Cultura
LEY DE REFORMA AGRARIA
Campesinos felices, del pintor cubano Carlos Enríquez
El 17 de mayo de 1960 Fidel Castro y su Consejo de Ministro se trasladó hacia el intrincado campamento de La Plata en la Sierra Maestra para cumplir la promesa más anhelada por los campesinos cubanos, la Ley de Reforma Agraria. La más radical aplicada por país alguno en América Latina, por medio de la misma más de cien mil campesinos fueron decretados dueños de las tierras que trabajaban como precaristas y que apenas si le dejaba para dar de comer a su familia y con el constante peligro del desalojo de las mismas por parte de sus “legítimos dueños”, grandes terratenientes nacionales y empresa norteamericanas dueñas de feraces tierras en todo el territorio nacional.
La Ley de Reforma Agraria fue el detonante entre el Gobierno Revolucionario y los sectores de la oligarquía nacional y extranjera dueños de la economía de la isla y factor determinante en lo político en todos los años de República a medias en que cientos de miles de familias de campo morían y eran abusadas por los dueños de estas tierras a quienes servían en condiciones semi-feudales sin ningún derecho y amenazados constantemente con ser echados por la Guardia Rural a la guardarraya de los campos de Cuba.
Para los que tiene la memoria flaca es bueno recordar que el campesinado cubano fue el sector más desfavorecido en la seudo república, vivían en condiciones infrahumanas en los más difíciles parajes de la geografía de Cuba, con un altísimo índice de analfabetismo, sin escuelas, ni hospitales, alejados de las ventajas de la vida moderna y constantemente abusados por los poderosos, si solo hubiese sido por este motivo, valió la pena hacer la Revolución en Cuba.
PATRIMONIO, REALIDAD Y NECESIDAD
Museo Casa Natal de José Martí, La Habana, Cuba
El 18 de mayo celebraremos el DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS, esos espacios en los que he dejado más de la mitad de mi vida profesional y que me han permitido acumular una experiencia de la que estoy realmente orgulloso y que aplico cada vez que estoy frente a ese gran destinatario de nuestro trabajo que es el público.
A pesar de las duras condiciones económicas del ámbito nacional, el estado cubano ha hecho una contribución extraordinaria para mantener una “red de museos” que abarca todo el país, con el fin de conservar el patrimonio de la cultura y la sociedad cubana en general.
Antes de 1959 en Cuba existían en Cuba menos de cinco museos sobresaliendo el Museo Nacional de Bellas Artes ubicado en un moderno edificio construido por el gobierno de Fulgencio Batista y en el que se exponía importantes colecciones de arte antiguo y exponentes del arte europeo de diferentes siglos, así como una colección de pintura cubana.
Otros museos relevantes de la época republicana eran el Museo Bacardí de Santiago de Cuba y el Museo Oscar María de Rojas de Cárdenas, Matanzas.
Con el triunfo de la Revolución se crearon nuevos Museos, los primeros de ellos con las colecciones confiscadas a la burguesía nacional que abandonó el país en la década del 60. En estos años se fundan dos emblemáticos instituciones como fueron el Museo de Artes Decorativas y el Museo Napoleónico, ambos en La Habana.
En diciembre de 1978 existían en Cuba 66 museos en doce de las catorce provincias cifra que crecería a partir de la promulgación de la Ley 23 de 1979 que estipula la creación de un museo en cada Municipio. La pasividad de la proyección trajo por consecuencia el surgimiento de muchos museos con pequeñas colecciones, apoyadas en un guión museológico homogéneo basada en la lectura oficial de la historia de Cuba, en el que poco se veía la Historia Local, pero el esfuerzo consolidó una red patrimonial que mostraría su madurez mayor con la creación del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), escuela formadora de los primeros especialistas en museología y gestor de los primeros trabajos de restauración del centro histórico de La Habana, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982.
El trabajo dedicado y tenaz de Eusebio Leal marca la pauta dentro de la restauración del centro histórico, primero salvado y organizando edificaciones y colecciones, más tarde en el peor momento de la crisis económica del “Período Especial”, desarrollando un novedoso sistema empresarial que permitió la autogestión de la restauración de La Habana Vieja, la creación de un conjunto de instituciones culturales, muchas de ellas museos y rescatar este tesoro de la cultura cubana que de otro modo hubiese desaparecido por la sobreexplotación, la antigüedad y falta de mantenimiento de sus edificaciones y la densidad de población que vivía en aquellos añejos edificios en condiciones de precariedad e insalubridad.
La Creación de la Oficina del Historiador de la Ciudad en pleno Período Especial fue un momento importante para el patrimonio cubano y para la museología en particular, las pautas trazadas por Eusebio Leal y la Oficina del Historiador, sirven hoy de ejemplo para el rescate del patrimonio de modo sostenible en todo el país, por ello en el día de los Museos el homenaje al Historiador de la Ciudad de La Habana, Dr. Eusebio Leal.
LAS MUCHAS LUCES DE CÉSAR
El sábado 4 de mayo murió en su Habana el cantante y compositor César Portillo de la Luz, para nosotros los cubanos alguien que no necesita de presentaciones, para el mundo, tal vez no diga mucho su nombre si no lo acompaño de títulos de canciones que hoy están en el repertorio de muchos cantantes del Mundo, habló de “Contigo en la distancia” y “Tú mi delirio”, obras maestras de la canción universal interpretadas por voces populares como Luís Miguel, Cristina Aguilera, Placido Domingo, Andrea Bochelli y otros y otros que tan vez no sepan el nombre del autor, ni siquiera sepan que es cubano, pero que entonan estos dos hermosos himnos al amor. Para saber un poco más de nuestro César musical aquí les va la crónica de Pedro de la Hoz publicada en el periódico Granma:
Pedro de la Hoz
Murió el cantor pero vive la canción. Cumplidos los noventa años el pasado 31 de octubre, César Portillo de la Luz partió el último sábado. Un paro cardiorrespiratorio derrumbó definitivamente a un paladín que nunca colgó los guantes. Su obra siempre estará llena de luces. Es de los imprescindibles en la historia de la canción cubana.
Habanero de origen humilde —padre constructor y torcedor de tabaco; madre ama de casa—, tuvo en el seno familiar su primer contacto con la música, pues en el hogar era frecuente que se entonaran los aires trovadorescos de moda.
En plena adolescencia solía reunirse con muchachos de su edad en el Parque Villalón a cantar tangos, criollas y corridos mexicanos y comenzó a tener trato con la guitarra, instrumento en el que muy pronto advirtió posibilidades armónicas que lo llevarían a plantearse un modo diferente de acompañar las melodías.
En tales trajines César no estaba solo. En esa década unos cuantos jóvenes comenzaron a explorar una nueva sensibilidad en la canción cubana: José Antonio Méndez, Ángel Díaz, Ñico Rojas —las noches del Callejón de Hamel—, Frank Emilio Flynn, Aida Diestro, el Niño Rivera, Orlando de la Rosa, Rosendito Ruiz y luego Frank Domínguez y la inefable Marta Valdés. Había nacido el filin, una auténtica revolución en la cancionística cubana, segunda estación de la trova insular en el siglo, con César entre sus cúspides.
César se bandeaba pintando casas y apartamentos y dando clases de guitarra, porque de componer canciones nadie podía vivir. Él mismo no se consideró nunca un intérprete. Pero comenzaron a tener salida sus obras, curiosamente en agrupaciones de música bailable, que entre uno y otro número movido acostumbraban a insertar boleros.
Y así fue cómo dio con el Conjunto Casino y pegó varias de sus piezas más reconocidas, rápidamente expandidas a México y otros países de América Latina.
Ya en los cincuenta, la obra de César encontró voces que le propiciaron una difusión masiva de sus canciones: desde el mexicano Pedro Vargas al chileno Lucho Gatica, incluyendo al norteamericano Nat King Cole.
Como caballo de batalla, una obra compuesta en 1947, Contigo en la distancia, a la que siguieron, entre otras, Realidad y fantasía, Tú mi delirio y Noche cubana. Sobre Contigo en la distancia confesó muchos años después al impar Orlando Castellanos:
Me di cuenta que esta canción, y en este caso me pasó como al burro de la fábula, que toca la flauta por casualidad, había expresado el problema del complemento que representa, para la pareja, la otra parte. Que era una canción que lo mismo podía cantársela un hombre a una mujer, que una mujer a un hombre. Porque podían sentir ambos la misma vivencia que expresaba la canción y que esto había determinado, a mi juicio, el éxito; no los valores estéticos en particular o en primer orden, sino que era una canción con una vivencia tan universal, tan común, que se convirtió en una canción de todos.
La popularidad de las obras de César contribuyó a que cimentara una carrera trovadoresca en La Habana de la medianía de siglo, época de oro de los pequeños clubes en El Vedado y otros sitios de la capital. En el Pico Blanco, del hotel Saint John, José Antonio y César reinarían por largo tiempo.
Al triunfar la Revolución, César ya tenía una obra consolidada. No le faltaron ofertas económicamente atractivas. Pero para quien siempre había simpatizado con la izquierda, los nuevos tiempos de la Patria representaban una oportunidad de realización colectiva en la que su individualidad tenía mucho que aportar. No se trataba únicamente de la dignificación del trabajo artístico, sino de la de todos los cubanos.
Así lo entendió un hombre que experimentó un notable crecimiento intelectual a partir de la década de los sesenta, en los que se contó entre los fundadores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba —mano a mano con su amigo Nicolás Guillén—, estudió
Filosofía y Economía Política, colaboró con el movimiento obrero y representó a Cuba en diversos escenarios internacionales.
Añadió nuevos hitos a su obra, entre los que destacan Canción a un festival, Son al son, Canción a la canción y Canción de los Juanes, esta última de clara inspiración guilleniana. En 1967, motivado por la resistencia del pueblo vietnamita contra la agresión norteamericana, dedicó una composición a esa hazaña.
El mexicano Luis Miguel, el español Plácido Domingo, la norteamericana Cristina Aguilera, y los puertorriqueños Andy Montañez y José Feliciano lo incorporaron a sus repertorios. También lo hicieron populares bandas de baile como Los Van Van y los japoneses de la Orquesta de la Luz. El guitarrista Joaquín Clerch y la Orquesta Sinfónica Nacional grabaron una suite instrumental de obras suyas.
Cuba le rindió honores mediante varias condecoraciones estatales. Pero también, en silencio, él honró a Cuba, con donativos a instituciones culturales y de la salud y el aporte financiero para la producción de un documental sobre los Cinco Héroes realizado por el ICAIC.
Pocos días antes de cumplir 90 años confesó a este redactor: “Yo pudiera decir como Neruda: confieso que he vivido. Pero no lo haré. Lo importante es que vivan mis canciones”.
Tomado de la edición digital del periódico Granma, 6/5/2013
OTORGAN LA ORDEN JOSÉ MARTÍ A FINA GARCÍA-MARRUZ
En Cuba nadie concibe a esta mujer sin la presencia de su esposo el gran cubano Cintio Vitier, ambos formaron un binomio de amor y de altura cultural capaz de que hoy no podamos hablar de uno sin que pensemos en el otro.
Cintio se nos fue físicamente hace unos años, pero junto a nosotros está su compañera, viva, talentosa, con una obra propia que su modestia hace recoger como alas de palomas, pero que refulge cada vez que esos temas martianos tocado desde lo íntimo por ella, salen al paso de todo el que indaga sobre José Martí, su obra de vida y el legado para todos los seres humanos.
Fina además dé, es poetiza de reconocida obra entre nosotros y en el mundo hispanoamericano, fue de las fundadoras del Grupo Orígenes, no a la sombra de nadie, que ya sería mérito, sino por una sólida obra que nos habla de su ser femenino, de su modo de ver desde la bondad y la intimidad del hogar, para mostrarnos ese mundo inmenso que persiste en lo cotidiano.
Es el ícono vivo de aquel grupo, la guardadora del fuego, para que no le olvidemos, pero que tampoco se tergiverse en la maraña de símbolos e interpretaciones. La cubanía, el ser espiritual de esta isla tiene en ella su vaso de ofrenda, ese que no se lleno de hiel cuando los profanos nuevos quisieron negar su valía por su fe y tuvo que aguardar sin rencores a que los vientos de la necesidad y la corduras disolvieran el polvo y dejaran solo el mérito que dice ella no merecer.
Nadie como ella para recibir la Orden Nacional José Martí, nadie la recibirá en vida dos veces, porque en la que se le otorgó a Cintio estaban también sus méritos de intelectual plena y honesta, tanto como madre, amiga y persona: felicidades Fina desde este anónimo rincón de mi corazón:
«El Consejo de Estado de la República de Cuba, a propuesta de su Presidente, acordó otorgar la Orden José Martí a la destacada intelectual Fina García-Marruz, quien arriba hoy a 90 años de fecunda y ejemplar existencia, en reconocimiento a sus valiosos aportes a la cultura cubana.
«Fina constituye una de las voces más relevantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX, que la ha hecho merecedora de numerosos premios y condecoraciones nacionales e internacionales.
«La Orden conferida le será impuesta próximamente en acto solemne.»
Tomado del periódico Juventud Rebelde, versión Digital, 28/4/2013
“HE AQUÍ UN GRAN SACERDOTE, UN SACERDOTE VIVO: EL TRABAJADOR”
La semana próxima celebraremos en Cuba el Día Internacional de los Trabajadores conmemoración que nació hace más de un siglo para rendir homenaje a los miles de obreros que en el mundo luchaban y luchan por sus derechos fundamentales: derecho al trabajo, seguridad social, protección contra las injusticias de sus patronos y algo mucho más sublime, respeto a sus derechos humanos, que van más allá de votar, salir a la calle y tener la libertad de hacer los que nos venga en gana, tener un trabajo digno que sirva para mantener a la familia, darle educación a los hijos y protección de salud tanto para él como a su familia, son reivindicaciones que muchos sueñan en el mundo, pero que no tienen.
Ya no son los tiempos de consignas sectaristas que ponían al trabajador en el lugar de ser el “príncipe de los explotados” y por tanto con derecho a liderar un posible mundo mejor; todo el que sufra una injusticia sobre la tierra, todo el que está desamparado, todo el que ha sido dejado a un lado, explotado y luego desechado por el gran capital, merece ese mundo mejor, que no caerá del cielo sino que abra que ganar con las armas de hoy, con la convicción de hoy de que podemos hacerlo con nuestras manos.
