Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Costumbres

VÍCTOR PATRICIO DE LANDALUCE (1828-1889)

Por motivos técnicos tuve que retirar esta entrada en mi Blog, pero a mí me gusta mucho, habla de la formación de la cultura criolla, tan hermosa y contradictoria en estos años en que cientos de miles de cubanos peleaban por su independencia, por eso y por la contradicción que hay en este hombre nacido en España pero que supo captar como nadie ese ambiente humano de La Habana de su época.

En 1869, en plena guerra por la independencia llegaba a La Habana un oficial bilbaino con muy buenas dotes para la pintura y el dibujo que no tardó en ponerlo al servicio de su más rancio “integrismo”[1]. Grabador, pintor y dibujante, Víctor Patricio de Landaluce, capitán de milicias y enemigo jurado de la independencia de Cuba, muy pronto comenzó a colaborar con la prensa satírica que circulaba en la capital de la isla.

Su agudeza artística lo llevó a fijar en sus cuadros, dibujos, litografías y caricaturas el mejor conjunto costumbrista criollo, contribuyendo a salvar para la posteridad todo lo que atacó en la sociedad criolla. Dejó un completo cuadro de costumbre, alejado del complaciente y bucólico romanticismo de los grabadores extranjeros que nos dejaron una Habana y una isla idealizada, con negros pintorescos y edulcorados.

Landaluce era enemigo de todo lo cubano, toda expresión de costumbrismo o de alta cultura, viniendo de un criollo, era ya motivo para su mordaz crítica. Como grabador publicó el álbum, “Tipos y costumbres de la Isla de Cuba” (1881), que recoge un grupo de dibujos costumbristas en el se enseñorean negros caleseros, mulatas exóticas con sus grandes “mantones de Manila”, escenas que pretendían dejar un testimonio negativo de “lo criollo”, para convertirse por ironía de la historia y a pesar del mismo en el más rico testimonio gráfico de la sociedad criolla de la isla de Cuba, con énfasis en los elementos folklóricos de la gente de color, libre o esclava, aunque por su agudeza y detalles se convierte en crónica pictórica del período.

Los dibujos satíricos salidos de su pluma fueron publicados en el periódico habanero de Juan Martínez de Villerga, entre ellos el personaje del guajiro que personifica al pueblo cubano y que en las primeras décadas del siglo XX, Torriente copió y bautizó como Liborio.

[1] Integrismo, esta era la ideología colonialista de los españoles en Cuba que no querían reconocer que la “Siempre Fiel Isla de Cuba”, había cambiado y que en este país ya existía un pueblo mestizado que se sabía distinto al español y que quería por lo mismo, ser nación.

Costumbres

LOS PERROS DE CASA


En Cuba la mayoría de la gente que prefiere un perro busca un “saterry”, no es un raza especial, sino un mestizo sin casta que todos nosotros llamamos “sato”, a veces tan parecido a otros , por su pelambre, lo hermoso de su porte, su energía y otros atributos que Ud. puede encontrar en algunas de las razas conocidas y que tiene asociaciones, le llevan el “pedigrí” al perro y otras tantas finuras que hacen del perro del único animal en Cuba con “clase”.

Hoy los que hacen unos pesos en Cuba, se compran una buena casa, la arreglan y como una distinción adquieren nuevos perros, ya no los pobres satos que les acompañaron toda la vida, sino los de raza, de cualquiera, eso les da distinción, porque los que van a su casa, más que elogiar al perro, preguntarán, cuánto le costó, es decir el can es un objeto de lujo de los que prosperan en Cuba.

Los que vivimos de nuestro salario, que somos la mayoría, nos conformamos con tener un perro de compañía, un sato que coma de todo, desde vegetales hasta viandas y a veces ¡carne!, es alegre, nos esperará al llegar del trabajo y compartirá las buenas y las malas, sin traicionarnos, porque esa es su cualidad. Cuida el hogar, es territorial y hasta algunos desconsiderados dicen tenerlos, pero lo echan a la calle para que el mismo se busque su comida.

Buscamos en el perro sato, su compañía, esa alegría suya que levanta el ánimo y esa sobrevivencia y capacidad de adaptación similar a nosotros los cubanos, en las buenas y en las malas cuide a su perro, el nunca le abandonará.

Les presento a la mía, ella es un cruce de todo, parece “puder”[1], otros dicen que “bichón habanero”, pero para mí es “Hermes” producto de un desliz de su madre de raza con un guapo sato que asaltó la casa, mejor no la quiero y por eso les traigo su foto.


[1] No sé si se escribe así, al menos así se pronuncia.

