Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Junio, 2017

MARTÍ, LAS CIENCIAS Y LA TÉCNICA

En el segundo número de La Edad de Oro, José Martí acerca a los niños a una fábrica y escoge la que hace los instrumentos más conocidos por ellos, la cuchara y el tenedor, a modo de interesarlos por los cambios que se están produciendo en la industria a fines del siglo XIX.

Le dice a los niños que ahora las cosas se hacen con máquinas, movidas con vapor, pero que el vapor no está debajo de cada máquina sino en una gran caldera que mueve un motor con ruedas y correas que mueven al resto de las máquinas, con un lenguaje sencillo para que vayan conociendo los cambios que se producen en la tecnología.

Les explica que antes se hacían estos instrumentos manualmente, muy bien hecho, pero en menor cantidad y que ahora se hacen cucharas y tenedores de diferentes calidades de acuerdo a los baños de plata que se le dé.

Hace mención a la electricidad de la siguiente forma, “(…) la electricidad, que es un poder que no se sabe lo que es, pero da luz, y calor, y movimiento, y fuerzas, y cambia y descompone en un instante los metales, y a unos los separa, y a los otros los junta, como en este baño de platear que, en cuanto la electricidad entra y lo revuelve, echa toda la plata del agua sobre las cucharas y los tenedores colgados dentro de él (…)”

En el cuarto y último número de la revista La Edad de Oro aparece un nuevo trabajo de divulgación científico técnica, “La galería de las máquinas” de la exposición de París de 1889, en realidad el escrito es un pretexto para exponer el grabado de “La Galería de las Máquinas”, pero en tan breve trabajo Martí deja sentado su modo de proceder al escribir: “A los niños no se les ha de decir más que la verdad, y nadie debe decirles lo que no sepa que es como se lo está diciendo, porque luego los niños viven creyendo lo que les dijo el libro o el profesor, y trabajan y piensan como si eso fuera verdad, de modo que si sucede que era falso lo que les decían, ya les sale la vida equivocada”

En el Tomo 8 de las obras completas al comentar el descubrimiento y utilidad de la Petrografía, en el estudio de las rocas Martí reflexiona acerca de la utilidad de las ciencias para el desarrollo humano, pero lamenta la especialización del hombre, el alejamiento del todo de la naturaleza y la falta de humildad del hombre ante la madre naturaleza.

“¡Quién que mide su cerebro con el de la naturaleza, no le pide perdón de haberse creído su monarca! A todo hombre debieran enseñarse, como códigos de virtud, fijadoras de ideas y esclarecedoras de la mente, las ciencias naturales- Dejan en el espíritu, con cierto desconsuelo de ser tan poco por sí mismo ,cierto gigantesco ímpetu, por ser miembro de la obra universal en que se colabora: y parece, cuando se acaba de penetrar uno de sus misterios, que se recibe bendición de un padre magno ignorado, y que al levantarse del sitial tallado en montes, a seguir la ruta, se ha posado la mano, ya más fuerte, como si en mundo acabasen los brazos del sitial, en dos mundos. La naturaleza, enseña modestia:- luego de conocerla, la virtud es fácil; ya porque la vida se hace amable, de puro hermosa, ya porque se ve que todo no remata en el cementerio.

“Pero la época influye de tal modo en la mente científica, que ésta, para que le excusen su amor a la ciencia pura, halla siempre manera de ponerla al servicio de las artes prácticas. Los hombres sólo aman ya lo que les es visible e inmediatamente útil.-La Petrografía es ahora auxiliar grande de los edificadores: con su microscopio se sabe qué piedra será buena para fabricar, y se averigua, con tal menudos que no deja ya qué saber, qué partes de la piedra se irán gastando con la lluvia y el peso, y de qué lado se empezará luego a caer, y cuánto tiempo resistirá a los elementos.

“Y de ese modo, la pequeña ciencia se va haciendo grande, el espectroscopio enseña de qué están hechas las estrellas, y en el rayo de su luz sorprende los elementos mismos que nuestros pies pisan y nuestros pulmones absorben. El microscopio polarizador descubre la composición de los meteoritos, que nos caen de los altos espacios, como para decir a los hombres que no es vana su fe en mundos futuros, y que cuando el cuerpo que ahora usamos se canse de darnos casa, y nos abra salida,-en tierras desconocidas se nos ofrece casa nueva.

