Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Archivo de Febrero, 2012

CLAVE MARTIANA



En las últimas décadas del siglo XIX se pusieron de moda en La Habana, los Conjuntos de Clave, agrupaciones vocales que llegaron a copar la popularidad del público hasta las primeras décadas del siglo XX. En el barrio del Pilar, como en otros barrios habaneros se crearon conjuntos con este formato, uno de los más conocidos fue “La Llave de Oro”, que tenía como clarina, voz principal, a una bella mulata llamada Caridad Valdés. Dedicado a ella un músico del momento llamado José Tereso Valdés, le escribe la canción “Aquí falta una voz”, que ella no quiso cantar nunca, pero al morir ella, su última voluntad fue que le cantaran aquella clave que le compuso Tereso.

La melodía se hizo popular durante el período de ocupación yanqui y pocos años después otros músico cubano, Emilio Villillo, le puso una nueva letra a la música de Tereso, esta vez dedicada a José Martí, desencantado por el resultado de la Revolución independentista y el entreguismo de los políticos de la época, se inmortaliza la “Clave a Martí”, que durante los años de la República burguesa vino a la mente de los cubanos cuando tenía delante alguna injusticia que reparar o un mal uso del digno nombre del Apóstol.

Clave a Martí

Autor: Elio Villillo

Música: José Tereso Valdés

Aquí falta señores, ¡ay una voz! (bis)

Es la voz del sinsonte cubano

De ese mártir hermano

Que Martí se llamó

¡Ay se llamó!

Martí no debió de morir

¡Ay de morir!

Porque fuera el maestro y el guía

Otro gallo cantaría,

La patria se salvaría

¡Y Cuba sería feliz!

Con el triunfo de la Revolución y el cambio de circunstancias histórica para nuestro pueblo, la maestra Cuca Rivero compuso otra letra para la música de José Tereso Valdés, que reflejaba las alegrías por la justicia conquistada y el deseo de mantener vivo a Martí con la nueva alborada de Cuba.

Clave a Martí

Autor: Cuca Rivero

Música: José Tereso Valdés

Aquí falta señores, ¡ay una voz! (bis)

Es la voz del sinsonte cubano

De ese mártir hermano

Que Martí se llamó

¡Ay se llamó!

Martí ahora vuelve a vivir

¡Ay a vivir!

La Revolución inspira

A Fidel sirve de guía

¡Y mi Cuba ya es feliz!

Cultura, José Martí

La novela “Ramona”, una traducción de José Martí


Una de las fuentes de ingresos de José Martí durante el tiempo que vivió en Nueva York fue la traducción al español de diversos libros cuyos originales estaban en francés o inglés. Dominaba estos idiomas y por eso podía hacer excelentes trabajos de interpretación y traducción que le ayudaron a vivir y mantener a su familia.

Uno de estos libros que el tradujo fue la novela “Ramona” de la escritora Helen Hunt Jackson(1830-1885), novelista norteamericana que se dedicó a los temas populares. La novela “Ramona” es un acercamiento muy romántico pero verídico a las penas del indio mexicano en las tierras que habían sido ocupadas por los norteamericanos, escrita con mucho amor, narra los amores de una mestiza de indio y blanco(Ramona) y un indio llamado Alejandro, asesinado por colonos norteamericanos al quererlo desalojar de sus tierras.

Este hermoso y trágico amor conmovió a Martí quien quiso que en América Latina se supiera de las condiciones de vida de los pobladores autóctonos ante la ocupación yanqui, fue una alerta a lo que podía pasar si ellos se apoderaban de nuestras tierras. Por eso puso tanto amor y ternura en la traducción, a tal punto que los especialistas sostienen el criterio de que la novela “Ramona”, es mejor novela en español, que en su idioma original. En julio de 1888 aparece la edición en español de la obra.

Cultura, José Martí

MARTÍ ES LA IDEA DEL BIEN QUE ÉL DESCRIBIÓ


En la Clausura de la Conferencia Internacional Por El Equilibrio del Mundo, celebrada en La Habana los día 28 y 29 de enero del 2003, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro fue el encargado de cerrar aquel evento, que reunió a investigadores cubanos y extranjeros alrededor del conocimiento del pensamiento de José Martí, de aquellas palabras traemos una selección:

«¿Qué significa Martí para los cubanos?

