Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Historia

EL IMPACTO DE LA ESCLAVITUD MASIVA EN CUBA



Esta breve monografía forma parte del libro Historia de la Cultura Cubana, que he publicado en estos últimos años en MONOGRAFÍA.COM por capítulos, en espera de tener el día la posibilidad de verlo en papel, fue en mi Blog CULTURA CUBA el material más visita y comentado que quiero retomar para los nuevos lectores, estos hechos y estos datos explican mucho s problemas de nuestras historia nacional.

El desarrollo de la plantación esclavista en Cuba provoca como primera consecuencia el arribo a la isla de una avalancha de esclavos africanos a partir de 1762, cuando los ingleses introdujeron en La Habana alrededor de diez mil “piezas de ébano” en los pocos meses que ocuparon la capital de la colonia.

“Como resultado de ello, si en 1774, durante el primer censo de población, en Cuba fueron registrados 44 300 esclavos, ya en 1792 la cifra ascendió a 84 400, en 1804 a 138 000 (75 000 hombres y 63 000 mujeres)”[1]

En 1792 se creó en La Habana la Nueva Compañía de Comercio, primordialmente de capital criollo, que tenía por finalidad recibir los esclavos en consignación y revenderlos a los hacendados.

La vertiginosa entrada de mano de obra esclava africana estimuló un rápido crecimiento de la economía de plantación en el occidente de la isla y la rápida reducción porcentual de la población y libre[2].

Durante poco más de dos siglos, desde la conquista hasta la ocupación inglesa de La Habana, arribaron a Cuba, legalmente unos sesenta mil esclavos aproximadamente. A partir de esa fecha la mano de obra esclava se convierte en la base de la riqueza de la oligarquía criolla y sus aliados, y la arribada de estos seres humanos, legal o de contrabando, inunda el mercado y provoca un desequilibrio demográfico en la isla.

El salto más espectacular en la importación de esclavos se produce se produce entre 1790 y 1820 al ser traído de forma legal 236 599 africanos, casi cuatro veces más que todos los arribantes en el primer período colonial, sin contar con los esclavos traídos de contrabando.

Pese a los malos tratos y la despiadada explotación de las plantaciones, la población de color en la isla, pasó de un 43, 6 % en 1762 a un 54,5 % en 1811, lo que atemorizó a las clases dominantes en el país. En 1820 Cuba tenía una población de 627 238 habitantes de ellos de ellos el 55 % era de color, un 40 % esclavos y un 15 % libres[3]

El negro está presente en la población de la isla desde la conquista, su asimilación gradual y equilibrada con el resto de los componentes étnicos, forma parte de la identidad del criollo. Incluso un minoritario grupo de “gente de color” se perfila a principios de este período como una pequeña burguesía con base en algunos oficios, el comercio minorista, los servicios y algunas esferas artísticas.

Este estrato social asimila la cultura predominante en la colonia y al igual que la oligarquía criolla procura hacer méritos a los ojos de las autoridades coloniales, formando parte en los batallones de milicias de color, donde son premiados con grados de oficiales y condecoraciones por estos servicios.

Con el desarrollo plantacionista de este período se consolida una pequeña burguesía de color cuyo número no era despreciable y que fue mirada siempre con desconfianza por las élites de la sociedad colonial.

El conocimiento de un oficio artesanal y la demanda en el mercado de su trabajo especializado, hizo que el negro cubano ocupase un sitio vital en el seno de la economía: la sociedad no puede prescindir de él y por tanto se produce su integración a ella sobre la base de su utilidad e insustituibilidad”[4]

El incremento desmesurado de la mano de obra esclava prejuició a la población blanca con respecto al trabajo manual que dieron lugar a un agudo fenómeno de vagancia[5].

El esclavo fue la principal fuente de trabajo en 1825, de un total de 140 mil dedicados al cultivo de exportación, 66 mil laboraban en las plantaciones azucareras y de los 260 mil esclavos existentes en la isla para esa fecha, 73 mil (28%) vivían y trabajaban en áreas urbanas[6].

A partir de la masiva y forzosa llegada de esta población africana y pese a las prohibiciones de las autoridades civiles y eclesiásticas, su acervo cultural llegó con ellos y encontró acomodo en la cultura popular del país, en un proceso de aculturación con las otras formas culturales presentes en el mismo.

El africano desarrolla en difíciles condiciones su cultura, a veces de forma encubierta, otra de forma abierta. Sus creencias sobreviven en los barracones y cabildos; en su forma original o sincretizados. Su religiosidad, su música, la tradición oral y otras formas de su cultura, enriqueció el tronco común de la cultura de esta tierra.

A Cuba fueron traído de forma forzada personas de más de cien étnias africanas, predominando los yorubas, bantúes, carabalíes y ararás, de ellos los dos primeros grupos son los de más fuerte arraigo cultural en Cuba.

Los yorubas proceden de la costa occidental de Nigeria, a su llegada a la isla encontraron en la cultura popular predominante una mezcla religiosa que iba del cristianismo más ortodoxo hasta el animismo.

Será la estructura jerarquizada y piramidal de la religión cristiana, con un Dios supremo y deidades inferiores (santos), la que asimilaron para encubrir en un proceso de sincretismo religioso de rápido y fuerte aceptación en las clases populares. En un período relativamente corto crearon un culto sincrético de doble identidad (Regla de Ocha o Santería), que es un ejemplo de cultura de resistencia, al sobrevivir al conquistador, conquistándolo.

Los principales orichas del panteón yoruba, encontraron un equivalente en el santoral cristiano. Changó(Santa Bárbara), oricha de la virilidad; Yemayá(Virgen de Regla), señora del mar; Ochún(Virgen de la Caridad del Cobre), la fertilidad y el amor, son sus atributos; Obatalá( Virgen de las Mercedes), señor de la sabiduría; Babalú Ayé(San Lázaro), señor de la salud y las curaciones y Ogún(Santiago Apóstol), dueño del monte y del trabajo, entre otros muchos, los más conocidos y arraigados en la cultura popular del país.

La difusión que ha tenido la santería en Cuba parte de esta época cuando comenzó a desarrollarse no solo entre los esclavos, sino también entre la población de color y la blanca de origen humilde, teniendo en la región occidental su mayor arraigo con una expansión rápida y sostenida al resto del país.

La étnia bantú o congos fue también de mucha importancia en la conformación de la cultura popular de Cuba. Traídos en la Gran Avalancha de principios del siglo XIX, conforman un grupo humano disperso en diversos reinos o tribus en la cuenca del río Congo, de ellos los más importantes llegados al país fueron los mayombes, loangos, angolas y balubas.

La cultura de estos grupos giraba alrededor de un sistema religioso animista, que atribuye poderes a los elementos naturales personificados en el bosque, los árboles, los animales, fenómenos naturales, etc. Por esta razón no les fue difícil mantener sus cultos durante la esclavitud, en constante sincretismo con otros étnias africanas y con el catolicismo.

Por centrar sus ritos en los palos del monte, se les reconoció en Cuba como “Paleros”, extendiéndose de forma similar a la santería pero sin alcanzar su popularidad.

Yorubas y Bantues aportaron elementos religiosos que refundidos con el catolicismo oficial dieron lugar a los cultos sincréticos que se arraigaron en la cultura popular cubana.

Otra institución de origen africano fueron los Cabildos de Nación, que existen en la isla desde el siglo XVI con la autorización de los funcionarios coloniales. Su finalidad es proteger y conservar la cultura de un grupo étnico, costumbres, ritos, e instrumentos, modificados en el nuevo contexto. Formaban parte de ellos los individuos de una misma étnia, en cofradías de cooperación y ayuda mutua que con el tiempo asimilaron a descendientes de otros grupos africanos minoritarios.

En Cuba, principalmente en la región occidental, surgieron Cabildos congos, lucumíes, arará, y la Secta Abakúa. Esta última secreta, cerrada y con membresía masculina, pero con objetivos similares a los cabildos.

El Cabildo de Nación era presidido por un Rey o una Reina, un Rey suplente, un abanderado, el Mayor de Plaza, el Mayordomo, el Tesorero y la Corte. Ellos dirigían las festividades, desarrolladas los domingos en la mañana, de 10 a 12 del día y en la tarde de 3 a 8 de la noche, bajo la constante vigilancia de las autoridades y los amos.

La festividad más importante de los Cabildo de Nación y que en el siglo XIX se convirtió en la más significativa fiesta popular del país, el Día de Reyes, celebrado el 6 de enero. Esta festividad cristiana se celebraba en Cuba desde la Conquista, pero su esplendor se da en ese siglo por la incorporación masiva de los negros. Ese día salían a las calles y plazas, ataviados con sus trajes típicos o imitando al blanco, llevando estandarte y atributos, al son de la música. Era una festividad que los esclavistas permitieron pero que nunca entendieron.

La masiva estrada de esclavos africanos fue un suceso determinante para la conformación del etno nacional a partir de que la presencia de esta raza de origen y culturas múltiples se integra al proceso de transculturación cultural que Fernando Ortiz reconoce como el modo creativo y formativo de toda cultura mestiza.

[1] Fernando Ortiz: Los negros esclavos”, p. 38 citado por E. Alexandrenkov en “Los negros en el Nuevo Mundo”, colectivo de autores. Moscú, 1987, p. 250.

[2] Ramiro Guerra: Manual de Historia de Cuba, p. 207; citado por López Segrera: en OC.: 72

[3] Juan Pérez de la Riva: La Isla de Cuba en el siglo XIX vista por los extranjeros: 4, citado por López Segrera: OC.: 84

[4] López Segrera: en “Cuba: Capitalismo dependiente y subdesarrollo”: 89

[5] Alejandro de Humboldt: Ensayo político sobre la isla de Cuba, Vol. XI, Nº 3, 73 citado por López Segrera, Obra citada.: 82

[6]López Segrera, Obra citada: 82

Cultura, Historia

SANCTI SPÍRITUS, LA QUINTA VILLA


La historia de Cuba empieza con las peripecias de un grupo de aventureros españoles que allá por 1511 decidieron probar suerte en la isla de Cuba y se vinieron a su territorio, no para asentar sus hogares y crear familias, no para evangelizar unas tierras paganas llenas de aborígenes sin casi ropa, con una vida placentera y sencilla, no, simplemente para crear un negocio de riesgo, buscar oro, el oro que no abundaba en La Española, primera isla de su asentamiento americano y que no encontraran en abundancia en la más hermosa y grande de las islas antillanas.

Embarcados en aquella aventura necesitaron mano de obra para buscar ese oro esquivo que le diera estatus de señores a todos aquellos segundones y aventureros y para ello esclavizaron a la población nativa, que no conocía las largas jornadas de extenuantes búsqueda en los ríos de aquellas pepitas de oro milagrosas, para poderlo hacer crearon las “encomiendas”, esa “nobles instituciones por las que el rey les entregaba un grupo de aborígenes para que los cristianizaran y en cambio trabajaran para sus nobles amos”, el resultado fue la casi total desaparición de la población autóctona de la isla en menos de cincuenta años y el comienzo de nuestra historia con la creación de aquellas legendarias siete villa que desde el 2011 están cumpliendo 500 años.

Primero fue la villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, aquella villa pegada a la isla Española, mirando al paso de los vientos y que fue la primera capital de la isla, con Diego Velázquez como su fundador; la segunda fue San Salvador de Bayamo (1512), creada en las márgenes del río Yara a raíz de la derrota y asesinato del legendario cacique Hatuey, ese que no aceptó el bautizo porque si iba a encontrarse en el mismo cielo que los españoles, no lo deseaba; en su avance ambicioso y devastador los conquistadores llegaron a la región del Camagüey y en la actual bahía de Nuevitas crearon la tercera villa, que nombraron Santa María del Puerto Príncipe (1513), la misma que tuvo que refugiarse al interior de la isla para escapar a los ataques de corsarios y piratas y que sus vecinos orgullosos y bravíos pugnaron mucho tiempo, hasta que le lograron, fuera llamada Camagüey, ese Camagüey de Cuba que nos enorgullece por sus tradiciones y patriotismo.

En 1514 fueron fundadas las dos villas del centro, la Santísima Trinidad a principios de años, en las faldas del macizo de Guamuaya y Sancti Spíritus más al centro del territorio el 4 de junio de 1514, pronto tendrá sus 500 años.

Cerrando el ciclo a fines de 1514 se funda al sur del occidente de Cuba en la ensenada de Cortes, la villa de San Cristóbal y en 1515 cerrado el ciclo fundacional Santiago de Cuba en la zona oriental, pero esa es una historia que contaré después. Por el momento felicitar a los espirituanos que están de fiesta, engalanando su villa, hoy una importante urbe del centro de Cuba y que disfruten su San Juan espirituano, fiestas de gran colorido y participación popular.

Cultura, Historia

A PROPÓSITO DEL 20 DE MAYO



Por:

Historia

GIRÓN, LA VICTORIA


El 19 de abril de 1961, caía el último reducto de los mercenarios en Playa Girón, Fidel estuvo siempre en primera línea

La memoria histórica de un pueblo es la necesidad de conservar para las futuras generaciones los aciertos y desaciertos en medio de esa obra grande de crecer como pueblo y sociedad. Para los cubanos que hemos vivido bajo el proceso revolucionario comenzado en 1959, hoy es un día histórico, porque se consolidó la victoria militar de las milicias, de las fuerzas armadas revolucionarias, del pueblo todo sobre la bien preparada Brigada Mercenaria integrada por cubanos desafectos al proceso revolucionario, exsoldados del régimen de Batista y una serie de desclasado que venían hacerle el trabajo sucio al gobierno de los estados Unidos.
La misión militar fundamental de esta brigada era hacerse fuerte en este inhóspito rincón de le geografía cubana, el tiempo suficiente como para que un “gobierno provisional” formado en y por los Estados Unidos desembarcara en Cuba y pidiera la intervención yanqui, por eso la premura y la intensidad del combate, la decisión del Gobierno revolucionario y de su pueblo por desalojar a estas fuerzas contrarrevolucionaria ante de las 72 horas, para dejar sin argumento una inminente invasión militar de los Estados Unidos.
Solo el arrojo de los combatientes, de todas las edades, con predominio de adolescentes y jóvenes, con la certera dirección de Fidel y el apoyo de todo un pueblo, frustró este malévolo plan fraguado en las oficinas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos.
Han pasado 53 años y este pueblo sigue aquí, enfrentando otras batallas, el mismo pero diferente, inconforme con muchas cosas, pero claro en su rumbo histórico, porque no es capricho de nadie, sino la garantía de cambiar, de ser siempre libres y soberanos, perfectibles pero seguros de que la Cuba de hoy se alza sobre las bases de esa victoria memorable.

Historia, Política

Conmemoran en Guantánamo centenario de la muerte de Pedro Agustín Pérez


Por Singh Castillo

14 de abril de 2014, 09:15 am

Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Las actividades patrióticas para conmemorar el centenario de la muerte del Mayor General del Ejército Libertador, Pedro Agustín Pérez, comenzaron en la ciudad de Guantánamo, con una ceremonia en el Mausoleo al Mambisado, donde descansan los restos del más insigne luchador del territorio en las guerras por la independencia de Cuba.

Denny Legrá Azahares, primer secretario del Partido Comunista en la provincia más oriental, y el general de brigada Roberto Reyes La O, jefe de la Región Militar, desprendieron las cintas de la ofrenda floral depositada en nombre del pueblo guantanamero en la base del obelisco ubicado en la antigua finca La Confianza.

En ese sitio el adalid mambí se alzó junto a otros revolucionarios el 24 de febrero de 1895, en cumplimiento de la orden dada por José Martí, Delegado del Partido Revolucionario Cubano, para iniciar la Guerra Necesaria en diversos puntos del país. Periquito nació el San Anselmo de los Tiguabos el 29 de abril de 1844 y falleció en su finca de Boca de Jaibo, en la madrugada del 13 de igual mes de 1914.

