Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Marzo, 2015

SER CULTO ES EL ÚNICO MODO DE SER LIBRE


El 31 de marzo de 1959 nació  uno de los primeros proyectos culturales de la recién triunfante Revolución Cubana, la IMPRENTA NACIONAL DE CUBA constituida en base a las imprentas nacionalizadas de algunos periódicos capitalinos y con su sede inicial en la calle Reina teniendo como director al intelectual cubano Alejo Carpentier.

La Imprenta Nacional nació bajo el principio revolucionario de hacer libros baratos y en tiradas grandes a fin de hacerlos accesible al pueblo, ese gran protagonista de la Revolución un tercio de los cuales no sabía leer ni escribir en aquellos momentos.

Para más simbolismo se escogió la edición de la obra más significativa en lengua castellana, “Don Quijote de la Mancha” vendido aprecio popular en pequeño formato y  en papel periódico, modesto y simple pero que salió a la calle a pregonar que aquella Revolución al igual que el hidalgo manchego venía acompaña de las “locuras nobles” para “deshacer entuertos” y “luchar contra molinos de vientos”.

Desde mis “años altos” puedo dar fe de cuánto me beneficié en lo personal con aquella “gran locura” que puso en mis manos de niño pobre cientos de títulos por centavos y pude ver el mundo como ancho y vasto y crecí en mis sueños de ser alguien, gracias a esta idea basada en esa genuina idea fidelista de “no decirle al pueblo cree sino lee”.

El que tenga ojos que lea, el que tenga fe que entienda, el que tenga memoria que recuerde…

Cultura

DESPEDIDAS DEL MAESTRO


Ese agitado 25 de marzo de 1895 fue un día decisivo en la vida de José Martí, le urgía estar en Cuba, pero la presión de la diplomacia y el espionaje español hacía más difícil el encontrar una embarcación para venir a la isla, en el mismo día en que escribió el Manifiesto de Montecristi trata de tranquilizar a sus seres queridos, de que entiendan sus razones para estar en medio de la guerra y las amorosas razones de amor para que le recuerden.

Aquí están otras dos cartas de ese día martiano, la primera a las hermanas Mantilla Miyares, esa niñas que ha visto crecer y en cuya formación puso todas sus esperanzas en los jóvenes; carta de padre y amigo que aconseja a sus niñas para que trabajen en aquellos en lo que pueden ser más útiles, al tiempo que las hace entender que nada es más grande en la condición humana que la virtud.

La segunda misiva a sus colaboradores más cercanos, Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra a quienes dice más entre línea de lo que queda en la tinta, son los hermanos preocupados por la vida del Delegado y el amigo, los hombres testigos de sus desvelos, uno de ellos, Gonzalo, el primero en ver en él al Apóstol de Cuba; el otro Benjamín el honesto tesorero del Partido Revolucionario Cubano, ambos, manos ejecutoras de sus deseos cuando el deber lo pone en los campos de Cuba, entender esto es conocer más a Martí, hagamos silencio y que la lectura nos deje la impresión grata de esos días de gloria del mejor de los cubanos:

Mi María y mi Carmita:

Salgo de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta he de recibir siempre de Vds., y es la noticia, que me traerán el sol y las estrellas, de que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor,–de que se me conservan generosas y sencillas,–de que jamás tendrán de amigo a quien no las iguale en mérito y pureza.–Y ¿en qué pienso ahora, cuando las tengo así abrazadas? En que este verano tengan muchas flores: en que en el invierno pongan, las dos juntas, una escuela: una escuela para diez niñas, a seis pesos, con piano y español, de nueve a una: y me las respetarán, y tendrá pan la casa. Mis niñas ¿me quieren?–Y mi honrado Ernesto.-Hasta luego. Pongan la escuela. No tengo qué mandarles–más que los brazos. Y un gran beso de su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[1]

Gonzalo y Benjamín:

