Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Febrero, 2013

LA ÉTICA MARTIANA



José Martí, autoretrato

Resulta muy de actualidad hablar de ética en Cuba, cuando la Revolución ha emprendido un camino de reencuentro con los mejores valores del hombre, relegados por sus necesidades del diario en no pocas ocasiones a un segundo plano, porque ya sabemos, el ser humano primero piensa en comer y tener un techo, asegurar un futuro a su familia y prosperar, aunque esto no puede ser ni un delito, ni una debilidad ideológica, pero tampoco puede ser motivo para convertirlo en un egoista lobo de sus semejantes.

Lo que es duro admitir es el logro de estas metas a toda costa y costo, con una desintegración moral que propicia la aparición de ese concepto que todos conocemos como “doble moral” o ese otro de, “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”.

Para dejar bien claro de lo que estamos hablando acudamos a la definición de la palabra ética:

Ética. Adjetivo. Conforme a la moral. Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.

José Martí se formó en un medio muy difícil, pero en el seno de una familia humilde, creció bajo los valores de honestidad, honradez, apego a la verdad, amor al trabajo, respeto a sus mayores, obediencia y colaboración con los de más, normas ética que en conjunto conformaban lo que en nuestra sociedad llamamos una persona decente, que honra ante todo a su familia y se prepara para cumplir su misión social.

Su familia numerosa, pasó muchas estrecheces económicas pero en su seno prevaleció el principio de mantenerse con la manera honrada de ganar el sustento. Su padre, funcionario público, en una época en que fue muy común que estos vendieran sus favores a quien podía pagarlos, tuvo muchas dificultades con sus superiores por las quejas de quienes no podían sobornarlo. Baste el ejemplo de su actuación en Caimito de Hanábana, cuando interceptó un alijo ilegal de esclavos y fue destituido de su cargo, a pesar de que actuaba bajo los principios de la Ley colonial.

Aún niño, pudo contemplar el triste espectáculo de la esclavitud, enseñoreada en Cuba, como cruel anacronismo que no entendía dados sus cortos años, pero que no dejaron de estremecerlo de dolor y repulsa, al punto de sellar para consigo el compromiso de combatir aquella bárbara práctica que sometía a seres semejante a la condición de animales de trabajo a los que se podía negar todos los derechos.

Adolescente, llega a la escuela de Rafael María de Mendive y junto a él incorpora un nuevo sentimiento más elevado de comprensión y amor social, el sentido de pertenencia a una comunidad identitaria que pugna por ser libre para alcanzar sus objetivos propios, negados por su metrópoli. Nace así su amor a la patria, a su pueblo, su identificación con sus anhelos, y sin negar sus bases éticas, crece, ahora como patriota.

José Martí paga muy caro su lealtad a sus principios éticos, y no hablamos de un adulto, sino de un jovencito en la flor de la vida.

Soy de los que piensa, que los jóvenes deben acercarse a este Martí. El que tuvo su edad, sus dudas y temores, sueños y convicciones, pero creció sobre ellas y con ellas para convertirse en la persona que es, el Héroe Nacional, producto de su perfeccionamiento personal, logrado en la interacción con su tiempo y la sociedad, representada por la familia, los amigos, condiscípulos, maestros y también por el gobierno colonial y los enemigos de su causa.

El mismo que a los quince años era conciente del compromiso con su país; a los dieciséis publica los primeros trabajos políticos y es detenido; a los diecisiete se enfrenta al tribunal militar y defiende el derecho de Cuba a la independencia, por lo que es condenado a prisión y trabajo forzado; a los dieciocho escribe en la misma España, El Presidio Político en Cuba y a los veinte le exige al gobierno republicano español que le concedan a Cuba los mismos derechos de libertad que ellos quieren para España.

Como ven no tuvo que esperar a madurar biológicamente para comprender cuál era su lugar en su tiempo, sino que calladamente cumplió con esos deberes que le marcaron su ética individual y social, que para Martí no iban disociada sino unida en un todo.

Respondiendo a esos principios morales emprendió lo que siempre consideró era su primero y más importante deber, contribuir al mejoramiento humano y ese principio pasaba por la independencia de Cuba, el desarrollo cultural del hombre, la dignificación de los pueblos latinoamericanos, el vencimiento de los peligros de anexión y sometimiento a los Estados Unidos, la condena a todo tipo de discriminación o coacción moral al hombre y el desarrollo de la bondad como sentimiento mayor humano.

“Ser bueno” era su paradigma ético para la formación de las nuevas generaciones, lo reitera en sus conversaciones con los niños desde las páginas de su revista “La Edad de Oro”, el niño cortés, humano, solidario, como diríamos hoy, es la base del ser humano que será mañana y junto a esto una preocupación constante por el estudio, la superación en todos los sentidos y no solo en la adquisición de títulos, sino para su crecimiento espiritual, el cultivo de la sensibilidad para lo estético, junto a lo ético.

Lo bello como categoría no solo estética, sino ética, cultivando la capacidad de ver lo bello aún en lo aparentemente feo, vivir en busca de lo hermoso y llegar a fundir de tal modo lo ético y lo estético, que cuando falte uno de ellos en el otro tengamos la sensibilidad de notarlo y luchar por corregirlo.

Hombre integral, Martí no emprendió nada sin que estuvieran presente sus principios éticos, tanto en su labor cultural, como política.

En lo cultural, sabemos que cultivó la poesía, la prosa reflexiva, la traducción, la oratoria y la enseñanza en sentido general y en todo su obra procuró desarrollar la utilidad de la virtud, es decir, nada vano, nada superfluo, ni aún en el entretenimiento, por lo que fue creando un paradigma de enseñanza, que no envejece.

En lo político, no fue Martí de los que pensaba que el fin justificaba los medios, no podían conseguirse fines elevados, si estos estaban basados en la coacción de la libertad del hombre, en la postergación de principios para facilitar objetivos o alianzas, si no se apelaba a la ética social basada en la unidad de propósitos o trasparencia en el logro de metas.

El pensamiento de Martí está basado en la nobleza de ese fin, alcanzar una República … con todos y para el bien de todos, de reconocer a la humanidad como patria del hombre; la convicción de que un principios justo es muy poderoso y que solo basado en la ética el hombre crece y es humano.

¿No son acaso estas ideas las que guían a la Revolución Cubana?, Si, lo son, pero la Revolución, la sociedad, lo somos todo y no se puede pretender llevar la moral como piel de camaleón que cambia según las circunstancias, Martí con su vida breve, telúrica y ejemplar nos da la pauta de lo que debemos ser y hacer.

