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Los ingleses en La Habana


Hace 250 años, en 1762, se produjo un hecho de vital importancia en la Historia de La Habana, por entonces “Llave del Nuevo Mundo” y plaza estratégica situada en el cruce de las rutas comerciales americanas, en el verano de ese año[1] una poderosa armada inglesa se presentó frente a las costas habaneras, pusieron sitio a la plaza y la rindieron en un breve tiempo, pese al valor demostrado por los defensores del castillo del Morro y las milicias de criollos que hostigaron fuertemente a los ingleses en su avance hacia la ciudad amurallada.

En 1754 estalla la “Guerra de los Siete años” que enfrentó a Francia e Inglaterra por los dominios coloniales y comerciales que tenían en diversas partes del mundo. En esta confrontación los franceses fueron desalojados del Canadá y algunas posesiones del Caribe. En 1760 ya casi derrotada Francia, el recién coronado rey de España, Carlos III, renovó el Pacto de Familia con los Borbones franceses y declara la guerra a Inglaterra.

La participación de España en esta guerra fue desastrosa, poco apoyo podía dar a Francia, vencida en toda la línea por los ingleses y en cambio perdió una precaria paz que le permitía ir recuperando su poderío naval y militar muy diezmado, fundamentalmente en América. Las escuadras británicas demostraron su poderío y capacidad militar al ocupar La Habana y Manila en 1762.

La ocupación de La Habana y sus alrededores por las fuerzas militares inglesas significó un duro golpe para la Monarquía española que aprendió a valorar la importancia estratégica que para su política colonial tenía la posesión de Cuba y en especial La Habana. Es por ello que negoció la devolución de esta a cambio de la extensa colonia de La Florida, territorio prácticamente abandonado por la autoridades de España.

Pero el daño político fue aún mayor, la pujante oligarquía habanera, que durante estos primeros sesenta años del Siglo de las Luces habían consolidado un poder económico basado en la producción azucarera, fue la que más se benefició con esta ocupación, por las medidas de liberalización del comercio y el contacto directo con la economía más poderosa y floreciente de aquellos años, la inglesa. Por esta razón el monopolio comercial español y en primer lugar el ejercido por los comerciantes de Cádiz y Sevilla quedó desarticulado y obsoleto, emergiendo en esta coyuntura una oligarquía criolla, principalmente habanera, ambiciosa, autosuficiente y unida alrededor del logro de su objetivo principal, convertir a Cuba en la principal abastecedora de azúcar para el mercado mundial de la época.

Los diez meses que duró la ocupación británica fueron de mucha importancia para los pobladores de la ciudad, principalmente para los ricos criollos habaneros que tuvieron un breve período de comercio con Inglaterra y sus posesiones, sin trabas arancelarias, ni intermediarios, lo que le permitió valorar las ventajas de una política de libre comercio y el alcance que este podría tener para la economía de la isla. Se calcula que más de 500 buques ingleses vinieron al puerto de La Habana, intercambiando mercancía y esclavos de los cuales fueron introducidos entre cinco mil y diez mil principalmente para el uso de la industria azucarera.

A pesar de los beneficios económicos la población criolla no era partidaria de la ocupación inglesa y mantuvo una actitud fría para con el ocupante y de rechazo con aquellos que colaboraron con las autoridades inglesas, animados por un patriotismo criollo de apego a sus tradiciones y costumbres más cercanas a España que de Inglaterra.

La sociedad criolla de La Habana y su Cabildo, respetado por los ingleses en sus funciones de gobierno local, creó un fuerte sentimiento de reproche a las autoridades y al ejército español que tan mal habían defendido la ciudad.

Ante esta realidad y a la salida de los ingleses de La Habana en 1763, la monarquía española ensaya en Cuba una nueva política que venía dando frutos en la península bajo el impulso del rey Carlos III (1759-1788), el Despotismo Ilustrado, a través de mecanismos que habían proporcionado algunos resultados en las regiones peninsulares, la creación de las Sociedades Patrióticas de Amigos del País y el Real Consulado de Comercio.

A partir de la devolución de La Habana a la corona española, la oligarquía criolla habanera con el apoyo de la Corona, desarrollo un programa de desarrollo económico basado en la explotación de forma intensiva de la mano de obra traída de África, acentuando una institución inhumana y cruel que existía desde el principio de la colonización en Cuba, pero que ahora se convertía en la base del enriquecimiento de esta poderosa e influyente oligarquía criolla.

[1]El sitio duro desde el 6 de junio al 13 de agosto de 1762

Historia

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