Cultura Cuba

Un Blog para dar a conocer la cultura cubana, su gente y su historia, en pocas palabras.

 

Raíces martianas de la cultura cubana (I)



Flora. Serie de René Portocarrero

“Injértese en nuestras república el mundo;

pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”

José Martí

En su célebre ensayo “Nuestra América” aparecido el 30 de enero de 1889 está esta frase que resume con certeza su concepción de cultura partiendo del mantenimiento de aquellos elementos que la hace auténtica y única aunque interactúe constantemente con el resto del acervo cultural humano.

“Nuestra América” fue escrito por José Martí a modo de resumen de sus ideas sobre el tema de la identidad latinoamericana en momentos en que se cernía sobre los pueblos de esta parte del mundo, los peligros de anexión y absorción cultural por las grandes potencias capitalistas, incluyendo a los Estados Unidos, por entonces un paradigma para la intelectualidad y la gente con poder, que veían en esos países el modelo a seguir y el ideal de nación.

Frente a ese “mimetismo” surge la palabra de Martí, advertidotas u valientes, para reivindicar todos aquellos elementos que hacen diferente estas naciones de origen latino, con fuerte mestizaje y una cultura ancestral que tiene su base en las naciones originarias que estaban en América antes de la conquista.

Este mismo proceso se produce en Cuba, aún colonia cuando Martí escribe este ensayo, pero con un pueblo que ya se reconoce otro frente a su metrópoli colonial, España; que ya ha vivido un largo trecho forjador de su nacionalidad trascultural de más de tres siglos, por entonces; que se ha levantado por su independencia y ha hecho una reafirmación de su cultura q fundida con elementos que ya le serán impersederos: la libertad y el antiimperialismo.

Toca a Martí el reconocimiento pleno de la madurez cultural de su pueblo, reconocerlo en toda su plenitud en los relatos de los emigrados revolucionarios que cuentan con orgullo los avatares de la “Guerra Grande (1868-1878); canta sus canciones, añora sus paisajes, mientras espera el reinicio de la contienda por la independencia, para incorporarse al mandato de hacer libre su nación.

Él mismo es fruto de esta cultura criolla madura y en transito de cubanía. Educado por maestros cubanos que están orgullosos de serlos, que enseñan una literatura nacional que ya ha dado sus frutos de calidad en poetas como José María Heredia, Plácido y Zenea; en prosistas como Cirilo Villaverde y Anselmo Suárez y pensadores de la talla de Félix Varela y José de la Luz y Caballero; y otros muchos que primero se reconocieron en el paisaje geográfico y social de su isla y luego fueron encontrando sus huellas en el pueblo.

La muerte de Martí fue una gran pérdida para su pueblo, su prédica vehemente y su ejemplo de vida, sirvieron para que las generaciones de cubanos en la República se dieran a la tarea de hacer la patria, completando el ideario abarcador del Maestro, enfrentándose a politiqueros y anexionistas de toda laya, que resumieron la cubanía en elementos estereotipados y serviles: rumba, mulata y ron; playa, juego y paisaje; vendidos como slogan para turistas.

Cuba era mucho más, la fragua de lo nacional siguió el derrotero martiano, en medio de la frustración y la rebeldía el pueblo cubano forjó una cultura de resistencia que soñaba en versos de Guillén; pinta en la trasparencia de Carlos Enríquez y la mulatez de Wilfredo Lam; canta sones y rumba en cualquier barrio; se permite le hermetismo del Grupo Origenista; devela las raíces en la obra de Fernando Ortiz y se vuelve compromiso político en Villena, Marinello, Carpentier y Raúl Gómez García, para ir forjando con todo ese tronco fecundo la cultura cubana, al que constantemente se inserta el mundo, para bien.

Cultura, José Martí

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