Cultura Cuba

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Educación

SER BUENOS



Cuadro de Roberto Fabelo (Fragmento)

Para nuestro José Martí la categoría ética más alta es “ser bueno” esa es en esencia el resumen de lo humano, porque recogen en sí misma todas las otras categorías positivas del carácter  y sirve de valladar a los antivalores, porque “ser bueno” implica defender y practicar principios altos que nos elevan hasta la altura de lo humano.

Crecí leyendo estas cosas en la revista “La Edad de Oro”, pero en mi casa mis padres predicaban la escuela del ejemplo y aunque muchas cosas faltaran, la dignidad, la honestidad, la tenacidad, la ayuda al prójimo, en fin ser bueno eran valores que no faltaban.

Vivimos en época de violencia y egoísmos exaltados, cuando el “sálvese quien pueda” parece ser la única ley en un mundo tan lleno de precariedades espirituales que hace lo más común que el ser humano sea enemigo del ser humano.

Por eso muy a la antigua, como la piedra filosofal de la humanidad toda, creo que la bondad debe prevalecer si queremos tener futuro, por eso vuelvo a Martí a su relectura para los niños en su revista sencilla y eterna, “La Edad de Oro”:

«Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. (…)Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

(…) Los niños saben más de lo que parecen, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.(…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien, hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar. Porque las mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes, si supieran leer. Y les diremos Cómo se hace una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo”

Introducción al primer número de “La Edad de Oro”, julio de 1889

Educación, José Martí

JOSÉ MARTÍ, TEMAS EDUCATIVOS



Por estos días La Habana se ha convertido en la capital pedagógica de América Latina, al sesionar en el Palacio de las Convenciones el Congreso de Pedagogía 2013 y posteriormente la reunión de ministro de Educación de la CELAC, en ambos eventos la coincidencia sobre la necesidad de impulsar la educación del pueblo fue unánime, dado el hecho de que sin cultura no podrá hablarse de desarrollo, ni de mejoramiento de la calidad de vida del ser humano, en consonancia con el pensamiento pedagógico de José Martí, uno de los pilares de la educación y la cultura del mundo contemporáneo.

En marzo de 1883 José Martí comienza a colaborar con la revista La América, publicación que se edita en Nueva York y tiene como contenidos fundamentales la divulgación en español de los avances que se producen en el mundo y fundamentalmente en los Estados Unidos en temas como la agricultura, industria y comercio.

Para el agudo sentido crítico de José Martí estas colaboraciones se convierten en el análisis de lo que está pasando en ese país en materia de transformaciones económicas y sociales y principalmente en educación donde estos cambios tecnológicos determinan un replanteo de la enseñanza en sentido general. Es importante el sentido que él da a sus artículos, no dirigido a un público abstracto sino a los hispanoamericanos que siguen con curiosidad y deslumbramiento estos cambios de la sociedad capitalista desarrollada.

En junio de 1883 escribe sobre los avances educacionales que se producen en Argentina, enfatizando en la necesidad de formar gente con calificación técnica:

“…Acólitos no dan ya las escuelas, sino agrónomos; no enfrenadores de almas, sino acariciadores de la tierra.”[1]

Ese mismo mes escribe para el periódico La Nación de Buenos Aires párrafos que completan su idea sobre la educación popular:

“El hombre ignorante no ha empezado a ser hombre. El hombre lleva todas sus espadas y todas sus lanzas en la frente.

“…Puesto que a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida. En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar. Escuelas no debería decirse, sino talleres. Y la pluma debe manejarse por la tarde en las escuelas; pero en la mañana, la azada” [2]

En muchos de sus trabajos para la revista La América, Martí hace agudas críticas a la enseñanza retórica y de un humanismo hueco y desfasado que se enseña en los países de América Latina de su tiempo y aunque no niega la necesidad de este humanismo bien encaminado para la formación de la espiritualidad del hombre hace constante reiteraciones sobre la necesidad de darle bases científicas y práctica a esta enseñanza:

“El mundo nuevo requiere la escuela nueva

“Es necesario sustituir al espíritu literario de la educación, (por) el espíritu científico…

“Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela de primeras letras y acabe en la Universidad, brillante, útil, de acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que se enseña…”[3]

En el mes de septiembre aparece su artículo Educación Científica en el que están más concretadas sus ideas sobre la necesidad de darle a la educación una bases científica, este análisis van dirigidos a las naciones de nuestra América constreñidas en su pedagogía a la tradición de la enseñanza memorística y letrista, con poca o ninguna práctica en el que la tradición religiosa marca la pauta ideológica y anticientífica:

“… Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a las de la naturaleza.-Divorciar el hombre de la tierra, es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio,-A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: ésas son sus alas.

“Y el medio único de ponérselas es hacer de modo que el elemento científico sea como el hueso del sistema de educación pública.

“Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública.-Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica…

“Esto piden los hombres a voces:-¡armas para la batalla![4]

A lo largo de todo el año 1883 las colaboraciones de José Martí para la revista La América llevan esta impronta de informar y opinar sobre los progresos que en materia de educación, y en otras esferas aparecen en los Estados Unidos, siempre teniendo el cuidado de advertir sobre el peligro de copiar e imitar, sin tener en cuenta nuestras característica como pueblos, ni las condiciones sociales que heredamos, pero sí con una convencida idea que mantiene su vigencia:

“En nuestro países ha de hacerse una revolución radical en la educación, sino no se les quiere ver siempre, como aún se ve ahora a algunos, irregulares, atrofiados y deformes…” [5]

Esa carga de inequidad que aún tara los esfuerzos de las vanguardias progresistas de América Latina tienen en la educación una batalla dura pero necesaria; con sectores marginados de la educación, de la cultura, apartados por la ignorancia de la posibilidades de la decisión sobre su destino social e individual, es imposible aspirar a ese mundo mejor y posible al que aspiramos.

El pensamiento pedagógico de José Martí tiene en la revista La América, editada en Nueva York, un sustento importante para desarrollar sus ideas de educación para el ser humano en países como los de América Latina en los que el estancamiento de siglo de coloniaje permanecía aún a pesar de que se acercaban al centenario de su vida republicana. En su transitar por varios países de Hispanoamérica aprecia los esfuerzos reformadores de los gobiernos, pero conoce del freno de las oligarquías conservadoras, sus prejuicios para con los aborígenes, los mestizos y los descendientes de africanos, tenidos por ellos como gente de inferior clase, que se le soporta como animales de trabajo, pero se desprecia por ser freno de la “civilización” que ellos pretendía crear al estilo de los países más avanzados de occidentes.

En enero de 1884 aparece en la mencionada revista un artículo suyo acerca de las grandes polémicas en los colegios norteamericanos acerca de la implantación de la enseñanza científica y práctica a la que hace su aporte al escribir:

“La educación, pues, no es más que esto: la habilitación de los hombres para obtener con deshago y honradez los medios de vida indispensables en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano”[6]

Concepto que completa con esta conclusión:

“La educación tiene un deber ineludible para con el hombre, -no cumplirlo es un crimen: conformarle a su tiempo- sin desviarle de la grandiosa y final tendencia humana. Que el hombre viva en analogía con el universo, y con su época (…)”[7]

En la edición de febrero reseña la enseñanza de los oficios en un colegio norteamericano, donde en el segundo párrafo dice:

“Ventajas físicas, mentales y morales vienen del trabajo manual(…)El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos(…) el que debe su bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias, tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas, y la mano segura, se ve que son esos los que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigante dichoso, e inspira ternura y respeto(…)”[8]

Es evidente la importancia que da el Apóstol al trabajo como formador del ser humano y su valor educativo en la conformación social y no como instrumento enajenante y de explotación. Tal es su convencimiento de la importancia educativa del trabajo que escribe:

“Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia, al sol, donde cada estudiante sembrase un árbol”[9]

Concepción que sirve de base a la escuela cubana revolucionaria, que potencia al trabajo como formador del “hombre nuevo” para la “sociedad nueva”, hombre culto, con una altísima preparación, pero dotado de los valores que hacen más noble al ser humano: altruismo, solidaridad, espíritu de grupo y comprometido con la construcción de la nueva sociedad.


[1]OC de José Martí, t. 13 p. 321

[2] Ídem t. 13. pp. 52-53

[3] Ídem t. 8. p. 299

[4] Ídem t.8. p. 277

[5] Ídem t. 8. p.279

[6] OC de José Martí, t. 8 p. 427

[7] Ídem

[8] Ídem, p. 288

[9] Ídem

Educación, José Martí

LA EDUCACIÓN, EL PILAR DE LOS CAMBIOS

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El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro en la Plaza de la Revolución, el 22 de diciembre de 1961

El 22 de diciembre celebraremos una vez más el “Día del Educador” en Cuba, ese día pero de 1961 Fidel proclamó a Cuba “Territorio Libre de Analfabetismo”, conquista que marca el despegue educacional de la sociedad cubana. Tal hecho por su relevancia constituye hoy un hito para los educadores cubanos y parte por derecho propio de las doctrinas educativas de José Martí, legado que aún hoy mantiene su vigencia.

Por lo esclarecedor de sus criterios reproduzco el artículo del doctor Armando Hart, Director de la Oficina del Programa Martiano y uno de los protagonistas de aquella hazaña de 1961:

«La búsqueda de la integralidad de la cultura, entendida esta última como lo que distingue al homo sapiens del resto de las especies, es, precisamente, la más elevada aspiración de la historia universal. Fue nada menos que Segismundo Freud quien dijo con gran prevención, pues como se sabe era un hombre pesimista, que la justicia es la primera categoría de la cultura.

«José Martí afirmó: “Los hombres van de dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen”. Obviamente, los que “aman y fundan” están en el corazón de la cultura.

«José de la Luz y Caballero caracterizó la justicia como “sol del mundo moral”. Se alcanza la integralidad de la cultura que es, precisamente lo que está planteando el compañero Fidel.

«Es muy interesante que en la identidad nacional cubana y latinoamericana estén las raíces filosóficas del pensar cultural del mundo de hoy. Decía el profesor Medardo Vitier, padre de nuestro queridoCintio, que para Luz “El criterio sobre la verdad no radica objetivamente en el mundo exterior, no radica subjetivamente en nosotros; surge, se organiza como una congruencia entre lo objetivo y lo subjetivo”.

«Lo realmente importante de este momento es que los modernos avances de las ciencias naturales y en especial de la bioética, señalan la posibilidad y la necesidad de relacionar los resultados de las investigaciones de las ciencias naturales, de un lado, y los de las ciencias sociales y humanistas del otro. El legado filosófico más importante de Van Renssenlaer Potter, forjador de la bioética, está en esta perspectiva.

En nuestro continente, a diferencia de lo ocurrido en Europa y Estados Unidos, se observa en la segunda mitad del siglo XX el surgimiento de las corrientes más originales de toda esta civilización de origen europeo-norteamericano:

*La renovación del pensamiento socialista que generó la Revolución Cubana y que nos representamos en Fidel Castro y Ernesto Guevara, y que inspiró a muchos otros movimientos sociales de igual aspiración, en la última mitad del siglo XX.

*La cosmovisión estética, expresada en escuelas de trascendencia e impacto universal, como la literatura de lo real maravilloso de Alejo Carpentier y en los grandes maestros del llamado “boom literario” de América Latina, sin olvidar la epopeya transformadora del idioma español, cuyos artífices pioneros, Martí y Darío, estimularon la actitud creadora e innovadora en todos los campos de las bellas artes.

*El pensamiento social filosófico y ético de la teología latinoamericana de la liberación, cuando la analizamos, no solo como un fenómeno teológico del cristianismo, sino como una propuesta revolucionaria, en función del reino de este mundo.

*La revolución bolivariana propuesta y convocada por el presidente Chávez.

*El nuevo cine latinoamericano, el más reciente espacio de la creatividad latinoamericana y caribeña en el mundo de las artes y de la comunicación.

*El movimiento de educación popular, cuyas concepciones y experiencias han terminado marcando consensos universales en organismos internacionales y gobiernos. Dentro de ello debe priorizarse el estudio del pensamiento educacional de Paulo Freyre.

Desarrollar y fortalecer la aplicación del método electivo en tanto se rige la justicia como categoría principal de la cultura es, precisamente, la más apremiante necesidad del mundo de hoy.
Decía Luz: “Todos los métodos y ningún método, he ahí el método”.