Costumbres

¿HACIA CUÁL PROSPERIDAD?


Muy de acuerdo contigo Pepe, pero como bien dice la prosperidad no puede caer del cielo complaciente del estado, sino del trabajo de la gente, que debe ver los frutos sin traba, prosperidad es vivir sin precariedad en la vida cotidiana que es la que más nos golpea. Ya conquistamos derechos universales, ya los hicimos nuestros, pero vivir como la gente decente y trabajadora, no puede convertirse en un infierno de papeleos y sobornos a cientos de personajillos incrustados en la burocracia estatal y que te siguen cobrando por hacer realidad tus derechos, pero yo también apuesto a la prosperidad, sostenible, diversa y participativa, esa es la idea. En realidad la consigna debió ser: “Por una Cuba Próspera y Sostenible”

José Alejandro Rodríguez

Demasiado predecible cada Primero de Mayo en multitudes, entusiasmo y consignas. Pero es curioso: por encima de tantos problemas en órbita, la gente en Cuba sigue marchando alegre y colmando plazas y calles el Día del Trabajo, por un entrañable sentido de pertenencia a país y a sociedad, que es rara avis en este mundo atomizado. Un sentido de posesión que urge potenciar mucho más en toda su dimensión y diversidad.

Cuidado, te dices, no seas rehén de las rutinas y abre los ojos, que por algo la gente avanza en bloque, por encima de disensos, de mi, de tu y de su criterio. Y lo hace en estos últimos Primero de Mayo, mucho más por la Cuba que cambia. Por la Cuba audaz, que enfrenta no pocas resistencias internas y externas de quienes quisieran un país hibernado, por diversas conveniencias aquí y allá. Por la plenitud de una Revolución que desanda caminos ya trillados de inoperancia y adormecimiento, y retoma sus ardores fundacionales, para esta vez intentar la toma definitiva de los cuarteles de la inteligencia, la iniciativa y la plenitud.

Sí, porque de caídas y derrumbes se sabe mucho como para no entretenernos con los errores importados y los domésticos, ni adormecernos con los innegables avances. Tenemos gravitando el alerta perenne de Fidel, de que la Revolución podría desaparecer por los propios dislates de los revolucionarios.

«Por un socialismo próspero y sostenible» es el lema de esta fiesta de los trabajadores. A fuer de sincero, temo que palabras tan retadoras de insurgencias —¿qué socialismo ha franqueado ya ese umbral hasta ahora?— se pueden convertir en eso: un lema, consignas manoseadas, por esa proverbial facundia que tenemos para indigestarnos de vocablos, si no las convertimos en hechos. Y me niego a aceptar que cualquier distracción o inconsecuencia nos pueda desviar de ese socialismo en constante renovación, que suelte sus propios lastres para remontar el vuelo de la invulnerabilidad.

Próspero. El término huele a novedad, en un país que, durante mucho tiempo, y luego de hondas transformaciones que abrieron el horizonte y las perspectivas a los más, a los sempiternos perdedores, pretendió por nobles idealismos promediarlo todo tan equitativamente, sin palancas diferenciales.

Prosperidad entendida como lo que pretende esta actualización del modelo económico: desatar los nudos que frenan las fuerzas productivas, vindicar el trabajo, ya estatal o no estatal, como la principal fuente de redistribución de las riquezas, que seduzca y estimule a los que más aportan, y los ponga en su lugar frente a los pillos, holgazanes y acomodados. Prosperidad es crecer bien y con calidad, sin mediocridades, para ir disminuyendo la brecha entre las elevadas expectativas y necesidades que genera un modelo social inclusivo y abarcador, y las contribuciones que puede aportar nuestra aún ineficiente e ineficaz base económica.

Prosperidad es también competitividad, el aprovechar e incentivar mucho más esa inteligencia cultivada del cubano —no extraviarla más—, para convertir a nuestra economía y sociedad en verdaderamente sostenibles y no dependientes y vulnerables, en los complejos escenarios del mundo de hoy, y con el feroz bloqueo norteamericano sobre la nación, entre tantas obsesivas hostilidades para con este terruño irreductible.

Próspero y sostenible, en tanto que lo logremos de manera inclusiva y participativa, contando con todos, por diferentes que sean; en la medida en que lo discutamos y decidamos en la familia nacional, ensanchando los cauces de la democracia socialista, y comprendiendo que el gobierno de los asuntos pasa por un camino de doble interacción, de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba.

Próspero y sostenible son consustanciales para el socialismo que se renueva hoy. Mucho más por eso, que por viejas y obvias certidumbres, marcharon ayer los cubanos, e hicieron un alto a sus problemas con la alegría de la posesión. Esa es una excelente señal de la Revolución para los eternizadores de la abulia.

Tomado del periódico Juventud Rebelde, versión digital. Jueves 2 de mayo de 2013

Costumbres, Opinión, Política

LA CARTA

El día a día

Queridos lectores:

Recibo cientos de mensajes de ustedes a través de los enlaces con mi blog y en realidad no alcanza en tiempo para escribirle uno a uno, esto lo he dicho otras veces, pero vale redundar cuando siento que no puedo satisfacer a todos con sus preguntas, aunque si recibo el aliento a mi trabajo y eso lo aprecio.

Mi modo de trabajar es sencillo, busco aquellos temas que resulten interesante a ustedes, trato de verificar las fuentes cuando se trata de datos o información histórica, me urge escribir, no para mi lucimiento sino para comunicar, hablar de mi sociedad, que no es muy mediática y cuando es tema de los medios es para denigrarla y tratarla como un “oscuro lugar de la tierra”.

No trato de hacer propaganda, ni postales turísticas, hablo de la gente, de nuestros problemas, de los anhelos que nos embargan y de cosas que se frustran, aún queriendo hacerlas bien.

Yo trato de ser un ente activo en este entramado social y creo que tenemos muchas cosas que mostrarle al mundo: sociedad equitativa, tranquila, con un alto nivel de seguridad social, politizada, como ninguna, con niveles de escolarización alto y un envejecimiento de la población ambivalente (orgullosos de la altísima esperanza de vida, más de 75 años, pero en el equilibrio de una precariedad que nos amarga esos últimos años de vida).

Junto a esto, una bajísima tasa de natalidad, que hace que la población envejezca y el futuro sea contraproducente, porque dentro de muy poco habrá más anciano que niños en Cuba.

La vida no es color de rosa, la cotidianidad se complica mucho con los “pequeños” problemas del sobrevivir, por los altos precios, la escasez, los bajos salarios y las muchas etcéteras que llenan nuestras vidas. En conclusión, la economía es un desastre y ser próspero muchas veces no depende de nuestro esfuerzo.

De política no quiero hablar, porque entre nosotros todo tiene un trasfondo político y una historia larga que afecta a todos los cubanos, en medio de un encrucijada en la que somos protagonistas, pero no tenemos las decisiones en nuestras manos, ¿Qué hacer?, ya estamos haciendo a nuestro modo construyendo el presente, ¿el futuro?…también tiene su base en el día a día.

Los quiero,

Ramón

Costumbres

LOS “ALMENDRONES” DE LA HABANA

Este es un “almendro” retratado por mi amiga Xana, que disfrutó de lo lindo con este museo rodante

El que ha estado en La Habana y no ha montado en un “Almendrón”. “¡No sabe lo que es la vida!”, como diría el Cabo Pantera[1] y es que la experiencia es “surrealista” y totalmente nueva, porque va contra ese concepto de la física que dice que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar y usted ve que donde caben solo cinco, al menos van ¡ocho! Y a precio de limusina, porque son bien caros, contaminantes y estresantes.

¿Qué no sabe lo que es un “almendrón”?… ven que te explico: Un “almendrón” en un vehículo norteamericano anterior a 1959, que por obra y gracia de la necesidad y la inventiva del cubano, todavía ruedan por las calles de La Habana y de toda Cuba, todos particulares, unos para el paseo de su dueño, otros (la mayoría) para servicio de taxi de rutas fijas, con unos precios “¡qué pa΄que![2], con decirle que veinte o veinticinco pesos cubanos, puede ser el salario medio de un día en esta isla.

Los hay de todas las marcas: Ford, Pontiac, Willys, Cadillac, etc, etc, etc., pero todos funcionando gracias al ingenio del cubano y a la necesidad de la gente de trasladarse de un lado a otro. Las innovaciones son muchas y extraordinarias, tales que si los fabricantes las vieran las patentarían o morirían de risa ante el museo de lo absurdo. A veces te topas un cuatro rueda que tiene el caparazón de un Ford, pero le agregan un adorno de Pontiac y no mires su motor, porque lo más probable es que sea de Lada o de Fiat polaco, no importa que sea feo, lo que importa es que camine. Algunos le han alargado el chasis y donde había asientos para cinco, ahora caben diez, no importa, los cubanos son ¡suicidas! En esto de subirse a una nave espacial de lo real maravilloso criollo.

Es el producto de la precariedad, en un país “centralizado” y “controlado”, done lo único que no se puede controlar es la inventiva de la gente para salir adelante, palear sus dificultades y buscarse el “baro”[3]

Esta la otra cara de la moneda, un pequeño grupo de cubanos tiene “carros antiguos de lujo”, cuidados como el primer día, tratando de mantener los componentes de fábrica originales y paseando sus joyas en fiestas y en circuitos para turistas, son los “Gran Car” y los Clubes de autos que mantienen la tradición que hizo de Cuba uno de los primeros países en América en los que circularon los automotores.

De todos modos, si viene a Cuba y quiere conocernos, de su vueltecita por La Habana en un “almendrón” popular, le aseguro al menos que es bueno para adelgazar, por lo mucho que ha de sudar, se pondrá al día de las noticias de la calle, el cubano es muy conversador, se enterará de permutas, ventas y chismes de barrio y de forma extra escuchará los reguetones sexistas que no pasan por la radio o los “bolerones” y canciones edulcoradas que tantos nos gustan a los cubanos, para descargar, porque el chofer nos lo brinda gratis y a buen volumen…Aquí los espero.


[1] Famoso comediante de la televisión cubana

[2] ¡Qué para qué!

[3] Dinero

Costumbres, Cultura

LA APARENTE DULZURA DE LAS COSAS


Cuando encuentro algún escrito que me gusta y expresa cosas que comparto, el primer sentimiento es divulgarlo para que otros gocen de la lectura y del pensamiento de buenos escritores, más cuando existe el “San Benito” de que en Cuba todo es documento oficial u oficialista. Por eso de mis archivos saco un recorte que disfruté mucho al leerlo en su momento y ahora trascribo íntegro, es del inefable José (Pepe) Alejandro Rodríguez, ese periodista cubano que con la adarga al brazo va deshaciendo entuerto de la cotidianidad cubana, esta crónica casi costumbrista tiene el sabor de lo que hemos compartido todos los cubanos de esas generaciones revolucionarias, los crecidos del 59 para acá, hijos de la rectificación constante y del disparate por improvisación, ojalá nuestro hijos sean más sabios:

“Ya el azúcar no es el “oro nacional”, ni el guarapo es “la sangre de Cuba”; ya el ingenio no es “el corazón del país”. Que lo sepa Miguel Ángel de la Torre, gran cronista de principios del siglo XX; sus metáforas languidecieron con la reconversiones económicas[1], a la vuelta de tantos años. Que se entere también el sabio Don Fernando Ortiz: no hay ahora contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar; por abandono de esta última del combate por la primacía en nuestra vida. El Ingenio[2] de Manuel Moreno Fraginals hoy muele sus propios recuerdos.

La industria azucarera ya no sostiene al país, y ha cedido el estrellato en la cartera de ingresos económicos al turismo, el níquel, los servicios profesionales y las promisorias biotecnología y farmacéutica; mientras el tabaco se aferra a sus viejos humos para no pasar a ceniza en los negocios exteriores.

La restructuración de la que fuera nuestra primera industria no fue capricho: Cuba se vio entrampada entre la cada vez mayor depreciación del dulce en el mercado mundial –producto básico al fin- y la inconsteabilidad de producirlo. Aunque también incidieron ineficiencias domésticas, como los bajos rendimientos que costaban al país.

Algunos entendidos piensan que la medida es impostergable, pero quizá muy precipitada en su alcance, al extremo de desactivar tantos centrales azucareros; pues no debe descartarse, como nos ha sorprendido más de una vez, futuras alzas de precios del alimento energético. Otros, no sin razón, defienden los mayores valores agregados de otros subproductos de la caña. La historia dirá…

Lo cierto es que a estas alturas, nadie sostiene aquella sentencia que flotó sobre buena de la Historia nacional, hasta las postrimerías del siglo XX: “Sin azúcar no hay país”. Sin embargo, uno palpa cierta visión en la sociedad cubana de a Rey muerto, Rey puesto, en torno a la agroindustria, que aún con todos sus amargores, cimentó con dulzura la nación y nuestra propia identidad.

Incluso pervive una percepción olvidadiza y lineal, de hecho consumado, un proceso que no debe escapar del análisis permanente: qué se hizo bien y qué no, cuales saldos deja, que preguntas aún esperan por respuestas. Pero eso es “recobrado” para entendidos y gestores de las políticas.

Solo quiero vindicar la memoria del azúcar, conmovido por un hermoso cuadernillo de relatos del colega y amigo Luis Sexto, que entremezcla mieles de su vida y reporterismo por centrales y bateyes, y las refina con imaginación del buen narrador. Un delicioso libro, “La aparente cordura de las cosas”. De la Editorial Pablo de la Torriente Brau. Si alguien pretende aún darle la espalda al azúcar fecundo, y hacer cuenta nueva, que se lea esas viñetas pugnaces.