“Los mismos que cuidan poco de ciencias, gustan de que se crea que saben de ellas. Ahora, es caso de vergüenza desconocer los nombres de los grandes trabajadores científicos, que suelen ser, como Pasteur, ardientes espiritualistas. Alemania, ponderosa y lupúlea, cría hombres de talento, menudos y pacientes: en un aspecto de la vida sabios, a expensas de todos los demás aspectos, que ignoran. Y lo que saben, lo saben en el hecho, que penetran, desencajan y estrujan con mirada invasora; pero no en su vaporoso sentido y flor de espíritu, que de todo caso y cuerpo de la naturaleza surge, como el suave olor del heno, y es su real utilidad científica: -por eso, cuando nace un alemán kantiano, constructor e imaginador, como que los de la tierra no le han desflorado mucho estos campos, se entra en ellos y saca a brazadas gran suma de mieses.-El desamparo mismo, o forzado recogimiento, en que un ideador se encuentra en un pueblo de entendimiento recio, irrita, exacerba y agiganta la facultad de idear, y la saca de sus bordes legítimos.

“El que posee una condición, se apega más a ella y la sublima cuando vive entre los que no se la reverencian ni entienden. Así surgen los grandes agentes, los oradores grandes, de los estados públicos en que hay gran carencia de la virtud o condición que los anima.

Y así se va sabiendo cómo están hechos los cielos y la tierra.”[1]

En 1882 escribe para La Opinión Nacional de Caracas, Venezuela:

“Este siglo (XIX) está preparando los elementos del siglo venidero que ha ser colosal y originalísimo. Nosotros somos un ejército en marcha. El siglo que viene (XX) será un ejército en alto. Ellos espumarán estos manjares que nosotros estamos echando a hervir”[2]


[1] Obras Completas, Tomo 8, págs. 432-434

[2] Ídem, Tomo 23, pág. 288

José Martí

LEONOR PEREZ CABRERA

LA MADRE DE JOSÉ MARTÍ

El 19 de junio de 1907 murió en La Habana Leonor Pérez Cabrera, la madre de José Martí, mujer que tuvo que mucho que ver en la formación del hombre que hoy los cubanos tenemos como la figura más alta en nuestra cultura y en la formación de la nacionalidad cubana. Nacida en Sana Cruz de Tenerife, en esas Islas Canarias tan cercanas al swer del cubano, fue una humilde mujer que hizo todo lo posible por encaminar el desarrollo intelectual de su hijo, al mismo tiempo que fue su mayor corresponsal, al recibir de él tantas cartas como  su sentimiento de hijo pudieron dictarles, ellas siempre le reprochó el “sacrificio” por una causa que ella consideraba imposible, al tiempo que elogiaba su desarrollo intelectual y sus triunfos personales que la llenaron del sano orgullo materno.

Estoica y fuerte sobrevivió a la muerte de su esposo y a la de siete de sus ocho hijos, teniendo a su lado a la hora de su muerte a su hija Amelia en cuya casa murió esta matrona fuerte.

Como homenaje a ella publico la introducción de un pequeño libro en preparación que sobre su relación con su hijo Pepe estoy preparando, vayan pues estas palabras como homenaje a “La Madre del Héroe”:

La figura de Leonor Pérez Cabrera se alza desde la sencillez de su origen para subrayar la personalidad única de su hijo, el hombre que todos los cubanos tenemos como el paradigma patrio de entrega y sacrificio por el logro de la soberanía nacional y el bienestar individual de los hombres y mujeres de esta isla nación que es hoy Cuba.

Leonor Pérez Cabrera es la madre de José Martí Pérez, un hombre cuya trayectoria integral por la vida, es de una influencia determinante para los destinos de nuestro país y de los pueblos marginados del sur pobre e ignorado.

El acercamiento que pretendemos hacer a la biografía de esta mujer de pueblo se basa en el paralelismo que establecemos entre su personalidad fuerte y voluntariosa y la del hijo heredero de estas cualidades pero, además, dotado de un talento singular, una capacidad de estudio muy grande y un destino político que se trazó desde muy joven, pero que fue moldeándose a lo largo de toda su vida.

El binomio madre-hijo fue entre ellos vaso comunicante que enfrentó la voluntad de ella por protegerlo y convencerlo de sus “errores”, con el respeto y el sufrimiento de él al saberse incomprendido.

Nos enfrentamos a un tema bastante explotado, aunque poco difundido: libros, artículos, referencias amplias en la abundante bibliografía sobre el hijo, documentales de cine y televisión, conferencias y otras referencias que han contribuido a difundir la imagen de doña Leonor.

Es por esta razón que nos acercamos a una tema tratado, pero no agotado, haciéndolo a partir de las relaciones madre-hijo desde lo afectivo y lo intelectual, a través del testimonio escrito que se conserva de ambos, con relación a ellos mismos, y a temas tan recurrentes en sus cartas como fueron, la familia y Cuba.

Es ver a Leonor a la sombra de la grandeza de su hijo, insertada en momentos importantes de su vida como conciencia crítica y presencia dolorosa de esa otra parte del Héroe, el ego personal, abandonado o supeditado a la tarea mayor que él mismo se propuso: la libertad y dignificación de su pueblo.

Leonor, mujer preparada para la familia, fruto de las tradiciones ancestrales, no pudo sobreponerse a su destino y lucha, de la manera que puede, por impedir o mitigar los sufrimientos del primogénito, su único varón, que pugnaba por reconocerse a si mismo.

El tratamiento del tema nos lleva a seguir el desarrollo de esta relación entre Leonor y su Pepe, el desvelo de ella sobre sus pasos, las angustias al no saber de él y esa exigencia casi opresiva de recibir sus cartas, saber sus actividades, sus éxitos y fracasos.

No es casual que sea ella receptora de su obra, que él le va haciendo llegar en la medida que puede, a través de recortes de prensa, libros y revistas llegadas a la casa habanera para ser leídos con avidez, principalmente por ella, que no escatima su opinión, atinada y madura, pese a su cultura insuficiente y autodidacta.

Desde el punto de vista personal sobresalen elementos en la biografía de doña Leonor que admiran por su forma de reacción: primero la pobreza que se acrecienta en la medida que llegan los últimos años de su vida; la pérdida de la visión y con ella el alejamiento de la posibilidad de comunicación íntima con su hijo ausente y rebelde, y por último su sino fatal de ver morir a su esposo y a todos sus hijos con excepción de una.

Este albur la iguala con las clásicas figuras trágicas, con la diferencia de que ella no puede, ni siquiera culpar a nadie, se aferra a su fe cristiana y a su vocación de servicio y espera lo que fue su largo devenir hacia la muerte.

Ante tal figura no es difícil entender las valoraciones que sobre el concepto materno tenía su hijo:

La madre está lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida. Algo nos guía y ampara mientras ella no muere. La tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies”(1)

Así escribe en el periódico Patria en 1892, resumiendo sus valoraciones sobre la maternidad como sentimiento supremo en la escala del amor humano.

“Toda madre debiera llamarse Maravilla”(2)

Sentencia en uno de sus Cuadernos de Apuntes, tal vez después de haber leído alguna de las cartas escritas por su madre y admirarla por su persistencia en cuidarlo y protegerlo.

Mucho antes, adolescente todavía, escribe apasionado en la proclama de denuncia que se imprime en el Madrid indiferente ante la muerte de los ocho estudiantes de medicina fusilados en La Habana:

“…las madres son amor, no razón; son sensibilidad exquisita y dolor inconmensurable(3)

Bien podía el hablar así de la valiente mujer que arriesgo de su tranquilidad y la estabilidad de la familia, acude al Palacio de los Capitanes Generales a demostrar la injusticia cometida con su hijo y luego lo ve partir lejos de ella al destierro.

(1) Obras Completas de José Martí, Tomo V, pág. 379

(2) Idem, Tomo XXI, pág.256

(3) Idem, Tomo I, pág. 84

José Martí

“…Y MI HONDA ES LA DAVID”


Hace 122 años, un día antes de morir por Cuba y todos nosotros, nuestro José Martí escribió una carta a Manuel Mercado en la que se escribe esta enfática frase que encabeza mi entrada, en alusión al conocimiento que tenía sobre la política de los poderes estadounidense con respecto a los temas de Cuba, nosotros somos herederos de esa honda, porque crecimos en medio de la Revolución Cubana, esa que no perdonan los imperialista por radical, soberana, altruista y revolucionaria, que tuvo la osadía de nacionalizar todas las propiedades de la burguesía nacional y de los inversionistas extranjeros, principalmente yanqui, que desde principios del siglo XX fueron adueñándose de las principales riquezas del país en beneficio de una minoría desnacionalizada y anexionista, que creyó el cuento del “fatalismo geográfico” de esta isla, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Ahora vuelve el cuento de los “derechos humanos conculcados”, el desconocimiento de la historia que hemos vivido en más de cien años luchando por nuestra independencia, el tratarnos de ahogar por hambre y estrecheces, como si ya no estuvieras acostumbrados, ya tenemos el cinturón con muchos huecos para apretarlos, la lengua fina y audaz para responder y la capacidad firme e irrenunciable de defender las conquistas que la Revolución Cubana dio a los humildes y a las capaz menos favorecidas dentro del capitalismo dependiente de la burguesía nacional y sus seguidores.

El gobierno de Donald Trump vuelve a las andadas de sus predecesores, cada uno a su forma ha tratado de “hacer volver la oveja al redil capitalista”, pero han olvidado contar con la conciencia de un pueblo de varias generaciones, que ha madurado, pero que sabe cuánto perdería en este cambio en los derechos de muchos por los privilegios de poco, tenemos cultura, sabemos leer, mal que bien la información de internet nos llega y ninguna propaganda revolucionaria fue mejor que oír el parloteo grotesco y extemporáneo del señor presidente de los Estados Unidos en un discurso que parecía una parodia de lo peor de la “Guerra Fría”, sino fuera porque lo dijo el gurú de las llaves imperiales, para él nuestro desprecio total por su ignorancia.

Opinión, Política

SI YO FUERA POLÍTICO


Si volver a nacer fuera una opción viable, yo cambiaría poco en mi vida, aunque sé que las circunstancias son las que determinan quienes somos y qué queremos, yo solo cambiaría mi oficio, mi carrera o como quieran llamarle; sería “¡político!”, para hacer todo lo distinto a lo que hacen hoy los políticos de la actualidad.

Ser político para mi es ser el líder de la comunidad, sea esta del tamaño que sea y consagrarse a ella con todas las fuerzas de tu espíritu y de tu inteligencia, latir con el que más sufre y alegrarte con el que es o parece ser feliz, tratar de prever y no dejar ningún cabo suelto para que lo resuelva el que viene atrás, porque a ti te toca y ese es tu deber.

Incluso en los casos, pocos en el mundo, en que me creyera que gobierno para el pueblo y por el pueblo, no sacrificaría a esos que creyeron en mi por el poder, pero no los traicionaría robándoles lo que es suyo, vendiendo influencia, acomodando a mis amigos y la familia y escuchando primero la voz de la ideología que la voz de la necesidad colectiva.

Si yo fuera político preparara a los que oriento y dirijo, para la difícil tarea de su “realización personal”, base de la prosperidad colectiva, dándole educación, cultura, protegiendo su salud, dejando que busque sus metas en la vida y con duros mecanismos para reprimir todo lo que destruya su dignidad humana.

Trataría de persuadir a los egoístas, a los que se creen superiores por el motivo que fuera, cuidaría la armonía del ser humano y de este con la naturaleza, cuidaría a mi prójimo, no como masa amorfa de pueblo seguidor, sino como persona digna de sí misma y capaz de hacer lo que yo como político me propongo; si yo fuera político seguiría cambiando, o tratando, las mismas cosas que ahora, aunque no tengo más poder que mis palabras y mis modestas acciones de ser común.

Nota: para mis conciudadanos en Cuba, no solo miro lo que pasa en el mundo “cosificado y egoísta” que hay afuera, sino al nuestro empeñado en hacer lo contrario, pero fallando en las mismas circunstancias, doy gracias por mis derechos, mi sociedad sin violencia abierta, aunque deteriorada en lo moral y en lo material, pero el político que sería seguiría cambiando cosas y entre ellas a la propia gente, protagonista del todo.

Opinión, Política

ANTONIO MACEO, 172 ANIVERSARIO DE SU NATALICIO


El 14 de junio de 1845 nació en la parte oriental de Cuba el cubano más sobresaliente en las luchas por la liberación de Cuba del yugo colonial español, Antonio Maceo Grajales. En el seno de una familia de negros criollos, apegados a una ética de orgullo racial y familiar que forma a los nacidos en este núcleo familiar a no ser tenidos por menos que ningún otro, pese a no tener la piel blanca. Estigma muy tenido en cuenta en un país en el que buena parte de la población negra o mestiza era esclava

El pasado domingo (11 de junio de 2017) en su esperada página de crónicas en el periódico Juventud Rebelde, Ciro Bianchi escribe sobre Antonio Maceo (“Antonio Maceo encarna a Cuba Heroica”) con esa singular manera de darnos a la figura humana y asequible para todos los públicos, de ella escojo el fragmento final que resume la valía del General Antonio en el 172 aniversario de su natalicio:

“Nace Antonio Maceo, hace 172 años, en Majaguabo, San Luis, Oriente. Su padre es propietario allí de una finca que cubre un área de nueve caballerías en la que se cría ganado, se siembra café, tabaco y plátanos para la venta y se cosechan frutos menores para el consumo familiar. Tienen los Maceo-Grajales, además, casa en Santiago de Cuba. El niño aprende con el padre la esgrima del machete, lo mismo que a cazar, con lo que afina la puntería desde muy joven. Dispone la familia de medios para pagar maestro privado a los hijos, que son 13: nueve de la unión de Mariana con Marcos Maceo y cuatro de la unión de Mariana con Fructuoso Regueyferos, que la deja viuda en plena juventud. Tiene Antonio 16 años de edad cuando su padre le confía un arria de mulos para transportar mercancías desde la finca hasta Santiago y otros lugares cercanos.

“Estalla la guerra el 10 de octubre de 1868, y el 12 Antonio, junto con sus hermanos José y Justo, se integra al Ejército Libertador. Mariana, con un crucifijo en la mano, les hace jurar de rodillas al marido y a todos sus hijos que lucharán por la libertad de la patria o morirán por ella. Antonio tiene 23 años y ya está casado.

“En una contienda en que muchas figuras alcanzan el generalato por su solvencia económica, la ascendencia social o su preminencia en la zona donde se moverían —el lugareñismo, del que hablaba José Luciano Franco—, Maceo asciende grado a grado, por su valor y capacidad combativa, desde soldado a general. Es ya Comandante en 1869. Y a propuesta de Calixto García y la aprobación de Carlos Manuel de Céspedes, que le entrega en persona el ascenso a General de Brigada, el 8 de junio de 1873. Cuatro años más tarde, en mayo, le pide el Gobierno que presente su hoja de servicio. La Cámara de Representantes escucha la lectura del documento remitido por Maceo. La relación de las batallas en las que ha participado es interminable. Pero hay dos acápites que, dadas las circunstancias por las que atraviesa la insurrección, impresionan al auditorio. Son estos: ¿Licencias de que ha disfrutado? Ninguna, se dice en el documento. ¿Castigos que ha sufrido?  Ninguno. La sesión, que es secreta, transcurre sin contratiempos hasta que el diputado Miguel Betancourt dice que es una vergüenza que se exija a Maceo, general de generales y ciudadano ejemplar, pruebas para concederle un ascenso que tiene más que merecido, cuando a otros, apapipios, intrigantes e indisciplinados, se les concede sin apenas discutirlo. Tiene Maceo 32 años y ya es Mayor General.

“Lo alegra el ascenso, pero le inquieta el estado de la Revolución. Se le va apagando la sonrisa que siempre alegraba su rostro. Hay en el campo insurrecto invitaciones al desorden y se aprecia una anarquía desmoralizadora que causa mucho daño. Para colmo, el general español Arsenio Martínez Campos, «El Pacificador», inaugura una política para atraer a los revolucionarios y tiene éxito. Muchos oficiales desertan y se pasan a los españoles. Cunde la desunión y el cansancio. Para muchos, nueve años de incesante guerrear pesan demasiado.

“Maceo, sin embargo, se mantiene firme. Se mueve, con su tropa, por Palma Soriano, Cauto, Baire, Los Indios, Mejía… Redobla el esfuerzo. Es su manera de reciprocar el ascenso. Cuando llegue el Zanjón, él sostendrá la dignidad nacional en Baraguá.”

Agreguemos que fue el artífice de la invasión al occidente de la isla en 1895, como modo estratégico de destruir la base económica sobre la que se sustentaba el dominio colonial de España y de la burguesía criolla que en su gran mayoría tenía por patria su capital y fue el aliado más fiel que tuvo la metrópoli hasta sus últimas consecuencias.

Historia

FERNADO MARTÍNEZ HEREDIA, VIVE


Ayer[1] murió en La Habana una voz distinta en el ámbito de las Ciencias Sociales Cubanas, últimamente fue distinguido con innumerables premios en la esfera académica y no dudo que su huella de intelectual honesto y osado moleste aún a muchos de los que le confrontaron y trataron de callar su palabra sabia, precisa, pero siempre revolucionaria y comprometida.

Desde finales de la década de los 60 estuvo al frente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de La Habana, en un momento crucial del proceso revolucionario cubano. Desde la cátedra él y sus colaboradores trataron de hacer una interpretación más abierta del pensamiento marxista, en el momento en que las voces dogmáticas y panfletarias impusieron un modo de aprender e interpretar el marxismo con el rígido esquema predominante en los países del extinto Campo Socialista, con la Unión Soviética al frente.

Enseñar la dialéctica desde el dogma era la contradicción más aguda de este modo de “predicar” marxismo, apegados a una academia marxista anquilosada y teorizante que terminó por traicionarse a sí misma en una “revisión” de la cual aún sufrimos sus consecuencias.

Fernando estuvo al frente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de La Habana y revolucionó, con los pies en la tierra el modo de enseñar las ideas de Marx, Engels, Lenin y todos los continuadores que a lo largo del siglo XX fueron enriqueciendo el marxismo con la praxis como guía y la historia como maestra.

Uno de los principales aportes a esta polémica anti dogmática de la enseñanza del marxismo fue el “Manual de Filosofía”, publicado en dos tomos y basados en el principio fidelista de no decirle al pueblo “cree” sino “lee”, a modo de enseñar el marxismo desde los clásicos y el debatir constante con sus continuadores.

Los que peinamos canas y tenemos memoria no podemos olvidar “Pensamiento Crítico”, la revista más revolucionaria de aquellos primeros años de Revolución: polémica, clara, abierta a otros razonamientos y cuestionadora, esos fueron atributos de la revista dirigida por Fernando Martínez que fue acusada de “revisionista” y finalmente fue cerrada en aquel convulso y aun por estudiar año 1971.

Fueron herejías revolucionarias, herejías desde la Revolución, modos de ver el proceso revolucionaria internacional y nacional desde otra óptica, sin encasillarlo en un pensamiento decimonónico, traicionado por quienes debieron desarrollarlo al convertirlo en una “Biblia Atea” y ajena a las necesidades de un Tercer Mundo, explosivo y adelantado que no esperó a tener teoría para hacer los cambios que necesitaba y Cuba era el ejemplo y Fernando su mayor defensor desde la cátedra, la teoría y el ejemplo de sencillez martiana al fundirse con su pueblo y su proceso, en el lugar que le asignaron, pero rebelde, despierto, analítico y dispuesto, hasta la muerte.

Podrán reconocerlo o no, pero tenía razón, el tiempo y la historia se la han dado; un proceso revolucionario se salvó en medio del Período Especial, porque volvimos a mirarnos a nosotros mismos y los análisis de Fernando, en libros y ensayos publicados mayoritariamente en América latina, le dieron la razón.

Fue un hereje, para mí el filósofo cubano de la época revolucionaria, marxista sin dogmas, razonador, verdaderamente dialéctico, vivió y murió en Cuba, junto a su pueblo y su Revolución de la que, quiéranlo o no reconocerlo, forma parte indisoluble.


[1] 12 de junio de 2017

Cultura, Historia

ROMA, EL REFULJIR DE TRASTEVERE EN LA PROSA DE MARTI


Amante del arte y cultivador de la cultura, nuestro Martí es ante todo un gran escritor para el que no existe un tema menor, porque cada uno refulge en su prosa como la joya que él quiere mostrarnos, más en una época en la que aún la imagen no es tiránica, sino ilustración y refuerzo de las palabras y en buena parte de estos escritos no hay imágenes sino conformación de ella con las palabras precisas.