En un documento denominado «El Presidio Político en Cuba», Martí cuando tenía 18 años, después de sufrir cruel prisión a los 16 con grilletes de hierro atados a sus pies afirmó: “Dios existe, sin embargo, en la idea del bien, que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno.”

«Para nosotros los cubanos, Martí es la idea del bien que él describió.

«Los que reanudamos el 26 de julio de 1953 la lucha por la independencia, iniciada el 10 de octubre de 1868 precisamente cuando se cumplían cien años del nacimiento de Martí, de él habíamos recibido, por encima de todo, los principios éticos sin los cuales no puede siquiera concebirse una revolución. De él recibimos igualmente su inspirador patriotismo y un concepto tan alto de honor y de la dignidad humana como nadie en el mundo podría habernos enseñado.

«Fue un hombre verdaderamente extraordinario y excepcional. Hijo de militar, nacido en un hogar de padre y madre españoles, deriva en profeta y forjador de la independencia de la tierra que lo vio nacer; intelectual y poeta, siendo un adolescente al iniciarse la primera gran contienda, fue capaz más tarde de conquistar el corazón, el respeto, la adhesión y el acatamiento de viejos y experimentados jefes militares que se llenaron de gloria en aquella guerra.

«Amante fervoroso de la paz, la unión y armonía entre los hombres, no vaciló en organizar e iniciar la guerra justa y necesaria contra el coloniaje y la injusticia. Su sangre fue la primera en derramarse y su vida la primera en ofrendarse como símbolo imborrable de altruismo y desprendimiento personal. Olvidado y aún desconocido durante muchos años por gran parte del pueblo por cuya independencia luchó, de sus cenizas, como ave Fénix, emanaron sus inmortales ideas para que casi medio siglo después de su muerte un pueblo entero se enfrascara en colosal lucha, que significó el enfrentamiento al adversario más poderoso que un país grande o pequeño hubiese conocido jamás.

«Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos.

«¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.

« El día en que cayó, el 19 de mayo de 1895, Martí se inmolaba por el derecho a la vida de todos los habitantes del planeta.

« Es la ya famosa carta inconclusa a su amigo entrañable Manuel Mercado, que Martí interrumpe para marchar sin que nadie pudiera impedirlo a un inesperado combate, reveló para la historia su más íntimo pensamiento, que no por conocido y repetido dejaré de consignar una vez más: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, (…)de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

« Semanas antes, al suscribir en Santo Domingo el Manifiesto de Montecristi junto al ejemplar patriota latinoamericano Máximo Gómez, de origen dominicano y escogido por Martí como jefe militar de las fuerzas cubanas, próximo a partir hacia Cuba, entre otra muchas y brillantes ideas revolucionarias, Martí escribió algo tan admirable que, aun a riesgo de aburrir, también necesito repetir: “La guerra de independencia de Cuba(…) es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo.»

Cuán precozmente escribió esta frase, que se ha convertido en el tema principal de este encuentro. Nada hay hoy más necesario y vital que ese distante y al parecer utópico equilibrio.

En este instante en que se conmemora el 150 aniversario del natalicio de José Martí, el hombre que quizás por vez primera en la historia planteó el concepto del equilibrio del mundial, una guerra está por comenzar como consecuencia del más colosal desequilibrio en el terreno militar que jamás existió sobre la Tierra.(…)

Nadie crea que los individuos hacen la historia. Los factores subjetivos influyen, aceleran con sus aciertos o retrasan con sus insuficiencias y errores los procesos históricos, pero no determinan el resultado final. Ni siquiera un hombre tan genial como Martí –podría decirse igualmente de Bolívar, Sucre, Juárez, Lincoln y otros muchos hombres admirables como ellos- habría sido conocido por la historia de haber nacido por ejemplo treinta años antes o después.

En el caso de Cuba. De haber nacido nuestro Héroe Nacional en 1823 y cumplido 30 años en 1853, en medio de una sociedad esclavista y anexionista dueña de plantaciones y enormes masas de esclavos, y sin existir todavía el poderoso sentimiento nacional y patriótico forjado por los gloriosos precursores, no habría sido posible entonces el inmenso papel que desempeñó en la historia de nuestra Patria.

Si algo me atrevo a sugerir a los ilustres visitantes aquí reunidos sería lo que veo que ya están haciendo. No obstante, a riesgo de cansarlos me permito repetir y reiterar: frente a las armas sofisticadas y destructoras con que quieren amedrentarnos y someternos a un orden económico y social mundial injusto, irracional e insostenible: ¡sembrar ideas! ¡sembrar ideas! ¡y sembrar ideas!;¡sembrar conciencia!, ¡sembrar conciencia! ¡y sembrar conciencia!

Muchas gracias.

José Martí, Opinión

La resistencia de los aborígenes de Cuba a la conquista


En 1517 el gobernador de Cuba Diego Velázquez patrocina con sus propios recursos y sin permiso del Rey, una expedición de exploración a las costa de la península de Yucatán y sus inmediaciones a cargo de Hernando de Córdoba y una segunda con el mismo destino en 1518 dirigida por su sobrino Juan de Grijalva.

Con las noticias recopilada en ambos viajes y el aliento de un gran botín, Diego Velázquez organiza una tercera expedición capitaneada por Hernán Cortés (1518), quien lo traiciona y rompe los vínculos con él, dirigiendo la célebre expedición que comenzó la conquista de México.

El éxito de Cortés provocó una estampida de los españoles asentados en Cuba, más de dos mil abandonaron la isla en busca de oro y fortuna fácil, pero lo peor fue que se puso al servicio de estas expediciones el capital necesario para el desarrollo de la colonia. En 1526 el Rey de España prohibió el abandono de la isla sin autorización, bajo pena de muerte y confiscación de bienes, era una medida tardía.

La total pacificación de la isla nunca fue una realidad para la colonia en el siglo XVI. En los documentos de la época se habla con frecuencia de “provincias indias”, territorios intrincados habitados por grupos de aborígenes que no se sometieron a la encomienda. Estos mantuvieron una latente rebeldía que por momento se hizo intensa y atrevida, llegando en algunas etapas a poner en peligro el trabajo de los lavaderos de oro, las haciendas y hasta las mismas villas.

No era un movimiento coordinado, sino la expresión natural y espontánea a la explotación y los desmanes del conquistador. La prueba de la magnitud que alcanzan esta incursiones punitivas de los naturales del país es la carta que le hace el Adelantado Velázquez a Rodrigo de Tamayo, en ella además de designarlo para dirigir las fuerzas para sofocar la rebelión lo instruye en los siguientes términos: “(…) por la presente en nombre de sus majestades e por virtud de sus poderes Reales que tengo os doy licencia pa q podays y con la gente q vierds ser necesaria de españoles contra los dhos indios cayos a los qles podays dar guerra hiriéndolos e prendiéndolos e a lo q se os defendieren los podays matar por mana q los demás indios cayos escarmienten de cometer lo semejantes delitos(…)”[1]

Con la muerte de Velázquez (1524) y la isla casi abandonada por los colonos españoles se reavivaron las rebeldías indígenas. Se incrementan los ataques de hacienda, apalencamiento[2] de indios encomendados y esclavos; y asaltos a españoles aislados. La rebeldía de los nativos se hace el mayor problema político de la colonia.

Ya desde inicio de la década del veinte del siglo XVI hay un incremento de apalancamiento de los aborígenes, que a lo largo de estos años han ido asimilando técnicas europeas, manejo de armas, monta de caballos, conocimiento de su idioma y tácticas guerrilleras que hicieron muy difícil la situación de los minoritarios núcleos de españoles en las villas.

Con la intensificación de la rebeldía el asunto llega hasta el Consejo de Indias y hasta el mismo rey Calos I ordena medidas muy drásticas contra los sublevados:”Hazelles heis guerra como contra vasallos nros. questan alçados y rebelados contra nro. Servio y fidelidad para que cualquier persona los pueda matar y prender y hazer todo el que quieran syn por ello caher ni incurrir en pena alguna (…)[3]

Manuel de Rojas, sucesor de Velázquez en el gobierno de la isla, organiza cuadrillas para perseguirlos, pero sin éxito. La colonia pasa por su peor momento para los europeos, que se ven acorralados en sus haciendas y villas casi deshabitadas. El estado de rebeldía es tal que los nativos atacan y queman las villas de Baracoa y Puerto Príncipe.

Uno de los líderes de esta rebelión generalizada es el cacique taíno Guamá, que desde las montañas de Baracoa causó fuerte dolores de cabeza a los colonizadores durante unos diez años, hasta su muerte en 1532. La muerte de Guamá y la epidemia de viruela que se produjo en 1533 y mató a miles de aborígenes provocó una recaída de la insurrección que poco después, 1538, recobra fuerza con la salida de la expedición de Hernando de Soto para La Florida.

La rebeldía se mantuvo latente hasta la década del cincuenta de ese siglo cuando se aplicó la Ordenanza de la abolición de la Encomienda, promulgada en 1542 y suspendida por la negativa de los poderosos encomenderos españoles.

Con la disminución de la población aborigen, la rebeldía latente de los que no estaban sometido al régimen de encomienda, la casi nula producción de oro y el paso gradual a una economía de servicio en función de la conquista de las ricas colonia del continente, la institución de la encomienda perdió su importancia en Cuba, esto unido al conocimiento gradual por los aborígenes de que esta había sido abolida por el rey, determinó la disolución de las encomiendas que quedaban.

La población autóctona del país estaba muy reducida, pero aún era mayoría a mediados del siglo XVI, algunos cientos de ellos sobrevivían en intrincados parajes de la isla y otros tantos vivían, asimilados o no, de forma pacífica en las villas y haciendas españolas, mestizándose con los españoles y los negros africanos, cuya introducción ya había comenzado de forma lenta pero gradual. Se crearon los pueblos de indios para agrupar a los aborígenes pacificados, de ellos los más conocidos son los pueblos de Guanabacoa, Jiguaní y El Caney. En primero en los alrededores de La Habana y los dos restantes en la zona oriental del país.


[1] Citado por Jorge Ibarra en “Las grandes sublevaciones Indias desde 1520 hasta 1540, y la abolición de la Encomienda” en Aproximaciones a Clío. 1979: 9

[2] Se escapan del dominio de sus amos y forman pequeños pueblos (palenques) en medios de bosques y montañas intrincados.

[3] Ídem: 12

Historia

Las Encomiendas, una forma encubierta de esclavitud


La creación de siete villas por los conquistadores españoles en el breve plazo de cinco años (1511-1515), con una escasa población ibérica, está determinada por la importancia que para los conquistadores tiene la creación de Cabildos.

Al crearse una villa se deslindaban primero las parcelas para los edificios públicos alrededor de una plaza, y después se designaban las parcelas para los vecinos fundadores, muy cerca de las tierras mercedadas de cada colono. Los concesionarios de parcela debían construir casa en un tiempo determinado sino quería perder la concesión, por lo general estas primeras viviendas eran casas del mismo estilo que las aborígenes, de madera y guano.

Esto daba derecho a tener tierras mercedadas, que eran parcelas donadas por el rey por cuatro años y que podían ser propiedad del usufructuario si las ponía a producir. Su extensión variaba de acuerdo a la jerarquía del beneficiario.

Diego Velázquez estaba facultado por el rey como “repartidor de indios”[1] y posteriormente para conceder “mercedes de tierra”[2], junto con otras medidas tendiente a estimular la colonización de la Isla. Posteriormente los Cabildo continuaron otorgando las mercedes de tierra, facultad refrendada por el Oidor de Santo Domingo, Alonso de Cáceres en 1573.

La tenencia de tierras desde estos primeros tiempos de la colonización se convirtió en una fuente de poder, influencia y enriquecimiento de los colonos quienes junto a este privilegio real necesitaban la mano de obra que hará producir esas tierras.

Esos trabajadores lo obtenían a través de las Encomiendas, institución que le encarga un número determinado de aborígenes. La Real Orden de 1513 es clara en cuanto a los objetivos de esta repartición de indios: “(…) las personas a quien ansi repartierdes los dichos indios, como dicho es, los tengan e traten e se sirvan e aprovechen dellos segun e por la forma e manera con las condiciones que vos ordenardes e mejor bien visto fuere (…)[3]

Las villas además se creaban en lugares de alta concentración de aborígenes, o cercanas a puertos y tenían como fin primordial la creación del mecanismo legal para enriquecer a aquella horda de segundones, perdedores, hombres de guerra, aventureros y cuanta lacra cayó por el Nuevo Mundo en mayoría tal que hizo excepcional la presencia de los seres buenos.

La Encomienda fue la creación diabólica para estos fines de enriquecimiento rápido, se aplicaba ya en Santo Domingo y era causa de que en menos de dos décadas la población taína en esa isla ya mostraba signo de desaparecer por disímiles causas, todas asociadas al trabajo esclavo y su justa rebeldía para oponerse. Solo un dato, según Pedro Mártir de Anglería unos cuarenta mil aborígenes fueron cazados y llevados a la fuerza a La Española, provenientes de las islas adyacentes entre 1509 y 1513[4], para poder reponer la mano de obra ya escasa para acelerar la búsqueda de oro exigido de forma apremiante por los muy católicos reyes de España.

La aplicación de la Encomienda en la isla de Cuba permitió al Adelantado Diego Velázquez repartir a estos infelices entre los señores de la conquista a fin de que estos los “cristianizaran” a cambio debían trabajar para ellos mientras durara la encomienda. Legalmente no eran esclavos, pero en la práctica fueron sometidos a peores tratos, trabajando intensamente en las labores agrícolas, los lavaderos de oro y otras faenas que garantizaban la supervivencia de la colonia.

La población nativa de Cuba que ha sido calculada entre ochenta y cien mil personas al inicio de la conquista, fue prácticamente exterminada en menos de cinco décadas, por el duro trabajo, el hambre, los suicidios, las epidemias, los malos tratos y la justa rebeldía ante la violencia coercitiva.


[1] Real Orden del 8 de marzo de 1513

[2] Real Orden de 1514.

[3] Citado por Estrella Rey en “Algunos aspectos socioeconómicos de Cuba colonial temprana (1512-1555)” en Rev. Catauro Nº 8, 2003: 76

[4] Citado por Salvador Morales en Conquista y Colonización de Cuba. Siglo XVI, 1984:15

Historia

“La Luz de Yara”



Cuando comencé a estudiar historia de Cuba se me recogía el corazón, cuando escuchaba que a los aborígenes de nuestra tierra los habían exterminado prácticamente en menos de un siglo, por la codicia de los conquistadores españoles que utilizaron a aquellos seres humanos como mano de obra esclavizada, para buscar el poco oro que había en los ríos de Cuba, cultivar la tierra, hacer las labores domésticas de servidumbre y utilizar a sus mujeres para satisfacer sus placeres carnales.

Me hablaban mis profesores del “indio” Hatuey, un rebelde y precursor cacique quisquellano, que con parte de los suyos, había cruzado los mares y arribado a tierras de Cuba, donde vivían sus hermanos de raza, que lo acogieron pero poco creyeron de aquellos relatos sobre la crueldad de los “civilizadores” cristianos españoles.

Muy pronto sentirían sobre sus espaldas aquella crueldad, cientos de aquellos bárbaros barbados desembarcaron por la bahía de Guantánamo y avanzando por sus agrestes montes encontraron la resistencia de aquel cacique taino que los conocía muy bien y estaba decidido a expulsarlos de esta tierra o morir en el empeño.

Duro debió ser aquel enfrentamiento desigual de la cruz, la espada y el arcabuz, contra las flechas, las macanas y la decisión de aquellos cubanos primigenios por defender su tierra.

Desde finales de 1510 las huestes de Diego Velázquez llegaron al oriente de la isla de Cuba, en agosto de 1511 fundan la primera villa de los colonizadores, Nuestra Asunción de Baracoa, pero el rebelde Hatuey seguía en pié de guerra pese al poderío de sus adversarios, que no cejaron en su búsqueda.

La Sierra Maestra, intrincada y segura fue el último abrigo de los rebeldes que resistieron meses ante el invasor, finalmente Hatuey fue hecho prisionero en la zona del cacicazgo de Macaca[1] y conducido por sus captores hacia el lugar donde se levanta hoy el pueblo de Yara. Fue juzgado por “hereje y rebelde” y condenado a morir quemado en la hoguera.

La tradición oral cuenta que desde su muerte, en ciertas noches se veía en este lugar una “Luz” que se paseaba inquieta por aquel paraje heroico, que por coincidencia histórica fue el lugar donde se produjo el primer combate por la independencia de Cuba, un 11 de octubre de 1868, con el liderazgo de Carlos Manuel de Céspedes. La “Luz de Yara” se expandió por toda Cuba y el cacique rebelde se multiplicó en muchos cubanos dignos.

Más cuenta la leyenda de aquel que primero murió por Cuba, ese día 2 de febrero de 1512 en que fue ejecutado, un sacerdote católico, que acompañaba a sus captores le ofreció la conversión al cristianismo para que pudiera ir al cielo, con el Dios de los cristianos. Cuentan que preguntó si a ese cielo iban los españoles y ante la respuesta afirmativa, se negó, por tal de no encontrase de nuevo con tan crueles personas.

Así comenzó la conquista de Cuba, marcada por la sangre de sus pacíficos pobladores.


[1] En la región de Manzanillo, provincia Granma

Historia

Agradecimientos


Un día entre amigos

No pensé que mi pequeña contribución para el conocimiento de Cuba y su cultura tuviera tanto impacto entre los ya cientos de amigos lectores, créanme que lo agradezco y me comprometen con la verdad y con mi sociedad.

Ahora lamento no haber aprendido un poquito de inglés para poder comunicarme directamente con mis interlocutores, muchos de ellos en ese idioma, pero hago el esfuerzo por traducir y al menos en lo básico seguir sus consejos.

Lamento grandemente el anonimato de mis lectores, estoy acostumbrado a la conversación abierta, y no poder contestar a todos me llena de inquietud.

Seguiré mientras pueda, porque este mundo está muy desigual y la verdad no es del que grita más alto o tiene más poder, sino que cada uno de nosotros tiene un poquito de verdad y lo importante es oír y tratar de entender al otro, al otro que siento latir en esos mensajes de aliento que me llegan desde el otro lado de mi isla.

Para comunicarme con los míos, tengo otras vías, ellos están a mi lado, conversan, discuten, los oigo y me oyen, y eso me hace útil en un mundo de sordos poderosos, que al decir de Martí, creen que “…el mundo entero es su aldea, con tal de que en ella ellos sean alcaldes”.

Muchas gracias amigos

Opinión

José Maceo Grajales, el León de Oriente (1849-1896)


“Todo hombre si tiene conciencia de su propio valer,

rechaza indignado que se le considere

ciudadano de segunda clase

José Maceo

A los cubanos no tengo que presentárselo, este gran hombre es uno de los hijos de Mariana Grajales y Marcos Maceo, hermano de Antonio y relevante jefe militar de las guerras por la independencia de Cuba.

“Se distinguía por ser leal y franco; pero la cualidad más saliente, y que hacía del general José Maceo tan simpática figura militar, fue indudablemente el valor: siempre se empeñó en ser el primero en reconocer al enemigo, como si fuera un simple oficial, y combatía personalmente en la línea de fuego en medio de los soldados de su escolta”[1]

Se unió a la insurrección independentista el 11 de octubre de 1868, junto a sus hermanos Antonio y Justo Regueiferos Grajales y terminó la primera etapa de la guerra por la independencia de Cuba con los grados de coronel, participando en numerosos combates bajo las órdenes de los más prestigios jefes de la contienda, entre ellos Máximo Gómez y su hermano Antonio.

En marzo de 1878 está junto a su hermano y las tropas orientales en la dignísima “Protesta de Baraguá”, reunión convocada por el general Arsenio Martínez Campos para darles a conocer los términos de lo acordado en el Camaguey para terminar la guerra. Ese día su hermano Antonio le hizo saber a las autoridades españolas que ellos no estaban de acuerdo con lo pactado porque no se alcanzaba, ni la independencia de Cuba, ni la libertad de los esclavos, por lo que continuarían combatiendo.

Terminada la guerra permaneció en Cuba y en 1979 se une al nuevo intento por la independencia, que meses después fracasó. Por esta causa fue detenido en 1880 y deportado a los presidios españoles en África. Su rebelde personalidad lo hicieron intentar dos veces escapar de la cárcel, refugiándose en Gibraltar, desde los ingleses lo devolvieron a España.

Indultado por las autoridades coloniales españolas regresó a reunirse con su familia, primero en Jamaica y luego en Costa Rica donde trabaja con su hermano Antonio y otros emigrados cubanos.

Convocados por José Martí, los hermanos Maceos llegan junto a un puñado de valerosos oficiales cubanos a la playa de Duaba, Baracoa, el 1ero de abril de 1895. Poco después del desembarco fueron dispersados por fuerzas españolas y José se abrió paso solo por los intrincados montes de la serranía hasta unirse a las partidas insurrectas.

El 25 de abril Máximo Gómez y José Martí se unieron al general José Maceo quien se batía derrotando al enemigo. Tres días después lo ascendieron a mayor general y el 20 de octubre de ese mismo año asumió la jefatura militar del departamento oriental. El 5 de julio de 1896 resultó gravemente herido y falleció a las pocas horas, a los 47 años de edad, en Loma del Gato, donde también los españoles tuvieron grandes pérdidas.


[1] Porfirio Valiente: “Sobre el General José Maceo”, en rev. Del Caribe, pág. 106, Nº 31, 2000

Historia

Fernando Ortiz Fernández (1881-1969)

A Fernando Ortiz los cubanos lo consideramos el tercer descubridor de Cuba, el primero el genovés ladino que en busca de especies se topo con un continente nuevo, Cristóbal Colón, el segundo un alemán sabio que recorrió con modestia y sapiencia al continente y entre nosotros estuvo allá por los albores del siglo XIX, el barón de Humbolt y él, el tercero; cubano cosmopolita y curioso, sabio y estudioso, puso ante nuestros ojos una realidad de las que se avergonzaban los cultos intelectuales blancos de la isla: a nuestro lado creciendo a la par, interactuando con la cultura que de España y otras partes de Europa llegaba, había un crisol de culturas, dolidas y marginadas que conformaba esa otra parte que completa nuestro mestizaje de color y sapiencia: las culturas africanas traídas a golpe de cuero con los esclavos y crecida silvestre y hermosa en esta isla.

Ortiz nació en La Habana el 16 de julio de 1881, desde muy joven se trasladó a la península y en las islas Mediterránea de Las Baleares, en Menorca, curso sus primeros estudios hasta obtener el grado de Bachiller en 1895. De vuelta en La Habana comienza sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana, carrera que concluyó en Barcelona en 1900. Se interesó por los estudios de criminología y para ello se trasladó a Italia donde conoce al eminente investigador de esta ciencia, César Lombroso, con quien colabora.

En 1903 se incorpora al servicio diplomático de la república de Cuba, cumpliendo misiones en España y Francia; en estos países se relaciona con destacados penalistas de la época. Regresa a Cuba en 1906 y ocupa el cargo de abogado fiscal de la Audiencia de La Habana, en 1909 obtiene por oposición una plaza en la facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, años después obtiene la Cátedra de Etnografía Cubana.

Las Ciencias Sociales en Cuba tienen la impronta de su obra desde que fija su pensamiento en el factor humano de la nación cubana y en particular en el componente africano de la mezcla sincrética que compone la sociedad en la isla.

Ortiz comienza destacándose como investigador social iniciando estudios de criminología tomando por objeto de estudio al negro cubano, a quien somete a estudios a partir de las teoría positivistas de Lombroso y tratando de conocer los “atavismos” y factores culturales que lo hacen objeto y sujeto de la “mala vida”. Así comenzaron sus acercamientos a la cultura afrocubana, primero con la mirada prejuicida de su época, pero ahondando con objetividad en el conocimiento de estos grupos culturales, hasta llegar a comprenderlos e identificarse con ellos.

Es en los estudios afrocubanos que este sabio polifacético alcanza su mayor estatura y aporta un caudal de conocimiento que sirve de base para estudios posteriores de la cultura nacional popular cubana, abarcando tanto los estudios antropológicos y sociales, como el folklor y el arte. Sus primeros trabajos sobre estos temas fueron, “Los negro brujos” (Madrid, 1905), “Los negros esclavos” (1916) y “Los cabildos afrocubanos” (1923).

“Los negros brujos”, se acerca a las manifestaciones mágico-religiosas de los negros, que Ortiz considera en esta época, parte del hampa negra cubana. Es el primer libro con un enfoque científico sobre las culturas negras de Cuba, desde una óptica de la criminalística positivista de la época.

“Los negros esclavos”, es ya una profunda reflexión monotemática sobre el esclavo africano en Cuba, sus costumbres y abundantes información general, que dejan entrever al futuro estudioso del folklor cubano.

En la medida en que va conociendo más a fondo la cultura afrocubana Fernando Ortiz se erigirá en el más importante conocedor y divulgador de las culturas de origen africano en Cuba y su evolución hacia una cultura nacional mestiza.

Cultura

Raíces negra

Desde el siglo XVI la presencia del esclavo africano en Cuba es un hecho consumado, aunque no legal en los primeros tiempos de la conquista, la introducción de estas “piezas de ébano” suplía la falta de mano de obra en la isla en las actividades domésticas y de subsistencia económica.

Exterminada casi por completo la población aborigen de la isla, la presencia del esclavo africano era una figura común en la colonia de Cuba durante estos primeros años, pero en condiciones de servidumbre patriarcal, que le permitió a muchos lograr su libertad y mezclase con la población blanca y aborigen remanente, por lo que en el siglo XVII, la presencia africana está asentada y en franco proceso de acriollamiento.

Tal es así que en el Sínodo de Santiago de Cuba, efectuado en 1681 la Iglesia Católica en la isla acuerda que todas las parroquias lleven por separado dos libros: uno para el bautizo, casamiento y defunciones de españoles, entiéndase los blancos, y un segundo libro para inscribir a los negros, mulatos, indios, ya fueren libres o esclavos. La Real Cédula de 1682 aprueba las disposiciones de la Iglesia y concede al amo dos meses para la inscripción de sus esclavos.

A partir de ese momento el esclavo debía inscribirse con un nombre “cristiano” y el apellido del amo, despojándolo de su vida pasada.

De este mismo siglo XVII surge la bárbara costumbre de “Carimbar”, marcar al esclavo africano, costumbre introducida por la monarquía española para distinguir a los esclavos traídos “legalmente” de los que eran introducidos de contrabando. En el siglo XVIII cubano se hizo una costumbre marcar doble al esclavo, primero por el contratista y luego por la Real Contaduría. Esta marca no difería de la que se hacía al ganado, al rojo vivo el hierro quedaba en el hombro o el omoplato del infeliz que ya había dejado su condición humana en el cruce del océano para ser ahora una bestia de trabajo, pero bautizado bajo preceptos cristianos.

En 1784 fue abolida esta práctica inhumana, aunque aún era muy común a mediados del siglo XIX, por aquello de que la Ley se acata pero no se cumple, como ocurrió con la Trata de Esclavos prohibida en 1820, pero permitida por las autoridades españolas de la isla, que se enriquecieron con el negocio negrero que subsistió hasta bien entrado el siglo XIX.

Cultura, Historia
chatroulette chatrandom