para proclamar la República el 11 de noviembre de 1975. Ambas fuerzas eran apoyadas por los Estados Unidos, las potencias europeas y los gobiernos de Zaire y Sudáfrica, dispuestos a impedir la llegada de un gobierno de izquierda al poder en Angola.

La invasión directa de fuerzas zairenses y sudafricanas al territorio angolano determinó el pedido de ayuda militar a Cuba, por parte de MPLA de Neto en noviembre de 1975, días antes de la proclamación de la República Popular de Angola.

Aceptado este pedido el 5 de noviembre de ese año, fuerzas regulares del ejército cubano, junto a las incipientes fuerzas armadas angolanas rechazan el cerco a Luanda y permiten la proclamación de la república. Fuerzas cubanas y angolana repelen en todo el país a mercenarios y tropas regulares de Zaire y Sudáfrica, en una valiente ofensiva que trae por resultado la liberación de todo el territorio angolano el 27 de marzo de 1976, habían llegado desde Cuba 36 mil combatientes internacionalistas que permanecieron en el país durante poco más de quince años, en lo que se conoce en nuestra historia contemporánea como la “Operación Carlota”.

En cuanto a las relaciones con los Estados Unidos, la década del 70 fue un período más tranquilo que el anterior, pese a la activa beligerancia de los grupos terroristas de ultraderecha de origen cubano, radicados básicamente en La Florida y con pleno apoyo de la CIA y el gobierno de los EE.UU.

Continuaron los ataques a barcos pesqueros cubanos, mercantes, atentados contra técnicos y diplomáticos cubanos en el exterior que eran un modo de mantener justificada la política de los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba. El más execrable de estos crímenes terroristas ocurrió en octubre de 1976 cuando terroristas de origen cubano hicieron estallar en pleno vuelo un avión de la línea área Cubana de Aviación, que rendía vuelos Caracas-Habana con escala en Barbado, 76 personas perdieron la vida, todos civiles.

El 30 de mayo de 1977 los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos[2] acuerdan la apertura en La Habana y Washington de una Sección de Intereses adjunta a las embajadas de Suiza que representan los intereses respectivos en cada país. Se establecía un canal de comunicación más directo entre ambas naciones, necesario dado los miles de cubanos que viven en los estados Unidos y el flujo de emigrantes legales e ilegales que existen entre ambas naciones.

El estado norteamericano había dado a los cubanos un status especial para obtener la residencia en ese país[3], mucho más ventajoso si llegaba de forma ilegal, mientras obstaculiza las vías legales de emigración de Cuba a ese país. Esta Ley, calificada en Cuba como “Ley asesina”, ha costado la vida a miles de cubanos tratando de llegar a los Estados Unidos cruzando el estrecho de la Florida.

Bajo este régimen de distensión que se produce entre ambos países se produce la llegada a Cuba en 1978 de un grupo de jóvenes cubano-norteamericanos, agrupados en la brigada “Antonio Maceo”. Ellos constituyeron el primer acercamiento de la Comunidad Cubana de los Estados Unidos con la patria de origen.

Su presencia impactó a la sociedad cubana tanto como a ellos, era el contacto de ambos grupos con sus verdades y prejuicios, el rompimiento de tabúes mutuos y la apertura de una posibilidad de entendimiento más allá de las diferencias ideológicas.

Ellos fueron el puente para que a fines de 1978 [4] llegaran a Cuba un numeroso y representativo grupo de la Comunidad Cubana y se entrevistan con autoridades cubanas sobre temas como, la reunificación familiar, liberación de presos políticos y la autorización para la visita de la emigración cubana a sus familiares en Cuba.

Estas visitas se convirtieron en el principal logro de estas conversaciones, miles de cubanos radicados en los Estados Unidos y otras partes del mundo fueron autorizados a visitar a sus familiares en Cuba. El impacto en la sociedad cubana fue positivo, al cambiar el modo de ver a estos emigrados, calificados en su conjunto como “gusanos” por la propaganda oficial y ahora exaltados por el imaginero popular como los “hijos prósperos que llegaban” de una sociedad donde “todos los problemas materiales están resueltos”, pese a los grandes problemas sociales que existen. En contraste estaba la austera realidad cubana, llena de limitaciones materiales, pese a los grandes esfuerzos de la Revolución, y los muchos problemas de justicia social, discriminaciones e irrespeto a los derechos ciudadanos que estaban pendientes.

Esto unido a la existencia de un buen número de descontentos, desclasados o personas que no aceptaban el socialismo, fue creando una situación explosiva en las ciudades, principalmente en La Habana y que tuvieron su detonante en la penetración violenta de miles de ciudadanos en la embajada de Perú y otras sedes latinoamericanas, en abril de 1980.

El gobierno cubano retira la guardia de estas sedes diplomáticas y aumenta el número de refugiados, creando una delicada situación humanitaria en esos edificios y serio conflicto internacional. La demanda única de aquellos “refugiados” es la aspiración a emigrar, principalmente a los Estados Unidos.

Tras varios días de tensas negociaciones se decide la salida hacia Perú de algunos cientos de refugiado en su embajada en La Habana y otros hacia países que los quisieran recibir. Pero la avalancha mayor está por llegar:

Ante la propuesta de la Comunidad Cubana de La Florida de venir a buscar a sus familiares en lanchas alquiladas por ellos, el gobierno cubano acepta y habilita el puerto del Mariel para la salida de todos aquellos ciudadanos que fueran reclamados por sus familiares.

Las embarcaciones salían sobrecargadas del Mariel, pues a los familiares reclamados, las autoridades cubanas añadían otros que deseaban emigrar, creándose un clima tenso en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

El 14 de abril de 1980 el periódico “Granma”, publica el editorial “Ahora le toca al pueblo”, que califica de “escoria” a todos aquellos que tratan de emigrar y llama al pueblo a la “Marcha del Pueblo Combatiente” en todo el país para el día 19 de abril, en La Habana, esta muchedumbre pasó frente a la embajada de Perú.

La situación se hace tensa, hay agresiones personales a los que acuden a las oficinas de emigración, acoso en sus casas y centro de trabajo, no hay contención; todo el que quiere salir de Cuba en estos meses es “escoria”. Mítines de repudio en las cuadras y centro de trabajo de los que aspiran a emigrar y otras formas de presión que en algunos casos fueron violentas, se producen en todo el país. La situación es de miedo y resentimiento.

La culminación de tales “jornadas de ofensiva revolucionaria” fue el criminal sabotaje al círculo infantil Le Van Tan en Marianao, La Habana[5], en el que más de quinientos niños estuvieron a punto de morir por el incendio.

De haberse consumado el sabotaje se hubiera desatado un “baño de sangre”, porque las masas enfurecidas, ya estimuladas por muchos días de mítines de repudio se habrían tornado incontrolables. El mismo periódico hizo un llamado a la cordura y las autoridades se volvieron más activas en el control del orden público, los bajos instintos volvieron a las sombras y se cerró la más bochornosa página de manipulación de las masas del período revolucionario. Solo quedó el miedo como vestigio.

Más de 125 mil cubanos de todas las condiciones sociales arribaron a los Estados Unidos, la mayoría jóvenes, hostigados en Cuba por querer emigrar, recibidos con desconfianza en los Estados Unidos, por considerarlos “peligrosos”, prisioneros de su decisión, que en la mayoría de los casos no iba acompañada de una posición política, sino de un deseo de mejora sus condiciones de vida, aunque fuera una quimera.


[1] Este término se utilizó en los círculos culturales de la época, para caracterizar un proceso de análisis de las personas de la cultura con una serie de parámetros, para hacer cultura, sin los cuales quedabas fuera, algunos de ellos eran­: no tener creencias religiosas, no ser homosexual, tener integración revolucionaria, acatar la filosofía marxista leninista y los etc. que agregara el funcionario en cuestión.

[2] Gobernaba el presidente demócrata Jimmy Carter (1976-1980)

[3] Ley de Ajuste Cubano, engendro político que estimula la emigración ilegal de los cubanos, por las facilidades que se le da al llegar a territorio de los EE. UU.

[4] 20 de diciembre de 1978

[5] 8 de mayo de 1980

Historia

REVOLUCIÓN, LA INSTITUCINALIZACIÓN (1)

En 1970 el Gobierno Revolucionario Cubano se había propuesto alcanzar una zafra extraordinaria de DIEZ MILLONES de toneladas de azúcar con la pretensión de mantener en años posteriores ese nivel de producción. Era una manera de alcanzar un equilibrio en la balanza comercial con la Unión Soviética y los países socialistas de Europa y Asia, que durante todos esos años había mantenido un suministro constante de alimentos, materias primas (principalmente petróleo), maquinarias para el sostenimiento de la economía y armamento para la defensa de la Revolución.

Desde 1965 el país fue preparando las condiciones para el “gran salto” en la producción de azúcar, con la extensión de los campos cañeros, ampliación de los centrales azucareros, creación y mejoramiento de la infraestructura azucarera, preparación de técnicos para la agro-industria y muchos otros detalles que llevaron al país a priorizar de forma desmedida la producción azucarera en detrimento de otros sectores de la economía.