Partimos. Toda palabra les parecería innecesaria o escasa. Cuanto puedo pedirles, está dicho. Ni sosiego, ni oportunidad, he hallado para ninguna declaración pública, que pudiera parecer más verbosa que útil. Ya será luego, con la majestad del país. Guíenlo todo, si aún tenemos autoridad, sin pompa y sin triunfo, ni más ansia que la de cumplir, con el mayor silencio, la mayor suma de deber. ¿No me regañan? ¿No me dicen predicador e intruso? ¿No me han olvidado aún las mujeres y las niñas o me piensan aún, de vez en cuando? ¿Y Flor, y Serafín y Rodríguez, y Hatton? Yo, tal vez pueda contribuir a ordenar la guerra de manera que lleve adentro sin traba la república, tal vez deba, con amargo valor, obedecer la voluntad de la guerra, y mi conciencia, y volver a abrazarlos. No flaquearé por ningún exceso, ni por el de la aspiración, fatal al deber, ni por el de condescendencia.–Amo y venero cuanto sacrificio respetable se hace alrededor de mí. Voy con la justicia.

Partimos, pues. Les dejo parte.–Ahí, pidan poco. Lo que dejo preparado, con lo natural ese hace. Enseguida, Hatton.–Por el orgullo

del cariño de Vds. de la dulce hermandad de Vds., es más fuerte.–

Su

Martí

(Montecristi) 25 de marzo (1895)[2]


[1] José Martí. Epistolario, t.5, p. 127.

[2] Ídem

José Martí

MONTECRISTI, OTRA CARTA DEL APÓSTOL

El 25 de marzo de 1895 José Martí estaba en el pequeño pueblo dominicano de Montecristi, junto al  General Máximo Gómez se ocupaba de preparar una pequeña expedición que le llevara a Cuba; para él era necesaria su presencia  y la de los líderes históricos de la inclusa Guerra Grande, en Cuba se combatía ya desde el 24 de febrero y urgía consolidar la Revolución en marcha.

Fue un día desicivo, los preparativos del pequeño contingente se unían a la necesaria comunicación con sus colaboradores en Nueva York y otras parte de Las Antillas, esa noche escribió el célebre Manifiesto de Montecristi, documento programático del movimiento independentista cubano, pero hubo tiempo para escribir  una breve y hermosa carta a su estoica madre, la última, la necesaria en la hora de alistarse para el combate y sin saber del destino que le deparaban los acontecimientos, esa carta también merece ser recordada, porque traspira toda convicción de un hombre dispuesto al sacrificio y conocedor del  gran dolor de su madre ante los peligros que corre su hijo:

José Martí

MANIFIESTO DE MONTECRISTI



En esta casa (Montecristi, República Dominicana) perteneciente entonces a Máximo Gómez fue redactado este documento

Hace 120 años se había reiniciado la guerra por la liberación de Cuba del colonialismo español, esta vez dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, un novedoso mecanismo político creado por José Martí para aunar a los cubanos en torno a la independencia de Cuba, la prosperidad de la isla y la creación de una República nueva en América Latina que tuviera por basamento la dignidad plena del hombre.

El 25 de marzo de 1895 en la pequeña ciudad dominicana de Montecristi nuestro José Martí redacta una proclama dirigida al pueblo de Cuba donde quedan puntualizados las razones para luchar por la independencia y asegurar un futuro digno para todos los cubanos. Este documento es conocido en la Historia de Cuba como “Manifiesto de Montecristi”

El pueblo al que convoca el Apóstol es un pueblo mestizo forjado en la fragua trasculturada de más de cuatro siglos de coloniaje y explotación de mano de obra negra y esclava.

Tiene ya en este final del siglo decimonónico una personalidad propia, contradictoria y variopinta, que hace temer a unos y sentirse extraños a otros dentro de este conglomerado social que de todos modos ha madurado y pugna por ser libre.

