Deporte
UNA PARTIDA DE AJEDREZ
Andrés Ludivico Viesca Gutiérrez
Hace algún tiempo buscaba la partida de ajedrez que jugara José Martí con un niño mexicano de apenas siete años Andrés Ludovico Viesca Gutiérrez, todo un talento en aquellos momentos, que pudo lucirse en los cafés de ajedrez en la Ciudad de México en los que se vio con frecuencia al joven cubano que tenía 23 años y mucho talento para el periodismo aunque era un principiante en el arte de los trebejos, al que acude más por el ambiente de armonía y camaradería que a su alrededor se gestaba.
El niño tenía un notable talento, no solo para el ajedrez sino que ya sabía leer y escribir, se dice que aprendió solo, dibuja, resuelve problemas de aritmética y según los que le vieron jugar, lo hacía de forma muy segura, sumido en una meditación casi adulta. En Cuba al menos, desconocemos mucho de este pequeño que ha entrado a la historia cubana como el niño que le ganó a nuestro José Martí al ajedrez, no porque él fuera un experto sino porque nos queda la constancia de la partida jugada con su más joven contrincante.
Esta es la partida
Blancas: Andrés Ludovico Viesca Negras: José Martí
1- P4R P4R
2- CR3A P3AR
3- P4D CDAT
4- P5D P3AD
5- CD3A P3AD
6- PxP CxP
7- A3R C2C
8- AR4A CR3T
9- D3D A4A
10-OO P3D
11-P3TD AxA
12-PxA C4AD
13-D2R A5C
14-PACD AxC
15-DxA C2C
LOS CUBANOS Y EL BEISBOL
Ya ustedes debe haberse enterado, el equipo Cuba de beisbol fue eliminado, cayó en un dramático partido frente a los antillanos-holandeses, que le han cogido la medida a este equipo y con buen juego e inteligencia han suplido el supuesto poderío del nuestro.
Cuba entera estuvo pendiente de este partido desde las seis de la mañana hasta más allá de las diez, con la emoción que el cubano pone cuando se trata de beisbol, pelota, porque es la manera como le llamamos por aquí al juego, que no inventamos pero que estamos seguro somos “los mejores”, así somos de hiperbólicos si de pelota se trata.
Aquí todo el mundo dirigió el juego y cada jugada fue vivida con emoción de vida o muerte, este no es un deporte más, es la “pasión”, el mayor espectáculo del país, que convoca a la mayor cantidad de personas, con las mayores y mejores instalaciones deportivas, el deporte más costoso y más desgastador para los atletas que tienen que ir y venir en ómnibus a lo largo de la isla para cumplir un calendario extenso y sin más estímulo que la admiración de su público, porque no son profesionales bien pagados, sino asalariados con un sueldo del estado, magro, como el de todos los cubanos, cuando pudieran ser estrellas millonarias en otros ámbitos.
Juegan por su público y su camiseta en terrenos, la mayoría de las veces malos, con la presión de un público duro y difícil y un reglamento que permite muy pocos cambios de peloteros entre equipos, aunque usted esté subutilizado en el banco de su novena, no importa, “eres mío y si no es conmigo no juegas”, resultado, desaliento, rutina, imitación malsana del burocratismo que se come al país y al final, la deserción de muchos que viajan a Dominicana, México, Estados Unidos y hasta a la misma España, por sustentar sus sueños y vivir de lo que saben hacer.
Hoy por hoy el beisbol cubano es un esquema, pícher que tiran duro pero con un limitado repertorio, sin especialización, porque las “estrellas” son los abridores y los relevistas son los que comienzan con la aspiración de llegar a estrella.
Los bateadores otro tanto, hombres de fuerza, de gran somatotipo, nada integrales, todos terceros, cuartos o quintos bates, los demás subestimados o esperando a que alguien descubra que ellos también saben botar la bola.
Se acabó en Cuba el juego bello de la explosividad latina, con la fuerza creativa y la inteligencia táctica de los manager, no tenemos academia de beisbol, aunque algunos lugares se llamen así, si directores de beisbol profesionales, si ganas te quedas sino ganas te vas y traigo a otro, los peloteros desmotivados y la burocracia beisbolera hablándonos de “cambios” que no llegan.
Adiós a nuestro sueños, pero así mejor, porque de haber triunfado, porque calidad hay, esos problemas de fondo, estructurales y de política de estado, hubieran pasado a un segundo plano…pensemos, la pelota también necesita cambios, con prisa y sin pausa porque el beisbol es el deporte nacional.
ROMPIENDO EL HIELO
Erisbel Arruebarruena (centro), lució bien en el primer partido de Cuba en este Clásico Mundial bateó dos hits, impulsó dos carreras y lució bien en su posición del campo corto
Anoche se durmió poco en Cuba, a las 10:30 pm, hora de Cuba, debutó el equipo de CUBA de beisbol, esos que tantas polémicas levantan con su actuación, esos que tantas alegrías nos han dado a lo largo de muchos años, esos que no le perdonamos si pierden un juego, esos que son nuestras estrellas admiradas, aunque a decir verdad siempre tendremos una pregunta, ¿quién es mejor, fulano o perencejo?, pie para una gran discusión de esquina.
Lo mejor de todo fue que ganamos 5 carreras por 2 frente a un equipo brasileño con oficio pero sin tradición, al que nadie en Cuba daba margen para llegar aquí, pero está y ayer le estuvo ganando a Japón hasta el octavo episodio.
Muy bien Ismel Jiménez, las carreras se las hicieron a Freddy Asiel, Cuba bateo 8 imparables por 6 Brasil. Seguimos despierto.
