Cultura Cuba

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José Martí: hacer la prosa flor y luz el verso

No tuve la suerte de conocer al poeta y periodista Luis Suardiaz Rivero (1936-2005), se me hizo cotidiano en mis lecturas de la prensa cubana en estos años de Revolución que son los de mi vida, sagaz, culto, manejaba una prosa limpia que invitaba a guardar esas viñetas y artículos que escribía. Aquí traigo uno de enero de 2001 que se precia por sí solo:

José Martí: hacer la prosa flor y luz el verso

Las letras públicas de José Martí las que resplandecían en páginas de publicaciones de nuestra América, y que en los Estados Unidos a veces se veían precisadas a nacer en inglés sin perder el brío, tienen la virtud de su lujoso estilo, aun cuando muchas veces surgían de las circunstancias distantes del humo de las imprentas, y no del reposado gabinete del pensador.

En nuestra época ya se conocen bien sus “Versos Sencillos” y también el “Ismaelillo” que rompió esquemas en nuestra lengua y aún los que dejó inédito con el nombre de “Versos Libres”, sin embargo en toda su trayectoria fue dejando algo así como una premeditada biografía en verso. Cuando después de sus estudios universitarios en España llega a México en 1875, supo que el tierno corazón de su hermana Anita se había quebrado y además toda la familia vivía en la miseria. Y el vate de 22 años con sangre escribe en la alta noche: “Es hora de pensar/pensar espanta /cuando se tiene el hambre en la garganta.”

Durante su estancia de casi tres lustros en Nueva York se vio obligado a desdoblarse, a multiplicarse también. Conspirar abiertamente contra la metrópoli europea y en silencio contra el naciente imperialismo norteamericano, cuyo sistema era ya, y seguirá siendo, una amenaza para la nación cubana y para toda la familia de pueblos latinos, y ser al mismo tiempo un hombre público, discursos, cónsul y delegado a conferencias internacionales de los más diversos temas, debió ser sin duda, una ingente faena.

Y además de su correspondencia revolucionaria, sus manifiestos y ensayos políticos, el artículo, la traducción de un cable, para con su modestia, vivir. Por eso en el verso discreto le dice en carta extensa a Serafín Bello: “Y luego de hacer el pan/con el dolor cotidiano, /muerta la pluma en la mano/me envuelvo en el huracán.”

Las palmas, esas novias que esperan a los combatientes de sus más fervientes discursos, las muy altas que situó junto a la cuna de Heredia, también esplenden en las líneas vivas y dolientes que dejó en álbumes de cubanas de la emigración. A Victoria Smith le confía ansias de: “poner mis amarguras/ a la sombra de las palmas”, las de Caracas que es también patria de su cariño. Y a María Luisa Ponce de León recuerda: “Los tristes, ay, los mágicos palmares / en que mi patria es bella todavía.”

En la lejanía, la yerba le parece “mensajera del olvido”. Y aunque no ignora ni desdeña las maravillas de la Gran Babel, como exiliado sufre el desarraigo y más que una galantería escribe para Isabel Aróstegui: “Dicen sabios en dolor/ y personajes profundos/ que el mayor mal de los mundos/ es vivir en Nueva York”. En los “Versos Sencillos” ha proclamado su compromiso más allá de la muerte con la poesía y en sus apuntes así lo ratifica: “Mientras me quede un átomo de vida/ haré la prosa flor y el verso luz”.

No pierde oportunidad de censurar al gobierno colonial que ha arrastrado a sus jóvenes aldeanos a la muerte y desangrado la ínsula mayor de las Antillas. A Enrique Estranzulas le subraya que España sabe vivir bien y mandar mal. Y en esa misma carta en verso celebra su humilde trabajo que le permite proseguir: “Lejos del odioso influjo/ de los pueblos donde el lujo/ se compra con la honradez,” y se alza sobre sus dolencias y fatigas: “Viva yo en modestia oscura; /muera en silencio y pobreza: / ¡qué ya verán mi cabeza/por sobre mi sepultura.”

Mas, todavía es hora. Le queda mucho por hacer. Sigue compartiendo con el verso su carga, juntando conciencias, conspirando con sabiduría y cautela, enseñando en las aulas de alumnos pobres, tejiendo los himnos de una revolución que busca no solo la libertad de las Antillas y en un canto no terminado nos deja este permanente mensaje: “Mientras haya en América esclavos/ levántate y anda. / Mientras haya una injusticia/ levántate y anda. / Mientras haya un enfermo social/ levántate y anda”

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Cultura, José Martí

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