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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Agosto, 2012

ALEJANDRO GARCÍA CATURLA, UN MÚSICO CON EL OÍDO EN CUBA


Paralelo al desarrollo de Roldán se produce el de Alejandro García Caturla (1906-1940), formado musicalmente en Cuba, comenzó componiendo música popular, entrando en contacto con la música de vanguardia para luego volver a sus raíces haciendo música sinfónica partiendo de elementos musicales de sus orígenes culturales.

Eran composiciones llenas de audacia, en las que se reconoce lo autóctono por su timbre y no por su tratamiento folklórico. Su producción musical se amplía sintetizando todos los géneros musicales de la isla: “Tres danzas cubanas” (1927), es su carta de presentación en la vanguardia, presentándose como innovador principalmente en la tercera danza, trabajo que continúa en “Danza Lucumí”(1928), con las cuales se inaugura un novedoso lenguaje musical; “Bembé” (1929), para metales, madera, piano y batería; la versión de esta misma pieza para percusión cubana en 1930: ambas piezas son un reflejo de la intención autoral de Caturla, sintetizar los cantos litúrgicos negros, despojados de lo superfluo.

“Yamba-O” (1928-1931), movimiento sinfónico; “Primer Suite Cubana” (1931), para instrumentos de viento y piano; “La rumba” (1933), basado en el poema de José Zacarías Tallet; en esas piezas procede de igual forma, no escribe una rumba sino que reelabora la esencia sonora de este ritmo popular. “Sonata Corta” (1934) y “Comparsa” (1936), danzas para piano. En 1938 escribe, “Suite para orquesta” y “Obertura Cubana”; “El son en fa” (1939) y su última obra “Berceuse Campesina”.

La “Berceuse Campesina” es su obra de madurez, refrenado el genio, logra una síntesis de las melodías y ritmos de la Isla, en la que no falta la música campesina y la negra, fundidas por primera vez en una sola pieza.

Caturla es un compositor exuberante, en su obra están presente los variados ritmos del país: música campesina, son, danzón, rituales negros, rumba, etc. Si algo le faltó a su obra fue la síntesis que parece haber alcanzado en “Berceuse Campesina”

Con Roldán y Caturla la música sinfónica cubana se pone al día por primera vez en el siglo XX. Las inquietudes de la vanguardia se hacen presente en el panorama musical cubana. Ambos parten de las raíces autóctonas de nuestra música, principalmente su componente negro, para aludir y recrear, “(…) temas y géneros como vía genuina de lograr una incuestionable cubanía”[1]

Ambos eluden las formas clásicas de la música sinfónica (sonatas, fugas, conciertos), cultivando los movimientos sinfónicos en composiciones para orquestas de cámara y obras corales.

“Ambos representan una época en la que se logró dar un viraje a la creación cubana, ponerla al día y hacer un arte esencialmente americano”[2]

Su diferencia fundamental está en que si Roldán en un primer momento explora y compone dentro de las líneas del diverso folklor africano, para avanzar luego en la elaboración de todo aquello. Caturla va más directo y desde sus inicios reelabora lo que escucha en la calle, a ambos le faltó tiempo, murieron trágicamente jóvenes, Roldán comido por un cáncer, Caturla asesinado en plena calle por ser un juez incorruptible y honesto.


[1]Victoria Eli: “Música e historia en Cuba” III, Rev. CLAVE, Nº 16, 1990

[2] Ídem

Cultura

AMADEO ROLDÁN, UN GIGANTE DE LA MÚSICA CUBANA


La música sinfónica cubana del segundo período republicano cubano (1925-1940) alcanza un desarrollo cualitativo por la incorporación a su repertorio de composiciones que reflejan lo que está pasando en la música popular.

Es la época de florecimiento de dos genios de la música sinfónica cubana, Amadeo Roldán Gardes (1900-1939) y Alejandro García Caturla (1906-1940) quienes incorporan sus composiciones al movimiento musical contemporáneo, partiendo de las raíces afro e hispana de la cultura de la isla creando un sinfonismo nuevo que actualiza a la música cubana.

La música sinfónica no fue ajena a los cambios profundos que encabezó el “minorismo”[1] en el país, para ello organizaron conciertos de “música nueva”, auspiciados principalmente por Alejo Carpentier y Amadeo Roldán, introductores de las novedosas sonoridades que estaba renovando el repertorio sinfónico en Europa y América.

En conferencias, trabajos periodísticos, audiciones y sobre todo conciertos, los músicos cubanos fueron familiarizándose con la vanguardia musical, incluyendo a Stravinsky. Paralelamente se afianza el “movimiento negrista”[2] impulsados por los estudios sobre la cultura afrocubana de Fernando Ortiz.

Es el momento es que se destaca Amadeo Roldán, de corta pero intensa vida, formado en el rigor de la academia de música española, evoluciona desde el impresionismo de sus primeras partituras y su incursión en la ópera, al encuentro con sus raíces culturales en la última década de su vida.

Su obra de definición fue, “Obertura de Temas Cubanos” (1925) en la que parte de motivos negros para crear música sinfónica con la cual se inicia la renovación musical en Cuba.

En 1926 compone “Tres pequeños poemas” (Oriental, Pregón y Fiesta Negra), sobresaliendo por su mayor calidad el tercero. “La Rebambaramba” (1928) es su obra consagratoria: es un ballet en dos cuadros en el que presenta un panorama festivo del “Día de Reyes”[3], con música de contradanza y comparsa callejera de los negros de nación.

La madurez vendrá en la década del treinta al iniciar un ciclo autoral para conjunto reducido: la primera será su serie “Rítmica” (1930) de seis piezas, las primeras cuatro para flauta, oboe, fagot, trompeta y piano y las dos últimas para percusión afrocubana.

Con esta obra se vislumbra al creador que es capaz de separarse del folklorismo para recrear las células rítmicas conocidas, más que música afrocubana elabora sus composiciones a partir de lo conocido y asimilado, por lo que logra sintetizar una obra nueva y renovada. Estos elementos se manifiestan sobre todo en sus “Rítmicas” V y VI, para percusión cubana.

“Tres toque” (1931) para orquesta de cámara es continuación de su indagaciones musicales y trae la novedad de darle el protagonismo a la percusión cubana. “Curujey” (1931) se basa en un poema de Nicolás Guillén, para piano y dos instrumentos de percusión.

Su cumbre creativa la alcanza con la suite, “motivos del son” (1934), basado en poemas de Guillén. Está compuesta de ocho canciones para voz y once instrumentos. Es una obra de difícil interpretación por la elaboración de los cantos negros.

El trabajo cultural de Roldán se completa con su labor como director de la Orquesta Filarmónica de La Habana, a partir de 1932. Desde su fundación forma parte de la orquesta y en 1927 es junto a Carpentier animador de los conciertos de “Música Nueva” en el que se entrenaron numerosas partituras contemporáneas en Cuba.

Dirigiendo la Filarmónica estrenó mucha música, tanto de la vanguardia como anterior, pero que no se habían tocado en Cuba por lo difícil de la ejecución. Entre sus entrenos notables estuvo la presentación íntegra de la “Novena Sinfonía” de Beethoven, junto a la Sociedad Coral de La Habana dirigida por María Muñoz Quevedo.

Como compositor Roldán es un renovador, introdujo por primera vez en la música sinfónica la notación para percusión cubana, en sus variados efectos sonoros (rose, sacudida, etc.).

Dominó la técnica de la composición sacándole partido al conocimiento musical que poseía.

Añadió la percusión afrocubana, no como apoyatura, sino como un nuevo sector orquestal en la sinfónica, uno de sus grandes aportes a la música cubana.


[1]El grupo “Minorista” está compuesto por intelectuales cubanos jóvenes que en la década del veinte del siglo XX impulsan profundos cambios sociales, políticos y estéticos, tratando de sacar a Cuba del marasmo colonial que sobrevivía en la República

[2] El “Movimiento negrista” está impulsado por estos grupos intelectuales de vanguardia, influidos por el auge de los estudios africanos que se suceden en Europa, pero sobretodo aprovechando las investigaciones de Fernando Ortiz. Fue un “descubrimiento cultural” de lo que ocurría en la Cuba profunda

[3] Es el día festivo en que estaba autorizado, durante la colonia, a salir los Cabildos de Nación y que dejaba ver públicamente la cultura africana que estaba asentada en el país

Cultura

LA HABANA SEGÚN PADURA


Art Noveau en La Habana

A muchos le puede sorprender el gran novelista que estaba escondido tras este periodista sagaz que durante algunos años seguí en el diario Juventud Rebelde, con sus sorprendentes crónicas donde nada humano le fue ajeno, conservo algunas de esas crónicas y siempre quise escribir así, directo, claro y manejando información, pero como si esta nos la susurrara el viento y no fuera una pared de objetividad fría que aleja al lector del escritor.

Hace unos años Leonardo Padura (La Habana, 1955) florece como novelista y el crítico que siempre fue, es más agudo y seguido. De su tetralogía de novelas policial[1] emerge un policía singular y humano que nos enseña La Habana como nadie, a tal punto que a veces tengo que redescubrirla después de una relectura.

Traigo aquí un fragmento de su novela “Viento de Cuaresma” que he convertido en mirada real de la ciudad que habito y que amo:

« Me gusta descubrir esos altos imprescindibles de La Habana –segunda y hasta terceras plantas, frontones de un barroquismo trasnochado y sin retorcimientos espirituales, nombres de propietarios olvidados, fechas de cemento y lucetas de vidrios incompletas (…) A esa altura superior, a la escala humana, está el alma más limpia de la ciudad, que abajo se contamina de historias sórdidas y lacerantes. Desde hace dos siglos La Habana es una ciudad viva, que impone sus propias leyes y escoge sus peculiares afeites para marcar su singularidad vital (…) La Habana se me escapa y siempre me sorprende con sus rincones perdidos de fotos en blanco y negro (…) Todo se ennegrece con el tiempo, como la ciudad por la que camino, entre soportales sucios, basureros petrificados, paredes descascaradas, hasta el hueso, alcantarillas desbordadas como ríos nacidos en los mismísimos infiernos y balcones desvalidos, sostenidos por muletas (…) Y aunque me quiera rebelar, esta ciudad me tiene agarrado por el cuello y me domina con sus últimos misterios»[2]


[1] Las Cuatro Estaciones: “Pasado Perfecto” (1991), “Viento de Cuaresma” (1994), “Máscaras” (1997) y “Paisaje de Otoño” (1998)

[2] Leonardo Padura: “Viento de Cuaresma”, pp. 149-150. Ediciones UNION, 2005

Cultura

EL ÓRGANO ORIENTAL

Órgano de “Los Hermanos Ajo en Holguín”, un monumento de la cultura popualar cubana

Hablando de música, existe en la región oriental de Cuba un instrumento peculiar introducido  a fines del siglo XIX en la ciudad de Manzanillo. El primer órgano que llegó a Cuba se lleva a la ciudad de Cienfuegos en 1885 procedente de Francia, el mismo que poco después iría a Manzanillo.

Se cuenta que el introductor de este primer órgano de manigueta en Manzanillo fue Santiago Fornaris Jerez[1], aunque la popularidad de este instrumento está ligada a Santiago Borbolla quien lo uso para amenizar bailes populares.

Luego de los primeros órganos de manigueta traído desde París, Francia se comenzaron a construir en Cuba, primero por los descendientes de Borbolla y luego por otros ingeniosos entusiastas que expandieron el uso del instrumento por el centro y norte de la zona oriental, surgen los órganos de “Varberena”, en Holguín; el de “Los Hermanos Ajo” en Buenaventura, Holguín y el órgano de “Labrada” en Bayamo.

En la zona de Manzanillo la introducción del órgano de manigueta, de origen francés, da lugar al surgimiento de un conjunto formado por el órgano, pailas criollas, güiro o guayo y tumbadora. Con esta agrupación que tiene al órgano como líder se hace la “música molida”, en alusión al movimiento de la manigueta como si fuera un molino manual y se interpretan danzones, sones, polkas, guarachas y muchos otros ritmos, pero todos con el formato sonero, lo que ha dado lugar al surgimiento de una música característica de estilo propio.

Los órganos son de cilindros con cientos de puntillas que al rotar mediante manivela produce las correspondientes notas de cada pieza musical montada en el cilindro en cartón perforado con la canción que se interpreta.

La popularidad del Órgano Oriental, como se le conoce en toda Cuba, se fue extendiendo por todo el valle del río Cauto y luego a la zona de Holguín, siendo su presencia en celebraciones y fiestas populares en toda esta vasta región, formando parte del folklor campesino cubano. En La Habana fue oído por primera vez a finales de la década del veinte al venir a la capital el órgano “Isla de Cuba”.

Para quien no lo ha escuchado, ni bailado con él, les garantizo que es una experiencia única, por lo acompasado del ritmo montuno, que se baila en pareja “sacando agua del pozo”[2] y puede usted estar horas girando sin cansarse en una embriaguez colectiva del ritmo. Aún se escucha en los carnavales y celebraciones de las zonas mencionadas gracias a la inventiva de los herederos de estos precursores.

[1]“El órgano oriental. Fornaris, el fundador desconocido” Juan Sánchez, en Rev. BOHEMIA Nº 26 /26/7/1990

[2] Por el modo de mover los brazos los bailadores

Cultura

LA ÉTICA, ELEMENTO CLAVE DE LA CULTURA CUBANA


Una de las mentes más claras de la generación que lleva adelante la Revolución y la hace triunfar en 1959 es el doctor Armando Hart Dávalos, hombre de acción y de ideas que ya forma parte de nuestra historia contemporánea por su protagonismo dentro del proceso revolucionario cubano.

En la actualidad preside la Oficina del Programa Martiano y la Sociedad Cultural José Martí instituciones llamadas a coordinar todo el movimiento de estudio y divulgación de las ideas de Apóstol y de las mejores causas del mundo.

Desde su preclara ancianidad sigue participante en el debate nacional por una Cuba mejor, más justa y equitativa con una manera muy diáfana de reflexionar desde hoy sin un asomo de dogmatismo y sí con una alta carga de humanismo y compromiso con su pueblo, su tiempo y la humanidad toda.

De él es el artículo que reproduzco y que fue publicado en el día de hoy (29/8/2012) en el periódico Juventud Rebelde:

La ética, la justicia y la solidaridad están en la raíz misma de la formación de nuestra nacionalidad y se vinculan estrechamente con los problemas actuales que enfrenta la moderna civilización.

Me parece oportuno recordar lo planteado en el Informe Central al VI Congreso del Partido, citado por Raúl en su medular discurso para clausurar el séptimo período ordinario de sesiones de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando llamó a «continuar eliminando cualquier prejuicio que impida hermanar en la virtud y en la defensa de nuestra Revolución a todas y a todos los cubanos, creyentes o no».

También Raúl, en dicho discurso, hizo referencia al artículo 43 de la Constitución de la República, que consagra los derechos ciudadanos sin distinción de raza, color de la piel, sexo, creencias religiosas, origen nacional y cualquier otra lesiva a la dignidad humana.

Aunque es innegable que las relaciones con todas las instituciones religiosas se desarrollan hoy en un clima de normalidad y respeto, el tema de las religiones ha tenido y tiene una importancia decisiva en los procesos económicos, sociales y políticos y, por tanto, en el curso de los acontecimientos históricos.

En nuestro país está asociado al surgimiento mismo de la nación cubana y forma parte de los llamados valores de la superestructura, y sin esa comprensión, indispensable para afianzar la unidad nacional, no se podrán enfrentar con éxito los desafíos que este comienzo del siglo XXI ha puesto ante nosotros. Poseemos en este terreno una tradición que vale la pena repasar.

En el período que va desde la última década del siglo XVIII al primer cuarto del XIX encontramos figuras como el obispo Espada, José Agustín Caballero, el presbítero Félix Varela y José de la Luz y Caballero. En ellos está presente el pensamiento de la modernidad europea, y como rasgo singular de nuestra tradición intelectual, no se consideró contradictorio con la creencia en Dios. De este modo, la ética cristiana, que es una de las bases esenciales de la cultura occidental, se asumió también sin ponerla en antagonismo con la ciencia, marcando una tradición desde el obispo Espada, el presbítero Félix Varela y los que la continuaron.

Por eso cuando se habló de canonizar a Varela, yo dije que aquellos que buscaran el milagro de Varela podían considerarnos a nosotros como parte de ese milagro. Esto nos diferencia de lo que ocurrió en Europa y constituye una singularidad de la tradición intelectual de Cuba, que se fundamenta en no haber situado la creencia en Dios en antagonismo con la ciencia —se dejó la cuestión de Dios para una decisión de conciencia individual—. Así se asumió el movimiento científico moderno y ello permitió que la ética de raíz cristiana se incorporara y se articulara con las ideas científicas, lo cual abrió extraordinarias posibilidades para la evolución histórica de las ideas cubanas.

El tema de la ética es un elemento clave en la historia de las civilizaciones. Lo confirma la importancia que han tenido las religiones en la vida social. En la cultura cubana, desde los tiempos forjadores de la nación, los principios éticos de raíz cristiana adquirieron un papel en nuestro devenir histórico. La ética ha sido durante milenios el tema central de las religiones. Por ello he afirmado que la importancia de la ética para los seres humanos, la necesidad de ella, se confirma por la propia existencia de las religiones.

Su valor y significación son válidos tanto para los creyentes como para los no creyentes, pues se relaciona con las apremiantes exigencias del mundo actual. Los creyentes derivan sus principios del dictado divino. Los no creyentes podemos y debemos atribuírselos, en definitiva, a las necesidades de la vida material, de la convivencia entre los seres humanos. Si se trata de un mandato de Dios, que cada quien lo asuma dignamente, pero de todas maneras, creyentes y no creyentes estamos obligados a responder por una moral que sirve de fundamento a la existencia de la humanidad.

En nuestros días, las ciencias de la naturaleza, y en especial las vincu-ladas a la vida humana, están brindando una conclusión acerca de que no es correcto establecer una división o separación radical, como ha sido costumbre, entre el mundo llamado objetivo y el denominado subjetivo.

Nuestro Partido ha contado a lo largo del proceso revolucionario, y aun antes en la lucha revolucionaria, con la visión humanista de Fidel que consideró siempre a los creyentes no como aliados tácticos sino como aliados estratégicos. Recomiendo repasar lo planteado por él a Frei Betto, en aquella entrevista recogida en el libro Fidel y la Religión.

Al recoger en El Presidio Político en Cuba las terribles experiencias sufridas en la cárcel y en los trabajos forzosos que se le impusieron cuando tenía 17 años, víctima de tanta crueldad, Martí afirmó:

«Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno».

Nuestra cultura es ajena a cualquier tipo de fundamentalismos y es por su esencia martiana radical y armoniosa. Radical en la defensa de los principios y armoniosa para unir el mayor número de voluntades a favor de los objetivos de libertad, soberanía, justicia social, respeto a la dignidad humana y solidaridad que defendemos.

Por eso, considero oportuno el debate en torno al legado martiano relacionado con la espiritualidad presente en la tradición intelectual y jurídica de nuestra Revolución, que es garantía de la unidad alcanzada, y en los fundamentos del sistema social y político de nuestro país consagrados en la Constitución de la República.

Cultura, Política

JUAN GUALBERTO Y GUILLÉN

Juan Gualberto Gómez y Nicolás Guillén son dos grandes personalidades negras de la cultura cubana, que se conocieron allá en la década del veinte del siglo XX cuando Nicolás Guillén iniciaba sus primeros pasos en el mundo intelectual habanero, con una forma de hacer poesía que lo identificaba a sus raíces culturales muy bien reflejada en sus poemas de “Motivos del son”, “Songoro Cosongo” y otros por estilo que lo pusieron en un lugar preponderante de nuestra cultura nacional.

En 1931 el joven Nicolás Guillén envían al egregio patriarca negro su poemario “Songoro Consongo” y este le agradece el gesto en carta escrita ese mismo año:

«Sr. Nicolás Guillén

«Ciudad

«Mi querido amigo:

«He leído de un tirón el ejemplar de “Songoro Cosongo”, colección de “Poemas mulatos” con que tuvo Ud. la amabilidad de obsequiarme.

«Muchas cosas del lejano ayer vinieron a mi memoria, a medida que leía. Yo nací, en un ingenio. Mis padres esclavos, eran mulatos como yo; pero mi abuela paterna era negra africana. Como quiera que, por su avanzada edad, no servía ya para el rudo trabajo del campo, vivía retirada en un pobre bohío de guano, cerca de los barracones de la que pudiera llamarse la negrada utilizable. En ese bohío, con mi inolvidable abuela africana “ma Concha”, como todos la llamaban, en señal de cariño y de respeto, pasé yo mis primeros años.

«Los domingos y días feriados había siempre “tambor” en el ingenio “Vellocino” cuyos dueños eran muy buenos con la dotación, ya que esa finca venía perteneciendo desde hace mucho años a la misma familia, y los hijos y nietos de sus fundadores, nacidos y criados entre sus esclavos, sentían por todos ellos afecto verdadero, y para muchos estimación y hasta cariño.

«Entre esos esclavos del “Vellocino”, casi todos los más viejos que conocí en mi infancia procedían del Continente negro. Por eso en los días festivos al son de los tambores, entonaban sus cantos, era un puro dialecto africano, era un español acriollado, era mezclando en ritmo armónico, aunque extraño, ambas lenguas.

«Inútil es decirle que yo también, como todos los muchachos, como todos los criollitos del Ingenio –así se nos llamaba a los hijos de los esclavos allí nacidos- aprendí a cantar y a bailar al son de los tambores congos. Algunas de las estrofas de su “Songoro Cosongo” han traído por eso, sin duda a mi memoria reminiscencias vagas, pero conmovedoras, de aquellas fiestas del “Vellocino”, donde oí entonar muchos “poemas” de letra parecida, ora, repito, en puro dialecto de africano, ora en originalísima mezcolanza del congo y el castellano.

«Dicho esto para explicar la dulce emoción que me causara la lectura de su “Songoro Cosongo”; quiero agregar con absoluta sinceridad que me siento incapacitado para apreciarlo bajo un punto de vista crítico-literario. He leído algunos juicios que reputados especialistas han publicado sobre su originalísimo trabajo, y hasta se le señala como la gallarda iniciación de una nueva Escuela poética, genuinamente cubana.

«Ya en ese terreno tengo que recusarme, y esto, por mi total ignorancia de todo lo que se refiere a los rumbos de la literatura novísima. Me encuentro efectivamente, en el caso de pasar por la humillación de confesar que en ese punto mi atraso es absoluto. Así como en los estudios políticos sociales, económicos o históricos, he procurado estar al día, en la esfera literaria soy un retardado. En lo que concierne a la poesía, por ejemplo, me he quedado en Francia con Víctor Hugo, Lamartine, Musset y Sully-Prudhomme; en España con Espronceda, Campoamor, Núñez de Arce y Manuel del Palacio; y en Cuna, con Heredia, Plácido y Mendive. Más allá de esos genios poéticos, poco son los que me atraen y seducen, y probablemente porque no acierto a comprender su grandeza.

«Déjeme, pues, limitarme a significarle que su “Songoro Cosongo” ha traído a mi mente dulces reminiscencia de un pasado remoto; y como estimo que una de las elevadas funciones del poeta consiste en inspirar emociones, al deber hoy a Ud, las gratísimas que he experimentado en estos días de perturbación y angustias patrióticas, crea que agradezco muy sinceramente el envío de esos “poemas mulatos”; cuya publicación deseo que constituya un verdadero éxito para usted.

«Es suyo afectísimo y viejo amigo

«Juan Gualberto Gómez»

Nota: Tomado de “Juan Gualberto Gómez y Nicolás Guillén” Raúl Rodríguez La O. per. Trabajadores, pág. 2, 24/5/2004

Cultura

CUBA CONTROLA EL BROTE DE CÓLERA


Quisiera ver aparecer con la misma celeridad con que los medios propagaron de forma alarmista el brote de cólera en Cuba, esta nota clara y objetiva del gobierno cubano sobre lo que se hizo y el resultado logrado. En silencio y con modestia, sin grandes alharacas el Sistema de Salud Cubano acaba de probar su eficacia, su capacidad de respuesta y nos da a nosotros los ciudadanos cubanos la seguridad de nuestra protección, que no pasa solo por el derroche de recurso, sino por nuestra cultura de la higiene y el apoyo a quienes podemos llamar nuestros porque responden a nuestros intereses, más allá de diferencias y de cambios necesarios y reales que necesita la sociedad cubana.

NOTA INFORMATIVA

El Ministerio de Salud Pública ha comunicado a la población, a través de notas informativas, la evolución de un brote epidémico de infección gastrointestinal por trasmisión hídrica en la provincia de Granma. Este evento se desarrolló en una época del año caracterizada por intensas lluvias y altas temperaturas propias del verano, que hacen que se incremente el riesgo de contaminación de las aguas y las enfermedades diarreicas agudas. La población granmense se mantuvo informada sistemáticamente de la situación epidemiológica a través de las emisoras de radio y la televisión de la localidad.

Como resultado del análisis realizado se diagnosticó la presencia del Vibrio Cholerae 01 Tor enterotoxigénico, serotipo Ogawa, a partir de la contaminación de varios pozos de abastecimiento local, lo cual fue confirmado por los laboratorios sanitarios del territorio, el Instituto Nacional de Medicina Tropical Pedro Kourí y el Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología.

Este brote epidémico se originó en Manzanillo, con casos asociados en otros municipios de Granma y de las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo y La Habana. Todos esos eventos posteriores, caracterizados como casos aislados, ocurrieron a través de personas que viajaron procedentes de Manzanillo, y fueron identificados por un efectivo sistema de vigilancia epidemiológica y solucionados con oportunas medidas de control de foco.

Desde la aparición de los primeros enfermos las instituciones del Sistema Nacional de Salud adoptaron las medidas necesarias, garantizándose todas las acciones para su atención y vigilancia clínico epidemiológica, la búsqueda activa de los probables enfermos y la educación sanitaria que evitaron la extensión del brote.

Se reportaron en total 417 casos confirmados clínica, epidemiológica y bacteriológicamente, correspondiendo la mayoría a enfermos adultos. Como se informó con anterioridad, solo ocurrieron tres fallecimientos.

Desde los primeros momentos, esta situación epidemiológica tuvo atención directa de la máxima dirección política, del Gobierno y la Defensa Civil del país. Entre las acciones desarrolladas estuvo una reunión dirigida por el Presidente y el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros que contó con la presencia de los ministros de Salud Pública, Economía y Planificación, la Industria Básica y la Construcción, así como la presidenta del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y el Jefe del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, donde se decidió enviar a la provincia de Granma un grupo estatal permanente para, de conjunto con las autoridades del territorio, dirigir los trabajos.

Es justo reconocer el papel desempeñado por los trabajadores de los diferentes organismos implicados, en especial los de Salud Pública y Recursos Hidráulicos, así como la imprescindible cooperación consciente y efectiva de la población.

En todos los casos se destinaron los recursos necesarios para garantizar el abasto de agua segura y acciones para el mejoramiento de las condiciones higiénico sanitarias.

El representante en Cuba de la Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), en una visita a la provincia de Granma, comprobó el desarrollo de las medidas adoptadas y reconoció la prontitud y efectividad de las mismas.

Han transcurrido más de 10 días del último caso confirmado, por lo que el Ministerio de Salud Pública da por concluido este brote.

La vigilancia clínico epidemiológica continuará en todo el país a los efectos de disminuir los riesgos y evitar con ello la ocurrencia de nuevos casos, por lo que se reitera a la población la importancia de cumplir las medidas higiénicas-sanitarias relacionadas con la higiene personal, del agua y los alimentos, aspectos imprescindibles en esta etapa de verano y sobre todo, después de las lluvias que han azotado al país.

Ministerio de Salud Pública
27 de agosto de 2012

Tomado del periódico Granma 27/8/2012

Opinión

ARCAÑO Y SUS MARAVILLAS



Cuando parecía que el danzón salía de los grandes salones de bailes cubanos, surge la innovación de Aniceto Díaz (1887-1964) creando el danzonete, una combinación de danzón y son, introduciendo el cantante en las orquestas de danzón. El primer danzonete fue, “Rompiendo la rutina”(1929) del propio Aniceto. Con esta renovación se actualiza el danzón y surgen importantes voces del cancionero cubano, esta vez unidos a las charangas de danzón: Paulina Álvarez (1912-1965), Joseíto Fernández (1908-1979), Joseíto Núñez, Abelardo Barroso (1905-1972), Fernando Collazo (1902-1939), Pablo Quevedo (1908-1936) y al final de esta etapa Barbarito Diez (1895-1990), la “voz de oro del danzón”, quien llega a la orquesta de Romeu en 1937.

Con estas modificaciones las orquestas típicas o charangas ampliaron el repertorio para tocar no solo danzón, sino los ritmos de moda, como forma de llegar al bailador del momento y enfrentar la competencia de la música foránea.

Antonio Arcaño (1911-1994) era el flautista más respetado dentro de la música popular cubana, en 1936 creó la orquesta “Las Maravillas del Siglo” en la que reunió un excelente grupo de instrumentistas cubanos: Virgilio Diago (primer violín), Elizardo Aroche (segundo violín), Jesús López (piano), Israel López (contrabajo), Ulpiano Díaz (timbal), Oscar Pelegrín (güiro) y él como flautista. En 1937 cambió el nombre de la orquesta por “Las Maravillas de Arcaño” y se convierte en la orquesta más popular del momento.

Una contribución de esta agrupación de Arcaño fue la gestación del danzón de nuevo ritmo creado por Orestes López, base ritmática del conocidísimo mambo y del no menos conocido chachacha, posteriores.

La creación de Orestes López se basa en la innovación que introdujo en la sección final de sus danzones, un montuno sincopado, tomado de la forma peculiar de los treseros orientales. El danzón “Mambo” (1938) asienta de forma definitiva el estilo rítmico al final de la pieza musical permitiendo un clima más dispensado para el bailador.

Ya a fines de este período el danzón había evolucionado, apareciendo danzones que omitían las tres introducciones y se extienden en el montuno para permitir la expansión coreográfica del bailador.

Las innovaciones de Arcaño lo llevan a crear una orquesta de formato mayor para las actuaciones en las emisoras de radio, él la llamó, “Orquesta Radiofónica”, con un aumento de las cuerdas ( mayor cantidad de violines, adición de viola y de violonchelo), así como la tumbadora. Junto a esto, los momentos de imprevisión de la flauta y el piano, muchas veces en controversia musical, lo que trae una modificación del timbre orquestal de la época.

Cultura

Los valores humanos


Vivimos en una isla, una isla que muchos consideran se ha detenido en el tiempo, por la percepción que le dan los medios sobre lo que ocurre en Cuba.

¿Razones? Todas políticas, hace 53 años un grupo de jóvenes irrumpieron en lo que parecía el panorama político más impenetrable de América Latina, una República que refulgía con su espíritu burgués, obnubilada por un vecino poderoso que queriendo o no influían y sigue influyendo sobre la sociedad cubana. Esa es una verdad innegable.

Aquella joven generación de rebeldes, se había formado en Cuba, no habían sido preparado en las escuelas de Moscú, ni adoctrinados por furibundos rojos en alguna parte del mundo, en su mayoría procedían de los estamentos sociales más privilegiados o más cercanos a la toma de decisiones, muchos de ellos hubieran podido hacer carrera en ese sistema establecido y aplaudido por la oligarquía de los Estados Unidos.

Por el contrario se convirtieron en herejes e hicieron causa común con los pobres, vieron sus necesidades y abrieron un camino para que esas mismas mayorías humildes labraran su camino en una época convulsa y de cambios, no solo en Cuba, sino en todo el mundo.

Se aliaron con quien los quisieron ayudar y apoyaron las causas justas de las mayoría en el mundo, esa es una verdad que no se puede negar y por eso ellos y los que nos hemos formado bajo la ética de valores de la Revolución Cubana y seguimos apostando a mejorar lo ya hecho, seguimos defendiendo el sueño realizable de vivir en una sociedad de igualdad y valores éticos que exalte a la familia, al ser humano individual, a la sociedad, la solidaridad entre hermanos, respeto de derechos y diferencias para contener los egoísmos que hacen anteponer principios tan mezquinos como la consecución del éxito a costa de los demás, la doble moral, la simulación, el engaño ideológico y el consumismo enfermizo.

Sobre esa base deben ser los cambios, habrá ser humano nuevo cuando lo comencemos a construir en el hogar, la familia, con esos llevados y traídos valores que harán de la persona alguien decente, correcto, trabajador, creador, respetuoso y solidario con sus congéneres todos.

Podremos tardar bastante en hacer una economía sólida y realista, capaz de sostener este régimen social justo y equitativo, pero si nos faltan esos valores humanos, no valdría la pena el esfuerzo, porque estaremos repitiendo la prosperidad de consumo que te hace llevar mucho afuera y poco adentro.

Pensémoslo.

Nota: Cuadro de Raúl Martínez

Opinión

LLEGÓ EL COMANDANTE Y MANDÓ A PARAR


Cuando triunfó la Revolución Cubana en 1959 el mayor reclamo popular era la Reforma Agraria, que permitiera que la tierra en Cuba pasara a manos de quien la trabajaba y desaparecieran los grandes latifundios que acaparaban la mayoría de las tierras en Cuba.

En el momento que se promulgó la Ley de Reforma Agraria, 17 de mayo de 1959, más de 1 209 200 hectáreas de tierra estaban en manos de compañías extranjeras, la mayor parte perteneciente a capital norteamericano y entre las más conocidas estaba la tristemente célebre “United Fruit Company”, Mamita Yunai, la misma que en Centroamericana explotaba enormes plantaciones de frutales y en Cuba era dueña de más de 8 mil caballería, unas cien mil hectáreas de tierra, en el norte de la antigua provincia de Oriente, por las zonas de Banes y Mayarí.

La presencia de la United Fruit Co. data desde la implantación de la ocupación norteamericana en Cuba en 1899, amparada por la Orden Militar Nº 2 de las autoridades de ocupación, se apoderaron de una gran cantidad de tierras comunales, buena parte de ella de bosques vírgenes, sin que los cubanos pudieran hacer nada.

En 1901 otro mister, Preston de apellido, compró en los alrededores de la bahía de Nipe unas 3 mil caballerías a menos de tres dólares por caballería, y en Banes adquirió otras mil caballerías por 100 dólares, más o menos a ¡diez centavos la caballería!, luego construyó un enorme central azucarero que llevó su nombre.

En estas primeras décadas del siglo XX la United Fruit Co. construyó el central Boston, justamente en un cayo de la bahía de Nipe, Cayo Macabí, pese a que todos los cayos del archipiélago eran considerados tierras del estado, el argumento fue simple, rellenaron el espacio que lo separaba de tierra y dijeron que era una península y no un cayo, todo reclamo fue inútil.

Sus desmanes para con los trabajadores fueron muchos, primero dividiéndolos y luego impidiendo su organización en sindicato. En sus tierras una guardia privada mantenía el “orden”.

El 4 de abril de 1960 el Gobierno Revolucionario dictó la nacionalización de las tierras y propiedades “…de ese pulpo de América Latina que es la United Fruit Co., ese mismo pulpo que destruyó la democracia guatemalteca y ha destruido millares y millones de latinoamericanos, con las miserias, con los asesinatos, con los golpes de Estado, con la política injerencista que durante años ha mantenido en la América nuestra”[1]

Por ahí comenzó todo el conflicto que nos tiene en pie de guerra desde hace 53 años.


[1]Antonio Núñez Jiménez, citado por Alina Martínez Triay en “Epitafio para Mamita Yunai”, en per. Trabajadores 3/4/2000

Historia

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