Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Agosto, 2016

RECUENTO DE DOS DÍA DE LLUVIA


La Giraldilla, veleta del siglo XVI, símbolo de La Habana, originalmente asentada en el Castillo de La Fuerza

Cesó la lluvia, espero que el sol vuelva a ser el rey en esta ciudad multicolor y muy ocupada en vivir su propia historia, realmente por arte de magia los barrenderos también tomaron un “diez” y la basura que el agua sacó a flote, “adorna” las calles habaneras, fundamentalmente las más populosas, por la que se mueven a diario miles de diambulantes, negociantes, vagos de profesión y la ralea humana que se une a los trabajamos y que hemos tenido que salir casi disfrazada en estas 48 horas para llegar al trabajo.

Si llover es una preocupación, la higiene de esta enorme ciudad lo es más, con cientos de papeles de todo tipo alrededor de cada lugar en donde venden algo, perros callejeros, personas sin hogar y un mundo sórdido de diversidad que parece no ser visto por nadie o al menos ignorados por todos.

La Habana es grande por su gente, no importa en qué barrio, en qué trabajo, su gente bullanguera y variopinta tratando de sobrevivir “por cuenta propia”, hermosa aún en sus defectos, noble en sus carencias, sin necesidad de slogan turísticos para ser hermosa.

Esta ciudad que ya tiene más de 500 años, vagabunda por excelencia, fundada cerca de Batabanó en 1514, muy al sur de donde está hoy, trasladada por sus vecinos a la orillas del río Caciguagua (Almendares) y puesta en el puerto de Carenas por lo estratégico de su posición geográfica, en 1519. Lo saludable de sus costas y la bendición de la corriente del Golfo, pasando a pocas millas de sus costas trajeron el auge de esta ciudad cosmopolita cuando en América solo había aldeas gracias al monopolio de la Flota y a la capacidad de estos náufragos que ya se identificaban a sí mismo como habaneros en ese legendario siglo XVI que determinó que La Habana fuera el ombligo de la Isla, para bien y para mal.

Cultura, Opinión

LLUEVE EN LA HABANA


Es muy difícil en los últimos tiempos ver a La Habana gris con un manto de lluvia que cubra toda la ciudad y su suciedad, lluvia que pone a pensar a cientos de inquilinos atrapado en la trampa del vivir precario, con una gotera por compañía, una tupición, un salidero, un descolchado y todas esas heridas propias de los años sin mantenimiento que tiene nuestros edificios en sentido general.

Llueve en La Habana y en los barrios tradicionales, todo el mundo piensa en el peligroso momento que salga el sol, porque esa conjunción de humedad y calor trae desprendimientos en estas edificaciones heridas y mal tratadas o no tratadas, por una gente a la que acostumbraron que el estado lo resolvía todo, pero cuando pudiera y con quien pudiera; ahora que se le ha dado la posibilidad de arreglarlo por su cuenta, con créditos incluidos, caes en manos de los burócratas que dilatan los tramites y de los especuladores que te revenden lo que el estado puso en sus rastros para que tu comprara.

¿Qué hacemos?, ver llover, ponernos románticos, correr tras las guaguas repletas, sacar el paragua, ponernos las botas y rogar que no se inunden las calles viejas y heridas de Monte, de Cuatro Camino, Vía Blanca y 10 de Octubre y tantas otras que nos dejan en medio de una Venecia pestilente y vergonzosa.

Llueve en La Habana y Servicios Comunales en el peor servicio urbano, no tiene carros para la basura, su personal es escaso y muchas veces solo sirve para lo que hacen y lo hacen mal.

Llueve en La Habana y para algunos será la lluvia un espectáculos desde sus carros o desde sus balcones, para los de a pie, para nosotros es ver a esta bella ciudad del Golfo, llorar fango y basura.

Opinión

UNA ESCUELA EJEMPLAR


En la misma cuadra donde se ubica el Museo Casa Natal de José Martí, en la esquina de Paula y Picota, existe una Escuelita Hermosa que vi nacer a finales del siglo XX a iniciativa de la Oficina del Historiador de La Habana y en una casona colonial rescata del tiempo y la sobre explotación, esa escuela es la Escuela Primaria Don Mariano Martí, en honor al padre del nuestro Apóstol.

Tiene un aula de cada grado desde 1ero y 6to y las condiciones que no solo dan las comodidades arquitectónicas creadas, sino un claustro estable, de calidad y con un “sentido de pertenencia”, como el que aspiramos tengan todos los trabajadores de la educación por su escuela.

