Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

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¡LEONARDO PADURA, UN JONRÓN LITERARIO!


Es realmente una lástima que el Premio Princesa de Asturia 2015 conferido a Leonardo Padura por su obra literaria, haya pasado en los medios oficiales de prensa cubano, por debajo de la mesa, cierto que lo difundió el periódico Juventud Rebelde y que CUBADEBATE también se hizo eco de esta buena nueva para nuestra cultura, pero la radio y la televisión, medios que en Cuba son decisivos por su audiencia no dijeron nada, y no hubo la alharaca que armamos con estos premios cuando lo gana un cubano “revolucionario”.

Padura, es Padura, una amante del beisbol que leo desde los años que hacía crónicas para ese mismo Juventud Rebelde que se dignó con dar la noticia, con él supe de esas historias hermosas del cubano sin historia, cuando la historia era colectiva y el hombre individual era solo “parte de algo”, ha escrito de beisbol, su gran pasión de cubano y subió a recoger este premio con una pelota de beisbol, con orgullo porque para el cubano eso es tanto como un símbolo nacional.

Qué lástima, es verdad que Padura es Premio Nacional de Literatura y sus libros se agotan, más ahora cuando ha cogido la manía de contarnos las cosas con un poco de imaginación e ironía criollla, apego a la realidad de la calle, fundamentalmente de esos años 90 cuando supimos salir adelante a pesar de todo, él es uno de los sobrevivientes, pero en los círculos oficiales hay un silencio que no se merece.

El piensa distinto, se ha decepcionado del sueño que compartió con mucho de los cubanos de nuestra generación, su crítica de “francotirador” parece venir más del interés de alagar a sus editores que de mejorar el “proyecto” que compartimos, qué bueno, al menos sigue viviendo en Mantilla y fumando esos tabacos cubanísimos que su estatus económicos le permiten comprar.

Yo no soy Dios para juzgarlo, soy lector para admirarlo y eso hago, por eso me duele que “algunos” envidiosos quieran ahora negarle el agua y el pan.

He admirado ese Mario Conde cubanísimo y de carne y hueso tan alejado del estereotipo del investigador de bronce que nos vendió la novelística policial cubana de las décadas de los 70 y los 80, que muchos siguen creyéndose, o la militancia sin tacha de los hombres de mármol, que parece que nunca discutieron, discreparon y hasta fueron sancionados por pensar distintos.

A pesar de todo, no tengo y no estoy de acuerdo con todo lo que dice o escribe Padura, ese es su problema pero quiero felicitar de corazón al paisano que llegó lejos, al periodista que siempre admiré y al novelista que me da otra visión de mi mundo.

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CUBA, EL ORGULLO DE SU CULTURA


Este es un país pequeño, sin grandes recursos naturales y sometidas a grandes presiones ideológicas en los últimos 60 años, eso nos ha ido moldeando como el pueblo resistente y orgulloso que sobrevive en el Caribe a pocas millas de la nación más poderosa y ambiciosa del mundo, que por su “Destino Manifiesto” cree ser la depositaria de todos los valores del mundo y por tanto juez y César a la hora de juzgar a los demás.

Cuando hablamos de nuestra cultura como de una cultura de resistencia, el referente hay que buscarlo en las raíces de la formación de la nacionalidad, desde aquel violento encontronazo con los barbados españoles y su evangelización forzada a fuer de no ir al infierno, para unas criaturas humanas que apenas daban los primeros pasos en la comunidad primitiva, ellos resistieron, no eran muchos y fueron menos por el maltrato, las enfermedades y la explotación de su fuerza de trabajo, miles se fueron a lo profundo de los bosques a vivir y pelear por su vida y su sobrevivencia, asimilaron muchos aspectos de la cultura del español y dejaron su huella en costumbres domésticas y mínimos asentamientos fraguas del mestizaje.

Luego fue el negro, primero traído de apoco por el conquistador y muchos de ellos unidos al cimarronaje con el aborigen cubano, en el esplendor de las plantaciones azucareras del siglo XIX, fueron traídos por millones para cortar la caña y morir por miles en esta tierra que no era la suya, esclavizados y desculturizados, reconstruyeron su mundo mágico religioso, su cultura arraigada, fusionándose no solo con el mestizo y el criollo blanco, sino con las otras etnias africanas que junta a él llegaron traídos por la codicia.

El hacendado criollo levantó en ese siglo XIX una cultura próspera que él quería fuera copia de la Europa admirada, con títulos de nobleza incluidos, el blasón del látigo en la espalda de los negros esclavos y el estigma del mestizaje que temían tanto como lo practicaban.

Así se hizo la sociedad cubana, llena de contradicciones abismales, casi tantos esclavos como gente libre, la más poderosa burguesía de América hispana en el siglo XIX, el mayor socio comercial de los Estados Unidos, aun cuando éramos colonia de España, el mayor aliado de la monarquía contra el liberalismo español en la península, la negación de una cultura mestiza y fuerte desde épocas tan tempranas como el inicio de los procesos de independencia en América, que no se visibilizó por la codicia de la poderosa burguesía plantacionista, que se alió a España contra sus hermanos a cambio del mantenimiento del régimen de esclavitud que los enriquecía.

Tenemos de español tanto como de congo y carabalí, con aporte incluido del aborigen, del chino que fue engañado y traído a trabajar a Cuba cuando la esclavitud negra decaía en la isla, de esas raíces se nutrió la sociedad cubana y se formó el criollo alegre y bailador en todas sus capas sociales, extrovertido, emprendedor y de mente abierta, capaz de asimilar y adaptarse, un pueblo asombroso que forjó su resistencia desde lo cotidiano para hacer patria en todos cuando parecía que solo íbamos a ser sombras de otros.

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LA CUBANÍA


Mañana es 20 de octubre, la alharaca es grande en los medios de difusión cubana y en la instituciones oficiales, sean o no de la cultura, para recordarnos el concepto que ellos tienen de “Cubanía” que por lo general va más a la tradición, la historia y los “valores perdidos”, que a la realidad cubana actual, tan distinta, digamos para no ir más lejos, que a la concepción que teníamos a finales del siglo XX.

Un 20 de octubre de 1868 las fuerzas independentistas cubanas entraron a la ciudad de Bayamo, en medio de estas huestes había un hombre Perucho Figueredo, que meses antes había presentado en la Iglesia Mayor de la ciudad una “sospechosa” pieza musical muy cercana a la Marsellesa francesa, no tenía letra pero en la mente de muchos de los presentes quedaron los acordes marciales de aquella melodía.

Cuenta la tradición histórica que el pueblo bayamés recociendo a Perucho entre los insurrectos que entraban a su villa y comenzaron a pedirle la letra para esa melodía que vibraba con esperanza en sus mentes, nació la letra para la “Bayamesa”, nombre oficial del que sería por derecho propio nuestro “Himno Nacional”

Era ocho estrofas y dudo que el pueblo se las aprendiera de una sentada como dicen que ocurrió en aquella plaza, en cambio grabó las dos primeras estrofas, vibrantes, convocadoras e imperecederas, que nos ha acompañado en las verdes y en las maduras en más de siglo y medio de lucha por ser nosotros mismos.

Esa es la historia del himno y de la reafirmación de la cubanía en un acto que está más ligado a la rebeldía del cubano que a su amplio acervo cultural, aunque pensándolo bien esa REBELDÍA es parte de esta cultura nuestra.

Cultura

SAN FRANCISCO, EL PRECLARO ORULA


El Papa Francisco en Holguín

Los cubanos todos no dejamos de asombrarnos con la valentía y la claridad de mente del sumo pontífice de la Iglesia católica el Papa Francisco, el hombre salido de las entrañas de los pobres para dar una lección de humildad y sabiduría a los soberbios de la tierra, a los materialistas sin alma que acumuladores de riquezas sin sentido están destruyendo la tierra y la civilización humana.

En nombre de los sentimientos que nos distinguen como humano y conforman nuestra espiritualidad impercederá, Francisco se muestra como el padre sabio que no sermonea sino que da un consejo breve y directo entendible por todos, sea cual sea su edad, su credo o su posición social.

No por gusto escogió gobernar la Iglesia bajo el  nombre de San Francisco de Asís, el santo de la pobreza, de la bondad sublimada y de la pureza. Con estas virtudes nuestros ancestros africanos traídos a la fuerza a esta isla para enriquecer a una clase ambiciosa y despiadada fueron identificando a San Francisco con Orula, el adivino, el testigo de Dios, el dueño de la verdad humana y asumiendo su justeza para llevar una vida preclara y trasparente que deje sobre esta tierra una huella de espiritualidad virtuosa en bien de todos, bien sea en una u otra denominación el Papa de los pobres encarna estos principios, seamos receptivos a sus palabras y vivamos unidos y en plena igualdad en este planeta azul regalo de Dios, sea cual sea el camino que a él nos conduzca.

Costumbres, Cultura

LUCERITO DE SEPTIEMBRE


Barbarito Diez, el eterno intérprete del danzón

Hace unos días al escuchar al “Piquete Típico Cubano”[1] que todos los primeros viernes de cada mes se presentan aquí en el Museo Casa Natal de José Martí, pude disfrutar de este hermoso danzón dedicado a la fidelidad de las parejas, a los que envejecen juntos y esperan por la aparición de su amor para decirles todo lo que han significado en su vida, esa melodía me puso a meditar y me di cuenta que a mis años me había perdido por la prisa de la vida el hermosos espectáculo que se da en los amaneceres de septiembre, al menos en el hemisferio norte, cuando en varios días consecutivos la luna y el “lucero del alba”[2] viven ese bello romance de aproximación y encanto que solo los madrugadores y románticos han percibido y muchos inmortalizado en poemas y canciones.

Recuerdo aquel otro danzón cantado mucho por mi abuela y mi madre cantado por Barbarito Diez[3] y titulado “El soldado”, en la primera estrofa aquel enamorado de uniforme expresa todo ese bello encanto de amar lo prohibido: “Adiós, adiós, lucero de mis noche/-dijo un soldado al pie de una ventana-/ adiós me voy/ no llores alma mía pues volveré mañana/ya se asoma por el oriente el alba/ ya se divisa la “estrella de la aurora”/y en el cuartel, tambores y cornetas/están tocando diana.

Toda una evocación de época, principios del siglo XX, que puede ser traspolado a cualquier tiempo mientras existan personas con la sensibilidad suficiente como para levantar la mirada hacia la bóveda celeste cuando en septiembre se conjugan el amor y la fidelidad para recordarnos que son dos valores intercederos de la humanidad.


[1] Agrupación danzonera con más de cincuenta años tocando el ritmo nacional cubano

[2] El planeta Venus, el más brillante del cielo

[3] El más grande interprete del danzón cantado

Cultura, Opinión

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.

[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, Historia, José Martí

A PROPÓSITO DE “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”



Uno de los temas más importantes para los intelectuales y artistas cubanos a principios de la Revolución, era la libertad de creación, por lo que desde inicios hubo tensiones con ciertos sectores que desde la Revolución adoptaban una posición más dogmática, este enfoque era asumido por los redactores de “Lunes de Revolución”, tabloide cultural del periódico Revolución, dirigido por Guillermo Cabrera Infante, quienes desde sus páginas comenzaron a “pedir cuentas” a los escritores y artistas por su obra de “evasión de la realidad” y de poco o ningún compromiso social antes del triunfo de la Revolución, atacando directamente al grupo Orígenes y su mentor José Lezama Lima.

En estos círculos intelectuales había muchas preguntas sin contestar y desde la dirección de la Revolución no había una política cultural definida, como no fuera la línea de “Lunes de Revolución”, que protagonizó una protesta por la censura del documental “PM”, financiado por este semanario y que fue interpretado como un ataque a la libertad de expresión y provocó un malestar evidente entre los intelectuales de La Habana.

Por tal motivo la dirección de la Revolución convocó a los intelectuales a una reunión realizada en la Biblioteca Nacional José Martí, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. El objetivo era debatir los temas que preocupaban a este sector. Fue un proceso extenso, en el que se expresaron diversos criterios, y que terminó cuando Fidel, después de escuchar todos los criterios, dejó definida la política cultural del proceso revolucionario en sus palabras de resumen, conocidas hoy como “Palabras a los intelectuales”:

“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.

“Comprendemos que debe ser una tragedia para alguien que comprenda esto y, sin embargo, se tenga que reconocer incapaz de luchar por eso. Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios; quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto, porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas.

“Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.

“Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie -por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera,- nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.”[1]

A pesar de la claridad de estos conceptos, vinieron años de aplicación coyuntural y selectiva de estos principios, de acuerdo al momento histórico y a la percepción de los “funcionarios” erigidos en guardianes de esta política y que trajo un triste “decenio gris”(década de los 70 y más) que empobreció el trabajo intelectual cubano y creó un clima de intolerancia y exclusión muy dañino.


[1] Fidel Castro: Palabras a los intelectuales. La Habana, 1961

Cultura, Historia, Opinión

MI RAZA



JOSÉ MARTI. AUTOR EDUARDO ABELA

En 1893 en el periódico “Patria”, José Martí escribió un artículo esclarecedor que dejó bien sentado cuál era la posición del Partido Revolucionario Cubano y la suya propia frente al problema social más importante que enfrentaba el pueblo cubano a fines del siglo XIX. Los conceptos emitidos en este escrito paradigmático pudieron ser el programa de la República a que estaban convocados a fundar aquellos que fueron a la guerra por la independencia, pero a pesar de toda la razón que había en sus palabras, las mismas se hicieron letra muerta luego de terminada la guerra, cuando la hermandad combativa fue sustituida por el prejuicio racista colonial que pervivió en la República y que tuvo su momento más vergonzoso, cuando la oligarquía nacional so pretexto del “racismo negro”, negó sus derechos a una vida digna y en igualdad en aquella República. Hace 103 se produjo la cruenta represión racista que emprendió el gobierno de José Miguel Gómez, con la complicidad o la indiferencia egoísta de los grupos sociales de la época. Este es uno de los artículos más esclarecedores y hermosos de José “Martí a cerca de uno de los grandes problemas de la humanidad, los conflictos raciales y por extensión las intolerancias que tiendan a proliferar en la sociedades modernas, vale la pena echarle una mirada:

“Esa de racista está siendo una palabra confusa, y hay que ponerla en claro. El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos. El negro, por negro, no es inferior ni superior a ningún otro hombre: peca por redundante el blanco que dice: “mi raza”; peca por redundante el negro que dice: “Mi raza”. Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad. ¿A qué blanco sensato le ocurre envanecerse de ser blanco, y qué piensan los negros del blanco, que se envanece de serlo, y cree que tiene derechos especiales por serlo? ¿Qué han de pensar los blancos del negro que se envanece de su color? Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública, y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común. Si se dice que, en el negro no hay culpa aborigen, ni virus que lo inhabilite para desenvolverle toda su alma de hombre, se dice la verdad, y ha de decirse, y demostrarse, porque la injusticia de este mundo es mucha, y la ignorancia de los mismos que pasa por sabiduría, y aún hay quien crea de buena fe al negro incapaz de la inteligencia y corazón del blanco; y si a esa defensa de la naturaleza se la llama racismo, no importa que se le llame así, porque no es más que decoro natural, y voz que clama del pecho del hombre por la paz y la vida del país. Sí se alega que la condición de esclavitud no acusa inferioridad en la raza esclava, puesto que los galos blancos, de ojos azules y cabellos de oro, se vendieron como siervos, con la argolla al cuello, en los mercados de Roma; eso es racismo bueno, porque es pura justicia y ayuda a quitar prejuicios al blanco ignorante. Pero ahí acaba el racismo justo, que es el derecho del negro a mantener y, probar que su color no lo priva de ninguna de las capacidades y derechos de la especie humana.

“El racista blanco, que le cree a su raza derechos superiores,¿qué derecho tiene para quejarse del racista negro, que le vea también especialidad a su raza? El racista negro, que ve en la raza un carácter especial, ¿qué derecho tiene para quejarse del racista blanco? El hombre blanco que, por razón de su raza, se cree superior al hombre negro, admite la idea de la raza, y autoriza y provoca al racista negro. El hombre negro que proclama su raza, cuando lo que acaso proclama únicamente en esta forma errónea es la identidad espiritual de todas las razas, autoriza y provoca al racista blanco. La paz pide los derechos comunes de la naturaleza: los derechos diferenciales, contrarios a la naturaleza, son enemigos de la paz. El blanco que se aísla, aísla al negro. El negro que se aísla, provoca a aislarse al blanco.

En Cuba no hay temor alguno a la guerra de razas. Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro. En los campos de batalla, muriendo por Cuba, han subido juntas por los aires las almas de los blancos y de los negros. En la vida diaria de defensa, de lealtad, de hermandad, de astucia, al lado de cada blanco, hubo siempre un negro. Los negros, como los blancos, se dividen por sus caracteres, tímidos o valerosos, abnegados o egoístas, en los partidos diversos en que se agrupan los hombres. Los partidos políticos son agregados de preocupaciones, de aspiraciones, de intereses y de caracteres. Lo semejante esencial se busca y halla, por sobre las diferencias de detalle; y lo fundamental de los caracteres análogos se funde en los partidos, aunque en lo incidental, o en lo postergable al móvil común, difieran. Pero en suma, la semejanza de los caracteres, superior como factor de unión a las relaciones internas de un color de hombres graduado, y en sus grados a veces opuesto, decide e impera en la formación de los partidos. La afinidad de los caracteres es más poderosa entre los hombres que la afinidad del color. Los negros, distribuidos en las especialidades diversas u hostiles del espíritu humano, jamás se podrán ligar, ni desearán ligarse, contra el blanco, distribuido en las mismas especialidades. Los negros están demasiado cansados de la esclavitud para entrar voluntariamente en la esclavitud del color. Los hombres de pompa e interés se irán de un lado, blancos o negros; y los hombres generosos y desinteresados, se irán de otro. Los hombres verdaderos, negros o blancos, se tratarán con lealtad y ternura, por el gusto del mérito, y el orgullo de todo lo que honre la tierra en que nacimos, negro o blanco. La palabra racista caerá de los labios de los negros que la usan hoy de buena fe, cuando entiendan que ella es el único argumento de apariencia válida, y de validez en hombres sinceros y asustadizos, para negar al negro la plenitud de sus derechos de hombre. De racistas serian igualmente culpables: el racista blanco y el racista negro. Muchos blancos se han olvidado ya de Su color; y muchos negros. Juntos trabajan, blancos y negros, por el cultivo de la mente, por la propagación de la virtud, por el triunfo del trabajo creador y de la caridad sublime.

“En Cuba no habrá nunca guerras de razas. La República no se puede volver atrás; y la República, desde el día único de redención del negro en Cuba, desde la primera constitución de la independencia el 10 de abril en Guimaro, no habló nunca de blancos ni -de negros. Los derechos públicos, concedidos ya de pura astucia por el Gobierno español e iniciados en las costumbres antes de la independencia de la Isla, no podrán ya ser negados, ni por el español que los mantendrá mientras aliente en Cuba, para seguir dividiendo al cubano negro del cubano blanco, ni por la independencia, que no podría negar en la libertad los derechos que el español reconoció en la servidumbre.

“Y en lo demás, cada cual será libre en lo sagrado de la casa. El mérito, la prueba patente y continua de cultura, y el comercio inexorable recabarán de unir a los hombres. En Cuba hay mucha grandeza, en negros y blancos.”

Cultura

LA GITANA TROPICAL


“Gitana Tropical”

Autor Víctor Manuel García

A propósito de la Bienal de La Habana, ahora en desarrollo en los ámbitos más importantes de la capital cubana quiero ir a la génesis de la pintura cubana esa que se comenzó hacer en la década del veinte del siglo XX cuando un grupo de jóvenes (siempre ellos) decidió romper con los cánones de la academia cubana, esa que dictaba y aseguraba continuidad a una forma conservadoramente hermosa de hacer pintura en Cuba.

Esos muchachos pusieron su mirada en Paris y sus vanguardias y desde allá reinterpretaron un modo de ver a Cuba novedoso para su entorno.

Gitana Tropical, fue el cuadro que impactó a la sociedad habanera de esa época, era una forma de ver a una guajirita cubana con sus grandes ojos negros mirando desafiante a los espectadores, acostumbrados a los retratos de bellas damas criollas en tarde de siestas, con vaporosos vestidos y en medio de un espacio real pero no común para la gente de la isla, fue el primero y luego vinieron muchas formas de acercarse a Cuba y su gente, hasta las de hoy envueltas en claves de pesimismo, mensajes extra artísticos, interpretaciones y guiños a coleccionistas y galeristas, nada una invitación a pasear por el arte por estos dos meses de arte en La Habana.

Cultura

19 DE MAYO



Dos Ríos. Autor Esteban Valderrama

Hace 120 años, un mediodía aciago murió por Cuba y por los pobres de la tierra José Martí, el más fecundo de nuestros pensadores y el más consecuentes de todos, a él este poema que le dedicó Rubén Martínez Villena, otro de los imprescindibles de la Historia de Cuba quien lo tituló solo, “19 de Mayo”:

Señor de la palabra, caudillo de la idea,

Tu verbo fue cual grito pletórico de fe,

Que al pueblo arrodillado quitole la librea,

Rompiole las cadenas y púsole de pie;

Y fue clarín guerrero llamando a la pelea

Y látigo feroz

Y centro en que brillaba la libertad futura,

En cuyas amenazas, preñadas de amargura,

El alma de la patria lloraba por tu voz.

Señor de la palabra: Tu helénica figura

En la historia aparece como un jirón de luz;

Y no se por qué el alma te supone en un templo

Y al recordar tu vida, buscándole un ejemplo,

¡Se postra de rodilla y piensa en una cruz!

Caudillo de la idea: al recordar tu muerte

El alma como un ángel magnifico te advierte

Que murió cultivando tu milagrosa mies

-La mies que fue regada con sangre de patriotas-

Y te ve con la frente y con las alas rotas

Y una estrella en el pecho y un león a tu pies.

Tu obra es una obra de tormento,

Es la de aquel que el alto pensamiento

En una estatua primorosa labra

Y te da vida con su propio aliento;

Héroe para entrar en la pelea

Te forjarte una espada: La palabra,

En una fragua sin igual: La Idea.

Mas la espada trocose en un machete

Y el orador se transformó en jinete

Para buscar el trágico bautismo;

Hacia el encuentro de la lid marchaste

Y, arrojando tu fardo de idealismo,

Te dejaste arrastrar en tu heroísmo

Por el propio huracán que desataste.

Águila que cansada de sus vuelos

Por las regiones de grito aterra,

Descendió como un rayo de los cielos

Para morir cual tórtola en la tierra…

Señor de la palabra, Caudillo de la idea,

Supiste ser más tarde señor de la pelea,

Caudillo del tropel;

Montaste sin destreza sobre el bridón altivo

Te erguiste clamoroso de pie sobre el estribo,

Y el fuego de tu verbo electrizó al corcel,

Y fue como un pegazo con un ángel encima.

La hoja de la espada -en inocente esgrima-

Prolongaba tu alma como un rayo de bien.

Oyose una descarga…caíste entre las balas,

Y el sombrero cubano te formó con sus alas

Como un halo glorioso que rodeaba tu sien.

Y las ánforas vivas, prodigiosas,

De tu pecho y tu cráneo se volcaron;

Urna de sangre y de ideal preciosas,

Que tu tesoro en tierra derramaron;

¡Así tu sangre y tu ideal regaron

Tu cosecha de mieses milagrosas!

Y susurraron las palmas con un trémulo rumor

Que puso espanto en las almas

Y en el pendón español:

“No me pongan en lo oscuro

A morir como un traidor,

Yo soy bueno y como bueno

Moriré de cara al sol…”

Callaron las palmas. Y los ríos

Que vieron su caída, sollozaron,

Y sus dulces murmuríos

Y en su canción plañidera

También ellos susurraron:

“Yo quiero cuando me muera

Sin patria pero sin amo,

Tener en mi tumba un ramo

De flores y una bandera…”

Y las flores de mayo, para cumplir tu sueño,

Quisieron afanosas, con inútil empeño,

Escapar de sus tallos y formarte un cendal;

Lloraban dulcemente los ríos en sus cuencas,

Se inclinaron las palmas y juntando sus pencas,

Formaron a tu muerte como un arco triunfal.

Y lloraban los ríos en canción plañidera,

Seguían sus rumores pidiendo una bandera;

Y unos trozos de cielo y unas nubes de tul

Bajaron lentamente como por un encanto

Formando a su cadáver como un mágico manto

Con dos franjas de blanco y tres franjas de azul.

Y la patria a tu lado sollozando miraba

Como en el manto mágico tu sangre dibujaba

Un triángulo teñido de trágico arrebol:

Dejó que de tu sangre se extendiera la huella

Y entonces le dio un beso y dibujó una estrella

-La marca de sus labios brillando como un sol-

Esa fue tu bandera de sublimes colores

Pero tu otro deseo ¿aquel ramo de flores

Que forjara tu musa de inmortal soñador?

Acepta como un ramo el pobre canto mío,

Donde la flor es verso y es lágrima el rocío

Y el matiz es la rima y el perfume es amor.

Águila que cansada de tu vuelo,

Sentiste la nostalgia de la tierra

Y descendiste rápida del cielo

Para morir cual tórtola en la guerra;

Señor de la palabra, Caudillo de la Idea:

Observa que tu pueblo ya no tiene librea

Y rompió sus cadenas con suprema altivez;

Pero en el día fúnebre en que más grande brillas,

El pueblo redimido se encuentra de rodillas:

¡Tu recuerdo sagrado le arrodilla otra vez!

Rubén Martínez Villena



Cultura, Historia, José Martí
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