Fue el hombre que salvó a la Revolución de 1895, según el Historiador de la ciudad de Guantánamo, José Sánchez Guerra, resaltó en la ceremonia, a la que asistieron además la presidenta de la Asamblea provincial del Poder Popular, Nancy Acosta Hernández; así como otros dirigentes del Partido, el Gobierno, la Unión de Jóvenes Comunistas, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana y de las organizaciones de masas.

En ese sentido, el orador precisó que las fuerzas insurrectas al mando de Periquito protegieron a los grandes jefes de la Revolución, Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo , tras desembarcar por costas guantanameras en abril de 1895, además de recibir a la expedición que encabezó Calixto García, casi un año después. Su esposa, Juana Pérez, entregó la primera bandera al Héroe Nacional, el 27 de abril de ese año, en Vuelta Corta de Filipinas, cuando ya estaba todos los días en peligro de dar la vida por su país, recordó Sánchez Guerra..

Señaló igualmente que cuando los yanquis intervinieron en la Guerra Necesaria, Pedro Agustín Pérez afirmó que si la independencia de Cuba no era asegurada, continuaría luchando por ella otros 30 años.

Del mismo modo apuntó que Periquito fue el único patriota en ostentar simultáneamente en la Isla los cargos de representante local del Partido Revolucionario Cubano, aprobado por Martí, y el de jefe militar de la conspiración en Guantánamo, designado por Maceo.

En el Mausoleo al Mambisado también estuvieron presentes familiares del glorioso patriota, miembros de la Sociedad Cultural José Martí de La Habana y Guantánamo, vecinos de La Confianza y combatientes de las FAR en la Región Militar Guantánamo.

Otra de las actividades previstas para ensalzar al Mayor General Pedro Agustín Pérez, fue inaugurada en la mañana del domingo la sala nombrada Presencia Mambisa en la Casa Museo dedicada a su memoria en la capital guantanamera.

La muestra exhibirá durante un mes y por primera vez desde 1915 fuera del Museo Bacardí, de la vecina ciudad de Santiago de Cuba, a la silla de montar que utilizara Pedro Agustín Pérez durante la Guerra Necesaria, concluida tristemente en 1898 con la intervención militar yanqui. Asimismo contiene armas y objetos que pertenecieron a miembros del Ejército Libertador en el antiguo Alto Oriente.

En la tarde se prevé trasladar el sable de gala que le perteneció, cuya hoja fue forjada en la Armería de Toledo, España, desde esa institución hasta el céntrico parque José Martí, donde el pueblo guantanamero y sus dirigentes le harán guardia de honor, evocando la figura de Periquito.

Fuente:Telecentro Solvisión

Historia

ANTONIO MACEO, REGRESA A CUBA


En la madrugada del 1ero de abril de 1895 llega a Cuba la expedición de la goleta “Honor”, proveniente de Costa Rica dirigida por Flor Crombet y junto al cual venían un grupo de los más sobresalientes jefes militares cubanos de la anterior insurrección por la independencia: tal vez los nombres más ilustres y necesarios para esa hora de Cuba eran los hermanos Antonio y José Maceo, negros libres que se habían ganado un gran prestigio entre los cubanos independentistas por su apego a los principios de la libertad, la igualdad y el mejoramiento humano.

Ese día fue decisivo, la guerra “Necesaria” a la que había convocado José Martí y que se había iniciado el 24 de febrero de 1895, mantenía un estado latente en la región oriental de Cuba, pero era necesario que se extendiera y se convirtiera en el medio para derrocar al colonialismo español y sus cómplices mayores, la clase rica cubana que en mayoría casi absoluta juró banderas bajo el pendón español.

A volver a Cuba había convocado José Martí a estos grandes jefes mambises, sabía del prestigio y las convicciones ideológicas de estos hombres, de la necesidad de que estuvieran en Cuba al frente de las fuerzas armadas que combatían al régimen colonial y por lo mismo él y Máximo Gómez hacían por aquellos días grandes esfuerzos por también desembarcar en Cuba, diez días después llegaría a la misma zona oriental, un poco más al sur, abrigados por sus convicciones y avalados por una historia que nunca traicionaron.

Historia

JUAN GUALBERTO GÓMEZ (1854-1933)


Hoy se cumplen 81 años de la muerte de Juan Gualberto Gómez, un negro que se hizo a sí mismo, creció frente a los prejuicios de su época y a golpe de inteligencia y prestigio se da un lugar es la Historia de Cuba, no solo por defender los sueños de los de su raza, sino por comprender que la nación es algo más que el grupo en que se nació, sino la conjunción de ideas por el bienestar de todos, ese fue Juan Gualberto, periodista de arraigo, sin más armas que sus palabras y sus razones, para llamar a los suyos a integrarse a una sociedad en la que habían sido esclavos y ciudadanos de segunda, pero que en sus momentos más álgidos y de definiciones, cuando se luchó por la independencia, el negro fue el brazo firme, junto al resto de los cubanos y de entre sus filas surgieron hombres como Antonio y José Maceo, Guillermón Moncada, Quintín Banderas, Juan Gualberto Gómez y muchos otros que hicieron patria.

CON ESE AMOR DE VIDA Y MUERTE

“(Juan Gualberto) quiere a Cuba con ese amor de vida y muerte, y aquella chispa heroica con que la ha de amar en estos días de prueba quien la ame de veras”.

José Martí

Amaya Saborit Alfonso

El 5 de marzo de 1933 falleció un hombre como pocos. A la libertad de su patria, a luchar contra las desigualdades marcadas por la discriminación racial, a combatir la Enmienda Platt, a defender los ideales independentistas y antimperialistas, y a perpetuar los principios martianos, Juan Gualberto Gómez consagró su vida. La dedicó a forjar un camino sin trabas para su nación, declarando, analizando y denunciando con su andamiaje periodístico y voluntad patriótica, ejes que signaron toda su existencia.

Nacido el 12 de julio de 1854 y aunque libre —gracias al sacrificio de sus padres (esclavos domésticos) que pagaron su libertad antes de su nacimiento—Juan Gualberto sufrió las secuelas de lo que significaba ser mulato en una sociedad donde los prejuicios raciales estaban fuertemente arraigados. Por tal motivo, consagró gran parte de su vida a combatirlos y a buscar la igualdad de derechos para mulatos y negros.

Hacia los males que afectaban a su patria dirigió predominantemente su labor periodística, y no claudicó nunca ante las cárceles y destierros a los que inducían sus tan polémicos textos, sino que convirtió su pluma en firme denuncia y en arma vital de la lucha revolucionaria.

Por su vocación patriótica, entereza y semejanza en principios —dispuestos siempre al ser-vicio de la nación— Martí lo consideró, más que amigo, un hermano en ideales. Lo designó re-presentante del Partido Revolucionario Cubano dentro de la isla, preciso delegado para los preparativos de la guerra; y sería a Juan Gualberto a quien le correspondería entonces, el 24 de febrero de 1895, dar la orden del alzamiento.

Tiempo después, Juan Gualberto, electo miembro de la Asamblea Constituyente, sería uno de los que, en 1901, advertiría los tramposos postulados de la Enmienda Platt: “Las cláusulas tercera, sexta, séptima y aún la octava (…) Atentan al principio de soberanía e independencia del pueblo de Cuba a la par que mutilan injustificadamente el territorio de la Patria (…) Reservar a Estados Unidos la facultad de decidir ellos cuándo (…) deben intervenir (…) equivale a entregarles la llave de nuestra casa, para que puedan entrar en ella (… ) con propósitos buenos o malos”.

En febrero de 1933, días antes de morir, Juan Gualberto publicó un artículo donde mostraba la última vez que vio al Apóstol y la carta que recibiera de él. El mensaje martiano desglosaba los más fieles y sinceros deseos de ambos. Deseos que simbolizaban lo que habían sido sus vidas y su más ferviente propósito: “Conquistaremos toda la justicia”.

Entonces recordémoslo así: como el fundador del Periódico La Fraternidad[1][1], como el representante de José Martí en Cuba y del Partido Revolucionario Cubano en la última guerra por la independencia, como el gran opositor a la intervención norteamericana y la repudiable Enmienda Platt, como miembro de la Asamblea Constituyente de 1901, como senador y representante de la Cámara durante la República, y como un cubano que mulato, periodista, martiano y revolucionario labró caminos, “con ese amor de vida y muerte”, hacia una Cuba verdaderamente libre.

Tomado del periódico Granma, versión digital. La Habana, 5/3/2014


[1] Periódico que daba firme voz a los principios independentistas y antirracistas

Historia

CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, 140 AÑOS DE SU MUERTE


José Martí en su peregrinar constante entre los hombres de la emigración que habían peleado en la Guerra Grande, escucha y va haciendo suyas aquellas historias heroicas de la campaña de los cubanos por alcanzar su libertad.

Oye hablar de los padres fundadores, Céspedes, Aguilera, Agramonte, Figueredo, e intenta hacerse una idea testimonial de aquellos hombres que dejaron la comodidad de su clase, para compartir la dignidad de los libres con los humildes labriegos y los esclavos despersonalizados.

En Carlos Manuel de Céspedes y Quesada se detiene, valora la hazaña del alzamiento el 10 de octubre de 1868, rompiendo el titubeo de los comprometidos, su llamado a todos los cubanos a luchar por la independencia de su país y algo más trascendental, liberando a los esclavos de su dotación a quienes llama como iguales al mismo sacrificio; gesto valorado altamente en la historia de Cuba como el comienzo de la abolición de la esclavitud en la isla.

Del testimonio de los que vivieron en el pueblo de Guaimaro el momento de la unidad y de la proclamación de la República en Armas (10 de abril de 1869), parte la valoración patriótica del caudillo bayamés a quien resume en una frase, “Céspedes, si hablaba, era con el acero debajo de la palabra, y mesurado y prolijo” [1] o cuando cita al propia Céspedes: “Decía Céspedes, que era irascible y de genio tempestuoso:-“Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”. Esto es, dominó lo que nadie domina.”[2]

Es en esta decisiva reunión de patricios que José Martí se detiene no solo para exaltar la liberalidad de la Constitución dada a la República en Armas, sino para darnos una idea más completa del hombre a quien cupo la gloria de ser el iniciador de las luchas por la independencia de Cuba y que en esta Asamblea vivió las tensiones de quienes lo sospechaban tirano, desconfiaban de él y no escatimaron mecanismos para refrenar sus ímpetus y sus sueños separatista:

“Momentos después iba de mano en mano la despedida del general en jefe del ejército de Cuba, y jefe de su gobierno provisional. “El curso de los acontecimientos le conduce dócil de la mano ante la república local” : “La Cámara de Representante es la única y suprema autoridad para los cubanos todos”: “El Destino le deparó ser el primero” en levantar en Yara el estandarte de la independencia: “Al Destino le place dejar terminada la misión del caudillo” de Yara y de Bayamo: “Vanguardia de los soldados de nuestra libertad” llama a los cubanos de Oriente: jura “dar mil veces la vida en el sostenimiento de la república proclamada en Guáimaro”.[3]

La nobleza de Céspedes queda reflejada en estas palabras de Martí puesto en el lugar del caudillo que abdica de sus propias ideas para sumarse a las mantenidas por los soñadores idealistas que dibujaron el futuro de la República, sin tener aún República:

“De pie juró la ley de la República el presidente Carlos Manuel de Céspedes, con acentos de entrañable resignación, y el dejo sublime de quien ama a la patria de manera que ante ella depone los que estimó decretos del destino: aquellos juveniles corazones, tocados apenas del veneno del mundo, palpitaron aceleradamente. Y sobre la espada de honor que le tendieron, juró Manuel Quesada no rendirla sino en el capitolio de los libres, o en el campo de batalla, al lado de su cadáver. Afuera, en el gentío, le caían a uno las lágrimas: otro, apretaba la mano a su compañero: otro oró con fervor. Apiñadas las cabezas ansiosas, las cabezas de hacendados y de abogados y de coroneles, las cabezas quemadas del campo y las rubias de la universidad, vieron salir, a la alegría del pueblo, los que de una aventura de gloria entraban en el decoro y obligación de la república, los que llevaban ya en si aquella majestad, y como súbita estatura, que pone en los hombres la confianza de sus conciudadanos.[4]

Días difíciles vendrán para Céspedes, proclamado el primer presidente, pero sujeto a una burocracia parlamentaria y torpe, incapaz de ver que la independencia estaba por hacerse y que aquel titán que ellos ataban a la convencionalismo de una constitución inoportuna, no sería fácil de dominar y pelearía con esas mismas armas que ellos pusieron en sus manos, la legalidad ejecutiva, que Martí supo ver y someter al juicio de la historia:

“El 10 de abril, hubo en Guáimaro Junta para unir las dos divisiones del Centro y del Oriente. Aquélla había tomado la forma republicana; ésta, la militar.- Céspedes se plegó a la forma del Centro. No la creía conveniente; pero creía inconvenientes las disensiones. Sacrificaba su amor propio-lo que nadie sacrifica.

“Se le acusaba de poner a cada instante su veto a las leyes de la Cámara. El decía: “Yo no estoy frente a la Cámara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi país y frente a mí mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y así tranquilizo mi conciencia.” La Cámara; ansiosa de gloria-pura, pero inoportuna, hacía leyes de educación y de agricultura, cuando el único arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre.-Y venia el veto.

“Que instituyó la forma militar.-El creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos.- El tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero, en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.

“Que se llamó Capitán General.-Temperamento revolucionario: fijó su vista en las masas de campesinos y de esclavos. “A ese nombre están acostumbrados a respetar; pues yo me llamaré con ese nombre. Un cambio necesitaría una explicación. Se pierde tiempo-i Se pierde tiempo! Esta es la explicación de todos sus actos, el pensamiento movedor de todos sus movimientos coléricos y la causa excusadora de todas sus faltas. Concretaba su vida en una frase ¡libres de España!-Cada dificultad le parecía un crimen, cada obstáculo un fratricidio.-El creía: “El medio de la paz es la tribuna”-“El medio de las revoluciones es la acción.“- Un discurso dicho era una legua perdida:-Tanto más admirable en un hombre de ley y de discursos.-Y como Tácito escribió tremendamente, con el lenguaje aglomerado de tantos años en su alma: en Céspedes obraba inquietamente, con la genial vivacidad y bélicos caracteres por tan largos y tan insoportables años contenidos.”[5]

Carlos Manuel de Céspedes murió el 27 de febrero de 1874 emboscado en un intrincado rincón de la Sierra Maestra a donde se había refugiado luego de ser destituido por la Cámara de Representante de la República en Armas, sin escolta, apartado por los mismo hombres que el convocó para esta tarea grande de darle independencia a Cuba.

Acosado por el batallón de San Quintín, no se rindió sino que se batió a tiros con aquella tropa numerosa y murió peleando por los mismos principios de libertad que defendió toda su vida.

Los cubanos le recuerdan como el Padre de la Patria, el iniciador de las luchas por la independencia, el preclaro hombre que dio la libertad a sus esclavos y aceptó humildemente de la Revolución las responsabilidades que le dio.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo IV, pág., 387

[2] Ídem. Tomo 22, pág. 235

[3] Ídem pág. 388

[4] Ídem pág. 389

[5] Estas notas están en unas hojas donde aparece también el borrador de la carta de Martí al general Máximo Gómez, pidiéndole datos sobre Céspedes para un libro que pensaba escribir. Obras Completas de José Martí. Tomo XXII, pág., 235

Historia, José Martí

OTROS ILUSTRES NACIMIENTOS


Orestes López e Israel López, contrabajistas cubanos, nacieron en la Casa Natal de José Martí

La casa marcada con el número 314 de la calle Leonor Pérez, antigua calle de Paula, es célebre en Cuba y en el mundo por en ella vino al mundo el más grande de los cubanos, José Julián Martí Pérez nacido el 28 de enero de 1853.

Tres años después la familia de José Martí se muda y la casa de Paula queda en el anonimato hasta que en 1898, terminada la guerra por la independencia de Cuba, un grupo de emigrados cubanos de Tampa y Cayo Hueso, volvieron a la Habana y buscaron la “Casita de Martí” y la encontraron en buen estado y cumpliendo su anónima labor de inquilinato a la que por más de un siglo la habían dedicado.

Sus dueñas en ese momento de 1898 eran las monjas del Convento de Santa Catalina del Sena, las cuales accedieron a la gestión de estos emigrados para colocar una tarja en la fachada del inmueble que registrara el acontecimiento del nacimiento del Apóstol en aquel lugar.

El 28 de enero de 1899 un numeroso grupo de estos emigrados cubanos y la familia de José Martí se dieron cita en la Casa Natal, para realizar el primer acto público en homenaje a Martí por su cumpleaños y develar la primera tarja que en su honor se erigía en su ciudad, La Habana.

Un año después, otro 28 de enero la Asociación Por Martí compraba la casa y la entrega a doña Leonor Pérez, la madre de Martí para que la viviera. Era una venerable anciana, de poca vista, muchos sufrimientos y grandes dificultades económicas, por lo que al poco tiempo pidió permiso a esa institución para mudarse con su hija Amelia Martí, alquilar la casa que le habían dado y sostenerse con aquella modesta entrada de dinero.

La familia a la que fue alquilada la casa era una familia humilde de mulatos habaneros que vivían de la música y que trajeron al mundo en esta misma casa donde nació José Martí a dos grandes figuras de la música popular, Israel López (Cachao) (1918-2008) y Orestes López (1919-1991).

En 1918 la familia abandona la Casa Natal de José Martí y luego de una reparación capital, la misma es abierta como Museo José Martí el 28 de enero de 1925.

Cultura, Historia

Carlos Manuel de Céspedes, «el que nos echó a vivir a todos»


Martí en su peregrinar constante entre los hombres de la emigración que habían peleado en la Guerra Grande, escucha y va haciendo suyas aquellas historias heroicas de la campaña de los cubanos por alcanzar su libertad.

Oye hablar de los padres fundadores, Céspedes, Aguilera, Agramonte, Figueredo, e intenta hacerse una idea testimonial de aquellos hombres que dejaron la comodidad de su clase, para compartir la dignidad de los libres con los humildes labriegos y los esclavos despersonalizados.

En Carlos Manuel de Céspedes y Quesada se detiene, valora la hazaña del alzamiento el 10 de octubre de 1868, rompiendo el titubeo de los comprometidos, su llamado a todos los cubanos a luchar por la independencia de su país y algo más trascendental, liberando a los esclavos de su dotación a quienes llama como iguales al mismo sacrificio; gesto valorado altamente en la historia de Cuba como el comienzo de la abolición de la esclavitud en la isla.

Del testimonio de los que vivieron en el pueblo de Guaimaro el momento de la unidad y de la proclamación de la República en Armas (10 de abril de 1869), parte la valoración patriótica del caudillo bayamés a quien resume en una frase, “Céspedes, si hablaba, era con el acero debajo de la palabra, y mesurado y prolijo” [1] o cuando cita al propia Céspedes: “Decía Céspedes, que era irascible y de genio tempestuoso:-“Entre los sacrificios que me ha impuesto la Revolución el más doloroso para mí ha sido el sacrificio de mi carácter”. Esto es, dominó lo que nadie domina.”[2]

Es en esta decisiva reunión de patricios que José Martí se detiene no solo para exaltar la liberalidad de la Constitución dada a la República en Armas, sino para darnos una idea más completa del hombre a quien cupo la gloria de ser el iniciador de las luchas por la independencia de Cuba y que en esta Asamblea vivió las tensiones de quienes lo sospechaban tirano, lo desconfiaban y no escatimaron mecanismos para refrenar sus ímpetus y sus sueños separatista:

“Momentos después iba de mano en mano la despedida del general en jefe del ejército de Cuba, y jefe de su gobierno provisional. “El curso de los acontecimientos le conduce dócil de la mano ante la república local” : “La Cámara de Representante es la única y suprema autoridad para los cubanos todos”: “El Destino le deparó ser el primero” en levantar en Yara el estandarte de la independencia: “Al Destino le place dejar terminada la misión del caudillo” de Yara y de Bayamo: “Vanguardia de los soldados de nuestra libertad” llama a los cubanos de Oriente: jura “dar mil veces la vida en el sostenimiento de la república proclamada en Guáimaro”.[3]

La nobleza de Céspedes queda reflejada en estas palabras de Martí puesto en el lugar del caudillo que abdica de sus propias ideas para sumarse a las mantenidas por los soñadores idealistas que dibujaron el futuro de la República, sin tener aún República:

“De pie juró la ley de la República el presidente Carlos Manuel de Céspedes, con acentos de entrañable resignación, y el dejo sublime de quien ama a la patria de manera que ante ella depone los que estimó decretos del destino: aquellos juveniles corazones, tocados apenas del veneno del mundo, palpitaron aceleradamente. Y sobre la espada de honor que le tendieron, juró Manuel Quesada no rendirla sino en el capitolio de los libres, o en el campo de batalla, al lado de su cadáver. Afuera, en el gentío, le caían a uno las lágrimas: otro, apretaba la mano a su compañero: otro oró con fervor. Apiñadas las cabezas ansiosas, las cabezas de hacendados y de abogados y de coroneles, las cabezas quemadas del campo y las rubias de la universidad, vieron salir, a la alegría del pueblo, los que de una aventura de gloria entraban en el decoro y obligación de la república, los que llevaban ya en si aquella majestad, y como súbita estatura, que pone en los hombres la confianza de sus conciudadanos.[4]

Días difíciles vendrán para Céspedes, proclamado el primer presidente, pero sujeto a una burocracia parlamentaria y torpe, incapaz de ver que la independencia estaba por hacerse y que aquel titán que ellos ataban a la convencionalismo de una constitución inoportuna, no sería fácil de dominar y pelearía con esas mismas armas que ellos pusieron en sus manos, la legalidad ejecutiva, que Martí supo ver y someter al juicio de la historia:

“El 10 de abril, hubo en Guáimaro Junta para unir las dos divisiones del Centro y del Oriente. Aquélla había tomado la forma republicana; ésta, la militar.- Céspedes se plegó a la forma del Centro. No la creía conveniente; pero creía inconvenientes las disensiones. Sacrificaba su amor propio-lo que nadie sacrifica.

“Se le acusaba de poner a cada instante su veto a las leyes de la Cámara. El decía: “Yo no estoy frente a la Cámara, yo estoy frente a la Historia, frente a mi país y frente a mí mismo. Cuando yo creo que debo poner mi veto a una ley, lo pongo, y así tranquilizo mi conciencia.” La Cámara; ansiosa de gloria-pura, pero inoportuna, hacía leyes de educación y de agricultura, cuando el único arado era el machete; la batalla, la escuela; la tinta, la sangre.-Y venia el veto.

“Que instituyó la forma militar.-El creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución; que la diversidad de jefes, en vez de acelerar, entorpecía los movimientos.- El tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero, en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente. Empeñado en su objeto, rechazaba cuanto se lo detenía.

“Que se llamó Capitán General.-Temperamento revolucionario: fijó su vista en las masas de campesinos y de esclavos. “A ese nombre están acostumbrados a respetar; pues yo me llamaré con ese nombre. Un cambio necesitaría una explicación. Se pierde tiempo-i Se pierde tiempo! Esta es la explicación de todos sus actos, el pensamiento movedor de todos sus movimientos coléricos y la causa excusadora de todas sus faltas. Concretaba su vida en una frase ¡libres de España!-Cada dificultad le parecía un crimen, cada obstáculo un fratricidio.-El creía: “El medio de la paz es la tribuna”-“El medio de las revoluciones es la acción.“- Un discurso dicho era una legua perdida:-Tanto más admirable en un hombre de ley y de discursos.-Y como Tácito escribió tremendamente, con el lenguaje aglomerado de tantos años en su alma: en Céspedes obraba inquietamente, con la genial vivacidad y bélicos caracteres por tan largos y tan insoportables años contenidos.”[5]

Las contradicciones y el orgullo quebraron la unidad entre los independentistas cubanos, los días posteriores a la Asamblea de Guaimaro, muchos se dieron cuenta de la inoperancia del sistema adoptado, pero no hubo tiempo, el poderoso Ejército Español, con el apoyo de la oligarquía esclavista criolla, fueron decididos a aplastar a los insurrectos que en el fragor de la lucha convirtieron aquel sueño en una revolución popular, donde lo sectores más humilde fueron tomando mayor protagonismo (campesinos, jornaleros, esclavos liberados por la guerra, negros libres) con destacados jefes surgidos de las filas: Máximo Gómez, Antonio Maceo, Guillermo Moncada, Flor Crombet, José Maceo, todos dispuesto a pelear hasta el final del colonialismo o de sus vidas.

Carlos Manuel de Céspedes pagó con la destitución y el aislamiento aquella rebeldía contra los poderes constituidos e inoperantes, murió en febrero de 1874, solo y emboscado por las fuerzas coloniales.

La Revolución que él inició duró aún cuatro años más, viviendo la contradicción de su debilidad política, frente a la combatividad de sus fogueado Ejército Libertador que no fue derrotado, sino traicionado por la cúpula del mismo gobierno provisional que destituyó a Céspedes.

El Pacto del Zanjón, febrero de 1878, parecía el pálido final a este episodio heroico de nuestra historia, pero un Héroe Popular, crecido en la lucha, invicto y fogueado en la contienda, el Mayor General Antonio Maceo, hombre negro de gran prestigio entre las fuerzas revolucionarias, repudió el Pacto y protagonizó la “Protesta de Baragúa” (marzo de 1878), al decirle al Capitán General Arsenio Martínez Campo, que no habría tregua sin  independencia y  libertad de los esclavos; fue un gesto viril que le dio voz a las fuerzas populares protagonistas de la guerra.


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo IV, pág., 387

[2] Ídem. Tomo 22, pág. 235

[3] Ídem pág. 388

[4] Ídem pág. 389

[5] Estas notas están en unas hojas donde aparece también el borrador de la carta de Martí al general Máximo Gómez, pidiéndole datos sobre Céspedes para un libro que pensaba escribir. Obras Completas de José martí. Tomo XXII, pág., 235

Historia, José Martí

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