Recuerdo en su inauguración en 1998, las palabras de Eusebio Leal, el soñador de La Habana, quien encomendó a nuestro Museo Casa Natal de José Martí la atención a esa escuelita y a todas las que llegaran a esta institución que el pueblo ha bautizado como LA CASITA DE MARTÍ, así únicamente.

Gusto da entrar en aquel jardín de niños, trabajar con ellos en cuantas ideas se les ocurren a sus maestros y a nosotros los colaboradores de la casita, gusto da verlos crecer seis años en conjunción con la historia y la ética de sus maestros y el ejemplo sencillo de hijo de Mariano.

Para los que me lean y vivan cerca de esta ciudad maravillosa que es La Habana, traten de llegar a esta adorable escuelita habanera ejemplo de lo que soñamos para nuestras escuelas y los “príncipes enanos” que en ella estudian.

Educación

LA PRESIÓN EXTRA SOBRE EL ATLETA CUBANO


Cuando llega cualquier evento múltiple deportivo, ya sea de la región o los juegos olímpicos, la isla toda se llena (o la llenan) de expectativa sobre los resultados cuantitativo por el número de medallas a ganar, como si de cumplir una meta productiva fuera, las especulaciones rondan el aquello de si se preparó bien el atleta, los costos de los viajes, la calidad de las instalaciones en Cuba, la alimentación, los implementos y siempre aparece un pero presionante que convierte al atleta en un ser tensionado al que el mundo se le viene encima cuando no cumple la “meta” para la que fue entrenado.

Con las dificultades interna que tiene el sistema deportivo cubano, centralizado, carente de recursos para garantizar un deporte masivo de calidad, no queda más remedio que concentrar a la élite deportiva de la isla y tratar de prepararlo lo mejor posible para una actuación decorosa en las citas del cuatrienio.

Pienso que el Olimpismo moderno, como lo conocimos está por morir, lo ahogarán las ansias de triunfo a cualquier costo, la corrupción, el dopaje y los atletas van camino a ser gladiadores modernos para divertir y entretener a la fanaticada de todo el mundo, vía satélite, en vivo y a todo color, pagados por sus patrocinadores, al fin y al cabo casi es posible escuchar un remedo de aquel grito que se escuchaba en las arenas romanas: “Salve César (público, apostadores, patrocinadores), los que van a morir (¿competir?), te saludan”

Deporte

LA OLIMPIADA DE MUNICH, SE CONSOLIDA EL DEPORTE CUBANO



TEOFILO STEVENSON FRENTE DUANI BOBICK EN MUNICH

La década del 70’ del siglo XX fue un período de consolidación del deporte cubano basado en la pirámide deportiva creada por la Revolución que tenía como base los Juegos Escolares, verdaderas olimpiadas nacionales que se convirtió en cantera del deporte de alto rendimiento en Cuba, es justo destacar la también la invaluable de ciento de técnicos y especialistas deportivos de mucha calidad proveniente del extinto Campo Socialista que moldearon las características del cubano para desarrollar una cantera integral en deportes en los que Cuba nunca había tenido tradición.

El primer golpe de autoridad fueron los XX Juegos Olímpicos que se celebraron en la ciudad alemana de Munich en el verano de 1972, allí se conquistaron las primeras medallas olímpicas de oro después del triunfo de la Revolución, con las tres que conquistó el boxeo, que aportó además y una de plata y otra de bronce. Los boxeadores cubanos colocaron a Cuba en el podio olímpico esta vez frente a potencias mundiales como Estados Unidos, la URSS[1] y Polonia. Los cubanos sumaron 31 victorias en 39 combates, coronándose en tres divisiones, una de plata y una de bronce.

Los medallistas fueron: Orlando Martínez (54 Kg.) oro; Emilio Correa (67 Kg.) oro y Teofilo Stevenson (más de 81 Kg.) oro. La medalla de plata al pecho del corajudo Gilberto Carrillo (81 Kg.) y el bronce para Douglas Rodríguez (51 Kg.). Como colofón de la gran victoria Teofilo Stevenson recibió la Copa Val Barker, al boxeador más técnico y rompió la hegemonía de los pesos completos estadounidense en las Olimpiadas.

El atletismo aportó otras dos medallas de bronce, una por intermedio de la velocista Silvia Chivás en 100 mts. planos y el relevo femenino 4 x 100 mts. (Elejalde, Chibás, Romay y Valdés) y el sonado bronce alcanzado por el equipo masculino de baloncesto. Otro destacado lugar fue para el equipo masculino de sable ocupante de la sexta plaza en estos juegos.

Así comenzó un hermoso camino que puso al deporte cubano en la élite del olimpismo moderno pese a la pequeña población de Cuba.


[1] Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas disuelta posteriormente a finales de la década de los 90’ y que incluían a Rusia como el país más desarrollado.

Deporte

EL DESPEGUE OLÍMPICO DEL DEPORTE REVOLUCIONARIO



Al inaugura los primeros Juegos Escolares en 1963 Fidel les dijo a los entrenadores y atletas presente, algo que parecía una profesía, pero que el tiempo el esfuerzo de la sociedad revolucionaria cubana han hecho realidad: “(…)y ustedes, de entre los que han demostrado vocación por el deporte, firmeza con el deporte, dentro de lo que han demostrado tenacidad con el deporte, condiciones de deportistas, de entre ustedes, jóvenes hoy, saldrán el día de mañana campeones que defenderán con orgullo la bandera de la Patria en las competencias internacionales”[1]

Un año después una pequeña delegación de atletas cubanos competía en atletismo y boxeo de las XVIII Olimpiada organizada por la ciudad de Tokio, Japón (1964), los participantes imbuido por este pensamiento le dieron a Cuba su primera medalla después de dieciséis años de ausencia de estas competiciones, Enrique Figuerola gana la medalla de plata en cien metro planos, era el preámbulo para los nuevos tiempos.

Cuatro años después en la hermana nación de México, Cuba asiste con un contingente de jóvenes a la XIX Olimpiada de Ciudad México, ganando cuatro medallas de plata por intermedio de los boxeadores Enrique Regueifero y Rolando Garbey y los relevos 4 x 100 mts. (masculino[2] y femenino[3])


[1] Discurso de Fidel Castro en la inauguración de los 1º Juegos Escolares. 23 de agosto 1963. Granma Digital

[2] En la posta masculina de Cuba corrieron Héctor Ramírez, Juan Morales, Pablo Monte y Enrique Figuerola. Su tiempo fue de 38, 3 seg.

[3] En la posta femenina cubana corrieron Marlene Elejalde, Fulgencio Romay, Violeta Quesada y Miguelina Cobián.

Deporte

BOXEO CUBANO, UNA FÁBRICA DE CAMPEONES



ÁNGEL HERRERA VERA, BICAMPEÓN OLÍMPICO DE BOXEO

El boxeo es un deporte de tradición y arraigo en la población cubana, de los barrios humildes han surgido por años cientos de jóvenes ansiosos de demostrar su maestría en el ring. Antes del triunfo de la Revolución los mejores talentos y otros no tan buenos arriesgaban su vida en peleas digna del circo romano por su brutalidad. Con la creación del INDER se crea la Federación Cubana de Boxeo en la que colaboran exatletas profesionales como entrenadores junto a técnicos soviéticos que desde finales de la década de los 60s fueron perfilando la que es reconocida hoy como la “Escuela Cubana de Boxeo” que tiene en el Dr. Alcides Sagarra su fundador y mayor promotor. En ella la base del éxito está en la técnica del golpeo, la maestría de los movimientos de riposta y esa depurada técnica para golpear y recibir lo menos posible, que junto a las dotes naturales del atleta le dieron a Cuba sus primeros campeones olímpicos y mundiales después del triunfo de la Revolución, al tiempo que mantenía su supremacía en el área centroamericana y panamericana.

En 1968 en la Olimpiada de México el boxeo hizo sus dos primeros podios con los subcampeones olímpicos Enrique Regüiferos (63,5 Kg.) y Rolando Garbey (71 Kg.). En los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia, los pugilistas cubanos ganaban el torneo panamericano con 4 medallas de oro y 3 de bronce. Lo más espectacular del torneo fue el debut internacional de Teofilo Stevenson en los pesos completos quien en un combate memorable perdió con Duany Bobick de los Estados Unidos, preámbulo de un gran campeón.

En la XIX Olimpiada celebrada en Munich, Alemania (1972), los boxeadores cubanos colocaron a Cuba en el podio olímpico esta vez frente a potencias mundiales como Estados Unidos, la URSS y Polonia. Los cubanos sumaron 31 victorias en 39 combates, coronándose en tres divisiones, una de plata y una de bronce. Los medallistas fueron: Orlando Martínez (54 Kg.) oro; Emilio Correa (67 Kg.) oro y Teofilo Stevenson (más de 81 Kg.) oro. La medalla de plata al pecho del corajudo Gilberto Carrillo (81 Kg.) y el bronce para Duglas Rodríguez (51 Kg.). Como colofón de la gran victoria Teofilo Stevenson recibió la Copa Val Barker, al boxeador más técnico y rompió la hegemonía de los pesos completos estadounidense en las Olimpiadas.

Los Juegos Olímpicos de Montreal, Canadá (1976) fue escenario de un duro torneo para los cubanos, con un equipo de EE.UU. muy bien preparado y las tradicionales escuadras de los países socialistas. Seis cubanos llegaron a finales, tres de ellos frente a boxeadores norteamericanos, entre ellos los legendarios Ray Leonard de los 63, 5 Kg. Que ganó su medalla de oro frente al cubano Ángel Aldama. Posteriormente Leonard fue campeón mundial de los circuitos profesionales, por su altísima calidad y velocidad de piernas. Otro que ganó frente a cubano, fue Leonard Spink (81 Kg.) quien derrotó a Sixto Soria, en pelea para recordar. Spink reinó años más tarde en los pesos completos de las ligas profesionales y el tercer cubano en caer frente a los estadounidenses fue Ramón Duvalón (51 Kg.) frente a L. Randolph, otro extraclase que hizo historia. Los norteamericanos coronaron a cinco campeones olímpicos, en tanto Cuba se ceñía tres coronas: Jorge Hernández (48 Kg.), Ángel Herrera (57 Kg.), sensacional novato que fue sin pronóstico y trajo su título olímpico y Teofilo Stevenson (+ 81Kg.) coronado por segunda vez en los juegos olímpicos.

La ciudad de Moscú, fue la sede de los Juegos Olímpicos en 1980 y allí Cuba recupera su corona con seis medallas de oro, 2 de plata y 2 de bronce. Los campeones olímpicos por Cuba fueron: Bautista Hernández (54 Kg.), Ángel Herrera (60 Kg.) por segunda vez, Ángel Aldama (67 Kg.), Ármando Martínez (71 Kg.), José Gómez (75 Kg.) y ¡Teofilo Stevenson (+ 81Kg.), por tercera vez, el segundo boxeador en lograrlo tras el húngaro, Laslo Pav!

Una década prodigiosa para el boxeo cubano, no solo por lo que alcanzó en torneos internacionales, sino por la probada calidad de los hombres que competían en sus torneos nacionales, que pudieron ser campeones de cualquier evento, con otras selecciones, baste mencionar el caso de Ángel Milián, el boxeador que mayor resistencia le hizo a Stevenson y que no pudo hacer los grandes equipos de la época por la presencia del gran campeón.

Teofilo Stevenson, el atleta cubano de la década, en cualquier deporte respetado y querido en todos los escenarios boxísticos y fuera de ellos por su caballerosidad y su patriotismo, que le hizo rechazar millonarias ofertas para boxear como profesional, es el símbolo del deportista revolucionario, de origen humilde y erigido en tricampeón olímpico y multicampeón en otros eventos a fuerza de calidad y dedicación. Es el atleta símbolo de la Escuela Cubana de Boxeo.

Rolando Garbey, él junto a Regueiferos abrieron el camino de triunfos del boxeo cubano en México 68 y se mantuvo boxeando casi toda la década del 70 alcanzando un bronce olímpico en Montreal, Canadá y su más alto lauro, el Campeonato del Mundo en La Habana, 1974.

Ángel Herrera bicampeón olímpico y multipremiado durante la década en los torneos más importantes del pugilismo amateur, se afianzó como un atleta de mucho coraje y decisión sobre el ring.

Para continuar la leyenda los atletas cubanos tuvieron que espera 12 años, Cuba no asistió a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (1984) y de Seúl (1988), para reaparecer en los Juegos de Barcelona con un potencial que le dio a Cuba el 5to lugar en el medallero general y que fue el cenit del deporte cubano, a partir de ahí otra es la historia.

Deporte

EL PRIMER CAMPEÓN OLÍMPICO DE CUBA Y LATINOAMÉRICA


Ramón Fonst Segundo (1883-1959), nació en La Habana aunque se educó en París Francia a donde se había trasladado su familia, desde pequeño se destacó en la práctica de los deportes, sobre todo en la esgrima deporte en los que alcanzó las primeras medallas de oro de Cuba y Latinoamérica.

