Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Costumbres

PABELLÓN CUBA, EPICENTRO DEL VERANO HABANERO


Hay un evento cultural que año tras año va ganando prestigio y aceptación en el púbico habanero y visitante del verano, es la FERIA ARTE EN LA RAMPA desarrollada en  el emblemático Pabellón Cuba de La Rampa, en el corazón del Vedado la zona más céntrica de la capital cubana.

Allí se agrupan  artesanos artistas y empresas cubanas para proponerle al público cubano, un arte utilitario de calidad, artesanías de muy buen gusto y sobre todo un gran momento de esparcimiento y cultura, con la presentación de libros, lectura de poesía, presentación de artistas y agrupaciones musicales y la posibilidad de intercambiar con todos los artistas que exponen en la feria y los de otras manifestaciones que se mueven a este colorido espacio anual para intercambiar con el público.

Sugerencia, si usted viene a La Habana en julio y agosto, no deje de estar en la Feria Arte en la Rampa, es una experiencia única:

TARDE DE VERANO EN LA RAMPA

Roberto Miguel Torres Barbán

Es viernes pasado el mediodía y la doctora Norka Garcés inicia una cola en las intersecciones de 23 y N en el Vedado capitalino. Mira el reloj, se le hacen eternos los minutos que aún le separan de las dos de la tarde, hora de apertura de la Feria Arte en La Rampa. Desespera al ver a su pequeña de cuatro años resistir desprotegida el intenso sol de esta tarde de verano, pero aguarda, motivada por lo que ella considera, una de las principales opciones de este periodo estival.

Mientras avanza la cola se pregunta si la apertura podría ser en un horario más temprano y cómodo para los pequeños que —acompañados de sus padres— llegan hasta el céntrico Pabellón Cuba o si en realidad podrá encontrar allí el necesario entretenimiento que busca para ella y su hija.

Una vez adentro, Norka y su pequeña se pierden entre las decenas de personas que ya han entrado a la instalación, entre ellos —otro galeno— el guantanamero Raúl Silvén, reincide por segundo día consecutivo en su visita al Pabellón, porque “la feria es una oportunidad única donde se reúnen multiplicidad de opciones, no solo para el consumo de bienes materiales, sino para pasar un rato escuchando música o socializando con amigos. También hay ofertas gastronómicas en ambas monedas, lo que permite pasar un buen rato este verano”.

Por su ubicación, el Pabellón Cuba se erige entre las principales opciones en la capital, no solo por sus cercanías al malecón, Coppelia o los cines de 23, sino por sus variadas ofertas, comenta el galeno recién graduado. Junto a él, Fernando de Jesús, estudiante mexicano en Cuba, precisa que la Feria constituye un magnífico espacio donde confluyen variedad de ofertas de calzado y textiles artesanales, difíciles de encontrar en un mismo lugar pues usualmente están diseminadas por toda La Habana.

Un ejemplo del poder de convocatoria de esta feria es que hasta el primer mes de trabajo habían acudido unas 125 mil personas, mientras durante los dos meses que se extendió Arte en La Rampa el pasado año, recorrieron la instalación 92 mil visitantes, explicó a Granma Lorely Cárdenas, subdirectora del Centro Nacional de Artesanía. Este crecimiento también se refleja en el volumen de las ventas y la participación de expositores “pues en esta edición ya se presentan 83 stands individuales y nueve institucionales”.

En tal sentido, Ana Martínez, quien lidera el stand del Centro de Arte Marco, adscrito a Arte Génesis, destaca la importancia de la Feria para su empresa, pues cataliza las ventas de esa institución, lo que permite un incremento en los usuarios que precisan los servicios de la entidad, ya que muchas veces no saben dónde enmarcar u obtener una reproducción.

Sobre el polémico tema de los precios en Arte en La Rampa, Sobeyda Colomé, trabajadora de la Dirección de Servicios de la Universidad de Matanzas, — igual que otros asistentes a la Feria— agradece la existencia de este espacio para el disfrute de la familia, apreciar la artesanía cubana y acercarse a elementos de la cultura como la plástica y la literatura, pero se muestra inconforme con el precio de los productos, de manera especial con los materiales escolares y de talabartería infantil.

La mayor importancia social de Arte en La Rampa radica en su condición de espacio para el divertimento de la familia, y en especial de los jóvenes, así como para propiciar un mayor acercamiento a la cultura.

En tal sentido, Ignacio Cruz, del Centro Provincial del Libro y la Literatura, explica que hasta su stand llegan cientos de personas diariamente y las ventas de textos se acercan al medio millar de ejemplares en una jornada, de manera especial, los fines de semana.

Leslie Salgado, gestora de comunicación de la Asociación Hermanos Saíz, explicó que como parte del espacio Arte en La Rampa tienen lugar a las 6:00 p.m. —de viernes a domingo— conciertos con la participación de artistas como Descemer Bueno, Ivette Cepeda, Kelvis Ochoa, Polito Ibañez, Interactivo, entre muchos otros.

También en La Pérgola se realizan espectáculos infantiles, tiene lugar la presentación de trovadores, repentistas y se realizan desfiles de modas, mientras los jueves a las 4: 00 p.m. la periodista Magda Resik entrevista a destacadas personalidades de la cultura cubana. Salgado destacó como un importante espacio de la Feria las sesiones en la Sala de Cine del Pabellón Cuba, donde tienen lugar proyecciones de varias películas y cines debate.

Uno de los visitantes tardíos de la Feria es el joven Rafael, quien llega desde el Cotorro y espera a unos amigos para disfrutar del concierto de la jornada. Vengo a la Feria a participar de sus opciones culturales, aquí compro libros o discos, degusto una que otra confitura, disfruto a muy módicos precios de conciertos de artistas de primer nivel e incluso hasta pruebo una cerveza, cuando se puede. Cada fin de semana me llego al Pabellón Cuba y encuentro lo que busco: diversión en el verano.

Cae la tarde, y la doctora Norka ya sale de la Feria. Su pequeña, que lleva un nuevo libro bajo el brazo, ya ha degustado una que otra chuchería, por su parte, ella ha encontrado el regalo que buscaba.

Tomado del periódico Granma, versión digital, 9/8/2013

Costumbres, Cultura

EL JUEGO


El juego es la actividad más importante en la formación del ser humano, jugando comienza sus pasos por la vida el niño y la niña, definiendo cada unos de los comportamientos sociales reflejos del medio en el que se educa, si a esto añadimos que esa nueva personita va agregando a estas actividades aquellos elementos de sus personalidad innata, tendremos en tampoco tiempo como cinco años a un ser humano preparado para vivir en sociedad y seguir aprendiendo mientras viva adaptándose a circunstancias, rebelándose a muchas y cambiando el medio social en el que se mueve, todo esto a través del juego como elemento fundamental en la formación de la personalidad humana.

Tal es lo intrínseco del juego en la vida del ser humano, que el elemento lúdico de la vida ha sido potenciado por las sociedades modernas hasta niveles de enajenación, como contrapeso del trabajo, fuente de toda riqueza, pero menospreciados por las sociedades de consumo.

El ideal humano debe conducirle a encontrar en el trabajo no solo la fuente de ingresos y progresos sino también elemento lúdico, porque lo lúdico es lo que causa placer y así debe ser visto el trabajo, factor formador de la sociedad del hombre, esa donde luego y simultáneamente va a desarrollar el juego, como condición de su humanidad.

Uno de los trabajos más interesantes de José Martí para la revista “La Edad de Oro” fue el artículo “Un Juego Nuevo y Otros Viejos” en el que Martí promociona las ideas modernas sobre la actividad del juego como formadora del ser humano y demuestra con la sencillez de la síntesis que en todas las sociedad humanas, desde las más simples (primitivas), hasta las más modernas se juega y se juega en serio, entendiendo como válidas aquellas ceremonias de colegios y congregaciones, logias y sectas, como elementos formativos del espíritu humano.

El mundo lúdico que comprende al juego es muy amplio y abarcador y va desde los juegos tradicionales que sirven para integrar al pequeño a su grupo, pasa por las liturgias, los juegos físicos, los deportes hasta los juegos de azar y los extremos, provocando fenómenos de enajenación humana que muchas veces destruyen al ser humano.

Les recomiendo leer el libro “Homo Ludens” del holandés Johan Huizinga una verdadera lección para intentar comprender al hombre y la sociedad humana.

Ojalá lo logremos, antes que el egoísmo, las ambiciones de poder, la intransigencia y la intolerancia, nos lo impidan.

Costumbres, Cultura, Opinión

LA CULTURA POPULAR EN EL VERANO CUBANO


Mi Taller de Verano que este año vuelve en el mes de julio

En Cuba la definición de estaciones no está muy clara, a veces en medio de los meses “invernales” el calor nos recuerdas que vivimos en una isla tropical, por eso marcamos las etapas por el quehacer social que en este caso marca el fin del curso escolar en los primeros días de julio, entonces millares de cubanos salen a la calle a buscar donde pasar eso que llamamos “tiempo libre” y que en nuestro afán de aprovecharlo a veces lo perdemos de la manera más simple.

A casi todos los cubanos, tal vez por las temperaturas reinante, les gusta las playas y aprovechan estos meses de julio y agosto para desbordar estos espacios que en La Habana en temporada pico suelen acoger más de medio millón de personas de todas las edades. Junto a la playa la familia lleva lo que tiene para pasarla bien, su música, los sombrillones, pelotas y cuanto aditamento le permita no solo “protegerse del sol” sino lucir, estar a la moda, vistoso o vistosa, para los miles que pasan y miran, para atraer nuevas amistades o simplemente para cambiar de aire y olvidar el cotidiano. Las playas de Guanabo y las de menos calidad pero más populares playas del municipio Playa, en la que miles de muchachos y muchachas van a diario aprovechando el sol y la socialización sana y hermosa de su edad, por las protagonistas en la capital cubana.

Desde los difíciles años de los 90 el estado cubano se involucra en la creación en estos y otros muchos espacios urbanos y rurales, de una programación que intenta ser variada y para todos los gustos, donde la protagonista es la música y su compañero el baile, en tanto los proyectos culturales y las instituciones se encargan de proponer cosas distintas pero igual de atractivas.

Ejemplo de ello es la Oficina del Historiador de la Ciudad que desde hace más de una década organiza el Proyecto Rutas y Andares, con el fin de que la familia como grupo, pueda disfrutar el conocimiento de una forma más lúdica, acompañando a guías especializados por espacios históricos, conociendo la ciudad en la que viven y que ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad, sorprendiéndose con lo  cotidiano, con lo que mira a diario y ahora observa con su grandeza expuesta. Junto a esto los Talleres de Verano para niños y adolescentes son opciones para aprender algo o pasar un rato agradable en espacios patrimoniales o lugares hermosos.

“La noche de los libros” es un espacio nuevo, no menos gustado por miles de personas que acuden a las avenidas seleccionadas en pueblos y ciudades de la isla, para escoger un libro y hacer su lectura de verano, un modo de ocupar un tiempo en este verano cubano.

La televisión, tan querida y tan cuestionada, sigue siendo el medio por excelencia del cubano, con una oferta que trata de cubrir el mayor espectro de público, de variados gustos y que intenta pasarla bien en casa o en cualquier parte que haya un televisor, mientras conversa con amigo.

Porque en realidad para el cubano no hay mejor manera de compartir entre amigo, que conversar en grupos, de todos los temas, que para eso nos pintamos solo, compartiendo una cerveza, una comida hecha en casa y reírnos de nuestros problemas y defectos, porque así somos, resistentes y únicos, venaticos y temperamentales, gritones, amigos de la gesticulación, buenos anfitriones y ombligos del mundo cuando estamos entre familiares y amigos.

Para el cubano la familia no es solo el que nació y llevaba el apellido, es el amigo, el compañero de trabajo o al que conocimos en circunstancias difíciles y nos tendió la mano y por eso se sienta en nuestra mesa, a nuestro lado sin preguntarle mucho, o sin preguntarle nada, y “tiramos la casa por la ventana” aunque el lunes nos vayamos a pie al trabajo porque no tenemos ni para coger la guagua.

Esa es la magia de un país, que no se galvanizó, sino que en estos cincuenta y tantos años de Revolución de todos y con todos, seguimos teniendo el egoísmo y la tacañería como uno de los defectos mayores que puede tener un cubano, porque “hoy por ti y mañana por mí” y así hemos puesto el hombro es esta obra imperfecta pero nuestra, que añoramos luego en cualquier lugar del mundo que caigamos, porque no es delito ser bueno, ni tener un lugar en el mundo al que volver y saber que nos quieren.

Costumbres

VÍCTOR PATRICIO DE LANDALUCE (1828-1889)

Por motivos técnicos tuve que retirar esta entrada en mi Blog, pero a mí me gusta mucho, habla de la formación de la cultura criolla, tan hermosa y contradictoria en estos años en que cientos de miles de cubanos peleaban por su independencia, por eso y por la contradicción que hay en este hombre nacido en España pero que supo captar como nadie ese ambiente humano de La Habana de su época.

