Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

¿DESAPRENDER?


La ancianidad es sublimemente sintética.

Habla como los pueblos antiguos, en frases cortas, con grandes palabras.

Todo se agranda al ascender: así es tan grande la cumbre del camino.

José Martí

Acabo de salir de una conferencia donde se manejaba este término como la necesidad del adulto mayor para adaptarse a los cambios propios de su edad y se argumentaba el hecho de que lo que hacía a los 40 años, ya no lo puedo hacer de 60 en adelante, porque soy un adulto mayor, mis capacidades ya no son las mismas y la sociedad en la que vivo tampoco es la misma.

La capacidad de adaptación del ser humano es infinita, puede sorprender la maduración rápida de un joven porque las circunstancias lo obligaron, o la permanente y renovada capacidad de un anciano ante los retos de la modernidad, son condiciones dialécticas las que hacen que ambos individuos respondan de forma diferente a como dice el “librito”, la energía y la renovación propia de los jóvenes, la experiencia y la paciencia del anciano.

Por eso no estoy de acuerdo con el término desaprender, sino con el de adaptación, que sí es una capacidad humana necesaria para sobrevivir en tiempos diferentes, sociedades diferentes y hasta cambios ambientales diferentes.

Se aprender todos los días y debe aspirarse que ese aprendizaje nos lleve al crecimiento espiritual que nos hará trascender por la herencia social que dejemos en los otros, empezando con nuestros familiares y círculos de allegados.

Pero si a la ancianidad se llega con una precariedad espiritual, el panorama es mucho más triste para el anciano, porque es tratar de aprender a vivir distinto a como ha vivido hasta ahora.

Se aprender a diario, cada ser humano nos da lecciones y de cada cosa que forma el universo también se aprender y ese conocimiento es el legado de los seres humanos, saberse parte de una sociedad es una responsabilidad que se aprende, primero en la familia, luego en los grupos sociales y cuando llegue el día de morir, nadie hace recuento, ese lo harán por nosotros los que para bien o para mal compartieron la vida única e irrepetible que cada uno de nosotros tiene.

A envejecer se aprende desde que tenemos uso de razón, a ello debe ayudarnos la sociedad enseñándonos valores, principios éticos y morales, dándonos una cultura de convivencia y paz que permita la tranquilidad de espíritu de llegar a los “años altos” con la tranquilidad de haber vivido y no con la urgencia de vivir lo que nos hemos perdidos.

Opinión

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