Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Cultura

JOSÉ MARTÍ Y LOS HABANEROS ILUSTRES



“Martí y la noche”

Autor: José Luis Fariña

El nacimiento de José Martí a mediados del siglo XIX le permite crecer y madurar en un momento germinal de la cultura en la isla de Cuba: la creación de la nación y el afianzamiento de la identidad nacional.

José Martí aprende con maestros cubanos imbuidos de las ideas más avanzadas de su tiempo y todos ellos convencidos de la existencia de la nacionalidad en la isla, algunos acariciando ya el independentismo como ideal posible.

Rafael María Mendive como el más cercano a él, es un liberal, discípulo de José de la Luz y Caballero; marca un significativo magisterio en la juventud criolla que se formó en su colegio o lo tuvieron como influencia en sus conocidas tertulias de mediados de la década del sesenta del decimonónico.

Este período histórico esta signado por la circulación frecuente y cada vez más amplia de la independencia como la necesidad más necesaria de la isla para resolver sus grandes problemas sociales, las contradicciones con la metrópoli, el estancamiento y decadencia de las clases dominantes criollas y la solución del gran problema social de la isla que es la esclavitud de miles de seres humanos para sostener la economía plantacionista azucarera.

El alzamiento de los orientales en 1868 liderados por Carlos Manuel de Céspedes, rompe con el mito de la sublevación de los esclavos africanos como consecuencia de la lucha por la independencia y por el contrario incorpora la abolición de la esclavitud como un reclamo natural de la república a que se aspira.

En consecuencia José Martí un adolescente habanero formado en lo mejor del pensamiento identitario de la isla abraza la causa de la independencia e inicia una participación comprometida y militante en los sucesos que a consecuencia de la clarinada oriental ocurren en La Habana.

Su accionar a partir de este momento va dirigido a lograr este sagrado objetivo de la nación cubana y para ello uno de sus principales intereses fue el estudio del pasado inmediato de la historia y la cultura de la isla. No desconocía la fructífera herencia que recogía, no solo de los que se pronunciaron abiertamente por la separación de España y la soberanía de la isla, sino también de los que desde las aulas, las academias, las publicaciones, tertulias o las tribunas, enaltecieron la cultura criolla de lustre y personalidad propia, haciendo ver la madurez de la sociedad isleña en transito hacía la cubana.

Orgullo y respeto por el pasado, acercamiento crítico al pensamiento de los reformistas, convencimiento de que la solución no estaba bajo la soberanía de España, ni de ninguna otra potencia, confianza en la sociedad de la isla, no solo en su élite acomodada, sino en sus humildes estamentos, incluyendo al negro; esta es la posición de Martí cuando decide su destino político: luchar por la libertad del cubano.

Con él están los iluministas de la Sociedad Patriótica quienes desde el siglo XVIII unen esfuerzos por adelantar a la isla en el concierto de las naciones y logran en poco tiempo una sociedad próspera, con una animada cultura y una poderosa clase criolla de grandes contrastes, sostenedora de la monarquía española frente al empuje liberal de la península y que compartía la isla con una mayoría ignorada ajena de derechos: los esclavos africanos base de la economía y sus riquezas.

No será hasta la década de los 80 del siglo XIX, cuando Martí se radica en Nueva York y entra en contacto con la colonia cubana de esta urbe que conocerá más profundamente de los escritos e ideas de los iluministas criollos de la Sociedad Patriótica, entre los que está Félix Varela, cuya figura reencuentra y asume en los escritos de Antonio Bachiller y Morales, ya anciano y venerado entre los emigrados de la isla, a quien ve con frecuencia y cuyo trato hará que lo describa como patriarca que escribe de aquellos hombres asentados en la base de la sociedad cubana.

Notas y referencias dejan testimonio de las lecturas de José Martí de la obra de Bachiller y Morales, se admira de aquellos que abren camino en medio del oscurantismo y la ignorancia y lo que es aún más importante abrazando las ideas del liberalismo burgués, que no llega a concretarse en proyecto político por el compromiso pragmático que la aristocracia criolla hace con la reacción española, siempre y cuando garantizara el mantenimiento de la esclavitud como base de sus riquezas y prosperidad.