CUBA EN EL MUNDIAL DE FUTBOL SUD20
De rojo, Arichel Hernández, sigan ese nombre, le dio la clasificación a Cuba con dos goles frente a Costa Rica, 2-1
Esta noticia aunque parezca increíble no fue primera plana en Cuba, donde todos sabemos “qué es noticia y qué no lo es”. Lo buscaba en el periódico Granma, el principal diario cubano, y allí no apareció ni una notica para decirnos quien había ganado, ¿la culpa? Del cierre del diario, pero miles de cubanos esperábamos este alegrón y nos pareció más que increíble que no se trasmitiera por televisión, cuando los topes de Cuba de beisbol se trasmiten hasta desde la luna si es preciso.
Hay que alentar a esos muchachos que tienen preparación, estirpe y deseo de llegar lejos, deben sentir el reconocimiento del pueblo y de sus autoridades y hacer mucho para ver si por fin tenemos un equipo de futbol decente, con atletas motivados y que no deserten como ha pasado en los últimos tiempos.
Vamos a soñar con un buen equipo ya que no tenemos ni un buen futbol, ni una buena estructura competitiva, ni terrenos que valgan la pena, por lo que sea pero carecemos de ella.
¡¡¡¡¡¡Arriba Cuba!!!!!! Ya tenemos un equipo de futbol en mundiales.
EQUIPO CUBA DE BEISBOL PARA EL CLÁSICO 2013
¡Bravo!, como aficionado a la pelota, mi confianza a este equipo y a esos hombres que están responsabilizados de dirigirlos, ¡qué bueno que el rendimiento y la necesidad de un equipo versátil, joven, de experiencia, de gente dispuesta a jugarse el todo por las cuatro letras del CUBA sea el factor determinante.
Sentí una gran alegría al ver a cuatro pineros en el equipo grande, ellos que no son provincia, sino municipio, que tienen un manager de experiencia, batallador y que ha sabido formar un equipo estrella que hoy ya está clasificado pero aún dará fuerte batalla en la segunda fase. Qué lástima que miraran ahora hacia los pineros batalladores, cuando tuvieron hombres que años, tras años, jugaron solo por la camiseta, sin que nunca fueran de la prese selección y pienso en Alexander Ramos y Carlos Llanes, ese es el beisbol competitivo que los cubanos queremos ver, el que ellos juegan y que conste que yo no soy pinero, pero lo merecen.
En cuanto al CUBA felicitar la valentía de Víctor, tiene un colectivo, pero él tiene criterio como director, y no creo que nadie le dirija el juego desde las gradas o con un móvil por eso le admiro, primero como pelotero, cuando muchos le juzgaban de payaso, a mi me gusta ver la pelota caliente, de jugada y hacer lo que el contrario no espera, aunque lo no lo diga el librito, tenemos un buen beisbol, pero no un buen sistema de competencia, el espectáculo hay que potenciarlo, por encima de la representatividad y 200 peloteros buenos, no los hay en Cuba y el que quiera jugar a ese nivel, que lo demuestre y no forme parte de una plantilla porque es el mejor que hay en su provincia. Será entonces un torneo rentable, de calidad y podremos decir que es un torneo de los mejores del mundo.
Este es el equipo y el artículo aparecido en el periódico Granma del día 17 de enero de 2012:
CUATRO PINEROS EN EL CLÁSICO, VERSATILIDAD Y NO UNA CONSTELACIÓN
Oscar Sánchez Serra
Fuerza al bate, velocidad en las bases y defensa de todos los ángulos del terreno, es decir, cobertura total de los tres aspectos de juego, son los atributos de la selección nacional de béisbol inscrita ayer ante los organizadores del III Clásico Mundial, que se celebrará entre el 2 y el 19 de marzo venideros.
En conferencia de prensa en la tarde de ayer, en la que participaron Jorge Polo, vicepresidente del INDER y jefe de la delegación al magno evento; Norge Marrero, al frente del Departamento de Alto Rendimiento de ese organismo, y Jorge Fuentes, responsable técnico de la escuadra cubana, Higinio Vélez, director nacional de béisbol, aclaró que esta es una lista preliminar. “Hasta el día 20 de febrero tenemos para hacer cambios. El equipo se concentrará tras el 3 de febrero, cuando recesa la Serie Nacional, y serán llamados varios jugadores que conformarían un grupo de reserva, elegibles para la cita mundialista”.
Aunque no se dieron cifras de cuántos serían, sí se barajaron nombres como los del camagüeyano Dayron Varona y el artemiseño Yadier Pedroso. Sin embargo, el mentor Víctor Mesa fue enfático al decir, “pero hoy este es el equipo”. Y añadió: Ismel Jiménez será el abridor del primer juego frente a Brasil y Castillo, Heredia o Ibáñez, actuarían de primer bate.
Preguntado por Granma sobre si este equipo se parece a él, a como jugaba cuando era pelotero de los conjuntos nacionales, Mesa respondió: “es un elenco de mucha rapidez, explosividad, con peloteros de mucho empuje, con bateadores zurdos, con posibilidad de emplear a más de uno en distintas posiciones. Por eso no hay que temer a que haya una sola tercera base, por ejemplo. ¿La debilidad? Está en la cabeza, que hay que usarla para pensar, para que tácticamente seamos tan buenos como las potencialidades que cada uno tiene como jugador”.