Por lo que representaron para Cuba el cañaveral y el ingenio, la restructuración y reconversión de esa agroindustria han dejado demasiados “platones”[3] en la memoria colectiva y la nostalgia. Hay aún heridas abiertas, tristezas en bateyes y recuerdos imposibles de cerrar ni archivar, aunque lo dicte la lógica económica.

El azúcar, des el humilde mascabado, fue el abono de nuestra historia como nación, de nuestras ideas independentistas y luchas obreras. En aquellos primeros años de construcción del socialismo, los ingenios, con sus azucareros en primera línea, fueron la avanzada, y el escenario también de complejidades y contradicciones del sitema, que bien las refleja Luis Sexto.

Al final, este cronista prefiere seguir viviendo, como Sexto, con el rigor y la puntualidad de aquellos pitazos, embriagado con el olor de la melaza; soñando, desde un banco en el batey de Cuba, que la vida puede ser buena y dulce.”[4]


[1]Proceso de desmontaje de la industria azucarera cubana llevado a cabo a fines de los años 90, con la desaparición de decenas de centrales azucareros y todo el engranaje socio cultural que a su alrededor se movía.

[2] Obra capital sobre el desarrollo de la industria azucarera en Cuba

[3] Tronco de caña de azúcar a ras de suelo.

[4] Publicado el periódico “Juventud Rebelde” el martes 2 de marzo de 2010

Costumbres, Opinión

Carnavales en Cuba


Las fiestas populares son una tradición colonial en la sociedad cubana, desde la llegada del conquistador español a la isla el santoral cristiano siempre fue motivo para formar el jolgorio cumbanchero que ha caracterizado al cubano.

Las actas capitulares de La Habana y los viejos documentos de otras ciudades fundacionales del país, muestran las quejas del clero por lo que era para ello un “sacrilegio”, el bailoteo lascivo de negros, mulatos y blancos a los compases de tamboriles, flautas y cuanto instrumento se le sacara música en esta tierra signada para la música y el baile.

Luego el mulaterío creciente de la población, la presencia de la “flota” española en el puerto de La Habana, con miles de gente deseosa de esparcimiento y la liviandad de las autoridades civiles y eclesiásticas, convirtieron a esta villa de San Cristobal de La Habana en una de las ciudades “inolvidables”, para marineros, soldados y gente de paso desde y para España y el Nuevo Mundo.

En los días de hoy los carnavales, parradas o cualquier otros tipo de fiesta popular, pasa inefablemente por un “mar de problemas” a resolver para que queden vistosos sino fastuosos, inventando con los que cada uno tiene, pero lo que no debe faltar es la música, tanto de orquestas reconocidas o de piquetes que nadie sabe su nombre, pero en carnaval se baila hasta con el “tic tac de Radio Reloj”[1]. La cerveza a granel es la reina de las bebidas del carnaval, aunque hay quien gusta del buche de ron o “arriesgarse” con una mezcla de ron y refresco que todos llaman “Cuba Libre” y ¡allá va eso!, baila hasta el cojo y con cualquiera.

Julio y Agosto con sus calores invitan a estos días de esparcimiento colectivo que hubo un tiempo “alguien pensó que no eran necesario” y los dislocaron, oficializaron, los cambiaron de fecha, los llenaron de policía y prohibiciones de “arrollar” (bailar detrás de las comparsas), instrucciones todas que el pueblo desbordó con su manera única de expresarse en estas fiestas de catarsis que vuelven ahora más libres y populares.

Recomendaciones, si viene a Cuba en diciembre no dejé de ver y gozar en las parradas de Remedios, las fiestas populares más fastuosas y autóctonas de toda la isla y si viene en julio vaya a Santiago de Cuba, donde reina el tambor y la corneta china en una ciudad de confraternidad, abierta y caliente en esos día de sus carnavales maravillosos y cubanos.


[1]Emisora Cubana con más de sesenta años en el aire, caracterizada por el tic tac segundo a segundo, la noticia como única información y la hora cada minuto

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El Guantánamo nuestro


Esta crónica casi costumbrista aparecida en el periódico Trabajadores, nos da el ambiente de una ciudad que agradece y vive la alegría de su selección como sede de los actos por el 59 aniversario del Asalto Cuartel Moncada el 26 de Julio

El Guantánamo nuestro

Para mostrar al mundo el verdadero Guantánamo, valdría solo mencionar  los logros de la provincia en   la Salud Pública, la Educación y el   Deporte, esencias de nuestro proyecto socialista.

