Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Cultura

GUANTÁNAMO, LA PRECIADA BAHÍA


Escudo de la ciudad de Guantánamo

Las primeras menciones a esta región del oriente cubano fueron en las cartas del Adelantado Diego Velázquez nombrándolo como Guantabano, toponímico utilizado por los aborígenes de la zona para nombrar esta exuberante región cruzada por varios ríos que nacen en las montañas y desaguan en su bahía y sus alrededores.

Guantabano significa tierra de los ríos o tierra entre ríos y mantuvo el nombre primero para el río más largo de la región, el Guantánamo y luego dando nombre a esta zona alrededor de la bahía que recibió este nombre, que permaneció casi despoblada desde la conquista hasta principios del siglo XIX.

La población más antigua de la zona es la de Tiguabo, un pequeño caserío en el hato del mismo nombre que tenía un camino que unía al poblado del Caney con la bahía de Guantánamo y cuyo origen se remonta a las primeras décadas de la conquista.

Esta era tierra de aborígenes y mestizos de negro mezclados con españoles, tierra brava con ganado montaraz y conucos escondidos para dar de comer a la familia, en la que abundaba el cimarronaje[1] y el olvido de los centros de poder coloniales, los dos más cercanos, Santiago de Cuba y Baracoa.

No sería hasta el siglo XIX con la llegada de la emigración franco haitiana, empujada por la Revolución antiesclavista de Haití, que se animaron estas tierras con estos nuevos colonos expertos en la siembra de café, cacao y caña de azúcar.

En la ribera del rio Guaso y en confluencia con el arroyo Rafat, a una veintena de kilómetros de la bahía, se crea un nudo comercial animado por catalanes y franco-haitianos, entre las montañas pobladas por estos colonos y el puerto de La Caimanera, en la bahía de Guantánamo, poco a poco fue surgiendo un poblado que en principio se llamó Santa Catalina del Saltadero y que con el tiempo luego fue nombrado como Guantánamo, tomando fecha fundacional el día de creada la Capitanía, 1 de diciembre de 1817, surgía así la villa de Guantánamo, centro de esta feraz tierra que se consolidó a mediados del siglo XIX como la más rica de la región oriental.


[1]El cimarrón es el esclavo que escapa al monte y hace vida libre y en rebeldía, en esta zona el cimarronaje lo comenzaron los aborígenes que se asentaron en lo profundo de las montañas guantanameras y conservaron su modo de vida con escasos contactos con las autoridades españolas.

Cultura, Historia

UN COMENTARIO AL ARTÍCULO “LA FUTURA ESCLAVITUD” DE JOSÉ MARTÍ



Cada cierto tiempo hay un sesudo que “descubre” algún fragmento de la escritura de Martí que se amolda a sus intereses y enseguida corren esos fragmentos por esta red implacable, neutral en sí pero cargada con toda la intencionalidad que el ser humano pone en los medios de comunicación para servir a sus intereses, ahora le toca a la “Futura Esclavitud” un artículo de José Martí que enjuicia criterios del filósofo inglés Herbert Spencer, hace ya un tiempo dediqué dos amplios trabajo al análisis de esos artículos, ahora hago énfasis en el fragmento que le sirve a los nuevos “Descubridores” para enfrentar los problemas reales y evidente de la burocracia estatal socialista.

El controvertido séptimo párrafo, entresacado por muchos y contrapuesto con malicia al Estado Revolucionario Cubano, es un resumen de los temores de Spencer y José Martí lo abrevia con mucho cuidado, aunque no se aleja de la esencia del original, su objetividad parece advertirnos de la posibilidad de que esta cosas puedan ocurrir (ocurren) y por ello algunos investigadores ven en este párrafo el criterio martiano, para que pueda opinar el lector le transcribo íntegro el párrafo:

“Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, ligados por la necesidad de mantenerse en una ocupación privilegiada y pingüe, o irla perdiendo el pueblo, que no tiene las mismas razones de complicidad un esperanzas y provechos, para hacer frente a los funcionarios enlazados por intereses comunes. Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio. El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la Rendida, por el tiempo y en la labor que pluguiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquellos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo. Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos, y por a aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana. “De mala humanidad-dice Spencer–no pueden hacerse buenas instituciones.” La miseria pública será, pues: con semejante socialismo, a que todo parece tender en Inglaterra, palpable y grande. El funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y trabajadora. Lamentable será, y general, la servidumbre.”[1]

El último párrafo de “La Futura Esclavitud” es un esperanzador llamado de José Martí a los poderosos que representa Spencer, una toma de posición que hace a José Martí más nuestro, por sus principios éticos, su apego a la justicia social y su innegable toma de posición al lado de los oprimidos:

“Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud; pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de guineas[1].

“Nosotros diríamos a la política: ¡Yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”[2]


[1] Moneda inglesa de la época


[1] Obras Completas de José Martí. Tomo 15:288-292

[2] Ídem

Cultura, José Martí

ALGO DE HISTORIA ECONÓMICA CUBANA


La todopoderosa Socieda Económica de Amigos del País gestora de grandes cambios en la sociedad criolla del siglo XIX

A fuerza de tanto oírlo el cubano se creyó de verás en vivir en una isla rica en recursos naturales, en realidad fue lo contrario: el español al llegar a la isla buscó oro y este es más raro que la nieve en este país, se conformó con hacer trabajar al nativo, so pretexto de evangelizarlo, con el fin único de hacer que la tierra diera el poquísimo oro que algunos ríos tenía. Luego el abandono y el silencio hicieron  su zafra en esta tierra bella pero por suerte, desprovista de grandes riquezas naturales.

Más de un siglo de despoblamiento, la isla se convirtió en abastecedora de ganado, agua y provisiones para las nao que venían a conquistar México primero y luego toda la América.

Ya en siglo XVII la isla se convierte en el punto de reunión de la flota que llevaba y traía mercancías y riquezas entre España y estas tierras nuestras, la corriente de Golfo se convirtió en la gran autopista de los galeones y La Habana, que era casi toda Cuba en esos momentos, la caja de caudales donde resguardar las riquezas del rey mientras pasaban ciclones y piratas en busca de estas.

El siglo XVIII constató una mirada desde el interior de la isla hacia cultivos crecían de lo mejor en la isla y suplieron la falta de minerales preciosos para los caudales de España.

El criollo, ya se reconocía como tal, comenzó a plantar tabaco, para toda Europa y el negocio prosperó, el rey lo hizo un monopolio y estos vegueros levantiscos tuvieron que poner en su lugar a gobernadores y funcionarios que querían darles la mala.

Luego fueron la caña de azúcar y el café, cerrando la santísima trinidad de una economía precaria y siempre mono productora. Los ingleses tomaron La Habana en 1762 y el libre comercio de esclavos africanos se abrió como base de la economía de plantación que vendrá en el siglo XIX, levantando una potente economía que enriqueció a una oligarquía criolla que de patriota solo tenía el apego a la tierra y de España quiso hasta los título de nobleza que no era de sangre azul sino de guarapo puro, estos son los señores que prefirieron vivir cómodamente como colonia de España, con la que colaboraron en la represión contra todo viso burgués y republicano que vino posterior a la restauración monárquica de Fernando VII, tan malo para España y tan conveniente para la oligarquía criolla de la isla que fue su cómplice.

Así nació la rica colonia, con tres mil familia muy ricas, llenas de grandes título, una Habana ampulosa y una cultura liberal y burguesa, asentada sobre la espalda de millares de negros esclavizados. Este fue el origen

Cultura

OCHÚN EN LA CARIDAD


Hoy es 8 de septiembre, esta fecha ningún cubano la ignora, es el Día de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba y protagonista de una de las más hermosas leyendas místicas para explicar una de las tantas advocaciones de la Virgen María.

Cachita como la llaman sus íntimos, esos que piden siempre estar bajo su manto protector, no podía nacer en otro lugar que en la región oriental, cuna de la identidad nacional, arropada en aquel lejano siglo XVII por una fantástica historia que ya incluía los tres elementos del etnos nacional: Juan el Indio, Juan Criollo y Juan Esclavo, los tres juanes símbolos de nuestra diversidad racial.

Será en el siglo XVIII cuando la riada oportunista y criminal de miles de esclavos africanos sirviera para enriquecer una oligarquía criolla que amasará títulos y riquezas sobre la sangre y el sudor de aquellos infelices que no pidieron venir a esta parte del mundo, pero que si resistieron el desarraigo y la explotación desmedida con su espiritualidad hermosa y simbólica, sus orichas y sus espíritus naturales reencarnados en aquella naturaleza que se parecía tanto a la propia.

En ese panteón clandestino que tuvo que buscarse equivalentes sincréticos para sobrevivir, la mente del desgraciado esclavo, encontró en la Virgen de la Caridad, los atributos maternales y protectores de la Ochún yoruba, dueña del río, salamera y protectora, maternal y alegre, seductora y domeñadora del carácter fuerte de Changó o del huidizo Ogún a quien sacó del monte, pero sus atributos de amor y protección prevalecieron en esa amalgama encontrada de atributos, para afianzarse como la deidad de la vida y la resistencia, manteniendo la hermosura y la capacidad de vencer a través del amor, eso en Cuba y en cada casa hay una Ochún reidora y balsámica que cuida y protege a este pueblo que la ama y le rinde tributo. ¡Aché mi Madre!

Cultura

HABANA ¿QUE SERÍA DE MÍ SI NO EXISTIERAS?



La Habana, desde el Vedado

La Habana ha inspirado siempre a quienes nacieron al pie de su bahía y también a los que llegados de otros rincones de esta isla o del mundo, han asentado su vida en esta urbe mágica, abierta al golfo, bullanguera y sensual que no ha podido ser cambiada por nadie, aun en los momentos difíciles cuando piratas y corsarios la asaltaron, o el inglés la ocupó; cuando el yanqui quiso hacerla un garito y sus marines subieron a la estatua del Apóstol; cuando estuvo al borde de desaparecer por la Crisis de Octubre, amenaza de misiles y de intolerancia; digna era La Habana en medio del Período Especial, cuando nuestras insuficiencias y exceso de sueños, se unieron a un deseo enfermizo de los trasnochados por una vuelta atrás. Esa es La Habana, muy cantada seducida y seductora, mejor mirada cuando se le ve por el vitral ambarino de un trago de ron Havana Club, así con V como siempre la conoció el anglosajón que no supo nunca que esa B fuerte de La Habana venía de Buena hembra, Buena amiga y Buena Cubana.

Escuchemos la voz de un HABANERO con mayúscula y adopción, producto de esas mezclas tan propias de esta isla, Fayad Jamis, una línea de libanés y dos de criolla cubana, que un día embriagado de Habana le canto esta canción:

Si no existieras

(Canción)

Qué sería de mí si no existieras,

Mi ciudad de La Habana.

Si no existieras, mi ciudad de sueño

En claridad y espuma edificada,

Qué sería de mí sin tus portales,

Tus columnas, tus besos, tus ventanas.

Cuando erré por el mundo ibas conmigo,

Eras una canción en mi garganta,

Un poco de tu azul en mi camisa,

Un amuleto contra la nostalgia.

Y ahora te camino toda entera,

Te vivo toda hasta la madrugada,

Soy el viento en tus parques y rincones,

Soy el sol que te acaricia el alma.

Ciudad de mis amores en el polvo,

Bella ciudad de podredumbre y alas,

En ti nací realmente un mes de enero

Cuando golpeó en tu pecho la esperanza.

Si viví un gran amor fue entre tus calles,

Si vivo un gran amor tiene tu cara,

Ciudad de los amores de mi vida,

Mi mujer para siempre sin distancia.

Si no existieras yo te inventaría,

Mi ciudad de La Habana.