Su maestría deportiva es ponderada aún hoy por su entrega y por su longevidad en la práctica, más de cuarenta años en la élite deportiva, lo que habla muy a las claras de su maestría.

Su historia olímpica comienza en la segunda olimpíada celebrada en París, Francia, en el año 1900, donde con orgullo representó a Cuba a pesar de ser campeón de Francia y residir en aquel país, no olvidó que había nacido en esta isla ocupada por esos años por los Estados Unidos. Se impuso en la modalidad de espada al derrotar al local Louis Perreé y fue segundo en la prueba profesional de espada para maestros de esgrima, modalidad que por única vez se presentó, contaba entonces con 17 años.

Su consagración vendría cuatro años después en la III Olimpiada con sede en la ciudad norteamericana de San Luis donde se presentó con un equipo compuesto por su compatriota Dionisio Díaz y el norteamericano radicado en La Habana Alberson Van Zo Post. Ganó en las pruebas individuales de florete, espada y bastón; oro por equipo en florete. Las otras medallas cubanas individuales fueron a los pechos de, Manuel Dionisio Díaz ganador del título en sable; Alberson Van Zo Post, ganador del subtítulo en espada y florete, además de bronce en sable, es decir Cuba ganó la esgrima de aquellos juegos.

Eran tiempos en que primaba el deseo de competir y apenas el deporte era una fenómeno social en menos de una docena de países, la época romántica de las competencia en medio de grandes ferias y durante largos meses, pero aun así la maestría del cubano cuenta entre las leyenda del olimpismo, por su pasión por la competición, su caballerosidad y el afán por competir por su isla, donde él mismo era prácticamente un desconocido.

De ese romanticismo fuimos hecho y así forjamos nuestro camino olímpico trazado a fuerza de sacrificio, voluntad y mucha pasión por Cuba ¿Volverá a ser así?

Deporte

SI EL PUEBLO LE PIDIERA LA LUNA


Tengo ya 65 años cumplidos bajo la era de FIDEL. Esta época que siglos más adelante muchos cubanos añorarán vivir, porque fue(es) el momento de giro para un pueblo pequeño que le tocó cumplir un destino grande en la humanidad moderna y todo bajo un liderazgo fuerte, humano, inteligente, mesurado y sobre todo JUSTO, porque se encaminó a cumplir las aspiraciones de las grandes mayorías en la isla y sentar las bases de la posibilidad del empoderamiento de los humildes, los desclasados, los marginados, los discriminados, en todo el mundo.

Bajo el liderazgo de Fidel Cuba no se hizo una gran potencia económica (no la dejaron los yanquis por su férreo bloqueo y sus agresiones de todo tipo) y como nunca faltan los que ven las manchas del sol, por el oportunismo corrosivo de los acomodaticios y ultraizquierdistas que terminaron traicionando o condenados por la historia, los grandes valores humanos de este pueblo son su legado mayor, junto a éxitos sociales y materiales innegable e impensables en una economía tan pequeña.

Soy FIDELISTA por convicción, yo hijo de obrero sin trabajo, que hizo dos carreras en la Cuba revolucionaria de Fidel, orgulloso de lo logrado y afincado en lo que hago para que no sea inútil el creer en la Revolución, sin fanatismo, y sus líderes históricos.

Cuando apenas era un adolescente leí en una revista, ojalá recuerde en cuál, algo que se me quedó grabado para toda la vida y que retrata la sabiduría de Fidel: un periodista extranjero le preguntaba a Fidel, como para sorprenderlo luego de otras interrogante, ¿y si el pueblo pide la luna?, la respuesta es de antología política, “SI EL PUEBLO PIDE LA LUNA HAY QUE DÁRSELA, PORQUE LA NECESITA”

Para gente como yo, la luna fue una carrera que mi padre no podía pagar, un trabajo que me ha dado prestigio profesional y que no tuve que pagar para que me lo dieran, haber sido formado en esa filosofía de los grandes valores martiano, fidelistas y humanistas, poder legar una historia a mis descendientes y saberme “polvo de estrella” en la galaxia revolucionaria en la que se convirtió mi pueblo. GRACIAS FIDEL

Historia

JOSÉ MARTÍ, CRONISTA DEPORTIVO



Los temas deportivos ocupan un amplio espacio en el periodismo martiano, motivado por el auge que esta actividad ya tiene en los Estados Unidos en la época en que nuestro Apóstol vivió en ese país, y por el amplio destaque que hacen los periódicos estadounidense del espectáculo que brindan los atletas en muchos deportes tanto individuales, como colectivos, profesionales o amateurs.

José Martí sigue este desarrollo y da cuenta de ello en sus crónicas para los periódicos hispanoamericanos, principalmente para «La Nación» de Buenos Aires y «El Liberal» de México; pero no como reportero deportivo al que impulsa el deseo de informar resultados, estilos y formas de jugar, sino lo que hay de humano en estas actividades físicas marcadas por la tensión del cuerpo, el riesgo o los beneficios para la salud y por sobre todo la crítica temprana y de mucha actualidad contra la comercialización que envilece el deporte, ensombreciendo su intrínseco contenido lúdico, en pos de la gloria para su equipo, su escuela, su nación.

En Martí hay severas críticas al fenómeno de las apuestas que ve abrirse paso en medio de aquellos espectáculos más de circo romano que de competición sana, según sus propias palabras, y destaca el daño que tales prácticas hacen, no solo al atleta, sino al público convertido en deshumanizado espectador de aquellas competiciones, muchas veces brutales.

Con sus crónicas, lo ha escrito, no pretende entrar en detalles que a la distancia no le digan nada al lector, sino ir a la esencia de los fenómenos que la “modernidad” van provocando en este pujante país, más allá del deslumbramiento tecnológico o las novedades de todo tipo, que no dejan de serlo en el deporte y la ejercitación física.

Con entusiasmo habla de los ejercicios que ayudan a la salud y elogia a este pueblo que aprovecha la luz del sol para salir al aire libre haciendo caminatas, nadando, excursionando por los campos y playas, llenado sus pulmones de aire saludable.

Es crónica objetiva, poética, pero advertidora del fenómeno comercializador que potencia el espectáculo, el consumo, el entretenimiento vacío, que aletarga la inteligencia y deja poco a la espiritualidad, al humanismo y la solidaridad, rasgos que cuando aparecen, él aplaude como rasgos a destacar en el entretenimiento y deporte sano.

Entre los deporte que vio y describió están, el boxeo, el remo, las regatas de velas, patinaje sobre hielo, atletismo, beisbol y fútbol en su variante de “fútbol americano”.

“Sport”, entretenimiento, recreación y ejercitación, son formas lúdicas que el mira con recelo al verlos cargados de violencia, fanatismo, apuestas y ese afán de ganar dinero aún a costa de la salud.

Eso lo hace echar de menos a los juegos primigenios de las polis griegas, basados en la búsqueda de la gloria, el prestigio y la buena forma física de sus ciudadanos, que al destacarse en estas actividades físicas eran tenidos como héroes por los suyos.

El boxeo es el deporte más reseñado por él, motivado por las espectaculares multitudes que se reúnen para ver aquellos encuentros de pugilato, apenas con reglas y a mano limpia. Tuvo la fortuna de ser contemporáneo del boxeador más aclamado de los Estados Unidos John Sullivan, bostoniano de origen irlandés a quien dedica más de una mención en sus crónicas, no solo para hablar de sus peleas y triunfos, sino también para destacar su conducta humana de marginado social, mimado por todos, por esto para este peso completo del boxeo Martí tuvo un seudónimo que lo caracteriza en sus crónicas: “Bestia bípeda”

Para nuestro querido beisbol, Martí tuvo palabras de elogios al ver su capacidad de mover multitudes tanto para jugarlo como para verlo jugar, lo llamó “pelota”, tal como hacemos los cubanos de hoy, trató de castellanizar términos que estaban en inglés para que lo entendieran mejor los latinoamericanos que desconocían por entonces este deporte: “Macanazo” fue el sonoro nombre que nuestro Apóstol dio al jonrón y “encuclillado”, llamó al receptor o cácher, prueba de que conocía el juego y de que lo disfrutó en la época en que comenzaba a convertirse en pasión para los estadounidenses.

Así vio Martí el deporte y la ejercitación física, muy a tono con sus concepciones humanistas que desde su país se trata de inculcar en los atletas que compiten por nuestra bandera, no importa si pierden, si compiten con honor y dan el máximo sabiendo que en esta isla los cubanos nos sentiremos orgullosos de su esfuerzo.

Deporte, José Martí
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