Cultura Cuba

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ANTONIO VIDAL FERNÁNDEZ, EL MAESTRO SE DESPIDE

El último de los pintores abstractos del “Grupo de los Once” murió en el día de ayer (30 de julio de 2013) aquí en La Habana, ellos hicieron un arte de vanguardia a finales de la década del 50 y al triunfo de la Revolución era uno de los más activos grupos intelectuales del país, tanto por su obra como por el reconocimiento internacional de que gozaron. Aquí está la reseña aparecida hoy en el periódico Granma:

Virginia Alberdi

A los 85 años de edad, el último de los integrantes del reconocido grupo de Los Once, miembro fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y del Taller Experimental de la Gráfica Antonio Vidal (La Habana, 1928), falleció en las primeras horas de la mañana de ayer en La Habana, un artista que por su obra y su propia persona, constituye un testimonio de cómo se acriolló, con rasgos propios, uno de los movimientos estéticos de mayor amplitud en las artes plásticas del siglo XX, el abstraccionismo.

Su sensibilidad artística se desarrolló en medio de duras pruebas. Hijo de un inmigrante español, Vidal salió adelante con el impulso de amigos de su generación, como Fayad Jamís y los poetas que frecuentaban el mítico café Las Antillas y su providencial encuentro con otros jóvenes creadores nucleados en el grupo Los Once, ganados tempranamente por la abstracción y, sobre todo, por hacerla visible en nuestro medio. Entre estos se hallaban figuras que devinieron íconos de la pintura cubana hacia la medianía del siglo, como Hugo Consuegra y Guido Llinás, y en medio de esos avatares Vidal supo hacerse de un espacio singularísimo desde que expuso por primera vez en 1952.

La concepción del abstraccionismo en Vidal nació de una legítima necesidad expresiva. En las muestras colectivas en las que figuró en la década de los cincuenta —en La Habana, Nueva York y Caracas— comenzó a distinguirse por el equilibrio sustantivo entre el manejo libre de las formas y el orden en la composición, paradoja que dio lugar a asimetrías intelectualmente elaboradas y a juegos con la línea y el color donde se advertía una emoción contenida. No hay que olvidar que Vidal dominó al mismo tiempo, la pintura, el grabado, el dibujo y la escultura.

La crítica coincide en que su momento de madurez artística corrió pareja con la revaloración de la abstracción que tuvo lugar en la capital cubana a inicios de los sesenta. Cuadros suyos fueron escogidos entonces para representar a la Isla en la VI Bienal de Sao Paulo, en la II Bienal de México y eventos internacionales en Japón y Polonia.

Dieciocho años dedicado a la docencia en la Escuela Nacional de Arte hizo posible a más de una generación de estudiantes contar con su guía y apoyo, pero alejaron un tanto a Vidal del panorama de las artes visuales de las últimas décadas del siglo pasado, aunque nunca dejó de pintar. Sin embargo la concesión justísima del Premio Nacional de Artes Plásticas en el año 1999 hizo que muchos volvieran su vista con renovados bríos hacia su obra.

Sobre la expresión creadora Vidal sentenció: “Lo ideal es que la gente sienta y entienda el arte porque el arte hay que entenderlo y sentirlo”. Y eso fue lo que hizo Vidal a lo largo de su fructífera existencia: un arte emocional y enigmático a la vez, inteligente y sensible.

Tomado de periódico Granma, versión digital, 31/7/2013

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