Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Educación

EDUCACIÓN, PRIMER PERÍODO REPUBLICANO (1902-1925) (II)



En este primer período republicano se publican textos escolares en Cuba de destacados educadores de la isla, como Carlos de la Torres, Alfredo M. Aguayo, Dulce María Borrero y Carolina Poncet, entre otros. Eran textos sobre Lecturas, Lenguaje, Fisiología e Higiene, Moral y Cívica, etc., que tuvieron múltiples ediciones y se usaron durante mucho tiempo en las escuelas nacionales.[1]

En las ciencias pedagógicas sobresalen grandes figuras que vienen del siglo XIX y que han contribuido grandemente a la formación cultural de la nación cubana, Enrique José Varona, con su voluntad reformadora, realiza una tarea importantísima al emprender la reforma universitaria y ser un firme defensor de la educación cubana.

Alfredo Miguel Aguayo (1866-1948) destacado profesor de pedagogía de la Universidad de La Habana, fundador de la Pedagogía Moderna en Cuba, con un amplio trabajo, tanto en la docencia, con en la investigación. Sus ensayos aparecen en libros y revistas: “Pedagogía” (1904), “Las Escuelas Normales y su organización en Cuba” (1909), “La pedagogía en la universidades” (1909), “Enseñanza de la lengua materna en la escuela elemental” (1910), “La escuela primaria como debe ser” (1916), “El método funcional en la educación” (1916), “Los valores humanos en la sociología y en la educación” (1919) y “El vocabulario de los niños cubanos” (1920)

Al término de la guerra un grupo de intelectuales cubanos, entre los que se encontraban, Gonzalo de Quesada Arostegui, Néstor Ponce de León, Vidal Morales, Manuel Sanguily, Diego Vicente Tejera y Enrique José Varona, gestionaron con el gobierno de ocupación norteamericano la creación de la Biblioteca Nacional, constituida el 31 de octubre de 1901 y dirigida por Domingo Figarola Caneda, su sede se asentó en el Castillo de la Real Fuerza y sus primeros fondos fueron producto de donaciones privadas, incluyendo los 3 mil volúmenes y una imprenta donada por Pilar Arazoza de Múller. Poco tiempo después se trasladó para el espacioso recinto del Cuartel de la Maestranza, aunque la humedad proveniente de la cercanía al mar fue el principal enemigo de sus fondos, unido a la falta de ayuda oficial.

En 1918 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional Luis Marino Pérez, sustituido en 1921 por Francisco de Paula Coronado. Estos directores mantuvieron a la biblioteca como un centro cultural con regulares tertulias y reuniones de intelectuales de la época.

En 1920 el Departamento de Cultura de la Secretaría de Educación crea la Biblioteca Municipal de La Habana, de carácter público y cuyo primer director fue Arturo Carricarte, un eminente periodista y patriota de vasta cultura y férrea voluntad fundadora.

La Biblioteca Municipal de Santiago de Cuba, nace adjunta al Museo de dicha ciudad, por iniciativa del alcalde Emilio Bacardí. Inaugurada en 1899, mantuvo un carácter público con cuatro pequeñas bibliotecas en barrios de la ciudad y un eficiente servicio al público, mejorado en 1927 cuando se inaugura el nuevo local del Museo-Biblioteca. La misma ocupó el entresuelo del edifico y recibió el nombre de “Elvira Cape”, viuda de Bacardí y sostenedora de la idea.

En cuanto a los estudios bibliográficos en este período, sobresale la labor de Carlos M. Trilles (1866-1951), para muchos el más grande bibliógrafo cubano, su obra abarcó todas las temáticas y constituye una base para los estudios del libro en Cuba. Dejó una copiosa obras, correspondiendo a este período, la “Bibliografía de la segunda guerra de independencia y de la Hispano-Yankee” (1902), “Ensayo de Bibliografía Cubana de los siglos XVII y XVIII”, “Bibliografía cubana del siglo XIX” (1911-1915), en 8 tomos; “Los ciento cincuenta libros más notables que los cubanos han escrito” (1914), “Bibliografía Cubana del siglo XX”, dos tomos (1916-1917), “Biblioteca geográfica cubana” (1920), “bibliografía Antillana” (1921) y “Estudio de la Bibliografía sobre la Doctrina Monroe” (1922)

Otro bibliógrafo cubano destacado fue Domingo Figarola Caneda, quien dio a conocer la bibliografía de Rafael María Merchán (1905), de Ramón Meza (1905), de Enrique Piñeiro (1914) y de José de la Luz y Caballero (1916). Escribió además una “Cartografía cubana del Britsh Museum. Catálogo cronológico, planos y mapas de los siglos XVI al XIX “( 1910) y el “Diccionario de seudónimos” (1922).

En 1910 Mario Guiral Moreno sugiere la idea de crear un Museo Nacional, idea valorizada por los periódicos de la época y materializada por el Decreto 184 del 23 de febrero de 1913, ubicándose en una antigua edificación cedida por el Ayuntamiento de La Habana, siendo su primer director el arquitecto Emilio Herrera[2]. Los primeros tiempos del museo fueron difíciles dado su falta de espacio y fondos por lo que devino en un almacén en el que se depositaron obras de artes, objetos de interés históricos, pero también muchos trates viejos inservibles.

En 1925 se abre en La Habana el Museo José Martí, impulsado por Arturo Carricarte, su primer director y la devoción de los emigrados cubanos y la masonería habanera. Estaba situado en la Casa Natal del Apóstol y su colección era muy precaria, al igual que sus fondos que provenían de pequeños donativos privados y ninguna ayuda oficial.

Desde fines del siglo XIX los vecinos de la ciudad de Cárdenas anhelaban tener un Museo, idea que vieron materializada el 19 de marzo de 1900, al abrir un pequeño museo en la habitación que había ocupado Gertrudis Gómez de Avellaneda en la antigua casa consistorial, en ese momento Ayuntamiento de la ciudad. La primera colección de objetos que mostraba provenía del coleccionista y benefactor cardenense Francisco Blanes que había ofrecido su valiosa colección de camafeos, piedras preciosas y monedas antiguas, algunas de ellas del Imperio Romano con unos 2000 años de antigüedad.

Con el crecimiento de la colección el museo se traslada para el antiguo Cuartel de Infantería donde permanecieron hasta 1906 cuando fueron desalojados por las fuerzas de ocupación yanqui durante la segunda intervención.