Más que una meta económica, la producción de zafras de diez millones de toneladas y más fue un imperativo ideológico en función del cual se movilizaron miles de personas de todos los sectores, en una zafra que comenzó en pleno ¡verano de 1969! Y que paralizó prácticamente a todos los sectores de la economía y la sociedad.

El anhelo de hacer la ZAFRA DE LOS DIEZ MILLONES encandiló a toda la sociedad cubana, muchos veían en el logro de tal meta, la solución de todos los problemas del proceso revolucionario, la fantástica sociedad de iguales parecía al alcance de la mano, en medio de una inflación galopante, mucha escasez y precariedad, contrastante con el alza de las gratuidades y el desorden económico en el resto de los sectores no azucareros.

El 20 de mayo de 1970 Fidel Castro, hablando en una concentración para recibir a un grupo de pescadores secuestrados por bandas terroristas contrarrevolucionarias, radicadas en el sur de la Florida, Estados Unidos, hizo un análisis de las motivaciones para la zafra grande y terminó anunciando lo que era ya una realidad para las mentes más objetivas de la sociedad cubana, la zafra de diez millones no podía hacerse, las enormes dificultades tecnológicas, la burocracia estatal que infló los estimados y otros factores propios del sub-desarrollo del país, pusieron fin a un sueño. Solo su liderazgo y prestigio revolucionario pudieron revertir el desencanto de un pueblo que en gran mayoría se había comprometido al logro de tal utopía y en un final de discurso que solo podía hacer él, llamó al pueblo a “convertir el revés en victoria”, nueva consigna que presidiría toda la década de los 70s.

Comenzó un profundo proceso autocrítico que iba más allá de la zafra, señalando los errores de idealismo que había cometido la dirección de la Revolución pretendiendo acelerar el proceso histórico y alcanzar una sociedad equitativa y comunista, sin tener en cuenta las profundas condiciones del subdesarrollo, dependencia económica y aislamiento político y económico que vivía el país.

En su informe al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel expresó:

“El esfuerzo fue extraordinario y estaba justificado, tanto en el orden práctico como moral. De algún modo era necesario compensar el desnivel comercial con la Unión Soviética… Sin embargo no pudo lograrse. Las inversiones industriales no habían madurado para esa fecha. El agobiante problema de la fuerza de trabajo que fue necesario emplear, en cantidades crecientes para atender las zafras, en circunstancias en que la mecanización de la cosecha se atrasaba por razones técnicas, creó grandes desequilibrios en el resto de la economía nacional…Las realidades resultaron ser más poderosas que nuestro propósito”[1]

Rebasar la difícil situación económica del país tras el fracaso del 70, solo fue posible en primer lugar por el esfuerzo del pueblo, que creía en su Revolución y reorientó su rumbo guiados por su vanguardia, en busca del bienestar de todos; en segundo lugar y no menos importante, por el fuerte y decidido apoyo de la Unión Soviética y el campo socialista que mantuvieron y acrecentaron los suministros a Cuba en medio de las recrudecidas agresiones de los Estados Unidos y sus aliados.

Como parte de esta ayuda, se negoció un aumento de precio de compra del azúcar por la URSS, que propuso pagarla a 11 centavos de dólar la libra y el níquel a 5 mil dólares la tonelada y la renegociación de la deuda cubana con ese país pagadera a partir de 1986 sin intereses.

Se fortalecían los lazos con la Unión Soviética luego de algunos años de enfriamiento de las relaciones, tras la Crisis de Octubre (1962) y el caso de la Micro Fracción (1966) con complicidad demostrada de los soviéticos.

Cuba adquiere una “deuda de gratitud” que determina mucho el nuevo rumbo, tratando cada vez más de asimilar las “experiencias” del bloque socialista, tratando de adaptarlas a la situación cubana y finalmente copiando la estructura estatal, olvidando por “revisionista” todo intento de originalidad del socialismo que no fuera basado en el “marxismo-leninismo” de corte científico, la “única teoría científica” en el terreno de la ideología.

Para llevar adelante los cambios necesarios que requería el país y la Revolución se inicia un proceso de reorganización en el Partido y la sociedad cubana, que llevaba por objetivo devolverle el protagonismo al pueblo y sus organizaciones de masa, cuya subordinación mimética, en los finales de la década de los 60s, las había prácticamente anulado como factores sociales.

La Revolución había derrotado a la reacción interna y externa, apoyada en un régimen de dictadura de las mayoría lideradas por el Partido Comunista de Cuba y se propone en esta década de los 70s organizar un estado socialista basado en el modelo de loe países socialista.

Se inicia la estructuración y creación de los sindicatos nacionales por sectores productivos y sociales, que debían jugar el papel de contraparte de la administración socialista estatal, para velar por los intereses de sus afiliados, aunque se aseguraba que esta respondía a los intereses de los trabajadores como un todo, un ente abstracto que diluían los intereses y aspiraciones individuales y que de hecho dejaba a los sindicatos sin funciones reales.

Este proceso culminó con el XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) celebrado en noviembre de 1973 y en el que se restituye el principio socialista de que cada trabajador reciba según su trabajo, idea cardinal en la construcción de la sociedad socialista y que de una forma u otra ha sido violada por la dirección del estado y la Revolución donde han prevalecido principios de distribución paternalista, que han impedido el desarrollo real de las fuerzas productivas en Cuba, aún bajo las difíciles condiciones del Bloqueo Económico al que ha sido sometida la sociedad cubana.

Por otra parte comenzaron a fomentarse las bases para terminar con el período de provisionalidad institucional y de gobierno, iniciada en 1959 con el triunfo de la Revolución. Se reestructura el Gobierno Revolucionario en 1972 con la designación de un Comité Ejecutivo del Consejo de Ministro que incluye varios vice por ramas sectoriales, lo cual ajustaba el Estado a los normas del socialismo europeo y no a la realidad de Cuba, creando un amplio aparataje estatal sostenido por una economía subversionada y gastadora.

En 1973 se restructura el aparato del PCC con iguales patrones y resultados, para dar paso a los preparativos del I Congreso del Partido celebrado en diciembre de 1975. En él se aprueba la Plataforma Programática, los estatutos y las Resoluciones que fijan las pautas del Partido sobre aspectos tan medulares como la economía, la institucionalización, política exterior, educación, cultura, ideología y otros aspectos.

El Partido se proclama “Fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”, condición que se hará Ley en la Constitución de 1976. La dictadura del proletariado en su fase más dura sede lugar a la “democracia popular” que estimula la participación popular de manera colegiada, desde las decisiones de barrio hasta la nación, con una estructura rígida que va concentrando el poder en la medida que sube la pirámide y disminuye el número de los que deciden, mandatados cada vez por un número menor de persona, lo que cierra y concentra el poder en muy pocas manos.

La experiencia cubana parte del antecedente de los estados socialistas de Europa, donde el auto-gobierno local, es la base de la pirámide. En todo este sistema es determinante el papel del Partido, a través de sus militantes “como guías ideológicos de la nación”, lastrando la espontaneidad de las masas en la selección de sus candidatos de base, para elegir delegados sin ningún poder efectivo para influir en las decisiones locales o nacionales.

La experiencia del Poder Popular se organiza en la provincia de Matanzas en 1974, bajo la supervisión del Partido y del Estado. Conocidos y evaluados los resultados de la experiencia matancera se da a conocer el Proyecto de Constitución de la República de Cuba, de confección cerrada, por un grupo de especialistas y personalidades no elegidos que presentan una Constitución al pueblo, para su estudio y aprobación posterior en referéndum en de febrero de 1976 y aprobada por el 97 % de los cubanos con derecho al voto en ese momento. El 24 de febrero de ese mismo año entra en vigor la Ley Fundamental de la República de Cuba.

Como paso previo a la implantación de la nueva forma de institucionalización se pone en vigor la Ley 1304 sobre la nueva división político administrativa del país (3 de julio de 1976) que reorganiza el país en 14 provincias[2], un municipio especial y 169 municipios. Con ello se simplifica la estructura de gobierno, con provincias más pequeñas, desaparecer la instancia de región y crear municipios más grandes. Con la nueva Ley el municipio gana en importancia al convertirse en base del sistema estatal cubano.

El 7 de julio se aprueba la Ley Electoral Nacional y comienzan los preparativos para organizar las primeras elecciones nacionales del Poder Popular. La Ley estipula que el pueblo elige en la base al Delegado de sus circunscripciones a la Asamblea Municipal. Esta a su vez elige a los delegados a la Asamblea Provincial, entre sus delegados (50 %) y el otro 50 % es propuesto por las estructuras políticas y sociales de la provincia, aquí las propuestas incluyen a la nomenclatura político-administrativa, cuadros y figuras de la intelectualidad y otras esferas de la política y la sociedad. Casi siempre entre ellos están los que dirigirán la asamblea y ocupen cargos de relevancia en la administración provincial.

Para la elección de la Asamblea Nacional vuelve a funcionar el filtro, del 50 y 50, pero el 50 % de propuestas centralizadas incluyen a la jerarquía del Estado y el PCC, justamente en la instancia que tampoco elige al jefe de Estado sino al Consejo de Estado, grupo que elegirá al Jefe de Estado. Si tenemos en cuenta además que las candidaturas son cerradas, mismo número de candidatos que de cargos, llegaremos a la conclusión que la única función del votante es, aprobar.

La importante función de la Comisión de Candidatura, formada por un miembro de las organizaciones de masa (FMC, FEEM, FEU, CTC, CDR, ANAP) y la omnipresencia del Partido y la UJC, determinan la creación de un grupo de poder cerrado, que funciona en toda la superestructura, haciendo muy formal la “democracia participativa” de todo el pueblo.

El 10 de octubre de 1976 se efectúan las elecciones de base, el 31 del propio mes se constituyen las Asambleas Municipales y sus Comités Ejecutivos. El 2 de noviembre las Asambleas Municipales eligen los diputados a la Asamblea Nacional y el 7 del propio mes se crean las Asambleas Provinciales.

El 30 de noviembre se promulga la Ley de Organización de la Administración Central del Estado, un amplio aparataje que crea ministerios, comités estatales, instituciones y una estructura central del Estado, todo similar a la Unión Soviética y al Campo Socialista.

El 2 de diciembre de 1976 se constituye la Asamblea Nacional del Poder Popular, Primera Legislatura, presidida por el veterano dirigente comunista Blas Roca Calderío[3]. La Asamblea eligió el Consejo de Estado, formado en su mayoría por veteranos dirigentes de la Revolución Cubana, quien eligió a Fidel Castro como Jefe del Consejo de Estado y de Ministros, quien a continuación presentó para su aprobación por la asamblea el Consejo de Ministro de su gobierno.

El sistema judicial cubano, no constituye un poder independiente, sino subordinado al Estado, su función es impartir justicia, velar por la integridad de la nación y velar por el cumplimiento de la legalidad socialista. En los primeros cinco años de la década de los 70s se reestructura creándose los Tribunales Populares en las instancias municipal, provincial y supremo, que incluye la novedad de la inclusión de la figura del juez lego, no profesional y elegido en las organizaciones de masa para formar parte de los tribunales de base. Se mantiene la pena de muerte como la máxima pena para delitos muy graves, que incluye los delitos contra la seguridad del Estado, que en Cuba Revolucionaria son conocidos como delitos contrarrevolucionarios.

Con la institucionalización socialista, se fortalece el papel ideológico y político hegemónico del Partido Comunista de Cuba en la sociedad cubana, se hace ley la no existencia de ningún otro partido político en Cuba, junto a este se estrecha más los lazos políticos y económico con la URSS y los países socialistas, se afianza la estructura ideológica y el poder político del grupo que lideró la insurrección contra Batista y se afianza al marxismo-leninismo como la doctrina oficial del estado socialista cubano.


[1] Informe Central al I Congreso del PCC, en Informe Central I, II y III Congreso del PCC. La Habana, 1990

[2] En la actualidad hay un reajuste en la división político administrativa del país con 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud

[3] El presidió la Comisión que redactó la Constitución de la República Socialista de Cuba

Historia

REVOLUCIÓN, LA VICTORIA (4)



El revés económico de la zafra de 1970 fue mucho más allá del simple incumplimiento de la meta de producción, al marcar un cambio y rectificación de los rumbos económicos y sociales del país para las décadas siguientes. En estos cambios tiene un peso decisivo la ayuda de la Unión Soviética y del resto de los países socialistas lo que implicó un mayor comprometimiento de Cuba con los modelos económicos de estos y su manera de organizar la institucionalidad socialista.

Los grandes cambios sociales que se desarrollan en Cuba, provocaron un éxodo importante de población, que comenzará en 1959 cuando el gobierno de los Estados Unidos acogió en su territorio, principalmente en el estado de La Florida, a los asesinos, politiqueros y principales culpables de la dictadura de Batista. A partir de ese momento se hizo normal que todos los involucrados en acciones criminales y contrarrevolucionarias, fueran acogidos en ese país, independiente de su culpabilidad.

El segundo grupo de emigrados fueron los afectados por las leyes del Gobierno Revolucionario, la burguesía desplazada del poder, profesionales e intelectuales que no quisieron permanecer junto a su pueblo; obreros y empleados de firmas cubanas y extranjeras, de altos salarios y posiciones privilegiadas con relación al resto de los trabajadores.

Les siguió un éxodo importante de técnicos, profesionales, artistas e intelectuales, acogidos a las ventajas que se le ofrecían si abandonaban su país, junto con miles de cubanos de diferentes procedencias sociales, que prefirieron emigrar ante las duras condiciones de vida que impuso el férreo bloqueo económico al que está sometida Cuba, la precariedad de un país en pie de guerra y la falta de voluntad para resistir junto a la mayoría de sus conciudadanos.

El estímulo a la emigración y fundamentalmente la ilegal, ha sido una de las cartas políticas que se jugó el gobierno de los Estados Unidos. Al emigrado cubano de estos años de Revolución[1], se le aplica automáticamente la categoría de refugiado político y se le dan facilidades para legalizar su status gracias a la arbitraria “Ley de Ajuste Cubano”, que estimula la salida ilegal del país y provoca una alto índice de víctimas civiles en el cruce de las aguas del estrecho de la Florida.

Cerca de medio millón de cubanos, en diversos grados afectados, descontentos con la Revolución o verdaderos enemigos políticos de esta, salieron en este período por diversas vías y fueron engrosando la Comunidad Cubana en los Estados Unidos, manipuladas en estos primeros años por los grupos contrarrevolucionarios derrotados en Cuba, pero activos en territorio norteamericano, donde contaron con el incondicional apoyo del gobierno de ese país. Allí seguirán una cultura cubana de la añoranza, manteniendo su identidad cultural y de muchas maneras el vínculo con la patria.


[1] Hasta el año 2016 se mantuvieron estos privilegios para el emigrante cubano hacia los Estados Unidos, fuera cual fuera su motivación para emigrar.

Historia

REVOLUCIÓN, LA VICTORIA (3)



En 1962 las autoridades cubanas deciden dar una batida definitiva a los bandidos en el Escambray, para ello en principio trajeron a la zona fuerzas de milicias de otros territorios del país pero, dado lo costoso de este proceder, la falta de especialización en la guerra irregular en estos intrincados parajes y el desconocimiento de la zona, se decidió en junio de 1962 crear el Buró y las Tropas de Lucha Contra Bandidos(LCB), integrada por hombres de la región, con conocimientos del territorio, entrenados y armados, lo que unido a su valor personal y alta moral combativa, permitió ir batiendo a los diseminados grupos que afectaban la serranía del Escambray.

Durante este año de 1962 se acrecentó la agresividad de los enemigos de la Revolución, encabezados por el gobierno de los Estados Unidos. Cuba continuó en pie de guerra, mejorando cada día más su capacidad combativa, reorganizando sus fuerzas armadas, con un moderno equipamiento bélico y asesoría de militares soviéticos.

El apoyo soviético incluyó la gradual y riesgosa instalación en Cuba de misiles estratégicos de mediano alcance con cabezas nucleares, atendidos directamente por las fuerzas militares de ese país. Secretamente fueron llegando a Cuba durante el año 1962, con autorización del gobierno de Cuba que estaba convencido de la posibilidad de una agresión directa de los Estados Unidos.

El descubrimiento de esta operación en octubre de 1962, por los organismos de inteligencia norteamericanos, provocó que el presidente Kennedy decretara el bloqueo naval y aéreo de la isla para impedir que continuaran llegando los misiles y con ellos cualquier ayuda al país.

La tensión en el área del Caribe subió al máximo, en Cuba se decretó la movilización general de todas las fuerzas, igual paso dieron los soviéticos y el mundo se vio abocado a un imprevisible choque entre las dos mayores potencias nucleares de la época, en un episodio que ha pasado a la historia como la “Crisis de Octubre” o “Crisis de los Misiles”.

Con la mediación de las Naciones Unidas, los Estados Unidos y la URSS iniciaron conversaciones sin la presencia de Cuba; por su parte el gobierno cubano proclama a través de su Primer Ministro Fidel Castro su derecho a defenderse, proponiendo una plataforma de entendimiento de cinco puntos, que abarca desde el cese del bloqueo económico, fin de las actividades subversivas contra la Revolución y la retirada de los Estados Unidos de la ilegal base naval de la bahía de Guantánamo.

Los cinco puntos cubanos no fueron tomados en cuenta por las grandes potencias que se atuvieron a garantizar su seguridad interna con la retirada mutua de misiles de corto alcance de las fronteras de ambos y una promesa formal del gobierno de los Estados Unidos de que no agrediría directamente a Cuba, a cambio de la retirada de los cohetes nucleares de la isla.

La Crisis de Octubre provocó una aguda divergencia entre el Gobierno Revolucionario de Cuba y las autoridades soviéticas. Cuba no estuvo de acuerdo en la manera en que se manejó la crisis, ni con las frágiles garantías que daba el gobierno de los Estados Unidos, por lo que sus relaciones con la dirección de la Unión Soviética, aunque siguieron siendo cordiales, se enfriaron.

La dirección de la Revolución llegó al convencimiento realista y objetivo de que la defensa de la soberanía nacional y las conquistas alcanzadas por el pueblo, pasaban por su capacidad de defenderse.

En 1964 las fuerzas revolucionarias habían neutralizado el terror contrarrevolucionario y el país pudo tomarse un respiro para dedicarse al desarrollo económico. La producción de azúcar de caña continuó siendo la principal fuente de ingreso del país. Los esfuerzos del estado fueron encaminados a recuperar la capacidad productiva de la industria azucarera con vista a estabilizar zafras grandes que permitieran al gobierno cumplir sus compromisos principalmente con la Unión Soviética y los países socialistas. Hacer una zafra en Cuba por estos años era muy duro, porque las principales faenas agrícolas había que hacerlas a mano desde el cultivo al corte y ya no había una mano de obra “sobrante” que se ocupara de las duras faenas del corte.

La solución hubo que hallarla en la movilización de miles de voluntarios de todo el país para hacer la “Zafra del Pueblo”, con un alto costo en el aseguramiento material de los trabajadores y una productividad no muy alta, donde la compulsión ideológica suplía la destreza y la calidad del trabajo.

Este período 65-70 estuvo caracterizado por el idealismo que primó en la aplicación de las políticas económicas y sociales, que repercutieron en etapas posteriores de nuestra historia. Se implanta el sistema de financiamiento presupuestario acompañado de un nuevo registro económico, precedido por la erradicación de toda forma de intercambio mercantil: se suprimieron los cobros y pagos inter empresariales a partir de 1967; se elimina el presupuesto estatal, sustituido por una asignación para pagos de salarios y las relaciones de compra y venta con el sector privado.

En lo social se incrementan las gratuidades. Muchas de ellas excesivas, se eliminan casi todos los impuestos y se desconoce la fórmula de distribución socialista[1], sustituida por un igualitarismo en la distribución de beneficios que desestimuló el trabajo como fuente de ingreso, lo que agudiza los problemas de la disciplina laboral y social.

La sociedad cubana vivió una utopía que requería de una base económica para sostenerse, pero que el Gobierno Revolucionario concedió sostenido en buena parte por la ayuda incondicional y abundante de la Unión Soviética y los países socialistas. La crisis que esto provocó en la sociedad cubana condujo a la falta de organización y control de la producción, aumento del ausentismo, estancamiento y disminución de la producción, devaluación del valor real del dinero y una gran inflación.

En 1968 se desmantela el grupo de la “micro fracción”, peligroso movimiento surgido dentro del partido[2], que pretendía una “rectificación” del rumbo socialista, conspirando para desplazar de la dirección del estado a los líderes históricos de la Revolución y que contó con el apoyo de algunos sectores de la dirección partidista y del gobierno soviético.

En marzo de este mismo año se produce la “ofensiva revolucionaria” que termina con los vestigios de la propiedad privada que sobrevive en el país: comercios minoristas, centros gastronómicos, cafeterías, clubes nocturnos, pequeños talleres, puestos de frita, etc., era el modo de enfrentar la especulación y el desabastecimiento que tiene en crisis la gastronomía y los servicios en todo el país.

Por estos mismos meses se produce la intervención del ejército soviético en Checoslovaquia para abortar un movimiento reformista que amenazaba con abolir el socialismo en ese país. Este hecho provocó una crisis de confianza dentro del movimiento progresista internacional y en Cuba motivó en Fidel una reflexión medular al preguntarse si la Unión Soviética estaba dispuesta a hacer lo mismo por Vietnam, por Corea o por Cuba en caso de agresión, teniendo en cuenta que estos países quedaban muy lejos de la frontera de la URSS y fuera del Pacto de Varsovia.

Una de las causas más nobles que defendió el pueblo cubano en este período fue la del pueblo vietnamita, enfrascado en su guerra de liberación nacional contra la ocupación norteamericana de la parte sur de su territorio. Cuba se convierte en el centro de la solidaridad mundial con el pueblo de Vietnam.

Por estos años se organizan en La Habana grandes reuniones de revolucionarios de todo el mundo para coordinar acciones conjuntas contra la reacción imperialista en sus diversas formas: En 1966 se convoca el Congreso Tricontinental que reúne a líderes del tercer mundo; en 1967 la Organización Latinoamericana de Solidaridad y en 1968, el Congreso Cultural de La Habana, al que asisten relevantes figuras de la izquierda de todo el mundo.


[1] Dé cada cual según su capacidad, reciba cada cual según su trabajo.

[2] En aquellos momentos el Partido Unido de la Revolución Socialista, muy influido por los cuadros del Partido Socialista Popular

Historia

REVOLUCIÓN, LA VICTORIA (2)



Fidel en Girón, abril de 1961

Mientras el gobierno de los Estados Unidos arrecia su campaña para lograr la condena y el aislamiento de Cuba en el ámbito latinoamericano, al tiempo que aplica medidas punitivas contra el país por el “peligro que representaba su gobierno”.

La dependencia económica de Cuba de los mercados yanquis es utilizada por el gobierno de ese país para dificultar los suministros de combustibles a la isla. Ante esta situación el Gobierno revolucionario acepta la oferta de la Unión Soviética de enviar petróleo a Cuba, en el mes de abril de 1960 llega el primer barco con el combustible ofrecido y las compañía extranjeras dueñas de la refinería del país, se niegan a refinar el crudo, por lo que el estado cubano decide intervenir estas plantas el 1º de julio de 1960, iniciándose una cadena de confrontaciones directas con las compañías extranjeras radicadas en la isla, en su mayoría estadounidenses.

La reacción del gobierno de los Estados Unidos fue la suspensión de la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano, 2 de julio de 1960, cuota que de inmediata fue asumida por los soviéticos. La cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano tenía un peso vital en la economía cubana y la supresión de esta era un duro golpe al país. Se iniciaba el bloqueo económico como medida coercitiva para rendir por hambre al pueblo cubano.

La contra-respuesta cubana contundente y radical, el 6 de agosto se dispone la nacionalización de la mayor parte de las compañías extranjeras, casi todas de capital estadounidense: Cubana de Electricidad, Cuban Telephone Company, las empresas petroleras Esso, Texaco y Sinclair y los 36 centrales azucareros propiedad de estadounidenses en Cuba. La resolución establecía la indemnización del 2 % anual de los bonos que vencería a los 50 años.

Pasaban a manos del estado cubano propiedades que alcanzaban un valor superior a los 700 millones de dólares, lo que agudizó la confrontación entre la Revolución Cubana y su principal enemigo el gobierno de los Estados Unidos.

Ese mismo mes de agosto los Estados Unidos logran una declaración de condena a Cuba en la reunión de Cancilleres de la Organización de estados Americanos (OEA) efectuada en San José, Costa Rica; la delegación cubana se retira y la respuesta llega de forma multitudinaria cuando el 2 de septiembre el pueblo aprueba la Primera Declaración de La Habana, leída por Fidel Castro y en la que se hace una clara denuncia a la situación de explotación imperante en los países de la América Latina.

El 26 de septiembre Fidel viaja a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas, allí denuncia las agresiones terroristas que parten de territorio norteamericano y el apoyo y abrigo que ese gobierno daba a las bandas contrarrevolucionarias y a la reacción interna. En el acto de recibimiento a Fidel en La Habana, el 28 de septiembre, en respuesta al incremento de sabotajes y acciones contra la Revolución, Fidel anuncia la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la organización más dinámica y popular de la Revolución, base del sistema participativo defensivo y ejecutivo de la Cuba revolucionaria.

La fuerte oposición del bloque oligárquico y las dificultades que crean a la economía nacional con sus sabotajes, llevó al Gobierno Revolucionario a promulgar la Ley 890 del 13 de octubre de 1960, que nacionaliza 382 empresas de capital nacional, que incluye 105 centrales azucareros, fábricas, ferrocarriles, grandes almacenes, centrales eléctricas y otros importantes objetivos económicos. Con esta medida se estataliza el grueso de la economía de capital cubano, lo que unidos al completamiento de la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba, el 24 de octubre, afianza el control estatal sobre la economía nacional.

Como respuesta a tales medidas se produce un recrudecimiento de los sabotajes y enfrentamientos dentro del país, mientras en el plano internacional los Estados Unidos establece un sistema de sanciones (bloqueo económico) que implica a terceros países. Cuba se ha visto privada de sus mercados tradicionales de los cuales dependía de una manera desproporcionada, provocando que la economía cubana tuviera que sustituir su tecnología industrial, equipamientos, maquinarias agrícolas, etc., por suministros procedentes de la Unión Soviética y los países socialistas europeos. Con ello pudo sobrevivir al bloqueo, pero no pudo evitar la gestación de un nuevo mecanismo de dependencia que a la larga afectaría no solo desde el punto de vista económico, sino político.

Después del fracaso de la conspiración del presidente dominicano Rafael Leonidas Trujillo para derrocar a la Revolución Cubana, fueron apareciendo en la zona del Escambray, en la entonces provincia de Las Villas, grupos de alzados, alentados por elementos resentidos del II Frente Escambray, que no estaban de acuerdo con el proceso revolucionario y desde el primer momento trataron de frenarlo y sabotearlo.

