Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Noviembre, 2012

LA INQUISICIÓN MUSICAL


Estoy en contra de todo tipo de censura, hágase a nombre de lo que se haga, porque censura, trae injusticias, aplicaciones “convenientes” y subjetividades reduccionistas que a la larga estancan, frenan y niegan el desarrollo.

La música de la “marginalidad” de la que se habla es realmente fuerte, en muchos casos transgresora y va contra muchos códigos éticos, no solo contra la dignidad de la mujer, que por cierto también la asume como bailadora, interprete y consumidora, la raíz está en la crisis de valores que nos asalta, una sociedad desorientada, con muchos márgenes y asignaturas pendientes, que deben ser corregidas desde la sociedad toda sin cacerías de brujas, ni puritanismos a destiempo.

Aquí les dejo con esta entrevista, habla por sí sola:

Ni la vulgaridad ni la mediocridad podrán mellar la riqueza de la música cubana

Orlando Vistel Columbié, presidente del Instituto Cubano de la Música (ICM), define conceptos de la política de promoción y difusión y anuncia las medidas adoptadas por el organismo para enfrentar ciertos fenómenos que laceran la sensibilidad popular

PEDRO DE LA HOZ


Ni la vulgaridad, ni la mediocridad podrán mellar la riqueza de la música cubana; para ello trabajamos coordinadamente desde las instituciones culturales con todos los factores que intervienen en la promoción, difusión y uso social de las producciones musicales”.

Así se expresó Orlando Vistel Columbié, presidente del Instituto Cubano de la Música (ICM), al abordar, en entrevista exclusiva con Granma, ciertos fenómenos que laceran la sensibilidad popular, atentan contra la ética ciudadana y desvirtúan la verdadera imagen de la creación artística.

“Tenemos plena conciencia, y en consecuencia actuamos, de la altísima sensibilidad de la mayoría de nuestro pueblo cuando advierte que se le quieren homogeneizar en patrones ajenos, que vulneran los más elementales principios de la ética”, afirmó. “No podemos olvidar —precisó— que en nuestra población se registran elevados niveles de instrucción y una cultura acumulada a lo largo de más de medio siglo de empeños educacionales y culturales”.

¿Pudiera caracterizar esos fenómenos contraproducentes y transgresores?

“Nos referimos a entregas seudoartísticas, que para nada tienen que ver con nuestra política cultural ni con la ética de nuestra sociedad, ni con la tradición picaresca, ni con nuestro sentido del humor, ni con la amplísima diversidad estética que asumimos.

“Por un lado textos agresivos, sexualmente explícitos, obscenos, que tergiversan la sensualidad consustancial a la mujer cubana, proyectándola como grotescos objetos sexuales en un entorno gestual aún más grotesco. Todo ello en soportes musicales cuestionables o de ínfima calidad, donde impera el facilismo y la falta de rigor formal, que algunos justifican bajo el pretexto de una pretendida búsqueda de contemporaneidad mediante la ruptura de códigos dogmáticos y elitistas, que impiden la comunicación con el gran público.

“Puedo asegurarte que la tradición musical cubana nada tiene que ver con códigos obsoletos ni elitistas, todo lo contrario, nuestra música ha gozado de la oportuna contemporaneidad que le aporta nuestra siempre renovadora identidad cultural, identidad que nada tiene que ver con lo banal, lo chapucero, ni lo grotesco, y sí es reflejo del constante crecimiento de los niveles de instrucción y la cultura de nuestra población.

“Esos fenómenos contraproducentes y transgresores como tú le has llamado, constituyen, además, una muestra de subestimación a la capacidad de apreciación de nuestro pueblo y una grave ofensa a su sensibilidad.

“Existe lamentablemente un sector del público que estimula esas expresiones, que van más allá de la música y tienen que ver con actitudes marginales visibles en ciertas zonas de nuestra realidad y, peor aún, con intermediarios, falsos promotores y funcionarios administrativos que no solo conviven, sino lucran con tales manifestaciones”.

Para ser precisos, ¿estamos hablando del reguetón y de algunos reguetoneros?

“No se trata exclusivamente del reguetón. Expresiones vulgares, banales y mediocres se registran en otras prácticas musicales. De modo que no debemos particularizar en un género. Pero no es menos cierto que en el reguetón esto es mucho más notorio”.

¿De qué manera se ha venido propiciando esa distorsión? ¿Cómo encara la institución este problema?

“Debemos aclarar que el problema se da en dos instancias. Una, la de individuos que de un modo u otro, se han instalado en el sector profesional; ingresan formando parte de un colectivo artístico con determinado repertorio y perfil, que luego abandonan para presentarse como si fueran ellos mismos un nuevo colectivo artístico. Otra, la de quienes al margen de las instituciones responsabilizadas con la ejecución de la política musical, copan espacios en varios segmentos de la programación y la difusión, contando, al igual que los primeros, con la anuencia de personas que debían velar desde sus responsabilidades para que esto no suceda.

“El ICM y su sistema de instituciones ha adoptado medidas, que van desde la descalificación profesional de aquellos que violen la ética en sus presentaciones hasta la aplicación de severas sanciones a quienes desde las instituciones, propician o permiten estas prácticas. Estamos enfrascados en un proceso de depuración de los catálogos artísticos de nuestras entidades, que va encaminado a erradicar cualquier práctica que por su contenido se aparte de la legitimidad de la cultura popular cubana. Pero ello no basta: nos empeñamos en consolidar formas prácticas para lograr que en los espacios recreativos y turísticos, y por supuesto, en la radio y la televisión, haya una presencia representativa de lo mejor de los catálogos de nuestras instituciones.

“Será de gran ayuda la instrumentación de una norma jurídica, en la que ya estamos trabajando, que deberá regir los usos públicos de la música, en un espectro que cubra los medios de difusión, las programaciones recreativas, las fiestas populares, y la ambientación sonora de lugares públicos. Obviamente, cada quien es libre de escuchar en su privacidad la música que desee, pero esa libertad no incluye el derecho de reproducirla y difundirla en restoranes y cafeterías estatales o particulares, ómnibus para el transporte de pasajeros y espacios públicos en general.

“Las instituciones culturales y los Consejos de la Administración en las provincias y los municipios cuentan con la autoridad y el deber de velar por la correcta aplicación de la política cultural. Pero insisto: las medidas administrativas y jurídicas no son efectivas por sí mismas si no van acompañadas por una labor de orientación, esclarecimiento y convencimiento acerca de los valores que debemos promover”.

¿Alguien pudiera pensar que existe una crisis de calidad en la música cubana?

“¡Para nada! Ni de calidad ni de cantidad. Contamos con un privilegiado sistema de enseñanza artística a lo largo del país de donde surgen anualmente decenas de talentos formados con mucho rigor, con un movimiento profesional que abarca los más variados estilos y modos de realización sonora, con un movimiento coral formidable, con orquestas y solistas de primer nivel, con portadores de tradiciones que preservan y transmiten valores ancestrales. Del son y la salsa al jazz y de la canción y la rumba a las formas sinfónicas y de cámara se multiplican nuestros exponentes y no pocos de ellos cuentan con gran reconocimiento internacional. Esa es la verdad de la música y de los músicos cubanos”.

“La necesidad de poner coto a expresiones vulgares y hacer cumplir por nuestra parte lo que aprobamos en la Primera Conferencia Nacional del Partido —el Objetivo número 61 es explícito al definir el trabajo orientado a la erradicación de manifestaciones de chabacanería y mal gusto que atenten contra la dignidad de las personas y la sensibilidad de la población— obedece a nuestra responsabilidad de revelar y promover jerarquizadamente en todos los espacios posibles los auténticos valores de nuestra producción musical, en viva interacción con lo más connotado del arte a escala internacional, como expresión de la vocación de universalidad que siempre nos ha caracterizado”.

Tomado de Periódico Granma Digital, 30/11/2012

Opinión

LA SORTIJA “CUBA”



A los cubanos y los amigos que en todas partes del mundo siguen la vida y la obra de José Martí le resulta hermosa la costumbre martiana de “ir cargado de símbolos”, símbolos ideológicos, que marcan una conducta y un ideal a seguir.

El primero de ellos nació cuando aún muy joven estuvo encarcelado por amor a Cuba y su libertad, en esos días cargó durante seis meses un grillete pesado que dejó en su cuerpo marcas físicas y determinó algunos problemas de salud, como el daño a sus testículos. De esa experiencia quiso llevar siempre consigo el cierre del grillete, más un pequeño fragmento que luego se convertiría en la sortija “Cuba”, así llamada porque era eso lo único que decía esta pieza de hierro que desde 1887 le acompañó, hasta su muerte. Era el símbolo del compromiso con Cuba, decía a quienes quisieron escucharlo, he aquí algunos datos sobre este objeto desaparecido en los campos de Dos Ríos el día de su muerte el 19 de mayo de 1895 y recopilados por Joseph Trujillo, mi amigo personal y apasionado investigador y divulgador de la vida y la obra de José Martí:

«En el libro Ámbito de Martí, de Guillermo de Zéndegui, publicado en La Habana, el 27 de enero de 1954, el autor al abordar la corta estancia de Martí en Cuba entre el 31 de agosto del 1878 y el 25 de septiembre del 1879, apunta un hecho ocurrido en la barriada del Cerro:

“La quinta familiar de Gabriel de Zéndegui, poeta y cultísimo escritor, en el Cerro, era por entonces escenario de frecuentes y amenas tertulias.

“Allí concurrían Domingo y Casimiro Delmonte y Portillo, Antonio Govín, Leopoldo Cancio, García Ramiz, Manuel Sanguily y Diego Vicente Tejera, entre otros Pinos Nuevos. Allí llevó al recién llegado, el propio Nicolás Azcárate, abogado y director del Liceo de Guanabacoa, en esos momentos. Zéndegui y Martí, que ya se conocían desde su época de estudiantes en Madrid, intimaron pronto.

“Aquel hogar tenía además un atractivo especial: en el jardín de la residencia se había levantado un teatro de aficionados que el viejo y erudito profesor de Güines, Francisco Calcagno y Monzón de la Bodega, quiso dirigir en todos sus pormenores.

“Una noche de estreno “(…) a la que asiste Don Rafael María de Mendive, mientras todos comentan y aplauden, después de la pieza escénica, los buenos versos de Luís V. Betancourt y las felices improvisaciones de Pedro Coyula, Martí hace un aparte con Agustín de Zéndegui.

“Sabe de su afición por la orfebrería y desea pedirle un favor: “Toma este pedazo de la cadena que arrastré en presidio, y querría que me hicieras un anillo.”

«Cuatro años después, en carta a Gabriel de Zéndegui, el 21 de octubre de 1882, y fechada en Nueva York, al despedirse de este amigo, apunta Martí al olvidadizo orfebre su encargo:

“Regaña a Agustín, porque no me ha querido hacer mi sortija de hierro, que es la única que ajustará bien a mi dedo…”.

«Nueve años más tarde del primer pedido, el 17 de noviembre de 1887, Doña Leonor, como respetuosamente la llamaban todos, viajó a Nueva York invitada por su hijo y Agustín de Zéndegui le envía el anillo.

« Blanche Zacharie de Baralt, autora del gustado libro, “El Martí que yo conocí”, al rememorar aquel esperado encuentro, escribe:

“Le dio a su hijo como regalo, al llegar, una sortija hecha con un eslabón de la cadena del grillete que llevó en el presidio. Tenía la sortija como un centímetro de ancho con la palabra CUBA tallada en grandes letras.”

«Desde aquel momento en que su madre le puso al dedo el anillo de hierro, Martí nunca se separó de él.

