Cultura Cuba

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LA SORTIJA “CUBA”



A los cubanos y los amigos que en todas partes del mundo siguen la vida y la obra de José Martí le resulta hermosa la costumbre martiana de “ir cargado de símbolos”, símbolos ideológicos, que marcan una conducta y un ideal a seguir.

El primero de ellos nació cuando aún muy joven estuvo encarcelado por amor a Cuba y su libertad, en esos días cargó durante seis meses un grillete pesado que dejó en su cuerpo marcas físicas y determinó algunos problemas de salud, como el daño a sus testículos. De esa experiencia quiso llevar siempre consigo el cierre del grillete, más un pequeño fragmento que luego se convertiría en la sortija “Cuba”, así llamada porque era eso lo único que decía esta pieza de hierro que desde 1887 le acompañó, hasta su muerte. Era el símbolo del compromiso con Cuba, decía a quienes quisieron escucharlo, he aquí algunos datos sobre este objeto desaparecido en los campos de Dos Ríos el día de su muerte el 19 de mayo de 1895 y recopilados por Joseph Trujillo, mi amigo personal y apasionado investigador y divulgador de la vida y la obra de José Martí:

«En el libro Ámbito de Martí, de Guillermo de Zéndegui, publicado en La Habana, el 27 de enero de 1954, el autor al abordar la corta estancia de Martí en Cuba entre el 31 de agosto del 1878 y el 25 de septiembre del 1879, apunta un hecho ocurrido en la barriada del Cerro:

“La quinta familiar de Gabriel de Zéndegui, poeta y cultísimo escritor, en el Cerro, era por entonces escenario de frecuentes y amenas tertulias.

“Allí concurrían Domingo y Casimiro Delmonte y Portillo, Antonio Govín, Leopoldo Cancio, García Ramiz, Manuel Sanguily y Diego Vicente Tejera, entre otros Pinos Nuevos. Allí llevó al recién llegado, el propio Nicolás Azcárate, abogado y director del Liceo de Guanabacoa, en esos momentos. Zéndegui y Martí, que ya se conocían desde su época de estudiantes en Madrid, intimaron pronto.

“Aquel hogar tenía además un atractivo especial: en el jardín de la residencia se había levantado un teatro de aficionados que el viejo y erudito profesor de Güines, Francisco Calcagno y Monzón de la Bodega, quiso dirigir en todos sus pormenores.

“Una noche de estreno “(…) a la que asiste Don Rafael María de Mendive, mientras todos comentan y aplauden, después de la pieza escénica, los buenos versos de Luís V. Betancourt y las felices improvisaciones de Pedro Coyula, Martí hace un aparte con Agustín de Zéndegui.

“Sabe de su afición por la orfebrería y desea pedirle un favor: “Toma este pedazo de la cadena que arrastré en presidio, y querría que me hicieras un anillo.”

«Cuatro años después, en carta a Gabriel de Zéndegui, el 21 de octubre de 1882, y fechada en Nueva York, al despedirse de este amigo, apunta Martí al olvidadizo orfebre su encargo:

“Regaña a Agustín, porque no me ha querido hacer mi sortija de hierro, que es la única que ajustará bien a mi dedo…”.

«Nueve años más tarde del primer pedido, el 17 de noviembre de 1887, Doña Leonor, como respetuosamente la llamaban todos, viajó a Nueva York invitada por su hijo y Agustín de Zéndegui le envía el anillo.

« Blanche Zacharie de Baralt, autora del gustado libro, “El Martí que yo conocí”, al rememorar aquel esperado encuentro, escribe:

“Le dio a su hijo como regalo, al llegar, una sortija hecha con un eslabón de la cadena del grillete que llevó en el presidio. Tenía la sortija como un centímetro de ancho con la palabra CUBA tallada en grandes letras.”

«Desde aquel momento en que su madre le puso al dedo el anillo de hierro, Martí nunca se separó de él.

«Al sentir el contacto del frío metal del presidio con su piel, se acordará siempre del compromiso de redimir la simbólica novia triste y enlutada por su esclavitud a España.

«Será un signo de su destino, de su obligación con la Patria que venía arrastrando desde 1869 cuando fue detenido y posteriormente juzgado y encancelado por sus actividades independentista)

«Se le ve en su único retrato al óleo, que hizo el pintor escandinavo Herman Norman en 1891

«El Mayor General José Julián lo llevaba cuando cayó en combate bajo las balas españolas en Dos Ríos.

«¿Qué será de esa prenda inapreciable?

«¿Adónde iría a parar?»

José Martí

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