Compruebe el lector esta conclusión a la que yo personalmente llego, y se encontrará con un camino hacia las necesidades teóricas más importantes de la actualidad. Nada de eso está en antagonismo con el pensamiento de Marx y Engels. Aquí se encuentran de una manera muy interesante las raíces filosóficas para el socialismo en el siglo XXI. Esto supone relacionar el movimiento social con el movimiento cultural. Cada uno de ellos por separado pueden ser importantes, pero juntos pueden conducirnos a la revolución.

Esa es la experiencia más importante para investigar cómo llegamos en Cuba a las ideas socialistas y por qué las defendemos, importante también descubrir los nuevos caminos del hacer que van por la vía de relacionar cultura, ética, política práctica, derecho y economía sobre un fundamento de que la cultura es el principal motor del movimiento económico.

Estudiar la historia de la Revolución Cubana y sus implicaciones constituye una necesidad imperiosa del mundo de hoy, porque ante la dramática realidad que enfrentamos, digámoslo con expresiones recibidas de la tradición cristiana: estamos entre el cielo y el infierno, y solo lo bueno nos conducirá al cielo. Lleguemos al cielo por los caminos de la cultura general integral a que nos ha llamado Fidel Castro y, por tanto, vinculémoslo al movimiento social y al cultural.

Lo más importante es hallar los caminos del saber para alcanzar la idea del bien como suprema aspiración martiana. No hay otra alternativa práctica»[1]


[1] Armando Hart Dávalos: “Vigencia de la filosofía educativa de José Martí”/revista Bohemia digital. 3/12/2008



Cultura, Educación

UN CONCEPTO VIGENTE DE EDUCACIÓN POPULAR


Al centro de la isla hay una ciudad culta y hermosa, Santa Clara, por estos días su Universidad[1] cumple 60 años y ellos viven orgullosos del prestigio científico e intelectual que esta alta casa de estudio ha adquirido durante estos años de presencia en la sociedad villaclareña.

Como es sabido por mucho esta ciudad fue escenario de una de las más intensas batallas contra la dictadura de Fulgencio Batista en diciembre de 1958, era el combate definitorio del quiebre de las fuerzas dictatoriales y en el mismo tuvo un protagonismo extraordinarios el Comandante argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna, nuestro “Che”, quien dirigió esta batalla teniendo por comandancia la sede de esta Universidad.

Fueron estos méritos revolucionarios lo que llevaron al claustro de esta institución en diciembre de 1959, en el primer aniversario del asalto a Santa Clara por las fuerzas del Ejército Rebelde, a conferirle al “Che” el título de Doctor Honoris Causa, galardón que refirió con toda la humildad que caracterizaba a este legendario revolucionario.

Sus palabras de agradecimientos tuvieron la premonición de anunciar la idea de cómo debía ser la Universidad en la Cuba nueva que se comenzaba a construir y la resume en estas palabras:

«Y, ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no solo entre los alumnos, sino también entre profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba»[2]

Nota: La imagen tomada del Blog cubano “La Tecla con Café”


[1] Universidad “Marta Abreu”, fundada en 1952.

[2] Discurso de Ernesto Guevara en la ceremonia de imposición del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Marta Abre de Las Villas. 28/12/1959

Educación, Historia

LA PEDAGOGÍA MARTIANA


“La verdad llega muy lejos mientras más bello se dice”

José Martí

Los detractores de un pensamiento pedagógico martiano sostienen que en los escritos de José Martí sobre temas educativos predomina más lo intuitivo que lo sistematizado. Sin embargo un grupo de estudiosos de la pedagogía cubana, encabezado por el doctor Justo Chávez Rodríguez, sostienen que en Martí hay un método y un pensamiento educativo que nace y se desarrolla con la observación de la vida y las experiencias de su época.

El doctor Chávez sustenta que Martí desarrolló una teoría educativa que necesita desarrollarse y aplicarse y que él no conocimiento de ella, no quiere decir que no exista.

En su indagación sobre la pedagogía martiana el doctor Justo Chávez periodiza el desarrollo de la misma en tres momentos: “1875-1883”, período de concreción del pensamiento pedagógico martiano con un sentido universal, enfatizando en sus críticas a las soluciones oficiales a los problemas educativos en países de América latina y los Estados Unidos. Ve la educación como un fenómeno social e integral, pero con un nuevo sentido, apartándose de las concepciones positivistas predominantes en su época y enfatizando en la espiritualidad del hombre como forma de educar a un ser humano libre, integral, creativo, con cualidades morales elevada, con criterio propio, que forme parte de una sociedad, “con todos y para el bien de todos”.

Un segundo momento del pensamiento pedagógico martiano se da entre “1883-1889”, período en que el Apóstol enfatizó sobre un ideario pedagógico latinoamericanista. Basado en las experiencias que adquiere durante su estancia en los Estados Unidos y sin dejar de reconocer las virtudes del sistema educativo que allí se aplica, comienza a proponer especificidades para la América Nuestra (América Latina).

Para él la educación para la vida no debe basarse en el pragmatismo y el utilitarismo, sino en una educación integral que prevé que todo lo puede conocer el hombre, pero con un mejor resultado si primero se abre la puerta del sentimiento, la espiritualidad que nos hace humano.

Un tercer momento de plenitud del pensamiento pedagógico martiano trascurre en el período “1889-1995”, en el que amplía su criterio sobre la educación funcional y las diferentes modalidades educativas, desde la especializada hasta la popular, siempre teniendo en cuenta el vínculo de la instrucción y las ciencias con la poesía, pensando siempre en el ser humano y su desarrollo integral.

Esa es la base de la pedagogía cubana actual, el verdadero sustento de la formación de un “hombre nuevo” para una sociedad nueva con seres humanos cultos, que vivan y participen en la creación constante de su sociedad en base a la plenitud del hombre individual y su integración en el entramado social.

Educación, José Martí

La Universidad Popular José Martí


La década del 20 del siglo XX en Cuba es conocida como la “década crítica”, por lo que significó en la maduración de una conciencia nacional popular, en la que convergen elementos de la pequeña y mediana burguesía cubana, representada en buena parte por su estudiantes e intelectuales, junto a los sectores más humildes, los trabajadores.

Es destacable en este período la fundación y funcionamiento de la Universidad Popular José Martí, escuela de carácter político fundada por un grupo de destacados jóvenes estudiantes y obreros con el objetivo de formar a la clase trabajadora en el conocimiento de las ideas progresistas y de izquierda.

La Universidad Popular José Martí fue inaugurada en La Habana el 3 de noviembre de 1923, Julio Antonio Mella, su creador y organizador, señaló el alcance que habría que habría de tener el nuevo organismo, en cuyos estatutos se establecía el anti dogmatismo científico, pedagógico y político, junto a la justicia social. Considerando a las escuelas para obreros como una demostración de la futura democracia proletaria.

La Universidad Popular nacía bajo la influencia de la Reforma Universitaria y en su claustró contó con un grupo de estudiantes y graduados decididos a llevar al más alto nivel las reformas. Entre ellos figuraba Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Gustavo Aldereguía, José Zacarías Tallet, Sara Pascual, Alfonso Bernal del Riego, entre otros.

El funcionamiento de la Universidad Popular fue difícil por los numerosos enemigos que tenía, trasladándose de la Universidad de La Habana al Instituto de Segunda Enseñanza, donde también encontró oposición, por lo que tuvo que pasar a funcionar en locales obreros.

La Universidad Popular divulgó entre los trabajadores la “Historia de las Ideas Sociales”, el desarrollo de la Revolución de Octubre y el pensamiento de Lenin; algunos problemas económicos, filosóficos y literarios a la luz del marxismo, todo ello con el objetivo de revolucionar la conciencia de los trabajadores.

El gobierno de Gerardo Machado y la oligarquía dominante vieron en la Universidad Popular un foco de propaganda comunista por lo que fue clausurada el 12 de julio de 1927. Julio Antonio Mella escribió entonces: “Las aulas se han cerrado, pero las páginas de los libros se abren”.

Educación, Historia

José Gómez Mustelier, Campeón Olímpico en boxeo Olimpiada Moscú-80


Este joven de origen campesino oriundo del municipio de Colombia, provincia de Las Tunas,  nació en una fecha significativa para los cubanos 28 de enero de 1959, se incorporó al boxeo desde los quince años y a los dieciocho discutía el campeonato nacional de los 71 Kg y se consagró a los diecinueve en el campeonato mundial de Belgrado, Yugoslavia, 1978, al coronarse Campeón Mundial en los 75 Kg, ya era una estrella, por su fuerte pegada y el deseo de victoria que imprimía en cada salida.