Cuba era en el período de entre-guerras (1878-1895) una fragua de ideas moviéndose entre dos polaridades de pensamiento político, por una parte el radical independentismo que ya ha dado pie al levantamiento de un pueblo por su libertad y que reposaba de forma turbulenta y crítica en la emigración combativa y en la Cuba profunda de los campos y los humildes que espera una nueva clarinada. En el otro extremo la recurrente idea autonomista, versión nueva del viejo reformismo burgués que espera prosperidad y reconocida personalidad política, bajo la corona del león ibérico.

Penden sobre la isla otro peligro, las pretensiones anexionistas de la república yanqui alimentada por el egoísmo de esta misma clase burguesa, que por proteger sus caudales y privilegios prefiere olvidar sus naturales sueños de libertad y autodeterminación.

La ilusión pasajera de leyes moderadas que dieran a las clases dominantes en Cuba el status de provincia española, se desvaneció en menos de una década, decantando posiciones de una buena parte de la intelectualidad y la clase media de la isla, que desengañados vuelven a la primigenia idea del independentismo.

En este período fecundo y presagiante las autoridades españolas resuelven de forma institucional (1886), el problema que los independentistas ya habían resuelto de modo práctico desde la Guerra Grande: la libertad de los esclavos.

Comenzó un pulseo fuerte entre las dos tendencias políticas de la isla por ganar el favor del negro: si bien España concedió, tras intensa lucha de la población negra, determinados derechos civiles a esos sectores; las fuerzas independentistas consiguieron la mayoritaria adhesión de estos, con un programa que le daba la plena igualdad social en una República, “con todos y para el bien de todos”.

Este panorama socio-político en la Cuba de la “Tregua Fecunda”, hicieron valorar a José Martí que las condiciones para el reinicio de la guerra por la independencia estaban creadas y la población lista para emprender una Revolución que terminara con el coloniaje, impidiera las pretensiones de anexión de los norteamericanos y alcanzara una República de igualdad y respeto para todos.

Era la República ideal que aliviaría los males de la nación y la pondría con justicia en el concierto de las naciones libres, al tiempo que desempeñaba un papel de protagónico equilibrio entre las dos Américas: La prepotente y pujante del norte y la mestiza y pobre del sur.

¿Estaba la nación preparada para ello?

¿Veía el pueblo en la Revolución que se iniciaba, algo más que la anhelada separación de España?

¿Habían desaparecidos las contradicciones y prejuicios en un pueblo, donde aún se escuchaba el eco del látigo?

Estas y otras muchas interrogantes podrían definir el devenir histórico de la nación en el que una sociedad se empeñó en realizar su sueño posible.

Historia, José Martí

LA QUIERO TODA SOBRE MI TUMBA


En mi diario andar habanero, paso con frecuencia frente a esta hermosa tarja de granito verde donde con letras de bronce están inscrito estos hermosos versos de la cubanísima matacera Carilda Oliver:

“Cuando niña mi abuela

Trajo un poco de tierra española

Cuando se fue mi madre

Llevó un poco de tierra cubana

Yo no guardaré conmigo ningún poco de patria

La quiero toda

Sobre mi tumba”

Es su definición hermosa y breve sobre ese sentimiento del emigrante en tierras extrañas, ese ser siempre el otro entre los que viven allí, la nostalgia que vivimos cuando nos alejamos del lugar en que hemos nacido.

Yo emigrante interno de mi isla, añoro ese pedazo de tierra de mis memorias primeras, y vuelvo una y otra vez a sus calles con cierta regularidad, para darme cuenta del tiempo que ha pasado, de los recuerdos que guarda cada rincón donde amé y fui amado; de los lugares donde descubrí cosas medulares para mi vida…y releo la tarja con su sentido de reafirmación y dolor de lejanía y siento el alma llena de todos los que emprendieron el éxodo buscando un sueño, escapando del hermano diferente o añorando riquezas que en muchos casos fueron quimeras y en los que envejecieron con una visión desfasada de la Patria y tratan de espantar los recuerdos que duelen y quedarse con ese poquito de “tierra” y añoranza que se llevaron.

Opinión
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda