Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

LOS TRABAJADORES



Es bien conocida la defensa que hace nuestro José Martí del hombre que trabaja, del emigrante que conoció en los Estados Unidos en sus años de exilio fecundo, del que vio manifestarse con fuerza por sus derechos en una nación joven y pujante que poco reconocía los derechos de esos hombres y mujeres que venidos de todo el mundo levantaban el país próspero y poderoso que hoy son.

Como nadie narró las jornadas de huelga y protesta que en 1889 se produjeron en Chicago y que llevaron a la muerte de varios policías y manifestantes obreros, sus palabras son memorables, condenando la violencia por inicua, pero reconociendo el derecho de estas personas en su lucha por alcanzar una jornada justa de trabajo (8 horas), al tiempo que condena a los capitalistas enriquecidos por esta sobre explotación e incapaces de ceder a un reclamo justo.

Pero la identificación más completa con los trabajadores la alcanzará nuestro Apóstol cuando se acerca a la emigración trabajadora cubana que se asienta en el sur de los Estados Unidos, principalmente en Tampa y Cayo Hueso. Fue una identificación mutua que beneficio al movimiento independentista cubano, Martí porque trajo a ellos el aliento a seguir por esta lucha de liberación nación y la capacidad de su liderazgo; ellos porque le mostraron al líder que eran una comunidad patriótica, aguerrida y dispuesta a todos los sacrificios por tener patria e igualdad en ella.

Estos núcleos de trabajadores cubanos trabajaban en su mayoría en la fabricación de tabacos y entre ellos se sintió Martí como en Cuba:

“El corazón se va al trabajador como a un hermano.- Unos escribiendo las hojas y otros torciéndola. En una mesa tinta, y en otra tripa y capa. Del tabaco, solo queda la virtud del que lo trabaja. De la hoja escrita, queda tal vez la razón de su derecho y el modo de conquistarlo”[1]

Se cuenta que la orden de alzamiento decidida por el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en las personas de José Martí, José María Rodríguez y Enrique Collazo, llegó a Cuba en un tabaco torcido en Cayo Hueso por Juan de Dios Barrios y enviado a Juan Gualberto Gómez. Era una evidencia más del vínculo tan importante que para la causa de la independencia de Cuba tuvieron aquellos humildes y combativos trabajadores cubanos que desde la emigración hacían tanto por la causa.

Al organizarse el PRC sus bases fundamentales fueron aquellos tabaqueros asentados en el sur de la Florida. De ellos diría Martí:

“… ¡Nimiedad podrá parecer!; pero ésta es la salvación de la República: ¡el militar invencible de la guerra, sale de su mesa de trabajador a dar su voz y su voto en los asuntos de la patria![2]

Cayo Hueso y Tampa constituyeron eslabones fundamentales de la emigración cubana donde predominaban los tabaqueros a quienes se debe la creación de múltiples organizaciones sociales que contribuyeron ampliamente a los empeños independentistas de los cubanos.

En Cayo Hueso se fundó en 1869 el primer Club Revolucionario, la Asociación Patriótica de Cayo Hueso presidida por José Dolores Poyo, lector de tabaquería en la fábrica de Martínez Ibor.

Años más tarde, 1884, a raíz de la visita al cayo de Máximo Gómez y Antonio Maceo se organizó en la fábrica de Céspedes y Navarro, un Club de carácter secreto.

En 1891 se funda en Tampa el primer Club Revolucionario, que llevó el nombre de Ignacio Agramonte y cuyo presidente fue Néstor Leonelo Carbonell.

Máximo Gómez escribió:

“Los ricos contribuyentes de sangre y dinero fueron –como acontece en las horas de grandes sacrificios para el bien y la gloria de los pueblos- raras excepciones, puede decirse que la última tabla de salvación para los combatientes lo fue siempre la chaveta del tabaquero”

A los tabaqueros se refiere Martí, a ellos acudió en los momentos de organizar la independencia de la patria.

“¡De los tabaqueros suelen hablar con desdén los que no tienen el valor del trabajo, ni el de ganar con sus manos, sea cual quiera labor, una vida libre y honrada![3]

“…Y si algún bribón le dice que por ser pobre, ha dejado de amar la libertad, que por perder el asiento en la tabaquería ha perdido su amor de hermano al hombre, y el deseo de buscarle en tierra propia una casa feliz y el dolor de la venganza de sus conpatriotas oprimidos, y todo lo que hace la limpieza y la dignidad del ser humano, el tabaquero sin asiento clavará de un revés contra la pared a quien crea que por perdido su jornal ha perdido la honra.”[4]

Los tabaqueros llegaron a establecer el Día de la Patria para contribuir con un día de jornal a engrosar los fondos de la revolución independentista.

“Cubanos que después de trabajar toda la semana para su casa, trabajarán, muchas otra veces, el día de descanso, su domingo, para el tesoro con que han de conseguir su honra de hombres y de ser humanos”[5]

En la medianoche del día 25 de noviembre de 1891, llegó por primera vez José Martí a Tampa, invitado por Néstor L. Carbonell presidente del Club Agramonte. Acuden a recibirlo los emigrados revolucionarios cubanos, muchos de ellos tabaqueros.

Al día siguiente recorre los talleres y fábricas de tabacos, el recibimiento de los trabajadores fue extraordinario. El día termina con un acto en el Liceo Cubano de Tampa donde Ramón Rivera presenta al Apóstol, que pronuncia un discurso conocido con el título de “Con todos y para el bien de todos”

En otra velada de la Convención Cubana en conmemoración del XX Aniversario del fusilamiento de los estudiantes de medicina, pronuncia su segundo discurso denominado, “Los pinos nuevos”

La repercusión de la visita de Martí a Tampa llega a Cayo Hueso, donde por iniciativa de un grupo de obreros tabaqueros se forma un Comité para preparar la visita de Martí e invitarlo.

El 25 de diciembre de 1891 llega José Martí a Cayo Hueso por primera vez, el recibimiento es caluroso y multitudinario, pronuncia un discurso y enferma de bronco laringitis, al punto que el médico le ordena reposo y no recibir visitas.

La noche del 3 de enero de 1892 visita el Club San Carlos y pronuncia un discurso que enaltece a los combativos emigrados cubanos del Cayo. La culminación de esta fructífera jornada fue la reunión y el trabajo conjunto con los presidentes de las organizaciones revolucionarias para unificar criterios para la lucha.

La radicalidad de los tabaqueros cubanos en la emigración se expresa de múltiples formas, en el taller de tabaco de Eduardo Hidalgo Gato, en un lugar visible se destaca un letrero que decía:

“Cubanos: el que no dé para la causa de la revolución no puede seguir trabajando en la fábrica, que es la fábrica de Cuba libre”

El propio Martí escribió en Patria: “Ayer en “La Rosa Española”, la fábrica de Cayo Hueso, no tenía un cubano ferviente, enfermo en la semana de la contribución voluntaria, con qué cubrir el día de trabajo de la patria. Y lo pidió prestado para cumplir con el deber de dar a sus hijos un pueblo donde puedan aspirar a vivir”


[1] OC Tomo I: 254

[2] OC Tomo 2: 38

[3] OC Tomo 5: 417

[4] OC Tomo 3: 371

[5] Diario del Soldado: Fermín Valdés Domínguez

José Martí

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom