Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Historia

CUBA, CULTURA DE LA RESISTENCIA


“El triunfo de la rumba”

Eduardo Abela

A muchos se les olvida que la cultura cubana actual es heredera y fruto de una resistencia de cinco siglos de forja bajo las diversas formas de organización de la sociedad.

Primero salvando, bajo convulsas circunstancias la herencia aborigen que ya era una mescolanza de varias formas de cultura Arauca fraguadas en siglos de llegada y salida de esta isla “fermosa” como diría Colón. Bajo el vasallaje el aborigen fue sometido a la ruda explotación del conquistador hispano solo interesado en encontrar oro o algún otro elemento precioso para regresar cargado de riquezas a su península. Casi se extingue toda la población cobriza originaria, de ella quedaron los toponímicos de muchos lugares cubanos, la criollez de una piel bronceada escondida en alguna mezcla forzada por el solitario varón hispano y mucha, mucha rebeldía que hizo levantar a los pocos miles de aborígenes sobrevivientes en palenques aislados en el monte o atacando al cruel conquistado dentro de sus villas o por los senderos angostos de la isla amada.

Esa es la base, en ella se fue fundiendo el imaginero popular cotidiano para forjar al criollo, en un ajiaco que incluyó en los primeros siglos a los pocos negros esclavos que arribaron a nuestras costas traídos para sustituir al “indio” cubano, al converso judío y al mudéjar derrotado en España, aquí de a poco fueron forjando una cultura criolla identificada con la feraz naturaleza y el lento paso del tiempo y el abandono. De esos tiempos surgió una “Virgen” que tuvo una leyenda hermosa con tres juanes, cada uno de las razas más visibles en esta isla nuestra, unos la adoraron como María, la madre de Dios, otros vieron a la Virgen del Cobre, madre de los criollos y luego de los cubanos y tiempos después los africanos la vieron negra y hermosa envuelta en dorada capa como la Ochún caribeña que atenuara sus dolores.

El decisivo siglo XIX, alabado por los ricos cubanos, como nuestro “Siglo de las Luces”, fue testigo de un encumbramiento de los ricos criollos, haciendo azúcar mezclada con sangre africana, llegada ahora por millones de todos los confines del continente negro para ser mano de obra, para morir en esta isla o para renacer nuevamente en un país imaginario que tuvieron que construirse para no perder su cultura y rescatar sus orichas, sus remedios, sus conjuros, sus danzas y sus cantos, que el blanco quiso prohibir, pero que se arraigó mutante y fuerte en el corazón del “mulato”, el fruto pecaminoso, el fruto reafirmador de un pueblo que ahora era de todas partes, cantaba y reía a pesar del llanto y el sufrimiento y soñaba, soñaba “ser”. Cuba tenía ya identidad.

Blancos, negros, todos mezclados levantarán el grito por la independencia y la libertad y vendrán nuevas oleadas de fuera y de dentro, ahora chinos, “moros” o románticos europeos atraídos por el alegre y engañoso vivir superficial del criollo; del cubano, fue el tiempo de las individualidades: Varela, Heredia, Placido, Céspedes, Figueredo, los Maceos y sobretodo Martí, resumen crisolado de la telúrica historia nacional, ellos serán los precursores de lo que somos, tanto como el anónimo tamborero, la mulata rumbera, el guajiro canario, decimista y trabajador, el cubano de a pie que no tiene más historia que la de su trabajo y la de su familia jodedora y creciente, hechos al canto como la forma mayor de la cultura en Cuba: son, guaracha, rumba, danzón, bolero, mambo, siempre más deprisa, más sensual, pero también más clara para contar nuestras penas y nuestros sueños y decirle a quien solo ve el folklor, somos una herejía de pueblo y seguiremos creciendo.

Cultura, Historia

26 DE JULIO: RADICALIZACIÓN DE LAS IDEAS REVOLUCIONARIAS EN CUBA


Abel Santamaría, segundo jefe de los asaltantes al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953

La ideología nacional-revolucionaria representa la resistencia de la pequeña burguesía radical frente a la penetración y el sometimiento al gobierno imperialista de Estados Unidos. En ellos hay influencia del pensamiento marxista, pero sus raíces están en la tradición de pensamiento cubano, principalmente el de José Martí.

Eduardo Chibás se erige en la principal figura de esta corriente y a su alrededor se agrupan la más joven generación de revolucionarios, urgidos de un cambio, que los distingue con respecto al Partido del Pueblo Cuba (Ortodoxo). Un ejemplo de ello lo fue el documento redactado en 1948 por la Comisión Nacional Organizadora de la Sección Juvenil del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) con el título: “El pensamiento ideológico y político de la juventud cubana”, en el que se analiza la Historia de Cuba con un enfoque de orientación marxista. La conclusión a la que llega el documento es que la única alternativa para resolver los problemas de injusticia social a largo plazo era el socialismo.

La ortodoxia se nucleó alrededor de la carismática figura de Chibás, líder de profundo arraigo popular que durante siete años basó su propaganda en una cruzada en contra de la corrupción político-administrativa y de los monopolios extranjeros. Su lema “Vergüenza contra dinero”, fue seguido por millares de cubanos que cifraron sus esperanzas en él y su partido.

Las prédicas de Chibás animaron un fuerte movimiento popular de personas cansadas de la demagogia de los Auténticos y sus desmanes al frente del gobierno. Por eso el Partido Revolucionario Cubano (Ortodoxo) y su líder encabezan el pensamiento nacional-revolucionario, heterogéneo y multitudinario, que pretende darle a la sociedad cubana un gobierno honesto que hiciera cumplir la Constitución del 40; priorizando los intereses nacionales sobre los imperialistas y encaminar la República dentro de los causes de la democracia representativa burguesa.