Rodny Alcolea Olivares 22-07-2012

En el engalanamiento de sus cuadras   y centros laborales, y en los preparativos   para la concentración en la plaza   con motivo de la celebración en la   provincia del acto central por el 26   de Julio, Día de la Rebeldía Nacional,   encontramos a Eugenia Iberis Olivares   y a Enma Gago.

Iberis es la enfermera a quienes   muchos recuerdan y desean imitar   en el hospital general docente;   Enma, maestra de maestros. Ellas   junto a otra grande del magisterio   guantanamero, Elvira Guerra, y la   recolectora de café Petronila Neyra,   forman el cuarteto de Heroínas del   Trabajo de la República de Cuba en   el territorio.

Son mujeres bellas las de esta tierra   singular y heroica que tanto han   inspirado a poetas y cantores; pero   que también, como Casiguaya, la india  pareja del cacique Guamá,   que siguió luchando tras ver morir a   su marido, supieron un día estar en   la manigua, apoyar a las fuerzas rebeldes   del II Frente Oriental Frank   País García, vestirse de milicianas,   cumplir misiones internacionalistas o   estar en las más diversas labores económicas   y productivas.

Y es que esta, la más oriental   y montañosa de las provincias cubanas,   donde día a día se defiende   la obra de la Revolución, es el verdadero   Guantánamo, y no aquel   que lamentablemente muchos en el   mundo lo reconocen como centro de   torturas que el Gobierno de los Estados   Unidos mantiene en la ilegal   base naval.

Hijos de esta tierra son María   Caridad Colón, primera campeona   olímpica de Latinoamérica, y Arnaldo   Tamayo Méndez, quien llevó   el nombre de esta provincia hasta el   cosmos. Regino Eladio Boti, Ángel   Iñigo, Rafael Inciarte, Lilí Martínez   Griñan, Dayron Robles, Elio Revé,   Adela Legrá, Félix Savón, Tussy Cabal,   Driulis González que conforman   una amplia lista de grandes intelectuales,   artistas, atletas y otras personalidades.

Impulso especial para la serranía   guantanamera lo constituyó la   creación, el 3 de junio de 1987, del   Programa del Plan Turquino, proyecto   socioeconómico destinado al   desarrollo sostenible de las montañas,   que tuvo como artífices principales   al entonces Ministro de las   FAR, General de Ejército Raúl Castro   Ruz, y a la inolvidable compañera Vilma Espín.

En lo que va de año la producción   mercantil logra más de 335 millones   en valores, mientras que se alcanza   un crecimiento dinámico de la productividad   del trabajo de 4 mil 60 pesos   por trabajador y el salario medio   mensual supera los 446 pesos. A pesar   de estos resultados existen entidades   donde esta relación es negativa y se   ejecutan pagos sin respaldo productivo.

Los programas de producción de   alimentos logran su recuperación y se   crece, en comparación con años anteriores,   en el café, el coco, el cacao,   las viandas, el maíz y los huevos. Se   trabaja además por revertir la situación   de incumplimientos en renglones   como la carne de ovino, la miel de   abeja, en la ganadería y en el sector   azucarero.

En el presente año la provincia logra   ahorrar alrededor de 845 mil pesos   en la sustitución de importaciones   y supera los 25 millones en producciones   destinadas a la exportación.

Para mostrar al mundo el verdadero Guantánamo, valdría solo mencionar  los logros de la provincia en   la Salud Pública, la Educación y el   Deporte, esencias de nuestro proyecto socialista.

El pueblo guantanamero, el que   dentro de tres días se concentrará en   la Plaza de la Revolución Mariana   Grajales Coello para, como en toda   Cuba, conmemorar el Día de la Rebeldía   Nacional, es el verdadero Guantánamo,   no hay otro.

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Un yanqui en La Habana


Sentado en su rincón del Floridita, lo recuerdan los cubanos

Ernest Hemingway (1899-1961) forma parte del imaginario popular habanero al que se incorporó desde su primera visita haya por 1928 cuando de paso, ve por primera vez a La Habana, la verdadera “Ciudad del Golfo” esta que desde hace casi cinco siglos teje historias de marineros varados en sus costas y sus bares, haciendo anecdotas que escribirán o no, pero que quedan en las paredes mágicas de esta ciudad de varios rostros.

