Cultura Cuba

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REVOLUCIÓN, LA INSTITUCINALIZACIÓN (1)

En 1970 el Gobierno Revolucionario Cubano se había propuesto alcanzar una zafra extraordinaria de DIEZ MILLONES de toneladas de azúcar con la pretensión de mantener en años posteriores ese nivel de producción. Era una manera de alcanzar un equilibrio en la balanza comercial con la Unión Soviética y los países socialistas de Europa y Asia, que durante todos esos años había mantenido un suministro constante de alimentos, materias primas (principalmente petróleo), maquinarias para el sostenimiento de la economía y armamento para la defensa de la Revolución.

Desde 1965 el país fue preparando las condiciones para el “gran salto” en la producción de azúcar, con la extensión de los campos cañeros, ampliación de los centrales azucareros, creación y mejoramiento de la infraestructura azucarera, preparación de técnicos para la agro-industria y muchos otros detalles que llevaron al país a priorizar de forma desmedida la producción azucarera en detrimento de otros sectores de la economía.

Más que una meta económica, la producción de zafras de diez millones de toneladas y más fue un imperativo ideológico en función del cual se movilizaron miles de personas de todos los sectores, en una zafra que comenzó en pleno ¡verano de 1969! Y que paralizó prácticamente a todos los sectores de la economía y la sociedad.

El anhelo de hacer la ZAFRA DE LOS DIEZ MILLONES encandiló a toda la sociedad cubana, muchos veían en el logro de tal meta, la solución de todos los problemas del proceso revolucionario, la fantástica sociedad de iguales parecía al alcance de la mano, en medio de una inflación galopante, mucha escasez y precariedad, contrastante con el alza de las gratuidades y el desorden económico en el resto de los sectores no azucareros.

El 20 de mayo de 1970 Fidel Castro, hablando en una concentración para recibir a un grupo de pescadores secuestrados por bandas terroristas contrarrevolucionarias, radicadas en el sur de la Florida, Estados Unidos, hizo un análisis de las motivaciones para la zafra grande y terminó anunciando lo que era ya una realidad para las mentes más objetivas de la sociedad cubana, la zafra de diez millones no podía hacerse, las enormes dificultades tecnológicas, la burocracia estatal que infló los estimados y otros factores propios del sub-desarrollo del país, pusieron fin a un sueño. Solo su liderazgo y prestigio revolucionario pudieron revertir el desencanto de un pueblo que en gran mayoría se había comprometido al logro de tal utopía y en un final de discurso que solo podía hacer él, llamó al pueblo a “convertir el revés en victoria”, nueva consigna que presidiría toda la década de los 70s.

Comenzó un profundo proceso autocrítico que iba más allá de la zafra, señalando los errores de idealismo que había cometido la dirección de la Revolución pretendiendo acelerar el proceso histórico y alcanzar una sociedad equitativa y comunista, sin tener en cuenta las profundas condiciones del subdesarrollo, dependencia económica y aislamiento político y económico que vivía el país.

En su informe al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Fidel expresó:

“El esfuerzo fue extraordinario y estaba justificado, tanto en el orden práctico como moral. De algún modo era necesario compensar el desnivel comercial con la Unión Soviética… Sin embargo no pudo lograrse. Las inversiones industriales no habían madurado para esa fecha. El agobiante problema de la fuerza de trabajo que fue necesario emplear, en cantidades crecientes para atender las zafras, en circunstancias en que la mecanización de la cosecha se atrasaba por razones técnicas, creó grandes desequilibrios en el resto de la economía nacional…Las realidades resultaron ser más poderosas que nuestro propósito”[1]

Rebasar la difícil situación económica del país tras el fracaso del 70, solo fue posible en primer lugar por el esfuerzo del pueblo, que creía en su Revolución y reorientó su rumbo guiados por su vanguardia, en busca del bienestar de todos; en segundo lugar y no menos importante, por el fuerte y decidido apoyo de la Unión Soviética y el campo socialista que mantuvieron y acrecentaron los suministros a Cuba en medio de las recrudecidas agresiones de los Estados Unidos y sus aliados.

Como parte de esta ayuda, se negoció un aumento de precio de compra del azúcar por la URSS, que propuso pagarla a 11 centavos de dólar la libra y el níquel a 5 mil dólares la tonelada y la renegociación de la deuda cubana con ese país pagadera a partir de 1986 sin intereses.

