Cultura Cuba

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ANNA PAVLOVA BAILA EN CUBA


Cuando la Primera Guerra Mundial estalló en Europa, la cultura tuvo que hacerse a un lado para dar paso a los cañones, mientras sus artistas buscaban lugares más tranquilos para enseñar su arte, fue en esta coyuntura que los cubanos de principios del siglo XX pudieron disfrutar del arte de las puntas y los giros de mariposa de la bailarina rusa Anna Pavlova (1882-1931) quien debutó en La Habana el 13 de marzo de 1915 con su compañía de “Bailes Rusos de Anna Pavlova” en la que sobresalían además su compañero de baile Alexandr Volinine y las jóvenes bailarinas Plaskowiska y Svirskaia, la presentación fue en el teatro habanero “Pairet” en una temporada de catorces funciones en los que presentó un programa hecho para  resaltar el talento de la gran bailarina y su cuerpo de baile, pero que no era muy exigente en cuanto al repertorio.

“Cuando danzas, cuando vagas, cuando giras, ¿desciendes a la tierra o te elevas de ella? Nadie puede decirlo. Tu dominio es el aire. Tú misma eres el aire, porque, como el ambiente, transmites a las almas el perfume, la luz y la armonía. Desciendes a la tierra porque nos traes un poco de la gracia del cielo, de su impalpable encanto. Asciendes de la tierra porque la purificas e idealizas con tu arte que es idea y es pureza”. (Federico Uhrbach, El Fígaro)[1]

Su éxito la llevó hasta a los teatros, “Luisa Martínez Casado” de Cienfuegos y “Sauto” de Matanzas, para continuar luego gira  por América.

Dos años después, febrero de 1917, regresa la golondrina rusa esta vez en temporada en el Teatro Nacional[2], entre el 8 de febrero y el 3 de marzo, trae un repertorio con mayor cantidad de ballet reconocido: “Coppelia”, “La flauta mágica”, “Las Ondinas”, entre otros, junto a los imprescindibles solos de ella.

Su tercera temporada habanera será desde diciembre de 1918 hasta principios de 1919, venía acompañada esta vez por una compañía de óperas por lo que interpretó los bailables de las óperas “Aida” y “La Gioconda”, junto a su repertorio habitual que incluyó esta vez su inigualable versión de “La bella durmiente”.

El selecto público habanero que vio a la gran bailarina rusa no olvidó su maestría y sentó en el recuerdo la belleza del baile en punta que llevaría un tiempo después a que la enseñanza del ballet llegara a Cuba por el entusiasmo de estas personas y el magisterio de la escuela rusa del ballet.

Nota: Para más detalle invito a mis amigos a leer el hermoso trabajo de Josefina Ortega en La Jiribilla Digital


[1] Citado por Josefina Ortega, “Cuando Anna Pavlova bailó en Cuba”. La Jiribilla digital. http://www.lajiribilla.co.cu

[2]En la actualidad Gran Teatro de La Habana “Federico García Lorca”

Foto tomada de internet

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