Ya en la década del treinta es visita frecuente en los ratos de reposo y aventura entre pesquería y pesquería. El “Hotel Ambos Mundos”, en pleno corazón de la vieja Habana blasona de ser el primer sitio para una estancia permanente y luego lo convirtió en un lugar de largas estadía, enamorado de esta ciudad y su modo de vivir siempre al borde, entre una alegría y una pena.

Es de suponer que en sus andanzas fuera a parar al “Floridita”, por la misma calle Obispo, frente a la plazuela de Albeart, donde La Habana se abre en mayores espacios, aquí degustó el “Daiquirí”, ese coctel emblemático de Cuba.

En 1940 compra la Finca Vigía, en San Francisco de Paula y vivió sus sueños aventureros en la cacería de submarinos nazis por las costas de Cuba, escuchando cuentos de pescadores y saliendo al mar, a lomo de la corriente del Golfo en busca de una aguja.

Desde entonces vivió en un continuo ir y venir, como un cubano más que regresa a La Habana y a su apego a la gente humilde de Cojimar, los pescadores que lo llamaban “Papa”, tal vez por esa venerable barba blanca con la que le recuerda el pueblo de Cuba.

Aquí escribió mucho, pero todos recordamos su noveleta “El viejo y el mar”, publicada en 1952 en la revista neoyorquina “Life”, fue un rotundo éxito, pero nosotros recordamos esta obra como su homenaje a sus amigos pescadores, luchadores incansables, perseguidores de un sueño, siempre en constante confrontación con la naturaleza y la vida, para ganar o perder, pero con dignidad, dejando en el medio una historia que contar y exagerar para una noche de rones o de vigilias pesqueras.

“Mi obra fue creada y pensada en Cuba, con mi gente de Cojímar, de donde soy ciudadano, y diría aún más: a través de todas las traducciones está presente esta patria adoptiva, donde tengo mis libros y mi casa”[1]

A Cuba le dedicó Hemingway su Premio Nobel de Literatura (1954) y la medalla del premio la llevó al santuario del Cobre para ofrecérselo a “Cachita”[2], la más genuinas de las cubanas, protectora y madre del pueblo cubanos y de sus amigos.

Volvió a Cuba en noviembre de 1959 y declara a los periodistas: “Me siento muy feliz de estar de nuevamente aquí, porque me considero un cubano más. No he creído ninguna de las informaciones que se publican contra Cuba en el exterior. Simpatizo con el gobierno cubano y con todas nuestras dificultades”[3], ya había triunfado la Revolución.

Participó en el Torneo de Pesca de la Aguja en mayo de 1960, que hoy lleva su nombre y departió con el líder de la Revolución, Fidel Castro, en julio de ese propio año partió de Cuba, no volvería el yanqui grande y buena gente, amigo de sus amigos, pero nos dejó el regalo de su presencia y la Casa de Finca Vigía donada por su viuda al estado cubano, en este lugar existe hoy un Museo a su memoria.


[1] http://www.tvavila.icrt.cu/noticia.php?id=12190

[2] La Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba

[3] Cien famosos en La Habana. Leonardo Depestre, pág. 120. La Habana 1999

Costumbres, Cultura

Los secreto de un arriero


Mirando viejos recortes de periódicos encontré esta hermosa crónica de una bella guantanamera que ha encontrado su espacio en el periodismo y la cultura cubana a base de talento y sensibilidad, empezaba entonces a reportar para el periódico Juventud Rebelde, que más tarde dirigiría, buscando en sus raíces la autenticidad del oficio. Yo extraño esta faceta de ella y la traigo ahora complementando perfectamente la entrada anterior sobre los arrieros montañeses cubanos. Que sea este un homenaje a ella y a nuestra “patro chica” común, sede de las celebraciones por el 59 aniversario del Asalto al Moncada

Arleem Rodríguez Derivet

En las lomas de Monre Ruz, amanece de una manera hermosa que dudo poder describirla. En los días fríos casi hasta media mañana persiste una agradable neblina y la humedad pone gotas de brillo en el césped recortado sobre las flores silvestres y hasta en la faz del campesino.

Es en la agradable hora en que el sol comienza a dispersas sus rayos por el monte, cuando junto al mugido de las vacas en ordeño y mil cantos de pájaros al unísono, se siente venir en la distancia la inconfundible tropa del arriero.

Para el campesino de la zona, la melodía de los cencerros es lo que el claxon de un auto conocido para el hombre de la ciudad. Aún sin verlo sabe quién conduce a los mulos y comenta con los hijos o la mujer que le ayuda y a veces hasta con el animal que acaricia:

“Esa es el arria de Fulano…” y le aseguro amigo lector que eso como en muchas cosas el guajiro nunca se equivoca.

Apenas unos minutos después pasa frente al portón de la finca la caravana de once mulos (el arria la componen doce, pero dos son de monta y se alternan las jornadas) cargados de mercancías y como buscando los caminos espinados y difíciles de las húmedas montañas con olor a cafeto maduro que aún se resisten al paso de la técnica automotriz.

El forastero que los ha visto venir se interesa por la suerte del arriero cuando ve llegar solos a los mulos y acaso el que está más cerca diga:

“No se asuste compay, que ellos no se pierden, para eso está el mulo guía, sí, es el que va delante, le sigue el contraguía, luego el tercio, el cuarto y así hasta el último que llaman el mulo de pie. El guía conoce tan bien el camino que cuando llega al lugar donde el arriero acostumbra a detenerse, de allí no se mueve hasta que no llega su…

¿Dueño?

“¡Qué va! Casi nunca el arriero es el dueño del arria compay, eso es así desde el capitalismo, ¿o usted no sabe que un mulo valía más que una persona? Si digo yo, porque entonces la gente no valía un kilo, ¿no? Pero los mulos, vaya usted a ver que los buenos costaban entre 160 y 200 pesos cada uno y piense que el que tenía plata pa΄ comprar un arria no tenía necesidad de arriarlo… ¿o sí?

En eso se arrima a la charla Borrel Duliepe, 52 años y 14 de arriero.

“Yo no fui arriero antes de la Revolución, pero hay que ver que la vida entonces no era fácil. Había que levantarse a las tres de la mañana a recoger los mulos en el potero y llevarlos a la casa para echarle maíz y aparejarlos y luego a buscar la mercancía que a veces estaba a más de 20 kilómetros pa΄ después volver a recorrer más o menos lo mismo ya cargados.

“Cuando los ríos crecían había que descargar y esperar que bajara la corriente y vaya usted a ver el arriero y los mulos pasar hambre y frío. Y todo para ganar al caso 90 pesos el mejor de los meses y había que darle el 75 por ciento al dueño del arria.

“Pero hay cosas más bonitas que hablar de los mulos. Cuando dicen que alguien trabaja como ellos, no se equivocan. Cada mulo soporta 200 libras y no hay quien lo sustituya en el tránsito a la montaña. Por eso yo digo que por mucho tiempo habrá que contar con ellos pa΄ sacar las riquezas del monte.

Dice Borrel que el arriero llega a querer a los mulos como si fueran su familia. No es raro, pues con ellos para la mayor parte del día y en ellos descarga sus monólogos de viajante solitario. El animal por su parte, responde con igual prueba de afecto ante sus voces, esperando siempre a su guía donde siempre lo ha sentido detenerse.

Los arrieros dan a sus mulos unas 60 libras de yerba, maíz o pienso cada día y les hacen sus aparejos de junco para que no se dañen con la carga. Le acomodan la tajarría, que es el adorno de la cola, la cincha y el tapacete que es una lona para protegerle la piel. Para la tajarría y la jáquima tejen sus mujeres unas motas de estambre o de otros hilos que embellecen la presencia del animal y los distinguen.

De todo esto y más entera Borrel al forastero antes de seguir camino. Le ha dicho que los mulos hacen como promedio un kilómetro en 20 minutos si van sueltos y mucho más si van atados, que los cencerros se cierran cuando va sin carga el arria y entonces suena solo el del mulo de pie, pues si algún otro sale del grupo este se detiene y así sabe el arriero que le falta un miembro a su tropa.

También le ha contado que la vida del arriero es muy distinta hoy día. Que las granjas estatales pagan muy bien, que están vinculados y pertenecen a una asociación campesina. Que ya no hay que recorrer tanto camino porque hay mucha carretera por esta zona y que durante las zafras ellos ganan libremente hasta 200 pesos y más después de pagar al dueño del arria el 50 por ciento.

Lo demás se lo cuenta el vecino cuando Borrel y su arria son una mancha cadenciosa en la distancia.

“Toda su familia es de Haití. Ellos emigraron para Cuba y él –aunque nació aquí- tendría 12 años cuando volvió definitivamente. Tres hermanos suyos murieron cuando encalló la lancha en que venían.

“El ha trabajado mucho toda su vida y ahora es feliz. Tiene una casa en Guantánamo y los cuatro hijos estudian. El mayor terminó el pre y ahora está concluyendo la técnica en veterinaria; las hembras del medio están becadas, la chiquita en la primaria y él hizo el sexto grado con la Revolución”

Nota: El recorte no tiene fecha pero es de la década de los 80

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