Cultura Cuba

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Valoraciones martianas del deporte colegial en los Estados Unidos (1)


El sistema de enseñanza de los Estados Unidos fue uno de los aspectos sociales que más llamó la atención de José Martí durante su larga temporada de vida en ese país. Venía de conocer en Hispanoamérica una educación aún muy apegada a la sotana y al escolastismo memorístico a pesar de los forcejeos de personalidades aisladas de nuestros países por poner sobre bases nuevas la enseñanza de estas tierras:

“¡En esta tierra los colegios son tan antiguos como las iglesias! Quien dice Harvard, que es el colegio magno de Massachusetts y como Oxford de la América del Norte, dice palabra mágica, que abre todas las puertas, lleva de mano a todos los honores, y trae perfume de años. Quien dice Yale, sabiduría dice, que da tinte de cana a los cabellos rubios de sus jóvenes doctores”(O.C.J.M.T. 9:445)

Le tocó ser testigo de la modernización de la enseñanza en los Estados Unidos con el imperativo de introducir en el currículo de las escuelas el aprendizaje científico, el conocimiento práctico y la preparación del ciudadano para enfrentar los grandes retos de la industrialización acelerada que se producía en ese país. Él saludo y vió con simpatías estos cambios, ve con desacuerdo que los jóvenes perdieran su tiempo en aprendizajes inútiles, cuando la sociedad exigía del dominio de las ciencias para seguir avanzando; a pesar de ello es claro y objetivo en su valoración: “Mucho hay que temer, mucho que rehuir, mucho que flagelar en la civilización egoísta y áspera de Norteamérica” (O.C.J.M.,T. 12:299).

La base de la enseñanza superior en ese país eran los centros universitarios, conocidos entonces como Colegios. Eran instituciones de vieja data, algunas con más de cien años ya en la época en que las conoció Martí. Sus bases eran la enseñanza privada en un sistema que tenía como fin primordial la formación de una élite intelectual y política.

Era y son grandes centros de cultura, cuya función principal es la formación de las clases dominantes y sus servidores en disciplinas del conocimiento humanístico y científico. Instituciones de fuerte influencia ideológicas en el sistema, de carácter cerrado y elitistas, formadores de especialistas de alta calificación que responden en su inmensa mayoría al sistema establecido.

En estos centros se fomentó lo que se conoce como el deporte colegial americano, base del desarrollo deportivo de esa nación, con atletas de altos rendimientos, equipos bien preparados, sistemas de investigación, amplio programa de torneos, magníficas instalaciones

En estos Colegios vio Coubertin el mejor sistema del deporte y la ejercitación física y tras visitar y conocer a los Estados Unidos puso todo su empeño en que Europa conociera de estos avances y lo aplicara en bien de la salud y el desarrollo más integral del ser humano. Convencido de que el deporte no era solo salud, sino el formador del carácter, el espíritu de equipo, el desarrollo de la individualidad y el liderazgo. El futuro creador del olimpismo moderno, solo tuvo elogios para el deporte colegial americano.

Al término de la Guerra Civil en los Estados Unidos(1861-1865) el deporte colegial entra en un período de rápido desarrollo, se crean muchos clubes gimnásticos y atléticos en estas instituciones; el ejercicio físico pasó a ser parte de la enseñanza en estos centros, aplicándose diversos sistemas de los mismos, desde la gimnástica alemana de Turner hasta el movimiento de enseñanza sueca(Swidish Movement Cure), desarrollado por profesores estadounidenses; el doctor J.C. Warren populariza el término “Educación Física” y la palabra callisthenics(“calistenia”)[1], que define la ejercitación para obtener agilidad y fuerza. En este período están en pleno auge los juegos de béisbol y de fútbol americano, los dos deportes más populares del país, este último muy identificado con el deporte colegial americano.

Al mismo tiempo se generalizaron los encuentros deportivos entre los colegios, primero en los del este del país y luego por todo el país, el primero de ellos se produjo en 1852 con la regata de los botes de ocho pares de remo, entre Harvard y Yale, lid que se convirtió en un clásico anual del deporte colegial.

Poco a poco el deporte colegial fue ganando un mayor espacio en la sociedad norteamericana hasta convertirse en todo un espectáculo que para la década del 80 era muy reseñada por la prensa y seguida por el público. Por eso Martí al hablar de los grandes sucesos de ese país, no podía dejar a un lado estos festivales, que se producían principalmente en la apertura y cierre de curso. Estas competencias eran en principio organizadas por los clubes y sociedades estudiantiles, sin la intervención de las autoridades universitarias que no veían estos encuentros competitivos como parte de su misión educativa.

Este es el panorama del deporte colegial en los Estados Unidos cuando llega José Martí al país en 1880 y no deja de reflejar con simpatía este sano modo de hacer más placentera la vida: “(…)Ya han pasado las regatas entre estas y aquellas clases de unos y otros colegios; que la mente ha de ser bien nutrida, pero se ha de ver de dar, con el desarrollo del cuerpo, buena casa a la mente(…)No se ha visto palacio bien seguro sobre cimientos de arena” (O.C.J.M.T.9:436)

En noviembre de 1884 José Martí describe para el diario La Nación, de Argentina una de sus más conocidas e impresionantes crónicas, los protagonistas son los equipos de fútbol americano de Yale y Princeton quienes ante un público de elegantes damas y caballeros van a escenificar una épica batalla narrada con objetividad y fuerza, “(…)Naranja el color de Yale y el de Princeton azul(…)El cielo sombrío como no queriendo ver. Los gigantes entrando en el circo, con la muerte en los ojos. Llevan el traje de juego: chaqueta de cañamazo, calzón corto, zapatilla de suela de goma: ¡todo estaba a los pocos momentos tinto en la sangre propia o en la ajena! (O.C.J.M.T.10:132)

El párrafo que sigue es una joya de la narración deportiva, llena de toda la emotividad de lo que ocurre en el terreno, con las palabras adecuadas y el dramatismo creciente hasta el desenlace final:

“Los de un bando se proponen entrar a puntapiés la bola en el campo hostil: y los de este deben resistirlo, y volver la bola al campo vecino. Este pega: aquel acude a impedir que la bola entre: otros se junta a forzarla: otros acuden a rechazarla: uno se echa sobre la bola, para impedir que entre en su campo: los diez, los veinte, todos los del juego, trenzados los miembros como los luchadores del circo, batallan a puño, a pie, a rodilla, a diente(…)Y cuando se apartan del montón, el infeliz capitán del Yale, caída la mandíbula, apretados los dientes, lívido y horrendo, se arrastra por la arena hecha lodo(…)(O.C.J.M.T.10:132)

Tras la conmoción del partido el Apóstol reflexiona: “El lucimiento mental se desdeña, y se enaltece el brío del músculo”(Ídem:133)


[1] Palabra de origen griego compuesta de las apalabras kallos(hermoso), sthenos(fuerza) y el sufijo –ia(usado para crear sustantivos derivados de sustantivos), y significa, “fortaleza bella”

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José Martí

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