Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Agosto, 2017

EDUCACIÓN, EL GRAN LOGRO DE LOS 80


Las escuelas en el campo, la solución educacional de los 80

La educación es uno de los grandes logros sociales de la Revolución Cubana, sostenida por el estado socialista que ha implementado la misma como un derecho de todos los ciudadanos, que la reciben de forma gratuita y obligatoria hasta el 9no grado.[1] A partir de este nivel todos los educandos tienen derechos a recibir una opción para formarse como técnicos de nivel medio en diferentes especialidades o continuar sus estudios en el nivel preuniversitario para optar por una carrera universitaria de acuerdo a sus capacidades y vocación. Todo de forma gratuita.

La aplicación de métodos propios en la enseñanza media, como la vinculación del estudio y el trabajo en escuelas integrales y en áreas agrícolas, fue la característica de la educación en esta década.

La población cubana de los 80 estaba compuesta en más de 55% por jóvenes menores de 30 años casi todos incorporados al estudio directo o a la superación profesional. En la década de los 80 la matrícula en primaria era del 39,7% de la población total de país; media el 48,1 % y 12 % en las universidades, lo que convertía a Cuba en un país de estudiantes, un reto que solo pudo asumir un país en Revolución que dedicó buena parte de su presupuesto en garantizar la preparación de un potencial humano capaz de participar en la trasformación cualitativa de la economía y el desarrollo científico y cultural de la población cubana.[2]

Con el inicio de la década de los 80 el sistema educativo cubano estaba en plena expansión, teniendo como elemento novedoso la combinación del estudio con el trabajo como base de la pedagogía cubana, lo que era más notable en los niveles de secundaria básica y preuniversitario, donde la gran mayoría de los estudiantes estaban becados en las Escuelas Secundarias en el Campo (ESBEC) o en los Institutos Preuniversitarios en el Campo (IPUEC), centros en los que estos jóvenes intercalaban una jornada de estudio con otra media jornada laboral en faenas agrícolas en grandes planes citrícolas y vianderos en todas las provincias del país.

En 1980 existían 415 ESBEC y 141 IPUEC con una matrícula que sobrepasaba los 580 mil estudiantes, 16 mil de ellos estudiantes extranjeros de varios países que recibían educación, principalmente en la Isla de la Juventud. Esta gran población estudiantil era un aporte nada despreciable a la economía de estos planes agrícolas, esencialmente en plantaciones citrícolas en Jagüey Grande, Isla de la Juventud que producían frutas exportables para los países del CAME.

La gran problemática de este masivo crecimiento de la población estudiantil en este nivel fue la calidad de la enseñanza, no solo por la falta de experiencia de la mayoría de los profesores, muy jóvenes y con una preparación sobre la marcha para resolver el reto educacional, sino el fenómeno del “promocionismo” desatado en este tipo de escuelas internas, casi todas acercándose al ciento por ciento de promoción y con evidentes lagunas en la formación ética y curricular de sus alumnos, que luego incidía en los niveles superiores de la enseñanza.

El 11 de julio de 1980 se graduaron en La Habana el III y IV Contingente del “Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce”, una forma emergente de formar maestros para responder a la demanda de docentes para la enseñanza media y media superior. Eran jóvenes graduados de 10mo grado que luego fueron nivelando su categoría académica hasta alcanzar la Licenciatura en la Enseñanza, desde el primer año se incorporaban a las aulas de las escuelas en el campo en media jornada y estudiaban en la otra.

Al iniciarse el quinquenio 1981-85 Cuba contaba con 26 escuelas pedagógicas y 216 900 maestros y profesores de la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria.

No se descuidó la educación de los trabajadores que continuaron elevando su nivel escolar enfrascado en lo que se llamó “La Batalla por el Sexto” alcanzado con éxito en 1980, cuando más de 900 mil personas habían vencido ese nivel. La continuidad hasta el 9no grado fue el compromiso logrado en 1985.

La educación de adultos continuó siendo una prioridad de la Revolución en la década de los 80, en el curso 80-81 matricularon en esa modalidad más 128 mil estudiantes adultos en la Secundaria Obrero campesina (SOC) y unos 66 mil en el nivel de Educación Obrero Campesina (EOC); en la enseñanza superior más de 58 mil trabajadores estudiaban en 1980, cifra que aumentó a 109 mil en 1984, lo que permitió al país tener una fuerza laboral escolarizada y en constante superación a más del potencial joven que se preparaba en las escuelas y universidades, en 1985 más del 42,8 % de los técnicos y profesionales eran menores de 30 años.

El nivel educacional de los trabajadores se modificó significativamente entre 1978 y 1986: con nivel de primaria se disminuyó de un 54% a 23 %; en secundaria básica se elevó de 26 % a 37,8 %; preuniversitario de 16, 1 % a 29,7% y en el nivel universitario se elevó de 3,9 % a 9 %.[3]

Esta escolarización masiva de la fuerza laboral fue creando un potencial científico técnico que sería la base del desarrollo cualitativo de la economía y las investigaciones científicas y su aplicación técnica.[4]

En 1976 se creó el Ministerio de la Educación Superior que tenía a su cargo en 1985 46 centros de enseñanza universitaria con una matrícula de 280 mil estudiantes que estudiaban 98 especialidades, priorizándose las carreras pedagógicas y de la salud, sectores en constante crecimiento.

En cuanto al desarrollo científico técnico, los centros de educación superior fueron creando su base para la formación en Cuba de los aspirantes a grados científico, los que ya sumaban más de 1200 candidatos a doctores a mediados de la década de los 80.

El 8 de septiembre de 1982 la UNESCO reconoce a Cuba por sus resultados en materia educativa, en tanto la Central de Trabajadores de Cuba es galardonada por la Asociación Internacional de Lectura, con sede en Roma, por el programa que le permitió alcanzar a medio millón de trabajadores el 6to grado.

En 1985 el país disponía de 319 bibliotecas públicas y 3 200 bibliotecas escolares, además de las bibliotecas de las universidades y las especializadas, era todo un sistema en función del esfuerzo por elevar la educación y la cultura del pueblo, que se completaba con la impresión masiva y gratuita de la base material de estudio para todas las enseñanzas y un sistema editorial que publicaba lo mejor de la literatura universal y nacional a precios muy barato para la población nacional en tiradas grandes, era el principio de “libros para todos” que ya contaba con una campaña para fomentar el hábito de la lectura en una población que eleva constantemente su nivel de instrucción.

En cuanto al sistema de museos y las oficinas del cuidado del patrimonio, se consolidan en todo el país. Con la nueva división político administrativa se impulsó la creación de al menos un museo en las cabeceras municipales.

El 12 de noviembre de 1980, se crea el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (Cencrem), subordinado al Ministerio de Cultura y radicado en el antiguo Convento de Santa Clara. Su creación fue de un gran impacto para el cuidado del patrimonio en Cuba puesto que en este centro se formaron durante más de 30 años los especialistas en conservación y restauración de monumentos, los museólogos de todo el país y de otras partes de América Latina y el Caribe, además trabajos de restauración de piezas patrimoniales. Este proyecto recibió una gran ayuda de la UNESCO en este período.[5]

Durante esta década el Cencrem jugó un papel importantísimo en la restauración de diversas edificaciones de La Habana Vieja y conformó la base para el trabajo que desarrollaría la Oficina del Historiador de la Ciudad a partir de la década de los 90 del siglo XX.

En 1982 la UNESCO declara Patrimonio de La Humanidad el centro histórico de La Habana que abarca además el sistema de fortalezas defensivas de la misma, en 1983 esta misma institución presenta en La Habana una campaña internacional para el rescate y rehabilitación de la Plaza Vieja, base de las grandes transformaciones que en el tema del patrimonio desarrollaría la Oficina del Historiador de La Habana, dirigida por Eusebio Leal, quien inicia un proceso de rescate de la ciudad histórica comprendida en los límites del municipio Habana Vieja.

Trinidad y el valle de los Ingenio fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1988, por su alto grado de conservación del conjunto y el significado para la preservación de la cultura colonial en ese espacio.


[1] En 1985 la escolarización de los niños hasta 12 años era casi completa y el 87 % entre 13 y 16 estaban escolarizado

[2] Ver “Desconexión, reinserción y socialismo”, Fernando Martínez Heredia, en “En el horno de los 90”, págs. 143 y 144. La Habana, 2005

[3] Anuario estadístico de Cuba, 1987, citado por Fernando Martínez Heredia en “Desconexión, reinserción y socialismo” en “En el horno de los 90”, La Habana, 2005

[4] Fernando Martínez Heredia en “Desconexión, reinserción y socialismo” en “En el horno de los 90”, pág. 143-144 La Habana, 2005

Educación

COMIENZA EL CURSO ESCOLAR EN CUBA


Cuba es una fiesta, comienza el curso escolar 2017-2018, es el evento que marca a toda la población, porque todos tenemos un hijo, un nieto, un pariente que va a ser beneficiado por este Programa Escolar que Dios solo sabe cuánto cuesta organizar, cuánto cuesta para que inicie en condiciones dignas aún en lugares como Baracoa y Maisí por donde hace menos de un año un devastador huracán dejó la infraestructura escolar muy dañada, pero que abrirán escuelas, tendrán maestros y su base material de estudio, pese a todo, eso es Revolución, eso es parte de los derechos que conquistamos desde 1959, aunque hayan personas que de tanto verlo ya no lo valoren y siempre dejan caer una crítica mordaz e injusta a un sistema que es nuestro, costoso y que debemos cuidar porque de él depende el futuro de la sociedad cubana.

Junto con el sistema nacional de salud, la educación, ocupa cerca de la mitad del presupuesto anual del estado socialista cubano, en un país que debe contar centavo a centavo su presupuesto, porque siempre hay un pillo que quiere burlar el fisco, o “robar” los bienes públicos, que no por ser de todos, en el sentido socialista, significa que pueden ser mercancía para llenar el bolsillo de quien debe velar por su buen uso.

También se afronta grandes dificultades para completar las plantillas de maestros, en los niveles primarios y medios, porque en una población pequeña a muchos no le incentiva ser maestros, por diversas razones, todas ellas de índole económicas y sociales, porque el mismo padre que ve impensable que su hijo no tenga maestro, luego será el que no quiere que este mismo niño siga la noble carrera de educador, en un país que por tradición le nacen maestros.

Cuba es de todos, el concepto de poder del pueblo no puede disolverse en la egoísta cuenta de lo que me falta para estar más cómodo, de las malas prácticas para obtener un dinero extra a costa del robo, la mentira y el favoritismo, ese no debe ser el patrón de los millares de niños que el 4 de septiembre comienzan el curso, niños cubanos, que deben ser educados bajo los preceptos humanistas de solidaridad, apoyo mutuo, respeto al otro, defensa de su historia y su sociedad, respeto a su familia a los mayores, sociedad de iguales donde estemos preparados para estar a la altura del otro, no por encima de él por nuestras posesiones materiales, el lugar que ocupamos en la sociedad o simplemente porque es distinto. Seamos buenos maestros aunque no estemos frente a un aula, de eso depende la felicidad individual de ellos y el futuro de este pedacito de humanidad que llamamos CUBA.

Cultura

LA ESTANDARIZACION DE LA CULTURA


La silla. Wilfredo Lam

Hace unos pocos años me llamó la atención un discurso realmente interesante, valiente y pragmático del expresidente de Uruguay José Mujica, con sus palabras puso el dedo en la llaga al llamar a las izquierdas a poner atención en la colonización cultural del occidente capitalista, rico y extremadamente conservador, pero que ahora se disfraza con los colores de la modernidad para proponernos más de lo mismo: esperanzas de que podemos ser ricos, de que los pobres son los culpables de su pobreza y que cultura es el consumo de toda esa banalidad que emana de su industria cultural; mientras que las culturas populares, los saberes ancestrales y la vida austera y sencilla, son más folklor que realidad.

La aldea global donde millones somos espectadores, del modo de vida despilfarrador y suicida de unos pocos, mientras otros no tienen lo mínimo para llegar a mañana, en el que imperan la violencia de estado y de grupos de poder por las materias primas de la pobre Tierra, tiene que plural, participativa y solidaridad, porque no hay otro espacio para los más pobres y tenemos derechos a la vida, más que el derecho del 1 % a poseerlo todo.

Suena a discurso pasado, pero la realidad es que esos vendedores de sueños, están seguros que adormeciendo el pensamiento, prostituyendo el compromiso social y satanizando posiciones nobles y legítimas, eternizarán un sistema injusto de distribución de las riquezas, mientras el planeta se hace más vulnerable y la política parece ser sinónimo de corrupción y complicidad cuando las izquierdas dan un giro en redondo y se olvidan de sus bases sobre la que construyeron una ilusión lúdica para pocos de las que somos las mayorías solo espectadores.

No hay izquierdas sin pueblo, todo lo demás es hipocresía política en favor de los privilegiados de este mundo.

Cultura

23 DE AGOSTO: UNA REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN


En los procesos revolucionarios hay momento que constituyen puntos de giro, crecimiento, maduración y fortalecimiento, todo eso y más fue la constitución un 23 de agosto pero del año 1960, de la Federación de Mujeres Cubanas, la organización de masas de las mujeres cubanas, la organización que integró a la inmensa mayoría de las mujeres de la isla en la ardua tarea de construirse un destino nuevo en plena igual con su par masculino, para el cual había sido por siglo un complemento necesario, amado pero que no debía inmiscuirse más allá de las tareas domésticas y determinadas ocupaciones laborales que no le “impidieran o limitaran” su tarea fundamental de madre y sostén de la familia y la economía doméstica.

Realmente la mujer cubana por tradición histórica no ha esperado sentada que el hombre reconozca sus derechos políticos, sociales y laborales y a lo largo de nuestra historia abundan los hitos de mujeres conscientes de su rol social y por tanto parte activa del devenir social. Todo esto lo reconoce la Revolución Cubana al integrarla en un movimiento de masas que le dio voz y derechos a la par que el hombre, en tanto ciudadanas de un país nuevo que la reconocía.

Pero no todo está ganado para ella, existen sectores, aún en nuestro ámbito, donde persisten tendencias al triunfo fácil, la manera cómoda de ganar dinero y posiciones con el “cuerpo de mujer” como fetiche de sus éxitos y mujeres que permiten ese manejo de la “mujer objeto”, frente a un machismo solapado que las usa para sus fines.

Tener derechos no es sinónimos de disfrutarlos, tener derechos es tener dignidad para ganar a fuerza de talento y consagrado trabajo, el lugar que la sociedad reconoce para ti, esas son las batallas de hoy en medio de un repunte de banalidad y consumo que nos quieren vender como la fórmula del éxito y la modernidad triunfante, la sociedad del culto al cuerpo y la erotización de la vida y la belleza simplona y vacía.

Opinión

REVOLUCIÓN, LA TERCERA DÉCADA (II) (1980-1991)


En 1986 se reúne el III Congreso del PCC en dos sesiones diferidas teniendo como temas básico el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas y el análisis del programa del partido.

En el ámbito internacional ocurren acontecimiento que influyen directamente en lo que está pasando directamente en Cuba, el proceso de “apertura” y “trasparencia” que se lleva a cabo en la URSS impulsado por Gorbachov, la creación del Sindicato Solidaridad en Polonia. El desmantelamiento del socialismo en esos país, fue un proceso continuo, que fue muy seguido en Cuba no solo por los políticos sino por todo el pueblo a través de la prensa soviética que entraba copiosamente en Cuba y en español y que ahora se hace incomoda y finalmente prohibida por las autoridades cubanas.

“A partir de 1986 se inició el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, con el objetivo de renovar el socialismo cubano, de iniciar nuevamente la búsqueda de un modelo autónomo”[1]

“Un período de crítica y autocrítica de la vida nacional en un intento por erradicar males y deformaciones que amenazan con convertirse en endémicos si no son arrancados a tiempo de la infraestructura y superestructura social”[2]

En Cuba desde 1986 la cultura se pone a tono con el proceso de “rectificación” de errores y tendencias negativas” que desde el partido y el Estado pretende anticiparse a lo que ocurre en los países del Bloque Socialista Europeo.

Hay un estímulo mayor a la crítica de lo mal hecho y de los problemas de la sociedad cubana, que se enfoca en los problemas de la doble moral, la simulación, la centralización ideológica, el inmovilismo y la dependencia económica del CAME que entra en crisis.

Desde la cultura se produce los cambios más radicales en la sociedad cubana, principalmente en las artes plásticas, el cine y la radio.

La rectificación de errores y tendencias negativas fue un proceso político emprendido por la dirección del PCC[3] que pretendía rectificar fayas evidentes del sistema socialista, principalmente en su economía y en la dirección del estado y la sociedad. En la economía por el exceso de planificación y colectivización en un país como Cuba dependiente y mono productora lo que la hacía peligrosamente vulnerable ante los evidentes cambios que se producían en los estados socialistas europeos y el bloqueo económico de los Estados Unidos.

La rectificación de errores pretendía hacer frente a estos fenómenos con métodos y soluciones socialistas, revisar la estrategia de desarrollo económico (que nunca llegó) y del sistema socialista en su conjunto y volver a colocar al “Hombre” como individuo en el centro de sus problemáticas (esto nunca se logró, el ser humano siguió siendo el “Ser” colectivo sin rostro para el que se generaban soluciones colectivas).

La rectificación de errores aspiraba a fortalecer la cohesión y la unidad nacional imprescindible para conservar la soberanía nacional; reconoce la escasa participación popular en la toma de decisiones y aunque no pudo lograr todos sus objetivos sirvió de base para enfrentar el durísimo “Período Especial” de la década de los 90.

Desde el punto de vista práctico la dirección política y del estado emprendió medidas económicas y judiciales ante la corrupción a todos los niveles, incluyendo oficiales de alto rango implicados en delitos de contrabando de droga, tráfico de influencia, impunidad que fueron juzgado dejando bien claro que nadie está por encima de la Ley.

A fines de 1989 se produce la desintegración del Campo Socialista que culmina con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, lo impensable para los revolucionarios cubanos, habían caído producto de sus errores internos, por su inmovilismo ideológico, la centralización excesiva del poder y la pérdida de liderazgo dentro de su pueblo.

Las ataduras con el CAME y el campo Socialista no le permitió a Cuba realizar cambios que le prepararan para la debacle del “Socialismo Real”, solo quedó atrincherarse.


[1] Arnaldo Silva León: “Cuba y su historia, 3ra parte: La Revolución en el poder”, pág. 295

[2] Nelson Herrera Ysla: “El ajiaco cubano de los 80” en rev. La Gaceta de Cuba, Nº 2, p.11, 1992

[3] Partido Comunista de Cuba

Historia

REVOLUCIÓN CUBANA, LA TERCERA DÉCADA (I) (1980-1991)


La década de los 80΄ se caracterizó en Cuba, desde el punto de vista político por el proceso conocido en la historia de la Revolución como de “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, un debate abierto hacia el interior de la sociedad en búsqueda del mejoramiento del sistema socialista cubano, dependiente y vulnerable por los profundos vínculos de la isla con el sistema CAME[1] y el Campo Socialista de Europa del Este liderado por la URSS[2].

De un modo u otro la Revolución Cubana reproducía el patrón del Estado centralizado y burocrático que terminaba por paralizar toda iniciativa personal o de grupos no estatales con el consiguiente empobrecimiento del trabajo como fuente de riqueza y prosperidad para la nación, en tanto el ser humano esperaba todo del estado socialista, para nada rico y cada día con mayores dificultades para hacer crecer las riquezas económicas que garantizarían las conquistas sociales de la Revolución y con una gran deuda económica con los Estados Socialistas que en un solidario intercambio fuera de los precios del mercado mundial capitalista sostenía la precaria economía cubana, con un ritmo de desarrollo social muy por encima de sus capacidades económicas reales.

La sociedad cubana de la década de los 80 vive el momento más álgido de las conquistas económicos sociales de la Revolución con una consolidación de la universalización de la enseñanza, salud para todos, seguridad social y un mercado en constante reanimación[3] pero con precios subsidiados por el Estado, lo que se hacía más evidente en la capital y las grandes ciudades de todo el país.

Los logros sociales se consolidan como conquistas de la Revolución, algo inalienable que era casi imposible de perder; en muchos aspectos Cuba tenía indicadores y niveles de vida de países con mayor desarrollo que ella, pero persistían los graves problemas de falta de vivienda, baja productividad del trabajo, desestimulación del trabajo de calidad, plantillas sobresaturadas y acomodamiento de los trabajadores. “La idea del socialismo como sistema social existente y convincente para el país está profundamente arraigada en la población”[4]

La macroeconomía se basó en los convenios del CAME y la división socialista del trabajo que afianzó en Cuba el modelo monoproductor y subdesarrollado de la neocolonia.[5] La agricultura extensionista y “especializada”, dejó de abastecer a su mercado natural de los productor que necesitaba (viandas, granos, carne y leche) y se convirtió en un renglón caro por el alto uso de combustible, de mecanización y productor químicos que a la larga empobrecieron los suelos y marginaron al campesino cubano a un segundo plano por la obligatoriedad de la venta al estado a precios topados y con la prohibición de vender directamente al consumidor.

La coyuntural y necesaria inserción de Cuba en el sistema CAME fue el modo de sobrevivir al férreo bloqueo económico y a las agresiones de todo tipo que Cuba recibía de los gobiernos de los Estados Unidos, fue un precio alto pues el país tuvo que renunciar a un desarrollo armónico, autónomo y sostenido, comprometiéndose con el modelo del “Socialismo Real” del bloque socialista europeo, “(…)lo que afectó negativamente la dirección económica, la eficiencia de los actores, el papel de la actividad económica en las transformaciones socialistas de los individuos, de las instituciones y la sociedad en su conjunto y al proyecto socialista nacional”[6]

La presencia militar de Cuba en Angola se entendió hasta finales de la década de los 80 cuando fueron firmados los Acuerdos de Nueva York[7] que previó la retirada de Angola de todas las tropas extranjeras y garantizaba la independencia de Namibia. A ese acuerdo se llega luego de ser derrotadas las fuerzas militares de Sudáfrica y sus aliados de la UNITA[8] en la batalla de Cuito Cuanavale por los ejércitos de Angola y Cuba.

Fue un momento histórico para el pueblo cubano el regreso de las fuerza militares cubanas de Angola después de haber cumplido una larga y compleja misión internacionalista que no dejó de pesar sobre la economía del país. La Operación Tributo[9] con el homenaje de todo el pueblo a los cubanos caídos en la misiones en África fue un momento de reafirmación nacional y de los principios de solidaridad y apoyo a las causas justas que han caracterizado siempre a la Revolución.

Pero en Nicaragua el gobierno sandinista enfrentaba el asedio de las fuerzas contrarrevolucionarias apoyadas por los Estados Unidos y con base en Hondura, fue un década de duros combates en la que no faltó el apoyo incondicional de la Revolución Cubana, formando personal civil y militar para el desarrollo del Nicaragua, la entrega de ayuda material de todo tipo y la presencia de asesores militares cubanos en el frente de combate. La difícil coyuntura internacional, el apoyo incondicional del gobierno norteamericano a los “contras” y el desgaste de la resistencia popular hizo que en 1990 Violeta Chamorro ganara la presidencia de Nicaragua y con ella terminara la Revolución Sandinista triunfante en 1979.

La sociedad y la economía cubana se sintieron este sacrificio en medio de un panorama internacional más adverso y de mayor acoso para la Revolución Cubana.

Pero el acontecimiento de política internacional que más repercutió en la sociedad cubana de los 80 fue el asesinato de Moris Bishop en la isla de Granada[10] por sus propios compañeros de causa, extremistas de izquierdas que destruyeron el proceso de cambios sociales que encabezaba este noble granadino y la posterior invasión de los Estados Unidos.

El hecho desató el momento de tensión directa más grave entre Cuba y los Estados Unidos en esta década, porque en Granada había un grupo grande de colaboradores cubanos, civiles y militares, que fueron sorprendidos por los hechos, por lo que el gobierno cubano se vio ante los hechos consumados, sabiendo que el proceso revolucionario de ese país estaba fracasado y con un compromiso grande con el pueblo de Granada.

El 25 de octubre de 1983 se produjo la intervención de los Estados Unidos en Granada, “para garantizar la vida y seguridad” de un grupo de estudiantes norteamericanos que estaban en la isla. El contingente cubano que estaba construyendo un aeropuerto, junto a la pequeña misión militar cubana, presentó resistencia cuando los soldados estadounidenses llegaron a sus posiciones y como resultado fueron muerto 24 de ellos, 50 heridos y 638 hecho prisioneros.

Las preguntas no respondidas fueron, ¿por qué se le ordenó resistir a este pequeño grupo de personas, en su mayoría civiles? ¿Por qué no se retiró el contingente ante la inminencia de la invasión y a sabiendas que aquella era una causa indefendible? Ningún acontecimiento en Cuba revolucionaria ha sido más silenciado.


[1] Comunidad Económica de Ayuda Mutua, sistema de integración económica socialista surgida entre los países de Europa del este y extendido a Cuba a partir de la década del 70΄

[2] Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

[3] Los mercados casi no tenían productos nacionales, provenían del Campo Socialista Europeo y aunque sus precios eran más alto que los de la libreta de abastecimiento, eran asequible a la mayoría de la población

[4] Fernando Martínez Heredia: “Cuba: problemas de la liberación, el socialismo y la democracia”, en “En el horno de los 90”. La Habana, 2005

[5] Al azúcar como producto básico del país, se unía el niquel y los cítricos como renglones fundamentales de la exportación cubana hacia el mercado CAME.

[6] Fernando Martínez Heredia: “Desconexión, reinserción y socialismo en Cuba” en “En el horno de los 90”. La Habana, 2005

[7] 22 de diciembre de 1988

[8] La UNITA fue un movimiento militar apoyado por Sudáfrica y otros países de occidente que mantuvieron una larga lucha contra el gobierno angolano y las tropas cubanas presente en su país.

[9] 7 de diciembre de 1989

[10] 19 de octubre de 1983

Historia

¿AMAPOLA? BELLÍSIMA AMAPOLA


Este fragmento forma parte de la introducción de un artículo de Ricardo Sarmiento[1] acerca del espectáculo “La extranjera”, de la cubana Mérida Urquía, presentada en el Festival Internacional de Teatro de La Habana, es una gran introducción para un problema nacional que a veces queremos ignorar, comparto esa preocupación aunque soy de los que ha echado raíces y no buscará fuera los oropeles que saben que existen, pero que son solo eso, aquí están mis amores, mi espiritualidad, mis vivos y mis muertos y como dice Carilda Oliver cuando muera quiero toda esta tierra sobre mi tumba. Lo demás queda para la meditación:

Por Ricardo Sarmiento

A muchas personas he visto despedirse de Cuba como si nunca fueran a regresar, como si estuvieran enterrando un país y sus recuerdos. Para algunas personas irse de Cuba resulta un suicidio. Para otros, una esperanza. Incluso ambas cosas. No puedo contar cuántos continúan zarpando cada semana. Una isla es un puerto, dice Graziella Pogolotti. Un puerto es un lugar de tránsito. ¿Qué sucede con los que nacen en el puerto? ¿Uno nace en un lugar para permanecer en él toda la vida?

Cuando llegan a un lugar extraño, a otro país, donde otras personas han nacido y tienen sus recuerdos, les resulta muy difícil volver a echar raíces. Es natural. Los árboles tardan sus años en echarlas; no se puede pretender que el diminuto ser humano se arraigue y permanezca, ni tampoco que el ser humano sea tan paciente como el árbol. En ese sitio desconocido, ¿no hay acaso más extranjeros, más gente que intenta echar sus raíces?

Todos sabemos del éxodo cubano. De la diáspora cubana. ¿Hay que irse de un lugar para emplazarse en otro? Ser extranjero es una condición de por vida. Te llevas tus ancestros y la lengua del que te crio. ¿No fue Marco Polo un extranjero? ¿No emigran los flamencos? ¿Acaso solo los cubanos saltan el mar? La verdadera tragedia de ser extranjero para la mayoría de los cubanos aparece cuando se quiere echar raíces en otro lugar.

Pero ya no estamos hablando solamente de ser extranjero. No estamos hablando de un viaje basado en un mapa. Aquí caemos en el punto de que el viaje no es un problema, la distancia no es un problema. Uno nace con un nombre, con una temperatura, vive durante muchos años en un mismo país, y de pronto se va de ese país con nostalgia anticipada… Su nombre nunca va a ser entendido igual, el flujo de sus signos sufre una interrupción.

Se vive tentando. Se vive en un puerto, señores y señoras. Se vive en un puerto que ha recibido africanos, indios, chinos, europeos. Detrás de ti hay una historia, hay sangre, como cada tierra tiene su historia. En ti está cifrada. ¿Qué vas a ser con eso?

En el espectáculo prescinde de la dramaturgia lineal y acude a los recuerdos, a la forma de contar historia entre los miembros de una familia; se mueve de un espacio a otro: en su país, en el camino, en otro país; y construye su unipersonal en lo que quisiera llamar “tercer espacio”, siguiendo las palabras, de una entrevista que le realizara en el Perro Huevero para la primera tirada de este Festival.

La actriz desea hablar a los miembros de su generación (45-55 años), como dijo en la entrevista, y por ello recurre a la memoria común de los individuos que vivieron los muñequitos rusos, los sueños que se derrumban, el período especial.

Ahora retorno a una pregunta que se hace Mérida Urquía con respecto a “La Extranjera”. ¿Tendrá sentido mi obra en Cuba ahora?


[1] “¿Amapola? Bellísima amapola…”, revista Caimán Barbudo, pág. 30 /nov.-dic. 2015

Cultura

LA EDUCACIÓN PERMANENTE


La educación en el mundo de hoy es uno de los derechos más extendido y al mismo tiempo más discutido en la actualidad, porque educar conlleva a formar en el ser humano una base ideológica y ética que va a delinear su formación para toda la vida.

Hoy parece una pieza de museo el ciudadano modélico con un compromiso social con su tiempo, su patria y el grupo humano donde desenvuelve su actividad, para ser sustituido por un “consumidor de mercancía” de todo tipo, cada vez más refinadas, sofisticadas, fácil de digerir y creadora de estatutos artificiales de “progreso”, triunfo y poder.

La educación en el capitalismo liberal y globalizado impone estos modelos mercantiles para formar en el mejor de los casos al consumidor ideal y al trabajador de recambio, en tanto millares de otros aspirantes se diluyen en la precariedad, los sueños y esa sensación de ser ciudadanos “desechables” cuando no se es consumidor y poseedor de “cosas” del último modelo que los “hace diferente”.

Desgraciadamente en un país como Cuba, socialista y que tiene al ciudadano en el centro de sus prioridades, se extiende ese grotesco patrón de consumo como símbolo de modernidad, con muchas personas soñando tener cosas y desechando la educación por “vacía” y culpable de la “pérdida de tiempo” en una vida rápida que no vuelve atrás.

Crecí bajo el patrón materno de que “saber no ocupa lugar”, que la cultura es la moldeadora de una vida y el carácter, que nos hace quienes somos; he tenido como guía la máxima martiana de que “Ser culto es el único modo de ser libre”, libres para pensar, para opinar, para determinar, aún en medio de precariedades y de una avalancha de “banalidad” que se erige hoy como el mayor reto para un proceso revolucionario que ha tenido y tiene al hombre en el centro de sus prioridades, el reto mayor es mantener desde la familia hasta el estado, pasando por el maestro y todo el que enseña algo, una educación en valores basada en el ejemplo y no en la retórica vacía del “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, porque el mañana comienza hoy.

Cultura

LA RADIO EN CUBA


Luis Casas Romero, fundador de la radio en Cuba

Cuba fue una de las naciones pioneras de la radio en América, con una rápida expansión de sus trasmisiones gracias a su capacidad para llegar al oyente lo que permitió a los artistas valerse del medio para difundir su obra, patrocinados por los comerciantes y productores, lo que permitió una rápida expansión por toda la isla. La radio se convirtió en el medio de comunicaciones más influyente durante este período, condición que mantuvo hasta la llegada posterior a la televisión, pero que aún hoy sigue teniendo un segmento de público importante y emisoras insignias como Radio Reloj que acompañan la cotidianidad del cubano.

La radio se inicia en Cuba con la salida al aire de la 2LC el 22 de agosto de 1922 propiedad del renombrado músico cubano Luis Casas Romero. Su trasmisión se basaba en una planta de aficionado de 5 watts de potencia y en su primera emisión lo primero que se trasmitió fue un boletín sobre las condiciones meteorológicas en La Habana de ese día, continuando con una programación musical tocada desde una vitróla. La primera voz de la radio cubana fue la hija de Casas Romero, Zoila y la trasmisión salía por los 360 mts. de la onda media; a pesar de los pocos receptores que había en el país, ya en 1923 las emisoras ganan audiencia con la trasmisión de la retreta del Malecón, que llegó a convertirse en un programa muy gustado.

El 12 de febrero de 1923 se dicta el Decreto Presidencial que regula las trasmisiones de radio y con él se estimula la creación de nuevas emisoras que al finalizar el mencionado año ya llegaban a 34 en todo el país, la mayoría en La Habana. El permiso número 34 se le otorgó a la emisora 7-AZ de Camagüey, operada por Pedro Nogueras y Rafael Valdés.

La emisora de Manolín Álvarez, la 6-EV de Caibarién trasmitió por primera vez en Cuba un evento deportivo[1] al narrar la pelea por la corona mundial de los pesos máximos de boxeo, entre el estadounidense Jack Dempsey y el argentino Luis Ángel Firpo, celebrada en Nueva York. El hecho fue posible gracias a la traducción de Lorenzo Martín y la narración de Feliciano Reinoso con la información recibida vía telefónica. Fue el primer programa no musical trasmitido por la radio en Cuba y eso hizo ampliar las posibilidades de la radio en Cuba en la difusión de eventos deportivos, principalmente beisbol.

Estas primeras emisoras de Cuba fueron principalmente difusoras de música, la mayor parte en vivo con grupos y solistas de gran popularidad en el momento: El “Septeto Cuba” y el septeto Boloña, Margot Alvariño, Los Califantes, Los Diplomáticos de Pego, Fernando Collazo y su orquesta, el barítono Carvajal cultivador del tango; los trovadores Roberto Abreu, Joaquín Codina y el popular Guyún; Abelardo Barroso y Rogelio Martínez; las orquestas de Antonio María Romeu, el maestro Corman, la de Belisario Díaz, la “flauta mágica”, todas danzoneras y Pablo Quevedo, el “divo de la voz de cristal”, quien fuera el cantante más popular de este período.


[1] 14 de septiembre de 1923

Cultura

LA CANCIÓN TROVADORESCA CUBANA


La música popular cubana se forja en las capas más humildes de la sociedad, con un predominio de negros y mulatos que formaban parte de las orquestas de bailes del momento. Pero en los márgenes de la sociedad sonaban también los ritmos puros de las etnias africanas traídas a Cuba, en las humildes casas urbanas, en los barracones de esclavos o en el monte de cimarrones, en constante confluencia y fusión que fueron madurando células rítmicas, uso de nuevos instrumentos y acercamiento a ritmos y melodías de otras procedencias (hispánicas, italianas, árabes, etc.) que fueron conformando el impresionante universo sonoro cubano. En los salones de los estratos dominantes, se oficializaba, depuraba y “blanqueaban” los ritmos que se oían y bailaban en la Cuba decimonónica.

En este período se forja en Santiago de Cuba una forma de la canción cultivada por gente humilde que entonan melodías acompañados de guitarras y con temas referidos al amor principalmente, eran los antecedentes de la trova santiaguera y de su forma predilecta el bolero que sería perfilado en sus características criollas por José (Pepe) Sánchez (1856-1918), considerado el trovador mayor de Cuba, músico intuitivo, cantante de bella voz, compositor inspirado y buen guitarrista dentro de su género. Se estima que su bolero “Tristeza” (1885), marca le nacimiento del bolero cubano. Con él nace la canción cubana, dejando atrás las formas populares de la romanza y otras tonadas españolas y fomentando una forma de hacer la canción que ya podemos llamar nacional.

La canción trovadoresca cubana se difunde por otras partes de la isla en este período, abordando los temas el amor, la naturaleza y la patria. Esta última forma muy ligada a las luchas independentistas que se reiniciaron en el país en 1895. Eran canciones recogidas por la tradicional patriótica, muchas anónimas y que tienen el objetivo de enaltecer los sentimientos de libertad e independencia para Cuba, algunos de estos títulos que recoge la tradición fueron: “El combate de Mal Tiempo”, “La caída del Guacamayo” (en alusión a los españoles), “La bandera cubana”, “La libertad de Cuba”, “Los guerrilleros del rancho”, “Cuba para los cubanos”, “La Ley de los orientales”, “El bolero camagüeyano” y “El bolero de Marianao”, entre otros .

Los últimos años del siglo XIX trajeron la creación en la parte occidental del país, de una institución que influiría profundamente en la música popular cubana. Fueron los Coros Líricos, surgidos en La Habana y Matanzas, con un origen similar pero con una evolución diferente.

Los coros líricos fueron una mezcla sincrética de las corales españolas, con la riqueza melódica de los rezos yorubas[1]. Formaban parte de estas agrupaciones hombres y mujeres, negros y mestizos en su mayoría que se reunían en sus locales de ensayo y hacían sus fiestas, saliendo en Navidad haciendo rondas de canto por otros lugares de la ciudad.

En La Habana los coros incorporaron las claves y un tambor pequeño (viola) que se percutía con las manos, lo que dio origen al nombre de “Coros de Clave”. El coro de clave tenía un director, un sensor[2], un tonista, un decimista y una clarina de voz aguda y fuerte. Proliferaron por todos los barrios habaneros entre siglos siendo muy conocidos los Coros, “El Timbre de Oro”, “La Unión”, “El porvenir”, “El Pañuelo Blanco”, “La Discusión”, “La Moralidad”, entre otros. Eran muy frecuentes las visitas entre coros para Las Pascuas, Día de Reyes, Fiestas de Santos, Cumpleaños y Carnavales.

En Matanzas los coros líricos fueron conocidos como “Bandos de la Calle”, muy similares a sus homólogos habaneros, pero se caracterizaban porque en sus rondas callejeras no solo iban acompañado de clave y viola, sino que se enriquecía el sonido con la adición de cajones percutidos con cucharas cuando tocaban en un lugar fijo. En Matanzas fueron famosos los bandos, “El Flamboyán”, “La Rosedá”, “El Rosado”, “El Lírico Blanco”, “El Verde”, “El Toronjil”, “La Valencia” y “El azul”

En cuanto al bolero, se reafirma como uno de los géneros de más calidad en el país de la mano de canta-autores, trovadores, de la talla de Sindo Garay(1867-1968), Manuel Corona(1880-1950), Graciano Gómez(1895-1980), Oscar Hernández(1891-1967), Alberto Villalón(1882-1955) y Rosendo Ruiz Suárez (1885-1983), entre otros, quienes hace un bolero con personalidad propia, cubano.

Particular destaque para María Teresa Vera (1895-1965), interprete y compositora de notable obra en este período, como solista o formando parte de duos, cuartetos o sextetos. Cantó junto a Rafael Zequeira hasta la muerte de este en 1924, luego formó dúo con Lorenzo Hierrezuelo a partir de 1937, durante 28 años. En 1935 compuso la habanera “Veinte años”, un clásico de la música cubana


[1] Helio Orovio: Los Coros de Clave y Guaguancó.

[2] Cuidaba la calidad de los textos a cantar.

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