Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Cultura

CUBA, LA CULTURA


Hoy 31 de marzo se celebra en Cuba el Día del Libro, desde que en 1960, por esa fecha se crea la Imprenta Nacional de Cuba, con una base tecnológica creada luego de la nacionalización de los periódicos burgueses principalmente en La Habana, el fin era tener libros baratos para las grandes mayoría, por eso el estreno de esta empresa cubana estatal fue con la publicación del clásico castellano, “Don Quijote de la Mancha” en 4 pequeños tomos que hoy son una rareza bibliográfica, más de un millón de ejemplares y al precio de un peso, no era en realidad una edición de lujo, pero tenía el objetivo de llevar este mensaje cultural a las grandes mayoría marginadas de este “privilegio cultural de leer”, no solo por el precio de los libros sino porque más del 26 % de la población no sabía leer, ni escribir, algo que alguien hace muy pocos días me señaló como un gran “logro” de la Republica burguesa en Cuba, claro porque en América Latina y en el mundo de esa época esto era una cifra de privilegio, “en casa del ciego el tuerto en rey”, reza un viejo proverbio español.

Por eso este paso llevó al trascendental acuerdo de la Revolución y de su máximo líder Fidel Castro, de emprender una batalla por erradicar el analfabetismo. Recuerdo muy claramente aquella frase popular de esos primeros y telúricos años de la Cuba Revolucionaria: “Nosotros no le decimos al pueblo cree, sino lee”, (de Fidel) y para leer y escribir hubo que hacer aquella campaña gloriosa en el que participaron mis hermanos mayores y que cuidó mi padre el miliciano, para que el hombre de campo, el mayor afectado por esta ignorancia tuviera la luz de la enseñanza.

“Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella”, fue esa otra gran verdad dicha por Fidel, que los cubanos de aquellos primeros años de Revolución tuvimos que ir desentrañando, porque aprendimos que éramos parte de algo más grande que nosotros mismos y que en medio de tantas agresiones, escaseces y penurias cotidianas éramos al fin dueño de nuestro destino, que era la cultura la base mayor de nuestro futuro y de que la espiritualidad y la unidad de todos era la manera de seguir adelante, soñando con lo que alcanzamos a media, con lo que no pudimos crear, porque fuerzas mayores a nosotros se interpusieron, éramos un mal ejemplo, la “sacrosanta propiedad privada”, esa religión intocable del capitalismo, había sido eliminada de Cuba y entre el no saber y el no poder, tuvimos que vivir para defender lo alcanzado y llegar a esta altura con dignidad, pero con muchos sueños pendientes, a los que no renunciamos.

Cultura, Política

ICAIC, 57 AÑOS DE REVOLUCIÓN


Una de las primeras instituciones creada por la Revolución triunfante el 1ero de enero de 1959 fue el Instituto de Artes e Industria Cinematográfica (ICAIC) esa institución que fue la vocera principal de lo que ocurría en la Cuba rebelde que nadie entendía y que se le fue de las manos a la maquinaria imperialista allá por los albores de nuestra juventud.

En Cuba se hacía cine antes de 1959, cine comercial, a imagen y semejanza del cine mexicano de aquella época. Con la Revolución un grupo de inquietos intelectuales crean esta institución apoyada por Fidel Castro para poder reflejar los cambios en la isla y expresar de la mejor manera el mensaje de este nuevo proceso social.

Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea, José Massip, Humberto Solás y sobre todo Santiago Álvarez por aquellos emblemáticos noticieros y los pequeños grandes documentales de la actualidad del mundo de los sesenta, ellos dieron personalidad propia a esta institución que nació un 24 de marzo de 1959.

A ellos que dejaron en nuestra cultura la impronta de un quehacer honesto y comprometido va el reconocimiento

Cultura

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.


[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, José Martí

SONIA, SILVESTRE COMO TODO LO AUTÉNTICO


Sonia Silvestre[1], tan dominicana como cubana, vino a Cuba cuando este isla era un tabú para muchos y se presentó en radio y televisión, cantó en muchos pueblos del interior cubano y se acercó al repertorio de la trova contemporánea cubana y de compositores cubanos, todos muy escuchados aquí pero en ese entonces, los años 70 y principio de los 80, muy poco oídos fuera de Cuba, Sonia fue amiga de Cuba, de los cubanos y de la Revolución Cubana, de todo eso se enorgulleció durante toda su vida.

Por eso es muy hermoso que la Oficina del Historiador de La Habana y la Embajada Dominicana en Cuba comiencen la Jornada de la Cultura de República Dominicana en Cuba con un homenaje a ella y nada menos que en la cubanísima Plaza Vieja, hermosa y llena de historia presente y pasada, allí se develará una tarja en su memoria y perpetuará el recuerdo de la Silvestre amiga de Cuba, esa que llegaba sin avisar y nos sorprendía con un recital junto a Sara González o algún otro amigo trovador y bohemio como ella.

Los cubanos sentimos su muerte, apreciamos su amistad y aplaudimos el gesto de recordar a esta dominicana que canta y nos quiere con amor de pueblo, silvestre como todo lo espontáneo y genuino.


[1] Sonia se inició en el canto cuando siendo aún adolescente conoce a la cantante Cecilia García, quien la introdujo como corista de “jingles” publicitarios. Hizo su debut oficial como vocalista en mayo de 1970, en el programa “Gente” que producía Freddy Ginebra para Radio Televisión Dominicana, donde  interpretó el tema de Los Hermanos Castro “Yo sin ti” acompañada por la banda del maestro Luis José Mella.

Un momento decisivo de su carrera fue cuando la compositora Leonor Porcella de Brea la escogió para que interpretara su tema “¿Dónde podré gritarte que te quiero?” en el IV Festival de la Canción Dominicana celebrado por AMUCABA (Asociación de Músicos, Cantantes y Bailarines) en Santo Domingo, en el año 1971. Alcanzó el segundo lugar  y posteriormente grabó para el empresario artístico Bienvenido Rodríguez su primer LP titulado “Esta es Sonia Silvestre”.

En 1971 terminó como finalista en el Festival Internacional de la Canción de Bogotá y en 1972 la Revista Tele-3 la seleccionó como la cantante más popular. Lo mismo hizo el programa Farándula en 1973. (Tomado de Cubadebate, 19 de abril de 2014)

Cultura

¡LEONARDO PADURA, UN JONRÓN LITERARIO!


Es realmente una lástima que el Premio Princesa de Asturia 2015 conferido a Leonardo Padura por su obra literaria, haya pasado en los medios oficiales de prensa cubano, por debajo de la mesa, cierto que lo difundió el periódico Juventud Rebelde y que CUBADEBATE también se hizo eco de esta buena nueva para nuestra cultura, pero la radio y la televisión, medios que en Cuba son decisivos por su audiencia no dijeron nada, y no hubo la alharaca que armamos con estos premios cuando lo gana un cubano “revolucionario”.

Padura, es Padura, una amante del beisbol que leo desde los años que hacía crónicas para ese mismo Juventud Rebelde que se dignó con dar la noticia, con él supe de esas historias hermosas del cubano sin historia, cuando la historia era colectiva y el hombre individual era solo “parte de algo”, ha escrito de beisbol, su gran pasión de cubano y subió a recoger este premio con una pelota de beisbol, con orgullo porque para el cubano eso es tanto como un símbolo nacional.

Qué lástima, es verdad que Padura es Premio Nacional de Literatura y sus libros se agotan, más ahora cuando ha cogido la manía de contarnos las cosas con un poco de imaginación e ironía criollla, apego a la realidad de la calle, fundamentalmente de esos años 90 cuando supimos salir adelante a pesar de todo, él es uno de los sobrevivientes, pero en los círculos oficiales hay un silencio que no se merece.

El piensa distinto, se ha decepcionado del sueño que compartió con mucho de los cubanos de nuestra generación, su crítica de “francotirador” parece venir más del interés de alagar a sus editores que de mejorar el “proyecto” que compartimos, qué bueno, al menos sigue viviendo en Mantilla y fumando esos tabacos cubanísimos que su estatus económicos le permiten comprar.

Yo no soy Dios para juzgarlo, soy lector para admirarlo y eso hago, por eso me duele que “algunos” envidiosos quieran ahora negarle el agua y el pan.

He admirado ese Mario Conde cubanísimo y de carne y hueso tan alejado del estereotipo del investigador de bronce que nos vendió la novelística policial cubana de las décadas de los 70 y los 80, que muchos siguen creyéndose, o la militancia sin tacha de los hombres de mármol, que parece que nunca discutieron, discreparon y hasta fueron sancionados por pensar distintos.

A pesar de todo, no tengo y no estoy de acuerdo con todo lo que dice o escribe Padura, ese es su problema pero quiero felicitar de corazón al paisano que llegó lejos, al periodista que siempre admiré y al novelista que me da otra visión de mi mundo.

Cultura

CUBA, EL ORGULLO DE SU CULTURA


Este es un país pequeño, sin grandes recursos naturales y sometidas a grandes presiones ideológicas en los últimos 60 años, eso nos ha ido moldeando como el pueblo resistente y orgulloso que sobrevive en el Caribe a pocas millas de la nación más poderosa y ambiciosa del mundo, que por su “Destino Manifiesto” cree ser la depositaria de todos los valores del mundo y por tanto juez y César a la hora de juzgar a los demás.

Cuando hablamos de nuestra cultura como de una cultura de resistencia, el referente hay que buscarlo en las raíces de la formación de la nacionalidad, desde aquel violento encontronazo con los barbados españoles y su evangelización forzada a fuer de no ir al infierno, para unas criaturas humanas que apenas daban los primeros pasos en la comunidad primitiva, ellos resistieron, no eran muchos y fueron menos por el maltrato, las enfermedades y la explotación de su fuerza de trabajo, miles se fueron a lo profundo de los bosques a vivir y pelear por su vida y su sobrevivencia, asimilaron muchos aspectos de la cultura del español y dejaron su huella en costumbres domésticas y mínimos asentamientos fraguas del mestizaje.

Luego fue el negro, primero traído de apoco por el conquistador y muchos de ellos unidos al cimarronaje con el aborigen cubano, en el esplendor de las plantaciones azucareras del siglo XIX, fueron traídos por millones para cortar la caña y morir por miles en esta tierra que no era la suya, esclavizados y desculturizados, reconstruyeron su mundo mágico religioso, su cultura arraigada, fusionándose no solo con el mestizo y el criollo blanco, sino con las otras etnias africanas que junta a él llegaron traídos por la codicia.

El hacendado criollo levantó en ese siglo XIX una cultura próspera que él quería fuera copia de la Europa admirada, con títulos de nobleza incluidos, el blasón del látigo en la espalda de los negros esclavos y el estigma del mestizaje que temían tanto como lo practicaban.

Así se hizo la sociedad cubana, llena de contradicciones abismales, casi tantos esclavos como gente libre, la más poderosa burguesía de América hispana en el siglo XIX, el mayor socio comercial de los Estados Unidos, aun cuando éramos colonia de España, el mayor aliado de la monarquía contra el liberalismo español en la península, la negación de una cultura mestiza y fuerte desde épocas tan tempranas como el inicio de los procesos de independencia en América, que no se visibilizó por la codicia de la poderosa burguesía plantacionista, que se alió a España contra sus hermanos a cambio del mantenimiento del régimen de esclavitud que los enriquecía.

Tenemos de español tanto como de congo y carabalí, con aporte incluido del aborigen, del chino que fue engañado y traído a trabajar a Cuba cuando la esclavitud negra decaía en la isla, de esas raíces se nutrió la sociedad cubana y se formó el criollo alegre y bailador en todas sus capas sociales, extrovertido, emprendedor y de mente abierta, capaz de asimilar y adaptarse, un pueblo asombroso que forjó su resistencia desde lo cotidiano para hacer patria en todos cuando parecía que solo íbamos a ser sombras de otros.

Cultura

LA CUBANÍA


Mañana es 20 de octubre, la alharaca es grande en los medios de difusión cubana y en la instituciones oficiales, sean o no de la cultura, para recordarnos el concepto que ellos tienen de “Cubanía” que por lo general va más a la tradición, la historia y los “valores perdidos”, que a la realidad cubana actual, tan distinta, digamos para no ir más lejos, que a la concepción que teníamos a finales del siglo XX.

Un 20 de octubre de 1868 las fuerzas independentistas cubanas entraron a la ciudad de Bayamo, en medio de estas huestes había un hombre Perucho Figueredo, que meses antes había presentado en la Iglesia Mayor de la ciudad una “sospechosa” pieza musical muy cercana a la Marsellesa francesa, no tenía letra pero en la mente de muchos de los presentes quedaron los acordes marciales de aquella melodía.

Cuenta la tradición histórica que el pueblo bayamés recociendo a Perucho entre los insurrectos que entraban a su villa y comenzaron a pedirle la letra para esa melodía que vibraba con esperanza en sus mentes, nació la letra para la “Bayamesa”, nombre oficial del que sería por derecho propio nuestro “Himno Nacional”

Era ocho estrofas y dudo que el pueblo se las aprendiera de una sentada como dicen que ocurrió en aquella plaza, en cambio grabó las dos primeras estrofas, vibrantes, convocadoras e imperecederas, que nos ha acompañado en las verdes y en las maduras en más de siglo y medio de lucha por ser nosotros mismos.

Esa es la historia del himno y de la reafirmación de la cubanía en un acto que está más ligado a la rebeldía del cubano que a su amplio acervo cultural, aunque pensándolo bien esa REBELDÍA es parte de esta cultura nuestra.

Cultura

SAN FRANCISCO, EL PRECLARO ORULA


El Papa Francisco en Holguín

Los cubanos todos no dejamos de asombrarnos con la valentía y la claridad de mente del sumo pontífice de la Iglesia católica el Papa Francisco, el hombre salido de las entrañas de los pobres para dar una lección de humildad y sabiduría a los soberbios de la tierra, a los materialistas sin alma que acumuladores de riquezas sin sentido están destruyendo la tierra y la civilización humana.

En nombre de los sentimientos que nos distinguen como humano y conforman nuestra espiritualidad impercederá, Francisco se muestra como el padre sabio que no sermonea sino que da un consejo breve y directo entendible por todos, sea cual sea su edad, su credo o su posición social.

No por gusto escogió gobernar la Iglesia bajo el  nombre de San Francisco de Asís, el santo de la pobreza, de la bondad sublimada y de la pureza. Con estas virtudes nuestros ancestros africanos traídos a la fuerza a esta isla para enriquecer a una clase ambiciosa y despiadada fueron identificando a San Francisco con Orula, el adivino, el testigo de Dios, el dueño de la verdad humana y asumiendo su justeza para llevar una vida preclara y trasparente que deje sobre esta tierra una huella de espiritualidad virtuosa en bien de todos, bien sea en una u otra denominación el Papa de los pobres encarna estos principios, seamos receptivos a sus palabras y vivamos unidos y en plena igualdad en este planeta azul regalo de Dios, sea cual sea el camino que a él nos conduzca.

Costumbres, Cultura

LUCERITO DE SEPTIEMBRE


Barbarito Diez, el eterno intérprete del danzón

Hace unos días al escuchar al “Piquete Típico Cubano”[1] que todos los primeros viernes de cada mes se presentan aquí en el Museo Casa Natal de José Martí, pude disfrutar de este hermoso danzón dedicado a la fidelidad de las parejas, a los que envejecen juntos y esperan por la aparición de su amor para decirles todo lo que han significado en su vida, esa melodía me puso a meditar y me di cuenta que a mis años me había perdido por la prisa de la vida el hermosos espectáculo que se da en los amaneceres de septiembre, al menos en el hemisferio norte, cuando en varios días consecutivos la luna y el “lucero del alba”[2] viven ese bello romance de aproximación y encanto que solo los madrugadores y románticos han percibido y muchos inmortalizado en poemas y canciones.

Recuerdo aquel otro danzón cantado mucho por mi abuela y mi madre cantado por Barbarito Diez[3] y titulado “El soldado”, en la primera estrofa aquel enamorado de uniforme expresa todo ese bello encanto de amar lo prohibido: “Adiós, adiós, lucero de mis noche/-dijo un soldado al pie de una ventana-/ adiós me voy/ no llores alma mía pues volveré mañana/ya se asoma por el oriente el alba/ ya se divisa la “estrella de la aurora”/y en el cuartel, tambores y cornetas/están tocando diana.

Toda una evocación de época, principios del siglo XX, que puede ser traspolado a cualquier tiempo mientras existan personas con la sensibilidad suficiente como para levantar la mirada hacia la bóveda celeste cuando en septiembre se conjugan el amor y la fidelidad para recordarnos que son dos valores intercederos de la humanidad.


[1] Agrupación danzonera con más de cincuenta años tocando el ritmo nacional cubano

[2] El planeta Venus, el más brillante del cielo

[3] El más grande interprete del danzón cantado

Cultura, Opinión

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.

[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, Historia, José Martí
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