Sobre Pedroso, considerado por muchos uno de los mejores lanzadores cubanos, afirmó que ha tenido problemas con su rendimiento y su disposición. Sobre tan llamativa ausencia en la lista, Jorge Fuentes sentenció que él ha hablado con el destacado pitcher, y le dijo de su responsabilidad con la afición, con el béisbol de su país, “pero sobre esa misma responsabilidad es la que tiene que basarse o no su inclusión. Si no está bien, si no se recupera, no va”.
La no presencia del mejor receptor del país, Ariel Pestano, fue explicada por Víctor Mesa. “A Pestano no hay quién le quite sus méritos, es un digno representante de nuestra pelota, en todos los sentidos. Su calidad y maestría debemos reconocerla y felicitarnos todos por tenerlo entre los grandes de Cuba. Pero creemos que hoy La Rosa y Frank Camilo pueden cumplir con tan importante tarea”.
Según los directivos, se tuvo en cuenta todo el proceso preparatorio, desde la gran preselección de 77, que luego se llevó a 50, y desde ese corte y durante toda la Serie, se han hecho tres cambios a partir de los resultados de cada pelotero.
Que cuatro jugadores de la Isla de la Juventud estén en el equipo nacional a un evento de tanto rango, que ocho hagan su debut en un evento grande, que la actual Serie Nacional se haya tenido en cuenta para la integración de esta plantilla, es en primer lugar una inequívoca señal de respeto por nuestro béisbol.
Es también un reflejo de cuánto ha aportado la 52 Serie con la entrega de los peloteros de los 16 equipos. “Se ha jugado una pelota aguerrida, hacía mucho tiempo no teníamos esa pasión en el terreno en cada desafío. Fue muy difícil esta selección justamente por eso, pero un equipo no es una constelación de jugadores, es necesario cubrir cada detalle, como potencial de emergente, versatilidad y por supuesto, rendimiento”, afirmó Fuentes.
Un gran resultado en el Clásico sería fruto de la preparación, dijo, “pero también de la actitud de todos esos peloteros en nuestro campeonato. ¿Hasta dónde llegaremos en el Clásico? Yo soy un optimista crónico, y a esa condición le cabe todo”.
Equipo Cuba inscrito para el III Clásico Mundial: Receptores: Yulexis La Rosa; Frank Camilo Morejón y Eriel Sánchez. Jugadores de cuadro: José Dariel Abreu, Luis Felipe Rivera, José Miguel Fernández, Andy Ibáñez, Yulieski Gourriel y Bárbaro Erisbel Arruebarruena. Jardineros: Frederich Cepeda, Alfredo Despaigne, Rusney Castillo, Alexei Bell, Guillermo Heredia, Yadiel Hernández. Lanzadores: Freddy Asiel Álvarez, Ismel Jiménez, Raciel Iglesias, Odrisamer Despaigne, Norberto González, Darien Núñez, Wilber Pérez, Yulieski González, Vladimir García, Alexander Rodríguez, Danny Betancourt, Vicyohandri Odelín y Yander Guevara. Director: Víctor Mesa. Jefe técnico: Jorge Fuentes. Auxiliares: Primitivo Díaz y Ángel Castillo. Entrenadores de pitcheo: Juan de Dios Peña y José R. Riscart. Entrenador de bateo: Pedro José Rodríguez. Preparador físico: Víctor Figueroa.
YARGELIS SAVIGNE: BORRÓN Y SALTO NUEVO
El periódico Venceremos de Guantánamo nos ha regalado un hermoso encuentro con Yargelis Savigne y su novio Orlando Ortegas dos destacados atletas de la delegación cubana que asistió a Londres, ella con una carrera hecha que tuvo un momento difícil en este año 2012 y él toda una promesa de las vallas cortas cubanas, finalista en Londres en los 110 metros con vallas. Reproduzco aquí la entrevista que a ambos le hizo la periodista guantanamera Lianet Escobar Hernández, para compartir con ustedes un bello momento de estos atletas cubanos, más allá de las pistas:
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - La multicampeona del triple salto guantanamera Yargelis Savigne Herrera luego de un mal año y un ciclo olímpico plagado de desilusiones, anuncia estar con fuerzas para mejorar estos resultados y asegura sentirse capaz de volver a ocupar el lugar cimero en el triple cubano femenino, que aún le pertenece.
No está en su mejor momento deportivo, pero sigue sin perder su carisma, su entusiasmo, sus deseos de escalar la cima. Cuando logre equilibrar añoranza, expectativas y aspiraciones con su talento, ¿volveremos a ver brillar a la excelente atleta que es, la gran Yargelis Savigne?
Ella no duda en mostrarse positiva ante esta y otras interrogantes.
“Para nadie es un secreto que no tuve un buen ciclo olímpico, una rotura del bíceps femoral como la mía, necesita reposo y yo no pude hacerlo. Luego de la lesión llegaron los Panamericanos, tenía que aportar mi granito de arena al país y así lo hice, pero eso me costó perder por completo mi forma deportiva, siempre supe que no iba a estar del todo bien en Londres”, agregó.
“Sabía que una posible medalla se me iba de las manos, fueron muchas las competencias y muy poco el descanso, pienso que pudo haber influido el factor psicológico por el estrés de la lesión y los malos resultados que obtuve durante este cuatrienio, pero creo que no fue lo fundamental”, continuó.
“Ahora hay que hacer borrón y cuenta nueva, mirar atrás solo para aprender de la experiencia y en la próxima no cometer los mismos errores. En este momento me encuentro disfrutando de unas necesarias vacaciones para incorporarme en el mes de octubre a los entrenamientos con la mirada puesta en el mundial que se celebrará en Moscú, Rusia, en agosto de 2013”, alegó.