En ocasión de la muerte de Antonio Bachiller y Morales escribe Martí sobre la época que a este le tocó vivir:

“Nació cuando daba flor la horca de Tupac Amaru; cuando la tierra americana, harta de pena, echaba a los que se habían puesto a sus ubres como cómitres hambrientos; cuando Hidalgo, de un vuelo de la sotana, y Bolívar, de un rayo de los ojos, y San Martín, de un puñetazo en los Andes, sacudían, del Bravo al Quito, el continente que despertó llamando a guerra con el terremoto, y cuajó el aire en lanzas, y a los potros de las llanuras les puso alas en los ijares. Nació cuando la misma España, cansada de servir de encubridora a un gitano, se hallaba en un bolsillo de la chaqueta el alma perdida en Sagunto. Nació cuando, al reclamo de la libertad que les es natural, los americanos saludaron la redención de España, la luz del año doce, con acentos que al mismo De Pradt parecían dignos, no de colonos de Puerto Rico y Veracruz, “sino de los hombres más instruidos y elocuentes de Europa”. Nació en los días de Humboldt, de padre marcial y de madre devota, el niño estudioso que ya a los pocos años, discutiendo en latín y llevándose cátedras y premios, confirmó lo que Humboldt decía de la precocidad y rara ilustración de la gente de la Habana, “superior a la de toda la América antes de que ésta volviese por su libertad, aunque diez años después ya muy atrás de los libres americanos”. Pero no Bachiller, que se cansó pronto de latines, por más que no les perdió nunca aquel miramiento de hijo, y aquella hidalga gratitud, que fueron bellezas continuas de su carácter, a punto de hacerle preferir alguna vez que le tomasen por hijo tibio de la patria que adoraba, antes que por ingrato”[1].

De estas lecturas nace la veneración por el presbítero Varela, el hombre que muere en el año de su nacimiento, el de la vocación de sacrificio y servicio desinteresado a la patria, de quien dijo que era un patriota entero, “(…)que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse ni apresurares, ni confundir el justo respeto a un pueblo de instituciones libres con la necesidad injustificable de agregarse al pueblo extraño y distinto que no posee lo mismo que (con) nuestro escuerzo y nuestra calidad probada podemos llegar a poseer”[2]

Habla Martí de las simpatías anexionistas de algunos y les recuerdas que el noble cura no quiso la anexión, pese a la admiración que sentía por lo que habían logrado los estadounidenses.

Respeto es lo que siente Martí por el hombre de letras y el pensador adelantado, que por su visión anticipadora y la manera ágil y directa que tiene de enfrentar los grandes problemas de Cuba, con energía y firmeza, llega a la conclusión de que la solución estaba en la independencia; idea temida por los mismos burgueses criollos que alabaron al presbítero en su cátedra del Seminario San Carlos y lo eligieron posteriormente a las Cortes en 1821, y que en ese instante toman distancia del patriota sincero que al igual que Cristo previó esa deserción al expresar:

“(…) El deseo de conseguir el aura popular es el móvil de muchos que se tienen por patriotas, (…) no hay placer mayor para un verdadero hijo de la patria como el de hacerse acreedor a las consideraciones de sus conciudadanos por sus servicios a la sociedad; más cuando el bien de esta exige la pérdida del aura popular, he aquí el sacrificio más noble y más digno de un hombre de bien, y de aquí el que desgraciadamente es muy raro”

En consecuencia con esa virtud y vocación de sacrificio de Félix Varela, José Martí escribió en uno de sus cuadernos de apuntes, una frase que bien puede calificar al cura precursor: “El primero será siempre el que más desdeñe serlo”

Hombre de letras y rezos, de cultura enciclopédica, rompedor de cánones y prejuicios, Varela fue el hombre que abrió caminos en la mente de los criollos, cuando desde la cátedra de filosofía del Seminario San Carlos, abogó por la experimentación científica, la especulación investigativa, la enseñanza en español y la dignidad del hombre como patrón de conducta.

José Martí conoce las ideas de Varela, las tiene presente en los momentos que organiza un pueblo para conquistar la independencia y reconoce el sacrificio del que vio primero y más lejos al querer la emancipación de Cuba.


[1] El Avisador Hispano-americano, Nueva York, 24 de enero de 1889. Obras Completas Tomo X

[2] Obras Completas Tomo 2: 96

Cultura, José Martí

¿LITERATURA DEL DESENCANTO?


La tesis de que la literatura cubana escrita por jóvenes nacidos a finales de los 80’, crecidos en medio del “Período Especial”[1], es una Literatura de Desencanto, tiene más de argumento político que de Literario en sí. Ellos mismos crecidos en medio de la difícil crisis de valores que significó el Período Especial, evaden el tema político (es su elección), inventándose mundos y realidades en posiciones más individualistas que las anteriores generaciones de la Revolución, influidos (como todos los que vivimos en Cuba, unos más que otros), por la disminución o la pérdida de conquistas sociales, el deterioro de las condiciones de vida, de la ética y la moral de la sociedad cubana post revolucionaria y el desgaste del discurso político durante demasiado tiempo (más de veinte años), desde el inicio de la década de los 90’ hasta la llegada del gobierno de Raúl Castro, con una política más pragmática, pero socialista, en la que la realización individual, depende más de la capacidad y participación social, con una vinculación político ideológica más general y acorde a nuestra cultura, idiosincrasia y formación histórica.

Si la literatura hecha por jóvenes se aleja (¿?) de la realidad social, no es por desencanto, al fin y al cabo crecieron en un medio social en crisis, que ya se cuestionaba el “Futuro luminoso”, como el Maná que caería del cielo rojo como premio, ya todos sabemos que nada cae del cielo; ellos reflejan una sociedad cuestionadora e inteligente, abocada a una encrucijada política, seguir adelante con un sueño o buscar la realización personal a costa de cualquier cosa.

La literatura cubana tiene ante sí un reto, asumirse propia, con virtudes y defectos; hurgar en realidades (buenas y malas), evadirse a sueños intelectuales o hacerse política en juicios necesarios para la sociedad en que se desarrolla (de todos modo nadie escapa a su tiempo y sus circunstancias), pero cubana, no la aséptica acumulación de obras que no dicen nada hoy y no dirán nada mañana.


[1] La dura etapa de crisis económica, social y ética de los años 90 en Cuba, provocada por la caída del Bloque Socialista de Europa y la pérdida de los mercado de Cuba, junto al cierre más férreo del Bloqueo Económico y Político del gobierno de los estados Unidos.

Cultura

LA APARICIÓN DE SU VIRGEN


La Fábrica de Arte es uno de los sitios de moda de la capital cubana, una institución soñada y rescata por ese músico que es X Alfonso, una vieja fábrica de aceite se transforma en una factoría para el mejor arte de ahora bajo la advocación de la virgen de la Caridad del Cobre cuya imagen contemporánea y sincrética ha dejado en  sus paredes Moisés Finalés, así lo vio Tony Piñeras en este artículo aparecido en el periódico Granma del 28 de agosto de 2014:

La Virgen de la Fábrica , en Fábrica de Arte. Foto: Cortesía del artista

Autor: Tony Piñeras

El creador, a pesar de una larga trayectoria artística a sus espaldas y con los reconocimientos que merecidamente ha cosechado en su carrera, sigue poniéndose a prueba. Pinta y trabaja con la misma pasión del comienzo, o quizá con más fuerza. Lo hace acuciado por lo que estima no ha realizado. Cree que aún le resta por descubrir lo mejor de sí.

Muchos podrían ser los calificativos que se le infieren a la obra de Moisés Finalé, uno de los artistas emblemáticos de la generación de los 80 en la plástica cubana, quien fundó junto a otros creadores el conocido grupo 4 x 4 con el que propusieron reflexiones diversas a aquellas que se realizaban en la Isla por entonces. Su maestría y creatividad han seguido en todos estos años un proceso de ascenso en la exclusiva nómina de la excelencia de la plástica nuestra.

En sus obras hallamos la composición definitiva que tantas veces inaugura posibilidades insólitas y llenas de preguntas. Su dibujo exquisito se desdobla con carácter caleidoscópico en la precisión final de ciertas formas y rasgos. Con­traponiendo técnicas, materias, trazos y tonalidades alcanza una textura visual de alto calibre.

Una de sus más recientes creaciones ocupa un lugar en la misma entrada de ese espacio, preferido de la juventud: la Fábrica de Arte Cubano (calle 26 y 11). En el amplio frontón se descubre una simbólica pieza: La Virgen de la Fábrica (4,50 x 3,00 m).

La Virgen de Finalé está realizada con los plásticos de los cubos, atornillados. Los colores son del mismo material, los que pudo encontrar para combinarlos. No son cubos vírgenes, han sido trabajados, procesados. La textura parece de cuero, no plástico, a veces resulta difícil identificar el material. Y esto de poder trabajar con elementos comunes en el día a día, fascina al creador, para que las personas sientan “nuevas vibraciones”.

Al tema de la virgen se acercó el creador desde los años 80 cuando hizo versiones de la Biblia, aunque no constituyó una constante en su quehacer pictórico. Pero la temática le ha interesado siempre. Hace poco, le sorprendió Frei Betto con su novela Un hombre llamado Jesús, y a partir de su lectura comenzó a imaginar su virgen. “No estaba pensando en una virgen determinada o reconocible. Resulta como mi propia aparición. No hubo dibujo previo, como casi siempre hago toda la obra. Son cosas que acumulo dentro y salen así”, dice.