Los cardenenses encabezados por el intelectual y coleccionista Oscar María de Rojas decididos a tener un Museo, crean un “Comité Protector del Museo” recaudan dinero para construir un edificio propio para su institución, inaugurada el 20 de marzo de 1918 como Museo y Biblioteca Pública. La historia de la institución cardenense recoge la veneración de su pueblo por los tesoros patrimoniales de su museo, guardados en casas particulares hasta la inauguración del nuevo local. Tras la muerte de Oscar María de Rojas en 1921 el Museo por él fundado fue bautizado con su nombre.


[1] José G. Ricardo, “Imprenta en Cuba”, pág. 135. La Habana, 1989

[2] Loló de la Torriente, “Imagen en dos tiempos”, pág. 101. La Habana, 1982

Cultura, Educación

EDUCACIÓN, PRIMER PERÍODO REPUBLICANO (1902-1925) (I)



Alfredo M. Aguayo

Desarrolló una destacada labor pedagógica en el período

Pese a la noble huella que habían dejado en la educación criolla numerosos pedagogos del país durante el siglo XIX, no será hasta la ocupación norteamericana que se organice un sistema de educación pública que a pesar de sus cortedades dotó a Cuba de un mecanismo eficaz para elevar la calidad de la enseñanza de la isla. Eso heredó la República que trató de mantenerlo aún pese a los turbios manejos de los políticos en el gobierno de los fondos públicos.

El censo población efectuado en Cuba en 1899 señaló que la población del país era 1 572797 habitantes y de ellos el 64 % era analfabeto por lo que era necesario modernizar el sistema educativo a fin de ponerlo en condiciones de responder a los retos que se le avecinaban.

“Nuestros males se estimaban “de educación” y, por tanto, “posible de corregir”, propios de todos los pueblos que han sido colonias y a los que la metrópoli inculcaba ideas de inferioridad local”[1]

La renovación metodológica de la enseñanza que se había iniciado con la ocupación militar norteamericana se mantiene durante todo este período, con los gobernantes dando cierta atención a la educación pública en los primeros gobiernos republicanos, pero en la medida que ganaban confianza y manejaban la maquinaria del estado se fue haciendo cada vez más evidente el desinterés por la educación pública, fundamentalmente la primaria, que nunca pudo hacerse realmente obligatoria para toda la población escolar, en primer lugar por falta de recursos, esquilmado por las “botellas”[2] y los intereses “caciquista” de los políticos, lo que hacía muy difícil abrir aulas y pagar maestros; otro factor era la desigualdad social y económica de la población que agravaba mucho más esta situación de carencias en los campos cubanos, donde prácticamente no existían escuelas y el analfabetismo duplicaba las cifras de las zonas urbanas.

La Orden Militar Nº 368 del gobierno interventor, inicia las trasformaciones de la educación en el país, fue modificada posteriormente en 1901 y 1902. En ella se estipulaba que la enseñanza primaria era obligatoria y gratuita para los menores de edad, lo que no impedía que miles de niños no asistían o desertaban antes de completar esta enseñanza, dada la necesidad de laborar y contribuir al sustento familiar, sobre todo en las zonas rurales.

En el año 1900 había en Cuba 3 595[3] aulas para la enseñanza primaria con una matrícula de 172 000 alumnos de una población escolar de 338 306, es decir el 50,9 %, uno de cada dos niños no asistía a la escuela. En 1907 la matrícula descendió a 122 214 en las escuelas públicas, el 30, 1 % de la población en edad escolar. La tendencia decreciente se mantuvo hasta 1919 con 234 038 alumnos, que representaba solo el 28, 5 % de la población escolar, cerrando el período con una leve recuperación relativa al matricularse en 1923, 269 796 alumnos, el 30,4 %.

El número de aulas fue creciendo lentamente, no con el ritmo que exigía la población escolar, pero sí de forma sostenida. En 1907 se reportaban 3841 aulas; en 1920, 5 652, llegando en 1925 a 6 383. Crecimiento que dejaba insatisfecha la demanda escolar en creciente aumento. Pero casi todo este crecimiento se estaba dando en las escuelas privadas, ya que las escuelas públicas en los primeros 25 años de República se vieron afectadas por la disminución constante del presupuesto educacional que bajó del 23 % en 1901 al 15 % en 1923.

Los planes de estudios de las escuelas primarias fueron creados en 1901 bajo la asesoría de expertos norteamericanos y modificados por la Junta de Súper-intendentes en 1905. En 1914 se producen nuevas modificaciones en la mayoría de las asignaturas, acorde con las exigencias pedagógicas del momento, siete años después, 1921 se simplificaron los programas, fundamentalmente en lo referido a la enseñanza rural.

En la Enseñanza Media Superior, Cuba contaba en 1902 con seis Institutos de Segunda Enseñanza, uno por cada provincia y unas pocas instituciones especiales como la Academia de Artes Plásticas San Alejandro, la Escuela de Artes y Oficio, una Academia de Comercio y una Escuela Normal de Kindergarten.[4] Al Instituto de La Habana se anexa una Escuela Náutica, un Jardín Botánico, así como estudios de taquigrafía y comercio; en el resto de los institutos se anexó una escuela de agrimensura.

Esta enseñanza recibió el beneficio reformador del “Plan Varona” que perfecciona el programa de estudios para este nivel, haciendo énfasis en la enseñanza de las ciencias y las asignaturas prácticas, por sobre las humanísticas. La enseñanza pre-universitaria se impartía en cuatro años con el siguiente programa: gramática, literatura castellana, idioma (inglés o francés), geografía universal, historia universal, matemática (hasta la trigonometría), química, física, historia natural, lógica, nociones de psicología, enseñanza cívica, y como opcionales: cosmología (descripción física del mundo), sociología y biología. Este Plan estuvo vigente hasta 1937.

Sobre este Plan educacional el mismo Varona diría: “Solo he intentado sentar las bases y hacer trazas en el terreno dejando de la mano de los obreros las definitivas construcciones”[5]

La reforma del programa de enseñanza universitaria quedó también en manos de Enrique José Varona quien pretendía crear una “universidad modesta” de acuerdo a los recursos del momento, pero que debía desarrollarse como una gran universidad, “(…) cuando tengamos más riquezas, más población y más sosiego”[6]

En base a sus planes se organizaron tres facultades: Derecho, Medicina y Letras y Ciencias. La primera contaba con las escuelas de Derecho Civil, Público y Notarial; la segunda con la Medicina, Farmacia, Cirugía Dental y Veterinaria y la tercera: Letras y Filosofía; Pedagogía, Ciencias, Ingenieros Eléctricos, Arquitectura y Agronomía.

Con el término del régimen colonial español se presenta en Cuba un agudo problema de falta de maestros, lo que fue enfrentado por el gobierno de ocupación yanqui primero y por las autoridades republicanas después, con la formación emergente de maestros en cursos de verano para capacitar el personal que atendería a las escuelas primarias. Con ese plan se habilitaron miles de maestros hasta 1908 en que terminaron estos cursos, refrendando los títulos de los docentes por ley en 1909. De esta forma se crea una estabilidad en el sector magisterial, que hasta ese año rendía exámenes anuales acorde con el resultado obtenido, dependiendo de ello la continuidad de su contrato. Los cursos de verano, pese a sus limitaciones, crearon las bases del magisterio nacional. Estas deficiencias partían básicamente de la falta de adecuación a nuestras realidades sociales de los sistemas pedagógicos de los Estados Unidos.

La Ley Escolar de 1909, obra de Ezequiel García, va dirigida a perfeccionar el sistema de enseñanza primaria, creado por los pedagogos norteamericanos. Se reorganizan las Juntas de Educación, creada por el primer gobierno interventor, se instaura la Inspección de Distrito, disponiéndose la estabilidad de los maestros.

Tomando conciencia de la formación de los maestros de Cuba, Manuel Sanguily presenta un proyecto de Ley para la creación de las escuelas Normales para hembras y varones en cada provincia (1915), establecidas entre 1916 y 1919, una de hembra y otras de varones en La Habana y una mixta en el resto de las provincias, completando el sistema se crea la Escuela del Hogar para preparar maestras de economía doméstica y trabajos manuales.

La educación privada se reglamenta por la Orden Nº 4 de 1902, autorizando la apertura de escuelas de enseñanza elemental, continuando la tradición colonial, cuando estas escuelas llenaron un vacío que las autoridades coloniales no ocuparon. A partir de la intervención norteamericana este tipo de enseñanza se regulariza y supervisa en sus funciones docentes.

Desde la primera intervención las autoridades yanquis, a la vez que organizan la enseñanza pública, alentaban la penetración de instituciones escolares extranjeras, principalmente de Europa y los Estados Unidos, que traían programas educativos divorciados de los intereses nacionales e impulsados por lo más conservador dentro de la pedagogía de la época.

La enseñanza privada durante el primer período republicano cobra impulso, alentada por múltiples instituciones de diversos orígenes, en su mayoría, religiosas, fraternales, sociedades mutualistas, grupos filántropos e instituciones extranjeras. Los mejores y más grandes colegios del país eran privados y en su mayoría religiosos, su matrícula general ascendía a unos veinte mil alumnos y dado su alto costo se convirtieron en formadores de la élite del país, aun cuando el estado conservaba el monopolio de la expedición de títulos en cualquier enseñanza.

Por lo pernicioso que era para la sociedad cubana, los sectores más progresistas se preocuparon por la fuerte penetración de estas instituciones escolares religiosas y abogaron por la enseñanza laica, fundamentalmente en la primaria. Este proceso tuvo su momento más importante en 1917 cuando el joven Dr. Fernando Ortiz presentó al congreso un proyecto de reforma de la enseñanza, argumentando que la misma debería estar bajo control del estado, principalmente la primaria, para prever que “personas ajenas e incompetentes eviten el desarrollo del patriotismo en los niños” e impedir la influencias de, “doctrinas caducas y condenadas por las ciencias contemporáneas”, el proyecto fue rechazado por el Congreso sin discutirlo.[7]


[1] Loló de la Torriente, “Imagen en dos tiempos”, pág. 102. La Habana, 1982

[2] “La botella” es el modo de llamar en la Cuba de entonces al cobro por una puesto de trabajo estatal que no se ejerce, se le concedía fundamentalmente a los jefes politiqueros que controlaban los gobiernos locales y los ministerios.

[3] Datos tomados de la “Historia de la Nación Cubana” Tomo X, Colectivo de Autores, 1952

[4] Enseñanza pre-escolar.

[5] Citado por Loló de la Torriente en Tomando de “Imagen de dos tiempos”, pp.97-98 La Habana, 1982

[6] Ídem, pág. 98

[7] José Grigulévich. “La cultura nacional cubana en el período de la dominación del imperialismo” en La Historia de Cuba. Tomo II, pág. 257. Moscú, 1980

Educación

LA EDUCACIÓN EN CUBA, LOS CAMBIOS NECESARIOS (1898-1902

En este período los principales y más importantes cambios en la educación cubana, se producen durante la ocupación norteamericana. Con la intervención yanqui la reforma educacional trajo más beneficio que perjuicio, dada la actualización del sistema de enseñanza y a la labor de el eminente profesor Enrique José Varona, modernizador de la enseñanza media y universitaria en Cuba.

Al terminar la guerra la isla estaba devastada y la educación, sin recursos y desarticulada. La situación de la enseñanza era tan grave que el gobierno interventor norteamericano demoró varios meses en reorganizar el sistema de enseñanza, esta vez bajo nuevas premisas, muy pragmáticas y que responden a los intereses y objetivos de los interventores.

Al crearse el Gobierno Interventor se crearon las Secretarias, una de ella la de Justicia e Instrucción Pública, que meses después fue desagregada, quedando ambas independientes. Al frente de la Secretaría de Instrucción Pública fue nombrado el notable filósofo y pedagogo cubano, Enrique José Varona, quien jugaría un rol muy importante en las reformas fundamentales que se introdujeron en la enseñanza, principalmente la secundaria y la universitaria.

En cuanto a la enseñanza primaria, dada su importancia y envergadura quedó en manos de un pedagogo norteamericano Alexis Everett Frye[1], creador de un sistema de enseñanza que copiaba los más conservadores patrones de la Escuela Norteamérica, pero que era un paso de avance con relación al sistema heredado de la colonia.

El 6 de diciembre de 1899 se dicta la Orden Militar Nº 226 facultando a las Juntas Municipales de Educación, presididas por los Alcaldes, a reorganizar la enseñanza en sus municipios, dándole un mayor nivel de dirección y descentralizando este importante sector. Las Juntas sostenían las escuelas primarias con el dinero del municipio y organizaban las aulas de acuerdo a la población de cada lugar.

