Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Octubre, 2012

ADELA LEGRÁ: EL ROSTRO GUANTANAMERO DEL CINE


El bello rostro de “Manuela” sigue impresionando a los cubanos cada vez que vemos un fotograma de este significativo documental de Humberto Solás, ese rostro expresivo y triste es el de Adela Legra, alguien que de estar con nosotros a veces olvidamos por cotidiana, sencilla, sin aires de “estrella”, pero siempre dándole el toque que hace falta a cada personaje que interpreta, aunque no sea un protagónico, conocerla más es necesario, por eso esta entrevista que hace un tiempo le hizo la periodista guantanamera Yisel Reyes Laffita:

Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) -Quizás no figure entre las mujeres fundadoras del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), pero sí fue la primera guantanamera que honró la pantalla grande. Solo siete años después de crearse el ICAIC, el 24 de marzo de 1959, Adela López Legrá, nacida en el Valle de Caujerí, fue descubierta por el director de cine Humberto Solás, a quien cautivó la belleza salvaje de aquella peculiar guajira.

Manuela, Lucía, Rancheador, El Brigadista, Aquella larga noche, Polvo Rojo, Vals de La Habana Vieja, Miel para Oshún, Nada y Barrio Cuba son algunas de las películas en las que participó esta grande del séptimo arte. A 53 años, hoy, de la fundación del ICAIC, Venceremos conversó, vía telefónica, con esta testigo fiel de la historia del cine cubano.

¿Cómo la descubre Humberto Solás?

Estaba en Baracoa recogiendo café como activista de la Federación de Mujeres Cubanas, y él buscaba una mujer campesina, con esos rasgos que tan bien nos definen, para hacer el mediometraje Manuela. Yo era muy rebelde, la gente me decía que si caía en un río nadaría contra la corriente, tenía sólo segundo grado aprobado, pero eso me daba armas suficientes para salir adelante. Sólo sé que algo en mi lo cautivó, a pesar de mi escasa educación y escolaridad. Ni siquiera podíamos hablar de vocación artística porque no tenía ninguna, pero él me enseñó y yo aprendí.

Manuela, Lucía, Miel para Oshún y Barrio Cuba son dirigidas por Humbertó Solás, ¿cuál de ellas marcó más su vida y qué significó él para usted?

Todas dejaron un pedacito en mí y yo puse mi vida en ellas, pero Lucía y Manuela significaron lo más grande, cuando las filmé estaba muy reciente el triunfo de la Revolución y me sentía como una guerrillera de verdad, era mi forma indirecta de participar en la lucha.

Tengo el defecto o la virtud, de que me entrego por completo a la actuación, y aunque no soy actriz graduada, me considero entre las reconocidas de Cuba.

Y Humberto es para mí el hermano, amigo, consejero, él, junto a Adolfo Llauradó, si fueran menores que yo, diría que son como mis hijos.

¿Vivió muchos años en Guantánamo?

He vivido en muchos lugares, nací en el Valle de Caujerí pero me crié en Caimanera, de donde es mi primer hijo, sin embargo cinematográficamente hablando me descubrieron en Baracoa, y cuando nació mi segunda hija yo estaba en Moa, la tercera es de Sagua y el último de La Habana.

Ahora resido en Santiago de Cuba, es la mejor forma de estar cerca de la mayoría, de ponerme en el medio de todos, mi familia es de Guantánamo, la de uno de mis hijos es de San Luis, así que vivo en territorio neutro. Mi hogar queda en Cuavitas, es una casa rodeada de muchos árboles de frutas, la considero mi pequeña finca.

¿Qué es lo que más extraña de Guantánamo?

Todo, a su pueblo, mi familia que la ubico en un primer plano, pero también el paisaje, soy muy amiga de la naturaleza y la de Guantánamo me encanta. En esa provincia comenzó y se desarrolló parte de mi vida, lo más triste y lo más bello lo viví allí. Hoy conservo con amor los reconocimientos y premios que no imaginaba, pero el más soñado no lo tengo, y es el símbolo de mi ciudad: La Fama.

Entre recuerdos que provocaron alegrías, lágrimas, añoranzas…, transcurrió la entrevista con Adela quien confiesa estar algo alejada del cine, pero nunca retirada de él. Al término de nuestra conversación, reveló que se disponía a partir para la Sierra Maestra a filmar un largometraje en el que ahora trabaja. Y dice que al cine se lo debe todo.

Tomado del periódico Venceremos Digital Guantánamo, 23/3/2012

Cultura

DE CUMPLEAÑOS ADELA LEGRÁ, LA CAMPESINA CONVERTIDA EN ACTRIZ


Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - La actriz Adela Legrá, quien festeja hoy su cumpleaños 73, destacó el privilegio de ser uno de los rostros femeninos del cine cubano, a pesar de su origen campesino cerca de Puriales de Caujerí, en Guantánamo.

En exclusiva a la AIN Adelaida López Legrá, su verdadero nombre, manifestó que su papel protagónico en el tercer cuento de la película Lucía (1968), la enseñó en verdad a ser artista.

Recordó que fue el director Humberto Solás, ya desaparecido, quien la encontró en Baracoa mientras ella participaba en un trabajo voluntario, y se fijó en su físico y carácter para el mediometraje Manuela, (1966).

Confesó que la mirada que aparece hasta hoy en afiches del cine estaba dirigida precisamente a Solás, quien hizo todo lo posible por molestarla y enojarla hasta lograr el rostro que quería, ya que era muy exigente.

Adela Legrá vivió 31 años en La Habana pero un día decidió dejar atrás el bullicio de la capital y refugiarse en Cuabitas, zona campestre de la periferia de la ciudad santiaguera donde mucho disfruta de sus raíces campesinas.

De niña y adolescente, contó, aunque le gustaba ir al cine le resultaba difícil porque eran tiempos de pobreza, pero lejos estaba de imaginar que algún día su rostro estaría en la pantalla gigante.

En su filmografía aparecen, además, Rancheador, El Brigadista, Vals de la Habana Vieja, Adorables mentiras, Derecho de asilo, Nada, Miel para Oshún y Barrio Cuba.

Otro papel asumido por la artista fue en el divertimiento fílmico Que me quiten lo bailao, del realizador José Armando Estrada, en una idea del especialista de cine Adonis Vargas.

Además, participó en la cinta Amor crónico y el documental Santiago y la Virgen en la Fiesta del Fuego, ambos dirigidos por Jorge Perugorría.

Actualmente se encuentran en post producción dos materiales donde interviene, cuyos títulos provisionales son Hijo y Al borde del río.

La artista posee reconocimientos como la Placa José Maria Heredia, Hija Ilustre de Guantánamo, la Réplica del Machete de Máximo Gómez, y Miembro Emérito de la UNEAC.

Fuente: AIN 17/10/2012

Cultura

CENTENARIO DE MIRTA AGUIRRE (1912- 1980)


Los cubanos celebran con demasiada sencillez el centenario de esta mujer singular e inteligente, intelectual íntegra, con una cultura al servicio de los suyos que siempre puso en función de las mejores causas. Así quiero yo verla, en un contexto donde el ser femenino toma una relevancia protagónica, porque ella fue la que definió una política cultural de izquierda que la Revolución Cubana triunfante en 1959, tomó como suya, con sus virtudes y defectos, la misma política cultural que propició la eclosión cultural de los sesenta en base a una intelectualidad cubana nacionalista y liberal y luego fue caldo de cultivo para un intento de imponer el realismo socialista soviético, que tuvo sus primeros defensores en el grupo “Nuestro Tiempo” del que Mirta fue promotora, inteligente y firme.

El artículo que reproduzco es de Virgilio López Lemus en ocasión del centenario de Mirta Aguirre y fue publicado en el periódico Granma el 17 de octubre de 2012:

UNA ESTRELLA EN LA PALMA DE LA MANO

VIRGILIO LÓPEZ LEMUS

1912 fue un año de tránsito en la joven República. Sobre todo en el mundo identitario que la poesía por sí misma expresa, los aires cambiaban hacia un “postmodernismo” que era en verdad un “postdarianismo”; autores como Regino Boti, Agustín Acosta o José Manuel Poveda estaban afinando sus poemas, que pronto serían importantes libros de la renovación. Ese año nacieron varios poetas: Marcelino Arozarena, Guillermo Villarronda, Adela Jaume, Pablo Le Riverend, Teté Casuso… , y dos voces que a la larga iban a ser cimeras en la literatura cubana: Virgilio Piñera (1912-1979) y Mirta Aguirre (1912-1980). Todos tomaron caminos muy diversos Mirta Aguirre alcanzó a ser una de las voces más firmes del ensayo cubano e hispanoamericano del siglo XX, y una de sus mejores mujeres poetas. Cito aquí solo un libro en dos volúmenes, que merecería ediciones nuevas y más difundidas en España y América Latina; es un clásico en dos tomos: «La lírica española hasta los Siglos de Oro (de sus orígenes al siglo XVI)», que quizás sea su “obra maestra”, publicado en 1977.

Con el tiempo, Mirta se fue convirtiendo en la doctora Aguirre, la austera profesora universitaria de larga vida comunista, enrolada desde su juventud en las tareas de su Partido, y por tanto, mujer de militancia desde los 20 años, antes de publicar su primer poemario Presencia interior (1938), cuando contaba con 26 años de edad, y tras haber escrito un fuerte romancero y poemas múltiples sobre la Guerra Civil Española, a favor de la República y con amplio homenaje a Federico García Lorca.

Con Presencia interior había marcado una tendencia de la poesía cubana: aunar, en un solo poemario, asuntos sociales (presencia) e íntimos (interior), lo cual halló en este libro un punto cimero. Compárense estos dos fragmentos de poemas, el primero de Soneto agua-mar, el segundo de “Habría que estar muerto”: De arcilla el agua-mar. De perla. Pobre, /¿Qué importa la pena, qué importa la angustia trenzada sombra en tintes musicales. / qué importan los muertos?/ Milagro de —temblor y fuga reales— / Aves costaneras ya avizoran el barco: voz extendida en espiral salobre. / es el mundo nuevo.

La poesía de Mirta Aguirre reunía el influjo de los clásicos españoles del siglo XVII, de los contemporáneos Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, aunados con un cierto vanguardismo-neorromántico que tomó del aire lírico de Pablo Neruda. Pero con todos estos atavíos, su voz salía propia y segura, de una mujer-poeta bien definida.

En los años sucesivos se dedicó a la prosa ensayística con «Palabra en Juan Cristóbal» (1940), «Influencia de la mujer en Iberoamérica» (Premio de los Juegos Florales Latinoamericanos, 1947); es el mismo año en que recibió el lauro de periodismo por entonces más célebre de Cuba, el Justo de Lara, por su artículo “Fritz en el banquillo”. De inmediato, publicó el primero de los tomos de su labor cervantina: «Un hombre a través de su obra, Miguel de Cervantes Saavedra» (Premio del Concurso del Lyceum Lawn Tennis Club, 1948), que continuó décadas después con dos volúmenes de alto rango de ideas: «La obra narrativa de Cervantes» (1971) y «Miguel de Cervantes» (1973). Con ello, Mirta Aguirre se definió como una de las principales estudiosas cubanas de la obra del autor de Don Quijote de la Mancha. Había dicho sobre Cervantes, que fue: “la primera visión de un ser común y de una conciencia común”, y que: “entre los valores reconocidos a Don Quijote de la Mancha, se ha destacado su carácter de libro-síntesis de la narrativa renacentista…”

En la década de los cincuenta se organizó la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, con énfasis teatral, cinematográfico, artístico y cultural, cuyo órgano difusor fue la revista Nuestro Tiempo (1954-¿1959?). Acusadas de infiltración comunista, tanto la sociedad como la revista tuvieron que dispersarse bajo la dictadura batistiana, al final de la década. La dirigió el destacado músico Harold Gramatges y en sus actividades participaron Mirta Aguirre y Tomás Gutiérrez Alea, entre otras de las más destacadas figuras de las letras y las artes cubanas, como colaboradores. Mirta desempeñó en Nuestro Tiempo un importante papel de asesoría, desde la dirección cultural del por entonces clandestino Partido Socialista Popular.

El triunfo de la Revolución fue para ella el momento de auge total de su entrega a su causa y a su trabajo literario. Profesora en la Facultad de Humanidades, consagró a la por entonces Escuela de Artes y Letras esfuerzos de todo tipo, como profesora, como formadora de nuevos profesores, y mediante obras escritas para apoyar la labor docente, tanto en los estudios cervantinos como en los de las formas clásicas de la métrica hispánica y de la estilística de la poesía (En torno a la expresión poética, Los caminos poéticos del lenguaje, ambos de 1976, y con su más joven colega Guillermo Rodríguez Rivera Valoración de la poesía, 1978). No abandonó su labor como crítica teatral, mientras que en esos primeros años de Revolución, dirigía en el Consejo Nacional de Cultura la Sección de Teatro y Danza; se destacó como crítica de cine, lo que ya venía haciendo en Nuestro Tiempo, consagrado en decenas de artículos y en un libro: El neorrealismo italiano (1963), en el mismo año en que editó La Edad de Oro y las ideas martianas sobre educación.

La década de los setenta, ya retirándose gradualmente de la docencia directa, fue muy fructífera para su obra, pues publicó el extraordinario poema Canción antigua al Che Guevara (1970), y su ejemplar libro, clásico de la literatura infantil cubana, Juegos y otros poemas (1974). Su labor como ensayista se elevó a cotos mayores con sus libros El romanticismo de Rousseau a Víctor Hugo (1973), y Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz, que obtuvo un premio internacional de ensayo en México, editado allí en 1973 y en La Habana en 1975. Su labor de letrista para canciones dirigidas a la infancia, la unió a las compositoras Gisela Hernández y a Olga de Blanck. Todos esos breves poemas se encuentran dispersos todavía.

En 1980 salió de imprenta el grueso bolsilibro Ayer de hoy, que ella llegó a ver unos meses antes de su fallecimiento (en agosto de ese año), y en el que reunió algunos de sus libros y obras de etapas anteriores a la Revolución, como Palabras en Juan Cristóbal, Hollywood y el entretenimiento cinematográfico, Influencia de la mujer en Iberoamérica, y todo Presencia interior, con adición de textos líricos que mantenía dispersos, como los muy bellos Poemas de amor. En ese mismo año, casi en contraste con su “rendición de cuentas” que fue Ayer de hoy, publicó junto a Denia García Ronda e Isabel Monal el significativo volumen El leninismo en La Historia me Absolverá.

Todos sus estudios sobre Nicolás Guillén, dos de los cuales ya habían sido incluidos en Ayer de hoy, los sumó en Un poeta y un continente (1982), de salida póstuma, en el que subrayó el papel de Guillén en el romancero americano y afirmó que, como poeta del son, traía la influencia de Quevedo y otros clásicos de los Siglos de Oro, pero también el sentido musical del pueblo cubano. Un año antes aparecieron reunidos sus Estudios literarios (1981), en el que Mirta Aguirre agrupó su obra ensayística de más relieve sobre el romance en Cuba, poesía y cubanía, el neorrealismo italiano, su polémico artículo “Realismo, realismo socialista y la posición cubana”, y referencias a obras de Juan Marinello, de los mexicanos Ramón López Velarde y sor Juana Inés de la Cruz, sobre Juan Bautista Vico (en interesante labor de rescate) y sobre Maquiavelo, así como figuras cubanas de la talla de José Martí, Nicolás Guillén y Vicentina Antuña, y acerca de su colega y amiga dominicana, la gran profesora Camila Henríquez Ureña.

Insoslayable y polémica siempre, llena de ideas que todavía hoy resultan novedosas, afirmativas, controvertidas, pero brillantes en toda ocasión, a los cien años de haber nacido su legado es uno de los patrimonios literarios más encomiables de la nación cubana en el siglo XX.

Quiero concluir esta evocación demasiado breve para la figura centenaria de Mirta Aguirre, demasiada extensa para el medio que la publica, con los versos finales de su poema “Soledad”, que parecieran definirla en su vocación de creatividad y entrega:

… una estrella en la palma de la mano./Y nada más. Como no sea/encontrar a quién dársela.

Cultura

LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ


He tomado íntegro del periódico Granma esta breve reseña histórica sobre el alegato de Fidel en su juicio por los sucesos del Moncada en 1953, fue realmente un momento importante de la historia de Cuba, porque sus palabras ante este tribunal se convirtió en el programa de lucha de todo un pueblo para alcanzar “toda la justicia posible” en un país donde el pueblo era un paria y los grandes males de la República lo sufrían sus hijos más humildes, mientras una burguesía opulenta y entreguista vivía a lo grande en una Habana que ellos no se cansan de decir era la mejor ciudad de América Latina, cosa que era cierta, sin contar el gran emporio de juego que era la ciudad, los enormes prostíbulos, la corrupción oficial y el olvido en que se encontraba sumida la gran mayoría del pueblo. La gente tiene la mente flaca y suele olvidar pero esta fue una realidad que no debe volver a Cuba.

Un día como hoy, 16 de octubre de 1953, el joven abogado Fidel Castro Ruz pronunció su ya histórico alegato La Historia me Absolverá, extraordinario discurso que forma parte de las obras clásicas universales de las Ciencias Políticas por su contenido y factura.

El impresionante alegato en defensa del por qué el Moncada, y de denuncia de la dictadura, de los crímenes alevosos cometidos con sus compañeros apresados el 26 de Julio y en días sucesivos, constituyó el programa político movilizador y de fundación.

El pensamiento revolucionario que se expresó en la autodefensa de La Historia me Absolverá puso en el primer plano la necesidad de luchar por la toma del poder político para iniciar la solución de los problemas existentes en el país.

Además, en el campo de las transformaciones económicas y sociales hubo una estrategia central: el cumplimiento en lo esencial de lo que se llamó después el “Programa del Moncada”, o sea, soluciones para el problema de la tierra, la industrialización, la vivienda, el problema del desempleo, la educación y el de la salud del pueblo, entre otros.

Ni la férrea censura de prensa, ni el local apartado de una pequeña habitación de un hospital de la heroica Santiago de Cuba, donde se celebró esa vista del juicio del Moncada, pudieron borrar sus palabras.

El abogado acusador reconstruyó el discurso en la prisión de Isla de Pinos y este fue impreso y distribuido clandestinamente. Se había planteado que ese era el primer deber que él y sus compañeros tenían para con los que murieron. Escribió a Haydée Santamaría y Melba Hernández, encargadas de imprimirlo que: “Si queremos que los hombres nos sigan hay que enseñarles un camino y una meta digna de cualquier sacrificio. Lo que fue sedimentado con sangre debe ser edificado con ideas”.

Historia, Opinión

AMELIA PELÁEZ, LA SEÑORA DEL COLOR Y EL CUBISMO EN CUBA


Amelia Peláez (1897-1969) ingresó en la Academia de San Alejandro en 1916 comenzando a exponer en 1918 en los salones Anuales de la Asociación de Pintores y Escultores. En 1924 sale de Cuba, pasa por Nueva York y Francia. En París aprende las técnicas de las escuelas modernas que allí se asentaban, principalmente la del cubismo cuya influencia es evidente en su obra.

A su regreso a Cuba continúa desarrollando ideas pero reflejando los elementos naturales del país: frutas, vitrales y jardines, utilizando una paleta amplia con predominio de los colores cálidos.

El cubismo en Amelia se funde a los temas cubanos tratados en sus “bodegones” pintados con acuarelas “(…) en las que las frutas y lucetas cubanas de medio punto ofrecen a la fina y delicada bordadora los más finos secretos de su riqueza geométrica”[1]

El desarrollo artístico de Amelia fue en ascenso en los años posteriores, afianzando su modo de mirar a Cuba desde los interiores de sus casas coloniales, los vitrales, sus bodegones con frutas tropicales y esa intimidad de lo viejo visto a través de esa mirada cubista que ella ya no abandonaría.

En la década del 50 del siglo XX se acercará a una nueva forma de expresión, la cerámica artística y sería como facilitar al admirador de su arte una forma de tener cerca una parte de su talento, vasijas, platos y otros muchos objetos decorados por ella se haría imprescindible.

Los cubanos de hoy reconocen enseguida su obra y la incorporan a su quehacer cotidiano, porque Amelia vivió y murió en Cuba, sin traicionarse a sí misma ni a su arte.


[1] Guy Pérez Cisneros: “Pintura y escultura en Cuba”, 1943.

Cultura

CARLOS ENRÍQUEZ, EL PINTOR DE LAS TRANSPARENCIAS


Carlos Enríquez Gómez (1901-1957) es otros de los innovadores de las artes plásticas cubanas, escogió el surrealismo como doctrina estética aprendido en su estancia en París, pero lo adecua a su temperamento para devolverlo en una interpretación personal.

Aplica en su obra una técnica colorista basada en la ligera trasparencia dada por los tonos licuados y la coloración de sus paisajes que recuerdas los paisajes del trópico pero con luz más apagada, como al amanecer en estas latitudes. Sus temas están llenos de sensualidad y sexualidad que él ejercitará con la misma intensidad que la luz de Cuba.

Carlos Enríquez es telúrico en su vida y en su obra, acepta “(…) el caos y se mete deliberadamente en medio de él, para transformarlo en un canto de exaltada sensualidad”[1]

En 1929 Carlos Enríquez organiza en la Sociedad femenina Lyceum una exposición de desnudos que escandalizó a las ricas socias habaneras de la institución, que obligan a la directiva de la misma a retirar la muestra, como muestra de desagravio y protesta Emilio Roig le ofrece el espacio de bufete para exponer las obras y en ese lugar las principales figuras de la intelectualidad habanero acudió para admirar la obra del artista.

La obra pictórica de Carlos Enríquez conforman lo él dio en llamar “el romancero criollo”, lleno de leyendas, escenas eróticas y alegorías en medio del paisaje lleno de palmas, lomas y cielo azul, todo con una atmósfera casi irreal. El mejor ejemplo de esta pintura es el cuadro, “Rapto de las mulatas” (1938) considerada su obra maestra. En estas pinturas rebeldes e irreverentes son evidentes sus inquietudes sociales y la denuncia a la situación del campesino cubano que el plasma magistralmente en su irónico cuadro, “Campesinos felices”.


[1] Graziela Pogolotti, 1965

Cultura

EDUARDO ABELA, LO AFROCUBANO EN LA PINTURA CUBANA


El triunfo de la rumba, Eduardo Abela

Eduardo Abela Villarreal (1892-1965) fue dibujante en la prensa habanera, alumno de San Alejandro, emigra a España en 1924, allí expone con cierto éxito de crítica, pero su inquietud está en París y a la capital francesa parte exponiendo en el Salón de Otoño. Eran los años del surrealismo y Abela asimila y aprende de las tendencias pictóricas. En medio de este deslumbramiento surgen los dormidos temas de la patria, ahora tamizados por el exotismo de la Ciudad Luz. Eran cuadros modernos por su técnica y costumbristas por su tema: “La rumba”, “La Casa de María la O”, “Los funerales de Papá Montero”, “Los caballeros del pueblo”, “El adiós”, “La vega de tabaco”, etc.

Su pintura es sensual, de fórmula segura con más preocupación por la técnica que por los temas; con una expresa voluntad de simplificar, de llevar a líneas esenciales el asunto, donde el cuadro aparece repartido en grandes masas de colores donde concentra el mayor significado. La luz en Abela está respetada a través del volumen y el color, es el trópico, pero desde lejos.

Igual le ocurre con los temas cubanos, principalmente afrocubanos, con una visión poética, sensual, elaborada a partir de la evocación y la imaginación, una mirada folclorista pero novedosa para fenómenos que están ocurriendo en su isla y que tiene en él al primer cronista de las artes plásticas.

Cultura

LOS INICIOS DE LA IMPRENTA EN CUBA



Cuba no fue de las primeras colonias americanas en el uso de la imprenta, el atraso cultural más las rígidas prohibiciones reales y eclesiásticas mantuvieron alejadas de la isla a la letra impresa. La imprenta se introdujo en América, primero en Nueva España y Perú en el siglo XVI y luego en el siglo XVIII en otros territorios americanos, entre ellos Cuba.

Desde los primeros tiempos de la conquista hubo una restringida circulación de libros en América, de hecho solo podían circular libros relativos a la religión católica, prohibiéndose los referidos a romances,  historias banales, profanas, novelas de caballería, etc.; normativa constantemente burlada por contrabandistas y conquistadores.

La Iglesia también, participó, en forma contradictoria en la introducción de la imprenta en América, mientras prohibía a través de la Inquisición  la circulación de determinada  “obras peligrosas” para la Iglesia; obispos y misioneros promovieron la introducción de la imprenta en el Nuevo Mundo y la edición de libros para difundir la religión y una vasta producción literaria.

Tras muchos años de prohibiciones y de poco estímulo para la cultura, aparece en Cuba la imprenta, cuya introducción data de los principios del siglo XVIII. Mucho se especula sobre el verdadero momento en que se introduce la imprenta en la isla, algunos autores la remontan a 1707 y dan algunas noticias no confirmada con  la aparición de algún material impreso.

El impreso más antiguo encontrado  en la isla data de 1720, “La Carta de esclavitud a la Virgen Santísima del Rosario”, donde no aparece el nombre del editor. En 1723 se imprime, “Tarifa General de Precio de Medicinas”, folleto de 26 páginas que contiene en orden alfabético las medicinas que debían venderse y su precio. El impresor era el belga Juan Carlos Habré, de cuyo taller se conocen otras dos obras, “Mérito que ha justificado y probado el Lcdo. Antonio de Sossa” (1724) y “Rúbricas Generales del Brevario Romano” (1727)

Carlos Habré introdujo la imprenta en el país probablemente a principio de la década del veinte del siglo XVIII. Era ya una imprenta de uso con “tipos de imprenta”  en francés, probablemente de las más pequeñas.

Por el análisis del impreso más antiguo que se conserva en Cuba se puede conocer que estaba elaborado en formato de 23 x  24 cms., que no aparecen en el mismo la letra ”ñ” que era sustituida por una “u” con acentuación francesa(û,ù,) o ü,ú;  algunas palabras del español tiene acento que nunca llevaron(lá, ventá, islá, arancél), lo que hace suponer no solo el poco conocimiento del español del editor, sino también la escasez de tipos de imprenta. Probablemente a esta razón se deba que la “Tarifa General de  Precios de Medicina”, fuera impreso por hojas y no por pliegos, como era ya costumbre en la época. En la portada del folleto aparece además del título un escudo de España que se convierte en el primer grabado hecho en Cuba[1]

El folleto es ordenado por el “examinador Protomedicato de La Habana”, con el fin de dar a conocer a los boticarios la lista de medicina y sus precios oficiales. Tenía 26 páginas y ordenados los remedios alfabéticamente y en la última página aparece la siguiente inscripción: “En la Habana en Once de Henero, de Mill Sietezientos veinte y tres Aùos”[2].

Hacia 1750 aparecen noticias de la segunda imprenta en La Habana, esta perteneciente al sevillano Blas de Olivo. De su taller salió el primer libro impreso en Cuba, con 248 páginas y dos tomos (1761 y 1763), encargado por las autoridades españolas:”Ordenanzas de S.M. para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Exercitos”

En  la imprenta de Blas Olivo se editó también en 1762 el acta de Capitulación de La Habana, firmada por el gobernador español de la plaza, pero también se  reeditó  un Almanaque de Nueva España en el que se ratificaba a Carlos III como soberano reinante en La Habana, lo que fue interpretado como una rebeldía por las autoridades de la ciudad impuesta por los ingleses, por lo que fue detenido el impresor.

La producción de la imprenta  ya es un hecho desde la década del veinte del siglo  XVIII, pero la censura y el restringido ambiente intelectual de la isla hicieron que sobreviviera lánguidamente durante más de setenta años. Tras el regreso de La Habana a dominio español, el estimulante trabajo de los Capitanes Generales de la Ilustración y el Despotismo Ilustrado animaron la actividad editorial en la ciudad.

Capitán General Ambrosio Funes, conde de Ricla llega a La Habana al término de la ocupación inglesa. El venía con instrucciones de favorecer el desarrollo cultural de la isla por lo que pensó en la necesidad de estimular la impresión de libros y periódicos en la misma, para ello contactó con Blas de Olivo quien le presentó sus ideas sobre el tema las cuales aceptó en principio y las envío al consejo de Indias junto con sus consideraciones:

«No habiendo copia de imprenta en esta plaza, ni en toda la Isla, se carece muchas veces aún de los libros más precisos para la educación cristiana y enseñanza de primeras letras. Con este motivo y el de civilizar más a estos vasallos, he tenido el pensamiento de facilitar aquella importante impresión, añadiendo a ésta la de gacetas, mercurios y demás papeles y noticias interesantes.»[3]

El proyecto fue rechazado y la isla tuvo que esperar una mejor ocasión pana tener periódico e impulsar la edición de libros.

En 1762 se establece la imprenta del Computo Eclesiástico a cargo de José Arazosa, dedicada a la impresión de oraciones, misas, calendarios de rezos anuales (analejos) y otros impresos religiosos. De este taller salió el folleto, “Relación y diario de la prisión y destierro, escrito en versos en 1763 narrando los hechos ocurridos al obispo Morell de Santa Cruz”, desterrado por las autoridades inglesas durante la ocupación.

En 1776 se funda la imprenta de Esteban Bolaños que se mantuvo hasta 1817,  su taller distinguido por la calidad de las ediciones y sus viñetas, salieron numerosos títulos de diversos géneros, entre ellos el libro del habanero Martín Félix de Arrate, Teatro histórico, jurídico y político-militar de la Isla de Cuba y principalmente de su capital La Havana (1789).

En 1781 se crea la imprenta de la Capitanía General que editaba la Guía de Forastero y la Gaceta, que empezó a salir a luz en 1782.

En 1787 se publica en los talleres de la Capitanía General de la Isla el libro del naturalista portugués Antonio Parra, Descripción de diferentes piezas de Historia Natural, las más del ramo marítimo, representadas en setenta y cinco láminas, el primer libro científico editado en Cuba. Parra que había llegado a Cuba como soldado en 1763 describe importantes especies de la fauna cuna, principalmente peces y crustáceos, los cuales en detallas ilustraciones que resaltan el valor del libro.

Con el impulso cultural que va adquiriendo la colonia comienza a tener una utilidad mayor la imprenta, prueba de ello es que entre 1791 y 1799 se imprimieron cien folletos, tanto como los aparecidos desde la introducción de la imprenta en la isla.

La consolidación definitiva de  las letras impresas en Cuba lo da el Capitán General Luís de las Casas al fundar el Papel Periódico de la Havana, (24 de octubre de 1790), el primer periódico del país, publicado dos veces a la semana (jueves y domingo)  hasta 1804. Su primer director fue Diego de la Barrera y se imprimía en el taller de Francisco Seguí en un formato de medio pliego de papel español y con cuatro páginas, a partir de 1793 la Sociedad Patriótica se hace cargo de la redacción del periódico.

En sus páginas se trataron diversas temáticas referidas a la política, la literatura, las ciencias y sobre todo la economía, además de referirse a las noticias de la ciudad. Fue tribuna de las diversas ideas que sobre el desarrollo económico se discutían en ese momento y jugó un papel primordial en la difusión de las mismas

Aparecen en sus páginas artículos sobre mejoras del cultivo de la caña de azúcar, fertilización, tratamiento de esclavos, introducción de cultivos y cuantos temas podían interesar a los ricos hacendados criollos. También fue preocupación de este vocero de la ilustración habanera, la salubridad, el hornato público, la educación, las buenas costumbres y cuanta idea novedosa podía servir el mejoramiento de la sociedad, sin olvidar las colaboraciones literarias que se fueron haciendo cotidianas.

En 1794 el periódico contaba con 120 suscriptores que pagaban seis reales al mes, fondos que servían para sostener la Biblioteca Pública sostenida por la Sociedad Patriótica de La Habana.

[1] José G. Ricardo, “La imprenta en Cuba”, La Habana, 1989:11-12

[2] Ídem

[3] Este es la evidencia más antigua de publicación periódica en Cuba, su nombre completo es Gaceta de la Havana (1782-1783) y de su primer número se conserva un ejemplar en los archivos del General Francisco de Miranda en Venezuela

Cultura

FIDELIO PONCE Y SUS FANTASMAS


Los Niños, 1938

Fidelio Ponce (1895-1949) es el pintor más original y de más talento de esta primera vanguardia de las artes plásticas, golpeado por la vida y sus circunstancias, crea una obra irregular que perfecciona por intuición.

Su verdadero nombre fue Alfredo Ramón Jesús de la Paz Fuente Pons, nació en Camagüey e hizo una breve estancia de estudio en la escuela de San Alejandro, lleva una vida bohemia y de penurias con una dependencia al alcohol que agravaría su situación de marginalidad y pobreza. Se gana la vida como pintor de vallas comerciales y tiene un primer período en el que pinta paisajes y retratos de calidad irregular. En la década del 30 inicia un período de consolidación pictórica determinado por la esencia de sus mitos interiores, reflejos de su desgraciada vida de paria, gravemente enfermo de tuberculosis e incapaz de salirse de sí mismo, hace una pintura que refleja sus miedos y obsesiones, con un estilo personalísimo y en el que están presente figuras de tuberculosos, beatas, niños, vírgenes, cristos, monjes, mujeres, en fin espectros de su existencia.

Para este retablo crea sus propios colores, partiendo del blanco fantasmal, en el cual parecen flotar sus figuras, apenas manchas contrastantes de blancos, ocres, nacarados, azulinos o rosas, colores “(…) que van afinándose, suavizándose, haciéndose fríos y que llevan a la generalidad dentro de la pintura cubana”[1]

Fidelio Ponce expuso por vez primera en el Lyceum en 1934, fue todo un acontecimiento cultural, llamando la atención del público y la crítica. En 1935 obtuvo el Premio Nacional del Salón de Pintura y Escultura con su cuadro, “La beatas” y repitió el premio en 1938 con, “Los niños”. En 1937 el Ayuntamiento de La Habana organiza una exposición homenaje, “Exposición de Fidelio Ponce”, con gran acogida.

En 1940 en la célebre muestra “300 años de Pintura Cubana” organizada por el Instituto Nacional de Artes Plásticas en la Universidad de La Habana no podía faltar la obra de Fidelio Ponce con sus cuadros, “Los niños”, “San Ignacio de Loyola” y “Monja del mar”.

Su única exposición en el extranjero fue en Nueva York donde la galería Delphie Studio organizó una muestra de este gran artista cubano.

La obra de Fidelio Ponce constituye un legado de primer orden para la cultura cubana, sirviendo de puente entre los primeros renovadores y la nueva generación que despuntará en décadas posteriores. Es un hito solitario dentro de la creación artística cubana, aunque Cuba no está explicitada en sus temas, en sus personajes fantasmagóricos, flota la frustración de una época y de un pueblo desalentado.

Marcada por su vida trágica y de estrecheces Fidelio Ponce lega al arte cubano una obra recia y definitiva de una innegable belleza en el que se palpa su desarraigo y su carga de pesimismo. El uso imponderable del blanco, los ocres y los grises le da una capacidad de expresión que se adecua idóneamente a su concepto del mundo, en medio de su áspera soledad.

“Fidelio Ponce es una cumbre solitaria con una obra de alta calidad donde no está Cuba, sino Fidelio Ponce y sus mitos”[2]

“En el lechoso río blancuzco, los personajes y los objetos de Ponce flotan y ondean entre dos aguas con gestos delicadísimos de ballet que no consiguen ahuyentar la sensación de la nada, la angustia de la desaparición”[3]


[1]Loló de la Torriente: “Imagen en dos tiempos”. La Habana, 1982

[2] Rafael Marquina: Las Artes Plásticas, en “Historia de la Nación Cubana”

[3] Guy Cisneros

Cultura

REQUERIMIENTOS DE LA HISTORIA


El conocimiento de la Historia es una necesidad de la sociedad humana para trasmitir saberes y experiencias, sacar lecciones de lo pasado y poder soñar, tener perspectivas para el futuro, para eso sirve la historia y no como simple literatura del pasado, capaz de ser un buen guión para películas o de algún libro bien escrito en el que ficción y realidad se mezclan.

Pero la Historia es también identidad, ella es la acumulación de los saberes, tradiciones, avatares y contingencia de un pueblo en busca de esa esencia que llamamos cultura, en la que no solo está incluido lo que entrega el arte y la literatura, sino todo el quehacer de sus miembros, para conformar ese núcleo duro que identificamos como “lo nuestro”.

Esa es la preocupación de un pueblo pequeño como el nuestro que se enfrascó en una Revolución a la altura de sus necesidades, pero en medio de un ambiente hostil y rompiendo con un mito de más de cien años, enfrentar a la potencia capitalista más poderosa de la historia que por demás es nuestra vecina y que para bien o para mal siempre ha tenido que ver con los temas medulares de nuestro desarrollo como pueblo, desde aquellos tiempos de su independencia, hace más de doscientos años.

La historia de los últimos cincuenta años para Cuba ha constituido el célebre enfrentamiento entre los líderes de aquella Revolución y buena parte de este pueblo contra el Gobierno de los Estados Unidos y esa parte de los cubanos perjudicada por las medidas de nacionalización o simplemente cansados de la precariedad “eterna” con la que vivimos los de la isla.

Este “diferendo”, “enfrentamiento” o como quieran llamarlo ha marcado la vida de varias generaciones de cubanos, viviendo del lado de la trinchera, sometidos a una intensa propaganda político ideológica en la que no hay términos medios y que va teniendo un costo muy alto en vida humanas, en familias separadas, sueños frustrados y un futuro cambiante e incierto.

No nos morimos de hambre, pero no satisfacemos nuestras necesidades básicas, tenemos conquistas sociales inestimable, pero lo pagamos con un costo social y espiritual muy alto, participamos en la vida social y política de la nación, pero sentimos el dedo dirigista y vertical de los “guardadores de la fe revolucionaria”, sabemos cuán difícil es la vida de los humilde en la sociedades capitalistas, ¿pero acaso la nuestra es mucho mejor?

Habrá que pensar sobre el legado que dejamos para nuestros hijos, ellos nos pedirán cuenta, ahora o mañana, y esa cuenta no será solo ideológica o política, sino el estado de bienestar que nunca hemos encontrado el camino para construir, primero por el “criminal bloqueo”, pero también y en buena parte, por los errores de la clase dirigente, ineficiente, triunfalista, eternizada en un sistema de dirección personalista, donde la fidelidad es primero que la capacidad y que ha terminando creando una élite inepta, pancista, populista y muchos de ellos corruptos. Todos somos Cuba y pensamos, a todos habrá que oírnos y el pueblo cubano tiene derecho a decidir su destino.

Opinión, Política
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