“Ese y discutir mi tesis de licenciatura en Cultura Física en diciembre de este año son mis prioridades, porque no pienso competir en el evento bajo techo”.
Es cierto, la guantanamera Yargelis Savigne Herrera, sin medias tintas de por medio, decepcionó con su actuación en la capital británica, pero siempre es fácil apalear al atleta cuando está en el suelo, al parecer, nadie suele recordar las tantas alegrías que nos dan.
La doble titular del orbe en Osaka 2007 y Berlín 2009, con otros disímiles lauros en sus vitrinas sufrió en carne propia este olvido, sin embargo, su sonrisa está exenta de rencores.
“Esta es mi tierra, en Guantánamo me siento feliz, llena de vida, con ganas de salir adelante. Aquí están mis raíces, mi familia, mis amigos, de los que no quiero desprenderme nunca”, afirmó.
La triplista del Guaso anunció a esta reportera no pensar en el retiro: “cuando aparezca un relevo que sea capaz de sobrepasar los 15 metros, de saltar más que yo, entonces veremos qué pasa, mientras tanto hay que seguir contando con Yargelis”, aseguró.
Amor entre saltos
Cuando la campeona guantanamera del triple salto accedió a concedernos la entrevista, los periodistas de los distintos medios de prensa de la provincia presentes allí, esperamos como es lógico conversar con ella. Sin embargo se hizo indispensable compartir nuestra atención, pues en el hogar de la saltadora nos encontramos con el corredor de los 110 metros con vallas, ocupante del séptimo lugar en la cita estival de Londres, Orlando Ortega, su novio.
El vallista corto expresó sentirse dichoso por ese resultado. “Fue la primera vez que participé en unos Juegos Olímpicos, llegar a la final en una prueba tan difícil con rivales de tanto prestigio fue todo un honor, me siento contento con el puesto que ocupé, uno como atleta nunca está conforme, pero sí estoy satisfecho”.
“Luego de las vacaciones llegan nuevamente los entrenamientos y mi meta en lo adelante es seguir preparándome para llegar en mejores condiciones al mundial y ver si allí puedo lograr algo más que lo que obtuve en Londres”, anunció.
“Estar aquí en Guantánamo ha sido genial, nunca había venido y me llevo la mejor de las opiniones, puedo decir que conozco casi media provincia por lo mucho que he recorrido el lugar. Ha sido una experiencia maravillosa, por la familia que encontré aquí y principalmente porque pude visitar la ciudad natal de Yargelis y de Dayron, con quien por cierto mantengo una excelente relación de amistad, es el ejemplo a seguir”, comentó.
Orlando cuenta que desde pequeño sentía pasión por el atletismo, que su abuela Cristina Hechavarría, otrora corredora de Artemisa, lo inició en el deporte y no pudo alejarse de él. La afición por la vallas se la inculcó su padre, quien primero lo entrenó en las modalidades de 60 y 80 metros y después lo trasladó a 400 y 110.
“Sobre todo a mi abuela le debo todo lo que soy, ella ya no está conmigo pero ocupa mis pensamientos cuando compito, mi papá y el profesor Santiago Antúnez que es como un padre para mí, son mi otro punto de apoyo, ellos hicieron de la carrera con obstáculos mi segundo amor (no duda en confesar que el primero es Yargelis) y eso se los agradeceré siempre”, concluyó.
A esta pareja no solo los une el romance, también lo hace su dedicación al deporte que practican además de la entrega a un país y a un pueblo que hoy lo observa a él, convertirse poco a poco en un campeón y que a ella, la verá levantarse de la arena con la cabeza erguida, el orgullo a flor de piel y otra vez en los labios, la sonrisa del triunfo.
Lianet Escobar Hernández
11 de septiembre de 2012, 12:15 pm
Pudimos y podemos hacer más
Por su objetividad y amplitud quiero poner a consideración de mis amigos este análisis del periodista Oscar Sánchez Serra aparecido en el periódico Granma el 13 de agosto de 2012, su título es elocuente “Pudimos y podemos hacer más”
Liván López mostró la combatividad de los campeones
OSCAR SÁNCHEZ SERRA
Cuba fue la única que puso la presencia de Latinoamérica y el Caribe entre los 15 primeros pabellones del concierto más exigente del mundo deportivo, en el que concursaron 204 naciones.
Tal hazaña, en medio de un mapa atlético mundial, que es uno de los más fieles reflejos de lo que ocurre en el planeta, en el cual los ricos son pocos y cada vez más ricos, y en consecuencia obtienen más medallas, y los pobres son muchos y cada vez más pobres, “recompensados” con muchos menos lauros, ilustran fehacientemente los esfuerzos para conquistar esas cinco preseas de oro, tres de plata y seis de bronce, en la capital británica.
Pero esa cosecha es todavía más meritoria porque en el universo deportivo nada se parece a unos Juegos Olímpicos, nada representa tanto para un atleta que el título de esa competencia cuatrienal.
Para apreciar en toda su magnitud la batalla librada en Londres, apuntemos que estos Juegos de la XXX Olimpiada, son los quintos de forma consecutiva en los que más de 50 naciones alcanzan medallas de oro y la tercera ocasión en la historia de estas citas (la segunda de manera sucesiva) en las cuales más de 80 delegaciones logran preseas. Tan difíciles se han tornado las lides por el podio de premiaciones.
Ante tamaña exigencia, Cuba fue una de las 23 comitivas con más de diez podios y una de las 21 con preseas en siete deportes o más.
Sin estas consideraciones previas, cualquier análisis de la actuación cubana en los Juegos londinenses, carecería de objetividad. La Mayor de las Antillas continúa siendo una referencia del deporte mundial.
Pero no sería de verdadero actuar revolucionario regocijarnos en los logros, mucho menos autocomplacernos con la destacada ubicación en el medallero, que mejora 13 escaños en comparación con Beijing, cuatro años antes. Si lo hacemos, estaríamos olvidando aquellas sabías líneas escritas por el Comandante en Jefe el 25 de agosto del 2008, tituladas Para el honor medalla de oro, en las cuales expresó que “¼ nos hemos dormido en los laureles”, y convocaba al análisis serio de cada recurso puesto en función del deporte.
En consonancia con aquella alerta, hay que decir que en estos Juegos, volvimos a encontrar los mismos problemas expresados en la cita china con la forma deportiva. Por ejemplo, en el orden físico, vimos frágil, una vez más al judoca Oscar Braison, a la mayoría de los botes del remo, y a las tripulaciones femeninas del canotaje. Desde el punto de vista táctico, se evidenciaron dificultades en la lucha femenina y en los libristas, también en los boxeadores. En la técnica, las jóvenes judocas tuvieron déficit. Psicológicamente fue muy débil el tenista de mesa Pereira, varios de los representantes del atletismo, incluso, los pugilistas.
Todo eso, por momentos, mostró a no pocos de nuestros representantes faltos de combatividad o de argumentos en sus porfías, lo mismo en la lucha, judo, boxeo, taekwondo, atletismo. Sobre la forma deportiva, condición indispensable y obligatoria para enfrentar tamaño compromiso, hay que decir, además, que antes de comenzar los Juegos se había dicho que la delegación estaba al 100 %, sin lesiones. Sin embargo, en el momento cumbre, las molestias aparecieron como un lastre pesado.
Un elemento clave que respalda una condición óptima es la concentración ante la competencia, por muy fuerte y superior que sea el adversario. Y en ello también tuvimos serios contratiempos, incluso atletas cubanos, justo antes de salir a la fraternal lucha, fueron vistos haciendo actividades que nada tienen que ver con los Juegos y mucho menos con la responsabilidad que significa defender los colores patrios.
Es cierto que para el deporte cubano la planificación de la puesta en forma es compleja, pues por un lado la falta de sistematicidad en competiciones internacionales por problemas financieros, y después la exigencia de continuas participaciones en temporadas muy largas, con el requisito de competir con implementos altamente sofisticados (lo mismo para el atleta que para organizar una competencia), no están al alcance de la mayoría de los países como el nuestro.
Pero también es verdad, que hemos retrocedido en aspectos que no dependen de grandes erogaciones. Nuestra prestigiosa escuela de boxeo brillaba por el elemento técnico como excelencia, haciendo uso de la mano delantera con poderosos jab y en Londres, los estilos europeos nos enredaron más de una vez, por la carencia de esa valiosa arma. Continuamos sin velocistas en el atletismo, lo cual podemos solventar con una estrategia en nuestras propias escuelas, que también tienen que convertirse en cantera de fondistas, donde solo necesitamos del concurso de los profesores y entrenadores¼ y de trabajar duro.
Y hay otras tareas que sí cuestan, pero en las que logramos fuerza y tradición y ahora simplemente hemos desaparecido como la esgrima o la gimnasia, por mencionar dos campos, o el hecho de que no logramos incluir a ningún colectivo.
Si buscamos la razón por la que la delegación a la capital británica obtuvo diez medallas menos que cuatro años atrás y solo posicionó a 38 de 110 atletas entre los ocho primeros, exactamente el 35,4 %, hay que obligatoriamente ir a la insuficiente presencia del deporte en la base, la escuela, la comunidad. Si no tenemos un verdadero movimiento deportivo en casa, no hay fórmula capaz de tener un resultado mejor.
La prueba de que contamos con lo más importante, el material humano y la capacidad de nuestros entrenadores, es la hazaña de incluirnos, aun con todos estos problemas, entre los 15 primeros del mundo.
Hoy, cuando el país se hincha de orgullo por sus medallistas dorados, plateados y bronceados, también premia a Hanser García, que nos puso a nadar a todos, más que con técnica con su hidalguía; al clavadista José A. Guerra, a quien da gusto ver competir; a las corajudas Yarelis y Yipsi, porque con ellas jamás nos sentimos derrotados; a la maratonista Dailín Belmonte, ella mostró la vergüenza y entereza deportiva, llegó 70, pero llegó, no se rindió; a las ciclistas Lisandra Guerra y Marlie Mejías, que derrocharon valor ante oponentes de mucha valía; lo mismo que Yunior, Isaac y Balart, en la lucha greco; a la canoa de Serguei y Bulnes, que pasaron por encima de una varicela del primero, para regalarnos un sexto lugar heroico; al coraje de los boxeadores Veitía y Larduet, porque lo pusieron todo en cada golpe.
Y es que la medalla más grande que este pueblo exige es la de no cejar jamás en el empeño, como lo hizo el luchador de libre, Liván López en el cierre cubano de la batalla de Londres. Cuando todo parecía perdido, después de enfrentar al campeón del mundo y al subtitular del orbe decidía el tercer puesto ante el medallista de bronce del planeta; faltándole diez segundos, sacó la fuerza que solo tienen los que no abandonan un propósito para mostrarle al mundo la mejor acción del torneo de gladiadores y darle a Cuba la medalla que la sembró en el puesto 15.
Otra presea que no se disputó en los Juegos, pero que hizo de Cuba a una protagonista de lujo, fue la cobertura, televisiva, radial y de la prensa. El pueblo disfrutó de lleno a sus deportistas, los acompañó en cada esfuerzo, y por eso, al mismo tiempo que canta cada triunfo, también exige el análisis, pues sabe que pudimos y podemos hacer más.
Cuba en los Juegos Olímpicos de Londres
Satisfacción es la palabra que resume la actuación de los atletas cubanos en las XX cita olímpica en la ciudad de Londres, hubiésemos querido más medallas de oro, más de otros metales, pero la realidad es mucho más objetiva que los sueños de un pueblo.
La delegación cubana terminó en el lugar 15 entre 204 delegaciones presentes, se ganaron cinco medallas de oro, tres de plata y seis de bronce, una buena cosecha para un país donde el deporte es responsabilidad del estado que intenta hacer lo posible por que se prepararen con las mejores condiciones posibles los atletas cubanos, en medio de una crisis económica que en lo interno es endémica y sistémica por los factores internos y externos que impiden a una pequeña nación pobre, con poca población y con un alto desarrollo humano, tener un nivel de satisfacción de sus necesidades básicas y el desarrollo de sus capacidades individuales en función de esa satisfacción, eso incluye al deporte demasiado centralizado, burocratizado y en realidad ineficiente en cumplir su más cacareada consigna: “Ser un derecho del pueblo”.
Creo que con lo que tenemos y con los errores que se cometieron en el ciclo anterior, no podíamos aspirar a más, un deporte de laboratorio y cerrado que dificulta los tope con la élite y la adaptación a las condiciones actuales del ambiente deportivo solo traerá, decepción, falta de motivación en los atletas que se pasan el año entrenando entre ellos mismos, luchando con sus sombras y entrenadores luchando con las carencias y las condiciones de entrenamiento, desde la base hasta la élite. Lo demás es palabrería de burócrata, sueños trasnochados y decepción para un pueblo que costea de su bolsillo el deporte y espera de él, satisfacciones.
Felicidades a la delegación en pleno, estamos orgullosos de lo que han logrado, el análisis puede ser puntual en determinados problemas personales de cada uno, pero la proyección de futuro hay que buscarla en la estructura competitiva interna y externa, la actualización de métodos de entrenamiento, la búsqueda de la solución para los problemas materiales y no mezclar la política con el deporte, que nos ha afectado una y otra vez en la decisión de ir o no a las grandes competencias regionales y mundiales, donde se mide el nivel y se estimula el deporte.
José Martí un aficionado al ajedrez
El ajedrez es juego que practicó Martí, aunque no fue un jugador de fuerza. En México se le vio con frecuencia contemplando algunas partidas en los cafés en que se reunía la intelectualidad, allí compartió con Miguel García Granado, expresidente de Guatemala y los cubanos Andrés Clemente Vázquez, el médico Nicolás Domínguez Cowan y su suegro Francisco Zayas Bazán, quienes eran jugadores experimentados.
En agosto de 1876 saluda desde las páginas de la “Revista Universal” la aparición de la primera publicación ajedrecística de México, “La Estrategia”, dirigida por su amigo y coterráneo Andrés Clemente Vázquez, quien pretende contribuir con esta publicación a difundir el ajedrez en México.
En 1898 el periódico “Ocaso”, de La Habana, publicó una partida de ajedrez jugada por José Martí, con el niño Andrés Ludovico Viesca en casa de Nicolás Domínguez Cowan (1840-1898) y comentada por el periodista Andrés Clemente Vázquez en un artículo tomado de la revista de ajedrez mexicana “La estrategia” (24/oct./1876), titulado “Una gloria mexicana”, en alusión al niño.
El motivo de la publicación de esta partida en la prensa habanera fue un homenaje al Apóstol cubano que había muerto combatiendo por la independencia de Cuba. No es una partida brilante, pero demuestra que puso empeño en dominar el juego y que gustaba de aquella estrategia que en muchas ocasiones comparó con la vida social y política.
De ajedrez es también el apunte hecho en 1889 en una de sus crónicas al referirse a un torneo en Nueva York:
“Por los balcones abiertos invita otro pianista ruso, tocando melodías de Chaicovsky, a que suban los transeúntes al torneo de ajedrez, presidido por el retrato de Paul Morphy, donde el célebre Chigorin, maestro en el gambito de Evans derrota con trabajo a McLeods, un muchacho de Québec, que en un relámpago de genio inventa lo que años de talento no le pueden destruir.” (OCJM T 13:194)
Martí escribe sobre boxeo
Estamos en plena efervescencia deportiva, la segunda semana de los juegos olímpicos de Londres, los número XXX para más detalle y quiero traer a mis amigos una crónica que publiqué hace un tiempo sobre el boxeador norteamericano de origen irlandés John Sullivan, toda una leyenda de los pesos máximo en los Estados Unidos durante la época en que vivió José Martí en la ciudad de Nueva York, es un poco larga pero prefiero entregarla íntegra para que aprecien tanto el estilo de nuestro Apóstol al escribir sobre deporte como las valoraciones que hace de este “héroe popular” y su época, yo lo titulé con el apelativo que daba Martí a este gran boxeador “La Bestia Bípeda”
La Bestia Bípeda
Al hacer la historia del boxeo no se puede dejar de mencionar a una figura que marcó un antes y un después en este deporte, se trata de John Lawrence Sullivan (1858-1918). Nacido en Boston de padres irlandeses y dotado de un envidiable somatotipo, este boxeador de los pesos completos se convirtió en una leyenda por sus “hazañas” como gladiador durante la década de los 80 del siglo XIX, cuando aún los nudillos desnudos hacían estrago en la anatomía de los atletas en peleas de pocas reglas y mucha violencia, eran los primeros pasos del pugilato moderno, convertido en un gran negocio para los corredores de apuestas y la prensa sensacionalista del naciente capitalismo.
Estas lides nacieron en la Inglaterra industrial del decimonónico y llegaron a los Estados Unidos entre los gustos de la emigración irlandesa, numerosa y tumultuosa, que prácticamente invadió el Este norteamericano durante este período.
Los triunfos de Sullivan eran muy seguidos por la población norteamericana, que lee con avidez sobre sus combates, preparación y caprichos, a través de los periódicos, que junto con las descripciones pormenorizadas y morbosas de esas peleas, desliza una tibia crítica, que en medio del despliegue sensacionalista suena a hipócrita “hoja de parra”.
Un observador acucioso de la realidad de este país como lo fue José Martí, no pudo pasar por alto este fenómeno de masas que se producía ante sus ojos y por ello hizo de Sullivan tema recurrido, no solo para describir sus triunfos, sino para reflexionar de forma crítica sobre estos espectáculos que reprobó por inhumano, corruptor de pueblos y culto a la violencia por sobre la espiritualidad y la ética.
“Ruines rufianes” llamará el Apóstol a los contendientes al reportar la pelea que por el título de los pesos máximos celebrarían en enero de 1882, Sullivan y Paddy Ryan.. En su crónica, la más extensa que dedicaría al boxeo, describe la pelea en la que los lidiantes “se muerden y desgarran” y se van cubriendo de sangre, propia y ajena, “despoblada las encías, magulladas las frentes, descarnados los nudos de las manos”, todo para recibir como premio un saco de monedas en medio de la “turba” que vocifera y aclama al vencedor.
Es el preámbulo para describir todo lo que ocurre alrededor de este encuentro salvaje, los preparativos e intereses que se mueven alrededor de los peleadores; las “reglas” que deben regir el combate, manos libres de anillos o piedras, puños desnudos y prohibición de morder o rasgas la piel del contrario con los dedos.
Para Martí es muy importante estudiar al público que acude a estos espectáculo, muestra su frialdad para acoger el dolor ajeno, la exaltación ante la violencia, la brutalidad de las imprecaciones que intercambian y su heterogeneidad, que incluye a hombres y mujeres de toda laya y condición social, unidos por el solo disfrute de las emociones fuertes y primitiva.
Desde 1879 Sullivan había retado al campeón vigente de los pesos completos en los Estados Unidos, al que por fin pudo enfrentarse en la mencionada pelea de enero de 1882 en un sangriento encuentro que terminó en el noveno round por nocao.
En carta fechada el 17 de febrero de 1882 desde Nueva York para el diario caraqueño El Nacional, José Martí escribe sobre esta pelea. En ella se refiere a Sullivan como el “Mozo de Boston”, acomodando un poco el apelativo con que lo conocen sus paisanos, “The Boston Strongboy”, algo así como “El muchacho duro de Boston”. Aquel mozalbete fuerte a los veinte años ya había recorrido el Estado de Nueva Inglaterra como boxeador profesional formando parte de un circo en el que se ofrecían quinientos dólares a quien pudiera retarlo y terminar de pie. Fue así como en estos primeros tiempos se enfrentó a muchos bravucones de pueblo, leñadores, herreros y cuanto fortachón quiso probar fortuna frente aquella mole de músculo.
Las palabras del joven cubano no solo muestra el triste espectáculo del hombre rebajado a bruto en enconados duelos sino que critica a la prensa norteamericana por convertir el espectáculo en asunto de primera plana, narrando con minuciosidad cada golpe y herida, mientras que entre líneas, casi perdidas en un mar de palabras, hay una tibia critica a tan salvaje práctica.
La pelea que comenta Martí, no es una improvisada riña callejera, ni el duelo pactado entre dos hombres por afrentas inferidas, era un bien planificado negocio en el que intervenían promotores sin escrúpulos, entre los que se contaban hombres de negocios y con responsabilidades sociales, interesados en las pingües ganancias que las apuestas dejaban, después de meses de anunciadas y de la propaganda que la prensa movía sobre las posibilidades de uno u otro contrincante.
Las reglas bajo las que se peleaba en estos momentos estaban establecidas por la “Pugilistic Benevolent Society” en 1866, que había sustituido a la “Pugilistic Asociation’s Revised Rules” de 1853. Se las llamaba popularmente “Reglas del London Prize Ring o “Regla Nuevas”para peleas de puño descubierto.
En este primer combate de Sullivan por el título, el favorito era Pandy Ryan, campeón vigente, también conocido como el “Gigante de Troya”, pero su oponente venía con el impresionante record de insensibilidad en los combates de pueblo contra todo el que se le puso delante y por ello era un ídolo de la enorme emigración irlandesa que predominaba en todo la costa este de Estados Unidos.
Sullivan impresionaba por el bigote negro, los pómulos altos, las mejillas rojas, el ceño frunciendo y esos impetuosos movimientos al avanzar resoplando y haciendo molinetes, intentando pegar su “Boston especial”, golpe recto de gran alcance que unido a su rapidez, a pesar de sus 195 kilogramos, su postura semi erguida y el empleó de una buena táctica para conectar el “One-Two”, junto a sus ganchos de izquierdas y derechas de gran alcance, lo hacían invencible.
