Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Julio, 2015

SANTIAGO DE CUBA, CIUDAD 500


Calle Padre Pico, Santiago de Cuba

Mañana 25 de julio será el aniversario 500 de la ciudad de Santiago de Cuba, la villa oriental, capital sentimental de la parte oriental de Cuba y durante mucho tiempo capital de la antigua provincia de Oriente.

Es por su posición geográfica la más caribeña de las ciudades cubanas, bañada por el mar Caribe y crecida en medio de esa corriente de mestizaje cultural que caracteriza esta región latinoamericana.

Santiago fue la segunda capital de la colonial española en Cuba, el adelantado español Diego Velázquez la creó para capital de la colonia española, en una bahía estratégicamente situada frente a las rutas más frecuentadas por los conquistadores hispanos.

Por más de un siglo fue la capital de la isla y solo el descubrimiento de la corriente del golfo y de la implantación del sistema de flota española para acarrear las riquezas saqueadas de América, convirtieron a la villa de San Cristobal de La Habana, ya para entonces situada en el abrigado y seguro Puerto de Carenas, frente a estas nuevas rutas para los navíos hispanos, en capital de la isla.

Desde entonces pasó a ser la segunda ciudad por su importancia en la isla, pero con una población emprendedora, levantisca y con un gran sentido de la identidad que ha perdurado hasta nuestros días.

Tuve el privilegio de estudiar en su Universidad, de convivir con su gente, de apreciar su extrovertimiento, su manera de darse al visitante y al forastero que vive en ella, porque es su modo de multiplicarse en los amigos, con un orgullo sin chovinismo que ha aportado a la nación cubana una pléyade de grandes hombres imprescindible en la historia y la cultura nacional.

Felicidades Santiago, o “Chago”, como le decimos los que la conocemos, los que hemos disfrutado sus grandes fiestas de puertas abiertas y calor humano tan grande como el climático, los que hemos amado en sus calles y aprendido de su ejemplo.

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LA CULTURA CUBANA, SUS DILEMAS Y FORTALEZAS



“Injértese en nuestras repúblicas el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido en enero de 1889 están estas palabras que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque en interacción constante con el resto del acervo cultural humano.

Recordemos que “Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el neurálgico tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder que veían en esa nación vecina el modelo a seguir, el ideal de nación y la posibilidad de igualárseles.

Frente a ese mimetismo surge la palabra de José Martí advertidora y valiente para reivindicar todos aquellos elementos autóctonos que hacen diferentes a estas naciones de origen latino con fuertes elementos mestizos y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban aquí antes de la conquista.

Era una frase que incluían también a Cuba, aún colonia cuando él escribe esta obra, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a la metrópoli colonial, España; el pueblo cubano ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad transcultural de más de tres siglo por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura que se funde con elementos que ya le serán imperecederos: la libertad y el antimperialismos.

Toca a José Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de su emigración revolucionaria que cuenta con orgullo los avatares de la “Guerra Grande”, canta sus canciones, añora sus paisaje, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia para incorporarse a la tarea de hacer libre a su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía, educado por maestros cubanos que están orgulloso de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado frutos de calidad y poetas como José María Heredia, Plácido, Zenea y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje cubano y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo y la isla que los vio nacer.

Ese es el pueblo cubano que conoce José Martí, al que llama a la unidad y el sacrificio no solo para lograr su independencia de España sino impedir su anexión a los Estados Unidos, esa era para él la mayor obra de este pueblo noble, trabajador y revolucionario.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida sirvió de lección para las generaciones de cubanos que en la República se dieron a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, luchando contra politiqueros y anexionistas de toda laya que resumieron la cubanía en varios elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más y la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano: en medio de la frustración y la rebeldía, el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén, pinta en la trasparencias de Carlos Enrique y la mulatez de Wilfredo Lam, canta en los sones y las rumbas de cualquier barrio, se permite el hermetismo creador del Grupo Orígenes, hace teatro con Paco Alfonso y Piñeras y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier, Carlos Rafael, Raúl Gómez García, para ir forjando con todos ese tronco fecundo de la cultura cubana al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

La Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959, encuentra una cultura nacional madura y activa, fecunda y representativa, que saluda el cambio y se une a él, acepta el reto y nuevas savias que vienen de lugares disímiles. Fue necesario aceptar el reto de alfabetizar un pueblo, de masificar cultura y vestir el arte de campesino y obrero para fecundar el árbol de lo cubano, sin olvidar que el reto era “…injertar en nuestras repúblicas el mundo” fuera cual fuera el mundo y nuevas formas de ver la cultura y el arte llegaron en medio de las transformaciones y la cultura cubana creció, asimiló la savia nueva y Martí siguió diciéndonos “…pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

Un pueblo crecido en estos cincuenta años de Revolución, ha consolidado una cultura donde “el ejercicio de la soberanía nacional es la mejor escuela del espíritu, y del alma de un pueblo, el único medio de mantener despiertas sus virtudes cardinales.”[1]

Donde puede considerarse que la cultura es una “… estructura asimiladora que digiere materiales extraños y que evolucionan sin perder por ello la conciencia de su identidad. Esa asimilación le enriquece y no puede afectar a su destino.”[2]

Estas palabras escritas casi cien años después de la frase de José Martí, tienen el mismo objetivo de destacar la importancia de mantener las raíces de todas formación cultural como único modo de sobrevivir a los intentos hegemonistas de las culturas dominantes del primer mundo dueñas de los medios de comunicación y por ello vendedoras de modelos para los países de “menor desarrollo” cultural

La vigencia de esta frase cobra fuerza mucho mayor en época de “globalización”, “aldea global”, “Mass Cultural” y todo intento de la maquinaria desculturadora del capitalismo moderno empeñado en hacer una versión sintetizada y sin grandes problemas de la cultura humana en general y de las diversas variantes de la misma según las experiencias de cada grupo humano.

La Revolución Cubana que ya cumple cincuenta y un años, como obra y continuidad histórica de las luchas y el pensamiento de José Martí basa su política cultural en este dilema de intercambio cultural que desde el siglo XIX nos plantea Martí, no para dar la espalda al mundo sino intercambiar con él, asimilar y dar, crecer en la fusión pero teniendo bien claro cuales son las raíces que deben prevalecer para conservar la identidad de una cultura, hija ella misma del intercambio pero rica en peculiaridades que le dan signo de otredad y fuerza.

La Revolución Cubana creó la oportunidad de desarrollo para la cultura nacional al incentivar a todos los creadores, priorizando la educación de un pueblo capaz de disfrutar del arte y la cultura auténtico, teniendo como máxima el hecho cierto de que toda la cultura puede ser popular siempre que se auténtica, refleje el sentir de los seres humanos y no se separe de las bases culturales que le dieron origen.

Otro principio básico para toda cultura revolucionaria está centrado en el hecho de que la cultura está en constante cambio que ese proceso de “fusión” del que tanto se habla en la actualidad en algo inherente a las culturas nacionales en constante interacción unas con otras, para enriquecerse y salir fortalecidas, ese fenómeno es el que recoge José Martí en ese ensayo fundacional que es Nuestra América, donde no se habla de chovinismo, ni nacionalismos estrechos, sino de culturas en constante fusión para dar lugar a otros fenómenos nuevos en el ámbito del arte, la literatura y la vida y que solo el tiempo y el pueblo al que va dirigido avalará con su aceptación y desarrollo.

Otro cubano imprescindible, Fernando Ortiz, no por gusto llamado el tercer descubridor de Cuba, devela este fenómeno de fusión cultural que ha llevado al pueblo cubano al desarrollo de una cultura mestiza de muchos componentes, pero donde se destacan dos grandes conglomerados culturales: los de origen ibéricos, venidos con los conquistadores y los de origen africanos, mezclados a fuerza de dolor e incomprensiones a lo largo del desarrollo de una economía plantacionista que tuvo al esclavo africano como principal mano de obra.

A este proceso de “transculturación”[3] Fernando Ortiz lo comparó con el famoso “ajiaco cubano” al qué constantemente se le está añadiendo un nuevo condimento y ¿qué es este proceso sino el mismo al que José Martí se refiere en la frase que encabeza este trabajo, solo que para Martí esto se completa con un componente ideológico fundamental, la defensa de la autenticidad para mantener la soberanía y la libertad, por eso “el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”, lo cual tiene una vigencia primordial en este siglo XXI en el que se proclama la creación de una sola cultura universal, basada en el consumo de productos culturales, “fáciles de consumir” por todos y alienadores de la condición humana, rica, compleja y en constante desarrollo.

[1]“Los tres pilares de la identidad cultural” Por Cheikh Anta Diop” en Revista UNESCO Nº 5/6 1986

[2] Ídem

[3] Concepto acuñado por Fernando Ortiz para referirse a este constante intercambio y fusión de culturas y aparecido por primera vez en 1940 en su obra “Contrapunteo del tabaco y el azúcar”

Cultura, Historia, José Martí

JOSÉ MARTÍ HOY



Una de las razones de la vigencia del pensamiento de José Martí está dada por la contemporaneidad de sus ideas, que nos permite acudir a él, no como fuente literaria únicamente, sino como hombre de estos tiempos que está a nuestro lado para enfrentar los retos de la humanidad de hoy.

En su obra vamos de asombro en asombro, unas veces sintiéndonos aludidos, otras encontrando respuestas y las más de las veces comprometiéndonos. El escritor que hay en Martí no solo es revolucionario porque innova en cuanto a las formas, sino porque expresa una nueva visión de la realidad.

En sus escritos siempre hay una estrecha relación entre lo ético y lo estético, para él no hay separación entre la belleza del contenido y la profundidad de lo que se dice y el compromiso con lo que defiende. El poeta, el periodista, el intelectual es el mismo líder de los cambios que propugna para su país, su gente, la humanidad. “Patria es humanidad”, expresó alguna vez y no dejó por regionalismos estrecho de pensar en su América, Nuestra América.

Su concepción de lo revolucionario está dada por la capacidad del hombre de ser vanguardia, marchar junto a lo nuevo, servir a las mayorías, ser heraldo del futuro y auténticamente nacional al mismo tiempo que solidario con todos los seres humanos.

Su obra intelectual va dirigida a resaltar los valores autóctonos de Latinoamérica, frente a corrientes que en su época y en esta se empeñan en imitar culturas ajenas, tan solo por considerarlas superiores a la propia.

En su viseral ensayo “Nuestra América” se ocupa de dejar claros sus hitos culturales para un mundo nuestro, nuevo y posibles:

“La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria…

“Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas…

“Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!

“…el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero…”

Este es nuestro José Martí.

Historia, José Martí

CUBA-ESTADOS UNIDOS, UNA RELACIÓN PELIGROSA


Dentro de pocas horas se hará oficial el reinicio de relaciones diplomática entre Cuba y los Estados Unidos, relación que llega después de 54 años de tozudez y pulseó político, diplomático y militar para hacer “volver a esta isla al redil del servilismo” impuesto desde la intervención de los Estados Unidos en la guerra que los cubanos desarrollaban contra el colonialismo español, hace más de cien años.

La intervención yanqui no fue la desinteresada ayuda para terminar la guerra, sino el gesto imperial para ocupar los restos de lo que fue el imperio colonial hispano en el mundo: no fue solo Cuba, fueron Puerto Rico, Filipinas y las islas Guam, todas posiciones de España, intervenidas por el naciente poderío del imperialismo de los Estados Unidos.

Nadie le preguntó a los cubanos si querían que Estados Unidos intervinieran, hasta esos momentos la nación del norte se mantenía fuera de la beligerancia e interfiriendo en la labor del emigrado cubano para ayudar en las luchas por la independencia en Cuba.