Esas bandas contrarrevolucionarias recibían avituallamiento logístico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a través de organizaciones opuestas a la Revolución. En los meses finales de 1960 se produce un incremento de estas actividades armadas en el Escambray que fueron frenadas por una amplia ofensiva en los primeros meses del año 1961 por fuerzas conjuntas de las milicias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que derrotaron o dispersaron a estos grupos armados.

En enero de 1961 el gobierno de los Estados Unidos rompe sus relaciones diplomáticas con Cuba y prioriza un plan de invasión directa al país por fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA y que tenían por misión el establecimiento de una “cabeza de playa” para instaurar un gobierno provisional que pidiera la intervención militar directa del gobierno de Estados Unidos para derrocar a la Revolución Cubana.

El 15 de abril de 1961 aviones mercenarios procedentes de bases en Nicaragua y con insignias de las FAR, bombardean los aeropuertos de Ciudad Libertad en La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, con el objetivo de destruir la mayor parte de los pocos aviones de combate con los que disponía la Revolución.

Al día siguiente, 16 de abril, en la despedida de duelo de las víctimas de los bombardeos, Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución, como colofón a la radicalización ascendente que vive el proceso revolucionario.

Se declara la movilización general, la dirección de la Revolución comprende que está en marcha una agresión directa y al amanecer del día 17, una fuerza de tarea formada por cerca de dos mil hombres, reclutados entre los exiliados cubanos y conformada en su gran mayoría por antiguos soldados batistianos y afectados por las leyes revolucionarias, desembarcaron por la Bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas.

La respuesta fue contundente, todo el país se puso en pie de guerra y miles de milicianos marcharon a sus trincheras dispuestos a repeler cualquier golpe, interno o externo. Mientras en la zona del desembarco el combate fue sin tregua desde que los invasores pisan tierra y en menos de 72 horas las milicias junto al Ejército Rebelde y la Policía, con la dirección en la primera línea de Fidel, derrotan a los mercenarios.

El golpe fue tan demoledor que el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy, acepta su responsabilidad directa en los hechos.

Tras la derrota de los invasores los grupos contrarrevolucionarios del Escambray se reorganizan, pero sin lograr la unidad bajo un solo mando. La baja catadura moral de sus integrantes, sus ambiciones personales más el efectivo y decisivo enfrentamiento de las fuerzas revolucionarias, lo impidieron.

Operaban en bandas pequeñas de gran movilidad, apoyadas por campesinos de la zona, comprometidos con ellos por vínculos familiares o por miedo. Su táctica era atacar a la población civil que no cooperaba con ellos, asaltaban a milicianos aislados tratando de sembrar el terror y la desmoralización en los pobladores de la zona, evitando el combate directo con las fuerzas armadas, lo que da la catadura moral de estos hombres y sus cabecillas.

La composición social de estos alzados era principalmente de desclasados de todo tipo: lumpen proletario, testaferros de los antiguos oligarcas, antiguos soldados de la dictadura y otras lacras sociales, condenadas a desaparecer con la Revolución. La Lucha contra bandidos fue otro capítulo heroico del pueblo cubano por su derecho a decidir su destino.

Historia

REVOLUCIÓN, LA VICTORIA (1)



«El que investiga la verdad, hasta donde solo

importa la verdad, puede rechazar tranquilamente

la tradición sin el menor escrúpulo»

Gilbert Murria

«Las revoluciones no son paseos de rivera»

Alfredo Guevara

La madrugada del primero de enero de 1959 salía de Cuba el presidente Fulgencio Batista Zaldivar (1901-1973), quien gobernó a sangre y fuego durante casi siete años la República de Cuba, apoyado por un fuerte grupo de poder que agrupaba a buena parte de la burguesía cubana, del capital extranjero, mayoritariamente estadounidense y a intereses de las poderosas mafias del juego, la extorsión y del negocio ilícito nacionales y extranjeras.

En las afueras de la ciudad oriental de Santiago de Cuba el Comandante Fidel Castro, líder indiscutible de la Revolución y Jefe del Ejército Rebelde llamaba a la Huelga General Política para impedir que en la capital del país tomara cuerpo un Gobierno Provisional encabezado por el magistrado del Tribunal Supremo Carlos Manuel Piedra y a la sombra del General Eulogio Cantillo o del joven Coronel Ramón Barquín.

La poderosa reacción de las fuerzas populares al apoyar a los revolucionarios y la rapidez del desplazamiento de las tropas del Ejército Rebelde desarmaron todas las maniobras por escamotear el triunfo a la Revolución y al pueblo.

El 3 de enero de 1959 se formó en Santiago de Cuba el Gobierno Provisional Revolucionario encabezado por el ex magistrado Manuel Urrutia como presidente y José Miró Cardona como Primer Ministro. Del gobierno formaron parte figuras de la derecha moderada y reformistas que se habían sumado en los últimos momentos a los acontecimientos, junto a militantes revolucionarios, protagonistas verdaderos de la Revolución.

El gobierno era un reflejo de la amalgama política de estos primeros momentos y tenía por contrapeso al Ejército Rebelde y su líder el Comandante Fidel Castro que impidieron la inclinación reformista y lastrante de los primeros momentos.

Con el nombramiento de Fidel Castro como Primer Ministro, el 15 de febrero de 1959, se le dio un impulso dinamizador al cumplimiento del programa democrático-popular por él expuesto en su alegato de defensa por el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba.[1]

Lo primero que hizo la Revolución fue desmontar el aparato legal que había servido para la politiquería de la seudo-república. El Gobierno Revolucionario adquiere plenos poderes legislativo y ejecutivo; disuelve las fuerzas armadas y los organismos del estado burgués, a los partidos políticos tradicionales, el sindicalismo oligárquico y a los tribunales de urgencia. En su lugar crea nuevos mecanismos de poder basados en el derecho soberano de las mayorías desclasadas y explotadas del país. La burguesía cubana pierde el poder político.

Pero no bastaba, el 17 de mayo de 1959 se promulga en la Sierra Maestra la Ley de Reforma Agraria, paso trascendental que de un solo golpe acaba con el latifundio en Cuba. Lastre más pesado para el desarrollo del campesinado cubano. Al disponer tal medida el Gobierno Revolucionario entregó títulos de propiedad a millares de campesinos que poseían la tierra como aparceros o precarista, pero no disolvió las grandes haciendas privadas sino que las convirtió en Granjas del Pueblo y Cooperativas. La reforma agraria pasó al poder del estado cubano el 40 % de las tierras cultivables, muchas de ellas en manos de empresas y particulares estadounidenses y el resto de la oligarquía nacional.

La Ley creó también el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), organismo encargado de aplicar la ley agraria y de impulsar el desarrollo de los planes económicos de la Revolución, no solo en la agricultura, sino en otros sectores como fueron la pesca y el turismo.

En la práctica el INRA funcionó como un gobierno dentro del gobierno, dándole en los primeros momentos el impulso dinamizados que la composición del gabinete provisional impedía.

Tamién se lleva a cabo el proceso de confiscación de los bienes mal habido de los personeros del antiguo régimen, antesala de las grandes nacionalizaciones que vendrían después.

La dinámica popular y de transformaciones de la sociedad cubana determina que a mediados de 1959 se definieran los campos políticos dentro del panorama nacional. La burguesía y sus aliados se alinean abiertamente contra la Revolución y junto a la Revolución las grandes mayorías de los humildes y desplazados.

Contra la Revolución se esgrimieron acusaciones como la violación de los derechos humanos y el ajusticiamiento indiscriminado de los opositores, tratando de desprestigiar al proceso revolucionario. En tanto desde el gobierno los elementos reformistas presionan, tratando de revertir a la Revolución, al no lograrlo comenzaron las conspiraciones y confrontaciones directas con las nuevas autoridades y el pueblo.

El 14 de junio de 1959 se produce la reorganización del Gobierno Provisional, entran al mismo el Comandante del Ejército Rebelde Pedro Miret, Raquel Pérez y Raúl Roa. Estos cambios dejan cada vez más aislado al Presidente de la República en su tibia política reformista y retardadora del proceso revolucionario.

Por ese motivo el Comandante Fidel Castro, Primer Ministro del Gobierno y líder de la Revolución, renuncia al cargo el 16 de julio del 59 y denuncia la posición del Presidente. La respuesta del pueblo en respaldo Fidel fue unánime, hecho que obliga al presidente Urrutia a renunciar a su cargo al siguiente día.

El 18 de julio asume la Presidencia de la República el doctor Osvaldo Dorticós Torrado, prestigioso abogado identificado plenamente con la Revolución en marcha, en tanto Fidel reasume la jefatura del gobierno el 26 de julio ante una multitudinaria concentración en la Plaza de la Revolución para conmemorar el sexto aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

Completando el programa de satisfacciones y demandas populares el Gobierno Revolucionario decreta la rebaja de los alquileres de las viviendas, de las tarifas eléctricas y telefónicas y la reposición en sus puestos de trabajo de todos aquellos que fueron cesanteados por motivos políticos.

Junto a ello la Revolución supo encaminar el justo reclamo de la clase obrera por lograr conquistas sectoriales que amenazaban la realización de la zafra azucarera y otras actividades vitales de la economía, demostrando que los cambios iban más allá que la conquista parcial de determinados reclamos, sino a la base estructural de la sociedad burguesa en Cuba.

El líder de la Revolución en sus constantes orientaciones explica a las masas trabajadoras, la necesidad de posponer los anhelos y evitar el caos del país; tener confianza en el proceso revolucionario como forma de alcanzar aquellos sueños inalcanzables durante años en la república y que podían ser tan peligrosos como la acción de la oligarquía nacional y sus seguidores, al correrse el riesgo de hacer ingobernable el país.

Los meses finales de 1959 fueron el inicio de la reacción terrorista contra la Revolución, sabotajes, vuelos piratas desde Estados Unidos para incendiar cañaverales y atacar objetivos económicos, las conspiraciones, como el complot del gobierno dominicano de Rafael Leonidas Trujillo contra Cuba, la sedición del comandante del Ejército Rebelde Hubert Matos en Camagüey y los esfuerzos de las autoridades norteamericanas y sus organismos de subversión por desestabilizar la Revolución y hacer fracasar el proceso democrático-popular cubano.

Para defender a la Revolución Cubana y dar una respuesta enérgica a los violentos actos de lucha contra el país, se crean las Milicias Nacionales Revolucionarias el 26 de octubre de 1959, brazo armado popular del nuevo estado cubano.

Al iniciarse el año de 1960 los líderes cubanos están dispuestos a seguir adelante con las transformaciones estructurales que necesita el país. Enfrentan a una oposición poderosa y violenta encabezada por la oligarquía nacional y el gobierno de los Estados Unidos, que apoyan los grupos de alzados contrarrevolucionarios que ya están en acción en muchas partes del país.

El 13 de febrero de 1960 llega a Cuba la primera delegación de alto nivel del Gobierno de la URSS[2] encabezado por el vice-premier Anastas Mikoyan, quien firma en La Habana un convenio comercial que incluye la compra de más de 400 mil toneladas de azúcar en el año 1960 y un millón de toneladas en 1961 y hasta 1965. La parte cubana adquiere en la Unión Soviética, maquinarias e insumos para la economía de la isla, para realizar estas compras el gobierno soviético concede a Cuba un crédito de 100 millones de dólares al 2,5 % de interés anual.

La Revolución Cubana entraba en una etapa de radicalización popular como ningún proceso anterior en América Latina y en el Tercer Mundo


[1] Este documento se conoce como “La Historia me Absolverá” y contiene en síntesis el programa de la Revolución, base de las primeras medidas que tomó el Gobierno Revolucionario.

[2] Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

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Historia

JOSÉ MARTÍ SOBRE MANUEL GARCÍA

Manuel García es uno de esos bandoleros románticos que no faltan en la tradición popular de ningún pueblo y cuya leyenda es contada de mil maneras por los cubanos. Se cuenta que fue mambí y que estuvo alzado durante la primera guerra por la independencia de Cuba por la zona de la actual provincia de Matanzas.

Terminada la contienda, cuentan estas historias populares, se mantuvo alzado enfrentando las partidas que para su captura organizaba el gobierno colonial español en la isla convirtiéndose en un connotado enemigo de España y de los ricos.

Este Robin Hood tropical asaltaba a los viajeros en los caminos de una extensa zona del occidente de Cuba convirtiéndose en un peligro para los ricos a los cuales exigió muchas veces rescate por su vida.

Enterado de los planes insurrecciónales de sus compatriotas quiso contribuir a su modo a los necesarios fondos del Partido Revolucionario Cubano para organizar la nueva guerra para la emancipación de la isla. Por ello contactó con el prestigioso periodista cubano negro, delegado del PRC en Cuba y principal líder del movimiento revolucionario en la colonia Juan Gualberto Gómez, para entregarle una buena cantidad de dinero para la noble causa de la independencia; dinero que era parte de un rescate que había recibido por un secuestro a un acaudalado hacendado criollo.

Juan Gualberto sabiendo el origen de aquel dinero, escribe a José Martí preguntándole el destino que debía dársele a aquel dinero y si debía remitirlo al tesorero del Partido Revolucionario Cubano, Benjamín Guerra. La contundente posición del Apóstol queda resumida en este fragmento de su respuesta al noble Juan Gualberto:

“Devuelva, devuelva usted inmediatamente ese dinero criminalmente adquirido. Con sumas de tal origen no se va a la honra: el Partido quiere que llegue su bandera a los combates sin ninguna mancha: para lo que preparamos la guerra, para Gómez y para mí, los bandoleros solo son criminales, y el dinero que de ellos venga, infama. El árbol debe venir sano desde la raíz.”

Así se hizo, pero este cubano descarriado apodado el “Rey de los Campos de Cuba” se alzó el 24 de febrero de 1895 y murió ese día, en que se reanudó la guerra por la independencia de Cuba.

Historia, José Martí

DESARROLLO DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN CUBA (1925-1940)


Las ciencias en Cuba están marcadas en este período por la continuidad ascendente de desarrollo de las Ciencias Sociales, encabezadas por los estudios históricos y culturales, encaminados estos últimos a la autentificación de las raíces negras de la cultura nacional, dada la fuerte influencia de la población esclava llegada a Cuba, se distingue en esta vertiente Fernando Ortiz, considerado el tercer descubridor de Cuba.

Durante este período son las ciencias sociales las que tienen un mayor desarrollo en Cuba, principalmente por el surgimiento de una generación de intelectuales inquieta e indagadora que pretende actualizar los estudios sociales en el país. Sobresalen tres figuras capitales: Fernando Ortiz Fernández (1881-1969), Ramiro Guerra Sánchez (1880-1970) y Emilio Roig de Leuchsering (1889-1964).

La Historia es de las ciencias sociales la de más amplio desarrollo, por el nacimiento a la vida independiente de la sociedad cubana y por la amplia gama de acontecimientos que ocurren, que estimulan las investigaciones y estudios sobre la historia nacional.

Ramiro Guerra Sánchez encabeza a un grupo de distinguidos investigadores que se dedican al sistemático estudio de la historia y en particular de la nacional. Su primera obra es una extensa “Historia de Cuba”(1921-1929), en la que se propone escribir una historia general de la isla, pero le faltan fuentes y la obra queda inconclusa. Pero sin embargo la obra es de un gran valor porque actualiza la bibliografía existente en el período que aborda, los primeros años de la conquista y la colonización de Cuba (1492-1607)

En la introducción de la monografía, Ramiro Guerra expresa: “La historia tiene como objetivo primordial explicar científicamente el proceso de formación y desarrollo de la comunidad nacional, esclareciendo la naturaleza de los factores que en este proceso intervienen y lo condicionan”[1]

El libro es novedoso porque no se limita al estudio de los aspectos políticos administrativos, sino que incorpora estudios sobre la organización social, la población, la cultura, la vida económica y las costumbres.

En “Manual de Historia de Cuba” (1938), Guerra sintetiza la información desde el descubrimiento hasta el inicio de la guerra de independencia en 1868. La mayor amplitud corresponde al siglo XIX, etapa de desarrollo de la burguesía esclavista criolla, interrelacionando los problemas económicos, sociales y políticos, haciendo énfasis al estudio de la esclavitud y la actitud de la clase dominante frente a este fenómeno social.

“Azúcar y población en Las Antillas” (1927) es el más conocido y polémico de sus libros, en este trabajo se une la indagación histórica al análisis de la actualidad cubana de su tiempo, se compara el desarrollo de las plantaciones azucareras en Barbado con Cuba, estableciendo sus diferencias y el peligro a los que se veía expuesto el país por la dependencia del monocultivo, previendo el predominio del latifundio en los campos cubanos, la superproducción, la crisis y el empobrecimiento de Cuba, problemas más políticos que históricos y que mantienen una gran actualidad.

En diversas obras Ramiro Guerra se ocupa de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, aunque en todas no mantiene el mismo criterio que va desde el conformismo hasta la fustigación de la política imperialista de Estados Unidos en América Latina, y en otras obras posteriores en la que vuelve a justificar y elogiar la intervención norteamericana en los asuntos de Cuba. Esto no le resta méritos a su obra historiográfica que marca una pauta importante en el estudio de la historia nacional. Es un historiador honesto que trató de desentrañar la evolución político-social de su país.

De él dirá Juan Marinello: “(…)es el mejor historiador que hemos producido(…)Un hombre que tiene esa condición de ver la historia en un sentido moderno y por tanto progresista, sin embargo es un hombre ligado a las fuerzas dominantes de nuestra economía. Era de los grandes auxiliares de la Asociación de Hacendados de Cuba, y fue también nada menos que secretario de la presidencia de Gerardo Machado”[2]

Emilio Roig de Leuchsenring, periodista, investigador e historiador, realiza trabajos fundamentales en la indagación histórica desde su cargo de Historiador de la Ciudad de La Habana, para el cual fue nombrado en 1935.