En 1869, en plena guerra por la independencia llegaba a La Habana un oficial bilbaino con muy buenas dotes para la pintura y el dibujo que no tardó en ponerlo al servicio de su más rancio “integrismo”[1]. Grabador, pintor y dibujante, Víctor Patricio de Landaluce, capitán de milicias y enemigo jurado de la independencia de Cuba, muy pronto comenzó a colaborar con la prensa satírica que circulaba en la capital de la isla.

Su agudeza artística lo llevó a fijar en sus cuadros, dibujos, litografías y caricaturas el mejor conjunto costumbrista criollo, contribuyendo a salvar para la posteridad todo lo que atacó en la sociedad criolla. Dejó un completo cuadro de costumbre, alejado del complaciente y bucólico romanticismo de los grabadores extranjeros que nos dejaron una Habana y una isla idealizada, con negros pintorescos y edulcorados.

Landaluce era enemigo de todo lo cubano, toda expresión de costumbrismo o de alta cultura, viniendo de un criollo, era ya motivo para su mordaz crítica. Como grabador publicó el álbum, “Tipos y costumbres de la Isla de Cuba” (1881), que recoge un grupo de dibujos costumbristas en el se enseñorean negros caleseros, mulatas exóticas con sus grandes “mantones de Manila”, escenas que pretendían dejar un testimonio negativo de “lo criollo”, para convertirse por ironía de la historia y a pesar del mismo en el más rico testimonio gráfico de la sociedad criolla de la isla de Cuba, con énfasis en los elementos folklóricos de la gente de color, libre o esclava, aunque por su agudeza y detalles se convierte en crónica pictórica del período.

Los dibujos satíricos salidos de su pluma fueron publicados en el periódico habanero de Juan Martínez de Villerga, entre ellos el personaje del guajiro que personifica al pueblo cubano y que en las primeras décadas del siglo XX, Torriente copió y bautizó como Liborio.

[1] Integrismo, esta era la ideología colonialista de los españoles en Cuba que no querían reconocer que la “Siempre Fiel Isla de Cuba”, había cambiado y que en este país ya existía un pueblo mestizado que se sabía distinto al español y que quería por lo mismo, ser nación.

Costumbres

LOS PERROS DE CASA


En Cuba la mayoría de la gente que prefiere un perro busca un “saterry”, no es un raza especial, sino un mestizo sin casta que todos nosotros llamamos “sato”, a veces tan parecido a otros , por su pelambre, lo hermoso de su porte, su energía y otros atributos que Ud. puede encontrar en algunas de las razas conocidas y que tiene asociaciones, le llevan el “pedigrí” al perro y otras tantas finuras que hacen del perro del único animal en Cuba con “clase”.

Hoy los que hacen unos pesos en Cuba, se compran una buena casa, la arreglan y como una distinción adquieren nuevos perros, ya no los pobres satos que les acompañaron toda la vida, sino los de raza, de cualquiera, eso les da distinción, porque los que van a su casa, más que elogiar al perro, preguntarán, cuánto le costó, es decir el can es un objeto de lujo de los que prosperan en Cuba.

Los que vivimos de nuestro salario, que somos la mayoría, nos conformamos con tener un perro de compañía, un sato que coma de todo, desde vegetales hasta viandas y a veces ¡carne!, es alegre, nos esperará al llegar del trabajo y compartirá las buenas y las malas, sin traicionarnos, porque esa es su cualidad. Cuida el hogar, es territorial y hasta algunos desconsiderados dicen tenerlos, pero lo echan a la calle para que el mismo se busque su comida.

Buscamos en el perro sato, su compañía, esa alegría suya que levanta el ánimo y esa sobrevivencia y capacidad de adaptación similar a nosotros los cubanos, en las buenas y en las malas cuide a su perro, el nunca le abandonará.

Les presento a la mía, ella es un cruce de todo, parece “puder”[1], otros dicen que “bichón habanero”, pero para mí es “Hermes” producto de un desliz de su madre de raza con un guapo sato que asaltó la casa, mejor no la quiero y por eso les traigo su foto.


[1] No sé si se escribe así, al menos así se pronuncia.

Costumbres

¿HACIA CUÁL PROSPERIDAD?


Muy de acuerdo contigo Pepe, pero como bien dice la prosperidad no puede caer del cielo complaciente del estado, sino del trabajo de la gente, que debe ver los frutos sin traba, prosperidad es vivir sin precariedad en la vida cotidiana que es la que más nos golpea. Ya conquistamos derechos universales, ya los hicimos nuestros, pero vivir como la gente decente y trabajadora, no puede convertirse en un infierno de papeleos y sobornos a cientos de personajillos incrustados en la burocracia estatal y que te siguen cobrando por hacer realidad tus derechos, pero yo también apuesto a la prosperidad, sostenible, diversa y participativa, esa es la idea. En realidad la consigna debió ser: “Por una Cuba Próspera y Sostenible”

José Alejandro Rodríguez

Demasiado predecible cada Primero de Mayo en multitudes, entusiasmo y consignas. Pero es curioso: por encima de tantos problemas en órbita, la gente en Cuba sigue marchando alegre y colmando plazas y calles el Día del Trabajo, por un entrañable sentido de pertenencia a país y a sociedad, que es rara avis en este mundo atomizado. Un sentido de posesión que urge potenciar mucho más en toda su dimensión y diversidad.

Cuidado, te dices, no seas rehén de las rutinas y abre los ojos, que por algo la gente avanza en bloque, por encima de disensos, de mi, de tu y de su criterio. Y lo hace en estos últimos Primero de Mayo, mucho más por la Cuba que cambia. Por la Cuba audaz, que enfrenta no pocas resistencias internas y externas de quienes quisieran un país hibernado, por diversas conveniencias aquí y allá. Por la plenitud de una Revolución que desanda caminos ya trillados de inoperancia y adormecimiento, y retoma sus ardores fundacionales, para esta vez intentar la toma definitiva de los cuarteles de la inteligencia, la iniciativa y la plenitud.

Sí, porque de caídas y derrumbes se sabe mucho como para no entretenernos con los errores importados y los domésticos, ni adormecernos con los innegables avances. Tenemos gravitando el alerta perenne de Fidel, de que la Revolución podría desaparecer por los propios dislates de los revolucionarios.

«Por un socialismo próspero y sostenible» es el lema de esta fiesta de los trabajadores. A fuer de sincero, temo que palabras tan retadoras de insurgencias —¿qué socialismo ha franqueado ya ese umbral hasta ahora?— se pueden convertir en eso: un lema, consignas manoseadas, por esa proverbial facundia que tenemos para indigestarnos de vocablos, si no las convertimos en hechos. Y me niego a aceptar que cualquier distracción o inconsecuencia nos pueda desviar de ese socialismo en constante renovación, que suelte sus propios lastres para remontar el vuelo de la invulnerabilidad.

Próspero. El término huele a novedad, en un país que, durante mucho tiempo, y luego de hondas transformaciones que abrieron el horizonte y las perspectivas a los más, a los sempiternos perdedores, pretendió por nobles idealismos promediarlo todo tan equitativamente, sin palancas diferenciales.

Prosperidad entendida como lo que pretende esta actualización del modelo económico: desatar los nudos que frenan las fuerzas productivas, vindicar el trabajo, ya estatal o no estatal, como la principal fuente de redistribución de las riquezas, que seduzca y estimule a los que más aportan, y los ponga en su lugar frente a los pillos, holgazanes y acomodados. Prosperidad es crecer bien y con calidad, sin mediocridades, para ir disminuyendo la brecha entre las elevadas expectativas y necesidades que genera un modelo social inclusivo y abarcador, y las contribuciones que puede aportar nuestra aún ineficiente e ineficaz base económica.

Prosperidad es también competitividad, el aprovechar e incentivar mucho más esa inteligencia cultivada del cubano —no extraviarla más—, para convertir a nuestra economía y sociedad en verdaderamente sostenibles y no dependientes y vulnerables, en los complejos escenarios del mundo de hoy, y con el feroz bloqueo norteamericano sobre la nación, entre tantas obsesivas hostilidades para con este terruño irreductible.

Próspero y sostenible, en tanto que lo logremos de manera inclusiva y participativa, contando con todos, por diferentes que sean; en la medida en que lo discutamos y decidamos en la familia nacional, ensanchando los cauces de la democracia socialista, y comprendiendo que el gobierno de los asuntos pasa por un camino de doble interacción, de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba.

Próspero y sostenible son consustanciales para el socialismo que se renueva hoy. Mucho más por eso, que por viejas y obvias certidumbres, marcharon ayer los cubanos, e hicieron un alto a sus problemas con la alegría de la posesión. Esa es una excelente señal de la Revolución para los eternizadores de la abulia.

Tomado del periódico Juventud Rebelde, versión digital. Jueves 2 de mayo de 2013

Costumbres, Opinión, Política

LA CARTA

El día a día

Queridos lectores:

Recibo cientos de mensajes de ustedes a través de los enlaces con mi blog y en realidad no alcanza en tiempo para escribirle uno a uno, esto lo he dicho otras veces, pero vale redundar cuando siento que no puedo satisfacer a todos con sus preguntas, aunque si recibo el aliento a mi trabajo y eso lo aprecio.

Mi modo de trabajar es sencillo, busco aquellos temas que resulten interesante a ustedes, trato de verificar las fuentes cuando se trata de datos o información histórica, me urge escribir, no para mi lucimiento sino para comunicar, hablar de mi sociedad, que no es muy mediática y cuando es tema de los medios es para denigrarla y tratarla como un “oscuro lugar de la tierra”.

No trato de hacer propaganda, ni postales turísticas, hablo de la gente, de nuestros problemas, de los anhelos que nos embargan y de cosas que se frustran, aún queriendo hacerlas bien.

Yo trato de ser un ente activo en este entramado social y creo que tenemos muchas cosas que mostrarle al mundo: sociedad equitativa, tranquila, con un alto nivel de seguridad social, politizada, como ninguna, con niveles de escolarización alto y un envejecimiento de la población ambivalente (orgullosos de la altísima esperanza de vida, más de 75 años, pero en el equilibrio de una precariedad que nos amarga esos últimos años de vida).

Junto a esto, una bajísima tasa de natalidad, que hace que la población envejezca y el futuro sea contraproducente, porque dentro de muy poco habrá más anciano que niños en Cuba.

La vida no es color de rosa, la cotidianidad se complica mucho con los “pequeños” problemas del sobrevivir, por los altos precios, la escasez, los bajos salarios y las muchas etcéteras que llenan nuestras vidas. En conclusión, la economía es un desastre y ser próspero muchas veces no depende de nuestro esfuerzo.

De política no quiero hablar, porque entre nosotros todo tiene un trasfondo político y una historia larga que afecta a todos los cubanos, en medio de un encrucijada en la que somos protagonistas, pero no tenemos las decisiones en nuestras manos, ¿Qué hacer?, ya estamos haciendo a nuestro modo construyendo el presente, ¿el futuro?…también tiene su base en el día a día.

Los quiero,

Ramón

Costumbres

LOS “ALMENDRONES” DE LA HABANA

Este es un “almendro” retratado por mi amiga Xana, que disfrutó de lo lindo con este museo rodante

El que ha estado en La Habana y no ha montado en un “Almendrón”. “¡No sabe lo que es la vida!”, como diría el Cabo Pantera[1] y es que la experiencia es “surrealista” y totalmente nueva, porque va contra ese concepto de la física que dice que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar y usted ve que donde caben solo cinco, al menos van ¡ocho! Y a precio de limusina, porque son bien caros, contaminantes y estresantes.

¿Qué no sabe lo que es un “almendrón”?… ven que te explico: Un “almendrón” en un vehículo norteamericano anterior a 1959, que por obra y gracia de la necesidad y la inventiva del cubano, todavía ruedan por las calles de La Habana y de toda Cuba, todos particulares, unos para el paseo de su dueño, otros (la mayoría) para servicio de taxi de rutas fijas, con unos precios “¡qué pa΄que![2], con decirle que veinte o veinticinco pesos cubanos, puede ser el salario medio de un día en esta isla.

Los hay de todas las marcas: Ford, Pontiac, Willys, Cadillac, etc, etc, etc., pero todos funcionando gracias al ingenio del cubano y a la necesidad de la gente de trasladarse de un lado a otro. Las innovaciones son muchas y extraordinarias, tales que si los fabricantes las vieran las patentarían o morirían de risa ante el museo de lo absurdo. A veces te topas un cuatro rueda que tiene el caparazón de un Ford, pero le agregan un adorno de Pontiac y no mires su motor, porque lo más probable es que sea de Lada o de Fiat polaco, no importa que sea feo, lo que importa es que camine. Algunos le han alargado el chasis y donde había asientos para cinco, ahora caben diez, no importa, los cubanos son ¡suicidas! En esto de subirse a una nave espacial de lo real maravilloso criollo.