Luego, por las dimensiones que fue adquiriendo se preguntó: ¿dón­de ubicarla? Entonces al visitar la Fábrica de Arte, y ver la mezcla de las distintas disciplinas artísticas que se mueven en ese lugar y la gran­dilocuencia del inmueble, comprendió que era el sitio ideal. La idea gustó a X Alfonso y su equipo de trabajo, y entonces aquella virgen o aparición se fue convirtiendo en la Patrona de los fabricantes de arte, que luego fue acompañada por su estampilla y de su propia oración creada por Yamilé Tabío, su esposa, que sirvió como catálogo de la inauguración de la pieza. Se montó en el patio, justo a la entrada, y aún está. Creo que se va a quedar, refiere el artista.

UN IMAGINARIO DE EXPERIMENTACIÓN

Moisés Finalé (Cárdenas, 1957) considera su creación contemporánea, de vanguardia, a su forma. Utiliza indistintamente los códigos del arte moderno y del posmodernismo, su imaginario puede deslizarse por sus superficies barrocas con una técnica tradicional combinada, una distorsión lineal o un trazado punzante, algún brochazo informalista, una pintura libremente dispuesta y a veces chorreada, y hasta algún dibujo tomado de expresiones infantiles.

En Francia, donde comparte su tiempo con el de la Isla caribeña, realizó recientemente una serie de obras en metal que tituló Ombres ou rêves (Sombras o sueños) que fue expuesta en la galería Saint Ravy en Montpellier. Pero un día se dio cuenta de que este trabajo con los metales, en el taller, lo sacudía (a él y sus vecinos) con los ruidos de los martillazos, la sierra. Entonces, buscando un material más noble con el que pudiera laborar con mayor tranquilidad, y también soluciones contemporáneas, apareció el plástico extraído de los cubos de limpieza. Con él podía también realizar una especie de sombras chinescas, proyectar la luz a través del dibujo. Allá hizo la primera obra de este material flexible y lo continuó al llegar a Cuba. La Virgen de la Fábrica la realizó a partir de estos cubos que le proporcionan una textura novedosa. Pero la manera de trabajar y el resultado es el mismo.

Cultura

VERANEANDO CON LOS NIÑOS

Aquí estoy yo con los niños del taller de verano “Jugando con Papel” ¿Hará falta mucho para pasarla bien?

¡Hola Mundo!, de vuelta al mundo virtual, después de vivir mi realidad tan hermosa y adsorbente que a veces no me deja tiempo para reflexionar.

Cuba hoy es hoy un multicolor taller de opciones y propuestas para todas las edades, que ofrecen las instituciones y proyectos culturales, además de miles de individualidades nobles con el simple presupuesto de dar a los hombres, mujeres, niños ya tantos otros que dicen aburrirse en el verano, no por falta de propuestas sino por esa endiablada costumbre de hacer lo que está de moda, lo que enajena, o lo que lleva a la evasión de los problemas sociales e individuales, que de todos modos están ahí.

La Cuba de hoy no es la isla de mi infancia, problemas había tanto o más que hoy, pero éramos felices con más espiritualidad que recursos. Hoy si no hay dinero, muchos no saben qué hacer, porque más que recrearse se trata de mostrar un status real o ficticio, “desconectar”, “descargar” y “mañana qué se cabe el mundo”.

Pero hay esperanza, papá y mamá deben saber que el niño es agradecido con aquellas acciones que le entregan, los enseñan y dan espacio a la imaginación, en la mayoría de los casos estas propuestas no son caras o son gratuitas y esa es un reto de todo el que hace cultura comunitaria en Cuba.

Familia es una institución clave para determinar el ámbito formativo de nuestros hijos, lo que no se hace en familia, no lo podrá hacer ninguna otra institución.

Lástima de los que gastan su tiempo en denigrar el proyecto social cubano, el mismo de 1959, navegando entre errores y amenazas, lleno de virtudes, destinado a seguir adelante siempre, crecer en las generaciones que lo viven, dejando la huella de espiritualidad, solidad y humanismo, tan necesaria en tiempos del “Sálvese el que pueda” y de las manipulaciones de estos medios ¿sociales?

Cultura, Opinión

EL IMPACTO DE LA ESCLAVITUD MASIVA EN CUBA



Esta breve monografía forma parte del libro Historia de la Cultura Cubana, que he publicado en estos últimos años en MONOGRAFÍA.COM por capítulos, en espera de tener el día la posibilidad de verlo en papel, fue en mi Blog CULTURA CUBA el material más visita y comentado que quiero retomar para los nuevos lectores, estos hechos y estos datos explican mucho s problemas de nuestras historia nacional.

El desarrollo de la plantación esclavista en Cuba provoca como primera consecuencia el arribo a la isla de una avalancha de esclavos africanos a partir de 1762, cuando los ingleses introdujeron en La Habana alrededor de diez mil “piezas de ébano” en los pocos meses que ocuparon la capital de la colonia.

“Como resultado de ello, si en 1774, durante el primer censo de población, en Cuba fueron registrados 44 300 esclavos, ya en 1792 la cifra ascendió a 84 400, en 1804 a 138 000 (75 000 hombres y 63 000 mujeres)”[1]

En 1792 se creó en La Habana la Nueva Compañía de Comercio, primordialmente de capital criollo, que tenía por finalidad recibir los esclavos en consignación y revenderlos a los hacendados.

La vertiginosa entrada de mano de obra esclava africana estimuló un rápido crecimiento de la economía de plantación en el occidente de la isla y la rápida reducción porcentual de la población y libre[2].

Durante poco más de dos siglos, desde la conquista hasta la ocupación inglesa de La Habana, arribaron a Cuba, legalmente unos sesenta mil esclavos aproximadamente. A partir de esa fecha la mano de obra esclava se convierte en la base de la riqueza de la oligarquía criolla y sus aliados, y la arribada de estos seres humanos, legal o de contrabando, inunda el mercado y provoca un desequilibrio demográfico en la isla.

El salto más espectacular en la importación de esclavos se produce se produce entre 1790 y 1820 al ser traído de forma legal 236 599 africanos, casi cuatro veces más que todos los arribantes en el primer período colonial, sin contar con los esclavos traídos de contrabando.

Pese a los malos tratos y la despiadada explotación de las plantaciones, la población de color en la isla, pasó de un 43, 6 % en 1762 a un 54,5 % en 1811, lo que atemorizó a las clases dominantes en el país. En 1820 Cuba tenía una población de 627 238 habitantes de ellos de ellos el 55 % era de color, un 40 % esclavos y un 15 % libres[3]

El negro está presente en la población de la isla desde la conquista, su asimilación gradual y equilibrada con el resto de los componentes étnicos, forma parte de la identidad del criollo. Incluso un minoritario grupo de “gente de color” se perfila a principios de este período como una pequeña burguesía con base en algunos oficios, el comercio minorista, los servicios y algunas esferas artísticas.

Este estrato social asimila la cultura predominante en la colonia y al igual que la oligarquía criolla procura hacer méritos a los ojos de las autoridades coloniales, formando parte en los batallones de milicias de color, donde son premiados con grados de oficiales y condecoraciones por estos servicios.

Con el desarrollo plantacionista de este período se consolida una pequeña burguesía de color cuyo número no era despreciable y que fue mirada siempre con desconfianza por las élites de la sociedad colonial.

El conocimiento de un oficio artesanal y la demanda en el mercado de su trabajo especializado, hizo que el negro cubano ocupase un sitio vital en el seno de la economía: la sociedad no puede prescindir de él y por tanto se produce su integración a ella sobre la base de su utilidad e insustituibilidad”[4]

El incremento desmesurado de la mano de obra esclava prejuició a la población blanca con respecto al trabajo manual que dieron lugar a un agudo fenómeno de vagancia[5].

El esclavo fue la principal fuente de trabajo en 1825, de un total de 140 mil dedicados al cultivo de exportación, 66 mil laboraban en las plantaciones azucareras y de los 260 mil esclavos existentes en la isla para esa fecha, 73 mil (28%) vivían y trabajaban en áreas urbanas[6].

A partir de la masiva y forzosa llegada de esta población africana y pese a las prohibiciones de las autoridades civiles y eclesiásticas, su acervo cultural llegó con ellos y encontró acomodo en la cultura popular del país, en un proceso de aculturación con las otras formas culturales presentes en el mismo.

El africano desarrolla en difíciles condiciones su cultura, a veces de forma encubierta, otra de forma abierta. Sus creencias sobreviven en los barracones y cabildos; en su forma original o sincretizados. Su religiosidad, su música, la tradición oral y otras formas de su cultura, enriqueció el tronco común de la cultura de esta tierra.

A Cuba fueron traído de forma forzada personas de más de cien étnias africanas, predominando los yorubas, bantúes, carabalíes y ararás, de ellos los dos primeros grupos son los de más fuerte arraigo cultural en Cuba.

Los yorubas proceden de la costa occidental de Nigeria, a su llegada a la isla encontraron en la cultura popular predominante una mezcla religiosa que iba del cristianismo más ortodoxo hasta el animismo.

Será la estructura jerarquizada y piramidal de la religión cristiana, con un Dios supremo y deidades inferiores (santos), la que asimilaron para encubrir en un proceso de sincretismo religioso de rápido y fuerte aceptación en las clases populares. En un período relativamente corto crearon un culto sincrético de doble identidad (Regla de Ocha o Santería), que es un ejemplo de cultura de resistencia, al sobrevivir al conquistador, conquistándolo.

Los principales orichas del panteón yoruba, encontraron un equivalente en el santoral cristiano. Changó(Santa Bárbara), oricha de la virilidad; Yemayá(Virgen de Regla), señora del mar; Ochún(Virgen de la Caridad del Cobre), la fertilidad y el amor, son sus atributos; Obatalá( Virgen de las Mercedes), señor de la sabiduría; Babalú Ayé(San Lázaro), señor de la salud y las curaciones y Ogún(Santiago Apóstol), dueño del monte y del trabajo, entre otros muchos, los más conocidos y arraigados en la cultura popular del país.

La difusión que ha tenido la santería en Cuba parte de esta época cuando comenzó a desarrollarse no solo entre los esclavos, sino también entre la población de color y la blanca de origen humilde, teniendo en la región occidental su mayor arraigo con una expansión rápida y sostenida al resto del país.

La étnia bantú o congos fue también de mucha importancia en la conformación de la cultura popular de Cuba. Traídos en la Gran Avalancha de principios del siglo XIX, conforman un grupo humano disperso en diversos reinos o tribus en la cuenca del río Congo, de ellos los más importantes llegados al país fueron los mayombes, loangos, angolas y balubas.

La cultura de estos grupos giraba alrededor de un sistema religioso animista, que atribuye poderes a los elementos naturales personificados en el bosque, los árboles, los animales, fenómenos naturales, etc. Por esta razón no les fue difícil mantener sus cultos durante la esclavitud, en constante sincretismo con otros étnias africanas y con el catolicismo.

Por centrar sus ritos en los palos del monte, se les reconoció en Cuba como “Paleros”, extendiéndose de forma similar a la santería pero sin alcanzar su popularidad.

Yorubas y Bantues aportaron elementos religiosos que refundidos con el catolicismo oficial dieron lugar a los cultos sincréticos que se arraigaron en la cultura popular cubana.

Otra institución de origen africano fueron los Cabildos de Nación, que existen en la isla desde el siglo XVI con la autorización de los funcionarios coloniales. Su finalidad es proteger y conservar la cultura de un grupo étnico, costumbres, ritos, e instrumentos, modificados en el nuevo contexto. Formaban parte de ellos los individuos de una misma étnia, en cofradías de cooperación y ayuda mutua que con el tiempo asimilaron a descendientes de otros grupos africanos minoritarios.

En Cuba, principalmente en la región occidental, surgieron Cabildos congos, lucumíes, arará, y la Secta Abakúa. Esta última secreta, cerrada y con membresía masculina, pero con objetivos similares a los cabildos.

El Cabildo de Nación era presidido por un Rey o una Reina, un Rey suplente, un abanderado, el Mayor de Plaza, el Mayordomo, el Tesorero y la Corte. Ellos dirigían las festividades, desarrolladas los domingos en la mañana, de 10 a 12 del día y en la tarde de 3 a 8 de la noche, bajo la constante vigilancia de las autoridades y los amos.

La festividad más importante de los Cabildo de Nación y que en el siglo XIX se convirtió en la más significativa fiesta popular del país, el Día de Reyes, celebrado el 6 de enero. Esta festividad cristiana se celebraba en Cuba desde la Conquista, pero su esplendor se da en ese siglo por la incorporación masiva de los negros. Ese día salían a las calles y plazas, ataviados con sus trajes típicos o imitando al blanco, llevando estandarte y atributos, al son de la música. Era una festividad que los esclavistas permitieron pero que nunca entendieron.

La masiva estrada de esclavos africanos fue un suceso determinante para la conformación del etno nacional a partir de que la presencia de esta raza de origen y culturas múltiples se integra al proceso de transculturación cultural que Fernando Ortiz reconoce como el modo creativo y formativo de toda cultura mestiza.

[1] Fernando Ortiz: Los negros esclavos”, p. 38 citado por E. Alexandrenkov en “Los negros en el Nuevo Mundo”, colectivo de autores. Moscú, 1987, p. 250.

[2] Ramiro Guerra: Manual de Historia de Cuba, p. 207; citado por López Segrera: en OC.: 72

[3] Juan Pérez de la Riva: La Isla de Cuba en el siglo XIX vista por los extranjeros: 4, citado por López Segrera: OC.: 84

[4] López Segrera: en “Cuba: Capitalismo dependiente y subdesarrollo”: 89

[5] Alejandro de Humboldt: Ensayo político sobre la isla de Cuba, Vol. XI, Nº 3, 73 citado por López Segrera, Obra citada.: 82

[6]López Segrera, Obra citada: 82

Cultura, Historia

WILFREDO LAM EN LA JUNGLA MESTIZA


No me canso de mirar ese cuadro “parte aguas” de la cultura cubana que es “La Jungla” salido de los pinceles y las alucinaciones de un mulato chino de Sagua la Grande llamado Wilfredo Lam, quien conoció en Cuba todo lo que le identifica como un hombre de cultura sincrética y mestiza, tal vez un poco tímido al llegar al bohemio parís de la preguerra y encontrar el deslumbramiento de aquellos europeos por las máscaras africanas, esos volúmenes de pecho, caderas de ébano y un misterio tremendo que el eurocentrismo les devuelve novedoso.

Lam debió embozar una sonrisa, nada de aquello le era ajeno, venía de un país caribeño y mestizo donde todo aquello le fue cotidiano y le fue fácil fundir la moda de lo africano entre los pintores europeos y su conocimiento ancestral sobre aquellos misterios que llegaron libre en la mente de los sufridos esclavos que sostuvieron por siglos la economía de la isla del azúcar

La década de los 40s es ante todo de Wilfredo Lam (1902-1982) quien regresó a Cuba al comenzar la Segunda Guerra Mundial en Europa, redescubriendo un africanismo que si bien está en sus raíces, se reactualiza en la interpretación que los surrealistas hace del arte negro y que él, impactado, sintetizará en sus inquietantes dibujos y pinturas de este período definitorio.

Su regreso a Cuba inicia su madurez artística al concretar un sistema propio de símbolos en una mitología ancestral y personal. Son símbolos donde el embrujo se une a contrapuestos elementos pictóricos principalmente en ocre y negro.

En 1943 pinta, “La jungla”, cuadro trascendental que lo consagra como uno de los grandes pintores universales. El tema es la representación simbólica de lo carnal, terrenal y esotérico en alusión a un primitivismo y religiosidad presente en toda su obra.

“Está allí, entre órganos genitales, el misterio del trópico y, complicándose entre bejucos y mala yerba, aparece la caña de azúcar, la hoja del tabaco, los plátanos y los güiros convulsionados, completándose la riqueza vegetal, con las nalgas opulentas y los pechos nutridores(…)”[1]

Durante toda la década de los 40s trabajará en Cuba, visita Haití y allí descubre la “viril” cultura del vudú y lo negro, que quedará atrapado en la síntesis de símbolos e interpretaciones místicas que llenan sus cuadros.

Wilfredo Lam es la transculturación, lo mestizo nacido del cruce cultural, lo africano interpretado en el Caribe, sin referencias directas a ninguna de sus numerosas culturas.


[1] Loló de la Torriente, “Imagen en dos tiempos”. La Habana, 1982

Cultura

AMELIA PELÁEZ, LA MAGA DEL COLOR CUBANO


Cuando yo descubría el mundo cultural de mi país, hace ya unos cuantos años, siempre me asombró esa pintura de colores hermosos y radiantes, provenientes de las manos de una mujer que todas la fotos me la devolvían como una gruesa tía buena, arrinconada en su taller, rodeada de maravillas creadas por sus manos.

Era un hada real, sin varita mágica, sí con pinceles que dejaban en sus lienzos ese colorido que vemos en el ambiente de mi isla: azul turquí, amarillo brillante, rojo carmesí y todas las gamas de iris, pero siempre un tono más adelante, es la explosión del trópico y Amelia Peláez supo atrapar esos colores que aprendimos a reconocer en su forma geométrica de organizar el espacio pictórico.

Hoy quiero regalarles una de esas pinturas, es un bodegón criollo, en el que los peces sustituyen a las frutas, en un ambiente mágico de vitrales coloniales, ya tan nostálgicos que solo lo encontramos en determinadas casas coloniales sobreviviente a la precariedad.

Cultura

LOS CUBANOS VIVIMOS MÁS



Buenas noticias para nosotros trae la Oficina Nacional de Estadística, los cubanos hemos elevado las espectativas de vida a pesar de todo y de que a veces  somos los últimos en reconocerlo. “Nadie sabe lo que tiene ahasta que no lo pierde”, al menos yo respeto esa valoración muy vieja del refranero popular t valoro el esfuerzo nuestro por vivir más y con más calidad:

“La esperanza de vida en Cuba se elevó hasta los 78.45 años durante el periodo de 2011 a 2013, lo cual constituye un incremento de 0,48 años con relación al período 2005-2007, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

“El estudio “Esperanza de vida 2011-2013″ muestra que las mujeres presentan mayor longevidad (80,45 años) mientras que la de los hombres es de 76,50.

“Según el informe, en ese período se experimentó un descenso significativo de la mortalidad infantil, la cual se situó en 4,2 por cada mil nacidos vivos; en 1987 fue de 13,3.

“También el resto de las edades exhiben una evolución positiva de sus valores en comparación con el período 2005-07, e inclusive se recuperan tendencias en los grupos de edad a partir de los 60 años que habían mostrado algún grado de deterioro.

“Debido a que la mortalidad femenina tiene un comportamiento distinto a la masculina, su esperanza de vida al nacer es superior en todas las provincias.

“Las tuneras y holguineras, en la zona oriental, son las más beneficiadas con ese indicador, con más de 79,5 años, mientras que en Villa Clara, Sancti Spíritus, Guantánamo y Pinar del Río superan los 79 años, aunque sin llegar al valor anterior.

“La provincia de La Habana es la de más baja esperanza de vida al nacer (77,36 años), seguida por Artemisa, Mayabeque, Matanzas y Santiago de Cuba.

“En el caso de los hombres, con la excepción de la provincia de Santiago de Cuba, hubo aumento, aunque de manera muy ligera.

(Con información de PL) La Habana 17/6/2014

Costumbres, Cultura

LA ESTANDARIZACION DE LA CULTURA


La silla. Wilfredo Lam

En un discurso realmente interesante, valiente y pragmático el presidente de Uruguay José Mujica acaba de poner el dedo en la llaga al llamar a las izquierdas a poner atención en la colonización cultural del occidente capitalista, rico y extremadamente conservador, pero que ahora se disfraza con los colores de la modernidad para proponernos más de lo mismo, esperanzas de que podemos ser ricos, de que los pobres son los culpables de su pobreza y que cultura es el consumo de toda esa banalidad que emana de su industria cultural, mientras que las culturas populares, los saberes ancestrales y la vida austera y sencilla, son más folklor que realidad.

La aldea global donde millones somos espectadores, del modo de vida despilfarrador y suicida de unos pocos, mientras otros no tienen lo mínimo para llegar a mañana.

Suena a discurso pasado, pero la realidad es que esos vendedores de sueños, están seguros que adormeciendo el pensamiento, prostituyendo el compromiso social y satanizando posiciones nobles y legítimas, eternizarán un sistema injusto de distribución de las riquezas, mientras el planeta se hace más vulnerable y la política parece ser sinónimo de corrupción y complicidad cuando las izquierdas dan un giro en redondo y se olvidan de sus bases sobre la que construyeron una ilusión lúdica para pocos de las que somos las mayorías solo espectadores.

Cultura

JOSÉ MARTÍ, LA IDEA DEL BIEN

Hace 125 años, un hombre muy ocupado en cosas de adulto, quiso regalarles a los niños una revista en la que quedaran plasmadas las ideas que sobre ellos él tenía. Ese hombre fue José Martí, exiliado en Nueva York, con la tarea de emancipar un pueblo y levantarlo sobre simientes nuevas, pensó que nada de esto podía hacerse sin la educación como herramienta principal de la cultura y por eso comenzó por la raíz dedicándole a los niños de América Latina y del mundo una revista distinta en la que aprendieran valores en los cuentos y relatos que escogió para su revista, amena y bella.

La novedad estaba en enseñarle aquellas cosas que marcaban a la sociedad de su tiempo, la Revolución Industrial, el desarrollo de las ciencias y el conocimiento del planeta donde vivían.

Puso mucho énfasis en la Historia de América, las guerras por lograr la independencia de España y el orgullo que debían sentir por aquellos que lo sacrificaron todos por ese motivo.

Solo salieron cuatro números de aquella revista excepcional que circuló por algunos países de nuestras tierras, dejando la simiente del buen hacer para los niños, los ciudadanos del futuro.

El primero de los cuatro ejemplares de la revista “La Edad de Oro”, salió en julio de 1889 precedido de un prólogo que deja claras las intenciones de su redactor:

“Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre.”

Son las esencias de la formación del ciudadano, crecido como “BUENO” por sus virtudes y valores humanos.

“Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Lea vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora Para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra.”

Todas las publicaciones para niños y adultos deberían poner en su prólogo estas intenciones hermosas de formar al hombre y la mujer de mañana, ese modo de crecer con su historia y su herencia cultural para ser digno de su familia, de sus país y de su tiempo.

“Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.”

Estas palabras tan repetidas, por educadores y políticos, debiera ser el evangelio de los que forman al que deberá continuar la obra que hoy llevabas adelante, por ellos recordamos al “hombre de “La Edad de Oro”, ahora que hablamos y nos enfrascamos en formar a las nuevas generaciones para ser personas de bien, llenos de espiritualidad y cargados del altruismo de los sueños.

Cultura, José Martí

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