Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

LA APARENTE DULZURA DE LAS COSAS


Cuando encuentro algún escrito que me gusta y expresa cosas que comparto, el primer sentimiento es divulgarlo para que otros gocen de la lectura y del pensamiento de buenos escritores, más cuando existe el “San Benito” de que en Cuba todo es documento oficial u oficialista. Por eso de mis archivos saco un recorte que disfruté mucho al leerlo en su momento y ahora trascribo íntegro, es del inefable José (Pepe) Alejandro Rodríguez, ese periodista cubano que con la adarga al brazo va deshaciendo entuerto de la cotidianidad cubana, esta crónica casi costumbrista tiene el sabor de lo que hemos compartido todos los cubanos de esas generaciones revolucionarias, los crecidos del 59 para acá, hijos de la rectificación constante y del disparate por improvisación, ojalá nuestro hijos sean más sabios:

“Ya el azúcar no es el “oro nacional”, ni el guarapo es “la sangre de Cuba”; ya el ingenio no es “el corazón del país”. Que lo sepa Miguel Ángel de la Torre, gran cronista de principios del siglo XX; sus metáforas languidecieron con la reconversiones económicas[1], a la vuelta de tantos años. Que se entere también el sabio Don Fernando Ortiz: no hay ahora contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar; por abandono de esta última del combate por la primacía en nuestra vida. El Ingenio[2] de Manuel Moreno Fraginals hoy muele sus propios recuerdos.

La industria azucarera ya no sostiene al país, y ha cedido el estrellato en la cartera de ingresos económicos al turismo, el níquel, los servicios profesionales y las promisorias biotecnología y farmacéutica; mientras el tabaco se aferra a sus viejos humos para no pasar a ceniza en los negocios exteriores.

La restructuración de la que fuera nuestra primera industria no fue capricho: Cuba se vio entrampada entre la cada vez mayor depreciación del dulce en el mercado mundial –producto básico al fin- y la inconsteabilidad de producirlo. Aunque también incidieron ineficiencias domésticas, como los bajos rendimientos que costaban al país.

Algunos entendidos piensan que la medida es impostergable, pero quizá muy precipitada en su alcance, al extremo de desactivar tantos centrales azucareros; pues no debe descartarse, como nos ha sorprendido más de una vez, futuras alzas de precios del alimento energético. Otros, no sin razón, defienden los mayores valores agregados de otros subproductos de la caña. La historia dirá…

Lo cierto es que a estas alturas, nadie sostiene aquella sentencia que flotó sobre buena de la Historia nacional, hasta las postrimerías del siglo XX: “Sin azúcar no hay país”. Sin embargo, uno palpa cierta visión en la sociedad cubana de a Rey muerto, Rey puesto, en torno a la agroindustria, que aún con todos sus amargores, cimentó con dulzura la nación y nuestra propia identidad.

Incluso pervive una percepción olvidadiza y lineal, de hecho consumado, un proceso que no debe escapar del análisis permanente: qué se hizo bien y qué no, cuales saldos deja, que preguntas aún esperan por respuestas. Pero eso es “recobrado” para entendidos y gestores de las políticas.

Solo quiero vindicar la memoria del azúcar, conmovido por un hermoso cuadernillo de relatos del colega y amigo Luis Sexto, que entremezcla mieles de su vida y reporterismo por centrales y bateyes, y las refina con imaginación del buen narrador. Un delicioso libro, “La aparente cordura de las cosas”. De la Editorial Pablo de la Torriente Brau. Si alguien pretende aún darle la espalda al azúcar fecundo, y hacer cuenta nueva, que se lea esas viñetas pugnaces.

Por lo que representaron para Cuba el cañaveral y el ingenio, la restructuración y reconversión de esa agroindustria han dejado demasiados “platones”[3] en la memoria colectiva y la nostalgia. Hay aún heridas abiertas, tristezas en bateyes y recuerdos imposibles de cerrar ni archivar, aunque lo dicte la lógica económica.

El azúcar, des el humilde mascabado, fue el abono de nuestra historia como nación, de nuestras ideas independentistas y luchas obreras. En aquellos primeros años de construcción del socialismo, los ingenios, con sus azucareros en primera línea, fueron la avanzada, y el escenario también de complejidades y contradicciones del sitema, que bien las refleja Luis Sexto.

Al final, este cronista prefiere seguir viviendo, como Sexto, con el rigor y la puntualidad de aquellos pitazos, embriagado con el olor de la melaza; soñando, desde un banco en el batey de Cuba, que la vida puede ser buena y dulce.”[4]


[1]Proceso de desmontaje de la industria azucarera cubana llevado a cabo a fines de los años 90, con la desaparición de decenas de centrales azucareros y todo el engranaje socio cultural que a su alrededor se movía.

[2] Obra capital sobre el desarrollo de la industria azucarera en Cuba

[3] Tronco de caña de azúcar a ras de suelo.

[4] Publicado el periódico “Juventud Rebelde” el martes 2 de marzo de 2010

Costumbres, Opinión

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