En la XXII Olimpiada de Moscú se presentó luego de accidente automovilístico que hicieron peligrar sus posibilidades, pero fue subiendo con la competencia: su primera combate frente al desconocido zambiano Enock Shama, terminó con un apretado 3-2 de los jueces; para el segundo combate frente al coreano Mung Jan Bong se recupera de un peligroso conteo de protección en el primer asalto y se impone por KO en el segundo;la pelea de semifinales frente al rumano Valentín Silaghi fue victoria de 5-0.

En la final José Gómez tuvo frente a sí al soviético Viktor Savchenko, un hombre de tremenda calidad y apoyado por su público, fue un duro combate que terminó 4-1 para el cubano. Que completaba así un ciclo competitivo con el título de Campeón Olímpico

Educación, Historia

Dos documentos históricos

22 de Diciembre de 1961, Cuba entera estaba de fiesta, miles de jóvenes y otros no tan jóvenes regresaban a sus casas después de alcanzar una batalla histórica contra la incultura y la marginación; ese día más de setecientos mil cubanos adultos habían escrito al menos una carta breve y sentida al jefe de la Revolución, en casi todas ellas el contenido se refería al agradecimiento por poder escribir una carta, por no tener que firmar con una cruz, por no tener que pedirle a otro que le leyera el periódico o la revista, por saber contar y escribir las cosas más simples, porque el lápiz y la libreta entró en la vida cotidiana de los hogares campesinos y tener un libro se hizo una necesidad y seguir, seguir palante como dice el guajiro.

Ese día culminaba una etapa y comenzaba otra, reafirmar la cultura y la educación en ese pueblo donde más de la mitad de su población no había terminado el nivel primario y era necesario que ese pueblo no solo “creyera lo que se le decía”, sino que pudiera leerlo, entenderlo, apoyar y discrepar, estar de acuerdo o no, seguir haciendo la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, como bien dijera Fidel, aquel enérgico líder que le había nacido a Cuba después de tanta historia y tanto esfuerzo frustrado, desde Carlos Manuel de Céspedes y Martí hasta las generación del 30.

Por eso les traigo la portada de las dos Cartillas con la que aprendieron los cubanos analfabetos en 1961, en ella descubrían la cultura, la patria y las razones para aquel salto radical en la política y la sociedad, que nos convertiría en “herejes”, en el pueblo más calumniado del planeta, en la Esparta y la Atenas de América, frente al Goliat prepotente que no se conforma con la convivencia con un pueblo mestizo que se ha construido un camino distinto, cometiendo errores, tratando de rectificarlo, pero con la honestidad como bandera, aunque aquí, como en toda obra humano, todo es perfectible.

Educación, Historia, Opinión

Cuba 1961: La Batalla contra la Ignorancia





Para los cubanos de hoy el 22 de diciembre es un significativo día, es el “Día del Educador”, el momento para rendir homenaje a ese que día a día hace mucho por nuestra educación y enseñanza, en una tradición que nació en 1961, hace ya 50 años, cuando miles de jóvenes alfabetizadores desfilaron por la Plaza de la Revolución luego de haber cumplido con la más hermosa de las batallas emprendida por la Revolución Cubana, la lucha por la erradicación del analfabetismo, mal endémico que afectaba en 1959 a 1 032 849 cubanos, el 23, 6 %[1] de la población del país en esos momentos.

Esa gran batalla por la cultura tenía como protagonistas a 120 mil alfabetizadores populares, 100 mil jóvenes estudiantes agrupados en la legendaria “Brigada Conrado Benítez”, 13 mil brigadistas obreros y más de 34 mil maestros y profesores, que eran la vanguardia de esta hermosa tarea que hizo proclamar al año 1961, como el Año de la Educación” en Cuba.

Para ese año el país registraba 979 207 analfabetos, desperdigados por toda la geografía cubana, pero fundamentalmente, gente humilde del campo, donde casi no había escuela y las precarias vida que llevaban los campesino, le hacían ver como un lujo ese derecho a la educación que desde el nacimiento de la República en 1902, estaba refrendado por la Constitución, pero que nunca fue realidad para uno de cada cuatro cubanos.

