Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Marzo, 2016

CUBA, LA CULTURA


Hoy 31 de marzo se celebra en Cuba el Día del Libro, desde que en 1960, por esa fecha se crea la Imprenta Nacional de Cuba, con una base tecnológica creada luego de la nacionalización de los periódicos burgueses principalmente en La Habana, el fin era tener libros baratos para las grandes mayoría, por eso el estreno de esta empresa cubana estatal fue con la publicación del clásico castellano, “Don Quijote de la Mancha” en 4 pequeños tomos que hoy son una rareza bibliográfica, más de un millón de ejemplares y al precio de un peso, no era en realidad una edición de lujo, pero tenía el objetivo de llevar este mensaje cultural a las grandes mayoría marginadas de este “privilegio cultural de leer”, no solo por el precio de los libros sino porque más del 26 % de la población no sabía leer, ni escribir, algo que alguien hace muy pocos días me señaló como un gran “logro” de la Republica burguesa en Cuba, claro porque en América Latina y en el mundo de esa época esto era una cifra de privilegio, “en casa del ciego el tuerto en rey”, reza un viejo proverbio español.

Por eso este paso llevó al trascendental acuerdo de la Revolución y de su máximo líder Fidel Castro, de emprender una batalla por erradicar el analfabetismo. Recuerdo muy claramente aquella frase popular de esos primeros y telúricos años de la Cuba Revolucionaria: “Nosotros no le decimos al pueblo cree, sino lee”, (de Fidel) y para leer y escribir hubo que hacer aquella campaña gloriosa en el que participaron mis hermanos mayores y que cuidó mi padre el miliciano, para que el hombre de campo, el mayor afectado por esta ignorancia tuviera la luz de la enseñanza.

“Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella”, fue esa otra gran verdad dicha por Fidel, que los cubanos de aquellos primeros años de Revolución tuvimos que ir desentrañando, porque aprendimos que éramos parte de algo más grande que nosotros mismos y que en medio de tantas agresiones, escaseces y penurias cotidianas éramos al fin dueño de nuestro destino, que era la cultura la base mayor de nuestro futuro y de que la espiritualidad y la unidad de todos era la manera de seguir adelante, soñando con lo que alcanzamos a media, con lo que no pudimos crear, porque fuerzas mayores a nosotros se interpusieron, éramos un mal ejemplo, la “sacrosanta propiedad privada”, esa religión intocable del capitalismo, había sido eliminada de Cuba y entre el no saber y el no poder, tuvimos que vivir para defender lo alcanzado y llegar a esta altura con dignidad, pero con muchos sueños pendientes, a los que no renunciamos.

Cultura, Política

CUBA EL ORIGEN DEL DIFERENDO


Hace pocas horas salió de Cuba el carismático presidente de los Estados Unidos Barack Obama, quien como genio de la lámpara de Aladino vino a ofrecernos todo aquellos que no tenemos sin siquiera preguntar por qué no lo tenemos. Fue simple fórmula de simplificación, si hacen esto tendrán esto y ya, política del palo y la zanahoria que cambia el bocado pero no el garrote, no olvidaremos la historia porque tenemos futuro y existe consenso entre nosotros: “CAMBIAR LO QUE DEBA SER CAMBIADO”, ¿OK Mister?

Para los cubanos es muy importante que en el mundo se conozca la verdad de nuestra historia eso hará que los seres humanos en otras partes puedan entender las razones de los que hicieron la Revolución y la de los que hemos vivido y trabajado bajo este status diferente que nos hace ver un poco raro para los que viven bajo el régimen capitalista. Nadie tiene la verdad absoluta todo depende del prima con que se mire, por eso es mejor informarse y crear nuestras propias conclusiones, aunque en el buscar consumamos un buen rato, este artículo al que remito al lector es una muestra:

“Para el presidente Kennedy, Estados Unidos fue responsable de la dictadura de Batista y los atrasos de Cuba en la década de los 50

“El 24 de octubre de 1963, John F. Kennedy, que ocupaba la presidencia de Estados Unidos, sostuvo una entrevista con el periodista Jean Daniel Bensaid, que trabajaba para el diario francés Le Express.

“Durante su estancia en Estados Unidos, Jean Daniel conoció al periodista Ben Bradlee, de la revista Newsweek, al que confesó viajaría a Cuba para entrevistar a Fidel Castro. Bradlee se lo informó al presidente Kennedy y este se interesó en tener una entrevista con Jean Daniel, cuyo propósito era enviar un mensaje a Fidel Castro.

“El doctor Néstor García Iturbe[1] en su artículo CUBA.- ESTADOS UNIDOS.- Kennedy, hace 49 años, publicado el 19 de octubre de 2012, nos entrega la traducción de un largo fragmento de la entrevista entre el periodista francés y el mandatario norteamericano, donde Kennedy reconoce la responsabilidad de Estados Unidos por el sostenimiento de la dictadura de Fulgencio Batista y la humillante colonización económica de Cuba en la década de los cincuenta.

“Yo creo que no hay un país en el mundo, incluyendo cualquiera y todos los países que han estado bajo dominación colonial, donde la colonización económica, humillación y explotación fueran peores que en Cuba, en parte debido a la política de mi país durante el régimen de Batista.

“Yo estoy de acuerdo con lo que planteó Fidel Castro en la Sierra Maestra, cuando con toda justificación reclamaba justicia y especialmente anhelaba liberar a Cuba de la corrupción. Inclusive puedo ir más allá: en cierto sentido era como si Batista fuera la encarnación de un número de pecados cometidos por Estados Unidos.

“Ahora debemos pagar por esos pecados. Sobre el régimen de Batista, yo estoy de acuerdo con los primeros revolucionaros cubanos. Eso está perfectamente claro.

“Como señala García Iturbe en su artículo, este pronunciamiento no debió resultar muy agradable a los batistianos que se encontraban en Estados Unidos, incluyendo los que formaron parte de la Brigada 2506 y los que ya hacían sus primeros intentos de participación en la política del país. Ni les gustará ahora tampoco, cuando tratan de edulcorar aquella aciaga época de miseria y terror.

“Tampoco debió sonar muy bien en los oídos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Pentágono donde la solución de Cuba no estaba en conversaciones, sino en invasiones.”

Tomado de la edición digital del periódico Granma. La Habana 22/5/2013


[1] Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, del Consejo Científico del Instituto Superior de Relaciones Internacionales y miembro adjunto de la Asociación Cubana de Derecho Internacional. Escribe en periódicos y revistas nacionales y extranjeros y participa como conferenciante, en distintas Universidades y Centros de Estudios de Cuba, Estados Unidos y otros países.

Historia, Política

ICAIC, 57 AÑOS DE REVOLUCIÓN


Una de las primeras instituciones creada por la Revolución triunfante el 1ero de enero de 1959 fue el Instituto de Artes e Industria Cinematográfica (ICAIC) esa institución que fue la vocera principal de lo que ocurría en la Cuba rebelde que nadie entendía y que se le fue de las manos a la maquinaria imperialista allá por los albores de nuestra juventud.

En Cuba se hacía cine antes de 1959, cine comercial, a imagen y semejanza del cine mexicano de aquella época. Con la Revolución un grupo de inquietos intelectuales crean esta institución apoyada por Fidel Castro para poder reflejar los cambios en la isla y expresar de la mejor manera el mensaje de este nuevo proceso social.

Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea, José Massip, Humberto Solás y sobre todo Santiago Álvarez por aquellos emblemáticos noticieros y los pequeños grandes documentales de la actualidad del mundo de los sesenta, ellos dieron personalidad propia a esta institución que nació un 24 de marzo de 1959.

A ellos que dejaron en nuestra cultura la impronta de un quehacer honesto y comprometido va el reconocimiento

Cultura

LA BASE NAVAL DE GUANTÁNAMO, UNA HERENCIA COLONIAL



Estación Naval de los Estados Unidos de América en la bahía de Guantánamo

La base naval de los Estados Unidos está situada en la entrada de la estratégica bahía de Guantánamo, que tiene como características principal, una serie de profundas ensenadas a la entrada de la bahía y luego abrirse en una gran bahía de bolsa, con menor calado, dado el trabajo erosionador de los ríos que desembocan en esta bahía.

