Cultura Cuba

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NUEVAMENTE EL TEATRO MARTÍ


Ayer 24 de febrero, fue noticia en La Habana la reapertura del Teatro Martí, institución emblemática  de la cultura cubana, por  los múltiples  acontecimientos sociales y culturales de los que ha sido sede a lo largo de más de cien años de existencia.

El Teatro Irijoa, como se llamó en la época colonial, fue un espacio para la presentación de los bufos cubanos, la ópera, la zarzuela y las variedades que por temporadas pasaban por La Habana por aquellos años terminales del siglo XIX.

Un hermoso coliseo, aireado y popular, pasó a la historia como el primer sitio que llevó el nombre del Apóstol cubano José Martí, en el año 1900 y porque en sus salones se reunieron los delegados a la Asamblea Constituyente que dotó  a la futura República de Cuba de una Constitución, ambos hechos marcan a esta institución.

Pero el siglo XX fue el momento de ver sobre sus tablas el eco del teatro vernáculo que se hacía en el teatro Alhambra, el renacer del Lírico ligero con el auspicio de Ernesto Lecuona, Rodrigo Prat y Gonzalo Roig, tres grandes músicos cubanos que nos dejaron grandes obras musicales, entre ellas un repertorio de Zarzuelas cubanas que aún se representan en Cuba y en buena parte del mundo: “María la O”, “Rosa La China” y sobre todo “Cecilia Valdés” de Gonzalo Roig, esa que los cubanos reconocemos más por sus cantos que por la novela que la inspiró de Cirilo Villaverde.

En el Martí pervivía la cubanía, y fue convirtiéndose, entrado el siglo XX, es escenario para ver pervivir personaje del teatro vernáculo cubano: El Negrito (casi siempre un blanco pintado), El gallego (representante de la grande y omnipresente colonia española) y la legendaria Mulata, esa de la que se ha vanagloriado la sociedad cubana por décadas, más allá de los estereotipos y clichés eróticos.

Todo eso pasó por el Martí, que aún recuerda a actores como Candita Quintana,  Enrique Arredondo, Carlos Montezuma, Aurora Basnuevo, Mario Limonta; músicos Roig, Lecuona, Pratt y a dramaturgos como Héctor Quintero, entre muchos que  merecen está monumental restauración del Teatro, “su” Teatro Martí.

Ojalá, no duerma ahora el sueño de la desidia, y quieran integrarlo a una cadena “elitista” de instituciones para mostrar como museos, el Martí debe retumbar con su público hilarante, puede y debe ser la sede del Teatro Musical que  La Habana necesita desde hace mucho tiempo, para reflejar con lo mejor de la cultura humorística y musical cubana ese rostro que también es nuestro, el de la alegría y la ironía criolla.

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