Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Mayo, 2012

Cuba es el país más seguro de la región


A pesar de las grandes dificultades económicas que tenemos y de que muchas cosas deben cambiar, no somos una sociedad caótica, ni es la ley de la selva la que impera en nuestras calles, aunque haya siempre un grupo de “trogloditas” queriendo vivir al mejor estilo de las cavernas, lo más preocupante es la pasividad de los ciudadanos ante estos brotes de indisciplina social que nos hacen la vida más difícil. A pesar de esos somos optimistas y seguiremos construyendo el futuro junto a todos los miembros de nuestra sociedad.

Estas son las palabras del director del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente (ILANUD), doctor Elías Carranza en la apertura del VI Encuentro Internacional Justicia y Derecho que se efectúa en La Habana.

Esta es la reseña de sus palabras reproducida por el diario Granma de nuestro país:

“En conferencia magistral durante la apertura del VI Encuentro Internacional Justicia y Derecho, el funcionario elogió también las conquistas de la nación en el deporte, la cultura, la salud, y el hecho de haber erradicado la exclusión social, señala un despacho de la Agencia de Información Nacional (AIN).

“Centrado en el tema “Criminalidad, Justicia Penal y Cárcel en América Latina y el Caribe”, Carranza significó que Cuba es un caso distinto, ya que no presenta la grave situación de violencia y criminalidad que caracteriza el actual contexto del continente.

“Sin duda —indicó— si cesara el bloqueo que EE.UU. ejerce sobre la Isla, muchos países se beneficiarían de un fructífero intercambio de experiencias con los profesionales cubanos en el campo de la justicia.

“La situación delictiva y de inseguridad a nivel continental se ha deteriorado en las tres últimas décadas, con el aumento de las muertes dentro y fuera de los presidios, dijo Carranza.

“En medio de ese escenario —subrayó—, ser condenado significa ser sometido a una pena de muerte aleatoria debido a los niveles de violencia incontenible, insalubridad y hacinamiento que existen en las prisiones.

“Advirtió que este fenómeno no es exclusivo de América Latina y el Caribe, sino que es propio de la globalización y se manifiesta también a escala mundial.”

Tomado del periódico Granma, jueves 24 de mayo de 2012

Opinión

Manuel Dionisio Díaz Delgado. Campeón Olímpico Cubano de Sable en la III Olimpiada de San Luis 1904


Manuel Dionisio Díaz Delgado (1874- 1929) fue el segundo cubano en proclamarse Campeón Olímpico, formando parte de aquel legendario equipo de esgrima que capitaneó Ramón Fonst y que ganó la esgrima de la III Olimpiada de San Luis, Estados Unidos.

Menos reconocido por los cubanos de hoy este habanero aprendió las primeras lecciones de esgrima en el Club Gimnástico de La Habana y se perfeccionó en los Estados Unidos durante sus años de estudiante, varias veces campeón en torneos de esgrima de ese país y campeón de espada de 1899.

Ingeniero de profesión, se encontraba en la ciudad de San Luis para la exposición mundial paralela a la Olimpiada y se une al equipo de Fonst para ganar el título individual de sable y el oro por equipo en sable y florete. En la discusión del título olímpico derrotó a Willian Grebe considerado el mejor sablista del mundo, completando la hazaña que inició el gran Ramón Fonst en aquellos Juegos Olímpicos.

Cultura, Historia

Poesía en La Habana


Estos son días de poesía en La Habana, cientos de poetas de diversas partes del mundo y de nuestro país, se han reunido en esta ciudad del Caribe para festejar a la poesía, esa sin la que no podemos vivir, pero que sin embargo relegamos a los espacios íntimos, sin verle más función que hacernos bella la vida, ayudarnos a enamorar y decir las cosas que los momentos tristes o solemnes hacen que vengan a nuestra mente.

La poesía es más, es alma de los seres humanos, síntesis de los mejores sentimientos y forma de decir lo que sentimos sobre cualquier tema, por eso en tiempo de poesía traigo al poeta mayor cubano a nuestro José Martí en sus entrañables “Versos Sencillos”, aquellos que escribió en un “invierno de angustia” de 1891 cuando el temor de la alianza entre los países de Hispanoamérica y los Estados Unidos, le sobrecogió el alma y enfermó y de un tirón en esos días escribió estos versos que mucho se escuchan en la tonada de la “Guantanamera” o con otros aires rítmicos a veces sin saber que son de él. He aquí el primer poema:

I

Yo soy un hombre sincero / De donde crece la palma, / Y antes de morirme quiero /Echar mis versos del alma./ Yo vengo de todas partes, /Y hacia todas partes voy: /Arte soy entre las artes, /En los montes, monte soy. / Yo sé los nombres extraños /De las yerbas y las flores, / Y de mortales engaños, / Y de sublimes dolores. / Yo he visto en la noche oscura / Llover sobre mi cabeza / Los rayos de lumbre pura / De la divina belleza. / Alas nacer vi en los hombros / De las mujeres hermosas: / Y salir de los escombros, / Volando las mariposas. /He visto vivir a un hombre / Con el puñal al costado, / Sin decir jamás el nombre / De aquella que lo ha matado. /Rápida, como un reflejo, / Dos veces vi el alma, dos: /Cuando murió el pobre viejo, /Cuando ella me dijo adiós. /Temblé una vez -en la reja, / A la entrada de la viña,- / Cuando la bárbara abeja / Picó en la frente a mi niña. / Gocé una vez, de tal suerte / Que gocé cual nunca:-cuando /La sentencia de mi muerte /Leyó el alcaide llorando. /Oigo un suspiro, a través / De las tierras y la mar, /Y no es un suspiro, -es / Que mi hijo va a despertar. / Si dicen que del joyero / Tome la joya mejor,/ Tomo a un amigo sincero / Y pongo a un lado el amor. / Yo he visto al águila herida / Volar al azul sereno, /Y morir en su guarida / La víbora del veneno. / Yo sé bien que cuando el mundo / Cede, lívido, al descanso, / Sobre el silencio profundo /Murmura el arroyo manso. / Yo he puesto la mano osada, / De horror y júbilo yerta, / Sobre la estrella apagada / Que cayó frente a mi puerta. / Oculto en mi pecho bravo / La pena que me lo hiere: / El hijo de un pueblo esclavo / Vive por él calla y muera / Todo es hermoso y constante, / Todo es música y razón, / Y todo, como el diamante, / Antes que luz es carbón. / Yo sé que el necio se entierra / Con gran lujo y con gran llanto.- / Y que no hay fruta en la tierra / Como la del camposanto. / Callo, y entiendo, y me quito / La pompa del rimador: / Cuelgo de un árbol marchito / Mi muceta de doctor.

Cultura, José Martí

Ramón Fonst Segundo, el primer campeón olímpico de Cuba y Latinoamérica


Ramón Fonst Segundo(1883-1959), nació en La Habana aunque se educó en París Francia a donde se había trasladado su familia, desde pequeño se destacó en la práctica de los deportes, sobresaliendo principalmente en la esgrima deporte en los que alcanzó las primeras medallas de oro de Cuba y Latinoamérica.

Su maestría deportiva es ponderada aún hoy por su entrega y por su longevidad en la práctica, más de cuarenta años en la élite deportiva, lo que habla muy a las claras de su maestría.

Su historia olímpica comienza en la segunda olimpíada celebrada en París, Francia, en el año 1900, donde con orgullo representó a Cuba a pesar de ser campeón de Francia y residir en aquel país. Se impuso en la modalidad de espada al derrotar al local Louis Perreé y fue segundo en la prueba profesional de espada para maestros de esgrima, modalidad que por única vez se presentó, contaba entonces con 17 años.

Su consagración vendría cuatro años después en la III Olimpiada con sede en la ciudad norteamericana de San Luis donde se presentó con un equipo compuesto por su compatriota Dionisio Díaz y el norteamericano radicado en La Habana Alberson Van Zo Post. Ganó en las pruebas individuales de florete, espada y bastón; oro por equipo en florete. Las otras medallas cubanas individuales fueron a los pechos de, Manuel Dionisio Díaz ganador del título en sable; Alberson Van Zo Post, ganador del subtítulo en espada y florete, además de bronce en sable.

Eran tiempos en que primaba el deseo de competir y apenas el deporte era una fenómeno social en menos de una docena de países, la época romántica de las competencia en medio de grandes ferias y durante largos meses, pero aún así la maestría del cubano cuenta entre las leyenda del olimpismo, por su pasión por la competición, su caballerosidad y el afán por competir por su isla, donde él mismo era prácticamente un desconocido.

Cultura, Historia

¡qué enojo de la naturaleza perseguida!



Flora. Dibujo de René Portocarrero

Hay un tema al que es obligado volver en estos días en que la cordura humana se enfrenta a la ambición y el egoísmo de la misma especie, la conservación de la naturaleza, irracionalmente explotada por el ser humano de tal modo que está hoy en capacidad de destruir su única sujeción de sustento, el planeta Tierra, la esfera azul que asombra a cosmonautas y televidentes cuando contemplamos el espectáculo de su mansedumbre en el giro armónico alrededor del sol , en el lugar exacto, ni más allá ni más acá, pero llena de estos seres que somos nosotros irracionalmente racionales, que calculamos la destrucción del vecino porque no nos gusta, porque cree en otro Dios, porque tiene otras costumbres o porque es más rico, para ello nos valemos como especie de todas las artimañas de nuestra mente, lo acusamos de las mismas perversiones que escondemos, maquillamos nuestros actos y exageramos los suyos, todo para aislarlo y satanizarlo, sin pensar que ellos también son seres humanos, aunque piensen distinto o sean físicamente distinto.

¿Cuándo entenderemos que somos una sola especie en un único planeta, que nos conviene una casa en orden y no virar el rostro para otro lado en nuestro propio vecindario?

Estudiar las fuerzas de la naturaleza, y aprender a manejarlas, es la manera más derecha de resolver los problemas sociales[i] (1884)”, eso dijo un visionario joven cubano ante la vista palpable del desarrollo humano.

“…la naturaleza no es más que un inmenso laboratorio en el cual nada se pierde; en donde los cuerpos se descomponen, y libres sus elementos vuelven a mezclarse, confundirse y componerse, pudiendo, en el transcurso de los siglos-que son instantes en la vida del mundo-volver a su antiguo ser, a colmar los vacíos que el hombre haya causado, por otra parte imperceptibles en los inconmensurables depósitos del globo.[ii](1883)”

Esa aseveración es un hoy impensada, tanta es la codicia humana que no le da tiempo a recuperarse a la madre tierra y lo que se especuló fuera “inconmensurable depósito del globo”, se ha trasformado en “caja de la discordia”, porque los recursos no alcanzan para que unos pocos millones vivan en el siglo XXI, mientras otros miles de millones apenas se alimentan y son víctimas de la codicia ajena; parafraseando una consigna tumara: “Habrá planeta para todos o no habrá planeta para nadie”, esa es una realidad de hoy, la que no podemos seguir negando, ni escondiendo.

“… ¡qué enojo, el de la naturaleza perseguida! Se vuelve hacia el hombre, y como el tigre al cazador, de un golpe de grifo lo desfibra y aplasta. Gruñe y tiende.”[iii]

Tomemos conciencia de ello, le hacemos daño al planeta y este nos pasa la cuenta en fenómenos naturales cada vez más violentos y también más democráticos, porque no discrimina países en desarrollo o naciones desarrolladas para dejar ver su fuerza, aunque lo que sí deja al desnudo es el enorme abismo de desigualdad social porque “…en bosques, como en política, no es lícito derribar sino para edificar sobre las ruinas”[iv]


[i] Obras Completas de José Martí. Tomo 13: 520

[ii] Ídem: Tomo 8: 447

[iii] Ídem: Tomo10: 24

[iv] Ídem: Tomo10:321

José Martí, Opinión

Cuba en 1912: protesta armada y matanza racista

Este es un importante trabajo publicado en el periódico Granma el viernes 18 de mayo de 2012 con motivo del centenario de la protesta armada de los independentistas de color, terminada en masacre que exterminó a una vanguardia negra en su mayoría veteranos de la guerra por la independencia que solo reclamaban lo que le pertenecía. El autor es Fernando Martínez Heredia una de las cabezas más claras dentro de la intelectualidad cubana de los últimos 50 años.

“Hace un siglo del décimo aniversario de la inauguración de la república cubana. La fecha remite al máximo anhelo de la comunidad creada paulatinamente en la Isla y a la gran epopeya de luchas armadas y sacrificios sin cuento que creó la nación cubana, culminada hacía apenas 15 años en la insurrección masiva de 1895-1898. El Ejército Libertador se impuso al colonialista, a pesar del inmenso esfuerzo militar español y el genocidio que diezmó a la población; la Revolución instituyó la República en Armas, formó a cientos de miles de ciudadanos, convirtió en cubanos a todos los hijos de esta tierra e hizo inevitable el establecimiento del Estado republicano. Para el pueblo cubano, el 20 de Mayo era un símbolo de su triunfo, pero al mismo tiempo era la marca de una frustración insondable que pospuso la gran tarea de la liberación nacional. Los Estados Unidos habían ocupado militarmente a Cuba, forzado el cese de las instituciones de la Revolución y disminuido sus logros, y solo se marcharon cuando quedaron forjadas ataduras que convirtieron al país en una neocolonia sometida al arbitrio yanki, un sistema económico de explotación capitalista liberal y un sistema político en que predominaron los cómplices del imperialismo y de la burguesía de Cuba. En 1909, el General José Miró Argenter, jefe de Estado Mayor de Antonio Maceo, al narrar las campañas del Titán, le dedicó un capítulo a José Maceo, cuyo final contiene una pintura terrible de los males que sobrevinieron y del abandono de los ideales de la Revolución. La última frase es el grito de dolor de uno de los revolucionarios radicales del 95: “¡Ya no hay tropa que aclame a los caudillos, ni caudillos que alcen la bandera de la Revolución!”.

“La historia de una época siempre contiene más de una historia. Si atendemos a la composición diversa de la población cubana, salta de inmediato la historia de la construcción social de razas, y del racismo. La nueva formación económica implantada a finales del siglo XVIII utilizó como fuerza de trabajo a más de un millón de esclavos africanos o descendientes de ellos en poco menos de un siglo. El colosal negocio exportador azucarero convirtió a Cuba en una de las colonias más ricas del mundo y trajo revoluciones tecnológicas y de organización del trabajo, empresarios eficientes, formas urbanas de vida muy modernas y una cultura de elites muy sofisticada, occidental y capitalista. Pero al mismo tiempo explotó despiadadamente el trabajo, destrozó las vidas y despreció la cultura de una gran parte de la población de Cuba, creó un férreo sistema de castas y multiplicó un racismo antinegro que logró convertirse en uno de los rasgos de la cultura cubana que se estaba formando.

“Solo en 1886 se consumó el final de la esclavitud. Lo exigía el desarrollo del capitalismo pleno y el avance de la integración subordinada del país en un sistema mundial que comenzaba su fase imperialista. Pero para el naciente pueblo cubano la abolición fue hija sobre todo de un hecho político: la Revolución de independencia y abolicionista de 1868-1878. Esto tiene una enorme importancia histórica, porque el colonialismo y el racismo necesitan que sus víctimas se sientan seres humanos inferiores y que no aspiren a realizar hazañas ni creaciones por sí mismos. Ahora la representación de cubano estaba íntimamente ligada al patriotismo insurreccional, a la conquista de la libertad y al abolicionismo.

“Además del fin de la esclavitud, el periodo entre 1880 y 1895 registró procesos y eventos muy importantes relativos a las cuestiones de raza y racismo. Solo destacaré que la mayoría de los negros y mulatos debían tratar de salir del fondo de la sociedad en que se les había mantenido, mediante el trabajo, la superación personal y de los hijos, la renuncia a prácticas culturales propias que se consideraran bárbaras —o “atrasos”— y la asunción de comportamientos y fines sujetados a cánones “blancos”. Desde las enormes desventajas económicas, sociales y culturales de sus puntos de partida, eso resultaba imposible o muy difícil, pero formalmente era una posibilidad abierta a cada individuo. Cierto número de negros y mulatos se asociaban, se identificaban como tales y trataban de obtener mejoras para los individuos y las colectividades. Enfrente, el racismo se volvía “científico”, y académicos cubanos discutían si los negros son seres inferiores por causas biológicas o por causas sociales.

“Pero la política y la propuesta de José Martí propiciaron un camino y una historia diferente. La nueva revolución tendría un alcance incomparablemente mayor y unos propósitos sumamente ambiciosos. Muchos negros y mulatos participaron con el Apóstol y con sus compañeros blancos en su organización, y juntos se lanzaron a la guerra, que pronto se volvió una inmensa ola popular y abarcó todo el país. En esa contienda, los negros de Cuba se convirtieron en cubanos que, además, eran negros. La participación de los no blancos fue masiva, y su conducta fue ejemplo de sacrificios, heroísmo y disciplina. El Ejército mambí fue el primero en América realmente plurirracial en sus mandos, y no solo en sus tropas. Aquellos que no habían sido incluidos entre los cubanos por el pensamiento dominante del siglo XIX, los que nacían y vivían con el estigma de ser perpetuos niños, poseer una moral muy dudosa y rasgos de inferioridad y peligrosidad, conquistaron un nuevo motivo de orgullo: haber sido protagonistas en las jornadas gloriosas de la creación de la Patria independiente y la nueva república.

“La república burguesa neocolonial incumplió también el compromiso revolucionario en cuanto a la mayoría de los negros y mulatos, y al racismo. Su situación material era casi igual a la de 1894, pero los cambios habían sido muy profundos. Desde 1899, los reclamos de igualdad de derechos y oportunidades fueron fuertes y expresos. Parecería un acto más de ese tipo la fundación de la Agrupación Independientes de Color, en La Habana, el 7 de agosto de 1908, que poco después se convirtió en un partido político. Pero resultó ser el primer acto de un drama sangriento.

“El Partido Independiente de Color (PIC) fue uno más entre los hijos de la Revolución del 95, que había multiplicado los actores políticos, transformado el contenido de lo político y universalizado la ciudadanía. Pero el racismo, quebrantado a fondo por la revolución, había recuperado terreno en el marco del predominio de un conservatismo social que completaba el sistema de dominación. Ni la legalidad integracionista ni la demagogia política cambiaban en lo esencial aquella realidad. Sin embargo, el PIC se propuso organizar la lucha por la igualdad efectiva y derechos específicos, utilizando las vías legales del sistema político y de la libertad de expresión. Sus dirigentes principales fueron el veterano Evaristo Estenoz, el coronel Pedro Ivonnet —un héroe mambí de la Invasión y la campaña de Pinar del Río—, Gregorio Surín, Eugenio Lacoste y otros. El PIC contó con varios miles de seguidores a lo largo del país, formuló demandas sociales favorables a toda la población humilde y trabajadora de Cuba y mantuvo una posición patriótica y nacionalista.

“Los independientes de color actuaban en las nuevas condiciones del retroceso posrevolucionario, pero muchos de ellos eran tan veteranos como los presidentes de la república. Es necesario representarnos cuánta seguridad en sí mismos y legitimidad sentían esos luchadores; les era natural promover confrontaciones o negociaciones, presionar, argüir, organizar, es decir, actuar en movimientos sociales y hacer política. Pero el patriotismo nacional que compartían fue vuelto contra ellos, manipulado por los mismos que se sometían al imperialismo. Para el pueblo de todos los colores, la identidad nacional primaba y era decisiva sobre cualquier otra; ella tendía a ser ciega frente a las cuestiones raciales y laborales, y las rechazaba cuando parecían debilitar la unión nacional. El PIC no contó con la simpatía de la mayoría de los negros y mulatos de Cuba.

“El poder burgués los atacó sin tregua, porque lo amenazaban en el terreno de su hegemonía política bipartidista, liberal-conservadora, al utilizar las reglas del sistema. Acusados cínicamente de racistas, en 1910 se declaró ilegales a los independientes de color mediante la Enmienda Morúa a la Ley Electoral, y se mantuvo presos durante seis meses a dirigentes y activistas. Hostigados e impedidos de utilizar la vía electoral, optaron finalmente por lanzarse a una protesta armada en la fecha simbólica del décimo aniversario de la instauración de la república, en busca de obtener la legalización del Partido. Esa forma de presionar no era insólita en el ámbito político de aquella época, fue utilizada por numerosos políticos durante las tres primeras décadas republicanas.

“Pero el gobierno de José Miguel Gómez movilizó miles de soldados y paramilitares contra ellos, mientras una sucia campaña de prensa los satanizó. Durante los meses de junio y julio se consumó la matanza: fueron asesinados más de 3 000 cubanos no blancos inermes, la mayoría en la provincia de Oriente, que fue el principal teatro del alzamiento. No hubo solidaridad para ellos, se quedaron solos en los campos de su patria, víctimas de un gran escarmiento que fijaba claramente los límites que no podían trascender los de abajo en la república cubana. La república oficial celebró el gran crimen, y lo sometió de inmediato a un olvido al que se fueron sumando —por la dura necesidad de sobrevivir y aspirar a algún ascenso social— la mayoría de los discriminados y dominados en aquella sociedad.

“Sintetizo un balance de aquel horrendo evento. Uno, la matanza firmó con sangre el principio de que la república no permitiría que la diversidad social se organizara políticamente. En nombre de la unidad nacional se garantizó la intangibilidad del orden vigente. Dos, la protesta armada fue una táctica errónea y funesta del PIC, porque no podían crear una correlación de fuerzas que forzara al gobierno a negociar, y quedaron así a merced de su estrategia. Tres, los rejuegos politiqueros del presidente Gómez y algunos otros, en un año electoral, se dejaron a un lado, y el lema “la Patria está en peligro” justificó la gran represión. Cuatro, las presiones de Estados Unidos y la realidad de que podían imponer su arbitrio. Cinco, el instrumento militar era totalmente ajeno al Ejército Libertador, aunque muchos mandos y oficiales vinieran de él: servía a la dominación. Seis, fue una oportunidad de reprimir a fondo a un amplio sector del campesinado oriental, ante el peligro de su reacción contra el despojo y el empobrecimiento acarreados por la expansión capitalista en curso. Siete, el peso notable del racismo antinegro en la sociedad cubana de la época, que facilitó el crimen y la impunidad.

“La Revolución socialista de liberación nacional que triunfó en 1959 ha logrado avances colosales en la vida del pueblo cubano, sus relaciones sociales, la organización social, los sentimientos y la conciencia política. El proceso ha permitido que descubramos la inmensa riqueza que hay en nuestras diversidades, y también que constatemos cuánto nos falta por avanzar en numerosos terrenos. Uno de estos es el referido a la persistencia de racismo en nuestro país, y a que muchas desventajas que confrontan grupos de cubanas y cubanos se marcan más en los casos de negros y mulatos. Por eso la conmemoración del movimiento de los independientes de color y de la matanza de 1912, además de constituir un rescate de la memoria de nuestras luchas cubanas, es un acicate en la brega por la conquista de toda la justicia.

“El racismo solo puede ser derrotado si se le combate como parte de luchas que vayan más lejos y que sean más ambiciosas que el antirracismo. Las luchas socialistas en la Cuba actual están obligadas a ser antirracistas. Pero, al mismo tiempo, es indispensable denunciar y condenar el racismo con gran rigor y consecuencia, combatirlo siempre y no hacerle concesiones en nombre de creencias en que determinados cambios generales traerán automáticamente la bancarrota y el fin del racismo. Ni ser débiles ante él —y en cierta medida cómplices—, en nombre de estrategias o prejuicios sectoriales, del perverso ocultamiento de los males para hacer supuestas defensas de nuestra sociedad, o de conformarse con que la cultura existente es la cultura a secas y la única posible. Y aquí se vuelven a reunir el antirracismo y el socialismo, porque este es ante todo una sucesión interminable de cambios culturales, en los sentidos del mejoramiento humano y las transformaciones en la organización social que procuren cada vez más justicia social, bienestar para todos, soberanía nacional más efectivamente autónoma y poder popular.”

Historia

19 de mayo


Dos Ríos. Esteban Valderrama. 1917

Desde 1895 esta fecha marca un momento importante en la historia de la nación cubana, sobre el medio día, con el sol alto y en medio de un paisaje agreste caía el más imprescindible de los cubanos, el que había ahondado en el ser nacional y encontrado sus esencias, el comodín de los oportunistas, el alentador de toda causa justa, el que sigue asustando a los moderados de entonces y de ahora, el que amó más y solo quiso en cambio un ramo de flores y una bandera.

Para el ser cubano, irreverente y poco dado a la solemnidad, este hombre ha crecido desde la cubanía de cada uno de nosotros como el paradigma, el que todos queremos, el merecedor de nuestro respeto y al que a veces acudimos como la tabla de salvación de las esencias.

Para mi generación, la que creció con la Revolución y lo vimos crecer en nuestros actos, se nos hizo el heroico hacedor de lo necesario, el hombre con una frase para cada circunstancias, pero un poco en el pasado, más cuando soñábamos con un “futuro luminoso”, idealizado e hipócrita, donde todos seríamos iguales, pero no con nuestras diferencias, sino igualados por la ideología y la ética de la “perfección comunista”. Tuvimos que traerlo a nuestro lado, ahondar las lecturas, apartar los dioses rotos y afincarnos en nuestro “José de los cubanos”.

Valió entonces la pena morir en Dos Ríos, perdona nuestros olvidos, acompáñanos en este andar azaroso y no permita que volvamos a creer que la historia se reinventa a nuestra conveniencia para forzar un futuro, que será, con nosotros o sin nosotros, pero no sin ti.

José Martí

Santiago de Cuba, recuerda


Evento de historia recordará alzamiento de independientes de color en 1912 y posterior masacre

Santiago de Cuba, mayo 12.- Los días 16, 17 y 18 de mayo tendrá lugar en esta ciudad el evento de historia denominado “1912 en la memoria” , consagrado al centenario del alzamiento de los independientes de color, hecho ocurrido el 20 de mayo de 1912 en el territorio de las actuales provincia orientales de Santiago de Cuba y Guantánamo.

Una vez derrotado el colonialismo español en 1898 por el Ejército Libertador cubano y la intromisión del naciente imperialismo yanqui, en Cuba siguió una etapa convulsa, por las desigualdades en las oportunidades sociales para los cubanos.

La agrupación denominada Independientes de Color (segmento poblacional con la piel oscura), con relevancia en la zona oriental del país, ante la negativa encontrada por sus exigencias sociales, decidió escenificar un levantamiento armado, precisamente en zonas de las actuales provincias de Santiago de Cuba y Guantánamo.

Aquel movimiento fue ahogado en sangre por fuerzas militares del Gobierno constitucional con el beneplácito de las autoridades intervencionistas de los Estados Unidos, lo que causó miles de muertos entre los Independientes de Color.

El objetivo de “1912 en la memoria”, que reunirá en esta ciudad sur oriental a historiadores e investigadores, es preservar la unidad racial como esencia de la condición mestiza de los cubanos y a la vez conservar estos entre los principios de la identidad cubana.

El Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Oficina del Historiador de la Ciudad, la filial provincial de la Unión de Historiadores de Cuba y la Fundación Caguayo, auspician la celebración.

Tomado del periódico Sierra Maestra de Santiago de Cuba

Historia

Camino a Dos Ríos



Hoy 18 de mayo presentaremos en la Sala de Exposiciones del Museo Casa Natal de José Martí, una exposición que recoge en 20 fotos y dibujos los últimos momentos de vida del Apóstol en medio de los campos orientales, acompañado de su pueblo en el que deja un anecdotario rico y sentido en el imaginero popular de la zona por donde transitó.

Como pieza principal de la exposición se expone un sombrero de yarey que el coronel Ximenes de Saldoval, jefe de las fuerzas que mataron a José Martí, recogió en Dos Ríos, posiblemente el utilizado por el Maestro este día trágico y obsequiado a él por el dominicano Marcos del Rosario uno de los miembros de la expedición que le acompañó durante estos últimos días.

José Martí

“Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”



Manuel Mercado, el amigo mexicano de José Martí

Ningún documento de José Martí habla de su obra política como esta carta personal que iniciara un día antes de su muerte y que no pudo concluir aquella noche por la llegada del Mayor General Bartolomé Masó. Los que nos hemos acercado a su obra sabemos que ya todo estaba dicho y como presentimiento iluminado quiere dejar resumida su posición frente a los grandes peligros que enfrentaba, Cuba, América Latina, los pueblos y los humildes de la tierra; esos peligros que desoyeron amigos y enemigos, unos subestimando aquel poderoso país, otros esperando sumarse al carro del vencedor, hablar inglés y tener la gran civilización de la cosas, de las utilidades y el consumidor. ¡Cuán cercana suenan sus palabras 117 años después!, ¡qué advertencia de tanta actualidad y qué urgencia de que su prédica vaya más allá de las arengas de los políticos!

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895.

Sr. Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber-puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos -como ese de Vd. y mío,-más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los Imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,-les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:-y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de oficios de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante,-la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,-la masa inteligente y creadora de blancos y de negros.

Y de más me habla el corresponsal del Herald, Eugenio Bryson:-de un sindicato yanqui-que no será-con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte;-incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno. Y de más me habló Bryson,-aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la Revolución,-el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,-y la incapacidad de España para allegar en Cuba o afuera los recursos contra la guerra, que en la vez anterior sólo sacó de Cuba.-Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender éste que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos.-Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México.

Por acá yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana.

Y México, ¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará,-o yo se lo hallaré.- Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quién la tiene, antes de obrar o aconsejar. Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pero estas cosas son siempre obra de relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle;-alzamos gente a nuestro paso; -siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto, que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas. La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana,-la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas, y las cosas de hombres, hombres son quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tengo yo por garantía o servicio de la Revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.

Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece.

Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto que le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es éste y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día!

Hay afectos de tan delicada honestidad…

Nota: Esta carta no llegó nunca a manos de Manuel Mercado, Martí la llevaba consigo el día de su muerte y permaneció en manos de José Ximénes de Saldoval hasta el año 1905 en que decide devolverla al patrimonio cubano.

José Martí
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