Estas estratégicas y resguardadas ensenadas de la entrada son la que ocupan el enclave naval de los Estados Unidos desde hace 118 años (1898-2016) y geográficamente ocupan un lugar privilegiado en la geografía del Caribe, casi frente al Canal de Panamá, cercano a las grandes islas de Las Antillas y con rápida comunicación con los Estado Unidos. Estas ventajas a fines del siglo XIX y principios del XX daban a Estados Unidos un punto clave para su política del “Gran Garrote” y sus intervenciones en nuestra región y hoy sigue siendo un punto neurálgico en su geopolítica.

El nombre de la región que rodea a la bahía es Guantánamo, viene del vocablo de origen taíno proveniente del vocablo Guantabano que significa “Tierra de los Ríos”. Cristóbal Colón visitó la bahía en su segundo viaje, desembarcando en el punto conocido como Punta de Pescador en 1494 y nombró a la bahía Puerto Grande. En unas de sus resguardadas ensenadas exteriores desembarcó Diego Velázquez posiblemente a fines de 1510 para iniciar la conquista de la isla de Cuba, a este lugar de llegada el lo llamó Bahía de Palmas.

Pese a su reconocida ubicación estratégica y sus magníficas condiciones para abrigar un buen número de barcos permaneció despoblada durante más de tres siglos. El primer intento de poblarla estuvo a cargo del almirante inglés Edgard Vernon quien invadió la bahía en 1741 y fundó el poblado de Cumberland, como base para atacar la ciudad de Santiago de Cuba por tierra. Con una fuerza de 4.000 soldados, muchos de ellos procedentes de las colonias inglesas de Norteamérica. La fuerte resistencia de las milicias criollas, entre los que se destacaron los “Tiradores de Tiguabo” y el inclemente clima tropical hicieron insostenible la posición y obligaron a Vernon a evacuar a sus fuerzas hacia Jamaica luego de un tenaz asedio por parte de los criollos.

Durante la intervención norteamericana en la guerra Hispano-cubano-norteamericana la marina de guerra de los Estados Unidos se asentó en la casi desguarnecida bahía de Guantánamo, desde donde operaron contra la ciudad de Santiago de Cuba.

Los infantes de marina desembarcaron con éxito con la ayuda naval; sin embargo mientras se internaban en el país iban chocando con la resistencia española lo cual pudieron evadir y enfrentar gracias a la ayuda de los soldados cubanos del Ejército Libertador.

En la bahía de Guantánamo los marines recibieron el apoyo de las fuerzas del coronel del Ejército Libertador cubano Enrique Thomas, quien al llegar a Playa del Este, lugar del desembarco encontró a una fuerza norteamericana desconcertada ante la resistencia de los soldados españoles y con la aprobación del jefe de las fuerzas yanqui asume el mando y derrota a los españoles en el Cusco, principalmente con sus fuerzas, porque la infantería de marina se mantuvo en la retaguardia agotados por el clima y la baja moral combativa.

Los Estados Unidos asumieron control territorial sobre la bahía de Guantánamo bajo tratado Cubano-Americano 1903, que concedió a Estados Unidos un arriendo perpetuo del área. El 16 de febrero de 1903 se firmó en acuerdo de entrega oficial del enclave a la Marina de los Estado Unidos.

De esta base salieron fuerzas militares de ocupación en mayo de 1912 para “proteger” propiedades de norteamericanos en el valle de Guantánamo, principalmente en los ingenios de la Guantánamo Sugar Company ante el levantamiento armado de los Independentistas de Color, que tenían en esta zona fuertes bases sociales.

En los principios de la Revolución la Base Naval se convirtió en un centro de provocación y hostigamiento a la Revolución Cubana, a lo largo de la frontera, apoyo a bandas contrarrevolucionarias que recibieron abastecimiento logístico desde el enclave y refugio de emigrantes cubanos que recibieron asilo en la base. En lo más álgido de la confrontación se intentó un plan de ataque a la base por parte de los grupos contrarrevolucionarios para acusar del mismo a la Revolución y provocar la intervención del gobierno de Estados Unidos.

El gobierno revolucionario de Cuba considera la presencia de los EE.UU. en Guantánamo ilegal, por estar en contra de la voluntad del pueblo de Cuba y lesivo del artículo 52 de la convención 1969 de Viena sobre la ley de tratados, que declara un vacío del tratado si su conclusión ha sido procurada por la amenaza o el uso de la fuerza en la violación del derecho internacional. Sin embargo, el artículo 4 del mismo documento indica que no aplicarán a la convención de Viena sobre la ley de tratados retroactivo a ninguna tratados hecha antes de sí mismo.

Historia, Opinión, Política

¿QUÉ ES LA ENMIENDA PLATT?



Fue el tratado que impuso el gobierno de los Estados Unidos a los cubanos para su salida del territorio de la isla tras el término del dominio español.

Fue propuesto por el senador yanqui Oliver Platt y regula los términos preferenciales y al margen del derecho internacional que habría entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba.

S mantuvo vigente como espada de Damocles hasta su derogación en 1934.

Sus acápites más infamante para los cubanos fueron, el derecho a intervenir militarmente cuando sus intereses estuvieran en peligro, el no reconocimiento de Isla de Pinos como parte de Cuba y la imposición de la concesión de bahías cubanas para bases carboneras, de las cuales es consecuencia la Bases Naval de Guantánamo.

Este es el texto íntegro de Tratado impuesto como enmienda a la Constitución cubana de 1901:

Enmienda Platt

Que en cumplimiento de la declaración contenida en la Resolución Conjunta aprobada en 20 de abril de mil ochocientos noventa y ocho, intitulada “Para el reconocimiento de la independencia del pueblo cubano”, exigiendo que el gobierno de España renuncie a su autoridad y gobierno de la Isla de Cuba, y retire sus fuerzas terrestres y marítimas de Cuba y de las aguas de Cuba y ordenando al Presidente de los Estados Unidos que haga uso de las fuerzas de tierra y mar de los Estados Unidos para llevar a efecto estas resoluciones, el Presidente por la presente, queda autorizado para dejar el Gobierno y control de dicha isla a su pueblo, tan pronto como se haya establecido en esa isla un Gobierno bajo una constitución, en la cual, como parte de la misma, o en una ordenanza agregada a ella se definan las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sustancialmente, como sigue:

I

Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros la colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.

II

Que dicho gobierno no asumirá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización definitiva después de cubiertos los gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios.

III

Que el gobierno de Cuba consciente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para conservación de la independencia, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para protección de vidas, propiedades y libertades individuales y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.

IV

Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba, durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos.

V

Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los planes ya hechos y otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las poblaciones de la Isla; con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas e infecciones, protegiendo así ala pueblo y al comercio de Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo del Sur de los Estados Unidos.

VI

Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratados la propiedad de la misma.

VII

Que para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la independencia de Cuba u proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos.

VIII

Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos.

Así nació la República con aquel “bando colonial” por encima de su Constitución, chantajeada por un gobierno “amigo” que dejó bien claro que de no aprobarse la Enmienda Platt no se irían de la isla, dejándole a los cubanos la apariencia de independencia y los grandes problemas sociales que la desigualdad, la pobreza y la guerra habían agudizado. Esa es la génesis de la radicalidad cubana.

Historia

LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.


[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, José Martí

BARAGUÁ, LA RESPUESTA DE UN PUEBLO

Hace 138 años se reunieron en la zona conocida como Mangos de Baraguá, el Mayor General Antonio Maceo y el entonces Capitán General de la Isla Arsenio Martínez Campo, que apenas unos días antes había logrado un pacto de paz con el gobierno de la República en Armas, ese fue el Pacto del Zanjón, para el cual no se contó con todos los cubanos combatientes, razón por la cual el Titán de Bronce expresó su desacuerdo en aquella reunión  que la historia recoge como LA PROTESTA DE BARAGUÁ.

El primero en reconocer lo significativo del gesto político de Antonio Maceo fue José Martí, aún sin conocer mucho a Antonio Maceo aquilató la grandeza y dignidad de aquel general negro ganador de sus mérito por sus esfuerzos por lograr la independencia de Cuba y que ante el cierre bochornoso que algunos jefes insurrectos dieron a la Guerra Grande, fue capaz de rechazar, prácticamente solo, acompañado básicamente con la moral ganada en combate, la componenda que dejaba sin resolver los dos problemás más importantes por los que ellos fueron a la guerra: independencia y abolición.

Cuba vive orgullosa de aquella viril protesta que no pudo impedir el fin de la contienda, pero que quedó escrita en la historia como la posición de los más humildes, los que había puesto en la balanza  de la historia algo más que sus riquezas materiales, su vida, sus sueños y sus aspiraciones

Historia

PERIÓDICO PATRIA

(Continuar leyendo »)

José Martí

JOSÉ MARTÍ Y PANCHITO GÓMEZ TORO, UNA AMISTAD MILITANTE


Panchito Gómez Toro (centro), junto a José Martí y Fermín Valdés Domínguez

Cayo Hueso, 1894

Hace 140 años nació Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez, este joven de vida muy breve fue capaz de encarnar valores y méritos que lo hacen digno de su eterna juventud y de ser paradigma para las nuevas generaciones, he aquí la semblanza de su amistad con José Martí

“El mérito no puede heredarse, hay que ganarlo”

Francisco Gómez Toro

Han pasado más de cien años desde el primer encuentro entre José Martí y Francisco Gómez Toro allá en la República Dominicana donde se había refugiado Máximo Gómez y su familia tras el término de la primera guerra por la independencia de Cuba. Martí llegaba a ese país para visitar al caudillo dominicano tras haber organizado el Partido Revolucionario Cubano, con el objetivo de reiniciar la obra inconclusa de aquellos veteranos.

Camino a la casa de Máximo Gómez conoce a Panchito en la bodega (tahona) donde trabajaba, apenas tenía 16 años pero causa una grata impresión en el Apóstol por su seriedad y responsabilidad ante el trabajo, además por los conceptos enraizados en él, su patriotismo y el amor a su familia.

Panchito era el segundo de los hijos de Máximo Gómez y Bernarda Toro, nacido en plena manigua cubana en un lugar llamado Arroyo del Toro, en la finca La Reforma[1] un 11 de marzo de 1876.

Al producirse el Pacto del Zanjón, la familia Gómez Toro sale rumbo a Jamaica a finales de febrero de 1878. Les acompañan sus tres hijos: Clemencia de cinco años, Panchito que no había cumplido aún dos años, y Máximo nacido en 1877. El pelegrinar los llevará a Jamaica, Honduras, los Estados Unidos, de vuelta a Jamaica y finalmente se establecen en Dominicana, la patria del padre. Son años duros, sin trabajo, extranjeros en todas partes y con las penas de Cuba en el alma.

Doce años tenía Panchito cuando llega la familia a la patria paterna, por el camino ha nacido Urbano (1880), su padre fomenta una pequeña finca cerca de Montecristi y en ella permanecen hasta la salida de España de Cuba.

Mientras esto ocurre, en la emigración cubana va creciendo la figura política de José Martí, unificador de ideas y voluntades entre los cubanos veteranos o no de la Guerra Grande, pero convencidos todos de la necesidad de la independencia.

En tarea de unir llega Martí a la tierra quisqueyana el 12 de septiembre de 1892, Panchito lo conduce hasta la casa donde la familia le dispensa al Apóstol todo género de bondades, el Generalísimo Máximo Gómez no está en casa, aunque no tarda en llegar.

A despedirse un día después, dejará Martí sus impresiones sobre el joven Pancho:

“Sigo contigo, puesto que sigo con tu padre, que te sacó al mundo de su corazón, y te llevo en mí, con tu gracia y virtud, como si fueras hijo mío. Nunca seré indigno de que me quieras, y tengo por honor entre honores el haberte inspirado cariño, y haber visto de cerca la gloria de tu casa. ¡Ahora entiendo mejor a tu padre!”[2]

Más dirá Martí del muchacho al referirse a la visita en el periódico “Patria” (29/4/1893):

