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Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 
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Archivo de Marzo, 2012

Vivir en Cuba, hoy


Crecí en medio de un diferendo agudizado, tenía nueve años cuando los barbudos junto a Fidel llegaban a La Habana y todo el pueblo se tiraba a la calle para celebrar el fin de la dictadura más cruenta que había pasado por el medio siglo de república burguesa en Cuba.

Yo era uno de tantos niños pobres con padre sin trabajo, politizado y colaborador de la Revolución, que vistió el uniforme de miliciano, formó los Comités de Defensa de la Revolución y estaba dispuesto a morir por las conquistas que para sus hijos aquella Revolución ponía en marcha.

Para lograrlo hubo que pasar sobre los privilegios de una burguesía desnacionalizada, sustentadora de aquel fatalismo de que en Cuba “nada pasaría si los americanos no querían”… y pasó y eso es lo que no nos perdonan.

Crecí con el orgullo de ver en acción a un grupo de dirigentes honrados y sin miedos, al que no le tembló la mano para defender el proceso iniciado, ni con las armas de guerra, ni en la aplicación de medidas populares, que convirtieron a Cuba en poco tiempo en un país sin propiedad privada, bien o mal administrada, pero en manos del “pueblo”, porque así lo sentíamos los pobres, que vimos cómo las escuelas se abrieron para todos, la salud se hizo gratuita, el pleno empleo se hizo una realidad y mejoraron muchas cosas, que no nos hicieron rico, pero nos hicieron gente con dignidad, alegres, soñadores con un mundo mejor, organizados, solidarios y agradecidos.

Tuve el privilegio inmenso de vivir los años del Che en Cuba, como dirigente político, oír sus anécdotas o leerlas, que para mí era lo mismo, llorar su muerte, hacer la cola para que me regalaran su diario en aquella legendaria guerrilla de Bolivia, aspiré a ser como él, porque tenía entonces 18 años y soñaba con el mundo mejor que nos prometían y creí y creo que crecí con esos valores de considerar a toda la humanidad mi patria y de sentir en mi mejilla cada golpe dado a otro. Esa era la Cuba romántica de los años 60.

Ya por entonces, la Revolución se cerraba al dogmatismo y dejaba fuera de su seno, revolucionario o no, buena persona o no, a muchos cubanos que tenían una creencia religiosa, querían “vivir bien” (desviaciones pequeñoburguesas), pensaban distintos (diversionismo ideológicos), homosexuales (lacras del pasado), mientras se hacía de la vista gorda con mucha gente con “méritos revolucionario”, pero que vivían una vida nada acorde con los célebres principios de austeridad revolucionaria.

Hoy todo esto y muchas más cosas se conocen como intolerancia, dogmatismo, doble rasero, paternalismo, corrupción, doble moral y simulación… y todo eso que ayer parecía ser una excepción, hoy abunda en Cuba y constituye el caldo para el vaticinio de autodestrucción que nos amenaza.

Yo crecí con la Revolución, no me concibo viviendo en otro sistema, cuando comparo lo que hemos conseguido se que estamos varios paso delante de muchos países, con un pueblo saludable, preparado, sin analfabetos, con un potencial científico y técnico que bien utilizado podría tenernos en un mejor lugar y con una mejor situación económico, la tranquilidad ciudadana es una conquista, pese a que estos tiempos son más difíciles, que los años en que crecí. El combate a las drogas, los juegos ilícitos, el fraude, la corrupción y la prostitución es una constante, pero no estoy contento, más bien me alarmo.

Nuestros salarios son bajos, aún para los profesionales y personas con una mayor preparación. Los cubanos decimos que la pirámide está invertida y en cuestión de empleo los más codiciados son los del sector del servicio gastronómico, comercio, turismo y otros sectores, que sin tener salarios altos, acorde a los estándares cubanos, dejan un margen de ganancia extra con el robo al consumidor, el fraude y otras artimañas que ya son cotidianas. ¿Podemos crecer así?, ¿vivir del salario?

La vida cotidiana en Cuba es una odisea, por los grandes problemas del trasporte, la lucha por la supervivencia, el mercado negro, los altos precios del mercado “de la otra moneda cubana” y la imposibilidad para el cubano medio de acceder a una recreación, sana y digna.

Encima de eso la enorme presión ideológica que no falta, desde adentro y desde afuera, unos por mantener el poder (los de adentro) y otros por destruir los que hemos logrado con sacrificios enormes y que no es un regalo de nadie (desde adentro y desde a fuera). Unan a eso a un vecino poderoso, que condiciona nuestra existencia a que tengamos nuevamente capitalismo salvaje, burguesía ladrona y vende patria y una nación de marioneta.

Así vivimos, así estamos, pero seguimos adelante, los problemas los resolveremos nosotros, para ser un poco más libre y con más derechos individuales reales en un país que ya nos garantiza que tengamos “mente sana en cuerpo sano”.

Opinión

De cuando los capitales yanquis llegaron a Cuba

En la vida no se puede ir constantemente levantando el dedo húmedo para ver de qué lado sopla el viento y tratar de ir a favor de este, en cuestiones humanas, tomar partido es honestidad y defender lo que uno cree, existe una tendencia a no recordar, a vivir el presente y ver el mundo según nos vaya en él, con un oportunismo pedestre que beneficia muchos intereses, sobre todo los que defienden las minorías poderosas.

Siendo un cubano de a pie estoy al lado de los míos, que son mayoría y aunque creo que muchas cosas deben cambiar, que cambien para bien, no vaya a ser que “botemos al niño con el agua sucia”, como dice un viejo refrán español.

Es así que yo, “me quedo con todas estas cosas / más dignas, más hermosas/ con esas yo me quedo”… y vamos al tema:

En el período que la Historia de Cuba reconoce como Tregua Fecunda (1878-1895) se inicia con fuerza la penetración del capital norteamericano en la isla, principalmente en la industria azucarera, la rama tabacalera y la minería. Desde 1880 comenzaron diversos grupos de inversionistas de Estados Unidos a explotar las minas de hierro, manganeso y cromo en los alrededores de Santiago de Cuba; en 1883 compran el primer ingenio azucarero, El Soledad en Cienfuegos y ya en 1891 varios grupos financieros yanquis montaron ingenios en Manzanillo, Sancti-Spíritus y Trinidad, además de comenzar a invertir en la industria tabacalera.

Poco antes de comenzar la guerra del 95 las inversiones de los Estados Unidos era de alrededor de 50 millones de dólares, de los cuales unos 30 millones estaban invertido en el azúcar y otros 15 en las minas de la parte oriental del país. En el comercio la dependencia creció hasta el punto de desplazar a España como metrópoli económica de Cuba. En 1884 el 85 % de las exportaciones cubanas iban hacia los Estados Unidos y en la producción azucarera la proporción subía hasta un 94 %.[i]

En 1890 el Congreso de los Estados Unidos aprobó un arancel aduanal (Arancel McKinley), que estipulaba la entrada al país libre de impuesto a los azúcares crudos provenientes de los países que tuvieran similar gesto para la mercadería norteamericana. Esto desató una guerra arancelaria entre Estados Unidos y España por el comercio cubano, lo que provocó la unidad de todos los intereses económicos de la isla, tanto criollos como peninsulares, en la petición del establecimiento de un tratado arancelario entre ambas naciones. El denominado Movimiento Económico presionó a España que finalmente en 1891 firmó un tratado que aseguró la libertad de derechos del azúcar cubano y ventajas para el tabaco y otras producciones de la isla en el mercado estadounidense.

Esto trajo por consecuencia un salto de producción de azúcar, que de medio millón en 1890 aumentó a un millón de toneladas en 1894. La bonanza duró poco, el Gobierno de los Estados Unidos anuló los convenios con España al implantar una nueva tarifa (Tarifa Wilson) en beneficio del monopolio azucarero yanqui de Havemeyer. El precio del crudo cayó a menos de un centavo por libra entre 1894 y 1895 reduciéndose las exportaciones entre un 30 y un 50 %, provocando despidos masivos de obreros, disminución de salarios y ruinas a los productores, entre tanto en los Estados Unidos, José Martí asumía el liderazgo de la emigración revolucionaria cubana y preparaba la guerra necesaria.

Terminada la guerra en 1898, la primera medida del gobierno interventor fue rebajar los aranceles de entrada de las exportaciones norteamericanas hacia la Isla[ii], sin que pudiera hacer lo mismo con los productos cubanos que entraban a los Estados Unidos. Con el consiguiente beneficio de los capitalistas norteamericanos y los comerciantes importadores en Cuba, la mayoría de origen español y en su mayoría enemigos de la independencia.

En cuanto a las inversiones, si bien se creó una Ley que prohíbe a los norteamericanos conceder privilegios a sus connacionales en el tema de inversiones, esta se vulneró con frecuencia, aunque la gran penetración norteamericana en Cuba vendría después, con la “República”.


[i] Francisco López Segrera, “Cuba: capitalismo dependiente y subdesarrollo”. Pág. 132. La Habana, 1981

[ii] Esta medida fue tomada por el gobernador de Santiago de Cuba Leonardo Word en Santiago de Cuba, aún antes de firmado el Tratado de París

Historia

La protesta de Baraguá, el gesto viril de Maceo


Hace 134 años un 15 de marzo de 1878 se reunían en el centro de la región oriental, bajo una hermosa arboleda de mangos, el general cubano Antonio Maceo y el general español Arsenio Martínez Campos, jefe de las fuerzas colonialista que combatían a los independentistas cubanos en su afán por alcanzar la independencia de la isla y la abolición de la esclavitud.

Martínez Campos había llegado a Cuba con la intención de terminar la guerra de un modo de otro y es por eso que junto a una intensificación de las operaciones militares contra los insurrectos, inició un acercamiento a la dirección del movimiento independentista, ofreciéndole una salida negociada al conflicto, para terminar la guerra ofreciéndole un conjunto de promesas políticas y reinserción en la sociedad colonial, pero sin tocar los problemas medulares que había llevado a los cubanos a la guerra: la independencia y la abolición de la esclavitud.

Es así que logra firmar con el gobierno de la República en Armas un armisticio, conocido en nuestra historia como “Pacto del Zanjón” (febrero de 1878).

Enterado Maceo de la componenda se opone abiertamente a ella y así lo hace saber a los comisionado que le envían las autoridades de la revolución que había firmado el pacto: “…los responsables quienes quiera que lo fuesen,… habían cometido un error en admitir y entablar entrevistas y conferencias, sin conocimientos de todo el ejército cubano para llegar a terminarlas admitiendo un pacto sin abolición y sin garantías…”[1]

Es por esta razón que Maceo acepta reunirse con Martínez Campos en “Los Mangos de Baraguá”, no para aceptar el pato que de plano el rechaza sino para darle a conocer su posición y la de un buen grupo de prestigiosos revolucionarios que junto a él rechazaban los que consideraban una capitulación.

Con la Protesta de Baraguá Antonio Maceo intentó levantar la moral combativa de la Revolución Independentista y continuar la guerra con una nueva dirección y alcanzar los objetivos supremos de la guerra iniciada en 1868, la independencia y la abolición de la esclavitud.

Pero el Pacto del Zanjón tuvo un efecto desmovilizador dentro de las fuerzas cubanas y a pesar del gesto de los orientales encabezados por Antonio Maceo, la guerra languideció y finalmente el mismo Maceo tuvo que salir al exilio en espera de mejores condiciones para reanudar la contienda.

Sin embargo el gesto de este extraordinario cubano, salido de las entrañas populares ha quedado imperecedero como ejemplo de intransigencia y dignidad de los cubanos.

José Martí, reconocerá años después el digno esfuerzo del general Antonio Maceo: “Tengo ante mis ojos la Protesta de Baraguá, que es el documento más glorioso de nuestra historia.”


[1] Historia de Cuba de Jorge Ibarra, pág. 294

Historia

PATRIA, el periódico de José Martí


Hoy es 14 de marzo, hace 120 años nacía en la ciudad de Nueva York un periódico cubano editado por José Martí, que no tenía la intención de ser el vocero de un grupo, sino el periódico de todos los cubanos, tanto los de la emigración, como los que vivían en la isla bajo el dominio colonial español. No por gusto él lo llamó PATRIA porque pretendía que cada uno de los que habían nacido en esta tierra se vieran reflejados en estas páginas, páginas dedicadas a resaltar la nacionalidad cubana, la necesidad de la independencia, la igualdad de todos los cubanos y su derecho de tener una República por casa nacional.

PATRIA nació para aunar a los cubanos y puertorriqueño en el objetivo supremo de conquistar la independencia y construir en ellas ese suyo martiana de lograr Repúblicas “Con todos y para el bien de todos”.

PATRIA era un periódico político, no por gusto desde su primer número están en su primera plana las Bases del futuro Partido Revolucionario Cubano a modo de guía para todos los que dentro y fuera de la isla abrazaban la causa de la independencia.

Pero siempre fue anhelo de Martí, que PATRIA fuera un periódico ameno, donde se vieran reflejados los cubanos y puertorriqueños, en sus actividades sociales, sus éxitos y sacrificios, a modo de preparar en la emigración las virtudes del ciudadano de la república.

José Martí, Opinión

Julián del Casal y el beisbol en Cuba

Julián del Casal es uno de los poetas cubanos más interesantes y enigmático, nació y creció en medio del estremecimiento cubano por sacudirse el yugo colonial español y aunque siempre declaró una indiferencia por los asuntos políticos, si fue como periodista uno de los que estaba más cercano al pulso social del cubano.

Es por esto que no resulta casual que se refiera en una de sus crónicas para el diario habanero “La Discusión” a un fenómeno social que despertaba la pasión de los pobladores de aquella ciudad, el beisbol, que pasó a convertirse en menos de una década en el entretenimiento favorito de los habaneros y luego se extendió por todo el país. Aún hoy para los cubanos el beisbol, o la “pelota” como decimos todos es identidad y orgullo, y hablamos tanto de ella, como de política.

Volviendo al artículo de Casal, ya al final del artículo dice:

“El entusiasmo de los jóvenes que se escapan de las aulas para ir a la práctica; las figuras de los jugadores, ya sean del bando azul, ya del bando rojo; las desavenencia entre los partidarios de distintos clubs; el efecto que produce en la concurrencia que asiste al espectáculo; las mil peripecias del juego; los gestos y chillidos de las turbas apiñadas en los escaños; los comentarios que hacen al terminar la fiesta, en las calles y los cafés (…)” (1)

Esa es la impresión del poeta sobre el juego del beisbol, que como habanero debió palpar en el público que sábados y domingos acudía a ver jugar a los dos equipos tradicionales de la capital, “Almendares” (azules) y “Habana” (rojos) y que desde Nueva York reseña José Martí, hablando del fervor que beisbol despierta en el público norteamericano  en crónicas memorables para la prensa hispanoamericana.

(1) Diario la Discusión, 28 / 11/ 1889

Cultura

Edward Vernon, incursiones por el Caribe


Salido de la tradición marinera de las Islas Británicas, se perfila la personalidad dominante del almirante Vernon, inglés culto de noble origen que en 1700 se incorpora a la Marina Real Británica y protagonizará la más grande envestida de la Corona inglesa para desplazar a los reyes de España de las ricas colonias americanas.

Su bravuconada de ocupar Puerto Cabello, costa de Panamá, en 1739 con apenas seis barcos lo envalentonó para intentar ocupar dos años después la ciudad fortificada de Cartagena de Indias, con una poderosa escuadra, con la que intentó una vez tras otra ocupar el bastión hispano, pero la valiente e inteligente defensa de la posición dirigida por Blas de Lezo, un hombre de armas, marcado por múltiples heridas y amputaciones, y que dejó la vida en el empeño de rechazar a los ingleses, logró mantener la plaza bajo la bandera de España.

Incapaz de vencer a los sitiados Vernos se retira en noviembre de 1741, con grandes pérdidas y su soberbia herida. Meses después intentará resarcirse y amenaza la estratégica colonia de Cuba, se acerca a La Habana, bojea la isla y decide finalmente desembarcar en las inhóspitas orillas de la bahía de Guantánamo, con el marcado propósito de avanzar por tierras hacia la cercana ciudad de Santiago de Cuba.

Con un destacamento fogueado de la marina real inglesa y batallones de norteamericanos de la Trece Colonias, intenta un avance rápido hacia la capital oriental de Cuba, hostigado desde el principio por los vecinos de la zona, principalmente los “tiradores de Tiguabos”, que no le dan descanso, hasta detener el avance de los “casacas roja” y hacerlo retroceder hacia su campamento en la desembocadura del río Jaibo, en la bahía de Guantánamo.

Allí se atrincheraron y levantaron una población permanente que llamaron Cumberland, constantemente asediada por los lugareños y las fuerzas regulares españolas.

Esta circunstancia, más el implacable clima de la zona, diezma el cuerpo expedicionario del almirante Vernon, quien decide retirarse furtiva y precipitadamente con menos de un tercio de sus fuerzas.

En las cenagosas márgenes de la bahía guantanamera quedaron sepultados los prepotentes planes del aventurero inglés.

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Antonio Maceo: tanta fuerza en la mente como en el brazo

De esa manera lo describe José Martí, como el hombre que tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo, rompiendo el mito reduccionista del sublime guerrero capaz del sacrificio pero sin una formada idea de lo que quiere en esa lucha larga y consagra a la que se entregó su familia des desde 1868, cuando acudieron al llamado que les hacía Carlos Manuel de Céspedes para luchar por la libertad de Cuba y la redención de los esclavos.

Quienes lo conocieron, blancos y negros, amigos o enemigos, no dejaron de valoras los méritos éticos que acompañaban al mulato oriental, algo tartamudo, fuerte y elegante, educado en la disciplina hogareña de su madre Mariana Grajales, quien no concebía a un hijo suyo menos que los demás, fuera blanco o negro.

Así lo describe el coronel Enrique Collazo quien lo conoció en plena guerra:

“(…) su figura era atrayente; fornido y bien proporcionado; fisonomía simpática y sonriente, facciones regulares, manos y pies chicos, formando un conjunto que lo destacaba siempre, por numeroso que fuera el grupo que lo rodeaba. Acostumbraba a hablar bajo y despacio; su trato era afable. Talento natural, sin pulir pero unido a una fuerza de voluntad extraordinaria, que le hicieron dominar sus defectos naturales.”

Y el historiador Emilio Roig de Leuchsenring resumirá sus virtudes humanas y aportes a la patria:

“Maceo era grande, sobre todo, porque el amor a la patria despierta en él sus magnificas cualidades latentes de combatiente, de organizador y de jefe, y porque las consagra enteras, sin desmayo, a la causa revolucionaria.”

Fue enemigo de las intrigas políticas, adversario franco y caballero para la valoración de los seres humanos, así queda expresado en la carta que dirige al periodista Enrique Trujillo quien trata de enemistar a Maceo con José Martí, queriendo aprovechar las diferencias tácticas que ambos sostenía en cuanto al modo de organizar la nueva revolución independentista. Así responde Maceo al intrigante desde Costa Rica, el 22 de agosto de 1894.

“Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que no debe abrigar un corazón honrado, que dañan, sin Ud. pensarlo, la elevación del espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa de la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y antipatriótica. No parece suyo el contenido de esa carta. ¿Qué diablo le atormenta cuando la escribió?

“En ninguna época de mi vida he servido de banderín político de convenciones personales; solo me ha guiado el amor puro y sincero que profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro pueblo infeliz. Cualquiera que sea el personal que dirija la obra común hacia nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la sublimidad del sacrificio honrado que se imponga. (…)Estoy y estaré con la revolución por principio, por deber. (…)¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la patria? (…) La guerra que Ud. hace al Sr. Martí es un crimen de lesa patria…”

A pesar de las diferencias de criterios sobre determinados temas en la forma de organizar la guerra, Maceo y Martí coincidieron en la necesidad de la unidad, la entrega y lealtad a la causa que defendían, así lo hicieron en la etapa de organización de la guerra y se atuvieron a ella durante la contienda bélica.

De la claridad de su pensamiento político deja Maceo muchas pruebas a lo largo de su actuar en las luchas por la independencia, Baraguá, había sido el ejemplo claro de que era el representante de las ideas más radicales en estas luchas y así lo ratifica en carta a los Delegados de la Asamblea Constituyente de Jimaguayú, el 30 de septiembre de 1895:

“Permitidme, pues, ciudadanos Representantes, que os haga presente la expresión de agradecimiento que me anima con vosotros, motivado por el honor que me habéis discernido al concederme el nombramiento de Lugar Teniente General del Ejército Libertador. Y al aceptar cargo tan honroso como éste, que aumenta la responsabilidad que tengo contraída ante mis compatriotas, permitidme también que os reitere la protesta y obediencia a las leyes que emanan de la voluntad popular (…) Fundemos la República sobre la base inconmovible de la igualdad ante la ley. Yo deseo vivamente que ningún derecho o deber, título, empleo o grado alguno exista en la República de Cuba como propiedad exclusiva de un hombre, creada especialmente para él e inaccesible por consiguiente a la totalidad de los cubanos…”

Principios luego olvidados en la República cuando los derechos de los humildes fueron ignorados por la clase oligárquica que traicionó los ideales de Maceo y Martí.

El 27 de enero de 1896 Antonio Maceo escribe al periódico estadounidense “The Star” y le expresa:

“En primer lugar me dice Ud. Que en los Estados Unidos creen que había una división en el ejército cubano; que entre el General en Jefe y yo existía mala inteligencia; y que mi ejército, para usar los términos empleados por los españoles, fue abandonado por el general Gómez y lanzado a la provincia de Pinar del Río para que cayese en una trampa. Semejantes afirmaciones son tan ridículas, que ninguna persona seria puede tomarla en consideración, pero hay otras muchas entre nuestros amigos más sinceros y correligionario, que son bastante cándidos para creer que el rumor tenía algún fundamento.

“En primer lugar, no puede existir semejante desavenencia, división o como quiera usted llamarla, entre el general Gómez y yo. Él es el General en Jefe y sus leyes son como leyes acatadas por mí. Yo solo soy Teniente General del Ejército y en todos los tiempos y en cualquier lugar y todas las razones, estoy sujeto a sus órdenes. Nuestro ejército no está compuesto de gentuza en que el hombre que más grita es el Jefe, sino que está organizado bajo el plan de una fuerza militar moderna, en que el orden y la disciplina se sostienen y los superiores son respetados. Pero, aparte de las reglas de la disciplina militar, no hay un soldado del ejército cubano que por un instante desobedezca las órdenes del general Máximo Gómez. Todo el ejército confía implícitamente en su patriotismo y en su habilidad militar. Nosotros los que le hemos conocido y seguido en otras guerras, estamos convencidos de nuestra comparativa pequeñez para dudar de su sabiduría y actitud.”

Estaba conciente de las intenciones anexionista de los Estados Unidos y de la clase aristocrática cubana, por ello siempre rechazó esa posibilidad y dejó siempre bien claro su posición:12 de junio de 1896, en la cual le manifiesta, entre otras cosas:

“Los americanos y los españoles podrán concertar los pactos que quieran, pero Cuba es libre dentro de breve término y puede reírse de negociaciones que no favorezcan su emancipación.”(12 de junio de 1896)

“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejecutarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.” (14 de julio de 1896).

Esas eran las ideas claras de Mayor General Antonio Maceo. Digno hijo de Santiago de Cuba, surgido de la humilde cuna de una familia campesina, numerosa y negra, consagrada a Cuba y al logro de una patria no solo libre en lo político, sino basada en la igualdad de derechos de todos sus hijos.

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Culturas Amerindias

Cuchillo ceremonial azteca

Dibujo de José Martí

“Nuestro vino de plátano y si sale agrio, es nuestro vino”

José Martí

He aquí una mirada sincera y hermosa a nuestras culturas amerindias de América, vistas no con la timidez del que cree pertenecer a una cultura menor, sino con el orgullo del que sabe que en esas huellas del pasado del hombre americano están las bases de su porvenir y de que no se podrá hablar de desarrollo en estas tierras sino se incorpora al mismo a los pueblos primigenios que hoy dictan cátedra de dignidad y amor a la tierra, en homenaje a ellos la palabra de Martí:

“Las rocas fueron antes que los cordones de nudos de los peruanos, y los collares de porcelana del Arauco, y los pergaminos pintados de México, y las piedras inscritas de la gente maya, las rocas altas en los bosques solemnes fueron los primeros registros de los sucesos, espantos, glorias y creencias de los pueblos indios. Para pintar o tallar sus signos elegían siempre los lugares más imponentes y bellos, los lugares sacerdotales de la naturaleza. Todo lo reducían a acción y a símbolo. Expresivos de suyo, no bien sufría la tierra un sacudimiento, los lagos un desborde, la raza un viaje, una invasión el pueblo, buscaban el limpio tajo de una roca, y esculpían, pintaban o escribían el suceso en el granito y en la siena. Desdeñaban las piedras deleznables.-De entre las artes de pueblos primitivos que presentan grado de incorrección semejante al arte americano, ninguno hay que se le compare en lo numeroso, elocuente, resuelto, original y ornamentado. Estaban en el albor de la escultura, pero de la arquitectura, en pleno medio día. En los tiempos primeros, mientras tienen que tallar la piedra, se limitan a la línea; pero apenas puede correr libre la mano en el dibujo y los colores, todo lo recaman, superponen, encajean, bordan y adornan. Y cuando ya levantan casas, sienten daño en los ojos sí un punto solo del pavimento o la techumbre no ostenta, recortada en la faz de la piedra, o en la cabeza de la viga, un plumaje rizado, un penacho de guerrero, un anciano barbudo, una luna, un sol, una serpiente, un cocodrilo, un guacamayo, un tigre, una flor de hojas sencillas y colosales, una antorcha. Y las monumentales paredes de piedra son de labor más ensalzada y rica que el más sutil tejido de esterería fina. Era raza noble e impaciente, como esa de hombres que comienzan a leer los libros por el fin. Lo pequeño no conocían y ya se iban a lo grande. Siempre fue el amor al adorno dote de los hijos de América, y por ella lucen, y por ella pecan el carácter movible, la política prematura y la literatura hojosa de los países americanos.

No con la hermosura de Tetzcoutzingo, Copán y Quiriguá, no con la profusa riqueza de Uzmal y de Mitla, están labrados los dólmenes informes de la Galia; ni los ásperos dibujos en que cuentan sus viajes los noruegos; ni aquellas líneas vagas, indecisas, dimidas con que pintaban al hombre de las edades elementales los mismos iluminados pueblos del mediodía de Italia. ¿Qué es, sino cáliz abierto al sol por especial privilegio de la naturaleza, la inteligencia de los americanos? Unos pueblos buscan, como el germánico; otros instruyen, como el sajón; otros entienden, como el francés; colorean otros, como el italiano; sólo al hombre de América es dado vestir como de ropa natural la idea segura de fácil, brillante y maravillosa pompa. No más que pueblos en cierne, que ni todos los pueblos se cuajan de un mismo modo, ni bastan unos cuantos siglos para cuajar un pueblo,-no más que pueblos en bulbo eran aquellos en que con maña sutil de viejos vividores se entró el conquistador valiente, y descargó su ponderosa herrajería, lo cual fue una desdicha histórica y un crimen natural. El tallo esbelto debió dejarse erguido, para que pudiera verse luego en toda su hermosura la obra entera y florecida de la Naturaleza.- ¡Robaron los conquistadores una página al Universo! Aquellos eran los pueblos que llamaban a la Vía Láctea “el camino de las almas”; para quienes el Universo estaba lleno del Grande Espíritu, en cuyo seno se encerraba toda luz, del arco iris coronado como de un penacho, rodeado, como de colosales faisanes, de los cometas orgullosos, que paseaban por entre el sol dormido y la montaña inmóvil el espíritu de las estrellas; los pueblos eran que no imaginaron como los hebreos a la mujer hecha de un hueso y al hombre hecho de lodo; , sino a ambos nacidos a un tiempo de la semilla de la palma!”

La América. Nueva York, abril de 1884

Obras Completas de José Martí. T 8, pág. 434

Cultura, José Martí

La mujer en Cuba

Dentro de unos día celebraremos nuevamente el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER (8 de marzo), fecha que en Cuba reviste una gran relevancia, no solo por la galantería de felicitar a nuestra compañera, amiga, madre y hermana, sino por todo lo que ella ha logrado en el proceso revolucionario que desde hace 53 años se desarrolla en nuestro país.

Si en un sector se puede hablar de conquistas y de revolución, es en el sector femenino, personas para la cual se han alcanzado grandes logros sociales y un espacio decisorio que no es posible obviar en ninguna esfera de la vida cubana, pero que es muy evidente en la educación, la medicina, las áreas de trabajo científico y en los sectores especializados, donde son mayoría.

A la cubana le agobian mucho más los grandes problemas que en la esfera de la economía familiar y doméstica tenemos en Cuba, ella incorporada en masa en los sectores laborales del país, tiene que lidiar luego con las escaseces y la limitaciones hogareñas, alargar el modesto salario y hacer frente a los pequeños grandes problemas de la familia, que en Cuba como en otras muchas sociedades es ella quien mejor lo soluciona. Emprende su segunda jornada laboral cuando llega al hogar y a veces es “ayudada”, por el resto de la familia, que la ve tan gigante en sus funciones que la creen invencible.

Como hombre y como cubano puedo decir con seguridad que la mujer es el principal sostén de la sociedad revolucionaria, por ese sentido de la responsabilidad multiplicada en el hogar y en su lugar de trabajo, por ser la reina de sacarle el máximo a lo poco que tiene y por no rendirse y tener tiempo para dar cariño y regalarnos esa espiritualidad que tanto agradecemos.

No creo que en ninguna sociedad se le considere tanto como en Cuba y al mismo tiempo lleve tantas tenciones que no parten solo de los problemas sociales, sino del comportamiento “machista” y desconsiderado de quien olvida que nació de una mujer, es hermano de otras, compañero de muchas, el amante y esposo de la que ama y será padre de algunas, en la que se sentirá realizado o dolido, si se la quieren o se la maltratan.

Para todas ellas las palabras de José Martí quien a nombre de todos habla:

“Las campañas de los pueblos solo son débiles, cuando en ella no se alista el corazón de la mujer; pero cuando se estremece y ayuda, cuando la mujer, tímida y quieta de su natural, anima y aplaude, cuando la mujer culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño la obra es invencible”.

Opinión

El pensamiento martiano como componente de la Revolucionaria Cubana

En el proceso de formación del pensamiento revolucionario cubano ha existido una articulación armónica de las ideas de los más preclaros pensadores de la isla, José Martí tiene como base las concepciones de cubanía que le llegan de hombres como Félix Varela y José María Heredia, entre otros; lo que unido a un pensamiento liberal y democrático que conoce de la tradición occidental de la cual es deudor, va conformando una posición democrática revolucionaria, que en su caso, lo lleva a una radicalización antiimperialista frente a las posiciones expansionistas de los Estados Unidos, una identificación de sus raíces con la América Latina y la necesidad unitaria de esta para enfrentar los nuevos retos que le imponía el desarrollo del capitalismo a fines del siglo XIX por la ambiciones de la oligarquía norteamericana.

El pensamiento social martiano se desarrolla a fines del siglo decimonónico, cuando de forma impetuosa y peligrosa para los pueblos se extiende en los Estados Unidos la fase superior del capitalismo, el imperialismo; ese estadío capitalista en el que las poderosas fuerzas de la oligarquía rebasan el marco de lo nacional para expandirse por las naciones de menor desarrollo para subordinarlas a su modo de producción, bien como mercado de sus productos, fuente de materia primas o sitios de expansión geopolítica.

En medio de este complejo proceso vive José Martí, estudioso de los fenómenos sociales que se desarrollan en la rica nación del norte y signado por una misión liberadora que le ha dado sentido a su vida.

Mucho antes de que maduraran en Cuba las simientes del marxismo ya José Martí había definido una manera de pensar novedosa y autóctona, partiendo del principio de construir una sociedad “con todos y para el bien de todos”, para lo cual creó un Partido(Revolucionario Cubano), que tenía como misión no solo luchar por la independencia de Cuba y Puerto Rico, sino también crear una república de hermandad, en la que necesariamente la sociedad tenía que cambiar para cumplir ese reclamo de igualdad del que José Martí se hizo eco.

Junto a esto el Apóstol, basado en su experiencia, sagacidad política y conocimiento de la sociedad norteamericana, intuyó que en esa desmedida ambición de la oligarquía yanqui había un peligro que podía evitarse con la unidad de los países de América Latina, esa que el llamó Nuestra América.

Tras su muerte en Dos Ríos y la salida de la metrópoli española en 1899 se inicia la intervención norteamericana en Cuba y posteriormente se proclama la República, entidad que nacía conculcada por las condicionantes neocolonialistas que le impuso la Enmienda Platt y la traición de los grupos oligárquicos de la isla.

En ese ambiente social las ideas de Martí comienzan a arraigarse y difundirse entre los cubanos, venciendo una tendencia oficialista de las clases dominantes, que pretenden presentarlo solo como un mártir de la independencia, de vida sacrificada y destacada labor literaria; todo esto era verdad pero José Martí era mucho más que eso, el verdadero sentido ideológico de su vida no se había materializado en aquella república y es por ello que las nuevas generaciones de cubanos y su vanguardia lo asumen en su intento por lograr el cumplimiento de sus sueños.

Este ideario martiano completado con su ética humanista y su pedagogía avanzada y social se fortalece al ser retomada por la generación del veinte del siglo anterior, jóvenes que como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena o Juan Marinello, entre otros, abrazan el marxismo como ideología social para luchar por los cambios que necesitaba la nación cubana, enriquecidos de modo conciente y creciente con la ideología martiana. En estos momentos comienzan a publicarse los escritos que Martí había dejado diseminado por la prensa Latinoamericana y esta generación joven de la década del veinte del siglo XX comprende que esas ideas martianas mantenían plena vigencia.

Por eso el joven Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba (1925) plantea que él debía un libro a Martí, al Martí antimperialista, revolucionario y consecuente que descubre en la obra del Apóstol y Rubén Martínez Villena, poeta, líder comunista y obrero, escribe un poema en el que pide acabar la obra que emprendió Martí haciendo una República para todos.

Ellos fueron la base de la continuidad del pensamiento social cubano que entronca con la Generación del Centenario del Apóstol, encabezada por Fidel Castro y Abel Santamaría, martianos de corazón y conocedores de las teorías marxistas. Hombres que antes de conocer la ideología de Marx y Lenin, ya habían estudiado a José Martí, el mismo que Fidel nombra “autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada”, en el juicio que se le siguió por este hecho.

La Revolución Cubana ante que marxista fue martiana y martiano fue el programa del Movimiento 26 de Julio, la organización que dirigió la lucha contra la tiranía. Estas fueron las bases ideológicas de la Revolución Cubana, triunfante en 1959, martiana por convicción y marxista por necesidad, auténtica y social, en constante perfeccionamiento en su búsqueda incesante por la plena igualdad humana.

José Martí

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