Difícil fue para Chibás mantener esta línea política, debido a las pretensiones politiqueras de muchos cuadros del partido ortodoxo que se unieron a él en busca del triunfo electoral, más que por hacer realidad su programa, tras su muerte serán los más jóvenes seguidores los que tomen la actitud más radical.

El pensamiento marxista arraigado en el período anterior al calor de las luchas sociales, tenía una limitada influencia en pequeños sectores obreros e intelectuales. Tras la represión post machadista, que tuvo entre sus objetivos a los comunistas, se produce un cambio táctico en el gobierno dominado por Batista y desde 1938 hasta 1950 la divulgación de las ideas marxistas recibe un impulso motivado en la legalización del Partido[1], su labor proselitista y la coyuntura internacional de la lucha contra el fascismo.

La intelectualidad de izquierda en Cuba, aunque no era mayoritaria si jugó un rol importante en la confrontación de ideas de este período, donde lo más importante no era combatir las ideas filosóficas burguesas, sino impulsar la lucha por la liberación nacional y social.

Hicieron aportes teóricos a problemas concretos de la sociedad cubana: Juan Marinello en sus estudios sobre la obra de José Martí; Carlos Rafael Rodríguez con valiosos trabajos sobre la herencia filosófico cultural en Cuba y la economía; Mirta Agüirre en temas culturales y literarios específicos; Severo Agüirre , abordando problemas históricos de la nación cubana y Blas Roca y su estudio de la Historia de Cuba partiendo de un enfoque marxista para juzgar las problemáticas de la sociedad cubana.

Con la desaparición de Eduardo Chibás la cúpula del partido ortodoxo se deshizo en luchas politiqueras que debilitó el partido, mientras un sector de la juventud ortodoxa deslinda su posición y emprende un nuevo programa.

El grupo de jóvenes liderados por Fidel Castro y Abel Santamaría busca la solución a los problemas de Cuba en un cambio profundo y radical de la estructura socio-política del país, que permitiera realizar las reformas que necesitaban las clases populares. Para este grupo de jóvenes el camino era la lucha armada y se dieron a la tarea de organizarla.

El asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba fue el primer hecho concreto de este programa radical que fuera claramente expuesto por su líder Fidel Castro en su defensa en el juicio por los sucesos del Moncada, conocida como “La Historia Me Absolverá”.

En este alegato Fidel analiza la situación social de Cuba en la década del 50 y la valora de forma crítica desde las perspectivas e intereses del pueblo. Allí se recogen los anhelos e ideales de más de medio siglo de lucha de los desposeídos, del estudiantado, los intelectuales y la pequeña burguesía progresista.

“La Historia Me Absolverá” se convierte en un instrumento de movilización social, en un programa popular en el que se trazan los objetivos y medios de lucha revolucionarios. Es el programa del movimiento revolucionario democrático popular y antimperialista, destinado a rescatar al país del dominio de los Estados Unidos, destruir la estructura dependiente, para liquidar las desigualdades, las injusticias sociales, el desempleo, el analfabetismo, el latifundio y la discriminación racial. En la base ideológica de este movimiento nacional liberador están las ideas sociales de José Martí, rescatadas y convertidas en programa de lucha por generaciones de cubanos a partir de las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado.


[1] Cambio de nombre a Partido Socialista Popular en 1943

Historia

FULGENCIO BATISTA, EL “HOMBRE FUERTE”


El 10 de marzo de 1952 se produjo el golpe de estado contra el gobierno constitucional de Carlos Prío Socarrás, en un momento de crisis de la economía cubana, con la producción azucarera comprometida y una zozobra de la clase trabajadora que arrastraba el fardo de más de 600 000 desempleados y millares de campesinos sin tierras y una precariedad social que quedaba reflejada en los miles de niños sin escuelas, mientras cientos de maestros no tenían aulas; la salubridad era pésima en los sectores rurales y en la periferia de las mayores ciudades del país y el acceso a los servicios de salud era una utopía para la población más desfavorecida.

A Fulgencio Batista le apoyaron en su nueva aventura un grupo de políticos derechistas conocidos como “Tanquistas”, de línea dura y reaccionaria, remanentes de las organizaciones terroristas que operaban desde 1933 en el ámbito social cubano. A ellos se unieron otros políticos que estaban en funciones administrativas dentro del gobierno depuesto (congresistas, gobernadores, alcaldes, etc.) y que de modo oportunista se suman al golpe; y el Ejército Nacional con su oficialidad intermedia que fueron la base del madrugonazo asestado a la constitucionalidad del país, más que al desacreditado gobierno de Carlos Prío al que apenas quedaban varios meses en el poder.

Se pretendía con el golpe impedir la llegada al poder de las fuerzas reformistas que bajo el liderazgo de Chibás se había convertido en la principal fuerza de oposición y con ello impedir el auge de los movimientos sociales y la influencia de las fuerzas progresistas en el escenario social cubano.

Batista justificó el golpe como una forma de eliminar la corrupción política de los gobiernos auténticos, poner fin a la demagogia de dichos gobernantes y acabar la violencia política imperante en el país.

En nuevo mandato de facto Batista impuso un modelo económico basado en una mayor intervención del estado a fin de aplacar las inquietudes sociales que los males estructurales de la sociedad capitalista cubana provocaban:

Aplicó una política contra el movimiento obrero que autoriza los despidos y favorece la violación de los derechos ganados en largos años de lucha y refrendados por la Constitución del 40.

Implanta un Plan de Desarrollo Económico y Social que pretende impulsar la economía nacional, crear nuevos empleos y contrarrestar al combativo movimiento obrero de la época. Finalmente todo el programa terminó siendo un Plan de Obras Públicas con énfasis en La Habana y los estratégicos enlaces con Varadero, el aeropuerto y la construcción de la Vía Blanca con eje de este “desarrollo” que estimulaba el turismo de juego y ocio regenteado por la mafia norteamericana y en contubernio con el tirano.

Esta “política de gastos compensados” se basaba en el incremento de los gastos públicos para lograr una relativa y artificial reanimación económica, creación de empleos temporales, principalmente en la construcción, apoyo a la industria especulativa, préstamos de dineros públicos a compañías norteamericanas y cubanas, auge del turismo en complicidad con la mafia de los Estados Unidos; desarrollo de planes económicos e industriales de altos gastos de materia prima, importadas de los Estados Unidos, medidas todas que beneficiaban a corto plazo a la burguesía cubana y principalmente a los personeros del régimen y sus socios, que se enriquecieron con la especulación y el fraude.

El auge económico del país era artificial, tenía su base en las reservas de divisas del estado que se gastaron en grandes obras de infraestructura y suntuarias que no beneficiaron a los trabajadores cubanos, dado que la creación de empleos fue temporal y el grueso de las inversiones se hicieron en La Habana. El resultado a largo plazo fue el endeudamiento del estado, aumento de la inflación, empeoramiento de la situación económica-social del pueblo, principalmente fuera de la capital y la creación del espejismo desarrollista centrado en la capital.

De la incondicionalidad del gobierno de Batista a los intereses de los Estados Unidos dan fe el incremento de las inversiones de este país que crecieron de 657 millones de dólares en 1950 a mil millones de dólares en 1958, lo que denota las “condiciones” que creó el régimen para que fluyera el capital yanqui hacia Cuba.

Los políticos tradicionales le hicieron el juego a Batista, elaborando fórmulas de mediación y conciliación que les permitiera compartir el poder, siempre ignorando los intereses populares. Surgieron los pactos entre grupos políticos en Cuba y en el exilio buscando una salida electorera, pero la situación política, la crisis económica y estructural, junto a la radicalización de las fuerzas populares hicieron fracasar esas maniobras.

La reacción ante el golpe de estado fue muy diversa y dejó al descubierto la crisis moral de los políticos tradicionales: los auténticos vacilaron, un grupo apoyó a Batista y otros volvieron al débil y gastado abstencionismo. Los ortodoxos desorientados y divididos estaban prácticamente desintegrados como partidos, tras la muerte de Chibás el partido perdió liderazgo. Su principales líderes se agruparon entre los abstencionistas, aunque los hubo que colaboraron solapadamente con Batista.

La izquierda, representada por el Partido Socialista Popular llamó a crear un Frente Democrático para luchar por el rescate de la democracia en el país. El poco peso político que tenía en la sociedad cubana, motivado por la represión y su vacilante historia de alianzas y apego a las orientaciones de la internacional comunista, determinó la débil repercusión de su llamamiento

El movimiento obrero enfrenta el momento dividido y debilitado por la labor de las reacción interna desde el gobierno, la dirección reformista de Eusebio Mujal apoyó el golpe, en tanto los combativos sindicatos progresistas, pasaban por un momento difícil de reagrupación y definición de sus objetivos.

La reacción más radical al régimen de facto llegó desde la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de la Universidad de La Habana, ellos pidieron a Prío la entrega de armas para enfrenta el golpe, salieron a la calle denunciando a Batista como golpistas, pero su falta de organización determinó la decepción inicial.

En medio de la desorientación ideológica y el derrotismo político del momento se produjo la denuncia del joven abogado ortodoxo, Fidel Castro Ruz, ante el tribunal de Garantía Constitucionales, acusando a Batista de violar la Constitución de 1940, de conspiración y de ilegal las acciones emprendidas por su régimen.

Fue un gesto viril, infructuoso y estéril que terminó por convencerlo que la solución no estaba en las tácticas de los políticos tradicionales, ni en el terrorismo individual, sino en la lucha armada organizada y movilizadora de las grandes masas del pueblo.

Este convencimiento lo llevó a organizar a un grupo de jóvenes, la mayoría provenientes de las filas de la ortodoxia, seguidores de Chibás y sus prédicas adecentadoras y nacionalistas, con los cuales organizó un Movimiento cuyo principal objetivo era luchar con las armas contra el régimen de Fulgencio Batista, combatir contra los males de fondo de la sociedad cubana y organizar a la sociedad teniendo como base los postulados martianos de, “Con todos y para el bien de todos”. Encabezando este Movimiento estaban Fidel Castro Ruz y Abel Santamaría Cuadrado.

El programa del Movimiento incluía la solución del problema agrario en Cuba, con la distribución de tierras a los campesinos, erradicación del desempleo, flagelo que lastraba a la sociedad cubana; programas de educación y salud para todos; la conquistas de las libertades públicas y la democracia política, castigo a los enemigos del pueblo y el rescate pleno de la soberanía de la nación.

Tras varios meses de preparación el Movimiento organiza el ataque a los cuarteles, “Moncada” en Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes” en Bayamo, acción que se llevó a cabo el 26 de julio de 1953. Esta acción terminó en un fracaso militar, pero representó el inicio de un gran movimiento nacional popular contra el régimen de Batista.

La dictadura reaccionó con una brutal represión contra los asaltantes, muchos de los cuales fueron asesinados luego de hechos prisioneros, en tanto se extendía a todo el país los intentos por aplastar el movimiento revolucionario.

Los sobrevivientes del asalto fueron condenados a largas penas de prisión en un proceso donde Fidel fue separado de sus compañeros y juzgado en solitario, para acallar su voz ante la opinión pública cubana. A pesar de ello su alegato en el juicio que se le siguió en octubre de 1953 fue reconstruido por él desde su celda, impreso y distribuido bajo el nombre de, “La Historia me Absolverá”, documento que contribuyó a que fuera ampliamente conocido por el pueblo el programa de los jóvenes que había ido a pelear a Santiago de Cuba y Bayamo, para contribuir con su sacrificio al cambio necesario que esperaba el pueblo.

La movilización política del pueblo y de las fuerzas progresistas del país presionaron al gobierno de Batista para que amnistiara al valiente grupo de jóvenes, ya conocidos desde entonces como “los monadistas”, objetivo que se logra el 15 de mayo de 1955.

Historia

EL CONTINUISMO DE CARLOS PRIO SOCARRÁS



En 1948 se produce la victoria electoral de Carlos Prío Socarrás (1903-1977) candidato aupado por el mismo Grau San Martín y continuador de la política anti popular y corrupta del mismo.

El nuevo gobierno auténtico continuó la tónica del anterior, con el robo autorizado del presupuesto público y múltiples escándalos relacionados con la hacienda pública que deterioraron la imagen del gobierno.

Uno de los hechos más sonados fue el escándalo por la falsa incineración de casi 40 millones de pesos que debía ser retirado de circulación por el Ministerio de Hacienda regentado por el hermano del presidente, Antonio Prío Socarrás.

El gobierno de Carlos Prío se alineó desde un principio junto a los sectores enriquecidos con el robo de los fondos públicos y con la debilitada burguesía industrial azucarera, todo ello sin afectar los intereses de la oligarquía y de los inversionistas yanquis. Por esta razón se manifestó como un gobierno pro-norteamericanos, reaccionario, represivo del movimiento obrero y de los comunistas.

Durante su mandato fueron asesinados dirigentes obreros de la talla de Aracelio Iglesia, Amancio Rodríguez y Miguel Fernández Roig, entre otros. Promulgó el Decreto 2273, conocido como “Decreto Mordaza”, dirigido a silenciar los programas radiales de la oposición a más de los reiterados asaltos de la policía contra el periódico comunista “Hoy”.

Fiel a su política pro yanqui, Prío Socarrás se mostró partidario del aumento de la tarifa eléctrica propuesta por la Compañía Cubana de Electricidad, de capital norteamericano; concertó acuerdos militares y de inteligencia con el gobierno de los Estados Unidos y creó el Grupo Represivo de Actividades Subversiva (GRAS) con el pretexto de luchar contra el gansterismo político, pero usado en realidad para reprimir a los movimientos de izquierda y de los trabajadores.

En 1950 el gobierno anunció su programa de “Nuevos Rumbos” que pretendía actuar contra la corrupción administrativa para lo cual destituyó a todo el gabinete y promovió las tan esperadas leyes complementarias, principalmente en la esfera bancaria y la hacienda pública. Creó el Banco Nacional de Cuba, el Banco de Fomento Industrial de Cuba (BANFAIC), el tribunal de Cuentas y el de garantías Constitucionales y Sociales y aprobó la Ley orgánica del presupuesto y la ley general de contabilidad, pretendiendo con estas medidas mayor control del presupuesto estatal, al cual estaban adjunto como “botelleros”[1] cientos de pistoleros a sueldos que hacían pactos de paz con el gobierno a cambio de estas prebendas.

Los cambios promovidos por los “Nuevos Rumbos” fueron casi nulos, por lo que continuaron las protestas populares y las campañas radiales de Eduardo Chibás (1905-1951), denunciando la verdadera situación de latrocinio dentro del gobierno de Prío. El Partido Revolucionario Cubano (Ortodoxo) de Chibás era casi seguro ganador de las elecciones de 1952, por la popularidad de su líder y el descredito del gobierno de Carlos Prío Socarrás.

Políticamente presionado y en medio de su campaña de denuncias contra el robo de los ministros, no pudo obtener las pruebas de ello y se suicida delante de los micrófonos de la CMQ, el 16 de agosto de 1951, dejando acéfalo el fuerte movimiento ortodoxo, adecentador y aglutinador de las fuerzas progresistas del momento. A pesar de su ausencia el partido Ortodoxo seguía siendo el favorito para las elecciones de 1952.

En medio de este convulso panorama regresa a Cuba Fulgencio Batista, tras las garantías que le ofreció el gobierno. Sus aspiraciones política eran volver a la presidencia de Cuba, pero su partido no estaba entre los favoritos para ganar las elecciones, aunque él sí seguía siendo el “hombre” de las fuerzas más reaccionarias del país y contaba con el apoyo de las fuerzas armadas, bases que lo llevaron a sacar a Carlos Prío Socarrás de la presidencia con un golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, pocos día antes de las elecciones que daban como posibles ganadores a el Partido ortodoxo y las fuerzas progresistas aglutinadas a su alrededor..


[1] Así llamó el pueblo de Cuba a todo el que cobraba una plaza por plantilla sin trabajarla.

Historia

EL GOBIERNO “AUTÉTICO” DE RAMÓN GRAU SAN MARTÍN



Las elecciones cubanas de 1944 fueron ganadas por Ramón Grau San Martín y el PRC[1] auténtico, basado en un programa que recogía numerosos reclamos populares históricos de la revolución del 30, como por ejemplo, la diversificación de la economía, freno a la penetración extranjera, honestidad en el manejo de los fondos públicos, distribución científica de los mismos y mayor intervención del estado en la regulación económica.

A pesar de su victoria electoral el autenticismo llegaba al gobierno debilitado por los “sacrificios tácticos” que tuvieron que hacer sus líderes y que en realidad fueron concesiones a la oligarquía tradicional.

A su llegada al poder Grau San Martín disfrutó de una buena coyuntura económica dada por la Segunda Guerra Mundial, que le proporcionó una balanza de pago favorable que se mantuvo durante todo su período presidencial.

Esto se reflejó muy poco en beneficios para las clases populares, el presidente maneja el presupuesto del país por decretos, porque no existía una ley sobre la distribución del presupuesto, lo que ayudó a la dilapidación y el desfalco del tesoro público.

En su mandato el pueblo esperaba el predominio de la honestidad de los funcionarios públicos en el manejo del dinero del estado, sin embargo la realidad desilusionó a la población.

El revanchismo caracterizó la política del gobierno auténtico, separando a los mandos militares y los funcionarios del gobierno de Batista, sustituyéndolos por otros grupos políticos tan ambiciosos o más que sus predecesores que asaltaron los ministerios públicos para lucrar con los negocios sucios a la sombra del estado.

El presidente Ramón Grau se rodeó de un grupo de colaboradores que hicieron del robo su mérito principal. Sobresale entre ellos el Ministro de Educación, José Manuel Alemán, quién levantó una fortuna superior a los 70 millones de pesos a costa del robo de la asignación proveniente del “Inciso K”, para el desayuno de los escolares, de la Ley de Ampliación tributaria de 1943. Con su influencia y latrocinio Alemán se convirtió en la figura principal del gobierno de Grau.

La violencia creció a la sombra de la complicidad del gobierno que alentó el gansterismo político que ensangrentó a todo el país. El origen de estos pandilleros era de los grupos remanente de la Revolución del Treinta, gente joven de diversos sectores sociales, con una diversa gama ideológica, pero con un denominador común, la lucha entre ellos por el reparto de prebendas y privilegios que parten del presupuesto público.

Estos desmanes a la hacienda pública fueron la característica principal del gobierno de Grau lo que llevó al descredito del nacional-reformismo que representó el Partido Revolucionario Cubano (auténtico).

Durante su gobierno se llevó adelante un amplio plan de obras públicas: acueductos, carreteras, escuelas, centros de salud y otras muchas obras sociales y de infraestructura hechas a un “alto costo” y con materiales baratos en busca de las consabidas “ganancias” de los contratistas, los funcionarios y los políticos..

A pesar de estas obras la administración auténtica no logra materializar un proyecto económico que paleara las necesidades de los sectores sociales más desfavorecidos que le habían apoyado, manteniéndose las enormes desigualdades sociales en el país a pesar de la bonanza económica del período.

La medida de beneficio social más importante tomada durante el gobierno de Grau fue la utilización del “Diferencial Azucarero” de las zafras de los años 46 y 47 en beneficio de los trabajadores de dicho sector y otra parte obras de beneficios públicos.

En realidad la medida del “Diferencial Azucarero” más que un triunfo del gobierno lo fue del poderoso movimiento obrero cubano y en especial los azucareros liderados por el sindicalista negro Jesús Menéndez Larrondo (1911-1948)

E gobierno fue perdiendo creditibilidad no solo entre los sectores populares a los que defraudó, sino entre la clase media y el sector industrial de la burguesía cubana que esperaba aprovechar la bonanza para diversificar la economía y regular la penetración extranjera, dígase yanqui.

El movimiento obrero cubano comenzó a sentir la represión del gobierno de Grau, empeñado en romper la unidad de los trabajadores aglutinados en la Central de Trabajadores de Cuba(CTC), creando una organización obrera reformista que quebrara la influencia de los comunistas dentro de la organización obrera. Comenzó de nuevo la persecución de los líderes sindicales, asaltos a sus gremios, imposición de líderes vendidos e intentos de arrebatarles las conquistas logradas.

En lo internacional comenzaba la política de “Guerra Fría” auspiciada por los Estados Unidos, que a lo interno se tradujo en la persecución de los comunistas, el movimiento obrero y las fuerzas progresista. Fue el gobierno de Ramón Grau San Martín quien inició en Cuba esta política, apoyándose en el Ministro del Trabajo, Carlos Prío Socarrás, quien tiene el triste “mérito” de desmantelar a la CTC, para imponer una nueva directiva encabezada por el mafioso Eusebio Mujal, pagado con los dineros sacados del famoso “inciso K” por lo que los trabajadores llamaron a esta nueva CTC, la CTK.

El más vergonzoso hecho político del gobierno de Grau San Martín fue el asesinato de Jesús Menéndez en enero de 1948, cuando ostentaba el cargo de Representante a la Cámara de la república, asesinado impunemente por un oficial del ejército que solo pagó su crimen al triunfo de la Revolución.

La actuación de Grau al frente del gobierno auténtico, la desilusión de sus partidarios ante la traición y el colaboracionismo con la oligarquía nacional y extranjera; más la enorme corrupción que generó su gestión y el “pandillerismo” que se enseñoreaba en el país, provocó la separación del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), de un sector liderados por Eduardo Chibás quienes crearon una nueva agrupación política, el Partido Revolucionario Cubano (Ortodoxo), con una consigna básica: “Vergüenza contra dinero”.

La ortodoxia intentó rescatar las doctrinas del “reformismo nacionalista”, traicionado por los “auténticos”, era la defensa de los preceptos de la ideología de la pequeña y mediana burguesía y de los sectores obreros y campesinos que pretendían ante todo un gobierno honesto, que respondiera a los intereses de la nación y fomentara la diversificación económica del país.


[1] Como una afrenta a José Martí y su Partido Revolucionario Cubano, Grau tomó el nombre de partido y con el mote de “auténtico” lo presentó como el salvador de la República.

Historia

26 DE JULIO: DÍA DE LA REBELDÍA NACIONAL


Estamos a las puertas del aniversario 64 del asalto a los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hecho ocurrido el 26 d julio de 1953. Eran día de frustración y desanimo en la sociedad cubana, donde una oligarquía nacional mantenía el poder en función de sus intereses personales y de grupo a costa de todo un pueblo con miles de anhelos y sueños pospuestos.

Era el año del centenario del natalicio de José Martí y el gobierno de turno, ilegal por demás, organizaba actos y promovía la figura del héroe en función de su martirologio, pero obviando sus sueños pospuestos y sus radicales ideas claramente escritas en sus documentos y dichas en su tiempo para un pueblo humilde que esperaba algo más que una República para las clases pudientes, sino el país de bienestar y oportunidades en los que criar a sus hijos, educarlos y dignamente unirse al concierto de naciones americanas.

Realmente Martí era ya la figura excelsa de la nación cubana, pero era en realidad un convidado de piedra, su pueblo sabía de memoria sus versos y en las escuelas a los pequeños le habían mostrado el sacrifico de aquel gran cubano, pero toda su obra radical y esclarecedora durmió el sueño de los justos y parecía realmente “muerto” en el año de su centenario.

Por eso es bueno comprender la grandeza de aquel grupo de jóvenes, minoría entonces, encabezados por Fidel Castro y Abel Santamaría que no tuvieron más ideología que las lecturas del Apóstol y la determinación de cambios tan necesarios en la nación cubana, secuestrada y estéril por sus “clases vivas”, derrotistas y oportunistas, siempre a la sombra del “fatalismo geográfico”, de ser vecinos del gran imperio, que desde finales del siglo XIX se empeñó en hacernos creer que seríamos alguien con ellos o no seríamos nada.

La Cuba de la cumbancha, el ron y las mulatas se asombró ante la hazaña de aquellos muchachos desafiando a la dictadura de Batista y al sistema social prestablecido y bendecido por la oligarquía de los Estados Unidos, era el inicio, la Revolución iniciada por Martí lograba entroncar en la radicalidad de aquella generación dispuesta a cambiarlo todo, esa fue su hazaña; alzarse perseverante frente a lo que parecía imposible y trazarse desde los inicios, en las palabras de sus líderes y el anhelo de su militantes, a costa de un gran sacrificio de un pueblo que les siguió y apoyó en la Revolución continuadora.

Ese es el legado del asalto al Moncada, el valor de aquellos jóvenes y el proceso que se inició bajo la conducción de un nuevo líder: Fidel Castro.

Historia

EL PENSAMIENTO LIBERAL EN LA MASONERÍA CUBANA


Con el regreso a Cuba de los exiliados políticos beneficiados con la admitía de 1861 tras las intentonas anexionistas de Narciso López, se afianzan las ideas independentistas y liberales en la isla.

Uno de los regresados es el criollo Vicente Antonio de Castro, expulsado de la isla en 1858 por enemigo de la Corona. Al regresar al país funda la Logia Gran Oriente de Cuba y la Antillas, de carácter secreto y con un proyecto democrático, laico y republicano en su proyecto fundacional.

Esta nueva institución difiere de las anteriores Logias fundadas en Cuba porque implícitamente se introduce el activismo político en este tipo de organizaciones.

Esta Logia cubana se extendió a otras partes de la isla amplificando las ideas del bien público, la igualdad social y la defensa de la soberanía del pueblo, del sistema republicano del Estado, democrático, laico y con libertad de conciencia, sobre esta base se formaron en esta logia y sus filiales los principales líderes de la primera guerra por la independencia de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Máximo Gómez y Antonio Maceo, entre otros.

La base ideológica de estas agrupaciones masónicas del Gran Oriente de Cuba y las Antillas era la consigna de la Revolución Francesa: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”

Llama la atención el énfasis que esta Logia hace en el trabajo político para alcanzar un estado de igualdad para todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o clase y del papel formador de la conciencia independentista que se fraguó en estas instituciones cubanas.

“A la patria, pues debemos obligaciones muy sagradas y supongo que conocéis bien los deberes que con ella hemos contraído (…) Podrá muy bien suceder que os encontréis en la ocasión de tener que pelear con las armas en la mano defender la virtud, la inocencia o la Patria, entonces será preciso no retroceder, ni temblar (…) Guerra eterna a la intolerancia, el oscurantismo, la tiranía, a la explotación y ultraje del hombre por el hombre; juro y prometo defender el bien público, tomar los oprimidos por hermano y a los opresores como enemigos.”[1]


[1] Vicente Antonio de Castro: “Liturgia del grado 18 citado en Cuba: sueño de lo posible. Universidad para todos. Tabloide 2003.

Historia

DAVID CONTRA GOLIAT


Desde hace más de doscientos años esta pequeña isla con el grupo humano que ha vivido en ella siempre ha tenido una dicotomía entre la pertenencia a la metrópoli española o la inglesa, primero, y luego con el surgimiento de la flamante República burguesa de los colonos de las 13 colonias inglesas surgida por obra y gracia de su ambición, su pragmatismo y su violeta forma de crecer a costa de los pueblos originarios y sus vecinos; en la sombra anexionista que ha hecho creer entre los nacidos en esta tierra un sentido de pertenencia que se ha contrapuesto a estos designios de absorción política y social.

El ambicioso proyecto plantacionista desarrollado en el siglo XIX por una burguesía criolla en base al sufrimiento y explotación de miles de esclavos traídos desde África, hicieron más cotizada esta isla, cuya sociedad siempre se ha debatido entre la plena independencia o la dependencia de un vecino que lo ha hecho todo por servirse de su posición geográfica, sus iniciativas económicas y de tenerla siempre a su lado, no con la condicionalidad de un amigo, sino con la servidumbre que la superioridad de la historia de los Estados Unidos manda.

Para las principales mentes criollas del siglo XIX, la anexión no era una opción, a ella acudieron los dueños de capitales y esclavos temerosos de perder sus privilegios y fortunas y cuando la independencia fue la alternativa viable de los cubanos, la “neutralidad” cómplice de los gringos alargó el sufrimiento de los cubanos, a pesar de la colaboración individual de algunos norteamericanos.

El liderazgo martiano en la continuidad de las luchas por la independencia de Cuba, no ocultó la necesidad de enfrentar el peligro mayor que representaba los Estados Unidos para Cuba y el papel geopolítico que por su situación geográfica estaba llamada a jugar.

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi honda es la de David” fueron palabras iluminadoras escritas un día antes de su muerte en Dos Ríos y como advertencia de las intenciones del “vecino del norte”.

El siglo XX cubano fue la radicalización de un pueblo que vio frustrada su Revolución por la independencia y por la República “con todos y para el bien de todos” propuesta por Martí. La clase burguesa cubana fue cómplice del entreguismo impuesto a la República con la Enmienda Platt, el chantaje político para dominar a Cuba. La historia vergonzante de los gobiernos burgueses cubanos, no hicieron más que madurar un radicalismo patriótico que optó por la República, libre e independiente aún a costa del “cacareado desarrollo económico y social” que benefició a las minorías burguesas de la isla, que nunca fueron independientes de los designios yanquis.

La Revolución Cubana triunfante en 1959 fue el resultado lógico de la violenta confrontación entre la inmensa mayoría del pueblo cubano y los intereses de las élites burguesas del país y sus padrinos los oligarcas de los Estados Unidos, de ahí el apoyo contrarrevolucionario, los sabotajes a la economía cubana, el crimen contra el pueblo cubano, la invasión directa de Bahía de Cochinos apoyada por la CIA y el gobierno de USA, la crisis de los misiles, el crecimiento de la conciencia nacionalista en este pueblo y su sentido de igualdad aún a costa de un bienestar que ha estado condicionado por el BLOQUEO ECONÓMICO con más de cincuenta años de aplicación infructuosa, como no sea el dificultar el progreso de una nación como Cuba y alentar el objetivo que ellos nunca han perdido, volverla al redil capitalista.

Esta es la historia política de David y Goliat, sé que podrá parecer panfletario y reduccionista, pero de vez en cuando tenemos que recordar que “nuestra honda sigue siendo la de David”.

Historia, Opinión

ANTONIO MACEO, 172 ANIVERSARIO DE SU NATALICIO


El 14 de junio de 1845 nació en la parte oriental de Cuba el cubano más sobresaliente en las luchas por la liberación de Cuba del yugo colonial español, Antonio Maceo Grajales. En el seno de una familia de negros criollos, apegados a una ética de orgullo racial y familiar que forma a los nacidos en este núcleo familiar a no ser tenidos por menos que ningún otro, pese a no tener la piel blanca. Estigma muy tenido en cuenta en un país en el que buena parte de la población negra o mestiza era esclava

El pasado domingo (11 de junio de 2017) en su esperada página de crónicas en el periódico Juventud Rebelde, Ciro Bianchi escribe sobre Antonio Maceo (“Antonio Maceo encarna a Cuba Heroica”) con esa singular manera de darnos a la figura humana y asequible para todos los públicos, de ella escojo el fragmento final que resume la valía del General Antonio en el 172 aniversario de su natalicio:

“Nace Antonio Maceo, hace 172 años, en Majaguabo, San Luis, Oriente. Su padre es propietario allí de una finca que cubre un área de nueve caballerías en la que se cría ganado, se siembra café, tabaco y plátanos para la venta y se cosechan frutos menores para el consumo familiar. Tienen los Maceo-Grajales, además, casa en Santiago de Cuba. El niño aprende con el padre la esgrima del machete, lo mismo que a cazar, con lo que afina la puntería desde muy joven. Dispone la familia de medios para pagar maestro privado a los hijos, que son 13: nueve de la unión de Mariana con Marcos Maceo y cuatro de la unión de Mariana con Fructuoso Regueyferos, que la deja viuda en plena juventud. Tiene Antonio 16 años de edad cuando su padre le confía un arria de mulos para transportar mercancías desde la finca hasta Santiago y otros lugares cercanos.

“Estalla la guerra el 10 de octubre de 1868, y el 12 Antonio, junto con sus hermanos José y Justo, se integra al Ejército Libertador. Mariana, con un crucifijo en la mano, les hace jurar de rodillas al marido y a todos sus hijos que lucharán por la libertad de la patria o morirán por ella. Antonio tiene 23 años y ya está casado.

“En una contienda en que muchas figuras alcanzan el generalato por su solvencia económica, la ascendencia social o su preminencia en la zona donde se moverían —el lugareñismo, del que hablaba José Luciano Franco—, Maceo asciende grado a grado, por su valor y capacidad combativa, desde soldado a general. Es ya Comandante en 1869. Y a propuesta de Calixto García y la aprobación de Carlos Manuel de Céspedes, que le entrega en persona el ascenso a General de Brigada, el 8 de junio de 1873. Cuatro años más tarde, en mayo, le pide el Gobierno que presente su hoja de servicio. La Cámara de Representantes escucha la lectura del documento remitido por Maceo. La relación de las batallas en las que ha participado es interminable. Pero hay dos acápites que, dadas las circunstancias por las que atraviesa la insurrección, impresionan al auditorio. Son estos: ¿Licencias de que ha disfrutado? Ninguna, se dice en el documento. ¿Castigos que ha sufrido?  Ninguno. La sesión, que es secreta, transcurre sin contratiempos hasta que el diputado Miguel Betancourt dice que es una vergüenza que se exija a Maceo, general de generales y ciudadano ejemplar, pruebas para concederle un ascenso que tiene más que merecido, cuando a otros, apapipios, intrigantes e indisciplinados, se les concede sin apenas discutirlo. Tiene Maceo 32 años y ya es Mayor General.

“Lo alegra el ascenso, pero le inquieta el estado de la Revolución. Se le va apagando la sonrisa que siempre alegraba su rostro. Hay en el campo insurrecto invitaciones al desorden y se aprecia una anarquía desmoralizadora que causa mucho daño. Para colmo, el general español Arsenio Martínez Campos, «El Pacificador», inaugura una política para atraer a los revolucionarios y tiene éxito. Muchos oficiales desertan y se pasan a los españoles. Cunde la desunión y el cansancio. Para muchos, nueve años de incesante guerrear pesan demasiado.

“Maceo, sin embargo, se mantiene firme. Se mueve, con su tropa, por Palma Soriano, Cauto, Baire, Los Indios, Mejía… Redobla el esfuerzo. Es su manera de reciprocar el ascenso. Cuando llegue el Zanjón, él sostendrá la dignidad nacional en Baraguá.”

Agreguemos que fue el artífice de la invasión al occidente de la isla en 1895, como modo estratégico de destruir la base económica sobre la que se sustentaba el dominio colonial de España y de la burguesía criolla que en su gran mayoría tenía por patria su capital y fue el aliado más fiel que tuvo la metrópoli hasta sus últimas consecuencias.

Historia

FERNADO MARTÍNEZ HEREDIA, VIVE


Ayer[1] murió en La Habana una voz distinta en el ámbito de las Ciencias Sociales Cubanas, últimamente fue distinguido con innumerables premios en la esfera académica y no dudo que su huella de intelectual honesto y osado moleste aún a muchos de los que le confrontaron y trataron de callar su palabra sabia, precisa, pero siempre revolucionaria y comprometida.

Desde finales de la década de los 60 estuvo al frente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de La Habana, en un momento crucial del proceso revolucionario cubano. Desde la cátedra él y sus colaboradores trataron de hacer una interpretación más abierta del pensamiento marxista, en el momento en que las voces dogmáticas y panfletarias impusieron un modo de aprender e interpretar el marxismo con el rígido esquema predominante en los países del extinto Campo Socialista, con la Unión Soviética al frente.

Enseñar la dialéctica desde el dogma era la contradicción más aguda de este modo de “predicar” marxismo, apegados a una academia marxista anquilosada y teorizante que terminó por traicionarse a sí misma en una “revisión” de la cual aún sufrimos sus consecuencias.

Fernando estuvo al frente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de La Habana y revolucionó, con los pies en la tierra el modo de enseñar las ideas de Marx, Engels, Lenin y todos los continuadores que a lo largo del siglo XX fueron enriqueciendo el marxismo con la praxis como guía y la historia como maestra.

Uno de los principales aportes a esta polémica anti dogmática de la enseñanza del marxismo fue el “Manual de Filosofía”, publicado en dos tomos y basados en el principio fidelista de no decirle al pueblo “cree” sino “lee”, a modo de enseñar el marxismo desde los clásicos y el debatir constante con sus continuadores.

Los que peinamos canas y tenemos memoria no podemos olvidar “Pensamiento Crítico”, la revista más revolucionaria de aquellos primeros años de Revolución: polémica, clara, abierta a otros razonamientos y cuestionadora, esos fueron atributos de la revista dirigida por Fernando Martínez que fue acusada de “revisionista” y finalmente fue cerrada en aquel convulso y aun por estudiar año 1971.

Fueron herejías revolucionarias, herejías desde la Revolución, modos de ver el proceso revolucionaria internacional y nacional desde otra óptica, sin encasillarlo en un pensamiento decimonónico, traicionado por quienes debieron desarrollarlo al convertirlo en una “Biblia Atea” y ajena a las necesidades de un Tercer Mundo, explosivo y adelantado que no esperó a tener teoría para hacer los cambios que necesitaba y Cuba era el ejemplo y Fernando su mayor defensor desde la cátedra, la teoría y el ejemplo de sencillez martiana al fundirse con su pueblo y su proceso, en el lugar que le asignaron, pero rebelde, despierto, analítico y dispuesto, hasta la muerte.

Podrán reconocerlo o no, pero tenía razón, el tiempo y la historia se la han dado; un proceso revolucionario se salvó en medio del Período Especial, porque volvimos a mirarnos a nosotros mismos y los análisis de Fernando, en libros y ensayos publicados mayoritariamente en América latina, le dieron la razón.

Fue un hereje, para mí el filósofo cubano de la época revolucionaria, marxista sin dogmas, razonador, verdaderamente dialéctico, vivió y murió en Cuba, junto a su pueblo y su Revolución de la que, quiéranlo o no reconocerlo, forma parte indisoluble.


[1] 12 de junio de 2017

Cultura, Historia
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