Aún no está claro el “extraño” estallido del acorazado Maine en la bahía habanera, pretexto para la intervención en Cuba, pero bien claro está en la historia de Cuba la ignorancia del gobierno interventor de los mecanismos de los insurrectos cubanos, no reconocieron al gobierno de la república en Armas, ni al Ejército Libertador, cerraron las puertas de Santiago de Cuba a los heroicos mambises y Máximo Gómez fue largamente ignorado en su campamento de guerra.

El pacto del interventor fue con los autonomistas cubanos, poderosos caballeros que lo menos que querían era una república cubana, pactaron con todo el que los reconoció mientras miraron con recelo a los que querían una República libre en Cuba.

Tomás Estrada Palma les hizo el gran favor de disolver el Partido revolucionario Cubano, el partido de Martí y de los independentistas y chantajearon a los delegados de la Contituyente cubana imponiéndole a Cuba la bochornosa “Enmienda Platt”, que exigió la entrega de bases carboneras para su flota, el derecho a intervenir cuando consideraran que sus intereses estaban en peligro y negaron durante largos años que isla de Pinos fuera parte del territorio cubano.

El embajador de Estados Unidos en Cuba se convirtió en un procónsul al que se consultaba todo en aquella República mediatizada y los gobernantes cubanos tuvieron solo el derecho a robar el erario público.

Cuba sufrió una segunda intervención pedida por el entreguista Tomás Estrada Palma, ambicioso de poder, el hombre que llegó a presidente de la isla siendo aún ciudadano norteamericano y al que muchos cubanos aún quieren reconocerlo como un hombre honesto, como si no fuera bastante su entreguismo.

Alfredo Zayas gobernó con un “asesor yanqui” llevándole la mano para administrar el dinero público y José Miguel Gómez asesino miles de ciudadanos negros con la anuencia yanqui, que en plena matanza, intervinieron en la zona de Guantánamo, para proteger “bienes e intereses de los ciudadanos norteamericanos”

Los anexionistas de hoy quieren vendernos una “prosperidad venida de las manos ensangrentadas de Fulgencio Batista”, dinero de la mafia yanqui para mejorar las condiciones de ese anillo de turismo de juego y prostitución que extendieron de Varadero a La Habana, mejorando infraestructura, con un boom constructivo que dejaba oculto una deuda de miseria que Fidel denunció en su alegato por el juicio del Moncada.

La Revolución tuvo causales profundas y si triunfó en 1959 no fue por la ayuda yanqui sino por la interesa de todo un pueblo por revertir un pasado oprobioso.

Ellos rompieron con la Cuba nueva en 1961, eso le dejaba las manos libres para aplicar una violenta ofensiva de subversión y terror contra los cubanos, la Revolución Cubana no temió en profundizar su accionar por defender las conquistas de todo un pueblo, la nación radicalizó sus principio, la mayoría al lado de la Revolución, las minorías burguesas y privilegiadas junto a los intereses de los Estados Unidos.

Cuba llega hoy a esta posición de reconocimiento de los Estados Unidos sin renunciar a los principios de justicia social y equidad de derechos que hizo de esta pequeña nación un ejemplo para los pobres de la tierra, en igualdad, sin olvidar nuestra historia, ni los principios por los que hemos luchado, saludemos el gesto civilizado de los nuevos tiempo, pero sin olvidar la historia, porque es la gran maestra de la vida.

Historia, Política

CUBA EN LOS JUEGOS PANAMERICANOS


Javier Sotomayor, ejemplo de atleta en Cuba

El 10 de junio de 2015 comienzan en la ciudad canadiense de Toronto los Juegos Panamericanos, la cita de los atletas de Las Américas antesala de los Juegos Olímpicos que el año entrante tendrán su sede en la ciudad brasileña de Río de Janeiro.

Los juegos son una fiesta, muy seguida por la afición de este continente y en particular por los cubanos que a partir del triunfo de la Revolución vimos en estas lides una vitrina para mostrar nuestro avances en los deportes, compararnos con otros con más población y recursos económicos y emular por quedar en el mejor lugar que se pueda en estas citas.

El deporte en América va cambiando, son otros los tiempos, desde finales del siglo XX se desvaneció la barrera entre el deporte amateur y profesional, los patrocinadores se ocuparon de una actividad lucrativa que como espectáculo “vendía” y por tanto dejaba mucho dinero.

Eso hizo que los gobiernos se ocuparan un poco más de sus atletas, ya no solo participar y competir, sino ganar, mejorar marcas, ganar fama y dinero.

Ya el ideal olímpico que reza “Lo importante es competir”, se convierte en una meta romántica que ha llevado al competitivo mundo del deporte a enfrentarse a fenómenos como el dopaje, para conseguir victorias a cualquier costo. El dinero manda, los deporte se transformaron para que la televisión se ocupe de ellos, incluso cambiando horarios y esencias de muchos deportes.

El olimpismo en una sueño, el COI una poderosa organización y los atletas soñadores gladiadores que aspira a mucho más que los laureles.

Para Cuba son tiempos difíciles, cada centavo hay que “arañarlo”, las instalaciones deportivas dejan mucho que desear por su calidad, requisen de reparación y modificación, pero insistimos en los principios de hacer un deporte inclusivo, que forme parte de la salud de esta “pequeña población”.

¿Por qué entonces una meta de medalla, un lugar de privilegio entre las naciones de América?

Principalmente por dignidad, en cada atleta está el sudor de un pueblo lleno de carencias, el dinero que falta para hacer mejores instalaciones, comprar mejores implementos o costear un entrenamiento adecuado, no se lo robó nadie, simplemente falta, porque otras prioridades del estado cubano, de la sociedad cubana impiden que sea más y por la historia de agresiones a que ha sido sometido este país a lo largos de sesenta años y más.

Por eso la alegría de este pueblo está en verlos crecerse en competencias donde otros tienen más recursos, tiene más de donde sacar.

¿Qué el sistema deportivo cubano debe cambiar?, si pero en base a los principios humanistas que han regido en todos estos años y han llevado a este pequeño país a codearse entre las élites deportivas.

Un deporte de calidad, donde no formemos gladiadores, engreídos, sino el atleta sencillo de altos valores humanos como existen hoy retirados y a veces muy poco atendidos en las calles de Cuba. Ese es el significado de la “Medalla de la Dignidad”

Deporte

DEPORTE PROFESIONAL EN CUBA


Esta es una polémica de larga data en Cuba, ¿tenemos deporte profesional en Cuba?, la respuesta difiere según el contenido ideológico que se le quiera dar:

Para los que han crecido en Cuba este deporte presenta dos parámetros básicos, el deporte como salud y recreación y el deporte de alto rendimiento, para conseguir marcas, medallas, prestigio individual y colectivos,… y dinero!

El DINERO es la tabla de la discordia, porque el estado Cubano, único rector de los deporte en Cuba monopoliza el “trabajo” de estos profesionales del deporte en función de los intereses de la nación, frenando el desarrollo de las capacidades del atleta para conseguir buenos contratos y patrocinio, para mejorar su vida y la de su familia.

Esto ha traído grandes polémicas, desencuentros y ostracismo para quienes se han atrevido a hacer una carrera fuera del sistema estatal no autorizado por éste.

Cientos de atletas cubanos formados en Cuba, brillan en ligas y clubes del mundo, muchos más lo harían si no existiera esta barrera de intolerancia que le niega a estos atletas el “derecho” a representar a su país, solo porque decidieron hacer tienda aparte en cuanto a la administración de sus capacidades físicas.

Estoy seguro que ganaríamos todos, ellos por la remuneración justa por lo que hacen, Cuba porque su prestigio y el dinero que ganan pudieran ayudar a reconstruir más de un centro deportivo en precario estado, adquirir implementos para el desarrollo con más calidad del deporte cubano.