Sus investigaciones se centran en el estudio de las relaciones cubano-norteamericanas y en resaltar la figura de José Martí, fue un activo miembro y participante de los Congresos de Historia organizados por la Oficina del Historiador de la Ciudad, donde ratificó algunos criterios y rectificó errores históricos.

En otras muchas publicaciones dadas a conocer en este período están: “La injerencia norteamericana en los asuntos de Cuba” (1922), “Análisis y consecuencias de la intervención norteamericana en los asuntos interiores de Cuba” (1923), “La colonia superviva. Cuba a los veinte años de la República” (1925), “Nacionalismo e internacionalismo de Martí” (1927), “El intervencionismo, mal de males de Cuba republicana” (1931), “Martí y los niños” (1932), “Historia de la Enmienda Platt. Una interpretación de la realidad cubana” (1935), “El internacionalismo Antimperialista en la obra político-revolucionaria de José Martí” (1935) y “Curso evolutivo de las relaciones cubano-norteamericanas” (1937)

Roig fue un estudioso de las costumbres habaneras, la historia de la ciudad y por ello impulsó la creación de la Oficina del Historiador de la Ciudad (1938), de la que fuera su primer director. Esta institución se convierte en un centro de promoción histórico-cultural, que publica numerosos e importantes trabajos históricos y nucleó a un grupo importante de historiadores e investigadores, entre ellos Fernando Ortiz, Elías Entralgo, Fernando Portuondo y José Luciano Franco, entre otros.

Esta institución fundó la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales y los Congresos Nacionales de Historia que contribuyeron a la divulgación de la Historia de Cuba.

Emilio Roig participó también en la creación del Archivo Histórico Municipal (1937) y de la Biblioteca Cubana y Americana” (1938).

Fernando Ortiz Fernández es figura capital de las ciencias sociales cubanas, con justicia llamado el “Tercer Descubridor de Cuba”, a partir de la década del veinte se dedica casi por completo a los estudios sociales y etnográficos, que hicieron posible un mejor conocimiento de las raíces de la cultura popular cubana, especialmente su componente africano.

Ortiz, tras un breve período dedicado a la política, durante el cual no abandonó sus preocupaciones por las problemática cubanas, se dedica con mayor profundidad a los estudios afrocubanos y de la realidad cubana en general.

Sus estudios afrocubanos van más allá de las indagaciones científicas pues su propósito es lograr una mayor integración de la sociedad cubana. Establece el concepto de que la nación cubana estaba formada por la integración de los diversos etnos que había coincidido en la isla.

Se desempeña como publicista, profesor universitario, enseña etnografía; animador de la Sociedad Económica de Amigos del País, cuya “Revista Bimestre Cubano”, rescata y mantiene con un alto nivel intelectual.

Sobre temas etnográficos publica: “Glosario de afronegrismo” (1924), “Personajes del folklor afrocubano” (1924), “La fiesta del Día de Reyes” (1925), “Los afrocubanos dientimellados” (1929), “El coricamo y los conceptos teoplásmicos del folklore afrocubano” (1930), “De la música afrocubana: un estímulo para su estudio” (1934) y “La clave xilofónica de la música cubana” (1935).

En 1940 aparece el libro fundamental para la comprensión de la formación histórico-social y cultural de Cuba, “Contrapunteo Cubano del Tabaco y el Azúcar”, en ella Fernando Ortiz incorpora el concepto de “trasculturación”, básico para la comprensión e interpretación de la sociedad cubana, siendo este uno de los aportes más importantes de Ortiz a las ciencias sociales.

Funda en 1923 junto a José María Chacón y Calvo, la Sociedad del Folklore Cubano para investigar, recopilar y estudiar las tradiciones de la vida popular, incluyendo la música, la oralidad, la medicina popular, las creencias religiosas y otras manifestaciones sociales. La Sociedad se disuelve en 1931 por dificultades económica para desarrollar su trabajo. Para divulgar los trabajos realizados por dicha sociedad se creó la revista “Archivo del Folklore” (1924.1929), en la que fueron publicados diversos trabajos sobre variados temas junto a estudios hechos por investigadores extranjeros sobre el tema.

Entre los colaboradores de la revista se contaron, Chacón y Calvo, Carolina Foncet, Manuel Pérez Beato, Joaquín Llavería, Francisco G. del Valle, Emilio Roig, Elías Entralgo, Eduardo Sánchez de Fuentes, Salvador Massip, Herminio Portell Vilá, Juan Marinello y Gaspar Agüero, entre otros.

Como continuidad de la Sociedad del Folklore Cubano, Fernando Ortiz crea en 1937 la Sociedad de Estudios Afrocubanos y la revista de igual nombre, en la que continuaron apareciendo estudios y artículos relacionado con los temas etnológicos, fundamentalmente los referidos a las culturas africanas y españolas y su síntesis en lo afrocubano. Pero la revista fue más universal, al incluir temas de otras partes del mundo.

En ese mismo año 1937 Fernando Ortiz organiza los “Cursos de Verano” en la Universidad de La Habana, que resultaron de interés impactante al presentar, no solo sus conferencias, sino a modo de ilustración y de desprejuiciar a la intelectualidad habanera, la música sacra de los ritos afrocubanos, interpretadas por genuinos cultores, como fueron Jesús Pérez (Oba-Ilú, rey del tambor), Pablo Roche (Akilakua), Merceditas Valdés (La pequeña Aché), intérprete de los cantos religiosos y otros músicos y cantantes y bailarines de diversos cultos africanos.

Fernando Ortiz fue un fustigador de la injerencia de los Estados Unidos en Cuba y denunció los problemas sociales que aquejaban a la sociedad cubana, manteniendo una actitud de compromiso con su tiempo y su pueblo.

Otros estudiosos del folklor cubano fueron, Manuel Martínez Mole, quien recopila evidencias del folklor espirituano en siete tomos de los cuales publicó tres en su libro, “Contribución al estudio del folklore” (1926-1931). Otro tanto realiza Ramón Martínez con las costumbres de la parte oriental de la isla, al dar a conocer su, “Oriente Folklórico” (1934-1939), en nueve cuadernos en forma de revista.


[1] Ramiro Guerra: Historia de Cuba. Tomo 1, La Habana, 1921

[2] Citado por Luis Baez: “Juan Marinello: otros contemporáneos, Rev. La Gaceta de Cuba , Nº 5, 1993

Cultura, Historia

DÍA DE LA CULTURA CUBANA


Desde 1980 los cubanos celebramos el Día de la Cultura Cubana los 20 de octubre, ocasión en la que reconocemos y exaltamos las raíces de la nacionalidad de esta nación joven y diversa hoy enfrentada a los retos de la globalización bajo la impronta martiana marcada en su ensayo “Nuestra América”: “injértese en nuestras Repúblicas el mundo pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas”

Hace 149 años la ciudad de Bayamo fue ocupada por las fuerzas independentistas comandadas por Carlos Manuel de Céspedes, junto a él venía su amigo Pedro Figueredo (Perucho) quien meses antes había escrito una marcha “sospechosa” tocada en un Tedeum en la Iglesia de Bayamo, en medio del entusiasmo victorioso de los bayameses Perucho distribuye entre ellos la letra de “La Bayamesa” el canto patriótico escrito y musicalizado por él ahora presentado con todo su esplendor a la primera ciudad de Cuba Libre.

Era la ratificación de la existencia de una cultura propia crecida en medio del entramado de la “criollidad” y del dialectico “ajiaco” que era esta sociedad isleña conformada por descendientes de españoles, aborígenes, negros y otras raíces exóticas que venían aliñando el ser cubano, ahora desde 1868 esta cultura se daba el derecho de ser libre e independiente, ahora que más allá de las clases sociales y los intereses económicos, un noble bayamés, Carlos Manuel de Céspedes se había atrevido a proclamar la Patria añorada y expresado la voluntad de vivir y morir por ella.

Como reconocerán los cubanos de hoy nuestro Himno Nacional no es una larga letanía de hipérboles y metáforas, es un himno vibrante que resumía en seis cuartetas el sentir del cubano, pero la guerra y los azares combativos que tachonaron estos primeros años de luchas hicieron que el canto patrio se sintetizara en las dos primeras cuartetas, porque en medio de la acción por hacer patria ellas eran el resumen supremo de nuestros anhelos, aquí les expongo la letra íntegra de la “Bayamesa”[1] y en negrita las partes que hoy conforman nuestro himno:

Al combate corred, bayameses,
que la patria os contempla orgullosa.
No temáis una muerte gloriosa,
que morir por la patria es vivir.

En cadenas vivir, es vivir
en afrenta y oprobio sumido.
Del clarín escuchad el sonido.
¡A las armas valientes corred!

No temáis; los feroces iberos
son cobardes cual todo tirano
no resiste al brazo cubano
para siempre su imperio cayó.

Cuba libre; ya España murió
su poder y orgullo do es ido
¡Del clarín escuchad el sonido,
a las armas valientes corred!

Contemplad nuestras huestes triunfantes
contempladlos a ellos caídos,
por cobardes huyeron vencidos
por valientes supimos triunfar.