«Al sentir el contacto del frío metal del presidio con su piel, se acordará siempre del compromiso de redimir la simbólica novia triste y enlutada por su esclavitud a España.

«Será un signo de su destino, de su obligación con la Patria que venía arrastrando desde 1869 cuando fue detenido y posteriormente juzgado y encancelado por sus actividades independentista)

«Se le ve en su único retrato al óleo, que hizo el pintor escandinavo Herman Norman en 1891

«El Mayor General José Julián lo llevaba cuando cayó en combate bajo las balas españolas en Dos Ríos.

«¿Qué será de esa prenda inapreciable?

«¿Adónde iría a parar?»

José Martí

CUBA ANTE LA PANDEMIA DEL SIDA


Desde que se detectó el primer caso de SIDA en Cuba, 1986, hasta el 23 de octubre de 2012 (cifras preliminares), de forma acumulada en el país se han detectado 17 224 casos y de ellos el 80 % se mantienen con vida.

Esto dice mucho del impacto que ha tenido en el país el programa de tratamiento de la enfermedad y el esfuerzo del estado cubano por llevar estos índices a cero muerte por causa del SIDA.

Por primera vez desde hace diez años se concluyó el año 2011 con una cifra menor de nuevas personas diagnosticadas con respecto al año precedente, 2010, y según pronósticos del Ministerio de Salud Pública de Cuba para el cierre de este 2012, el país tendrá similar cifras o menos.

En la actualidad el sistema de salud cubano atiende a más de ocho mil personas, con tratamientos por VIH totalmente gratuitos, pese a los altos costos de los retrovirales, aún los de producción nacional, y a la negligencia de muchos pacientes a mantener un tratamiento estable y controlado.

Nota: Los datos fueron tomados del artículo, «Menos infecciones, muertes y discriminación» de Carmen R. Alfonso, publicado en el periódico Trabajadores, La Habana 26 de noviembre de 2012.

Opinión

DE REGRESO

Hola, hace muchos días que no escribo y lo deseaba mucho, principalmente porque es bueno conversar con los amigos sobre mí, la sociedad en que vivo y la vida que llevabamos en estos tiempos  los cubanos de la Isla.

Estaba de vacaciones, un ritual que para mi significa volver a mis raíces, viajo unos mil kilómetros, para reencontrarme con mi familia extendida, el ambito en que crecí y ese ambiente inigualable de la tierra natal, en que conocemos cada piedra y cada giro idiomático de los que me rodean, eso da vida y me permite oxigenarme, ver otra perpectiva de nuestra sociedad, desde la mirada de gente que nos reprocha el no estar más cerca de ellos, aunque sigamos amando el mismo equipo de pelota y riéndonos de las burradas de cierta gente que por estar en La Habana cree que ya tiene el mundo a sus pies.

Llegué a esta ciudad, aldea grande, de costumbres  viejas, que se llena de gente por el día, se para al medio día para dormir la siesta y vuelve al ritmo loco de ciudad sobre las dos de la tarde, para sumirse nuevamente en el letargo cuando cae la noche, aunque la vida nocturna ahora sea mayor, pero la gente no es cosmopolita y prefiere retirarse al rincón barrial para disfrutar de un juego de dominó, ver la televisión, aunque esté “mala”, conversar y hacer vida social en la familia, costumbre que los mantiene unidos y con esa sana manía de cuidar unos de otro.

Esa es la Cuba profunda, la que discute y opina, la que sobrevive y sueña, la que sigue apostando por ese sueño de sociedad de iguales que nos prometieron y que comenzamos a construir, aunque dejamos a media, porque más que las carecncias materiales, siempre es importante la familia, los amigos, las raíces y todas esas cosas de las que estamos cansados, pero que necesitamos y por eso queremos mejorarlas.

Gracias, vuelve luego

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JOSÉ MARTÍ, EL SACRIFICIO


El mejor Cubano /2009[1]

Enrique José Varona, es una de las grandes mentes de la cultura cubana, filósofo positivista destacan sus esfuerzos por reformar la educación en Cuba principalmente en el período de la ocupación de los Estados Unidos, durante el cual sus propuestas para la enseñanza superior, modernizó la universidad cubana y sentó las bases para su posterior crecimiento.

Varona fue también un patriota cubano, convencido independentista, librepensador y figura que jugó un importante rol de promoción de las ideas de José Martí, a quien sustituyó en la dirección del periódico “Patria” tras la muerte del Apóstol.

Transcribimos a continuación un breve artículo aparecido en la revista cubana “Bohemia” en el que Varona caracteriza la vida y la obra de José Martí en una época en que su figura era venerada, pero poco entendida y muchas veces temida por los sectores reformistas y anexionistas, que sobrevivían a la sombra de la “República Mediatizada”:

«Grande en la vida y en la muerte, heroico en el aspirar y en el ejecutar, así fue Martí. Ayer se le miraba como un conjunto de raras y contrapuestas cualidades. Hoy, a nuestros ojos asombrados y entristecidos, su vida nos parece hecha de un solo bloque de indestructible granito. Martí fue un hombre tipo. Uno, por la fijeza de su idea, uno, por la firmeza de su carácter. Todo lo inmoló por esa idea, que no era otra que la redención de un pueblo. El artista exquisito olvidó su arte, el hombre apasionado sus afectos. Martí se desposeyó de sí mismo por completo y por completo se dio a Cuba. Demasiado sabía lo que cuesta esa consagración. Más nunca se le vio vacilar. Aunque sus pies sangraran proseguía su camino; aunque desgarraran sus oídos los silbidos y los insultos, continuaba mirando hacia delante.

« ¿Qué obstáculo podía detenerlo? ¿Qué riesgo amedrentarlo? Sabía él que la mirada de Cuba lo seguía, y estaba dispuesto a merecer esa preferencia, para enseñar a los otros a merecerla. Sabía más, sabía que iba a la muerte, lo presintió, lo profetizó. Pero, ¿qué le era la muerte, si lo que él quería era dar vida a un pueblo? Para que resplandeciera en lo más alto la pureza de su corazón, sería quizás necesario que una bala enemiga lo traspasara. No importaba. Él iría a desafiar la bala enemiga. Pero entonces sus enemigos, que eran los enemigos de Cuba, tendrían que callar avergonzados; y este silencio sería el principio del triunfo de Cuba. El no lo presenciaría, no disfrutaría de sus beneficios. Tampoco importaba si ya su obra estaba realizada, y Cuba recogía el fruto glorioso y sangriento.

« ¿Cabe mayor grandeza de alma? No, no hay vida más digna de admiración que la del patriota cubano José Martí. Sus amigos íntimos lo reconocían, cuando le daban el noble y cariñoso título de maestro. Los cubanos todos lo reconocemos, cuando lo veneramos con el nombre insigne de mártir. Fue maestro que enseñó doctrinas de libertad, lecciones de concordia, ejemplos de dignidad moral. Y por su vida de abnegación y por su muerte heroica ha merecido que se sintetice su carrera en la palabra gloriosa, que pone un nimbo resplandeciente en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la palabra SACRIFICIO.»[2]


[1] Autora, Adela Suárez. Colección del Museo Casa Natal de José Martí

[2]Publicado en la revista BOHEMIA, 21 de mayo de 1911

José Martí

JOSÉ MARTÍ EN LA MONTAÑA MÁS ALTA DE CUBA


La geografía cubana no blasona de tener grandes montañas, las más altas están en el macizo montañoso de la Sierra Maestra, el célebre escenario de la guerrilla de Fidel, cuna del Ejército Rebelde y escenario histórico de grandes momentos de rebeldías del pueblo cubano.

Allí, majestuoso y orgulloso se levanta el pico «Turquino», una montaña cuya altitud siempre es tema de discusión, una veces acercándola a los 2 000 metros, otras quedándose por debajo de esa cifra, la altura reconocida hoy por los geógrafos es de 1 974 metros.

Justamente en este lugar de la geografía de Cuba fue colocado el busto de José Martí obra de la escultora cubana Jilma Madera e inaugurado el 21 de mayo de 1953, el año del centenario del Apóstol. En la rústica base del busto fue colocada una tarja con la siguiente inscripción:

“Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar
desde ellos, y sienten con entrañas de nación, o de humanidad.” José Martí

Así rendían homenaje al héroe cubano en su centenario un grupo de cubanos agrupados en la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, que desde la Fragua Martiana y encabezados por Gonzalo de Quesada y Miranda, estudiaban y trataban de difundir la obra del Apóstol desde 1941.

Jilma Madera era miembro de ese grupo y puso todo su esfuerzo en lograr los fondos para hacer el busto de bronce con un peso de 163 libras. Luego el mismo fue trasladado por tierra hasta Santiago de Cuba y más tarde por mar hasta Ocujal del Turquino y desde allí partió la expedición para colocarlo.

El encargado de la expedición hasta el Pico Real del Turquino fue el doctor Manuel Sánchez Silveira, delegado del Instituto Cubano de Arqueología en Oriente, médico de Manzanillo y ferviente martiano, quien se hizo acompañar en esta hermosa misión por su hija Celia Sánchez Manduley, quien devendría posteriormente en uno de los pilares de las luchas revolucionaria que culminaron con el triunfo de la Revolución en 1959.

Desde entonces en la cima de Cuba, está invicto y gallardo el rostro de bronce de nuestro Martí, en medio del monte que amó tanto, dando la bienvenida a cuantas personas emprenden este hermoso y difícil viaje.

Cultura, José Martí

LOS NORTE(AMERICANOS)



“Marines” en la estatua de José Martí, La Habana, 1949

¿Alguien puede olvidar esto?

Como bandadas de “rara avis” a veces llegan a Cuba algunos turistas estadounidenses, norteamericanos como ellos se hace llamar, a veces ni así, sino “americanos”, como si ellos fueran el resumen de todo el continente, como si ser del norte implicara la inclusión de todo el gentilicio y los latinoamericanos fuéramos una mera escoria que vive de su favores y de su tecnología.

Para estos pequeños grupos de privilegiados turistas, el peligro de contaminación ideológica es muy alta, según su gobierno, y por tanto es peor venir aquí que llegarse a otras naciones que cuentan con el aval de “buena conducta” del gobierno de los Estados Unidos de América, no importa que allí la delincuencia sea un fenómeno cotidiano y que las mafias de narcotraficantes y de traficantes de seres humanos, de armas y de sexo, sean industrias prósperas, no importa, todo eso se hace dentro de las reglas de la “libertad, la iniciativa privada” y el respeto de los “derechos humanos”, que no suelen funcionar para las mayoría de “pobres perdedores” de esos países, que ahora invaden a la “América” de ellos, en busca de un “sueño americano” que está cada vez más lejos de las manos de sus propios ciudadanos.

Cultura globalizada, productos “americanos” por todos lados, folklorismo barato y fácil, sexo rápido y barato con chicas y chicos “seguros”, mucho entretenimiento “para desconectar” y hoteles de cinco estrella, replicas de los que ellos tienen en casa, en fin encontrar en la “otra América” una réplica de “comic” de su “modo de vida americano”, para sentirse en el traspatio como si estuvieran en casa.

Esto fue lo que se acabó en Cuba desde 1959, esto fue el detonante para más de cincuenta años de bloqueo, persecución legal e ilegal de las actividades del estado cubano, esto fue lo que determinó que Cuba fuera a parar a la lista de los países que “patrocinan el terrorismo”, esta es la razón para que no olvidemos nuestra historia, no para vivir en el pasado, sino para sacar lecciones para el presente y asegurar el futuro, en el cual seguramente estaremos, porque los hombres van en dos bandos, al decir de Martí, los que odian y destruyen y los que aman y construyen…nosotros apostamos por el segundo grupo

Historia, Opinión, Política

CUANDO LOS BLANCOS MIRARON PARA LO NEGRO


En la cultura cubana la década del veinte del siglo XX es decisiva en cuanto a la maduración y presentación de una cultura nacional popular que había estado presente desde hace más de un siglo, marginada y preterida por una intelectualidad dominante, blanca, de pretensiones eurocéntricas y negadora de lo que estaba pasando a su lado, junto a sus teatros, sus temporadas de ópera trasnochada o el esfuerzo de muchos doctos de buscar las raíces en la mulatés, pero renegando de la más profunda negritud que era un secreto a voces de solo caminar por las calles de cualquier pueblo de Cuba.

El impacto de la revuelta de los independentistas de color, reprimidos a sangre y fuego en 1912, demonizados y “mantenidos a raya” por las clases dominantes, no detuvo el curso de las tendencias culturales en Cuba que mostraron su cara mestiza con más claridad y legitimizada por la alta cultura en el país a partir de los años veinte.

Los estudios de Fernando Ortiz sobre las raíces negras de nuestra cultura fueron el impulso para que otros intelectuales y artistas tomaran conciencia de lo que estaba a su alrededor.

Comienzan las artes plásticas y la literatura a dar espacio consciente a los temas sobre la cultura afrocubana, como ya lo había hecho la música desde el siglo XIX.

Nicolás Guillén es todo un acontecimiento con su poesía que es pálpito de un pueblo que tiene al son en el latido de su corazón y el ritmo en las caderas mestizadas de hombres y mujeres de esta isla, todos mezclados, aunque haya quien quiera encontrar diferencia entre un mulato claro, casi blanco, un jabao capirro o la gente de lustrosa piel negra.

Fue un aldabonazo, pero los artistas plásticos comenzaron a ver la plasticidad del baile entre los cubanos humildes y la rumba pasó a ser tema de un cuadro y los mitos y símbolos de religiosidad africana, sintetizados y exuberantes sirvieron de temas a Wilfredo Lam para abrir la jungla complicada del ajiaco criollo.

Las tendencias de las artes modernas que en Europa vuelve su mirada a África, encuentra en Cuba un campo fértil: porque en esta isla, África no está después del Océano Atlántico, sino en nuestra sangre, resultado de dos siglos de esclavitud y un conglomerado de culturas que habían llegado a esta isla y aunque el blanco trató de impedirlo e ignorarlo, estas culturas se arraigaron, resistieron y se fundieron con las culturas europeas que se había asentado en la isla.

Por eso no basta reconocernos iguales, sino identificarnos como el todo amalgamado que somos, reconociendo los prejuicios que perduran, para vencerlos y aceptarnos en una comunidad de iguales, pero diferentes, que es el sentido real de la diversidad cultural.

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FALLECIÓ EL NOTABLE BAILARÍN Y COREÓGRAFO EDUARDO RIVERO


Cuando Santiago de Cuba, la ciudad que le acogió en sus últimos años, se restablece de la furia del ciclón “Sandy”, cierra sus ojos una leyenda de la danza cubana, Eduardo Rivero, el mejor intérprete de esa época de oro de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que son los años sesenta y los primeros años de los setenta. Bailarín, coreógrafo, director, aprendió con su maestro Ramiro Guerra que ese mundo cubano del negro tenía necesidad de ser visto, no solo en los rituales de los rincones primigenios, sino en la escena conquistada por el pueblo y pasearse por el mundo con el orgullo del triunfo, como Ogún o como el más humilde de los negros traídos a Cuba para hacer azúcar. Para el danzante, el respeto de un humilde admirador:

Eduardo Rivero (a la izquierda), en un memorable pasaje de Suite yoruba

«Nacido en La Habana el 13 de octubre de 1936, ingresó en la Escuela de Ballet y se desempeñó fundamentalmente en la Compañía Nacional de Danza Contemporánea y en la de Teatro de la Danza del Caribe, esta última fundada por él en Santiago de Cuba, a la que aplicó todos sus conocimientos y experiencias en el ámbito danzario y obtuvo un rotundo reconocimiento internacional.

«En su carrera como bailarín destacó el personaje de Ogún que interpretara en la Suite Yoruba (1962), de Ramiro Guerra y música de Amadeo Roldán y que fuera llevada a la gran pantalla por José Massip en el mítico documental Historia de un ballet. También sobresalieron sus actuaciones en Medea y los negreros, Chacona, Ceremonial de la danza y Orfeo Antillano.

«En la década del setenta estrenó sus primeros trabajos coreográficos, que comprenden títulos esenciales como Sulkary, Okantomí, Otansí, Tanagras, Omnira y Zarabanda, entre otros. Luego en 1988 fundó la Compañía de la Danza del Caribe, con la que subió a escena obras como Balada de los dos abuelos, Tributo, Trío y Lambarena

Tomado del periódico Granma 2/11/2012

Cultura

ARQUITECTURA NEO COLONIAL CUBANA



Iglesia de Nueva Gerona. Isla de la Juventud

Con la asimilación de los códigos modernos en la década del treinta va aparejado otro movimiento de menos influencia pero de igual importancia para la arquitectura cubana. Aparece un grupo de arquitectos preocupados por la arquitectura colonial cubana, principalmente del siglo XVIII, su estudio y asimilación de algunos elementos formales de esta etapa: lucetas, medios punto persianas de suelo a techo, guarniciones de puertas y ventanas, entre otras. Entre los investigadores de la arquitectura colonial sobresalen José María Bens, Luis Bay Sevilla y Joaquín Wiess.

Weiss es el más destacado en este rescate y estudio de la arquitectura colonial cubana, sus estudios y las fotografías que hizo en dichas obras, influyeron mucho en esta corriente neocolonial de la arquitectura cubana.

Las formulaciones teóricas de este movimiento neocolonial la hizo el arquitecto Leonardo Morales en su ensayo, “La Casa Ideal” (1934) y la definición de esta casa neocolonial la hacen los arquitectos Pedro Martínez Inclán y Eugenio Batista: «patio, puntal, persianas y portal»

El movimiento neocolonial no supera los presupuestos estéticos eclécticos, pero en cambio los asimila a la arquitectura autóctona, surgiendo edificaciones donde se incorporan estos presupuestos, algunos ejemplos son:

Las escuelas tecnológicas de varones y hembras de Rancho Boyeros, algunas viviendas en el reparto Lutgardita (1928), la Iglesia de Nueva Gerona en Isla de Pinos (1929) y las sedes de los gobiernos provinciales de Guanabacoa (1946) y Santiago de Cuba(1954).

En el caso de las residencias, la planta propuesta parte del patio central como eje de la distribución espacial, pero luego se añaden otras dependencias propias del ecléctico, lo cual complica un poco la configuración de las mismas.

Este movimiento neocolonial en arquitectura fomenta también la restauración de algunas edificaciones importantes de La Habana intramuros, obras en la que sobresale Joaquín Weiss, precursor de la restauración de monumentos arquitectónicos en Cuba, aunque se debe señalar el error que se cometió al retirarle a los edificios restaurados el repello para dejarlos en la piedra desnuda.

Esta preocupación por la arquitectura tradicional cubana, aunque no constituyó un movimiento fuerte en su momento, si tuvo una gran repercusión posterior en el rescate de los valores nacionales en la arquitectura y en los trabajos que hoy emprenden la Oficina del Historiador de La Habana y sus similares en Santiago de Cuba, Camagüey, Trinidad y Cienfuegos, a más de la Dirección de Patrimonio Cultural, por rescatar y conservar edificaciones valiosas de nuestro pasado colonial.

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