El deporte profesional es un trabajo válido en todo el mundo incluyendo Cuba y si nosotros por determinadas políticas no podemos tener Ligas o clubes nacionales que puedan ser patrocinadas por anunciantes del mundo, entonces es justo que ellos puedan hacer sus carreras donde aprecien su talento, sin tener que renunciar a representar a CUBA.

Deporte

A PROPÓSITO DE “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”



Uno de los temas más importantes para los intelectuales y artistas cubanos a principios de la Revolución, era la libertad de creación, por lo que desde inicios hubo tensiones con ciertos sectores que desde la Revolución adoptaban una posición más dogmática, este enfoque era asumido por los redactores de “Lunes de Revolución”, tabloide cultural del periódico Revolución, dirigido por Guillermo Cabrera Infante, quienes desde sus páginas comenzaron a “pedir cuentas” a los escritores y artistas por su obra de “evasión de la realidad” y de poco o ningún compromiso social antes del triunfo de la Revolución, atacando directamente al grupo Orígenes y su mentor José Lezama Lima.

En estos círculos intelectuales había muchas preguntas sin contestar y desde la dirección de la Revolución no había una política cultural definida, como no fuera la línea de “Lunes de Revolución”, que protagonizó una protesta por la censura del documental “PM”, financiado por este semanario y que fue interpretado como un ataque a la libertad de expresión y provocó un malestar evidente entre los intelectuales de La Habana.

Por tal motivo la dirección de la Revolución convocó a los intelectuales a una reunión realizada en la Biblioteca Nacional José Martí, los días 16, 23 y 30 de junio de 1961. El objetivo era debatir los temas que preocupaban a este sector. Fue un proceso extenso, en el que se expresaron diversos criterios, y que terminó cuando Fidel, después de escuchar todos los criterios, dejó definida la política cultural del proceso revolucionario en sus palabras de resumen, conocidas hoy como “Palabras a los intelectuales”:

“Si a los revolucionarios nos preguntan qué es lo que más nos importa, nosotros diremos: el pueblo. Y siempre diremos: el pueblo. El pueblo en su sentido real, es decir, esa mayoría del pueblo que ha tenido que vivir en la explotación y en el olvido más cruel. Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo. El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese: para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos.

“Comprendemos que debe ser una tragedia para alguien que comprenda esto y, sin embargo, se tenga que reconocer incapaz de luchar por eso. Nosotros somos o creemos ser hombres revolucionarios; quien sea más artista que revolucionario no puede pensar exactamente igual que nosotros. Nosotros luchamos por el pueblo y no padecemos ningún conflicto, porque luchamos por el pueblo y sabemos que podemos lograr los propósitos de nuestras luchas.

“Y la Revolución tiene que tener una política para esa parte del pueblo, la Revolución tiene que tener una actitud para esa parte de los intelectuales y de los escritores. La Revolución tiene que comprender esa realidad, y por lo tanto debe actuar de manera que todo ese sector de los artistas y de los intelectuales que no sean genuinamente revolucionarios, encuentren que dentro de la Revolución tienen un campo para trabajar y para crear; y que su espíritu creador, aun cuando no sean escritores o artistas revolucionarios, tiene oportunidad y tiene libertad para expresarse. Es decir, dentro de la Revolución.

“Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie -por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera,- nadie puede alegar con razón un derecho contra ella. Creo que esto es bien claro.”[1]

A pesar de la claridad de estos conceptos, vinieron años de aplicación coyuntural y selectiva de estos principios, de acuerdo al momento histórico y a la percepción de los “funcionarios” erigidos en guardianes de esta política y que trajo un triste “decenio gris”(década de los 70 y más) que empobreció el trabajo intelectual cubano y creó un clima de intolerancia y exclusión muy dañino.


[1] Fidel Castro: Palabras a los intelectuales. La Habana, 1961

Cultura, Historia, Opinión
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