Sirva de ejemplo esta brevísima reseña de la ciudad de Roma, en pleno siglo XIX marco para hablarnos de la restauración de la unidad italiana y la referencia virtual a las mujeres del barrio de Trastevere, por lo demás dejemos hablar a Martí:

Roma, que se puso de fiesta para recibir a sus reyes a su vuelta de Austria, ha visto en estos días espectáculos hermosos y cosas amenazadoras. Roma entera tomó parte en las muestras de entusiasmo que acogieron a Humberto y Margarita, y el Quirinal, el Obelisco de Fidias, los palacios viejos, las callejas miasmáticas y oscuras, todo estaba vestido de luces. Era una fiesta llena de jovialidad, como hecha para recibir a reyes jóvenes. En las calles mezclábanse a los ancianos soldados, las gallardísimas mujeres del Trastevere, tipo eterno de amor fervoroso y belleza pictórica. De aquellos óvalos graciosos y dignos, tranquilos y puros, han tomado los grandes pintores los de sus vírgenes. Su hermosura es sólida, majestuosa, reposada. Sonríen, como quien premia. Miran, como quien besa. En pintarlas pasaba Fortuny, el famoso pintor catalán, largas y memorables horas, cerca de sus casuchas miserables, que como mugriento faldero de magnate descuidado, se apoyan en las paredes de espléndidas moradas. De esas luces estaba llena la noche de la recepción la enfermiza Roma, ¡cuna del pensamiento viejo, horno del pensamiento nuevo, casa del arte, pensamiento eterno![1]


[1] Obras Completas de José Martí. T. 14:239

Cultura, José Martí

LA TORRE EIFFEL EN LA PROSA DE MARTÍ


Con esta imagen ilustró su artículo de la Exposición de París en “La Edad de Oro”


Hoy vamos acompañar al maestro en un tour periodístico a la torre Eiffel, el monumento más alto y majestuoso que el hombre levantó en el siglo XIX descrito con asombro y detalle para los niños y jóvenes de América en el primer número de su revista “La Edad de Oro” como parte de su ensayo sobre “La Exposición de París”. Quien no fue allí, no se preocupe, la imaginación modernista del Apóstol pondrá en su mente un detallado retrato de aquella maravilla, no muy bien aceptada por los franceses de su época y ya elogiada por el cubano precursor que nunca estuvo allí:

Pero adonde va el gentío con un silencio como de respeto es a la torre Eiffel, el más alto y atrevido de los monumentos humanos. Es como el portal de la Exposición. Arrancan de la tierra, rodeados de palacios, sus cuatro pies de hierro: se juntan en arco, y van ya casi unidos hasta el segundo estrado de la torre, alto como la pirámide de Cheops: de allí fina como un encaje, valiente como un héroe, delgada como una flecha, sube más arriba que el monumento de Washington, que era la altura mayor entre las obras humanas, y se hunde, donde no alcanzan los ojos en lo azul, con la campanilla, como la cabeza de los montes, coronada de nubes-Y todo, de la raíz al tope, es un tejido de hierro.

“… ¡El mundo entero va ahora como moviéndose en la mar, con todos los pueblos humanos a bordo, y del barco del mundo, la torre es el mástil! Los vientos se echan sobre la torre, como para derribar a la que los desafía, y huyen por el espacio azul, vencidos y despedazados.- Allá abajo la gente entra, como las abejas en el colmenar: por los pies de la torre suben y bajan, por la escalera de caracol, por los ascensores inclinados, dos mil visitantes a la vez; los hombres, como gusanos, hormiguean entre las mallas de hierro; el cielo se ve por entre el tejido como en grandes triángulos azules de cabeza cortada, de picos agudos. Del primer estrado abierto, con sus cuatro hoteles curiosos, se sube, por la escalinata de hélice, al descanso segundo, donde se escribe y se imprime un diario, a la altura de la cúpula de San Pedro.”

Cultura, José Martí

VENECIA “VISTA” POR MARTÍ


José Martí no es solo el político y el hombre adusto que se sentó a escribir sobre su tiempo y la gente, también fue un viajero incansable, tanto por ese pelegrinar de países y ciudades que lo tuvieron como huésped, como por el modo de describir aquellos que no vio con sus ojos sino con su espiritualidad y su gran sensibilidad, vamos con él a Venecia, la ciudad decimonónica ya reconocida por sus monumentos, sus carnavales y la cultura desarrolla en aquel pequeño rincón de Adriático:

“Nutrida está la quincena italiana de cosas nuevas y brillantes: el Vesubio, despierto, mueve al cielo sus lenguas de llamas; … y Venecia, remozada y coqueta, corona de flores su alto Campanille rosado, resucita sus fiestas antiguas, adereza a la margen del Lido, y a la sombra de sus pintorescos emparrados, los sabrosos mariscos que sirviera tantas veces de almuerzo a Teophile Gautier, e inunda con sus góndolas los canales, con sus mujeres de ojos negros los puentes, y con sus gallardos pilluelos, los acróbatas ambulantes, y sus adivinadores de lotería y decidores de buena fortuna, la resplandeciente plaza de San Marcos, -¡este paisaje de ónix!

“De la noble Venecia habló luego el príncipe Teano, y con calor generoso recordó sus glorias, y la creyó merecedora de celebrar en su seno aquella reunión de sabios antes celebrada en Amberes y en París.

…Todo es banquete, festejo y danza. El signor Ottino, que es iluminador famoso, enciende cien mil luces de colores en la plaza de San Marcos, y cuenta contento las cuarenta mil liras que por el adorno de la plaza le pagan. San Marcos, donde en otro tiempo rompieron el aire de Venecia esclava las bandas austríacas, resonará ahora con las altas voces de una colosal orquesta de hijos fuertes de Italia, hijos libres del Véneto. Aquellas serenatas venecianas, cuyos ecos, como diablillos ungidos de amor, revoloteaban, después de oídas largo tiempo, encendiendo llamas e inspirando cantos en torno a la frente de los poetas; aquellas misteriosas flotillas, que como bandada de cisnes negros con ojos de colores, lleno el dorso de rimadores de voz dulce y tañedores de laúd tierno, se deslizaba en la voluptuosa madrugada por los canales sigilosos; aquellas clásicas serenatas características, cantadas con su lira de alas de llama por lord Byron, con su guzla ceñida de coronas de rosas por Alfred de Musset, y con su pluma de mármol por aquella mujer viril y extraordinaria, Jorge Sand; aquellas serenatas animarán de nuevo, sonrientes y sonoras, la ciudad coqueta. Una gigantesca galleggianle, la famosa galera de paseo, como por magos y magas iluminada, cruzará, vestida de lujosos pabellones, las aguas tranquilas. Aquellas tranquilas góndolas de Venecia, aquellos veloces bissone, regatearán como regatearon ochocientos años hace en las fiestas con que fue celebrada la ruidosa victoria del dux Pietro Gondiano sobre los intrépidos piratas que robaron las monjas del convento de Olivolo. Y como no pueden, por inamovible privilegio, tocar manos humanas los muros de la iglesia de San Marcos, la luz, que es resplandor divino, la suave luz eléctrica, bañará las murallas sagradas. Vense por todas partes los geógrafos de Francia, Suecia y Rusia, que han traído consigo muy celebradas y valiosas colecciones;…

“Así renace de su sueño de siglos, en su lecho de mármol, de su polvo de oro, la mágica y magnífica Venecia.[1]


[1] La Opinión Nacional. Caracas 3, de octubre de 1881.Obras Completas Tomo 14:Pág., 88-89

Cultura, José Martí

BACHILLER Y MORALES, EL SABIO DE LOS LIBROS


Hoy 7 de junio[1] es, en Cuba, el Día de los Bibliotecarios, esa especie de sabios anónimos que a tantos de nosotros nos han ayudados en la adquisición de conocimiento, en la búsqueda de una referencia y en el sueño de hallar algo nuevo en los millones de libros que atesoran nuestras Bibliotecas.

Uno de ellos y el más destacado bibliógrafo del siglo XIX cubano lo fue Antonio bachiller y Morales(1812-1889), un indagador en la cultura, sabio por su persistente búsqueda, organizador de los primeros libros que los ilustrados cubanos publicaban y lector incansable.

José Martí lo conoció ya muy mayor en Nueva York y nos deja una hermosa semblanza del anciano en busca de un nuevo libro o un “raro ejemplar” en las librerías de libros viejos o en las mesas de los “libroviejeros” vocablo que yo leí por primera vez en la obra martiana en referencia al comerciante de libros viejos.

En tiempos en que parece que el libro en su soporte de papel va a desaparecer, soy de los que piensa que como ave fénix ese libro se trasfigura en nuevos formatos, pero que siempre será arsenal de sabiduría y cultura para toda la humanidad.


[1] El 7 de junio de 1812 nació en La Habana Antonio Bachiller y Morales reconocido como el padre de la bibliografía cubana.

Cultura
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