Se fortalecían los lazos con la Unión Soviética luego de algunos años de enfriamiento de las relaciones, tras la Crisis de Octubre (1962) y el caso de la Micro Fracción (1966) con complicidad demostrada de los soviéticos.

Cuba adquiere una “deuda de gratitud” que determina mucho el nuevo rumbo, tratando cada vez más de asimilar las “experiencias” del bloque socialista, tratando de adaptarlas a la situación cubana y finalmente copiando la estructura estatal, olvidando por “revisionista” todo intento de originalidad del socialismo que no fuera basado en el “marxismo-leninismo” de corte científico, la “única teoría científica” en el terreno de la ideología.

Para llevar adelante los cambios necesarios que requería el país y la Revolución se inicia un proceso de reorganización en el Partido y la sociedad cubana, que llevaba por objetivo devolverle el protagonismo al pueblo y sus organizaciones de masa, cuya subordinación mimética, en los finales de la década de los 60s, las había prácticamente anulado como factores sociales.

La Revolución había derrotado a la reacción interna y externa, apoyada en un régimen de dictadura de las mayoría lideradas por el Partido Comunista de Cuba y se propone en esta década de los 70s organizar un estado socialista basado en el modelo de loe países socialista.

Se inicia la estructuración y creación de los sindicatos nacionales por sectores productivos y sociales, que debían jugar el papel de contraparte de la administración socialista estatal, para velar por los intereses de sus afiliados, aunque se aseguraba que esta respondía a los intereses de los trabajadores como un todo, un ente abstracto que diluían los intereses y aspiraciones individuales y que de hecho dejaba a los sindicatos sin funciones reales.

Este proceso culminó con el XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) celebrado en noviembre de 1973 y en el que se restituye el principio socialista de que cada trabajador reciba según su trabajo, idea cardinal en la construcción de la sociedad socialista y que de una forma u otra ha sido violada por la dirección del estado y la Revolución donde han prevalecido principios de distribución paternalista, que han impedido el desarrollo real de las fuerzas productivas en Cuba, aún bajo las difíciles condiciones del Bloqueo Económico al que ha sido sometida la sociedad cubana.

Por otra parte comenzaron a fomentarse las bases para terminar con el período de provisionalidad institucional y de gobierno, iniciada en 1959 con el triunfo de la Revolución. Se reestructura el Gobierno Revolucionario en 1972 con la designación de un Comité Ejecutivo del Consejo de Ministro que incluye varios vice por ramas sectoriales, lo cual ajustaba el Estado a los normas del socialismo europeo y no a la realidad de Cuba, creando un amplio aparataje estatal sostenido por una economía subversionada y gastadora.

En 1973 se restructura el aparato del PCC con iguales patrones y resultados, para dar paso a los preparativos del I Congreso del Partido celebrado en diciembre de 1975. En él se aprueba la Plataforma Programática, los estatutos y las Resoluciones que fijan las pautas del Partido sobre aspectos tan medulares como la economía, la institucionalización, política exterior, educación, cultura, ideología y otros aspectos.

El Partido se proclama “Fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”, condición que se hará Ley en la Constitución de 1976. La dictadura del proletariado en su fase más dura sede lugar a la “democracia popular” que estimula la participación popular de manera colegiada, desde las decisiones de barrio hasta la nación, con una estructura rígida que va concentrando el poder en la medida que sube la pirámide y disminuye el número de los que deciden, mandatados cada vez por un número menor de persona, lo que cierra y concentra el poder en muy pocas manos.

La experiencia cubana parte del antecedente de los estados socialistas de Europa, donde el auto-gobierno local, es la base de la pirámide. En todo este sistema es determinante el papel del Partido, a través de sus militantes “como guías ideológicos de la nación”, lastrando la espontaneidad de las masas en la selección de sus candidatos de base, para elegir delegados sin ningún poder efectivo para influir en las decisiones locales o nacionales.

La experiencia del Poder Popular se organiza en la provincia de Matanzas en 1974, bajo la supervisión del Partido y del Estado. Conocidos y evaluados los resultados de la experiencia matancera se da a conocer el Proyecto de Constitución de la República de Cuba, de confección cerrada, por un grupo de especialistas y personalidades no elegidos que presentan una Constitución al pueblo, para su estudio y aprobación posterior en referéndum en de febrero de 1976 y aprobada por el 97 % de los cubanos con derecho al voto en ese momento. El 24 de febrero de ese mismo año entra en vigor la Ley Fundamental de la República de Cuba.

Como paso previo a la implantación de la nueva forma de institucionalización se pone en vigor la Ley 1304 sobre la nueva división político administrativa del país (3 de julio de 1976) que reorganiza el país en 14 provincias[2], un municipio especial y 169 municipios. Con ello se simplifica la estructura de gobierno, con provincias más pequeñas, desaparecer la instancia de región y crear municipios más grandes. Con la nueva Ley el municipio gana en importancia al convertirse en base del sistema estatal cubano.

El 7 de julio se aprueba la Ley Electoral Nacional y comienzan los preparativos para organizar las primeras elecciones nacionales del Poder Popular. La Ley estipula que el pueblo elige en la base al Delegado de sus circunscripciones a la Asamblea Municipal. Esta a su vez elige a los delegados a la Asamblea Provincial, entre sus delegados (50 %) y el otro 50 % es propuesto por las estructuras políticas y sociales de la provincia, aquí las propuestas incluyen a la nomenclatura político-administrativa, cuadros y figuras de la intelectualidad y otras esferas de la política y la sociedad. Casi siempre entre ellos están los que dirigirán la asamblea y ocupen cargos de relevancia en la administración provincial.

Para la elección de la Asamblea Nacional vuelve a funcionar el filtro, del 50 y 50, pero el 50 % de propuestas centralizadas incluyen a la jerarquía del Estado y el PCC, justamente en la instancia que tampoco elige al jefe de Estado sino al Consejo de Estado, grupo que elegirá al Jefe de Estado. Si tenemos en cuenta además que las candidaturas son cerradas, mismo número de candidatos que de cargos, llegaremos a la conclusión que la única función del votante es, aprobar.

La importante función de la Comisión de Candidatura, formada por un miembro de las organizaciones de masa (FMC, FEEM, FEU, CTC, CDR, ANAP) y la omnipresencia del Partido y la UJC, determinan la creación de un grupo de poder cerrado, que funciona en toda la superestructura, haciendo muy formal la “democracia participativa” de todo el pueblo.

El 10 de octubre de 1976 se efectúan las elecciones de base, el 31 del propio mes se constituyen las Asambleas Municipales y sus Comités Ejecutivos. El 2 de noviembre las Asambleas Municipales eligen los diputados a la Asamblea Nacional y el 7 del propio mes se crean las Asambleas Provinciales.

El 30 de noviembre se promulga la Ley de Organización de la Administración Central del Estado, un amplio aparataje que crea ministerios, comités estatales, instituciones y una estructura central del Estado, todo similar a la Unión Soviética y al Campo Socialista.

El 2 de diciembre de 1976 se constituye la Asamblea Nacional del Poder Popular, Primera Legislatura, presidida por el veterano dirigente comunista Blas Roca Calderío[3]. La Asamblea eligió el Consejo de Estado, formado en su mayoría por veteranos dirigentes de la Revolución Cubana, quien eligió a Fidel Castro como Jefe del Consejo de Estado y de Ministros, quien a continuación presentó para su aprobación por la asamblea el Consejo de Ministro de su gobierno.

El sistema judicial cubano, no constituye un poder independiente, sino subordinado al Estado, su función es impartir justicia, velar por la integridad de la nación y velar por el cumplimiento de la legalidad socialista. En los primeros cinco años de la década de los 70s se reestructura creándose los Tribunales Populares en las instancias municipal, provincial y supremo, que incluye la novedad de la inclusión de la figura del juez lego, no profesional y elegido en las organizaciones de masa para formar parte de los tribunales de base. Se mantiene la pena de muerte como la máxima pena para delitos muy graves, que incluye los delitos contra la seguridad del Estado, que en Cuba Revolucionaria son conocidos como delitos contrarrevolucionarios.

Con la institucionalización socialista, se fortalece el papel ideológico y político hegemónico del Partido Comunista de Cuba en la sociedad cubana, se hace ley la no existencia de ningún otro partido político en Cuba, junto a este se estrecha más los lazos políticos y económico con la URSS y los países socialistas, se afianza la estructura ideológica y el poder político del grupo que lideró la insurrección contra Batista y se afianza al marxismo-leninismo como la doctrina oficial del estado socialista cubano.


[1] Informe Central al I Congreso del PCC, en Informe Central I, II y III Congreso del PCC. La Habana, 1990

[2] En la actualidad hay un reajuste en la división político administrativa del país con 15 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud

[3] El presidió la Comisión que redactó la Constitución de la República Socialista de Cuba

Historia

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