Cultura Cuba

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WILFREDO LAM, LA SÍNTESIS DE LO AFROCUBANO


Llega a Europa en 1938 y triunfó porque estaban dadas las condiciones de aceptación del “arte negro”, que era calificado por los surrealistas como «la materialización temática del instinto primitivo»[1]

Wilfredo Lam sintetiza la unidad de técnica, lenguajes y actitudes artísticas del ámbito internacional con las raíces afrocubanas y la comprensión estética de su herencia cultural caribeña.

Su obra es la representación plástica de lo que Alejo Carpentier llamó “lo real maravilloso” americano, asumiendo la síntesis de su acervo cultural a través de un diseño racionalista y la disolución de las formas originales para lograr otras nuevas.

En su obra se reafirma el ideal de lo bello desde la negritud, sin olvidar los aportes de la academia. «Retorna-en un campo imaginario- al estadio sincrético de la transculturación para fijarlo y reiterarlo en las posibilidades del sólido oficio y el dibujo preciso»[2]

En la década del 40 trabaja en Cuba, pinta “La Silla” (1941) e interactúa con los pintores modernos cubanos, conoce de las investigaciones de Fernando Ortiz, sobre las culturas afrocubanas, viaja a Haití observando allí la iconografía del Vudú e incorpora todas estas vivencias a su cuadro “La Jungla” (1943). Esta es la obra que marca un viraje en su carrera de pintor y su consagración internacional. Esta obra es considerada uno de los cien cuadros más importantes de la pintura contemporánea y está expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

El tema del cuadro queda descrito magistralmente por la periodista y crítica cubana Loló de la Torriente:

« Está allí, entre órganos genitales, el misterios del trópico y, complicándose entre bejucos y malas yerbas, aparece la caña de azúcar, la hoja del tabaco, los plátanos y los güiros convulsionados, completándose toda la riqueza vegetal, con las nalgas opulentas y los pechos nutridos…»[3]

A partir de “La Jungla” los cuadros de Wilfredo Lam se fueron enriqueciendo con nuevos signos y símbolos, en “Presente eterno” (1944) y “Márchense D΄Ylle” (1944) ya la población en más variada; “El canto de Osmosis” (1944), es más contrastante. En 1947 crea “Las nupcias” de un gran dramatismo poético y “Belial” con su atmósfera telúrica. Continúa con “Escalopendre” (1947), “La desposada de Kiriwina” y “Alafi incas” (1947) hasta llegar a una serie de obras monumentales.

«Continúa su ardua tarea de interpretar mitos como un poseído destinado a dar a conocer los herméticos tiros y leyendas africanas, prisioneros en América, ocultos en los mitos y religiones de este lado del mundo.

«Su colección de 1950 está dedicada a los misterios cósmicos de las religiones afrocubanas, interpretando como nadie la fuerza de este complejo ritual»[4]

«Lam optó por la fantasía del entorno vegetal, la sensibilidad criolla y los cuerpos y objetos simbólicos de procedencia africana hallados en Las Antillas…

«Con la obra de Lam, integrada al patrimonio nacional, el arte africano legítimo y lo que de él se naturalizó en el Nuevo Mundo, reaparece modificado por métodos y visiones elaborados en Europa, expresando aspectos de la cultura donde nació y vivió. Ese universalismo suyo nos lo muestra como pintor, grabador, ceramista o escultor imposible de restringir a clasificaciones demasiados territoriales. Su quehacer es cubano, caribeño, europeo, africano»[5]


[1] Citado por Toni Piñeras en “Lam inédito”

[2] Lam inédito. Toni Piñeras, per. Granma, 21/2/1991

[3] Imagen en dos tiempos. Loló de la Torriente. La Habana, 1982

[4]Ídem

[5] Lam inédito. Toni Piñeras, per. Granma, 21/2/1991

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