“Antes echó pie a tierra por breves momentos frente a un grande almacén (…) y el niño ágil esbelto, fino en el traje y maneras, con el genio y virtud en los ojos, clavado a su mesa humilde, aunque parecía ser el alma y confianza de la casa, era sobrio ya como un hombre probado, centelleante con la luz presa, discreto como familiar del dolor, el primer hijo de Máximo Gómez de dieciséis años. A la par de él, niño otra vez el viajero, y crecida de pronto la criatura, llegaron como amigos, a la casa modesta” [3]

Meses después, el 8 de abril de 1894 llegan a Nueva York Máximo Gómez y su hijo Panchito, viene a ver a José Martí y a conocer de sus planes de insurrección. Al viejo Gómez Martí lo conoce muy bien pero su hijo se convierte en una revelación. El generalísimo lo deja junto al Apóstol para que lo representara en su gira por el sur de los Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe.

Esta gira política sirvió para destacar los valores ético-revolucionarios del joven que en medio del intenso viaje se hace un activista que dejó admirado a Martí. No se conformó con ser el representante del padre, sino que compartió la tribuna con Martí en el empeño de ganar voluntades para la causa cubana.

En carta a Gómez Martí le expresa:

“(…)ha sido bello oírlo hablar de súbito, componiendo con singular concisión de voces el pensamiento sincero y oportuno, sin un solo floreo o tono violento, ni esos traspuestos y aprendidos que en los mismos que pasan por maestros quitan fuerza y hombría a la oratoria. Sin vacilar, y al correr de la mente, hace el ese trabajo, rudo aún para los expertos, de ir cogiendo las palabras vigorosas y propias, y cesa cuando el pensamiento cesa. Escribiendo todavía rebusca un poco(…); pero hablando es dueño entero de sí, y ni temerá, ni adulará, ni fatigará a las asambleas”[4]

Más adelante agregará:

“Ya el conoce la llave de la vida, que es el deber (…) No creo haber tenido nunca a mi lado criatura de menos imperfecciones” [5]

De la gira también hablará Panchito en carta a sus familiares y fundamentalmente a su padre:

“Me siento que llevo una pesada carga sobre mis hombros; me siento tan responsable de esta carga, que no podré estar tranquilo mientras no esté satisfecho de que tú a quien tanto debo me veas ya en el camino de poder conservar tu memoria, como tú has conservado la de tus padres, cuya deuda era mucho más pequeña que la mía”[6]

En otra de sus cartas su despedida es signo de la madurez que va alcanzando:

“(…) pero no pienses en el hijo, piensa en el soldado más obediente y cumplidor que mañana has de llevar a la batalla”[7]

A Gonzalo de Quesada escribirá Martí por estos días:

“Pancho me tiene enamorado. Hombre alguno, por muy entrado en años, habría salido con tanta discreción, con palabra tan generosa y medida, con tal dignidad y desembarazo, de los continuos cariños que lo sacan de su varonil sobriedad (…) Su bello corazón se digna o se derrama. Hay genio en el niño. No gana amigos solo con el alma andante de su padre que ahora es, sino por sí por su reserva decorosa, por su simpatía con los humildes, por el ajuste de su edad casi increíble, del pensamiento sólido a las palabras, preciosas y cargadas de sentido, con que lo expresa. Y a mí me llena el corazón, porque es como si me hubieran devuelto al hijo que he perdido”[8]

Fueron meses intensos donde el genio del Maestro encontró en el joven hijo del Generalísimo la continuidad de una juventud comprometida con el deber, exigiendo su lugar en la lucha y no a la sombra de los mayores.

Un años después se reiniciará la guerra de independencia en Cuba, Panchito quedará en casa, disciplinado e inconforme, al frente de la familia, pero hizo que el padre se comprometiera a mandarlo a buscar en la primera oportunidad.

En carta a su padre le exigirá su lugar en la Revolución independentista que se desarrollaba en Cuba:

“Me siento, papá muy pequeño: hasta que no haya dado la cara a la pólvora, y a la muerte, no me creeré hombre. El mérito no puede heredarse, hay que ganarlo”[9]

Su anhelo de luchar por la independencia de Cuba se cumple al desembarcar el 8 de septiembre de 1896 en la playa de María la Gorda en una expedición que trae el vapor “Three Friends” y que viene al mando de Juan Rius Rivera. Su corta campaña bajo las órdenes del Mayor General Antonio Maceo quedará trunca con su heroica muerte en los campos habaneros, junto a su entrañable jefe, el 7 de diciembre de 1896.


