Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Mayo, 2013

LEY DE REFORMA AGRARIA


Campesinos felices, del pintor cubano Carlos Enríquez

El 17 de mayo de 1960 Fidel Castro y su Consejo de Ministro se trasladó hacia el intrincado campamento de La Plata en la Sierra Maestra para cumplir la promesa más anhelada por los campesinos cubanos, la Ley de Reforma Agraria. La más radical aplicada por país alguno en América Latina, por medio de la misma más de cien mil campesinos fueron decretados dueños de las tierras que trabajaban como precaristas y que apenas si le dejaba para dar de comer a su familia y con el constante peligro del desalojo de las mismas por parte de sus “legítimos dueños”, grandes terratenientes nacionales y empresa norteamericanas dueñas de feraces tierras en todo el territorio nacional.

La Ley de Reforma Agraria fue el detonante entre el Gobierno Revolucionario y los sectores de la oligarquía nacional y extranjera dueños de la economía de la isla y factor determinante en lo político en todos los años de República a medias en que cientos de miles de familias de campo morían y eran abusadas por los dueños de estas tierras a quienes servían en condiciones semi-feudales sin ningún derecho y amenazados constantemente con ser echados por la Guardia Rural a la guardarraya de los campos de Cuba.

Para los que tiene la memoria flaca es bueno recordar que el campesinado cubano fue el sector más desfavorecido en la seudo república, vivían en condiciones infrahumanas en los más difíciles parajes de la geografía de Cuba, con un altísimo índice de analfabetismo, sin escuelas, ni hospitales, alejados de las ventajas de la vida moderna y constantemente abusados por los poderosos, si solo hubiese sido por este motivo, valió la pena hacer la Revolución en Cuba.

Cultura, Historia

EL EXPERIMENTO DEMOCRÁTICO CUBANO, SU DESGASTE, FRACASO Y SALIDA REVOLUCIONARIA (1)


En 1940 se aprobó en Cuba la segunda constitución con la que contó la República, era el pacto sellado entre los sectores progresistas y revolucionarios, que habían participado en la Revolución de la década del 30 contra la dictadura de Gerardo Machado, y los sectores reformistas y oligárquicos. Se creó una Carta Magna avanzada, llena de conquistas y reconocimiento de derechos para las clases populares, que necesitan de la aprobación de “leyes” para su verdadero cumplimiento, por lo que los gobiernos burgueses que llegaron al poder entre 1940 y 1958 hicieron más por impedir que se cumplieran los mandatos económicos sociales de la Constitución, que por implementar lo que eran conquistas legítimas de la gente.

Con el inicio de la década del 40 comienza en Cuba una etapa de institucionalización burguesa avalada por la nueva constitución proclamada en 1940. A raíz de estos cambios se convocó a lecciones en Cuba resultado electo Fulgencio Batista Zaldivar, el hombre fuerte del Ejército, favorito de la oligarquía nacional, los inversionistas yanquis y coyunturalmente apoyado por los comunistas, en una extraña alianza que le permitió volver a la legalidad, dada las condiciones políticas internacionales de aquellos momentos.

Batista era el hombre que dirigió la represión contra los grupos revolucionarios y de otras tendencias emergidas del turbión de la Revolución del 30; él impidió por la fuerza, la consolidación del movimiento social que pugnaba por cambios radicales tras la caída de Gerardo Machado en 1933 y luego de sofocar las protestas armadas y violentas que caracterizaron ese período, accedió a realizar reformas democráticas, legalizó a los partidos políticos que se opusieron a su régimen, excarceló a los opositores, convocó a una Asamblea Constituyente y renunció a la jefatura del ejército, preparando el camino para la presentación de su candidatura a la presidencia de la República, que ganó apoyado por una coalición de fuerzas de derecha tradicional y de los comunistas, frente a Ramón Grau San Martín que se presentó como candidato por el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), partido de reformista que agrupó a la derecha moderada emergida de la Revolución del 30.

La metamorfosis política de Fulgencio Batista fue forzada por factores internos y externos de la política cubana. En lo nacional, al aplastar al movimiento armado de resistencia, se hacía necesario crear un clima de tranquilidad social que permitiera el desenvolvimiento de las actividades económicas del país, fundamentalmente la zafra azucarera; un clima de confianza para los inversionistas extranjeros, principalmente de los Estados Unidos, dueños de buena parte de la economía de la isla; esto no era posible lograrlo sin hacer reformas, por ello pacta con la oposición, libera a los líderes e incluso establece una alianza con los sectores de izquierda.

En lo internacional, el clima de guerra que se gestaba en el mundo, la amenaza fascista en Europa y la nueva política del gobierno de los Estados Unidos con respecto a América Latina, influyen de manera determinante en los cambios realizados por Batista.

La Constitución aprobada en 1940 era de hecho la más avanzada de América Latina en materia social, en ella se establecía una serie de principios y derechos para los trabajadores no antes vistos en materia constitucional en esta parte del mundo: derecho al trabajo, jornada de trabajo de ocho horas; seguridad social, protección de la familia, voto de la mujer y condena al latifundio, eran entre otras, medidas progresistas necesitadas muchas de ellas de leyes complementarias para su aplicación práctica; es justamente en la aprobación de estas leyes en la que la oligarquía nacional opuso fuerte resistencia para que estas no se aprobaran y cuando se pudieron aprobar al cabo de ocho y más años fue con muchas trabas que prácticamente convirtieron a la Constitución del 40 en letra muerta. Por ello la aprobación de las Leyes Complementarias se convirtió en programa de lucha del movimiento obrero cubano y las clases populares en general.

Batista llegó a la presidencia en 1940 para un período de cuatro años, con un programa que incluía promesas para afianzar las obras sociales que desde la jefatura del ejército había impulsado. Su énfasis fue el mejoramiento de la situación rural, con la creación de escuelas, centros tecnológicos, becas, programas de salubridad, etc. Los objetivos de este programa eran muy limitados y hasta politiqueros; no hubo una intención de abarcar a todo el país, el analfabetismo si bien disminuyó, mantuvo índice superiores al 20% y en las zonas rurales casi duplica estas cifras.

Se impulsaron algunas obras sociales y de salud, ubicadas principalmente en La Habana y otros importantes centros poblacionales de la isla. Se crearon algunas industrias y planes agrícolas y continuó su programa de mejoramiento de condiciones de vida del ejército y la policía.

Todos estos proyectos enmarcados en un período de estabilidad azucarera, con zafras compradas por los Estados Unidos a precio fijo (2,65 centavos/libras) y revendidas por estos a mayor precio en el Mercado Internacional.

Se produjo una coyuntura favorable para el desarrollo de la industria nacional, provocado por el desabastecimiento que se produjo en la isla de algunos productos que venía de Estados Unidos y que ahora escaseaban por los compromisos de la guerra; en el país había capital y disposición para producir lo que no podía traerse de los Estados Unidos, pero hubo una fuerte presión del gobierno de Estados Unidos para impedir que sus mercados tradicionales fueran copados por productos del país, aún a costa del chantaje de suspender la cuota azucarera. La debilidad y el servilismo del gobierno de Batista dieron apoyo a estas presiones yanquis frente a los intereses nacionales.

En lo político el gobierno mantuvo un respeto a la mecánica de la democracia representativa, llamó a todas las fuerzas del país a colaborar en su gestión, recibió el apoyo de la izquierda, la neutralidad hostil de las fuerzas centristas del autenticismo encabezados por Ramón Grau san Martín y la desconfianza de la derecha tradicional que incluso apoyó el amago golpista de jefe del ejército, Eleuterio Pedraza, olvidando que Batista seguía siendo el hombre fuerte del ejército.

El movimiento obrero consolidó su unidad y la ratificación de algunas de las conquistas y aunque no revirtió del todo la situación general de los obreros, sí logró ciertas mejoras dada la estabilidad económica que vivió el país.

El gobierno de Batista restablece las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y mantiene la alianza con el Partido Socialista Popular en una estrategia colaboracionista que les permite lograr un clima democrático para el afianzamiento y apoyo de las conquistas de los trabajadores.

En lo social se mantienen los graves problemas sociales inherentes a la estructura del sistema capitalista subdesarrollado: altos índices de desempleo, analfabetismo crónico, insalubridad para buena parte de la población, falta de seguridad social para ancianos e inválidos y una profunda desigualdad social, que crea los enormes contrastes entre la capital y el resto del país y entre la ciudad y el campo, siendo estas áreas rurales las zonas donde se acumulaban mayores cantidades de problemas derivados de la precariedad y el estado de dependencia del campesinado cubano: la gran mayoría de la población rural carecía de tierra propia, siendo obligados a trabajar en condiciones semi-feudales para los dueños de los grandes latifundios , muchos de ellos en manos extranjeras y dedicados a la producción de caña de azúcar.

Producto de la Segunda Guerra Mundial y la participación de los Estados Unidos en esta se presentaban grandes situaciones de desabastecimiento de productos provenientes de aquel país, dando lugar a la especulación y la “bolsa negra”, la subida de los precios de los productos de primera necesidad y la corrupción de los funcionarios públicos que se someten al soborno de los comerciantes.

Para combatir estos problemas el gobierno de Batista creó la Oficina de Regulación de Precios de Abastecimientos en 1942, cuyo objetivo era combatir estas irregularidades que gravitaban sobre la economía popular. La debilidad del gobierno para hacer cumplir sus propias regulaciones provocó el disgusto de la población y la movilización obrera en demanda de aumentos salariales para contrarrestar el alza de los precios; son factores que desgastaron al gobierno frente a la demagogia reformista del Partido Revolucionario Cubano (auténtico) encabezado por Ramón Grau San Martín, quien gana las elecciones de 1944 con la esperanza de las mayoría de que sus promesas de honestidad y mejorar sociales fueran la base de su gobierno. (Continuará)

Historia

PATRIMONIO, REALIDAD Y NECESIDAD





Museo Casa Natal de José Martí, La Habana, Cuba

El 18 de mayo celebraremos el DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS, esos espacios en los que he dejado más de la mitad de mi vida profesional y que me han permitido acumular una experiencia de la que estoy realmente orgulloso y que aplico cada vez que estoy frente a ese gran destinatario de nuestro trabajo que es el público.

A pesar de las duras condiciones económicas del ámbito nacional, el estado cubano ha hecho una contribución extraordinaria para mantener una “red de museos” que abarca todo el país, con el fin de conservar el patrimonio de la cultura y la sociedad cubana en general.

Antes de 1959 en Cuba existían en Cuba menos de cinco museos sobresaliendo el Museo Nacional de Bellas Artes ubicado en un moderno edificio construido por el gobierno de Fulgencio Batista y en el que se exponía importantes colecciones de arte antiguo y exponentes del arte europeo de diferentes siglos, así como una colección de pintura cubana.

Otros museos relevantes de la época republicana eran el Museo Bacardí de Santiago de Cuba y el Museo Oscar María de Rojas de Cárdenas, Matanzas.

Con el triunfo de la Revolución se crearon nuevos Museos, los primeros de ellos con las colecciones confiscadas a la burguesía nacional que abandonó el país en la década del 60. En estos años se fundan dos emblemáticos instituciones como fueron el Museo de Artes Decorativas y el Museo Napoleónico, ambos en La Habana.

En diciembre de 1978 existían en Cuba 66 museos en doce de las catorce provincias cifra que crecería a partir de la promulgación de la Ley 23 de 1979 que estipula la creación de un museo en cada Municipio. La pasividad de la proyección trajo por consecuencia el surgimiento de muchos museos con pequeñas colecciones, apoyadas en un guión museológico homogéneo basada en la lectura oficial de la historia de Cuba, en el que poco se veía la Historia Local, pero el esfuerzo consolidó una red patrimonial que mostraría su madurez mayor con la creación del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), escuela formadora de los primeros especialistas en museología y gestor de los primeros trabajos de restauración del centro histórico de La Habana, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982.

El trabajo dedicado y tenaz de Eusebio Leal marca la pauta dentro de la restauración del centro histórico, primero salvado y organizando edificaciones y colecciones, más tarde en el peor momento de la crisis económica del “Período Especial”, desarrollando un novedoso sistema empresarial que permitió la autogestión de la restauración de La Habana Vieja, la creación de un conjunto de instituciones culturales, muchas de ellas museos y rescatar este tesoro de la cultura cubana que de otro modo hubiese desaparecido por la sobreexplotación, la antigüedad y falta de mantenimiento de sus edificaciones y la densidad de población que vivía en aquellos añejos edificios en condiciones de precariedad e insalubridad.

La Creación de la Oficina del Historiador de la Ciudad en pleno Período Especial fue un momento importante para el patrimonio cubano y para la museología en particular, las pautas trazadas por Eusebio Leal y la Oficina del Historiador, sirven hoy de ejemplo para el rescate del patrimonio de modo sostenible en todo el país, por ello en el día de los Museos el homenaje al Historiador de la Ciudad de La Habana, Dr. Eusebio Leal.

Cultura

Prisión Fecunda


El 15 de mayo de 1955 salían del Presidio Modelo de Isla de Pinos, los asaltantes del cuartel Moncada que había sido enjuiciados y condenados dos años antes; la presión de la opinión pública cubana y el apoyo expresado por medios de prensa y compañeros de causa fueron factores que determinaron la amnistía para los jóvenes que volvieron a la libertad con el compromiso de seguir adelante en el camino revolucionario que ellos se había, trazado.


Al frente de aquel grupo de jóvenes estaba Fidel Castro quien dejó bien claro que la salida de la cárcel no significaba ningún compromiso con la dictadura de Fulgencio Batista y sí con las ideas que fueron a defender cuando realizaron la acción del 26 de julio de 1953 por la que cayeron valiosos jóvenes inspirados en las ideas de José Martí de hacer una República, “Con todos y para el bien de todos”.

Historia

HACIENDO HISTORIA


Llegó el Comandante y mandó a parar

Los cubanos tenemos que seguir recordando, contando historias que a otros parece que se le ha olvidado o lo que es peor, les ha dado por contarla de modo maquillada, suave, fácil de digerir, de tal modo que según sus conclusiones la Cuba de los años 50 era un paraíso terrenal donde unos cientos de privilegiados vivían el idílico “sueño americano” en suelo cubano, con casas a todo lujo en barrios exclusivos, clínicas privadas, clubes y playas solo para ellos, donde ni por asomo un negro  podía estar, a menos que fuera empleado y hubiera entrado por la puerta trasera.

¿La mujer cubana?, encontraba trabajo fundamentalmente como meseras de cafetines o criadas en casa pudientes, si es que no tenía que vivir de la prostitución o pegada a lavar y planchar para la calle, eran muchas, grandes burdeles  llenaban las ciudades de Cuba, desde La Habana hasta Guantánamo, y miles de ellas eran analfabetas.

La memoria es flaca, pero la Revolución que encabezó Fidel Castro y una generación digna de jóvenes, tenía por objetivos barrera estos y otras miles de “manchas” de la República nacida el 20 de mayo de 1902, la vida que es la gran maestra, les enseñó que había que cambiar de raíz esos males si se quería tener futuro y no tuvieron que convencer a nadie de que esto era lo justo.

En un país donde el cubano era un paria, donde las inversiones y propiedades de los estadounidenses eran mayores que las de la exigua y vendida burguesía cubana; donde los presidentes salían millonarios del poder y la “política” era el negocio mayor si se quería hacer carrera, no había mucho que explicar al pueblo, la Revolución estaba latente, solo hubo que decirle al pueblo, toma, lucha por tus intereses y por la vida mejor que te mereces por ser humano.

La Habana del 50 tan revisitada por articulistas y soñadores perdedores, que cierran sus ojos a la realidad de que Cuba cambió y sigue cambiando, no es un paraíso, hay muchas cosas que hacer, como país asediado vive con un gobierno fuerte con gran apoyo popular, nosotros mismos queremos un país mejor, próspero y rico, pero donde no se destruyan los valores que estos cincuenta años de Revolución construyeron: pueblo culto, preparado como ninguno, con un sistema de salud de resultados palpables y donde no existen desaparecidos, ni ejecuciones extrajudiciales, con un bajo índice de delincuencia, donde el juego de azar es delito, la prostitución es remanente y no cuenta con el apoyo del estado y lo más importante, con poco, pero sin nadie desamparado.

Los cambios se hacen en casa, sin recetas de fracasados, ni perdedores, pese al bloqueo económico de los Estados Unidos, su persecución a todo lo que tiene que ver con la Cuba revolucionaria y los errores y oportunismo que nunca faltan en toda sociedad.

Historia, Opinión

SER BUENOS



Cuadro de Roberto Fabelo (Fragmento)

Para nuestro José Martí la categoría ética más alta es “ser bueno” esa es en esencia el resumen de lo humano, porque recogen en sí misma todas las otras categorías positivas del carácter  y sirve de valladar a los antivalores, porque “ser bueno” implica defender y practicar principios altos que nos elevan hasta la altura de lo humano.

Crecí leyendo estas cosas en la revista “La Edad de Oro”, pero en mi casa mis padres predicaban la escuela del ejemplo y aunque muchas cosas faltaran, la dignidad, la honestidad, la tenacidad, la ayuda al prójimo, en fin ser bueno eran valores que no faltaban.

Vivimos en época de violencia y egoísmos exaltados, cuando el “sálvese quien pueda” parece ser la única ley en un mundo tan lleno de precariedades espirituales que hace lo más común que el ser humano sea enemigo del ser humano.

Por eso muy a la antigua, como la piedra filosofal de la humanidad toda, creo que la bondad debe prevalecer si queremos tener futuro, por eso vuelvo a Martí a su relectura para los niños en su revista sencilla y eterna, “La Edad de Oro”:

«Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. (…)Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como cosa de su corazón.

(…) Los niños saben más de lo que parecen, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían.(…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien, hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar. Porque las mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas. Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque La Edad de Oro tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que las leyesen los colibríes, si supieran leer. Y les diremos Cómo se hace una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja, cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo, nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga: “¡Este hombre de La Edad de Oro es mi amigo”

Introducción al primer número de “La Edad de Oro”, julio de 1889

Educación, José Martí

LOS SIETEMESINOS


A los sietemesinos sólo les faltará el valor

José Martí

“Sietemesinos” es el modo que encontró José Martí para llamar a la gente que se deslumbra con todo los extranjero (lo que viene de afuera) mientras denigra y se avergüenza de todo lo que es de su país, gente que encuentra bueno lo extranjero solo por serlo y que llevan su “etiquetada vida” a una especie de status social que lo eleva por encima de los mortales comunes, los que José Martí ridiculiza en su artículo «Nuestra América»: “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan. ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades!

Pero recordé más, y fui a las Obras Completas del Apóstol en busca de las reflexiones de un hombre aún joven que en 1885 describe deslumbrado y sabio las regatas tradicionales entre un yate inglés y uno norteamericano, matizada por el patriotismo que una victoria enciende en los hombres y mujeres de cualquier latitud, es por ello que sus atinadas palabras mantienen actualidad para caracterizar a quienes el consumismo convierte en personas, “tan desechables” como los productos que los esclavizan:

«…ya porque un vapor lleno de bostonianos ha venido río arriba, con ocasión de las regatas, a mofarse de los petimetres neoyorquinos que no hallan cosa de su tierra que sea buena: y compran en Inglaterra yates que Nueva York vence, y andan por las calles a paso elástico y rítmico, como si anduviesen sobre pastillas, y hablan comiéndose las erres y la virilidad con ellas, acariciando con el mostachillo rubio el cuerno de plata del bastón que no se sacan de los labios: son unos señorines inútiles y enjutos, a quienes no se ve por las calles desde que venció el Puritan.

«Las regatas, como tantas otras cosas, no son de valer por lo que son en sí, sino por lo que simbolizan. De los Estados Unidos se van las herederas a Inglaterra, a casarse con los lores; ningún galán neoyorquino se cree bautizado en elegancia si no bebe agua de Londres; a la Londres se pinta y escribe, se viste y pasea, se come y se bebe, mientras Emerson, piensa, Lincoln muere, y los capitanes de azul de guerra y ojos claros miran al mar y triunfan. La grandeza tienen en casa, y como buenos imbéciles, porque es de casa la desdeñan. Hasta la hormiga, la mísera hormiga, es más noble que la cotorra y el mono.

« Pues si hay miserias y pequeñeces en la tierra propia, desertarlas es simplemente una infamia, y la verdadera superioridad no consiste en huir de ellas, ¡sino en ponerse a vencerlas! La regata ha dado esto bueno de sí, como da siempre algo bueno, aunque parezca puerilidad al que ahonda poco, todo acto o suceso que concentra la idea de la patria; ¡hay un vino en los aires de la patria, que embriaga y enloquece! Se le bebe, se le bebe a sorbos en estas grandes ocasiones y ¡parece que se deslíen por la sangre, con prisa de batalla, los colores de una gran bandera![1]»

Así anda el mundo de imitadores y gente sin espinazo, incapaz de amar lo propio por humilde, pero dispuestos siempre a vender su alma al diablo porque está de moda eso de ser distinto copiando al mozo de la revista o a la Barbie de plástico.

“Nuestro vino de plátano y si sale agrio ¡es nuestro vino!!, también diría Martí


[1] La Nación. Buenos Aires, 22/10/ 1885. Tomo 10. Obras Completas de José Martí. 1975

José Martí, Opinión

SOLEDAD

Niños felices


Da la sensación de que cada día estamos más solo, nos cansamos de hablar y hablar, buscando un interlocutor racional o cuerdo, que tenga tiempo para escuchar a un alma que trata de comunicar y al final recibes respuestas incoherentes que no son respuestas sino eco de sus mismas voces.

El ser humano parece conformarse con su propia sombra, camina con muchos pero le teme al contacto con ese otro que va a su lado y que posiblemente tenga más en común con él que diferencias.

Eso es raro en una época de tantos aparatos para comunicarse, tantos modos para saber de los otros y sin embargo el humano prefiere enajenarse en una orgía lúdica que lo empequeñece.

¿Será eso casualidad?

Creo sinceramente que no, los dueños del mundo, los que deciden que nosotros somos “consumidores” y no seres racionales gregarios que nos necesitamos mutuamente, sustituyen la libertad de pensar por una sensación de que somos dueños de nosotros mismos, cuando en realidad cada día estamos más solos sin que nos importen los problemas del otro, mucho menos si no habla nuestra lengua y no tiene nuestras costumbres, porque ese es un extraño y no el hermano que vive con nosotros la aventura más grande de la creación.

¿Por qué no juntamos nuestros pequeños planetas espirituales para impulsar las grandes causas del hombre y la mujer contemporáneos?

Primero debemos dejar de estar solo, con nuestros egoísmos y nuestras muchas cosas materiales, esas con las que no cargamos al morir, esas por las que no nos recuerdan.

Llevemos con nosotros la bondad y el amor, cultivemos la amistad y radiémonos de la calidez de la fogata humana a la luz de la cual nuestras historias se fundan con las de otros para formar el gran canto humano.

Opinión

LA MEDIOCRIDAD


La mediocridad es la antítesis del talento, si el talento forja su camino con estudio, esfuerzo y mucho laboriosidad, la mediocridad pretende llegar rápido, alcanzar los resultados rápidos y sin hacer mucho esfuerzo: lo copia.

De eso está muy lleno internet, de copiadores del talento ajeno al que tratan de sacar partido con un remedo de baja calidad pero que a ellos, los mediocres, le da el caparazón suficiente para cubrir su desnudez.

El talento es un don de Dios, se cultiva y crece con el esfuerzo, se embellece cuando va acompañado del desprendimiento, la bondad y el amor al prójimo… pero cuidado, a veces se hace patán, insolente, autosuficiente y se seca dormido sobre los laureles y la adulación de los mediocres.

Hoy que los medios en el mundo se han democratizado y se hace fácil que cualquier persona pueda expresar y poner su pensamiento y creatividad a disposición de todos, hace falta que el talento sea responsable, porque nada es peor que la manipulación, la desinformación y el burdo intento de coapta a otro.

Por eso el remedio sigue siendo la cultura y la educación, modos sociales de alcanzar por la vía del esfuerzo lo que el talento hace fácil y la mediocridad quiere enseguida,  para que lo entiendan todos y tener su momento de brillo.

Al mediocre le acompaña siempre la envidia y el egoísmo, la ganancia y reconocimiento fácil que lo hará centro por un momento para luego perderse en la vorágine de su triste mediocridad.

El talento es eterno, el esfuerzo loable, el altruismo cualidad que debe acompañar a todos los seres humanos para ser bueno, como categoría superior de lo humano, lo demás es fanfarria para un día.

Por eso no me preocupan las copias, solo quiero compartir con la comunidad humana, ser un voz más en el concierto humano y si logro una nota de solista perdónenme los mediocres, no fue mi intención, simplemente era la que iba en ese momento. Un fuerte abrazo a los amigos.

Opinión

LAS MUCHAS LUCES DE CÉSAR


El sábado 4 de mayo murió en su Habana el cantante y compositor César Portillo de la Luz, para nosotros los cubanos alguien que no necesita de presentaciones, para el mundo, tal vez no diga mucho su nombre si no lo acompaño de títulos de canciones que hoy están en el repertorio de muchos cantantes del Mundo, habló de “Contigo en la distancia” y “Tú mi delirio”, obras maestras de la canción universal interpretadas por voces populares como Luís Miguel, Cristina Aguilera, Placido Domingo, Andrea Bochelli y otros y otros que tan vez no sepan el nombre del autor, ni siquiera sepan que es cubano, pero que entonan estos dos hermosos himnos al amor. Para saber un poco más de nuestro César musical aquí les va la crónica de Pedro de la Hoz publicada en el periódico Granma:

Pedro de la Hoz

Murió el cantor pero vive la canción. Cumplidos los noventa años el pasado 31 de octubre, César Portillo de la Luz partió el último sábado. Un paro cardiorrespiratorio derrumbó definitivamente a un paladín que nunca colgó los guantes. Su obra siempre estará llena de luces. Es de los imprescindibles en la historia de la canción cubana.

Habanero de origen humilde —padre constructor y torcedor de tabaco; madre ama de casa—, tuvo en el seno familiar su primer contacto con la música, pues en el hogar era frecuente que se entonaran los aires trovadorescos de moda.

En plena adolescencia solía reunirse con muchachos de su edad en el Parque Villalón a cantar tangos, criollas y corridos mexicanos y comenzó a tener trato con la guitarra, instrumento en el que muy pronto advirtió posibilidades armónicas que lo llevarían a plantearse un modo diferente de acompañar las melodías.

En tales trajines César no estaba solo. En esa década unos cuantos jóvenes comenzaron a explorar una nueva sensibilidad en la canción cubana: José Antonio Méndez, Ángel Díaz, Ñico Rojas —las noches del Callejón de Hamel—, Frank Emilio Flynn, Aida Diestro, el Niño Rivera, Orlando de la Rosa, Rosendito Ruiz y luego Frank Domínguez y la inefable Marta Valdés. Había nacido el filin, una auténtica revolución en la cancionística cubana, segunda estación de la trova insular en el siglo, con César entre sus cúspides.

César se bandeaba pintando casas y apartamentos y dando clases de guitarra, porque de componer canciones nadie podía vivir. Él mismo no se consideró nunca un intérprete. Pero comenzaron a tener salida sus obras, curiosamente en agrupaciones de música bailable, que entre uno y otro número movido acostumbraban a insertar boleros.

Y así fue cómo dio con el Conjunto Casino y pegó varias de sus piezas más reconocidas, rápidamente expandidas a México y otros países de América Latina.

Ya en los cincuenta, la obra de César encontró voces que le propiciaron una difusión masiva de sus canciones: desde el mexicano Pedro Vargas al chileno Lucho Gatica, incluyendo al norteamericano Nat King Cole.

Como caballo de batalla, una obra compuesta en 1947, Contigo en la distancia, a la que siguieron, entre otras, Realidad y fantasía, Tú mi delirio y Noche cubana. Sobre Contigo en la distancia confesó muchos años después al impar Orlando Castellanos:

Me di cuenta que esta canción, y en este caso me pasó como al burro de la fábula, que toca la flauta por casualidad, había expresado el problema del complemento que representa, para la pareja, la otra parte. Que era una canción que lo mismo podía cantársela un hombre a una mujer, que una mujer a un hombre. Porque podían sentir ambos la misma vivencia que expresaba la canción y que esto había determinado, a mi juicio, el éxito; no los valores estéticos en particular o en primer orden, sino que era una canción con una vivencia tan universal, tan común, que se convirtió en una canción de todos.

La popularidad de las obras de César contribuyó a que cimentara una carrera trovadoresca en La Habana de la medianía de siglo, época de oro de los pequeños clubes en El Vedado y otros sitios de la capital. En el Pico Blanco, del hotel Saint John, José Antonio y César reinarían por largo tiempo.

Al triunfar la Revolución, César ya tenía una obra consolidada. No le faltaron ofertas económicamente atractivas. Pero para quien siempre había simpatizado con la izquierda, los nuevos tiempos de la Patria representaban una oportunidad de realización colectiva en la que su individualidad tenía mucho que aportar. No se trataba únicamente de la dignificación del trabajo artístico, sino de la de todos los cubanos.

Así lo entendió un hombre que experimentó un notable crecimiento intelectual a partir de la década de los sesenta, en los que se contó entre los fundadores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba —mano a mano con su amigo Nicolás Guillén—, estudió

Filosofía y Economía Política, colaboró con el movimiento obrero y representó a Cuba en diversos escenarios internacionales.

Añadió nuevos hitos a su obra, entre los que destacan Canción a un festival, Son al son, Canción a la canción y Canción de los Juanes, esta última de clara inspiración guilleniana. En 1967, motivado por la resistencia del pueblo vietnamita contra la agresión norteamericana, dedicó una composición a esa hazaña.

El mexicano Luis Miguel, el español Plácido Domingo, la norteamericana Cristina Aguilera, y los puertorriqueños Andy Montañez y José Feliciano lo incorporaron a sus repertorios. También lo hicieron populares bandas de baile como Los Van Van y los japoneses de la Orquesta de la Luz. El guitarrista Joaquín Clerch y la Orquesta Sinfónica Nacional grabaron una suite instrumental de obras suyas.

Cuba le rindió honores mediante varias condecoraciones estatales. Pero también, en silencio, él honró a Cuba, con donativos a instituciones culturales y de la salud y el aporte financiero para la producción de un documental sobre los Cinco Héroes realizado por el ICAIC.

Pocos días antes de cumplir 90 años confesó a este redactor: “Yo pudiera decir como Neruda: confieso que he vivido. Pero no lo haré. Lo importante es que vivan mis canciones”.

Tomado de la edición digital del periódico Granma, 6/5/2013

Cultura
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