Nuestro José Martí quiso echar su suerte con los pobres de la tierra y por eso dedicó una parte de su obra a esa gente que en mayoría clama en el mundo por un presente y un futuro mejor:
El primer encuentro de José Martí con el movimiento obrero ocurrió en México a donde llegó en 1875 después de cursar sus estudios universitarios en España, se había separado de Cuba en 1871 tras ser juzgado y condenado por oponerse al colonialismo español en la isla. En México trabajó como periodista de la Revista Universal, se interesa por las actividades reivindicativas de los trabajadores y no pierde oportunidad para mostrar sus simpatías, “…causa un noble orgullo sentirse en un pueblo en el que muchos hombres aman ya el trabajo y van siendo capaces de cumplir su misión”, además de ser elegido para participar en un congreso obrero convocado en 1876 por los trabajadores mexicanos.
Luego será el contacto con el poderoso y heterogéneo movimiento obrero de los Estados Unidos, permeado por los anarcosindicalistas y mayoriado por los cientos de miles de emigrantes, principalmente europeos.
En un primer momento sus crónicas mostraban una severa valoración de los métodos violentos de lucha de los obreros, con sus huelgas frecuentes e intensas. Su criterio irá evolucionando en la medida que conoce al país, al capitalismo y a los trabajadores: “Se viene encima, amasado por los trabajadores, un universo nuevo”
Al organizar el Partido Revolucionario Cubano para emprender la emancipación de Cuba y Puerto Rico, José Martí contactó con el organizado y patriótico proletariado cubano, asentado en la península de La Florida, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Eran en su mayoría obreros tabacaleros, agrupados en barrios de esas ciudades, verdaderos hervideros de cubanía, que acogieron gratamente la prédica radical y sincera del Apóstol.
Los une a su labor revolucionaria y solicita su ayuda para organizar la “Guerra Necesaria” con la que se lograría la independencia de Cuba y Puerto Rico. Martí acude a los humildes, en ellos encuentra valor, patriotismo y disposición de lucha y constituye el factor principal para lograr la unidad de todos los que quieran libre a Cuba, no importa su condición social o su orientación política.
La suerte de la revolución independentista que el organiza, la fía a los trabajadores, a los humildes de la emigración y de la isla y por ello dice con vehemencia: “Son como siempre los humildes, los descalzos, los desamparados, los pescadores…los que se juntan frente a la inequidad, hombro con hombro” porque, “la verdad se revela mejor a los pobres y a los que padecen”
José Martí organizó la guerra de liberación nacional en Cuba a través de un Partido cuyos objetivos iban más allá de la independencia, en momentos cruciales de la historia de Cuba y de América Latina, y sufragada principalmente por los trabajadores y la emigración revolucionaria de la isla, su prematura muerte en combate dejó trunca sus ideas que aún mantienen su vigencia.
EL DÍA DE LA TIERRA
José Martí en la Naturaleza. Dibujo de Orestes Suárez
para la revista infantil ZUN-ZUN, 1985
Hoy es el Día de la Tierra, nuestra “maltratada y única nave espacial” como dice un famoso comentarista de Telesur, la que el hombre creyó inagotable fuente de riquezas por años y que al final se ha convertido en fuente de codicia para unos cuantos millonarios que pretenden seguir jugando el juego de “dueños del mundo” a costa de saquear el patrimonio común de TODOS LOS SERES HUMANOS.
Hoy es un día para reflexionar sobre el cómo ayudar al “planeta azul”, cómo conseguir que nuestro hogar común sea el paraíso ideal de la vida en el que no solo nos empeñemos en vivir a lo grande, sin importarnos quién come y quién no en este mundo, que al mismo tiempo despilfarra recursos, gasta millones en banalidades y hace del negocio de la guerra el más lucrativo de todo.
Leguemos a nuestros hijos y nietos un planeta mejor del que vivimos, por vergüenza humana y porque somos la mayor creación de la evolución, por ende los más responsables con el único sostén de nuestras vidas que es la TIERRA.