Cultura

LA HABANA CIUDAD MESTIZA


San Cristóbal de La Habana fue la sexta villa fundada bajo el gobierno del Adelantado Diego Velázquez, era como las anteriores villas el pretexto ideal para aplicar la repartición de indios y de tierras a la que fue sometida la colonia de Juana[1], ya que esta facultad era de los cabildos y sin villa, no había Cabildo, aunque fuera pequeño.

El origen de la villa está en la remota leyenda de un siglo de descubrimientos y conquistas, 1514, probablemente en el mes de julio se funda esta población al sur del actual territorio de la provincia de Mayabeque, como era costumbre entonces dado que las rutas marítimas más conocidas por los españoles estaban por el sur.

Entre tanto y sin que nadie la fundara, en la bahía de Carenas, actual bahía de La Habana, había un movimiento de poblamiento no autorizado pero real, incluso aún antes de la fundación de la villa al sur, allí habían llegado náufragos españoles y el punto fue utilizado para carenar y repara algunos barcos hispanos que recorrían estos mares, así lo hizo incluso Sebastián de Ocampo, el primer marino en bojear a Cuba y dar la certeza de que era isla y no península del continente.

No por gusto por esos esos meses posteriores se traslada la villa a la orilla del río Almedares, fuente de agua necesario de los barcos y pobladores de la época, aunque los habaneros hoy se asombren, dado el estado de contaminación que presenta.

Posteriormente la mudanza y unificación de las poblaciones de puerto Carenas y del Almendares quedó sellado con la famosa misa bajo la ceiba ocurrida el 16 de noviembre de 1519, lo que completa el ciclo de la villa de San Cristóbal de La Habana, ahora conocida como La Habana, nuestra ciudad mestizada desde el inicio, hija de la flota y de la codicia del Imperio Español, que hicieron de ella un sinónimo de Cuba, a tal punto que el resto de la isla vivió un oscuro y bastante independiente período que duró casi dos siglos y acuñó aquel refrán autosuficiente y muy habanero: “La Habana es Cuba y lo demás áreas verdes”


[1] Primer nombre con que se conoció la colonia en homenaje a un tal príncipe Juan.

Cultura, Historia

RECUENTO DE DOS DÍA DE LLUVIA


La Giraldilla, veleta del siglo XVI, símbolo de La Habana, originalmente asentada en el Castillo de La Fuerza

Cesó la lluvia, espero que el sol vuelva a ser el rey en esta ciudad multicolor y muy ocupada en vivir su propia historia, realmente por arte de magia los barrenderos también tomaron un “diez” y la basura que el agua sacó a flote, “adorna” las calles habaneras, fundamentalmente las más populosas, por la que se mueven a diario miles de diambulantes, negociantes, vagos de profesión y la ralea humana que se une a los trabajamos y que hemos tenido que salir casi disfrazada en estas 48 horas para llegar al trabajo.

Si llover es una preocupación, la higiene de esta enorme ciudad lo es más, con cientos de papeles de todo tipo alrededor de cada lugar en donde venden algo, perros callejeros, personas sin hogar y un mundo sórdido de diversidad que parece no ser visto por nadie o al menos ignorados por todos.

La Habana es grande por su gente, no importa en qué barrio, en qué trabajo, su gente bullanguera y variopinta tratando de sobrevivir “por cuenta propia”, hermosa aún en sus defectos, noble en sus carencias, sin necesidad de slogan turísticos para ser hermosa.

Esta ciudad que ya tiene más de 500 años, vagabunda por excelencia, fundada cerca de Batabanó en 1514, muy al sur de donde está hoy, trasladada por sus vecinos a la orillas del río Caciguagua (Almendares) y puesta en el puerto de Carenas por lo estratégico de su posición geográfica, en 1519. Lo saludable de sus costas y la bendición de la corriente del Golfo, pasando a pocas millas de sus costas trajeron el auge de esta ciudad cosmopolita cuando en América solo había aldeas gracias al monopolio de la Flota y a la capacidad de estos náufragos que ya se identificaban a sí mismo como habaneros en ese legendario siglo XVI que determinó que La Habana fuera el ombligo de la Isla, para bien y para mal.