¡Cuba libre! Podemos gritar
del cañón al terrible estampido
¡Del clarín escuchad el sonido,
a las armas valientes corred!


[1] Nombre que dio Figueredo a su canto patrio

Cultura, Historia

JUAN GUALBERTO GÓMEZ, UN LÍDER NEGRO



Juan Gualberto Gómez (1854-1933), es un intelectual negro formado en el adverso ambiente social cubano de estos años, nacido libre de padres esclavos pudo estudiar con el mejor maestro negro de La Habana y luego enviado a estudiar a París, Francia, donde descubre su vocación por el periodismo que comenzó a ejercer en ese país. A su regreso a Cuba en 1878 se une activamente a las luchas por la abolición de la esclavitud, la igualdad racial y la independencia de Cuba, conoce a José Martí y junto a él colabora en los esfuerzo por la libertad de la isla, al tiempo que es un activo defensor de los derechos de los hombres de su raza.

Fundó su primer periódico, “La Fraternidad” (1878) en el que desarrollaba una activa labor de orientación y educación a los negros a quienes exhortaba a educarse y adquirir los conocimientos que hicieran posible ser respetados por la sociedad de su época. El compromiso político con la isla irredenta los llevará a conspirar y apoyar los levantamientos que se producen en 1879 en el oriente del país y que hoy conocemos como la Guerra Chiquita, por lo que es deportado a España.

En Madrid fue jefe de redacción de El Abolicionista y luego de La Tribuna, en cuya dirección reemplazó a su amigo Rafael María de Labras; fue también editorialista y cronista de los diarios El Progreso y El Pueblo, además de corresponsal de varios diarios españoles y europeos. Compartió con los más destacados periodistas y escritores españoles de su época, sobresaliendo como polemista formidable y temible al decir de los que cruzaron palabras desde la prensa con Juan Gualberto.

Fue muy apreciado en los corrillos intelectuales por su gran cultura, su calidad periodística y por la firmeza de sus convicciones ideológicas, que incluía como elementos fundamentales, sus ideas abolicionistas y su independentismo. Por estas razones y por su calidad humana contó con la estimación de Ramón y Cajal, Castelar, Salmerón, Pi y Margall, Maura y Cánovas del Castillo, entre otros. Todos ellos políticos e intelectuales con quien no siempre estuvo de acuerdo pero que admiraron su cultura y valentía para defender sus criterios. A pesar de este bien ganado prestigio intelectual en la península, Juan Gualberto Gómez quiere regresar a Cuba y por ello gestiona su autorización para volver a La Habana, permiso que obtiene en 1890.

Ya en Cuba Juan Gualberto reanuda la publicación de su periódico La Fraternidad, que reaparece el 30 de agosto de 1890, esta vez con un decidido objetivo de hacer valer el derecho de los cubanos de expresar libremente sus ideas separatistas, para ello quiere hacer valida en Cuba la decisión del Tribunal Supremo de España que ha declarado lícita la propaganda carlista y republicana, por lo que el valiente mulato considera lógico que dicha sentencia ampare igualmente al separatismo.

Desde el primer número en La Fraternidad expone los objetivos que lo animan en un artículo titulado “Nuestros propósitos”, en el que hace un recuento de su labor a favor de la causa separatista y un reto a los que esperan las reformas prometidas por España y nunca cumplidas, en alusión a la estéril política de los autonomistas. Manteniendo esta peligrosa posición de combate contra el colonialismo Juan Gualberto Gómez terminó enfrentado directamente con las autoridades españolas de la isla. Pesa sobre él una condena de dos años impuesta por la Audiencia de La Habana, por el artículo, “Por qué somos separatistas”, aparecido en el número 14 de La Fraternidad del 23 de septiembre de 1890. Interpuesto recurso ante el Tribunal Supremo de España por Rafael María de Labras a nombre de Juan Gualberto Gómez, dicho tribunal falló a favor del mismo el 25 de noviembre de 1891.

El triunfo legal de Juan Gualberto Gómez en los tribunales de la metrópoli tuvo una gran trascendencia para el movimiento separatista cubano, se adquiría el derecho de hacer propaganda por la separación de la isla de España, propaganda que no podía ser una incitación a la rebelión y la lucha armada, pero que permitía hacer público los puntos de vistas de los que creían era posible la soberanía de la isla. Tal fue la repercusión de esta decisión judicial que el Capitán General de la Isla Camilo Polavieja lo consideró un golpe mortal para el poder colonial y así lo consigna en sus Memorias: “El día que firmó tal sentencia abandonamos los medios para sostener nuestra soberanía en la Isla de Cuba”

Junto a estos esfuerzos Juan Gualberto activa desde su periódico la promoción de los derechos de las personas de su raza en cuya defensa ya trabaja el Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color en Cuba[1] cuya directiva lo elige como presidente el 21 de agosto de 1891.

Esta fue la tónica del periodismo que hizo Juan Gualberto Gómez desde La Fraternidad, en los escasos dos años en que este circuló en Cuba, defendiendo el derecho de los cubanos a una aspiración de independencia, al tiempo que sostenía la promoción de las aspiraciones de las masas de “color” en el logro de una plena igualdad tras la abolición de la esclavitud en la isla.

Es esa la razón para sostener que la aparición del periódico La Igualdad, el 7 de abril de 1892, es una continuidad del trabajo iniciado en La Fraternidad, aunque ahora el énfasis estaría dado en lo que él consideraba era muy importante en aquellos momentos y expresado con toda claridad en el artículo “Lo que somos”, de la edición inaugural de La Igualdad, y en el que expresa que su propósito era unir a los cubanos sin distingos de color de la piel, así como de hallar una solución justa a los problemas socioeconómicos de la colonia:

Vamos en busca de la igualdad: blancos, negros y mulatos, todos son iguales para nosotros; y nuestra aspiración consiste en que todos así lo sientan; para que llegue un día en que los habitantes de Cuba se dividan, no por el color de la piel, sino por el concepto que abriguen de las soluciones que se presenten a los problemas políticos, sociales y económicos, que se disputan el predominio en el mundo culto”[2]

Desde La Igualdad se defendían los derechos de la raza de color, porque al decir del propio Juan Gualberto Gómez, esta igualdad no sería posible, si al negro no se le concedían primero los mismos derechos que a los blancos, sino desaparecían primero toda una serie de leyes y ordenanzas racistas que las costumbres habían arraigado en la población.

Los estudiosos cubanos de hoy hacen mucho énfasis en el valor del periódico La Igualdad para la difusión de las ideas martianas, en la preparación de los cubanos para la lucha por la independencia, pero casi no se habla de la titánica labor de Juan Gualberto desde sus páginas en favor de las reivindicaciones de los negros.

Raquel Mendieta en su ensayo “Agitación política y reivindicación socio-racial: El Directorio Central de las Sociedades de la raza de Color en Cuba” resume esta labor:

La escuela mixta, como forma de integrar desde la niñez a blancos y negros; la necesidad de una activa participación de los sectores negros en la vida política a través del voto que se le quiere negar; la crisis política de los partidos coloniales -Unión Constitucional y Liberal Autonomista-, incapacitados para dar soluciones a los problemas económicos, políticos y sociales que aquejan al país; el derecho de los negros a entrar en los lugares públicos; la necesidad de eliminar los libros diferenciados en el Registro Civil, así como las fórmulas de cortesía en las células personales, o cualquier otro elemento que tienda a diferenciar, con carácter peyorativo para los negros, a ambas razas; el derecho de existencia de los cabildos de africanos, son algunos de los temas fundamentales que sacará a la palestra pública Juan Gualberto Gómez[3]

El periodismo que desarrolla Juan Gualberto Gómez entre 1890 y 1895 se desarrolla básicamente en los periódicos La Fraternidad y La Igualdad, convertidos por él en tribuna de divulgación de las mejores causas de la sociedad cubana: la lucha por la independencia y la reivindicación de los derechos de la raza negra, su palabra apasionada y convincente toma fuerza para luchar desde dentro contra los males de la sociedad colonial y desbrozar el camino a la sociedad cubana soñada por los mejores hijos de este país.

Durante la intervención norteamericana Juan Gualberto Gómez fue uno de los defensores más apasionados de la independencia de Cuba, se opuso a la Enmienda Platt, decepcionado y beligerante acudió a la virtud del cubano para impedir la intervención del yanqui.

“…Pero más que nunca hay que persistir en la reclamación de nuestra soberanía mutilada: y para alcanzarla, es fuerza adoptar de nuevo en las evaluaciones de nuestra vida pública las ideas directoras y los métodos que preconizara Martí, cuando su genio previsor dio forma al sublime pensamiento de la revolución…”[4]


[1] Fundado el 2 de junio de 1887 en La Habana

[2] Citado por Raquel Mendieta en “La Cultura: Lucha de clases y conflicto racial. 1878-1895”

[3] Mendieta, Raquel: Cultura lucha de clases y conflicto racial 1878-1895. Pág. 4. La Habana, 1989

[4] Juan Gualberto Gómez. El Figaro, 20 de mayo de 1902

Historia
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