Durante toda la década de los ochenta y buena parte de los noventa del siglo XIX reinará este excepcional boxeador, convertido por la prensa norteamericana en un fenómeno de masas, mimado por el público, en especial los jóvenes, que vieron en el un paradigma de triunfo, al verlo aparecer no solo en sus peleas sino en su coche tirado por dos caballos, cubierto de joyas, asiduo de cantinas y bares en las que daba espectáculo de francachelas grotescas de gula y alcohol en medio de bravuconadas y violencia que alcanzó a su propia familia y admitidas por las propias autoridades que lo consideraban intocables.
Hacia esta faceta de John Sullivan dirige Martí sus críticas durante estos años en que no dejó de acercarse a él para señalarlo como el antihéroe engendrado por esta sociedad, “bestia bípeda”, “magnifico bruto”, serán calificativos que empleará para referirse al atleta que en respuesta extravagante le dice a los periodistas que para tener esa fortaleza bebía una taza de sangre de res todos los días, por lo que reporta el Apóstol como cientos de jovenzuelos acudían a los mataderos de Boston para imitar a su ídolo y ser como él, los mismos jóvenes que lo siguen en multitud para verlo en sus exhibiciones de pueblo en pueblo o van a la taberna para verlo beber durante horas, tal es la reprobación del cubano que cierra el tema con estas palabras: “vale más que volvamos los ojos a la casta mejor, que mantiene a salvo la honradez de la nación”(O.C.10:134)
En 1886 comentado para la prensa bonaerense las múltiples actividades del verano norteamericano, informa la presentación de una pelea de exhibición de John Sullivan en Nueva York frente a un rival inglés. Refiere Martí que esta un modo de celebrar el Día de la Independencia de los Estados Unidos(4 de julio) al “gusto del público” y para ello nada mejor que presentar al gladiador que Martí describe cargado de “brutales brillantes”en mano y pechera, mientras se alimenta y corre al aire libre para mantenerse en forma. Nos cuenta el cronista que su rival esta entrenándose en una playa donde sus preparadores “ceban y amasan” su cuerpo.
En 1887 reporta la visita de Sullivan a la Casa Blanca y el recibimiento del presidente Clevenland y meses después sus palabras adquieren un tono más crítico para referir el homenaje que la ciudad de Boston ha preparado a este “hombre brutal” cuto único mérito era solo “derribar a cuanto hombre sale al frente”
Con tristeza lamenta que la culta ciudad de Boston, ligada a Emerson y Longfellow, halla rendido homenaje al “magnífico bruto” que además en un borracho reconocido que en medio de su furia alcohólica pega a su familia y al caballo que le cierra el paso, “virtudes” que llevan al alcalde de la ciudad a premiarlo con una faja de oro y diamante, que le ha costado al fisco diez mil dólares, pero lo más triste con el beneplácito de todos.
Como un ángel justiciero José Martí siguió la carrera de Sullivan, unas veces para dar una breve información de sus extravagancias, otras para marcar su decadencia debido a los excesos de alcohol y otros vicios y finalmente para escribir su epílogo atlético al describir su última discusión triunfal del título de los pesados.
En 1888 la prensa norteamericana escribe alarmada sobre el estado de salud del boxeador, se rumora que está moribundo y Martí señala que este tema ocupa importantes espacios en los diarios, “roído en lo interior de tanto beber, como roe el fuego la yesca, púgil que era torre ayer, y hoy es esqueleto después de un año de vino”(ACEM:1979:43).
Su recuperación y viaje a Francia para discutirle el título de los completos al campeón defensor el francés Charley Mitchell, da una idea de su calidad como boxeador que lo lleva en 1889 a defender el cinturón de los heavyweight noqueando a Jake Kilrain en 75 rouds de 80 pactados. Este combate es considerado el punto de giro del boxeo que comenzaba a cambiar dado lo salvaje de los enfrentamientos a puño descubierto.
Las referencias a este combate constituyen las últimas referencias de José Martí al boxeo. En crónica de agosto de 1889 se refiere a la pelea de “púgil bestial de Boston, con el inglés Kilrain, por cinco mil pesos, más el cinto de brillantes de “campeón de los púgiles del mundo”(OC 12:244)
El país se conmueve y los periódicos encienden las expectativas y apuestas con sus crónicas, noticias y rumores sobre las posibilidades de los contendientes. Se parece mucho a aquel combate que nos narró en 1882, pero esta vez el lenguaje es breve y conciso, el escenario vuelve a ser Nueva Orleáns y el Apóstol apunta: “Está de bárbaros el país. No se habla más que de la pelea de los dos púgiles Kilrain y Sullivan”(OC 10:279).
Tras su victoria frente a Kilrain, Sullivan continúa su ocaso envilecido por el alcohol y los excesos de placeres el Gran John L., va perdiendo las condiciones físicas que hicieron de él un boxeador imbatible, leyenda que aún hoy lo hace figurar entre los grandes pesos completos de todos los tiempos.
Finalmente defiende su título en 1892, ya no es el mismo y cae vencido por el “caballero Jim”, James J. Corbert en veintiún rouds, en Nueva Orleáns. Esta pelea se efectuó con los reglamentos del marqués de Queensberry que entre otras mejoras introduce el uso de guantes para los puños. Esta fue la primera pelea en que se discutió el título de los completos con guantes
En 1896 se retira el gran campeón en posesión todavía de la corona de los completos sin guantes (bare-knuckles).
Sullivan se hace el centro de las críticas de José Martí, en él ve lo peor de aquel “deporte” que produce dinero y engendra brutalidad, pero es un gran negocio tolerado por los políticos, la prensa y la sociedad toda, admirada y ciega ante la fuerza bruta, loada y llevada en triunfo en aquella nación joven en la que se echa de menos al buen oficio del espíritu.








