Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

La Habana en Martí



La Catedral de La Habana

Para su ciudad tuvo el Apóstol halagos muchos, orgullos de su historia y de su ya relevante vida cultural que la distinguía en el ámbito hispanoamericano, pero la que parecía ciudad frívola y displicente se le presentó en toda su intensidad de cubano durante aquellos años de pelear por la libertad:

“Otros propagarán vicios, o los disimularán: a nosotros nos gusta propagar las virtudes. Por lo que se oye y se ve entra en el corazón la confianza o la desconfianza. Quien lee los diarios dominantes de La Habana, creerá que todo en la ciudad es pobre de alma, y reparto de robos, y ambición de café, y literatura celestina; pero es preciso leer, con los ojos sagaces, el diario que no se publica, el de la virtud que espera, el de la virtud oscura: las almas, como las tierras de invierno, necesitan que la nieve las cubra, con muerte aparente, para brotar después, a las voces del sol, más enérgicas y primaverales.” [1]

El supo ver en la gente su alma virtuosa y su disposición al cambio en un momento en que parecía un bastión de integrismo y España proclamaba a Cuba, “la siempre fiel”:

“La Habana no peca de miedo. Una puerta a la guerra, y la Habana se va por ella. Armas: y es soldado la Habana, como la isla toda. Arde la Habana en impaciencia de salvarse de la ignominia que se la come. Es mucha la vergüenza, para que no sea mucho el deseo de rescatarla. ¿A quién respeta la Habana, y a quién ama de veras, sino a los que le dicen la palabra santa? No ven aún tamaño y conjunto, y se hacen atrás; y por eso acá levantamos tamaño y conjunto; pero la Habana, hoy como ayer, se bajará de los cupés…”[2]

Era cierto, la ciudad crecida al soplo de los brisotes del Golfo por mucho tiempo se defendió de los piratas y de las ambiciones imperiales de otros europeos, entre ellos los ingleses que en 1762, hará ahora 250 años, encontraron bien plantado a los habaneros peleando con sus machetes y vendiendo cara una rendición pusilánime de su gobernador, para nada criollo.

Luego la vergüenza de no ver subir su bandera en el Morro tras la salida de España que prefirió rendirse al yanqui que aceptar su derrota ante el mambisado y más y más historia que hicieron de La Habana el epicentro histórico del siglo XX latinoamericano, desde las tanganas viriles contra Machado hasta el enfrentamiento a Batista que acabó con la más radical transformación social que hemos vivido los cubanos.

La ciudad blasona, no solo de hermosa, sino de historia


[1] José Martí: Obras Completas. Tomo V, pág., 16

[2] Ídem

Cultura, José Martí, Opinión

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