Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Cultura

SAMUEL FEIJÓO, UN CREADOR SILVESTRE

Feijóo dedicó su pintura a descubrir su propio mundo y lo abordó desde diferentes perspectivas. Autor: Juventud Rebelde

Samuel Feijóo fue de esos seres inquietos e indagadores que viene a la vida para señalarnos lo evidente como algo necesario e imprescindible que debemos conocer y conservar, su vida andariega y múltiple merece un mejor conocimiento de las nuevas generaciones, tanto como lo llegamos a conocer esos que crecimos en los primeros años de Revolución y disfrutamos de una deliciosa novela como fue “Juan Quinquín en Pueblo Mocho”, la más completa estampa de los bateyes azucareros y villorrios guajiros perdidos en medio del monte, llenos de “buscavidas” que sobrevivían en la realidad pre revolucionaria cubana. Luego fui lector de su original revista “Signos”, lustrada por él y otros tantos lunáticos buenos con los que aprendí mucho sobre esa cultura popular que tanto defendió, en tiempos difíciles de cuadratura del círculo y de “proyectos culturales” implantados a la “cañona”, rescatar a este Quijote, mantenerlo vivo y actuante es una obligación de estos días, gracias a Tony Piñera por este trabajo que me permito copiar y que nos muestra a este intelectual cubano:

Toni Piñera

31 de Marzo del 2014

Samuel Feijóo, el conocido escritor, pintor, ilustrador, poeta, dibujante, grabador, promotor incansable, fundador de revistas que hicieron historia (Islas —1958-1968— luego prolongada en Signos, desde 1969), descubridor de talentos artísticos, profesor de generaciones… hubiera cumplido este 31 de marzo el centenario de su nacimiento, que tuvo lugar allá en San Juan de las Yeras, por la región central de la Isla. No hay dudas: Samuel Feijóo es un símbolo de la cultura cubana y en particular de Santa Clara, donde dejó muchos matices fragmentados de su personalidad, improntas profundas en el pasado siglo, no solo en su inmensa labor editorial que cubriría muchos capítulos de las letras nuestras, en publicaciones insólitas/originales tomando como fuente la cultura popular que como sólidas raíces sostienen la cubanía que brotaba de sus páginas; sino también desde otros espacios que dirigió sabiamente, o dando a conocer textos literarios de gran alcance como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier; o Idea de la estilística, de Fernández Retamar, por solo mencionar estos. No por azar alcanzó hacia 1989 el Premio Nacional de Literatura. En medio de esas correrías literarias, tuvo tiempo para animar grupos de pintores populares en esa región, contar historias en cualquier rincón: parques, tertulias… entre notas musicales. Como abrir las aristas de su múltiple creatividad llenaría páginas y páginas de un vasto libro, seleccionamos una de sus vertientes: la pintura y el dibujo, para que regrese entre las palabras, con nosotros, el eterno Feijóo. El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) tuvo la feliz idea de convocar una singular muestra del artista: Samuel Feijóo, un sol desconocido, en el año 2006, donde se puso a consideración del público cuatro décadas de marcado e intenso trabajo artístico (1937-1977). Allí, por vez primera se pudo ver, en conjunto, el inagotable talento, la inspiración/imaginación de un inmenso artista, de un creador «silvestre» como la tierra, y cubano-criollo-misterioso, como el mundo sutil reinante en esas piezas que ante nuestras retinas descubrían, otra vez, «a uno de los hombres más originales e inquietos del panorama plástico insular del siglo XX», al decir del especialista del MNBA, y curador de la excelente muestra, Roberto Cobas, en las palabras de aquel catálogo que nos silueteó, como nunca antes, la figura inmensa de este creador. Más de 50 trabajos, pertenecientes a la colección del Museo, de su hija Adamelia y otros, transparentaban el alma de Feijóo, suficientes para subrayar la personalidad del artista, autodidacta (Las Villas, 1914-La Habana, 1992) para quien pintar y escribir fue la manera de diseñar el universo circundante de una Isla adornada de un paisaje singular y escoltada de unos seres humanos alegres, pero fuertes y seguros en sus convicciones, tal y como lo marcó en su fértil obra. El recorrido por aquella muestra, iluminado por ese sol desconocido —que pudo resultar para muchos el propio artista, sobre todo para las más jóvenes generaciones— dejaba entrever una labor notable e inteligente, que rima con la poesía y el lirismo intrínsecos en él, con su mundo interno, rústico y elegante al mismo tiempo, pero permeado con esa savia popular que empapó todo su quehacer artístico dondequiera que lo tocó. Desde los primeros trabajos, se perfilaba una personalidad, aún no descubierta por él en su integridad. Porque el arte, el genuino y visceral, no es consecuencia de lo que el creador sabe de sí mismo, sino la herramienta que le permite revelar lo que hondamente es, sin que lo sepa. Él dedicó su pintura a descubrir su propio mundo y lo abordó desde diferentes perspectivas. Así podemos observar que desde aquellos lejanos personajes, naturalezas muertas y paisajes de refinados colores —grises cálidos, ocres verdosos, pardos de siena, rosas y sombra…—, fue avanzando, atrevidamente hacia otras imágenes, rompiendo, podríamos decir, el equilibrio y sus límites. La pincelada y el trazo fueron más libres, espontáneos. Un universo que iba desde el orden al caos, del reposo al movimiento… En las imágenes que coleccionaba en el recuerdo del artista, y que se pudieron confirmar en esa muestra, estaba viva la biografía de su arte. Algo como lo que es una colección de fotografías de una persona captada en tomas diversas, desde su juventud hasta la madurez. Por ello, al ver su obra desbordada en las paredes uno se regocijaba por la seriedad en unas, el humor en otras, y en conjunto se reconocía la valía multiplicada de su inspiración, en primer lugar de la naturaleza de esta Isla caribeña y sus gentes que fueron «retratadas» en toda su dimensión por este hombre visionario. Este lunes, en ocasión de esa importante efeméride, la Uneac, en la sala Villena abrió sus puertas al insigne creador en una amplia jornada donde disímiles intelectuales hablaron de su obra y su vida, en paneles, se presentaron publicaciones y tuvo lugar la premier del documental Feijóo, locura de creación, del realizador Miguel Torres, para de esta forma recordar «al hombre que llevaba el arte en la piel», como lo denominara su íntima amiga desde los tiempos en el grupo Orígenes: la poetisa Fina García Marruz. Todo y todos evocándolo para «reconstruir» desde las palabras a Feijóo en toda su magnitud y grandeza.