Cultura, Opinión

LA POLÍTICA CULTURAL A FINES DE LOS 60 EN CUBA



En medio de la defensa de su existencia y ante el nuevo frente que se abría en el sector de la cultura y la intelectualidad, los últimos años de la década de los 60 fueron definitorio para una política cultural ambigua practicada desde el Consejo Nacional de Cultura, dirigido básicamente por personas procedentes del Partido Socialista Popular pero con un apoyo tácito desde el gobierno.

Era una política cultural dirigida a frenar el “diversionismo ideológico”, “pequeño burgués” proveniente de un “sistema capitalista decadente” que influía de un modo u otro en Cuba.

Fueron los años del movimiento “hippies” norteamericano, extendido por todo el mundo incluyendo a Cuba donde La Habana tuvo su embrión de peludos, homosexuales, fuertemente reprimidos por “marginales” y corruptores de la juventud.

Como pasa siempre, en el mismo saco fueron enviados a las tristemente célebres Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) cientos de jóvenes y no jóvenes, por muchos motivos, religiosos, vagos, homosexuales y una larga etc. Que no debe enorgullecer a nadie.

La cultura revolucionaria fue entendida a pie juntilla como la cultura del hombre revolucionario, ateo y heterosexual y fueron años muy difíciles para los que no entraban dentro de estos parámetros.

En 1967 Carlos Rafael Rodríguez en conversación con alumnos de la Escuela Nacional de Arte define con claridad posiciones con respecto a la creación y los creadores:

“…De una parte existe el peligro de la invasión administrativa en la esfera del arte. Quiere esto decir que desde un punto de vista central cualquiera sea el Partido…o sea la administración haya uno o varios funcionarios que juzguen lo que debe o no debe ser exhibido.

“Y la experiencia nos aconseja a ser muy cauteloso en esa materia, porque en este caso puede ocurrir que los gustos individuales, de los funcionarios se conviertan por obra y gracia de las autoridades, en gustos nacionales”[1]

Fenómeno que permeó la cultura cubana de ese período por su carga de convocatoria revolucionaria, la exclusión de la “evasión” de los escritores y creadores en otros temas que no fueran directamente de la realidad revolucionaria que se vivía entonces, el fantasma del “realismo socialista” era muy corpóreo y mucho panfleto y oportunistas pasaron a sustituir una cultura más diversa y enriquecedora.

También el Che se refiere a este fenómeno de la libertad de creación en el socialismo:

“Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales: los demás revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia”[2]

Eso fue interpretado por mucho como un espaldarazo al realismo socialista que en medio de la creación de la nueva sociedad se intentó imponer como la nueva cultura de un pueblo que ya tenía una cultura diversa desde lo popular hasta la más ilustrada.


[1] Carlos Rafael Rodríguez: “Problemas del arte en la Revolución” en Revista Revolución y Cultura. Nº 1. La Habana, 1967

[2] Ernesto Guevara. Guevara, Ernesto: El socialismo y el hombre en Cuba, en Lectura de Filosofía. Tomo II. Pág. 583 La Habana, 1968

Cultura

“PALABRAS A LOS INTELECTUALES” 55 AÑOS



Uno de los temas más importantes para los intelectuales y artistas al triunfo de la Revolución, era la libertad de creación, por lo que desde inicios hubo tensiones con ciertos sectores intelectuales que desde la Revolución adoptaban una posición más dogmática, era el caso del enfoque asumido por los redactores de “Lunes de Revolución”, tabloide cultural del periódico “Revolución”, dirigido por Guillermo Cabrera Infante, quienes desde sus páginas comenzaron a “pedir cuentas” a los escritores y artistas por su obra de “evasión de la realidad” y de poco o ningún compromiso social antes del triunfo de la Revolución, atacando directamente al grupo Orígenes y su mentor José Lezama Lima.

En estos círculos intelectuales había muchas preguntas sin contestar y desde la dirección de la Revolución no había una política cultural definida, como no fuera la línea de “Lunes de Revolución”, que protagonizó una protesta por la censura del documental “PM”, financiado por este semanario y que fue interpretado como un ataque a la libertad de expresión y provocó un malestar evidente entre los intelectuales de La Habana.

Por tal motivo la dirección de la Revolución convocó a los intelectuales a una reunión realizada en la Biblioteca Nacional José Martí, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. El objetivo era debatir los temas que preocupaban a este sector. Fue un proceso extenso, en el que se expresaron diversos criterios, y que terminó cuando Fidel, después de escuchar todos los criterios, dejó definida la política cultural del proceso revolucionario en sus palabras de resumen, conocidas hoy como “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”:

“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.

“Comprendemos que debe ser una tragedia para alguien que comprenda esto y, sin embargo, se tenga que reconocer incapaz de luchar por eso. Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios; quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto, porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas.

“Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.

“Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie -por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera,- nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.”[1]

A pesar de la claridad de estos conceptos, a lo largo de estos años su aplicación ha sido coyuntural y selectiva de acuerdo al momento histórico y a la percepción de los “funcionarios” erigidos en guardianes de esta política.

Durante este período el debate sobre la creación artística y literaria se mantuvo con fuerza frente a los intentos de estrechar el horizonte de la creatividad con la justificación del compromiso social.

Como consecuencia directa de esta reunión y su posición se dejó de publicar el semanario “Lunes de Revolución”, por el cual algunos lloran todavía y a los pocos días nació la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) el brazo integrador de la intelectualidad cubana a la Revolución


[1] Fidel Castro: Palabras a los intelectuales. La Habana, 1961

Cultura

DE PALABRAS A LOS INTELECTUALES Y OTRAS CONSECUENCIAS


Me preguntó cuántos de los menores de 30 años en Cuba han leído “Palabras a los intelectuales”, aquel discurso “parte aguas” de Fidel el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional de Cuba. Yo diría que muy pocos y menos aun los que lo han estudiado como documento programático para las políticas culturales y sociales que vendría después.

Ese discurso fue el resumen de dos días de discusiones, polémicas y diálogos de una intelectualidad cubana que requería respuesta ante un hecho concreto que sentó precedente:

Días antes se había prohibido la proyección del documental “PM” dirigido por Sabás Cabrera Infante, tendencioso y provocador, financiado por el poderoso e influyente semanario cultural cubano “Lunes de Revolución” que dirigía su hermano Guillermo Cabrera Infante y detrás del cual estaba el calenturiento cerebro de Carlos Franqui.

“PM” era un documental de La Habana de noche, pero no de La Habana casinera, de prostíbulos y bares, como la dejada atrás por la Revolución Cubana, era una “Habana oscura” con carteles lumínicos apagados y la visión de ciudad sitiada. ¿Podía ser de otra manera tras la invasión de Girón y el auge de las conspiraciones contra la revolución en el poder?

Era una manera sesgada, provocativa y nada objetiva, era simplemente contrarrevolucionaria esa imagen de La Habana en ese momento y bajo esas circunstancias.

Le tocó al ICAIC[1] y en particular a Alfredo Guevara, tomar la decisión y prohibió y tras esa decisión vino el asustadizo revuelo de la intelectualidad y en especial del grupo que estaba tras “Lunes de Revolución”, ellos que impugnaron a Lezama y el grupo Orígenes, que clamaron por “liberalizar la cultura” y sacarla de manos de aquel “grupo elitista”, se sintieron heridos por aquella censura lógica, política y valiente.

Fueron días de miedos, de defensa de la libertad de expresión, de liberalismo burgués ingenuo y oportunista que Fidel y la dirigencia de la Revolución, se encargaron de aclarar, poner en su lugar, sin debilidades ideológicas, pero sin abusos de poder: La Revolución tenía derecho a defenderse, defender el derecho del pueblo a sus conquistas y fue lo que hizo, quedó bien claro aquella frase que resume una política cultural: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución ningún derecho”, eso quedó claro y mantiene plena vigencia. Volveremos sobre el tema


[1] Instituto Cubana de Arte e Industria Cinematográfica

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