Es el producto de la precariedad, en un país “centralizado” y “controlado”, done lo único que no se puede controlar es la inventiva de la gente para salir adelante, palear sus dificultades y buscarse el “baro”[3]

Esta la otra cara de la moneda, un pequeño grupo de cubanos tiene “carros antiguos de lujo”, cuidados como el primer día, tratando de mantener los componentes de fábrica originales y paseando sus joyas en fiestas y en circuitos para turistas, son los “Gran Car” y los Clubes de autos que mantienen la tradición que hizo de Cuba uno de los primeros países en América en los que circularon los automotores.

De todos modos, si viene a Cuba y quiere conocernos, de su vueltecita por La Habana en un “almendrón” popular, le aseguro al menos que es bueno para adelgazar, por lo mucho que ha de sudar, se pondrá al día de las noticias de la calle, el cubano es muy conversador, se enterará de permutas, ventas y chismes de barrio y de forma extra escuchará los reguetones sexistas que no pasan por la radio o los “bolerones” y canciones edulcoradas que tantos nos gustan a los cubanos, para descargar, porque el chofer nos lo brinda gratis y a buen volumen…Aquí los espero.


[1] Famoso comediante de la televisión cubana

[2] ¡Qué para qué!

[3] Dinero

Costumbres, Cultura

LA APARENTE DULZURA DE LAS COSAS


Cuando encuentro algún escrito que me gusta y expresa cosas que comparto, el primer sentimiento es divulgarlo para que otros gocen de la lectura y del pensamiento de buenos escritores, más cuando existe el “San Benito” de que en Cuba todo es documento oficial u oficialista. Por eso de mis archivos saco un recorte que disfruté mucho al leerlo en su momento y ahora trascribo íntegro, es del inefable José (Pepe) Alejandro Rodríguez, ese periodista cubano que con la adarga al brazo va deshaciendo entuerto de la cotidianidad cubana, esta crónica casi costumbrista tiene el sabor de lo que hemos compartido todos los cubanos de esas generaciones revolucionarias, los crecidos del 59 para acá, hijos de la rectificación constante y del disparate por improvisación, ojalá nuestro hijos sean más sabios:

“Ya el azúcar no es el “oro nacional”, ni el guarapo es “la sangre de Cuba”; ya el ingenio no es “el corazón del país”. Que lo sepa Miguel Ángel de la Torre, gran cronista de principios del siglo XX; sus metáforas languidecieron con la reconversiones económicas[1], a la vuelta de tantos años. Que se entere también el sabio Don Fernando Ortiz: no hay ahora contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar; por abandono de esta última del combate por la primacía en nuestra vida. El Ingenio[2] de Manuel Moreno Fraginals hoy muele sus propios recuerdos.

La industria azucarera ya no sostiene al país, y ha cedido el estrellato en la cartera de ingresos económicos al turismo, el níquel, los servicios profesionales y las promisorias biotecnología y farmacéutica; mientras el tabaco se aferra a sus viejos humos para no pasar a ceniza en los negocios exteriores.

La restructuración de la que fuera nuestra primera industria no fue capricho: Cuba se vio entrampada entre la cada vez mayor depreciación del dulce en el mercado mundial –producto básico al fin- y la inconsteabilidad de producirlo. Aunque también incidieron ineficiencias domésticas, como los bajos rendimientos que costaban al país.

Algunos entendidos piensan que la medida es impostergable, pero quizá muy precipitada en su alcance, al extremo de desactivar tantos centrales azucareros; pues no debe descartarse, como nos ha sorprendido más de una vez, futuras alzas de precios del alimento energético. Otros, no sin razón, defienden los mayores valores agregados de otros subproductos de la caña. La historia dirá…

Lo cierto es que a estas alturas, nadie sostiene aquella sentencia que flotó sobre buena de la Historia nacional, hasta las postrimerías del siglo XX: “Sin azúcar no hay país”. Sin embargo, uno palpa cierta visión en la sociedad cubana de a Rey muerto, Rey puesto, en torno a la agroindustria, que aún con todos sus amargores, cimentó con dulzura la nación y nuestra propia identidad.

Incluso pervive una percepción olvidadiza y lineal, de hecho consumado, un proceso que no debe escapar del análisis permanente: qué se hizo bien y qué no, cuales saldos deja, que preguntas aún esperan por respuestas. Pero eso es “recobrado” para entendidos y gestores de las políticas.