Les dejo con un puñado de aforismos de nuestro José Martí sobre estos temas, desde el pasado nos alerta para que tengamos futuro:
“Si la tierra espera y oye, ¿por qué no hemos de bajar la mano amiga hasta la tierra?”(T.6:310)(1875)
“Vivir en la tierra no es más que un deber de hacerle bien” (T: 7:118) (1878)
“Vengase la Tierra de los que la descubren, y toda superioridad de sus hijos, que como daga loca vuelve contra el mismo que la ciñe” (T13:258) 1883
“Tierra, cuanta haya debe cultivarse: y con varios cultivos,-jamás con uno solo. Industrias, nada más que las naturales y directa” (T.10:197) (1885)
“Aflige ver herida con un propósito interesado la tierra que se está levantando con dificultad de su lecho de angustias” (T.8:29) (1886)
“Estudiar las fuerzas de la naturaleza, y aprender a manejarlas, es la manera más derecha de resolver los problemas sociales” (T.13:520) (1883)
“… ¡qué enojo, el de la naturaleza perseguida! Se vuelve hacia el hombre, y como el tigre al cazador, de un golpe de grifo lo desfibra y aplasta. Gruñe y tiende.” (T.10:24)(1884)
“…en bosques, como en política, no es lícito derribar sino para edificar sobre las ruinas”(T.10:321) (1885)
ALFREDO GUEVARA
Ayer viernes murió en La Habana Alfredo Guevara, eminente intelectual de izquierda, comprometido con las mejores causas humanas e intransigente defensor de los derechos de los intelectuales a su libre expresión, acogencia de estéticas y compromisos, siempre y cuando se asumieran con honestidad. Su curriculum de vida lo hace Pedro de la Hoz en el trabajo que reproduzco para ustedes, pero Alfredo es más que eso, con su honestidad, su prestigio y su influencia dentro de la Revolución, impidió males mayores en aquellos años tristes del QUINQUENIO GRIS, de entronización del populismo, la ortodoxia y el realismo socialista, triunfalista y estereotipado, fue grande desde su labor intelectual, casi un clandestino en su afán de salvar de aquella grisura a prestigiosas figuras de la cultura, y aunque no pudo impedirlo todo, mantuvo dentro del Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográfica (ICAIC), la semilla de la libertad de escribir, pensar y actuar, asumiendo la diversidad como divisa de la Revolución, cuyos líderes en aquellos tristes momentos olvidaron.
ALFREDO GUEVARA: LEALTAD, COMPROMISO Y LUCIDEZ
Autor: Pedro de la Hoz
Alfredo Guevara, fundador del cine cubano de la Revolución y uno de los principales promotores del Nuevo Cine Latinoamericano, falleció en La Habana este viernes a los 87 años de edad, a consecuencia de una dolencia cardíaca que se agravó en las últimas semanas.
Podía haber sido exclusivamente un hombre de cine y ello le bastaría para figurar entre las personalidades de mayor relieve en la cultura cubana a lo largo del siglo XX. Pero también fue un hombre de la política, un infatigable defensor y difusor de las ideas socialistas, un combatiente leal y lúcido, comprometido entrañablemente con el pensamiento y la acción de quien fue para él, desde el mismo momento en que lo conoció en los predios universitarios, su guía y paradigma, Fidel Castro.
Amante y conocedor del llamado séptimo arte, del cual fue promotor en la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, Guevara compartió con Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea los avatares de la filmación de El mégano, película secuestrada por la tiranía ante su fuerte carga de denuncia social.
Por su implicación en el movimiento antidictatorial y en tareas insurreccionales fue perseguido y apresado en más de una ocasión.
En el exilio mexicano fungió como asistente de dirección de Luis Buñuel. Al triunfo de la Revolución, imbuido de la importancia de la cultura en el proceso que se iniciaba, recibió la tarea de fundar el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), organismo que dirigió durante dos etapas.
Puso desde entonces todo su empeño en el desarrollo de una filmografía nacional signada por un doble compromiso con la Revolución y el arte, la creación del Noticiero ICAIC, la búsqueda y formación de nuevos públicos (un ejemplo, el cine móvil en campos y montañas), el estímulo de los debates teóricos entre los realizadores y la integración del movimiento artístico e intelectual al cine (sirvan de ejemplos, el impulso al cartel y a la nueva trova).
Vinculado al Nuevo Cine Latinoamericano desde su punto de partida en los años sesenta, fundó en 1979 el Festival de La Habana y colaboró con la apertura de la Escuela de Cine y TV de San Antonio de los Baños. Desde el ICAIC brindó un decisivo apoyo a decenas de cineastas del continente.
Participó activamente en los Congresos de la UNEAC y en los últimos tiempos sostuvo diálogos y debates con jóvenes intelectuales y artistas en universidades y la Asociación Hermanos Saíz. También fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y por una década Embajador de Cuba ante la UNESCO.
De notable valor resultan los proyectos editoriales que llevó a cabo, entre ellos las compilaciones de ensayos, artículos y cartas Tiempo de fundación, Y si fuera una huella y Revolución es lucidez, y el epistolario cruzado con el italiano Cesare Zavattini.
Fue el primero en merecer el Premio Nacional de Cine. Recibió la Orden Félix Varela de Primer Grado, y en marzo del 2009, le fue conferida la Orden José Martí, la más alta distinción del Estado cubano, de manos del General de Ejército Raúl Castro.
Por voluntad propia sus restos mortales fueron cremados y las cenizas serán esparcidas hoy sábado a las 3:00 p.m. en la escalinata de la Universidad de La Habana.
Tomado del periódico Granma, versión digital. Sábado 20/4/2013
¡GOZA BEYONCE!
Beyonce junto a un grupo de bailarines de danza contemporánea en La Habana
Este es la mejor crónica que he leído de la fugaz e impactante visita a La Habana de la cantante estadounidense Beyonce, de la que se enteró toda Cuba, por la misma vía que nos enteramos de todo en este país de lo Real Maravilloso, “Radio Bemba”… el run run y el chu chu chú que rompe toda las barreras de darle “bajo perfil” a lo que no quieren que se sepa.
La reacción generalizada de la población fue de alegría y los que tuvieron tiempo fueron a “novelear” por los alrededores del Hotel Saratoga para ver a la diva norteamericana, los que tenemos algo que hacer nos fuimos enterando y por mi parte sentí gran satisfacción porque escogieron a este “paisito satanizado” por su gobierno imperial y queriendo o no, demostraron que esta no es la dictadura que le venden los medios al pueblo yanqui, ni somos los “indios con levita”, ignorantes y deseosos de irnos de esta tierra.
La crónica de Chary Morales Valido, retrata de modo genial, con esa ironía propia nuestra y con un mucho de humor criollo la impresión del “encuentro mutuo” de las “estrellas estadounidense” con un grupo de niños que están haciendo historia, La Colmenita:
¡Goza Beyonce!
por: Charly Morales Valido
Pese a los incomprensibles silencios y el supuesto perfil bajo de su visita, Beyonce alborotó a esta Habana poco habituada a que la caminen superestrellas mundiales rodeadas de escaparates careperros y funcionarios sigiliaos. Tanto lío y tanta cosa, si total, mulatonas más esculturales y voluptuosas anuncian el Apocalipsis en cada esquina habanera…
Claro, ninguna de ellas han ganado 17 Grammys por su excelencia musical, ni le han cantado al presidente de Estados Unidos, ni han vendido millones de álbunes, ni son un símbolo racial y sensual reconocido en medio mundo, ni filman videos medio-lésbicos con Shakira y Lady Gaga, ni mucho menos están casadas con un multimillonario magnate de la industria discográfica…
Por cierto, mucho barullo con la Beyonce, pero de Jay-Z nadie decía nada. “Será por feo”, especula El Tocayo. Quizás. Lo tuve frente a frente, intercambié par de palabras con él, y les juro que si me lo topo en Centro Habana, fácilmente lo confundo con un vendedor de aromatizante.
Por eso me choca tanto el secretismo alrededor de la visita del célebre matrimonio. Si ellos de verdad hubieran querido anonimato en su quinto aniversario, tenían lugares menos concurridos que el Parque la Fraternidad para merodear. Incluso pasarían por cubanos, si no vinieran con su trouppe, y cuando más alguien pensaría: “Coñó, como se parece esa mulata a Beyonce… Ná… Con el baro que tiene esa jeva, qué va a ser ella…”. Que tampoco aquí la gente ve tanto TMZ, ni tanto MTV… Y ya les dije que el vidrio los ayuda, sobre todo a Beyonce…
La cosa es que, sabrá Dios por qué, decidieron venir a La Habana. Dicen que los invitó el Ministerio de Cultura, pero nadie lo confirma, aunque sus visitas a La Colmenita y al Instituto Superior de Arte son sugerentes. Además… ¿por qué La Habana y no un Cayo? Eso sí, nada de declaraciones, nada de fotos oficiales ni conferencias de prensa. Lo pidieron y se les respetó.
Pero siempre alguien habla, y me enteré de que La Colmenita les regalaría un espectáculo privado en su sede central. Allá me colé, con la promesa de no fotografiarlos ni de incordiarlos con preguntas indiscretas. Y sin la certeza de que aparecieran…
Fueron dos horas de zozobra, que pasé elucubrando posibles abordajes, enfoques, títulos para la crónica que ni siquiera sabía si escribiría. Cuando ya no sabía si estaba en Habanastation o en Sin embargo, Carlos Alberto Cremata, el director de La Colmenita, advirtió que posiblemente la función fuera suspendida, pues había una multitud alrededor del Saratoga para ver a Beyonce, y sus guardaespaldas no recomendaban salir. “Es la vida de quienes no tiene vida”, comentó Tin.
Pero vinieron. No quisieron hacerles ese feo a los niños. Beyonce llegó elegante y discreta, sin aspavientos, con una sonrisa gentil en la mirada y la roja boca. Llevaba un vestido naranja y una chaqueta oscura, el pelo en trenzas recogido en un moño a lo Miriam Makeba, y ademanes suaves y delicados. Nada que ver con el huracán de pelo suelto que desata en escena. A su lado, Jay-Z vestía una sobria camisa oscura, elegante y sereno. Llevaba su eterna mirada cansada y algo de esa altaneríagangsta que parece indispensable para ser sobrevivir en su mundo.
Beyoncé con La Colmenita
“Hola, hola”, saludó Beyonce en perfecto español, con una tremenda humildad que no parecía prefabricada sino genuina. Su esposo llegó en silencio, y se dispusieron ambos a disfrutar de uno de los clásicos de La Colmenita, La Cenicienta según los Beatles. Desde mi puesto apenas podía distinguirles el rostro, por la oscuridad y porque tampoco iba a estar de voyeur, faltara más. Todo fue gracioso y apacible, y la pareja miraba el espectáculo con sonriente displicencia, hasta que la banda infantil rompió con tronco de Let it be timbero que parecía decirle: “Hey, esto no es una obrita escolar. Y aprendan que no somo eternos”.
Ahí se chivó el caché: las estrellas del R&B y el Hip-Hop estaban marcando la clave cubana, y para el cierre del espectáculo, ya Beyonce estaba en el pasillo bailando con fiñes, emocionada y quizás loca por soltarse las trenzas. Como colofón y en el colmo del abuso, aquellos niños les dieron una clase magistral de percusión, cerrando con los Van Van y su timba con pop, “pa que los yumas no… no se crean que nosotros no”.
Aquello era ya un pandemonio. Yo no sabía si tomar notas, bailar o gritar qué dicha ser cubano, mientras los niños acababan de vapulear emocionalmente a Beyonce colándole en el coro timbero un inesperado “I’m a single lady, I’m a single lady”, que hizo a la artista sacar su cara de “What the…???”, y agradecer el gesto entre risas con el característico giro de manos del Oh, oh, oh… final. Apoteósico.
“Gracias. It was beautiful”, le dijo Beyonce a todos cuando terminaron. Firmó autógrafos, se fotografió con muchos. Me escabullí a un costado y casi cuando se iban, le pregunté a Jay qué le había parecido. “Impressive, man, very impressive”, me contestó. “¿Y no jugarías un partido de basket con los cubanos?”, insistí, consciente de su pasión por ese deporte. Soltó una risa divertida, casi burlona, algo así como “Basket? Cuba? Are you serious?”, y se despidió con un leve movimiento de cabeza, llevado por su guardaespaldas.
Fuera del teatro, un grupo de vecinos contemplaba desde las esquinas. Atardecía, y la gente en La Habana tiene demasiado ajetreo como para andarle cayendo atrás a los famosos. Además, para perseguir a Beyonce y a Jay-Z ya están los congresistas cubanoamericanos, que acaban de escribirle a la Oficina de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, preguntando qué tipo de visa recibieron los artistas, y cuestionándoles que hubieran venido a Cuba a celebrar su aniversario.
Así es la vida. Unos intentan tender puentes, otros se empeñan en dinamitarlos. Por suerte, a los cubanos nos sienta un estribillo que popularizó la Beyonce cuando era una Destiny Child, y decía…
“I’m a survivor, I’m not goin’ give up, I’m not goin’ stop, I’m goin’ work harder, I’m a survivor, I’m goin’na make it, I will survive, Keep on survivin’”
VERESCHAGUIN A LA VISTA
Apoteosis de la guerra (1871), de Vasili Vereschaguin
Esto es un regalo, Pedro de la Hoz nos habla sobre los cuadros de Vereschaguin en Moscú, justamente en un momento de peligro nuclear para el mundo, cuando podría aparecer ese terrible modo que tiene el hombre de exterminarse rápidamente, aunque todos escuchamos a diarios como se matan los seres humanos a nombre de ideologías e intereses muy materiales… ¡pobre ser humano, tan sabio y tan estúpido!
Pedro de la Hoz, enviado especial
MOSCÚ. — Una de las paredes de la Galería Tretiakov, apenas a diez minutos de las murallas del Kremlin, permite a todo cubano evocar a José Martí: aquí se muestra de manera permanente parte de la obra más significativa del pintor ruso Vasili Vereschaguin, que estimuló al Apóstol a escribir una de las más intensas reflexiones sobre la naturaleza y función del arte.
Suele citarse esta frase martiana: “¡La justicia primero y el arte después!”, o esta otra: “Cuando no se disfruta de la libertad, la única excusa del arte y su único derecho para existir es ponerse al servicio de ella. ¡Todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera!”.
Tales urgencias, nacidas de la propia experiencia del autor, exiliado en Nueva York e impaciente por reanudar en suelo patrio la lucha por la liberación del yugo colonial, fueron escritas por Martí luego de asistir a una exposición de la obra del artista ruso en la urbe norteamericana en 1889 y publicadas en una crónica remitida al diario La Nación, de Buenos Aires, el 3 de marzo de ese año.
En el espíritu del poeta y revolucionario cubano, a la sazón con 36 años de edad, era inevitable comparar la situación de la Isla con la del pueblo ruso entonces, sojuzgado por el imperio zarista y abocado a sobrevivir en medio de las guerras.
Martí vio en profundidad el carácter de la pintura de Vereschaguin, tanto la que trataba asuntos bélicos como la paisajística y de inspiración bíblica, y extrajo lecciones que se convirtieron en pilares de un pensamiento estético en el que anticipó la dialéctica entre forma y contenido, motivación y contexto.
“Vereschaguin —dice—, como toda mente de verdadero poder, tiende ya en la madurez a lo vasto y simbólico. Le riza, le para, le desata la sangre en las venas una ejecución, y pintará, como los ve, o como si los hubiese visto, los varios modos de matar, la crucifixión romana, el cañoneo de Indostán, la horca de Rusia”.
En otro momento comenta: “¿Y qué arte hay sin sinceridad ni qué hombre sincero empleará su fuerza, sea de fantasía o de razón, sea de hermosura o de combate, en meros escarceos, adornos e imaginaciones, cuando está enfrente (…) la hecatombe de donde saldrá, cuando la podredumbre llega la luz, el esplendor que pasme al mundo…?”.
Se entiende a plenitud la reflexión martiana ante la contemplación directa, en la Tretiakov, del cuadro Apoteosis de la guerra, realizado en 1871, con su montaña de cráneos apilados. O cuando se divisan las masas de campesinos soldados ateridos y aterrados en la estepa helada.
Nacido el 26 de octubre de 1842 en la villa de Cherepovets, Vasili Vasílievich Vereschaguin alternó en su juventud la carrera militar con el aprendizaje de la pintura, esta última perfeccionada bajo la tutela de Jean Leon Gerome en París.
Los cuadros sobre la guerra y sus consecuencias surgieron luego de su participación en los conflictos bélicos del ejército imperial ruso en Asia Central —los horrores del sitio de Samarcanda se reflejaron en el célebre lienzo Apoteosis de la guerra— y ganaron en extensión a raíz de sus vivencias en el enfrentamiento entre Rusia y Turquía (1877–1878) y en los viajes a la India y el Tibet donde presenció combates entre los colonialistas británicos y los pobladores originarios insurrectos.
Mientras tomaba apuntes en la guerra ruso-japonesa de principios del siglo pasado, el artista murió en la voladura del crucero Petropavlovsk el 13 de abril de 1904.
Martí advirtió la grandeza de Vereschaguin. Y mucho más: en su admirable crónica quedó registrada su percepción acerca de cómo “el alma ha de quemar para que la mano pinte bien”.
Tomado del periódico Granma, versión digital, La Habana, 4/4/2013
PATRIA, EL PERIÓDICO DE JOSÉ MARTÍ
Es de todos conocidos, al menos en Cuba y buena parte de América Latina, que José Martí fue periodista, no solo porque escribía en los diarios de la época, sino porque supo utilizar como pocos la herramienta ideológica que era este medio de comunicación, el más importante del siglo XIX y en buena parte del posterior siglo XX.
Por esa razón es que él, hombre de la modernidad, que vive un paso delante de todo lo que se conoce en su época supo utilizar este medio para divulgar sus ideas políticas, sociales y estéticas, viéndolas todas en una concatenación dialéctica que le permitiera cumplir la función más importante de un periódico, informar.
Ya en la década del 90 del decimonónico, cuando entra en contacto con los grupos revolucionarios cubanos que vivían en varios núcleos urbanos de La Florida, Estados Unidos, principalmente en Tampa y Cayo Hueso, el Apóstol cubano impulsó las ideas libertarias que eran la razón de ser de su azarosa vida. La independencia de Cuba era una necesidad, junto a la de Puerto Rico, la isla hermana, en la cual siempre pensó Martí.
Por eso inicia la promoción de la idea de la unidad de los revolucionarios independentistas alrededor de un principio básico, “la unidad como necesidad de la victoria”, ya no solo para separarse de España, sino para impedir que los Estados Unidos se anexara ambas islas, esas son ideas claras en su pensamiento político.
Pensando en esa unidad y en esa necesidad de que la emigración, estuviera donde tuviera, conociera cual era el programa para alcanzar esos objetivo es por lo que funda el 14 de marzo de 1892, el periódico PATRIA, que no era el órgano de un partido sino el periódico de los cubanos independentistas. En su primera plana y desde su primer número, estaban las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), que se constituiría un mes después pero que ya existe y acciona, teniendo en la creación del periódico su primer acto de manifestación militante.
PATRIA, no era el órgano del PRC, es la tribuna de los cubanos, el medio de propaganda y promoción del ideal independentista, de la unidad y de los más nobles ejemplos de vida de aquella gente que rehízo su vida en La Florida y en otras partes de Estados Unidos, pensando en el hogar dejado atrás, en la tierra irredenta por la que ya había muertos miles y por la que estaban dispuesto a morir nuevamente. Eso fue el periódico PATRIA, el periódico de Martí, el que sirvió a Cuba y destacó las grandezas de un pueblo con identidad pero sin libertad.