El resultado de aquel esfuerzo fue la alfabetización de 707 212 personas, menos del 4 % de su población. Los que no aprendieron a leer y escribir en esta etapa eran personas de edad avanzada, discapacitados y algunos que se negaron a abrir sus ojos a la “luz de la enseñanza”, pero este analfabetismo residual continuó siendo atendido por las autoridades educacionales de la Revolución.

Ese 22 de diciembre en la Plaza de la Revolución se izó una enorme bandera roja, con el símbolo de la Campaña de Alfabetización y el hermoso lema convertido en meta cumplida por todo un pueblo encabezado por los jóvenes: CUBA TERRITORIO LIBRE DE ANALFABETISMO.

Hoy esos jóvenes protagonistas son adultos mayores, maestros en su mayoría, otros muchos profesionales en otras ramas, pero todos orgullosos de su protagonismo en la más noble de las batallas, base del desarrollo cultural y educacional que la Revolución de todo un pueblo propició.


[1] Esta y otras estadísticas utilizadas fueron publicadas en el periódico TRABAJADORES, el lunes 19 de diciembre de 2011

Educación, Historia

La enseñanza superior en Cuba (1959-1970)


La enseñanza superior tenía antes de 1959 tres universidades estatales y algunos centros privados que desaparecieron con la nacionalización de la enseñanza en 1961. En este sector una de las primeras medidas de las autoridades revolucionarias fue la creación del Consejo Superior de Universidades, organismo asesor que trabajó en la elaboración de las reformas para la enseñanza superior.

Este trabajo culminó en 1962 con la reforma a la enseñanza universitaria que eliminó el régimen de autonomía de las Universidades que pararon a ser dirigidas por el Ministerio de Educación; se crean las bases para poner la enseñanza superior al alcance de todos los ciudadanos, creando facilidades para que puedan ingresar a ellas, los obreros y los campesinos. Se introduce el marxismo-leninismo como la base ideológica de la formación profesional y del trabajo investigativo en las mismas. Se enfatiza en la formación de cuadros para la economía cubana; se crea el sistema de becas para estudiantes, estipulando condiciones especiales para los trabajadores que arriben a estos centros como estudiantes.

Las universidades fueron rediseñadas para responder de la mejor manera al desarrollo científico-técnico de la sociedad cubana, al tiempo que se crearon nuevas facultades y se mejoraron los programas para formar los especialistas que necesitaba el país. Se enfatiza en una enseñanza práctica, ligada a la vida y al desarrollo social, al servicio del pueblo y acorde a sus intereses.

La vinculación del estudio con el trabajo pasa a ser la base de la pedagogía cubana aplicada en las universidades junto al principio de democratización de la vida universitaria.

Se crearon nuevas especialidades entre ellas los Institutos Pedagógicos (1964) anexos a las universidades para la formación de profesores para la enseñanza media y superior. La enseñanza médica se amplio a las tres universidades existentes para formar los médicos necesarios que suplirían a los miles que abandonaron el país al triunfo de la Revolución.

En el primer decenio de la Revolución la enseñanza superior confrontó dificultades con su matrícula producto de la baja promoción en la enseñanza media y la deserción de estudiantes de los primeros años, debido a su pobre preparación de base que les impide responder a las exigencias cada vez más alta de las universidades.

En el curso 59-60 la matrícula universitaria cubana era de 25 295 alumnos, disminuyendo progresivamente hasta alcanzar su nivel más bajo en el curso 62-63 con 17 257 educandos. Luego se inicia un lento y progresivo aumento del alumnado hasta alcanzar 34 520 estudiantes en el curso 69-70.

A pesar de los grandes avances en la enseñanza cubana de la década del 60, subsistían serias dificultades y deficiencias en el sistema: La concentración de repitentes en la enseñanza primaria, lo que trae por consecuencia un estancamiento de estudiantes de ese nivel y por ello deficiente flujo de promoción para la enseñanza media y superior. Constantes cambios de programas y planes de estudios. Las reformas en los diversos tipos de enseñanza, sin la debida integración. Diversos enfoques dentro de una misma asignatura y nivel. Falta de orden en los temas de los programas y déficit de maestros titulados.

Todas estas dificultades fueron discutidas a principios de la década del 70 en debates promovidos por el Gobierno Revolucionario y que culminaron en el primer Congreso de Educación y Cultura (1971)

Cultura, Educación

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