Solo quiero vindicar la memoria del azúcar, conmovido por un hermoso cuadernillo de relatos del colega y amigo Luis Sexto, que entremezcla mieles de su vida y reporterismo por centrales y bateyes, y las refina con imaginación del buen narrador. Un delicioso libro, “La aparente cordura de las cosas”. De la Editorial Pablo de la Torriente Brau. Si alguien pretende aún darle la espalda al azúcar fecundo, y hacer cuenta nueva, que se lea esas viñetas pugnaces.

Por lo que representaron para Cuba el cañaveral y el ingenio, la restructuración y reconversión de esa agroindustria han dejado demasiados “platones”[3] en la memoria colectiva y la nostalgia. Hay aún heridas abiertas, tristezas en bateyes y recuerdos imposibles de cerrar ni archivar, aunque lo dicte la lógica económica.

El azúcar, des el humilde mascabado, fue el abono de nuestra historia como nación, de nuestras ideas independentistas y luchas obreras. En aquellos primeros años de construcción del socialismo, los ingenios, con sus azucareros en primera línea, fueron la avanzada, y el escenario también de complejidades y contradicciones del sitema, que bien las refleja Luis Sexto.

Al final, este cronista prefiere seguir viviendo, como Sexto, con el rigor y la puntualidad de aquellos pitazos, embriagado con el olor de la melaza; soñando, desde un banco en el batey de Cuba, que la vida puede ser buena y dulce.”[4]


[1]Proceso de desmontaje de la industria azucarera cubana llevado a cabo a fines de los años 90, con la desaparición de decenas de centrales azucareros y todo el engranaje socio cultural que a su alrededor se movía.

[2] Obra capital sobre el desarrollo de la industria azucarera en Cuba

[3] Tronco de caña de azúcar a ras de suelo.

[4] Publicado el periódico “Juventud Rebelde” el martes 2 de marzo de 2010

Costumbres, Opinión

Carnavales en Cuba


Las fiestas populares son una tradición colonial en la sociedad cubana, desde la llegada del conquistador español a la isla el santoral cristiano siempre fue motivo para formar el jolgorio cumbanchero que ha caracterizado al cubano.

Las actas capitulares de La Habana y los viejos documentos de otras ciudades fundacionales del país, muestran las quejas del clero por lo que era para ello un “sacrilegio”, el bailoteo lascivo de negros, mulatos y blancos a los compases de tamboriles, flautas y cuanto instrumento se le sacara música en esta tierra signada para la música y el baile.

Luego el mulaterío creciente de la población, la presencia de la “flota” española en el puerto de La Habana, con miles de gente deseosa de esparcimiento y la liviandad de las autoridades civiles y eclesiásticas, convirtieron a esta villa de San Cristobal de La Habana en una de las ciudades “inolvidables”, para marineros, soldados y gente de paso desde y para España y el Nuevo Mundo.

En los días de hoy los carnavales, parradas o cualquier otros tipo de fiesta popular, pasa inefablemente por un “mar de problemas” a resolver para que queden vistosos sino fastuosos, inventando con los que cada uno tiene, pero lo que no debe faltar es la música, tanto de orquestas reconocidas o de piquetes que nadie sabe su nombre, pero en carnaval se baila hasta con el “tic tac de Radio Reloj”[1]. La cerveza a granel es la reina de las bebidas del carnaval, aunque hay quien gusta del buche de ron o “arriesgarse” con una mezcla de ron y refresco que todos llaman “Cuba Libre” y ¡allá va eso!, baila hasta el cojo y con cualquiera.

Julio y Agosto con sus calores invitan a estos días de esparcimiento colectivo que hubo un tiempo “alguien pensó que no eran necesario” y los dislocaron, oficializaron, los cambiaron de fecha, los llenaron de policía y prohibiciones de “arrollar” (bailar detrás de las comparsas), instrucciones todas que el pueblo desbordó con su manera única de expresarse en estas fiestas de catarsis que vuelven ahora más libres y populares.

Recomendaciones, si viene a Cuba en diciembre no dejé de ver y gozar en las parradas de Remedios, las fiestas populares más fastuosas y autóctonas de toda la isla y si viene en julio vaya a Santiago de Cuba, donde reina el tambor y la corneta china en una ciudad de confraternidad, abierta y caliente en esos día de sus carnavales maravillosos y cubanos.


[1]Emisora Cubana con más de sesenta años en el aire, caracterizada por el tic tac segundo a segundo, la noticia como única información y la hora cada minuto

Costumbres, Cultura

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