La Orden ratifica la obligatoriedad de la enseñanza primaria para los niños de 6 a 14 años, estableciendo los mecanismos para que fuera efectiva esta obligatoriedad. El 11 de diciembre del mismo año se inicia el curso escolar, para el cual se abrieron 3 313 escuelas con una matrícula de 250 mil alumnos y una asistencia mensual del 62 % provocado por los graves problemas económicos de la isla y el aislamiento de la mayoría de las zonas rurales.

El curso echó a andar pese a la falta de aula, de maestros y escasez de materiales escolares, sobre la marcha se fue perfeccionando bajo la asesoría del Comisionado H. E. Hanna quien adaptó el Plan de Estudio que se acababa de establecer en Clevenland, Ohio, introducido en Cuba por la Orden Militar Nº 368 de 1900. Esta orden sirvió para poner en práctica el sistema de inspección para supervisar las asignaturas, el cumplimiento del Plan de estudio y la obligatoriedad de la enseñanza. Se establece una dirección técnica que asesoraría en lo concerniente a los métodos de estudios, los libros de textos y otros temas metodológicos, además de velar por la realización todos los años de un censo escolar y el funcionamiento de las escuelas de verano para la superación de los Maestros

La falta de libros de textos y la urgencia de estos hizo que se adaptaran los manuales de las escuelas norteamericanas, traducidos con urgencia y sin la adecuada correspondencia con la realidad nacional, tanto en lo social como en lo histórico. Se hicieron gestiones para la redacción de textos adecuados, pero la oposición de las editoriales norteamericanas y el solapado apoyo de las autoridades de ocupación hicieron fracasar el proyecto, bajo el pretexto de la “libre expresión”.

La formación magisterial afrontó semejantes retos durante la ocupación yanqui, había muy pocos maestros al iniciarse la reforma educacional, lo que hizo necesario emplear como tales a todos aquellos que teniendo nivel cultural quisieran impartir clases. Para mejorar esta situación se creó el sistema de “Maestros con Certificados” que pasaban una serie de exámenes tras pasar un curso de verano que estuvieron vigentes hasta 1908 y a través de los cuales se formaron muchos maestros.

La enseñanza pedagógica se realizó con los métodos y doctrinas del pedagogo Federico Herbart, muy en boga en los Estados Unidos, unidos a los principales principios pedagógicos de Herbert Spencer, en lo relacionado con los programas, con énfasis en las ciencias, el contacto con la naturaleza, la vida y la práctica. Eran escuelas intelectualistas que daban a la “razón” el lugar que había ocupado la “memoria” y que contribuía a formar hombres prácticos y capaces de adaptase al desarrollo técnico de su época. Se utilizó mucho por los maestros cubanos el “Manual para Maestros”, escrito por A. E. Frye, primer libro metodológico para la escuela primaria en Cuba.

A la educación se le dedicó un presupuesto mayor, para la adaptación de locales para escuelas, compra de mobiliario y materiales escolares. La Escuela Pública como institución estaba mejor atendida, aunque no cubriera todas las necesidades del país, principalmente en el campo.

Durante la ocupación se desarrolló una tendencia a “invitar” a los maestros cubanos para que visitaran las escuelas de los Estados Unidos, pasar cursos en ellas para su perfeccionamiento, lo que no dejaba de ser peligroso, dada la intención anexionista del gobierno interventor.

Los cambios en la educación primaria significaban un salto de calidad con respecto a la situación colonial, se hizo más efectiva la obligatoriedad de la misma; se perfeccionó el Plan de Estudio, mejoraron los métodos pedagógicos y aumentaron el número de escuelas y maestros.

Entre los riesgos que se corrieron en esos momentos está el hecho de que estas reformas fueron dirigidas por pedagogos norteamericanos preocupados por la instrucción del “buen ciudadano”, de acuerdos a los patrones éticos de su país, con textos que reflejaban el modo de vida norteamericano, ignorando la idiosincrasia y personalidad del cubano. Introduciendo en los planes de estudio del idioma inglés y olvidando la enseñanza de la historia nacional. Elementos todos ellos encaminados a preparar a la sociedad cubana para ser asimilada por los Estados Unidos.

Las Enseñanzas Secundaria y Universitaria contaron con un programa más apegado a las necesidades nacionales gracias a que fue diseñado por un maestro cubano Enrique José Varona, revolucionario y nacionalista que tuvo en cuenta los intereses futuros de la sociedad cubana. Sus proyectos chocaron con el conservadurismo de la clase intelectual del país pero recibió el apoyo del gobernador Leonardo Word para efectuarlo.

Su primera observación a la enseñanza secundaria fue su actualización, agregando al programa el estudio de las ciencias experimentales, eliminando asignaturas poco prácticas (latín, griego, alemán) y poniendo énfasis en la formación del bachilleres con el estudio del idioma español, gramática castellana, historia universal, e idiomas modernos, inglés y francés. El objetivo era que el alumno respondiera a las necesidades del país con una cultura general que los hiciera más culto y útiles.

La formación positivista de Varona fue determinante para la eliminación de la enseñanza verbalista por la experimental, con lo que trató de poner a Cuba a la altura de los más avanzados en cuanto a la enseñanza, pero el apresuramiento, la poca base cultural y la copia de los modelos foráneos hicieron que no fructificaran sus empeños. Varona también reforzó la enseñanza universitaria y sus estatutos bajo los mismos principios que la Enseñanza Media: formar a los hombres que la nación necesitaba.

El Plan Varona no fue un programa rígido sino un mecanismo flexible que permitía a la Universidad crecer de acuerdo a sus necesidades, crear, cátedras, escuelas o trabajar en determinada línea de investigación. Instruye a la Universidad para que no sea solo un centro docente sino también investigativo al servicio del país. Creo las escuelas de Letra, Ciencias, Pedagogía, Agronomía, Ingeniería Eléctrica, Arquitectura y Cirugía Dental.

Los padres Agustinos fundan el colegio San Agustín (1901) en La Habana, que ofrece además enseñanzas especiales y comercio. Los Hermanos Maristas abren Colegio Champagnat, en Cienfuegos (1902). También se abren los colegios “El Ángel de la Guarda” (1902) en La Habana y Santo Tomás de Aquino en Manzanillo en el mismo año.

En cuanto a las instituciones y sociedades culturales, el período fue muy prolífero a la creación de sociedades de instrucción y recreo por todo el país, formada fundamentalmente por la clase media cubana, muchas de ellas con integración racial, en base al color de la piel.

Se fundaron alrededor de 410 instituciones patrocinadas por grupos raciales (blancos, negros, mulatos, chinos), grupos étnicos españoles (vascos, canarios, gallegos, asturianos, etc.) y de otras nacionalidades; gremiales y de beneficencia. Estas instituciones surgieron como una necesidad para resolver o mitigar los problemas que subsistían en la sociedad cubana, crearon escuelas para niños pobres, promovieron actividades culturales y recreativas, pagaron becas a estudiantes, organizaron cursos de superación para adultos, asistencia médica y otros beneficios a sus asociados.

Las Sociedades norteamericanas comenzaron a penetrar desde la década de los 80s haciendo énfasis en las actividades culturales, recreativas y deportivas. Entre las primeras en crearse están: “Unión Club de La Habana”, “Sport Club de Matanzas” y “Maine Club de La Habana”.


[1] Fue profesor de la Escuela Normal de Chicago, ex superintendente en San Bernardino, California

Cultura, Educación

EDUCACIÓN EN CUBA COLONIAL (1878-1902)


El término de la guerra de los Diez Años (1868-1878) por la independencia de la isla y el reacomodo político que siguió en la sociedad colonial no trajeron mejoras al sistema de enseñanza, muy reglamentado por la burocracia administrativa, pero que en la práctica mantuvo un gran atraso con relación a otros países, con déficit de escuelas muy grande e índice de analfabetismo superior al 85 % entre la población libre. Con una población esclava excluida de todo beneficio cultural, social y humano. Las autoridades coloniales solo invertían un 0,7% de los gastos administrativos en la enseñanza superior, en tanto la enseñanza primaria y secundaria corría a cargo de los gastos municipales que no ascendían a más del 2,5 % para estos fines.

Contrastando con este drama, existía una minoría de gran cultura, con nivel de vida a la altura de los más ricos en los Estados Unidos y Europa, para quienes funcionaban algunos buenos colegios en la capital, sostenidos por pedagogos criollos de prestigio, completando la formación de sus hijos en el único centro de educación superior que había en la isla o en el extranjero.

En 1880 se introduce un nuevo Plan Para la Enseñanza, similar al de 1863, pero con algunas variantes formales que no resolvían la crisis. El objetivo era centralizar aún más las decisiones sobre educación, limitando las facultades de las escuelas privadas, de gran influencia criolla. Se mantuvo el carácter obligatorio de la enseñanza primaria, pero sin que el gobierno pudiera garantizar aulas para todos los alumnos. Se introduce la inspección técnica para garantizar la calidad de la enseñanza, aunque nunca llegó a organizarse. En las pocas escuelas que había sostenida por los municipios no se pasaba de enseñar a leer, escribir, y contar, con métodos arcaicos donde la memorización era factor fundamental.

La enseñanza secundaria regulada en este Plan, se amplió a seis instituciones, una por provincia y se facultaba a los Ayuntamientos a abrir una Escuela de Primaria Superior (Secundaria Básica) en poblaciones con más de diez mil habitantes. Ninguna lo hizo, por los pocos recursos de que disponía,

En cuanto a los programas, estaban plagados de materias humanísticas, muchas de ellas inviables en la sociedad moderna que pretendiera formar hombres cultos y preparados para hacer avanzar el país. Mucha gramática, latín, griego, religión y poca ciencia, caracterizaba esta enseñanza escolástica y memorística.

Igual o peor situación presentaba la secularizada Universidad, escasa de recursos, sin instrumentos, ni laboratorios para realizar investigaciones. Era básicamente una formadora de abogados, médicos y farmacéuticos.

En cuanto a la matrícula, el alumnado de primaria era de 35 mil niños en 1883, penos del 10 % de la población escolar, en tanto que en los centros secundarios había 1 186 alumnos en 1895 y en la universidad había menos de 300 estudiantes por la misma fecha.

Las escuelas primarias sostenidas por los gobiernos municipales eran 898 en todo el país en 1893, cifra que apenas llegaba a 312 en 1899 al término de la guerra.

La formación de maestros corría a cargo de la Escuela Normal fundada por Concha en 1852 en Guanabacoa, desaparecida durante el conflicto bélico. En 1892 se inauguran dos escuelas para maestros en La Habana, una para varones y otras para hembras, cerradas con el reinicio de la guerra de independencia.

La Educación Privada acentúa su papel de formadora de las clases privilegiadas, muchos de ellos religiosos, otros a cargo de prestigiosos maestros cubanos que durante la colonia convirtieron sus escuelas en formadora de una intelectualidad criolla anticolonialista de diferentes tendencias ideológicas y que influirán decisivamente en los acontecimientos históricos y sociales de la isla en el entresiglos. Eran colegios con un ganado prestigio, supervisados por el estado colonial en sus programas, pero mirados con desconfianza por su tendencia identitaria.

La Sociedad Patriótica de Amigos del País funda en 1873 la Institución Zapata, la Institución San Manuel y San Fernando (1886), el Colegio Pío del Santo Ángel (1886) y los Institutos, “La Encarnación” de Limonar y el de Marianao (1891), eran colegios mixtos para hembras y varones, gratuitos y sostenidos con donativos de los socios.

En las últimas décadas del siglo XIX se produce una fuerte penetración de los colegios religiosos, muchos de ellos norteamericanos. En 1892 se funda en La Habana el Colegio del Apostolado del Sagrado Corazón de Jesús, para hembras, posteriormente crean escuela en Marianao (1896) y en Cárdenas en 1897. Las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús fundan colegios para hembra en Pinar del Río en 1894 y en La Habana en 1895. La Orden Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl funda escuelas en Bejucal (1899) y en Güines (1900). Las Madres Dominicas Americanas crearon en 1900 la “American Dominican Academy of our Lady Help of Christians” y ese mismo año la Orden de la Divina Providencia se establece en el Colegio Nuestra Señora de la Caridad en La Habana.

Cultura, Educación

EDUCACIÓN, EL GRAN LOGRO DE LOS 80


Las escuelas en el campo, la solución educacional de los 80

La educación es uno de los grandes logros sociales de la Revolución Cubana, sostenida por el estado socialista que ha implementado la misma como un derecho de todos los ciudadanos, que la reciben de forma gratuita y obligatoria hasta el 9no grado.[1] A partir de este nivel todos los educandos tienen derechos a recibir una opción para formarse como técnicos de nivel medio en diferentes especialidades o continuar sus estudios en el nivel preuniversitario para optar por una carrera universitaria de acuerdo a sus capacidades y vocación. Todo de forma gratuita.

La aplicación de métodos propios en la enseñanza media, como la vinculación del estudio y el trabajo en escuelas integrales y en áreas agrícolas, fue la característica de la educación en esta década.

La población cubana de los 80 estaba compuesta en más de 55% por jóvenes menores de 30 años casi todos incorporados al estudio directo o a la superación profesional. En la década de los 80 la matrícula en primaria era del 39,7% de la población total de país; media el 48,1 % y 12 % en las universidades, lo que convertía a Cuba en un país de estudiantes, un reto que solo pudo asumir un país en Revolución que dedicó buena parte de su presupuesto en garantizar la preparación de un potencial humano capaz de participar en la trasformación cualitativa de la economía y el desarrollo científico y cultural de la población cubana.[2]

Con el inicio de la década de los 80 el sistema educativo cubano estaba en plena expansión, teniendo como elemento novedoso la combinación del estudio con el trabajo como base de la pedagogía cubana, lo que era más notable en los niveles de secundaria básica y preuniversitario, donde la gran mayoría de los estudiantes estaban becados en las Escuelas Secundarias en el Campo (ESBEC) o en los Institutos Preuniversitarios en el Campo (IPUEC), centros en los que estos jóvenes intercalaban una jornada de estudio con otra media jornada laboral en faenas agrícolas en grandes planes citrícolas y vianderos en todas las provincias del país.

En 1980 existían 415 ESBEC y 141 IPUEC con una matrícula que sobrepasaba los 580 mil estudiantes, 16 mil de ellos estudiantes extranjeros de varios países que recibían educación, principalmente en la Isla de la Juventud. Esta gran población estudiantil era un aporte nada despreciable a la economía de estos planes agrícolas, esencialmente en plantaciones citrícolas en Jagüey Grande, Isla de la Juventud que producían frutas exportables para los países del CAME.

La gran problemática de este masivo crecimiento de la población estudiantil en este nivel fue la calidad de la enseñanza, no solo por la falta de experiencia de la mayoría de los profesores, muy jóvenes y con una preparación sobre la marcha para resolver el reto educacional, sino el fenómeno del “promocionismo” desatado en este tipo de escuelas internas, casi todas acercándose al ciento por ciento de promoción y con evidentes lagunas en la formación ética y curricular de sus alumnos, que luego incidía en los niveles superiores de la enseñanza.

El 11 de julio de 1980 se graduaron en La Habana el III y IV Contingente del “Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce”, una forma emergente de formar maestros para responder a la demanda de docentes para la enseñanza media y media superior. Eran jóvenes graduados de 10mo grado que luego fueron nivelando su categoría académica hasta alcanzar la Licenciatura en la Enseñanza, desde el primer año se incorporaban a las aulas de las escuelas en el campo en media jornada y estudiaban en la otra.

Al iniciarse el quinquenio 1981-85 Cuba contaba con 26 escuelas pedagógicas y 216 900 maestros y profesores de la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria.

No se descuidó la educación de los trabajadores que continuaron elevando su nivel escolar enfrascado en lo que se llamó “La Batalla por el Sexto” alcanzado con éxito en 1980, cuando más de 900 mil personas habían vencido ese nivel. La continuidad hasta el 9no grado fue el compromiso logrado en 1985.

La educación de adultos continuó siendo una prioridad de la Revolución en la década de los 80, en el curso 80-81 matricularon en esa modalidad más 128 mil estudiantes adultos en la Secundaria Obrero campesina (SOC) y unos 66 mil en el nivel de Educación Obrero Campesina (EOC); en la enseñanza superior más de 58 mil trabajadores estudiaban en 1980, cifra que aumentó a 109 mil en 1984, lo que permitió al país tener una fuerza laboral escolarizada y en constante superación a más del potencial joven que se preparaba en las escuelas y universidades, en 1985 más del 42,8 % de los técnicos y profesionales eran menores de 30 años.

El nivel educacional de los trabajadores se modificó significativamente entre 1978 y 1986: con nivel de primaria se disminuyó de un 54% a 23 %; en secundaria básica se elevó de 26 % a 37,8 %; preuniversitario de 16, 1 % a 29,7% y en el nivel universitario se elevó de 3,9 % a 9 %.[3]

Esta escolarización masiva de la fuerza laboral fue creando un potencial científico técnico que sería la base del desarrollo cualitativo de la economía y las investigaciones científicas y su aplicación técnica.[4]

En 1976 se creó el Ministerio de la Educación Superior que tenía a su cargo en 1985 46 centros de enseñanza universitaria con una matrícula de 280 mil estudiantes que estudiaban 98 especialidades, priorizándose las carreras pedagógicas y de la salud, sectores en constante crecimiento.

En cuanto al desarrollo científico técnico, los centros de educación superior fueron creando su base para la formación en Cuba de los aspirantes a grados científico, los que ya sumaban más de 1200 candidatos a doctores a mediados de la década de los 80.

El 8 de septiembre de 1982 la UNESCO reconoce a Cuba por sus resultados en materia educativa, en tanto la Central de Trabajadores de Cuba es galardonada por la Asociación Internacional de Lectura, con sede en Roma, por el programa que le permitió alcanzar a medio millón de trabajadores el 6to grado.

En 1985 el país disponía de 319 bibliotecas públicas y 3 200 bibliotecas escolares, además de las bibliotecas de las universidades y las especializadas, era todo un sistema en función del esfuerzo por elevar la educación y la cultura del pueblo, que se completaba con la impresión masiva y gratuita de la base material de estudio para todas las enseñanzas y un sistema editorial que publicaba lo mejor de la literatura universal y nacional a precios muy barato para la población nacional en tiradas grandes, era el principio de “libros para todos” que ya contaba con una campaña para fomentar el hábito de la lectura en una población que eleva constantemente su nivel de instrucción.

En cuanto al sistema de museos y las oficinas del cuidado del patrimonio, se consolidan en todo el país. Con la nueva división político administrativa se impulsó la creación de al menos un museo en las cabeceras municipales.

El 12 de noviembre de 1980, se crea el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (Cencrem), subordinado al Ministerio de Cultura y radicado en el antiguo Convento de Santa Clara. Su creación fue de un gran impacto para el cuidado del patrimonio en Cuba puesto que en este centro se formaron durante más de 30 años los especialistas en conservación y restauración de monumentos, los museólogos de todo el país y de otras partes de América Latina y el Caribe, además trabajos de restauración de piezas patrimoniales. Este proyecto recibió una gran ayuda de la UNESCO en este período.[5]

Durante esta década el Cencrem jugó un papel importantísimo en la restauración de diversas edificaciones de La Habana Vieja y conformó la base para el trabajo que desarrollaría la Oficina del Historiador de la Ciudad a partir de la década de los 90 del siglo XX.

En 1982 la UNESCO declara Patrimonio de La Humanidad el centro histórico de La Habana que abarca además el sistema de fortalezas defensivas de la misma, en 1983 esta misma institución presenta en La Habana una campaña internacional para el rescate y rehabilitación de la Plaza Vieja, base de las grandes transformaciones que en el tema del patrimonio desarrollaría la Oficina del Historiador de La Habana, dirigida por Eusebio Leal, quien inicia un proceso de rescate de la ciudad histórica comprendida en los límites del municipio Habana Vieja.

Trinidad y el valle de los Ingenio fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988, por su alto grado de conservación del conjunto y el significado para la preservación de la cultura colonial en ese espacio.


[1] En 1985 la escolarización de los niños hasta 12 años era casi completa y el 87 % entre 13 y 16 estaban escolarizado

[2] Ver “Desconexión, reinserción y socialismo”, Fernando Martínez Heredia, en “En el horno de los 90”, págs. 143 y 144. La Habana, 2005

[3] Anuario estadístico de Cuba, 1987, citado por Fernando Martínez Heredia en “Desconexión, reinserción y socialismo” en “En el horno de los 90”, La Habana, 2005

[4] Fernando Martínez Heredia en “Desconexión, reinserción y socialismo” en “En el horno de los 90”, pág. 143-144 La Habana, 2005

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UNA ESCUELA EJEMPLAR


En la misma cuadra donde se ubica el Museo Casa Natal de José Martí, en la esquina de Paula y Picota, existe una Escuelita Hermosa que vi nacer a finales del siglo XX a iniciativa de la Oficina del Historiador de La Habana y en una casona colonial rescata del tiempo y la sobre explotación, esa escuela es la Escuela Primaria Don Mariano Martí, en honor al padre del nuestro Apóstol.

Tiene un aula de cada grado desde 1ero y 6to y las condiciones que no solo dan las comodidades arquitectónicas creadas, sino un claustro estable, de calidad y con un “sentido de pertenencia”, como el que aspiramos tengan todos los trabajadores de la educación por su escuela.

Recuerdo en su inauguración en 1998, las palabras de Eusebio Leal, el soñador de La Habana, quien encomendó a nuestro Museo Casa Natal de José Martí la atención a esa escuelita y a todas las que llegaran a esta institución que el pueblo ha bautizado como LA CASITA DE MARTÍ, así únicamente.

Gusto da entrar en aquel jardín de niños, trabajar con ellos en cuantas ideas se les ocurren a sus maestros y a nosotros los colaboradores de la casita, gusto da verlos crecer seis años en conjunción con la historia y la ética de sus maestros y el ejemplo sencillo de hijo de Mariano.

Para los que me lean y vivan cerca de esta ciudad maravillosa que es La Habana, traten de llegar a esta adorable escuelita habanera ejemplo de lo que soñamos para nuestras escuelas y los “príncipes enanos” que en ella estudian.

Educación

LA EDUCACIÓN, UNIVERSAL Y PLENA


Parece que la memoria no es el fuerte de los egoístas y lo primero que hacen cuando amasan fortuna y creen haber llegado a otro status, es olvidar.

Hoy en día uno de los debates más interesantes y sordos, por su poca repercusión mediática, es la calidad de la educación en Cuba, dada los grandes problemas salariales, inherentes a todos los trabajadores estatales cubano, porque ser maestro o profesor ha dejado de ser opción de estudio y vida para las más jóvenes generaciones, que aspiran a trabajar en el turismo, engancharse en un proyecto musical o danzario que le permita salir o cualquier otra carrera, medicina entre ellas, que aunque tan deprimidas salarialmente como todas las otras, tiene futuro en otros lares, donde se le recibirá con brazos abiertos, para hacer un “dinerito”, tener un carro y llenarme de todo lo que Cuba y el socialismo no le pueden dar. Emigrar siendo un profesional, es un carta para ganar y más si llegas a los Estados Unidos donde la “Ley de Ajuste Cubano” te garantiza estatus de refugiado político y facilidades para hacerte ciudadano, poder trabajar legalmente y salir adelante. Si esto no es “robo de cerebro” no sé qué es.

Pero volvamos a los maestros y profesores, Cuba garantiza aula y maestro para todos los estudiantes desde pre-escolar hasta noveno grado, de forma obligatoria y real; desatender la educación de tu hijo es un delito, porque ese es su derecho. A partir de aquí los estudiantes van a Institutos preuniversitarios, politécnicos para oficios o especialidades de nivel medio, que tanto necesita el país y por último la Universidad o la educación superior, de forma general, aspiración de muchos y a la que hoy las puertas se han hecho más selectiva, dadas las exigencias vocacionales o pruebas de ingresos, que todas la sociedad estaba pidiendo a gritos hace rato se aplicara.

Esto es costoso, pero el gran drama es poner un maestro en el aula, dicho sean de paso el maestro es entre los trabajadores estatales uno de los mejor remunerados, claro en pesos cubanos, no recibe CUC, ese que se cambia 25 x 1 y en muchos no hay la preparación y en otros la disposición para enfrentarse al aula, “por tan poco dinero”, el éxodo en educación es constante, sobre todo entre el personal más joven.

Mi opinión personal es que los problemas más graves no están en la primaria, donde el maestro garantiza la base y el alumno sale luego de seis años con una instrucción muy buena, en sentido general, de la que soy testigo por el trabajo diario con las escuelas primarias. Ocurre que el maestro tiene sobre sí una carga burocrática dura, un papeleo que “debe” servir para evaluar el proceso educativo y que la “familia” por regla casi general ha renunciado a su papel de supervisora del muchacho o muchacha, en este proceso de educación que también le atañe, resultado, la ética es la que sale resquebrajada, porque muchas veces entran en contradicción la escuela, la familia y la sociedad cotidiana donde ese alumno está desenvolviéndose.

En Secundaria Básica el alumno ya adolescente casi que se libera, la familia lo controla poco y en la escuela con el cúmulo de cosas por aprender, queda poco para ocuparse de sus “aldeas urbanas”, “modas” y “gustos”… sin hablar de sus aspiraciones personales y profesionales.

Es en este nivel donde se acentúa la falta de maestro, sobrecargando a otros, cuya preparación pedagógica no es mucha y priorizando el cumplimiento del plan de clase, que muchos asimilan, pero otros quedan colgados en medio de las penurias.

Cuando llegan al preuniversitario, los buenos promedios y la presión de la familia aumenta sobre los que llegaron y es cuando afloran las lagunas, en las “famosas” materias que serán objetos de examen de ingreso: Matemática, español e historia. A esta altura de la educación el alumno debe haber desarrollado la habilidad del estudio individual, la investigación, la lectura complementaria, debe tener claro sus aspiraciones y trabajar en base a ellas, afianzando aquellos conocimientos que le ayuden a entrar en las diversas carreras universitarias.

Los padres resuelven estos problemas con una figura nuevas en la sociedad cubana, el “repasador”, que sí paga el que puede y el que no puede hace el sacrificio. ¿Necesita siempre un alumno un repasador?, No… si ha sido capaz de vencer los objetivos de la enseñanza en su nivel y desarrollado las habilidades requeridas para su nivel, no…pero la presión del “repasador”, de que “fulanita va al repaso” y porque eso hasta da status, hace que muchos acudan a esta “inversión por sus hijos”, muy loable, pero negadora de un sistema educativo que tiene el reto de elevar tu techo de calidad, no solo para dar instrucción sino para dar “educación” formar al ciudadano y eso no lo puede hacer un repasador.

Educación

INICIO DE LAS CLASES EN CUBA

“Ser cultos es el único modo de ser libres”

José Martí

Estamos como a la espera de una fiesta, el lunes 2 de septiembre se reincian las clases en el sistema de enseñanza cubano, ese mismo que garantiza educación gratuita y obligatoria hasta el noveno grano, el que luego ofrece múltiples opciones de oficios para  los continuantes y si las aspiraciones y rendimiento académico son  mayores, podrá continuar estudio en un preuniversitario, antesala de los estudios superiores.

También reinician sus clases las universidades cubanas,  a donde llegan, no lo que puedan pagar la matrícula, sino aquellos de mayor rendimiento académico, según la carrera que quieras estudiar, sin que esto signifique un desembolso de dinero para los padres.

La educación en Cuba es gratuita en todos los niveles y cada día se perfecciona más, no solo para mejorar los programas escolares, sino para optimizar los recursos que no sobran en esta isla citiada y rebelde.

Estamos en un momento decisivo e importante de nuestro desarrollo como nación, el país busca asegurar una autosuficiencia sustentable en cuanto a su economía, para minimizar los efectos del acoso económico al que  somete el gobierno de los Estados Unidos al pueblo de Cuba, pero sin renunciar a principios ni bajar banderas, porque el que renuncia a principios y cambia dignidad por prebendas termina traicionado por esos mismos que “no tiene amigos sino intereses”.

Por eso es para la Cuba socialista de hoy tan importante la educación, el renglón social más prioritario del estado cubano, junto al de la salud, porque en las aulas se forman las nuevas generaciones, los continuadores de una obra noble y perfectible inspirada en los valores  universales de igualdad, solidaridad, respeto al otro y tolerancia, manteniendo la unidad nacional como el factor más importante para sobrevivir en tiempos de egoismos y hegemonias imperiales.

Felicidades a nuestro estudiantes, las calles se vuelven una fiesta con más de dos millones de compatriotas rumbo a sus aulas, con la tranquilidad de que no faltará ni el maestro, ni el aula, ni los materiales escolares, de eso se encarga el estado revolucionario nacido un 1 de enero de 1959.

Educación

MUJERES CUBANAS SON MAYORÍA EN EL SECTOR CIENTÍFICO


Esta breve información es una prueba del protagonismo de la mujer en la Revolución Cubana, protagonismo que cada vez más se potencia no solo por un problema de género sino por la decisiva contribución que ellas dan en este proceso de cambios de la sociedad cubana actual:

Orfilio Peláez Mendoza

«Al cierre del pasado año el número de trabajadores vinculados directamente a la actividad de ciencia y tecnología era de 89 mil 947 (inferior al del 2011), según muestran los datos del Anuario Estadístico de Cuba 2012, dados a conocer recientemente por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

«La propia fuente ratificó la presencia mayoritaria de la mujer en el sector con 47 mil 609 ocupando diferentes plazas, que incluyen puestos de dirección, investigadoras, técnicas y de servicios.

«Desde el punto de vista de preparación educacional, del total de personas laborando en esta esfera, 69 mil 803 corresponden a graduados universitarios, de los cuales 4 mil 655 son investigadores categorizados, mientras 12 mil 678 tienen nivel medio.

«El número de títulos de publicaciones seriadas fue de 149, buena parte de ellas en formato electrónico. Por áreas las Ciencias Médicas encabezan la relación con 46, seguidas de las Agronómicas, 27, y Tecnológicas, 17, cifra alcanzada también por las Ciencias Sociales y Humanísticas.»


Tomado del periódico Granma, edición digital 26/8/2013

Educación

SER BUENOS



Cuadro de Roberto Fabelo (Fragmento)

Para nuestro José Martí la categoría ética más alta es “ser bueno” esa es en esencia el resumen de lo humano, porque recogen en sí misma todas las otras categorías positivas del carácter  y sirve de valladar a los antivalores, porque “ser bueno” implica defender y practicar principios altos que nos elevan hasta la altura de lo humano.

Crecí leyendo estas cosas en la revista “La Edad de Oro”, pero en mi casa mis padres predicaban la escuela del ejemplo y aunque muchas cosas faltaran, la dignidad, la honestidad, la tenacidad, la ayuda al prójimo, en fin ser bueno eran valores que no faltaban.

Vivimos en época de violencia y egoísmos exaltados, cuando el “sálvese quien pueda” parece ser la única ley en un mundo tan lleno de precariedades espirituales que hace lo más común que el ser humano sea enemigo del ser humano.

Por eso muy a la antigua, como la piedra filosofal de la humanidad toda, creo que la bondad debe prevalecer si queremos tener futuro, por eso vuelvo a Martí a su relectura para los niños en su revista sencilla y eterna, “La Edad de Oro”:

«Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. (…)Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

(…) Los niños saben más de lo que parecen, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.(…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien, hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar. Porque las mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes, si supieran leer. Y les diremos Cómo se hace una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo”

Introducción al primer número de “La Edad de Oro”, julio de 1889

Educación, José Martí
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