[1] Actual municipio de Jatibonico, provincia Sancti Spíritus

[2] José Martí, Carta a Francisco Gómez Toro. La Reforma, 13/9/1892

[3] José Martí, artículo en Patria, 29/4/1893

[4] Carta a Máximo Gómez, 31 de mayo de 1894

[5] Ídem

[6] Francisco Gómez Toro a Máximo Gómez. 25/6/1894

[7] Ídem. 10/5/1894

[8] José Martí, carta a Gonzalo de Quesada. 28/5/1894

[9] 17/1/1896

José Martí

EL TRIUNFO DE LA PELOTA LIBRE SOBRE LA PELOTA ESCLAVA



José Antonio Huelga, una estrella del beisbol revolucionario

A propósito de la visita a La Habana del equipo de beisbol de las Grandes Ligas norteamericanas Tampa Bay, para celebrar un encuentro amistoso con una selección de Cuba, es bueno recordar cómo se rompieron estos vínculos deportivo que tiene sus raíces desde finales del siglo XIX cuando beisbolistas cubanos jugaban en torneos de Estados Unidos y con frecuencia venían a la isla equipos de aquel país a topar con los cubano.

En los primeros años de la Revolución, coexistieron junto al esfuerzo por masificar el deporte, la práctica del deporte profesional en Cuba, muy ligado a las organizaciones norteamericanas del “deporte rentado”. La radicalización de la Revolución y las presiones políticas de los Estados Unidos, pusieron en contradicción a ambas formas de práctica deportiva, por lo que el Gobierno Revolucionario optó por la eliminación del deporte profesional en todas sus manifestaciones dentro del territorio nacional (19 de marzo de 1962).

Al triunfo de la Revolución existía la Liga Profesional de Beisbol, con cuatro equipos: Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, que jugaban un campeonato invernal, que reanudó su torneo el 14 de abril de 1959, inaugurado por el propio Fidel. Ese año el campeonato se lo adjudicó el equipo de Almendares, que poco después ganó la Copa del Caribe en representación de Cuba.

La confrontación política de la Revolución Cubana con la oligarquía criolla y los norteamericanos influye en la organización del campeonato profesional cubano en 1960, las autoridades de EE.UU., no autorizan a los jugadores yanqui para jugar en Cuba. Como consecuencia se crea la Asociación de Peloteros Profesionales de Cuba que se encarga de organizar el último torneo profesional en la isla, iniciado el 17 de octubre de 1960 con peloteros cubanos en los cuatro equipos y ganados por el equipo Cienfuegos y que terminó el 15 de febrero de 1961.

Un hecho relevante del beisbol profesional cubano fue la victoria del equipo Cubans Sugar King en la Liga de la Florida, con categoría Triple A, por primera vez en su última presentación, ya que los magnates del beisbol rentado de los Estados Unidos le retiraron a La Habana la sede del equipo y poco después este desaparece por falta de peloteros cubanos.

Continuando su hostilidad los dueños de equipo de las Grandes Ligas Norteamericanas, presionan a los peloteros que militan en equipos de ese país para que no participen en los torneos cubanos. Ante la crisis en que se ve envuelto el campeonato profesional cubano y la voluntad de la Revolución de abolir el deporte profesional en Cuba, se suspende la Liga Profesional Cubana y se organiza la Serie Nacional de Beisbol, regida por los principios de la práctica del deporte aficionado y la representación de todas las provincias del país desde la base.

El 14 de enero de 1962 en el rebautizado Estadio Latinoamericanos del Cerro, en La Habana, se inicia la I Serie Nacional de Beisbol con cuatro equipos: Occidentales, La Habana, Azucarero y Orientales, compuestos por peloteros poco conocidos por los aficionados del beisbol cubano, pero que no eran bisoños en el desempeño deportivo, la mayoría jugaba en las ligas informales del interior del país y en la capital. Esta primera serie fue ganada por el equipo Occidentales.

Ese torneo primero de nuestras queridas Series Nacionales fue muy bien definido por Fidel como: “El triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”

Deporte
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda