Cultura Cuba

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MARINA GRAJALES COELLO


En Cuba esta mujer humilde y fuerte es un ejemplo, su aporte a la historia patria está en el legado materno que deja para la Historia, madre de héroes, que se formaron bajo sus enseñanzas de ser dignos del deber que le toca cumplir, de servir a la madre mayor, la patria y de llevar el orgullo y el decoro como blasones de familia.

Ella aportó a la independencia de Cuba el esfuerzo de sus hijos, no solo los hijos de Marcos Maceo, su segundo esposo, sino los mayores, los Regueiferos, frutos de su primera unión conyugal.

Mariana fue el eje de esta familia de laboriosos campesinos, mulata ella y sus hijos, nacida libre en medio de un país donde su raza era esclava y en el que el negro ocupaba un puesto subordinado a la raza blanca sojuzgadora y dominante.

Marina era el ejemplo para los suyos, su fuerte carácter, sus valores familiares y esa intuición de matrona digna hizo de ella un ejemplo a seguir por sus hijos e hija, así como por todos los que la conocieron.

Cuentan que al morir en combate su esposo Marcos Maceo, exclamó, “He cumplido con Mariana” y lo mismo harían sus hijos entregados a la causa de la independencia de Cuba, luchadores incansables, héroes de la patria de la que ella es ejemplo de entrega.

Celebramos hoy el bicentenario del nacimiento de Mariana Grajales Cuello (12 de junio de 1815) de ella hablará Martí en sentida nota al saber de su muerte en Jamaica, a donde meses antes había ido a conocerla, esto dijo el Apóstol de la madre de los Regueiferos y los Maceos:

“¿Qué, sino la unidad del alma cubana, hecha en la guerra, explica la ternura unánime y respetuosa, y los acentos de indudable conmoción y gratitud, con que cuantos tienen pluma y corazón han dado cuenta de la muerte de Mariana Grajales, la madre de nuestros Maceo? ¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto? Así queda en la historia, sonriendo al acabar la vida, rodeada de los varones que pelearon por su país, criando a sus nietos para que pelearan.

0 mejor será pintarla como la recuerda, en un día muy triste de la guerra, un hombre que estuvo en ella los diez años, y es sagaz y leal, y tiene fe en ella: ¿qué é todo ha de ser descuajo, y gente nula y destructiva?

Fue un día en que traían a Antonio Maceo herido: le habían pasado de un balazo el pecho: lo traían en andas, sin mirada, y con el color de la muerte. Las mujeres todas, que eran muchas, se echaron a llorar, una contra la pared, otra de rodillas, junto al moribundo, otra en un rincón, hundido el rostro en los brazos. Y la madre, con el pañuelo a la cabeza, como quien espanta pollos echaba del bohío a aquella gente llorona:“¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas! Traigan a Brioso”. Y a Marcos, el hijo, que era un rapaz aún, se lo encontró en una de las vueltas: “¡Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento!””[1]


[1] Patria. 6 de enero de 1894, Tomo 5 Obras Completas de José Martí, pág.25-26

Historia

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