José Martí

ROSITA FORNÉS


En algún momento la llamaron la “Vedette Roja”, por su apego a la isla y a su pueblo y porque a muchos no le cabe en la cabeza cómo se quedó en Cuba después de 1959, cuando otras muchas estrellas se habían marchado a los Estados Unidos o algún otro país en los que ya se le conocía.

En Cuba ella es una leyenda, aún con sus 90 años recién cumplidos el 11 de febrero es capaz de una canción cantada con la frescura de las primaveras, acompañadas con una elegancia de la que ha sido paradigma durante décadas.

¿Qué de roja tiene esta mujer?, Quedarse con su pueblo pese a todo, cantar una canción como “¡Cuba qué linda es Cuba!” como si hubiese sido escrita para ella y arroparse en el cariño de sus admiradores, que somos muchos.

Nació por azar en Nueva York, de padres españoles y bautizada como Rosalía Palet Bonavia, que los titulares de la farándula convirtieron en Rosita Fonés.

Comenzó su carrera muy joven en el célebre programa radial de José Antonio Alonso, “La Corte Suprema del Arte” (1938) en el que debutaron grandes figuras de la música cubana.

La Estrella Naciente que había en Rosita Fornés pasó rápidamente al mundo de los espectáculo guiada por importantes figuras como Ernesto Lecuona, en cuya compañía debutó con la zarzuela “El asombro de Damasco” (1940), que fue en realidad el asombro de La Habana, dirigida por Antonio Palacio en el Teatro de la Comedia.

Su primera película vino un poco antes de la mano de Ramón Peón, “Una aventura peligrosa” (1939) en la que sobresale por sus dotes histriónicas, para luego ir a lo grande en “Romance Musical” (1940), dirigida por Ernesto Caparrós. Desde entonces se consolida como una artista excepcional tanto en la actuación, el baile y el canto, acompañada por su gran belleza física que la convirtió en la vedette hispanoamericana del momento.

En México triunfa en la década del cuarenta con todo ese talento suyo que la hace presencia habitual en el cine y el teatro de aquel país hermano, madura como actriz y persona y deja una huella que aún recuerdan los mexicanos.

A su regreso a Cuba a principios de los 50 hace gala de su virtuosismo y versatilidad, como actriz, comediante, estrella de la televisión y de cabaret, es ROSITA FORNES, con mayúsculas.

Al triunfo de la Revolución permaneció en Cuba continuando una carrera integral que la consolidó en la popularidad de los cubanos, aunque quiero resaltar que en este período su actuación para el cine devela una faceta suya, poco explorada y en la que demuestra y aporta, la actuación: en 1984 de la mano de Juan Carlos Tabío, actúa en “Se permuta”, una comedia satírica que aún recordamos; “Papeles secundarios” (1989) dirigida por Orlando Rojas, en la que se desdobla en un memorable personaje dramático exigente y memorable y “las noches de Constantinopla”(2001) dirigida también por Orlando Rojas, son entre otras la constancia de una actriz en plena madurez.

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DESDE LA VEJEZ

ES MUY INTERESANTE QUE PERSONAS JÓVENES SE INTERESEN POR EL TEMA DEL ADULTO MAYOR, “JOVEN ERES, VIEJO SERÁS”, DICE UN REFRÁN. LO IMPORTANTE ES QUE SE DEBE LLEGUAR A LA VEJEZ CON “MADUREZ” ESPIRITUAL, ACEPTANDO ESTOS PROCESOS, MIRANDO LA VIDA COMO DESDE LA CUMBRE DE UNA MONTAÑA, ESO ES SER VIEJO.
DISFRUTE DE LA VIDA A CUALQUIER EDAD CON MUCHA ESPIRITUALIDAD, AMOR A LA VIDA Y UN EQUIPAJE LIGERO DE RENCORES Y ODIOS; LOS BESOS, LA SONRISA Y EL AMOR, NO PESAN, USTED PUEDE LLEVAR EN SU VIDA TODO EL QUE QUIERA, SE LO DICE UN HOMBRE CON 62 AÑOS QUE QUIERE SEGUIR VIVIENDO HASTA QUE SU LUZ SE APAGUE.

MUY IMPORTANTE ES SABERSE IMPORTANTE, LLEGAR A VIEJO PODRÁ SER EL FIN DEL CICLO BIOLÓGICO, PERO SIGNIFICA LA CULMINACIÓN ESPIRITUAL DE LA VIDA, NO POR GUSTO LOS OCASO SE PARECEN MUCHOS A LOS AMANECERES, POR SUS BELLOS RESPLANDORES.

DISCRIMINAR A UN ANCIANO, PRETENDER APARTARLO DEL MUNDO, “PORQUE YA VIVIÓ” ES UN ERROR PATERNALISTA QUE SE COMETE ENTRE LOS MISMOS SERES QUE DICEN AMARNOS MÁS, “YA TRABAJASTE”, “YA VIVISTE”, “A TU EDAD ESO ES RIDÍCULO” Y OTRAS MUCHAS  COSAS TENEMOS QUE OIR LOS QUE PASAMOS DE 60 Y ESTAMOS AQUI VIVIENDO, AMANDO Y APORTANDO A LA SOCIEDAD, EN LO QUE APRENDIMOS Y EN LO QUE SOMOS.

UN ANCIANO NO ES UN ESTORBO, NO AÚN CUANDO YA LAS FUERZAS FÍSICAS Y LA MENTE NO SEAN LAS MISMAS, SOMOS LA CONEXIÓN CON EL “ESPÍRITU HUMANO”, EL EQUILIBRIO Y EL RESULTADO. NO ENTENDERLO ASÍ ES QUERER VIOLENTAR A LA NATURALEZA, PERO AQUI ESTAMOS, NO NOS APARTEN, DEJENOS VIVIR NUESTROS DÍAS, COMO CADA UNO ENTIENDA:  AFERRADO A LOS RECUERDOS O MIRANDO HACIA ADELANTE.

Opinión

NOTAS AL MARGEN

LOS CUBANOS NO SOMOS UN PUEBLO SOMETIDO, COMO ME HA ESCRITO ALGUIEN EN UNA DE LOS COMENTARIOS, ¿REALMENTE  SE LE PUEDE LLAMAR ASÍ AUN PUEBLO QUE HIZO LA REVOLUCIÓN ANTICAPITALISTA MÁS PROFUNDA DE LA HISTORIA?, QUE NO DEJÓ EN CUBA CASI NADA EN MANOS PARTICULARES, AUNQUE A DECIR VERDAD NO APRENDIMOS A ADMINISTRAR COMO PUEBLO, PORQUE DELEGAMOS EN UN GRUPO QUE PARECÍA ELEGIDO Y LO QUE HIZO FUE ACOMODARSE, DE ESO ESTAMOS SALIENDO, TRATANDO DE CONSTRUIR UNA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA REAL, CON LA GENTE POR PROTAGONISTA.

NO ES SOMETIDO UN PUEBLO QUE APOYÓ UN PROCESO QUE AL MISMO TIEMPO QUE LE BENEFICIABA, LE EXIGÍA SACRIFICIOS QUE SOLO SE HACEN CUANDO ESTAS CONCIENTE DE LO QUE HACES, SOMOS GENTE DE PENSAMIENTO, ALEGRES, IRÓNICOS Y HASTA UN BASTANTE DESCREIDO, PARA NOSOTROS SAGRADA ES LA HISTORIA QUE NOS HA CONDUCIDO HASTA AQUÍ Y SAGRADO ES EL FUTURO QUE ESTAMOS HACIENDO TODOS.

HAY UN FENÓMENO QUE SE DA EN ESTOS LARGOS PROCESOS SOCIALES, TRAS MUCHO BREGAR Y PESE A LAS CONQUISTAS SOCIALES, VIENE UNA “DESMOVILIZACIÓN”, UNA BÚSQUEDA HACIA ADENTRO DEL SER INDIVIDUAL, UN REPENSAR EN SÍ MISMO QUE TRAERÁ COMO CONSECUENCIA EL MEJORAMIENTO DE LO HECHO. YA NO ES LA CALLE Y LA GRITERÍA LA QUE MUEVE AL CUBANO, AHORA QUEREMOS UN MEJORAMIENTO REAL Y PERDURABLE, NO UN CAMBIO COYUNTURAL PARA ESPERAR QUE LLEGUEN TIEMPOS MEJORES, REALMENTE NO SOMOS UN PUEBLO SOMETIDO SINO UN PUEBLO MADURO QUE REAFIRMA SUS CONQUISTAS Y GANA ESPACIO EN EL MUNDO DE HOY.

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LA FIESTA DEL LIBRO


Ya es tradición que cada febrero comience la Feria Internacional del Libro de La Habana, convertida en una fiesta de pueblo a la que acuden miles de cubanos, primero en el recinto ferial de la fortaleza de La Cabaña, en el que están los stand de los expositores extranjeros y de todas las editoriales cubanas, y luego en las principales ciudades del país a la que acuden las editoriales nacionales y las provinciales con una oferta cultural variada y para todos los gustos.

Este año la Feria del Libro de La Habana está dedicada a un país africano entrañable para los cubanos, Angola, la nación por la que pelearon y murieron miles de cubanos y que hoy viene con un muestrario de su renacimiento cultural.

También son invitados de honor a la Feria: Daniel Chavarría, un uruguayo aplatanado en Cuba, que es tan nuestro que le entregamos el Premio Nacional de Literatura de Cuba y el ensayista e historiador Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales, uno de los grandes estudiosos de la obra martiana y director del proyecto de edición de las Obras Completas. Edición Crítica de José Martí, de la cual saldrá en esta 22 edición de la Feria el Tomo 24, una verdadera enciclopedia sobre José Martí y su ámbito político-social.

Veterano ya de la Feria del Libro puedo decir que la mayor demanda del cubano es por los libros de conocimiento general, los de entretenimiento, la literatura infantil y los libros y revistas de ayuda, manualidades, etc. Ese tipo de literatura escasea en Cuba y aunque se vende en CUC (cambio 1 por 25 pesos) se producen grandes colas y abarrotamientos para adquirirlos. Lugar aparte para los libros de ciencias y cuanta novedad llegue de otra parte por su factura, muy superior a la calidad del libro medio cubano, por lo general de muy buen contenido pero de baja calidad en su factura…realidades de país con problemas económicos, donde muchas veces se privilegia la literatura política e ideológica a la que ya estamos acostumbrado y podrá adquirirse en otro momento, si nos interesa.

La Feria es una fiesta, pero el sistema editorial cubano pasa por grandes apuros, Cuba es un país con un potencial cultural y científico técnico que genera literatura de todo tipo y absorbe mucha información, venga en el formato que venga. Son ventajas de un pueblo con instrucción amplia y cultura media, en medio de sus precariedades cotidianas.

Cultura

JOSÉ MARTÍ, EL AMANTE


Carmen Zayas Bazán Heredia, esposa de José Martí

En Cuba el tema de los amores de José Martí es algo que levanta polémicas entre entendidos y gente de pueblo que solo conocen al Maestro por lo mucho que su vida y su legado se difunde en el país.

Poeta, romántico, soñador, apasionado, creció con la rima en mente y luego las imágenes superaron aquel encabalgamiento para regalarnos aquellos versos rebeldes nacidos del alma (Versos Libres), sin rimas, tocando todas las tonalidades espirituales de un hombre que se multiplica entre el deber político y social y el brote inevitable de sus años.

Ya desde Cuba, aún muy joven, se habla de aquel amor platónico por la Micaela de su maestro Mendive, que se hizo enterrar con sus cartas y sus versos; en España joven y rebelde goza de un amor adultero que condenó por ética pero que vivió como hombre, le tocó vivir siempre seguido con un aura sutil de la infidelidad.

Luego fue Blanca de Montalvo, la zaragozana que hizo estallar la “breve flor de su vida”, el deslumbramiento bohemio en el México decimonónico, veinteañero aún, y exitoso en ese mundo intelectual pre modernista que lo hizo amar, sufrir desdenes, para caer luego prenda por una mujer de carácter, Carmen Zayas Bazán Heredia, la cubana que lo hace olvidar sus aventuras de camerinos y esquelas fortuitas, y por vez primera lo compromete al matrimonio, como ideal del amor y la tranquilidad familiar.

Novio aún de Carmen va a Guatemala y allí le sale al paso la pasión hecha mujer, María García Granado, la adolescente que lo ama sin condición y a quien entregó los restos románticos de sus amores insensatos (años después dirá lleno de despecho ante la huida de Carmen: “Y yo que sacrifiqué a mi María”). Este nuevo amor platónico será el más conocido y especulado, justo por el poema IX de “Versos Sencillos”, inmortalizador del amor imposible de “la Niña de Guatemala”.

El ser político, consagrado y centrado llevará l tormenta al hogar soñado, y la estoica Carmen reclama y espera por el hombre del hogar, no solo por el amoroso esposo, sino por el asegurar del porvenir de su hijo.

En esa rivalidad de patria y hogar, Carmen pierde y la ruptura vendrá luego de varios intentos por rehacer el hogar en tierras extrañas (“Tu sabe que solo me faltó empeñar el vestido que tenía puesto”, responderá al reproche del esposo).

Pero esta “alma trémula y sola”, que es Martí, encuentra allá en las frías noches neoyorquinas, primero a una amiga que comparte sus anhelos por la isla irredenta y sin medir ninguna justificación lógica y con el sufrimiento como único resultado de lo prohibido, Carmen Miyares terminará siendo el amor maduro de un hombre en la tormenta, sin que puedan negarse otros escarceos, pasiones fortuitas que lo hacen leyenda entre líneas de poemas y cartas.

Este es el hombre amante y que ama, todo espiritualidad y entrega en todos los sentidos ese que dijo que, “de mujer, pues puede ser/ que mueras de su mordida/ pero no empañes tu vida/ hablando mal de mujer.

José Martí

LAS ANTILLAS, EL FIEL DE NUESTRA AMÉRICA



Las Antillas que dan hijos brillantes, serán tierras gloriosas.

Ya las veremos resplandecer como las griegas.

José Martí

La presencia de José Martí en los países latinoamericanos le descubre a este hombre de pensamiento abarcador y sagaz, una realidad nueva con la cual se va a identificar desde un principio. Entra en contacto con los pueblos hispanoamericanos y sus realidades inmediatas, primero en un acercamiento de simpatía e identificación con su cultura e historia, sus problemáticas sociales y las secuelas caudillistas herencia del colonialismo español.

Hombre de gran cultura y pensamiento avanzado José Martí conoce a una Hispanoamérica subvalorada por sus propios hijos muy en especial por su clase intelectual y política que cree vivir una especie de fatalismo cultural por el hecho de haber nacido en naciones nuevas, con realidades nuevas, pero que ellos identifican casi unánimemente como zonas de barbarie e incivilización.

Lideradas por las oligarquías criollas, vacilantes y clasistas, soñando con refundar Europa en medio de un singular paisaje natural y humano, eran hijos de América pero no se reconocían en ella. Gamonales y terratenientes manejan a la desgajada América hispana como grandes cotos de despotismo sin corona, acentuando su poder sobre las masas indias, base de este mundo singular que pretenden desconocer.

En José Martí se da un acercamiento maduro a las concepciones de una América Latina con personalidad propia y colmada de cualidades sociales y espirituales capaces de llenar de orgullo a sus hijos cuando la descubren y valoran. Con una historia propia, nacida de sus raíces aborígenes en las culturas, maya, azteca e inca, entre otras; mezclada de forma dramática con las culturas occidentales y africanas, de las que nace una fuerza nueva, con las cualidades de su herencia y las dificultades de sus prejuicios.

Allí atisbó Martí, pegado al pulso de sus pueblos, las huellas de una humanidad nueva crecida en esta parte del mundo, razas maltratadas y preteridas, humilladas por el orgulloso europeo. Asombrado de las ruinas precolombinas se llena de un sentido de pertenencia crecido en la medida en que son mayores sus contactos con otros pueblos de la dormida América, esa que poco a poco pasó a ser Su América, Nuestra América.

En medio de este aprendizaje identitario conoce los complejos de la intelectualidad hispanoamericana, deslumbrada con una cultura europea que añora para sí y avergonzada de su indiada, sus negros y su mestizaje.

En este rico y confuso medio social, Martí comprende que no habrá nación, ni identidad en América Latina, si estos pueblos y en especial su gente más culta, no asume su herencia cultural, con sus grandezas y nimiedades, sus orgullos y bochornos, para crecer unos y otros, como patria nueva de intereses comunes.

De estas meditaciones nace su ensayo  “Nuestra América[i], ese gran manifiesto cultural y político que no caduca y que define como ningún otro suyo, sus ideas sobre América Latina y su futuro.

La primera advertencia es contra el “caudillismo”, fenómeno muy arraigado en Latinoamérica y que convierte a los países y territorios en feudos y fincas particulares:”Cree el aldeano vanidoso que el mundo estero es su aldea, y con tal que el quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezca en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal”[ii]

No ignora el Apóstol el peligro que significan los Estados Unidos para la existencia misma de los países del sur del río Bravo, por eso señala el peligro de la otra América, emprendedora, pujante, ambiciosa, que nos desprecia y desea someternos. Ante esta amenaza, antepone la superación de los problemas que frenan a las naciones latinoamericanas y señala a la unidad y la integración en un solo pueblo como el modo de enfrentar estos retos.

Si una llamó a la América Latina, una y muy importante, consideró a las tres Antillas hermanas[iii], esas que, “(…) se tienden los brazos por sobre los mares y se estrechan ante el mundo, como tres tajos de un mismo corazón sangriento, como tres guardianes de la América cordial y verdadera, que sobrepujará a la América ambiciosa como tres hermanas”[iv].

A lo largo de su bregar revolucionario por la independencia de las dos islas que aún ocupaba España en América(Cuba y Puerto Rico), no deja el Apóstol de insistir en lo esencial que resultaba el reconocimiento entre los hijos de estas islas, aún colonias, y los que vivían en las dos repúblicas que compartían la isla de Santo Domingo (República Dominicana y Haití), “(…)las tres vigías de la América hospitalaria y durable, las tres hermanas que de siglos atrás se vienen cambiando los hijos y enviándose los libertadores(…)”[v]

En un escrito aparecido en el periódico Patria, en mayo de 1892, dedicado a homenajear al “criollo irreductible” el puertorriqueño Román Baldorioty Castro[vi], Martí analiza con razones contundentes la necesaria unidad que ha de existir entre las tres grandes islas por donde comenzó la conquista de América Latina y asiento de una cultura mestiza y singular que simboliza lo mejor de este “ajiaco” cultural criollo y que él con sagacidad política y conocimiento de su historia, intuye en dilema alternativo: si libres bastión de la libertad y dignidad de Latinoamérica, si sometida a las apetencias yanquis, punta de lanza de la ambición imperial norteamericana.

Su análisis objetivo y conmovedor da razones para la unidad antillanista dentro del conglomerado latinoamericano:

“No parece que la seguridad de las Antillas, ojeada de cerca por la codicia pujante, dependa tanto de la alianza ostentosa, en lo material insuficiente, que provocase reparo y justificara la agresión como de la unión sutil y manifiesta en todo(…) de las islas que han de sostenerse junta, o juntas desaparecer en el recuerdo de los pueblos libres”[vii](7)

Martí no alienta la formación de una República Antillana, sobretodo por los recelos que levantaría esta idea en las oligarquías locales y más aún en los Estados Unidos, que como bien dice él, tendría pretexto para una agresión. Pero sí las exhorta a la solidaridad y unidad “sutil y manifiesta” en “todo” para seguir siendo libres.

En este mismo artículo advierte de los peligros internos que pudieran poner asechar la tan anhelada unidad: “(…) la rivalidad de los productos agrícolas, o por diversidad de los hábitos y antecedentes, o por temor de acarrear la enemistad del vecino hostil[viii] , fuera de esos escollos eran y son más los factores que nos unen y hacen posible nuestra identificación como pueblos hermanos.

Desde Nueva York, siguiendo la política de la naciente potencia imperialista, se da cuenta de que esta expansión dominadora de la oligarquía norteamericana pasa en primer lugar por el dominio de ese ramillete de isla que son Las Antillas, concepción que en términos geopolítico, en su época, abarcaba a las islas mayores del archipiélago caribeño y que el peligro inminente se cernía sobre Cuba y Puerto Rico, resto del fenecido imperio colonial español.

Por eso su activa labor de denuncia ante los pueblos de Nuestra América y el mundo contra las no disimuladas pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos:

“(…) Walker fue a Nicaragua por los Estados Unidos; por los Estados Unidos, fue López a Cuba y ahora cuando ya no hay esclavitud con que excusarse, está en pié la liga de la Anexión; habla Allen de ayudar a la de Cuba; va Douglas a procurar la de Haití y Santo Domingo; tantea Palmer la venta de Cuba en Madrid; fomentan en Las Antillas la anexión con raíces en Washington, los diarios vendidos de Centroamérica; y en las Antillas menores, dan cuenta incesante los diarios del norte, del progreso de la idea anexionista(…)”[ix]

Insiste constantemente en que “las Antillas libres salvarán” a Hispanoamérica, por la necesidad, no solo de expulsar a España de Cuba y Puerto Rico, sino para impedir la expansión norteamericana. Vincula este asunto a la independencia de Cuba, aduciendo la gran importancia estratégica que la isla tiene en el desarrollo o fracaso de los planes expansionistas de los Estados Unidos, argumentando que:

“(…) No solo es santa por lo que es; sino que es problema político, para garantizar las Antillas y Nuestra América ante de que los Estados Unidos condensen en nación agresiva las fuerzas de miseria, rabia y desorden que encontrarán empleo en la tradición de dominarnos”[x]

La independencia de Cuba ya no es para José Martí solo un problema nacional, sino el cumplimiento de una necesidad política y social que consolidará la existencia misma de América Latina ante el peligro hegemónico en desarrollo en los Estados Unidos, ideas que quedan clara cuando escribe de los comentarios de la prensa de ese país que de forma descarada baraja ya por dónde continuar la expansión, “(…)¿En que dirección se ha de mover nuestra bandera?, dice el Sun en un artículo odioso, “sobre el norte, o sobre el sur, o sobre alguna de las Antillas?”[xi]

Ya por estos años había comenzado la intervención abierta de los Estados Unidos en los asuntos internos de los pueblos de la región, la República de Haití era víctima de estas intrigas para arrebatarle parte de su territorio y crear una base carbonera en la península de San Nicolás, cruce estratégico de los mares del Caribe. Era el antecedente de la tristemente célebre política del “Gran Garrote” que se enseñoreó por estas tierras a principio del siglo XX. Martí siguió las noticias de la intromisión de los norteamericanos en los asuntos internos de Haití y nos habla de cómo apoyaron con recursos y armas al sublevado Hipolite hasta derrocar al gobernante legítimo.

Por Cuba, por América Latina y por las Antillas, se esfuerza Martí por lograr la unidad de los cubanos para “(…) impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América[xii], esa es la tarea titánica que se impuso y más difícil aún fue la tarea de hacerse entender por los que veían en la nación del norte el modelo posible para nuestros países.

Las Antillas son vistas por José Martí como el fiel de América, el equilibrio entre los dos conglomerados sociales desarrollados a partir de la colonización, poblados por gente muy disímil y con un desarrollo económico y social marcadamente muy diferente: al norte la nación industrializada, fuerte, autosuficiente y ambiciosa, producto de siglos de desarrollo capitalista; al sur, aletargadas y desunidas, las repúblicas románticas, fruto de la codicia usurera del español, que apenas vio en América la fuente de su enriquecimiento y destruyó culturas, trajo una oleada de esclavos y sin proponérselo creó un crisol de culturas.

A partir de la publicación de “Nuestra América”, promueve el auto reconocimiento de los hispanoamericanos, buscarse a sí mismos, no solo en cada república aislada, sino en un todo abarcador para impedir el paso al gigante de las botas de siete leguas.

Dentro de este modelo de unidad, había una prioridad básica, la independencia de Cuba y Puerto Rico por ser “(…) indispensables para la seguridad, independencia y carácter definitivo de la familia hispanoamericana en el continente donde los vecinos de habla inglesa codician la clave de las Antillas para cerrar en ellas todo el Norte por el istmo y apretar luego con todo este peso por el Sur”[xiii]

Aquella preocupación obsesiva, aquellas valientes advertencias, que no solo iban en cartas privadas, sino que también fueron escritas en artículos y ensayos periodísticos, fungieron como Oráculo americano que dejó entrever lo que ocurriría en América Latina y en las Antillas en particular, tras la intervención de los norteamericanos en la guerra de independencia de Cuba, y fue el Caribe el lago privado de las cañoneras yanquis, que ocuparon Cuba y dejaron la Enmienda Platt, convirtieron a Puerto Rico en un eufemístico Estado Libre Asociado, desembarcaron en Santo Domingo, Haití y Nicaragua, imponiendo su ley y exigiendo sus cobros; se adueñaron del istmo de Panamá y levantaron el canal interoceánico y aplicaron de forma altanera y descarada su política de conveniencia en las Repúblicas Centroamericanas convertidas en las descoloridas “Repúblicas Bananeras”. Era la triste consecuencia que previó Martí con la expansión imperial y que resumió en estas palabras:

“(…) En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial (…) –y si libres- dignas de serlos por el orden de la libertad equitativa y trabajadora- serían en el continente la garantía del equilibrio”[xiv]


Notas

[i]Publicado por primera vez el 1 de enero de 1891 en la Revista Ilustrada de Nueva York y en el periódico El Partido Liberal de México, el 30 de enero del mismo año.

[ii] Nuestra América, Pág. 13. Centro de Estudios Martianos, 1991

[iii] Así llamó en múltiples ocasiones a las tres grandes islas de archipiélago antillano colonizadas en principio por España y unidas por estrechos vínculos culturales e históricos.

[iv] Periódico Patria, 14/5/1892. O.C. T III : 405

[v] Ídem: 406

[vi] Nació en Guaynabo el 28 de febrero de 1822 y murió en Ponce en 1889. Estudió siete años en Europa, en Madrid hizo su carrera en Filosofía y en Ciencias Físico-Matemáticas. Regresó a Puerto Rico y se desempeñó en varias cátedras en el Seminario Conciliar y la escuela de Comercio, Agricultura y Náutica. Fundador del Colegio Ponceño. Fue maestro en la República Dominicana. En este país fundó el Colegio Antillano y dirigió la Academia Náutica. Fundador y presidente del Partido Autonomista Puertorriqueño. El autonomismo de Baldorioty reclamaba la garantía de los derechos individuales, el gobierno propio en manos de los puertorriqueños y la libertad absoluta en materia de comercio, industria, agricultura y enseñanza.

[vii] Ídem: 405

[viii] Ídem: 405

[ix] La Nación. Buenos Aires, 20/12/1889. O. C. T. 6: 62

[x] Obras Completas. T. 22:256

[xi] La Nación Buenos Aires, 24/1/1890. O.C. T. 6: 65

[xii] Carta a Manuel Mercado, 18/5/1895. O.C. T. 4:167

[xiii] Patria, 19/8/1893. O.C. T. 2: 273-274

[xiv] Patria, abril/1894. O.C. T. 3: 142

Historia, José Martí, Política

AMÉRICA LATINA UNIDA, COMO LA PLATA EN LAS RAÍCES DE LOS ANDES



Autor: Raúl Martínez

Tengo una preferencia especial por ese gran ensayo de José Martí, titulado “Nuestra América”, aparecido el 1 de enero de 1891, es a no dudarlo, una pieza fundacional en la política de identificación regional de los países iberoamericanos, por el importante hecho de enfatizar en aquellos problemas que en aquello tiempos, y ahora, aquejan a esta parte de la humanidad, asentada en un continente rico y vasto, pero muy desigual en cuanto a la distribución de las riquezas entre los que habitan en él.

El énfasis en este artículo de José Martí está puesto en varios asuntos vitales para el ser latinoamericano: la unidad, la identidad cultural y el peligro que representaba ya desde entonces los Estados Unidos de América.

La presencia de José Martí en los países latinoamericanos le descubre a este hombre de pensamiento abarcador y sagaz una realidad nueva con la cual se va a identificar desde un principio. Hombre de gran cultura y pensamiento avanzado José Martí se enfrenta a una Hispanoamérica subvalorada por sus propios hijos muy en especial por su clase intelectual y política que cree vivir una especie de fatalismo cultural por el hecho de haber nacido en naciones nuevas, con realidades nuevas, pero que ellos identifican casi unánimemente como zonas de barbarie e incivilización.

En José Martí se da un acercamiento maduro a las concepciones de una América Latina con personalidad propia y llena de cualidades sociales y espirituales capaces de llenar de orgullo a sus hijos cuando la descubren y valoran. Con una historia propia nacida de sus raíces aborígenes con sus cumbres en las culturas maya, azteca e inca; mezclada de forma dramática con las culturas occidentales y africana, de las cuales nace una fuerza nueva, con las cualidades de su herencia y las dificultades de sus prejuicios.

Allí atisbó Martí, pegado al pulso de México, las huellas de una humanidad nueva que había crecido en esta parte del mundo, razas maltratas y preteridas, humilladas por el orgullosos europeo siempre pensando ser el dueño de la civilización. Asombrado de las ruinas que dejaron sus antepasados se fue llenando de un sentido de pertenencia que crece en la medida que son mayores sus contactos con otros pueblos de la dormida América, esa que poco a poco pasó a ser Su América, Nuestra América.

En medio de este aprendizaje de identidad conoce los complejos de la intelectualidad hispanoamericana, deslumbrada con una cultura europea que añora para sí y avergonzada de su indiada, sus negros y su mestizaje.

En medio de este rico y confuso medio social, Martí comprende que no habrá nación, ni identidad en América Latina, si estos pueblos y en especial su intelectualidad, no asume toda su herencia cultural, con sus grandezas y nimiedades, sus orgullos y sus bochornos, para crecer con unos y otros, como patria nueva de intereses comunes.

De estas meditaciones nace su ensayo “Nuestra América” (1/1/1891), ese gran manifiesto cultural e identitario que no caduca y que define como ningún otro documento suyo, sus ideas sobre América Latina y su futuro.

La primera advertencia del documento es contra el “caudillismo”, fenómeno muy arraigado en Latinoamérica y que convierte a los países y territorios de esta parte del mundo en feudos y fincas particulares: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifiquen al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal”

Continua su análisis advirtiendo sobre los peligros que acechaban a estos pueblos dado por el desarrollo de los países capitalistas y en particular de los Estados Unidos, país donde vivía: “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas de almohada (…): las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras”

En un segundo párrafo aborda la unidad como factor necesario para alcanzar objetivos mayores: “Los pueblos que no se conocen, han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos (…) Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”

El tercer párrafo está dedicado a fustigar a los que reniegan de su América y de su cultura en lenguaje muy sarcástico: “¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que lo crió, y reniegan, bribones, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades”

A continuación Martí hace un análisis minuciosos sobre los problemas sociales de América Latina y las formas más adecuadas de gobernar y hacer avanzar a esos pueblos: “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglo de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia(…) “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”

Dedica un espacio a analizar la relación entre los intelectuales y el pueblo, entre los que se apegan a las raíces autóctonas y los extranjerizantes: “Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”, y concluye razonando que el buen gobierno en América no es el que aplica el código extranjero, sino las leyes que se avengan al espíritu nacional: “Gobernante en un pueblo nuevo, quiere decir creador”

Más adelante resume en una frase el vital tema de la interinfluencia cultural: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas (…)”

Análisis apasionado y poético, recuento en símiles y metáforas de la historia de América Latina y va haciendo apretado resumen para llegar a la esencia de sus errores: “La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus yerros: -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importancia excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen”

Su inmensa fe en los pueblos de Hispanoamérica lo lleva a expresarse con seguridad y optimismo sobre las posibilidades del hombre de nuestros países: “Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”

Al final de su ensayo Martí hace una advertencia sobre el peligro que representa para América Latina, la otra América, emprendedora, pujante, ambiciosa, que nos desprecia y desea someter. Ante este peligro él antepone la superación de los problemas que frenan a las naciones latinoamericanas; la unidad y la integración en un solo pueblo para enfrentar este reto.

El tema de Hispanoamérica es uno de los temas cardinales en la obra martiana y a él vincula la independencia de Cuba de gran importancia estratégica en el desarrollo o fracaso de los planes expansionistas de Estados Unidos, esas ideas quedan claras en su carta a Manuel Mercado, horas antes de caer en combate, justamente para impedir a tiempo que los Estados Unidos cayeran con esa fuerza más sobre los pueblos de América.

Renacen hoy estas ideas que en apretada síntesis resume el Apóstol en su ensayo mayor, Nuestra América, hoy más que nunca vive Martí y anda de cabalgada con los pobres de la tierra, del brazo de los nuevos tiempos en que los pueblos mestizos de esta América ya se dan cimiento nuevo para levantar un mundo mejor, más justo, equitativo y participativo.

Esta es la lectura contemporánea de José Martí, afincado en el corazón de los más humildes y enriqueciendo a la América Nueva con prédica de hoy que espera no ser demagogia de partidos sino programa de cambios.

Cultura, José Martí

JOSÉ MARTÍ, TEMAS EDUCATIVOS



Por estos días La Habana se ha convertido en la capital pedagógica de América Latina, al sesionar en el Palacio de las Convenciones el Congreso de Pedagogía 2013 y posteriormente la reunión de ministro de Educación de la CELAC, en ambos eventos la coincidencia sobre la necesidad de impulsar la educación del pueblo fue unánime, dado el hecho de que sin cultura no podrá hablarse de desarrollo, ni de mejoramiento de la calidad de vida del ser humano, en consonancia con el pensamiento pedagógico de José Martí, uno de los pilares de la educación y la cultura del mundo contemporáneo.

En marzo de 1883 José Martí comienza a colaborar con la revista La América, publicación que se edita en Nueva York y tiene como contenidos fundamentales la divulgación en español de los avances que se producen en el mundo y fundamentalmente en los Estados Unidos en temas como la agricultura, industria y comercio.

Para el agudo sentido crítico de José Martí estas colaboraciones se convierten en el análisis de lo que está pasando en ese país en materia de transformaciones económicas y sociales y principalmente en educación donde estos cambios tecnológicos determinan un replanteo de la enseñanza en sentido general. Es importante el sentido que él da a sus artículos, no dirigido a un público abstracto sino a los hispanoamericanos que siguen con curiosidad y deslumbramiento estos cambios de la sociedad capitalista desarrollada.

En junio de 1883 escribe sobre los avances educacionales que se producen en Argentina, enfatizando en la necesidad de formar gente con calificación técnica:

“…Acólitos no dan ya las escuelas, sino agrónomos; no enfrenadores de almas, sino acariciadores de la tierra.”[1]

Ese mismo mes escribe para el periódico La Nación de Buenos Aires párrafos que completan su idea sobre la educación popular:

“El hombre ignorante no ha empezado a ser hombre. El hombre lleva todas sus espadas y todas sus lanzas en la frente.

“…Puesto que a vivir viene el hombre, la educación ha de prepararlo para la vida. En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar. Escuelas no debería decirse, sino talleres. Y la pluma debe manejarse por la tarde en las escuelas; pero en la mañana, la azada” [2]

En muchos de sus trabajos para la revista La América, Martí hace agudas críticas a la enseñanza retórica y de un humanismo hueco y desfasado que se enseña en los países de América Latina de su tiempo y aunque no niega la necesidad de este humanismo bien encaminado para la formación de la espiritualidad del hombre hace constante reiteraciones sobre la necesidad de darle bases científicas y práctica a esta enseñanza:

“El mundo nuevo requiere la escuela nueva

“Es necesario sustituir al espíritu literario de la educación, (por) el espíritu científico…

“Debe ajustarse un programa nuevo de educación, que empiece en la escuela de primeras letras y acabe en la Universidad, brillante, útil, de acuerdo con los tiempos, estado y aspiraciones de los países en que se enseña…”[3]

En el mes de septiembre aparece su artículo Educación Científica en el que están más concretadas sus ideas sobre la necesidad de darle a la educación una bases científica, este análisis van dirigidos a las naciones de nuestra América constreñidas en su pedagogía a la tradición de la enseñanza memorística y letrista, con poca o ninguna práctica en el que la tradición religiosa marca la pauta ideológica y anticientífica:

“… Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a las de la naturaleza.-Divorciar el hombre de la tierra, es un atentado monstruoso. Y eso es meramente escolástico: ese divorcio,-A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres que viven en la Naturaleza, el conocimiento de la Naturaleza: ésas son sus alas.

“Y el medio único de ponérselas es hacer de modo que el elemento científico sea como el hueso del sistema de educación pública.

“Que la enseñanza científica vaya, como la savia en los árboles, de la raíz al tope de la educación pública.-Que la enseñanza elemental sea ya elementalmente científica…

“Esto piden los hombres a voces:-¡armas para la batalla![4]

A lo largo de todo el año 1883 las colaboraciones de José Martí para la revista La América llevan esta impronta de informar y opinar sobre los progresos que en materia de educación, y en otras esferas aparecen en los Estados Unidos, siempre teniendo el cuidado de advertir sobre el peligro de copiar e imitar, sin tener en cuenta nuestras característica como pueblos, ni las condiciones sociales que heredamos, pero sí con una convencida idea que mantiene su vigencia:

“En nuestro países ha de hacerse una revolución radical en la educación, sino no se les quiere ver siempre, como aún se ve ahora a algunos, irregulares, atrofiados y deformes…” [5]

Esa carga de inequidad que aún tara los esfuerzos de las vanguardias progresistas de América Latina tienen en la educación una batalla dura pero necesaria; con sectores marginados de la educación, de la cultura, apartados por la ignorancia de la posibilidades de la decisión sobre su destino social e individual, es imposible aspirar a ese mundo mejor y posible al que aspiramos.

El pensamiento pedagógico de José Martí tiene en la revista La América, editada en Nueva York, un sustento importante para desarrollar sus ideas de educación para el ser humano en países como los de América Latina en los que el estancamiento de siglo de coloniaje permanecía aún a pesar de que se acercaban al centenario de su vida republicana. En su transitar por varios países de Hispanoamérica aprecia los esfuerzos reformadores de los gobiernos, pero conoce del freno de las oligarquías conservadoras, sus prejuicios para con los aborígenes, los mestizos y los descendientes de africanos, tenidos por ellos como gente de inferior clase, que se le soporta como animales de trabajo, pero se desprecia por ser freno de la “civilización” que ellos pretendía crear al estilo de los países más avanzados de occidentes.

En enero de 1884 aparece en la mencionada revista un artículo suyo acerca de las grandes polémicas en los colegios norteamericanos acerca de la implantación de la enseñanza científica y práctica a la que hace su aporte al escribir:

“La educación, pues, no es más que esto: la habilitación de los hombres para obtener con deshago y honradez los medios de vida indispensables en que existen, sin rebajar por eso las aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano”[6]

Concepto que completa con esta conclusión:

“La educación tiene un deber ineludible para con el hombre, -no cumplirlo es un crimen: conformarle a su tiempo- sin desviarle de la grandiosa y final tendencia humana. Que el hombre viva en analogía con el universo, y con su época (…)”[7]

En la edición de febrero reseña la enseñanza de los oficios en un colegio norteamericano, donde en el segundo párrafo dice:

“Ventajas físicas, mentales y morales vienen del trabajo manual(…)El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos(…) el que debe su bienestar a su trabajo, o ha ocupado su vida en crear y transformar fuerzas, y en emplear las propias, tiene el ojo alegre, la palabra pintoresca y profunda, las espaldas anchas, y la mano segura, se ve que son esos los que hacen el mundo: y engrandecidos, sin saberlo acaso, por el ejercicio de su poder de creación, tienen cierto aire de gigante dichoso, e inspira ternura y respeto(…)”[8]

Es evidente la importancia que da el Apóstol al trabajo como formador del ser humano y su valor educativo en la conformación social y no como instrumento enajenante y de explotación. Tal es su convencimiento de la importancia educativa del trabajo que escribe:

“Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia, al sol, donde cada estudiante sembrase un árbol”[9]

Concepción que sirve de base a la escuela cubana revolucionaria, que potencia al trabajo como formador del “hombre nuevo” para la “sociedad nueva”, hombre culto, con una altísima preparación, pero dotado de los valores que hacen más noble al ser humano: altruismo, solidaridad, espíritu de grupo y comprometido con la construcción de la nueva sociedad.


[1]OC de José Martí, t. 13 p. 321

[2] Ídem t. 13. pp. 52-53

[3] Ídem t. 8. p. 299

[4] Ídem t.8. p. 277

[5] Ídem t. 8. p.279

[6] OC de José Martí, t. 8 p. 427

[7] Ídem

[8] Ídem, p. 288

[9] Ídem

Educación, José Martí

ABUELOS

Hermoso, es la palabra que se me ocurre después de leer el artículo de Leticia, yo fui nieto y ahora soy abuelo y hay muchas cosas que me preocupan con los muchos que hemos llegado y llegaremos a este grupo etareo, ella señala la invisibilidad y que conste que es un fenómeno que se da a nivel de la familia, casi nunca se cuenta con el viejo para hacer planes que le conciernen y le afectan con una desconsideración digna de quien cree no llegará nunca a esta edad, hay otros muchos problemas, de esos hablaré en otra oportunidad:

No hay cosa más bella que amar a los ancianos; el respeto es un dulcísimo placer.

José Martí

Leticia Martínez Hernández

Me recuerdo de niña sentada en el sillón cosiendo el dobladillo de la saya de uniforme. Mi abuela Rosa me había enseñado a hacer la pata de gallina, y creyéndome la gran costurera no dejaba que nadie me auxiliara. Para ganar tiempo ensartaba la aguja con el hilo más largo del mundo, y abuela siempre decía, bajito como ella solo sabía hacerlo: “niña, esa es la hebra del haragán”.

Al final siempre tenía que darle la razón. El dolor en mi mano por estirar aquel hilo tan largo, además de los nudos que se me armaban, confirmaban la sabiduría de abuela, la misma que me enseñó a sembrar plantas, a hacer bolitas de gofio con azúcar, a cortar bien las flores, a amar a mi país, a ser humilde…

Era ella la abuela que aun sin haber estudiado mucho, sabía de todo. Y eran tan sorprendentes sus métodos para enseñar que una vez la escuché instruyendo a mi hermano más pequeño en el “arte de abrazar”. Le decía que abrazara siempre como lo hacía Fidel, “fuerte y con palmaditas en la espalda”.

Por ella supe, sin consignas por el medio, que hubo tiempos tan difíciles que no había ni panes ni peces para compartir. Con sus cuentos la imaginé sobre el banquito al que se subía para alcanzar la meseta y fregar los platos en la casa donde trabajaba. En sus manos divisé las magulladuras que le provocaron tantos años despalillando tabaco. Y en sus ojos faltos de vista supe del tiempo que pasó sola escudriñando las letras hasta aprender a leer.

Por eso ahora, cuando escucho con tanta frecuencia que Cuba es uno de los países más envejecidos del mundo, no puedo más que alegrarme por tal suerte. Confirmar que tantos años de Revolución han hecho que los cubanos podamos vivir más tiempo entre los nuestros, es un privilegio casi único. Habernos llenado de abuelos tiene que ser motivo de satisfacción, además de un impulso a la ocupación, tanto del Estado como de la familia, por tenerlos atendidos y saludables.

Es incompleta la felicidad del hogar que no cuenta con uno de esos seres sublimes, porque aún con el paso lento, la voz queda o los ojos cansados son como el caminante que después de llegar a la cima, alerta sobre cada escollo del camino. Saberlos escuchar es un arte, venerarlos una máxima.

Sin embargo, este mundo moderno, agitado, no apto para lo que envejece, muchas veces pone sobre los ancianos el manto de lo invisible. Sería oportuno preguntarnos cuántas veces les pedimos su opinión para cualquier asunto del hogar; cuántas veces violentamos sus horarios ante otras urgencias cotidianas; o cuántas veces respondemos con dureza por alguno de sus olvidos.

Todo ello sin pensar en las necesidades afectivas de estos hombres y mujeres que han llegado a vivir tantos años. Más que eso, sin detenernos a considerar que la vida pasa, y sin siquiera darnos cuenta, pronto seremos los del paso lento, la voz queda y los ojos cansados.

Por eso cuando ahora recuerdo a la abuela Rosa lo hago con el alma plena. Crecí en un hogar donde ella siguió siendo reina aun después de su partida. Y muchas de estas tardes cuando el calor no agobia y la brisa se cuela por alguna rendija, la repaso sonriendo entre sus plantas, también la evoco radiante entre los hijos y nietos que tanto la quisieron.

Periódico Granma, La Habana 7 de febrero de 2013, pág. 3

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