Cultura
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NUEVAMENTE EL TEATRO MARTÍ


Ayer 24 de febrero, fue noticia en La Habana la reapertura del Teatro Martí, institución emblemática  de la cultura cubana, por  los múltiples  acontecimientos sociales y culturales de los que ha sido sede a lo largo de más de cien años de existencia.

El Teatro Irijoa, como se llamó en la época colonial, fue un espacio para la presentación de los bufos cubanos, la ópera, la zarzuela y las variedades que por temporadas pasaban por La Habana por aquellos años terminales del siglo XIX.

Un hermoso coliseo, aireado y popular, pasó a la historia como el primer sitio que llevó el nombre del Apóstol cubano José Martí, en el año 1900 y porque en sus salones se reunieron los delegados a la Asamblea Constituyente que dotó  a la futura República de Cuba de una Constitución, ambos hechos marcan a esta institución.

Pero el siglo XX fue el momento de ver sobre sus tablas el eco del teatro vernáculo que se hacía en el teatro Alhambra, el renacer del Lírico ligero con el auspicio de Ernesto Lecuona, Rodrigo Prat y Gonzalo Roig, tres grandes músicos cubanos que nos dejaron grandes obras musicales, entre ellas un repertorio de Zarzuelas cubanas que aún se representan en Cuba y en buena parte del mundo: “María la O”, “Rosa La China” y sobre todo “Cecilia Valdés” de Gonzalo Roig, esa que los cubanos reconocemos más por sus cantos que por la novela que la inspiró de Cirilo Villaverde.

En el Martí pervivía la cubanía, y fue convirtiéndose, entrado el siglo XX, es escenario para ver pervivir personaje del teatro vernáculo cubano: El Negrito (casi siempre un blanco pintado), El gallego (representante de la grande y omnipresente colonia española) y la legendaria Mulata, esa de la que se ha vanagloriado la sociedad cubana por décadas, más allá de los estereotipos y clichés eróticos.

Todo eso pasó por el Martí, que aún recuerda a actores como Candita Quintana,  Enrique Arredondo, Carlos Montezuma, Aurora Basnuevo, Mario Limonta; músicos Roig, Lecuona, Pratt y a dramaturgos como Héctor Quintero, entre muchos que  merecen está monumental restauración del Teatro, “su” Teatro Martí.

Ojalá, no duerma ahora el sueño de la desidia, y quieran integrarlo a una cadena “elitista” de instituciones para mostrar como museos, el Martí debe retumbar con su público hilarante, puede y debe ser la sede del Teatro Musical que  La Habana necesita desde hace mucho tiempo, para reflejar con lo mejor de la cultura humorística y musical cubana ese rostro que también es nuestro, el de la alegría y la ironía criolla.

Cultura

LA FORTALEZA DEL LIBRO EN LA CABAÑA


Stad de la Editorial Vigía de Matanzas, una de las más originales de la feria del Libro de La Habana

Ayer fue fiesta en La Habana, se inició la Feria del Libro, el evento cultural más masivo del país en los últimos años, dado por varios factores que me urge abalizar brevemente, desde la perspectiva de visitante fiel de ella.

En primer lugar el marco para la Feria es una gran ciudadela fortificada de fines del siglo XVIII, muy bien conservada, espaciosa y con todos los atributos de belleza como para pasar un encantador día de turismo cultural a la vista de La Habana, que queda al otro lado de la bahía.

En este espacio pueden moverse a la vez miles de personas sin estorbarse, interactuando con el programa cultural, amplio y variado.

En los grandes pabellones de piedra encontrará a los expositores, de Cuba y de muchas partes del mundo, principalmente de nuestra querida América Latina. Ver novedades poligráficas es el interés primero de la mayoría de los visitantes que ya conocen a unos señores del Perú que traen la maravilla del libro “liliputiense”, cada años más bellos y a precio bastantes asequibles. Para mí ellos son los reyes de la Feria del Libro en La Habana.

Llama la atención que la mayoría de los puestos de venta de editoriales no cubanas han aprendido sobre qué es lo que quiere el cubano y se lo traen cada vez más: literatura infantil, entretenimientos, libros de hacer y para hacer, revistas para el hogar, de cocina, sexualidad, enciclopedia, carteles y miles de temas que le sirven mucho al cubano, diligente, industrioso y casi siempre abocado a resolver con sus propias manos sus problemas por las carencias y dificultades económicas que desde hace mucho afrontamos. Nos ayudan y por supuesto hacen dinero.

Otras editoriales e incluyo a las cubanas, hacen énfasis en los temas políticos e ideológicos, en cantidades que van por encima de las demandas y la respuesta en los puestos vacios y menos demandados.

La educación y la salud son temas que siempre interesan y junto a la literatura, casi siempre replicadora de los clásicos y con novedades en su diseño y empaque centran la expectativa de una buena parte del público.

Por lo demás muchos espacios de conferencias, presentación de libros, coloquios y la actuación del talento artístico amplio y variado del que nos enorgullecemos. Esto en la feria que ojalá nunca muera, porque la necesitamos como ventana del mundo y para el mundo.

Cultura

EL TROVADOR QUE FUE UN PAÍS


Santiago Feliú, autor de piezas imborrables como Para Bárbara, Ansias del alba, Futuro Inmediato, Sin Julieta y Náuseas de fin de siglo, murió en la madrugada del miércoles víctima de un infarto cardiaco

Michel Hernández

El disco corre una y otra vez por el viejo equipo de música. “Siento que tus destellos ahogan mi brisa, mi brisa que presiento inagotable, azul, infinita; límpida brisa de lirismo inevitable, soplo de sueños que en mi verso se derrama”, canta Santiago Feliú y su inconfundible voz atraviesa las primeras horas del amanecer como una luz cálida y profunda, empeñada en desmentir la noticia que ahogó la mañana: “Murió Santiago Feliú”, me dicen desde el otro lado del teléfono pero no lo creo. El disco sigue: “Si de mi voz florece la canción, motivo de tu dar; si de tus ojos nace la bondad de abrirme en el verso un palpitar: no me dejes ir”, reclama Santi como si desde la inmortalidad tuviera conciencia de que muchas generaciones de cubanos no hubiéramos sido los mismos sin esas canciones que lanzó desde las mismísimas entrañas de la vida, sin esa obra que reflejó como un espejo la existencia de un trovador que se afanó en cumplir al límite el significado de la palabra coherencia, que hizo trizas los conservadurismos, que disparó al corazón enfermo de aquellos que van por el mundo con el disfraz de la doble moral y los falsos compromisos políticos.

La sorpresiva muerte de Santiago, a los 51 años, es un doloroso golpe para la cultura cubana. Lo es sobre todo porque nadie como él logró llenar el vacío del camino con esas canciones creadas con una sensibilidad de extraña belleza, una sensibilidad nacida de las cicatrices de las guerras internas de un trovador que subía a los escenarios como si le fuera la vida en ello, como si tuviera plena seguridad de que ese encuentro entre el público, sus canciones y la noche, era el instante perfecto para gritarle al mundo que, pese a todo, teníamos el coraje de estar vivos y que podíamos salvarnos, simplemente, si le tendíamos la mano al que escuchaba al lado sin importar nada más que eso: el abrazo, la ilusión, y la seguridad de compartir el mismo destino, el mismo origen, el mismo país, los mismos conflictos y las mismas esperanzas por ver, más allá de las fuertes marejadas, un mejor futuro.

Santi, uno de los cuatro topos junto a Varela, Gerardo, Frank, nunca creyó en los paraísos artificiales, ni en los diferentes estadios de la fama. Para el trovador, sencillamente, se trataba de ir por el mundo cargando su guitarra, sus ideales, y sus pérdidas, para alimentar la ilusión, la moral y las esperanzas de aquellos empeñados en seguir inventando otro planeta, otro futuro, otras libertades, otros destinos, en los que valiera la pena realmente vivir como un ser humano.

Por eso se le podía ver lo mismo entregando su estrella a los zapatistas en México, a las madres de la Plaza de Mayo en Argentina, o al público cubano en cualquier parte del planeta durante conciertos nada complacientes, en los que llamaba por su nombre a los conflictos de un país en pugna por mantener en pie los ideales con los que creció la mayoría de sus habitantes, al tiempo que se mostraba tal y como era: un sobreviviente íntegro, un trovador que encontró, en la verdadera herencia de la filosofía del rock and roll y la Nueva Trova, su brújula para continuar creando en medio de la indiferencia de un tiempo que no parece comulgar con la poesía.

No creo que se puede hablar cabalmente de Santiago sin haber crecido con sus canciones en la dureza de los años 90; sin haberlo visto cantando por aquella época con las venas abiertas como si tuviera la vida sobre el filo de un cuchillo; sin haber repetido con amigos que ya no están esos temas memorables que reflejaban aquellas empecinadas utopías que nos ayudaron a mantenernos en pie mientras nuestros padres se las inventaban de mil maneras en el asfalto para ponernos un plato a la mesa. Pero no importaba. Porque después de los conciertos, de las noches, de las largas madrugadas en la Avenida de los Presidentes quedaban los gastados cassetes con las canciones de Santi que nos recordaban, que si volviéramos a nacer, sería preciso ser lo mismo.

Santiago sabía que su público ya no era el mismo. Que muchos de sus seguidores ya no se podían reconocer en sus conciertos. Pero de todos modos seguía alentando a las nuevas generaciones a continuar el compromiso con la belleza, con la justicia, con la verdad, mediante nuevas canciones que retrataban sus obsesiones más desgarradoras: Cuba y la vida. Cuba y el futuro. Cuba y su gente.

De ahí que no perdía ni un instante para lanzar su opinión sobre los controvertidos contextos que jugaban en contra de la expansión de la cultura cubana, contextos que nombró por su nombre en un diálogo con Granma el pasado mes de agosto. “Siempre he querido pensar que el futuro tiene que ser mejor que el pasado, solo que el futuro está detenido y anclado en una prostituida comercialización feroz de la canción, lejos del arte de hacer canciones. Más que nada los autores componen directamente para un éxito comercial. Tampoco tienen los jóvenes de hoy líderes cantores del calibre de aquellos de los sesenta, setenta y ochenta. Esa pasión militante por la canción poética decayó notablemente, solo espero que sea cíclico y que se vuelva a continuar creando el futuro”.

De nuevo el futuro. De nuevo otra de las palabras que definen los momentos más desgarradores de su obra, el clímax de sus canciones, y la intensa calma de las noches en vela que utilizaba para darle forma a esa colección de temas que hoy, muchos cubanos en cualquier parte del mundo, volverán a colocar en sus equipos de audio para desmentir la noticia de la muerte del inolvidable zurdo maravilloso.

Periódico Granma, 13/27/2014 edición digital

Cultura

OTROS ILUSTRES NACIMIENTOS


Orestes López e Israel López, contrabajistas cubanos, nacieron en la Casa Natal de José Martí

La casa marcada con el número 314 de la calle Leonor Pérez, antigua calle de Paula, es célebre en Cuba y en el mundo por en ella vino al mundo el más grande de los cubanos, José Julián Martí Pérez nacido el 28 de enero de 1853.

Tres años después la familia de José Martí se muda y la casa de Paula queda en el anonimato hasta que en 1898, terminada la guerra por la independencia de Cuba, un grupo de emigrados cubanos de Tampa y Cayo Hueso, volvieron a la Habana y buscaron la “Casita de Martí” y la encontraron en buen estado y cumpliendo su anónima labor de inquilinato a la que por más de un siglo la habían dedicado.

Sus dueñas en ese momento de 1898 eran las monjas del Convento de Santa Catalina del Sena, las cuales accedieron a la gestión de estos emigrados para colocar una tarja en la fachada del inmueble que registrara el acontecimiento del nacimiento del Apóstol en aquel lugar.

El 28 de enero de 1899 un numeroso grupo de estos emigrados cubanos y la familia de José Martí se dieron cita en la Casa Natal, para realizar el primer acto público en homenaje a Martí por su cumpleaños y develar la primera tarja que en su honor se erigía en su ciudad, La Habana.

Un año después, otro 28 de enero la Asociación Por Martí compraba la casa y la entrega a doña Leonor Pérez, la madre de Martí para que la viviera. Era una venerable anciana, de poca vista, muchos sufrimientos y grandes dificultades económicas, por lo que al poco tiempo pidió permiso a esa institución para mudarse con su hija Amelia Martí, alquilar la casa que le habían dado y sostenerse con aquella modesta entrada de dinero.

La familia a la que fue alquilada la casa era una familia humilde de mulatos habaneros que vivían de la música y que trajeron al mundo en esta misma casa donde nació José Martí a dos grandes figuras de la música popular, Israel López (Cachao) (1918-2008) y Orestes López (1919-1991).

En 1918 la familia abandona la Casa Natal de José Martí y luego de una reparación capital, la misma es abierta como Museo José Martí el 28 de enero de 1925.

Cultura, Historia

FALLECIÓ PETE SEEGER, UN AMIGO DE CUBA

“Cuando un amigo se va,/ deja un espacio vacío/ Que no lo puede llenar/ La llegada de otro amigo”, estas estrofas del cantante argentino Alberto Cortés, sirven para homenajear a este sencillo amigo de Cuba, que se enamoró de oídas de la tonada de la “Guantanamera” de Joseíto Fernández con los “Versos Sencillos” de José Martí.

En momentos en que Cuba estaba aislada y satanizada en el mundo, la melodía de Joseíto Fernández y los versos de Martí, abrieron los corazones del mundo hacia la isla rebelde calumniada…Gracias Pete Seeger, siempre te recordaremos.

He aquí la nota biográfica publicada en el diario Granma firmada por Gabriel Molina:

“El famoso cantante y compositor folclorista estadounidense Pete Seeger falleció este lunes (27 de enero de 2014) a los 94 años, de muerte natural según informó su nieta, Kitama Cahill Jackson. El artista fue un gran amigo y admirador de la Revolución Cubana.

“El diario New York Times lo consideró el primer reanimador de la canción folclórica y asegura transformó la música de los años 50. Miembro del grupo Los Weavers, sus canciones alcanzaron primeros lugares en el favor del público, entonando éxitos como If I had a hamner (Si yo tuviera un martillo) y Were have all the flowers gone? (¿A dónde se han ido las flores?). Fue mentor de jóvenes cantantes como Bob Dylan, Don Mc Lean y Bernice Johnson Reagon. Seeger fue perseguido por sus ideas izquierdistas en la década de los años 50, víctima de la poderosa Comisión del Senado presidida por el senador Joseph McCarthy.

“El 8 de junio de 1963 la Guantanamera alcanzó un éxito inusitado, al ser interpretada por Pete Seeger en el Carnegie Hall de Nueva York, con los expresivos versos martianos. Posteriormente el propio Seeger la dio a conocer en la URSS y en Checoslovaquia, donde la difundió el cantante Karel Gott; en África Oriental la dieron a conocer la Orquesta Banto Jazz y Vincent Martin; en Argentina, Lucio Milena, director de Los Cinco Latinos; en México, Marco Antonio Muñiz y Malú Reyes, y las orquestas de Pablo Beltrán y Dámaso Pérez Prado. El brillante folclorista fue galardonado con la Orden Félix Varela que le fue impuesta por el comandante de la Revolución Juan Almeida durante su segunda visita a Cuba, en 1999.

“La cineasta estadounidense Estela Bravo, quien lo dio a conocer en Cuba, relata que solo al grabar el segundo disco supo Seeger sobre Joseíto y la Guantanamera con arreglo de Héctor Angulo. Declaró entonces que ambos cubanos debían ser quienes cobrasen los derechos de autor, incluso los de intérprete en la grabación.”

Granma Digital. La Habana 29/1/2014

Cultura, Política

MONSEÑOR CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, UN HOMBRE DE CUBA


MONSEÑOR CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, UN HOMBRE DE CUBA

Ha muerto en La Habana, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, hombre de una vasta cultura, conocedor de Cuba y defensor de los grandes valores espirituales y morales de la sociedad cubana. Llevaba su sapiencia con la humildad de su sacerdocio y no eludió los debates, ni su presencia en los círculos intelectuales de la isla donde se le apreciaba por sus valientes criterios y sus acertadas afirmaciones, a este digno hijo de Cuba dedicó la periodista Paquita Armas esta crónica en el sitio CUBADEBATE:

Cuba pierde a uno de sus fieles amantes

Paquita Armas Fonseca

La presentación del libro Los orishas en Cuba a principios de los años noventa, en la UNEAC, devino una suerte de concentración frente a la Sala Rubén Martínez Villena. Había personas hasta en la calle 17. Yo estaba allí porque no le podía fallar a la autora, Natalia Bolívar, porque el libro ya yo lo tenía con una preciosa dedicatoria.

Natalia con su batón largo y un montón de collares, de momento para mi asombro, sonrió y caminó hacia un sacerdote que se acercaba, vestido con larga sotana, y también con una sonrisa en los labios, era Monseñor Carlos Manuel de Céspedes.

Fue la primera vez que lo vi en persona y no la última. Pocos días después necesitaba unos libros y fui a la parroquia de San Agustín, cercana a mi casa. Natalia me dijo que allí encontraría una fabulosa biblioteca. Monseñor me recibió como si me hubiera conocido de toda la vida: empezó a enseñarme todos los textos que pudieran interesarme.

Luego coincidí con él en más de una oportunidad en la casa de nuestra común amiga. Ella decía que era su “marido espiritual” porque él la escuchaba y aconsejaba. Cuando él llegaba, un zíper imaginario cerraba mis labios. No importaba del tema que se hablara: podía ser de teología, filosofía, medicina, literatura, artes plásticas…siempre Monseñor tenía una frase o una anécdota interesante.

Tataranieto de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, fue ordenado sacerdote en Roma en 1961, y regresó a Cuba en 1963 en plena efervescencia de la revolución. Fue rector del seminario de San Ambrosio y San Carlos, escribió varios libros y fue miembro de la Academia de la Lengua de Cuba. Desde un tiempo atrás era vicario de la zona oeste de la arquidiócesis de La Habana.

Durante una conferencia ofreció importantes criterios sobre Cuba, que el 6 de diciembre último en la revista Católica Espacio Laical se publicaban: “Quienes me conocen bien, saben que el último camino, el del neoliberalismo, no es el que yo deseo para la Casa Cuba, sino más bien, el primero, el de un socialismo más participativo y democrático, al que parece nos desean conducir los actuales cambios en lento proceso de realización”.

Director del Secretariado General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, canciller del Arzobispado, miembro de varios departamentos del Consejo Episcopal Latinoamericano y consultor del Pontificio Consejo para la Cultura de la Santa Sede; Monseñor recibió múltiples reconocimientos, entre ellos, la distinción pontificia Capellán de Su Santidad, el Premio de la Latinidad y el de la Utilidad de la Virtud. Era uno de los intelectuales más brillantes de las últimas décadas en la Mayor de las Antillas. En una entrevista concedida a Amaury Pérez Vidal apuntó la línea que había seguido en su vida “¡Cuba y la Iglesia son las dos pasiones mías! Siempre lo he dicho, porque es así. Es que es así.”

CUBADEBATE, 4/1/2014

Foto de Alejandro Ernesto

Cultura

MURIÓ TULIO RAGGI, PIONERO DEL CINE DE ANIMADOS


“El negrito cimarrón” el personaje más popular creado por Tulio Raggi

Tulio Raggi González, destacado director y guionista del cine de animación, murió en la mañana de ayer en La Habana, según informó la Televisión Cubana.

Raggi, pionero del género en Cuba, fue el autor de obras como “El negrito cimarrón”, “El primer paso de papá” o “Las orejas de Canela”, obras consideradas clásicos de la animación cubana. Dirigió más de 60 obras y algunas de ellas han merecido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales.

Licenciado en Historia del Arte, realizó estudios de Derecho Civil y Diplomático, así como de Teoría de la música, solfeo y piano en el Conservatorio Miramar de Animación de la Academia Garcés. (SE)

Tomado del periódico Granma, edición digital. La Habana, 4/12/2013

Cultura

DANZÓN, PATRIMONIO NACIONAL

“Piquete Típico Cubano”, cincuenta años defendiendo el danzón

Hace apenas una semana se proclamó en la ciudad de Matanzas, Cuba, al danzón como patrimonio inmaterial de la nación cubana, distinción que se une al hecho de su proclamación popular durante casi todo el siglo XX como el “Baile Nacional”, distinción honorífica hoy en tiempo de fusiones e influencias de otros ritmos nacionales, caribeños y de otras latitudes, que entran al panorama musical cubano para enriquecerlo y ponerlo en el pentagrama contemporáneo de la música.

Cuba es “La isla de la música”, fenómeno que puede distinguir cualquier estudioso musical del mundo al constatar el nacimiento en estas tierras en menos de dos siglos, de ritmos musicales autóctonos como la contradanza, de la derivará posteriormente el danzón; el son montuno y sus diversas variantes sonoras que sirven de base al fenómeno de la salsa latina de finales del siglo XX; del danzón derivaron los ritmos y bailes del chachachá y el mambo, tan conocidos en el mundo latino y de otras latitudes. De Cuba son igualmente variantes sonoras de origen más africano, pero igual de arraigados en nuestro país como el célebre complejo de la rumba, percutido y lúdico encanto de cinturas y movimientos pélvicos que siguen formando parte no del folklor, sino de la música viva que se hace en la isla.

En realidad al danzón, la vida moderna y la sociedad contemporánea de la isla le han dejado un espacio en el folklor musical de la isla, los jóvenes y las generaciones intermedias lo ven como música de “viejos”, porque hoy casi nadie compone danzones y los que se escuchan forman parte de un repertorio clásico, que queda para estudiosos, nostálgicos y algún curioso bailador que descubre su “sabrosa cadencia” al compás de la orquesta charanguera típica, de las que no quedan muchas.

Merece el Danzón el reconocimiento, vale la pena resguardarlo y cultivarlo como baile y como género musical, muchas cosas de la vida del cubano se han hecho al ritmo del danzón y en sus buenos tiempos no dejó de reflejar las inquietudes políticas y sociales de su momento histórico, sino escuchen el danzón de Silvio Contreras, que los bailadores conocen como “La bomba”, surgida en medio de la dictadura machadista a modo de suspicaz recordación de la resistencia de los cubanos contra un mal gobierno. Cuando suena en las “peñas danzoneras” su cadencioso ritmo no deja un bailador sin moverse, aunque no tenga pareja, porque es realmente pegajoso.

Entonces que viva el danzón, que se enseñe entre los niños y jóvenes, que conozcan que sus abuelos se amaron envuelto en sus notas, moviéndose en un “solo ladrillito”, alusión a lo apretado que se bailaba y se sigue bailando el danzón

¡Larga vida al Rey Danzón!

Cultura

BAYAMO, CUNA DE LA NACIONALIDAD


La segunda villa fundada por Diego Velázquez, San Salvador de Bayamo está por cumplir su medio milenio, fundada un poco más al sur en las márgenes del río Yara, la villa fue fundada cerca del sitio donde fue capturado y quemado el cacique taino Hatuey, el mismo que se negó a ser cristianizado por no encontrarse en el cielo con los asesinos de su pueblo, se cuenta que el nombre cristiano de la villa es una advocación a la “salvadora” circunstancia de haber aplastado la rebelión de los habitantes originarios de la isla y por ello se nombró San Salvador de Bayamo, con el patronímico indígena indeleble y al final imperecedero.

Bayamo está íntimamente ligado a una historia de identidad y cubanía que se remonta a los primeros años de la conquista, cuando la villa tuvo que sobrevivir contra viento y marea, no solo de lo que daba la tierra sino del comercio de rescate o contrabando, olvidada por la autoridades reales que solo se ocupaban de nombrar funcionarios, pero con un pueblo mestizo y ya apegado a sus costumbres criollas que sentaría el precedente de ser los primeros en rebelarse contra las autoridades coloniales, cuando aquellas pretendieron cerrarles su principal modo de sustento, el comercio de contrabando contra los estatus monopolizadores de la corona española.

Ese fue el antecedente de la clarinada de Céspedes en 1868, la ocupación de la villa por los cubanos, su proclamación como capital de Cuba Libre y el sacrificio de incendiarla antes que entregarla nuevamente al colonialista. Esa es Bayamo, la Ciudad Monumento, cuna del Himno Nacional y de una pléyade de cubanos que dignifican la nación y su historia:

BAYAMO CELEBRA 500 AÑOS DE FUNDADA

Con artes plásticas, teatro y música, incluyendo bailables, continuarán este viernes las actividades centrales en ocasión del aniversario 500 de la fundación de la villa de San Salvador, antecedente de esta ciudad cubana.

El programa precisa que se desplegará la gran feria Bayart, inaugurada la víspera, para brindar artesanías, muestras de artes plásticas, eventos de moda y otras ofertas.

Agrega que la primera plaza cubana de la Revolución acogerá actuaciones del grupo de teatro Guiñol Pequeño Príncipe, para niños.

En horas de la noche, las principales áreas de baile de la urbe estarán animadas por las agrupaciones Yumurí y sus Hermanos, Yakaré y Vitral Salsa Show.

Las actividades centrales del cumpleaños, que terminarán el venidero martes, comenzaron este jueves, con la llegada a Bayamo de cerca de 50 “granmenses ausentes” (combatientes del Ejército Rebelde nacidos en la actual provincia de Granma y radicados en el occidente del país).

Los exguerrilleros colocaron ofrendas florales ante los monumentos de los bayameses más ilustres de la historia, Carlos Manuel de Céspedes, líder iniciador de la primer guerra por la independencia, y Perucho Figueredo, autor del Himno Nacional.

También asistieron a la presentación de alimentos elaborados en ocasión del cumpleaños de la ciudad, entre ellos cake, helado de uvas pasas y el ron añejo Pinilla Aniversario 500.

El día cinco, escogido como fecha del cumpleaños,  una sesión solemne de la Asamblea Municipal del Poder Popular premiará a personalidades de la comarca.

Conquistadores españoles establecieron la villa de San Salvador en fecha y lugar no precisado por los investigadores, y luego la trasladaron para la margen derecha del río Bayamo, donde radicaba una gran comunidad precolombina.

Lo más importante, señalan especialistas, es que Bayamo resultó el centro de la región histórica donde maduraron primero los rasgos distintivos de la nación, la nacionalidad y la patria cubanas, y donde comenzó la primera guerra por la independencia y contra la esclavitud.

(Con información de AIN)

Tomado de Cubadebate, 2/11/2013

Cultura

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